Raymundo Riva Palacio  

La urgencia por reencauzar la campaña presidencial de José Antonio Meade tiene una razón de fondo: los mexicanos quieren que pierda el PRI, y que entre Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya salga el próximo presidente. Esta es la conclusión de un análisis realizado por Ronald Anton, director de la consultoría ecuatoriana CPI Latinoamérica, a partir de datos demoscópicos sobre las preferencias electorales, que anticipan un futuro ominoso para Meade y para el presidente Enrique Peña Nieto, que busca, a través del candidato, la continuidad de sus políticas y la consolidación de sus reformas. Esto no va a ser posible, si se analizan objetivamente las tendencias del electorado.

Anton publicó recientemente un diagnóstico de 22 páginas titulado 'Crónica de una alternancia anunciada', donde sólo ve una competencia real entre López Obrador y Anaya, “ambos representando el cambio que pide la sociedad, frente a un PRI que se encuentra con el presidente peor evaluado en la historia de México, con un partido que trae los máximos negativos, con seria desventaja territorial, con una constante pérdida de intención de voto en todas las campañas presidenciales y con un candidato que no termina de gustar a los electores”. Las condiciones objetivas que enfrentan Peña Nieto, Meade y el PRI son totalmente adversas, de acuerdo con el análisis del consultor.

“Desde la llegada del PRI a la presidencia en 2012, el partido ha sufrido una debacle constante”, apuntó. “En 2012 controlaban 21 gubernaturas, pero desde entonces, ya con Enrique Peña Nieto como presidente, el PRI ha perdido un total de 24.9 millones de electores y gobierna solamente en 14 estados (15 si sumamos Chiapas gobernada por su aliado el Partido Verde): Campeche, Coahuila, Colima, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas”.

Cuando asumió Peña Nieto la presidencia, el PRI gobernaba arriba de 51 por ciento de los mexicanos; en la actualidad gobierna a 43 por ciento. Esta pérdida de poder territorial, a juicio de Anton, es otro factor a tomar en cuenta para entender la baja probabilidad de ganar las elecciones presidenciales. El consultor lo explica a partir de la disminución de aprobación que tiene el PRI, más allá de sus candidatos a puestos de elección popular.

Esta disminución de poder territorial también se ha registrado en los congresos locales, donde según el análisis del consultor ecuatoriano, el PRI pasó de tener 463 legisladores en 2015, a 361 en 2017. “Aunque sigue siendo el partido que más diputados tiene, ha perdido gran parte de los congresos donde contaba con mayoría”, indicó Anton. “Desde 2015, tan sólo ostenta la mayoría absoluta en los congresos de Campeche, Guerrero, Estado de México, Sonora y Yucatán, perdiendo con ello más poder local”.

Anton no lo precisó, pero salvo el Estado de México, ninguno de los restantes se encuentra entre las 10 entidades con mayor peso electoral en el país, y aún en esa entidad, la tierra del presiente Peña Nieto, en la elección para gobernador el año pasado, el PRI como partido obtuvo 56 mil votos menos que Morena; sólo la coalición con otros tres partidos evitó un monumental descalabro en el estado.

En los estudios que revisó, Anton encontró que la tasa de rechazo al PRI es de 57.4 por ciento, contra 40 por ciento de rechazo del PAN, 37.5 por ciento de Morena y 34.1 por ciento del PRD. “De todas las elecciones que se han sucedido desde que Enrique Peña Nieto es presidente –explicó Anton–, en todos los estados donde los gobernadores del PRI tenían una valoración ciudadana por debajo de 50 por ciento, los electores cambiaron el partido que gobernaba el estado”. Tampoco ayuda la aprobación a la gestión de Peña Nieto, donde entre siete y ocho de cada 10 mexicanos desaprueba su actuación presidencial. “El fuerte rechazo con el que cuenta tanto el partido como la figura del presidente –afirma el consultor–, dificulta la revalidación del mandato del PRI”.

Como contraste, la coalición Por México al Frente que tiene como abanderado a Anaya, gobierna a 48.6 por ciento de los mexicanos en 16 estados, incluida la Ciudad de México, el bastión de la izquierda, donde el PRI se encuentra en un lejano cuarto lugar de preferencias electorales. El PAN gobierna 12 estados, que es el mayor número que jamás haya gobernado, entre los cuales se encuentran tres de las seis entidades con mayor peso electoral en el país. En el Senado ocupa más de 50 por ciento de los escaños, y en el Congreso federal tiene más de 40 por ciento de las curules. Por lo que toca a los congresos locales, los frentistas tienen una presencia de casi dos a uno en el país. Morena no tiene esos números, pero es un partido que apenas nació electoralmente en 2015. Sin embargo, tiene lo que ningún otro, a López Obrador como candidato, que en dos intentonas presidenciales anteriores logró el apoyo de 35.29 por ciento del electorado en 2006, y 31.57 por ciento en 2012, y que puntea ampliamente las encuestas.

Este contexto, que habla de una complejidad política creciente en México, estimó Anton, ofrece un escenario de gran dificultad para que el PRI pueda ganar las elecciones presidenciales. El escenario de victoria de López Obrador es real, afirmó el consultor, pero la alianza en el Frente le dan a Anaya la suficiente fuerza para contender contra él y ganarle. Meade no está en este rango. El rechazo social al partido y la baja popularidad de Peña Nieto, lo están hundiendo. ¿Podrá revertir esta crónica anunciada de una derrota? Todo es posible, ciertamente, aunque parezca imposible.

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Eje Central
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Raymundo Riva Palacio
Miércoles 17 de enero de 2018.

Raymundo Riva Palacio

Dentro y fuera de la precampaña presidencial de José Antonio Meade, las voces de que se va a remplazar al candidato con su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, son insistentes. Claudia Ruiz Massieu, la secretaria general del PRI, afirma que eso no va a suceder y que Meade será el candidato. No podía esperarse una declaración en sentido contrario, aunque ella, como un creciente número de priistas, no terminan de estar cómodos con la candidatura designada, según miembros del partido que admiten las tribulaciones en este arranque electoral. Tampoco está contento el presidente Enrique Peña Nieto, pero no con el candidato, sino con la confrontación entre los equipos. “Nunca había visto una campaña más dividida”, dijo un funcionario que ha participado en más de cuatro campañas presidenciales del PRI. “Están peleándose todos contra todos”.

Las semanas anteriores han sido castrantes. Las leyes electorales no permiten al candidato pedir el voto o presentar propuestas, lo que llevó a utilizar a su esposa, Juana Cuevas, como un activo del precandidato. Alguna rentabilidad debieron haberle visto al abuso de su imagen, pero han reducido su presencia en los últimos días. Meade no conecta ni emociona su discurso. El diagnóstico ha puesto presión para tener una campaña altamente competitiva en Meade, y mantiene al presidente trabajando en las sombras, todavía, con el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, que probablemente pasa más tiempo en resolver los problemas que le pide solucionar Peña Nieto, que en sus tareas de canciller.

