Jorge Zepeda Patterson

Es incuestionable la entereza de sus habitantes y la profunda solidaridad que les ha nacido al paso de las adversidades
   
Puede ser que la ciudad de México esté prendida de alfileres con una infraestructura permanentemente desbordada y veinte millones de personas empeñadas en vivir sobre el lecho de un lago. Puede ser que la inseguridad pública haya llegado a sus calles y que sus autoridades, permanentemente rebasadas, simplemente se dediquen a gestionar la emergencia de cada día. Pero es incuestionable la entereza de sus habitantes y la profunda solidaridad que les ha nacido al paso de las adversidades.

El sismo que torpedeo a la ciudad este 19 de septiembre puso a prueba el alma de los capitalinos y mostró al mundo las razones por la cuales esta ciudad ha sobrevivido durante siglos en un valle construido entre lodo y permanentemente agobiada por el desafío de conseguir y trasladar agua a una urbe a 2250 metros de altura. La tragedia mostró, una vez más, que lo mejor de este lugar son sus ciudadanos.

Apenas segundos después de que la tierra dejara de sacudirse surgieron héroes espontáneos para sacar de los edificios a los remisos, para detener el tráfico de las avenidas, mover a las personas a sitios al abrigo de los vidrios y cables sueltos. En las siguientes horas decenas de miles de hombres y mujeres actuaron como un enorme hormiguero al servicio de una misma causa. Largas líneas de brazos para sacar escombros de las ruinas, para sustituir a los semáforos inservibles y dar salida a las ambulancias, para llevar agua y vituallas a los socorristas. Muchos otros ofrecieron ayuda a los miles de vecinos que resultaron damnificados.

Abejas reinas y abejas obreras surgidas de la nada. Líderes espontáneos y voluntarios serviciales. Extrañas escenas en las que un joven veinteañero enfundado en jeans gastados dirigía con gritos aplomados a una docena de hombres maduros de traje y corbata; la anciana empeñada en dar fluidez a un cruce de calle bloqueado y los conductores atentos a sus instrucciones.

En 1985, también un 19 de septiembre, un sismo cambió la historia de la ciudad. No solo porque borró de un plumazo trazos completos del paisaje urbano, también porque, frente a la incapacidad de autoridades absolutamente desbordadas, surgió una sociedad civil dispuesta a rescatar a sus sobrevivientes así fuera con las uñas. A lo largo de las siguientes décadas los recuerdos de aquellas jornadas apocalípticas se convirtieron en leyendas urbanas. Un apocalipsis que no invocó el saqueo o la expoliación desesperada de unos sobre otros, sino la solidaridad más absoluta.

32 años más tarde el cuerpo recuerda; las primeras sacudidas del sismo producen palpitaciones en todos; las últimas echan a andar la generosidad y la entrega incondicional de muchos. El alma también recuerda.

@jorgezepedap

El País
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México
Jueves 21 de septiembre de 2017.


René Delgado

Prohibidos los animales en el circo, hoy los reyes de las pistas son los políticos. Uniformados de payasos, luego luego sacan la risa, aunque más tarde meten el miedo.

Producto de pactos y errores cometidos con antelación y de conjunto, la troupe ahora concursa por diferenciarse a partir de una divisa absurda: a ver quién convierte el disparate en acierto indubitable. ¡Qué competencia! Cambian de roles y disfraces en graciosa lucha por conquistar al respetable electorado que mira con curiosidad, no exenta de azoro, cómo juegan con fuego y sonríen frente al desastre. Pero, hombre, así es ahora la política: arte de sacar de la chistera un tinaco, una despensa, un plástico o una puntada inolvidable.

¡Viva México! Sí, pero sobre todo los políticos capaces de carcajearse ante la calamidad, cualquiera que ésta sea.

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¡Ah! ¡Qué pléyade de standuperos ha germinado en el vivero tricolor!

Qué Cirque du Soleil, qué Ringling Brothers ni qué nada. ¡La carpa instalada en Insurgentes Norte esquina con Los Pinos es reserva natural del más grande espectáculo!

Ahí está el nuevo Resortes, haciendo actos de contorsionismo político. También el primer priista que, en aparente falta de dominio de la conjugación de los verbos, confunde el futuro con el pasado y asombra asaz con la oferta de no regresar a donde quieren llevarnos.

Junto con ellos, el pastor de los senadores tricolores, garantía de solaz esparcimiento. Le asesta pastelazo tras pastelazo a su colega tricolor en la Cámara de Diputados, le roba su lugar al administrador del partidazo y, en el colmo de su insuperable sketch, organiza una votación al más puro estilo tricolor, estableciendo restricciones: en la boleta sólo anota los nombres indicados, según esto, dictados desde lo más alto de las alturas. De risa loca, la consulta a los padres de la patria.

A su vez, el gerente del partido se distingue de más en más por su progreso en el manejo del discurso a manera de tolete idiológico (no ideológico, idiológico). Lo de él no son los conceptos, sino los adjetivos. Sal y gas pimienta les pone a sus palabras.

No sólo ellos son los reyes. Hay más. Ahí está el alumno destacado del laboratorio de prácticas profesionales, el Instituto Matías Romero, siempre volando y ensayando algún nuevo dislate diplomático. Qué ingenio el suyo, ojalá Donald Trump reconociera el empeño de ese dreamer mexicano. Y ni qué decir de ese gran, pero gran artista de la pista o el paso exprés, el secretario de Comunicaciones y Transportes, el hombre bala, el funcionario misil catapultado contra el socavón sin enterrarse. ¡Qué temple y qué cachaza! De rechupete el numerito, de donde siempre sale ileso. Debería hacer dueto con el secretario en Desarrollo.

