El Gobierno de Trudeau se suma, en el último minuto, al acuerdo comercial sellado hace un mes por sus dos socios regionales


Tras meses de tensión y dudas en el horizonte comercial norteamericano, Estados Unidos ha cerrado este domingo, sobre la bocina, un acuerdo con Canadá para sumar a su vecino del norte al pacto sellado hace un mes con México y así poder reeditar el tratado que regula desde 1994 los intercambios entre los tres países. La fumata blanca llegó tras un fin de semana frenético en el que ambas partes apuraron hasta el último minuto del plazo fijado por Washington para evitar un fracaso que habría trastocado los estrechos vínculos entre tres de las economías más interconectadas del planeta.

 “Hoy, Canadá y EE UU alcanzaron un acuerdo, junto a México, sobre un nuevo y modernizado tratado comercial para el siglo XXI”, anuncian en un breve comunicado conjunto el representante estadounidense de Comercio Exterior, Robert Lighthizer, y la ministra canadiense de Exteriores, Chrystia Freeland, en el que indican que el nuevo régimen comercial se llamará USMCA, en sus siglas en inglés, en lugar de NAFTA (TLC, en español). El cambio de nombre era una condición de la Administración Trump. Los máximos responsables políticos de la negociación señalan que el texto creará un mercado libre, un comercio justo y fortalecerá el crecimiento económico en la región. “Esperamos poder profundizar aún más nuestros estrechos lazos económicos cuando entre en vigor”, concluyen, al tiempo que agradecen la colaboración de México.

"Es un buen día para Canadá", se limitó a decir Trudeau al término de una reunión exprés con su Gabinete, ya al filo de la medianoche hora de Ottawa. Se salva, así, un texto que permite el comercio anual sin barreras de bienes y servicios valorados en 1,2 billones de dólares y que ha multiplicado por cuatro los intercambios desde su entrada en vigor hace casi un cuarto de siglo. El acuerdo queda ahora pendiente del visto bueno de los congresistas y senadores de los tres países firmantes. Sin embargo, el peso mexicano y, sobre todo, el dólar canadiense reaccionaron con subidas a la noticia del pacto entre los Ejecutivos.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), que pendió durante meses de un hilo que Trump amenazó con cortar en repetidas ocasiones, saldrá adelante rebautizado pero con sus tres socios en el barco y con cambios que no se presumen disruptivos. El acuerdo permite, además, a Donald Trump vender un primer pacto internacional de calado a poco más de un mes vista de las elecciones legislativas de mitad de mandato y consolidar la relación con dos de sus aliados tradicionales en plena guerra comercial con China. Abierta -por la voluntad del propio presidente- la caja de los truenos con dos rondas de aranceles sobre el gigante asiático, la primera potencial mundial necesita aliados en su pulso con el gigante asiático.

Trump y Enrique Peña Nieto pactaron hace justo un mes un texto con la idea de incluir a Canadá -como finalmente ha sucedido- para actualizar el acuerdo firmado hace casi un cuarto de siglo. El país latinoamericano respiró, entonces, aliviado: el 80% de sus exportaciones tendrían un paraguas legal para los próximos años. Pero faltaba algo deseable al sur del río Bravo y necesario a ojos de los legisladores en Washington, que reniegan de cualquier acuerdo que no incluyese a su vecino del norte: que Canadá aceptase el trato y se sumase al pacto. Hoy quien respira aliviada es Canadá. Para su primer ministro, encontronazos al margen con Trump y los suyos, era importante cerrar esta cuestión lo antes posible por una razón de dependencia comercial -el 76% de sus exportaciones va a parar a EE UU- y el 1,5% a México, su quinto mayor socio comercial. El riesgo era, no obstante, mucho mayor en el caso mexicano, que contaba con menores alternativas a EE UU.

El camino ha sido todo menos sencillo. La recta final de la negociación entre EE UU y Canadá, que ha intercalado jornadas maratonianas de conversaciones constructivas con ataques de Trump a su homólogo canadiense, Justin Trudeau, ha tenido que superar dos grandes escollos. El primero tenía que ver con el comercio de productos lácteos, una cuestión políticamente muy sensible a ambos lados de la frontera. El segundo, con la tentativa de Washington de eliminar el mecanismo de disputas que permite retar a las empresas las restricciones que se aplican al comercio en la zona de librecambio. Ambos han quedado zanjados este domingo. Los productores estadounidenses consiguen un mayor acceso al mercado lácteo canadiense, mientras el Capítulo 19 del tratado queda intacto.

