René Delgado

El nombre del candidato oficial aún es desconocido, pero no su apellido.

La oportunidad es buena entonces para recordar su origen y cuna política porque, aun cuando, quizá, se pretenda, es imposible desvincular el nombre de pila del nombre de familia... y el apellido corresponde al de Partido Revolucionario Institucional.

Es bueno recordarlo ahora porque, cuando surja su nombre, más allá de sus virtudes y vicios, brotará también su ansia por imaginarse con la banda tricolor terciada al pecho y, ante la sola posibilidad, entenderá como un asunto personal la crítica a su apellido: el sello de casa que lo impulsa y frena.

No siempre se puede aislar o separar la biografía de la historia, el primer nombre del último ni el futuro anhelado del pasado ineludible.

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Al candidato oficial le pesará explicar cómo su familia desperdició la oportunidad de reivindicarse ante la sociedad y la historia, habiendo regresado a la casa de donde fue echado casi dieciocho años atrás. No la aprovechó para rectificar la conducta que lo expulsó de ella y sí, en cambio, ratificó los términos de su deshonra: la pusilanimidad, la complicidad y la impunidad, haciendo de la corrupción práctica voraz.

Del pacto para alcanzar un acuerdo nacional pasó al impacto del desacuerdo nacional, poniendo en juego la estabilidad.

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Uno. El Revolucionario Institucional sobrevivió fuera de Palacio doce años y, a excepción de algunos de los cuadros que lo condujeron en esa larga y sinuosa travesía, el partido como tal eludió plantearse su reinserción en el ejercicio del poder al punto de caer en la práctica del no poder.

Supo, si se quiere, diseñar la estrategia para recolocarse en la escena, ganar la elección presidencial pero no conquistar el gobierno. La falta de reflexión le impidió convencer de la razón de su retorno; la sobra de recursos, acariciar de nuevo el sueño.

No hizo el balance del motivo por el cual salió de Palacio, como tampoco el corte de caja del estado en que recibió la administración al regresar a ella. No pintó su raya ante el calderonismo y, entonces, su responsabilidad adquirió tinte de complicidad.

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Dos. Reinstalado en Palacio, a ritmo de bienio, la administración del PRI pasó de la osadía al titubeo y la parálisis. De ahí, al miedo y la desesperación. No supo transformar la victoria electoral en la conquista del gobierno.

Tras el relativo logro legislativo de darle marco jurídico a la reestructura pretendida -en más de un caso, leyes mal hechas que hoy tienen en vilo a más de una estructura, institución y proceso-, el Revolucionario Institucional cometió errores que terminaron por arrastrar la posibilidad de su gobierno y entró en pánico escénico.

Vinieron entonces la indecisión y la parálisis, más tarde el desentendimiento, recubierto de un sentimiento de incomprensión. Conclusión: borró y pervirtió el principal postulado de su regreso: los priistas sanguíneos y consanguíneos no supieron gobernar.

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Tres. Al cometer aquellos errores, la administración envió un mensaje indigerible: importa más una casa en Las Lomas que una residencia en Los Pinos.

De mil y un formas, se intentó explicar la injustificable conducta y, quizá, tal impostura dio rienda suelta a muchos de los hoy ex gobernadores y ex funcionarios sujetos a investigación, proceso o extradición judicial. Cuadros que, al ser descubierta su rapaz voracidad -en muchos casos, desde el exterior-, el PRI comenzó a expulsar y, luego, al crecer su número, optó por ignorar siendo que, en su credo, encarnaban la nueva generación de priistas.

Al incorporar la persecución judicial y la cárcel como parte del arsenal y de la escena política, hoy a más de un priista le provoca escalofrío el ruido de una reja al cerrarse.

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Cuatro. En el campo de los derechos humanos, el PRI hizo de las fosas clandestinas o el encubrimiento de los crímenes de Estado el entierro de su credibilidad.

Al regresar a Palacio, el priismo prometió una estrategia no distinta, sencillamente una estrategia frente al combate al crimen. Sin embargo, continuó la aventura de Felipe Calderón, añadiendo un ingrediente: la mentira. Tlatlaya primero, Iguala después y más tarde una serie de matanzas donde los caídos cambiaban de posición después de muertos. No sólo borró la promesa, generó una más cruel realidad.

El número de homicidios dolosos y la diversificación de la industria criminal ya no es récord de la administración de Calderón, sino de la actual. Si, como antes, los muertos votaran, el PRI perdió un caudal de votos.

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Cinco. Ausente el gobierno, la política interior se convirtió en una agencia de negociaciones para postergar la solución de los conflictos y, entonces, de la política exterior ni la sombra quedó. De la escuela de Tlatelolco se hizo un taller de aprendizaje experimental con un gran desfile de alumnos.

El país flota porque ya no pesa.

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El nombre del candidato oficial aún no se conoce, sí su apellido.

Podrá el candidato intentar desvincularse del Revolucionario Institucional. Decir que, a diferencia de su familia, él no hará de la casa de gobierno una tienda de campaña; que modificará conductas en vez de reformar leyes; que ya no consagrará derechos en la Constitución para anularlos o dificultarlos en el reglamento; que ya no hará de las arcas públicas caja personal de ahorros y de las licitaciones, pagarés a sí mismo o a un hombre de paja...

Podrá intentarlo, pero hay un hecho ineludible: si bien el nombre cuenta, pesa el apellido. A saber, si el candidato oficial podrá resolver su postulación en gloria inesperada o sacrificio absurdo.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Sobra, hoy, explicar por qué se tiene más presente al socavón de Gerardo Ruiz Esparza que al Paso Exprés de Cuernavaca.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Sábado 11/11/2017.


René Delgado

Si la oposición hizo del conflicto postelectoral el colofón de los comicios, ahora el PRI integra el conflicto preelectoral como su prefacio.

En ese esquema, sin duda, el desarrollo, el clímax y la conclusión de las elecciones será un problema... Por lo pronto, más de una institución política y más de un asunto del interés público resienten el efecto del jaloneo que, a la vez, impulsa la volatilidad de la moneda, animada por la incertidumbre en torno al Tratado de Libre Comercio.

La tensa atmósfera provocada por el partido oficial y sus operadores en la administración, el Parlamento y el Tribunal Electoral se explica en una hipótesis: si finalmente prospera el Frente Ciudadano por México, la estrategia ensayada por el tricolor en los comicios del Estado de México y Coahuila se viene abajo y complica las posibilidades del priismo.

Vulnerar alianzas; acrecentar el número de candidatos; inflar artificialmente a algunos de los competidores; comprar, coaccionar y fragmentar el voto; y, así, ganar la más grande minoría de sufragios le funcionó al priismo sobre todo en el Estado de México y, probada la estrategia, no quiere modificarla, sobre todo, estando en el tercer lugar de las preferencias electorales.

