Enrique Aguirre Nieto

 Chignahuapan es una pequeña población agrícola en la Sierra Norte de estado de Puebla. Dista unos 170 kilómetros de la capital del país y otro tanto de la capital poblana.

A poca distancia de sus fronteras, al norte limita con sus históricos enemigos, los zacatlecos o “zacatecos” como comúnmente se les conoce.

Al sur de la población, se levanta otra frontera imaginaria que limita con los otros muchos pueblos adversarios como son los tlaxcaltecas.

Así, a “vuelo de pájaro” el lector entenderá de manera rápida el porqué del aislamiento y anonimato de tan noble poblado y pobladores.

En su conformación social, Chignahuapan dispone de lo indispensable: un mercado, tres iglesias, una escuela, cantinas varias y un cine.

Actualmente el número de cines continúa siendo el mismo, pues la demanda de ese espectáculo entre la población, en su mayoría de origen campesino es limitada; apenas acuden los habitantes del área urbana, para ver películas avejentadas y de dudosa calidad.

Los empresarios que pusieron en marcha ese cine, originalmente bautizado como “Cine Municipal”, al parecer simplificaron muchas cosas y entre ellas el concepto de calidad; así, adquirieron un destartalado proyector de 35 mm., de aquellos que producían luz mediante un arco voltaico con varillas de carbón; rentaron un galerón rectangular al que le adaptaron sillería e incómodas bancas de madera, sin respaldo, zona definida como “Gayola” sitio al que se accedía con la mitad del costo por una butaca en lugar “preferente”.

Pero, lo más significativo de esa empresa, sin duda, era su aparato publicitario, o Departamento de marketing que consistía en la multifacética tarea de un hombrecillo, delgado, bajito, moreno y prematuramente avejentado. Su semblante y lenguaje acusaban en él su origen indígena.

De sombrero gastado y maltrecho, saco de casimir lustroso, con dos o tres tallas de diferencia, pantalón amotinado y zapatos grandes, sin calcetines. Rosendo, como era conocido por toda la población, los días de cine se daba la tarea de pregonar la cartelera reciente, que, por aquellos años, la función, consistía en tres películas por el mismo precio.

Pero, a su ya característica indumentaria Rosendo incorporaba una vieja bocina, tomada de algún fonógrafo dado de baja, con la que anunciaba a los cuatro vientos el menú cinematográfico del día.

Las exhibiciones de cine eran tan irregulares, por descomposturas o falta de insumos, que el público se entera de la reanudación del servicio a través de la acción de esa suerte de pregonero, y su accionar en la calle.

Don Rosendo, dadas sus limitaciones lingüísticas, a la hora de vocear la cartelera, tenía aprendido de memoria un estribillo, que invariablemente repetía en cada esquina o sitios concurridos de la población.

La perorata resultaba un verdadero enigma para quien lo escuchaba por primera vez. Su arenga, a los oídos de los visitantes, ameritaba traducción, pues, bien a bien, no alcanzaban a comprender qué anunciaba ese hombrecillo mosaico de “Pachuco”, “Cantinflas” y “Clavillazo”.

Palabras más, palabras menos, el estribillo de Don Rosendo era el siguiente: “¡No dejen de faltar! ¡Hoy, las cuatririmpunto dará principio las película en Cine Municipal!”

Otro de los lastres de Don Rosendo, era su analfabetismo crónico, situación que, aparentemente no le representaba mayor problema y resolvía de manera práctica, pues en su tarea de pregonero, se hacía acompañar de una horda de pequeños ayudantes, a los que recurría para que le leyeran el contenido de los programas multicolores impresos en delgado papel de China, que se entregaban de mano en mano o que se depositaban a las puertas de las casas.

Así, la “comunicación” entre público y “empresarios” del cine en Chignahuapan se dio durante mucho tiempo sin mayores sobresaltos; sin embargo, un día, los directivos de la “Compañía de Luz y Fuerza Motriz de Chignahuapan”, empresa paramunicipal que administraba y suministraba la corriente eléctrica propia, consideraron hacer un llamado urgente a los socios de esa corporación, pues las cosas iban mal y pintaban peor.

El pueblecillo aquel, sin radio, ni periódicos, carecía de cualquier herramienta y mecanismo eficientes para hacerse comunicar entre sí, por lo que, un avezado funcionario tuvo la brillante ocurrencia de contratar los servicios de Rosendo, para convocar a la reunión urgente.

Al otro día, la asamblea urgente derivó en fracaso rotundo pues ninguno de los socios se enteró; por otra parte, la tarde anterior, muchos parroquianos arremolinados a las puertas del cine no comprendieron por qué el establecimiento no abrió sus puertas ese día, pues “muy clarito” habían oído a Don Rosendo anunciarlo toda la tarde.

De aquel cine ahora no queda nada. Su importancia o trascendencia sólo permanece en la memoria de unos pocos y todo lo demás se ha perdido en el tiempo, como la característica voz de Rosendo, una tarde de lluvia y neblina en Chignahuapan.

Puebl@Media
Puebla, México
Enrique Aguirre Nieto
Sábado 02 de abril de 2011.
Ajuste Lunes 5/12/ 2016.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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