A un año de los sismos que afectaron en Puebla 620 edificios históricos –en su mayoría templos de los siglos del XVI al XIX–, empresarios contratados para la reconstrucción señalan su posible retiro por falta de recursos. Ellos y especialistas consultados responsabilizan a la dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tanto por su improvisación como por cambiar los términos de su relación con la aseguradora de los inmuebles.

Puebla.- A un año del sismo del 19 de septiembre, el programa de reconstrucción del patrimonio histórico en esta entidad tiene visos de caos y hasta en riesgo de interrumpirse a costa de un mayor deterioro de los propios inmuebles.

De acuerdo a empresarios y especialistas entrevistados, esto se deriva de la forma errática e improvisada con la cual la dirección general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a cargo de Diego Prieto Hernández, ha conducido desde un inicio el programa de rescate.

Incluso sospechosa –refieren algunos–, porque durante todo el proceso el INAH ha cedido ante las constantes trabas que le ha impuesto la aseguradora Banorte para liberar los recursos provenientes de la póliza contratada por 3 mil 500 millones de pesos, aun cuando ya había conciliaciones firmadas por sus ajustadores para cubrir el costo.

Empresarios a cargo de la restauración de templos en la entidad denuncian que la mayoría de ellos han tenido que sortear retrasos en los pagos, e incluso muchos de ellos no han recibido ni un peso cuando ya tienen hasta más de cuatro meses de haber iniciado los trabajos. De hecho, hay algunos que ya terminaron obras y no han recibido ni siquiera el adelanto.

En las últimas semanas, los contratistas se encuentran en la incertidumbre de que el INAH defina si las obras, ya con avances, serán financiadas con recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden), luego de que se asegura el agotamiento de la bolsa para cubrir a la aseguradora.

Los contratistas dicen que esto no sólo implicaría un cambio en el esquema con el cual iniciaron con el seguro, sino retrasaría aún más los pagos y hasta podría dejarlos fuera, pues el contrato se resolvería por licitación pública.

Además de los aprietos económicos en que los ha metido esta situación, advierten del riesgo de la continuidad de las obras de rescate de los inmuebles, que en Puebla suman 620, en su mayoría templos de los siglos del XVI al XIX, cuya fragilidad podría aumentar si las obras permanecen a medias.

De hecho, ya algunas, como ocurre en el templo del Calvario en el municipio de Tochimilco, se encuentran interrumpidas ante la indefinición de los pagos.

A mediados de agosto, representantes de 12 empresas se reunieron con el titular del Centro INAH-Puebla, Víctor Hugo Valencia, para pedirle agilizar los pagos y respetar los acuerdos con los que iniciaron los trabajos.  

Aunque sólo algunos deciden participar en entrevista con Proceso, se asegura que este retraso e indefinición no es privativo de Puebla, sino que iguales condiciones enfrentan contratistas en Morelos, Oaxaca y Chiapas.

El caos

Apenas la semana pasada, la Secretaria Técnica del INAH, Aída Castilleja, estuvo en el Centro Regional Puebla para sostener una reunión de trabajo con el personal encargado del programa de rescate. Pero ningún mando del instituto hizo acto de presencia para dar a conocer los lineamientos en los que se basaría el programa de obras.

“Sólo tuvimos algunas videoconferencias con los directivos, en las cuales no se nos permitió ni hacer preguntas”, refiere el perito del instituto, Enrique Gámez.

El reto de reconstrucción del patrimonio poblano, el más afectado del país por el movimiento telúrico que tuvo precisamente su epicentro en un punto cercano a Chiautla de Tapia, ha sido enfrentado por el personal regular del Centro INAH de esta entidad, compuesto sólo por 10 arquitectos y tres restauradores. Ese fue el problema desde el principio, a decir de Gámez, pues la Dirección General no pidió recursos extraordinarios para la contratación de más personal, pese a la dimensión de los daños.

Esto ha expuesto al personal del instituto a una sobrecarga de trabajo que, además, se ha disparado por los cambiantes requisitos que les ha impuesto la aseguradora, y que han sido aceptados sin objeción por los directivos del INAH sin que su sindicato de trabajadores haga ningún pronunciamiento.

Gámez cuenta también que desde un principio hubo instrucciones confusas y cambiantes sobre cómo trabajarían. Al inicio se habló de que el costo de la restauración lo cubriría el Fonden, pero luego se decidió recurrir a la póliza del seguro contratada con Banorte para siniestros en bienes muebles e inmuebles de los siglos del XVI al XIX.

“Será recurso que llegue más rápido y se le dará fluidez a los proyectos”, se les aseguró.

Como primer paso, se dividió la región afectada en 10 zonas y se les pidió a los trabajadores visitar en un corto plazo cada edificio, a fin de elaborar un presupuesto de la restauración por unidad.

En los últimos meses de 2017 y los primeros de 2018, los trabajadores del INAH recorrieron de nueva cuenta las regiones afectadas para conciliar con los ajustadores del seguro un presupuesto final para cada proyecto.  

Casi al mismo tiempo, los directivos del INAH los apresuraron para que contactaran a empresas y las invitaran a participar en las obras en base a los presupuestos conciliados.

“Fueron acuerdos de confianza”, refiere el arquitecto.

Igual, otros trabajadores informan que se les pedía apresurar el inicio de las obras dando prioridad a las de menor daño, para que se pudieran reportar resultados pronto.

Sin embargo, una de las primeras trabas que impuso la aseguradora fue demostrar la historicidad de los edificios en base a su registro en el catálogo, lo cual implicó un trabajo extra, pues muchos de los inmuebles no estaban clasificados.

