Academia Sueca pospuso el anuncio del Nobel de Literatura 2018.


"Pensábamos que ni el Vaticano y ni siquiera Corea del Norte serían tocados por el fantasma que sí recorre el mundo. Ese fantasma es el escándalo, el acoso y la perturbación de todos los sentidos. Pero vemos que en el planeta, al igual que con los temblores y los tsunamis, no hay territorio que no sea azotado por esos vientos infernales”.

Así define el poeta y crítico literario Juan Gustavo Cobo Borda la delicada crisis moral y ética que atraviesa la Academia Sueca, cuyas filtraciones y supuestos abusos sexuales la llevaron a tomar una medida inimaginable: este año, por primera vez desde 1949, no se entregará el Nobel de Literatura. En efecto, el mundo de la cultura fue sacudido por la información oficial del aplazamiento para el próximo año del anuncio del ganador Nobel de Literatura del 2018.

La Academia Sueca, que afronta el peor momento desde su fundación en 1786, ha anunciado este viernes que pospondrá la decisión y la entrega del Nobel hasta el año que viene. La medida implica que el próximo año se otorgará el de 2018 y el de 2019. Se ha hecho realidad, tristemente, una posibilidad que se llevaba discutiendo desde hacía días, pero que parecía descartada por las declaraciones optimistas de los académicos en reuniones precedentes.

La medida implica que el próximo año se otorgará el de 2018 y el de 2019.

Se trata de la primera vez, en siete décadas, que este recinto sagrado de las letras mundiales debe aplazar el anuncio del codiciado galardón, dotado con una bolsa de 850.000 euros (más de 2.800 millones de pesos) y que encumbra a los altares periódicamente a un escritor.

Los casos anteriores en que la Academia decidió no conceder el Nobel de Literatura fueron por causa de las guerras mundiales del siglo XX o por no hallar candidatos apropiados entre los nominados. La última vez fue en 1949, cuando el Comité Nobel consideró que ningún aspirante cumplía los criterios y reservó el premio para el año siguiente, en el cual se entregaron dos galardones: uno para William Faulkner y otro para Bertrand Russell.

Pero nunca había vivido una situación tan comprometida que haga necesario aplazar el fallo ante la necesidad de regenerarse antes con un trabajo de cambio “a largo plazo y contundente”, en palabras de su secretario provisional, Anders Olsson.

La moral frente al espejo

Esta crisis, lo que ha destapado, como lo anotan los analistas, es esa vergüenza, que durante muchos años se pudo mantener cubierta o en secreto, en un mundo que no contaba con la proliferación tecnológica de hoy.

“En un clima tan frío como el de Estocolmo, también se exacerban las pasiones. Los deseos, tan humanos, y la chismografía, tan necesaria, parece que han sacudido las venerables estancias de la Academia Sueca”, anota Cobo Borda.

En la misma línea se muestra Jorge Iván Parra, crítico literario, colaborador habitual de este diario y profesor de la maestría de literatura de la Universidad Santo Tomás.
“Los miembros de la Academia no son seres del cielo sino de la tierra, pues no están exentos de nada de lo que se cuece entre humanos. Si hay escándalos en el Vaticano y corruptelas en cualquier institución aprestigiada del mundo, pues nada raro tiene que pase algo en el interior de una institución como esa. Como diría Shakespeare, hasta en el mejor paño cae la mancha”, anota Parra.

En un clima tan frío como el de Estocolmo, también se exacerban las pasiones. Los deseos, tan humanos, y la chismografía, tan necesaria, parecen sacudir las venerables estancias de la Academia Sueca.

Sin embargo, como anota el profesor Parra, el escándalo en la Academia cobra relevancia al tratarse de un organismo cuyas decisiones siempre han estado cobijadas por ese encantador halo secreto en todo lo que en su interior ocurre. Como si se tratara de alguna novela sueca de suspenso.

“Pienso que la Academia Sueca es una de las instituciones importantes del mundo de las que menos se sabe. Cuando comenzó a funcionar, Alfred Nobel ya había muerto, y, si bien ha seguido más o menos sus directrices para otorgar los premios, en casos como el de literatura, sus miembros hicieron modificaciones, porque el premio no lo dan por lo que un autor aporta a la literatura en el último año, sino por lo que ha hecho durante toda su carrera. A mí me gusta el método que tienen, los protocolos que se gastan y el misterio que le ponen al anuncio de cada año”, explica el experto.

Una pausa necesaria

La Fundación Nobel, responsable máxima de los premios, apoyó la decisión de la Academia, admitiendo que es una situación “seria” que ha afectado el prestigio del galardón e instando a esa institución a “poner todo su esfuerzo en la tarea de restaurar su credibilidad”.

