René Delgado

Hicieron todo para perder y, según esto, ahora los priistas se preguntan por qué fueron derrotados.

Desde luego, la élite que tomó el control del partido y la administración elude la pregunta, rogando no darle respuesta porque -saben y temen- la contestación podría arrastrarlos al cadalso de los políticos rateros, cínicos o, cuando menos, negligentes o indolentes. Los integrantes de ese grupo se truenan los dedos y cierran la boca y, ni por error, defienden las reformas, las políticas y las obras que supuestamente transformarían a México. No es para menos, el escenario donde actuaron lo mancharon de sangre y al telón de fondo lo luyeron a fuerza de corrupción.

Esos priistas que hasta del partido se apropiaron hoy miran al cielo, recelosos ante la posibilidad de verse tras las rejas o condenados por propios y ajenos. No pueden escribir la visión de los vencidos porque sería flagelarse, pero sí suscribir el acta de rendición y la política de perdón, en su caso, con olvido.

En estos días, la divisa de esos hombres y mujeres del presidente Enrique Peña Nieto -incluido él y excluidos quienes gozan ya de fuero- es: ahí muere, hagan lo que quieran y déjennos ir como si nada.

***

Más allá de los méritos propios de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, esa élite impulsó con todo y sin querer las posibilidades del Presidente electo.

Abandonaron la política de seguridad hasta romper récord en el número de muertos y desaparecidos y, en el descuido, toleraron la diversificación del crimen en la extorsión, la ordeña de ductos, el cobro de piso, el asalto a trenes, fingiendo no advertir cuanto ocurría. Ninguno de los miembros de esa élite se podría parar en un foro con víctimas y, entonces, ignoraron a los dolidos, ahondando aún más el agravio cometido. Sin el menor respeto, escondieron los cadáveres donde pudieron.

Sí que tienen esqueletos en el clóset de su indiferencia. Menudo lío el del senador Miguel Ángel Osorio Chong, tentado a resistir la política de seguridad en puerta, después de haberle subido la flama al infierno de su gestión en ese campo.

***

Respetuosísimos del federalismo, el selecto grupo tricolor se hizo de la vista gorda frente a los abusos de gobernadores y colaboradores que, ahora, integran el cuadro de horror de la corrupción y, aun así, antes de irse, les procuran facilidades para borrarlos, permanecer en fuga o pasar el menor tiempo posible en la sombra.

De gran utilidad le resultó a esa élite desmantelar el aparato de procuración de justicia, poniendo al frente de ella a un velador de las tropelías y abusos cometidos por ellos mismos. De los sobornos de Odebrecht, nada. Del espionaje telefónico a activistas y periodistas, tampoco. De la estafa maestra, lo mismo. De la persecución de funcionarios involucrados en el saqueo de recursos, igual. De los derechos humanos...

De la verdad histórica, oficial o judicial de más de un asunto del interés público, hicieron el cuento de la pesquisa interminable, la integración de un expediente desechable o la fantasía de la falta de elementos.

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Confundido el poder con el tener, la idea de transformar al país se convirtió en el ejercicio de emprender reformas, desarrollar políticas y realizar obras haciendo favores, obteniendo propinas y provocando necesidades con tal de vislumbrar algún negocio.

Así, compraron fierros viejos y oxidados sacando beneficios; se dejó "secar" -así dijo el presidente Enrique Peña Nieto- la gallina de los huevos de oro, hasta desarrollar a las empresas improductivas del Estado; se abandonaron las refinerías; generaron la sobresaturación del aeropuerto de la ciudad, dejando de modernizar equipos, subutilizando Toluca y abandonando la idea del sistema aeroportuario; licitaron obras mal hechas...

La fórmula modernización con corrupción no arrojó el resultado previsto y, entonces, la transformación en varios de sus capítulos quedó manchada... indefendible.

Mejor callar, bajar los brazos, no andarle buscando tres pies al gato.

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Hoy, la derrota de la administración saliente es notoria porque, de nuevo, el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca reaparece como el mausoleo de su gestión, el agujero adonde la impunidad y la pusilanimidad llevaron al país, "el mal rato" -parafraseando al grosero secretario Gerardo Ruiz Esparza- que infinidad de mexicanos pasaron durante el sexenio.

Ese mal paso significó uno de los muchos tropiezos de la administración y se constituyó en su símbolo: desprecio por la gente y la vida ajena, obra sin proyecto, modernización con propina, sobrecostos increíbles, sanciones sin castigo, recontratación de las empresas constructoras y, desde luego, permanencia en el puesto y cobijo del funcionario irresponsable...

A ese funcionario se lo llevó un tren inconcluso y le dieron el avión en el aeropuerto de Texcoco. Hizo del socavón, emblema del gobierno. Y del silencio, vehemente rendición de cuentas.

***

Si al inicio del sexenio, esa élite tricolor presumía estar salvando a México; al concluirlo, intenta huir de la idea de haberlo hundido.

De ahí su interés por que el priismo no ande preguntando ni reflexionando por qué fueron derrotados. El error de nombrar presidente del tricolor a Enrique Ochoa, de apropiarse de la asamblea, de destapar al precandidato no indicado y de desplegar una campaña sin dirección ni sentido es lo de menos. Lo de más fueron los errores cometidos a lo largo del sexenio que, hoy, los hacen suscribir el acta de rendición.

Sólo así se explica el silencio de esa élite. No transformaron al país. Movieron a México, pero no adonde decían.

El Socavón Gerardo Ruiz

Ni qué decir, ahí está la postura de la Comisión Nacional de Derechos Humanos frente a la infame obra.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Domingo 14 octubre 2018.

