Los republicanos creen cada vez más que elevar culpabilidad de China por propagar el virus será la mejor manera de mejorar sus difíciles posibilidades de elección


Washington - La estrategia no podría ser más clara: desde los legisladores republicanos que cubren Fox News hasta los nuevos anuncios del súper paquete de ayuda económica del presidente Trump, y sus críticas mordaces en Twitter, el gobierno está tratando de desviar la atención de la respuesta muy criticada de la administración al coronavirus, culpando a China.

Con el número de muertos por la pandemia que ya supera los 34 mil estadounidenses y el desempleo en niveles no vistos desde la Gran Depresión, los republicanos creen cada vez más que elevar a China como un archienemigo culpable de la propagación del virus y aprovechar la creciente animosidad de Estados Unidos hacia Beijing, puede ser la mejor manera de salvar una elección difícil.

Los senadores republicanos encerrados en carreras difíciles preparan comerciales que condenan a China. Los conservadores con ambiciones presidenciales futuras, como los senadores Tom Cotton y Josh Hawley, están compitiendo para ver quién puede hablar más duro hacia el país donde surgió el virus por primera vez. Los funcionarios del partido están blandiendo pública y privadamente datos de encuestas con la esperanza de que Trump se enfrente a Beijing.

Los propios ayudantes de campaña de Trump han respaldado la estrategia, lanzando un anuncio de ataque la semana pasada que muestra a Joseph R. Biden Jr., el presunto candidato demócrata, siendo muy suave con China. El anuncio se basó en gran medida en imágenes de personas de ascendencia asiática, incluido el exgobernador Gary Locke de Washington, que es chino-estadounidense.

"Trump siempre ha tenido éxito cuando ha tenido un hombre de saco con quien pelear y China es el hombre de saco perfecto", dijo Chris LaCivita, un estratega republicano desde hace mucho tiempo.

The New York Times
Jonathan Martin
Maggie Haberman
Washington, Estados Unidos
Sabado 18 de abril de 2020.


•    Casa Blanca confirma primera muerte por coronavirus en EU

•    Prohíbe la entrada a EU desde Irán por el avance del coronavirus.


Una mujer falleció este sábado en Estados Unidos (EU) debido a las complicaciones causadas por el coronavirus, informó el presidente Donald Trump en una conferencia de prensa sobre el que es el primer deceso por esta enfermedad en América.

Trump indicó que se trataba de una "mujer maravillosa, paciente de alto riesgo, de unos 50 años", aunque no reveló más detalles sobre esta persona fallecida en Washington, donde precisamente se diagnosticó el primer caso de coronavirus en EU el pasado 21 de enero.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y de las autoridades de salud de Washington tienen previsto ofrecer sendas conferencias de prensa para hablar de este fallecimiento y los casos revelados en las últimas horas.

En la noche de este viernes, los CDC informaron de cuatro posibles nuevos casos de coronavirus COVID-19 en EE.UU., dos de los cuales, en el estado de Washington, otro en Oregón y otro en California.

Los cuatro casos figuran todavía como "posible positivo" a la espera de un nuevo análisis, aunque se trata a los pacientes como si fueran casos confirmados, indicaron los CDC.

El gobernador de Washington, Jay Inslee, emitió un comunicado en el que asegura que es un día "triste" y que están trabajando para que llegue el momento "en el que nadie muera por este virus".

En este sentido, dijo que están reforzando la "preparación y respuesta" y se comprometió a mantener a los habitantes de su estado "saludables, seguros e informados".

Esta es la primera muerte en EU, donde, si se suman los casos probables anunciados anoche, hay 66 personas que fueron contagiadas por este virus.

Un buen número de los primeros pacientes contagiados se recuperaron, incluido el del estado de Washington que se dio a conocer en enero.

Trump nombró a su vicepresidente, Mike Pence, máximo responsable de las operaciones para controlar la expansión del virus, y el Congreso ha prometido un paquete de 1.500 millones de dólares para afrontar la situación sanitaria.

