Videgaray

03 Oct 2018


Raymundo Riva Palacio


El anuncio de Luis Videgaray de que una vez que termine el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, se retirará de la política y del servicio público, sólo sorprende por el momento en el que lo dio a conocer. Desde que el periódico The Wall Street Journal reveló que había adquirido una casa de descanso en Malinalco en una operación inmobiliaria realizada por el empresario peñista Juan Armando Hinojosa, su carrera política llegó prematuramente a su fin. En su entorno decían que esa compra, que cuando se hizo no parecía que sería una bomba de tiempo, había acabado con sus aspiraciones. Con ello, Peña Nieto perdió también la persona que probablemente habría sido su candidato a la Presidencia.

Videgaray fundió su vida pública al destino de Peña Nieto desde que lo conoció como el pagador de una consultoría financiera del ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe, al entonces gobernador del Estado de México, Arturo Montiel. Era el enlace con el Gobierno, y cuando Peña Nieto fue electo gobernador, lo hizo secretario de Finanzas y su principal consejero político. Videgaray le daba a Peña Nieto lo que no tenía, cultura, conocimiento y sofisticación, además de ser un confiable planificador y eficiente ejecutor. Con la candidatura presidencial en la mira, Peña Nieto lo hizo diputado federal y presidente de la Comisión de Presupuesto, desde donde tejió las alianzas políticas que lo respaldarían.

Luego lo hizo jefe de su campaña presidencial, que organizó como un plan militar. La dependencia de Peña Nieto fue creciendo, y le entregó no sólo la formulación de lo que sería su programa de Gobierno sino la designación de prácticamente todo el gabinete legal y ampliado. De Videgaray fue la propuesta de las reformas estructurales, y el principal negociador del Pacto por México. El entonces secretario de Hacienda le dedicaba 30% a su trabajo formal y el resto a hacer política para Peña Nieto. Acumulaba poder porque daba los resultados que nadie entregaba.

Peña Nieto tuvo en Los Pinos una Presidencia Tripartita, montada sobre el entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el jefe de Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, que había sido colaborador de Videgaray en la campaña presidencial. Pero de los tres, Videgaray era la influencia dominante, lo que provocó un enfrentamiento creciente con Osorio Chong, primero a nivel de equipos, y después en las alturas del Olimpo peñista, que provocó una división en el gabinete y un realineamiento en dos campos de batalla. Videgaray se peleó con casi toda el área política del Gobierno y del PRI, que lo siguen viendo con recelo y convicción que los traicionó.

La revelación de su casa de descanso en Malinalco fue secuela del escándalo de la casa blanca del Presidente Peña Nieto. Ninguno resolvió adecuadamente sus escándalos y atajarlo como lo que era, un conflicto de interés que podía resolverse. Para Peña Nieto ese episodio significó el quiebre final de su administración y la etiqueta de corrupto; para Videgaray, la posibilidad de llegar a la Presidencia de la República, aunque reiteradamente, decía que era algo en lo que no pensaba. Él detentaba el poder real en Los Pinos, y era la voz que Peña Nieto oía. Incluso, hasta la ignominia.

Fue su idea invitar a Donald Trump cuando era candidato presidencial, porque consideraba que si hablaba con Peña Nieto podría cambiar sus críticas a México. Peña Nieto aceptó, pese a la oposición de la entonces secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu. La visita fue un fracaso y Peña Nieto cayó ese día a siete puntos de aprobación. Le costó un reproche de la Casa Blanca, y tuvo que aceptar la sugerencia de que el responsable tenía que irse. Peña Nieto no cesó a Videgaray, sino “le dio la oportunidad de que él mismo renunciara”, como confió a sus cercanos.

Se fue sin irse. Peña Nieto le pidió que manejara desde las sombras el proceso electoral en el Estado de México. Cuando Trump ganó la Presidencia, lo volvió a usar secretamente para negociar con su yerno, Jared Kushner, colocar las relaciones bilaterales sobre ruedas y arreglar un encuentro con Peña Nieto. Para darle cuerpo legal, destituyó a Ruiz Massieu y le entregó la cancillería. Reencauzó las relaciones y logró, mediante su capacidad de negociación y persuasión, tener el acceso a la Oficina Oval como nadie, presidentes y primeros ministros incluidos, en el mundo. Varios líderes lo buscaban para preguntar cómo acercarse a Trump, o para que los ayudara a ser recibidos por el presidente.

La cercanía que logró con Kushner y su suegro le ayudó a conducir políticamente la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, cuya estrategia, pragmática y pensando en Peña Nieto, prevaleció sobre la del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, que en lugar de apresurar los tiempos, quería una mejor negociación. México cedió para alcanzar un acuerdo, a cambio de que el Presidente Peña Nieto pueda firmar el acuerdo comercial antes de terminar su mandato, el último día de noviembre.

Menos de 24 horas después de anunciarse el acuerdo trilateral, Videgaray dio a conocer que su ciclo en el Gobierno también había terminado. Se irá con Peña Nieto el primero de diciembre con rumbo a Nueva York o Boston, donde buscará rehacer su vida, una que pudo haber sido totalmente distinta si no hubiera incurrido en un conflicto de interés cuando compró en Malinalco, o quizás, si como le pidió el Presidente en diciembre y enero, se hubiera hecho cargo de la campaña presidencial, que rechazó.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 3 de octubre de 2018.


Raymundo Riva Palacio


Lenin Ocampo, conductor de XE-UAG Radio Universidad y reportero gráfico del periódico El Sur, recibió la noche del 26 de septiembre de 2014 la primera alerta de lo que estaba pasando en Iguala, a 107 kilómetros de Chilpancingo. “Nos están atacando a balazos”, alertó un estudiante a la cabina de transmisiones. “La primera llamada la recibí a las 22:10 y hubo una más a las 22:40. Seguían solicitando la presencia policiaca, pues estaban solos y no había ninguna garantía para ellos”. Rogelio Agustín Esteban, quien en enero del año pasado reconstruyó en el semanario Interacción lo que sucedió aquella noche, agregó: “Ya se escuchaba la desesperación de los chavos”.

A partir de la primera alerta, escribió Esteban, un grupo reporteros decidió trasladarse hacia Iguala. Cerca de la medianoche, arrancó un pequeño convoy encabezado por la camioneta Cherokee de Sergio Ocampo Arista, corresponsal de La Jornada. Con él iban Natividad Ambrosio, del programa “Hora Cero” de ABC Radio, Jacobo Morant y Ocampo, reporteros de El Sur, José Luis López Santana de Televisa-Acapulco, que manejaba una Explorer, Carlos Navarrete, que trabajaba en ese entonces en El Sol de Acapulco, Bernardo Torres de Uno TV, Ángel Misael Galeana de Cadena 3, y Esteban mismo. Atrás de los dos vehículos iba un autobús con maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación, la CETEG.