El primer ministro sueco, Stefan Löfven, le pidió que muestre madurez para reconducir una situación que ha desprestigiado a Suecia, mientras que el rey Carlos XVI Gustavo habló de la necesidad de recomponer la reputación de la institución.

Los miembros de la Academia no son seres del cielo sino de la tierra (...). Como diría Shakespeare, hasta en el mejor paño cae la mancha.

Fue el propio rey, máximo protector de la Academia, quien anunció hace unas semanas una reforma de sus estatutos (de 1786), que ha entrado en vigor, para permitir la salida real de los miembros y su reemplazo, ya que las renuncias eran hasta ahora simbólicas porque la pertenencia era de por vida.

Esa modificación se enmarca en una tarea que incluye también, según la Academia, mejorar las rutinas sobre parcialidad y reforzar la confidencialidad en torno a las decisiones sobre el Nobel.

El escándalo estalló en noviembre, cuando un diario publicó la denuncia anónima de 18 mujeres por abusos y vejaciones contra el artista Jean-Claude Arnault, vinculado a la Academia a través de su club literario y esposo de una de sus miembros, Katarina Frostenson.

La Academia cortó el contacto con Arnault y encargó una auditoría sobre sus relaciones con la institución, pero desacuerdos internos provocaron renuncias, acusaciones y las salidas, entre otros miembros, de la secretaria, Sara Danius, y Frostenson.

La Academia Sueca decidió hace dos semanas publicar la auditoría y entregarla a las autoridades.

El informe descarta que Arnault haya influido en decisiones sobre premios y ayudas, aunque el apoyo económico recibido incumple las reglas de imparcialidad al ser su esposa copropietaria de la sociedad que controla el club; y confirma que la confidencialidad sobre el ganador del Nobel fue violada en varias ocasiones.

Solo dos de los ocho miembros que han dejado la Academia han presentado su renuncia formal, por lo que Anders Olsson confía en que el resto reconsidere su decisión.

Pero la reconciliación no parece cercana: Kjell Espmark, que renunció hace un mes, reveló ayer que él y otros tres académicos, Danius incluida, han pedido en una carta a la Fundación Nobel una comisión de crisis para investigar a la institución. Espmark lamentó la “decadencia moral” de la Academia, que ha cedido a la corrupción, la arrogancia y “valores machistas podridos” y ha antepuesto amistades personales a su responsabilidad.

Sin embargo, de las crisis siempre sale algo bueno. Y en esta “novela literaria” serán los lectores del mundo los que saldrán beneficiados, como lo anota el poeta Cobo Borda, con deliciosa mirada irónica.

“Es lamentable comprobar que hasta los académicos suecos eran bajamente humanos. Pero, quizás también para el año entrante eso los llevará a reconocer a escritores quizás más pasionales, menos frígidos y más controversiales”, dice. Y, por ahora, invita a pasar este tiempo aciago en la lectura. “Tratemos de combatirlo leyendo los maravillosos premios nobel de años anteriores”.

Galardonados de los premios Nobel 2016 de Literatura
Foto de archivo de los galardonados de los premios Nobel de Literatura 2016 durante la ceremonia de entrega de galardones en la Sala de Conciertos de Estocolmo (Suecia) el 10 de diciembre de 2016.

Datos para saber de un Nobel muy deseado

- El mejor dotado. La Academia Sueca otorga 16 premios, y el más conocido y mejor dotado (actualmente 9 millones de coronas u 850.000 euros) es el Nobel de Literatura.

Años en blanco y un rechazo. El palmarés del Nobel cuenta con 114 laureados. Hubo 110 atribuciones del premio, cuatro de ellas dobles. Una vez fue rechazado, en 1964. El filósofo francés Jean-Paul Sartre rehusó el premio, una decisión inédita y no prevista en el testamento Nobel. Sartre sigue siendo, por tanto, el laureado, aunque no cobró el dinero del galardón. En 1958, Boris Pasternak se vio obligado a rehusar el premio, bajo la presión del Gobierno soviético. El Nobel no ha sido atribuido tampoco en siete ocasiones desde 1901, principalmente en tiempos de guerra: en 1914 y 1918, en 1935 y luego 1940, 1941, 1942 y 1943.

- Los más premiados. En el palmarés por países, Francia ocupa el primer lugar (15 premiados). El primer galardonado en 1901, Sully Prudhomme, era francés. Luego vienen Estados Unidos y el Reino Unido, con 12 premios cada uno. Pero la lengua de Molière queda, en cambio, destronada por la de Shakespeare, con 29 autores de lengua inglesa premiados desde la creación del Nobel.

- Propuestas por año. Cada año reciben unas 350 propuestas escritas de candidaturas que emanan de antiguos premiados, académicos, organizaciones y otros profesores del ámbito literario.