Lo importante, como quiera, es el elenco en su conjunto, desfile de saltimbanquis, pasarela de estadistas clandestinos ofreciendo show y ayuda sobre las ruinas de Oaxaca y Chiapas... no las prehispánicas, sino las más recientes. Y qué cosa oírlos pronunciar aquella fantástica divisa revolucionaria que, refraseada por ellos, dice: "Patria o suerte: ¡ganaremos!".

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Los de enfrente -perdón, los del Frente- tampoco cantan mal las rancheras.

Ahí está El Niño Maravilla que de los viejos lobos tricolores de mar ha hecho un espectáculo de focas. Un afortunado muchacho que encontró en la ex lideresa de las aeromozas y Chucho El Roto a los compañeros ideales para montar el musical: Amor en el Aire o el Vacío. El tiburón joven enamorado de la rémora con dotes de sirena, apadrinados por ese gran estratega y pescador veracruzano, el hombre naranja de hace algunos años, que alerta del fin del régimen sin tener muy claro si hay otro.

Venga la melé de doctrinas y ocurrencias metiendo al centro la muy bien recibida idea ciudadana, bátanse en la licuadora los ingredientes a partir de la receta de echar atrás lo pactado y a disfrutarlo, acompañado del enorme pastel con fecha de caducidad homologada en julio del año entrante. Hay betún, harina y cerezas, rebanadas y migajas para todos... así que no hay por qué pelearse, sí por qué aliarse. ¡Vivan la hoz y el crucifijo, el rosario y el martillo, brille el yunque bajo los rayos del sol azteca! ¡Qué puesta en escena tan colosal y en tan corto tiempo! Ni caso ponerse a deshojar la margarita, ese botón vino sin pétalos.

De quienes hay que cuidarse es de los cinco chiflados que, en un golpe de magia, se cambian de camiseta al centro de la pista y juran traer la misma ropa. Numerazo el de los corderos disfrazados de lobos hambrientos, pero pastoreados.

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Y, claro, concentrando la luz de los reflectores en la pista principal, el gran fenómeno, el político que cruza los pantanos sin mancharse y los desiertos sin tomar agua.

El líder carismático ocupado ahora en aclarar afuera que no es lo que se piensa, pero la aclaración confunde a sus interlocutores. El tragafuegos que jura no comer lumbre. El foco de atracción al que se acercan los mejores y los peores. El hombre sin barbas qué remojar ni cola que le pisen.

El político que repudia el dedazo, pero no el dedito y aborrece, a veces sí y a veces no, las encuestas.
 
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 Mención aparte merece también la rutina en entreactos del gobernador y candidato independiente. Denle licencia, pónganle redes. No gobierna, no es independiente, tampoco bronco ni candidato, pero se esmera en crear la ilusión.

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Qué de gritos, qué de apachurros. Qué risa y qué miedo. El circo de la República ya da de qué hablar sin abrir la temporada. Ojalá no retiemble más en su centro la Tierra y tampoco llueva porque, ahora sí, está claro: el interés superior de la nación es inferior al de la elección.

Siga el desfile, venga la pasarela... así sea sobre las ruinas.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Domingo 17 de septiembre de 2017.


Raymundo Riva Palacio

Las redes sociales transformaron brutalmente la comunicación y la política en el mundo. Facebook logró que la gente se conectara con la política como nunca antes, y que los estrategas de campañas electorales pudieran diseñar modelos para atacar quirúrgicamente grupos para atraer su voto. “Facebook”, escribió la autora de best-sellers Traci Andrighetti, “ha alterado profundamente los procesos políticos no sólo en Estados Unidos sino en el mundo”. Facebook es la arena pública donde los políticos se promueven. Facebook construye cadenas de personas, mientras Twitter, otra de las monstruosas redes sociales, arma cadenas de ideas y temas en 140 caracteres, que se disparan con la velocidad como se escriben. La brevedad requiere ordenamiento mental sintáctico, pero la rapidez pone a prueba la razón. Produce, señalan provocadora e incendiariamente los expertos, una idiotez colectiva.

Evan Williams es el último, pero el más radical, de los beligerantes. Es uno de los fundadores de Twitter y hoy en día uno de los empresarios más temerarios de Silicon Valley. Este miércoles le dio una entrevista al programa “Today” de la cadena 4 de radio de la BBC de Londres, donde señaló cómo el ecosistema de los medios se basa en pequeños lapsos de atención que hacen al mundo más estúpido. “Este ecosistema está apoyado y florece a partir de la atención que se le da. Punto. Y esto es lo que nos hace más tontos y no más listos”, agregó. “Donald Trump es el síntoma de esto”.

La elección de Trump como presidente, dijo, demostró cómo el mayor uso de las plataformas de las redes sociales está embruteciendo a todos, por la forma como se disemina, se usa, se consume y se procesa lo que ahí se afirma. Pero no hay que confundirse. “El mayor problema no es si Donald Trump usó Twitter para ser electo, aunque él lo diga así”, añadió Williams. “Es la calidad de la información que consumimos lo que está reforzando creencias peligrosas y aislando a la gente, limitándola para no tener una mentalidad abierta y un respeto por la verdad”. Como todas las plataformas digitales, como antes los medios convencionales, no son las herramientas y los vehículos perversos o irresponsables, sino quienes así las utilizan.

