René Delgado

Hicieron todo para perder y, según esto, ahora los priistas se preguntan por qué fueron derrotados.

Desde luego, la élite que tomó el control del partido y la administración elude la pregunta, rogando no darle respuesta porque -saben y temen- la contestación podría arrastrarlos al cadalso de los políticos rateros, cínicos o, cuando menos, negligentes o indolentes. Los integrantes de ese grupo se truenan los dedos y cierran la boca y, ni por error, defienden las reformas, las políticas y las obras que supuestamente transformarían a México. No es para menos, el escenario donde actuaron lo mancharon de sangre y al telón de fondo lo luyeron a fuerza de corrupción.

Esos priistas que hasta del partido se apropiaron hoy miran al cielo, recelosos ante la posibilidad de verse tras las rejas o condenados por propios y ajenos. No pueden escribir la visión de los vencidos porque sería flagelarse, pero sí suscribir el acta de rendición y la política de perdón, en su caso, con olvido.

En estos días, la divisa de esos hombres y mujeres del presidente Enrique Peña Nieto -incluido él y excluidos quienes gozan ya de fuero- es: ahí muere, hagan lo que quieran y déjennos ir como si nada.

***

Más allá de los méritos propios de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, esa élite impulsó con todo y sin querer las posibilidades del Presidente electo.

Abandonaron la política de seguridad hasta romper récord en el número de muertos y desaparecidos y, en el descuido, toleraron la diversificación del crimen en la extorsión, la ordeña de ductos, el cobro de piso, el asalto a trenes, fingiendo no advertir cuanto ocurría. Ninguno de los miembros de esa élite se podría parar en un foro con víctimas y, entonces, ignoraron a los dolidos, ahondando aún más el agravio cometido. Sin el menor respeto, escondieron los cadáveres donde pudieron.

Sí que tienen esqueletos en el clóset de su indiferencia. Menudo lío el del senador Miguel Ángel Osorio Chong, tentado a resistir la política de seguridad en puerta, después de haberle subido la flama al infierno de su gestión en ese campo.

***

Respetuosísimos del federalismo, el selecto grupo tricolor se hizo de la vista gorda frente a los abusos de gobernadores y colaboradores que, ahora, integran el cuadro de horror de la corrupción y, aun así, antes de irse, les procuran facilidades para borrarlos, permanecer en fuga o pasar el menor tiempo posible en la sombra.

De gran utilidad le resultó a esa élite desmantelar el aparato de procuración de justicia, poniendo al frente de ella a un velador de las tropelías y abusos cometidos por ellos mismos. De los sobornos de Odebrecht, nada. Del espionaje telefónico a activistas y periodistas, tampoco. De la estafa maestra, lo mismo. De la persecución de funcionarios involucrados en el saqueo de recursos, igual. De los derechos humanos...

De la verdad histórica, oficial o judicial de más de un asunto del interés público, hicieron el cuento de la pesquisa interminable, la integración de un expediente desechable o la fantasía de la falta de elementos.

***

Confundido el poder con el tener, la idea de transformar al país se convirtió en el ejercicio de emprender reformas, desarrollar políticas y realizar obras haciendo favores, obteniendo propinas y provocando necesidades con tal de vislumbrar algún negocio.

Así, compraron fierros viejos y oxidados sacando beneficios; se dejó "secar" -así dijo el presidente Enrique Peña Nieto- la gallina de los huevos de oro, hasta desarrollar a las empresas improductivas del Estado; se abandonaron las refinerías; generaron la sobresaturación del aeropuerto de la ciudad, dejando de modernizar equipos, subutilizando Toluca y abandonando la idea del sistema aeroportuario; licitaron obras mal hechas...

La fórmula modernización con corrupción no arrojó el resultado previsto y, entonces, la transformación en varios de sus capítulos quedó manchada... indefendible.

Mejor callar, bajar los brazos, no andarle buscando tres pies al gato.

***

Hoy, la derrota de la administración saliente es notoria porque, de nuevo, el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca reaparece como el mausoleo de su gestión, el agujero adonde la impunidad y la pusilanimidad llevaron al país, "el mal rato" -parafraseando al grosero secretario Gerardo Ruiz Esparza- que infinidad de mexicanos pasaron durante el sexenio.

Ese mal paso significó uno de los muchos tropiezos de la administración y se constituyó en su símbolo: desprecio por la gente y la vida ajena, obra sin proyecto, modernización con propina, sobrecostos increíbles, sanciones sin castigo, recontratación de las empresas constructoras y, desde luego, permanencia en el puesto y cobijo del funcionario irresponsable...

A ese funcionario se lo llevó un tren inconcluso y le dieron el avión en el aeropuerto de Texcoco. Hizo del socavón, emblema del gobierno. Y del silencio, vehemente rendición de cuentas.

***

Si al inicio del sexenio, esa élite tricolor presumía estar salvando a México; al concluirlo, intenta huir de la idea de haberlo hundido.

De ahí su interés por que el priismo no ande preguntando ni reflexionando por qué fueron derrotados. El error de nombrar presidente del tricolor a Enrique Ochoa, de apropiarse de la asamblea, de destapar al precandidato no indicado y de desplegar una campaña sin dirección ni sentido es lo de menos. Lo de más fueron los errores cometidos a lo largo del sexenio que, hoy, los hacen suscribir el acta de rendición.

Sólo así se explica el silencio de esa élite. No transformaron al país. Movieron a México, pero no adonde decían.

El Socavón Gerardo Ruiz

Ni qué decir, ahí está la postura de la Comisión Nacional de Derechos Humanos frente a la infame obra.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Domingo 14 octubre 2018.


René Delgado

Al parecer, la alternancia va más allá de lo estimado por quienes la resistieron, así como por los usufructuarios de ella. Y, pese a que aún no arranca del todo, más de uno pregunta hasta dónde va y cuestiona cómo.

El desafío del próximo gobierno es mayúsculo. Nada fácil se ve operar cambios radicales sin vulnerar la fragilidad de las finanzas públicas ni comprometer la estabilidad económica -que, obviamente, estrechan su margen de maniobra- y, en esa circunstancia, resolver o atemperar el malestar social acumulado a partir de dar satisfacción a viejos y nuevos reclamos. Cambios aún más difíciles de ejecutar cuando, tras el sacudimiento electoral, la resaca política deja ver la endeble situación de los puentes de entendimiento.

¡Vaya momento tan singular! Tan importante y determinante para el país.

***

A diferencia de las anteriores alternancias, esta no redujo el relevo a una cuestión de turno en el ejercicio del poder dentro del molde establecido. No, plantea generar una alternativa, cambiar o al menos ajustar el molde y darle otro sentido y dirección al poder en su ejercicio.