- El caso Salman Rushdie. En nombre de la "independencia de la literatura", los académicos se abstuvieron de tomar posición en el caso Salman Rushdie en 1989, autor británico de los "Versos Satánicos", proscritos por los islamistas. Algunos académicos abogaron por un apoyo franco al escritor, condenado en una fatua a muerte por esta obra, mientras otros querían garantizar la neutralidad de la institución. Tres miembros de la Academia Sueca, indignados por su silencio, dejaron sus sillones, aunque no fueron autorizados a dimitir. Solamente tres décadas más tarde, en 2016, la Academia denunció la fatua lanzada contra Rushdie.

El País
EFE / AFP
Madrid, España
Sábado 5 mayo de 2018.


El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa advirtió del 'suicidio democrático' si mexicanos eligen a López Obrador como Presidente


En la víspera del inicio de las campañas electorales en México, el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa advirtió del suicidio democrático que cometerían los mexicanos de elegir como Presidente, en los comicios del 1 de julio, al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Cáustico en sus apreciaciones sobre el ex Jefe de Gobierno de Ciudad de México, el escritor de origen peruano aseveró que el tabasqueño representa una democracia populista y demagógica, con recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero, por lo que deseó que los mexicanos voten con lucidez y no con el estómago.

A pregunta expresa de REFORMA de si estaría dispuesto a debatir con el aspirante sobre su propuesta de Gobierno, toda vez que el líder de Morena se autodefine como un liberal, Vargas Llosa lanzó una carcajada y de forma sarcástica cuestionó dichos argumentos.

"¿Él se considera un liberal?", indicó mientras continuaba riendo, sin dar una respuesta al respecto.

"Mi esperanza es que haya suficiente lucidez como para ver a dónde conduce ese suicidio de votar por el populismo, de votar por la demagogia, con recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero".

Entrevistado durante la presentación de su último libro "La llamada de la tribu", una autobiografía intelectual y política en la que contrasta las discrepancia y semejanzas de siete autores liberales que han marcado su vida, el escritor también reconoció que existe un grave riesgo de que en las elecciones de México el crimen organizado pueda intervenir para tratar de influir en el resultado.

Desde su óptica, los mexicanos deben tomar en consideración la tragedia que ocurre en Venezuela, donde acusó que se ha impuesto una dictadura.

"Yo espero que no gane López Obrador. Creo que sería un retroceso tremendo para la democracia en México", enfatizó Vargas Llosa.

Reforma
Ciudad de México
Miércoles 28 febrero de 2018.


Nombres de escritores de diferentes partes del mundo figuran como favoritos en Ladbrokes para llevarse el Premio

Como cada año, nombres de escritores de diferentes partes del mundo figuran en Ladbrokes como las apuestas favoritas para llevarse el Premio Nobel de Literatura en los próximos días.

Los apostadores han colocado como favorito al keniano Ngugi Wa Thing'o, quien también figuró en el cuarteto de los preferidos del año pasado, cuando el reconocimiento se lo llevó el cantautor Bob Dylan por "haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana".

El escritor japonés Haruki Murakami se encuentra en segunda posición como favorito en las apuestas a llevarse el máximo galardón de las letras. El autor de "1Q84" y "Tokio Blues" ha sido en repetidas ocasiones uno de los narradores preferidos junto con Milan Kundera, quien también aparece en el listado.

Margaret Atwood, quien recibió el premio Franz Kafka, se encuentra en la tercera posición de las apuestas, seguida por Amos Oz, Claudio Magris y Javier Marias.

El autor de "Corazón tan blanco" es uno de los pocos escritores en habla hispana que aparecen en el listado. También aparecen el argentino César Aira y los españoles Juan Marsé, Enrique Vila-Matas y Eduardo Mendoza Garriga, quien el año pasado mereció el premio Cervantes.

El Informador
Ciudad de México
Martes 26 de septiembre de 2017.

Octavio Paz

Artículo de Octavio Paz, que escribió hace 32 años.

"Ahora, los temblores del 19 y el 20 de septiembre nos han redescubierto un pueblo que parecía oculto por los fracasos de los últimos años y por la erosión moral de nuestras elites. Un pueblo paciente, pobre, solidario, tenaz, realmente democrático y sabio. La sabiduría popular no es libresca ni moderna, sino antigua y tradicional. Es una mezcla de estoicismo, silenciosa energía, humor, resignación, realismo, valor, fe religiosa y sentido común. Ese sentido que, precisamente por ser común, es comunal, comunitario

