René Delgado

¡Qué interesante, difícil, prometedora y compleja situación!

Los actores principales y secundarios de la contienda electoral reconocieron y aceptaron sin chistar el resultado, pero la consecuencia está costando digerirla, incluso al propio Andrés Manuel López Obrador. El cambio de reglas en el ejercicio, el reparto y el sentido del poder se están tomando con júbilo y recelo. No tanto en el campo de la economía -donde las señales son de continuidad con ajustes en el equilibrio- como sí en el campo de la seguridad, la sociedad, la política y la administración.

Una cosa es el resultado electoral, otra la consecuencia política. No es lo mismo un tiempo de cambio, que un cambio de tiempo.

***

Ante la circunstancia, marcada por el pasmo de la oposición política, la ausencia del gobierno, el entusiasmo de los simpatizantes, la suspicacia de los adversarios económicos, la aversión de algunos comentaristas y el miedo de algunos medios, el candidato triunfante no pierde un minuto.

Andrés Manuel López Obrador reconoce la coyuntura y fiel a su sentido político, actúa con velocidad y un dejo de precipitación. Gana tiempo y espacio a la resistencia que, naturalmente, encontrará el cambio radical -de raíz, dice él- que pretende realizar. Entonces, trabaja sin descanso. Atiende a sus interlocutores, al tiempo que integra equipo; gira instrucciones; fija agenda y postura ejecutiva, administrativa y legislativa; encarga planes y delega tareas relativas a la inminente actuación de su gobierno.

Quiere llegar haciendo, no viendo cómo le hace.

***

En esa tesitura, el candidato triunfante anuncia medidas menores y mayores.

Desea con vehemencia asegurar resultados menores inmediatos -pensiones presidenciales, devolución del avión oficial, conversión de Los Pinos en sitio público, etcétera-, a fin de acrecentar y acreditar fuerza, respaldo y tino para generar resultados mayores posteriores -austeridad, seguridad, anticorrupción, justicia social. El título de la alianza que lo empoderó -Juntos Haremos Historia- no fue mera puntada. Quiere hacer de la alternancia, alternativa; no simple turno.

Le gusta y conoce la Historia y sólo tiene seis años para ser protagonista de ella, encabezando la cuarta transformación. Ahora no quiere escribir un libro, pretende aparecer en él.

***

El resultado marca el triunfo electoral de un candidato, la consecuencia reclama cumplir el mandato recibido que, en este caso, no sólo recayó directamente sobre el abanderado principal sino también sobre su movimiento. Como hacía años no ocurría, el electorado -fuente del poder- decidió privilegiar a una fuerza tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, así como en la mayoría de las gubernaturas estatales y las legislaturas que estuvieron en juego. Otorgó un poder enorme.

Ante al resultado no hubo resistencia, pero frente a la consecuencia hay algunas dudas y cuestionamientos. Y, ante ello, el candidato triunfante lanza un anuncio tras otro que, en su constante novedad, impide calibrar cómo cayó y se entendió el anterior. Quizá sea parte de una estrategia para conservar ventaja, pero si no es así, se están incrementando las expectativas y las dudas.

Ese vértigo está provocando mareos. Algunos actores se doblegan, otros dudan y algunos más resisten apoyarlo a secas. A la vez, el candidato triunfante está generando la impresión de cierta falta de articulación en los planes de mayor hondura: seguridad, descentralización, delegado único en los estados, etcétera.

***

Es prematuro tomar posturas inamovibles, es momento de ubicarse ante la consecuencia del resultado y no perder la oportunidad.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Justo a un año del emblemático suceso, esta es la cuarta y última parte de la carta del secretario Gerardo Ruiz:

"Señor Delgado, estoy consciente de que la función pública se encuentra permanentemente sometida al escrutinio y a la crítica de la opinión pública, que normalmente poco considera el esfuerzo y la entrega de miles de servidores públicos para cumplir con los resultados comprometidos que normalmente revisten complejidades técnicas, sociales y financieras de gran dimensión, aun así considero que son más los logros y resultados que la problemática afrontada.

"Entendiendo que estas dificultades son parte del oficio público que uno afronta en vocación de servicio, aun así considero que lo más importante y trascendente es cumplir con las principales metas comprometidas que son básicas para el desarrollo del país.

"Por último, quisiera comentar que la SCT ha realizado una política de transparencia y rendición de cuentas a través de la publicidad de los procesos de contratación, la apertura de expedientes, inclusión de testigos sociales; testimonios de Notarios Públicos, así como la publicación de informes de resultados semestrales y anuales de cada sector, la publicación en redes sociales, además de ser pionera en asumir el compromiso del estándar de contrataciones abiertas en tres proyectos emblemáticos: Nuevo Aeropuerto Internacional de México, Red Compartida y Nuevo Puerto de Veracruz. El propósito siempre ha sido que la Secretaría sea un libro abierto para la ciudadanía.

"Le agradezco se haya tomado el tiempo para leer estos comentarios y en caso de alguna duda con gusto le será aclarada, aprovecho la oportunidad para enviarle el último Informe de Acciones Relevantes de la SCT y el 5to. Libro de Infraestructura de Comunicaciones y Transportes, en donde se refleja con detalle en buena medida el trabajo que se ha realizado en esta Secretaría durante el último año, así como un USB con los libros de los años anteriores.

“Atentamente,
Gerardo Ruiz Esparza”.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 15 de julio de 2018.


René Delgado  

Votar primero y mostrar madurez después será clave el día de mañana.

E esa acción y actitud dependerá el amanecer del lunes o, si se quiere, el porvenir de un país urgido por reconciliarse y resolver de común acuerdo los problemas -destacadamente, la inseguridad, la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la vecindad con Estados Unidos- que, una y otra vez, han frustrado el anhelo de crecer con desarrollo y justicia, en paz, democracia, libertad y armonía.

La prudencia, entereza y tolerancia de candidatos, dirigentes, gobernantes, consejeros y magistrados electorales, periodistas e intelectuales, así como de la ciudadanía, estarán a prueba. Apartarse de esas conductas o, peor aún, intentar frustrar, desvirtuar o revertir la decisión tomada en las urnas, no sólo ahondaría el desencuentro nacional, facilitaría también la labor a quienes desde fuera -Donald Trump a la cabeza- y desde dentro del país -el crimen en su apogeo- se empeñan en socavarlo o herirlo.

Sería absurdo pasar, a partir del ejercicio de la democracia, del deshilvanamiento del tejido social y político al desgarre. De la confrontación al enfrentamiento.

***

El encuadre de las elecciones de mañana es en extremo difícil, complicarlo aún más sería peligroso.