Prohíbe la entrada a EU desde Irán por el avance del coronavirus

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó este sábado prohibir la entrada a EE.UU. de todos aquellos que hayan visitado Irán en los últimos 14 días debido al avance del coronavirus en ese país, además de recomendar a los estadounidenses que no viajen a ciertas zonas afectadas de Italia y Corea del Sur.

El vicepresidente de EU, Mike Pence, hizo el anuncio durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, en la que Trump insistió en que no hay motivos para caer en el "pánico" sobre el avance del virus en su país, donde este sábado se confirmó la primera muerte por la enfermedad.

Estudia restricciones de entrada en frontera con México

Trump aseguró que está evaluando "muy en serio" imponer restricciones de entrada a su país por la frontera con México para frenar el avance del coronavirus en su país, donde ya hay 22 casos confirmados.

"También estamos pensando en la frontera sur, sí, estamos pensando en (restringir la entrada al país desde) la frontera sur", dijo Trump durante una rueda de prensa en la Casa Blanca.

EFE
Washington EU
Sábado 29 de febrero de 2020.


El abogado personal de Trump fue huésped del empresario Alejandro Betancourt en Madrid, al que luego defendió de una investigación del Gobierno de EE UU


Los problemas crecen para Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York, abogado personal de Donald Trump y nombre omnipresente en la investigación del impeachment del presidente. Al veterano abogado se le ha abierto nuevo frente, que parte de Venezuela, hace escala en Madrid, y tiene que ver con el difícil encaje de su trabajo no remunerado para el presidente y los onerosos servicios que presta simultáneamente a otros clientes.

El 25 de julio, Trump pidió por teléfono al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que investigara a sus rivales demócratas, y le recomendó que hablara con Giuliani. El 2 de agosto, Giuliani se reunió en un hotel de Madrid con Andrei Yermak, asistente de Zelenski, para concretar el encargo de Trump. Así lo ha reconocido el propio abogado, que dijo a The Daily Beast que Yermak se había ofrecido a viajar a Estados Unidos, pero él le sugirió Madrid, adonde tenía que viajar de todas maneras por “negocios y vacaciones”.

El principal motivo de Giuliani para viajar a Madrid, según The Washington Post, era reunirse con Alejandro Betancourt López, empresario venezolano que amasó una enorme fortuna con la crisis eléctrica sufrida por el país sudamericano a finales de la década pasada. Giuliani, según el Post, fue huésped de Betancourt en una histórica finca de su propiedad a las afueras de Madrid.

Betancourt, en una muestra de su poderío financiero, adquirió en 2012 una finca de 1.440 hectáreas en Santa Cruz del Retamar, en Toledo, apenas 50 kilómetros al suroeste de Madrid, que antiguamente albergó el castillo de Alamín. El 3 de agosto, el día después de su reunión con Yermak, Giuliani compartía en su cuenta de Twitter cuatro fotos de paisajes del “sur de Madrid”, donde encontró “bellos pueblos”, “adorables campos” y “gente maravillosa”.

Resulta, según revela el Post, que Betancourt había contratado a Giuliani para ayudarle en su defensa contra una investigación del Departamento de Justicia estadounidense sobre lavado de dinero y soborno. Se antoja una buena jugada contratar al abogado personal del presidente para defenderse de una investigación llevada a cabo por su propia Administración.

Un mes después, según las fuentes anónimas citadas por el Post, Giuliani era uno de los abogados que defendían a Betancourt en Washington y se reunían con altos cargos del Departamento de Justicia para convencerles de que el empresario venezolano no debía enfrentarse a cargos en el caso, presentado ante la justicia de Florida, sobre una trama de saqueo y blanqueo de 1.200 millones de dólares. Betancourt no se encuentra entre los ocho acusados en el caso pero, según publicó el Miami Herald, se le menciona como conspirador.