La reacción del pueblo de la ciudad de México, sin distinción de clases, mostró que en las profundidades de la sociedad hay -enterrados, pero vivos- muchos gérmenes democráticos. Estas semillas de solidaridad, fraternidad y asociación no son ideológicas, quiero decir, no nacieron con una filosofía moderna, sea la de la Ilustración, el liberalismo o. las doctrinas revolucionarias de nuestro siglo. Son más antiguas, y han vivido dormidas en el subsuelo histórico de México. Son una extraña mezcla de impulsos libertarios, religiosidad católica tradicional, vínculos prehispánicos y, en fin, esos lazos espontáneos que el hombre inventó al comenzar la historia. Kropotkin y santo Tomás, Suárez y Rousseau, suspendiendo por un momento sus disputas, habrían aprobado con una sonrisa conmovida la conducta del pueblo. Las raíces comunitarias del México tradicional están intactas. La acción popular recubrió y rebasó en unas pocas horas el espacio ocupado por las autoridades gubernamentales. No fue una rebelión, un levantamiento o un movimiento político: fue una marea social que demostró, pacíficamente, la realidad verdadera, la realidad histórica de México. O, más exactamente: la realidad intrahistórica de la nación. La enseñanza social e histórica del sismo puede reducirse a esta frase: hay que devolverle a la sociedad lo que es de la sociedad.

Los gérmenes del renacimiento están en el origen. Son los de nuestro comienzo. Han sobrevivido a muchas desdichas y tradiciones, a la seducción de la falsa modernidad y a las simplificaciones de las ideologías. Hay que preservarlos y vivificarlos. Sería funesto que se desvaneciesen o volviesen a ocultarse. De ahí que sea indispensable que en la tarea de reconstrucción-rectificación que será larga y penosa, participen todos los distintos grupos sociales. Tenemos que encontrar nuevas vías de participación popular. Es inaplazable asimismo que las autoridades oigan la crítica y acepten la fiscalización de la sociedad. Si el Gobierno quiere reconquistar la confianza popular y no exponerse (y exponernos) a un estallido más grave y profundo que el temblor, debe mostrarse más abierto y flexible. El Gobierno no es una fortaleza, sino un lugar de encuentro. No pido que abdique de su autoridad, sino que la comparta, que sea más atento y sensible a las voces de los que están fuera. El temblor sacudió a México, y entre las ruinas apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: ¿la vieron los que están arriba?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Periódico El País del Jueves, 10 de octubre de 1985.

El País
Ciudad de México
Domingo 24 de septiembre de 2017.


La Academia Sueca informó hoy que entregará este fin de semana en Estocolmo, el Nobel de Literatura 2016 al cantautor estadounidense Bob Dylan; su presencia en la capital sueca coincidirá para dar dos conciertos.

"La Academia y Bob Dylan han decidido reunirse este fin de semana.

La Academia le dará el diploma y la medalla y lo felicitará por el Nobel de Literatura. El escenario será pequeño e íntimo y no habrá medios presentes, solo Dylan y miembros de la Academia", anunció en su blog la secretaria permanente de la institución, Sara Danius, que explicó que seguían así los deseos del músico.

Dylan, ausente de los actos del Nobel en diciembre por compromisos previos, no pronunciará ahora la conferencia de recepción del premio, aunque la Academia cree que enviará una versión grabada, un requisito necesario para poder cobrar los 8 millones de coronas (900 mil dólares) con que está dotado.

"La Academia tiene razones para creer que una versión grabada será enviada más adelante. Los discursos del Nobel son presentados de vez en cuando grabados, la última vez fue con Alice Munro en 2013. Por el momento no se conocen más detalles", señaló Danius.

Acepta Bob Dylan el Nobel de Literatura

La secretaria había informado ayer que la Academia no tenía noticias de Dylan y le recordaba que el plazo para la conferencia de recepción del galardón -que no tiene que ser presencial, ni siquiera un discurso como tal- era de seis meses a contar desde diciembre, según los estatutos de la Fundación Nobel.

Dylan fue reconocido con el Nobel de Literatura en octubre pasado por crear nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense, una elección sorprendente por ser la primera vez que se premiaba a un cantautor.

Tras intentar contactar con él, sin éxito, durante varios días, la Academia Sueca desistió, pero Dylan aceptó finalmente el Nobel y lo agradeció, en conversación telefónica con Danius.

Además, el músico estadounidense envió un discurso de agradecimiento que fue leído por la Embajadora de Estados Unidos en Suecia en el banquete de honor a los galardonados.

EFE
Reforma
Copenhague, Dinamarca
Miércoles 29 de marzo de 2017.

La obra de Dylan se ha caracterizado por una nueva expresión poética.

El cantautor estadounidense Bob Dylan fue reconocido el jueves con el Premio Nobel de Literatura 2016.

La academia sueca premió al músico por "haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense".

Dylan nacido en Duluth, Minnesota, el 24 de mayo de 1941. Es un músico, cantante y poeta estadunidense, considerado ampliamente como una de las figuras más prolíficas e influyentes de su generación en la música popular del siglo XX y de comienzos del siglo XXI.