Porfirio Muñoz Ledo

He escrito recientemente que las tres condiciones básicas para emprender la cancelación del ciclo neoliberal son: la reaparición del Estado en la regulación de los procesos económicos, el fin del saqueo de los recursos naturales y su entrega al extranjero —primordialmente los hidrocarburos— y la elevación consistente de los salarios en el corto plazo. Esta última es quizá la más importante e indetenible, ya que desde hace treinta años nuestra inserción en la globalidad comenzó por el sacrificio de los trabajadores. La abolición de un sistema colonial implantado desde Hernán Cortés basado en el extractivismo, el rentismo y la explotación salvaje de la mano de obra.

El Colegio de México ha publicado un estudio sobre la tremenda disparidad en los ingresos de los mexicanos. Señala que la pobreza ha crecido exponencialmente y afecta a la mayoría de la población. Peña Nieto ha afirmado que la “brecha salarial” entre las clases medias y la clase obrera ha disminuido. Esto es cierto pero el argumento es falaz. Lo que ha ocurrido es la contracción de los ingresos del estamento medio de la población, que se han derrumbado en proporción semejante a las remuneraciones más bajas. Este fenómeno es conocido como la “proletarización de las clases medias”. He probado que el incremento de los salarios mínimos repercute en cadena sobre todo el universo salarial; sea en su elevación o en su caída, según la política que se adopte.

Hace más de cuarenta años verificamos que 35% de la población se veía favorecida por el incremento de los salarios mínimos, tanto los trabajadores de las empresas privadas y los del gobierno, incluyendo a los de las Fuerzas Armadas, y con la sola excepción de los clérigos que disponen de otras formas de financiamiento. La CEPAL sostiene que México es el único país de Latinoamérica que disminuyó en el último lustro las percepciones económicas de la población y por lo tanto aumentó sustantivamente sus niveles de indigencia. Existe una relación directa entre la agudización de la pobreza y la política de retención salarial, que incluye el establecimiento inconstitucional de los topes contractuales también fijados por el gobierno. Un Estado represor que ha impuesto la pobreza por decreto.

La depreciación del poder adquisitivo de los trabajadores es consecuencia de una caída de los salarios mínimos que asciende a 82% en los últimos cuatro decenios. Esto ha sido posible por la “castración de los sindicatos” y la simulación de los contratos de protección. Más de 90% de las relaciones colectivas de trabajo son generadas por ese cáncer social instaurado para beneficiar a los empresarios, tanto como las evasiones fiscales. La tercerización laboral (outsourcing) ha permitido difuminar la responsabilidad de los empleadores. No obstante, la mayor traición al mandato constitucional ha sido cometida por el gobierno que entregó la cuestión salarial al Banco de México. Este obedece a una mentira tecnocrática que considera al salario como causa de la inflación.

Una de las razones más poderosas de la migración es la brecha entre los salarios básicos de Estados Unidos y los de México. Ese diferencial era de 5 a 1 en los años setentas y hoy es de 17 a 1, según un informe del Congreso Norteamericano. La negociación del USMECA está condicionada al incremento de los salarios a fin de proscribir el “dumping laboral”. Paradójicamente el incremento de las percepciones va a ser impuesto desde afuera. Esa es una de las contadas virtudes de la globalización.

No existe proyecto viable de modernización que no ponga en el centro la elevación de los salarios y la recuperación de los derechos laborales. La política que se adopte al respecto definirá como ninguna otra el carácter progresista del nuevo gobierno. Es indispensable suprimir la Comisión Nacional de Salarios Mínimos. Máximo espejo del “cochupo” entre el gobierno, las empresas y los sindicatos corporativos. Hemos propuesto desde hace muchos años la fijación de los salarios mínimos por la Cámara de Diputados, según el análisis que haga anualmente el Coneval sobre el deterioro del poder adquisitivo del segmento más pobre de la fuerza laboral. Ese ha sido y será mi compromiso irrenunciable con los trabajadores de México.

Presidente de la Cámara de Diputados.

El Universal
Porfirio Muñoz Ledo
Sábado 13 de octubre de 2018.


René Delgado

Al parecer, la alternancia va más allá de lo estimado por quienes la resistieron, así como por los usufructuarios de ella. Y, pese a que aún no arranca del todo, más de uno pregunta hasta dónde va y cuestiona cómo.

El desafío del próximo gobierno es mayúsculo. Nada fácil se ve operar cambios radicales sin vulnerar la fragilidad de las finanzas públicas ni comprometer la estabilidad económica -que, obviamente, estrechan su margen de maniobra- y, en esa circunstancia, resolver o atemperar el malestar social acumulado a partir de dar satisfacción a viejos y nuevos reclamos. Cambios aún más difíciles de ejecutar cuando, tras el sacudimiento electoral, la resaca política deja ver la endeble situación de los puentes de entendimiento.

¡Vaya momento tan singular! Tan importante y determinante para el país.

***

A diferencia de las anteriores alternancias, esta no redujo el relevo a una cuestión de turno en el ejercicio del poder dentro del molde establecido. No, plantea generar una alternativa, cambiar o al menos ajustar el molde y darle otro sentido y dirección al poder en su ejercicio.

De ahí que los sectores empoderados y desempoderados por la alternancia presionen al operador designado y litiguen el futuro, disputándose incluso el pasado. Antes de verlo ocupar el asiento frente a la maquinaria, unos y otros quieren sujetarlo, asegurar que su actuación sea conforme a lo que cada uno de ellos dice y quiere..., así sean incompatibles las posturas. Y, ante la necesidad de no perder el respaldo de unos y otros, el operador voltea a ver al conjunto y jura tener en cuenta a todos.

De ahí que el operador y sus asistentes reboten en medio de contradicciones, intentando tranquilizar a los polos desde donde los tironean. El discurso se modifica o matiza según el auditorio frente al cual se pronuncia o según el vocero en uso de la palabra y, ahí, es donde el arrebato de tirios y troyanos crece.