Luego, ya con avance en las obras, la aseguradora ha condicionado los primeros pagos a que el INAH demuestre que los daños cubiertos en los inmuebles no preexistían al sismo.

Según trabajadores entrevistados, este requisito resultaba absurdo luego de que, por meses, fueron los ajustadores de la propia empresa los que visitaron los templos para acordar los daños que se conciliarían para cada inmueble, y que hay acuerdos firmados en los que se revisó y constató cada una de las afectaciones.

En agosto, el delegado Víctor Hugo Valencia aseguró que el avance de reconstrucción alcanza el 40% al haberse restaurado 67 inmuebles e iniciado el trabajo en otros 241, aunque los trabajadores del instituto advierten que en estas cuentas se refieren a los templos que sólo requerían reparaciones menores y algunos realizados por las comunidades.

En retiro

El restaurador César Escudero, de la empresa Restauro, Compás y Canto, a cargo del rescate del templo y parte del convento de San Agustín de Chiautla de Tapia, en la mixteca poblana, advierte que hace apenas unos días envió al INAH un escrito para anunciar su posible retiro de la obra.

Luego de tres meses y medio de sostener con recursos propios la restauración del templo, su empresa no está en condiciones económicas para seguir financiando los trabajos presupuestados en 8 millones de pesos.

Aunque como restaurador considera un privilegio intervenir en este conjunto arquitectónico que empezó a construirse en la primera mitad del siglo XVI, señala que el costo de este tipo de obras –que requieren mano de obra calificada y uso casi artesanal de los materiales– es difícil de sostener por períodos tan prolongados, pues en su mayoría las empresas de restauración son pequeñas.

Confirma que desde un principio se les informó del presupuesto ya conciliado con la aseguradora Banorte para cubrir el monto de la obra, por lo que fue requisito entregaran por anticipado sus facturas timbradas del total del costo, con la promesa de que se cubriría un anticipo del 50% en un lapso no mayor a dos a tres meses y el resto como pago final.

“Hasta donde nosotros sabemos ya se había negociado todo y el seguro había aceptado cuánto iba a aportar por este inmueble, por eso nos piden nuestra factura, por eso se empiezan los trabajos”, aclara al indicar que resulta “bastante irregular” que el INAH no exija a la aseguradora cubrir lo acordado.

Al no recibir ni un pago, Escudero envió escritos a la delegación del INAH y a la Coordinación Nacional de Recursos Materiales y Servicios del instituto sin obtener respuesta alguna.

Indica que por dos meses pudieron sostener un ritmo fuerte de trabajo, pero al no llegar los recursos redujeron la cantidad de personal de 15 a 5 –mismos que tienen actualmente–, “con el riesgo de parar la obra en los próximos días, que es algo muy delicado y que no le conviene a nadie, ni a nosotros, ni a la comunidad, ni a las instituciones y mucho menos al inmueble”, expresa, pues al quedar sin concluir los trabajos en la restauración de la bóveda, el deterioro podría agravarse, sobre todo en estos días de lluvias.

El párroco de ese templo, Juan Muñoz Rangel, tras lamentar la situación, considera que el reclamo de las consecuencias que esto podría generar tendría que dirigirse al director del INAH, Diego Prieto, quien pese a toda la problemática relacionada con la reconstrucción acaba de ser ratificado en su cargo para el próximo sexenio.

Otro empresario, Raúl Mora, de la empresa Proyectos, Construcciones y Asesoría de Obras, S. A. de C. V. (Procase), con sede en Puebla, también atraviesa problemas similares.

Su compañía aceptó la invitación del INAH para trabajar en el rescate de dos templos en los municipios de Chiautla y de Ixcamilpa de Guerrero, igual bajo el ofrecimiento que el pago estaba garantizado con los recursos del seguro contra siniestros contratado por el gobierno federal.

A partir de mayo iniciaron ya la obra, pero fue hasta la semana pasada que recibió el primer pago por los trabajos en Ixcamilpa, y en el caso de la iglesia de San Juan Bautista, ubicada en la localidad de Pilcaya, municipio de Chiautla, Procase lleva un avance de casi el 50%, sin haber recibido nada de los 10 millones de pesos que se presupuestaron.

Mora refiere que ha tenido que recurrir a préstamos.

Otro constructor –entrevistado a condición del anonimato–, menciona que al estar ubicadas en municipios enclavados en la sierra, el costo de la restauración se dispara pues hay que pagar hospedaje y viáticos del personal calificado, aparte de la nómina y materiales que se encarecen por las distancias.

Ante las versiones provenientes del propio INAH de que habría proyectos que se pasarán al Fonden, Mora explica que eso generaría un conflicto administrativo en las obras que ya tienen avances, pues son procedimientos y presupuestos totalmente diferentes:

“En principio, los contratos del Fonden se resuelven por licitación, en ese procedimiento habría la posibilidad de que nosotros no quedáramos, no sabríamos cómo se resolvería eso y cómo se nos pagarían los trabajos que ya hicimos.”

Otras empresas que ya tienen obra asignada y conciliada, han evitado iniciar hasta que no se entregue el anticipo, y algunas más están a punto de suspender los trabajos o ya lo hicieron. Lo pagos atrasados han generado problemas a la gran mayoría e incluso en ciertos casos estarían en riesgo de quiebra si la situación no se resuelve a corto plazo.

En tanto, se sabe que el INAH aún continúa en tratos con la aseguradora en el proceso de conciliación de obras, a pesar de que ya se agotó la póliza, pero supuestamente lo hace para definir en los próximos días una lista de las obras que acabarán por pasarse al Fonden.

