Jesús Silva-Herzog     

Un debate no es una partida de ajedrez. Los precedentes no desaparecen en el tablero. No es el cálculo, ni el argumento lo que otorga la victoria. Un debate es un episodio más de una contienda. El más visible pero rara vez el decisivo. Es un partido que no empieza con el marcador en 0 - 0. Quienes han de dar el veredicto están ya, en su mayoría, comprometidos. Antipatías y simpatías definen la manera en que vemos un debate. Vemos un debate para reforzar lo que sabemos, para desestimar lo que nos fastidia. Por eso solamente una verdadera conmoción escénica puede tener efecto electoral. No la hubo anoche.

Llegaron al Palacio de Minería con el anuncio de que la contienda estaba prácticamente concluida. La encuesta que Reforma publicó el pasado miércoles anticipa elecciones no competidas. El primer lugar es firme, la disputa es por los sótanos. Si hay un voto del miedo éste se mueve por el temor de que las cosas permanezcan en su sitio. La estabilidad es caótica parecen decirnos los encuestados. Si hay peligro por delante es que las cosas sigan igual. Miremos la encuesta: el 28% cree que una presidencia de José Antonio Meade provocaría inestabilidad. Es con él con quien la mayoría asocia la frase "Es un peligro para México." No es absurdo que así sea. Nada peor que el que las cosas sigan igual. ¿Será que en el México de hoy el radicalismo es la opción conservadora?

La elección más trascendente en la historia reciente de México llegará precedida de la elección más aburrida. Los adversarios no han podido despegarse de la estación de salida. La de Anaya y la de Meade son, hasta el momento, campañas fallidas. El formato del debate fue una mejoría a los que conocíamos. Una mejoría pequeña pero notable. Aún tenemos miedo a la fluidez y la espontaneidad. Se permitió la repetición de las fórmulas machacadas pero en momentos llegó a asomarse la personalidad de los candidatos. Los moderadores hicieron un trabajo notable. A pesar de las restricciones, lograron hacer preguntas incisivas y sorprendentes. Insistieron cuando los candidatos pretendían rehuir el cuestionamiento. Ha sido, en ese sentido, el mejor debate presidencial que hemos tenido.

El candidato del PRI fue el cartón que conocemos. El candidato del PRI tuvo que leer un texto para comunicar que su esposa fue asaltada. Ni siquiera al hablar de un momento traumático en la vida de su esposa logra comunicar emociones. El técnico no es capaz de salirse de su libreto cuando se le pide una aclaración indispensable. La imaginación está proscrita en su prédica. Su discurso no es un relato: es el índice de un libro de política pública. A nadie le interesaría adentrarse en sus capítulos. Penosos fueron sus intentos humorísticos. No parece tener futuro su candidatura.

Ricardo Anaya pudo mostrar su elocuencia. Habló con claridad, ordenadamente. Logró combinar idea y ataque. Al escuchársele, puede verse a un hombre que piensa y que no se tropieza con las palabras. Exhibió las evasivas de López Obrador que no llegó a contestar las preguntas concretas que le formulaba. A mi juicio fue el polemista más hábil de la noche. Fue ordenado y certero. Logró asestar algunos golpes a López Obrador pero difícilmente podría decirse que logró la contundencia necesaria. Logró tal vez su objetivo. Con su desempeño de anoche puede afirmarse como el único adversario del puntero.

López Obrador fue él mismo. Trató de administrar su ventaja pero lo hizo con desprecio a la cita. Reiterativo, coherente e incapaz de mantener atención en las intervenciones de los otros. Como pudo verse en el debate, no puede encontrarse en él la chispa de una idea fresca. Regresaron los niños de pecho, la gran reserva de valores espirituales, las escobas que barren como se barren las escaleras, el peje que no es lagarto, la Cuarta Transformación.... Sigue siendo inquietante la incapacidad del candidato puntero para escuchar a los otros y de respetar las ideas que no coinciden con las suyas. A López Obrador le aburren las voces que no son la suya.

No es probable que se muevan las tendencias con el debate de anoche pero creo que quien mejor jugo sacó de la oportunidad de anoche fue el candidato del Frente.

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 23 de abril de 2018.


René Delgado    

Pasado mañana, los estrategas de los candidatos presidenciales se verán obligados a hacer el balance del eventual efecto del debate y realizar los ajustes necesarios en la campaña electoral.

Por el ritmo y tono que va adquiriendo la contienda, esos ajustes habrán de operarse en todas y cada una de las candidaturas. Ojalá los partidos y candidatos, la administración e, incluso, el empresariado no tiendan a radicalizar las posturas y, por lo mismo, a polarizar aún más a la sociedad. Una cosa es la sana incertidumbre electoral, otra, la insana desconfianza política.

Sería una pena que, de nuevo y después de dieciocho años, la coalición y el candidato ganadores carecieran de las condiciones para transformar el triunfo electoral en la conquista del gobierno. Las décadas perdidas por el país ya son muchas. El malestar social no da para toparse, otra vez, con la administración de los problemas y no el gobierno y la solución de estos. Y, en esa posibilidad, no puede ignorarse la violencia que, desde hace tiempo, domina la forma de relacionarnos y amenaza con romper el ya de por sí deshilado tejido social.

La deuda política de Vicente Fox y Felipe Calderón no la atemperó Enrique Peña Nieto.

El postulado del todavía jefe del Ejecutivo tricolor, asegurando que la suya no sería una administración, sino un gobierno se desbarrancó cuando todavía no cumplía dos años de ejercicio. Desde finales de 2014, se desvaneció el anhelo de que la alternancia no fuera simple turno en el no poder presidencial, sino alternativa del desarrollo nacional. Esta vez, la crisis sexenal se dio no al final del mandato, sino cuando todavía no cumplía ni el primer tercio.

El entusiasmador proyecto de impulsar un Pacto por México y emprender las reformas lo vulneraron la impunidad y la complicidad ante la corrupción, así como la indolencia frente a la violencia que, desde años, castiga, amedrenta y sangra a México.

Como añadido, el carácter cupular de aquel Pacto terminó por desfigurar a los partidos como instrumentos ciudadanos. Si los partidos se olvidaron de sus bases y simpatizantes, la administración ignoró al conjunto de sus gobernados. En rechazo a una política abierta e incluyente, la élite practicó una política cerrada y excluyente. En el colmo del error, calculó mal el derrame social de las reformas y, algo peor, diseñó mal algunas de ellas y otras las instrumentó de pésima manera.