Poco antes de partir, escribió Esteban, un mensaje de voz al grupo de WhatsApp de Ambrosio, decía: “¡Nos atacaron a balazos, hay muertos de parte de los estudiantes, corrimos para escondernos donde pudimos pero ya no estamos seguros. Por favor no vengan!”. Según Esteban, “se le escuchaba presa del miedo, casi en shock”. El mensaje pegó en el ánimo de los reporteros, “pero nadie tuvo el valor para quedarse en Chilpancingo”. Llovía fuerte y constante, cuando en la cañada de “El Zopilote”, dijo con ese humor que sale a veces en situaciones donde hay miedo e incertidumbre: “Sonrían, nos está saludando el diablo”.

Los reporteros llegaron a la zona del conflicto. En Huitzuco observaron un automóvil compacto con los vidrios polarizados estacionado que parecía estar de guardia para monitorear quién iba hacia Iguala. Se movió para acercarse al primer vehículo y observar quiénes iban dentro. Entonces se fue en dirección de Iguala. Varias camionetas blancas los rebasaron a toda velocidad en ese trayecto y ya no volvieron a verlas después. Vieron el autobús donde viajaba el equipo de futbol de “Los Avispones” de Chilpancingo, el primero en ser atacado esa noche, volcado sobre la carretera federal.

Más adelante los detuvo la Policía Preventiva y les señalaron que estaban en “un operativo de prevención del delito”. No lo sabían entonces, pero a esa hora los sicarios de Guerreros Unidos ya tenían en su poder a 43 normalistas y los estaban trasladando a lugares desconocidos. Uno de los policías le dijo a Ocampo que sólo había habido “un incidente”. Los policías no querían dejar pasar el autobús de los maestros y normalistas. “Esos no pasan”, dijo un policía, según recordó Esteban, “se los va a cargar la chingada”. La presencia de los reporteros que comenzaron a tomar fotografías logró que los dejaran pasar.

Iguala estaba a oscuras, pero vieron las luces de una torreta en una patrulla militar. El pequeño convoy siempre fue seguido por taxis “que simulaban trasladar pasaje –apuntó Esteban-, sin embargo estos nunca tomaban un rumbo que no fuera el de los reporteros. Los supuestos usuarios hacían llamadas por teléfono celular y nunca perdían de vista lo que se hacía”. No se sabía en ese entonces que todo el transporte público estaba al servicio de Guerreros Unidos, y que muchos taxistas servían como halcones de la banda criminal.

Los periodistas registraron que la única búsqueda de estudiantes que se organizó fue desde las instalaciones del ministerio público, donde ya había llegado el entonces fiscal Iñaki Blanco, y comenzaron a rescatarse a normalistas en patrullas de la Policía Ministerial del Estado. Hacia las cinco de la mañana del sábado 27, los periodistas decidieron regresar a Chilpancingo, pero los jefes de la Policía Federal en Iguala les pidieron que esperaran. “La razón”, recordó Esteban, “es que mientras Iguala sufría el infierno de los ataques contra deportistas y estudiantes, grupos de sicarios despojaban a varios automovilistas de sus unidades a la altura de Mezcala, las atravesaban sobre la carretera federal y les prendían fuego”.

El trabajo de los periodistas guerrerenses aquella noche de Iguala ha sido fundamental para mostrar los huecos que la investigación oficial no ha cubierto. Gracias a sus despachos se supo desde el primer momento del papel de control de población ejecutado por los soldados del 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala esa noche, y cómo los militares, junto con los policías federales, permanecieron como testigos sin intervenir para detener los crímenes en flagrancia que se estaban cometiendo. Sus descripciones han llevado a la duda permanente de si la no intervención fue, en efecto, una intervención mediante la complicidad. Los testimonios que registraron esa noche en Iguala han permitido también adentrarse en la tragedia que se vivió.

La reconstrucción de Esteban a partir de entrevistas con varios de sus compañeros de viaje aquella noche, también aportó más información sobre la red de protección institucional y la forma como las fuerzas de seguridad trabajaron esa noche no para prevenir el delito, como les dijo un policía preventivo, sino para no estorbar en los hechos, en la consumación de un crimen.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 26 de septiembre 2018.


 Raymundo Riva Palacio

Es tan increíble que parece mentira. ¿Cuánto le ha costado al Presidente Enrique Peña Nieto permitir que su familia actúe como una monarquía? ¿Cuánto el no ponerles freno para que los asuntos de la casa presidencial fueran temas de vida privada y no cotilleo de las revistas de corazón y la prensa política? Permitió que su esposa Angélica Rivera abriera las puertas de Los Pinos a la revista Hola! para tomarle fotografías propias de la realeza y no de un Gobierno republicano, y sin freno divulgara la compra y ampliación de su casa blanca en las Lomas de Chapultepec, que provocó que un curioso reportero, Rafael Cabrera, indagara el entretejido de esa obra que se convirtió en el punto de quiebre de la credibilidad presidencial, el antes y después de un sexenio que se esperaba de luces y terminó en la sombra de una pesadilla interminable con la marca indeleble, con razón o sin ella, de corrupción.

Aquella revelación hecha por Aristegui Noticias provocó la crítica nacional y el principio de la revisión en el mundo de lo que las reformas habían ocultado: un enriquecimiento que tenía cara de ilegal. No era así, pero en política la percepción se convierte velozmente en realidad. Confundidos los términos, Peña Nieto nunca entendió el conflicto de interés desvelado por Cabrera, que un empresario muy amigo de él, beneficiario de contratos en el Estado de México, Juan Armando Hinojosa, hubiera sido el facilitador inmobiliario de la compra de la casa blanca, que alimentó la leyenda de corrupción.

Varios empresarios, molestos con Peña Nieto por la Reforma Fiscal, aprovecharon el momento y contribuyeron, financiando su difusión masiva, para estamparle una etiqueta negativa al Presidente y contribuir de manera significativa, aunque muy probablemente involuntaria, a que la realidad de abusos y excesos se acomodara al viejo discurso de Andrés Manuel López Obrador, que galvanizó la ira nacional contra Peña Nieto y lo sepultó en las elecciones presidenciales.

¿Qué es lo que no entendió el señor Presidente? Parece que nada. En la edición de Hola! que ya está circulando, la portada está dedicada a Paulina Peña Pretelini, cuyo encabezado para atraer lectores dice: “Así ha sido mi vida en Los Pinos”. La revista asegura que “en un excepcional reportaje exclusivo analiza sus errores, experiencias y aprendizajes”. La entrevista no tiene nada de excepcional y en realidad no analiza nada de lo que ofrece, sino comenta sin entrar en detalles algunos de los momentos que pasó en Los Pinos. Pero en realidad eso no importa, porque no se trata de ella, que abrió sus sentimientos a Hola!, sino el hecho mismo que, en estos días donde agoniza el sexenio durante el cual su padre se volvió en escarnio nacional, vuelva a sentarse el Presidente en un barril lleno de dinamita con la mecha encendida, al permitir este encuentro cuyo fin era ganar el tema de portada.