Desde dentro, la delincuencia criminal y la delincuencia política han puesto al Estado contra la pared y han hecho de la violencia un recurso para intervenir en los comicios. Ante ellas, la debilidad ha quedado expuesta. Hay sangre en la arena. Crimen sin castigo. A lo largo del proceso electoral, el asesinato de 133 políticos -entre ellos, 48 candidatos- advierte de la incursión criminal en la soberanía popular. Ahora se sabe a quiénes el crimen político o delincuencial no quería ver en la boleta, pero no a quiénes colocó en ella.

En cualquier democracia, esa intervención exigiría una contundente campaña en su defensa. De parte de la autoridad gubernamental, actuar con rapidez y firmeza, no dejar impunes esos crímenes. De parte de los candidatos presidenciales, protagonistas centrales del concurso, suspender un día las campañas en favor de la paz y no sólo lamentar lo ocurrido. De parte de la autoridad electoral, demandar con vehemencia libertad y seguridad para votar y ser votados.

No hubo esa campaña ni esa defensa. En esa circunstancia, se va a las urnas.

***

Desde fuera, las agresiones y la hostilidad de Donald Trump en contra de México configuran la amenaza de un fascista, ansioso por postrar hasta la humillación a su vecino.

El amago ahí está y, tras la criticable postura de la Cancillería mexicana -cuando no dócil, tardía, siempre incapaz de formular una política integral ante el problema-, profundizar la división y animar la polarización dentro, colocaría al país en una situación de enorme debilidad ante el capricho y el prejuicio de un sátrapa, esquizofrénico y ensoberbecido.

De las agresiones externas cuando el país ha estado dividido, se han extraído las experiencias más amargas de nuestra historia.

Bajo esa amenaza foránea, se va a las urnas.

***

La elección de mañana como las anteriores es relevante, no hay duda, pero no reviste la importancia capital que se le ha querido imprimir. El país no se refunda ni se disuelve mañana, no se acaba ni inicia.

Elegir es importante, siempre y cuando haya de dónde escoger. Esta vez, sólo hubo una opción. Por la práctica prolongada de políticas cupulares, excluyentes y cerradas y por los errores cometidos ahora por los candidatos, partidos y administraciones que redujeron la alternancia a una cuestión de turno para seguir la misma rutina, estos no tuvieron qué proponer al país.

Votar primero y mostrar madurez después es clave para reponer el horizonte nacional.

CUENTA FALSA

Es falsa la cuenta en Twitter que aparece bajo el nombre del autor y el título de esta columna. Conviene advertirlo.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Segunda parte de la carta enviada por el secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza.

"Desde el inicio de la Administración como Secretario de Comunicaciones y Transportes Federal, le presenté para su aprobación al señor Presidente de la República el Programa Nacional de Infraestructura, mismo que buscaba resolver graves problemas estructurales del país como lo eran la saturación de autopistas, ejes troncales, carreteras, puertos y aeropuertos; así como el rezago existente en materia de Telecomunicaciones y en la Industria Aeronáutica, principalmente.

"El Programa se cumplirá en buena medida como uno de los más importantes en la historia de la SCT, el cual se sintetiza en la construcción de 52 nuevas autopistas y 80 carreteras con un total de 6,400 km; 56 libramientos, 50 nuevos distribuidores; la ampliación de los 10 accesos más importantes de la Ciudad de México, más de 36 mil km de caminos alimentadores y la ejecución de 10 proyectos bajo el esquema de Asociaciones Público-Privadas para la conservación y mantenimiento de infraestructura carretera de alta afluencia vehicular; la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; la modernización de 28 aeropuertos; duplicar la capacidad operativa de nuestros puertos de 260 a 530 toneladas por año; la construcción de los trenes México-Toluca, Ligero de Guadalajara y la Línea 3 del metro de Monterrey; la modernización de nuestro sector ferroviario de carga y el impulso al sector aeronáutico.

"Además de realizar una profunda transformación en materia de telecomunicaciones con proyectos como la Red Compartida, el programa México Conectado, Infraestructura Pasiva y la publicación de la Política Satelital Mexicana para atender la creciente demanda de conectividad del país". (Continuará).

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 30 junio de 2018.


René Delgado

Los asusta imaginar en la Presidencia de la República a una fuerza distinta a las conocidas y, entonces, aun cuando se dicen liberales y abiertos al cambio, instan a reducir la alternancia a una cuestión de turno entre los jugadores bien vistos en la liga. No les gusta la idea de entender la alternancia como una alternativa. Pensar en un nuevo reparto, ejercicio y sentido del poder, los aterra al punto de apartarlos del análisis y llevarlos a la adivinación, especializada en los presagios negros.
Los tutores de la democracia temen una calamidad, sin lamentar la ruina desde donde predican. Aferrados al presente continuo advierten: todavía nos puede ir peor. Mejor no moverle, mucho menos ensayar algo distinto.

Aborrecen la política popular y abierta como adoran la política cupular y cerrada.

***

Son curiosos los profetas que abominan al mesías. Desde el púlpito del elitismo o los salones donde conversan, fustigan el populismo a partir de la lectura de los pliegues de su miedo. Brotan arrugas en su frente.

Nada quedará en pie. No podrá con la corrupción. Acabará con la libertad de expresión. Arrasará con las reformas. Ejercerá el poder absoluto. Desmantelará el mercado. Resucitará al Estado. Sacará a los presos de las cárceles y encerrará a la sociedad en su fatiga. Secará los ríos y los lagos para saciar su sed de poder. Y, sin duda, regalará las reservas internacionales a los pobres, fomentando la holgazanería y acrecentando la inexistente deuda nacional.

Todos los males por venir pueden, según ellos, conjurarse en un tris dominical. Basta votar en contra, beneficiando al segundo lugar de la incompetencia sin importar quién sea. Reivindican la razón de la sinrazón, condenando la emoción derivada del malestar y el descontento social acumulado.

***

Desde la lógica del pavor, cuanto auguran los custodios de la democracia tutelada jamás ha ocurrido. Si la impresión es la contraria, en todo caso es un espejismo. Algo temporal y pasajero. Nos va mal porque vamos bien, más de uno ha explicado sin enredos. Cuando todo esté a punto, bastará la credencial de elector para acceder al paraíso sin escala en el infierno.

En ese momento aún sin fecha, la bonanza quedará fija en el calendario. Gobiernos más eficaces y honestos que los conocidos. Fiscales generales y especializados, autónomos e independientes, aunque ahora estén en la congeladora. Magistrados sin toga ni bolsillos, pero de gran talla, parecidos a los actuales, a quienes podrá llamarse por su apodo. El libre mercado corregirá la desigualdad social y emparejará las regiones, todos con educación y empleo en un país de una sola y altísima velocidad. Los maestros importados de Harvard darán clases en inglés, desde preescolar. Los inversores nacionales y extranjeros formarán fila, aún más nutrida, en la ventanilla única de nuestro anhelo. Las cárceles estarán al cien como las escuelas. Los muertos y los desaparecidos lamentarán haberse ido. La tasa de crecimiento exigirá usar cinturón de seguridad, dado su vértigo, aunque ahora avance a paso de tortuga. En Woodlands, el Infonavit construirá las viviendas de interés social y en Saint Tropez las casas de interés político. Qué Acapulco, ni qué Acapulco. Vamos, bastará decir qué se necesita para tenerlo.