“Twitter no es lo peor de lo que existe”, dijo Williams, “son los medios impulsados por la publicidad que revuelven cosas minuto a minuto donde su única medida es si alguien le da un click o no. Por tanto, citar los tweets de Trump, o la última estupidez que dice cualquier candidato político o cualquier persona, es una forma efectiva de explotar los instintos básicos de la gente. Esto está atontando a todo el mundo”. Se aprovechan de ello los mercenarios del periodismo, quienes inventan episodios que saben que son mentiras, o presumen de repudiar los controles editoriales de los medios de comunicación, porque para sus plataformas matar una persona no es importante, porque la pueden revivir en cualquier momento y volverla a matar y revivir, porque florecen en la estimulación de las emociones,  de avivar las pasiones, difamar sin rendición de cuentas y cobrar por los clicks. Son exitosos, pero perniciosos.

Es la lucha del momento. “Se necesita información en la que podamos creer, que significa que no tiene que ser financiada únicamente por la publicidad, porque eso distorsiona todo”, indicó Williams. “Una de mis más grandes enseñanzas durante las dos últimas décadas es que el acceso a la información solamente, no nos hace más listos. Las noticias falsas son sólo una parte del problema. Otra es la calidad y la profundidad de la información. ¿Está actualmente construyendo nuestro entendimiento o profundizando nuestra comprensión del mundo, o sólo es ruido?”.

Hay una parte maravillosa de las redes sociales, que convierten a cada persona en guardián contra los abusos y en freno importante a la impunidad. Pero abundan los abusos, proyectados como un Armagedón en una reciente película de Tom Hanks y Emma Watson, “The Circle”, sobre cómo el puritanismo maniqueo de la transparencia, sin control ni filtros, puede transformar a una sociedad y convertirla en una actora permanente de una realidad que no existe. En las redes sociales, en efecto, hay mucho ruido como sostiene Williams, que explica de esa manera todo el volumen de información que no sirve ni tiene valor alguno.

Se recurre de manera preponderante a Twitter para hacer todo ese ruido, la red que oscila entre la velocidad para transmitir información de utilidad, provista en su mayor parte por testigos presenciales y responsables de hechos o por medios de información, y lo que el cronista deportivo español Santiago Segurola describió alguna vez en un breve texto, como una “cantina de borrachos”. Hay mucha violencia en las redes y poca información. En Estados Unidos, de acuerdo con el Pew Research Center, el 40% de las personas son agredidas en Twitter, donde se privilegia un discurso ramplón y violento. México es considerado por la Unión Europea como una de las tres naciones donde más agresividad hay en las redes sociales. Y Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, afirma que el 40% aproximado de todas las cuentas de Twitter en México, son utilizadas para atacar.

Bill Keller, cuando aún era director ejecutivo en The New York Times,  escribió en 2011 “La Trampa de Twitter”, donde, como conclusión, recordó a la escritora Meg Woitzer, que recién acababa de publicar “The Uncopling”, y que describía a los jóvenes de esos años como “la generación que tenía información, pero sin contexto. Mantequilla, pero sin pan. Antojo, pero sin anhelo”. Qué tanta razón tenía.

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Eje Central
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Domingo 17 septiembre de 2017.


Raymundo Riva Palacio

En las comunidades indígenas en Oaxaca y Chiapas la nostalgia no existe. Se vive y se muere el mismo día. Pese a esa realidad, el sismo de 8.2 grados en la escala de Richter del jueves pasado expuso la vulnerabilidad a cielo abierto de quienes no tenían nada y aun así, perdieron lo único de lo que eran dueños: la tranquilidad para dormir. Las categorías para entender desde las ciudades lo que este sismo significó para miles de indígenas en el Sur mexicano, están caducas. ¿Cómo podrían explicar que, en Reforma de Pineda, en la frontera de Oaxaca con Chiapas, los hornos donde preparan las tortillas y los totopos, es el equivalente a vivir o morir? Cuando los temblores los aplastaron, la población se quedó inerme: sin tortillas, no tendrán ningún ingreso; sin totopos, perdieron su alimento.

Ante dramas con dobleces tan primarios, los discursos sobre las políticas públicas que dicen funcionarios federales se van a poner en marcha para la recuperación de esas comunidades trazan la brecha que existe en dos realidades que conviven sin mirarse, y que sólo se cruzan cuando hay tragedias. En Reforma de Pineda, reportó el corresponsal de Eje Central Jair Ávalos, se cayó el 76% de las casas. Pero también la alcaldía, el mercado, la estación del ferrocarril por donde pasa La Bestia, el DIF y el auditorio. Los casi tres mil habitantes que se quedaron sin techo, se fueron al campo de futbol municipal, cuyas maltrechas gradas se convirtieron en albergue. Poca ayuda les ha llegado, como a Santa María Xadani, a 20 minutos de Juchitán, que se reinventa con el trabajo de sus habitantes pero, observó Ávalos, la falta de comida y la escasez de agua agudiza su sobrevivencia. “Ya no hay nada más que pueda caerse —agregó—, pero el miedo inunda las calles de este pueblo que todavía la semana pasada sentía el calor de los hornos y olía a tlayudas y pescado”.