Peña Nieto habló con Videgaray sobre la campaña durante el largo viaje que realizaron a principios de noviembre a Vietnam, donde participó en el Foro de Cooperación Económica de la Cuenca del Pacífico, y le pidió que se metiera en la reorganización de la campaña. De acuerdo con funcionarios consultados, la intervención de Videgaray se está intensificando y existe la posibilidad de que presente su renuncia en la cartera de Relaciones Exteriores y comience a dirigir la campaña de una manera plena, desde una oficina fuera del PRI.

La idea, explicada por los funcionarios, no es que en una primera instancia Videgaray se sume formalmente a la campaña, sino que permanezca con un bajo perfil sin distraerse completamente de las funciones de canciller. Oficialmente, el coordinador de la campaña seguiría siendo Aurelio Nuño, pero el responsable último ante Peña Nieto sería Videgaray. Uno de los primeros incendios que tendría que apagar es el choque entre el equipo que llegó con Meade y el de Nuño, que trabajan en constante fricción y generan falta de cohesión. En parte, por descuidos e impertinencias. Dentro del equipo de Nuño hay quienes comentan la posibilidad de que se dé un relevo de su jefe por Meade, lo que en términos legales es una posibilidad real hasta que no se registre su candidatura ante el Instituto Nacional Electoral, durante la segunda quincena de marzo.

Funcionarios en Los Pinos han ido registrando los crecientes problemas que ha ido enfrentando Meade entre los propios priistas. Uno de los casos que se resolvió fue con Ruiz Massieu, de quien se quejaron en la casa presidencial que estaba saboteando algunos eventos del precandidato. Otro problema que tiene que resolverse es la apatía que se está observando entre algunos gobernadores priistas, que habían puesto sus esperanzas en el exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, o las diferencias con miembros del gabinete que apostaron por su candidatura. Una de esas diferencias se dio con Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Urbano, que en una plática que tuvo con Meade sobre una eventual candidatura al Senado en la Ciudad de México, los apoyos que hubiera esperado no se ofrecieron, por lo que hasta ahora tiene decidido terminar el sexenio en el gabinete.

La intervención de Videgaray en la campaña, según los funcionarios, pretende dejar atrás estos problemas y darle orden al trabajo, que es de lo que varios se quejan por lo que a veces llegan a describir como “un caos”. La coordinación de Nuño no ha funcionado, coinciden. Una de las explicaciones que dan es que no embonan lo equipos. Meade no era realmente amigo de Nuño, quien fue una imposición de Peña Nieto. Otra es la falta de experiencia. Aunque Nuño trabajó en la campaña presidencial de 2012, fue bajo las órdenes de Videgaray, a quien todos reconocen que en las campañas que ha coordinado ha impuesto disciplina en el equipo.

Meade no ha logrado establecer disciplina por la descomposición de la relación en los segundos y terceros niveles, y porque el trabajo no le corresponde, por diseño, sino a Nuño. La inclusión del senador Javier Lozano al equipo, como uno de los vocero y vicecoordinador de mensaje, es un síntoma de lo que pasa en la campaña. El discurso de Meade, que hasta ahora ha sido de poco impacto, es responsabilidad del presidente del PRI, Enrique Ochoa, que redacta la mayoría de los que pronuncia. El que fungirá como uno de los voceros, refleja que Ochoa está desgastado y Nuño, que ha asumido esas funciones últimamente, carece de densidad. El problema de la inclusión de Lozano, por otra parte, provocó nuevas tensiones hacia el interior del PRI, donde varios fueron dejados de lado para esas tareas a favor de otro externo.

Videgaray es la apuesta final que hará el presidente para relanzar la campaña de Meade. El reto de Videgaray será eliminar fisuras y lograr la cohesión tanto entre los peñistas que perdieron en la sucesión presidencial, como entre los priistas que querían a un priista como abanderado.

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Raymundo Riva Palacio
Martes 16 de enero de 2018.


 Raymundo Riva Palacio

Poco después de que se declarara presidente electo a Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong le pidió a Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, visitar el búnker de Constituyentes y ver operar a Plataforma México. Le impactó lo que vio, un sistema de información e inteligencia criminal con la más alta tecnología. Plataforma México fue un proyecto que Estados Unidos financió en parte mediante la Iniciativa Mérida, y Osorio Chong no pensó lo que podía hacer contra los criminales, según exfuncionarios que platicaron con él, sino que imaginó la utilización de esos sistemas con fines políticos. García Luna, dijeron los exfuncionarios, advirtió de que cambiarle su destino de policial a político sería un error e iría contra los intereses del Estado Mexicano. A quien iba a ser secretario de Gobernación no le importó.

Osorio Chong, quien antes de iniciar la presidencia de Peña Nieto ya se imaginaba como el sucesor en 2018, comenzó a trabajar en el nuevo diseño institucional de Gobernación para acumular todo el poder posible. Tendría la responsabilidad de la política interna, pero le sumaría la capacidad de fuego de la Policía Federal. Contra la opinión de Luis Videgaray, jefe del equipo de transición, Peña Nieto permitió que Osorio Chong fusionara las dos dependencias bajo su mando único. También aceptó la estrategia de seguridad que planteaba el nuevo secretario de Gobernación, sugerida por asesores que sostenían que la violencia en el gobierno de Felipe Calderón obedecía a que confrontaba a los cárteles de la droga, para dejar de combatirlos.

Durante ocho meses se dejó de enfrentar a los cárteles de la droga, que fortaleció al Cártel del Pacífico y todas sus derivaciones, permitió el crecimiento del Cártel Jalisco Nueva Generación, el renacimiento de La Familia Michoacana en Los Caballeros Templarios, y que Los Zetas no murieran de inanición criminal. La baja en los índices de homicidios dolosos que se vieron durante los dos primeros años, fue inercial. La estrategia de fuego y sangre de Calderón –utilizada en varias naciones– tuvo su pico de muertos en mayo de 2011, cuando comenzó a bajar el índice de homicidios dolosos.

Osorio Chong presumía que se debía a la estrategia del nuevo gobierno, pero era falso. Hoy, el secretario de Gobernación deja al país sumido en la peor violencia que ha registrado en su historia. Sus argumentos de que es resultado de la falta de trabajo de los gobiernos estatales y municipales en el combate a la delincuencia, ocultan algunas verdades. Por ejemplo, los controles de confianza para policías estatales y municipales fueron pospuestos en dos ocasiones por el Congreso a petición de Gobernación; y la fuerza federal policial se mantuvo en el mismo nivel –35 mil policías– con la que la recibió del gobierno de Calderón. Es decir, en seis años no incrementó la fuerza policial del Estado, pese a que el presupuesto para ese fin se incrementó casi 300 por ciento.

