La Policía de Detroit investiga la muerte como un posible suicidio.

Músico ganador del Grammy perdió la vida de forma inesperada en plena gira por Estados Unidos

El cantante estadounidense Chris Cornell, vocalista de los grupos Soundgarden y Audioslave, murió anoche a los 52 años en la ciudad de Detroit por causas que se desconocen, informaron hoy medios locales.

El también vocalista de Temple of the Dog se encontraba en Detroit actuando con Soundgarden, con quien se había embarcado en una gira por Estados Unidos que comenzó el pasado mes de abril, precisó la CNN, que cita un comunicado de su representante, Briam Bumbery.
Según señaló Bumbery a la cadena estadounidense, el fallecimiento del cantante fue "repentino e inesperado".

"Su esposa Vicky y su familia se sorprendieron al enterarse de su fallecimiento repentino e inesperado y trabajarán estrechamente con el médico forense para determinar la causa" de la muerte, dijo Bumbery en la nota.

En Detroit, la voz de Soundgarden cerró su concierto con el tema "In My Time of Dying" ("En mi hora de morir") de Led Zeppelin.

La Policía de Detroit investiga la muerte como un suicidio.

Esta teoría adquiere fuerza de acuerdo a lo dicho por Dontae Freeman, vocero de las autoridades que detalla el hallazgo de un cadáver con las características de Cornell en el baño de su habitación en el hotel MGM Grand Casino con una tira en el cuello.

La familia y el manager del fallecido agradecen a "sus seguidores, el continuo amor y la lealtad" que han mostrado al artista y les piden "que su privacidad sea respetada en este momento".

En abril, Chris Cornell dio una de sus últimas entrevistas al portal Collider, a propósito de su trabajo de compositor en la película The Promise. "Al ser compositor todo es válido para la inspiración, a menos que copies cosas. Es cantar con la voz correcta para la canción y escribir en el estilo que te emociona, en ese momento, y eso siempre es conmovedor", sostuvo.

Este jueves también resurgió el artículo que publicó en Rolling Stone sobre cómo la muerte de un artista, en este caso David Bowie, puede cambiar la percepción del público. "No sabes cuán importante es alguien como influencia artística hasta que se va. (…) Es en partes iguales triste y celebratorio pensar 'genial, qué asombrosa carrera tuvo y qué maravilloso legado dejó para todos", contó.

La muerte del músico desencadenó reacciones entre sus colegas. "Descansa en paz, Chris Cornell. Increíblemente talentoso. Increíblemente joven", dijo vía Twitter Jimmy Page, ex guitarrista de Led Zeppelin.

Elton John: "Impactado y triste por la muerte repentina de @ChrisCornell. Un gran cantante, compositor y el hombre más adorable".

También lamentó su muerte el guitarrista de Aerosmith, Joe Perry. "(Es la) triste pérdida de un gran talento para el mundo, sus amigos y su familia. Descansa en paz", sostuvo.

El músico de rock alternativo y hard rock, ganador de un Grammy, había actuado el pasado miércoles en el Fox Theatre de Detroit, en el estado de Michigan.

Cornell nació en Seattle, en el estado de Washington, hace 52 años y comenzó en el mundo de la música con 7 años cuando se aficionó a tocar el piano. Recibió poca formación musical, poseía una voz con un rango particularmente amplio, que abarcaba casi cuatro octavas, desde barítono cercano al bajo hasta tenor cercano al alto. Las interpretaciones vocales que pueden escucharse en la canción "Black Hole Sun".

Cornell se había referido abiertamente a sus problemas con las drogas cuando era adolescente y luego con el alcohol. Pero en 2007 dijo que estaba sobrio desde que entró a rehabilitación en 2002. También habló sobre períodos de depresión y agorafobia.

Su carrera musical, dentro de la escena del rock, se inició en Seattle al formar la banda Soundgarden en 1984, que jugó un papel importante en el movimiento "grunge" de los años noventa, según medios locales.

El grupo se disolvió en 1997 y en 2001 Cornell se unió a tres ex miembros de Rage Against the Machine para formar Audioslave.

El artista también cantó el tema de la película de James Bond "Casino Royale".

EFE
Detroit, EU.
Jueves 18 de mayo de 2017.


Los miembros de 'El gusto es nuestro' regresan a México 20 años después con cuatro conciertos en la capital además de Guadalajara, Puebla y Monterrey


Llegaron a las tablas del Auditorio Nacional de México, ataviados con chamarras de cuero y playeras negras, dispuestos a hablar de sus conciertos. Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Miguel Ríos y Víctor Manuel regresan a la capital mexicana con la gira que fue capaz de llenar la Monumental hace 20 años. Los de El Gusto es nuestro han vuelto, pero en su presentación se les cruzó Trump y la indignación mexicana. Frente a ello, Ana Belén hizo un llamamiento a la resistencia y Serrat apuntó que "desgraciadamente hay gente que prefiere los muros a los caminos".

Después de su gira de aniversario por España y Colombia, llegarán a México con una amplia agenda de eventos que arranca en la capital (el 23, 24, 25 y 26 de febrero) y se va a Guadalajara (el 3 de marzo), Puebla (8 de marzo) y Monterrey (11 de marzo). " Sentimos que las canciones que cantamos son el hilo emocional de muchas vidas, de mucha gente y eso es una recompensa extraordinaria", reconoció Miguel Ríos. Y añadió jocoso: "Dejé la residencia de la tercera edad, me acogieron ellos muy amablemente y es como estar en el recreo otra vez, como salir a jugar con los amigos a los que tanto quiero y respeto".

"México ha significado siempre nuestra casa. El agradecimiento que siempre hemos tenido a este país, a su generosidad desde que acogió a tantos exiliados españoles, al ser absolutamente firme en la defensa de esas ideas y lo que significaban esas personas. Desde que puse los pies acá siento un agradecimiento absoluto", insistió Ana Belén, recientemente reconocida con un Goya de Honor por su trayectoria también como actriz. La intérprete española fue la que comenzó hablando de Trump, evitando pronunciar su nombre: "De repente, nos encontramos con una situación en el mundo. Ustedes la viven porque están aquí al lado, pero son demasiados toques los que se están dando en diferentes partes del mundo, también en Europa. Esto nos sirve para que estemos alerta y con muchas ganas de resistencia, que también lo estamos".  