De ahí que los sectores empoderados y desempoderados por la alternancia presionen al operador designado y litiguen el futuro, disputándose incluso el pasado. Antes de verlo ocupar el asiento frente a la maquinaria, unos y otros quieren sujetarlo, asegurar que su actuación sea conforme a lo que cada uno de ellos dice y quiere..., así sean incompatibles las posturas. Y, ante la necesidad de no perder el respaldo de unos y otros, el operador voltea a ver al conjunto y jura tener en cuenta a todos.

De ahí que el operador y sus asistentes reboten en medio de contradicciones, intentando tranquilizar a los polos desde donde los tironean. El discurso se modifica o matiza según el auditorio frente al cual se pronuncia o según el vocero en uso de la palabra y, ahí, es donde el arrebato de tirios y troyanos crece.

El entusiasmo y la inquietud frente al próximo gobierno van en aumento. Y, curiosamente, en algunos capítulos sujetos a litigio se coincide en la necesidad de ajustarlos, pero se discrepa en cuanto al ritmo, los términos y el cómo.

***

La compleja argamasa de grupos, sectores e intereses que, a diferencia de las otras veces, hicieron posible el triunfo electoral de Morena, ahora, se reconoce empoderada y exige satisfacer sus demandas con apego a la letra del reclamo. Dado el aporte a la posibilidad de realizarlas, piden concretarlas de inmediato e, incluso, agregan demandas que parecían descartadas o abandonadas. Las quieren ya, cuanto antes.

En el contraste, a quienes resistieron la alternancia y, luego, se resignaron ante el inminente resultado electoral, ahora, les inquieta la consecuencia política. Tal inquietud los lleva a exigir cálculo y mesura al próximo gobierno, cuando ni siquiera se lo sugerían a la actual o las anteriores administraciones, de las cuales eran socios, patrocinadores o, a veces, cómplices. Quizá por eso, ahora exageran sin reparo el efecto de algunas acciones tomadas o por tomar. Incluso, aún sin entrar en función, atribuyen al próximo gobierno actitudes autoritarias que, a su capricho, perfilan posturas neofascistas. No entienden, por ejemplo, cuanto está ocurriendo en la prensa, pero concluyen que hay actos de censura anticipados. Endosan facturas ajenas y de antemano.

En esa situación, se alargan desesperadamente los días de transición.

***

La tensión prevaleciente y la sensación de un desvertebramiento quizá respondan al simple reacomodo de las fuerzas políticas y los grupos de poder que aún no acaban de encontrar asiento ni construir códigos de entendimiento, puede ser.

Lo cierto, sin embargo, es que -aun cuando la corrección política recomiende negarlo- no se puede gobernar para todos, pero tampoco se puede desconsiderar a quienes no serán los beneficiarios mayores del proyecto. Quienes dicen gobernar para todos, simulan. Y del dicho sin sustento hacen bandera no para desplegarla sino para arrebujarse en ella y navegar o gobernar según soplen los vientos.

Encontrar el punto de equilibrio entre el concepto y el diseño de un gobierno con proyecto y la instrumentación de éste sin provocar rupturas requiere de un talento extraordinario para conciliar las diferencias, instar a la colaboración, así como al sacrificio compartido y, en el corto lapso del arranque de un sexenio, dar los primeros pasos con firmeza y sin tropiezos.

***

Del periodo de transición se ha recorrido ya más de la mitad de los cinco meses establecidos por el calendario. Restan cincuenta y seis días para la transmisión del poder. No es mucho tiempo.

El próximo gobierno ya dejó en claro qué no quiere continuar, pero no acaba de configurar y exponer con precisión qué sí quiere emprender, cuál es el orden de las prioridades y cómo pretende llevarlas a cabo sin vulnerar las condiciones mínimas necesarias para, aun en la sacudida y el bamboleo, garantizar la estabilidad.

Sin renunciar a la necesidad de mantener vivo el respaldo social y, en tal virtud, hacer acto de presencia en plazas y alamedas, no sobraría que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, comenzara a recapitular planes y proyectos, considerando los recursos económicos, políticos y humanos con que cuenta y así reperfilar las posibilidades de su gobierno.

El reloj ya marca la hora y no por darle cuerda, el tiempo se prolonga.

El socavón Gerardo Ruiz
Cuando se mira el agujero en que se deja la procuración de justicia y cómo uno a uno de los exgobernadores, los funcionarios o exfuncionarios y los dirigentes presos, señalados o en fuga alcanzan penas atenuadas, consiguen facilidades o se esfuman de la vista, el socavón cobra una dimensión inconmensurable.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Domingo 7 de octubre 2018.


René Delgado

Bajo el jaloneado, ríspido y, a veces, encontrado debate sobre las propuestas del próximogobierno, hay un hecho saludable. Ahí, yace el silencio impuesto por las cúpulas y la negación a democratizar las decisiones.
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Hacía mucho no se sujetaban a debate abierto tantas cuestiones y asuntos del interés público.

Secrecía, opacidad, imposición e incluso capricho o transa llegaron a constituir el método de decidir. Por eso, ahora tanto revuelo y ruido empañan los argumentos y los contraargumentos, polarizan las posturas y le dan sonoridad a la discrepancia. Se había perdido la práctica de ventilar y abrir a discusión grandes y pequeños asuntos de Estado y, con ello, el derecho a opinar y participar en las decisiones.

En la idea de la alternancia limitada a una cuestión de turno entre partidos con un mismo proyecto, la democracia se redujo a su capítulo electoral, borrando su título participativo.

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Con y sin limpieza se endiosó sin garantizarlo del todo el capítulo electoral: se votaba, pero no se decidía.

La gente podía elegir quién debería ejecutar una decisión tomada de antemano. Qué hacer y cómo era materia resuelta y concentrada por las cúpulas políticas y técnicas que, por convicción e interés -a veces, por combinación o negocio de esos valores-, se arrogaban el privilegio de determinar por dónde debería ir el país.

Parte del fracaso de algunas de las reformas estructurales y las políticas emprendidas este sexenio ahí tuvo su origen. Las decisiones no fueron discutidas ni compartidas, fueron dictadas e impuestas... incluso, a veces, contra y no con la gente. Y, en el colmo, manchadas por la corrupción.

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La pasada elección, una enorme porción de votantes sacudió la democracia tutelada y reducida.

Escapó al esquema que tan bien le venía al modelo neoliberal y al régimen bipartidista con adherencias. Esa ciudadanía no sólo eligió quién, sino también qué. Optó no sólo por una alternancia, sino también por una alternativa: un cambio de paradigma.

El grueso del electorado resolvió reivindicar a la democracia en sus capítulos electoral y participativo. Votar y decidir, participar. De ahí la importancia que, después de tanto tiempo, cobra el debate.

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Retomar una práctica descuidada o abandonada exige, como todo, reacondicionarse.

Con el debate ocurre lo mismo y, por lo pronto, los participantes y las partes involucradas en él se ven fuera de forma. No acaban de entender su rol, de encancharse ni de ubicar el límite y el horizonte de su intervención.

