Sergio Pitol fue un gran lector, traductor y escritor. Sergio Pitol fue un mago de la palabra, integrante de la llamada Generación del Medio Siglo junto con Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, que Jorge Volpi prefiere llamar “as de oros de la literatura mexicana”; un escritor que trabajó como nadie el tema del fracaso, la memoria y el carnaval, como lo definió Juan Villoro; un inventor de un género literario que combina memoria, ensayo y literatura.

El pasado martes por la noche, Juan Villoro y Jorge Volpi celebraron la obra, la presencia y la literatura del Premio Cervantes 2005, fallecido el pasado 12 de abril. En la mesa “Sergio Pitol, mago de la palabra”, que forma parte del Homenaje Nacional al narrador, ensayista, traductor y diplomático mexicano, participó también Laura Demeneghi, quien presentó el video Iván, niño ruso, con materiales sobre Pitol; y leyó una emotiva carta escrita por su padre, Luis Demeneghi, en la que relata pasajes de la vida familiar.

La velada concluyó con tres arias interpretadas por Lourdes Ambriz y Encarnación Vázquez.

Durante el homenaje celebrado en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Volpi habló de las tres grandes etapas creativas en la obra de Sergio Pitol, de las que surgieron obras fundamentales; y dijo que El desfile del amor es su obra maestra y una de las mejores novelas mexicanas del siglo XX y XXI.

Villoro dijo que Pitol trabajó el tema del fracaso y la memoria. “Entendió la literatura como otra forma de hipnosis para investigar su propia memoria, no escribía porque ya recordaba, escribía para recordar”.

Mañana se llevará a cabo la mesa redonda “Pitol, el viajero y diplomático”, con la participación de Antonio Saborit, Philippe Ollé-Laprune y Héctor Orestes Aguilar.

El Universal
Yanet Aguilar Sosa
Ciudad de México
Miércoles 13 de junio de 2018.


En la mesa redonda "Sergio Pitol, mago de la palabra" participarán Juan Villoro, Jorge Volpi y Laura Demeneghi, sobrina del fallecido escritor

Con el fin de recordar al escritor Sergio Pitol, quien falleció el pasado 12 de abril a los 85 años, colegas, amigos y lectores llevarán a cabo un Homenaje Nacional en el Palacio de Bellas Artes con la mesa redonda "Sergio Pitol, mago de la palabra".

 En la tertulia, que tendrá lugar este 12 de junio en la Sala Manuel M. Ponce, participarán Juan Villoro, Jorge Volpi y Laura Demeneghi, sobrina de Pitol; además, será musicalizada con arias de Mozart, interpretadas por las cantantes Lourdes Ambriz y Encarnación Vázquez, acompañadas por el piano de Józef Olechowski.

 Mediante un comunicado, el narrador y periodista Vicente Alfonso habló sobre los elementos que diferenciaron la escritura de Sergio Pitol respecto a la de sus contemporáneos:

 "Lo primero que salta es que se nutre de los lugares en donde vivió, primero de modo inconsciente y después tomó el viaje como modo de aprendizaje; de ahí viene uno de sus títulos que parafrasea también la obra de Bach, 'El arte de la fuga', pero es el arte de la fuga literaria.

 "No es extraño que se acostumbre o se imponga como una especie de poética la transgresión de géneros y de convenciones literarias. En realidad, lo que estaba buscando es una literatura no clasificable", agregó.

 En Sergio Pitol son fundamentales dos colecciones de obras, la primera es "Trilogía de la memoria", compuesta por "El arte de la fuga" (1996), "El viaje" (2001) y "El mago de Viena" (2005); y su "Tríptico del carnaval", con "El desfile del amor" (1984), "Domar a la divina garza" (1989) y "La vida conyugal (1991)".

 La colección Sergio Pitol Traductor (2007), de la Universidad Veracruzana, ha alcanzado 20 títulos publicados; sobre esta labor, Vicente Alfonso señaló que, de no haber sido por Pitol, muchos autores hubieran tardado en llegar, como Henry James, Joseph Conrad y Jane Austen.

 "Hay ejercicios que aconseja Pitol en sus libros para quienes quieren ser escritores: imitar el estilo y traducir, él lo hizo y asimiló los recursos que estaban siendo puestos en juego en otras literaturas; cómo las maneras de traducción fueron asimiladas e incorporados en la literatura", indicó Alfonso.

Notimex
Ciudad de México
Lunes 11 de junio de 2018.


"En estas horas difíciles toda España lleva a Nicaragua en su corazón", expresó por su parte el rey Felipe VI

El escritor Sergio Ramírez aseguró este lunes (23 de abril) en su discurso tras recibir el Premio Cervantes que “no hay nada que pueda y deba ser más libre que la escritura” y que cerrar los ojos ante la realidad de la violencia, el narcotráfico o el exilio es “traicionar el oficio”.

Antes de comenzar el discurso, el escritor nicaragüense, que luce un lazo negro por la violencia que se ha generado en Nicaragua en los últimos días, donde más de 30 personas han muerto en los enfrentamientos entre ciudadanos y antimotines, dedicó el Premio Cervantes que recibió de manos del rey Felipe VI a la memoria de sus compatriotas que han sido asesinados “por salir a la calle a reclamar justicia y democracia”. Los muertos, en su mayoría, han sido universitarios.

El que fuera vicepresidente de Nicaragua de 1985 a 1990, en el primer gobierno de Daniel Ortega, dedicó el premio también “a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales por que Nicaragua vuelva a ser república”.