"Resumiendo, lo que han decidido 60 millones de estadounidenses es regalarle una navaja de afeitar a un chimpancé", intervino, sin los miramientos de su esposa, Víctor Manuel. Miguel Ríos añadió enfático: "Esto de que voy a hacer un muro y lo van a pagar ustedes es como si yo digo que voy a hacer un disco, para destrozarlo, con canciones de Alex Lora y encima lo va a pagar él. Si no fuera tan dramático, sería una gran chorrada ["estupidez", tradujo al momento Serrat]".

Los cuatro artistas coincidieron en que la resistencia tiene que comenzar "en la calle". Como demostraron los mexicanos, según recordó Ana Belén, el pasado día 12 de febrero.  "Lo interesante es que de pronto sea la gente la que le dicte qué hacer a sus gobernantes. No es votar una vez cada seis años, es votar todos los días", anotó Ríos. Y remató: "Si no decimos lo que no queremos por nuestra propia dignidad, vamos muy mal. Nuestra respuesta tiene que ser todavía mucho más dura y más valiente. Y decirles: Oiga, en mi hambre mando yo".

Durante su presentación de la gira en la Ciudad de México casi no se habló de su espectáculo, que nació por la reedición del disco de aquella gira de 1997 que recogía los éxitos de todos ellos, parte de la banda sonora vital de miles de españoles y latinoamericanos. Desde el famoso Bienvenidos (de Ríos), pasando por Solo pienso en ti (de Víctor Manuel), Contamíname, Penélope, La puerta de Alcalá o Mediterráneo (que Serrat ha convertido en un símbolo contra la crisis de refugiados en Europa).

—¿Y qué van a hacer en su espectáculo?

—Le mentaremos la madre a Trump. Y ya está. — exclamó burlón Miguel Ríos.

Serrat quiso precisar: "La sorpresa del show es que sigamos vivos, a nuestra edad, Y en perfecto estado de revista".

Proceso
Elena Reina
Ciudad de México
Martes 21 de febrero de 2017.


Como parte de una gira de presentaciones en nuestro país, y en el marco de las festividades del día del amor y la amistad, llegará a Puebla el grupo Caifanes el próximo 17 de febrero.

El día de ayer Carlos Linares, representante de Proart3 –empresa encargada de la realización del evento- adelantó en rueda de prensa que el concierto está planeado para la asistencia de 8 mil personas, teniendo como sede la explanada del Complejo Cultural Universitario.

El evento dará inicio a las 20:30 horas y aunque el concierto está pauto para una duración de 90 minutos, no descartan la posibilidad de que la agrupación toque hasta dos horas para deleitar al público.

Linares aseguró que además de los fan poblanos, esperan la visita de seguidores de estados como México, Acapulco, Hidalgo, Tlaxcala, Querétaro Oaxaca y Veracruz.

“Cada vez que viene Caifanes es la emoción total. No dudamos en que será un gran éxito, por eso se decidió en que fuera en una explanada. Normalmente este tipo de grupos no vienen a un auditorio”, afirmó Carlos.

Millaray Cortés, quien también forma parte de los organizadores, dijo que es un evento totalmente familiar en el que también tendrán acceso menores de edad: “es un evento familiar, incluso pueden ingresar niños al ser una agrupación que ha trascendido en generaciones”.

Éxitos como “Nubes”, “Nada”, “Cuéntame tu vida”, “Para que no digas que no pienso en ti”, “Te estoy Mirando”, “Miedo”, “No dejes que”, “Viento”, “La célula que explota” y “La Negra Tomasa” formarán parte del recital.

PREPARAN DISCO

Después de 23 años de no sacar un álbum de temas inéditos (El Nervio del Volcán 1994), la agrupación conformada por Alfonso André (batería), Sabo Romo (bajo), Diego Herrera (teclados y Saxofón) y Saúl Hernández (guitarra y voz) ya preparan nuevo material, y pese a que aún no han dado adelantos de la producción, no descartan la posibilidad de que en esta próxima presentación que tendrán en Puebla den una probadita de sus nuevos temas.

BOLETOS

Para los interesados en asistir al evento, el costo de los boletos es: Zona Oro $990, Zona General 1 $660 y Zona General 2 $330. Pueden adquirirlos a través de Ticket Live, tiendas Choice y Todo Rock.

El Sol de Puebla
Maricarmen Hernández Rodríguez
Jueves 19 de enero de 2017.


Este domingo a las 11:30 de la mañana el cantante Juan Gabriel Falleció de un infarto en la ciudad de Santa Mónica California.


Los Ángeles. - Juan Gabriel, quien falleció el día de hoy, ofreció 48 horas antes lo que fue su último concierto en Los Ángeles, California, como parte de su gira “MeXXIco Es Todo”, en el que mostró toda su vitalidad y entrega, y en el que recalcó de principio a fin su orgullo por México.

Uno de los cantautores más prolífico en la historia mexicana, con alrededor de mil 800 canciones, se presentó ante 17 mil 500 asistentes en el Forum de Inglewood, de California, donde se le veía vital y entero a sus 66 años.

Vestido con un traje oscuro, del que rápidamente se despojó del saco para quedar con una camisa azul brillante, a Juan Gabriel se le vio el viernes en la noche energético, feliz, sonriente y emocionado.

El concierto se convirtió en una auténtica fiesta en la que fue acompañado en el escenario por alrededor de 60 músicos de mariachi y orquesta, bailarines y coristas.

El escenario, que asemejaba una guitarra, le permitió al llamado “Divo de Juárez” recorrerlo en 360 grados, mientras se veía su imagen en enormes pantallas en la parte superior.

Aunque versiones de prensa señalaron que tenía complicaciones con una rodilla, esto ni siquiera pareció inmutarle, porque Juan Gabriel bailó, zapateo e hizo sus tradicionales bailes sensuales de cadera que alborotaron a sus admiradores.

Cuando interpretó “Querida”, el recinto se llenó de luces de celulares, que parecían los pañuelos blancos de una plaza de toros.

En el recorrido musical de dos horas 35 minutos, Juan Gabriel empezó con temas como “Así fue”, “Para que me haces llorar”, “Amor eterno”, “Ya no vivo por vivir”, “No vale la pena” y “Se me olvidó otra vez”.

Los asistentes disfrutaron el concierto en grande. Hubo quienes le enviaban besos a lo lejos, mientras otros más entonaban sus canciones y alguno incluso enarbolaba una pequeña bandera de México.