Hoy, parte del problema es el repudio a una administración manchada por la corrupción, enclaustrada en un sentimiento de incomprensión y necia en imponer la forma de entender la realidad; así como el debilitamiento de las estructuras partidistas. Queriéndolo transformar se desmanteló el régimen.

Los errores cometidos e ignorados por la administración -entre otros, el de la comunicación-, así como la lucha tribal al interior de los partidos por dominar su dirección impulsaron, más allá del tesón y los aciertos propios de Andrés Manuel López Obrador, las posibilidades de su triunfo electoral.

Esos errores y, luego, la jaloneada selección del candidato -dicho con elegancia- de la fuerza en el gobierno y la agrupada en Por México al Frente, fortalecieron la posibilidad del tabasqueño.

Ante ese panorama es evidente que, tras el debate de mañana -mueva o no la preferencia electoral-, los estrategas de los concursantes se verán impelidos a matizar sus decisiones, o bien, a tomar otras distintas en torno al camino a seguir en el siguiente tramo de la campaña.

El grupo hegemónico en el PRI así como la propia administración deben revalorar si pueden seguir dando golpes sin resultados a Ricardo Anaya que, paradoja, benefician a Andrés Manuel López Obrador, y dejar de arrastrar en su desesperación a las instituciones, cuando su candidato no ubica ni domina su rol e insiste en fincar su posibilidad en su trayectoria, sin mostrar pizca de carácter. Sin un candidato competitivo, usar las instituciones como ariete sólo puede conducir a un desastre, no al reposicionamiento de aquel. El daño provocado a la Procuraduría General de la República, la Fiscalía y el Tribunal Electoral es inquietante.

Vista la radicalización del empresariado ante el temor de que López Obrador pretenda cancelar la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, el equipo del tabasqueño está obligado a ponderar si no es menester recentrar la postura de su candidato. Si la reanimada postura extrema de López Obrador responde a una estrategia, su estiramiento puede resultarle contraproducente. Ese tema ilustra la actitud pendular cuando no contradictoria que, en más de un asunto, adopta el tabasqueño. Cuidar eso y sostener el acierto de fijar la agenda a los competidores no es cosa sencilla.

A los estrategas de Ricardo Anaya les urge relanzar a su candidato y desplegar las banderas propias de su propuesta a fin no sólo de consolidarlo en la segunda posición, sino de plantarlo como un auténtico competidor por la Presidencia de la República. De no ser así, tanto el Frente como el priismo tendrán que explorar la posibilidad de reconstruir el puente roto entre ellos.

El equipo de Margarita Zavala debe mostrar que, en efecto, su candidatura es independiente con ánimo de competir y no de protagonizar una revancha sin sentido. Jaime Rodríguez Calderón puede seguir como va, ha dejado en claro su función, como también que a un bronco se le puede domesticar con un poco de alfalfa y sin quitarle la pinta.

Radicalizar posturas, polarizar aún más a la sociedad y confundir una elección con una eliminación, más de una vez le ha dejado enormes costos al país. Tras el debate vendrán, pues, las definiciones.

El socavón Gerardo Ruiz

En mala hora, habilitar como escudero del nuevo aeropuerto al padrino del socavón.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 21 abril 2018.


Pedro Kumamoto

Ayer el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decidió darle a Jaime Rodríguez Calderón un espacio en la boleta. A nuestros ojos, esta es una oportunidad que no ganó honestamente, pues el INE invalidó el 58 por ciento de sus firmas y notificó de varias irregularidades en la fiscalización de, al menos, 17 millones de pesos durante el periodo de recolección de firmas.

Ha sido una ardua y comprometida labor dignificar y utilizar correctamente la herramienta que conocemos como candidaturas independientes, pues las entendemos como una posibilidad de recuperar la política para las personas, porque son estas últimas, y no la clase política, ni los poderes fácticos, quienes deciden otorgar mediante su firma el permiso para buscar representarlas y la responsabilidad de hacerle justicia a sus legítimos anhelos de cambio.

En el marco de nuestros compromisos de campaña, hemos hecho saber que estamos seguras de que un político gobierna como hace campaña. En el caso de Rodríguez Calderón y otros candidatos independientes que no siguen las normas, son los hechos los que demuestran que, en caso de ganar la elección, gobernarían de la misma manera en la que juntaron las firmas: comprando voluntades, manipulando datos personales, aprovechando su posición de poder para sus intereses y no los de México. Está claro que las formas de hacer política que nos tienen cansadas siguen siendo parte de su proceder.

Las personas no somos ingenuas y notamos cuando alguien cumple las reglas y cuando alguien las rompe aprovechando el clima de impunidad que permanece en nuestro país. Justo por este tipo de prácticas exigimos #QueLoHaganMejor, porque nos merecemos campañas y gobiernos austeros, cercanos, honestos e incluyentes.

Para nosotras y nuestra plataforma #VamosAReemplazarles es de suma importancia que prácticas como las que vimos hoy no se repitan nunca más. Por eso vamos a garantizar que la voz de las personas sea la que dicte el rumbo de la clase política y no la clase política el rumbo de la vida de las personas. Por eso hemos decidido incluir en nuestras propuestas para el Congreso de la Unión una reforma de ley al artículo 371 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales con tres puntos clave, enlistados a continuación:

1. Para que una aspiración pueda registrar una candidatura, cuando menos el 85% de sus apoyos ciudadanos deberán de ser válidos; esto significa que no más del 15% de sus apoyos podrán ser invalidados, lo que incluye apoyos falseados o falsos. Este porcentaje responde al margen de errores técnicos o humanos que pudieran darse durante la recolección de firmas.

2. Exclusivamente el INE deberá validar dichos apoyos cuando éstos cumplan con los requisitos de ley para que no exista duda razonable de su veracidad.

3. Si la candidatura resultara improcedente por tener más de 15% de firmas inválidas o falsas, a los 15 días de la notificación de los apoyos ciudadanos válidos e inválidos obtenidos el INE deberá garantizar el derecho de audiencia del aspirante, con la finalidad de determinar si lo que se buscaba era engañar a la autoridad o si se tratara de conductas no punibles.