En su discurso, consideró que no se puede ignorar la realidad de los “caudillos del narcotráfico” ni “el exilio permanente de miles de centroamericanos hacia la frontera de Estados Unidos impuesto por la marginación y la miseria, y el tren de la muerte que atraviesa México con su eterno silbido de bestia herida, y la violencia como la más funesta de nuestra deidad (…)” o “las fosas clandestinas que se siguen abriendo, los basureros convertidos en cementerios”.

Ramírez tuvo recuerdos en su discurso para su país, sus abuelos y su madre, que fue la que le enseñó a leer el Quijote, y reiteró su admiración por Cervantes y por Rubén Darío, con quienes la lengua española hizo un viaje de “ida y vuelta”.

Precisamente ese fue el título de su discurso en el que explicó cómo la lengua de Cervantes hizo a Centroamérica el viaje de ida cuando en 1605 llegaron los primeros ejemplares del Quijote. Tres siglos después, Rubén Darío devolvió a la península “novedades liberadoras” de la lengua que recibió en herencia de Cervantes, “sacudiéndola del marasmo”.

Una lengua que nunca ha dejado de ser cervantina, reconoció Ramírez, que señaló que el castellano se reinventa de manera constante en el siglo XXI mientras se multiplica y se expande: una lengua viva que “reclama cada vez más espacios y no entiende de muros ni fronteras”.

Rubén Darío fue “quien creó nuestra identidad, no sólo en sentido literario, sino como país”, afirmó Sergio Ramírez sobre Nicaragua, y consideró curioso “que una nación americana haya sido fundada por un poeta con las palabras, y no por un general a caballo con la espada al aire”.

También hizo referencia a su paso por la política. “Si un día me aparté de la literatura para entrar en la vorágine de una revolución que derrocó a una dictadura, es porque seguía siendo el niño que se imagina de rodillas en el suelo de la venta presenciando la función de títeres del retablo de Maese Pedro, ansioso de coger un mandoble para ayudar a don Quijote a descabezar malvados”, recordó.

Y rindió homenaje al mexicano Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005 y recientemente fallecido, un “cervantino hasta la médula, porque nunca se atuvo a la pesadez y supo trocarla por el humor, la ironía y la parodia, un raro de los de Rubén, que supo hacer de la escritura una fiesta”.

Un recuerdo a Pitol que también estuvo presente en el discurso del rey Felipe VI, que se refirió igualmente a la situación en Nicaragua.

“En estas horas difíciles toda España lleva a Nicaragua en su corazón”, dijo el monarca, que destacó además que Ramírez es el primer escritor centroamericano en recibir el Cervantes.

EFE
Madrid
Martes 24 abril de 2018.


Solo familiares despiden al escritor poblano Sergio Pitol; Sus cenizas descansarán en Querétaro

Xalapa. - En conferencia de prensa, María del Carmen Pitol Rodríguez, sobrina del escritor, se refirió de manera específica a Rodolfo Mendoza Rosendo, titular de la Dirección de Difusión Cultural de la Universidad Veracruzana (UV) y aclaró que en tanto este funcionario esté en la institución no permitirán que se utilice el nombre del escritor para eventos y homenajes de ningún tipo.

“No puede utilizarse el nombre de mi tío Sergio, ya se jugó mucho en vida con él y en su muerte lo vamos a defender”, aseguró.

Acompañada de Laura Demeneghi, también sobrina del escritor y vocera de la familia, exigieron la destitución de Mendoza Rosendo y pidieron que el nombre de Pitol Demeneghi no sea utilizado en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) misma que es coordinada por él.

“Mientras siga Rodolfo Mendoza al frente de la dirección Cultural de la UV la familia se opone y se deslinda de esa universidad”, señaló.

La sobrina, quien fue la encargada de llevar las cenizas del escritor a Querétaro para depositarlo junto a su padre reiteró que la voluntad de su tío Sergio expresada en su testamento será cumplida al pie de la letra, sin embargo, la familia mantiene su postura de rechazo ante la institución por diversos hechos.

“Han sido tres años y siete meses de un horror terrible donde se ha visto clarísimo la falta de respeto y falta de cuidado. No queremos que él esté como parte de la FILU ni que se utilice su nombre. En cuanto se abra el testamento se cumplirá con todo el respeto que mi tío Sergio manifestó como su última voluntad, pero no puede utilizarse el nombre de mi tío Sergio”, señaló Pitol Rodríguez.

Finalmente, lamentó que la rectora de la UV, Sara Ladrón de Guevara hubiese hecho declaraciones respecto a la biblioteca personal del escritor cuando este todavía estaba siendo velado en la funeraria y sin que el testamento hubiese sido leído.

“Creo que no era el momento, por respeto a mi tío Sergio y por respeto a nosotros para hacer una declaratoria como esa”, concluyó.

Solo familiares despiden al escritor poblano Sergio Pitol; Sus cenizas descansarán en Querétaro

Con una pequeña comitiva conformada por los miembros más cercanos de su familia fue despedido el escritor Sergio Pitol cuyo cuerpo está próximo a ser cremado y sus cenizas serán trasladadas al estado de Querétaro en donde descansará junto a los restos de su hermano Ángel.

A nombre de su familia, Laura Demeneghi Rodríguez informó que, aunque de manera inicial de había contemplado la posibilidad de llevarlo a Córdoba será en Querétaro en donde tenga su última morada.

Dio a conocer que el premio Cervantes de Literatura no recibirá ningún homenaje de cuerpo presente, pero si se contempla un evento nacional en junio próximo cuya sede será el palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.