El acuerdo marco, de momento, no va a evitar que EE UU siga aplicando los aranceles que a comienzos del verano entraron en vigor contra las importaciones de acero y aluminio, del 25% y el 10% respectivamente. Canadá espera que las conversaciones continúen, para que se levanten cuando se firme el nuevo tratado trilateral dentro de dos meses. Ottawa si recibe la garantía de Washington de que no va a imponer aranceles a las importaciones de coches y sus componentes, como amenazó Trump.

Washington puso como fecha límite este 1 de octubre para resolver las diferencias y evitar la vía bilateral. Reflejo de la tensión, la ministra canadiense abandonó el sábado Nueva York, donde tenía previsto intervenir ante el plenario de la Asamblea General, para dedicarse de lleno a cerrar los últimos flecos. El embajador David MacNaughton también fue llamado a Ottawa. Freeland trató de mostrar que estaba en control del reloj, diciendo que iban a negociar el tiempo que fuera necesario. Esa posición de fuerza llevó al presidente de EE UU a expresar el jueves su frustración con la negociadora jefa canadiense, a la que llamó intransigente. Pese a las enormes diferencias, se dieron 48 horas más de plazo antes de publicar el borrador del pacto con México.

Las prisas por cerrar el acuerdo antes de que empezase octubre tenían un motivo: era la única forma de que el texto fuese firmado por el presidente mexicano saliente, Enrique Peña Nieto (PRI). Un último caramelo antes de que deje la presidencia, el próximo 30 de noviembre tras la abultada derrota cosechada en las elecciones del pasado 1 de julio. Aunque el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (Morena), ha participado en todo el proceso negociador a través de su mano derecha para asuntos comerciales, Jesús Seade, existía una suerte de pacto tácito entre ambos mandatarios para que el pacto final se sellase en el tramo final del mandado de Peña Nieto.

Las amenazas de Trump de ir por la vía bilateral se toparon con la oposición frontal de los grupos que representan a las empresas, de los sindicatos y de legisladores demócratas y republicanos. Presionaron hasta el último momento para que el tratado se preservará como trilateral. Además, existían serias dudas sobre si el acuerdo con México tendría validez caso de que Canadá finalmente rehusase incorporarse, porque el mandato de negociación era a tres bandas. El acuerdo, en todo caso, debe ser ratificado por el Congreso de EE UU para que entre en virgo. Un giro a la izquierda en las elecciones legislativas de noviembre podría plantear algún obstáculo para Trump.

La negociación, que arrancó hace algo más de un año y que ha terminado este domingo, se ha caracterizado por la confusión y los continuos ataques de Trump a sus socios norteamericanos, a los que ha acusado de deslealtad y de minar los empleos en el sector manufacturero estadounidense, una de sus principales banderas en la campaña electoral de 2016 que desembocó en su victoria. Aquel 8 de noviembre de 2016, México y Canadá se echaron a temblar. Poco menos de dos años después, el horizonte comercial luce mucho más despejado.

El País
Sandro Pozzi
Ignacio Fariza
Nueva York / México
Domingo 30 de septiembre de 2018.


La ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland, asegura que los aranceles de Trump sobre el acero y el aluminio no respetan las reglas de la organización ni del TLC

Canadá no tragará con la deriva proteccionista de su mayor socio comercial y aliado histórico, Estados Unidos. El Gobierno de Justin Trudeau ha anunciado este viernes que demandará a Washington ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y ante el mecanismo de resolución de controversias del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), después de que la primera potencia mundial impusiese aranceles sobre sus importaciones de acero y aluminio procedentes de su vecino del norte, México y la Unión Europea. "Estos derechos de aduana, impuestos unilateralmente con el pretexto de que garantizan la seguridad de EE UU no respetan ni las obligaciones comerciales internacionales estadounidenses ni las reglas de la OMC", ha declarado la ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland.