Los trabajadores del instituto señalan que aparte del excesivo trabajo que ha implicado la supervisión de las más de 500 obras conciliadas, los retrasos los han expuesto a reacciones agresivas por parte de pobladores e incluso sacerdotes que ya reclaman la reapertura de sus templos.   

Proceso
Gabriela Hernández
Reportaje Especial
Ciudad de Puebla, Mx.
Jueves 20 de septiembre de 2018.


Dar dinero y no vigilar su uso hubiera sido sencillo, dice; reconstrucción, lista en el segundo semestre del año, afirma

 

Izúcar de Matamoros, Pue.- A casi cinco meses de los terremotos que golpearon el centro y sur del país, el presidente Enrique Peña Nieto advirtió que para el gobierno hubiera sido “bien fácil” concluir la atención a la emergencia con la entrega de dinero a los damnificados y que la labor de cada quien en la reconstrucción “quedara en su conciencia”.

No obstante, al entregar el Hospital General de Izúcar de Matamoros, reconstruido tras el sismo del 19 de septiembre pasado, señaló que, por el contrario, su administración se ha mantenido vigilante para que la reedificación se lleve a cabo.

Enfatizó que los gobiernos, federal y estatales se mantienen convocados para concluir y rematar “de manera exitosa y satisfactoria” la labor de reconstrucción en beneficio de las familias afectadas y estimó que la reconstrucción podría concluir durante el segundo semestre de 2018.

Afirmó que hasta el momento se han reconstruido 26 mil viviendas, —prácticamente la mitad de las 60 mil con daño total— de las 170 mil dañadas y que se ha entregado 95% de las tarjetas electrónicas para compra de material, así como para pago de mano de obra y que el resto se ha demorado porque no encuentran a los afectados, hubo error de captura o las familias ya no están ahí.

“Para el gobierno de la República hubiese sido bien fácil concluir nuestra labor con entregar las tarjetas y decir: ‘Ya entregamos el recurso, se dan las ministraciones y que cada quien haga lo que deba hacer y corresponda hacer, quedará en la conciencia de cada quien’”.

Recordó las acciones implementadas por el gobierno federal: atención inmediata durante los primeros momentos después de los terremotos a través de las Fuerzas Armadas; el levantamiento de censos para conocer de las 170 mil viviendas dañadas y, a partir de ahí, otorgar apoyos económicos a través de monederos electrónicos.

“Cuando esto ocurrió, señalé que habíamos de acelerar el paso para que en el mes de enero pudiéramos tener prácticamente reconstruidas las viviendas. Nos encontramos con una realidad distinta. La verdad fue un gran reto, fue un reto”, indicó.

Comentó que, al revisar con la titular de la Sedatu, Rosario Robles, qué tan rápido se ha actuado en este tema, recordaron que cuando hubo un sismo, “no de esta magnitud, pero sí un sismo importante allá, en Chile, les llevó seis años la labor de reconstrucción. Seis años.

“Hoy podemos afirmar que, a cinco meses de distancia, de las 170 mil viviendas afectadas, 26 mil prácticamente se han reconstruido. Y nos falta todavía mucho por hacer, tramo por andar, a partir de lo que ya he descrito aquí, en lo que ha significado a este reto y esta realidad que hemos tenido que vivir”, dijo.

Hizo notar que al mismo tiempo que hay 30 mil “mujeres vigilantes” en los nueve estados afectados —que sin retribución vigilan que no se haga mal uso de los monederos electrónicos—, el gobierno federal ha desplegado brigadas de personal de distintas dependencias, especialmente de Sedatu, para vigilar la labor de reconstrucción de las viviendas afectadas y supervisar esos trabajos.

“No ha quedado sólo en la entrega de tarjetas, sino realmente en asegurarnos de que esa reconstrucción vaya caminando y vayamos acelerando el paso”, dijo y recordó que el pasado lunes, durante una reunión con su gabinete, instruyó a acelerar tanto la entrega de tarjetas donde hacen falta, como la reconstrucción.

En el evento, en el que escuchó la experiencia de cinco integrantes de la Red de Mujeres Vigilantes de Puebla, quienes se encargaron de supervisar que no se hiciera mal uso de los monederos electrónicos, el Presidente indicó que además de las 170 mil viviendas afectadas, hubo 900 unidades médicas dañadas.

Dijo que, de esas, nueve eran hospitales importantes en las nueve entidades afectadas. Indicó que en Puebla hubo 100 unidades médicas dañadas, entre ellas el Hospital de Izúcar y el de San Alejandro, que será reconstruido en otro predio.

El Universal
Francisco Reséndiz
Izúcar de Matamoros, Pue.
Viernes 2 de febrero de 2018.


Dirigentes de organismos empresariales pidieron al gobierno de Antonio Gali transparencia en la contratación de empresas y asignación de recursos para las acciones de reconstrucción por el sismo del 19 de septiembre.

El presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC-Puebla), José Antonio Hernández, refirió que es necesario exista claridad en la adjudicación de contratos y el uso del presupuesto.

"Exigimos transparencia, sabemos que tanto el Gobierno del Estado como algunos municipios tienen recursos a fondo perdido para hacer frente a estas eventualidades", manifestó.

Luego que el monto para la inversión de la reconstrucción de escuelas y viviendas se estimó en 3 mil millones de pesos, Hernández urgió manejarlos con transparencia y destacó que las empresas asociadas a la Cámara esperan sean consideradas para ejecutar obras y así generar mayor dinamismo económico en el Estado.

A la exigencia se sumó el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex-Puebla), José Antonio Quintana, quien afirmó que ya se analizan mecanismos para evitar que el presupuesto de reconstrucción se ejerza indebidamente.

"Estamos en espera de cómo lo implementamos en cada uno de los estados que han sido afectados, es una iniciativa que aparece como #Epicentro y están sumadas más de 30 agrupaciones ciudadanas", dijo.

