“El Chavo del 8”, “El Chapulín Colorado” y “Chespirito”, del comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños, conocido internacionalmente como Chespirito, ya no se emitirán en la televisión, lo que ha provocado las críticas de su viuda, Florinda Meza.

Y es que este sábado Roberto Gómez Fernández dio a conocer la salida del aire en todo el mundo de los programas creados por su padre tras un desencuentro con Televisa sobre los derechos de autor.

“¿Qué opino de que se deje de transmitir el programa Chespirito? Aunque no tengo nada que ver porque inexplicablemente no he sido convocada a las negociaciones, creo que justo ahora, cuando el mundo más necesita diversión, hacer eso es una agresión hacia la gente”, expresó Meza a través de un hilo de Twitter.

Además, añadió que no comprende por qué se tomó la decisión, ya que, dijo, va en contra de los intereses comerciales de la cadena de televisión y recordó que Chespirito “es parte del ADN de los latinos”.

“Es triste comprobar cómo en tu propia casa, a la que le has dado millones de dólares, es dónde menos te valoran”, sentenció.

La actriz, escritora y productora terminó diciendo que qué bueno que Bolaños, que murió en 2014, ya no esté para presenciar esta situación tan incómoda y que Chespirito permanecerá en los corazones de “los buenos”.

Aunque no hay claridad sobre sucedido, medios locales apuntaron a que Televisa y la familia del Bolaños no lograron llegar a un acuerdo sobre los derechos de los programas.

Los programas llevaban 47 años de transmitiéndose de manera ininterrumpida en las televisiones de todo el mundo y después de 6 años de la muerte del actor.

A pesar de la triste noticia para la familia, amigos y seguidores de uno de los más grandes íconos de la comedia mexicana, su hijo les aseguró a través de Twitter que seguirán luchando para que el mundo no olvide a Chespirito y las nuevas generaciones puedan conocerlo.

“Aunque tristes por la decisión, mi familia y yo esperamos que pronto esté Chespirito en las pantallas del mundo. Seguiremos insistiendo, y estoy seguro que lo lograremos”, publicó Gómez Fernán.

Gómez Bolaños fue, además de actor y comediante, dramaturgo, escritor, guionista, compositor musical, director y productor de televisión.

Además de “El Chavo del Ocho” y “El Chapulín Colorado”, interpretó a muchos otros personajes que forman parte del imaginario latinoamericano.

EFE
Ciudad de México
Martes 4 de agosto de 2020.

La importancia de la letra Ch, se debe a que se trata de un fonema que aparece en los idiomas aborígenes precolombinos, especialmente en el náhuatl

Nota preliminar: El siguiente texto (con el título más sucinto) fue publicado originalmente en el periódico El Espectador y en el sitio Letralia en marzo de 2012 con mis apellidos de pila y fue un homenaje en vida de quien podríamos pensar como la versión latinoamericana de Chaplin, genio del humor cuyo nombre también se iniciaba con la letra Ch. Don Roberto, otro grande que se fue, Q.U.E.P.D. (Ch).

Chanfle

La letra Ch fue jubilada antes de tiempo y dejó de aparecer como letra autónoma e independiente para convertirse en apéndice de la letra C, conforme a la determinación de un Congreso de Académicos de la Lengua hace algunos años. Pero hubo un momento en que esta letra fue importante y  vale la pena a manera de homenaje, recordar al hombre que en su momento redimensionó aquella que muchos todavía consideramos el cuarto símbolo del alfabeto castellano.

En el año 2007 en la Feria del Libro de Bogotá, los autores que tuvieron sus títulos como los más vendidos fueron Gabriel García Márquez y Roberto Gómez Bolaños. Gracias a la presencia física de la celebridad mexicana se rompió el récord de asistencia de público al recinto ferial, promoviendo una avalancha de personas ávidas de tener un ejemplar autografiado de “Sin querer queriendo” o “El diario del Chavo del 8”, los textos escritos por Gómez Bolaños.