Ocho de cada 10 mexicanos, según las encuestas de aprobación presidencial, rechazan la gestión de Peña Nieto. Y la tendencia es que seguirá cayendo. Si la entrevista se viraliza, es probable que llegue a niveles aún más bajos. No es lo que dice su hija, sino la preparación de la entrevista. La reportera y el reportero gráfico, el tándem necesario para cumplir cabalmente con ese género periodístico, fueron acompañados por una estilista, un maquillista y una peinadora. Utilizaron distinto vestuario y escenarios naturales. Paulina Peña Pretelini dijo que es “muy tranquila” y que le gusta llevar un bajo perfil, lo que es una contradicción. Esa portada es exactamente lo contrario. La falta de recato de la familia presidencial y de prudencia por parte del Presidente, lo vuelve a exhibir ante la opinión pública como un hombre frívolo, que o no tiene control sobre su familia, o está rebasado por ella. Ningún Presidente antes que él había permitido la utilización de una revista del corazón como vehículo de comunicación política, porque esto es, comunicación política. La revista de la monarquía y la aristocracia, de los millonarios y los pudientes, escogida como el escaparate de fin de sexenio de la familia presidencial.

Bien escribió Marshall McLuhan en 1964 que “el medio es el mensaje”, cuando en su influyente libro sobre la teoría de los medios de comunicación señaló que no es el contenido, sino el medio en sí mismo, lo que debía de estudiarse y analizarse, al ser un componente fundamental de cómo se influye en una sociedad en tanto cómo se proyecta al ser el medio una extensión de sí mismo. Peña Nieto no estudió comunicación sino su derecho, y su equipo de comunicación demostró a lo largo del sexenio una incompetencia antológica. La portada de Hola! es, en este sentido, la confirmación de lo dicho.

¿Qué no entendió? Que los asuntos privados de la casa presidencial se tienen que mantener privados. Que la vida privada de una persona pública pierde ese carácter cuando voluntariamente la socializa. Sólo Marta Sahagún hizo pública su relación con el entonces Presidente Vicente Fox que terminó en matrimonio, rompiendo los enormes esfuerzos que el resto de los presidentes, revisados por décadas, hicieron con sus familias. Los presidentes luchan incansablemente por mantener a sus familias fuera del reflector público como una manera de protegerlos -el caso más reciente en México es el de Felipe Calderón y Margarita Zavala-, y no son promotores de su exposición pública, donde se vuelven vulnerables. Elogios nunca van a tener. Peña Nieto lo debió haber sabido, pero nunca lo entendió, y seguirá sangrando por la misma herida hasta que termine su mandato. Bien ganado se lo tiene.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
21 de septiembre de 2018.


 Raymundo Riva Palacio

El mejor trabajo de un órgano electoral es cuando no se nota. El peor, cuando se está en el centro del escenario como el protagonista principal. Desde hace tiempo esto es lo que ha pasado con los consejeros electorales, cuyo presidente es Lorenzo Córdoba. Siempre están involucrados en asuntos contenciosos, con los tribunales, con los partidos, con los candidatos, con los medios de comunicación. El Consejo Electoral del INE tiene mucho de temerario y arbitrario. Pero también, suele estar metido en problemas por sus propias contradicciones. La última tiene que ver con la legalidad de la candidatura que registraron de Nestora Salgado; la que viene, legalidad de la candidatura que registraron de Napoleón Gómez Urrutia.

Los consejeros electorales han estado atrapados toda la semana en sus propias declaraciones. Al iniciar la semana no veían ningún error u omisión de su parte al haber otorgado el registro de candidatura a Salgado, candidata plurinominal de Morena al Senado, pese a tener doble nacionalidad. A la mitad de la semana ya habían matizado su opinión, y consideraban que al no haber denuncia no tendrían por qué intervenir en revisar su legalidad, cuando menos por ahora. Al no ser un caso “público y notorio”, dijo el consejero Benito Nacif, tendrá que haber una denuncia para investigarse, y esto, hasta después de las elecciones.

Los consejeros están atrapados en lo que llaman actos de buena fe, y sus omisiones legales. El artículo 32 constitucional establece que “la ley regulará el ejercicio de los derechos que la legislación mexicana otorga a los mexicanos que posean otra nacionalidad, y establecerá normas para evitar conflictos por doble nacionalidad. El ejercicio de los cargos y funciones para los cuales, por disposición de la presente Constitución, se requiera ser mexicano por nacimiento, se reserva a quienes tengan esa calidad y no adquieran otra nacionalidad”. Se puede restablecer ese derecho pleno, siempre y cuando, como señalan los artículos 17 y 18 de la Ley de Nacionalidad, se presente la renuncia vía certificado de nacionalidad a los mexicanos a los que otro Estado atribuye diversa nacionalidad.

El problema para los consejeros electorales es que fue tan abierto el tema de la doble nacionalidad, tan público y notorio, que la propia Salgado afirmó hace unos días que no renunciaría a ser estadounidense. Se burló de ellos o los desafió. En cualquier caso, los llevó a la esquina del ridículo. El Instituto Nacional Electoral ya admitió que cometió un error al revisar la documentación de Salgado con la cual le dieron el registro, y está abierta la posibilidad de que, en caso de ganar, nunca se le otorgue la constancia de mayoría. Pero si sucede con Salgado, tendrá que suceder con Gómez Urrutia, también candidato plurinominal de Morena al Senado. Gómez Urrutia tiene la nacionalidad canadiense y sólo presentó su certificado mexicano de nacionalidad. Los consejeros se lo aceptaron y cometieron un error: lo que vale es el certificado del gobierno canadiense que le retira la ciudadanía. Ese documento, no existe.

El Consejo Electoral del INE ha tenido una serie de actuaciones y tomado decisiones que parecen encaminadas a agradar al puntero en las preferencias electorales, Andrés Manuel López Obrador. El caso de Salgado y Gómez Urrutia son dos ejemplos, pero los antecede la organización de los debates presidenciales. Desde otoño pasado decidieron en forma unilateral las plazas, las horas y, sobre todo, los temas de los debates. De esa forma escogieron que el primero sería sobre corrupción y gobernabilidad. En todas las encuestas de cada elección, el tema de mayor interés para los electores es el económico, lo que permite señalar que, si en la mente de los consejeros hubieran estado los ciudadanos, habría seleccionado el que más preocupa a la mayoría. Optaron por ir por el que provocó la ira contra el Gobierno y golpeado a su candidato presidencial. El PRI buscó que se cambiara el orden temático, pero nunca se aceptó meterlo siquiera a discusión. Los consejeros jugaron políticamente sin revelar el método por el cual seleccionaron los temas. En la campaña de José Antonio Meade, consideraron que este orden lo perjudicaba.