Un paraíso sin par, a condición de no verse tentados por la idea de buscar otro derrotero ni cambiar el curso.

***

Los profetas son singulares, pero parejos. Así como no reconocen aciertos en la campaña del mesías, tampoco reconocen errores en la campaña de los suyos.

En la lógica de que las cosas suceden porque ocurren, explican que el puntero corra mucho y los segundos se queden atrás. Así, porque sí.

Nada les dice la privatización de los partidos, las prerrogativas, las candidaturas y las campañas de sus favoritos. Tampoco que el Pacto por México le haya dejado en exclusiva el monopolio y el territorio de la oposición a Morena, mientras el panismo, el perredismo y el priismo disfrutaban las mieles del ejercicio de la partidocracia, la política del canje y el reparto de posiciones y prebendas a partir del principio de cuotas y de cuates.

Aquel se aprovechó por no tener qué hacer, mientras aquellos se empeñaban en legislar mal las reformas y la administración, después, las implementaba peor. Un abuso.

Ante ese paisaje, los profetas miran con recelo el futuro próximo y promueven permanecer en el presente continuo.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

El secretario Gerardo Ruiz Esparza envió antier una carta a este espacio que, por su extensión, se publicará en partes. Esta es la primera:

 "SR. RENÉ DELGADO

 "PRESENTE:

"Desde hace varios meses en su columna 'Sobreaviso' que publica en el Periódico Reforma, realiza usted un comentario negativo sobre mi persona vinculado al lamentable accidente de Cuernavaca.
"Mi Coordinador General de Comunicación Social, Mtro. Rodolfo González, envió un escrito al Ing. Lázaro Ríos Cavazos, Director General Editorial de Grupo Reforma, mismo que usted ya conoce, razón por la cual ya no haré referencia detallada a los argumentos expuestos. En esencia lo que el escrito perseguía era acreditar con evidencias las causas del accidente, que desde mi punto de vista no dejan lugar a duda, resumiéndose en lo que invariablemente sucede cuando un tubo de agua se tapa con basura, termina por romperse y el agua se infiltra en el terraplén, basura que en este caso provenía de las barrancas de Cuernavaca.

"Le comento que a lo largo de mi carrera en el Servicio Público he luchado siempre por lograr las metas y los resultados que se me han encomendado y casi siempre he alcanzado los objetivos". (Continuará).

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 23 junio 2018.

René Delgado

Restan dos semanas para acudir a las urnas y, aun cuando la tensión derivada del concurso electoral tiende a disminuir, falta traspasar algunas aduanas.

Los obstáculos por salvar son cinco e involucran a autoridades gubernamentales y electorales, así como a los principales protagonistas de la contienda. Se trata de los atentados de origen criminal o político contra candidatos a puestos municipales o legislativos; el impulso de prácticas ilegales o antidemocráticas, significadas en la compra o coacción del voto; las actitudes de soberbia presumiendo el triunfo; los actos de desesperación ante la previsible derrota; y la tentación de impugnar sin fundamento el resultado, jugando con la nulidad.

A la autoridad gubernamental y la electoral corresponde actuar con prontitud y firmeza frente a los dos primeros; a los candidatos presidenciales, moderar y madurar su conducta aun en el último jalón o esfuerzo. Sólo así se podrá transitar de la sana incertidumbre electoral a la imprescindible certeza política que, por la adversidad proveniente del exterior, es fundamental para mantener en lo posible la estabilidad económica y social.

Incurrir en omisiones, errores o excesos al cierre de la contienda, la jornada o la calificación electoral podría acarrear un elevado costo nacional, cuando el entorno demanda correr con pies de plomo y, luego, conciliar y cerrar filas.

***

En las últimas dos semanas, la combinación de varios ingredientes contribuyó a distender la atmósfera.

El acercamiento al Consejo Mexicano de Negocios resultaba clave en el curso final de la campaña para Andrés Manuel López Obrador y, a partir de las versiones del encuentro, se atemperó la confrontación e, incluso, se plantó un principio de entendimiento entre ellos. Importante también, pero no primordial, era el respectivo diálogo de Ricardo Anaya y José Antonio Meade con ese sector del empresariado. Las diferencias entre aquellos y el Consejo eran menores ante la magnitud de las que se presumían con el abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia.

A su vez, la consonancia -matices de por medio- de la macroencuesta de preferencia electoral realizada por Coparmex-Fundación Este País con otros estudios de opinión serios, convalidó los reportes del posicionamiento y la distancia entre los candidatos al momento de levantarse esos sondeos.

Asimismo -y a reserva de conocer más adelante otros estudios de opinión-, la realización del tercer y último debate no sugirió ni sugiere un ajuste mayor en la situación de los presidenciables. Y, claro, el inicio del campeonato mundial de futbol -coincidente cada doce años con las elecciones en México- resta presencia a la contienda.

Sin desconocer que, al final, en toda elección cuentan sólo los votos, los ingredientes mencionados han distendido el ambiente que, por lo demás, no se cifra ni se cifraba en la duda de quién encabezaba la preferencia, sino en el carácter y el calado de su propuesta.

***

Es, en ese marco, donde los obstáculos a salvar durante las próximas semanas adquieren particular importancia.

Ante el homicidio de ciento catorce políticos y candidatos desde el pasado ocho de septiembre, fecha de inicio del proceso electoral, no basta la reiterada promesa de que el domingo primero de julio se votará en libertad y en seguridad. El único respaldo a la palabra empeñada es procurar justicia. No hay más. Presentar y consignar, al menos, a algunos de los homicidas que, por motivos criminales o políticos, liquidaron a quienes no querían ver en puesto de elección. Insistir en la pura declaración sin la acción abre la puerta a la actuación de esos grupos el día de los comicios.

Las notas, videos y fotos publicados por Reforma de operadores priistas y perredistas pretendiendo comprar o coaccionar el voto, reclaman la actuación rápida y decidida del fiscal electoral si pretende darle credibilidad a su función y a la elección. No proceder con prontitud y parar en seco esas prácticas antes de la jornada electoral vicia el proceso. De nada valdrá y servirá actuar después, cuando se haya lastimado ya la elección.

Si bien Andrés Manuel López Obrador, el puntero de la preferencia electoral, puede respirar con cierta tranquilidad y administrar su ventaja, cometería un error si asume una actitud de soberbia y, en la presunción anticipada de la victoria aún no coronada, insufla a los sectores radicales de su partido para desconocer un hecho innegable: parte de la ventaja del candidato deriva de su corrimiento al centro político. Uno de los muchos desafíos de López Obrador será cumplir las expectativas generadas a militantes, simpatizantes y aliados, integrantes, valga la paradoja, de un diverso universo y sostener las garantías ofrecidas a quienes temen de él acciones radicales o populistas.