El año pasado, la periodista Svetlana Alexievich se alzó con el galardón "por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y coraje en nuestro tiempo", según la Academia Sueca.

El premio está dotado con ocho millones de coronas suecas (algo más de 970 mil dólares) y será entregado, como todos los años, el 10 de diciembre en Estocolmo.

El de Literatura es el último premio Nobel que se entrega este año, luego que se aplazó por una semana el anuncio del mismo.

El galardón lleva el nombre del inventor de la dinamita Alfred Nobel y se otorga desde 1901 por los logros en la ciencia, la literatura y la paz.

AP
Notimex
Oslo, Noruega
Jueves 13 de octubre de 2016.

Con la publicación de tres títulos sobre el poeta Octavio Paz (1914-1998), así como la venta especial de sus obras, el Fondo de Cultura Económica (FCE) conmemora el 25 aniversario de la entrega del Premio Nobel de Literatura al escritor mexicano.

La aparición de una nueva edición de "El laberinto de la soledad", uno de los volúmenes más vendido en el FCE, muestra el valor de los títulos del galardonado autor mexicano al seguir vigentes y al renovarse a través del tiempo, lo que es reconocido por la casa editorial.

De acuerdo con información difundida por el Fondo, esta edición cuenta con una introducción y edición de Enrico Mario Santí, y sale a la luz como celebración por los 65 años de la publicación original del ensayo en Cuadernos Americanos.

Retoma la versión revisada por Paz para sus Obras completas e incluye "Postdata", la conferencia que Paz dictó a finales de los años sesenta en la Universidad de Texas, y "Vuelta a El laberinto de la soledad", entrevista que entabló con el hispanista y profesor Claude Fell.

Asimismo, esta renovada versión contiene sendos ensayos de la pensadora española María Zambrano (1904-1961) y el poeta peruano Sebastián Salazar Bondy (1924-1964), el académico mexicano Roger Bartra (1942) y el poeta Saúl Yurkievich (1931-2005).

Por otro lado, se vislumbrará la postura central que el Nobel de Literatura tenía respecto a la vida pública e intelectual de Hispanoamérica mediante el texto "Aire en libertad: Octavio Paz y la crítica", coordinado por José Antonio Aguilar Rivera.

"Aire en libertad: Octavio Paz y la crítica" contiene textos de viejos y nuevos críticos del poeta, lectores que convivieron con él y combatieron contra él, amigos con los que debatió en la prensa y los libros, entre otros.

Además, en coedición con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), "Octavio Paz y el Reino Unido" da cuenta de la historia y trayectoria del poeta antes, durante y después de su llegada a tierras inglesas.

Por último, el FCE abrirá las puertas de sus librerías hasta el próximo 21 de diciembre para estas ventas especiales de la obra de Octavio Paz, quien recibió el galardón el 10 de diciembre de 1990.

Notimex
Ciudad de México
Lunes 7 de diciembre de 2015.

La academia sueca dio a conocer que la bielorrusa Svetlana Alexiévich ganó el Premio Nobel de Literatura de 2015.

Estocolmo.- La Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura 2015 a la escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, por su obra monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo.

La escritora publicó Voces de Chernobyl, un libro documental de 2005, por el cual recibió el premio del Círculo de Críticos.

La secretaria permanente de la Academia Sueca, Sara Danius, la primera mujer en ocupar este puesto, anunció al galardonado.

El año pasado, la Academia Sueca distinguió al novelista francés Patrick Modiano con el premio más prestigioso de las letras.

El Premio Nobel de Literatura es una distinción que se otorga “a quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal “, según palabras de su creador, Alfred Nobel.

La institución encargada de seleccionar al ganador del Premio Nobel de Literatura es la Academia Sueca, la cual consta de 18 miembros y fue fundada el 20 de marzo de 1786 por el rey Gustavo III de Suecia

Los premios son entregados el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su creador, Alfred Nobel, en una doble ceremonia en Estocolmo y en Oslo.

Los ganadores recibirán una medalla de oro, un diploma y un cheque por ocho millones de coronas suecas (958 mil 547 dólares), cantidad que se reparte si hay más de un ganador en la misma categoría.

Notimex
Sin Embargo
Estocolmo, Suecia
jueves 8 de octubre de 2015.

Semblanza. Sufrió el siglo XX: fue su testigo, su cómplice y su víctima. Aquí, una emocionada despedida al premio Nobel alemán, que murió el lunes.

El mediodía en que el Nobel Günter Grass se preparaba, en diciembre de 1999, para recibir las honras del premio mayor de la literatura mundial pasó algo por su cabeza que lo llevó de nuevo a la infancia, el territorio más duro y feliz de su vida.