Diario de Xalapa
Karla Cancino
Xalapa, Veracruz
Viernes 13 abril 2018.


•    Ensayista y traductor, fue galardonado con el Premio Cervantes en 2005

•    El escritor nacido en Puebla, pero veracruzano de adopción, siempre necesitó el movimiento como combustible de su obra.

Sergio Pitol solía decir en las entrevistas que ser un lector de tiempo completo le salvó la vida. La frase, que en boca de un escritor podría sonar a un lugar común, era verdad. Su infancia dickensiana –a los cinco años había perdido a su padre, su madre y su hermana menor- estuvo marcada por la enfermedad. Su salud quebrada por un paludismo lo mantuvo postrado en la cama por largas temporadas. Las fiebres le impidieron asistir a la escuela. Solo encontró una medicina eficaz: los libros.

“Leí todo lo que cayó en mis manos. Llegué a la adolescencia con una carga de lecturas bastante insoportable”, escribió en El arte de la fuga. Pitol creció en casa de su abuela en un ingenio azucarero de Córdoba (Veracruz) expuesto a las aventuras escritas por Julio Verne y Robert Louis Stevenson. Allí escuchó las historias que contaban las casi centenarias amistades de su abuela, que describían el México anterior a la Revolución. Desde ese entonces comenzó a viajar a través de la palabra.

El premio Cervantes 2005 falleció la mañana de este jueves en su casa de Xalapa, la capital del Estado de Veracruz, a los 85 años, por las complicaciones provocadas por la afasia progresiva, una enfermedad que sufría desde hace varios años. El escritor nacido en Puebla, pero veracruzano de adopción, siempre necesitó el movimiento como combustible de su obra. En los últimos años, sin embargo, esta enfermedad neurológica afectó gravemente al hombre que había mostrado su conocimiento detallado del idioma. En 2006, el año en el que recibió el Cervantes, comenzó a presentar fallas en el habla. La muerte ha sido confirmada esta mañana por Laura Demeneghi, la sobrina que le acompañó durante la entrega del premio Cervantes y quien durante los últimos tiempos vivía con el escritor y ejercía como tutor.

A medida que su salud fue empeorando, creció también un espinoso pleito, una maraña de denuncias cruzadas y reproches entre la familia Demeneghi y el círculo cercano de amigos del autor de El desfile del amor. Su primo, Luis Demeneghi, llevaba años sosteniendo que había perdido sus facultades mentales y que estaba “secuestrado por una camarilla”. Una ola de intelectuales –Poniatowska, Glantz, Villoro– salieron entonces a la palestra para defender la lucidez de Pitol. Mientras tanto, la custodia temporal quedaba en manos de los servicios sociales del Estado de Veracruz. En noviembre del 2016, la familia recuperó la custodia y cargó a los antiguos tutores con tres denuncias por manipulación, negligencia y robo, incluyendo la medalla del Premio Cervantes.

Bisagra entre generaciones

La pluma de Pitol fue una bisagra entre dos brillantes generaciones. La primera formada por Juan Vicente Melo, Julieta Campos, Salvador Elizondo, José de la Colina y Elena Poniatowska, nacidos en los primeros años de la década de los treinta. Fue un grupo prolífico que comenzó a publicar en la adolescencia tardía.

Pitol, sin embargo, necesitó viajar para perder el pudor a publicar. Meses antes de cumplir los 20 años salió por primera vez al extranjero. En Caracas escribió varios poemas. “Decir que eran deleznables sería elogiarlos”, escribió. Fue hasta 1957, cuando tenía 25 años, que sus primeros cuentos vieron la luz en una revista dirigida por Juan José Arreola. Con ello se empató a la generación de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis.

Por muchas décadas la presencia de Pitol en el panorama literario mexicano fue una ausencia. Elena Poniatowska afirma que eligió el servicio exterior porque fue la única carrera que le permitió ganarse la vida viajando. “Creo que por 25 años no supimos de él sino a través de sus cartas”, confesó.

Fueron, en realidad, 28 años de un periplo a través de China, Bulgaria, Hungría, España, Francia, la Unión Soviética y Checoslovaquia. En cada escala gestaba una inquietud que cargaba como bagaje al siguiente destino. Su Trilogía de la memoria, editada por Anagrama y compuesta por El arte de la fuga (1996), El viaje (2001) y El mago de Viena (2005) combina sus memorias de viaje con ensayos y fragmentos de borrosas fronteras entre realidad y ficción.

La trilogía se formó de apuntes garabateados en cuadernos y diarios compilados en decenas de hoteles. Pitol confesó lo extraño que era para él trabajar en “casa”. “Escribir en el mismo espacio donde uno vive, equivalió durante casi toda la vida a cometer un acto obsceno en un lugar sagrado”, relató.

A esos años se le deben traducciones al español de una veintena de autores, entre ellos Henry James, Joseph Conrad, Robert Graves, Jane Austen y Witold Gombrowicz. También tuvo una particular afección por autores rusos, muchos de los cuales tradujo al castellano por primera vez.

Monsiváis afirmó que el tema obsesivo de la obra de Pitol era “los mexicanos fuera de sus espacios naturales”. A pesar de su distancia física con México el escritor veracruzano conservó intacto el pulso sobre la sociedad mexicana, a la que parodió genialmente. Domar a la divina garza (1989), la segunda obra de su Tríptico del Carnaval, es una muestra de esto. Su personaje principal, Dante C. de la Estrella, un repugnante abogado lleno de lugares comunes narra su encuentro con la traductora de Nicolás Gogol, el hecho más importante de su vida.

