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Muere a los 96 años el filósofo alemán Jürgen Habermas, la conciencia crítica de Europa

Muere a los 96 años el filósofo alemán Jürgen Habermas, la conciencia crítica de Europa. EFE
  • Formó parte de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort. Su obra sobre comunicación, racionalidad y sociología lo convirtió en uno de los pensadores mundiales más influyentes desde mediados del siglo XX. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en 2003

El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, ha fallecido este sábado a los 96 años de edad en la ciudad de Starnberg, según ha informado su editorial Suhrkamp en un comunicado, citando a su vez a la familia.

Su obra sobre comunicación, racionalidad y sociología lo convirtió en una figura intelectual clave en su Alemania natal y en uno de los filósofos más influyentes del mundo desde mediados del siglo XX. Estaba considerado la conciencia crítica del viejo continente. Participó en todos los grandes debates de la posguerra y consideraba a Europa como el único remedio al auge del nacionalismo.

Durante varias décadas, Habermas se pronunció con frecuencia sobre asuntos políticos. Su extensa obra trascendió las fronteras de las disciplinas académicas y filosóficas, ofreciendo una visión de la sociedad moderna y la interacción social. Entre sus obras más conocidas se encuentra la Teoría de la acción comunicativa, en dos volúmenes.

Nacido el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas, pero era demasiado joven para haber participado activamente en la guerra. Durante su adolescencia, el colapso del nazismo lo afectó profundamente.

El pensador había nacido con paladar hendido, lo que hizo que fuera sometido a varias operaciones durante su infancia, una experiencia que influyó en su posterior reflexión sobre el lenguaje.

Habermas afirmó haber experimentado la importancia del lenguaje hablado como «una capa de conexión común sin la cual no podemos existir como individuos» y recordó las dificultades que tuvo para hacerse entender. También habló de la «superioridad de la palabra escrita» y afirmó que «la forma escrita disimula las deficiencias de la oral».

Sus obras principales surgieron en Fráncfort, donde comenzó su carrera en la década de 1950 en el Instituto de Investigación Social junto a Theodor W. Adorno. En 1961 se doctoró en Marburgo con la obra La transformación estructural de la esfera pública.

Tras unos años en la Universidad de Heidelberg, en 1964 asumió la cátedra de Filosofía y Sociología de Max Horkheimer en la Universidad de Fráncfort. De su conferencia inaugural surgió en 1968 el libro Conocimiento e interés (1968). Durante la revuelta estudiantil, Habermas fue percibido como un partidario del movimiento, aunque rechazó su radicalización.

En 1971 se trasladó a Starnberg, cerca de Múnich, donde dirigió hasta 1981 el Instituto Max Planck para la Investigación de las Condiciones de Vida del Mundo Científico-Técnico. En su último año publicó su obra principal, Teoría de la acción comunicativa. En 1983 regresó a Fráncfort, donde volvió a ocupar una cátedra de Filosofía hasta su jubilación en 1994.

En su vejez, que pasó a orillas del lago de Starnberg, se pronunció sobre cuestiones políticas, como la guerra de Kosovo, la investigación sobre el cerebro o los conflictos religiosos. Una característica de su discurso oral era la dificultad para hablar debido a una fisura palatina congénita. Dedicó sus últimos años a promover un proyecto federal europeo para evitar que el Viejo Continente volviera a caer en las rivalidades nacionalistas del siglo XX.

Su autoridad moral le valió numerosos reconocimientos internacionales. Tras ser la voz de la protesta estudiantil alemana en la década de 1960, se convirtió en blanco de la misma 30 años después, al denunciar los riesgos del «fascismo de izquierda» para el Estado de derecho.

En 1989, criticó las modalidades de la reunificación alemana, impulsadas principalmente por las demandas del mercado, que hicieron del marco alemán su estandarte.

En 2003 fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. El filósofo echó mano entonces del pensamiento de Miguel de Unamuno para pedir que «la carga de profundidad atlántica de una guerra contraria al Derecho Internacional» no pueda «separar de nuevo a la nueva España democrática de la ‘vieja’ Europa».

En su discurso en el teatro Campoamor de Oviedo, Habermas apostó por que el proyecto de Constitución europea «no pueda ser derribado en el último momento por egoísmos nacionales» porque la Unión Europea ha facilitado que «desde 1976 los Pirineos ya no sean una barrera». Enfatizó el filósofo que «España está tan cerca de los alemanes como Francia e Italia, y nosotros de los españoles».

Durante su intervención, Habermas hiló la tradición del pensamiento europeo y español a través de Unamuno y de Karl Christian Friedrich Kraus, «fracasado profesor de la lejana Alemania que desplegó gran influencia política en España». De Unamuno dijo que «también fue para mí -hace ahora 55 años- el primero de los autores españoles». «Unamuno se sublevó contra todas las formas de tiranía y aceptó el destierro a cambio», puso en valor.

En 2023 el alemán también se vio salpicado por la polémica tras publicar un ensayo en el que se mostraba partidario de entablar conversaciones con Rusia para tratar de poner fin a la guerra en Ucrania y evitar más pérdidas humanas. Su opinión fue muy criticada e incluso se le reprochó «estar al servicio de Putin».

«Su pensamiento ha marcado de manera decisiva la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort y ha sentado las bases a nivel mundial para el análisis de la democracia, la esfera pública y la razón social», ha destacado.

EFE / AP
Starnberg / Berlín
Sábado 14 marzo 2026.

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