"Además de represalias", Freeland ha pedido a la OMC "establecer consultas con EE UU sobre el tema de imponer tasas punitivas sobre las importaciones de acero y aluminio provenientes de Canadá". Las autoridades canadienses han llamado también a la OMC a pronunciarse sobre "el recurso abusivo de Estados Unidos a pretextos de protección nacional con fines proteccionistas" para imponer tasas a Ottawa, ha añadido la canciller canadiense, pieza clave del Ejecutivo de Trudeau. "Canadá trabajará en estrecha colaboración con la Unión Europea", que también ha presentado una denuncia en la OMC contra EE UU, ha asegurado la ministra canadiense en unas declaraciones que acercan aún más la posibilidad de una guerra comercial entre dos socios tradicionales.

Apenas 24 horas antes, el primer ministro Trudeau había calificado de "inaceptables" las medidas proteccionistas de Washington al tiempo que anunciaba un gravamen equivalente -16.600 millones de dólares canadienses, unos 11.000 millones de dólares- sobre un buen número de productos estadounidenses. "Tenemos que creer que en algún momento prevalecerá el sentido común. Pero no vemos actualmente ninguna señal al respecto por parte de EE UU", agregó el mandatario canadiense. En Canadá ha molestado, muy especialmente, la justificación de la Administración Trump para poner el arancel sobre el acero y el aluminio: como ya hiciera cuando fijó una tarifa similar sobre paneles solares y lavadoras -en el caso, para enfrentar la creciente cuota china en su mercado doméstico-, ha apelado a la seguridad nacional. El país norteamericano, como subrayó el jueves Trudeau, ha sido uno de los más fieles aliados de EE UU en todas sus aventuras exteriores.

Más allá de la OMC -una suerte de árbitro del comercio internacional- Canadá demandará ante el secretariado del TLC, la "puesta en marcha de un grupo especial" en el marco de la reglamentación de dicho acuerdo -el famoso capítulo 20, que Washington ha amagado con liquidar en el nuevo acuerdo, hoy en fase de negociación- a fin de condenar la "violación de las reglas del TLC por EE UU".  

Enredados en una difícil negociación del actual TLC -que une desde hace casi un cuarto de siglo a EE UU, México y Canadá- los tres países llevan casi un año en la mesa de diálogo en busca de una nueva entente comercial. La imposición de tasas sobre el acero y el aluminio canadienses debilita a la industria automovilística, uno de los sectores sensibles en la renegociación del tratado, y enrarece aún más el ya de por sí complejo clima en el que se están desarrollando las conversaciones.

AFP
El País
Toronto / México
Domingo 3 de junio de 2018.


Ciudad de México. - México intenta prepararse y prever cómo su economía podría adaptarse si desaparece el acuerdo que ha regido las relaciones entre estos vecinos durante un cuarto de siglo, de cara a las probabilidades cada vez mayores de que Estados Unidos se retire del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Desde la victoria del presidente Donald Trump en las elecciones estadounidenses, México ha acelerado las negociaciones para concretar nuevos tratados comerciales o actualizar algunos ya en vigor con otros países, en busca de nuevos proveedores y mercados para sus exportaciones.

El presidente Enrique Peña Nieto viajó hace poco a China para dialogar acerca del intercambio comercial, entre otros temas; México también está entre los países que suscribieron el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés).

Van surgiendo nuevos proveedores. En diciembre, se espera que Argentina entregue 30.000 toneladas de trigo, su primera venta a México. Crujientes manzanas chilenas han comenzado a aparecer en los supermercados mexicanos, junto a montones de manzanas de Washington State.

 “Necesitamos ajustar, limitar el impacto, para lo que tenemos dos opciones: hablar y dialogar o abrirnos al mercado exportador”, afirmó recientemente Ildefonso Guajardo Villarreal, el secretario de Economía y principal negociador comercial por México, en una entrevista televisada.

Por su parte, Moisés R. Kalach, quien encabeza la delegación de empresas mexicanas que asisten a las pláticas del TLCAN, comentó que las empresas están en comunicación con el gobierno para encontrar opciones de adaptación. “¿Qué debemos hacer para seguir siendo competitivos y desarrollar el sector manufacturero y agrícola?”, preguntó.