El tríptico lo completan El desfile del amor (1984), ganadora del Premio Herralde de novela, una especie de thriller compuesto por recortes de nota roja, y La vida conyugal (1991), una parodia del matrimonio y la vida en pareja.

UNA DESPEDIDA DISCRETA

México se ha despedido discretamente de uno de sus tesoros literarios mejor guardados. Sergio Pitol, fallecido la mañana del jueves en su casa de Xalapa, Veracruz, ha sido despedido principalmente por profesionales de las letras y las autoridades culturales mexicanas. “Celebramos su vida y legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años”, se lamentó la secretaria mexicana de Cultura, María Cristina García Cepeda. La ministra dijo que convocará a instituciones, amigos y familiares a un homenaje nacional al escritor.

Pitol ha sido saludado a su partida una última vez por escritores e intelectuales mexicanos de diversas generaciones. El historiador, editor y ensayista Enrique Krauze dijo que Pitol fue “siempre apreciado y respetado”. Jorge Volpi, el más reciente recipiente del Premio Alfaguara de novela, lo calificó como “uno de los mayores escritores de nuestra lengua” y recomendó dos obras “perfectas”, El desfile del amor y El arte de la fuga.

Valeria Luiselli, de 34 años, aprovechó el fallecimiento para recordar a la extinta triada de cronistas que parodiaron las contradicciones de la sociedad mexicana: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y el propio Pitol. “Ya andan de pachanga (fiesta) otra vez. Gracias por iluminar partes oscuras de nuestras almas, por hacernos reír de nosotros mismos y por recordarnos siempre que la libertad de pensamiento no es canjeable por nada”, escribió en Twitter la autora de Los ingrávidos.

Los políticos también dijeron adiós al Premio Cervantes 2005. En medio de la campaña electoral rumbo a las presidenciales del 1 de julio, los principales candidatos presidenciales dedicaron unas palabras al autor de El mago de Viena. “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska, los tres grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos”, dijo Andrés Manuel López Obrador, el puntero de las encuestas. El candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, destacó la “extraordinaria inteligencia y humor” de Pitol. Aurelio Nuño, el jefe de campaña del candidato del PRI, José Antonio Meade, destacó el carácter de viajero infatigable que deja a los mexicanos “obras maravillosas”. Todo un legado que el gran público aún está por descubrir.

El País
Ciudad de México
David Marcial Pérez
Luis Pablo Beauregard
Jueves 12 de abril de 2018.


Sergio Pitol ha combinado con sabiduría y pasión la creación literaria y la labor del traductor. La escritora Rosa Beltrán aborda esta faceta poco estudiada del gran autor poblano.

Para muchos autores, incluido Borges, el problema de la traducción se inicia con aquel pastor de ovejas que preguntó a Dios Su Nombre y recibió la siguiente respuesta: Soy El Que Soy. Desde luego, la frase es impecable; difícilmente podemos imaginar una respuesta más convincente, aunque tampoco más ambigua. Por otra parte, no es de extrañar, viniendo de Dios, que al ser cuestionado respondiera y no; mucho menos ha de sorprendernos que la respuesta fuera, como es, impenetrable. Las razones que sabios y filósofos han dado son muchas. Una muy convincente es la de creer que no hubo respuesta; que lo que Dios dijo fue una forma de eludir la pregunta. Otra es pensar que tal como afirman las antiguas culturas, tener el nombre es tener al otro en tu poder, y que, de ser así, Moisés habría preguntado a Dios cómo se llamaba por una curiosidad que excedía el puro interés ontológico y habría recibido a cambio un enigma. Yo en cambio, escéptica como soy, a veces me inclino por pensar que Dios dijo en realidad otra cosa y en mis noches de irremediable agnosticismo me da por pensar que mi falta de fe se debe sin duda a una mala traducción.

“Soy el Que Soy”.
¿Por qué la tautología? ¿Por qué la traducción literal?
¿Por qué la falta de arrestos de Moisés para intentar una interpretación?

Nadie ignora que una traducción es en sí misma una forma de creación cercada por límites quizá más rígidos que los que impone la escritura original de una obra y que cualquier error es una traición a algo que va más allá de la obra misma. Traducir mal es traicionar la fe de un lector que puede perderse para siempre; no es sólo atentar contra una creación sino contra el espíritu de una época.

Cada traductor, dice Pitol, hace su propia versión y tiene su propio método. Traducir poesía es una de las tareas más difíciles que se pueden enfrentar. Hay que conocer perfectamente al traducido, sus creencias, su modo de vida, sus giros específicos en el idioma, hasta su carácter. Es éste mi método: traduzco no del idioma, traduzco desde el poeta. También admito que con profundo respeto por el traducido es inevitable que el resultado en español al fin y al cabo sea un poema a cuatro manos, escrito por mí y por el traducido. En otras palabras, éste es “mi” Ungaretti, éste es “mi” Montale, éste es “mi” Quasimodo.

Por El arte de la fuga y por declaraciones vertidas aquí y allá sabemos que Pitol inició su trabajo como traductor a raíz de un viaje a Europa que le llevaría veintiocho años, los mismos que tenía cuando se fue de México. Sabemos que tradujo a Henry James, a Pilniak, a Conrad, a Jane Austen, a Ford Madox Ford, a Bassani, a Vittorini; sabemos que a partir de 1967 nos trajo a muchos de los principales autores centroeuropeos, al húngaro Tibor Déry, y a los polacos Andrzejwski, Iwaszkiewics y al imprescindible Go m browicz, lo mismo que a Bruno Shulz y aun al chino Lu Hsun, autor del Diario de un loco, entre muchos otros.