El 80 por ciento de ese dinero se destinó a gastos de operación, dentro de una bolsa confidencial manejada por una incondicional de la familia de Osorio Chong. Entre los altos costos que propició ese manejo de recursos, fue que los sistemas de seguridad del penal de máxima seguridad de Almoloya nunca fueron revisados y mantenidos adecuadamente, o pagadas las renovaciones de los contratos de equipos que dejaron de funcionar. El resultado más dramático de la negligencia en las cárceles fue la segunda fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, sobre la que se puede argumentar que si no se escapó antes, era porque no lo habían capturado.

El desastre del nuevo modelo de Osorio Chong, aprobado por el presidente Peña Nieto, tuvo muchas más expresiones. Como botones de muestra:

1.- Plataforma México fue desmantelada y los 600 equipos de escuchas telefónicas fueron trasladadas al Cisen, donde Osorio Chong colocó a su incondicional, Eugenio Imaz.

2.- El proyecto de la Gendarmería, del que entregó un resumen ejecutivo García Luna a Peña Nieto, nunca fue aplicado, en buena medida porque Osorio Chong, que nunca entendió lo que le daban, tampoco le prestó atención. La creación de la Gendarmería en el peñismo resultó un fiasco y gradualmente se fue desvaneciendo como fuerza.

3.- La falta de mandos capacitados en las áreas de seguridad pública llevaron a la Policía Federal a fracasos y excesos en el uso de la fuerza, como en Tanhuato, Nochixtlán y Apatzingán, donde se puede argumentar que incurrieron en violaciones a los derechos humanos.

Lo más grave, sin embargo, por las consecuencias transexenales que puede acarrear al presidente Peña Nieto, fue la decisión, en 2013, de arropar a los grupos de autodefensa civil en Michoacán, a los que se les entregaron armas y protegió la Policía Federal y el Ejército. La organización de bandas paramilitares fue hecha para que hicieran el trabajo sucio del gobierno y aniquilaran a Los Caballeros Templarios. Es decir, un grupo respaldado por el gobierno para eliminar a otro grupo específico puede ser interpretado en Derecho Internacional como genocidio. Esa estrategia estuvo a punto de desbordar en 2014 en una guerra civil, provocada por Gobernación.

Osorio Chong debió haber sido despedido por el presidente Peña Nieto hace años, pero nunca sucedió. Esa falta de decisión no le va a costar al secretario de Gobernación saliente, sino al presidente. Peña Nieto no es culpable del desastre que hizo Osorio Chong, su amigo, en la gobernación y seguridad del país, pero es el responsable. De eso, el inquilino de Los Pinos no se salvará.

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Eje central
Raymundo Riva Palacio
Estrictamente Personal
Ciudad de México
Jueves 11 de enero de 2018.

Raymundo Riva Palacio   

Corral tiene en sus manos una bomba para hacer explotar la candidatura presidencial del PRI

El caso abierto en contra del ex gobernador de Chihuahua, César Duarte, es la explosión en las Torres Gemelas de Nueva York en cámara lenta. Comenzó hace 13 meses con una acusación contra él por un desvío de poco más de 14 millones de pesos para campañas electorales del PRI y se fue incrementando, en recursos para el partido en el poder y para personas de poder. El último gallo tricolor en ser desplumado fue Alejandro Gutiérrez, quien era alto funcionario del PRI y responsable en 2015 y 2016 del Proyecto Zafiro, utilizado por el entonces líder Manlio Fabio Beltrones, para diseñar la estrategia electoral en las elecciones de aquél año. La Policía Federal lo detuvo en Saltillo en diciembre, por petición del gobierno de Chihuahua, como parte del proceso contra Duarte. La detención le pegó a Beltrones, y al entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Pero esta nueva novela de altos vuelos que tanto prometía, a los pocos días se apagó.

Beltrones declaró que era una infamia la acusación y tendrían que probar que Gutiérrez, realmente había hecho lo que dijeron que hizo. Hacienda también negó que se dedicara a distribuir dinero presupuestal a campañas políticas. No se podía esperar nada distinto, pero ante una defensa tan débil y un beligerante e intrépido gobernador de Chihuahua como Javier Corral, ¿por qué todo paró en seco? Si la convicción en el entorno cercano de Duarte es que el aliado de Corral en todo esto es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ahí se podría encontrar, al menos como hipótesis de trabajo, la razón sobre la súbita parálisis. ¿Se estaba comenzando a salir fuera de control?

Las acusaciones que ha formulado la Fiscalía contra Duarte tienen un patrón criminal: el ex gobernador ordenaba al ex secretario de Hacienda, Jaime Ramón Herrera Corral, que dinero presupuestal fuera trasladado al PRI para ser utilizado en campañas electorales, y que se disfrazara bajo rubros distintos en diferentes dependencias. El caso escaló en diciembre con la captura de Gutiérrez, señalado de ser el ingeniero financiero del desvío de 250 millones de pesos en 2015, y que llevó todo a las más altas instancias del partido y el gobierno federal.

El tema dejó de ser local y pasó a ser federal. En la declaración ampliada de Herrera Corral señala que Gutiérrez (le) comentó que había un acuerdo con la Secretaría de Hacienda federal para que, a través de tres estados, siendo estos Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua, apoyaran con la operación electoral a nivel nacional del año 2016 para aquellos estados en donde no se tenían gobiernos priistas, y requerían recursos”. La afirmación del ex funcionario chihuahuense refuerza los dichos del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, sobre dos mil 500 millones de pesos que le habían dado dentro del presupuesto, destinados a campañas electorales –que decía haber usado para el PRI y Morena-, pero dejaba abierto el mecanismo que presuntamente utilizaron desde el partido en el poder y el gobierno mismo.

Pero el caso se detuvo en Gutiérrez, la más alta figura priista involucrada en un tema de presunto financiamiento ilegal de campañas, como si en ese momento se hubieran dado cuenta que el elefante en la sala podría empezar a ser visto. Para poder entender la trama, hay que observar cómo funcionaba el sistema de recaudación de fondos dentro del PRI, en el entendido de que el partido no se maneja de manera independiente a lo que se le indica en Los Pinos. Cada vez que el presidente en turno es priista, el partido juega más como una secretaría de Acción Electoral.