No obstante, esta separación podría producir una reacción en cadena en México que afectaría no solo el ámbito comercial. La salida de Estados Unidos del TLCAN podría provocar sentimientos nacionalistas e influir en las elecciones presidenciales de México el año próximo.

Los negociadores de México, Estados Unidos y Canadá comenzaron el 11 de octubre pasado la cuarta ronda de pláticas, cuyo propósito original era modernizar el acuerdo que sirve como base para las inversiones y el intercambio comercial entre los tres países y que ha transformado la economía mexicana.

Sin embargo, Washington ha presentado propuestas proteccionistas que tanto México como Canadá han declarado que no aceptarán, lo que da a Trump motivos para cumplir sus repetidas amenazas de retirarse del acuerdo.

El secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Luis Videgaray, advirtió a los legisladores el 10 de agosto pasado durante una comparecencia de que México estaba preparado para abandonar las pláticas antes que aceptar un acuerdo perjudicial.

Con todo y los fuertes comentarios de Trump, quien ha dicho que el TLCAN es el “peor tratado de libre comercio de la historia”, el efecto del acuerdo comercial ha sido exponencialmente mayor en México que en Estados Unidos, cuya economía es cerca de dieciocho veces mayor que la economía de su vecino del sur.

México, que antes era un productor de petróleo concentrado en el mercado interno, se ha transformado en una fuerza manufacturera tremenda y ahora tiene fábricas que producen automóviles, computadoras y maquinaria para exportación. Los tomates, aguacates y brócolis mexicanos abundan en los pasillos de los supermercados estadounidenses. Industrias más recientes, como la aeroespacial y de equipo médico, están prosperando.

El año pasado, las exportaciones de México ascendieron a 374.000 millones de dólares; más del 80 por ciento de esas exportaciones tuvo como destino Estados Unidos.

Sin embargo, el desempeño de México con el TLCAN en un contexto más amplio ha sido decepcionante. El ritmo de la economía interna nunca se comparó con el éxito de sus exportaciones, lo cual hizo que se ampliara la brecha entre el norte mexicano, donde predominan las exportaciones, y el sur rural.

Ahora, México enfrenta la posibilidad de que la porción más dinámica de su economía sufra un fuerte golpe.

El desmoronamiento del TLCAN podría ocasionar una reducción en el volumen de las exportaciones a Estados Unidos al eliminarse el acceso libre de aranceles, además de que podría detener el flujo de inversiones de empresas que establecen fábricas en México para elaborar productos destinados al mercado estadounidense.

De cualquier forma, la interrogante es cómo sería la economía después del TLCAN. El gobierno mexicano cree que el mercado de Estados Unidos seguiría en gran medida abierto. Sin el TLCAN, los derechos que impone Estados Unidos sobre la mercancía mexicana volverían a los niveles que establece la Organización Mundial del Comercio.

Las cifras varían, pero se calcula que el promedio es de aproximadamente el tres por ciento para productos manufacturados. Los automóviles ensamblados en México, por ejemplo, pagarían impuestos equivalentes al 2,5 por ciento.

“¿Nos gustan esos impuestos? No. ¿Podemos sobrevivir con ellos? Sí”, afirmó Luis de la Calle, un miembro del equipo de México que negoció el tratado original. “La integración de México, Estados Unidos y Canadá continuará a pesar de sus gobiernos”.

“Sin embargo”, añadió, “habrá incertidumbre en el corto plazo”.

Guajardo, el secretario mexicano de Economía, explicó que los camiones ligeros de fabricación mexicana, por ejemplo, tendrían que pagar impuestos a una tasa del 25 por ciento en Estados Unidos. Una posible acción en respuesta a esta situación sería convertir las fábricas para la producción de automóviles, por los que se pagan impuestos muchísimo menores.

Incluso antes del TLCAN, las plantas de ensamblaje conocidas como maquiladoras importaban refacciones libres de aranceles y enviaban el producto terminado a Estados Unidos. El fin del TLCAN “quizá no cambie por completo la logística”, afirmó Manuel Padrón Castillo, un abogado especializado en derecho mercantil del despacho Baker McKenzie en Ciudad Juárez, México, ubicada al otro lado de la frontera de El Paso, Texas.