Juan Gabriel pasó de sus canciones románticas a la balada ranchera y hasta hizo arreglos bailables modernos de su primer éxito en 1971: “No tengo dinero” a ritmo de rap y de “La diferencia” con su grupo de baile.

En la parte final y antes de ser despedido por miles de papelitos de color, un arreglo bailable del “Noa noa” hizo que el público siguiera una sencilla coreografía.

Para terminar, el cantautor colocó finalmente un mensaje en las pantallas para su público: “Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son”.

Notimex
Los Ángeles, Cal. EU.
Domingo 28 de agosto de 2016.


Para celebrar sus más de 30 años de carrera artística, el próximo lunes 16 el cantautor Carlos Arellano realizará un concierto y presentará su disco TreintaÑeros (que evoca la canción del mismo nombre) en las instalaciones de la Fonoteca Nacional, en Coyoacán.

El compositor, nacido en la Ciudad de México y radicado en Puebla desde su infancia, se hará acompañar en esta ocasión por el también cantautor Armando Rosas (guitarra acústica), la cantante María Camargo y Arturo Wald (guitarra eléctrica), quienes interpretarán nuevas versiones de las melodías más representativas de Arellano.

Considerado como parte del movimiento Rupestre (en el que participaron Rockdrigo González, Fausto Arrellín, Rafael Catana, Roberto González y Roberto Ponce, entre otros), Arellano se distingue por combinar en sus composiciones diferentes ritmos como el rock, blues, trova y bolero, y sus letras abordan temas diversos.

A través de información de la Fonoteca, él mismo describe que al paso del tiempo ha cambiado sus contenidos: “Creo que en los primeros discos había ganas de decir muchas cosas, y en el aspecto musical me bastaban dos acordes. Ahora me preocupa mucho la estructura musical, que esté muy elaborada, aunque en una de esas a lo mejor me paso de mamón.”

El autor de temas como Nunca dejaré que te vayas, El baile de las cosas y Enamorado de una frívola estrella (dedicada en su momento a la cantante y actriz venezolana María Conchita Alonso), dice que ahora es “menos chorero” en sus letras que en el pasado.

“No sé si era el desenfado o la despreocupación, o si ahora es la exigencia de depurar textos, pero en este momento tengo claro que he trabajado mucho los discursos y quiero que cojeen lo menos posible, y también la música.”

Lanzó su primer disco Canciones Domésticas en 1987 con el sello Pentagrama, y desde entonces se ha presentado en auditorios, teatros, peñas y bares. En 1992 recibió la beca del Fideicomiso para la Cultura México-USA, con el proyecto “Poblanos en Nueva York: una propuesta de crónica y música a través de la radio, para el cual hizo 15 canciones relacionadas con ese tema.

Hasta el momento, luego de su primer disco, ha publicado: El baile de las cosas (1990), Nada en su sitio (1994), La jauría (1998), Zombra O (2009) y TreintaÑeros (2016), en versiones CD y DVD.

Adelanta el compositor que la pieza con la que cerrará el concierto es la más reciente de sus composiciones, una combinación de lírica cantada y recitada, “una especie de declaración de principios en la cual afirmo que los homenajes son para quienes sobreviven en la miseria, en tanto que la fiesta es para los amigos, para la familia, para aquellos que cantan sus canciones, que lo siguen a uno, que organizaron un festejo”.

El concierto iniciará a las 19:00 del próximo lunes 16 en la Sala Murray Schafer de la Fonoteca Nacional, ubicada en de Francisco Sosa 383, esquina con Salvador Novo, colonia Barrio de Santa Catarina, Centro de Coyoacán, en esta capital, a dos cuadras de la estación del metro Viveros y de avenida Universidad. La entrada será libre, pero el cupo limitado.
Proceso
Judith Amador Tello
Ciudad de México
Jueves 11 de mayo de 2016.


Coldplay, la agrupación liderada por Chris Martin, iluminó con música y alegría el Foro Sol en el primero de sus tres conciertos de la ciudad de México, en el que congregó a 62,000 asistentes que compartieron la energía positiva, la alegría, euforia y colorido del cuarteto que tocó por casi dos horas.

A las 21:45 horas y después del show abridor de Ximena Sariñana y posteriormente Leanne La Havas, el recinto se llenó de estrellas rojas en las muñecas de las 62,000 personas que obtuvieron una pulsera que se encendió al ritmo de la música, iniciando con "A head full of dreams" que de escuchó después de un discurso de Charlie Chaplin.

Con el piso literalmente temblando y con la energía cargada de alegría, la banda británica se fue directo al corazón y el recuerdo con el éxito "Yellow", cantado de principio a fin por una sonriente audiencia que regresó al primer disco "Parachutes", lanzado en el año 2000.

En medio de luces de colores, la agrupación conformada por el intérprete, Chris Martin, el guitarrista Jon Buckland, el bajista Guy Berryman y el baterista Will Champion hizo disfrutar a su público con las festivas notas de "Every teardrop is a waterfall", en medio de la cual apareció una bandera nacional en la pantalla principal del escenario del que salieron fuegos artificiales que emocionaron a los presentes.

Con Chris Martin frente a su piano, las coplas de "The scientist" las cuales fueron seguidas con sentimiento por cada uno de los asistentes a la celebración musical en la que las parejas se tomaron de las manos, los amigos se abrazaron y los besos sobraron.

Luego de "Birds", las luces de las pulseras del público volvieron a recrear un cielo de estrellas azules, verdes y violetas que se movieron al ritmo de "Paradise" que explotó las voces de la gente que generó un temblor con el acelerado baile que recreó una fiesta electrónica de luces y sonidos.

Hablando en español, el líder de la banda que se presentara en el show de medio tiempo del Super Bowl 50, presentó en español a cada uno de sus compañeros para iniciar el tema "Everglow" mientras una mandala se proyectaba en una de las tres pantallas dispuestas en el escenario en el que también apareció la imagen de Rihanna acompañando el tema "Princes of china".

Con un sombrero mexicano, el cantante prestó su voz para "Magic", tema tranquilo que precedió al conocido "Clocks" con el que nuevamente se alzó el coro masivo que aplaudió con la euforia que continuó con "Charlie Brown" en la que Martin pidió al público que saltara en medio de luces rojas y azules.