Una persona muy seria y aplicada (quien seguramente no tenía la pésima costumbre de ver televisión en su infancia), me preguntaba por qué una feria literaria tan importante como la de Bogotá, había tenido entre sus invitados a un comediante famoso por sus programas infantiles. Quizás, le contesté algo sorprendido e irónico, porque ese hombre, conocido por todos como “Chespirito” alias Roberto Gómez Bolaños, es un creador (la creación es la semilla de la poesía), una persona que no sólo reivindicó la letra Ch, sino que puede atribuirse la autoría de un catálogo de expresiones que repiten desde ciudadanos comunes y corrientes hasta gobernantes e intelectuales. Un escritor de miles de cuartillas, convertidas en diálogos, en escenas dramáticas o cómicas, inventor de personajes que varias generaciones de latinoamericanos llevamos en el recuerdo.

La vocación del escritor mexicano Roberto Gómez Bolaños por la letra CH (hasta el punto de encerrarla en un corazón), puede deberse a su estatura, chaparrito como dicen en su país; por su afición al deporte de las chatas; a su talento natural para ser chistoso desde la temprana edad, es decir, desde muy chamaco. Una explicación más sería diría que la importancia de la letra Ch, se debe a que se trata de un fonema que aparece en los idiomas aborígenes precolombinos, especialmente en el náhuatl la lengua de los antiguos mexicas o aztecas.

En México efectivamente, se han acuñado muchos términos con la cuarta letra de nuestro alfabeto, pero quizás nadie como el hombre que convirtió su simpatía personal y su inclinación por el ingenio humorístico en opción profesional, manifiesta en miles de libretos divertidos. El diccionario de la lengua española le debe a Gómez Bolaños haber enriquecido el glosario de la letra Ch. “Chespirito”, el “Chavo del ocho”, el “Chapulín Colorado”, el “Dr. Chapatín”, el “Chómpiras” y muchos personajes más.

El escritor se ha encargado de explicar el origen de su amor por la Ch. Alguna vez un productor de la televisión mexicana al observar su capacidad para escribir le dijo que él era una especie de Shakespeare en chiquito, un Shakespirito que se convirtió en Chespirito. En la galería de los recuerdos imborrables, siempre van a sobresalir tanto “El Chavo” como “El Chapulín”. El niño de la calle, del barrio, de la cuadra, el que vivía en el universo de un barril, a quien no se le conocieron padres, pero sí un grupo inmortal de amigos. Así como el superhéroe latinoamericano armado con su chipote chillón, el más querido en medio de su despistada inocencia. ¡Cuántos recuerdos chanfle! Perdón, porque se me chispotió.

En toda América Latina, somos aficionados a la letra Ch, desde Argentina, en donde esta letra es sinónimo de amigo. En Colombia no somos la excepción, hasta el punto que los señores Arias y Troller publicaron el “Diccionario de la Ch”. El fanatismo por esa letra, viene posiblemente desde los tiempos de los Chibchas, cuando en estas tierras se tomaba chicha; es una letra que nos parece chusca, chévere por su sonoridad, apropiada para los chascarrillos de Roberto Gómez Bolaños

Roberto Gómez Bolaños, curiosamente sin letra Ch en su largo nombre, aficionado a los deportes para compensar su pequeña talla, campeón de fútbol estudiantil (por aquello de chutar la pelota), aprendiz de ingeniero y como algunos formados en las ciencias exactas -a pesar del coqueteo con los números, ganado para el universo de las letras. La Academia de la Lengua suele hacer congresos y homenajes a los escritores consagrados, pero no estaría de más un día de estos, reconocer a quien agregó varias palabras al vocabulario más querido, el de la niñez, multiplicando dichos y refranes como “Sin Querer Queriendo”, título del libro de memorias del escritor Roberto Gómez Bolaños.

El Espectador
Bogotá, Colombia
Dixon Acosta Medellín
Domingo 30 de noviembre de 2014.