Por último, desde luego los otros candidatos están impelidos a dar el último tirón, pero igual a contener a los desesperados, conversos y radicales que, también, hay en el seno de su respectiva organización. Es claro que, en la desesperación, hay a quienes tienta la idea de descarrilar los comicios en su último tramo, o bien, plantear su anulación aun sin elementos. Ante el desafío de las fuerzas derrotadas sería un desastre caer en tentaciones siniestras.

Sería peligroso ignorar las aduanas faltantes y descuidar la conclusión del proceso electoral frente a la adversidad proveniente del exterior y la urgencia de conciliar al país para encarar la circunstancia. Madurez, mesura y sensatez son exigencia. No entenderlo así pondría en juego la posibilidad nacional.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

La evidencia aflora día tras día; aquí, allá o acullá; en esta o aquella obra. Ni qué decir.

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Reforma
Ciudad de México
Sábado 16 junio 2018.

René Delgado

La temporada obliga a marcar las diferencias, no las coincidencias. Así es la temporada. Las elecciones son para eso, pero hay un problema: el suelo donde están parados los candidatos presidenciales es un polvorín.

La moneda vuela a la altura del precio incontenible de la gasolina. La virtual suspensión de la renegociación del Tratado de Libre Comercio y la amenaza de una guerra comercial alertan de un sacudimiento económico. La deuda de los estados y la Federación llenan los barriles sin petróleo. La corrupción persiste y se tolera. El problema de las pensiones ahí está, aun cuando nadie lo mencione. Las reformas estructurales -particularmente, energética, educativa y político-electoral- exigen su revisión. La violencia criminal y política aumenta, no cesa. La inseguridad pública tiende a derivar en una crisis de seguridad nacional. El irresponsable desmantelamiento del aparato de procuración de justicia colapsa al de impartición de justicia. La ausencia de gobierno es mayúscula. La configuración de las coaliciones integradas a partir del desfiguramiento de los partidos anticipa un desastre político. Todo en medio de un malestar y crispamiento social de doble mecha corta, tentados a expresarse como sea.

Agregar a ese cuadro ingredientes de desestabilización con fuego real o de artificio es en extremo peligroso. Nunca es bueno jugar con cerillos. Menos, si se está parado sobre un polvorín.

***

Prometer en tono distinto el cambio con futuro, el avance contigo o la cuarta transformación del país sin reparar en la situación interna y externa, así como en la estrechez del margen de maniobra es -dicho con suavidad- una quimera. Sólo garantizar el control o la contención de la circunstancia sería una osadía política, digna de reconocimiento. Si después de ello cabe sentar los cimientos de una propuesta distinta a la prevaleciente, mérito mayor de aquel que pudiera hacerlo.

Por lo pronto, el momento exige, sí, subrayar las diferencias, pero no convertirlas en motivo de ruptura. Exagerar las diferencias sin fincarlas en propuestas y sin mirar la circunstancia, es convocar a un juego eliminatorio. Eliminar no es sinónimo de elegir, sino de excluir, quitar, separar, matar... justo lo contrario a la política, justo el alimento del odio y el hartazgo social.

Ninguna democracia nace de la eliminación del contrario, ahí muere. Cuando ello ocurre, a la palabra "adversario" la reemplaza la de "enemigo".

***

El eje de la campaña electoral aún en curso se ha caracterizado por una paradoja.

Desde su propia perspectiva, las coaliciones Por México al Frente y Todos por México -curiosa la semejanza del nombre por cuanto revela su cercanía y distancia- han coincidido en repudiar y descalificar la propuesta de la coalición Juntos Haremos Historia, sin distinguir y presentar la propia. La propuesta del frente abanderado por Ricardo Anaya se resume en la continuidad con ajustes, instrumentada por un indefinido y abstracto gobierno de coalición; la de la coalición encabezada por José Antonio Meade se sintetiza en el continuismo sin ajustes, instrumentada por el grupo tricolor empoderado que, ahora, se debilita y resquebraja.

Una segunda y absurda paradoja. Esas dos coaliciones se han enfrascado en un pleito que, en el empeño por eliminarse entre sí, ha dejado el campo libre a la liderada por Andrés Manuel López Obrador, Juntos Haremos Historia. El priismo no logra desbarrancar a Ricardo Anaya y éste no consigue caminar al ritmo que quisiera y ambos niegan haber dejado escapar a su presa. Y la Procuraduría... ¡ay! la Procuraduría.

Algo más. Anaya denuncia el supuesto pacto entre Morena y la administración, anhelando en silencio reponer el que tuvo y Meade niega rotundamente la existencia de ese pacto, suspirando que su acuerdo con la administración se sostenga. Ambos disputándose el apoyo de ¡Vicente Fox!

Ante esa disputa y en condición de impulsar la mística del triunfo inevitable y ampliar su fortaleza en el Legislativo y las gubernaturas en juego, Andrés Manuel López Obrador no repara en la generación de expectativas, superiores a la posibilidad de realizarlas si se toma en cuenta la descomposición del cuadro económico.

***

Una peculiaridad más. Esta vez, la incertidumbre electoral no deriva de la competencia entre los candidatos.

Desde el arranque de la contienda y según los estudios de preferencia electoral, la ventaja favorece considerablemente a Andrés Manuel López Obrador. Los esfuerzos de Ricardo Anaya y los de José Antonio Meade en ningún momento han colocado en un apuro al puntero y sí, en cambio, a ellos mismos. La incertidumbre no deriva del desconocimiento de quién podría ganar, sino del conocimiento de quienes podrían perder.

Ahí se explica el ahínco en imbuir miedo a elegir al puntero. Surge del pavor de quienes temen no el cambio de reglas en el juego, sino quedar fuera del juego. Por eso, los llamados telefónicos atemorizantes y los videos difamatorios, hechos desde el anonimato de quienes, por el pavor a perder, ocultan su nombre.

Es una pena el repunte de esas prácticas, cuando se venían restableciendo puentes.

***

Jugar a descarrilar el concurso electoral en el último tramo o a generar expectativas por arriba de la posibilidad, a sabiendas del grado de descompostura del cuadro económico, político y social en un entorno adverso, es jugar con cerillos... sobre un polvorín.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Quienes conocen el trazo del tren Ciudad de México-Toluca y saben del soporte construido en el kilómetro 41, detrás del Monumento al Caminero, en el cauce del río Ocoyoacac, miran con miedo la obra. ¿Tienen motivo?

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Lunes 11 de junio 2018.