En esas regiones del Sur mexicano quedó demostrado que los pobres pueden ser todavía más pobres, y perder hasta lo que nada tenían. Chiapas es el Estado más pobre del país, con 80% de personas que viven en condiciones de marginación, y Oaxaca es el tercero más desamparado, con el 63% de su población menesterosa. El Índice GLAC tiene a Oaxaca y Chiapas en el sótano de su ranking de falta de bienestar y de riesgos sociales e inestabilidad. Los dos, agobiados por la corrupción de sus ex gobernadores, enfrentan altos niveles de pobreza y marginación, que ante la mala calidad de vida, un brote social de inconformidad está latente. Ambos estados se encuentran en los últimos lugares de estabilidad, en situación cotidiana que se encuentra en países en guerra como Pakistán y Somalia.

Esa realidad ya existía antes de los sismos. Después de ellos, las condiciones van a empeorar de una manera acelerada. No hay forma que la asistencia a todas las comunidades afectadas llegue con la celeridad como exige la angustia de las víctimas. La tensión va a crecer conforme avancen los días sin resultados tangibles de mejoramiento que los pudiera llevar al precario bienestar en el que se habían acostumbrado —pero no necesariamente resignado— a vivir. Funcionarios estatales y federales han comenzado a experimentar la inconformidad. El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, camina todos los días por las zonas afectadas con la cabeza gacha, sin mostrar control sobre la información. Los protocolos estatales para casos de desastre no funcionaron. No hay prácticamente policías municipales atendiendo a las víctimas y trabajando en las operaciones de rescate, porque se encuentran ellos mismos rescatando a sus familiares y viendo qué van a hacer. La seguridad en las comunidades que no están bajo la mirada de las cámaras de televisión la han tomado los propios pobladores para evitar saqueos y actos de rapiña. Al secretario de Educación, Aurelio Nuño, lo increparon bruscamente el martes en Juchitán, por el colapso de 400 escuelas en ese Estado que, de sí, ha visto que sus niños tienen un rezago educativo de casi una generación.

Entonces, ¿políticas públicas eficientes para dos estados que han sido tirados a la basura por quienes más tienen? ¿Podrá un nuevo diseño institucional reponer el rezago por el abandono mexicano de mexicanos que se remonta a generaciones? No será algo inútil, pero no hay que abrigar mucha esperanza en las condiciones actuales. Recordemos el ambicioso plan del Presidente Enrique Peña Nieto sobre Zonas Económicas Especiales con un paquete de incentivos fiscales para las empresas que invirtieran en el Sur mexicano, que se ha quedado como un gran proyecto donde el interés por conectar al México del Sur con el del Centro y el Norte, se detuvo en un sueño alterado por la frustración.

Nadie, salvo el gobierno, está dispuesto a meter dinero en Chiapas y Oaxaca. Nadie en México, fuera del gobierno, está dispuesto a ir al rescate de toda esa región cuya pobreza insulta y lastima. No hay que engañarse. La salvación de esa franja del país, que no será en menos de 30 años —la diferencia de bienestar con el Norte de México—, no pasa por un nuevo diseño de políticas públicas, salvo que este sea una especie de Plan Marshall, no para aliviar sus problemas de manera efímera o para que una vez pasada la emergencia, vuelvan a ser olvidados. Hay que reconstruir esa región y volverla a pegar al resto del país. Chiapas y Oaxaca, aunque no los veamos, también son México.

Eje Central
Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
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Jueves 14 de septiembre de 2017.


René Delgado

Pueden tomarse precauciones, prever posibles daños y recomendar conductas, pero no más: escapa aun a la voluntad humana, sobre todo a la científica, el control del poder de la naturaleza. No así, el control de la naturaleza del poder. Ahí, sí se pueden tomar decisiones, emprender acciones y asumir conductas antes, no después del desastre. Está en la voluntad, sobre todo en la política, someter y acotar a las fuerzas del poder.

No es lo mismo el poder de la naturaleza que la naturaleza del poder.

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Vale el parangón. Si bien era imposible conjurar el temblor de antenoche generado por el poder de la naturaleza en poco más de tres minutos, sí era posible conjurar el cimbramiento del Congreso de la Unión provocado a todo lo largo de la semana por la naturaleza del poder.

Las dirigencias políticas y parlamentarias de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional se lavan y frotan las manos frente a la crisis constitucional provocada voluntariamente por ellos en el Congreso de la Unión. Calculan quién sacó más raja del error, en vez de reparar en su incapacidad o perversión política. Ambas dirigencias humillaron al Poder Legislativo. Unos instando al Poder Judicial, otros rogándole al Ejecutivo meter la mano. Judicialización y presidencialismo de la política, supuestamente abominados por ambos.

¿Qué pretenden, tirar el tablero antes de empezar el juego? ¿Usar como ariete electoral, instituciones y asuntos públicos o lo que sea en pos del poder? ¿Hacer de la elección, eliminación? ¿Convertir los comicios en ruleta rusa ciudadana? Si así arranca la disputa, la naturaleza de esa lucha provocará una catástrofe. El país ya lo ha sufrido.

Una cosa es erguirse ante una calamidad desatada por la naturaleza, otra tropezarse de nuevo frente a una catástrofe provocada por la política.
 
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Es difícil dilucidar si la crisis salvada a partir del ardid de parar el reloj parlamentario es o era, por un lado, el afán priista de convertir en automático al procurador en fiscal o, por el otro, tender una cortina de humo sobre la fortuna familiar del dirigente panista y el uso personal del partido. Se puede parar el reloj, no el tiempo.