"La intención es vigilar los recursos, que lleguen, que se apliquen y que sean bien aprovechados. Es un tema (que) surgió por las pérdidas y la solidaridad ciudadana, pero también por la voz de indignación al verse actos de corrupción o de abuso de autoridad".

Por otro lado, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera (Canirac), Ignacio Alarcón, refirió que las pérdidas en el sector, luego del sismo del 19 de septiembre, fueron considerables, principalmente en puntos como la ciudad de Puebla y Atlixco, pero que ya esperan una recuperación.

"En el sector restaurantero sí nos pegó mucho, las ventas se nos fueron abajo en un 90 por ciento, aunque este fin de semana ya tuvimos una ligera recuperación", precisó.

"En ocupación hotelera también el turismo se nos vino abajo en un 80 por ciento y apenas estamos recuperando un 20 por ciento".

Reforma
Francisco Rivas
Puebla, México
Jueves 3 de octubre 2017.


El director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Mikel Arriola, anunció una inversión de mil 400 millones de pesos para reparar y ampliar la infraestructura médica en Puebla.

El funcionario federal explicó que ese paquete de inversión incluye la construcción del nuevo hospital que sustituirá al de San Alejandro, afectado por el sismo del 19 de septiembre; la reparación de los quirófanos en el Hospital General de Zona (HGZ) de Metepec, así como reparaciones menores en los hospitales 15 de Tehuacán, 20 de Las Margaritas y 23 de Teziutlán, que también resultaron dañados.

Y para fortalecer los servicios médicos en Puebla, añadió, próximamente se inaugurará en Ciudad Audi una Unidad de Medicina Familiar de 10 consultorios, que otorgará alrededor de 500 consultas diarias.

Este jueves, en una gira de trabajo por esa entidad –encabezada por el secretario de Salud, José Narro, y el gobernador Antonio Gali–, Arriola presentó el plan de acción para la construcción, ampliación y reparación de unidades médicas del IMSS.

El proyecto de inversión considera mil 300 millones de pesos para la construcción del nuevo hospital que sustituirá al de San Alejandro y otros 60 para la reparación de los quirófanos en el hospital de Metepec. Los 40 restantes se aplicarán en diversas clínicas y hospitales afectados en la entidad, destacó el IMSS en un comunicado.

Proceso
Ciudad de México
Jueves 5 de octubre de 2017.


El terremoto del martes provocó más de 300 muertos y una ola de solidaridad masiva. Estas son las historias de algunos de los protagonistas de otro 19 de septiembre trágico


Había una probabilidad entre 74 de que México volviese a sufrir un terremoto que provocase daños materiales un 19 de septiembre. El pasado martes, 32 años después de la tragedia que dejó 10.000 muertos, el país volvió a temblar. Un sismo de magnitud 7,1 golpeó el centro de México, especialmente la capital, dejando cerca de 300 muertos, miles de heridos y decenas de miles de damnificados.

La sacudida trajo una ola de solidaridad que aún se percibe en las calles y no tiene visos de cesar. No hay estadísticas aún que lo puedan medir, pero las probabilidades de que un nuevo sismo vuelva a producir un vuelco de los mexicanos con su gente se podría decir ya que es casi del 100%.

 Marco Antonio González
 “Perdí la voz aquella noche”

Habían pasado cinco horas desde el terremoto cuando un claxon sonó entre los escombros del edificio. Era el signo de que había vida debajo de aquel amasijo de hierros y hormigón en que se convirtió el bloque de viviendas de la calle Petén con Zapata, al sur de la Ciudad de México. Ataviado con un chaleco y subido a una cubeta de plástico, Marco Antonio González, de 49 años, dirigió durante siete horas la entrada y salida de camiones, la llegada de voluntarios, las operaciones de rescate: “Aquella noche perdí la voz y tres días después todavía no la he recuperado”.

Se topó con las ruinas de aquellas viviendas tras abandonar a toda prisa la agencia de publicidad en la que trabajaba a las 13.14 del martes en la que tembló el centro del país. Fue uno de los primeros en llegar a aquella zona cero que acabó reuniendo a más de 500 voluntarios y del que todavía se siguen levantando escombros. “Solo pudimos rescatar a cinco, tres de ellos sin vida, y un perro pastor alemán”, relata entre lágrimas. Lo que no imaginaba Marco es que aquellos tres cuerpos eran el de Juan Francisco, su amigo de la Primaria, y el de los dos padres de este.

 Ismael Villegas
 “Estábamos aquí desde el primer momento”

Después de 30 horas moviendo escombros, Ismael Villegas, de 39 años, descansa deshecho en la esquina de la calle Salamanca y Oaxaca, en la colonia Roma Norte de Ciudad de México, ajeno al caos de rescatistas y voluntarios. Cuando se acerca la fotógrafa, se acomoda el chaleco para que se vea bien: TOPO. Si de algo se sientan orgullosos los mexicanos es de ellos. Y lo saben.

Surgidos del terremoto de 1985, el grupo de rescate se formó con obreros, estudiantes o electricistas que se organizaron en brigadas de rescate caracterizadas por dos habilidades; agilidad y valentía. Equipados únicamente con sus manos desafiaban estructuras que solo necesitan una mínima sacudida para venirse abajo, pero se ganaron el respeto de todos al rescatar con vida a decenas de personas.

“Estábamos aquí desde el primer momento”, reivindica Villegas. Aunque ha trabajado bajo la supervisión de la Marina, no puede evitar lamentar: “Las autoridades son desesperantes. Son muy conservadores con sus protocolos de actuación y no nos dejan trabajar bien”.