De momento, reina el desconcierto. Al debatir se confunde postura con argumento; texto con pretexto; proposición con oposición; realidad con deseo; resignación con razón...; posibilidad con probabilidad.

En esa feria -donde, a veces, el diálogo se tambalea- se escuchan absurdos. Por eso, la relevancia de rescatar el debate con condición y reglas, apertura. De otra forma, la recuperación puede derivar en una lesión superior a la original.

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En la reapertura del debate y la falta de condición, hay absurdos increíbles.

Un delegado único en los estados rompe el pacto federal pero muchos delegados no, según los caciques contra los prefectos. Los gobernadores no ven en el fortalecimiento de su hacienda, la soberanía e independencia que reclaman. Cobrar impuestos y derechos no les interesa, lo suyo es gastarlos. Vengan los recursos como siempre.

La divisa de algunos defensores del nuevo aeropuerto es "a lo hecho pecho" y nada de consulta porque la gente, dicen, no sabe ni tiene qué opinar. Desde su atalaya, sólo es cuestión de obedecer a los especialistas que están a favor de Texcoco y ya. El asunto del mantenimiento ni tratarlo porque, en México, la costumbre es construir, no mantener las obras.

En la reforma educativa el debate es sobre las comas. Ni una debe quedar, ni una se debe mover. Contrario a lo dicho durante la campaña electoral, la consigna ahora es invertida: si el actual gobierno soltó al tigre magisterial por torpeza, el entrante debe amarrarlo por acariciarlo.

A las refinerías hay que rematarlas como fierro viejo, no son un negocio rentable, así haya un problema de seguridad nacional en el hecho de depender de un solo proveedor, encabezado por un esquizofrénico. No, mejor hay que reconfigurarlas y construir una o dos más, es la postura contraria. No hay punto medio.

Perdón sin olvido o castigo sin perdón son los polos del debate en torno a la propuesta de pacificar el país por vías distintas a las seguidas durante años. Tanto tiempo se dejó de escuchar a las víctimas que éstas no quieren oír, sólo decir... mientras el país se desangra.

Desconcentrar toda la administración o nada de ella, es el eje de la otra discusión. No hay matiz. Reubicar algunas dependencias y, así, sembrar algunos detonantes de desarrollo en distintos puntos del país no es opción.

Los absurdos se explican por la falta de ejercicio del debate.

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El debate no debe ser freno ni acelerador de la toma de decisiones, si acaso, embrague para acoplar acuerdos y desacoplar diferencias... reconociendo que la gente tiene derecho y decidió elegir y participar.

Pervertir el debate puede reanimar la polarización que tanto daño ha hecho y alentar las políticas de campanazo que hacen ir y venir al país sin llevarlo a ninguna parte.

El socavón Gerardo Ruiz
El ramo del autotransporte federal de carga ofrece una oportunidad para que, así sea parcial y tardíamente, el secretario Gerardo Ruiz se reivindique un poco: presionar para que las carreteras operen con seguridad. Dicen que el tramo Amozoc-La Esperanza, en Puebla, clave para el transporte de mercancías y la economía, es el paso del miedo frente a la delincuencia. Son ochenta kilómetros, hombre, no es mucho.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Lunes 17 de septiembre 2018.


René Delgado

Vaya paradoja. Ahora se cuenta con un virtual presidente electo y un virtual presidente constitucional y, por lo mismo, con ninguno real.

El presidente saliente se fue de vacaciones, bajó la cortina y no ve por qué rendir cuentas detalladas de lo hecho y lo deshecho. Y el presidente entrante llegó con ansias, levantó la cortina y no ve por qué explicar con detalle cuanto plantea hacer y deshacer.

Ante el vacío, algún especialista en incertidumbre podría escribir el manual: "Cómo sobrevivir sin arritmia, desesperación ni angustia el periodo de transición".

***

Es curioso, hay un nulo flujo informativo por parte de Enrique Peña Nieto y un sobreflujo informativo por parte de Andrés Manuel López Obrador. Y entre ambas corrientes flota una cierta confusión.

El desasosiego deriva de un absurdo. El gobierno saliente pareciera haber renunciado anticipadamente al mandato recibido -a excepción de la negociación del Tratado de Libre Comercio- y no hay quien responda por cuanto acontece o por acciones emprendidas que hasta ahora se conocen. El detalle está en que la responsabilidad de la administración culmina hasta dentro de cuatro meses.

El gobierno entrante, a su vez, anuncia planes, proyectos o políticas, o bien, anticipa nombramientos sin exponer los fundamentos de las pretendidas decisiones. Un anuncio sigue a otro causando la impresión de una cierta actitud atrabancada que no deja claro si responde a un estilo personal o a una estrategia instrumentada a fin de plantar una intención y negociarla con ventajas.

***

El desconcierto sobre cuanto ocurre y ocurrirá deriva de una circunstancia de la cual no son responsables Enrique Peña Nieto ni Andrés Manuel López Obrador: el prolongadísimo periodo de transición. En total cinco meses -ha corrido sólo uno- que, esta vez, parecieran alargarse por la inactividad del primero y la hiperactividad del segundo.

Producto o no de la contundencia del triunfo electoral, Peña Nieto pareciera quererse retirar lo antes posible y López Obrador, acceder y ejercer el poder antes de la fecha indicada.

A ambos políticos, sin embargo, los condena o frena el calendario legal establecido. Al país lo angustia una idea: la administración saliente no puede irse, ni la entrante llegar y, entonces, anida un principio de incertidumbre.

***

Un ingrediente extra es la ruptura de los paradigmas fijados por la costumbre política o, si se quiere, por la subcultura política tricolor.

El gabinete se daba a conocer apenas a unos cuantos días de tomar posesión; ahora, se exhibió desde antes del inicio de la campaña electoral, en diciembre del año pasado. (Incluso, integrantes de gabinetes especializados se designaron desde entonces). Los planes de desarrollo se elaboraban meses después de haber tomado posesión; ahora, el trazo grueso del plan se publicó a principios del 2017 (en el libro "2018: La Salida"); más afinado, el proyecto de nación se presentó en noviembre de ese mismo año; y las acciones de gobierno, sin detallar, comenzaron a anunciarse apenas concluyó la jornada electoral.

Si el molde se rompió, parte de la incertidumbre es consecuencia de un desajuste. Analistas y especialistas quieren entender las decisiones del próximo mandatario a la luz de la vieja costumbre y no del nuevo paradigma. Se observan y comentan con el "chip" de antes. Comoquiera, por la forma de plantearlas, Andrés Manuel López Obrador está generando resistencias o temores donde no había.

Anticipar información sensible sin precisar detalles y, de inmediato, divulgar en los mismos términos información de otra esfera o campo, no viene en abono de la certidumbre.

***

En el colmo de la circunstancia, los partidos poco ayudan.

