Carlos Ferreyra Carrasco

La primera vez que lo vi, entraba a mi oficina privada en la Agencia Prensa Latina. Un joven imberbe, impecablemente atuendado y con una sonrisa agradable, casi contagiosa.

Se presentó: René Avilés Fabila. No le di tiempo a más, por mi relación con la izquierda mexicana lo conocía de oídas, sabía de los desastres que había organizado entre los comunistas ortodoxos y de alguna de sus obras en las que hacía, como mencionaba la abuela, “cera y pabilo” con los personajes más emblemáticos del PCM.

Me manifestó el objeto de su visita: entregarme una copia autografiada de su obra “El solitario de Palacio”, dedicada a Gustavo Díaz Ordaz y al movimiento estudiantil—popular del 68.

Hace un año que René se fue. Una semana antes hablamos para comprometer una comida con esposas. Un día después y sin recordar la razón aducida, cancelamos el compromiso y lo dejamos “para más adelante”. Ignoro si René estaba enfermo, pero enterarme de su fallecimiento fue un golpe directo al corazón, al cerebro… una sacada de onda, como se decía en tiempos juveniles.

Pasó un año y como personaje eminentemente social, ha sido objeto de toda suerte de homenajes y recordaciones. No he asistido a ninguna de estas reuniones, como tampoco estuve presente en su sepelio. Expliqué, hace un año, las razones de mi ausencia.

Quiero recordar a mis amigos como eran, como fueron, como los conocí y como nos mirábamos habitualmente. Por razones ancestrales, demasiados muertos y muchos moridos en mi familia, velorios casi mensuales en la sala de casa.

(Muertos o moridos, expresión de la abuela diferenciando los que fallecieron por causas naturales y los que recibieron ayuda externa y ajena).

De mis recuerdos infantiles publiqué hace un año que, al no haber casas de inhumaciones en Morelia, los velorios se hacían en la sala donde se acomodaban en torno del féretro las señoras que ejercían, a cabalidad el oficio de plañideras, y que en los momentos en que se tomaban un respiro, acudían a la cocina a servir algunos bocadillos aderezados con el consabido café con piquete. En este caso, la siempre eterna charanda.

Lo poco agradable de una larga existencia es ir dejando atrás a los amigos, recordarlos cada año. O ir a los sitios que se acostumbraba frecuentar con ellos asumiendo cierta tristeza que no es fácil superar.

Recuerdo la muerte de alguien que fue como mi hermano, Luis Carrión, “El Infierno por todos tan temido”. También amigo de René, pero de personalidad diferente. El primero siempre impecable, un señor que podría pasar por ejemplar empleado bancario mientras el segundo, bohemio y poco dado a los convencionalismos.

Cuando muy pocas ocasiones coincidimos, entablaban un duelo verbal ingenioso, repleto de información y cultura. Dos escritores geniales, dos jóvenes vitales. Ambos coincidentes en sus juicios sobre los líderes de la entonces existente izquierda

Con Luis, en casa, sacábamos la guitarra y la emprendía contra los cantos guerreros de la República y, claro, contra las canciones revolucionarias en boga, en gran mayoría bolivianas. He sentido mucho y muy profundamente el deceso de otros amigos, pero en los casos de René y Luis creo que hay razones poderosas para sentirlos más aún.

Mucho menores que yo, me mostraron un mundo de sueños, de fantasía. Aprendí con ellos el valor de la lectura, el orgullo de gozar de una gramática que va más allá del uso correcto de signos y palabras. Y pasé momentos de gran gozo en sus duelos verbales, pocos por desgracia.

Los dos se fueron sin esperarlo. Uno, ni siquiera pregunté por qué, el otro sé que fue por decisión propia, decisión asumida mucho tiempo atrás por él y por sus amigos más cercanos. Los extraño, aunque casi nunca los frecuentaba.

Repito que me cuesta trabajo asistir a los velatorios, no sé qué decir a los deudos y me siento apabullado por mi falta de palabras. Me duele muchísimo a René y siento no haber sabido expresar a Rosario, su esposa, lo mucho que dolerá su ausencia. Y me duele Luis y siento no habérselo hecho sentir a Lydiette, su hija…

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Puebl@Media
De memoria
Carlos Ferreyra Carrasco
Viernes 12 de octubre de 2018.


Medio año después de su fallecimiento, el escritor mexicano René Avilés Fabila será recordado durante la Feria Nacional del Libro (Fenali) que organiza cada año la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). En el marco del encuentro editorial, que este año celebra 30 de su creación, se rendirá un homenaje al autor de Tantadel y se ampliará por lo menos en cuatro títulos, la colección que lleva su nombre.

Dolores Huerta Jaramillo, titular de Fomento Editorial de la institución académica, informó que además se encuentra en preparación una reunión de cuentos póstumos que Rosario Casco, viuda de Avilés Fabila, entregó a la BUAP después de la muerte del escritor, sucedida el 9 de octubre del año pasado.

