El Fondo de Cultura Económico y Joaquín Mortiz lanzaron una nueva edición de El complot mongol de Rafael Bernal, a casi 50 años de su aparición.


A casi 50 años de su publicación y en vísperas de una nueva adaptación cinematográfica en proceso a cargo de Sebastián del Amo, el Fondo de Cultura Económico y Joaquín Mortiz lanzaron una nueva edición de El complot mongol de Rafael Bernal, en su versión novela gráfica en pasta dura y en versión electrónica.

La adaptación en novela gráfica recién editada es la versión creada por Luis Humberto Crosthwaite (guion) con ilustraciones de Ricardo Peláez Goycochea, editada por Joaquín Mortiz (2000), quién publicó el texto original por primera vez en 1969

El complot mongol es una estupenda novela policiaca cargada de intriga, suspenso, violencia y romance, cuya calidad está a la altura de escritores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler; lo mismo con la versión gráfica de Crosthwaite y Peláez Goycochea, que ahora en su versión electrónica será capaz de llegar a otro tipo de público.

La historia gira en torno a un asesino llamado Filiberto García, quien trabaja de manera consistente para la policía. En esta ocasión, se le asigna un trabajo especial: descubrir quién está detrás de un complot para asesinar al presidente de los Estados Unidos, quien hará una visita a nuestro país. Para esto deberá explorar con sus contactos en el Barrio Chino de la Ciudad de México, junto con un agente del FBI y otro de la KGB. En el camino, García nos llevará por los bajos fondos de la ciudad y de la manera en que opera la corrupción así la política nacional e internacional.

García es un tipo cruel que reniega todo el tiempo de la realidad social a la que se enfrenta, en donde los sujetos que tienen una carrera (aquellos que son licenciados) valen más que aquellos hombres que actúan sin pensarlo dos veces.

García es de esos que actúa… bueno, más bien, asesina, sin pensarlo mucho, sólo sigue órdenes; así lo aprendió durante la revolución, pero ahora, en la época en la que se vive, ese mundo salvaje debe insertarse en el mundo de la legalidad, sin embargo, cuando la legalidad falla, la policía lo llama a él. Nuestro protagonista está harto de hacer lo que hace pero no se le ven intenciones de parar, aunque un respiro amoroso podría disuadirlo de su estilo de vida.

A pesar de haberse escrito hace casi 50 años, El complot mongol nos resulta sumamente vigente en muchos sentidos, principalmente, en esa sensación de impunidad transpira, y es que, en esa Ciudad de México, al igual que en la nuestra, “LEY” parece un trámite que se sugiere por las autoridades, y peor aún, casi nunca se acata.

Por otro lado, el personaje de García es un asesino frío y despiadado, pero incluso con estos rasgos de personalidad, el autor de la historia se las arregla para que conectemos con él, quien no será letrado pero gusta de filosofar… y en su aparente ignorancia, cinismo y oscuridad, es capaz de vociferar grandes verdades sobre nuestra realidad.

Por otro lado, sí el mismo García se siente presa de un sistema injusto que usa y desecha a sus integrantes (o ciudadanos) a su antojo, ¿qué podemos esperar nosotros, quienes no tenemos injerencia en el sistema judicial ni de justicia?

El complot mongol es la última novela de Rafael Bernal (México, 1915). La historia ha sido llevada a la pantalla grande en 1978, en una película homónima dirigida por Antonio Eceiza y protagonizada por Pedro Armendáriz. Y en 1989 fue una radionovela producida por Edmundo Cepeda. La versión de Crosthwaite y Peláez Goycochea fue publicada en el 2000 y ha sufrido varias reediciones hasta la fecha. La versión cinematográfica de Sebastián del Amo cuenta con las actuaciones de Bárbara Mori, Damián Alcázar y Eugenio Derbez, entre otros.

El Economista
Ciudad de México
Sábado 6 de enero 2018.

 

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