Encuentro Social impugna su propia victoria. Pese al resultado, esa organización no pudo preservar su registro y, entonces, quiere ganar en el tribunal lo que perdió en la urna. Poco le importa retrasar la entrega de la constancia de mayoría al (su) candidato triunfador y reducir, así, su margen de maniobra. Con la constancia, López Obrador se vería obligado a cuidar aún más la investidura, afinar posturas y podría, como pretende, solicitar oficialmente acciones del gobierno saliente en favor de su deseo de acceder al poder, ejerciéndolo. Encuentro Social piensa distinto: la República debe esperar, en la vida de un partido nada importa más que el registro... y las prerrogativas.

El resto de los partidos tampoco contribuye a centrar y equilibrar el debate. El PRI jura estar reflexionando por qué perdió, pero actúa igual que antes: sin entender la necesidad de cambiar para sobrevivir. El PAN quiere concluir primero su guerra interna y luego asomarse a la realidad. El PRD contempla su desmoronamiento, viendo qué tribu acapara más migajas. Y, curiosamente, sólo Movimiento Ciudadano entendió de inmediato y aprovechó el jugoso rendimiento de la inversión hecha en el frente.

No hay contrapesos porque se hundieron.

***

Quizá, dentro de un mes, el inicio del periodo de sesiones de la nueva Legislatura sirva al propósito de pedir cuentas al gobierno saliente y detalles al entrante, certezas sobre el legado y el proyecto.

Más allá de ello, es menester cuidar la consecuencia política derivada del resultado electoral y evitar que la aterciopelada transición adquiera la tersura de una lija.

En el entretanto, lo virtual es una realidad acongojante: no hay gobierno.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

De las reacciones provocadas por la carta enviada por el secretario de Comunicaciones y Transportes a este espacio, esta es frase de un lector: "Sr. Esparza, con razón lo critican tanto, parece que no medita sus comunicaciones o confía tanto en alguien que no requiere de revisar lo que firma".

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 4 de agosto de 2018.


René Delgado

¡Qué interesante, difícil, prometedora y compleja situación!

Los actores principales y secundarios de la contienda electoral reconocieron y aceptaron sin chistar el resultado, pero la consecuencia está costando digerirla, incluso al propio Andrés Manuel López Obrador. El cambio de reglas en el ejercicio, el reparto y el sentido del poder se están tomando con júbilo y recelo. No tanto en el campo de la economía -donde las señales son de continuidad con ajustes en el equilibrio- como sí en el campo de la seguridad, la sociedad, la política y la administración.

Una cosa es el resultado electoral, otra la consecuencia política. No es lo mismo un tiempo de cambio, que un cambio de tiempo.

***

Ante la circunstancia, marcada por el pasmo de la oposición política, la ausencia del gobierno, el entusiasmo de los simpatizantes, la suspicacia de los adversarios económicos, la aversión de algunos comentaristas y el miedo de algunos medios, el candidato triunfante no pierde un minuto.

Andrés Manuel López Obrador reconoce la coyuntura y fiel a su sentido político, actúa con velocidad y un dejo de precipitación. Gana tiempo y espacio a la resistencia que, naturalmente, encontrará el cambio radical -de raíz, dice él- que pretende realizar. Entonces, trabaja sin descanso. Atiende a sus interlocutores, al tiempo que integra equipo; gira instrucciones; fija agenda y postura ejecutiva, administrativa y legislativa; encarga planes y delega tareas relativas a la inminente actuación de su gobierno.

Quiere llegar haciendo, no viendo cómo le hace.

***

En esa tesitura, el candidato triunfante anuncia medidas menores y mayores.

Desea con vehemencia asegurar resultados menores inmediatos -pensiones presidenciales, devolución del avión oficial, conversión de Los Pinos en sitio público, etcétera-, a fin de acrecentar y acreditar fuerza, respaldo y tino para generar resultados mayores posteriores -austeridad, seguridad, anticorrupción, justicia social. El título de la alianza que lo empoderó -Juntos Haremos Historia- no fue mera puntada. Quiere hacer de la alternancia, alternativa; no simple turno.

Le gusta y conoce la Historia y sólo tiene seis años para ser protagonista de ella, encabezando la cuarta transformación. Ahora no quiere escribir un libro, pretende aparecer en él.

***

El resultado marca el triunfo electoral de un candidato, la consecuencia reclama cumplir el mandato recibido que, en este caso, no sólo recayó directamente sobre el abanderado principal sino también sobre su movimiento. Como hacía años no ocurría, el electorado -fuente del poder- decidió privilegiar a una fuerza tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, así como en la mayoría de las gubernaturas estatales y las legislaturas que estuvieron en juego. Otorgó un poder enorme.

Ante al resultado no hubo resistencia, pero frente a la consecuencia hay algunas dudas y cuestionamientos. Y, ante ello, el candidato triunfante lanza un anuncio tras otro que, en su constante novedad, impide calibrar cómo cayó y se entendió el anterior. Quizá sea parte de una estrategia para conservar ventaja, pero si no es así, se están incrementando las expectativas y las dudas.

Ese vértigo está provocando mareos. Algunos actores se doblegan, otros dudan y algunos más resisten apoyarlo a secas. A la vez, el candidato triunfante está generando la impresión de cierta falta de articulación en los planes de mayor hondura: seguridad, descentralización, delegado único en los estados, etcétera.

***

Es prematuro tomar posturas inamovibles, es momento de ubicarse ante la consecuencia del resultado y no perder la oportunidad.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Justo a un año del emblemático suceso, esta es la cuarta y última parte de la carta del secretario Gerardo Ruiz:

"Señor Delgado, estoy consciente de que la función pública se encuentra permanentemente sometida al escrutinio y a la crítica de la opinión pública, que normalmente poco considera el esfuerzo y la entrega de miles de servidores públicos para cumplir con los resultados comprometidos que normalmente revisten complejidades técnicas, sociales y financieras de gran dimensión, aun así considero que son más los logros y resultados que la problemática afrontada.

"Entendiendo que estas dificultades son parte del oficio público que uno afronta en vocación de servicio, aun así considero que lo más importante y trascendente es cumplir con las principales metas comprometidas que son básicas para el desarrollo del país.

"Por último, quisiera comentar que la SCT ha realizado una política de transparencia y rendición de cuentas a través de la publicidad de los procesos de contratación, la apertura de expedientes, inclusión de testigos sociales; testimonios de Notarios Públicos, así como la publicación de informes de resultados semestrales y anuales de cada sector, la publicación en redes sociales, además de ser pionera en asumir el compromiso del estándar de contrataciones abiertas en tres proyectos emblemáticos: Nuevo Aeropuerto Internacional de México, Red Compartida y Nuevo Puerto de Veracruz. El propósito siempre ha sido que la Secretaría sea un libro abierto para la ciudadanía.