Las actitudes de los consejeros electorales también han provocado actos de autocensura en los medios, donde en varias organizaciones, ante la confusión sobre sus criterios sobre qué es información, análisis o propaganda, han limitado coberturas ante el riesgo que algún día en que amanezcan de mal humor, decidan emprender una querella contra un medio. Las acotaciones auto impuestas en los medios han llevado a los absurdos de las coberturas que se están realizando, donde lo relevante no es lo importante de lo que sucede, sino que todo esté absolutamente balanceado para darle gusto a los consejeros. La justicia de puntos equidistantes no es justicia. Es el justo medio aristotélico provee justicia, no la llevada a cabo por el INE.

La democracia electoral pregonada por el INE ha costado trabajo que la apliquen en los hechos. Por ejemplo, a finales de 2016, Córdoba afirmó que revisarían la utilización de los recursos de los candidatos en los medios, pero no podían plantear que los políticos no hablaran de política; en 2018, censuraros debates en los medios durante la intercampaña. “Somos muy liberales en el tema de la libertad de expresión”, ha dicho Córdoba, pero Ciro Murayama, uno de sus más cercanos demostró el talante del grupo: porque no le gustaban los mensajes en Twitter del propagandista de López Obrador, John Ackerman, bloqueó sus comentarios. Ante la presión, tuvo que rectificar. El episodio no es una mera anécdota, sino habla mucho de lo que el INE de Córdoba ha sido a lo largo de todo este tiempo: autoritario, déspota e hipócrita. Un árbitro, pues, realmente chafa.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Viernes 1 de junio de 2018.


Raymundo Riva Palacio


Ciento siete mil homicidios dolosos en lo que va del sexenio, hablan muy mal de la estrategia de seguridad del Presidente Enrique Peña Nieto. En Chihuahua, Guanajuato, Guerrero y Tamaulipas, los reportes de balaceras y asesinatos son cotidianos. Hay zonas en el país donde nuevamente, como hace 15 años, no se pueden visitar, y viajar por carreteras por las noches se ha vuelto muy peligroso en varias regiones del país. El incremento de ataques a empresas, asaltos físicos, secuestros y extorsiones, tienen muy ansiosos y preocupados a los empresarios, que ya vieron afectados sus negocios por el alza galopante de la violencia, subrayan el colapso de su política. Mal cierre tiene el Presidente en el tema que más lastima a la sociedad, gran lastre que añade carga al final de su sexenio.

Las cúpulas empresariales le están exigiendo que no deje el problema de la seguridad al próximo Gobierno, y que apure las reformas que se tienen que hacer para frenar la violencia al alza que no pueden esperar. Los empresarios pecan de ingenuidad en su desesperación para que el Gobierno federal haga algo. ¿Por qué tendría que hacerlo? El Presidente le compró de cabo a rabo la estrategia de seguridad a su ex secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y está convencido de que la violencia desatada está asociada con dos factores: que los gobiernos estatales y municipales no han hecho su trabajo, y que su repunte se dio con los cambios de gobiernos locales en los dos últimos años. Bajo esta racional, el problema no está en la Federación, sino en el ámbito estatal.

La falta de autocrítica no ayuda al diagnóstico correcto. ¿Qué hizo Peña Nieto en su administración?

*Fusionó a la Secretaría de Seguridad Pública a la Secretaría de Gobernación, revirtiendo dos años de construcción de un nuevo andamiaje institucional, al reinstalar el viejo concepto de la policía política montado en la seguridad pública. Al frente de ella colocaron a Manuel Mondragón, quien se formó en la escuela de Arturo Durazo, el jefe de la policía durante el Gobierno de José López Portillo, uno de los momentos más oscuros en la seguridad pública.

*Desmanteló Plataforma México, con lo cual se dañaron años de trabajo sistemático de inteligencia criminal, porque estimaban que no servía para nada. La tecnología utilizada en los sistemas de inteligencia criminal fue compartida para hacer inteligencia política.

*Permitió que se despidieran a los mandos de la Policía Cibernética porque sus salarios eran altos. Una de las consecuencias más claras se vio recientemente al no poder actuar con celeridad para evitar los ataques a los bancos.

*Su estrategia de prevención nunca funcionó. Jamás le dieron presupuesto y terminaron quitándole todos los recursos para lo que iba a ser, habían dicho al arrancar el Gobierno, la pieza toral de la política de seguridad pública. Todo se quedo en un ejercicio de propaganda.

*Se dejó de combatir durante ocho meses al crimen organizado, ante el supuesto de que era el combate frontal lo que generaba la violencia en las calles, que permitió que los cárteles se fortalecieran. Esa omisión por ignorancia permitió que la violencia comenzara su repunte a los niveles de descontrol e ingobernabilidad que se viven ahora.

*Se armaron grupos de autodefensa, en realidad paramilitares, varios de ellos vinculados con el crimen organizado, cuyas secuelas se ven todavía en Guerrero y Michoacán. Apoyarlos con armas y protección, les dio legitimidad y profundizó el problema de la inseguridad y el crimen organizado.

*Se pospuso dos años el examen de control de confianza para policías municipales, con lo cual su vinculación con criminales se intensificó. En este espacio ya se ha señalado que de haber existido, muchos de los municipales que participaron en el crimen contra los 43 normalistas de Ayotzinapa, no habrían cometido ese delito porque jamás habrían pasado esos controles.

¿Qué hizo Peña Nieto posteriormente?

*Regresó a la política de combate al crimen organizado del ex presidente Felipe Calderón pero con la misma deficiencia: no atacó integralmente el fenómeno. Las causas sociales y económicas que son aceleradoras del fenómeno, permanecieron sin ser transformadas. Y al igual que la administración previa, se echó la culpa de sus deficiencias a los gobiernos locales.

*No pudo, o no quiso, sacar un nuevo modelo de policía, pero presionó para que se aprobara la Ley de Seguridad Interior, con lo cual se podrá tener a las Fuerzas Armadas permanentemente realizando tareas de seguridad pública.

*El trabajo con los gobiernos estatales de ir fortaleciendo a las policías locales y gradualmente ir retirando al Ejército de las calles, se quedó en discursos. El encargado de planear la estrategia con los gobernadores, Osorio Chong, nunca lo hizo; el Presidente tampoco le pidió cuentas.

*Pese a los fracasos visibles como la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán, que evidenció el colapso de los sistemas y protocolos del Sistema Penitenciario Federal, nadie de los responsables principales de que existieran las condiciones para el escape, fue procesado.

*Nunca se pidieron cuentas a los responsables de la seguridad pública del porqué si el presupuesto se incrementó casi cuatro veces en los primeros cinco años del Gobierno, la fuerza policial nunca se incrementó. ¿En dónde quedó ese dinero? No se sabe, porque la información de su destino está reservada.