La responsabilidad que tenemos por hacer las cosas bien es clara y por eso logramos esta candidatura con 95% de firmas válidas. Nuestro compromiso por recuperar la paz, el futuro y la política para las personas solo se reafirma ante hechos como este. Nos emociona saber que somos muchas más las personas que hemos decidido que esta forma de hacer política, desde las calles, los pueblos, nuestras casas, desde la esperanza, la empatía, la transparencia y la honestidad, llegó para quedarse.

Puebl@Media
Pedro Kumamoto
Guadalajara, Jalisco
Viernes 13 de abril 2018.

Jesús Silva-Herzog

Vicente Fox apoya ahora al candidato del PRI pero sirve, sin duda, a Andrés Manuel López Obrador. Que el expresidente insista en intervenir en el debate electoral es una gran contribución a la causa del tabasqueño. Cada uno de los insultos que dirige al candidato puntero, cada tontería mal escrita que suelta en tuiter, cada anticipo apocalíptico contribuye a la campaña del candidato de Morena. La casa de campaña de Morena debe celebrar cada participación del expresidente porque sus invectivas embonan a la perfección con el relato del lopezobradorismo. Un presidente panista que hoy apoya al PRI pero que, en cualquier momento, podría apoyar al Frente, se lanza obsesivamente contra el candidato de Morena. Fox condensa el prejuicio, el clasismo y la ignorancia. Por favor, no te calles, chachalaca, deben decir hoy los lopezobradoristas. Sigue hablando, sigue tuiteando, sigue soltando la lengua. Recuérdale al país quiénes son nuestros enemigos y qué dicen para enfrentarnos. Que te inviten a la tele, que te entrevisten en la radio, por favor. Habla con soltura y lánzate contra Lopitos y su "perrada", lánzate de nuevo contra sus huestes de "léperos." Así llama el expresidente al candidato puntero y así describe a sus seguidores: léperos.

El desafortunado retorno del guanajuatense podría servir para pensar en la carga del pasado inmediato. Esta elección no es solamente un juicio al gobierno de Peña Nieto sino, en buena medida, un juicio a la alternancia. Una elección que servirá para evaluar la política de los últimos 18 años y la economía de los últimos 30. Un voto sobre el desempeño de la democracia realmente existente y no solamente sobre el gobierno actual. Puede decirse que en el gobierno de Fox se incubó la inconformidad que hoy condensa en el movimiento lopezobradorista. Hace 18 años Vicente Fox ganó la Presidencia de la República y Andrés Manuel López Obrador ganó la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Representantes de los dos costados de la nueva política, tenían el deber de entenderse. De cooperar el uno con el otro, de oponerse el uno al otro usando las reglas del juego democrático. Se declararon muy pronto la guerra y provocaron la mayor tensión política de la historia reciente del país.

Vicente Fox es el símbolo de la vieja transición. El hombre que llegó a la presidencia a través de la competencia electoral, rompiendo la tradición del poder heredado traicionó la democracia prolongando la vida del corporativismo, cerrando los ojos a los agravios del pasado, negociando la aplicación de la ley, despreciando el valor de las instituciones representativas. Si era deber del primer gobierno de la alternancia el prestigiar la democracia como un régimen de pluralismo eficaz y prudente, Vicente Fox fracasó rotundamente. Debía completar la legitimación de ese sistema de equilibrios, pero trabajó para su desprestigio. Al final de su gobierno se empeñó en bloquear, por todos los medios posibles, a su adversario. ¡Cuánta esperanza ahogada en el gobierno de Fox! ¡Qué oportunidad histórica tirada a la basura! Fox representa la ilusión y la decepción democrática; la ingenuidad que acompañó su nacimiento y el cinismo de su final. Creer primero que todo es posible gracias a la democracia para llegar a la conclusión después de que la democracia lo obstaculiza todo. La vieja transición se limitó a abrir el acceso al poder, pero no se planteó con seriedad su reorganización. Hace 18 años el panista ganó la presidencia de la república con un mandato claro. Nunca tuvo la menor idea de qué hacer con la encomienda. Se propuso derrotar al PRI, "sacarlo a patadas de Los Pinos". Su desgracia y, sobre todo la nuestra, fue que lo logró. Después de su triunfo no tuvo nada que ofrecerle al país.

López Obrador quiere ser el símbolo de una nueva y más profunda transición. Una que no solamente signifique mudanza de partidos sino un cambio en la manera en que se ejerce el poder. Una que no sea solamente una transición política sino, sobre todo, económica. Si el radicalismo de su denuncia seduce a grandes franjas del electorado es porque los encargados de cuidar las instituciones democráticas traicionaron la encomienda desde el primer minuto. Es por eso que la reaparición de Vicente Fox es uno de los regalos más preciados que pudo haber recibido el tabasqueño.

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 9 de abril de 2018.


René Delgado

Los exabruptos de la política esquizofrénica de Donald Trump son inaceptables. En relación con México, los arrebatos del hombre que, más de un año después, no acaba de entender, asir ni dominar las riendas de la Presidencia de los Estados Unidos inciden justo cuando por la naturaleza del juego electoral mexicano, se pueden y deben subrayar las diferencias en la comprensión y la solución de los problemas nacionales. Trump contamina dolosamente la sana incertidumbre electoral. Sólo la ignorancia y la vesania del mandatario, así como su desesperación por disfrazar el fraude de su mandato ante sus fans, explican la vileza de intervenir en México a partir de insultos y hostilidades.

Calibrando ese factor externo incontrolable y la incapacidad controlable de la Cancillería mexicana para definir una estrategia frente al acecho del vecino, los aspirantes a ocupar la Presidencia de la República tendrán que defender y ejercer el derecho al disenso partidista, sin vulnerar la unidad nacional. Un juego nada sencillo en temporada electoral.

Sin restarle mérito al pronunciamiento del Senado mexicano, seguido por el mensaje del presidente Enrique Peña Nieto formulado antier, se echa de menos que no se hayan acompañado de las acciones previstas por el más simple manual diplomático ante actitudes tan ofensivas como las del hombre del zacate en la cabeza.

¿Cuáles son esas acciones que acusan recibo de la grosería, sin profundizar el desencuentro? Una, la nota formal de protesta de la Cancillería mexicana al Departamento de Estado; dos, el llamar a consulta al embajador mexicano, Gerónimo Gutiérrez, en clara señal de desacuerdo con la actitud de Trump; y, tres, pedir explicaciones en la Cancillería a la embajadora Roberta Jacobson sobre las pretensiones del gobierno que representa. (Apena que toque a ella dar la cara).