No era en ese momento el abuelo de familia numerosa (ahora ya era varias veces bisabuelo) sino el muchacho que nunca pudo llevar a su madre a los países fantásticos que le inventaba en sus cuentos, en la niñez.

La madre no lo estaba esperando, claro, aquel mediodía: lo estaba esperando el niño que fue, el muchacho que nunca quiso crecer.

Travieso e ingenuo, risueño, descolocado en un mundo al que quiso abatir, como el personaje de su mayor novela, El tambor de hojalata, gritando palabras como quien quiere romper los cristales de todos los palacios, Grass bajó de su habitación lujosa vestido ya para la ceremonia que tendría lugar cinco horas más tarde.

Cuando lo vi allí, vestido de pingüino, con su pipa rocosa entre las manos, le pregunté qué hacía con esas solemnidades, “ese traje es para más tarde”.

Entonces él hizo con la nariz y con la cara, una cara hecha a golpe de los martillos del tiempo, desconfiado como un campesino, temeroso como un adolescente ante los peligros de subrepticios de la vida, un gesto que era habitual en los momentos de cierta travesura: arrugó la nariz y esbozó una sonrisa chiquita que ya habría ensayado como una pillería: –Es que quiero que me vean mis nietos primero.

Ahora que estuve con él en Lübeck, cerca de Hamburgo, donde murió el lunes de una pulmonía, me acordé de esa risa de Günter en Estocolmo, porque la esbozó también para hablar de sus numerosos bisnietos, de sus hijos, y de su madre.

De su madre hablaba Grass continuamente; en Pelando la cebolla, su libro más polémico, cuenta escenas escalofriantes en las que su madre es víctima de las barbaries de la guerra; su madre fue, me dijo tres semanas antes de morir, la persona que le había abierto al arte, y a las distintas panorámicas que ofrecen la poesía y la pintura para explicar el alma humana.

A su madre le explicaba él mismo, siendo un niño, historias de enorme fantasía, y le hacía promesas (me dijo entonces) que nunca pudo cumplir después de la guerra. Fue muy emocionante escuchar a este hombre, curtido en batallas en las que no quiso estar, como Oscar, que no quiso crecer, hablando con esa ternura culpable de su relación con la madre.

Después de la guerra, en la que él estuvo como soldado juvenil de Hitler (leo por ahí que tenía diecisiete años: él insiste, me insistió entonces, que era un adolescente de dieciséis), y fue además preso por las tropas que acabaron con la dictadura nazi, él se volvió a encontrar con su madre, que era aún joven; y la vio envejecida y triste, apabullada por el fantasma que ensombreció Alemania.

Ese fue un momento muy intenso de la mirada de Grass, que fumaba y respiraba como si estuviera compartiendo camarote en un barco viejo con dos Günter a la vez, el hombre aquejado de la afección respiratoria que finalmente acabó con su vida y el hombre juvenil que creyó que se iba a detener en la infancia contándole cuentos a su madre.

La vida fue muy en serio, decía, para aquella generación de alemanes, niños tristes de la guerra que se hicieron adolescentes combatiendo por un ideal que nació muerto. Él explicó varias veces, desde el final de la guerra, que estuvo allí: no fue un secreto para los que leyeron algunos de sus libros primerizos, tampoco fue un secreto para los que, en los años 50, lo escucharon confesarlo a través de las ondas de Radio Berlín.

Él explicó más tarde (me lo explicó en Faro, donde tenía una casa, lo explicó en muchos sitios) que en efecto había confesado con anterioridad, y no se explicaba muy bien por qué se había armado tanto jaleo cuando, con ocasión de la publicación de Pelando la cebolla (2006), ya lo dijo con todas las señales de la autoinculpación.

Él decía que seguramente tras la guerra la gente no prestaba atención a esas autoinculpaciones, pues todo el mundo, adolescentes y maduros, tuvo algo que ver con aquellas atrocidades; en 2006 él era un hombre muy señalado por la fama, y por tanto era un blanco móvil muy apetitoso para el fusilamiento moral al amanecer. Ese fusilamiento ha seguido hasta hoy que ha muerto, y se prolongará, supongo, porque frente a la explicación la venganza sigue teniendo sus argumentos melifluos.

Aquel episodio lo entristeció gravemente; se refugió, si puede decirse así, en aquella casa de Faro, y poco a poco fue rehaciéndose, frente a los que lo acusaron de no estarse quieto, de ser, como fue, la conciencia de Alemania, el hombre que había advertido de las (malas) consecuencias que tenía una errónea unificación alemana y de las consecuencias nefastas del desmoronamiento de la URSS antes de pensar qué hacer con ese bloque que iba a dejar al mundo en las manos sudorosas del capitalismo.