"Le agradezco se haya tomado el tiempo para leer estos comentarios y en caso de alguna duda con gusto le será aclarada, aprovecho la oportunidad para enviarle el último Informe de Acciones Relevantes de la SCT y el 5to. Libro de Infraestructura de Comunicaciones y Transportes, en donde se refleja con detalle en buena medida el trabajo que se ha realizado en esta Secretaría durante el último año, así como un USB con los libros de los años anteriores.

“Atentamente,
Gerardo Ruiz Esparza”.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 15 de julio de 2018.


René Delgado  

Votar primero y mostrar madurez después será clave el día de mañana.

E esa acción y actitud dependerá el amanecer del lunes o, si se quiere, el porvenir de un país urgido por reconciliarse y resolver de común acuerdo los problemas -destacadamente, la inseguridad, la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la vecindad con Estados Unidos- que, una y otra vez, han frustrado el anhelo de crecer con desarrollo y justicia, en paz, democracia, libertad y armonía.

La prudencia, entereza y tolerancia de candidatos, dirigentes, gobernantes, consejeros y magistrados electorales, periodistas e intelectuales, así como de la ciudadanía, estarán a prueba. Apartarse de esas conductas o, peor aún, intentar frustrar, desvirtuar o revertir la decisión tomada en las urnas, no sólo ahondaría el desencuentro nacional, facilitaría también la labor a quienes desde fuera -Donald Trump a la cabeza- y desde dentro del país -el crimen en su apogeo- se empeñan en socavarlo o herirlo.

Sería absurdo pasar, a partir del ejercicio de la democracia, del deshilvanamiento del tejido social y político al desgarre. De la confrontación al enfrentamiento.

***

El encuadre de las elecciones de mañana es en extremo difícil, complicarlo aún más sería peligroso.

Desde dentro, la delincuencia criminal y la delincuencia política han puesto al Estado contra la pared y han hecho de la violencia un recurso para intervenir en los comicios. Ante ellas, la debilidad ha quedado expuesta. Hay sangre en la arena. Crimen sin castigo. A lo largo del proceso electoral, el asesinato de 133 políticos -entre ellos, 48 candidatos- advierte de la incursión criminal en la soberanía popular. Ahora se sabe a quiénes el crimen político o delincuencial no quería ver en la boleta, pero no a quiénes colocó en ella.

En cualquier democracia, esa intervención exigiría una contundente campaña en su defensa. De parte de la autoridad gubernamental, actuar con rapidez y firmeza, no dejar impunes esos crímenes. De parte de los candidatos presidenciales, protagonistas centrales del concurso, suspender un día las campañas en favor de la paz y no sólo lamentar lo ocurrido. De parte de la autoridad electoral, demandar con vehemencia libertad y seguridad para votar y ser votados.

No hubo esa campaña ni esa defensa. En esa circunstancia, se va a las urnas.

***

Desde fuera, las agresiones y la hostilidad de Donald Trump en contra de México configuran la amenaza de un fascista, ansioso por postrar hasta la humillación a su vecino.

El amago ahí está y, tras la criticable postura de la Cancillería mexicana -cuando no dócil, tardía, siempre incapaz de formular una política integral ante el problema-, profundizar la división y animar la polarización dentro, colocaría al país en una situación de enorme debilidad ante el capricho y el prejuicio de un sátrapa, esquizofrénico y ensoberbecido.

De las agresiones externas cuando el país ha estado dividido, se han extraído las experiencias más amargas de nuestra historia.

Bajo esa amenaza foránea, se va a las urnas.

***

La elección de mañana como las anteriores es relevante, no hay duda, pero no reviste la importancia capital que se le ha querido imprimir. El país no se refunda ni se disuelve mañana, no se acaba ni inicia.

Elegir es importante, siempre y cuando haya de dónde escoger. Esta vez, sólo hubo una opción. Por la práctica prolongada de políticas cupulares, excluyentes y cerradas y por los errores cometidos ahora por los candidatos, partidos y administraciones que redujeron la alternancia a una cuestión de turno para seguir la misma rutina, estos no tuvieron qué proponer al país.

Votar primero y mostrar madurez después es clave para reponer el horizonte nacional.

CUENTA FALSA

Es falsa la cuenta en Twitter que aparece bajo el nombre del autor y el título de esta columna. Conviene advertirlo.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Segunda parte de la carta enviada por el secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza.

"Desde el inicio de la Administración como Secretario de Comunicaciones y Transportes Federal, le presenté para su aprobación al señor Presidente de la República el Programa Nacional de Infraestructura, mismo que buscaba resolver graves problemas estructurales del país como lo eran la saturación de autopistas, ejes troncales, carreteras, puertos y aeropuertos; así como el rezago existente en materia de Telecomunicaciones y en la Industria Aeronáutica, principalmente.

"El Programa se cumplirá en buena medida como uno de los más importantes en la historia de la SCT, el cual se sintetiza en la construcción de 52 nuevas autopistas y 80 carreteras con un total de 6,400 km; 56 libramientos, 50 nuevos distribuidores; la ampliación de los 10 accesos más importantes de la Ciudad de México, más de 36 mil km de caminos alimentadores y la ejecución de 10 proyectos bajo el esquema de Asociaciones Público-Privadas para la conservación y mantenimiento de infraestructura carretera de alta afluencia vehicular; la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; la modernización de 28 aeropuertos; duplicar la capacidad operativa de nuestros puertos de 260 a 530 toneladas por año; la construcción de los trenes México-Toluca, Ligero de Guadalajara y la Línea 3 del metro de Monterrey; la modernización de nuestro sector ferroviario de carga y el impulso al sector aeronáutico.

"Además de realizar una profunda transformación en materia de telecomunicaciones con proyectos como la Red Compartida, el programa México Conectado, Infraestructura Pasiva y la publicación de la Política Satelital Mexicana para atender la creciente demanda de conectividad del país". (Continuará).

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 30 junio de 2018.


René Delgado

Los asusta imaginar en la Presidencia de la República a una fuerza distinta a las conocidas y, entonces, aun cuando se dicen liberales y abiertos al cambio, instan a reducir la alternancia a una cuestión de turno entre los jugadores bien vistos en la liga. No les gusta la idea de entender la alternancia como una alternativa. Pensar en un nuevo reparto, ejercicio y sentido del poder, los aterra al punto de apartarlos del análisis y llevarlos a la adivinación, especializada en los presagios negros.
Los tutores de la democracia temen una calamidad, sin lamentar la ruina desde donde predican. Aferrados al presente continuo advierten: todavía nos puede ir peor. Mejor no moverle, mucho menos ensayar algo distinto.

Aborrecen la política popular y abierta como adoran la política cupular y cerrada.

***

Son curiosos los profetas que abominan al mesías. Desde el púlpito del elitismo o los salones donde conversan, fustigan el populismo a partir de la lectura de los pliegues de su miedo. Brotan arrugas en su frente.