El entusiasmo y la inquietud frente al próximo gobierno van en aumento. Y, curiosamente, en algunos capítulos sujetos a litigio se coincide en la necesidad de ajustarlos, pero se discrepa en cuanto al ritmo, los términos y el cómo.

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La compleja argamasa de grupos, sectores e intereses que, a diferencia de las otras veces, hicieron posible el triunfo electoral de Morena, ahora, se reconoce empoderada y exige satisfacer sus demandas con apego a la letra del reclamo. Dado el aporte a la posibilidad de realizarlas, piden concretarlas de inmediato e, incluso, agregan demandas que parecían descartadas o abandonadas. Las quieren ya, cuanto antes.

En el contraste, a quienes resistieron la alternancia y, luego, se resignaron ante el inminente resultado electoral, ahora, les inquieta la consecuencia política. Tal inquietud los lleva a exigir cálculo y mesura al próximo gobierno, cuando ni siquiera se lo sugerían a la actual o las anteriores administraciones, de las cuales eran socios, patrocinadores o, a veces, cómplices. Quizá por eso, ahora exageran sin reparo el efecto de algunas acciones tomadas o por tomar. Incluso, aún sin entrar en función, atribuyen al próximo gobierno actitudes autoritarias que, a su capricho, perfilan posturas neofascistas. No entienden, por ejemplo, cuanto está ocurriendo en la prensa, pero concluyen que hay actos de censura anticipados. Endosan facturas ajenas y de antemano.

En esa situación, se alargan desesperadamente los días de transición.

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La tensión prevaleciente y la sensación de un desvertebramiento quizá respondan al simple reacomodo de las fuerzas políticas y los grupos de poder que aún no acaban de encontrar asiento ni construir códigos de entendimiento, puede ser.

Lo cierto, sin embargo, es que -aun cuando la corrección política recomiende negarlo- no se puede gobernar para todos, pero tampoco se puede desconsiderar a quienes no serán los beneficiarios mayores del proyecto. Quienes dicen gobernar para todos, simulan. Y del dicho sin sustento hacen bandera no para desplegarla sino para arrebujarse en ella y navegar o gobernar según soplen los vientos.

Encontrar el punto de equilibrio entre el concepto y el diseño de un gobierno con proyecto y la instrumentación de éste sin provocar rupturas requiere de un talento extraordinario para conciliar las diferencias, instar a la colaboración, así como al sacrificio compartido y, en el corto lapso del arranque de un sexenio, dar los primeros pasos con firmeza y sin tropiezos.

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Del periodo de transición se ha recorrido ya más de la mitad de los cinco meses establecidos por el calendario. Restan cincuenta y seis días para la transmisión del poder. No es mucho tiempo.

El próximo gobierno ya dejó en claro qué no quiere continuar, pero no acaba de configurar y exponer con precisión qué sí quiere emprender, cuál es el orden de las prioridades y cómo pretende llevarlas a cabo sin vulnerar las condiciones mínimas necesarias para, aun en la sacudida y el bamboleo, garantizar la estabilidad.

Sin renunciar a la necesidad de mantener vivo el respaldo social y, en tal virtud, hacer acto de presencia en plazas y alamedas, no sobraría que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, comenzara a recapitular planes y proyectos, considerando los recursos económicos, políticos y humanos con que cuenta y así reperfilar las posibilidades de su gobierno.

El reloj ya marca la hora y no por darle cuerda, el tiempo se prolonga.

El socavón Gerardo Ruiz
Cuando se mira el agujero en que se deja la procuración de justicia y cómo uno a uno de los exgobernadores, los funcionarios o exfuncionarios y los dirigentes presos, señalados o en fuga alcanzan penas atenuadas, consiguen facilidades o se esfuman de la vista, el socavón cobra una dimensión inconmensurable.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Domingo 7 de octubre 2018.


Graco Luis Ramírez Garrido siente que se le revierte lo que hizo con sus adversarios políticos, perseguirlos, a efecto de comprobarles ilícitos o abusos de poder.

El ex gobernador, ganó la elección basado en la fuerza de un candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, como ahora lo hace su sucesor, Cuauhtémoc Blanco y se convirtió en la más grande decepción para los ciudadanos de Morelos.

Graco fue un acosador de los anteriores gobernantes, a los que cuestionó, presionó y denunció, desde la comodidad de la oposición y se convirtió en un gobernante, aislado de su pueblo, evidenciando su nepotismo.

Quedaron en el aire sus promesas de campaña, cuestionando y censurando los mismos métodos que él usó en contra de sus adversarios políticos.

Graco se apropió de las marchas ciudadanas que denunciaban la violencia e inseguridad en el estado y la apatía y hasta supuesta complicidad del entonces gobernador, Jorge Carrillo Olea.

Cuando el tema se le volteó, debido al crecimiento de la violencia, vio fantasmas y acusó de complots y de mentir a los miles de ciudadanos que tomaron las calles.

La realidad mostró la situación de inseguridad y violencia en el estado, con la aparición de fosas clandestinas con decenas de cadáveres, los asesinatos de políticos de todas las tendencias y la detención de otras autoridades, además de los secuestros y muertes de ciudadanos, los que se multiplicaron en su gobierno.

Sostuvo enfrentamientos con el Rector de la Universidad del estado, con el alcalde la capital (hoy gobernador del estado) y otros adversarios políticos (incluido el hoy Presidente electo) y pujó hasta convertir al hijo de su esposa en el candidato a gobernador de su partido, lo que le llevó al fracaso.

Graco Luis fue un desastre como gobernante y en su futuro puede estar, la cárcel, lugar al que no pudo llevar a sus contrincantes.

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Puebl@Media
Ramon Zurita Sahagun
De Frente y de Perfil
Ciudad de México / Puebla
Jueves 4 de octubre de 2018.