En ese sentido, Gutiérrez no era responsable único o final del dinero dentro del partido. Quien lo es, Luis Vega, había sido colocado en la Secretaría de Finanzas y Administración desde antes iniciar el gobierno del presidente Peña Nieto, por el entonces gobernador del estado de México. Vega llegó al PRI en 2011, directo del PRI mexiquense donde hacía una función similar. Hombre de absoluta confianza de Peña Nieto, durante años ha sido el responsable de recibir y administrar los dineros y las aportaciones –legales y aquellas que no fueran registradas-, para redirigirse hacia donde le indicaran. Ese nombramiento fue parte de los ajustes que realizó Peña Nieto pensando en el futuro. Otro estratégico Videgaray, a quien envió al Congreso para presidir la Comisión de Presupuesto, donde se encuentra el origen de algunas de las ampliaciones presupuestales a estados cuyos gobernadores han sido acusados de desviarlos a campañas priistas.

Si la acusación contra Gutiérrez es probada, será sólo un eslabón que conduzca a Vega Aguilar y al corazón del peñismo. Si esto continúa, salpicará también a Nuvia Mayorga, directora de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que también ha sido uno de los conductos por donde llegan al PRI recursos para campañas, y es incondicional de Osorio Chong. Cercanos a Duarte comentaron que si Osorio Chong quiere saldar cuentas con el ex gobernador y los tecnócratas que le quitaron la candidatura presidencial, está acotado porque el financiamiento irregular al PRI, también lo mancha.

Corral tiene en sus manos una bomba para hacer explotar la candidatura presidencial del PRI y romper el blindaje que hasta hoy tiene Peña Nieto. La pregunta es si Corral es real, si actúa por convicciones más allá de sus fobias personales, o si sus supuestos compromisos con Osorio Chong lo limitarán. Si no fuera así, el proceso contra Duarte puede ser, de comprobarse las acusaciones, el final histórico del PRI.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Martes 9 de enero de 2018.


Raymundo Riva Palacio    


Roberto Borge, amigo del Presidente Enrique Peña Nieto, finalmente fue deportado de Panamá, a donde se refugió tras las acusaciones de corrupción durante su Gobierno en Quintana Roo. Antes, Javier Duarte, el ex gobernador de Veracruz que decía estar blindado porque más de dos mil 500 millones de pesos del erario trasladó a campañas electorales del PRI, fue deportado de Guatemala por presuntamente usar recursos públicos en beneficio propio y de sus cercanos. El siguiente es César Duarte, el ex gobernador de Chihuahua, a quien acusa la Fiscalía estatal también de haber desviado dinero público para fines electorales. Este Duarte, que fue muy próximo a Peña Nieto al final de su mandato, tiene una curva de aprendizaje que no tenían sus anteriores colegas. El que quien creían su amigo no lo es, y la protección que esperaban tener, no existió. Más aún, en su entorno existe la convicción de que el Gobierno de Javier Corral recibió el apoyo de la Secretaría de Gobernación para hundirlo.

En el entorno de Duarte señalan que la Policía Federal actuó con una rapidez no vista antes en casos similares para detener a las personas que han declarado en contra del ex gobernador. Pero el principal respaldo, según su entorno, se dio con la actuación de la Fiscalía Especializada para los delitos electorales, que bloqueó los esfuerzos de la defensa de Duarte para evitar ser detenido. Según documentos del caso a los que se ha tenido acceso, la agente del Ministerio Público federal adscrita a la Fepade, Alicia Ortiz, giró un oficio donde le negó al ex gobernador que su defensa conociera del proceso, que pidió después de que el 30 de mayo pasado, tras enterarse por la prensa que se le investigaba, pidió que pudieran consultar la carpeta de investigación para defenderlo.  

En el oficio fechado el 22 de junio, Ortiz respondió que “no tenía datos de prueba que puedan corroborar la identidad del imputado a que hace referencia en su escrito, para tener por cierto que el escrito que promovió a su nombre sea la misma persona que dice ser, por lo que no hay certeza que el escrito haya sido suscrito por la persona de mérito y menos aún que sea su decisión que sea defendido por los abogados que se mencionan”. En otras palabras, le negó el derecho a tener representación legal, al rechazar y desconocer que César Duarte fuera César Duarte. El objetivo era obligar al ex gobernador a ir personalmente a la Fiscalía para acceder a la carpeta de investigación, algo que su defensa había dicho que no haría, amparado por la ley.

Sin conocer el expediente en su contra, según los documentos, Duarte se enteró por la prensa que el 30 de junio había una orden de aprehensión en su contra. Horas después llegaron a la casa de sus hijas en Huixquilucan, en el Estado de México, agentes federales para detenerlo. Ese domicilio era usado por Duarte cuando estaba en la Ciudad de México, y tiempo atrás los agentes la mantenían vigilada. No está claro con quién hablaron los agentes en el domicilio, pero el ex gobernador dijo en su declaración ampliada que fue informado “que dichos agentes comentaron que era necesario obtener una confesión aún en contra de su voluntad, lo que significa que, de privarlo de su libertad, lo incomunicarán y ejercerán actos de tortura o tormento en su contra para que reconozca su participación en hechos delictuosos y acepte responsabilidad en los mismos”.

Duarte niega toda imputación. Su defensa cuestiona las acusaciones del ex secretario de Hacienda, Jaime Ramón Herrera Corral, que por órdenes de él se entregaron más de 14 millones de pesos de dinero en efectivo, procedentes de retenciones a trabajadores del Gobierno estatal, a Pedro Mauli Romero, ex secretario de Administración y Finanzas del PRI local, porque Duarte —alega su defensa—, no podía disponer de ningún recurso público. Este presunto delito es el primero que le fincó el Gobierno de Corral a su antecesor, el 5 de diciembre de 2016, al cual se le han venido sumando, de los mismos testigos, acusaciones y montos millonarios adicionales para los mismos propósitos.

Corral está decidido a ver en la cárcel a Duarte, y si la percepción de que su aliado es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, es correcta, lo que viene es fuego. Al cumplir Corral con una de sus promesas de campaña, la hipótesis es, Osorio Chong golpeó al grupo que lo desplazó de la sucesión presidencial, y lastima a Manlio Fabio Beltrones, el líder del PRI en ese momento, con quien estaba enfrentado, y al entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, cabeza del equipo de donde salió la candidatura presidencial, donde la honestidad e integridad que tienen como atributos, quedaría horadada.

Percepción no es realidad, pero si el círculo de Duarte así lo ve, es porque el ex gobernador así lo cree y lo siente. Por eso, el antecedente de Roberto Borge y Javier Duarte, que sirvieron a Peña Nieto y a su proyecto de país y están en la cárcel. Quizás lo único positivo para César Duarte es que, al haber sido el último de esta lista, le permite analizar de manera distinta su lealtad con el Presidente, la realidad en el país que dejó, y buscar un santuario en el extranjero a cambio de información. Si eso sucede y empieza a hablar, lo que se ha visto hasta ahora, con todo lo que sabe, habrá sido un prólogo de novela rosa.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Lunes 8 de enero de 2018.