Pitol 01
 
Del periplo inicial que duró doce años, antes de incorporarse al servicio diplomático, datan sus primeras traducciones. En 1961, traducir es al principio una manera de ganarse la existencia. Pero es al mismo tiempo la única forma de mantenerse vinculado a la lengua nueva y a la que deja. Empieza ya entonces a haber una línea sutil que conecta ambos idiomas: el del viaje a otros mundos y el viaje interior a través de éstos. No traicionar ni traicionarse: ser fiel al original, sea éste su propio impulso o la obra del autor que va a enseñarle, oyéndolo, a oírse en sus primeras, definitivas líneas. Dice Pitol:

Yo me sentía arrinconado en México; contraje aquel virus (el del viaje), vendí casi todos mis libros y algunos cuadros, y me lancé al camino. A mediados de junio me embarqué en Veracruz y crucé el océano. Estuve unas cuantas semanas en Londres, unos días en París y al final me instalé en Roma. Igual que a Cervantes me pareció llegar a la capital indiscutible del Universo Mundo. Llegué a Italia sin saber decir “ciao”. Lo aprendí, el italiano, con Montale, con Quasimodo y con Ungaretti, con Moravia, con Pavese y hasta con el Dante. Con toda la maravillosa literatura italiana. Así comencé a leerlos en el original y a darme cuenta de que las viejas traducciones compradas lustros atrás en Buenos Aires no se compadecían con la verdad, que tenían graves errores. Una mañana, en las afueras de Roma, bajo una inclemente nevada, tomé la decisión y Salvatore Quasimodo, el poeta de la isla convertida en país inocente, se me planteó como primer problema. Había giros sicilianos y griegos en aquella poesía, pero armado de gruesos diccionarios también desentrañé aquellas palabras. Siguió Un garetti y ya había descubierto que era la poesía hermética lo que me interesaba. Finalmente entré con Montale, reconociendo su grandeza.

Años después Sergio ofreció la publicación a las oficinas culturales de la Embajada italiana en Caracas y le contestaron que debía consultar con el Ministerio de Asuntos Exteriores en Roma quien tenía una partida presupuestaria para esos fines.

El burócrata romano que me tocó en suerte, dice, respondió que ese trabajo de traducción ya estaba hecho en Argentina. Jamás se enteraría de que me puse a traducirlos precisamente por lo malo de aquellas versiones.

Si las buenas traducciones son capaces de mover montañas (Martín Lutero, nada menos, al traducir la Biblia transforma una cultura), las consecuencias de una mala traducción, aunque menos conocidas, son letales. Nabokov odiaba a Conrad de quien decía que era un escritor para escautismo, es decir, para niños exploradores; Brecht odiaba a Baudelaire cuyas palabras, decía, eran como chaquetas recicladas; Beckett odiaba a Proust y Arno Schmidt a Beckett; para Voltaire, Homero era aburrido y Joyce, un mediocre para Gottfried Benn y —asómbrense— para Virginia Woolf. En días recientes, Paul Auster declaró que Borges le parecía un “gran escritor menor”. Quién dice que tales desastres no son el resultado de una mala traducción. Cuando me entero de estos casos me gusta fantasear con la idea de que la falta de fe de los declarantes tiene algo que ver con un desconocimiento igual a aquél que me paraliza al oír el nombre de Dios en boca de otro. Hay en cambio casos de “malas traducciones” que en realidad son traducciones ejemplares de un autor visto desde la poética de quien lo traduce que han cambiado la historia de la literatura. La “mala” traducción de Poe hecha por Baudelaire hizo del poeta norteamericano un magistral poeta maldito en Francia y no un decadente romántico como era. Una gran traducción no sólo hace que la obra nazca de nuevo, sino que nazca por primera vez a las nuevas generaciones. Y que se reedite esa traducción es asegurar la vida futura de un autor que de otra forma está condenado al olvido. Hace unas semanas apareció en el periódico El País un caso que ilustra lo que digo. El director de la Sociedad Jane Austen en Inglaterra decidió enviar dos de los manuscritos de las primeras obras de Austen y uno más con fragmentos de Orgullo y prejuicio firmados por él mismo a las principales editoriales londinenses. En todos los casos recibió cartas de rechazo de “su” obra, con explicaciones de los editores lamentando que no fuera lo suficientemente buena para su publicación. La noticia, como es de suponer, fue un escándalo dentro y fuera del Reino Unido porque comprobó no sólo que Jane Austen sería impublicable en estos días, sino que la ignorancia y el desconocimiento de los grandes autores ha llegado también a quienes editan. (Jane Austen es una de las autoras traducidas por Pitol que la Universidad Veracruzana reeditará, felizmente, y a la que podrán acercarse algunos lectores por primera vez).

Cada traductor hace su propia versión y tiene su propio método. Traducir poesía es una de las tareas más difíciles que se pueden enfrentar.

Los otros autores con que se inicia la colección Pitol Traductor son el húngaro Tibor Déry y el chino Lu Hsun. Del primero, una de las grandes figuras de la novela vanguardista del siglo XX, me parece que su prestigio como líder de la rebelión de 1956 y como militante hizo en su momento leer su obra con otros ojos. Un autor que participó en los movimientos de 1918 y 1919 hubo de exiliarse en Austria, Francia e Italia y de vuelta a su país estuvo varias veces en la cárcel.