René Delgado

Sobreaviso


La administración encara una circunstancia en extremo delicada, cualquier movimiento en falso puede hacerla resbalar en una situación aún más compleja y arrastrar a la elección, si no es que al próximo gobierno.
Puede parecer exagerado, pero el momento exige al presidente Enrique Peña Nieto conjurar la vulneración de la soberanía nacional, popular y territorial; atemperar la tensión política con la élite empresarial; y controlar, en lo posible, los daños que le depara a su partido la desastrosa campaña presidencial de su candidato. Todo sin dejar de asegurar el proceso electoral en puerta, cuyos hilos se le están yendo de la mano.

No es hora de entrar por la puerta de atrás al debate electoral, pretendiendo defender o ensalzar el legado de la administración, sino de garantizar un mínimo de seguridad y estabilidad, cuando menos, ahí donde se puede.

***

En relación con la soberanía nacional, la provocación de Donald Trump imponiendo aranceles plantea la posibilidad de una guerra comercial.

Vale para los propósitos de una negociación dura aplicar el principio de reciprocidad: responder a los aranceles al acero y el aluminio con la imposición de otros, en los productos estadounidenses generados en el territorio donde el presidente Trump tiene su base social.

El recurso, bueno como primera reacción, tiene un límite. De ir a un escalamiento, México carece de parque para continuar: la dependencia es innegable. Resta suspender la negociación, recurrir a la Organización Mundial del Comercio, diseñar una estrategia con Canadá -si, finalmente, este país tiene interés en el comercio trilateral y no bilateral como, ahora, pretende Trump.

El margen de maniobra es reducido y la acción exige velocidad teniendo en frente la elección. Sería una pena que la actual administración tomara decisiones que, a la postre, afectarán a la siguiente gestión.

***

Con tropiezos, idas y vueltas, encuentros y desencuentros, aflojamiento y estiramiento, la relación de Andrés Manuel López Obrador con la élite empresarial es una montaña rusa, pero poco se sabe de la relación entre ese segmento empresarial y el presidente Enrique Peña Nieto.

Ha trascendido el desencuentro que tuvieron, pero no hay claridad del estado que guarda esa relación, y el ingrediente puesto por Donald Trump exige entendimiento entre los sectores políticos y económicos nacionales. ¿Qué hay al respecto?

***

La ola de violencia criminal, oficialmente reconocida, coloca en un apuro a la administración.

El crimen desafía a la autoridad en el campo electoral. Emite por anticipado y según el caso su voto de plomo o de oro. En más de un municipio elimina a quienes no quiere ver en la boleta y subsidia a quienes quiere ver triunfar. Y, de acuerdo con especialistas, bajo el manto de la impunidad criminal, algunos actores políticos aprovechan el recurso de la violencia para salir del adversario o el desvío de fondos públicos para impulsar al aliado.

Esa violencia criminal o política pone en riesgo la soberanía popular y, si bien las autoridades estatales y municipales tienen responsabilidad en garantizar el derecho a votar y ser votado, la autoridad federal no puede resbalar la propia.

A la vuelta de los años es claro que la flama de la violencia criminal se puede administrar, subir o bajar sobre la base de disminuir o acrecentar la presencia de las fuerzas federales y se ha visto que, a partir de la relación de las autoridades locales con las federales, se puede regular aquella.

La autoridad electoral debe administrar, vigilar y normar el proceso electoral; la autoridad federal está obligada a asegurarlo y garantizarlo. El operativo Escudo Titán no está arrojando los resultados esperados y el crimen está poniendo en peligro la soberanía popular. No basta decir estamos actuando, hay que actuar.

***

El incremento del robo de mercancías, combustibles e insumos de la producción, a partir del dominio criminal de ductos y vías carreteras o férreas, así como el cobro de cuotas a empresas, comercios e, incluso, a sus empleados, desafían en un punto neurálgico a la administración: la economía.

Por un lado, el crimen le disputa al Estado la soberanía territorial y, por el otro, le disputa el monopolio fiscal. En más de un lugar o plaza de la República, trabajadores, comerciantes y empresarios pagan un doble tributo: el fiscal y el criminal. Ahí está, con dolor en la memoria, aquella lideresa de locatarios en Acapulco, solicitando facilidades hacendarias para poder cumplir oportunamente con el tributo criminal que no concede plazos en el pago.

***

En ese cuadro se inserta el efecto que sobre el priismo puede tener la derrota electoral.

En ese terreno se advierten diferencias al interior del grupo que se apropió del PRI y, desde luego, el malestar de las corrientes excluidas en la decisión de postular a José Antonio Meade. De suyo grave la pérdida de la Presidencia de la República, a ella se suma la falta de competitividad del partido en la mayoría de los estados de la República con la gubernatura en juego y, en el arrastre, la disminución de su presencia en el Congreso de la Unión... con la consecuente pérdida de las millonarias prerrogativas.

Incorporar como el cuarto sector del priismo al calderonismo residual no es una alternativa.

El mandato presidencial concluye el primero de diciembre, no antes. Es mucho lo que está en juego. Es menester gobernar, aun cuando no se haya hecho a lo largo del sexenio.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Al parecer, el secretario de Comunicaciones y Transportes aceptará de buen talante las sanciones y castigos derivados del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca... siempre y cuando no lo incluyan a él.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 2 de junio de 2018.

René Delgado

Menudo error. A la administración se le olvidó gobernar.

Hechizada por el trámite y la instrumentación de las reformas hoy sujetas a revisión, se le pasó prestar atención a minucias tales como la seguridad pública que, hoy, deriva en amenaza a la seguridad nacional y la democracia.

Ahora, el crimen intensifica y diversifica su actuar en los campos de su tradicional dominio... y en otros más. Golpea no sólo a la sociedad, sino también a la economía: a centros neurálgicos del funcionamiento del Estado -vías de comunicación, banca y suministro de energía-. Por si ello no bastara, emite con anticipación su voto, amedrentando o eliminando aquí o allá a quienes no quiere ver en la boleta.

La administración vive un apuro, su candidato ni se diga. El crimen trabaja con denuedo y a los observadores extranjeros les inquieta la incapacidad oficial de dar garantías para votar y ser votado. Los invitados a certificar la pureza del proceso electoral miran con azoro la anormalidad democrática en que transcurre la campaña. Y, quizá, les asombra el dicho presidencial describiendo a México como una historia de éxito, mientras la gobernabilidad se desmorona.

No es una burla oficial, es un agravio cuanto está ocurriendo.

***

Desde que la administración elevó a rango de monumento a los indicadores macroeconómicos y los venera en el retablo de la estadística, optó por ignorar la realidad y la sociedad. Se desentendió de ambas.