Con tantas pifias, omisiones, negligencias o encubrimientos que se han dado en el Gobierno peñista en materia de seguridad, ¿cómo esperan las cúpulas empresariales que el Presidente rectifique el rumbo? Es esperar demasiado de Peña Nieto que, en esta materia, como en otras que serán analizadas próximamente, ya cerró la cortina.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 30 de mayo 2018.

 


Raymundo Riva Palacio

En vísperas de finalizar la precampaña presidencial este domingo, se puso peligrosa para la sangre de una democracia, la libertad de expresión. Andrés Manuel López Obrador, en una reacción desmedida, acusó a un académico de fina prosa, Jesús Silva Herzog, porque en su artículo semanal en Reforma, escribió sobre su nuevo pragmatismo que lo llevó, argumentó, al terreno de un “oportunismo” asociado con el PRI. López Obrador lo llamó “secuaz” de la “mafia del poder”. El historiador Enrique Krauze salió a la defensa del derecho de Silva Herzog a expresar lo que piensa, y dijo que el liberalismo -la doctrina del Siglo XVIII que defiende las libertades individuales- debate, pero el mesianismo condena. La respuesta fue: “Tú también eres de aquellos profundamente conservadores y que simulan con apariencia de liberales”.

Objetivamente hablando, López Obrador ejerció su derecho a criticar a sus críticos. “¿Qué no se les puede cuestionar?”, dijo en una gira por Puebla. “Ellos sí pueden decir que soy mesiánico, populista, oportunista. Yo apenas lo único que les dije, se los repito, son profundamente conservadores con apariencia de liberales. Eso es todo y tengo razón”. Tiene toda la razón, si este caso fuera consistente con su comportamiento político. Pero no lo es. La respuesta en La República de las Opiniones al lance de López Obrador, la sintetizó Francisco Garfias, uno de los columnistas más leídos por la clase política, en Excélsior: “Lo volvió a traicionar la intolerancia que parecía haber exorcizado en su tercera campaña presidencial”. Las reacciones negativas, en una actitud muy típica suya, no lo hicieron matizar ni replicar racionalmente, sino apretar el acelerador.

El martes reiteró las descalificaciones a Silva Herzog y Krauze, y añadió a quien esto escribe por una columna publicada ese día sobre el papel de sus tres hijos mayores en el control del aparato de Morena. Dijo que los datos difundidos provenían de un expediente del CISEN, que ha investigado a su familia. Si existe ese documento en el CISEN, este autor lo desconoce. Pero dos puntos son relevantes: no negó la veracidad de lo publicado y, sobre todo, no es un secreto. El control que entregó a sus hijos del aparato de Morena es un tema público y de conversación interna que ha producido tensiones, aunque hasta ahora, nadie ha cuestionado esa delegación de poder a su familia.

Los dos episodios tienen que verse en un contexto más amplio para entender lo que esconde la reacción de López Obrador, a quien hay que analizarlo bajo parámetros distintos de donde se mueven los políticos, sino dentro de los que construyen universos religiosos. López Obrador tiene una estructura mental y un comportamiento teológico. Su mundo está pintado de blanco o negro, donde todo es bipolar. Su discurso siempre es la lucha entre buenos y malos, los ricos contra los pobres, los fieles luchando contra los infieles. No hay grises en su vida pública. O son incondicionales, o son sus enemigos. Por eso utiliza con tanta ligereza generalizaciones como “la mafia del poder”, para identificar a todos aquellos que muestran discrepancias u oposiciones a su pensamiento y acción.

Públicamente, López Obrador siempre se ha mantenido en el margen de no ir más allá de la retórica incendiaria contra quien piensa diferente de él, lo que entra en los rangos de comportamiento de los políticos en las democracias occidentales. En privado, las cosas son diferentes. La secuela de la publicación de la columna sobre sus tres hijos mayores, es un buen ejemplo para ilustrar la intolerancia de él y de su entorno, y la intransigencia. En reuniones privadas que sostuvieron sus hijos con cuadros de Morena pocas horas después de la publicación de la columna, no hubo argumentos en contra o explicaciones sobre los porqués de la estructura absolutista, sino insultos con palabras obscenas. Incapaces de analizar una crítica y desmontarla dialécticamente, se lanzaron al linchamiento, como en 2006 se hizo con un grupo de periodistas cuyas fotografías se colgaron en el Zócalo para que fueran juzgados el patíbulo popular, y durante meses se utilizó la pluma anónima de un periodista incondicional a él, que publicada en la red “Fichitas”, donde difamaba a mentes independientes.

Las cosas, en esta ocasión, no pararon con las descalificaciones. El mismo martes inició una cacería de brujas dentro de Morena para descubrir quiénes habían aportado la información sustantiva para ese texto, cuyos resultados finales aún no se conocen. La persecución interna para encontrar culpables -lo del CISEN y el anuncio que lo desaparecería por hacer espionaje político, tiene toda la marca de un distractor-, si no fue autorizada por López Obrador sí fue apoyada, erigido en un Savonarola contemporáneo. Krauze lo emplazó a un debate el lunes, y por respuesta recibió otro descalificativo. Ni siquiera abrió una pequeña rendija López Obrador en la puerta de su paraíso, para que se pudieran confrontar ideas en la arena pública.

López Obrador es un fundamentalista de pensamiento lineal que no es demócrata. No importa, si actuara con la altitud de miras que podría encontrar, por ejemplo, en la biografía de Frederik de Klerk, el presidente sudafricano defensor del Apartheid, que entendió que para poder sacar adelante a su país, de mayorías oprimidas, pobres y discriminadas, tenía que avanzar por la ruta de la democracia aunque él no lo fuera. La moraleja de De Klerk que puede seguir López Obrador, es que no se necesita ser un demócrata para construir una democracia, ni puede haber democracia sin libertad de prensa. Punto. Tocar los tambores de guerra contra ella, es una señal peligrosa.

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twitter: @rivapa

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Estrictamente Personal
Jueves 8 de febrero de 2018.


Raymundo Riva Palacio

Cinco días antes de que Miguel Ángel Osorio Chong supiera de manera directa y personal por voz del Presidente Enrique Peña Nieto que la candidatura presidencial no iba a ser para él, el entonces secretario de Gobernación sintió el fuego amigo, o cuando menos, percibió que dentro del Gobierno habían intensificado la metralla en su contra. Ésta fue la interpretación que se le dio en su entorno más cercano a un par de revelaciones de la ONG Mexicanos Contra la Corrupción, publicadas en su principal vehículo amplificador de denuncias, Reforma. Las dos publicaciones, antes de que oficialmente se supiera que la candidatura sería para José Antonio Meade, miembro de un grupo político antagónico al suyo, fueron calificadas por personas cercanas a Osorio Chong que hablaron con él, como “rudeza innecesaria”.

