•    Existen 2.5 millones de trabajadores agrícolas en los campos de EU, según cifras del Departamento del Trabajo (DOL); de ellos, 75% son inmigrantes, la mayoría de México.

En las últimas semanas, la pandemia de COVID-19 ha obligado a los gobiernos a revisar las actividades de producción y servicios que se consideran “esenciales” durante una emergencia nacional. Esta revisión llevó a Estados Unidos a verse en el espejo, y lo que encontró fue un rostro inmigrante.

El pasado 28 de marzo, mientras el número global de personas infectadas por COVID-19 rebasaba el medio millón, el Departamento de Seguridad Interior (DHS) de Estados Unidos, dio a conocer una lista de actividades consideradas “críticas para la salud pública y para la seguridad económica y nacional”. Entre los sectores mencionados se encuentran los servicios médicos, la producción agrícola, el transporte y distribución de bienes esenciales, los servicios de cuidado a poblaciones vulnerables, las actividades de mantenimiento y limpieza, y la generación de agua y electricidad.

Hay un criterio internacional más o menos homogéneo para identificar las actividades estratégicas de cada país, y no son pocos los que han puesto una parte importante de estas actividades en las manos de trabajadores inmigrantes, algunos incluso con situación migratoria irregular. En Estados Unidos, el caso más visible es el de quienes trabajan el campo.

Existen 2.5 millones de trabajadores agrícolas en los campos estadounidenses, según cifras del Departamento del Trabajo (DOL, por sus siglas en inglés); de ellos, 75% son inmigrantes, la mayoría de México. A esta cifra se podrían sumar los trabajadores de los ranchos de producción animal y sus empacadoras, pero por el momento quedémonos con el sector agrario.

Aunque oficialmente 83% del total de los trabajadores del campo se identifican como latinos, las organizaciones pro inmigrantes manejan cifras superiores al 95%, incluido un 6% que se identifica como indígena. Al menos un millón de estos trabajadores son indocumentados, aunque el propio DOL reconoce que el número puede ser mayor, debido a que las personas ocultan su estatus migratorio al gobierno. Esta es la fuerza laboral que permite a las familias estadounidenses, que hoy están en cuarentena, seguir poniendo vegetales sobre la mesa.

Paradójicamente, quienes realizan una de las labores esenciales en tiempos de crisis carecen de las garantías más básicas. Más de la mitad de quienes trabajan en el campo no cuentan con un seguro médico y tienen acceso limitado a los servicios de salud; solo 18% ha sido asegurado por su empleador. Los riesgos de salud intrínsecos del trabajo agrícola vuelven a estos inmigrantes doblemente vulnerables.

El sector de atención a la salud es justamente otro de los rubros esenciales con rostro inmigrante. De los más de 12 millones de personas en Estados Unidos que trabajan como médicos, enfermeros, dentistas y otras actividades de cuidado de la salud, 17% —más de dos millones— son inmigrantes que provienen principalmente de países asiáticos, de América Latina y del Caribe.

Ese porcentaje aumenta en actividades concretas. Si un estadounidense acude a un hospital, encontrará que, en promedio, 25% de los médicos, cirujanos y enfermeros nacieron en otro país. En estados como Nueva York, donde la pandemia está matando a más de 600 personas al día, 37% de los trabajadores de salud son inmigrantes. A estos números habría que sumar, además, el de los inmigrantes que trabajan en las áreas de limpieza y mantenimiento hospitalario, así como el de los cuidadores de salud que trabajan a domicilio.

Retomo estas cifras, muchas de ellas ampliamente conocidas, por la paradoja que representa que parte de la fuerza de trabajo esencial en tiempos de pandemia esté en las manos del grupo de población más vilipendiado por el gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump. Esta administración ha ignorado deliberadamente que la contribución directa de la mano de obra inmigrante a la producción económica estadounidense en 2016, el año en el que fue electo, fue de dos billones de dólares. Estos números han sido consistentes por varios años.

En diversos reportes, el Comité para el Desarrollo Económico (CED) ha señalado que, en Estados Unidos, las profesiones y oficios que crecen con rapidez tienden a experimentar un déficit de trabajadores, al menos en el corto plazo. “Estados Unidos debe confrontar el reto demográfico por el envejecimiento de su población. Un menor crecimiento de la fuerza de trabajo supone riesgos para la fuerza económica y la salud fiscal del país”, señala un documento de 2020.

El mismo reporte estima que el sector que enfrenta el mayor riesgo de escasez de mano de obra es el de atención médica, en particular las áreas de asistentes de terapia física y ocupacional, médicos y cirujanos, y enfermeras. Esto se debe a la jubilación de quienes prestan servicios o capacitan a trabajadores de salud; aunque otros rubros productivos han compensado el déficit de personal con automatización y teletrabajo, el sector salud requiere trabajo en persona, en lugares específicos, y largos períodos de capacitación y certificación. Contratar trabajadores de salud nacidos en el extranjero ha sido una de las soluciones, especialmente en regiones desfavorecidas.