Roberto Gómez Bolaños (1929-2014)

Al Chavo del Ocho no se le puede hablar de una manera clara y convincente porque siempre responderá con un absurdo. La razón por la que esto sucede es sencilla: el Chavo no conoce ni a Clara, ni a Vicente, ni muchos menos al ‘zurdo’. A sus ocho años sólo sabe que cambiaría todos los goles que ha hecho Enrique Borja por una, solo una, torta de jamón, que las tirantas van siempre en su hombro izquierdo y que lo único nuevo que hay en su gorra es un agujero tal vez ocasionado por un certero coscorrón de Ron Damón. Ninguna de estas lecciones de vida las ha aprendido de Inocencio Jirafales (El ‘meistro’ Longaniza), un hombre experto en pedagogía, pero poco diestro en la obtención de recursos para captar la atención de sus alumnos.

El Chavo claro que tiene padres, lo que pasa es que no se los han presentado todavía y, según confesó en su diario, su mamá un día lo dejó en un orfelinato y luego, luego olvidó pasar por él. Llegó a la vecindad por accidente y con la primera que se topó fue con La Chilindrina, ambos se miraron las pecas y se quisieron durante los primeros segundos, porque después tuvieron una pequeña disputa a causa de un globo. Eso sucedió el 20 de junio de 1971 y desde entonces este personaje, para el que Roberto Gómez Bolaños utilizó la técnica del clown para su construcción, ha sido permanente visitante a los hogares de América Latina.

Es un niño humilde como cualquiera de estos países en vías de desarrollo. A veces no se lava, aunque no se ha bañado aún por última vez, y su ‘Geppeto’ siempre quiso hacer evidente el hecho de que era un personaje infantil interpretado, eso sí, por un adulto que en ese entonces ya superaba los cuarenta. Roberto Gómez Bolaños (o ‘Bola de años’, como le dice, no muy cariñosamente, Carlos Villagrán ‘Pirolo’) llegó tarde a la construcción de este personaje por estar entre otros menesteres dedicado a la realización de libretos para Viruta y Capulina, dos importantes comediantes mexicanos. Al lado de Gaspar Henaine Pérez (Capulina) y Marco Antonio Campos (Viruta), hizo, incluso, su primera aparición en un tipo de televisión enmarcada por la ausencia del color.

De forma ingeniosa, como sólo lo hace alguien capaz de sacarle provecho a la secundaria letra ‘ch’, hizo que Capulina se volviera una celebridad, pero también tuvo la visión para darle a Viruta el rol que más se le ajustaba, el del galán, el conquistador, la parte galante de esta pareja artística cuya última escena fue interpretada en 1966 durante un acto humanitario por los niños en estado de vulnerabilidad. Allí no se pusieron de acuerdo en el monto que donarían y Campos salió molesto del lugar. Ese sketch de la vida real dejó solo en el camino a Capulina y como comediante único lo incluyó casi que automáticamente en un ámbito en el que figuraban los dos hermanos Valdés (‘Tin Tan’, Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo, y ‘El Loco’, Manuel Valdés), hermanos a su vez de Ramón Valdés, y que por supuesto estaba comandado por Mario Moreno, Cantinflas.

Cuando Chespirito se apartó de la influencia marcada de Viruta y Capulina, creó un proyecto ambicioso al que llamó El ciudadano Gómez, que a la postre representó su primer fracaso constante y sonante, pero a la vez le ayudó a diseñar las bases para la gestación de todas sus invenciones posteriores. Surgió en el panorama La mesa cuadrada, un espacio cómico en el que aparecieron juntos por primera vez Ramón Valdés, Rubén Aguirre y María Antonieta de las Nieves hablando, pontificando y opinando sobre lo divino y lo humano.

El clima, el licor, el fútbol, la educación, los problemas sociales de América Latina y hasta el cosmos fueron abordados por estos tres sabios (un profesor, un intelectual algo ebrio y una conductora hábil con la palabra), acompañados en ese entonces por quien con el paso de los años se reconocería como el Doctor Chapatín, el genial portador de su bolsa repleta de ‘queles’ (qué les importa).

Gómez Bolaños es una figura transversal dentro del humor mexicano y como libretista, productor, director y actor identificó la cotidianidad de los pueblos de América Latina. Se caracterizó por aprovechar la magia de lo sencillo y recurrir a lo simple para contar historias. Observó con cuidado los filmes de Cantinflas y tuvo la visión de concretar a Ramón Valdés como una de sus figuras. Valdés, al igual que Angelines Fernández, tuvo apariciones en las cintas de Mario Moreno y lo convocó para llevar a Los supergenios de la mesa cuadrada (1970).