Los reclamos ciudadanos le parecieron un zumbido, un ruido impertinente en la sinfonía de las reformas y los indicadores. Un ronroneo, digno de acallar con un spot: "¡Ya chole con tus quejas!", rezaba a finales de 2015 aquella propaganda de los genios de la comunicación oficial. Desde hace tiempo, la administración está sentida por la incomprensión. Malagradecida, nomás falta que digan a la sociedad.

Pese al creciente malestar, la administración mantiene la actitud. Insiste en regañar a la sociedad por su enojo y malhumor. "Piensen con la cabeza", le recomienda el jefe del Ejecutivo y, a manera de sedante, le recita el logro molido del porvenir que nomás no llega. Nada de lamentar tragedias, es hora de celebrar la felicidad.

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El problema es que, en plena campaña electoral, el crimen ha resuelto encarar al Estado, y la administración nomás no halla qué hacer.

El diccionario de la criminalidad engrosa de más en más el lomo de su edición en piel. Asalto, atentado, amenaza, cobro de piso, colgado, cuota, decapitado, encobijado, entambado, desaparición, descuartizamiento, diluido, ejecución, extorsión, feminicidio, huachicoleo, levantado, mutilación, ordeña, robo, saqueo, secuestro, trata, tortura, víctima, violación... forman ya parte del vocabulario cotidiano. Y el lenguaje criminal incorpora palabras día a día, contando en cada una de ellas una historia de horror. Historias familiares o personales que, en la lógica oficial, no reflejan la historia nacional. La distorsionan.

En estos días, sin embargo, la expansión de la industria criminal coloca en un predicamento a la administración en el templo de su veneración. A la vulneración de la seguridad pública se suma la de la seguridad nacional, considerando como tal la economía.

El incremento del robo de vehículos y del transporte de mercancías vía carretera o ferrocarrilera; el aumento del cobro de piso a empresas o industrias; el crecimiento de la succión de ductos de combustible; y, ahora, el hackeo del sistema de pagos electrónicos interbancarios, golpean a la administración justo donde le duele: la confianza en la inversión y la certeza del Estado de derecho.

Si el descuido de la seguridad pública no alteró, a su parecer, su proyecto económico y sólo le acarreó el repudio social, el descuido de la seguridad nacional pega en el corazón de la economía: la inversión.

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El impulso del transporte vía férrea derivó, en cierta medida, del incremento del robo en el autotransporte de mercancías carretero. Si, ahora, el crimen es capaz de descarrilar trenes en cuestión de minutos y contratar un ejército de saqueadores, el problema es en extremo delicado.

Aun cuando suene absurdo, no importa tanto el monto del robo o la merma provocada por el daño, como la evidencia de la incapacidad oficial para ejercer el dominio y el control de las vías de comunicación terrestres, las venas de la economía. En Orizaba se taponó una arteria.

Si el aumento en el asalto a ferrocarriles es consecuencia de los operativos contra la ordeña de ductos, como refieren algunas fuentes, asombra que, tras acumular una pérdida de treinta mil millones de pesos durante el año pasado, a causa de más de diez mil piquetes en las tuberías, la autoridad haya considerado hacer algo al respecto. En doble sentido, el Estado perdió y pierde energía.

Si no se esclarece y castiga el robo cibernético a la banca, poco importará la cantidad sustraída. La gran pérdida se cifrará en la desconfianza en esa institución central de la economía. Si persiste el cierre de almacenes, minas, refresqueras e industrias por negarse a pagar derecho de piso y prevalece el doble tributo -fiscal y criminal-, la inversión terminará por frenar su ritmo.

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Los atentados contra electores y candidatos revelan la ausencia de garantías para votar y ser votado, los atentados a las vías por donde corre la economía revelan la ausencia de gobierno.

Hoy, no mañana, la democracia, la economía y el Estado de derecho están en peligro. Convendría gobernar, aunque sea un rato, al final de la gestión.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Se cae un avión certificado para volar con seguridad, se zafa otra vez un doble remolque autorizado... ah, qué lata con las comunicaciones.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 26 mayo 2018.


René Delgado

Mañana será un día clave en el porvenir de José Antonio Meade y el PRI, sobre todo, a partir del relanzamiento sin efecto de su campaña y el retiro de la candidatura de Margarita Zavala.

Si el simpatizante tricolor con alma albiazul y, por lo mismo, sin definición, arrojo ni carácter político no se planta y descuella en el debate, su suerte estará echada. Sus padrinos y patrocinadores voltearán a otro lado e intentarán, en lo posible, asegurar su presencia en la contienda por el Legislativo, pero ya no por el Ejecutivo a través de su original abanderado.

Meade camina en la cuerda floja con los ojos cerrados. El momento exige un funámbulo experimentado.

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La privatización o el secuestro del PRI por parte del grupo en el poder, ahora dividido, plantea un serio problema no sólo al reducido clan y su candidato, sino también al conjunto de la militancia, en particular a los cuadros excluidos del juego donde quedó inserto su partido.

En el afán de asegurar la continuidad y el control del proyecto, ese grupo se apoderó de la candidatura y postuló a un hombre con oficio en la administración, pero no en la política. Un funcionario destacado. Un servidor más comprometido con la vieja élite albiazul o la nueva tricolor, que con el público. Un simpatizante con algunas prendas profesionales, pero pocas políticas. Tanto así que, aun hoy, no está claro si él lleva las riendas de su propia campaña.

De ese modo, el clan hegemónico tricolor excluyó y marginó a otros cuadros que, sin formar parte de su grupo, sí garantizaban un mayor desempeño y rendimiento político. Políticos que, sin manifestarlo, ahora se deslindan de cuanto acontece, o bien, juegan a la posguerra a partir de asumir por anticipado la derrota de su partido. La baraja del priismo sí contaba con otras cartas, pero el grupo fuerte quería la mano completa. Nada de andar partiendo y repartiendo cartas. Hoy, esa reducida élite se pelea entre sí el mazo de su ilusión.

Ese clan no pudo escapar a la contradictoria rutina establecida por él mismo. Sumar, luego restar. Mostrar arrojo y decisión, luego pasmo y titubeo. Operar sin calcular, luego dudar y desesperar.

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Armado a medias el entramado jurídico de las reformas que impulsó, ese grupo no pudo: se distrajo y se enredó en vez de gobernar.

Soltó las amarras de la operación política que le permitió cambiar artículos, leyes y reglamentos; instrumentó sin ritmo ni estrategia las reformas; desatendió la seguridad pública hasta profundizar la violencia, despreció los derechos humanos y, algo peor, fomentó la voracidad sobre los recursos públicos y la licitación de contratos.