Videgaray

03 Oct 2018


Raymundo Riva Palacio


El anuncio de Luis Videgaray de que una vez que termine el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, se retirará de la política y del servicio público, sólo sorprende por el momento en el que lo dio a conocer. Desde que el periódico The Wall Street Journal reveló que había adquirido una casa de descanso en Malinalco en una operación inmobiliaria realizada por el empresario peñista Juan Armando Hinojosa, su carrera política llegó prematuramente a su fin. En su entorno decían que esa compra, que cuando se hizo no parecía que sería una bomba de tiempo, había acabado con sus aspiraciones. Con ello, Peña Nieto perdió también la persona que probablemente habría sido su candidato a la Presidencia.

Videgaray fundió su vida pública al destino de Peña Nieto desde que lo conoció como el pagador de una consultoría financiera del ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe, al entonces gobernador del Estado de México, Arturo Montiel. Era el enlace con el Gobierno, y cuando Peña Nieto fue electo gobernador, lo hizo secretario de Finanzas y su principal consejero político. Videgaray le daba a Peña Nieto lo que no tenía, cultura, conocimiento y sofisticación, además de ser un confiable planificador y eficiente ejecutor. Con la candidatura presidencial en la mira, Peña Nieto lo hizo diputado federal y presidente de la Comisión de Presupuesto, desde donde tejió las alianzas políticas que lo respaldarían.

Luego lo hizo jefe de su campaña presidencial, que organizó como un plan militar. La dependencia de Peña Nieto fue creciendo, y le entregó no sólo la formulación de lo que sería su programa de Gobierno sino la designación de prácticamente todo el gabinete legal y ampliado. De Videgaray fue la propuesta de las reformas estructurales, y el principal negociador del Pacto por México. El entonces secretario de Hacienda le dedicaba 30% a su trabajo formal y el resto a hacer política para Peña Nieto. Acumulaba poder porque daba los resultados que nadie entregaba.

Peña Nieto tuvo en Los Pinos una Presidencia Tripartita, montada sobre el entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el jefe de Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, que había sido colaborador de Videgaray en la campaña presidencial. Pero de los tres, Videgaray era la influencia dominante, lo que provocó un enfrentamiento creciente con Osorio Chong, primero a nivel de equipos, y después en las alturas del Olimpo peñista, que provocó una división en el gabinete y un realineamiento en dos campos de batalla. Videgaray se peleó con casi toda el área política del Gobierno y del PRI, que lo siguen viendo con recelo y convicción que los traicionó.

La revelación de su casa de descanso en Malinalco fue secuela del escándalo de la casa blanca del Presidente Peña Nieto. Ninguno resolvió adecuadamente sus escándalos y atajarlo como lo que era, un conflicto de interés que podía resolverse. Para Peña Nieto ese episodio significó el quiebre final de su administración y la etiqueta de corrupto; para Videgaray, la posibilidad de llegar a la Presidencia de la República, aunque reiteradamente, decía que era algo en lo que no pensaba. Él detentaba el poder real en Los Pinos, y era la voz que Peña Nieto oía. Incluso, hasta la ignominia.

Fue su idea invitar a Donald Trump cuando era candidato presidencial, porque consideraba que si hablaba con Peña Nieto podría cambiar sus críticas a México. Peña Nieto aceptó, pese a la oposición de la entonces secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu. La visita fue un fracaso y Peña Nieto cayó ese día a siete puntos de aprobación. Le costó un reproche de la Casa Blanca, y tuvo que aceptar la sugerencia de que el responsable tenía que irse. Peña Nieto no cesó a Videgaray, sino “le dio la oportunidad de que él mismo renunciara”, como confió a sus cercanos.

Se fue sin irse. Peña Nieto le pidió que manejara desde las sombras el proceso electoral en el Estado de México. Cuando Trump ganó la Presidencia, lo volvió a usar secretamente para negociar con su yerno, Jared Kushner, colocar las relaciones bilaterales sobre ruedas y arreglar un encuentro con Peña Nieto. Para darle cuerpo legal, destituyó a Ruiz Massieu y le entregó la cancillería. Reencauzó las relaciones y logró, mediante su capacidad de negociación y persuasión, tener el acceso a la Oficina Oval como nadie, presidentes y primeros ministros incluidos, en el mundo. Varios líderes lo buscaban para preguntar cómo acercarse a Trump, o para que los ayudara a ser recibidos por el presidente.

La cercanía que logró con Kushner y su suegro le ayudó a conducir políticamente la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, cuya estrategia, pragmática y pensando en Peña Nieto, prevaleció sobre la del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, que en lugar de apresurar los tiempos, quería una mejor negociación. México cedió para alcanzar un acuerdo, a cambio de que el Presidente Peña Nieto pueda firmar el acuerdo comercial antes de terminar su mandato, el último día de noviembre.

Menos de 24 horas después de anunciarse el acuerdo trilateral, Videgaray dio a conocer que su ciclo en el Gobierno también había terminado. Se irá con Peña Nieto el primero de diciembre con rumbo a Nueva York o Boston, donde buscará rehacer su vida, una que pudo haber sido totalmente distinta si no hubiera incurrido en un conflicto de interés cuando compró en Malinalco, o quizás, si como le pidió el Presidente en diciembre y enero, se hubiera hecho cargo de la campaña presidencial, que rechazó.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 3 de octubre de 2018.


 Raúl Torres Salmerón

Como si no fuera suficiente que Manuel Gómez Morín, Ernesto Ruffo Appel y José Luis Espinosa impugnaran ante el Tribunal Electoral del Poder Federal Judicial de la Federación (TEPJF), la planilla del PAN a la que está subido el ex Gobernador Rafael Moreno Valle por la dirigencia nacional de este partido, sucede que a la par, en Puebla al ex mandatario se le juntan dos casos de extremado riesgo contra sus ansias de poder total y permanente: la impugnación a la candidatura de su esposa Martha Érika Alonso y la repetición de la elección para elegir gobernador en Puebla.