 Alejandra López
 “En las desgracias demostramos de qué estamos hechos los mexicanos”

Alejandra López, de 24 años, va frenéticamente de dentro afuera gritando entre los voluntarios: palas, chalecos, guantes… lo que se necesite. Esta productora de televisión, es el enlace entre los rescatistas que están sobre los escombros y el entusiasmo popular que ofrece cualquier cosa sin orden ni concierto.

Nada más enterarse del temblor pensó que haría más falta su ayuda cerca del epicentro, en Jojutla (Morelos), un pequeño pueblo que ha quedado prácticamente destrozado, a una hora de la capital. Se organizó con un grupo de amigos a través del sistema de mensajería de Whatsapp. “Ocho horas después habíamos logrado llenar cuatro coches con ropa, mantas, medicinas y alimentos. Cuando llegamos no había llegado nadie y el municipio, donde se cayeron más de 300 viviendas, estaba deshecho”.

Los últimos días los ha pasado haciendo turnos de 15 horas en un edificio de Ciudad de México donde se cree que hay casi medio centenar de personas atrapadas. Ha conseguido cascos y máscaras gracias a un amigo que tiene una tienda de construcción y cede el material. “Me acaban de decir que necesitan arneses y mosquetones, han logrado hacer un agujero a la estructura por la que van a descender los rescatistas”, explicaba el viernes.

“Me ha impactado mucho ver a gente humilde donando todo lo que podía... Una señora me obligó a comer un tamal porque me vio aquí 15 horas seguidas y temía que desfalleciera”, recuerda. “Ese es mi México, el que se levanta y se une en las desgracias. Ahí es donde demostramos de qué estamos hechos”.

 Cecilia Hidalgo
 “Las redes sociales son un factor nuevo de ayuda”

Cecilia Hidalgo Monroy, fotógrafa y empresaria mexicana, que vivió la tragedia de 1985 cuando era estudiante del último año de preparatoria (bachillerato), se lanzó a la calle nada más confirmar que su familia estaba bien. Que la casa de su pareja, Miquel Canals, hubiera sido una de las más castigadas de la avenida Ámsterdam, en la colonia Condesa, no la detuvo ni a él tampoco. "La primera imagen que me vino a la mente fue una escena del 85, cuando buscábamos supervivientes. Yo formaba parte de una brigada de rescate y nos pidieron silencio, que apagáramos las luces para ver si se escuchaban ruidos que indicasen que había alguien vivo. Y se empezaron a oír ruiditos por todas partes. Fue impresionante".

Con el mismo espíritu, 32 años después, Cecilia y Miquel se subieron a su BMW de alta cilindrada y junto a otros amigos forman parte de una brigada motorizada de suministros que opera desde el Centro Universitario México de la colonia del Valle. Las redes sociales y las dos ruedas les han permitido estar al tanto de todo lo que sucede y de cuáles eran las necesidades vitales en una de las mayores megalópolis del mundo. "La gente se vuelca. Las redes sociales son un factor nuevo y sirven de mucha ayuda, pero el espíritu es increíble, igual que entonces", dice, aunque desea que esta vez el terremoto sirva para que las cosas cambien, no como tras el del año 85. "Es lo que quiero que pase. Que tumben a estos cabrones. A muchos pueblitos aún no ha llegado la ayuda. No existen protocolos de protección civil ni transparencia en las cuentas ni información congruente. La sociedad se está movilizando porque la clase dirigente no es de fiar".

 Elena Villaseñor
 “No te puedes quebrar”

Las hojas de papel se mecen a unos metros del colegio Enrique Rébsamen, una de las imágenes más desoladoras de la tragedia. María Guadalupe M. está hospitalizada. Diego V., también. Ya encontraron a Adrián J. No se sabe nada de Diana R., sus padres no han preguntado por ella.

Nombres y nombres escritos sobre cartulinas, cajas de cartón y trozos de papel dan cuenta de la angustia tras el derrumbe de la escuela en el sur de la Ciudad de México y de la urgencia por encontrar a quienes se encontraban dentro durante el terremoto. Eso fue lo que movió a Elena Villaseñor a crear un registro de los desaparecidos, los heridos y los muertos en la emergencia a partir de la información que proporcionaban amigos y familiares: “Me faltaba mi hija, que estudiaba en el colegio de atrás, y cuando vi todo el caos en el Rébsamen, supe que no podía quedarme parada”.

El sistema de Villaseñor era, a primera vista, indescifrable, pero ella logró identificar a prácticamente todos. No durmió en 24 horas, en la noche que siguió al sismo. Ha sido crucial en las primeras horas, un salvavidas para decenas de personas que se abrían paso en un mar de confusión y que no encontraban a sus hijos, a sus hermanos, a sus amigos.

“Han sido los padres los que, en medio del dolor, nos han confirmado la muerte de sus hijos, son momentos en los que no te puedes quebrar”, contaba entre lágrimas. 48 horas después seguía al pie del cañón, vencida por el cansancio. 19 niños y seis adultos murieron. Ya no queda ninguna posibilidad de rescatar a otro alumno: “Es momento de que me vaya a casa”.

 Nicolás Celis
 “Estamos unidos solo con estar organizados”

Cae la noche y los focos del cine mexicano alumbraron los rescates. La noche del terremoto, el productor Nicolás Celis, de 30 años, envió plantas de iluminación al derrumbe del edificio en Laredo y Amsterdam, en la colonia Condesa. También llevaron walkie talkies para comunicarse en un momento donde la mayoría de redes de telefonía móvil estaba caída. “En el cine lo más importante es la comunicación”, recuerda el productor de Pimienta Films.