Entre que se recuperó Rosario de la pérdida, nosotros ya pudimos acercarnos y plantearle la posibilidad de editar su obra póstuma”, señaló la funcionaria. La relación con Avilés Fabila se consolidó en 2014 cuando la Fenali le entregó un reconocimiento y anunció el inicio de una colección con su nombre. “Hay algo que siempre dijo: ‘me han entregado doctorados, me han dado premios, me han dado reconocimientos, pero para mí lo más importante es la colección que han hecho en mi nombre en la Benemérita’”.

En la colección se reúnen principalmente trabajos de novela, poesía y cuento de escritores jóvenes de todo el país que no rebasan los 30 años. “Cuando se lo planteamos le pareció una idea fabulosa, él quería presentarnos otros trabajos, uno de sus libros que quería propone iba culminar el número diez de esta colección, pero ya no dio tiempo, su muerte fue totalmente sorpresiva. Una vez que pasó el duelo, su propia viuda nos lo acaba de entregar y estamos haciendo el esfuerzo para presentarlo”.

Este año, la Fenali se llevará a cabo del 17 al 26 de marzo en el Complejo Cultural Universitario (CCU) de Puebla. En su 30 aniversario, el encuentro tendrá como “país colaborador” a Alemania.

Excélsior
Luis C. Sánchez
Puebla, México
Viernes 17 de febrero de 2017.


La Lotería Nacional rinde homenaje al escritor, catedrático, crítico, ensayista, periodista y promotor cultural, “en 3 series”; el billete del Sorteo Mayor presentará la imagen del escritor y al reverso un mini cuento de su autoría.

Para celebrar la vida y obra del escritor y periodista René Avilés Fabila, fallecido en octubre pasado, la Lotería Nacional emitió un billete para el Sorteo Mayor que se efectuará el próximo martes 17 de enero, ocasión en la que también se realizará un Homenaje al desaparecido intelectual mexicano.

El escritor distinguido por la Lotería Nacional en esta ocasión, también es recordado como el fundador del suplemento cultural “El Búho” de Excélsior, publicación que dirigiera de 1985 a 1999 y que posteriormente editara desde su propia Fundación creada por él mismo y dedicada a la promoción de la literatura, las artes y la cultura.

La Lotería Nacional tiene como objetivo con esta conmemoración brindar un memorial a la obra del escritor, también como profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y promotor cultural.

El evento tendrá lugar en la sede de la Lotería Nacional, ubicada en el Edificio Moro, Plaza de la República No. 1, en el Centro Histórico de la Ciudad de México a las 19 horas, con la asistencia de la periodista, escritora y conductora de televisión Cristina Pacheco y el escritor Óscar de la Borbolla, quienes harán una semblanza del autor, de su obra y su experiencia personal con él.

El programa consistirá en la proyección de material audiovisual sobre la vida de René Avilés Fabila, después proseguirá la intervención de los escritores mencionados. Más adelante culminará con la celebración del tradicional sorteo de los martes y un brindis de honor.

Los billetes con la efigie del desaparecido escritor René Avilés Fabila ya están disponibles para su venta a partir de ayer miércoles 11 de enero. Como se sabe, el sorteo mayor consta de 3 series, divididas en vigésimos conocidos popularmente como “cachitos” y en cada uno de ellos se imprimirá una imagen diferente de Avilés Fabila, y al reverso, una minificción también diversa.

Al homenaje asistirán autoridades y personalidades del mundo intelectual, periodístico y académico, así como los medios de comunicación habituales y de otras fuentes relacionadas a la política y la cultura.

Difunet
Ciudad de México
Jueves 12 de enero de 2017.


 La mañana de este domingo 9 de octubre falleció de un paro cardiaco a los 77 años de edad René Sadot Avilés Fabila, narrador, periodista y un admirado maestro universitario de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco y la UNAM, conforme lo anunció entre sollozos a la agencia informativa Proceso.com su sobrina, la directora de la revista Conservatorianos y pianista Betty Luisa Zanolli Fabila.

Colaborador asiduo de Conservatorianos, el cuentista René Avilés Fabila recibió a comienzos del mes de octubre de 2014 la Medalla Bellas Artes, por su amplia trayectoria literaria, de manos de Óscar de la Borbolla y Jaime Labastida. Declaró entonces el galardonado a la reportera Niza Rivera:

“Es un honor que me hayan concedido esta medalla, no sólo por el trabajo, sino por el cariño que siento por la institución. Independientemente de mi trayectoria literaria, periodística y cultural en general, yo he estado muy vinculado desde mi niñez a Bellas Artes, ahí di mi primera plática formal cuando José Luis Martínez era director, y ahí participé en un ciclo legendario: ‘Los narradores ante el público’.