Las luces blancas y azuladas del público y los sonidos del piano antecedieron el ritmo de hip hop y pop de "Hymn for the weekend" en el que se volvió a evocar a los colores de las mandalas y al baile que cerró con los brazos levantados de las personas y sus brazaletes encendidos.

"Fix you" evocó las historias de parejas, el amor que escurrió en las notas en las gargantas de los fanáticos y en la del propio Chris Martin, quien se hincó en el estrado mientras cada uno de los instrumentos buscaba su momento de explosión.

"Muchísimas gracias amigos", dijo el cantante, agradeciendo la participación del público que celebró el tema "Heroes", original de David Bowie y ahora retomado en las manos y voz de la banda creadora de discos como "Viva la vida" el cual dio nombre al tema que siguió en el repertorio de ésta, la primera y eufórica presentación en México de Coldplay, después de seis años.

La fiesta siguió con fuerza y buena vibra al ritmo de "Adventure of a life time, nuevo sencillo de la agrupación que en el concierto fue adornada con globos gigantes de colores que cayeron al público que jugó con ellos en medio de un gran baile masivo y las luces en las gradas y la zona general del recinto que se llenó de alegría y satisfacción.

Tras una breve pausa, el sonido regresó con "Ink"y "The hardest part", la agrupación dio sus últimos aportes con el romanticismo de "Amazing day" y el optimismo de "A sky full of stars", que respiró en el ambiente lleno de luces y el aliento y voz de los invitados a esta noche de música y color que concluyó con "Up & up".

Notimex
Ciudad de México
Sábado 16 de abril de 2016.


El portentoso saxofonista argentino fallece en Nueva York a los 83 años

Fue autor de la banda sonora del film 'El último tango en París' de Bernardo Bertolucci


En 2015, la periodista Teodelina Basavilbaso visitó a Gato Barbieri en su domicilio de Nueva York. “¿Cómo ve su futuro?”, le preguntó. "Me voy a morir en tres o cuatro años", fue la categórica respuesta del saxofonista. Desgraciadamente, no llegó a tanto. Laura Barbieri, esposa y madre del único hijo del artista, confirmó el fallecimiento del controvertido jazzista ayer sábado, en Nueva York a los 83 años. El 23 de noviembre ofreció su último concierto en el club Blue Note de la ciudad. “¿Por qué toca hoy en día?”, le inquirió la periodista en aquella ocasión. “Porque precisamos dinero “, respondió este sin dudar.

Llama la atención cómo quien tuvo el mundo a sus pies pudo terminar sumido en el más impenetrable de los olvidos: “Será porque he hecho todo lo posible por complicarme la vida”, manifestaba Barbieri hace unos años, “y lo he conseguido”. Por algún motivo, la crítica sigue empeñándose en incluirle entre los pioneros del latin jazz: “Yo no tengo nada que ver con eso”, insistía el interesado. “Tanto que los músicos de jazz no me consideran un músico de jazz y los músicos latinos no me consideran un músico latino”.

Inspirado en el cinema novo de Glauber Rocha, Leandro Gato Barbieri abrazó la causa de un tercermundismo bolivariano de perfiles inciertos: “Glauber me hizo entender que yo, como subdesarrollado, tenía los mismos problemas sociales, que yo también tenía mis raíces musicales”. El de Gato Barbieri era “un arte comprometido con las luchas del pueblo que no podía ser complaciente con los dictados del mercado burgués y el entretenimiento”, escribió Diefo Fischerman. Por el jazz, a la revolución. O así.

Hay quien explica la quebradiza trayectoria del músico en su tartamudez, que hizo de él un niño atormentado por sus semejantes en su Rosario natal, “donde excepto prostíbulos, no había mucha vida nocturna”. Ya en Buenos Aires, participó en primera línea de batalla en la guerra que enfrentó a tradicionalistas y modernos. Barbieri llevaba la voz cantante entre los segundos: “Yo era el rey y Buenos Aires, mi reino”. Hasta que se cruzó en su camino Michelle, de origen italiano, con quien se trasladó a Roma en 1962. “Gato Barbieri siempre dependió de sus mujeres”, apunta certera Basavilbaso.

Más allá de cualquier otra consideración, Michelle tenía contactos, algo imprescindible para quien pretendía sacarle el jugo a la dolce vita romana. El matrimonio va a pasar de las fiestas más exclusivas a las jam sessions de free jazz más elusivas donde el saxofonista va a alternar con los más grandes: Enrico Rava, Don Cherry y, tiempo al tiempo, Charlie Haden. Consecuencia de su actividad entre bastidores, va a recibir la llamada de Bernardo Bertolucci para componer la música de una nueva película: “Me dijo: 'No quiero que la música sea demasiado Hollywood o demasiado europea, un término medio”. El último tango en París proporcionó a Gato Barbieri fama, dinero y algún quebradero de cabeza, tras ser acusado de traición por el maestro Astor Piazzolla: “Supongo que se sintió herido en su orgullo porque Bernardo me encargó el trabajo a mí y no a él”.

Situado en la cumbre de la popularidad, Barbieri posa desnudo para Alicia D'Amico. Su sonido exasperado le ha convertido en el sucesor al trono de John Coltrane: “Cuando toco el saxo toco la furia, la confusión…”. Sus discos-proclama se venden como churros: The Third World, Chapter One: Latin America (1973), Chapter Two: hasta siempre (1973), Chapter Three: viva Emiliano Zapata (1974), Chapter Four: Alive in New York (1975) … Con Caliente (1976) quedan en evidencia los cambios operados en el saxofonista que, ahora, se esconde bajo el paraguas de su nuevo productor, Herb Albert: “Gato Barbieri irrumpió en el mundo del jazz como una bengala”, escribía José Ramón Rubio en EL PAÍS. “Entonces la bengala llegó a lo alto, estalló y se convirtió en lo que se convierten las bengalas: en nada”.

Y llega el silencio. Van a ser décadas de oscuridad, enfermedad y adicciones varias. Alejado de los escenarios, Barbieri se ve acosado por la ceguera, producto de la degeneración macular, y la depresión, tras el fallecimiento inesperado de Michelle. Su apartamento frente a Central Park, atestigua Basabilbaso, contenía más píldoras y medicamentos que la mayoría de las farmacias. Para más inri, ha perdido sus dientes: “Unos los perdí, los otros se los comió el perro, hijo de puta”.