Esas acciones no ahondan el conflicto, pero sí señalan oficialmente el desacuerdo. No se espera a ver en qué consisten las amenazas, se fija una primera postura. Ninguna de ellas acompañó los señalamientos oficiales o los tweets del canciller Luis Videgaray. Y, claro, a partir de la reacción, podrían tomarse otras más fuertes: suspender temporalmente y por grado la cooperación e, incluso, la renegociación del Tratado. El canciller debe, desde hace tiempo, una explicación a la nación.

Es comprensible que en el afán de no agravar el conflicto y vulnerar la renegociación del Tratado de Libre Comercio, la administración mexicana minimice los exabruptos de Donald Trump, pero estos revisten ya un carácter hostil. Ante la evidencia, el Ejecutivo mexicano debería reconsiderar su estrategia. La tolerancia o la indiferencia ya no son el tono indicado del discurso.

Si el año pasado la administración de Enrique Peña Nieto convocó a la unidad nacional ante las embestidas de Donald Trump, al tiempo de invocar la división nacional ante la elección en el Estado de México, ¿cuál será el punto de equilibrio entre la unidad en el marco de la disputa electoral? En ese punto, el canto en coro de los candidatos presidenciales en valiosa consonancia con el Ejecutivo tiene un límite. La unidad no puede concluir en una medrosa complicidad. Ni el disenso, en un atentado contra la unión ante la amenaza externa.

El equilibrio es un desafío, sobre todo, cuando Donald Trump escuda su fracaso interior en la agresión exterior y cuando confunde los fenómenos con los problemas. Los fenómenos sociales -la migración es uno- se pueden intentar administrar; los problemas -el déficit es uno- se pueden intentar solucionar. Pero no se pueden solucionar los fenómenos, como tampoco administrar los problemas.

Lo más lamentable del efecto de los exabruptos es la distracción sobre los asuntos nacionales que, poco a poco, venían configurando el eje del debate entre los candidatos. Al menos, cuatro asuntos exigían concentrar la atención. Uno. El diálogo con criminales entablado por Salvador Rangel, obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Guerrero, reponía categóricamente sobre la mesa qué ruta seguir frente al crimen tras el fracaso de la guerra iniciada por Felipe Calderón y seguida por Enrique Peña Nieto. Las posturas de José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Margarita Zavala, en contraste con la de Andrés Manuel López Obrador, no acaban de entrarle de lleno al asunto. Las frases hechas no detienen la sangre ni atenúan el dolor.

Dos. El ríspido debate sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México no cuestiona la necesidad de esa instalación como su ubicación y transparencia en los contratos de su edificación. Una obra de esa magnitud exige contar con certeza plena de la corrección de su planteamiento.

Tres. La urgencia de abatir la corrupción demanda abrir la discusión, no bastan las prendas personales, en particular, de José Antonio Meade o de Andrés Manuel López Obrador para dar por sentado que, a partir de ellos, la realidad será otra. Tampoco resuelve el asunto subir a un sitio web su ropa interior para saber si tienen o no resorte.

Cuatro. En el marco de violencia y del vínculo entre crimen y política, la seguridad personal de los candidatos no puede quedar sujeta a capricho de estos. Luis Donaldo Colosio perdió la vida y el país sufrió en la política y la economía el efecto de su homicidio. Ese debate rebasa a los propios candidatos.

Donald Trump sabe de la fragilidad del momento mexicano y disfruta irritar a México con sus exabruptos y diluir, así, su propio fracaso. Es inaceptable dejarlo intervenir en el concurso electoral.

El socavón Gerardo Ruiz

En apoyo a José Antonio Meade, el secretario de Comunicaciones debería presentar su declaración diez de diez.

Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 7 abril 2018.


Raúl Torres Salmerón

A principios de marzo de este año, se presentó en la ahora llamada CDMX, el antiguo Distrito Federal, el cuaderno de investigación “Rafael Moreno-Valle Rosas (2011-2017). La Persistencia del Autoritarismo Subnacional”, coordinado por Juan Luis Hernández Avendaño, director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.

Un grupo de especialistas explicó la necesidad de presentar un texto como el señalado como una muestra de lo que ocurre a nivel estatal.

La UIA Puebla, a cargo de la orden religiosa de los jesuitas, se caracterizó en el sexenio pasado de ser la única institución superior educativa que elevó siempre y en tono fuerte su voz para señalar los dispendios y los excesos del ex gobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas.

Este el resumen de los especialistas:

-Los Ejecutivos locales gobiernan sin contrapesos, donde se agudiza el autoritarismo y se convierte en plataforma para buscar quedarse en el poder a través de familiares o cercanos.

-La alianza PAN-PRD que sacó al PRI de Casa Puebla en 2011 fue un fiasco.

-Gracias al derroche multimillonario en gasto publicitario, se creó una fantasía respecto a las obras monumentales en el estado poblano.

-Las autoridades jugaron con los indicadores, pero no hubo impacto real en la calidad de vida.

En resumen, durante el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas, también conocido por su acrónimo RaMoVa, creció el autoritarismo, hubo un impacto negativo en el tema de los derechos humanos y se potenciaron las detenciones ante la crítica y la disidencia social.

Asimismo, se controló a partidos de oposición, eliminando los contrapesos y el gobierno poblano se encargó de tejer redes con las élites políticas y económicas. En Puebla no gobernó la alianza PAN-PRD, sino el morenovallismo, una especie de Maximato y busca perpetuarse a través de Martha Érika Alonso, candidata del Frente (PAN-PRD-MC) para este 2018 y esposa de Rafael.

Juan Luis Hernández Avendaño señaló que este cuaderno muestra excesos de poderes constitucionales y meta constitucionales de los Ejecutivos locales, que gobiernan sin contrapesos, donde se agudiza el autoritarismo y se convierte en plataforma para buscar quedarse en el poder, a través de familiares o cercanos, o crear la maquinaria para aspirar a puestos más altos.

“A partir del año 2000, tenemos tres generaciones de gobernadores en los estados que se han convertido en problema democrático; en los últimos años, en México, algo está pasando en los territorios subnacionales, que merece más atención, más análisis. Los gobernadores, en los últimos años se convirtieron en nuevos virreyes”, indicó.

CHALCHIHUAPAN Y EL NIÑO MUERTO

Carolina González Barranco, vocera del Comité para la Libertad de los Presos Políticos y el Cese a la Represión Social en Puebla, quien habló sobre la violencia contra la disidencia y crítica política en la entidad, recordó varios episodios que ‘pintaron’ la voluntad del gobierno de Moreno Valle de acallar las voces en contra.