Giuliani suele jactarse de que no obtiene beneficio económico de su trabajo pro bono para el presidente. Pero casos como este revelan cómo sigue ofreciendo sus servicios, simultáneamente, a clientes extranjeros con intereses ante la Administración estadounidense. Servicio público e interés económico privado se mezclan reiteradamente en la carrera del exalcalde de Nueva York. Pero en esta ocasión, en medio del proceso de impeachment de Trump, el asunto adquiere una nueva dimensión: además de ejercer de abogado del presidente, según han declarado varios testigos, Giuliani asumía en el extranjero una suerte de representación no oficial de Estados Unidos.

The Wall Street Journal publicó el lunes que la fiscalía de Nueva York está investigando los negocios de Giuliani en el marco de una causa por financiación ilegal de campaña contra dos asociados suyos, Lev Parnas e Igor Fruman. Parnas y Fruman, empresarios inmobiliarios en Florida y de origen ucranio y bielorruso, respectivamente, trabajaron con Giuliani, además de en otros negocios privados, en sus esfuerzos para que el Gobierno de Kiev investigara a los rivales demócratas de Trump. El 9 de octubre, fueron detenidos en el aeropuerto de Dulles, junto a Washington, acusados de dirigir fondos de un Gobierno extranjero a políticos estadounidenses. Ambos, según el Post, se alojaron también en la finca de Betancourt en la provincia de Toledo, cuando viajaron para reunirse con Yermak en un hotel de Madrid.

No es la primera que Venezuela sale a relucir en las investigaciones del impeachment. La experta en Rusia del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Fiona Hill, en su testimonio a puerta cerrada previo a su comparecencia pública del pasado jueves, aludía a un vínculo venezolano. “Me dijeron que los mismos individuos que han sido imputados [Parnas y Fruman] habían estado interesados, en diferentes momentos, en inversiones de energía en Venezuela y que esto era bastante conocido", dijo Hill, según la transcripción de su primer testimonio.

El País
Pablo Guimón
Washington, DC, EU
Miércoles 27 noviembre 2019.

Impulsados por el descontento con el presidente de Estados Unidos y por la apatía de los votantes demócratas, los republicanos conquistan el Senado

Washington.- El Partido Republicano obtuvo este martes su mayor victoria electoral desde que el demócrata Barack Obama llegó a la Casa Blanca en 2009. Impulsados por el descontento con el presidente de Estados Unidos y por la apatía de los votantes demócratas, los republicanos conquistaron el Senado, hasta ahora con una mayoría del Partido Demócrata, y ampliaron su mayoría en la Cámara de Representantes.

Las elecciones de medio mandato, las últimas antes de que Obama abandone el poder en 2017, conceden a la oposición el control absoluto del Congreso y aíslan a un presidente debilitado y en retirada. En las elecciones al cargo de gobernador, el Grand Old Party —el partido de Lincoln y Reagan, de Nixon y los  Bush— se impuso en bastiones progresistas como Maryland, Massachusetts, Maryland e Illinois.

La victoria culmina seis años en los que, elección tras elección, los republicanos han ocupado nuevas parcelas de poder en Washington. En 2009 el Senado y la Cámara de Representantes eran demócratas. En 2010, los republicanos ganaron la mayoría la Cámara de Representantes. El último paso sería la conquista de la Casa Blanca dentro de dos años.

Pero las legislativas raramente anticipan los resultados de las presidenciales. La batalla para suceder a Obama ha empezado e incluye a pesos pesados del Senado —los republicanos Rand Paul, de Kentucky, o Marco Rubio, de Florida son figuras emergentes— y a la favorita, la demócrata Hillary Clinton.

El resultado de las elecciones, tras una campaña en que se han gastado cerca de 4.000 millones de dólares, no es una sorpresa por la identidad del partido vencedor pero sí por las dimensiones del triunfo. La mayoría de sondeos pronosticaba que el Partido Republicano sumaría los seis escaños que necesitaba para hacerse con la mayoría.

Cerca de las once y media de la noche, los republicanos proclamaron la victoria tras confirmarse que habían arrebatado a los demócratas los seis estados necesarios para la mayoría de 51 escaños: Colorado, Arkansas, Montana, Virginia Occidental, Dakota del Sur y Carolina del Sur (el Estado que le dio la victoria final). Minutos más tarde, los republicanos declararon la victoria en Iowa.