Una vez repuesto de aquella tremenda vaharada de odio que desató su confesión, Grass siguió pintando y escribiendo, bajo la sombra (literalmente) de los cuadros negros de Goya; en ese estudio, donde lo vi por última vez, hablando de poesía y de la vida, desarrollaba su tarea de diarista impertérrito y de fabulista que ahora no tenía a la madre, sino a los bisnietos, como testigos de su pasión por contar.

En ese espacio lo escuché reír por última vez, y se lo dije. “Me gusta verte reír”. La risa de Grass era la risa de un asmático entonces, y sólo los asmáticos saben cuánto gratifica a los pulmones tener energía para una risa. En ese momento, como si me viniera otra vez la imagen de Estocolmo, Grass vestido de etiqueta a la hora en que tenía que estar en pantuflas, le pregunté si él no sentía que él mismo había sido el trasunto de Oscar, el niño que no quiso crecer y que domina, como una metáfora del siglo sombrío, en El tambor de hojalata. El me respondió, riendo otra vez, y apartando la pipa de la que se despegó sólo de vez en cuando: – ¡No he conseguido parar mi crecimiento!

Era una risa sorda, como melancólica, pero cómplice, la risa de un niño que ha envejecido como si el tiempo fuera la sombra armada de un asesino.

Le seguí preguntando.

– ¿Te habría gustado ser Oscar?

Me miró como si él mismo se hubiera hecho la pregunta. Y así siguió el diálogo: –No, en el fondo no, no me hubiera gustado ser Oscar.

–Estás contento de ser Günter Grass.

–No soy idéntico a Oscar; lo que ocurre es que la figura de Matzerath sale y tiene su raíz en la picaresca, representa una especie de espejo capaz de provocar un incendio, una especie de lupa capaz de reflejar el infantilismo del siglo XX, del que no se quiere participar ni defenderse.

–Me has dicho que escribes con placer, con alegría. ¿Siempre fue así? ¿Incluso con los libros más dolorosos?

–No diría con placer, pero sí con alegría y con la sensación de felicidad cuando después de un largo trabajo un párrafo sale bien… De lo que disfruto es de la maravillosa soledad del autor, capaz de crear con medios muy sencillos, tinta y papel, un mundo y un contramundo, que inventa personajes que se independizan de uno y que muchas veces contradicen al propio autor, de modo que tienes la impresión de que el autor es sólo el instrumento de los personajes. Esto me produce momentos de auténtica felicidad y alegría.

Luego hizo una pausa y exclamó: –¡No soy de los que se quejan continuamente de la carga de su profesión, de escribir! ¡No!

Entonces fue cuando rio; tenía 87 años, se iba a ir de viaje con Ute, su mujer; hablaba bajo la luz tranquila de su casa, del restaurante viejo al que nos llevó; esa risa que exclamó como si se burlara del mundo entero y también de los solemnes me llevó a aquel momento de Estocolmo.

Fue un hombre que sufrió el siglo XX, fue su testigo, su cómplice y su víctima; no hubo un instante en que ese tiempo que había sobre su espalda de leñador cansado no le hubiera causado las heridas que cultivaron la piel de su literatura.

Esa risa, otra vez, como la de aquel mediodía en Estocolmo, era su manera de expresar que Oscar vivía en él y que la risa era su venganza. Quería seguir rompiendo cristales, pero se le acabó la respiración, su relación ya difícil con el aire.

Una vez lo vi bajar de un autobús, en Lanzarote, porque había visto un paisaje increíble y quiso plasmarlo en un cuaderno de pintura. Afanosamente, alejado del mundo, en medio de aquella sinfonía extraña de volcanes; como un niño enfurruñado tratando de parar la realidad como otras veces, hasta el fin, quiso parar el tiempo.

Quise mucho a este hombre, por eso lo buscaba siempre que imaginaba que pudiera estar triste o luchando. Acaso cuando más lo entendí fue cuando lo vi triste en Faro y riendo en Estocolmo.

Juan Cruz Ruiz es periodista, escritor y editor. Es autor, entre otros libros, de Retrato de un hombre desnudo y Ojalá octubre.

Clarín
Revista Ñ
Juan Cruz
Buenos Aires
Martes 21 de abril de 2015.

El premio Nobel de Literatura alemán Günter Grass ha muerto este lunes a los 87 años en un hospital de la ciudad de Lübecker, según ha informado la editorial Steidl.

Considerado el más importante escritor en lengua alemana de la posguerra y un referente político en su país, Grass alcanzó fama mundial con la publicación de su novela "El tambor de hojalata", en 1959. Cuarenta años después, en 1999, recibió los dos más prestigiosos galardones del ámbito literario mundial, el Nobel y el Príncipe de Asturias de las Letras, en reconocimiento a su dilatada trayectoria como escritor.