De ahí, el giro en la ofensiva original del priismo. Aflojó la equiparación de Andrés Manuel López Obrador con el torpe mandatario venezolano Nicolás Maduro y abandonó parcialmente la condena del supuesto populismo que, llegado el caso, se instalaría en México. El nuevo objetivo fue y es vulnerar el liderazgo del panista Ricardo Anaya y la perredista Alejandra Barrales en el ánimo de restarle posibilidades al Frente que, por lo demás, aún no tiene su prueba de fuego: determinar el mecanismo de selección de su candidato y, desde luego, postularlo con el apoyo de sus respectivas bases y el entusiasmo ciudadano.

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El problema del giro dado por la dirigencia tricolor, en el ánimo de retomar más adelante la estrategia original, es delicado: el conflicto que está generando golpea duramente al Poder Legislativo, profundiza la crisis prevaleciente en el campo de la procuración de justicia y agrega variables ajenas a su control.

El golpeteo directo sobre la figura del dirigente panista, Ricardo Anaya, no tuvo el resultado esperado y la intención de fracturar al partido albiazul en el Senado no provocó el desgrane a la velocidad y cantidad previstas y sí, en cambio, desestabilizó al Congreso de la Unión. A casi dos meses del arranque del periodo ordinario, el Poder Legislativo no consigue fijar una agenda compartida de trabajo, desatiende tareas importantes y cae y recae en crisis que paralizan o afectan su actividad, arrastrando con ello asuntos del interés público.

El colmo del absurdo es que la ofensiva desatada por el priismo contra los dirigentes partidistas, integrantes del Frente, ha contribuido a consolidar la posibilidad de éste.

La desesperación del tricolor por reposicionarse antes del arranque de la campaña electoral lo está llevando a cometer locuras que, en un resbalón, podrían complicar la situación del país, la del propio partido oficial y, desde luego, de quien finalmente sea su abanderado.

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Fallida la intención de vulnerar el liderazgo del panismo, de fracturar de un golpe a ese partido y, por lo mismo, al Frente, así como fracasada la estrategia de exhibir la mezquindad de las oposiciones por no renunciar a las prerrogativas partidistas y eliminar la totalidad de los legisladores plurinominales en apoyo a los damnificados por los sismos, el priismo patina frente a otro problema.

Indigerible la idea de demostrar que la corrupción es un fenómeno cultural que abarca a todos por igual, postergada una y otra vez la posibilidad de instrumentar las reformas elaboradas para combatirla e incorporada la cárcel como parte del escenario político, el priismo no ata ni desata qué hacer frente al problema. Sólo profundiza la crisis en el ámbito de la procuración de justicia y exhibe su incapacidad para encararla.

Lejos de presentar las imputaciones contra quienes están involucrados en los presuntos sobornos de Odebrecht, tal cual lo anunció Raúl Cervantes hace ya casi dos semanas, al momento de renunciar a la Procuraduría, la administración cesó al fiscal electoral, Santiago Nieto, quien investigaba el derrame de los supuestos sobornos a la campaña del hoy presidente Enrique Peña Nieto. En algún momento, Nieto deberá rendir cuentas de su actuación frente a las causas de su remoción y sus contradicciones.

Lo cierto es que, en medio del conflicto preelectoral, la República no tiene procurador ni fiscal general, no tiene fiscal anticorrupción y, ahora, tampoco electoral y, como agregado, está en duda si el encargado del despacho de la Procuraduría satisface los requisitos para ocupar esa oficina.

La procuración de justicia de momento está suspendida. De ese tamaño es la crisis.

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Se entiende que si el PRI arranca la campaña en el tercer lugar de las preferencias electorales y la posibilidad de fragmentar el voto la disuelve el Frente Ciudadano por México, el tricolor está en un apuro. Sin embargo, inaugurar la era del conflicto preelectoral y poner en juego instituciones y asuntos nacionales por intereses electorales, abre la posibilidad de que el país se encuentre frente a escenarios verdaderamente complicados, en buena medida, generados por el temor a perder Los Pinos y lo que de ahí derive.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

El secretario ya logró abrir un sentido del Paso Exprés de Cuernavaca, pero no ha respondido a las observaciones de la Secretaría de la Función Pública que, según dicen, forma parte de la misma administración a la cual pertenece la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Domingo 29 octubre 2017.


René Delgado

No es inusual. En temporada electoral y sin importar en qué latitud del orbe, partidos y gobiernos hacen de cada asunto o problema, materia combustible de la paranoia por conservar, recuperar o alcanzar el poder. Echan mano de cuanto pueden.

El límite en el uso de esas cuestiones como ariete contra el adversario lo fijan la cultura y el desarrollo político, así como la ética de la responsabilidad de los actores principales. A veces, cuando hay conciencia cabal de los protagonistas y cuidado de los asuntos de Estado, también establece el límite la circunstancia prevaleciente en el país donde se realizan los comicios. No se recurre a cuestiones o instrumentos que pueden generar daños al país o descarrilarlo.

En México, el partido oficial está rebasando el linde y la administración está ignorando el calendario y la circunstancia, así como el malestar social.

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Aun antes del inicio del proceso electoral y muchísimo antes del arranque en sí de la campaña, la administración y su partido no escatimaron esfuerzo en el intento de debilitar a la dirigencia de Acción Nacional y, luego, en fracturar la bancada parlamentaria de ese partido (la del perredismo ya estaba rota) hasta provocar una fisura en el panismo. La respuesta fue del calibre de la ofensiva, el grupo hegemónico albiazul -con respaldo y apoyo del Frente que pretende integrar- no dudó en llevar a una crisis al Poder Legislativo. El parlamento derivó en el guion de un pleito; el Congreso, en la arena donde el tricolor quiere protagonizar la pelea estelar.

Ese capítulo de la lucha por recolocarse del mejor modo posible ante la contienda electoral lo desvaneció el sismo y la tragedia en el Istmo de Tehuantepec y más tarde el temblor que golpeó y lastimó el centro de la República. Como quiera, ese episodio fue -al menos hasta ahora- la más obvia y grosera expresión de cuanto el partido oficial está dispuesto a hacer con tal de mejorar su posibilidad en las elecciones del año entrante.

Y mejorar, en la subcultura del tricolor, supone a veces no resolver o superar los problemas propios, sino generar enredos al contrincante. Obtener ventajas a partir de las zancadillas.

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Ardides semejantes al anterior hay y ha habido otros, no tan espectaculares, pero sí peligrosos.

Entre ellos, combinar estrategias partidistas con posturas diplomáticas, como emparentar a Andrés Manuel López Obrador con Nicolás Maduro al tiempo de embarcar la política exterior en una aventura; pervertir reclamos ciudadanos al son de la demagogia electoral y el dolor, como prometer renunciar a las prerrogativas partidistas y eliminar la totalidad de los legisladores plurinominales; desatender el problema de la inseguridad y la violencia, porque no hay condiciones políticas adecuadas; priorizar los asuntos de interés partidista, como lo es interesarse por el Fiscal General sin estructurar la Fiscalía; e, incluso, jugar con el calendario natural, político y electoral como si los estrategas tricolores fueran capaces de controlar la salida y la puesta del sol.

El principito -desde luego, el de Antoine de Saint Exúpery- podría declararse simpatizante del PRI.