Celis produjo Roma, la más reciente cinta de Alfonso Cuarón. El equipo de producción se volcó en ayudar a Chiapas y Oaxaca tras el sismo del 7 de septiembre. El nuevo terremoto los sorprendió mientras preparaban un tráiler con seis toneladas de ayuda para el sur. Entonces enviaron los víveres a Morelos y a centros de acopio de Ciudad de México. También donaron siete plantas de luz para facilitar los rescates a los voluntarios. “Hemos construido la confianza porque sí entregamos la ayuda”, añade.

A Celis se le unieron otros jóvenes cineastas: Víctor Leycegui, Pablo Zimbrón, Marco Polo Constandse y Gerardo Gatica, entre otros. El desastre obligo a muchos a postergar sus proyectos. Los permisos de filmación se han suspendido hasta el 25 de septiembre. El propio Celis desechó un documental que iba a rodar en Amatlán (Morelos) con el grupo de jazz Medeski, Martin & Wood. Todos se enfocaron en apoyar. El Centro de Capacitación Cinematográfica dio sus luces para iluminar rescates. Los productores aportaron su experiencia organizativa en una contingencia donde la solidaridad ciudadana se ha desbordado de manera caótica. “Estamos muy unidos solo con estar organizados”.

 Juan Lara
“La sociedad civil ha superado a las instituciones”

Juan Lara, de 49 años, se puso al volante de su automóvil de Uber en cuanto dejó de temblar la planta en que trabaja en Toluca, en el Estado de México. Durante las siguientes eternas horas, recorrió Ciudad de México para prestar su ayuda a quien la necesitara. Se convirtió así en los ojos de aquella noche de caos y solidaridad.

Transportó víveres y dio conversación a los pasajeros que estaban más nerviosos. Llevó hasta la colonia Benito Juárez a cuatro jóvenes con palas y picos y se transformó también en guardián de los más desvalidos cuando una mujer en la Condesa le pidió que llevara a su padre, ya mayor, a un lugar más seguro: “Le encargo a mi papá, asegúrese de que llegue bien, por favor”, le rogó.

En Ciudad Universitaria, vio como numerosos jóvenes se organizaban como brigadistas para ofrecer su ayuda en las distintas tareas de rescate, acopio y asistencia en el Estadio Olímpico. “El temblor ha sido un regalo para los jóvenes porque les dio la oportunidad de ser útiles a su sociedad. Se sintieron identificados con su país y orgullosos de ayudar al prójimo”, analiza. Además, Lara está convencido de que esta catástrofe marcará un antes y un después en la relación de los jóvenes con el Gobierno, porque si algo ha quedado claro con el desastre es que “la sociedad civil ha superado a las instituciones públicas”.

 José Rubén Vega
 “Nunca se perdió el control”

 A sus 55 años, José Rubén Vega va por su tercer gran terremoto trabajando sobre el terreno. El director médico del Sanatorio Durango, uno de los hospitales más cercanos a los edificios que colapsaron en las colonias Condesa y Roma Norte, estaba en su despacho —en una octava planta de un bloque próximo al centro hospitalario— cuando la tierra empezó a temblar.

Desde muy pronto supo de la gravedad del suceso y empezó a coordinar las labores de evacuación y de preparación de un hospital de campaña en pleno camellón (bulevar) para alojar a los pacientes que habían tenido que ser evacuados. Rociaron el suelo de cloro para sanitizarlo e instalaron un hospital improvisado en plena calle Durango. Dentro del centro, seis quirófanos a pleno rendimiento se empezaron a preparar para atender heridos.

Todo sucedió a un ritmo frenético. “Las cinco primeras horas fueron caóticas en los alrededores, pero en ningún momento se perdió el control: ni con los pacientes que habían llegado antes del sismo, ni con los que traían de los edificios colapsados”, señala orgulloso. Su formación como médico militar y su experiencia anterior —vivió in situ los sismos de 1985 en la Ciudad de México y de 1995 en Colima— hizo el resto: coordinó al equipo —médicos y enfermeros que, como él pasaron horas sin dormir— como si de un batallón se tratase y se remangó para tratar los casos más graves. Solo tres pacientes, quienes llegaron al hospital en estado crítico con múltiples traumatismos, fallecieron. Casi una treintena salvó la vida.

 Gisela Pérez
“Organizar datos para detectar daños y saber dónde es efectiva la ayuda”

El día después, el miércoles, cuatro activistas se reunieron en la sede de Horizontal, un pulmón de acción cultural y política en la ciudad. Volcaron sus agendas con la intención de tejer una red de información. Todo estaba aún muy revuelto y querían saber qué estaba pasando. Al día siguiente, se unieron un grupo de programadores, hackers, un colectivo ciclista y más organizaciones amigas. Juntos levantaron un mapa colaborativo, fiable y geolocalizado que marcaba los puntos más rojos de la tragedia y conectar la ayuda. Así nació Verificado, un sistema que ha terminado siendo utilizado por el servicio federal de emergencias y alabado hasta por la Nasa.

Gisela Pérez de Acha, de 28 años, periodista y abogada especialista en derechos digitales y joven veterana del activismo pro libertad de expresión y género en Internet, estuvo allí desde el principio. “No sentía una organización colectiva que integrara redes virtuales con redes físicas como ahora desde Yo soy 132 [un movimiento estudiantil contra la candidatura de Enrique Peña Nieto en 2012]. El objetivo principal ha sido organizar los datos y la información para detectar daños y saber dónde la ayuda es más efectiva”.