Nada quedará en pie. No podrá con la corrupción. Acabará con la libertad de expresión. Arrasará con las reformas. Ejercerá el poder absoluto. Desmantelará el mercado. Resucitará al Estado. Sacará a los presos de las cárceles y encerrará a la sociedad en su fatiga. Secará los ríos y los lagos para saciar su sed de poder. Y, sin duda, regalará las reservas internacionales a los pobres, fomentando la holgazanería y acrecentando la inexistente deuda nacional.

Todos los males por venir pueden, según ellos, conjurarse en un tris dominical. Basta votar en contra, beneficiando al segundo lugar de la incompetencia sin importar quién sea. Reivindican la razón de la sinrazón, condenando la emoción derivada del malestar y el descontento social acumulado.

***

Desde la lógica del pavor, cuanto auguran los custodios de la democracia tutelada jamás ha ocurrido. Si la impresión es la contraria, en todo caso es un espejismo. Algo temporal y pasajero. Nos va mal porque vamos bien, más de uno ha explicado sin enredos. Cuando todo esté a punto, bastará la credencial de elector para acceder al paraíso sin escala en el infierno.

En ese momento aún sin fecha, la bonanza quedará fija en el calendario. Gobiernos más eficaces y honestos que los conocidos. Fiscales generales y especializados, autónomos e independientes, aunque ahora estén en la congeladora. Magistrados sin toga ni bolsillos, pero de gran talla, parecidos a los actuales, a quienes podrá llamarse por su apodo. El libre mercado corregirá la desigualdad social y emparejará las regiones, todos con educación y empleo en un país de una sola y altísima velocidad. Los maestros importados de Harvard darán clases en inglés, desde preescolar. Los inversores nacionales y extranjeros formarán fila, aún más nutrida, en la ventanilla única de nuestro anhelo. Las cárceles estarán al cien como las escuelas. Los muertos y los desaparecidos lamentarán haberse ido. La tasa de crecimiento exigirá usar cinturón de seguridad, dado su vértigo, aunque ahora avance a paso de tortuga. En Woodlands, el Infonavit construirá las viviendas de interés social y en Saint Tropez las casas de interés político. Qué Acapulco, ni qué Acapulco. Vamos, bastará decir qué se necesita para tenerlo.

Un paraíso sin par, a condición de no verse tentados por la idea de buscar otro derrotero ni cambiar el curso.

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Los profetas son singulares, pero parejos. Así como no reconocen aciertos en la campaña del mesías, tampoco reconocen errores en la campaña de los suyos.

En la lógica de que las cosas suceden porque ocurren, explican que el puntero corra mucho y los segundos se queden atrás. Así, porque sí.

Nada les dice la privatización de los partidos, las prerrogativas, las candidaturas y las campañas de sus favoritos. Tampoco que el Pacto por México le haya dejado en exclusiva el monopolio y el territorio de la oposición a Morena, mientras el panismo, el perredismo y el priismo disfrutaban las mieles del ejercicio de la partidocracia, la política del canje y el reparto de posiciones y prebendas a partir del principio de cuotas y de cuates.

Aquel se aprovechó por no tener qué hacer, mientras aquellos se empeñaban en legislar mal las reformas y la administración, después, las implementaba peor. Un abuso.

Ante ese paisaje, los profetas miran con recelo el futuro próximo y promueven permanecer en el presente continuo.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

El secretario Gerardo Ruiz Esparza envió antier una carta a este espacio que, por su extensión, se publicará en partes. Esta es la primera:

 "SR. RENÉ DELGADO

 "PRESENTE:

"Desde hace varios meses en su columna 'Sobreaviso' que publica en el Periódico Reforma, realiza usted un comentario negativo sobre mi persona vinculado al lamentable accidente de Cuernavaca.
"Mi Coordinador General de Comunicación Social, Mtro. Rodolfo González, envió un escrito al Ing. Lázaro Ríos Cavazos, Director General Editorial de Grupo Reforma, mismo que usted ya conoce, razón por la cual ya no haré referencia detallada a los argumentos expuestos. En esencia lo que el escrito perseguía era acreditar con evidencias las causas del accidente, que desde mi punto de vista no dejan lugar a duda, resumiéndose en lo que invariablemente sucede cuando un tubo de agua se tapa con basura, termina por romperse y el agua se infiltra en el terraplén, basura que en este caso provenía de las barrancas de Cuernavaca.

"Le comento que a lo largo de mi carrera en el Servicio Público he luchado siempre por lograr las metas y los resultados que se me han encomendado y casi siempre he alcanzado los objetivos". (Continuará).

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 23 junio 2018.

René Delgado

Restan dos semanas para acudir a las urnas y, aun cuando la tensión derivada del concurso electoral tiende a disminuir, falta traspasar algunas aduanas.

Los obstáculos por salvar son cinco e involucran a autoridades gubernamentales y electorales, así como a los principales protagonistas de la contienda. Se trata de los atentados de origen criminal o político contra candidatos a puestos municipales o legislativos; el impulso de prácticas ilegales o antidemocráticas, significadas en la compra o coacción del voto; las actitudes de soberbia presumiendo el triunfo; los actos de desesperación ante la previsible derrota; y la tentación de impugnar sin fundamento el resultado, jugando con la nulidad.

A la autoridad gubernamental y la electoral corresponde actuar con prontitud y firmeza frente a los dos primeros; a los candidatos presidenciales, moderar y madurar su conducta aun en el último jalón o esfuerzo. Sólo así se podrá transitar de la sana incertidumbre electoral a la imprescindible certeza política que, por la adversidad proveniente del exterior, es fundamental para mantener en lo posible la estabilidad económica y social.

Incurrir en omisiones, errores o excesos al cierre de la contienda, la jornada o la calificación electoral podría acarrear un elevado costo nacional, cuando el entorno demanda correr con pies de plomo y, luego, conciliar y cerrar filas.

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En las últimas dos semanas, la combinación de varios ingredientes contribuyó a distender la atmósfera.

El acercamiento al Consejo Mexicano de Negocios resultaba clave en el curso final de la campaña para Andrés Manuel López Obrador y, a partir de las versiones del encuentro, se atemperó la confrontación e, incluso, se plantó un principio de entendimiento entre ellos. Importante también, pero no primordial, era el respectivo diálogo de Ricardo Anaya y José Antonio Meade con ese sector del empresariado. Las diferencias entre aquellos y el Consejo eran menores ante la magnitud de las que se presumían con el abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia.

A su vez, la consonancia -matices de por medio- de la macroencuesta de preferencia electoral realizada por Coparmex-Fundación Este País con otros estudios de opinión serios, convalidó los reportes del posicionamiento y la distancia entre los candidatos al momento de levantarse esos sondeos.

Asimismo -y a reserva de conocer más adelante otros estudios de opinión-, la realización del tercer y último debate no sugirió ni sugiere un ajuste mayor en la situación de los presidenciables. Y, claro, el inicio del campeonato mundial de futbol -coincidente cada doce años con las elecciones en México- resta presencia a la contienda.