En ese sentido, lo que pasó en San Bernardino Chalchihuapan, donde las autoridades arremetieron contra la población civil que se manifestaba y que terminó con la vida del niño José Luis Alberto Tehuatlie, “ilustra la nula sensibilidad política y las violaciones constantes a los derechos humanos, así como la capacidad de manipulación de las instituciones con tal de sostener una versión oficial que el estado mismo sabía que era falsa”.

Agregó: “La existencia de presos políticos niega toda legalidad, quita a las leyes el carácter de instrumento para la sana convivencia entre el poder público y los gobernados. Perversamente las convierte en mecanismos del gobierno para oprimir a la población. Si el hostigamiento y la violenta criminalización de la protesta social se presenta como solución, se deja claro que las cosas sociales a las cuales aluden los diferentes tipos de disidencia individual o comunal no sólo no serán resueltas ni siquiera serán escuchadas y a cambio caerá todo el peso de la ley sobre ellas”.

MANIPULACIÓN DE INDICADORES

Miguel Reyes, coordinador del Observatorio de Salarios de IBERO CDMX-IBERO Puebla, criticó que en el tema de política social, el gobierno de Rafael Moreno Valle simplemente jugó con los indicadores —desigualdad, pobreza, entro otros—, para mostrar una imagen en número, pero sin incidencia o impacto en la realidad.

“Me parece que en el caso del gobierno de Moreno Valle más que mejoras en la calidad de vida de la población, lo que se hizo fue generar empleos de baja remuneración, hay una profundización de la desigualdad durante todo su gobierno, hay una profundización en las condiciones de pobreza, por lo menos en las de ingreso. Se mejoró el indicador, pero eso no quiere decir necesariamente que mejoraron las condiciones de vida”, señaló.

Para la arquitecta Emma Morales, una de las articulistas del texto referido, durante el sexenio pasado en Puebla se hicieron grandes obras, pero se cuestiona su utilidad, pues son “parte de la escenografía que se puede ver muy bien desde fuera, pero no hay datos claros de cuánto costaron, quién las mantendrá y si cumplieron con su propósito.

Afirmó que en algunas obras sólo está presente el elemento del entretenimiento y el espectáculo, y no pasa por una estrategia de gobierno.

Ernesto Aroche, reportero del portal Animal Político, habló sobre el espionaje llevado a cabo por el gobierno de Moreno Valle contra ciudadanos y disidentes, “lo que le permitió controlar la crítica y evitar los contrapesos. Este personaje se dedicó a espiar a sus enemigos políticos; Moreno Valle siempre busca tener el control de todos los espacios políticos, minimizar a las organizaciones ciudadanas, que también terminaron por ser controladas".

Lo dicho, solamente la UIA Puebla se caracterizó como el centro de estudios superiores más crítico del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, frustrado aspirante a la candidatura del PAN a la Presidencia de la República. ¿Nos espera lo mismo con la candidata Alonso?

Puebl@Media
Rául Torres salmerón
Ciudad de Puebla, Mx.
Viernes 6 de abril 2018.


René Delgado

El 20 de marzo se lanzó un ultimátum. Claro y fuerte lo pronunció Juan Pablo Castañón, en nombre del Consejo Coordinador Empresarial.

"A los candidatos les decimos: ya basta de agravios, de respuestas fáciles y superficiales que sólo apelan al encono social y a la división; ya es tiempo de un debate serio, profundo y responsable sobre el país que estamos construyendo".

Tres días después, justo ante la Cámara de la Industria de la Construcción, Andrés Manuel López Obrador reiteró sus objeciones al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y, al efecto, propuso instalar una mesa técnica -empresarios, gobierno y Morena- para analizar el asunto y determinar la procedencia o no de la obra.

Consecuente, Juan Pablo Castañón aceptó al vuelo la idea. Empero, de inmediato lo impugnaron su gremio, la administración e, incluso, los otros candidatos. Se cayó y se calló el acuerdo. Luego, el 25 de marzo, el empresariado llamó ya no a debatir, sino a dar certeza jurídica a la inversión, a no politizar los asuntos "de trascendencia para la competitividad" y, de paso, modificó la convocatoria, el carácter y la composición de la mesa originalmente aceptada:

"... la reunión a la que se ha convocado a los equipos técnicos de los candidatos a Presidente de la República, es informativa de las características del nuevo aeropuerto y de ninguna manera pretende tener carácter sancionador de la validez de una obra que ya ha recibido las certificaciones nacionales e internacionales suficientes para su realización". (Las cursivas son propias; la cita, del comunicado del CCE).

Esos cinco o seis días resumen la contradicción en la cual rebota la circunstancia. Se exige contenido y profundidad al dicho de los candidatos presidenciales, pero no cuestionar lo hecho hasta ahora. Sin decirlo, se pide debatir con la vista al frente y sin mirar atrás, a partir de la máxima: a lo hecho, pecho. Sin embargo, es difícil fijar la vista en el horizonte cuando no se sabe bien a bien dónde está uno parado y, sobra decirlo, mucho de lo hecho ha deshecho al país.

Vista la acción, la reacción y la contra-reacción de lo sucedido, cabe preguntar si en verdad se quieren debatir o no los asuntos del interés público. Si se quiere aprovechar o no la campaña para deliberar en serio y abiertamente sobre el presente y el futuro nacional y, a resultas de ello, elegir qué camino tomar.

Después de todo, entre las características de toda elección democrática está generar una sana incertidumbre para concluir en una clara certeza, subrayar las diferencias para fijar la distinción y, obviamente, posibilitar la opción, a partir del contraste y el cotejo de propuestas.

***

Hoy, como no ocurría hace tiempo, el país está ante la oportunidad de revisar qué sí ha funcionado y qué no, qué seguir haciendo y qué no, qué replantear y qué no y, desde luego, contrastar las posturas frente a lo hecho y por hacer.

Muchas de las políticas, acciones y obras emprendidas durante los últimos años se tomaron sin sujetarlas a debate. La política cupular -cuando no personal- le dio un portazo a la discusión pública prensando en el quicio de la puerta el derecho de audiencia, acomodando a capricho las prioridades nacionales y, por si ello no bastara, despreciando la importancia de comunicar e informar en serio de los planes, si así se les puede llamar.