Su novela río, de moderna técnica narrativa, La frase inacabada lo hizo célebre, aunque su obra debía leerse entonces de forma clandestina. Hoy será visto con otros ojos por los nuevos lectores. Fuera ya de contextos ideológicos, las tres novelas cortas que bajo el título de El ajuste de cuentas se reeditan tienen una actualidad que acerca el tema de la persecución y la huida típicos de Déry, a autores como Beckett o Kafka. Su obra es una espeluznante metáfora de la fuga, de la necesidad de irse de un mundo donde el poder adopta sucesivamente el rostro de aquél a quien antes atacó y donde la única salvación está en la fuga clandestina hacia la muerte. Lu Hsun es un extraño caso del autor del que todos quieren apropiarse y que es inapropiable. En vida se le llamó el Chéjov chino, el Gorki chino, el Nietzsche chino, cosa curiosa pues, como apunta Pitol, se trata de tres personalidades difíciles de hermanar. Quizás esta extraordinaria posibilidad de estarle creando nuevas genealogías sea la mejor muestra de la atemporalidad de su obra. Entre los méritos que se le atribuyen está el de haber entablado la primera batalla contra el idioma literario tradicional y haber sido un partidario del pai-jua o sea la transcripción ideográfica de la lengua hablada china. Otro mérito es que, aunque en vida fuera combatido por tradicionalistas, vanguardistas y proletarios y hubiera sido utilizado para fines propagandistas por el gobierno maoísta, en su obra no haya trazas de etiquetas revolucionarias ni consignas. El Diario de un loco es el de un hombre perseguido por los otros quienes acabarán por cometer con él un acto supremo de canibalismo; es la historia de la indefensión y la paranoia humanas en el momento en que se descubre que se vive rodeado de enemigos. Recientemente, han aparecido las traducciones de Emma, de Jane Austen y Ford Madox Ford.

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Para traducir a estos autores, Pitol hubo de pasar horas seleccionando, leyendo, cotejando versiones de otras lenguas como el francés o el inglés, sufriendo el oscuro desgarramiento de Tonio Kroger que es el de quienes han destinado su vida a la escritura: el combate entre la tentación del mundo y la soledad indispensable al proceso de creación. Pero esas horas rindieron sus frutos. Traducir, ha dicho él mismo, es quizás el mejor aprendizaje para la propia escritura. De Henry James, de quien se publica La vuelta de tuerca, aprendió “la lección del maestro”. Junto con el humor de algunos autores centroeuropeos que aparece en la obra de Pitol a partir de su trilogía, es James el autor que de manera velada o manifiesta aparece como sello indeleble de su prosa. Dice Sergio:

Tuve la suerte de traducir al castellano siete de sus novelas, entre ellas una de las más endemoniadamente difíciles que pueda permitirse cualquier literatura: Lo que Maisie sabía. Traducir permite entrar de lleno en una obra, conocer su osamenta, sus sostenes, sus zonas de silencio. James me confirmó en una tendencia que había aparecido ya desde mis primerísimos relatos: un acercamiento furtivo y sinuoso a una franja de misterio que nunca queda aclarado del todo para permitir al lector elegir la solución que crea más adecuada. Para lograrlo, James adoptó una solución sumamente eficaz: la eliminación del autor como sujeto omnisciente que conoce y determina la conducta de sus personajes y su sustitución por uno o varios “puntos de vista” … De la misma manera… mis relatos se caracterizaron por registrar una visión oblicua de la realidad. Por lo general existe en ellos una oquedad, un vacío ominoso que casi nunca se cubre… La historia debe contarse y recontarse desde ángulos distintos y en ella cada capítulo tiene la función de aportar nuevos elementos a la trama y, a la vez, desdibujar y contradecir el bosquejo que los precedentes han establecido.

¿No es esto más que una descripción del estilo de James un comentario crítico que puede adaptarse perfectamente a El desfile del amor? ¿Y no es el inicio de Los papeles de Aspern un episodio que se confunde con la llegada a Venecia y la pérdida de las gafas en el capítulo primero de El arte de la fuga? Casualidad o no, Sergio tituló a ese capítulo: “Todo está en todas las cosas”. ¿Quién Es El Que Es? He aquí, diría el propio James, The heart of the matter, el centro de la cuestión. El trabajo de Pitol traductor es indisociable del Pitol escritor. El fantasma que campea en La vuelta de tuerca, un fantasma que depende, como sabemos, tan sólo de un punto de vista, adopta en este caso un nuevo disfraz. Al Pitol traductor le debemos no sólo las obras que se presentan en esta colección sino en buena medida, le debemos su obra misma. Por ellas, ha dicho Pitol, Él Es El Que Es. En cuanto a mí, que he leído toda la obra de Pitol y a muchos de los autores que tradujo, habría querido que cuando Dios le dijo a Moisés quién era Pitol hubiera estado cerca. A veces, no obstante, fantaseo con tener una traducción aproximada: lo más cercano a la fe me lo han dado las grandes obras que he leído. De modo que le agradezco a Sergio haber traducido muchas de ellas, pero también, que se haya dejado traducir por sus autores.

Si las buenas traducciones son capaces de mover montañas, las consecuencias de una mala traducción son letales.

Revista UNAM
Rosa Beltrán
Ciudad de México
Sábado 16 diciembre 2017.