Sin desconocer que, al final, en toda elección cuentan sólo los votos, los ingredientes mencionados han distendido el ambiente que, por lo demás, no se cifra ni se cifraba en la duda de quién encabezaba la preferencia, sino en el carácter y el calado de su propuesta.

***

Es, en ese marco, donde los obstáculos a salvar durante las próximas semanas adquieren particular importancia.

Ante el homicidio de ciento catorce políticos y candidatos desde el pasado ocho de septiembre, fecha de inicio del proceso electoral, no basta la reiterada promesa de que el domingo primero de julio se votará en libertad y en seguridad. El único respaldo a la palabra empeñada es procurar justicia. No hay más. Presentar y consignar, al menos, a algunos de los homicidas que, por motivos criminales o políticos, liquidaron a quienes no querían ver en puesto de elección. Insistir en la pura declaración sin la acción abre la puerta a la actuación de esos grupos el día de los comicios.

Las notas, videos y fotos publicados por Reforma de operadores priistas y perredistas pretendiendo comprar o coaccionar el voto, reclaman la actuación rápida y decidida del fiscal electoral si pretende darle credibilidad a su función y a la elección. No proceder con prontitud y parar en seco esas prácticas antes de la jornada electoral vicia el proceso. De nada valdrá y servirá actuar después, cuando se haya lastimado ya la elección.

Si bien Andrés Manuel López Obrador, el puntero de la preferencia electoral, puede respirar con cierta tranquilidad y administrar su ventaja, cometería un error si asume una actitud de soberbia y, en la presunción anticipada de la victoria aún no coronada, insufla a los sectores radicales de su partido para desconocer un hecho innegable: parte de la ventaja del candidato deriva de su corrimiento al centro político. Uno de los muchos desafíos de López Obrador será cumplir las expectativas generadas a militantes, simpatizantes y aliados, integrantes, valga la paradoja, de un diverso universo y sostener las garantías ofrecidas a quienes temen de él acciones radicales o populistas.

Por último, desde luego los otros candidatos están impelidos a dar el último tirón, pero igual a contener a los desesperados, conversos y radicales que, también, hay en el seno de su respectiva organización. Es claro que, en la desesperación, hay a quienes tienta la idea de descarrilar los comicios en su último tramo, o bien, plantear su anulación aun sin elementos. Ante el desafío de las fuerzas derrotadas sería un desastre caer en tentaciones siniestras.

Sería peligroso ignorar las aduanas faltantes y descuidar la conclusión del proceso electoral frente a la adversidad proveniente del exterior y la urgencia de conciliar al país para encarar la circunstancia. Madurez, mesura y sensatez son exigencia. No entenderlo así pondría en juego la posibilidad nacional.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

La evidencia aflora día tras día; aquí, allá o acullá; en esta o aquella obra. Ni qué decir.

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Reforma
Ciudad de México
Sábado 16 junio 2018.

René Delgado

La temporada obliga a marcar las diferencias, no las coincidencias. Así es la temporada. Las elecciones son para eso, pero hay un problema: el suelo donde están parados los candidatos presidenciales es un polvorín.

La moneda vuela a la altura del precio incontenible de la gasolina. La virtual suspensión de la renegociación del Tratado de Libre Comercio y la amenaza de una guerra comercial alertan de un sacudimiento económico. La deuda de los estados y la Federación llenan los barriles sin petróleo. La corrupción persiste y se tolera. El problema de las pensiones ahí está, aun cuando nadie lo mencione. Las reformas estructurales -particularmente, energética, educativa y político-electoral- exigen su revisión. La violencia criminal y política aumenta, no cesa. La inseguridad pública tiende a derivar en una crisis de seguridad nacional. El irresponsable desmantelamiento del aparato de procuración de justicia colapsa al de impartición de justicia. La ausencia de gobierno es mayúscula. La configuración de las coaliciones integradas a partir del desfiguramiento de los partidos anticipa un desastre político. Todo en medio de un malestar y crispamiento social de doble mecha corta, tentados a expresarse como sea.

Agregar a ese cuadro ingredientes de desestabilización con fuego real o de artificio es en extremo peligroso. Nunca es bueno jugar con cerillos. Menos, si se está parado sobre un polvorín.

***

Prometer en tono distinto el cambio con futuro, el avance contigo o la cuarta transformación del país sin reparar en la situación interna y externa, así como en la estrechez del margen de maniobra es -dicho con suavidad- una quimera. Sólo garantizar el control o la contención de la circunstancia sería una osadía política, digna de reconocimiento. Si después de ello cabe sentar los cimientos de una propuesta distinta a la prevaleciente, mérito mayor de aquel que pudiera hacerlo.

Por lo pronto, el momento exige, sí, subrayar las diferencias, pero no convertirlas en motivo de ruptura. Exagerar las diferencias sin fincarlas en propuestas y sin mirar la circunstancia, es convocar a un juego eliminatorio. Eliminar no es sinónimo de elegir, sino de excluir, quitar, separar, matar... justo lo contrario a la política, justo el alimento del odio y el hartazgo social.

Ninguna democracia nace de la eliminación del contrario, ahí muere. Cuando ello ocurre, a la palabra "adversario" la reemplaza la de "enemigo".

***

El eje de la campaña electoral aún en curso se ha caracterizado por una paradoja.

Desde su propia perspectiva, las coaliciones Por México al Frente y Todos por México -curiosa la semejanza del nombre por cuanto revela su cercanía y distancia- han coincidido en repudiar y descalificar la propuesta de la coalición Juntos Haremos Historia, sin distinguir y presentar la propia. La propuesta del frente abanderado por Ricardo Anaya se resume en la continuidad con ajustes, instrumentada por un indefinido y abstracto gobierno de coalición; la de la coalición encabezada por José Antonio Meade se sintetiza en el continuismo sin ajustes, instrumentada por el grupo tricolor empoderado que, ahora, se debilita y resquebraja.

Una segunda y absurda paradoja. Esas dos coaliciones se han enfrascado en un pleito que, en el empeño por eliminarse entre sí, ha dejado el campo libre a la liderada por Andrés Manuel López Obrador, Juntos Haremos Historia. El priismo no logra desbarrancar a Ricardo Anaya y éste no consigue caminar al ritmo que quisiera y ambos niegan haber dejado escapar a su presa. Y la Procuraduría... ¡ay! la Procuraduría.

Algo más. Anaya denuncia el supuesto pacto entre Morena y la administración, anhelando en silencio reponer el que tuvo y Meade niega rotundamente la existencia de ese pacto, suspirando que su acuerdo con la administración se sostenga. Ambos disputándose el apoyo de ¡Vicente Fox!

Ante esa disputa y en condición de impulsar la mística del triunfo inevitable y ampliar su fortaleza en el Legislativo y las gubernaturas en juego, Andrés Manuel López Obrador no repara en la generación de expectativas, superiores a la posibilidad de realizarlas si se toma en cuenta la descomposición del cuadro económico.