“Bellas Artes conmigo fue una institución muy generosa. Así como he sido jurado de sus distintos concursos, también era yo enviado a dar pláticas y conferencias a distintos puntos de la República Mexicana. Puedo decir que la mitad del territorio lo recorrí representando a Bellas Artes dando pláticas sobre literatura. Mi relación con ellos, con la institución, es realmente de un gran cariño.”

En 2011, el INBA rindió a René Avilés un homenaje por sus 50 años de trayectoria como escritor y sus 70 años de vida. Nacido en la Ciudad de México el 15 de septiembre de 1940, publicó entre muchas otros volúmenes: Los juegos (1967), Hacia el fin del mundo (1969), Tantadel (1975), Lejos del Edén, la Tierra (1980),Borges y yo (1991), Réquiem por un suicida (1993), Catálogo de sorpresas (1996), y De sirenas a sirenas(2010).

Ligado a novelistas de la llamada generación del 68 y la conocida como “de La Onda” (José Agustín, Parménides García Saldaña, Gustavo Sáenz, Alejandro Aura), Avilés Fabila señaló cuando las editoriales Joaquín Mortiz y Planeta se unieron hacia 1983:

“Considero que la editorial Joaquín Mortiz fue una parte muy importante para mi generación. Llegar a publicar en algunas de sus colecciones era prácticamente la consagración; por esa misma razón cuando terminé mi primer novela Los juegos se la ofrecí a Joaquín, quien debido a la carga crítica de la novela, declinó publicarla; pero a cambio me dijo que me publicaría otro libro, y así fue, en realidad me publicó dos libros…

“Tal hecho fue un gran estímulo para mí, pues los libros de esta editorial, aparte de ser muy hermosos físicamente, pertenecen a escritores que yo respeto. Me da la impresión de que Joaquín Mortiz estimuló como ninguna otra editorial, salvo el Fondo de Cultura Económica (FCE) en la época de Orfila, a la literatura mexicana. Siento en lo personal mucho cariño y respeto por Joaquín Díez Canedo y Bernardo Giner de los Ríos.”

Declaró además que el mundo de esa generación del 68 era un “producto urbano de clase media”. Su lenguaje fue coloquial, “nosotros lo tomamos como lo escuchamos o practicamos, y tiene la intención de destruir la sintaxis original, de romper la puntuación convencional, de evitar todo aquello que con pedantería llamábamos concesiones al lector. A veces no usamos comillas, acentos, guiones o al punto y coma le damos otro sentido”.

A la generación de Avilés Fabila se le acusó de vulgarizar a la cultura nacional, y afirmó que “la llenamos de palabrotas, de escenas eróticas y de groserías. Al volcarnos sobre nuestro mundo inmediato, nuestra vida, nuestra colonia, pues el gran escenario para la literatura que hacemos es la ciudad de México, una urbe que está en expansión…”.

Licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Avilés Fabila estudió posgrado en la Universidad de la Sorbona en París. Inició su carrera literaria en 1960, siendo alumno de Juan José Arreola, Juan Rulfo, José Revueltas, Ermilo Abreu Gómez y Francisco Monterde.

Uno de sus sueños rechazado por los gobiernos panistas de Fox y Calderón fue abrir el Museo del Escritor Mexicano en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

En 2013, la también cuentista Cristina Pacheco lo entrevistó largamente en su programa Conversando con… para Canal Once del Instituto Politécnico Nacional (IPN), emisión cuyo video puede verse entera en la liga https://www.youtube.com/watch?v=cIj–BNRFqI.

Autor de “Los oficios perdidos”   

En su crítica a “Los oficios perdidos de René Avilés Fabila”, el poeta Marco Antonio Campos escribió para la edición impresa de la revista Proceso del 4 de junio de 1983:

“Nacido en el 1940, René Avilés Fabila es quizá, dentro de la generación de narradores de los cuarenta, el más polémico y uno de los más políticos. Expulsado dos veces del partido de las izquierdas -expulsiones, o no admisión la segunda, que lleva con divertida honra- ha sido uno de los críticos más irónicos del partido y uno de los más violentos del sistema imperante.”

Avilés Fabila llevaba escritos 13 libros hasta entonces entre novela, cuento y entrevista.

“Contra lo que pudiera esperarse, sus mejores libros o textos no son los políticos, donde suele abusar de la reprobación del mensaje o de la sencillez, sino aquellos de corte fantástico o donde retrata la frivolidad (Cf.Tantadel y la canción de Odette). Hombre de un sentido excepcional del humor, cuando lo traslada a su literatura alcanza algunos de sus más afilados momentos, como en este libro, Los oficios perdidos, que, a nuestro parecer, es lo mejor que ha escrito, y que se lee con deleite continuo.