Raymundo Riva Palacio   

Las alas del Frente Ciudadano por México están cansándose y las señales son que no sobrevivirá el año. Los síntomas de lo que parece ser una enfermedad terminal lo reveló uno de los dos potenciales candidatos a la Presidencia por esa incipiente coalición, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, quien dejó entrever que dos de los tres socios en el Frente están pensando dejar fuera al PRD. Al responder una pregunta en el foro político organizado por El Financiero, sobre la posibilidad de que el PRD y Movimiento Ciudadano decidieran jugar con una candidatura conjunta excluyendo al PAN, Mancera sorprendió a todos con la respuesta. Lo que he escuchado, reviró, es que son ellos dos los que están hablando para aliarse sin el PRD, en la candidatura presidencial.

¿Han traicionado a Mancera y al PRD? El jefe de Gobierno capitalino eludió responder la pregunta. “La gente cambia de opinión”, respondió. ¿Por qué tendría que cambiar de opinión? Eso ya no abundó Mancera, pero con sus declaraciones ha establecido los términos de un eventual rompimiento. La primera señal fue cuando declaró hace ya casi un mes que el método de selección de candidato debía incorporar a los ciudadanos, que evolucionó a una postura más incisiva. “Ni imposición, ni dedazo”, ha dicho en dos ocasiones. Apurado a precisar a qué se refería, Mancera dijo que a una decisión cupular donde el candidato se decidiera en forma cupular de acuerdo con el peso electoral del partido. Es decir, que la candidatura fuera para Ricardo Anaya, el presidente del PAN.

Anaya y sus voceros han planteado en la mesa de negociación del Frente que así tiene que ser y que la candidatura sea para el partido que más posiciones políticas tiene en el país. El PAN gobierna 41 millones de mexicanos en 10 estados, además de encabezar casi 25% de las presidencias municipales. El PRD gobierna en cuatro entidades, pero ninguna de ellas se encuentra dentro de los seis estados con mayor peso electoral, salvo la Ciudad de México, donde a nivel delegacional y legislativo, perdió el control ante Morena en 2015.

La insistencia de los panistas a que el candidato se decida cupularmente motivó otra declaración de Mancera el martes, donde propuso que no sólo Anaya, sino cualquier otro candidato a la Presidencia, se sometiera a un examen de control de confianza —“para eliminar opacidad y dar certeza a los ciudadanos”, dijo Mancera—, al polígrafo, un examen médico, y que divulgue todos sus bienes patrimoniales —“para que después no vengan con sorpresas durante la campaña”, añadió el gobernador capitalino—. Esta declaración fue frontal contra Anaya, pero Mancera lo negó en el foro político, aunque insistió que debería ser una exigencia moral para cualquier candidato.

Anaya, que ha sido criticado en la prensa por operaciones inmobiliarias opacas y ha sido señalado de haber aprovechado cargos en la administración pública para beneficiar a su familia política, era el objetivo de las palabras de Mancera, pero no dio acuse de recibo. Tampoco envió ninguna señal a su socio electoral por haberse reunido el viernes pasado con Margarita Zavala, con quien se enfrentó Anaya hasta que renunció al PAN, y con Rafael Moreno Valle, el ex gobernador de Puebla que aspira a la candidatura presidencial. Sólo silencio ha recibido Mancera de Anaya. Un tratamiento similar ha sido aplicado también por el presidente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, el tercer socio de la coalición frentista.

La falta de reclamos no es una buena noticia sino todo lo contrario, pésima. Si las negociaciones estaban selladas con sangre e iban a ir juntos hasta que la elección los separara, la falta de reacción es muestra, pensando convencionalmente, de desinterés. Si dos de las tres partes muestran desdén, la revelación de Mancera que Anaya y Delgado pretenden dejarlo solo, explica por qué decidió provocar al líder del PAN con sus declaraciones. Si Anaya no le responde, cuando menos en privado, se puede argumentar que dejó de ser útil para sus fines. Sería algo típico de Anaya, cuya biografía política está salpicada de traiciones. Tampoco sería raro de Delgado, quien ha asumido un papel preponderante en las negociaciones del Frente, al mismo tiempo de intensificar su diálogo secreto con el Presidente Enrique Peña Nieto, y con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Siguiendo con esta línea de argumentación, Anaya y Delgado tendrían razones para no seguir la coalición con el PRD y Mancera. La de Anaya está clara en cuanto al peso electoral del PAN, mientras que Delgado, cuyo Movimiento Ciudadano tiene poco peso electoral pero importante en la suma de votos, particularmente en Jalisco, la cuarta Entidad con mayor número de electores donde tienen gran presencia, la negociación bilateral le daría mejor rédito en posiciones políticas y presupuestos, que una trilateral donde su posición valdría menos.

Juntos, PAN y Movimiento Ciudadano, de acuerdo con la última encuesta presidencial publicada por El Financiero el lunes, tendrían 23% del voto, contra 27% del PRI y Morena. Anaya como candidato, se hundiría al tercer lugar, a más de 12 puntos del puntero, Andrés Manuel López Obrador. Aun así, ¿sería mejor para él jugar sólo con Delgado? Así parece. Nadie le reclamaría una actitud vertical y autoritaria como está haciendo Mancera, pues el incentivo que mueve a Delgado son posiciones políticas y recursos presupuestales. Dinero, no poder. Anaya ambiciona el poder. Mancera quiere a los ciudadanos. Eso no va con el negocio electoral de sus socios en el frente, que parece estar pasando al anecdotario.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Jueves 23 noviembre 2017.


Raymundo Riva Palacio

Las encuestas presidenciales, prácticamente todas, muestran dos tendencias: el PRI no va a ganar la elección en 2018, y el partido por el que menos votarían los mexicanos es el PRI. Si esta proyección es una mala noticia para el Presidente Enrique Peña Nieto, el que sea el mandatario peor evaluado desde que se miden los jefes del Ejecutivo en México desde hace un cuarto de siglo, la hace peor, pues lo convierte en un lastre para el candidato, no un activo. Adicionalmente a las malas noticias electorales para el Presidente, se suman la inflación de 7%, el alto costo del dinero con las tasas de interés más elevadas del mundo, y las dudas sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que frena inversiones e impacta en el tipo de cambio. No obstante, en Los Pinos creen que el PRI y a quien unja Peña Nieto como candidato, estará en la silla presidencial.

El golpeteo constante a los líderes del Frente Ciudadano busca minar su eventual candidatura presidencial.