Su obra estuvo siempre vinculada al debate y a cierta polémica. Desde 'El tambor de hojalata', por el cual tuvo que comparecer ante los tribunales acusado de pornógrafo, hasta 'Pelando la cebolla', en la que desató un escándalo al revelar por primera vez que había sido miembro de las SS a los 17 años, Grass generó polémicas y polarizaciones.

Precisamente la vergüenza de haber pertenecido a las fuerzas nazis en su adolescencia lo torturó hasta sus últimos días. En una conversación con Grass, el experto en literatura Hanjo Kesting consideró que toda la obra literaria, artística y política del autor debía entenderse como "un ejercicio de penitencia de toda una vida".

La marca de la Guerra

Grass nació el 16 de octubre de 1927 en Gdansk (antes Danzig, Alemania; hoy Polonia) en el seno de una humilde familia protestante. La fallida geografía alemana marcó su obra en mayor medida que la fe de sus padres. Décadas más tarde hizo de Lübeck, al norte de Alemania, su hogar.

Desde niño mostró talento para el dibujo y la escritura, por eso decidió convertirse en artista, un deseo que la Segunda Guerra Mundial interrumpió cuando fue llamado a cumplir con el servicio militar. Poco antes de finalizar la guerra resultó herido en el frente, cerca de Berlín; fue capturado por tropas estadounidenses y encarcelado. Tras su liberación en 1946, trabajó como labrador y minero. Sólo en 2012 admitió su pertenencia a las juventudes hitlerianas, una mezcla de reclamo literario y confesión intrínsecamente alemana con la que volvió a las portadas.

Grass había comenzado a escribir en su época de estudiante. Durante cinco años estudió artes gráficas y escultura en Düsseldorf y Berlín, época a la que corresponde su primer libro de poesía e ilustraciones, "Las virtudes de los pollos de viento". Pero sería su novela "El tambor de hojalata" la que lo hizo famoso y a la que siguió una profusa obra.

Con un estilo marcado por influencias tan dispares como Alfred Döblin o François Rabelais, los hermanos Grimm o Jean Paul, Grass dejó en más de medio siglo de actividad una rica obra de géneros tan diversos como drama, lírica, piezas de ballet, aforismos, ensayos, novelas y autobiografía, además de esculturas, dibujos y pinturas. Entre los títulos destacan novelas como "Años de perro" (1963), piezas de teatro como "Los plebeyos ensayan la revolución" (1966) o la trilogía autobiográfica que incluía el polémico "Pelando la cebolla" (2006).

Comprometido y polémico

Es imposible disociar la figura de Grass de la política y el compromiso social, convencido de la identidad entre escritor y ciudadano y de que la literatura, si bien no puede cambiar a las personas, puede ayudar a construir a largo plazo una sociedad mejor.

Su legado en este ámbito incluye un testimonio de intelectualidad comprometida con la política y la vida pública. "La principal obligación del ciudadano es mantener la boca abierta", dijo en una de sus citas más célebres, reivindicando la necesidad de intelectuales públicamente críticos con el poder político.

Apenas hubo un tema importante para los alemanes sobre el que Grass no polemizara: defendió a escritores perseguidos, fustigó la energía nuclear, consideró "apresurada" la reunificación alemana y en 2003 publicó en la agencia DPA un artículo contra la guerra de Irak iniciada por el entonces presidente estadounidense George W. Bush. En la última campaña electoral alemana, el Partido Socialdemócrata evitó incluirle en sus actos admitiendo a micrófono cerrado que la actual directiva no deseaba asociarse con su perfil.

En 2014 dio por cerrada su obra narrativa debido a su delicado estado de salud. Los últimos meses de la vida de Günter Grass han sido silenciosos y solitarios. Como predijo en su última entrevista al Passauer Neuen Presse, no ha terminado su última novela. Su última obra publicada, 'Die Box' en 2008, fue una novela autobiográfica que terminó enemistándolo con media Alemania. En octubre de 2012 y coincidiendo con su 85 cumpleaños, publicó además el poemario titulado 'Eintagsfliegen' con textos sobre el envejecimiento y la muerte. Pero fue el poema titulado "Lo que hay que decir" el que levantó la última polvareda, una de esas lluvias torrenciales mediáticas a las que nos tenía acostumbrados y con las que lograba notoriedad pública y éxitos de ventas. En ese último caso se sirvió de polémicas referencias contra Israel, leídas como un canto antisemita que escandalizó a medio mundo.

Amante de la cocina, el buen vino y la familia, Grass deja con su muerte un vacío cultural al que es difícil encontrar paralelos en la historia de la Alemania moderna tras la guerra.

El Mundo
Rosalía Sánchez
Especial para El Mundo
Berlín, Alemania
Lunes 13 de abril de 2015.

 

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