Dejó en exclusiva el monopolio opositor a Morena, al sumar y sumir en arreglos, transas, negocios y cuotas a sus aliados en el Pacto por México y, más tarde, desentenderse de ellos para reubicarlos como adversarios. Despidió con buenos y malos modos a los cuadros tricolores sin membrecía en su selecto grupo. Cobijó a quienes, siendo suyos, aparecían con las manos en la corrupción, persiguiendo sólo a los prescindibles. Poco a poco, ese clan fue tomando o retomando el control de dependencias gubernamentales y el partido, perfilando la ambición de reconcentrar el poder y reelegirse. La procuraduría, la hacienda, la fiscalía, la cancillería, el partido -dirección, asamblea y candidatura-, más tarde la gobernación, todo para sí, y alargaron la cadena de errores, cometiendo otros.

Con júbilo cerraron la distancia entre la administración y el partido y, hasta con chistes sin sentido del humor -"no se despisten"-, celebraron la reposición de la liturgia del "destape", usando y desechando a los demás "tapados". Se les escapó un detalle. La vieja liturgia ya no garantizaba el acto central de la ceremonia, que el finalmente "destapado" fuera el sucesor. Hasta inventaron candidatos independientes que, al final, mostraron su dependencia y el cobre de su funcionalidad o, incluso, disfuncionalidad.

Apareció, entonces, el "destapado" sin acabar de entender bien el asunto de la candidatura sin póliza de cobertura amplia y la campaña.

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Al peso de la losa de abanderar un partido desprestigiado y una administración sin aceptación, el candidato José Antonio Meade no dudó en sumarle algunas piedras a la carga, mientras presumía cómo él perdía peso.

Diciendo pretender ir hacia adelante, una y otra vez retrocedió. Festejó cuantas veces pudo, foto de por medio, contar con el consejo y el apoyo de un exmandatario panista, el populista Vicente Fox, y ninguno del PRI. Incorporó como su contravoz a un panista, que luego se mordió la lengua. Integró a una estratega en comunicación albiazul que, hasta ahora, no ha abierto la boca. Invitó a un frustrado candidato independiente a comer tacos con él y jugar futbol a su favor. Más tarde, con título de simpatizante se arrogó, según él, la decisión de echar al presidente del partido que lo adoptó, sin hacerlo suyo. Agradeció una y otra vez el apoyo y el abrazo de los peores ejemplares del priismo, jurando ser muy distinto a ellos. Veneró el triunfo del PRI en el Estado de México, instando a repetirlo con él. Y, luego, vistió el chaleco rojo cuando ya no hacía calor.

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La suma de errores combinados tendrá mañana al candidato y al partido tricolor en la cuerda floja, si José Antonio Meade no muestra temple, arrojo ni simpatía ante los electores y avanza hacia atrás y no al revés, la suerte de su participación en la contienda estará marcada por una realidad y una percepción muy difíciles de revertir. Y, entonces...

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Al parecer, en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes están buscando el paso exprés para salir, ahora, del tren... de acontecimientos por venir.

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Reforma
René Delgado
Domingo 20 de mayo de 2018.


René Delgado

La ríspida confrontación política y la creciente violencia criminal son un peligro, una amenaza no sólo a la elección sino también a la estabilidad, a la democracia en su conjunto.

Asombra que las autoridades gubernamentales lejos de perseguir y castigar esa violencia criminal, animen la confrontación política. La tarea de la administración concluye hasta el primero de diciembre, no antes. Garantizar el derecho a votar y ser votado, cuidar del proceso electoral y evitar su descarrilamiento es -en el terreno de la seguridad- su responsabilidad.

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A fuerza de homicidios y amedrentamiento, aquí o allá y sin importar la filiación partidista, quizá a fin de preservar acuerdos o dominar territorios, el crimen determina quién puede y quién no aparecer en la boleta electoral. El crimen elimina, no elige. Y, al parecer, a la autoridad poco le importa esa forma de participación política criminal, que bien se podría denominar la elección del revólver.

Las cifras de Etellekt Consultores -especializados en riesgos- son elocuentes. Del ocho de septiembre del año pasado, fecha de arranque del actual proceso electoral, a este ocho de mayo sumaban 305 agresiones las cometidas contra dirigentes y cuadros partidistas, así como contra alcaldes y exalcaldes, precandidatos y candidatos, fundamentalmente del ámbito municipal. A resultas de esas agresiones son ya 93 los ejecutados, contándose entre ellos 35 precandidatos y candidatos. Adicionalmente, "44 familiares de actores políticos" fueron ultimados.

A esa cifra terrible, de acuerdo con la nota principal del Excélsior de ayer, se suma otro dato no menos importante. Un millar de candidatos a representaciones o puestos municipales, estatales o federales declinaron su aspiración por temor al crimen, obligados por sus partidos o por cuestiones personales.

No en vano hace unos días, la magistrada presidente del Tribunal Electoral, Janine Otálora, advirtió en una conferencia: "podrían encontrarse en la violencia, formas alternas, ilegales e inaceptables de decidir quién esté y quién no esté en la boleta electoral". Señalamiento al cual se agrega el reiterado llamado del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, a frenar de tajo la violencia y moderar el tono y la rispidez del debate electoral (Entredichos de reforma.com).

Ciertamente, dada la dimensión de los puestos en juego en esta elección -más de 3,500 posiciones- la cifra de ejecutados es marginal, pero no puede negarse que el crimen está interfiriendo en el proceso electoral y si la confrontación electoral se radicaliza aún más, la violencia podría contaminar la política y ésta a la violencia. Ya una vez, "un loco solitario" tomó la vida de Luis Donaldo Colosio y a punto estuvo de descarrilar la República. Tampoco puede justificarse tanto morir por simples ajustes de cuentas.

El escenario es en extremo peligroso. Y, justo al escribir estas líneas, las alertas informativas instaladas en el celular reportan una ejecución más, otra más. El turno correspondió, ahora, al candidato de Morena a la alcaldía de Apaseo el Alto en Guanajuato, José Remedios Aguirre...

¿Cuántos más caerán antes de llegar al primero de julio?

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Ese escenario lo conoce y lo vivió el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida. Por eso asombra que no le dé la debida importancia a la crispación política y la violencia criminal.

El 10 de enero es fecha importante para el funcionario. Ese día, hace veinticuatro años, llegó a Gobernación como secretario particular del doctor Jorge Carpizo, quien asumía la Secretaría en medio de una crisis producto de la combinación de la violencia y la política. El 10 de enero de este año, Navarrete regresó a Gobernación como secretario y, ahora, afronta un cuadro difícil: crispación política y creciente violencia.

Desde luego, la violencia de estos días es distinta a la de 1994. Aquella tenía causas sociales y políticas y era focalizada y selectiva. La de hoy es criminal, dirigida y multipolar.

Por eso asombra que, pese a cuanto está ocurriendo, la administración no manifieste vivo y rápido interés en perseguir y castigar las ejecuciones cometidas por el crimen que atentan contra el proceso electoral y, lejos de atemperar el tono y la rispidez del discurso político, lo alienta. Se retroalimentan impunidad criminal y pusilanimidad política.