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Hasta hoy, los daños a las políticas e instituciones nacionales provocados por el partido oficial y sus operadores son reparables.

Sin embargo, de ir más allá e insistir en obtener Los Pinos por el Estado -tal cual se intituló un anterior Sobreaviso- con tal de prevalecer, podría llevar la renovación de los poderes Ejecutivo y Legislativo a una descomposición mayor a la predominante.

Convertir la contienda electoral en una ruleta rusa puede resultarle tentador al tricolor. Sin embargo, es muy difícil restaurar un régimen cuando sus propios creadores remataron el engranaje, las palancas y el mecanismo que, por momentos, le hicieron vivir la gloria de mandar sin obedecer.

Las vueltas que da la política. De Andrés Manuel López Obrador es la expresión "al diablo con sus instituciones"; del partido oficial, su puesta en práctica. Menuda paradoja.

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El inventario de recursos empleados por la administración y su partido en el propósito de golpear y disminuir a sus adversarios integra ya un largo listado y, en combinación con el calendario y la circunstancia por la cual atraviesa el país, errar en su uso podría arrastrar no sólo las posibilidades del propio partido en el poder, sino también al país.

Jugar con la idea de que la estabilidad financiera y monetaria puede resistir la salida del gobernador del Banco de México y el relevo del secretario de Hacienda, cuando la política comercial se tambalea con motivo de la difícil renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, es peligroso. Jugar con que los secretarios de Estado no se distraen un ápice de su tarea mientras se empeñan en placear su ambición sucesoria es un engaño. Cesar a los funcionarios que, al cumplir con su deber, chocan con el partido oficial es peligroso. Alinear la administración al rejuego del partido es peligroso.

La pregunta es: ¿cuál es el límite?

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ ESPARZA

Si, conforme al dicho presidencial, socavones hay en todas partes del mundo y no suponen corrupción, es menester pedirle perdón al gran secretario de Comunicaciones y Transportes, incorporar su inmaculada figura en el Monumento al Caminero y achacar las irregularidades detectadas en la construcción del Paso Exprés de Cuernavaca a la creativa imaginación de la Función Pública. ¡Viva, entonces, el santuario* Gerardo Ruiz Esparza!

* Santuario -según la Real Academia Española- es, en su primera acepción: Templo en que se venera la imagen o reliquia de un santo de especial devoción. En su tercera: Tesoro de dinero o de objetos preciosos que se guarda en un lugar.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 21 octubre 2017.


René Delgado


De la urna fúnebre a la urna electoral. Del minuto de silencio a la hora del escándalo. De la solemnidad a la frivolidad. Del pésame por lo ocurrido al pésame por lo que viene. De la tregua impuesta a la lucha abierta. Del montaje de tiendas de campaña a la instalación de cuartos de guerra. Del rostro compungido al descaro manifiesto. De remover escombros a aprovechar la pepena. De la demolición del hogar inhabitable al apuntalamiento del régimen insostenible. De las despensas a las despensas. De los nervios del temblor al temblor de los nervios. De los muertos a los muy vivos. Del duelo al duelo. De la ruina nacional al palacio de gobierno.

Ni un día más de luto frente a la feria y el concurso por la residencia de Los Pinos, el inmueble fracturado desde el sismo del 85 y cuyos habituales inquilinos resisten dejar. Personajes que confunden lo de más con lo demás, las ideas con las puntadas, las cúpulas con los cimientos, las devoluciones con las donaciones, el desastre de fondo con los fondos del desastre, las posiciones con las posturas, los intereses con los principios y la elección con la eliminación. Si confunden eso, obviamente no distinguen entre una losa y una lápida.

La clase política regresa, feliz, a la anormalidad. ¿Sin horizonte, por qué va a tener límite?

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El poder de la naturaleza sacudió a la naturaleza del poder, pero -medio capoteada la tragedia- el PRI ya está de vuelta en lo suyo, retener el poder a como dé lugar y sin tener claro para qué.

Frente al apuro de encontrarse en el sótano electoral y ante las posibilidades de Andrés Manuel López Obrador, esta vez el priismo quiere al PAN no sólo de aliado político sino también de comparsa electoral y, si no, a quebrarlo desde fuera, a fracturarlo desde dentro o sencillamente a hundirlo.

Qué caso impulsar un precandidato unitalla que les viene bien al priismo y al panismo, si este último anda con una tentación distinta a la estratagema.

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Desde el fraude electoral de 1988, el priismo y el panismo encontraron un modo de vida concubino, a partir de un proyecto económico común y un proyecto político bipartidista. Juntos, pero no casados, del centro a la derecha y de la derecha al centro, firmes en taponar la posibilidad de la izquierda. Un modelo singular en el que, eventualmente, el panismo podía entablar alianzas electorales con la izquierda para luego, a la hora de decidir y no de elegir, reestablecer el vínculo político con el priismo. Entre ambos partidos dieron lugar a la alternancia sin alternativa, al turno en el ejercicio del no poder, al uso del gasto y los recursos públicos como botín.

En ese modelo de vida compartida, el priismo y el panismo podían exhibir sus diferencias sin subrayarlas, usar en condominio y en beneficio propio la fuerza del corporativismo sindical petrolero o educativo, aplicar con nombre distinto los mismos programas de asistencialismo o de seguridad, repartirse proporcionalmente viejas y nuevas posiciones y, claro, asociarse hasta la complicidad en la corrupción o la violación de los derechos humanos. Pusilanimidad e impunidad, binomio de su credo. A fin de cuentas, los hermanaban la economía neoliberal y la democracia tutelada.

De ahí la extrañeza del priismo frente al grupo que dirige hoy al panismo.

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¿Qué pasó durante y después de la elección en el Estado de México y Coahuila? Faltan elementos para entender lo sucedido, pero algo se rompió entre el priismo y el panismo.

Algo que, ahora, estando el priismo contra la pared electoral, quiere llevar al paredón a Ricardo Anaya y, si se puede, al perredismo. Si tan bien le funcionó al tricolor pulverizar el voto en el Estado de México, de dónde rayos la peregrina idea de integrar un frente opositor que reconcentra el voto y le provoca escalofrío al tricolor.

Ahí se explica la embestida del PRI contra la dirigencia albiazul que, lamentablemente, interrumpió el sismo, pero ahí está de nuevo, duro y a la cabeza. Intentando fracturar o, al menos, debilitar al PAN desde dentro y desde fuera, impulsando a una pandilla de rebeldes, encabezados por un cordero. Rebeldes sin causa, pero con intereses.

El priismo echa de menos al calderonismo rabiosamente dócil y dispuesto que, lamentablemente, cuando ganó el gobierno perdió al partido y cuando perdió el gobierno no pudo ya recuperar al partido. Pese a ello, el priismo no ceja: le da forraje a los corderos y cultiva margaritas.

Ayuno de ideas y sobrado de ocurrencias, en el despecho y la desesperación, el priismo se tropieza una y otra vez al embestir a la dirigencia panista, diestra en el arte de la evasión y el escapismo. El priismo se debilita aún más, creyendo cobrar fuerza. Queriendo atraer al voto albiazul, descuida su propio voto duro.