“Rudeza innecesaria” fue la primera señal que esos golpes oenegeros socializados a través de un medio de comunicación, olían a fuego amigo. Una segunda señal, leída por él de la misma manera, se dio esta semana al publicar Reforma una vez más, extractos de una averiguación en curso de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, que una incondicional de Osorio Chong, Nuvia Mayorga, quien buscará una senaduría en las elecciones de julio, estaba siendo investigada por presuntos actos de corrupción con dinero de Odebrecht, el conglomerado brasileño que compró favores en 11 naciones, canalizado a las campañas electorales de 2012.

Mayorga dijo que eran falsas las imputaciones y se comprometió a demostrarlo al periódico mostrándole sus cuentas bancarias personales. La investigación de la Fepade, según lo publicado por Reforma, no mencionaba que se había quedado con el dinero, sino que lo había canalizado a campañas, en su calidad de cabeza de la Comisión de Presupuesto y Fiscalización del Consejo Político del PRI durante la campaña presidencial de 2012, en el tiempo en que su jefe de muchos años, Osorio Chong, era secretario de Organización del partido. El ex secretario de Gobernación también rechazó la vinculación criminal con un mensaje cáustico en Twitter que decía: “¿Con qué intención y quién está detrás de notas como la que hoy publica Reforma? Lo que es claro y cierto es que es tendenciosa y no tengo nada que ver en el tema, como la propia nota lo refleja”.

Quién está detrás y con qué intención se había dado esa filtración, sugirió. El fraseo de Osorio Chong es interesante. La información de Reforma estuvo firmada por “Staff”, que es un recurso que ha utilizado por años cuando busca proteger a quien obtuvo y escribe la información por razones de seguridad —por ejemplo, en temas del narcotráfico—, o cuando es un documento que se le entrega al periódico.

La inferencia del ex secretario refleja su convicción de que ese documento se le entregó al diario, y no fue obtenido independientemente por él. En todo caso, quien proporcionó detalles del expediente, violó la ley por haber divulgado una averiguación en curso. Reforma dio a conocer también el número de la carpeta de investigación, FED/FEPADE7UNAI-CD-MX/1139/217, para dotar de veracidad lo publicado. La Fepade no ha desmentido.

Osorio Chong calificó la información de “tendenciosa”, al vincularlo con los presuntos actos de ilegalidad de Mayorga. Sin embargo, nadie ha salido a dar la cara por él ni a defenderlo. Lo mismo sucedió cuando a días que se supiera que Meade sería el candidato presidencial, se publicó que un grupo constructor obtuvo en forma triangulada la ejecución de una obra de Pemex en la refinería de Tula, que ha sido relacionada a un soborno de seis millones de pesos de Odebrecht. Esa empresa es propiedad del hidalguense Carlos Aniano Sosa Velasco, quien es el casero del ex secretario de Gobernación. Poco antes, se reveló que el otorgamiento de contratos oscuros otorgados por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que presidía Mayorga, y de la delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) en Hidalgo. Durante el sexenio, alrededor de 80% de los delegados de la SCT en el país, que administran y reparten la obra pública, fueron nombrados por Osorio Chong.

Las informaciones donde lo manchan en presuntos actos de corrupción, corrieron en paralelo con la purga que se hizo en la Secretaría de Gobernación y en todas las áreas de seguridad del Gobierno federal, de funcionarios osoristas, tras sustituirlo Alfonso Navarrete Prida. Los golpes, a decir del tuit de Osorio Chong, no han pasado desapercibidos. El contexto se puede encontrar en un texto publicado en este espacio el 25 de enero, que se refería a las desconfianzas que hay sobre su lealtad institucional:

“Los astros se están alineando a la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, que una vez más empieza a construir la profecía autorrealizable. Pero a diferencia de 2006 y 2012, esa predicción que a base de repetirla se va convirtiendo en realidad, cuenta ahora con la ayuda de una mano negra que sólo puede perfilarse de manera circunstancial. Tiene el color de la de… Osorio Chong, aunque no hay forma de probar si el respaldo a López Obrador y la demolición de las posibilidades del PRI en las elecciones de julio, se está dando de manera directa o indirecta”.

Personas cercanas al ex secretario reclamaron lo que se escribió y negaron los señalamientos sobre Osorio Chong. El tiempo y el mensaje del ex secretario en las redes sociales no acaban de disipar las sospechas, pero sí muestran que el pleito interno palaciego se está poniendo sangriento.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Viernes 2 febrero de 2018.


Raymundo Riva Palacio

La primera encuesta de precandidatos presidenciales dio como puntero a Andrés Manuel López Obrador. Nada nuevo. Lo que sorprende es que su diferencia con José Antonio Meade, abanderado del partido en el poder, sea de dos a uno. Treinta y dos por ciento contra dieciséis por ciento son los números de la fotografía tomada por la empresa Buendía y Laredo para El Universal, que permite el parafraseo de que algo está podrido en la campaña de Meade. La crítica que retomó fuerza es que el precandidato no es el mejor que podría haber escogido el presidente Enrique Peña Nieto y que hay tiempo para sustituirlo. Los llamados parten de lo que se ve: un candidato solo, sin arraigo ni gente en sus mítines, contrario a los tumultos que se veían con los candidatos priistas de antaño. Pero lo que no se ve es mucho más grave.

La campaña de Meade ciertamente no prende emociones entre los priistas, pero no puede ser adjudicado, cuando menos en este momento, al candidato en sí, sino al diseño de la precampaña y a lo que está haciendo Peña Nieto con él. Para comenzar a entender lo que sucede hay que regresar al momento en que Meade fue seleccionado como candidato. En el pasado, cuando el presidente era priista, ahí se daba el cambio de mando. El rey en turno abdicaba al poder y lo entregaba al heredero. El presidente priista comenzaba a desaparecer del escenario público mientras cada día tomaba más fuerza el candidato priista. Esto no ha sucedido porque el presidente, quizás egoístamente, no ha empoderado a su candidato, una decisión que permea negativamente en la precampaña.

Esta decisión, por citar una de los ejemplos más claros, le extirpó a Meade una de las facultades más importantes del candidato, el arbitraje sobre las candidaturas a puestos de elección popular. En el pasado, el candidato era quien palomeaba quiénes irían a cargos importantes de elección popular, por lo que cada vez que llegaban a un estado, se le arremolinaban quienes deseaban una candidatura para pedirle apoyo. Muchos de los tumultos en las las plazas los provocaban quienes buscaban su favor, y proyectaban una imagen de arraigo y aceptación. Al no estar hoy en el centro de esas decisiones, no existen aglomeraciones porque Meade no tiene posibilidad de influir. Ningún apoyo que ofreciera, les garantizaría una candidatura.