***

Una peculiaridad más. Esta vez, la incertidumbre electoral no deriva de la competencia entre los candidatos.

Desde el arranque de la contienda y según los estudios de preferencia electoral, la ventaja favorece considerablemente a Andrés Manuel López Obrador. Los esfuerzos de Ricardo Anaya y los de José Antonio Meade en ningún momento han colocado en un apuro al puntero y sí, en cambio, a ellos mismos. La incertidumbre no deriva del desconocimiento de quién podría ganar, sino del conocimiento de quienes podrían perder.

Ahí se explica el ahínco en imbuir miedo a elegir al puntero. Surge del pavor de quienes temen no el cambio de reglas en el juego, sino quedar fuera del juego. Por eso, los llamados telefónicos atemorizantes y los videos difamatorios, hechos desde el anonimato de quienes, por el pavor a perder, ocultan su nombre.

Es una pena el repunte de esas prácticas, cuando se venían restableciendo puentes.

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Jugar a descarrilar el concurso electoral en el último tramo o a generar expectativas por arriba de la posibilidad, a sabiendas del grado de descompostura del cuadro económico, político y social en un entorno adverso, es jugar con cerillos... sobre un polvorín.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Quienes conocen el trazo del tren Ciudad de México-Toluca y saben del soporte construido en el kilómetro 41, detrás del Monumento al Caminero, en el cauce del río Ocoyoacac, miran con miedo la obra. ¿Tienen motivo?

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Lunes 11 de junio 2018.


René Delgado

Sobreaviso


La administración encara una circunstancia en extremo delicada, cualquier movimiento en falso puede hacerla resbalar en una situación aún más compleja y arrastrar a la elección, si no es que al próximo gobierno.
Puede parecer exagerado, pero el momento exige al presidente Enrique Peña Nieto conjurar la vulneración de la soberanía nacional, popular y territorial; atemperar la tensión política con la élite empresarial; y controlar, en lo posible, los daños que le depara a su partido la desastrosa campaña presidencial de su candidato. Todo sin dejar de asegurar el proceso electoral en puerta, cuyos hilos se le están yendo de la mano.

No es hora de entrar por la puerta de atrás al debate electoral, pretendiendo defender o ensalzar el legado de la administración, sino de garantizar un mínimo de seguridad y estabilidad, cuando menos, ahí donde se puede.

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En relación con la soberanía nacional, la provocación de Donald Trump imponiendo aranceles plantea la posibilidad de una guerra comercial.

Vale para los propósitos de una negociación dura aplicar el principio de reciprocidad: responder a los aranceles al acero y el aluminio con la imposición de otros, en los productos estadounidenses generados en el territorio donde el presidente Trump tiene su base social.

El recurso, bueno como primera reacción, tiene un límite. De ir a un escalamiento, México carece de parque para continuar: la dependencia es innegable. Resta suspender la negociación, recurrir a la Organización Mundial del Comercio, diseñar una estrategia con Canadá -si, finalmente, este país tiene interés en el comercio trilateral y no bilateral como, ahora, pretende Trump.

El margen de maniobra es reducido y la acción exige velocidad teniendo en frente la elección. Sería una pena que la actual administración tomara decisiones que, a la postre, afectarán a la siguiente gestión.

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Con tropiezos, idas y vueltas, encuentros y desencuentros, aflojamiento y estiramiento, la relación de Andrés Manuel López Obrador con la élite empresarial es una montaña rusa, pero poco se sabe de la relación entre ese segmento empresarial y el presidente Enrique Peña Nieto.

Ha trascendido el desencuentro que tuvieron, pero no hay claridad del estado que guarda esa relación, y el ingrediente puesto por Donald Trump exige entendimiento entre los sectores políticos y económicos nacionales. ¿Qué hay al respecto?

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La ola de violencia criminal, oficialmente reconocida, coloca en un apuro a la administración.

El crimen desafía a la autoridad en el campo electoral. Emite por anticipado y según el caso su voto de plomo o de oro. En más de un municipio elimina a quienes no quiere ver en la boleta y subsidia a quienes quiere ver triunfar. Y, de acuerdo con especialistas, bajo el manto de la impunidad criminal, algunos actores políticos aprovechan el recurso de la violencia para salir del adversario o el desvío de fondos públicos para impulsar al aliado.

Esa violencia criminal o política pone en riesgo la soberanía popular y, si bien las autoridades estatales y municipales tienen responsabilidad en garantizar el derecho a votar y ser votado, la autoridad federal no puede resbalar la propia.

A la vuelta de los años es claro que la flama de la violencia criminal se puede administrar, subir o bajar sobre la base de disminuir o acrecentar la presencia de las fuerzas federales y se ha visto que, a partir de la relación de las autoridades locales con las federales, se puede regular aquella.

La autoridad electoral debe administrar, vigilar y normar el proceso electoral; la autoridad federal está obligada a asegurarlo y garantizarlo. El operativo Escudo Titán no está arrojando los resultados esperados y el crimen está poniendo en peligro la soberanía popular. No basta decir estamos actuando, hay que actuar.

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El incremento del robo de mercancías, combustibles e insumos de la producción, a partir del dominio criminal de ductos y vías carreteras o férreas, así como el cobro de cuotas a empresas, comercios e, incluso, a sus empleados, desafían en un punto neurálgico a la administración: la economía.

Por un lado, el crimen le disputa al Estado la soberanía territorial y, por el otro, le disputa el monopolio fiscal. En más de un lugar o plaza de la República, trabajadores, comerciantes y empresarios pagan un doble tributo: el fiscal y el criminal. Ahí está, con dolor en la memoria, aquella lideresa de locatarios en Acapulco, solicitando facilidades hacendarias para poder cumplir oportunamente con el tributo criminal que no concede plazos en el pago.

***

En ese cuadro se inserta el efecto que sobre el priismo puede tener la derrota electoral.

En ese terreno se advierten diferencias al interior del grupo que se apropió del PRI y, desde luego, el malestar de las corrientes excluidas en la decisión de postular a José Antonio Meade. De suyo grave la pérdida de la Presidencia de la República, a ella se suma la falta de competitividad del partido en la mayoría de los estados de la República con la gubernatura en juego y, en el arrastre, la disminución de su presencia en el Congreso de la Unión... con la consecuente pérdida de las millonarias prerrogativas.

Incorporar como el cuarto sector del priismo al calderonismo residual no es una alternativa.

El mandato presidencial concluye el primero de diciembre, no antes. Es mucho lo que está en juego. Es menester gobernar, aun cuando no se haya hecho a lo largo del sexenio.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Al parecer, el secretario de Comunicaciones y Transportes aceptará de buen talante las sanciones y castigos derivados del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca... siempre y cuando no lo incluyan a él.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 2 de junio de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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