Un cerillo le quemó la estrategia y, lo peor, al intentar sofocarlo, el priismo se quema los dedos, si no es que el dedazo.

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En la vuelta a la habitual anormalidad y en el esfuerzo por disolver al frente que lo angustia, el priismo se tropieza y pierde la brújula.

Deja de lado y al garete pendientes políticos y legislativos importantes arrastrados desde antes del sismo e ignora el enredo en que se está metiendo en materia de política comercial, monetaria, financiera y diplomática.

La gran interrogante es si el electorado, después de luchar contra el poder de la naturaleza, la emprenderá contra la naturaleza del poder. Si votará por el entierro del régimen insepulto o, condescendiente, lo dejará descomponerse a la intemperie.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ
 
En sintonía con el PRI, el Paso Exprés de Cuernavaca perdió su ritmo hace 94 días. El secretario Gerardo Ruiz, como su partido, está desesperado por retomar el paso, aunque sea lento y por la lateral.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 14 octubre 2017.

René Delgado

Ante tanta ocurrencia y dislate político, más vale evitar el mareo.

Síntomas para sacar de su cajita el dramamine son la sensación de aturdimiento ligero y vértigo, pero los motivos pueden ser muchos y variados. Algunos de ellos pueden ser los siguientes.

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Uno. La decisión del partido tricolor de facilitar la postulación de un simpatizante puede ser un espejismo. La apertura de los candados estatutarios en tal sentido, quizá, lleva un mensaje distinto al manifiesto: generarle al simpatizante una ilusión y aclararle al hidalgo militante-suspirante que satisface los requisitos una cuestión: no está en la lista aunque aparezca en ella. ¡Chong! Dicho de otro modo, el retiro de los candados podría servir no para ampliar el abanico de posibilidades, sino para cerrarlo.

No se vaya con la finta, prevenga el mareo.

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Dos. Cuando el aparente agraciado por la apertura de los candados mencionados recibe de golpe la luz de los reflectores y la cargada de quienes jamás lo consideraron, quién quita y le esté dando la mordida a una manzana envenenada. Al ser sobreexpuesto, la proyección de su sombra cobija, oculta y protege a quien, probablemente, sea el auténtico beneficiario de la jugada. Educación y salud se necesitan para estar en forma política y entender tan sofisticada forma de resucitar el dedazo. ¡No meadigas!

En este caso, ingiera pastillas a discreción y, de ser posible, tómese de un barandal.

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Tres. Cuando el coordinador de los senadores del PRI, Emilio Gamboa, entre chiste y broma, recorta la lista de precandidatos tricolor recién ampliada y, luego, pide a su rebaño elegir de a mentis su gallo, no abre ni democratiza la decisión del partidazo, crea las condiciones para que el jefe-jefe del partido decida a gusto, argumentando responder al sentir de la militancia.

En este caso, el mareo puede provocar una sensación más intensa de vértigo.

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Cuatro. Cuando los priistas eligen a un cordero panista para presidir al Senado y fracturan a Acción Nacional, no puede descartarse una posibilidad.

Al calor de un calderón, aumentativo de caldero -técnicamente: caldera pequeña con asa sujeta a dos argollas en la boca-, los panistas filopriistas muy probablemente se inclinen por la candidatura presidencial, si se le hace, del simpatizante priista con posibilidades.

Esos panistas ya no deshojan la margarita porque Zavala ya dejó las filas albiazules, pero saben de qué tallo político asirse. Son los lobos los que se disfrazan de cordero, no los corderos los que se disfrazan de lobo.

En este caso, ante el vértigo, lo recomendable es consultar al médico político de cabecera.

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Cinco. Si, durante meses, le piden apoyar la campaña electoral de un cavernícola skinhead con copete y corbata en beneficio del país y, ya instalado aquel en la Casa Blanca -la de Washington, desde luego-, le solicitan abanderar la postura de Estados Unidos y no la del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero ante Venezuela a fin de halagar al hombre del zacate en la cabeza, así como respaldar la expulsión del embajador de Corea del Norte con el objeto de congraciarse con el vecino loco de al lado y no con el loco remoto y, constantemente, le ruegan aguantar en silencio los insultos y las groserías del hombre naranja con tal de no hacer más grande el problema, ¡cuidado!

Esos gestos, esa entrega, doblez e incondicionalidad ante las locuras del vecino no aseguran la prevalencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y sí, en cambio, hipotecan la política exterior mexicana.

Aun cuando no sienta mareo, pero sí una sensación de maltrato, tómese la caja completa.

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Seis. Si el dirigente del PRI, Enrique Ochoa, le promete que la democracia le va a costar cero centavos, porque va a cancelar las prerrogativas partidistas y reducir a cero a los legisladores plurinominales, pero no ha dialogado, concertado y acordado la presunta decisión con los otros partidos involucrados, más vale sentarse y dejar pasar la sensación de mareo.

Cuando un político radicaliza una postura llevándola al extremo, no pretende cumplir una fantástica promesa, sino desgastar a sus adversarios, exhibiéndolos como tacaños y crear la ilusión a los ciudadanos damnificados que el tricolor ya es otro después del temblor, aunque siga siendo el mismo.

En este caso, antes de tomar pastillas, exíjale al dirigente tricolor que entable negociaciones en serio para bajarle el costo a la democracia, en vez de hacer una subasta de ocurrencias.

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Siete. Cuando los magistrados electorales descalifican una y otra vez las decisiones de los consejeros y, en la contradicción de criterios, el ganón es el partido tricolor o sus candidatos, no se confunda.

Antes de que le zumben los oídos y pierda el equilibrio, cobre conciencia de que los magistrados no forman parte de un tribunal imparcial, sino de un sector tricolor clandestino.

Hay desde luego otros motivos para sentir mareo, una forma de detectar el malestar provocado por ocurrencias y dislates políticos puede ser también la sensación de náuseas y vómitos, zumbido de oídos, pérdida del equilibrio, problemas de visión acompañados de la percepción de que las cosas saltan o se mueven y, desde luego, dificultad para ponerse de pie y avanzar. Consulte a su médico político.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Han pasado 87 días de la apertura del socavón en el Paso Exprés de Cuernavaca. Si está por bautizar el agujero con el nombre de Gerardo Ruiz Esparza, dirija su solicitud a Avenida Insurgentes Sur 1089, Col. Nochebuena, Delegación Benito Juárez, 3720, Ciudad de México. Nuevo domicilio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, donde el secretario sigue como si nada.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 7 /octubre/ 2017.

René Delgado

Pervertir un legítimo reclamo ciudadano es una práctica política inaceptable, sobre todo, en momentos de tragedia y de dolor. Eso pretende el PRI, encabezado por Enrique Ochoa, al proponer la reducción a cero de las prerrogativas partidistas y la eliminación total de los legisladores plurinominales.