Lo uno o lo otro perfiló como telón de fondo la disputa por el poder presidencial y la ausencia de escrúpulos en la gana de retenerlo o recuperarlo. La naturaleza del poder sembró un huracán político.

La insolencia priista de meterle la mano al PAN y ahondar su posible fractura, operada por Emilio Gamboa en el Senado con apoyo en la pandilla encabezada por Ernesto Cordero, y el propósito de socavar la autoridad de Ricardo Anaya, armado por Enrique Ochoa desde el PRI a partir del vituperio, tuvieron por respuesta la parálisis de la Cámara de Diputados, instrumentada por el dirigente panista en cooperacha con los restos del perredismo.

Si al inicio del sexenio esas tres fuerzas pactaron hacer fortaleza de su debilidad, al cierre del sexenio están dispuestas a romper y fracturar, aun cuando no hayan conseguido recuperarse del todo ni consolidar su fuerza propia o construir un liderazgo en serio. El priismo no conquistó el gobierno, ni restauró el presidencialismo; el panismo en vías de recuperación, pero -aún convaleciente- ahondó su pugna interna; y el perredismo hizo del naufragio su hábitat, de sus posiciones y posturas, un negocio a plazo e interés fijo; y de la alianza con el panismo, un salvavidas.

Las tres fuerzas que pactaron hacer de la política materia cupular de transa y reparto proporcional de cuotas, hoy lamentan no haber pensado y legislado bien las reformas impulsadas con su voto, cuyos beneficios y perjuicios, efectos y defectos, comienzan a sentirse.

Se les fue el punto en el tejido y se enredaron. Hoy, no les importa romper la chambrita.

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Es evidente que al PRI y a Morena les conviene dispersar el voto, no reconcentrarlo en tres frentes o alianzas.

Al priismo, en particular, el tercer frente de panistas, perredistas y la movida ciudadana le rompe la estrategia y el modelo aplicado en el Edomex. Los tricolores entienden la divisa divide y vencerás como una profecía. No advierten que un mal cálculo estratégico en la posibilidad y los recursos puede terminar por agotar y aniquilar el esfuerzo, en vez de coronarlo. Dividir o polarizar sin gobernar puede quebrar instituciones, frágiles de por sí.

Es obvio que a la dirección panista le conviene correr por los carriles de la candidatura propia y la frentista, si implica vulnerar al adversario interno, prorrogar la postulación del abanderado y conservar el mando del partido. Y es obvio que las tribus perredistas hegemónicas requieren aliarse a la izquierda de la derecha, así sea título de apéndice, por instinto de sobrevivencia.

Si en esos afanes los partidos van a echar mano de cuanto sea para acomodar sus intereses, más valdría declarar una moratoria legislativa y parlamentaria y sólo sacar los asuntos imprescindibles. Después de las elecciones podría abordarse con mayor perspectiva lo no perentorio y sí importante.

Los partidos ex pactistas ya dejaron ver que el interés superior de la nación es inferior al interés electoral de los partidos. Si antes sonreían entre sí y se afilaban las uñas, ahora muestran las garras. Cuidado.

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Sectores y grupos activos de la sociedad deben someter a control la naturaleza del poder, evitando ser vencidos en vez de convencidos.

En temporada de huracanes sembrados por el sobrecalentamiento global y temblores generados por el poder de la naturaleza, los partidos andan con la tentación de recalentar el ambiente nacional y dinamitar, a causa de la naturaleza del poder, lo construido.

Una cosa es que se caiga sin querer un edificio, otra tirarlo adrede.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 9 de septiembre de 2017.


Jorge Zepeda Patterson

López Obrador es el más beneficiado con la unión del PAN y el PRD aunque no lo acepte

No habrá luna de miel ni noche de bodas. Nadie mostrará las sábanas manchadas de sangre al día siguiente presumiendo de la virginidad recién sacrificada. En el matrimonio que acaban de contraer públicamente el PAN, el PRD y el Movimiento Ciudadano para acudir con candidatos únicos a las elecciones de 2018 hay muy poco amor, escaso respeto y ninguna inocencia. Eso sí, es una unión en la que confluyen muchas ambiciones y no menos intereses, aunque bien a bien nadie, salvo las dirigencias de los partidos firmantes, tiene claro quién saldrá beneficiado.

Desde luego que no serán los militantes de estas organizaciones quienes resulten favorecidos. Los simpatizantes de uno y otro partido tendrán que hacer acrobacias para imaginar un programa de campaña que recoja los ideales de derecha del PAN (preponderancia de la iniciativa privada, disminución del peso del Estado, énfasis en la organización social basada en la familia tradicional, educación privada, cercanía con la Iglesia) con las reivindicaciones del PRD, un partido surgido de diversas corrientes históricas de izquierda de las últimas décadas, con agendas en muchos sentidos diametralmente opuestas a las de su ahora consorte (preponderancia del Estado como agente de regulación y de redistribución social, laicismo en la vida pública y en la educación pública y privada, defensa de los nuevos derechos en materia sexual y familiar).

Este nuevo frente electoral sufrirá para encontrar un candidato común, pero eso será un problema menor comparado con el desafío de diseñar un programa de Gobierno con un mínimo de seriedad. En última instancia, se supone que un ciudadano no vota por una cara, sino por el tipo de Gobierno que desea.

Si la elección del Estado de México fue un laboratorio de lo que sucedería en la elección presidencial un año más tarde, el frente anunciado por el PAN y el PRD le acaba de dar al traste a dicho laboratorio.