Se trata de todo un riesgo, pues para Moreno Valle el financiamiento-presupuesto público para obra y servicios, fue para él una especie de negocio-gobierno que corre el riesgo de descobijarlo, y en lugar de ahora heredarle al cargo a su esposa, le abre y lo orilla a una especie de precipicio que debe quitarle el sueño.

El escenario se le agrava si se añade que mientras la oposición de MORENA en el Congreso de la Unión es de mayoría, en Puebla el partido de Andrés Manuel López Obrador tiene también una mayoría sobre el panismo estatal.

Debido a ello, entre la militancia encabezada por las huestes de López Obrador, se apuesta que a Moreno Valle le será imposible establecer acuerdos y sometimientos como los que impuso con el PRI y PAN en el estado.

Y al respecto se apuesta a que sólo en función del costo-beneficio social de la obra pública de Moreno Valle, no hay cómo ambos puedan validar o negociar con MORENA, por ejemplo, el proyecto de Audi, cuyo excesivo costo asciende a más de 15 mil millones de pesos, no obstante que, en números reales y demostrables, no es mayor a los 700 millones.

Debe subrayarse que estamos hablando de sólo uno de los proyectos de Moreno Valle. Si se investigaran, no podría justificarlos plenamente.

Habrá que resaltar que durante los periodos del gobierno estatal panista encabezado por Moreno Valle (2011-2017), la Secretaría de Infraestructura, hoy Secretaría de Infraestructura, Movilidad y Transporte, no hubo continuidad en las obras. Se han registrado varios cambios de titular:

Primero fue José Antonio Gali, quien compitió por el Ayuntamiento, ganó y hoy despacha como gobernador; le siguió José Cabalán Macari; después fue Luis Bank Serrato quien trabaja como Presidente Municipal de Puebla Capital; al final estuvo Diego Corona.

Tal parece que la consigna fue utilizar el cargo para integrar y consolidar una plataforma política y económica cada vez mayor, en lugar de buscar obras de beneficio para Puebla.

Ninguna de las obras públicas fue puesta a consideración y análisis de las instituciones técnicas que por ley deben ser consultadas, para su correspondiente análisis técnico y financiero.

Habrá que estar atentos para ver a qué nuevos puestos políticos le tiran, si es a estas alturas y como están las cosas, más bien las maniobras se les pudieran revertir.

No hubo planeación

En las obras realizadas por el gobierno de Moreno Valle Rosas, no hubo planeación. Se hizo a base de ocurrencias. Por ejemplo, sobre las obras en Puebla Capital, tal parece que no se consultó ni opinó el Instituto Municipal de Planeación del Ayuntamiento de Puebla (IMPLAN).

Su misión “es formular planes y programas que fomenten un Sistema de Planeación Estratégica Democrática en el Municipio de Puebla, a fin de modernizar, innovar y desarrollar ordenadamente la ciudad; promover el crecimiento socio-económico y sustentable; y atender el carácter metropolitano de sus funciones económicas, sociales, culturales y de servicios”.

En el Ayuntamiento este organismo se creó en la gestión de Enrique Doger Guerrero, quien presionado por el sector de la construcción para poner fin tanto al desordenado crecimiento de la ciudad y la anarquía en lo tocante a obra y servicios públicos, accedió y se procedió a la correspondiente sesión de Cabildo, para crearlo y formalizarlo. Su primer Presidente fue Rafael Herrera Vélez, arquitecto, quien actualmente es Presidente de CANACO Puebla. Desde que Moreno Valle fue gobernador, sujetó al IMPLAN, lo tuvo maniatado.

Posteriormente, a iniciativa y liderazgo de Raúl Carpinteyro Vera, presidente de la Academia Prospectiva de Ingenieros, se creó en el Ayuntamiento el actual Consejo Multidisciplinario del Municipio de Puebla, al que se incorporó a cámaras y colegios de profesionales de las diversas ramas de la construcción y planeación.

No obstante, Moreno Valle bloqueó lo que en la práctica se ha acordado en el Ayuntamiento y para imponer su capricho y conveniencia en todo, por ejemplo, las ciclopistas en la avenida Hermanos Serdán y en el entronque de la Autopista México Puebla, ha bloqueado las principales iniciativas.

Ya en el gobierno de José Antonio Gali, el gobierno del estado, para corregir las fallas del morenovallismo, a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, Sustentabilidad y Ordenamiento Territorial (SDRSOT), con la Secretaría de Desarrollo, Agrario, Territorial y Urbano en el Estado de Puebla (SEDATU) llevaron a cabo la sesión de instalación del Consejo Estatal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado de Puebla.

Este órgano colegiado dará seguimiento a las acciones en materia de ordenamiento territorial y desarrollo urbano en Puebla, como se establece en el Convenio Marco de Coordinación, firmado por el gobernador Gali y la secretaria del ramo Rosario Robles Berlanga. Apenas algunas medidas se han tomado al respecto.

Puebl@Media
Raúl Torres Salmerón
Ciudad de Puebla, Mx.
Domingo 30 septiembre 2018.


Rubén Martín

El ataque masivo y coordinado que recibió un contingente de normalistas de la escuela normal rural de Ayotzinapa, el 26 y 27 de septiembre de 2014, es uno de los hechos represivos más atroces cometidos en el México contemporáneo. Hoy se cumplen cuatro años sin saber todavía dónde están los 43 estudiantes desaparecidos, y sin tener justicia; es decir, en la impunidad.