En esta elección, más allá de filias y de fobias, la fortaleza de la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador hace difícil eliminarlo como se hizo en el 2006; la posibilidad de la candidatura de Ricardo Anaya hace difícil doblarlo llevándolo ante un juez, y la debilidad de la candidatura de José Antonio Meade hace difícil impulsarlo como se hizo con su jefe.

Esa circunstancia obliga a considerar que, esta vez, el concurso sí reviste -por absurdo que parezca- un carácter electoral. No se reducirá a la automática ratificación del modelo económico y social seguido desde Carlos Salinas de Gortari hasta la fecha -las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón no significaron un cambio-, un modelo que pese a la evidencia social desconsideró problemas imposibles de ignorar. Cuestiones que, incluso, las reformas emprendidas este sexenio no consideraron y mucho menos resolvieron.

No se volteó a ver esos problemas y sí, en cambio, se acendró de modo voraz una práctica que vulnera la posibilidad de las reformas y las obras: la corrupción y la inseguridad.

***

Inútil exigir a los candidatos sustanciar sus propuestas, sin disposición a abrir enteramente los oídos. Debatir puede doler y demandar rehabilitación, pero ese dolor será menor que el provocado por la exclusión y la desigualdad social o por el saqueo de los recursos.

Ante el enojo y malestar social, urge abrir, debatir y replantear los problemas relacionados con la inseguridad, la desigualdad, la impunidad y la pusilanimidad que tienen al país hundido en el miedo, la pobreza, la injusticia y la desesperanza.

Cierto, el aeropuerto es una obra de vital importancia para la economía. Empero, si muchas de las obras emprendidas por la administración llevan por sello el de la corrupción y, con frecuencia, el de la ocurrencia, más vale tener claridad de la correcta ubicación y los términos de construcción del mismo. Ayer, en estas planas, otro colaborador relataba las irregularidades ya acusadas por la Auditoría en esa obra.

***

La campaña dio inicio. En noventa y dos días habrá que elegir. Ojalá los candidatos enriquezcan el debate y sus propuestas; ojalá encuentren oído.

Curioso, tras las dudas sobre el nuevo aeropuerto aparece la sombra del secretario Gerardo Ruiz Esparza.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 31 marzo 2018.


Carlos Ferreyra Carrasco

De memoria

Tenía la firme intención de no abordar la muerte de Luis Donaldo Colosio Murrieta, convencido que los viudos del político sonorense se harían presentes con toda suerte de elogios, reconocimientos y exaltaciones de sus virtudes sin olvidar la muletilla de que con Colosio presidente el país sería otro, mejor, más progresista, más avanzado y bueno, el paraíso terrenal.

Sucede que me tropecé con un texto de Francisco Rodríguez, donde detalla en una narración las posibles circunstancias del crimen y sus autores. Y encuentro un dato importante que explicaría algo que nunca pude dilucidar: la pronta nacionalización de los familiares de Mario Aburto en Estados Unidos, a pesar de que el padre huyó de México, de Michoacán concretamente, por dos asesinatos.

La teoría de Rodríguez se refiere al interés del presidente gringo, Bill Clinton, de sacar de la jugada a Luis Donaldo. No era candidato de la Casa Blanca como evidentemente lo fue Ernesto Zedillo Ponce de León, nacionalizado yanqui, hasta la fecha y desde sus tiempos de mandatario, empleado de trasnacionales que se apropiaron de los ferrocarriles y otros bienes nacionales.

Rescato este material publicado originalmente en 2014 y refrescado dos años después. No pierde vigencia y antes bien, puede relacionarse con el material publicado por Índice Político bajo la firma del mencionado Francisco Rodríguez. Veamos:
La intención era abordar el asesinato de Luis Donaldo Colosio desde una perspectiva menos agresiva, pero he quedado asombrado al leer en los periódicos que publican comentarios personales de veteranos informadores, cómo el día previo a su muerte, el sonorense se reunió con fulano, mengano y perengano.

A todos les hizo una confidencia que permitiría, a estas alturas, esclarecer el origen del crimen. Las pistas, invariablemente, apuntan hacia el mandatario en turno, Carlos Salinas de Gortari, al que en lo personal considero capaz de más que eso para ordenar un atentado. Pero no aseguraría su culpabilidad.

A Luis Donaldo lo conocí en el Senado él senador, yo jefe de Prensa. Tuvimos buena relación, esporádicos almuerzos con pláticas cajoneras sobre lo que pasaba en el país. Cuando resultó candidato tricolor a la Silla del Águila, perdí contacto con el joven sonorense, al que saludé por última ocasión en la boda de un hijo del escritor y crítico literario Emanuel Carballo, otro de mis inolvidables amigos.

Como buen norteño, Luis Donaldo tenía fama de francote, pero cuidadoso en las formas, no llegaba al extremo de sus paisanos que confunden la majadería con la sinceridad y la franqueza que dicen ellos, los caracteriza. El frustrado aspirante a Los Pinos tenía buen cuidado en lo que decía y a quién se lo decía.

Conmigo no guardaba precaución. Aun así no recuerdo críticas contra posibles contrincantes y ni siquiera contra sus compañeros de gabinete; recuerdo que se reunía con sus colaboradores para disfrutar unas cuantas copas mientras les llamaba la atención por tal o cual causa, no siempre con el respeto esperado.

El miércoles que lo mataron no teníamos sesión, así que recibí la noticia durante una sobremesa en el restaurante La Ópera, a unos pasos del Senado; me provocó una sensación de volatilidad que de momento no supe cómo reaccionar. Fui a la oficina donde localicé al líder, don Emilio González Parra, quien había recibido el aviso de la Presidencia de la República, supongo que por voz del propio Salinas de Gortari.

Pasado el tiempo como responsable de la sección internacional de El Universal, me correspondió seguir las vicisitudes del caso Mario Aburto y no digo del juicio, porque poco o nada se supo del asunto. Salvo que cuando lo pidió, las autoridades le facilitaron un teatrito por televisión donde él mataba, un agente hacía el papel de Luis Donaldo, otro más del general responsable de la seguridad del candidato y así.

El corresponsal del periódico en Los Ángeles, California, homónimo e hijo del suscrito (aclaro: él era empleado del diario cuando fui nombrado responsable del área), estableció comunicación con la familia de Mario Aburto, al que pomposamente llamaban “el magnicida”. El padre de Mario, michoacano prófugo por un par de asesinatos, vago de oficio, fue amparado por los gringos con la residencia.