Esta falta de empoderamiento es lo que lo hace ver solo. No contribuye que el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa, le haya impuesto a un coordinador de giras. Diego Garza, quien iba a ocupar el puesto, quedó reducido a parte del equipo colocado por Ochoa. Al hacerlo, restándole otra herramienta de empoderamiento, Meade quedó sujeto a la agenda que le dictan desde el partido, sin que pueda desarrollar un trabajo estratégico de búsqueda de apoyos y construcción de redes a partir de su propio diagnostico y plan de acción. Él tampoco es dueño de los tiempos de la campaña ni decide a quién ve, con quién se reúne y cuándo lo hace.

Otro problema toral en la falta de apoyo priista a Meade obedece a la exclusión de los gobernadores de la propia campaña. La instrucción del jefe de la campaña, Aurelio Nuño, transmitida por Ochoa a los gobernadores, es que ellos no se involucrarían en la contienda presidencial y tendrían que limitarse al trabajo local. La desincorporación de la campaña presidencial del resto de las campañas deja a Meade fuera de una estrategia integral, donde todos los candidatos y candidatas trabajaban coordinadamente para apoyarse con votos. La única campaña donde Meade está pudiendo hacerla de esa forma es en la Ciudad de México, donde el candidato al gobierno local, Mikel Arriola, fue una de las pocas concesiones que se le hicieron.

Meade tampoco tiene acceso a los presupuestos. Cuando lo ungieron candidato llegó con varios colaboradores muy cercanos. Uno de ellos fue Ignacio Vázquez, quien era oficial mayor en la Secretaría de Hacienda, y a quien incorporó para que manejara los recursos. No sucedió, ni sucederá. El dinero en la campaña no lo manejará Meade, pero tampoco Ochoa, que también está excluido del control de los recursos. La caja la tiene el secretario de Finanzas del PRI, Luis Vega , quien sólo responde al presidente Peña Nieto. Desde Los Pinos se decide, dicho de manera más cruda, dónde, cómo y cuánto gasta Meade. En este momento, la campaña está deshidratada.

Por todos los ángulos, la campaña se ve escuálida y se refleja en cada momento público del candidato. No se le puede responsabilizar realmente de las deficiencias que ha mostrado. La estrategia de la campaña se decide en un cuarto de guerra que se reúne todos los días en el nuevo edificio del equipo en Insurgentes, a las siete y media de la noche, donde Meade no tiene realmente representantes. Los suyos están en el cuarto de guerra de comunicación, que domina el equipo de Nuño, y en uno más de voceros, que preside Javier Lozano. Es decir, su equipo ocupa segundos y terceros niveles, pero no está en la primera línea de decisión.

Cuánto más va a seguir este diseño de control total del presidente en beneficio del presidente, no se sabe aún. Quizás empodere a Meade hasta que arranque la campaña formal a finales de marzo. Es una incógnita que sigue marcando el deterioro de la imagen del candidato y reforzando la percepción de que no funciona, ni él, ni su equipo, ni la campaña misma.

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Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Estrictamente Personal
Miércoles 31 enero 2018.


Raymundo Riva Palacio  

La urgencia por reencauzar la campaña presidencial de José Antonio Meade tiene una razón de fondo: los mexicanos quieren que pierda el PRI, y que entre Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya salga el próximo presidente. Esta es la conclusión de un análisis realizado por Ronald Anton, director de la consultoría ecuatoriana CPI Latinoamérica, a partir de datos demoscópicos sobre las preferencias electorales, que anticipan un futuro ominoso para Meade y para el presidente Enrique Peña Nieto, que busca, a través del candidato, la continuidad de sus políticas y la consolidación de sus reformas. Esto no va a ser posible, si se analizan objetivamente las tendencias del electorado.

Anton publicó recientemente un diagnóstico de 22 páginas titulado 'Crónica de una alternancia anunciada', donde sólo ve una competencia real entre López Obrador y Anaya, “ambos representando el cambio que pide la sociedad, frente a un PRI que se encuentra con el presidente peor evaluado en la historia de México, con un partido que trae los máximos negativos, con seria desventaja territorial, con una constante pérdida de intención de voto en todas las campañas presidenciales y con un candidato que no termina de gustar a los electores”. Las condiciones objetivas que enfrentan Peña Nieto, Meade y el PRI son totalmente adversas, de acuerdo con el análisis del consultor.

“Desde la llegada del PRI a la presidencia en 2012, el partido ha sufrido una debacle constante”, apuntó. “En 2012 controlaban 21 gubernaturas, pero desde entonces, ya con Enrique Peña Nieto como presidente, el PRI ha perdido un total de 24.9 millones de electores y gobierna solamente en 14 estados (15 si sumamos Chiapas gobernada por su aliado el Partido Verde): Campeche, Coahuila, Colima, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas”.

Cuando asumió Peña Nieto la presidencia, el PRI gobernaba arriba de 51 por ciento de los mexicanos; en la actualidad gobierna a 43 por ciento. Esta pérdida de poder territorial, a juicio de Anton, es otro factor a tomar en cuenta para entender la baja probabilidad de ganar las elecciones presidenciales. El consultor lo explica a partir de la disminución de aprobación que tiene el PRI, más allá de sus candidatos a puestos de elección popular.

Esta disminución de poder territorial también se ha registrado en los congresos locales, donde según el análisis del consultor ecuatoriano, el PRI pasó de tener 463 legisladores en 2015, a 361 en 2017. “Aunque sigue siendo el partido que más diputados tiene, ha perdido gran parte de los congresos donde contaba con mayoría”, indicó Anton. “Desde 2015, tan sólo ostenta la mayoría absoluta en los congresos de Campeche, Guerrero, Estado de México, Sonora y Yucatán, perdiendo con ello más poder local”.

Anton no lo precisó, pero salvo el Estado de México, ninguno de los restantes se encuentra entre las 10 entidades con mayor peso electoral en el país, y aún en esa entidad, la tierra del presiente Peña Nieto, en la elección para gobernador el año pasado, el PRI como partido obtuvo 56 mil votos menos que Morena; sólo la coalición con otros tres partidos evitó un monumental descalabro en el estado.

En los estudios que revisó, Anton encontró que la tasa de rechazo al PRI es de 57.4 por ciento, contra 40 por ciento de rechazo del PAN, 37.5 por ciento de Morena y 34.1 por ciento del PRD. “De todas las elecciones que se han sucedido desde que Enrique Peña Nieto es presidente –explicó Anton–, en todos los estados donde los gobernadores del PRI tenían una valoración ciudadana por debajo de 50 por ciento, los electores cambiaron el partido que gobernaba el estado”. Tampoco ayuda la aprobación a la gestión de Peña Nieto, donde entre siete y ocho de cada 10 mexicanos desaprueba su actuación presidencial. “El fuerte rechazo con el que cuenta tanto el partido como la figura del presidente –afirma el consultor–, dificulta la revalidación del mandato del PRI”.