Y si los militantes están descontentos con esta fusión imposible, el Gobierno de Peña Nieto está confundido. El mejor recurso del PRI para retener el poder en las elecciones de 2018 consiste en fragmentar el voto. No hay manera de producir un candidato propio capaz de competir con el temido y satanizado Andrés Manuel López Obrador, líder en todas las encuestas. La única opción del partido en el poder consiste entonces en apostar a sus clientelas rurales y a su voto corporativo para alcanzar un empeñoso 30% y confiar en que la profusión de candidatos termine diseminando el 70% antipriista en una multitud de opciones. Con una lógica similar, este partido pudo conservar la gubernatura en el Estado de México con apenas el 31% de la votación, gracias a sus aliados y a que el candidato de López Obrador (Delfina Gómez) perdió votos a manos de los abanderados del PRD y del PAN.

Si la elección del Estado de México fue un laboratorio de lo que sucedería en la elección presidencial un año más tarde, el frente anunciado por el PAN y el PRD le acaba de dar al traste a dicho laboratorio. Peor aún, la alianza podría mandar al PRI incluso a un humillante tercer lugar, como sucedió en 2000 y 2006.

Una y otra vez, Andrés Manuel López Obrador ha acusado de traición al PRD por renunciar a sus banderas de izquierda al fundirse en una alianza de conveniencia y contra natura. Es una acusación que se nutre de la indignación. Pero, pensándolo bien, es un hecho que lo favorece. Y mucho.
Difícilmente el PRD logrará imponer su candidato al PAN, un partido infinitamente más poderoso. La dirigencia perredista se conformará con vender cara su entrega y obtener una porción generosa de candidatos para las Cámaras. Esto significa que López Obrador no tendrá que competir en la boleta electoral con un candidato supuestamente de izquierda, alguien que pudiera dividir el voto, como sí sucedió en el Edomex. En aquella entidad, Juan Zepeda, el candidato del PRD, obtuvo el 18% y este desprendimiento provocó que la otra candidata de izquierda, Delfina Gómez, de Morena, no se convirtiera en gobernadora.

Margarita Zavala o Ricardo Anaya, los panistas con más posibilidades de quedarse con la candidatura del nuevo frente, difícilmente podrían aspirar a convocar una porción significativa de los votantes progresistas del mercado electoral. Algo que dejaría al candidato de Morena como única alternativa de izquierda.

En suma, un matrimonio polémico que deja malquerencias a diestra y siniestra: a los militantes de los partidos involucrados, al PRI y al Gobierno, que pierden una posibilidad para fragmentar el voto. El más beneficiado es López Obrador, aunque él prefiera no aceptarlo.

@jorgezepedap

El País
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México
Sábado 9 de septiembre de 2017.

Sergio Aguayo

Criticar con fundamento al Instituto Nacional Electoral (INE) y a los partidos es una manera de defender la democracia. Sobre todo cuando es tan obvia su indiferencia hacia el dinero ilegal en las elecciones.

Si los fondos públicos gastados en elecciones son excesivos, los ilegales son escandalosos. En 2018 los partidos recibirán 12 mil 688 millones de pesos de financiamientos federales y locales. Luego está lo aportado ilegalmente por gobiernos, empresarios y criminales. He conversado con candidatos de todos los estamentos y en privado reconocen los excesos; dependiendo de la contienda, estiman que rebasan entre dos y cinco veces los topes de campaña. Con estos criterios, los candidatos gastarán en el próximo ciclo electoral entre 38 y 63.5 mil millones de pesos.

Partidos e INE le sacan la vuelta a tan incómodo tema. Revisemos con este enfoque la tragedia de Ayotzinapa. Un empresario ligado al crimen organizado, José Luis Abarca, llegó a la presidencia de Iguala, Guerrero, con las siglas del PRD, un partido donde todo se vale en la pelea por los cargos. El 19 de enero de 2015, El Financiero informó que Abarca doblegó a las tribus perredistas con una fórmula infalible: entregó dos millones de pesos al entonces presidente del PRD, Jesús Zambrano, quien lo negó. Como al Partido Verde le interesa todo aquello que huela a dinero metió una queja contra el PRD en el INE; el Consejo General del INE la rechazó argumentando que según "los artículos 34, numeral 2 y 47, numeral 2" correspondía al PRD resolver la presunta transferencia.

Mientras tanto, una Comisión Especial del PRD investigaba el hecho y en mayo de 2015 sacó su informe. Sin ser "miembro ni simpatizante" del PRD, Abarca se ganó la buena voluntad de los líderes perredistas inyectando dinero a las campañas. Por ejemplo, apoyó la del entonces gobernador Ángel Aguirre Rivero con "5 000 playeras y 7 000 gorras". También supimos que fue un candidato sin programa (un líder perredista reconoció que "de lo que menos hablas con los candidatos es de su plan de gobierno") y que él "costeó totalmente la campaña". Ni el PRD ni el INE investigaron esas afirmaciones que se quedaron para el anecdotario del cinismo.

Los escándalos por dinero ilegal han seguido sin que se inquieten partidos e INE. Entre enero de 2016 y lo que va de 2017 el INE ha organizado 29 eventos públicos. En ellos han debatido el perfeccionamiento de las encuestas, el estado de la democracia latinoamericana y las bondades de la educación cívica. También homenajearon durante tres días a don Jesús Reyes Heroles y hasta promovieron una "rodada por la democracia" que recorrió partes de la capital. En ninguna conferencia, cabalgata, coloquio, ayuno, jornada de meditación o conversatorio se abordó el dinero ilegal en las campañas.