“Casi podríamos afirmar que con ese humor y con el manejo preciso y chispeante del diálogo (como lo tiene en la conversación), Avilés Fabila sería un brillante escritor de comedias en que se hiciera una crítica de la sociedad y del poder… Con Avilés Fabila hemos tenido la impresión de que anécdotas, descripciones suyas o relatos orales sólo necesitarían trasladarse y puntualizarse en la página.

“Como Torri, Arreola, o Monterroso, como algunos jóvenes influidos por éstos (Samperio y Bárbara Jacobs, para ser más claros), Avilés Fabila busca a veces el dato común para darle un giro sorpresivo, o explora lo absurdo para recrearlo o retratarlo: el texto curioso, extraño. En Los oficios perdidos encontramos un diccionario de desapariciones.

“Los oficios perdidos -que le da título al libro y que es el soporte central-: cuentos crueles, pequeñas reflexiones o variaciones incisivas, adaptaciones clásicas, brevedades imaginativas, poemas en prosa (“La mujer del sol”, que es una hermosa recreación fantástica de un verso de Rubén Bonifaz Nuño). Destacan, según nuestro particular juicio, además del divertido y mordiente diccionario de desapariciones, el cuento ‘Materialismo dialéctico y almas en pena’, que es una burla con la mejor de las sonrisas de los relatos de fantasmas y de la sociedad soviética. ‘El banquete de Ulises’, adaptación antropológica de un pasaje de La Odisea, y las brevedades irónicas, que tan bien dibujó su maestro Arreola, y algunas de las cuales, sin ninguna exageración nos parecen perfectas.

“Avilés Fabila ha ganado en sencillez y precisión, y su ironía se ha vuelto más fina y penetrante. El libro es un juicio valorativo general, nos parece muy bueno.”

Grupo Patria Cultural, a través de su Editorial Nueva Imagen, publicó entre 2001 y 2007 las Obras completas de Avilés Fabila en 14 tomos.

Defensor de Elena Garro

En su brillante página de internet (www.reneavilesfabila.com.mx), el desaparecido catedrático publicó y reprodujo múltiples textos sobre los temas más diversos, entre los que destacó el de su amistad y apología por Elena Garro, de quien escribió:

“Los reconocimientos le son escatimados. Nadie como ella mereció el Premio Nacional de Literatura que otorga el gobierno de la República. El temor a su pasado político y personal le cerró las puertas. Con frecuencia fue hostilizada por su ex marido y por aquellos que lo rodearon.

“Pese a todo, Elena siguió publicando cuentos y novelas de altísimo nivel como Inés y Busca mi esquela y primer amor. No muchos pintores la retrataron, su extraordinaria belleza y su serenidad pocas veces fueron captadas. Por tal razón, el cuadro que le hizo el brillante Juan Soriano es una obra excepcional, como arte y como reflejo de una historia difícil y compleja. Al paso del tiempo es obvio que el talento de Elena Garro terminará por vencer los obstáculos y entonces podremos apreciar la hermosura poética de su trabajo literario y su azarosa vida desde su juventud hasta que el gobierno mexicano le regresa formalmente su nacionalidad a través de un pasaporte. Elena Garro, tal vez sin proponérselo, ha hecho de su vida una fascinante leyenda, llena de misterio y encanto.”

“Réquiem” en su propia tinta       

Asimismo, de su blog http://recordanzas.blogspot.mx/, leemos:

“Cuando en 1994 apareció mi novela Réquiem por un suicida, finalista del Premio Planeta, editada en Madrid, se la envié a un amigo, que conocí en Chile, el crítico literario John Hassett. Me escribió diciéndome que la leyó con placer, que el tema era inquietante. Con cierta rapidez la obra llegó a cuatro ediciones y una de bolsillo. La crisis económica le puso fin a las buenas ventas. Su precio subió hasta valer una pequeña fortuna en esa época.

“En México la retomó Nueva Imagen, hoy desaparecida, y la incluyó en la serie de mis Obras completas, que se esfumó al comprarla la empresa Larousse, pues no le interesaban, dijo, las obras de literatos. Salimos, entre otros, José Agustín, Óscar de la Borbolla, Beatriz Escalante y muchos más. Hoy está en el mundo digital, en la Editorial Ink.

“Hasta ese momento no había tenido problemas para editar. El Fondo de Cultura Económica, cuando el director era Miguel de la Madrid, publicó mi quinto libro en esa empresa: Cuentos de hadas amorosas en la serie Letras Mexicanas, donde apareció mi primer volumen de relatos: Hacia el fin del mundo, junto a El ala del tigre, de mi admirado amigo y maestro Rubén Bonifaz Nuño. Coincidiendo, cumplí veinticinco años como autor del Fondo, la empresa mandó imprimir un cartel con trabajos de Cuevas y organizó una mesa redonda como homenaje, acompañado por Cristina Pacheco, José Luis Cuevas, Griselda Álvarez y el fundador de la Sogem, José María Fernández Unsaín.