El escritor Sergio Pitol se encuentra fuera de peligro, recuperándose de un cuadro de gastroenteritis en el hospital Ángeles de Xalapa, informó el DIF Estatal. A decir de Adelina Trujillo, tutora de Pitol por parte del DIF veracruzano, el escritor podría salir del hospital a inicios de la próxima semana. "Está bastante bien, está estable. Ingresó por un cuadro de gastroenteritis, pero evolucionó perfecto y su estado para nada es reportado como grave", explicó. El escritor fue ingresado al hospital la noche de este viernes 11 de noviembre. Persiste la disputa por la tutela del escritor Como ha sucedido en los últimos años, el ingreso del autor de 83 años al hospital volvió a hacer pública la polémica entre la familia del escritor y el DIF por la legítima tutoría de Pitol. "Adelina Trujillo Landa, que a la fecha usurpa una tutela ilegítima y la ejerce de manera totalmente irresponsable, no ha comunicado absolutamente nada a los familiares del escritor y ha mantenido en secrecía su estado de salud", escribe la familia en un comunicado. El texto, enviado a este diario por la sobrina del escritor, Laura Demeneghi, indica que la familia se enteró de la hospitalización por una nota periodística. "La familia del escritor Sergio Pitol públicamente condena este hecho y sobre todo responsabiliza a la tutora ilegítima y a las curadoras Nidia Vincent y Elizabeth Corral si algo le pasa a su familiar", se lee en el comunicado. Reforma Francisco Morales Ciudad de México Domingo 13 de noviembre de 2016..



La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) develó hoy la placa en honor del escritor poblano Sergio Pitol, quien fue designado ganador del Premio Internacional Alfonso Reyes 2015.


Monterrey. - La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) develó hoy la placa en honor del escritor poblano Sergio Pitol, quien fue designado ganador del Premio Internacional Alfonso Reyes 2015.

En ausencia del autor, pues se encuentra delicado de salud en su casa de Xalapa, Veracruz, fue presentado el reconocimiento conmemorativo en el interior de la Capilla Alfonsina, en el campus central de la máxima casa de estudios de la entidad.

El galardón le fue entregado al autor de El tañido de una flauta, el pasado 2 de mayo, por sus aportaciones valiosas a la literatura y cultura, en su trabajo como escritor y traductor.

Ricardo Marcos González, presidente del Consejo de las Artes de Nuevo León (Conarte) acudió a entregar el premio a la casa del ensayista y relató algunos momentos del encuentro en el puerto.

“Sergio Pitol es un hombre cercano todavía. No lo puede externar, pero con los semblantes denostaba la reacción de lo que iba escuchando. La visita que realizamos es una pequeña ventana de lo que es Sergio Pitol, que afortunadamente nos tocó en vida y será un recuerdo que no vamos a poder borrar. El esfuerzo de hacer esto no es perpetuar a un autor en placas, es retomar la obra”, dijo el funcionario.

Tras la develación de la placa, colocada junto a la de anteriores premiados, Silvia Molina, representante del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) resaltó el lugar que ocupa Pitol en la tradición literaria nacional.

“Le ha regalado a la literatura mexicana una obra sólida, basada en una prosa directa e inteligente de fina ironía, escenarios que no olvidaremos nunca y narraciones construidas como matrioskitas, unas dentro de las otras.

“Querido Sergio: es un privilegio atestiguar esta tarde la manera en que eres entrañable para los lectores, que saben que ocupas un lugar destacado en el universo literario de nuestra lengua. Muchas gracias”, dijo, la también representante de la Sociedad Alfonsina Internacional.

Antes de la ceremonia, se efectuó la mesa redonda en homenaje al autor en la que participaron las alumnas Berenice Zavala (UANL), Sofía Victoriana Ríos, de la Universidad Regiomontana (U-ERRE), María del Mar Rodríguez Zárate, de la Universidad de Monterrey, (UDEM) y Victoria Garza, del Tec de Monterrey (Itesm).

El encuentro fue moderado por el escritor Hugo Valdés, autor del ensayo El dueño y el creador. Un acercamiento al Dédalo narrativo de Sergio Pitol.

En la develación de la placa estuvieron Marcos González, Molina, José Garza Acuña, secretario de Extensión y Cultura de la UANL; Leticia Treviño Rodríguez, directora de Relaciones Institucionales de la U-ERRE; Gabriel Cavazos Villanueva, director asociado de la Escuela de Negocios, Ciencias Sociales y Humanidades del ITESM; y Martín Fernando Córdova, director de la Academia de Español de Prepa UDEM.

La poeta Minerva Margarita Villarreal relató anécdotas para resaltar las cualidades del escritor homenajeado.

El Premio Internacional Alfonso Reyes fue creado en 1972 con el propósito de reconocer la obra del escritor regiomontano del que el premio toma el nombre, al distinguir a personalidades de reconocida trayectoria en el campo de las humanidades.

Entre otros, han recibido el galardón Mario Vargas Llosa, Eduardo Lizalde, Ignacio Bosque, Fernando del Paso e Ida Vitale.

Proceso
Luciano Campos Garza
Monterrey, Nuevo León, Mx.
Jueves 19 de mayo de 2016.


El Premio Internacional Alfonso Reyes tiene el objetivo de distinguir a personajes con una amplia trayectoria en el área de Humanidades.


Pitol ha recibido los premios Xavier Villaurrutia 1981 por "Nocturno de Bujara", Latinoamericano de Narrativa Colima 1982 para Obra Publicada por "Cementerio de tordos", Herralde de Novela 1984 por "El desfile del amor".

La directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, entregó el Premio Internacional Alfonso Reyes 2015 al escritor Sergio Pitol en su casa de Xalapa, Veracruz.

"Con la entrega de este premio se reconoce al cuentista excepcional, arquitecto de la novela y extraordinario traductor", afirmó García Cepeda, a nombre de la Secretaría de Cultura Federal y en representación de su titular, Rafael Tovar y de Teresa.

En declaraciones difundidas por el INBA, la funcionaria destacó que Sergio Pitol "nos ha permitido conocer el mundo literario de otras culturas. El idioma ha sido su patria y los libros su pasión, algo que muchas generaciones de mexicanos tenemos que agradecer".

Fue en 1956 cuando el autor escribió sus primeros cuentos, y en 1959, publicó su primer libro "Tiempo cercado", refirió, por su parte, el presidente de la Sociedad Alfonsina Internacional, el escritor Felipe Garrido.

El Premio Internacional Alfonso Reyes tiene el objetivo de distinguir a personajes con una amplia trayectoria en el área de Humanidades.

El reconocimiento está a cargo de la Secretaría de Cultura federal, el Gobierno de Nuevo León por medio del Consejo para la Cultura y las Artes (Conarte), la Sociedad Alfonsina Internacional, la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Monterrey y la Universidad Regiomontana.

Sergio Pitol nació el 18 de marzo de 1933 en Puebla; cursó la carrera de Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Es traductor de Henry James (1843-1916), Robert Graves (1895-1985), Witold Gombrowicz (1904-1968), Bruno Schulz (1892-1942), por mencionar algunos. Ha colaborado en publicaciones como "México en la Cultura", "Revista de Bellas Artes" y "Revista de la Universidad de México", entre otras.

El escritor poblano ha recibido los premios Xavier Villaurrutia 1981 por "Nocturno de Bujara", Latinoamericano de Narrativa Colima 1982 para Obra Publicada por "Cementerio de tordos", Herralde de Novela 1984 por "El desfile del amor".

También el Nacional de Literatura y Lingüística 1993, Mazatlán de Literatura 1996, de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo 1999, Cervantes de Literatura 2005 y la Medalla Bellas Artes 2008.

Notimex
Ciudad de México
Martes 3 de mayo de 2016.


Ciudad de México. - El escritor, ensayista y traductor poblano Sergio Pitol, autor de obras como “Tañer una flauta” y “Domar a la divina garza”, es el ganador del Premio Internacional Alfonso Reyes 2015, debido a sus valiosas aportaciones culturales, artísticas y literarias, así como por su amplia trayectoria.

En un comunicado, el Instituto Nacional de Bellas Artes informó que Pitol fue elegido ganador del premio organizado por la Secretaría de Cultura federal, y el Gobierno del Estado de Nuevo León, por medio de su Consejo para la Cultura y las Artes.

Así como por la Sociedad Alfonsina Internacional; la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL); el Tecnológico de Monterrey; la Universidad de Monterrey; y la Universidad Regiomontana, añadió.

Recordó que el premio fue creado en 1972 por Francisco Zendejas a fin de hacer un reconocimiento a la obra del escritor regiomontano Alfonso Reyes al distinguir a personalidades con una vasta trayectoria en el campo de las humanidades.

Destacó que anteriormente han logrado este reconocimiento personalidades como Mario Vargas Llosa, Eduardo Lizalde, Ignacio Bosque, Fernando del Paso e Ida Vitale, ella en la edición anterior.

El INBA refirió que Pitol nació en la ciudad de Puebla el 18 de marzo de 1933; estudió Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, como creador emérito, desde 1994.

Su trayectoria literaria ha sido reconocida con los premios Xavier Villaurrutia (1981), Latinoamericano de Narrativa Colima (1982), Herralde de Novela (1984), Anual de la Asociación Polaca de Cultura Europea (1987) y Nacional de Literatura y Lingüística (1993).

También se le han entregados los galardones Mazatlán de Literatura 1996, de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo” 1999, Cervantes de Literatura 2005 y la Medalla Bellas Artes 2008, entre otros.

Su obra ha sido llevada a idiomas como francés, alemán, italiano, polaco, húngaro, holandés, ruso, portugués y chino, y ha sido director de una de las primeras colecciones de Tusquets Editores en Barcelona; embajador de México en Checoslovaquia; y agregado cultural de la embajada de México en Francia.

Lo mismo que consejero cultural en las embajadas de México en Polonia, Hungría y Rusia; subdirector de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores; y director de Asuntos Internacionales del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Algunas de sus publicaciones son “Sergio Pitol” (1966), “Obras reunidas IV” (2006), “El viaje” (2000, 2001), “Tiempo cerrado” (1959), “Victorio Ferri cuenta un cuento” (1959), “Infierno de todos” (1964, 1971), “Los climas” (1966, 1972) y “No hay tal lugar” (1967).

Igualmente, “Del encuentro nupcial” (1970), “Nocturno de Bujara” (1981, reeditado como “Vals de Mefisto” en 1984 y 1989), “Cementerio de tordos” (1982), “El asedio del fuego” (1984), “Todos los cuentos” (1998), “Un largo viaje” (1999), “Obras reunidas III. Cuentos y relatos” (2004) y “Los mejores cuentos” (2005).

Ha traducido al español a escritores como Henry James, Joseph Conrad, Robert Graves, Jane Austen, Witold Gombrowicz, Alexander Zeromsky, Kazimierz Brandys, Jerzy Andrzejewski y Bruno Schulz.

Notimex
Ciudad de México
Lunes 28 de marzo de 2016.

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