Obama invita a la Casa Blanca a los líderes de ambos partidos en el Congreso, según anunció la Casa Blanca, antes de conocerse el resultado final
El senador por Kentucky Mitch McConnell, actual líder de la minoría, debe convertirse en el nuevo líder de la mayoría del Senado. Junto al presidente de la Cámara de Representantes, el también republicano John Boehner, será el principal interlocutor de Obama a la hora de gobernar la primera potencia mundial.

Obama ha invitado el viernes a la Casa Blanca a los líderes de ambos partidos en el Congreso, según anunciaron, incluso antes de conocerse el resultado final, fuentes de la Administración de Obama. En un discurso tras proclamarse vencedor en la elección por el escaño de Kentucky, McConnell tendió la mano a Obama y dijo que ambos deberán buscar puntos de coincidencia para trabajar juntos.

"Sólo porque tengamos un sistema con dos partidos no significa que debamos vivir en un conflicto perpetuo", dijo.

En lo esencial, el dominio republicano en ambas cámaras de Congreso no altera los equilibrios de poderes. Desde que el Partido Republicano asumió el control de la Cámara de Representantes hace casi cuatro años, la oposición ya disponía de un derecho de veto sobre las iniciativas de la Casa Blanca. Con el Senado y la Casa Blanca en manos demócratas y un ambiente de polarización ideológica, la política federal quedó bloqueada. En los últimos años el Congreso, uno de los más improductivos de la historia, no ha adoptado ninguna ley de calado.

La parálisis puede acentuarse tras la victoria republicana. Este partido es hoy más poderoso y dispone de más resortes para impedir nombramientos de altos cargos, iniciar investigaciones por casos de mala gestión o corrupción y desmontar leyes como la reforma sanitaria. El presidente preserva el poder de vetar las leyes del Congreso.

Otra hipótesis, a partir de ahora, es que el Partido Republicano —derechizado en los últimos años bajo el influjo del movimiento populista Tea Party— abandone la política del no y se convierta en un partido de gobierno. Ya no podrá escudarse en que el Senado es demócrata. Todo el poder legislativo es suyo.

Las elecciones renovaron los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 36 escaños del Senado. La victoria republicana refleja el rechazo de los votantes conservadores a Obama y el desencanto de sus bases tradicionales.

Las legislativas fueron en parte un referéndum sobre Obama y sus políticas. No es inusual que sirvan de castigo: desde Franklin D. Roosevelt todos los presidentes, con contadas excepciones, han perdido escaños en las elecciones de medio mandato. Los logros económicos de Obama —la tasa de desempleo, de un 9,5% en 2010, es ahora de un 5,9%— significan poco para unas clases medias que en la última década han perdido poder adquisitivo y que no se sienten beneficiadas por un ritmo de crecimiento que la mayoría de países europeos envidiaría.

Las legislativas fueron en parte un referéndum sobre Obama y sus políticas: desde Franklin D. Roosevelt todos los presidentes, con contadas excepciones, han perdido escaños en las elecciones de medio mandato
Además de la impopularidad de Obama, la baja participación, habitual en las legislativas, perjudicó a los demócratas. La amplia coalición de votantes que el presidente sacó a votar en 2008 y 2012 —jóvenes y minorías, entre ellas la más pujante: la hispana— se ha quedado en casa.

Que estuviesen en juego más escaños demócratas que republicanos ha influido: entre los derrotados se encuentran senadores que ganaron en 2008 aprovechando la ola de la obamamanía en estados conservadores.

Pero las elecciones arrojan signos preocupantes para Obama y su partido: el Partido Republicano vence en Colorado y roza la victoria en Virginia, estados tradicionalmente conservadores que Obama convirtió en demócratas en las presidenciales de 2008 y 2012. Es arriesgado extrapolar los resultados de estas elecciones a unas presidenciales, pero la coalición y el mapa de Obama parece desde hoy más frágiles que nunca.

El País
Marc Bassets
Washington, DC
Miércoles 5 de noviembre de 2014.

 

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