“Pero hablaba yo de la muerte voluntaria como tema literario. En las primeras semanas, Réquiem por un suicida ocupó en México uno de los primeros lugares de ventas, en mi haber, modesta hazaña que sólo he logrado en 1971 con El gran solitario de Palacio. En esos días me tocó dar varias lecturas, entre ellas, una en el Club de Industriales, otra más en la delegación Iztacalco. En el primer sitio, una señora dedicada a los negocios se acercó y me dijo, mostrándome un ejemplar de la novela:

“–No sabe usted el alivio que me trajo su libro. Mi hija se suicidó y en su novela encontré palabras de amor para la muerte. No debe ser tan terrible si alguien puede enamorarse de ella…

“Mientras aquella mujer atribulada hablaba, yo estaba sorprendido de que la literatura sirviera de consuelo. En efecto, yo no trato mal a la muerte, hablo de sus discutibles virtudes y, al contrario de la mayoría, escribo de la belleza que puede significar la muerte, en particular la voluntaria (asistida o no), si existen razones poderosas, enfermedades terminales, por ejemplo.

“En Iztacalco, un público afectuoso me recibió. Durante las preguntas y respuestas, una mujer joven me preguntó, en clara alusión a Réquiem, si yo amaba o le temía a la muerte. Le dije con absoluta sinceridad que le temía y la detestaba. A mí, como a mi amigo el poeta Marco Antonio Montes de Oca, me gustaría morir sólo por diez minutos. Al final de la plática, la mujer insistió en el tema: ‘–Amo la muerte’. Y eso me dejó pensativo.

“Mi intención no es invitar a nadie al suicidio. Trato, eso sí, de mostrar a un personaje complejo, sensible y capaz de enamorarse de la muerte a pesar de tener éxito y carecer de males físicos y mentales. ¿Por qué temerle si es algo natural, como el nacimiento, o quizá pueda ser la respuesta sensata a una vida atribulada? Hay una infinidad de escritores que le han dedicado palabras afectuosas o de artistas que han recurrido a ella con cierto placer probablemente morboso.

“Roland Barthes, en su libro Fragmentos de un discurso amoroso, nos recuerda que el desvelo amoroso fatiga tanto o más que el causado por el trabajo. Werther, el más célebre de los suicidas, el gran personaje de Goethe, padecía ese tremendo insomnio que causa un mal amor. Cuando decide matarse, se acuesta y duerme plácidamente. A decir verdad, jamás he pensado en el suicidio ni deseo estimularlo (no podría soportar en mi conciencia el peso de una muerte). Al escribir Réquiem vi las cosas de modo diferente. Mi deseo era considerar al suicida no como una pérdida irremediable, sino como el encuentro afortunado de alguien que detesta la vida y sus vulgaridades. Ello sin el alivio de la religión y con la certeza de que cualquier cosa es superior a una existencia patética. A diferencia de Dante, mi propósito no era causar el desánimo entre los pecadores, sino mostrarles una estética de la muerte. Hasta para morir se necesita estilo.”

Carlos Ramírez y Avilés

Un par de años atrás, Carlos Ramírez en “René Avilés Fabila: 75 años. La generación de los sesenta y la vida por narrar” en El mollete literario, expuso:

“Solitario como su personaje militar ante la rebelión estudiantil, Avilés ha eludido las capillas literarias; sin límites en los personajes retratados en sus textos, sus enemistades han sido más con la cúpula de las capillas literarias que con sus colegas escritores. Sus años en el Partido Comunista Mexicano le dieron algunas líneas temáticas aunque sin llegar al modelo de José Revueltas de retratar el ambiente en la militancia comunista. Junto con Agustín, Avilés tuvo una relación bastante cercana con Revueltas, inclusive a nivel de célula comunista. Desencantado del partido, Avilés lo abandonó antes de la debacle de los setenta.

“La literatura de Avilés es precisa, juega a veces con la estructura literaria, retrata con mordacidad el ambiente de la clase media-media y sus pasiones amorosas. Ello lleva a que a veces sus minificciones sean ausentes de la realidad social. En Los juegos logró reconstruir literariamente el ambiente de los intelectuales entonces en movilidad social en capillas controladas, aunque sin contexto social explícito. Era la época, los años sesenta, en que los intelectuales ignoraban la realidad del entorno social mexicano y se sentían cómodos en el ambiente construido por el PRI dándole la espalda al inicio del deterioro de la clase media y desde luego al campo empobrecido que Rulfo había sido el último en ilustrar en 1953 con sus cuentos de El llano en llamas y los campesinos como fantasmas vivientes en páramos políticos.