Contra lo que el Gobierno quiso establecer desde que ocurrieron los hechos, no se trató de un “incidente” cometido por autoridades y policías locales, coludidos con el crimen organizado. Fue una operación de Estado, masiva, coordinada y a gran escala, concluyeron los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Además de los 43 jóvenes desaparecidos, alrededor de 120 personas más sufrieron ataques contra sus vidas; casi 40 personas resultaron heridas, algunas de ellas de gravedad. Los ataques se dieron durante casi cuatro horas en nueve escenarios distintos de Iguala, lo cual muestra una capacidad operativa y coordinación de las acciones a nivel centralizado. Las distintas corporaciones estaban coordinadas y el C4 estuvo operando esa noche, por lo que todas las fuerzas de seguridad estaban enteradas de los hechos.

La barbarie cometida contra los normalistas de Ayotzinapa impactó a la sociedad mexicana. Con estupor y dolor primero y luego con rabia, millones de mexicanos y de otras partes del mundo, salieron masivamente a las calles a exigir justicia.

Ayotzinapa fue el punto de quiebre del Gobierno de Enrique Peña Nieto. Antes de esos hechos la prensa internacional, y la prensa oficialista mexicana, lo avalaban y elogiaban sus reformas. Tras los hechos de Iguala, la mirada sobre el país entero cambió.

Por vez primera millones de mexicanos se enteraban de la situación de guerra que vivía el país, con sus dolorosas aristas de masacres, desapariciones y fosas clandestinas. Aunque las movilizaciones de solidaridad con Ayotzinapa continuaron durante varios meses, lamentablemente la justicia no ha llegado.

Políticamente se hizo un juicio político sobre el Gobierno de Peña Nieto y el Estado mexicano. Los familiares y el movimiento por Ayotzinapa lograron cuestionar y deslegitimar la “verdad histórica” que el Gobierno pretendió establecer.

Pero toda esa movilización no ha logrado regresar con vida a los 43 normalistas o al menos saber a ciencia cierta dónde se encuentran. Y al mismo tiempo, no se ha castigado a todos los involucrados, por lo que los hechos quedan impunes.

Hoy que todo el país se conmocionó por la crisis del manejo ilegal e indigno de cuerpos de personas no identificadas, debido a la crisis nacional de los servicios forenses, conviene recordar la responsabilidad que tiene el Estado en la guerra que hay en el país.

Si hace cuatro años los hechos de Ayotzinapa se hubieran investigado y se hubiera castigado a los responsables, tal vez el país no estuviera en la situación de crisis que hoy se encuentra. La impunidad de antes de la Guerra Sucia, la impunidad de hechos como los de Ayotzinapa, alienta a que estas atrocidades se sigan cometiendo. Ante la impunidad estatal, es necesario seguir exigiendo la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa y de los miles de desaparecidos en todo el país. Hasta que la justicia se haga costumbre.

El Informador
Rubén Martín
Guadalajara, Jalisco, México
Miércoles 26 de septiembre de 2018.


Raymundo Riva Palacio


Lenin Ocampo, conductor de XE-UAG Radio Universidad y reportero gráfico del periódico El Sur, recibió la noche del 26 de septiembre de 2014 la primera alerta de lo que estaba pasando en Iguala, a 107 kilómetros de Chilpancingo. “Nos están atacando a balazos”, alertó un estudiante a la cabina de transmisiones. “La primera llamada la recibí a las 22:10 y hubo una más a las 22:40. Seguían solicitando la presencia policiaca, pues estaban solos y no había ninguna garantía para ellos”. Rogelio Agustín Esteban, quien en enero del año pasado reconstruyó en el semanario Interacción lo que sucedió aquella noche, agregó: “Ya se escuchaba la desesperación de los chavos”.

A partir de la primera alerta, escribió Esteban, un grupo reporteros decidió trasladarse hacia Iguala. Cerca de la medianoche, arrancó un pequeño convoy encabezado por la camioneta Cherokee de Sergio Ocampo Arista, corresponsal de La Jornada. Con él iban Natividad Ambrosio, del programa “Hora Cero” de ABC Radio, Jacobo Morant y Ocampo, reporteros de El Sur, José Luis López Santana de Televisa-Acapulco, que manejaba una Explorer, Carlos Navarrete, que trabajaba en ese entonces en El Sol de Acapulco, Bernardo Torres de Uno TV, Ángel Misael Galeana de Cadena 3, y Esteban mismo. Atrás de los dos vehículos iba un autobús con maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación, la CETEG.

Poco antes de partir, escribió Esteban, un mensaje de voz al grupo de WhatsApp de Ambrosio, decía: “¡Nos atacaron a balazos, hay muertos de parte de los estudiantes, corrimos para escondernos donde pudimos pero ya no estamos seguros. Por favor no vengan!”. Según Esteban, “se le escuchaba presa del miedo, casi en shock”. El mensaje pegó en el ánimo de los reporteros, “pero nadie tuvo el valor para quedarse en Chilpancingo”. Llovía fuerte y constante, cuando en la cañada de “El Zopilote”, dijo con ese humor que sale a veces en situaciones donde hay miedo e incertidumbre: “Sonrían, nos está saludando el diablo”.

Los reporteros llegaron a la zona del conflicto. En Huitzuco observaron un automóvil compacto con los vidrios polarizados estacionado que parecía estar de guardia para monitorear quién iba hacia Iguala. Se movió para acercarse al primer vehículo y observar quiénes iban dentro. Entonces se fue en dirección de Iguala. Varias camionetas blancas los rebasaron a toda velocidad en ese trayecto y ya no volvieron a verlas después. Vieron el autobús donde viajaba el equipo de futbol de “Los Avispones” de Chilpancingo, el primero en ser atacado esa noche, volcado sobre la carretera federal.