Esa propuesta audiovisual, para la que se necesitaba una cámara, un fondo y una mesa (cuadrada, por supuesto) fue la matriz de El Chavo del Ocho, una de las joyas de creación de Bolaños en la que involuntariamente el eje temático no es el niño humilde sino Ron Damón, el más veterano de la vecindad. Es él el núcleo de desarrollo de los demás personajes. Sin Ron Damón no hay a quién cobrarle la renta y el Señor Barriga (Zenón Barriga y Pesado) no tendría piso para existir; sin él no hay conflicto para Doña Florinda (Florinda Corcuera y Villalpando Viuda de Matalascayando), sin él la Bruja (Doña Cleotilde) habría liquidado cualquier esperanza de enamorarse, sin él Kiko (Federico Matalascayando Concuera) no tendría a quién acusar y, sin él el Chavo, ahí sí, estaría huérfano.

Poco se sabe del paradero de los primeros capítulos de la serie que comenzó a emitirse en el Canal Ocho de México (de propiedad de Televisión Independiente de México, del grupo ALFA de Monterrey, colectivo convertido en Televisa). Los episodios más antiguos que están al aire en todos los países de América Latina y que han sido traducidos al portugués, inglés y japonés corresponden a la época de 1973 hasta 1979. Después empezó a formar parte del programa Chespirito, en el que los roles que desempeñaban Carlos Villagrán y Ramón Valdés fueron reemplazados por personajes que antes no tenían tanta relevancia como Popis, Ñoño, Godínez, Doña Nieves y con la contratación de Raúl El Chato Padilla como Jaimito el cartero.

Una de las más grandes frustraciones para el humorista mexicano ha sido que sus padres jamás lo vieron representando alguno de los personajes que han acompañado a varias generaciones. Su padre murió cuando él tenía seis años, mientras que su mamá falleció justo después de su distanciamiento con Viruta y Capulina, a finales de la década del 60.

En alguna oportunidad declaró que le llegó muy tarde lo que los demás seres humanos llaman fama o reconocimiento. Se enfrentó por primera vez al Chavo, a Chaparrón Bonaparte, a Vicente Chambón, al Chómpiras (cuyo verdadero nombre era Aquiles Ezquivel Madrazo) y al Chapulín Colorado cuando tenía más de cuatro décadas encima y asumió su labor como un héroe de la pantalla chica.

La magia de Don Roberto es que hizo creer que el Chapulín Colorado, a pesar de ser diminuto y de tener atuendos algo amanerados, podía sobreponerse al miedo. Lo que hace más valiosa su propuesta es que se mostraba bastante torpe y fingía estar en desventaja frente a sus oponentes, pero sus invenciones siempre salían adelante para ayudar a los demás. Esa es la esencia de los personajes, pero también fue el atributo principal de Roberto Gómez Bolaños, quien por físico miedo se inventó las primeras historias, se dedicó en un comienzo a estar detrás de cámaras y por esa misma razón contempló en más de una oportunidad el hecho de ser el protagonista de sus creaciones.

“Yo, como siempre, intento no hacer daño al público de cualquier edad. Yo trato de no incursionar en burlas sexuales, ni todo lo que se puede considerar como agresivo y creo que lo he conseguido a lo largo de toda mi vida”, aseguró Roberto Gómez Bolaños cuando le preguntaban por su obra 11 y 12, su proyecto teatral que superó todos los récords de taquilla y que permaneció en cartelera por casi diez años. Sin querer queriendo, el comediante se tomó Hispanoamérica y ahora después de su muerte de seguro lo seguirá haciendo con sus formatos televisivos que se transmiten una y otra vez.

Este mexicano creó un mundo y le hizo ver al público que América Latina, sin fronteras, puede tener las dimensiones del barril del Chavo del Ocho. Él, con su talento y disciplina, se apropió de la infancia de muchas generaciones. Hoy, más que nunca, el público es suyo porque Roberto Gómez Bolaños asume el rol de superhéroe inmortal que ha debido tener desde el principio. ¡Él siempre podrá defendernos!