Sí, algo que a muchos trabajadores les lleva diez, quince y hasta veinte años, el padre de Aburto lo consiguió con un par de balazos al aspirante presidencial mexicano. La familia, que se movía entre Tijuana y Los Ángeles, recibió protección oficial; luego de años de semi clandestinidad, regularizaron su estadía en Estados Unidos.

Cada semana permitían a Mario una llamada telefónica. Muchas ocasiones nuestro corresponsal estaba presente y podía cruzar unas cuantas palabras con el homicida, que reconocía su delito y se sentía personaje de película; todos se peleaban por hablar con él, por entrevistarlo, por saber qué hacía, cómo pasaba el tiempo en prisión, cuáles fueron sus motivaciones, en fin, era el hombre del año.

Dos fiscales especiales investigaron el asunto: Miguel Montes García, ex oficial mayor del Senado, y Diego Valadés, maestro universitario, ambos de probada honestidad profesional, confiables hasta la exageración, cuidadosos de su prestigio, intachables, diría yo, especialmente el segundo.

Concluyeron que no hubo complot (eso es de uso exclusivo de Andrés Manuel), y por tan inconveniente razón fueron sustituidos. Sin modificar la percepción para disgusto de la familia Colosio cuyo cabeza, el padre, terminó con una senaduría en la bolsa.
Y el famoso discurso fue puntuado (revisado y anotado) por el presidente. Se intentaba impulsar una campaña gris, por lo que debía dársele un giro que José López Portillo demostró que funcionaba: pedir perdón a los marginados por no haberlos sacado de su miseria. Y hasta aquí la remembranza...

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Puebl@Media
Carlos Ferreyra
Ciudad de México
Sábado 24 marzo 2018.


René Delgado

Está fuera de duda, el grupo encabezado por Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray ganó la candidatura presidencial sin hacer concesiones a otros grupos o corrientes tricolores... Falta ahora saber si, tras la postulación de "su" candidato, ese grupo conserva o no la Presidencia de la República.
En cierto modo, Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray jugaron y juegan a reelegirse a través de interpósita persona, a partir de un triple interés: cuidarse las espaldas, asegurar cuotas y parcelas de poder, así como garantizar el continuismo de las reformas emprendidas.

Alguien capaz de cuidarlos, dispuesto a compartir el poder y convencido de lo reformado, no era fácil de encontrar. Todo político heredero, ansioso por configurar su propio estilo, siempre honra a su padrino hasta cierto punto y, apenas puede, intenta sacudirse el peso de su cuerpo o sombra.

Así, se optó no por quien mejor registro tenía entre la militancia del partido y la preferencia del electorado, sino por quien tenía la mayor confianza del grupo priista empoderado. Sobre la base del objetivo, se requería de un político poco avezado y sin demasiadas ligas dentro y fuera del partido; un administrador eficaz, pero flexible o laxo ante sus compañeros; un buen técnico, obediente... alguien aceptable para la ciudadanía.

La reforma con dedicatoria de los estatutos tricolores dejó ver que José Antonio Meade tenía posibilidades de ser ese candidato ideal.

Sin conocer el calibre de las ambiciones y las presiones de los otros precandidatos tricolores, quizá, en las vísperas del destape, el presidente de la República haya sopesado una y otra vez si José Antonio Meade era el hombre indicado.

Quizá, ahí, se explica el pre-destape de Meade hecho por Luis Videgaray. El canciller quería asegurar la postulación de aquel cuadro, sin dar margen de duda al mandatario ante quienes se sentían con mayor empaque político y derecho partidista a eventualmente sucederlo.

A lo mejor, así, se explica eso, como también la cómoda postura y posición del candidato tricolor que, ocupando el tercer sitio en las preferencias electorales, no sufre ni se acongoja. Embiste sin fuerza. Perora sin emoción. Usa recursos oratorios elementales. No formula propuestas porque en lo sustancial está de acuerdo con lo hecho y lo demás es accesorio. Pronuncia malas palabras con el candor de quien nunca las utiliza. No hace deslindes, porque no es distinto a sus patrocinadores. No comanda la campaña, porque sabe que no es suya.

José Antonio Meade se guarece sin apuro en la sombra del poder.

El nudo gordiano de la postulación de José Antonio Meade no es fácil de desatar.

El candidato cumple los requisitos del grupo hegemónico tricolor, pero no los del conjunto de la élite del partido. Obviamente, esa élite se siente maltratada. Desplazada por un advenedizo; desconsiderada en los otros círculos de inclusión y participación, por los colaboradores y los cómplices a quienes el grupo empoderado quiere dar juego o protección; y humillada por los panistas condecorados como estrategas por el simpatizante del partido.

En tal condición, dejar a la maquinaria del partido la tarea de catapultar a la residencia de Los Pinos al candidato ungido no es cosa de tronar los dedos. La maquinaria cruje y pasa aceite desde hace tiempo y se sobrecalienta con inaudita rapidez y, en el colmo de la adversidad, los operadores quieren ver el tamaño de la recompensa por echarla a andar. Por lo demás, el estado mayor de la campaña desconoce los engranajes de esa maquinaria y menos aún sabe conducirla.

En tal circunstancia, el grupo hegemónico tricolor está dando palos de ciego, pero no en el partido sino en la administración. Palos que revelan una firme decisión y un terrible miedo: ganar a como dé lugar sin dimensionar el nivel del malestar social o perder habiendo elevado demasiado el costo.

En el apuro de impulsar a un simpatizante sin arraigo partidista y de advertir debilidad en el tricolor, tanto la administración como el partido están echando mano de instituciones y procesos oficiales para intentar reposicionar a su abanderado, jugando incluso con políticas públicas fundamentales y tratando de ajustar el calendario a sus tiempos.

Abren y cierran carpetas de investigación a conveniencia. Piden a Donald Trump no entrometerse en las elecciones, pero no dejar de hacerlo a la Organización de Estados Americanos. Quieren cobijar a sus mejores cuadros en el Congreso, sin descobijar a los peores. Incorporan la cárcel como parte de la arena política, pero les da miedo verse en ella. Condenan afuera la persecución de los adversarios, pero la practican dentro. Veneran las reformas, sin advertir defectos. Titubean ante la posibilidad de acelerar, frenar o romper la renegociación del Tratado de Libre Comercio. Piden respeto a las instituciones, pero negocian asuntos nacionales por vías alternas. Juran estar resueltos a combatir la corrupción más adelante, siempre y cuando ninguno de ellos salga malherido.