Más adelante los detuvo la Policía Preventiva y les señalaron que estaban en “un operativo de prevención del delito”. No lo sabían entonces, pero a esa hora los sicarios de Guerreros Unidos ya tenían en su poder a 43 normalistas y los estaban trasladando a lugares desconocidos. Uno de los policías le dijo a Ocampo que sólo había habido “un incidente”. Los policías no querían dejar pasar el autobús de los maestros y normalistas. “Esos no pasan”, dijo un policía, según recordó Esteban, “se los va a cargar la chingada”. La presencia de los reporteros que comenzaron a tomar fotografías logró que los dejaran pasar.

Iguala estaba a oscuras, pero vieron las luces de una torreta en una patrulla militar. El pequeño convoy siempre fue seguido por taxis “que simulaban trasladar pasaje –apuntó Esteban-, sin embargo estos nunca tomaban un rumbo que no fuera el de los reporteros. Los supuestos usuarios hacían llamadas por teléfono celular y nunca perdían de vista lo que se hacía”. No se sabía en ese entonces que todo el transporte público estaba al servicio de Guerreros Unidos, y que muchos taxistas servían como halcones de la banda criminal.

Los periodistas registraron que la única búsqueda de estudiantes que se organizó fue desde las instalaciones del ministerio público, donde ya había llegado el entonces fiscal Iñaki Blanco, y comenzaron a rescatarse a normalistas en patrullas de la Policía Ministerial del Estado. Hacia las cinco de la mañana del sábado 27, los periodistas decidieron regresar a Chilpancingo, pero los jefes de la Policía Federal en Iguala les pidieron que esperaran. “La razón”, recordó Esteban, “es que mientras Iguala sufría el infierno de los ataques contra deportistas y estudiantes, grupos de sicarios despojaban a varios automovilistas de sus unidades a la altura de Mezcala, las atravesaban sobre la carretera federal y les prendían fuego”.

El trabajo de los periodistas guerrerenses aquella noche de Iguala ha sido fundamental para mostrar los huecos que la investigación oficial no ha cubierto. Gracias a sus despachos se supo desde el primer momento del papel de control de población ejecutado por los soldados del 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala esa noche, y cómo los militares, junto con los policías federales, permanecieron como testigos sin intervenir para detener los crímenes en flagrancia que se estaban cometiendo. Sus descripciones han llevado a la duda permanente de si la no intervención fue, en efecto, una intervención mediante la complicidad. Los testimonios que registraron esa noche en Iguala han permitido también adentrarse en la tragedia que se vivió.

La reconstrucción de Esteban a partir de entrevistas con varios de sus compañeros de viaje aquella noche, también aportó más información sobre la red de protección institucional y la forma como las fuerzas de seguridad trabajaron esa noche no para prevenir el delito, como les dijo un policía preventivo, sino para no estorbar en los hechos, en la consumación de un crimen.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 26 de septiembre 2018.


Jenaro Villamil

Bajo el argumento oficial de “fallas de logística” el histórico recuento y escrutinio de los siete mil 174 paquetes electorales de los comicios para gobernador en Puebla se inició hasta las 8:30 de la mañana de este martes 25 de septiembre y no en la tarde del lunes 24, como se había decidido originalmente por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

El traslado de los paquetes electorales, “resguardados” por el Instituto Electoral del Estado de Puebla (IEE), confirmó lo que cientos de representantes, observadores ciudadanos y militantes de Morena habían argumentado: una serie de violaciones a la cadena de custodia de este material.

Por ejemplo, en el sitio donde se resguardaron los paquetes en Puebla, la reja estaba entreabierta, con las cadenas y los candados abiertos, situación que provocó que el notario 3 del distrito judicial de Cholula levantara un acta de hechos.

Al abrirse los paquetes en la jornada de este martes, se encontraron boletas “impecables”, sin doblez, desgaste o señales de haber sido introducidas en la urna, después de votar. Según el sitio “No al Fraude en Puebla”, buena parte de estas boletas, más planchadas que la ropa, estaban marcadas a favor de Martha Ericka Alonso, la candidata del frente del PAN-MC-PRD declarada ganadora con poco más de cuatro puntos porcentuales de ventaja.

Oscar Reyes Rodríguez, encargado de despacho de la Dirección de Organización Electoral del IEE, admitió que personal del organismo quitó los sellos de resguardo para “trabajar” en la documentación, pero el representante de Morena, Juan Pablo Cortés Córdova, grabó desde el pasado jueves un video en el que se ve a personal del IEE ingresando a la bodega, justo un día después que el TEPJF ordenó la apertura de los paquetes.

La secretaría ejecutiva del IEE explicó ante La Jornada de Oriente, medio impreso que difundió el video, que “justo antes” de la decisión del Tribunal “se estaba trabajando en la documentación” por requerimientos del tribunal local.

También aparecieron cajas rotas, algunas parchadas con cinta canela, rayaduras y manchas en los paquetes que estuvieron fuertemente resguardados por el ejército, según la información oficial del IEE.

La jornada del recuento continuará durante toda esta semana y con muchos medios y ciudadanos observando que la “custodia” de los paquetes electorales fue violentada desde mucho antes de la decisión del TEPJF. Se desplegaron 60 mesas de recuento de 3.7 millones de boletas entre la Ciudad de México y Toluca, con 180 servidores judiciales, representantes de los partidos políticos y muchos reporteros locales.

El principal problema de este recuento es que para el PAN y para la esposa del exgobernador Rafael Moreno Valle, la victoria “no está en duda”, mientras que Morena ha insistido que la declaratoria de mayoría de Martha Ericka Alonso “está en pausa”.

Si el recuento no garantiza la certeza sobre la limpieza y el resguardo de los paquetes electorales, es muy probable que la siguiente etapa del litigio sea el debate sobre la anulación electoral de los comicios para gobernador bajo el argumento de la violación de la custodia de los paquetes, algo que ya sucedió antes en unos comicios municipales en Apizaco, Tlaxcala.