El presidente de la República, Enrique Peña Nieto, no ceja en el afán de mostrarse como jefe de campaña de su candidato y, burla burlando, no ceja en el afán de inclinar la balanza a favor de su partido. No se planta como autoridad de gobierno, sino como debatiente sin aspiración en el concurso electoral, donde jura no participar. Si de "pensar con la cabeza" se trata, no estaría de más mirar el espejo.

Y al velador de la Procuraduría, Alberto Elías Beltrán, poco le importa usar como ariete la dependencia a su cargo contra el adversario electoral, en vez de ir por homicidas. Los magistrados electorales José Luis Vargas y Felipe Alfredo Fuentes Barrera a la cabeza confunden la investidura con el vestido y se miden la toga que no les queda. ¿Será verdad que estudian la posibilidad de anular le elección?

Juegan con las instituciones, enrarecen la atmósfera política cuando la violencia campea.

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No frenar la violencia, no atemperar el discurso sólo promete, en nombre de "la anormalidad democrática", hundir en la incertidumbre a la República.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

¡Ah, qué curioso! Según el tema a debate, en Los Pinos presentan al secretario del ramo correspondiente. Eso no ocurrió en la defensa de la construcción en sus términos del nuevo aeropuerto, no llevaron a Gerardo Ruiz Esparza. ¿Por qué será?

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Domingo 13 de mayo 2018.


René Delgado

Borrar dieciocho años en menos de sesenta días, políticamente -o sea, sin abandonar los cauces legales y civilizados- es en extremo difícil. Y, antes de ir a las urnas, el primer voto a emitir consiste en desactivar la tentación de hacerlo a como dé lugar. El puro intento implicaría el peligro de arrastrar al país a un escenario mucho más complejo al prevaleciente.
Polarizar al electorado poniéndole, otra vez, el cuchillo entre los dientes o convertir la elección en una eliminación, cuando la violencia criminal y social se expresa diaria y brutalmente, podría descarrilar no sólo el proceso electoral sino desgarrar el ya de por sí deshilvanado tejido político y social.

Antes de animar la confrontación, de alimentar la rabia o de azuzar al miedo, los actores políticos, formales e informales, deben cobrar conciencia del terreno donde están parados.

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Sin restarle mérito a la hazaña de Andrés Manuel López Obrador de concebir y armar un movimiento en menos de seis años, en la construcción de la posibilidad de su triunfo electoral contribuyen en muy buena medida las administraciones de los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional. A su pesar, ambas fuerzas le ayudaron. Y, además, esas administraciones terminaron por desvertebrar a sus respectivas organizaciones políticas.

Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto desperdiciaron o perdieron la oportunidad de convertir la alternancia política en una alternativa nacional. La redujeron a una cuestión de turno en el ejercicio del no poder.

El populismo que hoy aterra a Vicente Fox fue su práctica presidencial. Tuvo todo para transformar el régimen: condiciones económicas, legitimidad política y ánimo social, pero hizo de la popularidad, el chistorete y la frivolidad el sello del hito histórico supuesto en la derrota del partido tricolor. Da risa verlo condenar el populismo, sin dejar de militar en él.

De principio a fin, Felipe Calderón hizo de su mandato un desastre. No supo cómo remontar los términos de su acceso a Los Pinos y, en el afán de legitimarse a partir de la fuerza y a costa de la política, metió al país en una guerra contra el crimen. Una aventura que, lejos de arrojar el resultado deseado, hizo del país una fosa. Casi un cuarto de millón de vidas ha cobrado hasta hoy la ocurrencia. Calderón apreció más la casaca militar que la investidura presidencial y no dio la talla en ninguna.

Ahí, la dificultad de Ricardo Anaya para deslindarse sin romper con las administraciones impulsadas por su propio partido.

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El presidente Enrique Peña Nieto ensayó y entusiasmó, en un primer momento, con el Pacto por México, pero tres cuestiones echaron por tierra su proyecto. Una, el acierto de hacer fortaleza de la debilidad de la oposición panista y perredista, incorporándola al Pacto, terminó por vulnerar a su propio partido, así como a los otros dos, dejando el monopolio de la oposición al movimiento de López Obrador. Los integrantes de la partidocracia se redujeron y la distancia con la ciudadanía se alargó.

Dos, la minusvaloración del hartazgo social ante la violencia y la inseguridad, así como ante la corrupción y la impunidad, golpeó la instrumentación y expectativa generada por las reformas. Además, frustró la posibilidad de transitar de la administración al gobierno.

Y, tres, la suma del conjunto del priismo al inicio de su administración concluyó en su resta hacia al final, concentrando las decisiones en un grupo reducido y los beneficios en una élite.

A lo largo de esos dieciocho años y en alianza sibilina desde 1988, el panismo y el priismo, junto con sus administraciones, parecían impulsar una democracia tutelada del centro a la derecha, apartada de la gente. Ahí cobraron fuerza las agrupaciones de la sociedad civil organizada y el surgimiento de movimientos sociales.

La política cupular y excluyente fortaleció la política social e incluyente.

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Hoy, las acciones y omisiones practicadas por las administraciones en lo que va del siglo les estallan a los grupos hegemónicos de los partidos albiazul y tricolor, en una circunstancia especial.

El desencuentro experimentado entre Ricardo Anaya y la cúpula tricolor dificulta la posibilidad de reparar puentes entre ellos, y sus partidos viven una crisis a su interior. Asimismo, sus respectivas candidaturas afrontan problemas: Ricardo Anaya es víctima del éxito de haber constituido el Frente que lo apoya, sostener esa coalición obliga a guardar equilibrios paralizantes; el grupo tricolor que impulsó a José Antonio Meade ganó la candidatura, pero perdió al partido y, aun cuando intenta corregir el desacierto, su abanderado no logra consolidarse como un competidor.

Tal desencuentro y circunstancia ayuda y fortalece a Andrés Manuel López Obrador, quien supo encontrar el lenguaje, la actitud y los asuntos emblemáticos que calan en y entusiasman a importantes sectores de la sociedad.

Revertir esa situación por la vía política supondría una hazaña de muy difícil realización, intentarlo por una vía no política podría dar lugar a una crisis superior a la de 1994: una fractura que, dada la fragilidad del país hacia dentro y hacia afuera, precipitaría lo que supuestamente se quiere evitar: incertidumbre política, inestabilidad económica y enojo social.

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Faltan menos de sesenta días para ir a las urnas, pero desde hoy debe votarse a favor de que los actores políticos y los factores de poder se mantengan dentro de los canales fijados por la ley y la civilidad... sólo así se podrá evitar un susto mayor, producto de la rabia o el miedo.

El socavón Gerardo Ruiz

Si en el eventual gobierno de José Antonio Meade "no habrá estafas maestras, ligas, escándalos ni naves industriales", ¿habrá socavones?

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 5 de Mayo de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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