Diariamente, unas 50 personas, organizadas en tres mesas, se dividen el trabajo: la programación dura, la recepción de información por parte de la red de ciclistas, formularios online o llamadas telefónicas, y la validación de información que venga de otras fuentes. Sus tentáculos han llegado hasta el Gobierno de la capital, que les ha compartido sus bases de datos sobre alberges, centros de acopio y otros servicios de emergencia. Y han conseguido que Google les dé acceso a las tripas de sus mapas para afinar la plataforma y la aplicación. Porque no esto no acaba aquí.

 Lorenzo Vázquez
“Si Dios me dejó vivir es por algo”

El terremoto no solo golpeó a la capital. En Atzala (Puebla), Lorenzo Vázquez preparaba la única misa de la semana, un bautizo en la iglesia. Estaba leyendo el salmo de la misa cuando todo se empezó a mover. Con rapidez pidió calma y arrimó a su compañero sacristán Sergio Montiel a una columna de la construcción. Todo se derrumbó y Lorenzo esperó a que el terremoto pasara. “No salimos cuando estaba temblando, salimos después”, cuenta. Mientras habla, voltea a ver la iglesia en ruinas —sin techo y sin torres— como si no creyese que estuvo allí dentro y que salvó la vida.

Once personas murieron cuando el pesado techo cayó directamente sobre ellos. Él todavía tuvo la fuerza para rescatar a quienes resultaron malheridos. No sabe de donde saco las fuerzas pero está seguro de que su fe tuvo que ver con ello. “Es la gracia de Dios y si él nos dejó vivir es por algo. Hay que seguir y ser fuertes”.

Textos: Víctor Usón, Jacobo García, Cecilia Ballesteros, Elías Camhaji, Luis Pablo Beauregard, Marién Kadner, Ignacio Fariza, David Marcial Pérez y Sonia Corona.

Fotos: Alicia Fernández y Daniel Villa.
Coordinación: Javier Lafuente.

El País
Ciudad de México
Domingo 24 de septiembre de 2017.


Los 11 miembros de una familia en Puebla mueren al colapsar la iglesia donde celebraban un bautizo durante el terremoto

Atzala. - Ismael Torres es un campesino que no sabe que perdió a sus dos hijas y a su esposa en el terremoto del martes. Lo último que recuerda es que estaba en la iglesia de Santiago Apóstol en el pequeño pueblo de Atzala, Puebla, celebrando la misa de bautizo de su hija pequeña Elideth, de apenas tres meses. El templo del siglo XIX se desmoronó en segundos mientras la tierra cimbraba con fuerza. La construcción cayó en pedazos encima de una veintena de personas que estaban allí para presenciar el paso de la bebé por la pila bautismal.

El padre de Elideth había apresurado los preparativos del bautizo que estaba previsto para este sábado. No podía esperar hasta el fin de semana para llevarla a la iglesia porque la niña había enfermado. Quería que recibiera el sacramento lo más pronto posible y consiguió que un párroco lo hiciera el martes 19 de septiembre. A las 13.00 horas la misa comenzó. Quince minutos más tarde el suelo vibró, el techo, la torre y algunos muros de la iglesia colapsaron. No hubo tiempo para salir. Once de los invitados murieron, entre ellos los padrinos de la niña.

Ismael no sabe que su familia ya no está. El sacerdote y dos sacristanes que sobrevivieron al desastre lo sacaron de la iglesia, pero ya estaba inconsciente. Estuvo dormido más de un día hasta que despertó en el hospital y preguntó por Manuela, su esposa. “Me ha dicho que vaya a la casa y que del ropero saque dinero para darles de comer a las chiquitas y a su chaparrita. Me parte el corazón cuando me lo pide, pero todavía no puedo decírselo”, cuenta su padrastro Crescencio López.

La iglesia de Atzala está resquebrajada. El suelo ha quedado hundido y en medio hay una mole que antes fue parte de la cúpula principal. Entre los escombros hay un zapato negro de fiesta lleno de polvo. La pila bautismal está intacta, igual que una pintura antigua de la resurrección de Cristo en la que la virgen María, en un primer plano, llora. La campana salió disparada hacia fuera, y ahora está en el suelo a 50 metros del templo.

Sergio Montiel es el sacristán mayor y trata de explicarse cómo es que sobrevivió a tal destrucción. Tiene los ojos cristalinos cuando cuenta lo que pasó. Había llegado media hora antes de la misa para preparar todo. Su compañero Lorenzo Vázquez le ayudó a cambiar los manteles del altar y el padre Néstor llegó para oficiar la ceremonia. La pequeña Elideth estaba tranquila y no lloraba, pero cuando la misa comenzó al fondo de la iglesia había un niño que le gritaba a su madre “¡Mamá vámonos, no quiero estar aquí!”.

Sergio leyó la primera lectura y después Lorenzo recitó el salmo. El terremoto comenzó y el párroco gritó. Los trozos de losa comenzaron a caer. “Mi compañero se pegó a la pared, me jaló de la cintura y nos quedamos junto a un pilar. Cerré los ojos y cuando los abrí no se veía absolutamente nada. Los cerré otra vez y cuando los volví a abrir vi el desastre y que Ismael estaba pidiendo ayuda porque estaba atrapado. Una niña se quejaba pero era imposible ayudarla porque estaba debajo de una piedra que había caído del techo”, recuerda el sacristán. El párroco logró salir del templo por la puerta lateral de la sacristía y los invitados que estaban cerca de la puerta también escaparon de la muerte. “No sentí miedo, no sentí nada”, reconoce Montiel.

A la familia de Ismael ya la enterraron en el cementerio. En una de las calles de Atzala hay un altar con gladiolas, cruces y velas. El padre de Susana Villanueva --la madrina del bautizo-- sale a recibir a los vecinos que le llevan condolencias. Una compañía de yogures le ha mandado un par de cajas como muestra de respeto. Ya no hay más que hacer y los vecinos de este pueblo cañero vuelven a sus casas. El padrastro de Ismael tiene que viajar a la capital de Puebla para verlo antes de una cirugía de columna y contarle que su familia ya no vive.