La desesperación del partido tricolor por conservar el poder partiendo del sótano de las preferencias electorales, explica sin justificar la nueva balandronada. Tienta al tricolor la insania de hacer de la oportunidad, oportunismo. Asombran, eso sí, los otros dirigentes partidistas. Al grito de quién da más, rematan la democracia. En vez de reconstruirla, pueden socavarla.

Desde luego es menester bajar el costo de la política. No hay duda, es un legítimo reclamo ciudadano. Pero de eso a privatizarla y recortar su pluralidad so pretexto de ayudar a los damnificados y ahorrar recursos, es simple y pura demagogia.

El disparate, disfrazado de solidaridad y generosidad, no reivindica el legítimo reclamo, lo ofende por tramposo. No rescata a los damnificados, estrecha la posibilidad de su participación.

Echar mano del populismo -¿qué no lo abominaba el tricolor?- para terminarlo practicando desde la cima de la ruina y los escombros dejados por el sismo, es una grosería. En la nueva lógica priista: Jesús Reyes Heroles era un hombre de ocurrencias, Enrique Ochoa, uno de ideas. Confunden el civismo con el cinismo.

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Puede sonar a música para los oídos una democracia con aparente costo de cero pesos para la ciudadanía, pero no es así: el costo se traslada. Y el precio de esa idílica democracia, sobre todo, en un régimen acostumbrado a hacer política a partir del dinero, supone abrir la puerta a mecenas y criminales particulares. Qué más quisieran estos que contar con gobernantes o representantes propios, alquilados o amaestrados. La otra posibilidad es que, acostumbrado a vivir del presupuesto, el priismo sin prerrogativas eche mano del desvío disfrazado de recursos públicos -tal cual lo hizo en la elección mexiquense-. Desaparecer por completo el financiamiento público conllevaría a opacar en vez de transparentar la democracia.

Quizá producto de su pensamiento neoliberal, el priismo quiera ahora privatizar la política, agitando la bandera de cero prerrogativas. Recursos públicos desviados con disfraz y patrocinadores particulares de casimir o de mezclilla serían los nuevos sponsors de partidos y candidatos. Bajo el manto de que los ciudadanos no pondrán un peso de su bolsillo, el costo recaería sobre la democracia.

En qué cabeza cabe que, de la noche a la mañana, a partir de otra reforma legislativa echa con prisa y sin reflexión, dirigentes partidistas, parlamentarios y políticos podrán hacer una política digna, austera y honesta, si durante años hicieron de la cartera, la despensa y el tinaco su más sólido argumento.

Qué paradoja. El único país de Latinoamérica que no destina recursos públicos a los partidos es Venezuela y, ahora, el dirigente priista Enrique Ochoa que tanto abomina al venezolano Nicolás Maduro, lo emula sin advertir el disgusto de más de un correligionario. El populismo retiembla en su centro, ahí, donde decían detestarlo.

Es indudable la urgencia de reducir el costo de la democracia, pero eso exige un debate serio y rápido, pero sin prisa, con plazo conclusivo y no sujeto al reloj parlamentario que marca las horas al ritmo del capricho Y, en ese debate -debate no es sinónimo de remate- deben participar dirigentes partidistas y parlamentarios, pero también especialistas conocedores del régimen electoral.

Se quiere acabar con el dispendio y el despilfarro de los partidos, no desmontar o pervertir la democracia.

***

El otro dislate tricolor es eliminar la totalidad de los senadores de minoría y a los diputados plurinominales.

De nuevo, la política del campanazo. El punto es que acabar de tajo con esa fórmula mixta dejará sin representación al electorado que no conquiste con su voto el escaño o la curul de su representante predilecto y, entonces, quedará fuera de los canales institucionales de participación. Y, sobra decirlo, cuando no hay forma de incidir en la política, la desesperación -cuando no la violencia- toca a la puerta de los regímenes cerrados. ¿Eso quiere el generoso PRI, marginar a electores y a corrientes políticas minoritarias? ¿Darles un portazo en nombre del ahorro?

En efecto, es necesario replantear la composición del Congreso para reducir su costo, pero esa cirugía exige un bisturí o un rayo láser, no una daga sostenida entre los dientes, sobre todo, cuando los dientes castañean.

Hay infinidad de fórmulas posibles para reducir la composición del Legislativo, sin restarle pluralidad a la democracia. Se puede regresar a la antigua composición de trescientos diputados uninominales y cien plurinominales y sesenta y cuatro senadores o, bien, explorar en serio cualquier cantidad de fórmulas posibles: cuatrocientos diputados a partir de doscientos uni y doscientos plurinominales, trescientos partiendo por la mitad su origen electoral o, incluso, integrar la Cámara sólo con diputados plurinominales.

Eso exige pensar, debatir y acordar, no convocar a gritos a una subasta de ocurrencias.

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Explica la demagogia tricolor su desesperación. Aun cuando el sismo ya pasó, tiemblan los priistas frente al escenario que les deja. No se explica cómo los demás dirigentes partidistas se suman al remate de la democracia y al populismo tricolor.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Bautizado el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca con el nombre del secretario Gerardo Ruiz Esparza, ojalá el funcionario lo reinaugure con la pompa y circunstancia que amerita un mausoleo. Han pasado 80 días de la apertura del socavón, y él como si nada.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Lunes 2 de octubre de 2017.


René Delgado

Prohibidos los animales en el circo, hoy los reyes de las pistas son los políticos. Uniformados de payasos, luego luego sacan la risa, aunque más tarde meten el miedo.

Producto de pactos y errores cometidos con antelación y de conjunto, la troupe ahora concursa por diferenciarse a partir de una divisa absurda: a ver quién convierte el disparate en acierto indubitable. ¡Qué competencia! Cambian de roles y disfraces en graciosa lucha por conquistar al respetable electorado que mira con curiosidad, no exenta de azoro, cómo juegan con fuego y sonríen frente al desastre. Pero, hombre, así es ahora la política: arte de sacar de la chistera un tinaco, una despensa, un plástico o una puntada inolvidable.

¡Viva México! Sí, pero sobre todo los políticos capaces de carcajearse ante la calamidad, cualquiera que ésta sea.

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¡Ah! ¡Qué pléyade de standuperos ha germinado en el vivero tricolor!

Qué Cirque du Soleil, qué Ringling Brothers ni qué nada. ¡La carpa instalada en Insurgentes Norte esquina con Los Pinos es reserva natural del más grande espectáculo!

Ahí está el nuevo Resortes, haciendo actos de contorsionismo político. También el primer priista que, en aparente falta de dominio de la conjugación de los verbos, confunde el futuro con el pasado y asombra asaz con la oferta de no regresar a donde quieren llevarnos.

Junto con ellos, el pastor de los senadores tricolores, garantía de solaz esparcimiento. Le asesta pastelazo tras pastelazo a su colega tricolor en la Cámara de Diputados, le roba su lugar al administrador del partidazo y, en el colmo de su insuperable sketch, organiza una votación al más puro estilo tricolor, estableciendo restricciones: en la boleta sólo anota los nombres indicados, según esto, dictados desde lo más alto de las alturas. De risa loca, la consulta a los padres de la patria.