En el largo plazo, de acuerdo con otros analistas, la salida de Estados Unidos del TLCAN “pondría en duda la viabilidad de México como un destino de tercerización”, explicó Dan Ciuriak, un experto en materia comercial del centro de innovación Center for International Governance Innovation en Waterloo, Ontario.

El TLCAN permitió el desarrollo de una red compleja para desplazar sin dificultades materia prima y refacciones a través de las fronteras, en muchos casos varias veces, pues se ensamblaban en elementos de mayor tamaño y después se incorporaban a un producto terminado.

De no existir el TLCAN, incluso si los aranceles fueran bajos, este sistema de fabricación produciría costos más elevados. “Los sectores más integrados enfrentarían obstáculos tremendos”, advirtió Ciuriak.

Si aumentan los aranceles, una posibilidad es que las empresas decidan trasladar la producción de Estados Unidos a México para reducir el número de refacciones que causan el pago de derechos.

Otro riesgo es que las empresas trasladen la producción a Asia y compren sus refacciones ahí en vez de hacerlo en América del Norte, para pagar un solo impuesto al ingresar el producto terminado en los Estados Unidos.

Ford Motor Company puso el ejemplo este año. En enero, suspendió sus planes de construir una fábrica en México para producir el pequeño automóvil para pasajeros Focus, una decisión que Trump elogió. Sin embargo, en junio la empresa anunció que en su lugar construiría una nueva fábrica en China para producir el Focus.

La salida del TLCAN también podría tener graves consecuencias políticas.

Se “interpretará como un rechazo a México y a la mexicanidad, lo que complicará la política en la relación con Estados Unidos”, comentó el exnegociador De la Calle.

Si desaparece el TLCAN, es probable que sea negativo para los candidatos de centro en las elecciones presidenciales que celebrará México del año entrante; Andrés Manuel López Obrador, un populista de izquierda, encabeza por ahora la contienda, aunque todavía no ha hecho referencia a la relación de México con Estados Unidos.

Juan Francisco Torres Landa, un abogado especializado en derecho mercantil que trabaja para Hogan Lovells en Ciudad de México, advirtió que Trump abrió “la caja de Pandora”.

“Cuando estaba en la primaria”, explicó, “aprendimos: ‘Cuídense de los estadounidenses. Nos invadieron un par de veces, nos quitaron la mitad de nuestro territorio’”.

Según dijo, esos hechos históricos fueron quedando en el olvido conforme México y Estados Unidos estrecharon relaciones gracias al TLCAN. Pero advirtió que la desconfianza de los mexicanos podría reavivarse durante la campaña presidencial. “Alguien puede comenzar a decir que el enemigo es Trump o Estados Unidos y presentarse como la opción perfecta para enfrentar este desafío”.

The New York Times
Elisabeth Malkin
Ciudad de México
Miércoles 18 de octubre de 2017.


La solución del litigio comercial allana el camino para la próxima renegociación del TLC

México y Estados Unidos ya tienen un nuevo marco que regulará los intercambios de azúcar entre ambos países. Tras meses de intensas negociaciones, las delegaciones de ambos países han sentado este martes en Washington las bases del acuerdo, que estará vigente durante los próximos años. El pacto había quedado perfilado el lunes, pero una serie de detalles técnicos y la presión de los productores estadounidenses para que la redacción final se ajustase a sus intereses forzaron a ambas delegaciones a posponer hasta hoy la conferencia de prensa en la que se ha escenificado la fumata blanca. Ahora empezarán a reescribir el acuerdo político para convertirlo en ley tanto en México como en EE UU. En el transcurso de ese proceso, ambas partes tendrán que convencer a sus respectivas industrias de las bondades del texto.

La letra pequeña del pacto establece una cuota de azúcar refinada sobre el total de exportaciones de México notablemente más baja a la actual, una clara concesión a los refinadores estadounidenses que conseguirán aumentar la carga de trabajo en los próximos años. A cambio de esta cesión, las autoridades mexicanas logran esquivar el temido arancel, que habrían hecho mucho daño a su industria cañera; hacen explícita su condición de país de primera oferta –ante cualquier aumento de la demanda en EE UU, su vecino del sur será el país encargado de suministrar el azúcar adicional para este mercado– y obtienen un precio de intercambio ligeramente superior al actual –lo que debería beneficiar, en primera instancia, a los productores mexicanos–. Hoy, México exporta casi un millón de toneladas de azúcar al año –entre cruda y refinada– a su principal socio comercial, la sexta parte de su producción total.