“El Avilés de Los juegos y El gran solitario de Palacio es el agudo observador crítico de la realidad desde su torre comunista, paradójicamente militante y al mismo tiempo de marfil… La obra de Avilés dejó de retratar el conflicto porque la pasividad mexicana situó a la sociedad en el conformismo… Los temas de Avilés son los mismos: las relaciones sociales, la paradoja de las relaciones humanas, el amor en sus diferentes formas, la perversidad masculina en la búsqueda de amores, los desamores como una forma de amar. De su mejor novela de relaciones amorosas Tantadel (1975) se puede saltar a El amor intangible (2008) en la era del internet, esa especie de cólera de los tiempos modernos.

“En sus cuarenta y ocho años de creación literaria, Avilés demuestra la maduración del escritor casi como su propio personaje de El reino vencido (2005) en su propio país que son sus propias contradicciones. Y en sus setenta y cinco años de vida tiene Avilés suficiente vena narrativa para seguir bregando en la literatura como una forma de expresión del pensamiento en permanente conflicto con la realidad que a veces no quisiera cambiarse pero que molesta como para destruirla literariamente cada día que falta por vivir aunque se vuelve a reconstruir, convirtiendo a los escritores en la maldición de Sísifo.”

Jefe de Información del Comité Organizador de los XX Juegos Olímpicos y Director de Publicaciones del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana (1967-1968), Avilés Fabila fue además:

Jefe del Departamento de Política y Cultura de la UAM-Xochimilco (1980-1984), director General de Difusión Cultural de la UNAM (1985-1986); director de la Rama Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), de1997 a 1998; coordinador de Extensión Universitaria de la UAM-X (1998-2002); director del Centro de Escritores “Juan José Arreola” (1999-2004); editor del Suplemento Cultural “El Búho” en el periódico Excélsior (1985-1999), y revista El Búho. En 2003 instauró la Fundación René Avilés Fabila (http://www.fundacionraf.com).

René Sadot Avilés Fabila será velado en la Funeraria Gayosso de Félix Cuevas, conforme declaró su sobrina (hija de la soprano Betty Fabila Herrerías y el músico italiano Uberto Zanolli Balugani), la abogada, pianista, y escritora de Betty Luisa Avilés Fabila, consternada.

“Por su obra crítica y reflexiva del devenir nacional, y por el amor que profesa a sus orígenes”, la también doctora en historia Betty Luisa Zanolli le dedicó a su tío René Avilés su tesis de 1997 La profesionalización de la enseñanza musical en México: El conservatorio nacional de música (1866-1966).

Proceso
Roberto Ponce
Ciudad de México
Domingo 9 de octubre de 2016.

•    Oportunidad de oro para jóvenes escritores, la Colección Literaria René Avilés Fabila PARA autores menores de 30 años

•    Una colección que refresca el panorama literario de México convocando a los escritores jóvenes; el mejor homenaje que ha recibido el escritor porque su nombre tendrá permanencia al lado de los escritores que van emergiendo

Se presentó en la Feria Universitaria del Libro, FUL 2015, la Colección René Avilés Fabila, una colección literaria que nace de la urgente necesidad de brindarle a los jóvenes escritores, menores de 30 años, la oportunidad de ver su obra publicada.

Al amparo de la editorial de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la Colección vio la luz cuando el escritor, periodista y ensayista creador del suplemento “El Búho”—convertido hoy en una revista online—, cumplió 50 años como escritor en 2014. Por eso la Universidad Autónoma del Estado de México, de la que Avilés Fabila es Doctor Honoris Causa, ofrece el marco de la FUL 2015 para que esos jóvenes escritores de dicha colección ocupen un sitio en el mapa literario de nuestro país.

La planeación y diseño de esta colección literaria con el nombre de René Avilés Fabila fue el homenaje que la máxima casa de estudios de Puebla le brindó “en lugar de sólo una ceremonia y un diploma como se estila comúnmente”, dijo el escritor y prologuista de la colección.

René Avilés Fabila, acompañado del poeta Dionicio Morales y de la maestra Corina Martínez, Coordinadora de Fomento a la Lectura de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, institución auspiciante y promotora de la FUL 2015 (a través de su Patronato y Conaculta), mostró orgulloso los tres primeros ejemplares, de otros tantos autores, que ya salieron de la imprenta y reveló la aparición de otros cinco que ocuparán las estanterías, justo al finalizar esta 28 edición de la FUL.

Los tres títulos son la novela "Los elefantes son contagiosos", de Jorge Jaramillo Villarruel; el cuento "Usted quería saber", de Ivonne Vira y "Las paredes del laberinto", poemario de Miguel Martínez. Como puede verse, la narrativa y la poesía ocupan sitio principalísimo en su repertorio.