Un repaso somero a la hemeroteca, por lo que toca a sus apariciones públicas no muy frecuentes en nuestro país, deja tras de sí un panorama desolador. San Sebastián y Madrid fueron escenarios de otros tantos escándalos por parte de un respetable que pudo sentirse estafado ante la falta de profesionalidad del artista. Un tema que, con bastante probabilidad, no preocupaba al interesado.

“¿Y cómo le gustaría ser recordado?”, le pregunta Teodelina Basabilbaso. “Oh no, no me importa”, fue su respuesta.

El País
Chema García Martínez
Madrid, España/ Nueva York. EU
Domingo 3 de abril de 2016.

El fotógrafo británico recuerda las historias detrás de las imágenes rescatadas por Taschen.

Aún no había salido el sol sobre Londres aquella madrugada de noviembre de 1966, más fría que las demás. De ello no se habían percatado los Rolling Stones, que pasaron toda la noche en los estudios Olympic, grabando tomas del álbum que llevaría por nombre ‘Between the Buttons’. Probablemente estaban cocinando un ‘Let’s Spend The Night Together’ –imposible un título más literal– o un ‘Ruby Tuesday’.

Al salir a la calle, una brisa los obligó a acorralarse rápidamente en el Rolls-Royce de su mánager, Andrew Loog Oldham. Era él quien siempre les indicaba el siguiente paso. Y en ese momento, era ir a las afueras de la ciudad, a la colina de Primrose Hill, no importaba qué tan insensata fuera la idea. Allá subieron junto con Gered Mankowitz, un fotógrafo de 20 años –que los acompañaba desde hacía poco más de 16 meses–, con su Hasselblad y unos vidrios encerados con vaselina.

Las primeras tomas captaron las ojeras de Bill Wyman, Charlie Watts, Brian Jones, Keith Richards y Mick Jagger, quienes se movían como una sola masa, como hámsteres buscando calor.

Pero de repente empezaron a aflojar. Jones, ‘la piedra dorada’ y a quien muchos veían como el líder creativo, dejó de sabotear y soltó una sonrisa, y esa toma fue la portada de ‘Between the Buttons’. En la siguiente ya todos reían, aunque la expresión de Jagger era particular: se había situado en el centro, con mirada segura. Como un líder.

Esa foto (apodada por Mankowitz como ‘Smiling Buttons’, botones sonrientes) se convirtió en la carátula del libro ‘The Rolling Stones’, de la editorial Taschen, publicado apenas en el 2014 y muy recientemente editado en español, una colección de memorabilia de la banda, bajo la mirada de fotógrafos como Annie Leibovitz, Anton Corbijn, Helmut Newton, Ben Raj, Norman Parkinson, David Bailey, Peter Beard y Mankowitz, quien estuvo con ellos entre 1965 y 1968, años mágicos e hiperproductivos en la carrera de las piedras rodantes.

El libro de Taschen ya se encuentra en tiendas en Colombia, y será una de las novedades de la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Mankowitz, hoy de 69 años, reconstruyó la historia de la sesión de Primrose Hill en conversación telefónica con EL TIEMPO:

“Usualmente, lo que hacían las bandas era que entraban a las 10 p. m. a grabar y finalizaban a las 4 o 5 de la mañana. Yo iba a las sesiones de grabación y a sus reuniones sociales, pero planeamos que esa mañana tomáramos las fotos al final de la grabación. Ellos lucían tristes, cansados ¡así eran fantásticos! Todos se mostraron dispuestos a hacerlo (...). Tuvieron que caminar hasta la cima de la montaña, este es un punto muy alto, al norte de Londres. Estaban de buen ánimo y bien abrigados, Charlie tenía esa chaqueta sensacional de botones blancos. Teníamos unos 20 minutos de la luz que quería. Con ese filtro que hice en casa, quería comunicar algo visual de ese sentimiento de que todos en la sociedad andábamos como flotando, a veces felices, a veces aburridos, yendo con la corriente; yo quería capturar eso”, contó Mankowitz.

“Ya a la media hora estaban verdaderamente furiosos por el frío –recordó–. Fue un rollo de blanco y negro, y otro de color. Increíblemente, la foto original de ‘Between the Buttons’ se perdió en el estudio, pero me quedaron las tomas alternativas”.

En esa sesión, Jones –quien falleció en 1969 en una piscina, con signos de sobredosis–, volcó su lado rebelde. Mankowitz le dijo a Oldham que iban a perder la luz: “Está portándose difícil”. Pero entonces, “en ese momento Andrew demostró lo brillante que era al decirme ‘no te preocupes de nada porque lo que Brian haga solo contribuirá a la imagen de la banda; no importa si sonríe o no, eso son los Stones’. Él me liberó a hacer las fotos que hice y a no sentirme intimidado por Brian”.

Mankowitz llegó a Oldham a través de una amiga común: Marianne Faithfull, a quien retrató en años previos. Y para cuando se vinculó a los Rolling Stones, ya empezaba el festín de titulares.

“Fue justo antes de que (la canción) ‘Satisfaction’ tuviera ese tremendo impacto en la escena musical en Inglaterra; la prensa empezó a emocionarse esa semana, especialmente un diario grande los calificó como ‘animales salvajes que debían estar enjaulados’, así que fue emocionante”.

En esa época se empezó a construir el mito de que los Beatles eran los buenos muchachos y los Rolling Stones, los malos. De ello, Mankowitz piensa que “era una experiencia refrescante y emocionante para la gente que los vería. Me encantaba su música pero veía en su imagen un nivel de ordinariez, de rebelión, de desobediencia, que me parecía atractiva (...). Me dejaron entrar, fueron muy amigables, me aproximé a las sesiones de grabación para capturar algo que veía que era real, que no era una maquinación del negocio del entretenimiento, algo agresivo y confrontacional en un modo teatral; trataban de decir en la imagen ‘sabemos lo que somos, lo que hacemos, lo que queremos y a dónde vamos, y tú no puedes ser parte de nuestra pandilla’. Fue genial, sabía lo importante que era para mí. La primera sesión fue crucial. De ahí salió ‘Out of Our Heads’”.

“Era imposible imaginar el impacto comercial que tendrían luego, uno veía algo que era incluso hasta ridículo para el momento”, agregó el fotógrafo.