"El acuerdo permite las exportaciones al mismo volumen y el precio acordado protege a agricultores y refinadores", ha subrayado el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo en la rueda de prensa conjunta con su homólogo estadounidense. En la misma línea, el titular de Comercio de EE UU, Wilbur Ross, ha destacado que el nuevo pacto aporta una protección adicional de los agricultores y refinadores estadounidenses y asegura un tratamiento "justo", uno de los mantras de la Administración Trump en materia comercial. "México ha acordado casi todas las peticiones de la industria", ha añadido

El comercio bilateral de azúcar entre ambos países sigue un régimen de cuotas. El 53% del azúcar que llega desde México es refinada y el anterior marco normativo fijaba este límite en el 40%. Ahora se acuerda rebajarla al 30% para tratar de calmar los ánimos de las empresas refinadoras en EE UU, que aumentarán la carga de trabajo en sus plantas. Esa cifra es un punto intermedio entre lo que pretendían las autoridades mexicanas y lo que buscaban lograr sus pares estadounidenses (entre el 10% y el 15%).

Estados Unidos no produce el azúcar suficiente para atender la demanda de su industria alimentaria y de los consumidores así que necesita de México para cubrir ese vacío. Pero las compañías que se dedican a refinar la materia prima acusan a sus rivales al otro lado de la frontera de recibir subsidios que le dan una ventaja injusta, por eso exigían medidas para equilibrar el mercado. En base al nuevo acuerdo anunciado este martes, el Gobierno mexicano se compromete a elevar las medidas de vigilancia para asegurar la aplicación de las medidas pactadas. Si se violan los términos del pacto, EE UU procederá a reducir la cantidad de azúcar importada de una manera significativa.

Lo que está por ver ahora es la reacción de todas las industrias afectadas a ambos lados de la frontera. Las compañías que consumen la materia prima, en su mayoría estadounidenses, quieren también precios bajos y refinar una mayor cantidad de este edulcorante en EE UU puede suponer un encarecimiento del producto final. Por su parte, pese a la confianza del Gobierno mexicano en que sus productores no se verán afectados, los azucareros del país latinoamericano tampoco parecen tenerlas todas consigo con la reducción en la cuota de azúcar refinada. “Será un golpe fuerte”, vaticinaba el lunes el presidente de la azucarera mexicana Sucroliq, Enrique Bojórquez. Otra figura importante del sector, el jefe de la patronal cañera, Carlos Blackaller, también avisó días atrás de los riesgos de un mal acuerdo y abogó por imponer medidas restrictivas sobre la fructosa que México importa de EE UU.

Willbur Ross e Ildefonso Guajardo empezaron a negociar directamente en marzo, dos meses después de la toma de posesión de la nueva Administración estadounidense. El litigio sobre el azúcar es visto por algunos analistas como el anticipo de lo compleja que será la negociación para la revisión del acuerdo de librecambio entre EE UU, México y Canadá. El Gobierno mexicano destaca que los tres meses que llevan de negociaciones para solucionar el nuevo acuerdo marco del azúcar han servido para “construir confianza y credibilidad”, lo que califica de “una gran inversión” para la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC). Ross, por su parte, ha destacado la "honestidad" que ha presidido las conversaciones y el "nivel de confianza mutua" alcanzado por ambos países. "Es la muestra de que podemos alcanzar un acuerdo", ha augurado.

La renegociación del TLC echará a andar como pronto a mediados de agosto, tras un periodo de consulta de 90 días. Dado lo apretado del calendario político –con elecciones federales en México en julio del año que viene y la necesidad de Donald Trump de vender a su electorado una victoria, por pírrica que sea, tras las muchas derrotas cosechadas en los últimos meses– la voluntad expresada en público por los tres socios es ir rápido y llegar a un acuerdo antes de que termine el año en curso o, a lo sumo, en enero el 2018.

El País
Ignacio Fariza /Sandro Pozzi
Ciudad de México / Nueva York
Miércoles 7 de junio de 2017.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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