Como contraste, la coalición Por México al Frente que tiene como abanderado a Anaya, gobierna a 48.6 por ciento de los mexicanos en 16 estados, incluida la Ciudad de México, el bastión de la izquierda, donde el PRI se encuentra en un lejano cuarto lugar de preferencias electorales. El PAN gobierna 12 estados, que es el mayor número que jamás haya gobernado, entre los cuales se encuentran tres de las seis entidades con mayor peso electoral en el país. En el Senado ocupa más de 50 por ciento de los escaños, y en el Congreso federal tiene más de 40 por ciento de las curules. Por lo que toca a los congresos locales, los frentistas tienen una presencia de casi dos a uno en el país. Morena no tiene esos números, pero es un partido que apenas nació electoralmente en 2015. Sin embargo, tiene lo que ningún otro, a López Obrador como candidato, que en dos intentonas presidenciales anteriores logró el apoyo de 35.29 por ciento del electorado en 2006, y 31.57 por ciento en 2012, y que puntea ampliamente las encuestas.

Este contexto, que habla de una complejidad política creciente en México, estimó Anton, ofrece un escenario de gran dificultad para que el PRI pueda ganar las elecciones presidenciales. El escenario de victoria de López Obrador es real, afirmó el consultor, pero la alianza en el Frente le dan a Anaya la suficiente fuerza para contender contra él y ganarle. Meade no está en este rango. El rechazo social al partido y la baja popularidad de Peña Nieto, lo están hundiendo. ¿Podrá revertir esta crónica anunciada de una derrota? Todo es posible, ciertamente, aunque parezca imposible.

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Eje Central
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio
Miércoles 17 de enero de 2018.

Raymundo Riva Palacio

Dentro y fuera de la precampaña presidencial de José Antonio Meade, las voces de que se va a remplazar al candidato con su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, son insistentes. Claudia Ruiz Massieu, la secretaria general del PRI, afirma que eso no va a suceder y que Meade será el candidato. No podía esperarse una declaración en sentido contrario, aunque ella, como un creciente número de priistas, no terminan de estar cómodos con la candidatura designada, según miembros del partido que admiten las tribulaciones en este arranque electoral. Tampoco está contento el presidente Enrique Peña Nieto, pero no con el candidato, sino con la confrontación entre los equipos. “Nunca había visto una campaña más dividida”, dijo un funcionario que ha participado en más de cuatro campañas presidenciales del PRI. “Están peleándose todos contra todos”.

Las semanas anteriores han sido castrantes. Las leyes electorales no permiten al candidato pedir el voto o presentar propuestas, lo que llevó a utilizar a su esposa, Juana Cuevas, como un activo del precandidato. Alguna rentabilidad debieron haberle visto al abuso de su imagen, pero han reducido su presencia en los últimos días. Meade no conecta ni emociona su discurso. El diagnóstico ha puesto presión para tener una campaña altamente competitiva en Meade, y mantiene al presidente trabajando en las sombras, todavía, con el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, que probablemente pasa más tiempo en resolver los problemas que le pide solucionar Peña Nieto, que en sus tareas de canciller.

Peña Nieto habló con Videgaray sobre la campaña durante el largo viaje que realizaron a principios de noviembre a Vietnam, donde participó en el Foro de Cooperación Económica de la Cuenca del Pacífico, y le pidió que se metiera en la reorganización de la campaña. De acuerdo con funcionarios consultados, la intervención de Videgaray se está intensificando y existe la posibilidad de que presente su renuncia en la cartera de Relaciones Exteriores y comience a dirigir la campaña de una manera plena, desde una oficina fuera del PRI.

La idea, explicada por los funcionarios, no es que en una primera instancia Videgaray se sume formalmente a la campaña, sino que permanezca con un bajo perfil sin distraerse completamente de las funciones de canciller. Oficialmente, el coordinador de la campaña seguiría siendo Aurelio Nuño, pero el responsable último ante Peña Nieto sería Videgaray. Uno de los primeros incendios que tendría que apagar es el choque entre el equipo que llegó con Meade y el de Nuño, que trabajan en constante fricción y generan falta de cohesión. En parte, por descuidos e impertinencias. Dentro del equipo de Nuño hay quienes comentan la posibilidad de que se dé un relevo de su jefe por Meade, lo que en términos legales es una posibilidad real hasta que no se registre su candidatura ante el Instituto Nacional Electoral, durante la segunda quincena de marzo.

Funcionarios en Los Pinos han ido registrando los crecientes problemas que ha ido enfrentando Meade entre los propios priistas. Uno de los casos que se resolvió fue con Ruiz Massieu, de quien se quejaron en la casa presidencial que estaba saboteando algunos eventos del precandidato. Otro problema que tiene que resolverse es la apatía que se está observando entre algunos gobernadores priistas, que habían puesto sus esperanzas en el exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, o las diferencias con miembros del gabinete que apostaron por su candidatura. Una de esas diferencias se dio con Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Urbano, que en una plática que tuvo con Meade sobre una eventual candidatura al Senado en la Ciudad de México, los apoyos que hubiera esperado no se ofrecieron, por lo que hasta ahora tiene decidido terminar el sexenio en el gabinete.

La intervención de Videgaray en la campaña, según los funcionarios, pretende dejar atrás estos problemas y darle orden al trabajo, que es de lo que varios se quejan por lo que a veces llegan a describir como “un caos”. La coordinación de Nuño no ha funcionado, coinciden. Una de las explicaciones que dan es que no embonan lo equipos. Meade no era realmente amigo de Nuño, quien fue una imposición de Peña Nieto. Otra es la falta de experiencia. Aunque Nuño trabajó en la campaña presidencial de 2012, fue bajo las órdenes de Videgaray, a quien todos reconocen que en las campañas que ha coordinado ha impuesto disciplina en el equipo.

Meade no ha logrado establecer disciplina por la descomposición de la relación en los segundos y terceros niveles, y porque el trabajo no le corresponde, por diseño, sino a Nuño. La inclusión del senador Javier Lozano al equipo, como uno de los vocero y vicecoordinador de mensaje, es un síntoma de lo que pasa en la campaña. El discurso de Meade, que hasta ahora ha sido de poco impacto, es responsabilidad del presidente del PRI, Enrique Ochoa, que redacta la mayoría de los que pronuncia. El que fungirá como uno de los voceros, refleja que Ochoa está desgastado y Nuño, que ha asumido esas funciones últimamente, carece de densidad. El problema de la inclusión de Lozano, por otra parte, provocó nuevas tensiones hacia el interior del PRI, donde varios fueron dejados de lado para esas tareas a favor de otro externo.

Videgaray es la apuesta final que hará el presidente para relanzar la campaña de Meade. El reto de Videgaray será eliminar fisuras y lograr la cohesión tanto entre los peñistas que perdieron en la sucesión presidencial, como entre los priistas que querían a un priista como abanderado.

Twitter: @rivapa

Eje Central
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio
Martes 16 de enero de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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