El País
Sonia Corona
Atzala, Puebla, México
Sábado 23 de septiembre de 2017.


El seísmo, de magnitud 7,1, sacudió con fuerza la capital del país y otros cuatro Estados

México volvió a temblar con fuerza por segunda vez en dos semanas. Un sismo de magnitud 7,1 sacudió este martes el centro del país. Al menos 248 personas han fallecido en diferentes zonas —117 de ellas en la capital, 72 en Morelos y 43 en Puebla—, según la Agencia de Protección Civil, aunque la cifra incrementa con el paso de las horas. El sismo se ha producido el día en que se cumplían 32 años de la peor tragedia que ha vivido el país: el terremoto que causó cerca de 10.000 muertos en 1985.

A las 13.14 hora local (20.14 hora peninsular española) el suelo volvió a retumbar en México, apenas 10 días después del terremoto de mayor magnitud (8,2) en 85 años. El de este martes, con epicentro en los límites de Morelos y Puebla, fue menor, de 7,1, pero su proximidad a la capital ha provocado que los daños sean mucho mayores. El caos y el pánico se apoderaron de la ciudad. Más de 40 edificios se vinieron abajo, entre ellos dos escuelas. En una de ellas, Rebsamen, el presidente, Enrique Peña Nieto, confirmó pasadas las 10 de la noche que habían muerto al menos 21 niños y otros 30 seguían desaparecidos. A última hora de la noche, la ciudad seguía herida, pero no cesaban los trabajos de rescate para tratar de sacar supervivientes de los escombros. La solidaridad de los ciudadanos, que se echaron a las calles para colaborar con los damnificados, fue imparable.

 “Es el terremoto que más he sentido”, era uno de los comentarios más repetidos entre los vecinos de la capital, acostumbrados como están a sentir los temblores, aunque nunca tan violentos. En los barrios de Roma y Condesa, la zona más cenagosa de la ciudad y que sufrió como pocas la tragedia de 1985, el temblor golpeó con dureza. La Avenida Ámsterdam, una calle circular de Condesa, era, a última hora de la tarde, una cadena humana continua que trataba de colaborar con los afectados por el colapso de varios edificios. En la esquina con la calle Laredo, la gente se afanaba por retirar los escombros como podía. Viviana Ortiz, vecina de la calle de Monterrey, vio venirse abajo su vivienda. "El bloque se desplomó de forma horrible, por completo. Se levantó una enorme nube de humo y se escuchó un trueno escalofriante",

La capital amaneció con el recuerdo del terremoto de hace más de tres décadas. Y como suele ser habitual cada 19 de septiembre, se realizó un simulacro de evacuación en Ciudad de México. Dos horas después del ensayo, las alarmas sísmicas no saltaron, a diferencia de lo que ocurrió hace dos semanas. La mayor parte de los sensores están situados en zonas costeras, no en el interior del país. Y el epicentro del temblor ha estado en Morelos, en pleno centro de México y a solo 100 kilómetros de distancia de la capital mexicana. No hubo fallo técnico, según fuentes oficiales: el temblor no se pudo detectar a tiempo para que la población abandonase el lugar en el que se encontraba para ponerse a salvo.

Tras el sismo, se produjeron cortes en el servicio de luz —3,8 millones de personas resultaron afectadas— y en el de telefonía, lo que aumentó la tensión ante la imposibilidad de localizar a la gente. Con el paso de las horas, Telmex, la mayor empresa de telefonía del país, abría su wifi en la capital. Las operaciones en el aeropuerto estuvieron suspendidas durante unas horas, después de que una de las terminales se viese afectada por el sismo.

"¡No fumen! ¡Hay fugas de gas!", gritaban los miembros de Protección Civil socorristas mientras corrían por la calle poco después del terremoto: casi un minuto que resultó una eternidad.

El epicentro del sismo se ha localizado a 12 kilómetros al sureste de Axochiapan, situada en el central estado de Morelos, a una profundidad 57 kilómetros, según el Servicio Sismológico Nacional. El organismo ha informado a través de Twitter de un movimiento telúrico de magnitud 7,1, al hacer una actualización de un primer reporte en el que había fijado la magnitud en 6,8.

En el central estado de Puebla se ha informado de la caída de las torres de la Iglesia de Cholula. En el Estado de Morelos también se han reportado daños, y el gobernador Graco Ramírez ha anunciado la activación de los servicios de emergencia. Decenas de edificios han caído en la Ciudad de México, con algunos derrumbes grabados en vídeo y difundidos por las redes sociales.

El presidente del país, Enrique Peña Nieto, que se encontraba camino de Oaxaca en el momento del temblor, convocó o al Comité Nacional de Emergencias para evaluar la situación y coordinar las acciones. Peña Nieto ha anunciado el despliegue de 3.000 militares en la capital.

La magnitud del seísmo ha derivado en mensajes de apoyo por parte de líderes internacionales como el colombiano, Juan Manuel Santos, que ha expresado su "solidaridad" con el Gobierno y el pueblo mexicano. También se ha pronunciado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump: "Dios bendiga al pueblo de Ciudad de México. Estamos con vosotros".

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha trasladado su apoyo y su solidaridad a México y ha dicho seguir "con atención" la información sobre los daños materiales y humanos que el potente terremoto ha causado, según ha escrito en un mensaje en su cuenta personal de Twitter.

El País
Ciudad de México
Miércoles 20/9/2017.

 

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