No hay magia. La estrategia es clara. El golpeteo constante a los líderes del Frente Ciudadano busca minar su eventual candidatura presidencial, con la mira puesta en la polarización del electorado y que la disputa en 2018 sea parejera con Morena. El virtual candidato presidencial de ese partido, Andrés Manuel López Obrador, quiere lo mismo. Peña Nieto y López Obrador quieren batirse como en el Estado de México, una lucha entre ambos donde sólo existan dos contendientes. Pero la apuesta de López Obrador, añadir a su voto antisistémico el de los inconformes, no es la misma que la de Peña Nieto y Los Pinos. La estrategia tricolor es ganar los primeros lugares en todos aquellos estados que se pueda, pero sobre todo, llevar al candidato del PRI siempre en el mejor segundo lugar en donde no gane.

Es decir, la estrategia es ser el mejor segundo lugar, donde la suma de todos esos votos le dé la victoria. Estos cálculos presuponen que ningún candidato del PRI sería suficientemente competitivo para derrotar a López Obrador, por lo que están diseñando un andamiaje electoral distinto, aprovechando la fortaleza territorial del PRI y la debilidad de Morena a nivel de estructura nacional. Morena es un partido que apenas obtuvo su registro en 2015, por lo que no hay un historial de voto suficientemente longevo para ver las tendencias de su electorado, ni amplio para analizar sus fortalezas y debilidades. En la actualidad, Morena es López Obrador, quien ha reducido sus negativos al tiempo de consolidar su base electoral. El PRI, en cambio, es lo suficientemente viejo para que el electorado aprecie más sus debilidades y fortalezas.

Como ilustración para explicar la estrategia priista, en las elecciones federales de 2015, el PRI tuvo una caída de más del 25% de su electorado y dejó de gobernar a 11 millones de mexicanos. Porcentualmente, el PRI dejó de gobernar a más de 50 millones de mexicanos en el país, como había sido hasta entonces. Es cierto que todos los partidos perdieron electores, pero ninguno como el PRI. Morena y Encuentro Social, los únicos que fueron a su primera elección, conquistaron casi cinco millones de votos, de los cuales, 70% fue de Morena. La tendencia de voto para el PRI ha tenido una caída sostenida de aproximadamente 45 grados; o sea, una inclinación clara, sin ser abrupta.

En los estados que son los principales campos de batalla electoral por densidad poblacional, las contiendas por las gubernaturas le han sido desfavorables al PRI en los tres últimos años. En Nuevo León fue arrollado dos a uno por el independiente Jaime Rodríguez, “El Bronco”. En Veracruz, Miguel Ángel Yunes ganó por clara diferencia, mientras que en Puebla la ventaja se amplió a más de 10 puntos. La Ciudad de México y Guanajuato tendrán elecciones concurrentes el próximo año, pero en ninguna de las dos gobierna el PRI y no se ve que pueda revertir la tendencia. Jalisco, que también tendrá elecciones el próximo año, es gobernado por el PRI, que ha perdido fuerza frente a Movimiento Ciudadano en los dos últimos años, y posiblemente pierda el Ejecutivo estatal. El PRI sólo gobierna uno de los estados donde se deciden las elecciones, el de México, donde superó por escasos tres puntos a Morena.

Sin embargo, en todas esas entidades salvo en la Ciudad de México, el PRI ocupa el segundo lugar. Es muy distante en algunos estados, como en Puebla, pero ahí supera casi cuatro a uno a Morena. En Veracruz avanzó formidablemente Morena en 2015, pero se desinfló en 2016. Morena dejó de ser competitivo en ese Estado del Golfo, y sólo mantiene su nivel en la Ciudad de México, donde su rival es el PRD, y en el Estado de México, donde tuvo ese avance por el desplome del PAN y una campaña tardía y acotada por presiones e intereses del PRD, cuyos dirigentes estatales estuvieron en convivencia con el PRI.

Vista fríamente la estrategia, aunque conservadora, es tácticamente inteligente. Pero para que esto pueda darse, se puede argumentar, se necesita que la contienda sea entre dos candidatos fuertes, por lo que una candidatura del Frente Ciudadano por México, no sería deseable para estos fines. Lo que mejor acomodaría para esta estrategia, sería que el PAN y el PRD presentaran candidaturas presidenciales individuales, para que el voto anti López Obrador no se dividiera en los estados clave para ganar la elección. Si esto es posible, como sucedió en el Estado de México, piensan que la victoria está a la mano para el candidato de Peña Nieto, cualquiera que este sea.

Eje Central
Ciudad de México
Raymundo Riva Palacio
Martes 14 noviembre 2017.


Raymundo Riva Palacio

Ricardo Anaya, presidente del PAN, suma enemigos todo el tiempo. No es de extrañar. En su sangre corre la traición. Fue desleal con quien le abrió la puerta al servicio público, el ex gobernador de Querétaro Francisco Garrido Patrón. Hizo lo mismo con quien le abrió la puerta a la política nacional, el ex gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle. Engañó a Gustavo Madero, quien le heredó la dirigencia del partido. Rompió un acuerdo con el presidente Enrique Peña Nieto, con quien había acordado una alianza de facto para la contienda por la gubernatura en el estado de México. Sin límite alguno, el engreído dirigente de la derecha, siempre se salió con la suya hasta que con todos los flancos abiertos, sus enemigos se juntaron para aniquilarlo.

Anaya está en proceso de cocimiento en cámara lenta. Abrir la confrontación con Los Pinos, cohesionó a sus enemigos y desató el fuego amigo. Moreno Valle, jugó en contra de Josefina Vázquez Mota, candidata de Anaya en el estado de México, y contribuyó, neutralizando a panistas en algunos municipios del nororiente mexiquense, para que no ganaran esos distritos. Francisco Domínguez, el gobernador de Querétaro, contribuyó en la campaña contra su correligionario con documentos sobre las irregularidades en los bienes raíces de Anaya y su familia política, algunos de los que terminaron en la primera plana de El Universal.

La línea ideológica ha sido borrada en el PAN. El objetivo de cuadros importantes en ese partido es enfrentar a Anaya, quien con los recursos que le permitió ser líder y controlar al Consejo Político, ha ido construyendo su candidatura presidencial sin dejar de ser encabezar el partido. No hay impedimento legal para que eso suceda, y la inhibición ética y política está fuera de sus consideraciones. ¿Cómo puede pedir un político reglas claras, justas y equitativas para una contienda presidencial cuando es incapaz de establecerlas para el proceso de selección interna de candidato? Sólo el anayismo lo explica.

La forma como se apoderó del PAN es lo que llevó a Margarita Zavala a renunciar al partido en el que militó 33 años. Si no había apertura en el proceso de selección y dejar que la sociedad, no la militancia, decidiera a su candidato, no habría manera para que ella, Moreno Valle, o cualquiera de los otros aspirantes que se han apuntado, tuvieran posibilidad alguna de arrebatarle la candidatura. La manera sonora como se procesó la salida de la señora Zavala, ayudó a que sus adversarios políticos trataran de debilitar inmediatamente al PAN, que como partido, está en segundo lugar de las preferencias electorales para 2018.