Actualmente, Mankowitz se dedica a la curaduría de las exhibiciones de sus fotos, pues su trasegar roquero, digno de película, no fue solo con los Stones, sino que también hizo la serie de retratos de Jimi Hendrix en Manson Yard Studios, la más popular en todos los registros visuales del guitarrista. Y también pasaron por su lente Suzi Quatro, Kate Bush, Oasis, Led Zeppelin, Eurythmics, Free, Buddy Miles, George Harrison, Cat Stevens, Wham, Chrissie Hynde, Slade y muchos más.

Sin embargo, quien convenció a Mankowitz de convertirse en fotógrafo fue el actor Peter Sellers (‘Dr. Strangelove’, ‘La pantera rosa’, ‘What’s New Pussycat’), quien en un encuentro fortuito le pidió que le tomara una foto. De ahí saltó a hacer afiches de teatros y luego a la fotografía musical.

La sesión con Hendrix es histórica, especialmente aquella foto en la que el guitarrista expele el humo de un cigarro. Otra saltó a la carátula del disco póstumo ‘The Ultimate Experience’ (en relación con su banda The Jimi Hendrix Experience).

De esa sesión, Mankowitz relató que “Hendrix estaba feliz, era callado, en su vida real no era como el héroe rock que todos vemos, era muy tímido, muy decente, pero carismático al mismo tiempo (...). Jimi confió en mí y me permitió verlo en la cámara de una forma mágica. La gente ve en esa foto al humano que era Hendrix. Las fotos son sencillas, pero el poder está en cómo logras que el sujeto le dé a la cámara ese momento especial. No es algo que se pueda explicar muy bien”.

Sin pensarlo mucho, algo de sicología vivió en el trabajo de Mankowitz, del que dice que solo podía hacerlo bien si no se subía al mismo bus de las drogas de sus sujetos. Eso sí, reconoce que no le fue muy bien con uno en particular: las bandas de ‘heavy metal’.

“Siempre fue difícil con ellas, no me pude relacionar bien con el movimiento. Algo de eso hice, fotografié a Saxon, a Judas Priest, pero no fue mi fuerte. Uriah Heep fue un grupo muy poco placentero con el cual trabajar”.

¿Por qué la fotografía rock de hoy no proyecta el mismo encanto de las fotos históricas? Más allá de lo ‘sobreplaneadas’, para este artista hay una explicación: “Reino Unido estaba respondiendo al optimismo, y había que ver qué venía con estos artistas. Por eso fue un momento tan fantástico. Cuando lo ves, de cierta forma, todo se vino abajo, no necesariamente en lo musical, sino en el optimismo de la vida, es diferente cómo se veía todo al principio frente a cómo se ve al final”.

Hendrix, uno solo

Los famosos retratos de Gered Mankowitz a Jimi Hendrix en Manson Yard Studios han inspirado exhibiciones, ediciones de libros y toda una cultura.

“Jimi había acabado de grabar ‘Hey Joe’, había mucho optimismo en él (...). En 1968 todo se volvió loco”, recuerda el fotógrafo.

El Tiempo
Carlos Solano
Bogotá, Colombia
Lunes 28 de marzo de 2016.

Se acaba de reeditar A Love Supreme, la obra maestra de John Coltrane grabada durante un sólo día de 1964 y editada en 1965. Revisitarla sirve no sólo para pensar su lugar en la historia del jazz sino también para reflexionar sobre el valor cultural de un disco, objeto en vías de extinción. Esta nueva versión, subtitulada The Complete Masters, incluye una segunda placa con cinco tomas alternativas del cuarteto y seis como sexteto, y está rigurosamente curada y comentada por el No. Ya los vi en otras fotos...crítico Ashley Kahn y producida por Harry Weinger. Y no es una reedición más: el disco emblemático de la carrera del mayor saxofonista de la era post Parker vuelve a sonar, además de remasterizado, revitalizado e igual de utópico y ambicioso.

Teatro Olympia de París, 21 de marzo de 1960. El quinteto de Miles Davis tiene en vilo al público francés, que saldrá de ahí arrebatado, dispuesto a prolongar en palabras la emoción propinada por el concierto. ¿Por qué no en alguno de esos bristó parisinos que tan bien se entienden con el jazz en blanco y negro de los años 50? Nada puede empañar aquella noche, salvo una cosa: los solos interminables del saxofonista John Coltrane.

¿Por qué Miles, príncipe de los silencios, lo tiene ahí? Al principio, la química entre ambos dio resultados exquisitos, una serie de LPs cuyos lomos sobresalen del armario, prestos a dar otra vuelta. ¿Quién puede sustraerse al terso encanto de “Round Midnight” o el grácil tintineo de “If I Were a Bell”? Pero últimamente, después del soberbio Kind Of Blue, aquel entendimiento ya no es el mismo. Así las cosas, cuando en el Olympia el grupo encare “Bye Bye Blues” y llegue el turno de su saxo tenor, un murmullo sucederá al silencio, y una masa irregular de silbidos, al murmullo. Increíble. Los fans de Coltrane, que obviamente los tiene, intentarán tapar el abucheo con un aplauso justiciero. De pronto, una cacofonía de platea mantiene un forzado contrapunto con el saxofonista díscolo, que sigue tocando como si nada, salvo la música, sucediera a su alrededor. La dramática escena constituye un punto clave en las vidas artísticas de Miles y Coltrane. Despechado, el trompetista deberá aceptar que su saxo estrella ya no quiere estar a su lado. Han dejado de necesitarse mutuamente.

¿Qué cosa irritó aquella noche a la mitad más uno del Olympia? La extensión del solo de Coltrane, por cierto. Pero también el golpe de timón de un improvisador decidido a llevar a su audiencia a una zona desconocida, sin garantías de regreso. Si al principio su intervención sonó arrebatada pero no ajena a la línea melódica, gradualmente las cosas se fueron enrareciendo hasta que la canción quedó prácticamente deshecha. Frente al lirismo reservado e inteligente de Miles, Coltrane parecía un salvaje sorpresivamente dotado de una técnica extraordinaria.

Entre aquel complicado concierto, uno de los últimos de la dupla Davis-Coltrane, y el boom de A Love Supreme transcurrieron cuatro años y pico. Tiempo de despegue del saxofonista. Ya desvinculado del grupo que le había brindado una primera fama, Coltrane fundó su propio cuarteto con el pianista McCoy Tyner, el baterista Elvin Jones y el contrabajista Jimi Garrison. Eran cuatro energúmenos. McCoy combinaba como nadie tríadas con cuartas, en un estilo punzante y a la vez armónicamente sofisticado. Garrison era un contrabajista de gran libertad, capaz de marcar rumbo en varios temas, como un solista más. Y Elvin Jones… nadie mejor que Jones para seguir al solista a todas partes, a veces, incluso, copándole la parada. En sus manos, la batería era un torbellino de pulsaciones; nunca antes ese instrumento había pasado al frente con tanta resolución.