A su vez, el gerente del partido se distingue de más en más por su progreso en el manejo del discurso a manera de tolete idiológico (no ideológico, idiológico). Lo de él no son los conceptos, sino los adjetivos. Sal y gas pimienta les pone a sus palabras.

No sólo ellos son los reyes. Hay más. Ahí está el alumno destacado del laboratorio de prácticas profesionales, el Instituto Matías Romero, siempre volando y ensayando algún nuevo dislate diplomático. Qué ingenio el suyo, ojalá Donald Trump reconociera el empeño de ese dreamer mexicano. Y ni qué decir de ese gran, pero gran artista de la pista o el paso exprés, el secretario de Comunicaciones y Transportes, el hombre bala, el funcionario misil catapultado contra el socavón sin enterrarse. ¡Qué temple y qué cachaza! De rechupete el numerito, de donde siempre sale ileso. Debería hacer dueto con el secretario en Desarrollo.

Lo importante, como quiera, es el elenco en su conjunto, desfile de saltimbanquis, pasarela de estadistas clandestinos ofreciendo show y ayuda sobre las ruinas de Oaxaca y Chiapas... no las prehispánicas, sino las más recientes. Y qué cosa oírlos pronunciar aquella fantástica divisa revolucionaria que, refraseada por ellos, dice: "Patria o suerte: ¡ganaremos!".

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Los de enfrente -perdón, los del Frente- tampoco cantan mal las rancheras.

Ahí está El Niño Maravilla que de los viejos lobos tricolores de mar ha hecho un espectáculo de focas. Un afortunado muchacho que encontró en la ex lideresa de las aeromozas y Chucho El Roto a los compañeros ideales para montar el musical: Amor en el Aire o el Vacío. El tiburón joven enamorado de la rémora con dotes de sirena, apadrinados por ese gran estratega y pescador veracruzano, el hombre naranja de hace algunos años, que alerta del fin del régimen sin tener muy claro si hay otro.

Venga la melé de doctrinas y ocurrencias metiendo al centro la muy bien recibida idea ciudadana, bátanse en la licuadora los ingredientes a partir de la receta de echar atrás lo pactado y a disfrutarlo, acompañado del enorme pastel con fecha de caducidad homologada en julio del año entrante. Hay betún, harina y cerezas, rebanadas y migajas para todos... así que no hay por qué pelearse, sí por qué aliarse. ¡Vivan la hoz y el crucifijo, el rosario y el martillo, brille el yunque bajo los rayos del sol azteca! ¡Qué puesta en escena tan colosal y en tan corto tiempo! Ni caso ponerse a deshojar la margarita, ese botón vino sin pétalos.

De quienes hay que cuidarse es de los cinco chiflados que, en un golpe de magia, se cambian de camiseta al centro de la pista y juran traer la misma ropa. Numerazo el de los corderos disfrazados de lobos hambrientos, pero pastoreados.

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Y, claro, concentrando la luz de los reflectores en la pista principal, el gran fenómeno, el político que cruza los pantanos sin mancharse y los desiertos sin tomar agua.

El líder carismático ocupado ahora en aclarar afuera que no es lo que se piensa, pero la aclaración confunde a sus interlocutores. El tragafuegos que jura no comer lumbre. El foco de atracción al que se acercan los mejores y los peores. El hombre sin barbas qué remojar ni cola que le pisen.

El político que repudia el dedazo, pero no el dedito y aborrece, a veces sí y a veces no, las encuestas.
 
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 Mención aparte merece también la rutina en entreactos del gobernador y candidato independiente. Denle licencia, pónganle redes. No gobierna, no es independiente, tampoco bronco ni candidato, pero se esmera en crear la ilusión.

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Qué de gritos, qué de apachurros. Qué risa y qué miedo. El circo de la República ya da de qué hablar sin abrir la temporada. Ojalá no retiemble más en su centro la Tierra y tampoco llueva porque, ahora sí, está claro: el interés superior de la nación es inferior al de la elección.

Siga el desfile, venga la pasarela... así sea sobre las ruinas.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Domingo 17 de septiembre de 2017.


René Delgado

Pueden tomarse precauciones, prever posibles daños y recomendar conductas, pero no más: escapa aun a la voluntad humana, sobre todo a la científica, el control del poder de la naturaleza. No así, el control de la naturaleza del poder. Ahí, sí se pueden tomar decisiones, emprender acciones y asumir conductas antes, no después del desastre. Está en la voluntad, sobre todo en la política, someter y acotar a las fuerzas del poder.

No es lo mismo el poder de la naturaleza que la naturaleza del poder.

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Vale el parangón. Si bien era imposible conjurar el temblor de antenoche generado por el poder de la naturaleza en poco más de tres minutos, sí era posible conjurar el cimbramiento del Congreso de la Unión provocado a todo lo largo de la semana por la naturaleza del poder.

Las dirigencias políticas y parlamentarias de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional se lavan y frotan las manos frente a la crisis constitucional provocada voluntariamente por ellos en el Congreso de la Unión. Calculan quién sacó más raja del error, en vez de reparar en su incapacidad o perversión política. Ambas dirigencias humillaron al Poder Legislativo. Unos instando al Poder Judicial, otros rogándole al Ejecutivo meter la mano. Judicialización y presidencialismo de la política, supuestamente abominados por ambos.

¿Qué pretenden, tirar el tablero antes de empezar el juego? ¿Usar como ariete electoral, instituciones y asuntos públicos o lo que sea en pos del poder? ¿Hacer de la elección, eliminación? ¿Convertir los comicios en ruleta rusa ciudadana? Si así arranca la disputa, la naturaleza de esa lucha provocará una catástrofe. El país ya lo ha sufrido.

Una cosa es erguirse ante una calamidad desatada por la naturaleza, otra tropezarse de nuevo frente a una catástrofe provocada por la política.
 
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Es difícil dilucidar si la crisis salvada a partir del ardid de parar el reloj parlamentario es o era, por un lado, el afán priista de convertir en automático al procurador en fiscal o, por el otro, tender una cortina de humo sobre la fortuna familiar del dirigente panista y el uso personal del partido. Se puede parar el reloj, no el tiempo.

Lo uno o lo otro perfiló como telón de fondo la disputa por el poder presidencial y la ausencia de escrúpulos en la gana de retenerlo o recuperarlo. La naturaleza del poder sembró un huracán político.

La insolencia priista de meterle la mano al PAN y ahondar su posible fractura, operada por Emilio Gamboa en el Senado con apoyo en la pandilla encabezada por Ernesto Cordero, y el propósito de socavar la autoridad de Ricardo Anaya, armado por Enrique Ochoa desde el PRI a partir del vituperio, tuvieron por respuesta la parálisis de la Cámara de Diputados, instrumentada por el dirigente panista en cooperacha con los restos del perredismo.