En Estados Unidos viven 44 millones de personas inmigrantes, de las cuales 34 millones inmigraron antes de 2010. Tienen hijos que nacieron en Estados Unidos y que han tenido acceso a una mejor educación; algunos ya se encuentran trabajando en sectores esenciales. Si incluimos a esta generación, las familias inmigrantes representan casi 30% de la población de este país. La pandemia que hoy se ciñe en nuestras comunidades evidencia la necesidad de regularizar y proteger los derechos de los trabajadores esenciales, y a reconocer que muchos de ellos, que hoy literalmente ponen la vida en juego, son trabajadores inmigrantes.

Eileen Truax es periodista en Estados Unidos y autora de, entre otros libros, ‘We Built the Wall: How the U.S. Keeps out Asylum Seekers from Mexico, Central America and Beyond’. Actualmente es 'fellow’ del programa Knight-Wallace para periodistas en la Universidad de Michigan.

The Washington Post
Washington, DC. EU
By Eileen Truax
Sábado 18 de abril de 2020.

Familia de mexicano asesinado en EU pide justicia

Washington.- Antonio Zambrano Montes, originario de Michoacán, murió el martes a causa de varios disparos de agentes de la Policía cuando huía de ellos en Pasco, al sureste de Washington.

Según la versión de la Policía, Zambrano, un trabajador agrícola que vivía en Pasco desde hace una década y que apenas hablaba inglés, se encontraba lanzando piedras contra los coches el pasado martes cerca de un supermercado hispano.

La Policía fue alertada y envió una patrulla al lugar donde se encontraba Zambrano, quien, según la versión policial, se negó a acatar las órdenes que éstos le indicaron y lanzó piedras contra los agentes, hiriendo a dos de ellos, señala la agencia de noticias española.

La Policía trató de someterlo usando una pistola eléctrica, pero el hombre escapó y los agentes lo persiguieron y le dispararon en varias ocasiones hasta causarle la muerte.

Algunas personas que atestiguaron el más reciente incidente en una intersección muy transitada el martes por la tarde grabaron en video la confrontación, y los testigos dijeron que Zambrano huía al momento en que los policías abrieron fuego en contra de él.

En un video grabado por Darío Infante, de 21 años y residente de Pasco, se logran escuchar cinco disparos poco después de las primeras imágenes, y se puede ver al hombre huyendo, cruzando la calle y por una acera, perseguido por tres policías. Cuando los agentes acortan distancia con él, Zambrano se detiene, gira y los encara. Se escuchan varios disparos y el hombre se desploma.

Familiares del fallecido dijeron al periódico Tri-City Herald (http://is.gd/1aEP6y0) que la Policía se excedió y debería haber usado tácticas menos letales para someterlo.

Zambrano ya había tenido un roce con la Policía de Pasco a principios del año pasado, siendo arrestado después de arrojar objetos a los oficiales y tratar de tomar una pistola de uno de los agentes, señalan documentos de la Corte.

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), a través de un comunicado de prensa, condenó ayer jueves el fallecimiento del mexicano e informó que el Consulado de México en Seattle está en contacto con los familiares del difunto, a quienes se les ha ofrecido asesoría legal y asistencia consular.

El cónsul de México en Seattle ha enviado una carta al fiscal de Distrito del Condado de Pierce, en la que solicita que se realice una investigación exhaustiva que deslinde toda responsabilidad legal sobre el incidente.

“El Gobierno de México condena profundamente sucesos en los cuales la fuerza letal es utilizada de modo desproporcionado, aún más cuando resultan en la pérdida de vidas. Estos desafortunados hechos dañan a la comunidad y erosionan la confianza en las autoridades”, detalla el documento.

El video ha contribuido a calentar los ánimos de la población y de la comunidad hispana de Pasco, que se manifestó frente al ayuntamiento con carteles en los que podían leerse en español mensajes como: “Paren de disparar a nuestra gente” y “Basta de violencia policial”.

En las redes sociales los usuarios comparaban los hechos con los ocurridos con dos afroamericanos el año pasado en Ferguson (Misuri) y Nueva York, y en los que se pedía “el fin de la violencia Policial”.

Cuatro personas han muerto al ser baleados por policías en los últimos meses en Pasco, ciudad agrícola de 68 mil habitantes en el sureste de Washington.

En tres casos previos, la fiscalía absolvió a los agentes del Departamento de Policía de Pasco y a un oficial del alguacil que formaban parte de un equipo regional del SWAT.

Ya había tenido un roce con la policía de Pasco a principios del año pasado, siendo arrestado después de arrojar objetos a los oficiales y tratar de tomar una pistola de uno de los agentes, señalan documentos de la corte.

CNNMéxico / Reforma
Washington / Ciudad de México
Viernes 13 de febrero de 2015.

 

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