Es comprensible que Coltrane se entusiasmara con esos músicos jóvenes y arrogantes. Con ellos podía extender sus improvisaciones a piacere, sin generar decepciones (Nadie estaría obligado a ir a sus conciertos ni a comprar sus discos; ya no sería ladero de nadie). Sin embargo, el cuarteto tardó un tiempo en labrar su liderazgo artístico. Brillante y proteico, incluso extremo en su manera de someter los standards a las más altas temperaturas – acaso el ejemplo más feliz de esto sea “My Favorite Things”, que pasó de tierno vals de La novicia rebelde a tour de forcé del jazz modal-, aquel Coltrane emancipado no sonaba tan osado como Ornette Coleman, el padre indiscutido del free jazz, y difícilmente alcanzaba las cotas de swing de su rival Sony Rollins. Podría decirse que, por más omnipresente que fuera su nombre en el mundo del jazz, sólo a partir de la grabación de A Love Supreme Coltrane sentó las bases de su mito imperecedero. Fue entonces que se consagró como un auténtico vanguardista. Un innovador. O para decirlo en términos de historia cultural: un artista capaz de mirar a su época de frente.

El reciente lanzamiento de A Love Supreme: The Complete Masters (Verve/Impulse! Universal, 2015) es una gran ocasión para repensar no sólo el lugar de Coltrane en la historia del jazz, sino también el valor cultural que puede conquistar un disco, ese objeto hoy en vías de extinción. Se trata de un álbum doble– la segunda placa incluye cinco tomas alternativas del cuarteto y seis en sexteto, con el agregado de Archie Shepp en saxo y Art Davis en contrabajo -, rigurosamente curado y comentado por el crítico Ashley Kahn y producido por Harry Weinger. Estamos acostumbrados a estas reediciones ampliadas. No deben confundirse con los bootlegs ni con los conciertos en vivo inéditos, aunque comparten con esos paquetes cierta intención revisionista, en la medida que nos permiten, a partir de materiales originalmente descartados para la edición, tener una perspectiva más amplia de una coyuntura artística irrepetible. Por supuesto, esta clase de reediciones también alimenta el diagnóstico negativo sobre la creatividad de nuestra propia época. (“Ya no se hace música como antes”). De todos modos, si hoy el disco más emblemático de la carrera del mayor saxofonista de la era post-Parker vuelve a sonar revitalizado – amén de remasterizado –, ¿por qué no pensar que su vuelo prosperó en otras voces y otros ámbitos, antes que certificar que no estamos a su altura, que el siglo XXI quedó exangüe y no nos queda más remedio que seguir reeditándonos ad infinitum?

UN DIA EN LA VIDA

A diferencia de otros discos históricos, a los que la industria cultural amenaza con seguir exprimiendo sin piedad, A Love Supreme no parece alentar futuras salidas con perlas encontradas, por la sencilla razón de que se grabó en un solo día, el 9 de diciembre de 1964. (Las tomas con el sexteto son del día siguiente, pero no estaba en los planes de Coltrane incluirlas en el disco original). Poco ensayo, pocas tomas, pocas cintas: joya de una sola pieza. Todo sucedió en una jornada en los estudios de Rudy Van Gelder, a minutos en tren de Manhattan. Si bien esto no es particularmente excepcional en la lógica del jazz, lo que sí resulta excepcional es el nivel de intensidad que el cuarteto logró en una sala de grabación. De hecho, se trata del único disco en estudio de Coltrane que bien puede competir con sus increíbles álbumes en vivo. Por otra parte, que su mejor registro frente al público sea Live at Half Note jamás podría entenderse como casualidad: más allá del setlist en cuestión, en marzo del 65 los músicos seguían magnetizados por la energía desatada en diciembre del 64. En definitiva, la ruptura signada por A Love Supreme se hacía evidente en sus efectos inmediatos.

Sí, el álbum se grabó en un sólo día. Y los temas, originalmente pensados para un grupo un poco más grande, fueron compuestos en menos de una semana. A manera de una suite mística en cuatro partes, la obra se constituyó en la plegaria jazzística a un Dios suma de todos los dioses. La pasión ecuménica se expresa a partir de ideas melódicas muy simples, casi fragmentos de escalas, sobre una relación armónica básica. Blues y gospel se conjugan en plan devoto, pero sin dejar a un lado giros orientales, ni leves referencias al mundo árabe, como si aquella música dialogara con todos los textos religiosos del mundo (Cabe recordar que varios músicos de jazz de la década de los 60 –no así Coltrane– se convirtieron al islam). “Part I. Acknowedgment” avanza sobre un motivo de cuatro notas, silábicamente expresadas en el título del disco. Le sigue “Resolution”, la última de las grandes melodías de Coltrane, según destacó el crítico Ben Ratliff. La tercera parte se titula “Psalm” (“Salmo”); de eso se trata, justamente: la intención poética extraída del Antiguo Testamento se expresa en un fraseo de saxo cantable, como emulando la cadencia de una alocución religiosa. En el cierre, un blues en tono menor: “Pursvance”.

Por primera y única vez, la audiencia de jazz escuchó la voz del propio músico recitando el mantra del primer tema. Ascetismo en los materiales, desborde en los desarrollos. Desde hacía algún tiempo Coltrane buscaba liberarse de la proliferación armónica de sus primeros discos – en ese sentido, Giant Steps, grabado antes de la formación del cuarteto, había sido un ejercicio de agitación tonal insuperable–, pero sólo lo lograría plenamente con su poderosa plegaria del 64. Para que no quedaran dudas sobre sus intenciones, incluyó en el estuche un poema homónimo, donde se puede leer confesiones como esta: God is. It is so beautiful. / Thank you God. God is all. (¿Cómo evitar comparar esta expresión de religiosidad directa y algo cándida – cándida la palabra, jamás la música – con el kitsch hinduista de George Harrison o el giro trascendente operado en Carlos “Devadip” Santana y John Mc Laughlin ante la palabra del gurú Sri Chinmoy?). Según su segunda esposa, la pianista y compositora Alice McLeod, la idea de la obra se remonta a los años mozos del músico, cuando siendo aún conscripto de la marina tuvo la intuición de una música y un texto dedicados al Supremo. Como le pasó a Pablo el converso cuando una luz cegadora lo acercó a Jesús, aquel joven saxofonista de rhythm and blues se volvió un apóstol en forma de músico. Sin embargo, esta versión de Los Hechos adolece de los efectos retrospectivos de las hagiografías. La verdad es siempre más terrenal. El despertar de la fe sacó a Coltrane de las drogas duras – su peor año fue 1957–, y el tributo a esa fuerte creencia y su poder sanador fue la música que recién logró crear a mediados de la década rebelde.