La democracia electoral yace en el lodazal de la compra del voto pobre, del mercadeo de candidaturas y del asalto de los poderes fácticos (en particular el crimen organizado) a los gobiernos electos. Ello ha provocado el surgimiento de una corriente crítica contra el INE, éste responde por lo general con indiferencia y con una que otra virulencia. A excepción de la consejera Pamela San Martín, es un órgano sin autocrítica que se refugia en las partes sanas de los comicios.

El viernes empieza un ciclo electoral turbulento y el INE llega debilitado por sus tibiezas y omisiones. Sus críticos no somos "canallas" ni tenemos "intenciones aviesas". El INE lo construimos muchos y el país está pagando flaquezas. En este marco, es saludable el anuncio hecho el 18 de agosto por el presidente de la institución, Lorenzo Córdova: el INE convocará una discusión sobre el financiamiento a partidos y elecciones. Pedro Kumamoto demostró en Jalisco que hay opciones.

La discusión debe incorporar el dinero ilegal e involucrar a universidades e instituciones como Fundar, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y México Evalúa. Mencionarlo, discutirlo, denunciarlo forzará su inclusión en la agenda nacional y en los puntos a revisar por las misiones de observación electoral que está preparando la comunidad internacional. Es inaceptable cerrar los ojos ante un hecho: el dinero legal e ilegal es el cáncer de la democracia mexicana.

Reforma
Sergio Aguayo
@sergioaguayo
Ciudad de México
Miércoles 6 de septiembre de 2017.

Raymundo Riva Palacio   

1ER. TIEMPO: Morir a periodicazos. Un par de buenos trabajos periodísticos en El Universal, dejaron turulato, como pugilista, a Ricardo Anaya. Le encontraron que a la par que iba ascendiendo dentro del gobierno de Querétaro, cuando era un joven veinteañero, junto con su familia política fue aprovechando expropiaciones para ir armando un jugoso negocio de bienes raíces –comprar barato y vender caro- que al paso de tres lustros les había permitido acumular una fortuna de más de 300 millones de pesos. Anaya dijo que era mentira todo lo publicado, pero no siguió abonando en su defensa. Buscó que empresarios queretanos hablaran por él y su suegro, los objetivos centrales de El Universal, pero la prensa le hizo poco eco. El equipo de comunicación del líder nacional del PAN corrió a los medios para conseguirle espacios para su defensa política, pero recibieron de manera sistemática una respuesta negativa. A los medios no les interesó hablar con Anaya y dejar que siguiera defendiéndose en unos cuantos espacios que se mantuvieron abiertos. La explicación es bastante simple. Durante toda su gestión como líder del PAN, Anaya siempre despreció al grueso de los medios y a los comunicadores. Sólo daba entrevistas en muy pocos espacios y únicamente cuando a él le interesaba hablar por una coyuntura específica. Ni siquiera a aquellos que eran privilegiados con su presencia, trató con profesionalismo. Siempre era lo que a él le interesaba; nunca el interés de la prensa por obtener su posición en momentos donde escucharlo, verlo y leerlo era importante al debate público. La mayoría, que no eran dignos de su voz y pensamiento, el desdén fue la norma. Parafraseando a Ricardo Salinas, presidente de Grupo Azteca, los políticos se olvidan que cuando ellos terminan de estar en la palestra, los medios permanecen. Anaya nunca debe haber escuchado la frase de Salinas, que es una verdad histórica para aquellos políticos que la hacen a un lado. Anaya, que oscila rápidamente entre lo temeroso, nervioso e histérico, no encuentra quien le abra la puerta. Justicia poética. Al joven petulante se le trata con el mismo rasero. A muy pocos en los medios les importa su suerte. Apesta el líder del PAN desde hace rato, aunque no se haya dado cuenta.

SELLO 66    2

2DO. TIEMPO: ¡Es complot, Jacobo, es complot! ¿Es posible que el gobierno federal, como acusa Ricardo Anaya, se encuentre detrás de las publicaciones de El Universal sobre la fortuna acumulada de él y su familia en sintonía con sus cargos en el gobierno de Querétaro y la política nacional? Sí es posible. La reciente historia de los videos de Eva Cadena para lastimar a Andrés Manuel López Obrador y la candidata al gobierno del estado de México, Delfina Gómez con sospechas de corrupción o los chats de Kate del Castillo y Joaquín El Chapo Guzmán para apuntalar mediáticamente el caso contra la actriz, permite elaborar un argumento en ese sentido. Pero no basta un complot como grita el presidente del PAN. Si fuera una simple conspiración, ya se habría caído ante la falta de sustancia que pruebe su dicho. Para que haya sido tan sólido el golpe que le dio El Universal a través de sus investigaciones, es porque su trabajo debe tener muchas bases para haberlo descolocado. Gritón, casi llorando, como lo describió el presidente del PRI, Enrique Ochoa, el dirigente panista enfiló sus críticas y denuncias a El Universal, que bien hizo en responderle con más revelaciones sobre su extraña riqueza —no porque no pueda ser un precoz genio de los negocios, sino por la opaca forma como la amasó— y empezó a insultar a todos los priistas e insistir que era el gobierno federal quien había utilizado a El Universal para lastimarlo, porque era la forma como respondía a su interés por evitar el pase automático del procurador general a fiscal general. Anaya miente. La ley que permite ese pase automático fue aprobada por la Cámara de Diputados, cuando él fue uno de los diputados a quien no sólo le pareció bien el fraseo del artículo, sino la suscribió. Nunca fue un opositor del diseño institucional, sino que lo avaló. Eso no debe ser el fondo de las cosas. Anaya estaba desenfrenado hasta que hace unos días el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong lo paró en seco: en lugar de andar buscando culpable, que ofrezca explicaciones. El líder del PAN dejó de comer lumbre, pero un poco tarde. El tiro de gracia político se lo dio el PRI al terminar la semana, cuando impulsó como presidente del Senado, un cargo que iba a ostentar, a Ernesto Cordero, quizás el panista más ubicado en las antípodas de Anaya. Si quería jugar en las ligas mayores, debió entrenar para evitar que lo ponchen todos los días.

