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Cuauhtémoc Cárdenas: un referente obligado

Cuauhtémoc Cárdenas. Foto 'La Jornada'

Rolando Cordera Campos

En mayo de 2024, la Universidad Nacional organizó un merecido homenaje a la trayectoria de Cuauhtémoc Cárdenas, uno de los constructores del ya largo, y no exento de amenazas, camino democrático, por sus 90 años. Una vida pública cimentada en convicciones democráticas y abierta al debate plural y respetuoso. Un observador privilegiado y protagonista activo que supo abrevar de sus vivencias y experiencias a lo largo de décadas recorridas con la guía de su padre, el gran general y presidente Lázaro Cárdenas. Esas travesías le marcaron un carácter, una forma de actuar, un compromiso siempre vivo con un México social, democrático y justo. Como lo reclamaron él y sus camaradas a todo lo largo de este, no pocas veces tortuoso y hostil, tiempo mexicano.

Su participación política fue a todo lo largo del siglo XX y arrancó nada menos que en 1934, cuando nació. Sin pretender hacer un recuento exhaustivo, recordemos su participación en la disidencia electoral henriquista, su rechazo al golpe de Estado estadunidense en Guatemala, su participación en el Movimiento de Liberación Nacional, su enfrentamiento con el régimen, la ruptura con el PRI y la posterior fundación del Partido de la Revolución Democrática.

A finales de los 80, cuando los muros del presidencialismo autoritario, dañados ya desde el reclamo estudiantil del 68, cedieron al peso de las voces y corrientes que exigían respeto a los derechos políticos y constitucionales, el ingeniero Cárdenas y sus compañeros de la Corriente Democrática salieron del PRI y buscaron traducir su enorme convocatoria ciudadana en fuerza electoral, con la organización del Frente Democrático Nacional, el que logró lo que, por otras vías, las corrientes de izquierdas no habían conseguido: un actuar común y con visiones de largo alcance.

Pocos años después –en 1997–, Cuauhtémoc Cárdenas llegaba a ser el primer gobernador electo del Distrito Federal, una megalópolis que por primera vez ofrecía la oportunidad de actuar diferente. La tarea no era fácil; había que asumir, racionalmente, las dificultades que la nueva gobernabilidad planteaba y atender los múltiples reclamos de la ciudadanía: leyes justas, jueces dignos, respeto a los derechos humanos, seguridad, honestidad del funcionario; también las seculares carencias y deficiencias que exigían –y exigen– una actitud ética y política distinta, sin populismos ni estrecheces de ninguna especie.

Durante las últimas décadas de su vida, el ingeniero Cárdenas fue un pilar fundamental en la fundación del Grupo Nuevo Curso de Desarrollo, abocado a entender las raíces y dinámicas de una crisis que, como la Gran Recesión de 2008-2009, parecía portadora de devastadoras tendencias destructivas; pronto, el Grupo Nuevo Curso derivó en una plataforma de reflexión sostenida y búsqueda de políticas alternativas a los ajustes convencionales. En sus más de 15 años, el Grupo ha contado con los buenos auspicios de los rectores Narro, Graue y Lomelí de la UNAM, para volverse una estimulante compañía de entrega y talento voluntarios.

Las convocatorias del Grupo a la reflexión sobre el desarrollo nacional, por la construcción de una nación justa y democrática, han fructificado en publicaciones y encuentros, seminarios y convivios que buscan abrir brechas para el pensamiento crítico y la gana voluntariosa de mexicanos, jóvenes y no tanto, que pugnan por senderos de liberación y afirmación soberana. En todos estos afanes, hay que decir, Cuauhtémoc estuvo siempre a la vanguardia con su entusiasmo meditado y reflexivo. Su participación y entrega fueron constantes.

Hombre de firmes convicciones, fue referente ineludible en cualquier análisis sobre nuestro andar en pos de la democracia, travesía que podríamos fechar desde las jornadas estudiantiles del 68, pasando por las grandes convocatorias y aguerridas movilizaciones de la insurgencia sindical de los años 70. Incansable partícipe por hacer de México un país de derecho y derechos, y por construir un Estado constitucional moderno, una combinación institucional efectiva entre su impronta democrática.

Incansable partícipe por hacer de México un país de derecho y derechos, y por construir un Estado constitucional moderno, una combinación institucional efectiva entre su impronta democrática y sus compromisos constitucionales con la justicia social.

La Jornada
Ciudad de México
Rolando Cordera Campos
Domingo 08 de noviembre de 2026.

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