Si al inicio del sexenio esas tres fuerzas pactaron hacer fortaleza de su debilidad, al cierre del sexenio están dispuestas a romper y fracturar, aun cuando no hayan conseguido recuperarse del todo ni consolidar su fuerza propia o construir un liderazgo en serio. El priismo no conquistó el gobierno, ni restauró el presidencialismo; el panismo en vías de recuperación, pero -aún convaleciente- ahondó su pugna interna; y el perredismo hizo del naufragio su hábitat, de sus posiciones y posturas, un negocio a plazo e interés fijo; y de la alianza con el panismo, un salvavidas.

Las tres fuerzas que pactaron hacer de la política materia cupular de transa y reparto proporcional de cuotas, hoy lamentan no haber pensado y legislado bien las reformas impulsadas con su voto, cuyos beneficios y perjuicios, efectos y defectos, comienzan a sentirse.

Se les fue el punto en el tejido y se enredaron. Hoy, no les importa romper la chambrita.

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Es evidente que al PRI y a Morena les conviene dispersar el voto, no reconcentrarlo en tres frentes o alianzas.

Al priismo, en particular, el tercer frente de panistas, perredistas y la movida ciudadana le rompe la estrategia y el modelo aplicado en el Edomex. Los tricolores entienden la divisa divide y vencerás como una profecía. No advierten que un mal cálculo estratégico en la posibilidad y los recursos puede terminar por agotar y aniquilar el esfuerzo, en vez de coronarlo. Dividir o polarizar sin gobernar puede quebrar instituciones, frágiles de por sí.

Es obvio que a la dirección panista le conviene correr por los carriles de la candidatura propia y la frentista, si implica vulnerar al adversario interno, prorrogar la postulación del abanderado y conservar el mando del partido. Y es obvio que las tribus perredistas hegemónicas requieren aliarse a la izquierda de la derecha, así sea título de apéndice, por instinto de sobrevivencia.

Si en esos afanes los partidos van a echar mano de cuanto sea para acomodar sus intereses, más valdría declarar una moratoria legislativa y parlamentaria y sólo sacar los asuntos imprescindibles. Después de las elecciones podría abordarse con mayor perspectiva lo no perentorio y sí importante.

Los partidos ex pactistas ya dejaron ver que el interés superior de la nación es inferior al interés electoral de los partidos. Si antes sonreían entre sí y se afilaban las uñas, ahora muestran las garras. Cuidado.

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Sectores y grupos activos de la sociedad deben someter a control la naturaleza del poder, evitando ser vencidos en vez de convencidos.

En temporada de huracanes sembrados por el sobrecalentamiento global y temblores generados por el poder de la naturaleza, los partidos andan con la tentación de recalentar el ambiente nacional y dinamitar, a causa de la naturaleza del poder, lo construido.

Una cosa es que se caiga sin querer un edificio, otra tirarlo adrede.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 9 de septiembre de 2017.

René Delgado

A saber cuál sea el plan de salida del presidente Enrique Peña Nieto, pero demasiados problemas y errores, propios y ajenos, están yendo a reventar a las puertas de Palacio. Esa situación se traduce en una atmósfera enrarecida con olor a incertidumbre. Pero si mañana, en vez de ventilarse ese ambiente se sobresatura, no habrá por qué extrañarse si esos problemas y errores se descomponen hasta despedir un tufo de desasosiego con tinte de inestabilidad.

La negligencia y pusilanimidad del secretario Gerardo Ruiz Esparza arrastra al mandatario al socavón. La corrupción salpica al Ejecutivo y su partido. El lento aprendizaje de Luis Videgaray no asegura su titulación. La apertura de los candados para postular candidato presidencial tricolor amplía la baraja, pero acelera a los jugadores. Los tímidos actos de campaña de los secretarios de Estado, entusiasmados con la idea de concursar, son actos fallidos de gobierno. La felicitación en persona a Miguel Riquelme por su elección en Coahuila es precipitación en Los Pinos y mecha de malestar afuera. La inminente designación del Fiscal General de la Nación polariza al Senado. Y si los muertos sufragaran de nuevo, el número de homicidios dolosos garantizaría un enorme caudal de votos.

A las puertas de Palacio llegan esos problemas y, al parecer, el Príncipe no los mira. Desde el balcón observa absorto el siglo XXI sin atreverse a abandonar el presidencialismo de mediados del siglo XX.

***

Vista en retrospectiva y a la luz de la filosofía oficial en boga, la tradición de dejar llegar los problemas a las puertas de Palacio no implica novedad.

A menos de dos años de haberse coronado, grandes y pequeñas contrariedades comenzaron a alcanzar al soberano y, absurdamente, éste invirtió los roles: se convirtió en el secretario de sus colaboradores -ojalá, la palabra indicada sea ésa- y no los colaboradores en sus secretarios. El Ejecutivo asumió como suyo cuanto problema surgía o error se cometía y los colaboradores no tardaron en parapetarse detrás de él, en vez de ponerse al frente o a su lado.

Del desacierto en el diseño de la comunicación presidencial, mejor ni hablar. Sus estrategas emboscaron al Ejecutivo en Los Pinos, pretextando protegerlo. Lo exhibieron donde no debían, y lo ocultaron donde mejor se desenvolvía.

***

Después de sacar adelante el marco jurídico de las reformas estructurales, la administración no pudo constituirse en gobierno. Bien que mal, pudo con la operación legislativa a partir de una política cupular, fincada en canjes y cuotas, pero no pudo con la operación ejecutiva a partir de liderar y coordinar un equipo eficiente, capaz de aterrizarlas.

Luego comenzaron los problemas y los errores. Se toleró a las brigadas armadas de autodefensa y, después, se les abominó. En muestra de un raro equilibrio, se indultó a un gobernador y se castigó a otro en Michoacán por vínculos criminales. Se dejó impune al gobernador Ángel Aguirre Rivero, asumiendo la responsabilidad de la desaparición de los cuarenta y tres normalistas de Ayotzinapa. Se atraparon capos sin desmantelar cárteles y brotaron bandas más violentas. Se solapó la casa de Malinalco del alter ego, quizá, en defensa propia de la de Las Lomas y se usó sin éxito a Virgilio Andrade como el tintorero incapaz de quitar manchas. Se encargó a Arturo Escobar prevenir el delito. Se recargó la seguridad en las Fuerzas Armadas, sin reestructurar en serio a las policías. Se ignoró cuanto acontecía en Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, hasta que el saqueo se salió de las alforjas. Se redujo la política exterior a viajes sin destino, porque no pudo fijarse la política interior como punto de partida. Y se dejó crecer el río de sangre y dolor del calderonismo.

Esa ya es historia, pero explica en parte el presente.

***

Hoy, a diferencia de ayer, los viejos problemas y errores que revientan a las puertas de Palacio inciden en un momento delicado y coinciden en una circunstancia complicada.

Ahora, el calendario marca la hora en que el Ejecutivo debe realizar una triple operación. Calibrar con precisión si el suspirante predilecto puede y tiene con qué abanderar tanto al partido como a él, al tiempo de apurar la cicatrización de los frustrados. Asegurar que los problemas y las adversidades no vulneren la estabilidad, justo al cierre de la administración y el inicio de la campaña. Y, desde luego, preparar la salida hasta donde sea posible.