Difícil calcular el daño provocado al aparato de justicia, a la diplomacia ante Estados Unidos y la región, a la capacidad negociadora del Tratado e, incluso, al régimen de partidos en favor de su candidato. Difícil determinar cuánto de la inestabilidad prevaleciente viene de adentro.

El grupo hegemónico tricolor ganó la candidatura, pero los aterra perder la Presidencia con tanto agravio cometido y, en el apuro, el candidato ideal no da muestras de serlo.

El socavón Gerardo Ruiz

El empeño puesto en la campaña para restañar su imagen y fama pública dejará ver mañana el resultado. En horas, se sabrá si el secretario Gerardo Ruiz tendrá o no fuero, aun cuando él niega andar detrás de una candidatura.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 17 de marzo 2018.


 René Delgado

La administración cierra dando palos de ciego hacia afuera y hacia dentro.

Por los indicios, el temor a perder el poder la precipita a jugar con la idea de entregarse al adversario externo y eliminar al adversario interno. Y decir jugar es eso, no tomar decisiones serias. Si, al inicio de año, se preveían la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el proceso electoral como los riesgos principales para la estabilidad política y económica, hoy juega a convertirlos en peligro.

A los caprichos y desplantes de Donald Trump, el canciller Luis Videgaray sonríe obsequioso, mientras dobla la cerviz y pone en ridículo al jefe de Gobierno. A la falta de carisma del candidato oficial, el encargado de la Procuraduría, Alberto Elías Beltrán, ofrece doblar al adversario panista y, así, dar satisfacción al jefe del Partido. Y, entre el jefe de Gobierno y el jefe de Partido, el jefe de Estado languidece.

En el reparto de palos sin sentido, se afronta el trance de gestar la crisis sexenal que, una y otra vez y tras dolorosos sacrificios, obliga al país a ponerse de pie para caer de nuevo.

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Si desde Gustavo Díaz Ordaz -a excepción del traspaso de poder de Ernesto Zedillo- la crisis sexenal estrella los anhelos nacionales, la amenaza de ésta incorpora ingredientes singulares. Arrancó no al final, sino apenas al concluir el primer bienio, justo cuando la administración debió erguirse en gobierno. Premió, en vez de castigar errores -Luis Videgaray los opera profundamente agradecido. Y combinó y conjugó elementos políticos, sociales, criminales y, a determinar, si no económicos.

Del genio original de la administración se hizo artificio. Del afán de mover a México, estancamiento. De la decisión, titubeo. De la osadía, miedo. De la corrupción voraz, tradición cupular.

En tal circunstancia, las políticas interior y exterior naufragaron. La interior derivó en transa y complicidad, cuando no en asunto de gendarmería. La exterior se confundió, primero, con turismo de levita, ahora, con ejercicio de sumisión y entrega. De la comunicación en torno a ellas se hizo práctica de silencio, evasión, propaganda y, últimamente, reclamo por el descontento y malestar social.

De a poco, impunidad y pusilanimidad estamparon su sello en la gestión.

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Nunca la Cancillería había celebrado sus fracasos. Hoy, festeja ser objeto de una extorsión que, si todo resulta como Donald Trump exige, quizá no se consume. Ninguna lección se desprendió del error de invitar al hoy presidente estadounidense, cuando todavía no lo era; de organizar una visita presidencial a Estados Unidos y anularla en la víspera; tampoco de reintentar el encuentro entre los mandatarios para abortarlo a raíz de un ríspido telefonema. De error en error, se pretende tropezar con el acierto.

Ahora, el jefe del Ejecutivo trata con el yerno y asesor disminuido del presidente Trump, y la Cancillería, oronda, comunica: "En relación con una posible reunión entre el presidente Enrique Peña Nieto y el presidente Donald Trump, los funcionarios de ambos países acordaron que la realización de dicho encuentro dependerá del nivel de progreso alcanzado en los acuerdos vinculados con la relación integral, incluyendo el TLCAN y otros temas en materia de seguridad, migración y cooperación económica".

El dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha de estar muerto de risa por el servicio prestado por la Cancillería mexicana a Estados Unidos en relación con él y aceptar, por recompensa, una amenaza con ribetes de chantaje.

¿Y el Senado mexicano? Bien gracias, desinteresado en pedir cuentas al canciller Videgaray de lo que trata sin informar a esa soberanía y en saber por qué se brinca protocolos y en qué términos negocia con el vecino.

Hoy la política exterior mexicana es extensión de la estadounidense que, sobra decirlo, es la anti-política.

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En materia de política interior ocurre un hecho curioso.

Una y otra vez se presumen las reformas estructurales, particularmente, en el campo de la energía, las telecomunicaciones y la educación, pero se oculta el brutal fracaso de la reforma político-electoral que forma parte de ellas y cuyas lagunas integran la mar de agujeros.

Esa reforma, hoy, tiene descabezado al aparato de procuración de justicia, rebasado al Instituto Nacional Electoral y hecho un rompecabezas sin armar el gobierno de coalición. Y, sin mencionarlos, en el campo de la seguridad pública, interior y nacional, los yerros profundizan la fosa en que se ha convertido al país. Esos proyectos sin concepto ni estrategia presagian un problema político, social y criminal, superior al visto.

En tal condición, la administración está forzada a decidir si presenta o no ante un Ministerio Público o un juez al candidato presidencial panista. El titubeo es ya insostenible sobre todo porque, con o sin Ricardo Anaya, el candidato oficial nomás no cala en la preferencia electoral. El dictador venezolano, Nicolás Maduro, ha de estar muerto de risa de ser acusado por México de perseguir a sus adversarios políticos.

Eliminar al adversario sin contar con un candidato competitivo podría terminar por asegurar al grupo tricolor hegemónico el segundo lugar en la competencia.

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Inconcebible la tentación oficial de convertir en peligro los riesgos que por sí solos amagan al país.


· EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ
 
¿La ausencia del secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, en la entrega de los premios de Administración Pública y a la Cultura de la Igualdad de Género a su dependencia fue porque los entregaría, además del secretario de Marina, el almirante Vidal Francisco Soberón, la secretaria de la Función Pública, Arely Gómez, quien le puso lupa al socavón?

 
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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 10 marzo 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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