UN ALBUM CONCEPTUAL

Poco después del accidentado concierto en el Olympia, el nombre de John Coltrane ascendió a un primerísimo plano. Fue considerado uno de los tres grandes saxofonistas tenores del momento (los otros dos eran Stan Getz y Sony Rollins). En 1961, el influyente John Wilson escribió un elogio irrestricto en el New York Times. Ese año, las actuaciones del creador de “Naima” en el Village Vanguard de Nueva York figuraron entre las grandes noticias del mundo del jazz, y dos años más tarde Coltrane debutó en el sello Impulse! con África/Brass. Acto seguido se mandó la friolera de tres discos estupendos: uno de baladas, otro con el cantante Johnny Hartman y una colaboración histórica con Duke Ellington.

Así como en los conciertos necesitaba tiempo para desarrollar sus solos, Coltrane también buscaba la tranquilidad de un sello que lo dejará trabajar en libertad. ¡Agotada su etapa en Prestige, aceptó entonces pasarse a Impulse!, la creación de Bob Thele que no sólo renovó la música con su extraordinario catálogo sino también el arte de tapa (¡Esas carpetas dobles, esas fotografías, esas tipografías!). ¡Si al promediar la década alguien creía que el jazz era cosa del pasado, bastaba con regalarle cualquier título de Impulse! para que rápidamente cambiara su opinión. Fue allí, en esa casa grabadora y en esa época tan confiada en el futuro, que el tímido y poco sociable John Coltrane se convirtió en un fenómeno cultural. Y comercial, aunque parezca mentira. Sólo Miles, ahora al frente de otro quinteto tan renovador como el primero, podía emparejarlo en fama y prestigio.

A lo largo de 1965 A Love Supreme fue candidato a dos Grammys –finalmente el de composición se lo llevó Lalo Schifrin, por su obra, también religiosa, Jazz Suite on the Mass Text - y fue disco del año según los lectores de la revista Down Beat. ¡Con el tiempo, el álbum llegó a vender medio millón de unidades, cifra modesta en comparación con las que facturaría Help! de Los Beatles –el otro acontecimiento del 65–, pero más que interesante para el siempre acotado mercado del jazz. Coltrane murió en 1967, a los 41 años, mientras profundizaba en el lenguaje del free-jazz y empezaba a vislumbrar nuevos horizontes musicales. Si bien su obra completa, que se extiende entre el bebop y la improvisación libre, ocupa un lugar destacado en el inventario del jazz grabado, A Love Supreme no tiene parangón. Nada de lo que había hecho antes ni de lo que haría en los últimos vertiginosos dos años de su vida pudo compararse al hito del 64/65.

Si resulta relativamente fácil entender el desagrado que las desbordantes improvisaciones del saxofonista generaban entre el viejo público de Miles Davis, no es tan simple sintetizar las razones por las cuales un disco devocional de cuatro temas, que sólo se puede escuchar en actitud concentrada, en lo posible en soledad – sólo un disfuncional padre de familia se permitiría someter a sus seres queridos a un cotidiano tan intensamente musicalizado–, terminó convirtiéndose en un best-seller de la música aun llamada “popular”. Aquí podemos, una vez más, alegar a favor de un tiempo expectante de sus propias utopías. Así se armaba el canon en aquellos días: con música “difícil”, larga, idealista en un sentido ético, ambiciosa e inconformista desde una perspectiva estética. Indudablemente, la recepción del disco más allá del ámbito jazzístico –en este, fueron incalculables los seguidores, algunos muy originales, como Gato Barbieri, Michael Brecker y más recientemente Brandford Marsalis– fue un factor decisivo para su amplia legitimación. Que Carlos Santana, Frank Zappa, The Byrds o Grateful Dead lo tuvieran entre sus discos preferidos habla de una influencia persistente en la cultura rock, antes incluso de que se hablara del jazz-rock.

Estructurado como álbum conceptual, A Love Supreme documenta, con sus aires de trascendencia e infinitud, el apetito religioso no institucional de una generación, aspecto no siempre bien resaltado cuando hablamos de la época de John Lennon y el Che Guevara. Tan cerca de radicalismo cultural como del pacifismo combativo de Martin Luther King, la obra maestra de John Coltrane nos sigue iluminando desde un pasado canonizado y reeditado, pero también continuado por algunas de las sendas menos previsibles del jazz contemporáneo. (Domingo, 7 de febrero de 2016).

Página 12
Por Sergio Pujol

Buenos Aires, Argentina
Miércoles 23 de marzo de 2016.

El miembro fundador de la exitosa banda de country-rock fallece en Nueva York

Su guitarra ha sido una de las más escuchadas en la historia de Estados Unidos. Y, en este sentido, el mejor sonido que salió de las cuerdas de su guitarra representó durante una época el epítome del country-rock. Glenn Frey, guitarrista y miembro fundador de los Eagles, ha muerto a los 67 años de edad en Nueva York, según ha comunicado la web de la banda.

"Con mucho dolor tenemos que anunciar el fallecimiento de nuestro compañero, fundador de Eagles, Glenn Frey, en la ciudad de Nueva York. Glenn luchó una batalla valiente en las últimas semanas, pero, por desgracia, sucumbió a las complicaciones de la artritis reumatoide aguda, una colitis ulcerosa y neumonía", señala el comunicado.

“La familia Frey quiere agradecer a todos los que se unieron a Glenn para combatir esta lucha y rezaron por su recuperación. No hay palabras que pueden describir nuestro dolor, ni nuestro amor y respeto por todo lo que él nos ha dado a nosotros, a su familia, a la comunidad musical y a millones de fans en todo el mundo", concluye el texto.

El País
Fernando Navarro
Madrid / Nueva York
Lunes 18 de enero de 2016.

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