 El Espectador
Juan Carlos Piedrahíta B.
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Sábado 29 de noviembre de 2014.

Ell comediante y pionero de la televisión mexicana Roberto Gómez Bolaños vivió los últimos años de su vida en su residencia en Cancún

Ciudad de México.- El comediante y escritor mexicano Roberto Gómez Bolaños Chespirito, pionero de la televisión en México, falleció hoy a los 85 en años en su residencia en Cancún, Quintana Roo.

Así lo informó Televisa en sus redes sociales, quien destacó que el creador de entrañables personajes televisivos conocidos en toda Iberoamérica, como El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado, había recaído de salud en los últimos días.

Al comediante le sobreviven seis hijos de su primer matrimonio con Graciela Fernández, Roberto, Marcela, Paulina, Teresa y Cecilia.

De 1972 a 1995, Chespirito atrapó la atención de varias generaciones en ambos lados del Atlántico, con un solitario niño de vecindad que se escondía en un barril y con el primer superhéroe mexicano con su potente chipote chillón y sus “pastillas de chiquitolina”.

Murió Roberto Gómez Bolaños

El creador de un humor universal sin fronteras, Chespirito, falleció a los 85 años en su residencia en Cancún, confirmaron fuentes familiares.

El actor, comediante y escritor mexicano Roberto Gómez Bolaños, más conocido como Chespirito y creador de personajes como El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, falleció este viernes, luego de padecer serios quebrantos de salud.

En las últimas semanas y a pesar de sufrir los achaques propios de la edad, el actor seguía activo y de buen humor, comentaron sus familiares, quienes hoy confirmaron la noticia de su deceso.

En sus últimas apariciones públicas, Gómez Bolaños se trasladaba siempre en una silla de ruedas.

"Estoy en estado de shock, no pensé que me iba a afectar tanto (...) Lo recordaré siempre con una sonrisa", dijo a Televisa llorando el actor Édgar Vivar, quien interpretó al personaje 'Señor Barriga' en la serie 'El Chavo del Ocho'.

Roberto Gómez nació el 21 de febrero de 1929, en la Ciudad de México, en un hogar formado por la secretaria Elsa Bolaños-Cacho Aguilar y el pintor Francisco Gómez Linares, quienes tuvieron dos hijos más, Francisco y Horacio.

Antes de convertirse en uno de los actores más emblemáticos de Latinoamérica, fue boxeador amateur. De la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se graduó como arquitecto, profesión que nunca ejerció.

Su carrera artística comenzó en la radio y la pantalla chica luego de haber sido creativo publicitario. En 1973 sus programas eran un éxito internacional y se transmitían en toda América Latina, ocupando el primer lugar de sintonía y fama.

El trabajo de Gómez Bolaños se popularizó en cerca de diez países de habla hispana México, Colombia, Argentina, Brasil, Bolivia, Guatemala, Ecuador, Perú, Costa Rica, Nicaragua y en Estados Unidos. Sus programas han sido transmitidos en más de 90 países y fueron doblados en 50 idiomas.

Actualmente los personajes el Chapulín Colorado, el Chavo del 8, la Chilindrina, Don Ramón, Doña Florinda y Kiko, entre muchos otros, siguen teniendo millones de seguidores, pues después de 40 años ininterrumpidos en todos los hogares mexicanos los programas se siguen transmitiendo, así como en Latinoamérica y España. Como si fuera poco, el Chavo del 8 también cuenta con un canal oficial en Youtube.

Durante su carrera ha llenado dos veces el estadio de fútbol en Santiago de Chile con el Show de Chespirito, el Madison Square Garden de Nueva York en 1983 y hasta el escenario de la Quinta Vergara, que fue desbordado por los fanáticos que querían conocerlo.

Este talentoso comediante tiene más de 6 millones de seguidores en su cuenta de Twitter. La primera vez que trinó escribió "Hola, soy Chespirito tengo 82 años y esta es la primera vez que tuiteo. Estoy debutando, síganme los buenos". Desde entonces, sus seguidores aumentaron día a día.

Excelsior / El Espectador
Ciudad de México / Bogotá
Viernes 28 de noviembre de 2014.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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