Muchos de los problemas y errores que se dejaron correr y crecer, ahora revientan con más fuerza. En particular cuatro: el relativo a la corrupción, tanto en su persecución como en su prevención; el mazacote legislativo presentado como reforma electoral que, en canje de la reforma energética, se elaboró sobre las rodillas y hoy amenaza al proceso y tambalea al Instituto; el retraso de la salida del gobernador del Banco de México que, ahora, sí puede resultar inoportuna; y el nombramiento del Fiscal General de la Nación que, en cuestión de días, podría tensar aún más la relación de la administración con parte del panismo y el perredismo.

Como añadido, el factor Trump -antes exagerado, ahora disminuido por el canciller Videgaray- amenaza con complicar aquella triple operación, poniendo un revólver contra la sien del comercio establecido, consciente de la fragilidad y debilidad de su vecino. Falta por ver qué sigue en Venezuela, donde al parecer en breve vendrá un arreglo y en el cual México podría quedar mal parado.

***

Tal es el cúmulo de cabos sueltos que hacer los amarres necesarios se ve difícil, sobre todo, si se sigue dejando que los problemas y los errores lleguen a las puertas del Palacio y se miren desde la óptica del pasado.

Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Lunes 28 de agosto de 2017.


René Delgado

Por triste y chistosa, en la cartelera política no hay comedia más entretenida en estos días que la protagonizada por los partidos de la Revolución Democrática, Acción Nacional y Revolucionario Institucional. Su orfandad, o sea, la carencia de liderazgo y el arrumbamiento de su respectiva doctrina, les hace cometer locuras increíbles, la más reciente: abrirse para cerrarse.

Simulan ya no importarles quién vaya a abanderarlos en la contienda electoral del año entrante, porque el punto es sobrevivirla y, si se puede, quedarse con la Presidencia de la República aun cuando no sepan qué hacer con ella.

· · ·
 
La elección del año entrante pinta como un referéndum en torno al modelo de desarrollo y esos tres partidos corren en dirección contraria a los polos donde deberían agruparse.

El aliado natural del panismo es el priismo y el del perredismo es el morenismo. La evidencia es obvia, sin embargo, las dirigencias albiazul, tricolor y negriamarilla fingen no darse cuenta. Es comprensible porque, asumirlo, exigiría sacrificar las pequeñas ganancias conquistadas por el grupo hegemónico partidista que controlan. La patria es primero, desde luego; pero antes las prerrogativas, los privilegios y las prebendas.

Bajo esa miope mirada inventan fórmulas y pócimas para ensayar chistosísimos experimentos políticos sin tener muy claro qué es lo que quieren y proponen.

· · ·
 
En nombre de la apertura a la ciudadanía, el priismo rompe los candados que le impiden postular a un simpatizante que, técnico y moderno, propone el matrimonio doctrinario de Plutarco Elías Calles y Manuel Gómez Morin. Un cuadro al que poco le importa el color de la camiseta, siempre y cuando lo vista.

Al panismo que -según Carlos Castillo Peraza- se alzó con la victoria cultural de sus postulados sobre los del priismo desde 1988, aún le cuesta emparentarse con su supuesto adversario histórico y practica una política esquizofrénica: electoralmente se alía al perredismo y políticamente al priismo. Y, hoy, junto con la cúpula perredista, busca al estadista encubierto que abandere la idea de que la-izquierda-y-la-derecha-unidas-jamás-serán-vencidas. Bajo el ardid de integrar un frente amplio que no acaba de definir qué propone y a qué se opone, la dirigencia panista defiende sus pequeños intereses y niega estar ante la posibilidad de aliarse política y electoralmente al priismo.

La dirigencia formal e informal del perredismo impulsa la política del despecho. Si Andrés Manuel López Obrador sólo invita a las bases perredistas a unirse a su movimiento y no a la dirigencia, mejor es integrar un frente con el panismo. Nada le dice la experiencia de esa alianza con los albiazules, en cuanto conquistan la posición en juego, el panismo los deja colgados de la brocha o les da el esquinazo para acordar con el priismo. Sin hablar, desde luego, del fracaso de sus gobiernos aliancistas.

Los tres partidos se abren para cerrarse.

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Tristes y chistosas las dirigencias de los tres partidos, sus precandidatos hacen juego con ellas. Combinan. De ellos, son contados quienes manifiestan clara y contundentemente su legítima ambición de terciarse al pecho la banda tricolor.

La mayoría de los precandidatos tricolores simpatizantes, militantes o semisimpatantes -es la nueva categoría-, niegan descartarse del juego, pero tampoco se encartan en serio. ¡Piden permiso! Y, aun con permiso, sólo en voz baja dicen estar interesados en ocupar la residencia oficial de Los Pinos, pero en voz alta aseguran estar en lo suyo y lo suyo es cumplir con su tarea y servirle al jefe. Juegan, pero no se la juegan. Se toman la selfie, pero no la foto en plano abierto.

El dirigente Ricardo Anaya no niega, pero tampoco afirma su ambición y jura que, de ser necesario, se envolverá en la bandera del Frente Amplio para arrojarse desde lo más alto del Instituto Nacional Electoral a fin de registrar la alianza, aunque su nombre no aparezca en la ansiada boleta. Y el perredismo sufre mucho porque, a excepción de Miguel Ángel Mancera que por lo demás no es militante con credencial pero sí con afiliados, nomás no tiene cuadro presentable con talla y peso.

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La parte más dramática de la comedia es que, en el fondo, tricolores, albiazules y negriamarillos carecen de cuadros formados en la práctica y la doctrina de su organización, así como en el servicio público o la representación popular de cara a la ciudadanía. Por eso ahora andan pidiendo prestado.

Tanto cerraron los canales de participación dentro de sus propias filas, tanto concentraron el mando en el grupo hegemónico dominante, tanto se acostumbraron a hacer política a partir de las prerrogativas y las prebendas que, ahora, se abren para cerrarse y ver la posibilidad de sobrevivir, aunque no ganen.

Se desplumaron a sí mismos de tanto limitar la política a los cuates y las cuotas. La endogamia y el dinero los echaron a perder. Y, por si algo faltara, los enanos les crecieron, los partidos chicos -la contienda en puerta sería la oportunidad para salir de ellos- están de plácemes porque sus frijolitos pesan y se cotizan en la lotería en que se insertaron los supuestos gigantes de la política.

Quizá, los tres partidos deberían postular como candidato presidencial a Gerardo Ruiz Esparza: una tapadera con garantía. Un político que, cuando se le hace un socavón, tiende un puente y mantiene el paso. Todo como si nada. A lo mejor, como a las víctimas del socavón, le ayuda a las dirigencias a pasar el mal rato.

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Desde hace años, los partidos le cerraron la puerta a la ciudadanía y a sus propios cuadros, hoy frente a la asfixia dicen abrirse. En el fondo, sólo quieren ventilar el ambiente para cerrar de nuevo. Qué triste y chistoso. Qué comedia.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 12 de agosto de 2017.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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