Anaya ha dicho que la salida de Zavala favorece al PRI. Uno podría pensar que al dividirse la derecha, al que beneficia realmente es a Andrés Manuel López Obrador, en el entendido que el PRI del presidente Peña Nieto encabeza un partido conservador que se ubica en el centro derecha de la geometría política. Pero a lo que se refería Anaya, que no lo expuso abiertamente, es a lo que se ha venido deslizando en la prensa política en los últimos días, que con la salida de Zavala se fortalece la posibilidad de que el candidato del PRI a la Presidencia sea el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, miembro del gabinete del presidente Felipe Calderón y con viejas vinculaciones con algunos panistas prominentes, como el senador Ernesto Cordero, porque la alianza de facto con ese grupo sería natural. En el escenario de Anaya no está considerada la posibilidad de que no sea Meade, sino el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, o algún otro miembro del gabinete peñista, el candidato para 2018, lo cual haría inviable esa alianza electoral de facto que sugirió el líder panista.

Lo que no admite aún Anaya es que la vileza con la que se ha comportado políticamente, es lo que tiene a todos unidos en su contra. No es un político confiable para muchos de los que han llegado a acuerdos con él, porque su mercurial forma de actuar, sus temores, debilidades, berrinches y enojos súbitos, provocan que su palabra no pueda ser tomada a pie juntillas en un campo, como la política, donde la palabra lo es todo. La amarga experiencia que habían sufrido los panistas durante los años de emergencia de Anaya como político, fue padecida por Peña Nieto tras un acuerdo forjado en Los Pinos sobre la sucesión en el estado de México.

Anaya incumplió ese acuerdo, y si bien no hubo la alianza con el PRD, atendiendo ese acuerdo no escrito, comenzó a atacar al gobierno, al PRI, a Peña Nieto mismo y al candidato Alfredo del Mazo, lo que desató la furia de Los Pinos. La reacción fue inmediata: El Universal publicó una investigación de la PGR en contra de la familia de Vázquez Mota por lavado de dinero. Aunque fue exonerada después, el aviso tuvo acuse de recibo. Anaya elevó más el costo, frenando la agenda legislativa a cambio de la anulación de la elección para la gubernatura en Coahuila. Quiso volver a negociar con Peña Nieto, e insistentemente pidió una cita con él, que nunca se le dio. Anaya sintió el frío.

De la marginación pasó el gobierno a la acción. Peña Nieto está decidido a acabar con Anaya. ¿Qué saldrá para 2018? Nadie sabe. Lo único claro que tienen en Presidencia es que por ahora, el objetivo a destruir es el líder nacional del PAN. De ese tamaño es su problema.

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Eje Central
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio
Miércoles 11 de octubre de 2017.


Raymundo Riva Palacio

Las redes sociales transformaron brutalmente la comunicación y la política en el mundo. Facebook logró que la gente se conectara con la política como nunca antes, y que los estrategas de campañas electorales pudieran diseñar modelos para atacar quirúrgicamente grupos para atraer su voto. “Facebook”, escribió la autora de best-sellers Traci Andrighetti, “ha alterado profundamente los procesos políticos no sólo en Estados Unidos sino en el mundo”. Facebook es la arena pública donde los políticos se promueven. Facebook construye cadenas de personas, mientras Twitter, otra de las monstruosas redes sociales, arma cadenas de ideas y temas en 140 caracteres, que se disparan con la velocidad como se escriben. La brevedad requiere ordenamiento mental sintáctico, pero la rapidez pone a prueba la razón. Produce, señalan provocadora e incendiariamente los expertos, una idiotez colectiva.

Evan Williams es el último, pero el más radical, de los beligerantes. Es uno de los fundadores de Twitter y hoy en día uno de los empresarios más temerarios de Silicon Valley. Este miércoles le dio una entrevista al programa “Today” de la cadena 4 de radio de la BBC de Londres, donde señaló cómo el ecosistema de los medios se basa en pequeños lapsos de atención que hacen al mundo más estúpido. “Este ecosistema está apoyado y florece a partir de la atención que se le da. Punto. Y esto es lo que nos hace más tontos y no más listos”, agregó. “Donald Trump es el síntoma de esto”.

La elección de Trump como presidente, dijo, demostró cómo el mayor uso de las plataformas de las redes sociales está embruteciendo a todos, por la forma como se disemina, se usa, se consume y se procesa lo que ahí se afirma. Pero no hay que confundirse. “El mayor problema no es si Donald Trump usó Twitter para ser electo, aunque él lo diga así”, añadió Williams. “Es la calidad de la información que consumimos lo que está reforzando creencias peligrosas y aislando a la gente, limitándola para no tener una mentalidad abierta y un respeto por la verdad”. Como todas las plataformas digitales, como antes los medios convencionales, no son las herramientas y los vehículos perversos o irresponsables, sino quienes así las utilizan.

“Twitter no es lo peor de lo que existe”, dijo Williams, “son los medios impulsados por la publicidad que revuelven cosas minuto a minuto donde su única medida es si alguien le da un click o no. Por tanto, citar los tweets de Trump, o la última estupidez que dice cualquier candidato político o cualquier persona, es una forma efectiva de explotar los instintos básicos de la gente. Esto está atontando a todo el mundo”. Se aprovechan de ello los mercenarios del periodismo, quienes inventan episodios que saben que son mentiras, o presumen de repudiar los controles editoriales de los medios de comunicación, porque para sus plataformas matar una persona no es importante, porque la pueden revivir en cualquier momento y volverla a matar y revivir, porque florecen en la estimulación de las emociones,  de avivar las pasiones, difamar sin rendición de cuentas y cobrar por los clicks. Son exitosos, pero perniciosos.

Es la lucha del momento. “Se necesita información en la que podamos creer, que significa que no tiene que ser financiada únicamente por la publicidad, porque eso distorsiona todo”, indicó Williams. “Una de mis más grandes enseñanzas durante las dos últimas décadas es que el acceso a la información solamente, no nos hace más listos. Las noticias falsas son sólo una parte del problema. Otra es la calidad y la profundidad de la información. ¿Está actualmente construyendo nuestro entendimiento o profundizando nuestra comprensión del mundo, o sólo es ruido?”.

Hay una parte maravillosa de las redes sociales, que convierten a cada persona en guardián contra los abusos y en freno importante a la impunidad. Pero abundan los abusos, proyectados como un Armagedón en una reciente película de Tom Hanks y Emma Watson, “The Circle”, sobre cómo el puritanismo maniqueo de la transparencia, sin control ni filtros, puede transformar a una sociedad y convertirla en una actora permanente de una realidad que no existe. En las redes sociales, en efecto, hay mucho ruido como sostiene Williams, que explica de esa manera todo el volumen de información que no sirve ni tiene valor alguno.