Este caso puede ser el principal precedente del TEPJF para el caso poblano. En septiembre de 2013, la sala regional del tribunal electoral revocó el resultado de la elección del alcalde de Apizaco, a favor del priista Rafael Ortega Blancas, para darle la victoria al panista Jorge Luis Vázquez Rodríguez.

La ponencia del TEPJF que cambió el resultado electoral fue del magistrado Armando Maitret Hernández, actual responsable del recuento en la sala regional de la Ciudad de México, y fue apoyado por Héctor Bolaños y Janine Otálora Malassis, la actual presidenta de la Sala Superior del TEPJF, argumentando que en el recuento en el que el PRI revirtió los resultados “no se respetó el principio de certeza”.

El argumento central del PAN fue que el PRI y el gobierno estatal alteraron la paquetería electoral en Apizaco. Incluso, los senadores panistas de entonces Ernesto Cordero y Roberto Gil Zuarth afirmaron que el PRI “quiso arrebatar alterando los votos de los paquetes electorales”.

Vaya paradoja para el PAN y para su candidata en Puebla, Martha Ericka Alonso: su litigio en Apizaco se puede convertir en el principal precedente para revertir o anular el proceso electoral a gobernador en la entidad donde aún manda Rafael Moreno Valle.

Proceso
Jenaro Villamil
Ciudad de México
Martes 25 de septiembre 2018.

   
Jesús Silva-Herzog Márquez

Sus críticos se toman literalmente lo que dice, pero no se lo toman en serio. Sus simpatizantes, en cambio, se lo toman muy en serio, pero no literalmente. Lo advertía Selena Zito hace un par de años en un artículo publicado por The Atlantic Monthly. La periodista se refería, por supuesto al fenómeno Trump. No abordaba el radicalismo de sus propuestas, ni las implicaciones ideológicas de su candidatura. Le intrigaba la manera en que su discurso escindía a la sociedad pero, sobre todo, la manera en que revelaba su fractura. En la manera en que los norteamericanos escuchaban a Trump se exhibía una sociedad partida, en la que cada hemisferio negaba a la otra mitad.

Algo semejante podemos decir del discurso de Andrés Manuel López Obrador. Quienes lo siguen escuchan un discurso muy distinto al que escuchan quienes desconfían de él. Quienes crean sacrílega la asociación, pueden leer la carta que el presidente electo dirigió a Trump. Unas semanas después de su victoria, López Obrador encontraba paralelos estimulantes con el habitante de la Casa Blanca: ambos hemos derrotado al establishment, le decía. Usted y yo hemos enfrentado adversarios poderosos para poner al pueblo en el centro de la política. Los proyectos y las convicciones ideológicas pueden ser polarmente opuestos pero hay entre ellos un innegable parentesco retórico. Los ingredientes son semejantes: la infinita sabiduría del pueblo, la permanente conspiración de los poderosos, la podredumbre de la política tradicional, la perversidad de los medios que se oponen al cambio.

Lo cierto es que López Obrador ha roto los cristales de la retórica tradicional. Su discurso no se asemeja al de ningún político de la historia reciente. No hay tampoco quien siga la pista de ese lenguaje rico en hallazgos verbales, en ocasiones fresco, gracioso y punzante, pero en la mayor de las ocasiones cansado, reiterativo, machacón. Entender a López Obrador es esforzarse por comprender el estatuto de su lenguaje. En ese discurso está, sin duda, una de las armas más potentes de su política. Su autenticidad, su arrojo, la fuerza de su atractivo están en el lentísimo compás de su discurso, en la seducción de los mitos históricos, en la energía de una convocatoria moral. La suya es la palabra más eficaz del presente. Pero en la inercia de sus palabras puede residir también uno de los lastres más pesados de su gobierno.

Lo debemos tener claro: el futuro presidente no va a cotejar las cifras de la OCDE antes de alzar la voz. Improvisará constantemente. Tendrá sus datos. Fijará hábilmente la agenda nacional. Seguirá siendo renuente al claroscuro. Contrastará la tragedia del pasado inmediato con la luminosidad del futuro. Por eso el presidente electo puede decir, sin incomodidad alguna que estamos en bancarrota pero que, al final de su administración seremos una potencia y un ejemplo para el planeta. No bordará las complejidades de la política sino la obviedad de la única ruta moralmente válida. Expresará con brusquedad sus desacuerdos. Descalificará a sus adversarios y lanzará seguramente la acusación habitual: mis críticos no están solamente equivocados, son moralmente repudiables. Y al mismo tiempo, mantendrá una comunicación intensa y auténtica con millones de mexicanos. Será para muchos, la voz más confiable en el país. Para muchos, la única digna de confianza.

Entender los puentes de esa comunicación es indispensable para tomar en serio su discurso. Mal haríamos desconociendo las razones de la persuasión. La autoridad de López Obrador se explica por el descrédito de las viejas voces, a las que se tacha, con razón o sin ella, de parciales e interesadas. Entidades públicas y privadas, organismos internacionales, profesionales y expertos han corrido la misma suerte de la clase política. Desprestigio y castigo. Al diablo los expertos, se dijo en Gran Bretaña en la campaña del Brexit. En México atraviesan un descrédito profundo. No importa mucho discutir si el desprestigio es justo o no. Lo que importa registrar es la pérdida de su ascendiente. Rehacer ese prestigio no será cosa fácil pero es indispensable. Entablar el diálogo necesario es exigir razón y fundamento al presidente, es llamar a la responsabilidad en su discurso. Pero es también trabajar en la reconstrucción de las otras confianzas.

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunnes 24 de septiembre de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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