Cabe señalar que en agosto de 2014 la dirección de Fomento Editorial de la BUAP emitió la convocatoria respectiva para formar parte de la colección, a la que enviaron sus trabajos 34 jóvenes escritores de los que quedaron los tres textos ganadores, cuya primera presentación al público se llevó a cabo en la sala “Adamo Boari”, del Palacio de Bellas Artes, en enero de este año.

Dionicio Morales dijo que cuando él y René Avilés eran jóvenes, no había revistas especializadas como las hay ahora, “los jóvenes, que éramos nosotros, no teníamos becas, no teníamos premios; se necesitaba haber pasado por una trayectoria literaria; tuvimos suerte porque publicamos cuando jóvenes en la revista Siempre, en Excélsior; nosotros vivimos eso, pero hay muchos jóvenes escritores que deambulan con sus libros terminados bajo el brazo y no hay editorial que les publique”.

“Por ello es saludable y ejemplar —agregó—, que una Universidad pública como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, haya inaugurado, dentro de sus proyectos editoriales, una importante colección de libros exclusivamente para autores jóvenes no mayores de treinta años —dirigidos también de alguna manera a los lectores jóvenes que hablan el mismo idioma—, quienes empiezan a profesionalizar su vocación literaria. Y dentro de esta colección hay algunos nombres que publican por primera vez, y otros que ya tienen cierto camino andado”-

Y prosiguió: “También hay que decir que estamos acostumbrados a que un artista tenga que morirse o llegar a los ochenta o noventa años para que pueda rendírsele un merecido homenaje, ganado en buena lid por su aportación en la disciplina que escogió con un trabajo de tantos años. Es raro que alguna institución oficial o particular reconozca el valor de toda una vida de un personaje, que aunque bajo los disentimientos de tirios y troyanos de que si es bueno o malo, quieran o no, ha contribuido al panorama del arte en México.

“Hablando en términos generales, el artista tiene que morirse o pasar a formar parte de los hombres y mujeres que en la actualidad conocemos con capacidades diferentes, para que les hagan programas de televisión, para que los suplementos culturales de periódicos y revistas llenen sus páginas, o cuando ya se están muriendo. Y eso me parece innoble, porque no hay mayores homenajes o festejos que celebrarlo en vida como sucede con esta serie de libros que perdurarán con el nombre de René Avilés Fabila”, apuntó Dionicio Morales antes de cederle la palabra a René Avilés.

Por su parte, el creador de “El Búho”, dijo que esta colección es el mejor homenaje que ha recibido por sus 50 años como escritor: “Todos los homenajes son así: se junta a los amigos para que hablen bien de ti, te dan un diploma, ahí se va uno cargando el diploma y al otro día ni quien se acuerde; en cambio, esta colección va a dar permanencia porque estará ahí, al lado de la literatura de los jóvenes”.

Y después, con su acostumbrado sentido del humor y sarcasmo, explicó cómo y por qué surgió y desapareció en su edición impresa el suplemento que ahora es revista por internet: “Toda mi vida he sido irreverente, y algo peor… tengo sentido del humor, cosas que son prohibidas en México; los mexicanos son de una solemnidad que verdaderamente me asusta. He visto, por ejemplo, al presidente de la República actual, cinco veces, en comidas en actos sociales políticos, tediosos totalmente; las cinco veces me lo presentaron, la última vez bailé, zapateé para hacerme notar y conseguir algún empleo y el tipo nomás me veía y decía “mucho gusto”; dije una de dos, o soy el hombre invisible de Wells o definitivamente soy un tipo mexicano común y corriente del que no se percata él; yo tampoco me acuerdo mucho; el copete, bueno, yo soy mucho mayor que él y mi copete tiene derecho de antigüedad, así me peinó mi mamá, y por respeto a mi madrecita santa, y porque todavía tengo pelo me sigo peinando igual”.

Señaló que “El Búho” fue resultado de la irreverencia, del sentido del humor, de una actitud contestataria, rebelde. Hicimos un periodismo distinto. Yo no escribía para Monsiváis, ni para Elena Poniatowska, ¡eran de hueva! son aburridísimos, (o eran, porque Monsiváis ya se murió, y ella sigue siendo aburrida)”, dijo mientras el Auditorio Josefina García Quintanar se llenó de la risa de los jóvenes que lo abarrotaron.

“Y eso me atrajo lectores —continuó Avilés Fabila— y un diálogo de 13 años con ellos. Llegamos a ser un punto de referencia. El Búho desapareció de manera enigmática, no me dieron tiempo a decir ‘ya me voy’; no me pidieron la renuncia, me censuraron. Y aquí viene la parte de mi lucha siempre contestaría: si a uno lo censuran una vez, lo censuran dos y cuatro y ya se fregó. Y me censuraron porque pedí la renuncia del presidente de la República, que era Ernesto Zedillo, y la pedí porque dije “este tipo es un inútil, tiene que renunciar”.