Se recurre de manera preponderante a Twitter para hacer todo ese ruido, la red que oscila entre la velocidad para transmitir información de utilidad, provista en su mayor parte por testigos presenciales y responsables de hechos o por medios de información, y lo que el cronista deportivo español Santiago Segurola describió alguna vez en un breve texto, como una “cantina de borrachos”. Hay mucha violencia en las redes y poca información. En Estados Unidos, de acuerdo con el Pew Research Center, el 40% de las personas son agredidas en Twitter, donde se privilegia un discurso ramplón y violento. México es considerado por la Unión Europea como una de las tres naciones donde más agresividad hay en las redes sociales. Y Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, afirma que el 40% aproximado de todas las cuentas de Twitter en México, son utilizadas para atacar.

Bill Keller, cuando aún era director ejecutivo en The New York Times,  escribió en 2011 “La Trampa de Twitter”, donde, como conclusión, recordó a la escritora Meg Woitzer, que recién acababa de publicar “The Uncopling”, y que describía a los jóvenes de esos años como “la generación que tenía información, pero sin contexto. Mantequilla, pero sin pan. Antojo, pero sin anhelo”. Qué tanta razón tenía.

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Eje Central
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Domingo 17 septiembre de 2017.


Raymundo Riva Palacio

En las comunidades indígenas en Oaxaca y Chiapas la nostalgia no existe. Se vive y se muere el mismo día. Pese a esa realidad, el sismo de 8.2 grados en la escala de Richter del jueves pasado expuso la vulnerabilidad a cielo abierto de quienes no tenían nada y aun así, perdieron lo único de lo que eran dueños: la tranquilidad para dormir. Las categorías para entender desde las ciudades lo que este sismo significó para miles de indígenas en el Sur mexicano, están caducas. ¿Cómo podrían explicar que, en Reforma de Pineda, en la frontera de Oaxaca con Chiapas, los hornos donde preparan las tortillas y los totopos, es el equivalente a vivir o morir? Cuando los temblores los aplastaron, la población se quedó inerme: sin tortillas, no tendrán ningún ingreso; sin totopos, perdieron su alimento.

Ante dramas con dobleces tan primarios, los discursos sobre las políticas públicas que dicen funcionarios federales se van a poner en marcha para la recuperación de esas comunidades trazan la brecha que existe en dos realidades que conviven sin mirarse, y que sólo se cruzan cuando hay tragedias. En Reforma de Pineda, reportó el corresponsal de Eje Central Jair Ávalos, se cayó el 76% de las casas. Pero también la alcaldía, el mercado, la estación del ferrocarril por donde pasa La Bestia, el DIF y el auditorio. Los casi tres mil habitantes que se quedaron sin techo, se fueron al campo de futbol municipal, cuyas maltrechas gradas se convirtieron en albergue. Poca ayuda les ha llegado, como a Santa María Xadani, a 20 minutos de Juchitán, que se reinventa con el trabajo de sus habitantes pero, observó Ávalos, la falta de comida y la escasez de agua agudiza su sobrevivencia. “Ya no hay nada más que pueda caerse —agregó—, pero el miedo inunda las calles de este pueblo que todavía la semana pasada sentía el calor de los hornos y olía a tlayudas y pescado”.

En esas regiones del Sur mexicano quedó demostrado que los pobres pueden ser todavía más pobres, y perder hasta lo que nada tenían. Chiapas es el Estado más pobre del país, con 80% de personas que viven en condiciones de marginación, y Oaxaca es el tercero más desamparado, con el 63% de su población menesterosa. El Índice GLAC tiene a Oaxaca y Chiapas en el sótano de su ranking de falta de bienestar y de riesgos sociales e inestabilidad. Los dos, agobiados por la corrupción de sus ex gobernadores, enfrentan altos niveles de pobreza y marginación, que ante la mala calidad de vida, un brote social de inconformidad está latente. Ambos estados se encuentran en los últimos lugares de estabilidad, en situación cotidiana que se encuentra en países en guerra como Pakistán y Somalia.

Esa realidad ya existía antes de los sismos. Después de ellos, las condiciones van a empeorar de una manera acelerada. No hay forma que la asistencia a todas las comunidades afectadas llegue con la celeridad como exige la angustia de las víctimas. La tensión va a crecer conforme avancen los días sin resultados tangibles de mejoramiento que los pudiera llevar al precario bienestar en el que se habían acostumbrado —pero no necesariamente resignado— a vivir. Funcionarios estatales y federales han comenzado a experimentar la inconformidad. El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, camina todos los días por las zonas afectadas con la cabeza gacha, sin mostrar control sobre la información. Los protocolos estatales para casos de desastre no funcionaron. No hay prácticamente policías municipales atendiendo a las víctimas y trabajando en las operaciones de rescate, porque se encuentran ellos mismos rescatando a sus familiares y viendo qué van a hacer. La seguridad en las comunidades que no están bajo la mirada de las cámaras de televisión la han tomado los propios pobladores para evitar saqueos y actos de rapiña. Al secretario de Educación, Aurelio Nuño, lo increparon bruscamente el martes en Juchitán, por el colapso de 400 escuelas en ese Estado que, de sí, ha visto que sus niños tienen un rezago educativo de casi una generación.

Entonces, ¿políticas públicas eficientes para dos estados que han sido tirados a la basura por quienes más tienen? ¿Podrá un nuevo diseño institucional reponer el rezago por el abandono mexicano de mexicanos que se remonta a generaciones? No será algo inútil, pero no hay que abrigar mucha esperanza en las condiciones actuales. Recordemos el ambicioso plan del Presidente Enrique Peña Nieto sobre Zonas Económicas Especiales con un paquete de incentivos fiscales para las empresas que invirtieran en el Sur mexicano, que se ha quedado como un gran proyecto donde el interés por conectar al México del Sur con el del Centro y el Norte, se detuvo en un sueño alterado por la frustración.

Nadie, salvo el gobierno, está dispuesto a meter dinero en Chiapas y Oaxaca. Nadie en México, fuera del gobierno, está dispuesto a ir al rescate de toda esa región cuya pobreza insulta y lastima. No hay que engañarse. La salvación de esa franja del país, que no será en menos de 30 años —la diferencia de bienestar con el Norte de México—, no pasa por un nuevo diseño de políticas públicas, salvo que este sea una especie de Plan Marshall, no para aliviar sus problemas de manera efímera o para que una vez pasada la emergencia, vuelvan a ser olvidados. Hay que reconstruir esa región y volverla a pegar al resto del país. Chiapas y Oaxaca, aunque no los veamos, también son México.

Eje Central
Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
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Jueves 14 de septiembre de 2017.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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