“Ahora sigo pensando igual de los demás presidentes, pero ya no pido su renuncia; porque la que dieron entonces fue la mía. Me fui muy digno. Estaba yo en la FIL de Guadalajara, cuando abro el sábado el periódico para ver mi brillante artículo en contra del presidente, lo que era rarísimo en esa época, ahora ya cualquier pobre diablo le mienta la madre al presidente. Antes no, antes se arriesgaba uno de verás porque los presidentes eran como Díaz Ordaz o Luis Echeverría. Nunca he estado de acuerdo con un presidente de la República en México”.

Así, con el logro de un contacto con los estudiantes y académicos que conformaron el público de la presentación de los libros con que dio inició la Colección René Avilés Fabila, editada por la BUAP, el escritor “marxista-leninista, no de izquierda”, como se calificó, mostró su satisfacción por presentarla en la máxima casa de estudios del estado de Hidalgo, “porque ya soy ‘Garza’, antes era ‘Puma’, pero yo voy donde me tratan bien, y aquí me tratan bien", finalizó.

Puebl@Media
Pachucha, Hidalgo
Jueves 3 de septiembre de 2015.

Con esta colección, la Institución se suma a una serie de homenajes por los cincuenta años de trayectoria literaria de dicho autor

Los tres primeros libros de la colección René Avilés Fabila, editados por la Dirección de Fomento Editorial de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fueron presentados el miércoles 21 en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.

Con esta colección, la BUAP se suma a una serie de homenajes que distintas instituciones del país están llevando a cabo por los cincuenta años de trayectoria literaria de René Avilés Fabila, entre los que destaca la Medalla Bellas Artes por su contribución a la cultura nacional.

Avilés Fabila es un protagonista de la cultura mexicana y autor de libros paradigmáticos como Los juegos (1967), primera novela del autor, en la cual ironiza el mundillo cultural de la época, El gran solitario del palacio (1971) novela sobre el movimiento del 68 y Tantadel y la Canción de Odette, novelas breves que fueron reeditadas en un solo volumen por la Dirección de Fomento Editorial de la BUAP en 2013.

En su ejercicio como promotor literario, fundó proyectos como la revista El Búho, espacio de consolidación donde han publicado cientos de escritores mexicanos, así como el Museo del escritor. Otra actividad que lo ha llevado al diálogo y al debate con distintos públicos ha sido el periodismo, el cual ejerce desde hace más de cincuenta años.

La colección es una iniciativa de la doctora Ana María Huerta Jaramillo, directora de Fomento Editorial de la BUAP, con la cual se pretende abrir espacios para los jóvenes escritores mexicanos. La convocatoria se hizo pública en agosto de 2014 y se recibieron alrededor de treinta y cuatro libros, de los cuales resultaron ganadores: Jorge Jaramillo Villarruel por su novela Los elefantes son contagiosos; en cuento, Ivonne Vira por Usted quería saber, y Miguel Martínez Barradas por el poemario Las paredes del laberinto.

La directora de Fomento Editorial, enfatizó el honor de estar presente en un espacio emblemático de la cultura nacional, presentando una colección para jóvenes escritores. Agradeció al personal del Palacio de Bellas Artes por abrir sus puertas a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

La presentación contó con el poeta Dionisio Morales, quien inició su lectura, declarando que siempre se ha sentido orgulloso de ser un autor de editoriales universitarias. Aclaró en forma de broma, haciendo referencia a la convocatoria de la colección René Avilés Fabila, que lamenta muchísimo no ser menor de treinta años para poder publicar en esta colección.

Subrayó que es raro que una institución pública haga homenajes en vida a los artistas. Esperar los homenajes después de la muerte de los autores es un acto innoble. Por último, felicitó al maestro Alfonso Esparza Ortiz, Rector de la BUAP, por apoyar este tipo proyectos en beneficio de los jóvenes.

El escritor Mario Saavedra García y actual editor de la ANUIES, puso especial énfasis en la gran aportación de la universidad pública en el desarrollo del país, sobre todo en la divulgación de la cultura y la lectura. Las editoriales universitarias han contribuido a movimientos sociales, contribuyen a los grandes cambios, revoluciones ideológicas y estéticas, promocionan el talento y la inteligencia: “Muchos celebramos que la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla se haya sumado a los homenajes a René Avilés Fabila. En hora buena al maestro Alfonso Esparza Ortiz y a su equipo”.

Finalmente René Avilés Fabila agradeció a la BUAP por haberse sumado a la serie de homenajes nacionales en su honor, destacó que el tener una colección con su nombre es de lo más significativo: “Los diplomas, medallas, reconocimientos y los discursos lindos de los académicos me llenan de gozo, pero desaparecen de inmediato, son temporales, pero la colección se queda y se comparte con los lectores”.

Puebl@Media
Ciudad de México
Domingo 25 de enero de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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