3ER. TIEMPO: Le cobraron las facturas. ¿Por qué el presidente Enrique Peña Nieto querría atacar a Ricardo Anaya? ¿Por qué el gobierno federal querría atacarlo? ¿Quién le quiere cobrar facturas políticas al dirigente nacional del PAN? ¿Por qué? Quizás, puede uno pensar que por las mismas razones que quisieran cobrarle cuentas tanto su inventor en la política, Rafael Moreno Valle, su gran impulsor dentro del PAN, Gustavo Madero o panistas de todo tipo como el gobernador de Querétaro, la tierra de Anaya, Francisco Domínguez: por mentiroso y por traidor. Hace no mucho un periodista le preguntó a Margarita Zavala si alguna vez la había traicionado Anaya. Respondió que no, pero con una acotación: “Es que nunca he tratado nada con él”. Ese es el problema creciente con Anaya, que cada vez es reconocido como alguien en quien no se puede confiar porque acuerdo que concreta, acuerdo que traiciona. Al final de las elecciones en el estado de México, el propio presidente Peña Nieto llegó a comentar a sus interlocutores que Anaya le había mentido y que acuerdos a los que había llegado con él, los había incumplido. ¿Es la razón de lo publicado en El Universal? A saber. Antes de que apareciera la investigación del periódico, Anaya buscó reiteradamente una cita con el Presidente, pero nunca se la dieron. En política, lo más valioso que tiene quien la practica es la palabra y el respeto a los compromisos. Anaya juega con esos principios. No es un hombre de escrúpulos, probado está. No es un político serio, comprobado lo tienen muchos. Es mentiroso y tramposo, calificativos que en su caso se están volviendo en lugares comunes. Llora hoy por lo que El Universal le hizo. Que lo haga solo, porque así se está quedando.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 6 de septiembre de 2017.

Jesús Silva-Herzog

 "La sociedad civil no debe pasar tanto tiempo hablando de corrupción", le dijo el presidente a un grupo de empresarios en una reunión en la casa presidencial. Hablar de la corrupción distrae de lo que, a su juicio, debemos hacer los mexicanos: celebrar los logros de la administración de Enrique Peña Nieto. A uno de ellos, le reprochó directamente el activismo de su hijo, promotor de una organización empeñada en denunciar la corrupción. "Tu hijo debería dejar de ser tan crítico con el gobierno", le dijo, según lo reportó el New York Times en su primera plana. La recomendación sería solamente una torpeza, un gesto inapropiado si no estuviera acompañada de actos de intimidación.

Para sacar la corrupción de la conversación pública, el presidente ha tratado de hacer causa común con los empresarios por dos vías. La primera es la de la complicidad, la segunda es la de la intimidación. En primer lugar, invoca un interés compartido. El presidente llama a los empresarios a callar sus críticas para preservar las ventajas que disfrutan. Ve a los empresarios más destacados del país como los grandes beneficiarios de su gobierno y del modelo que defiende. Por eso se siente en condición de exigir ayuda. Ese es su mensaje: si los empresarios financian organizaciones críticas terminarán siendo víctimas involuntarias de su ingenuidad. Al patrocinar entidades independientes que exhiben los abusos del gobierno dan munición al político que más temen. La corrupción eso que es, a juicio del presidente, un aroma de nuestra cultura, debe permanecer oculta para impedir terremotos. Para el presidente de México, quien habla de corrupción, quien la denuncia, promueve a López Obrador. Esa posición fue la que sostuvo el presidente ante los empresarios, de acuerdo a un reportaje de Carlos Loret de Mola. Si ustedes siguen hablando de la corrupción de este gobierno se convertirán en promotores de Morena. Cállense, que les conviene.

Un gobierno que busca combatir la corrupción entendería que las organizaciones independientes son su mejor aliado. Pero el gobierno de Enrique Peña Nieto no tiene la menor intención de aprovechar la información que proveen los espacios autónomos. No le interesa atender las denuncias que brotan de organismos independientes. Sabiéndose enredado en esas redes, el gobierno federal no puede más que ver como enemigos a los profesionales que denuncian la corrupción.

Por eso pretende asfixiar financieramente a las organizaciones que le son adversas. El propio presidente busca convencer a los mecenas para que dejen de jugar a la sociedad civil. Sí es una invitación al silencio. Abandonen el activismo, dedíquense a sus empresas y dejen de hacer política. El presidente pide a los empresarios la abdicación de sus responsabilidades cívicas. Los conmina a dedicarse en exclusiva a la rentabilidad de sus empresas y a renunciar a su compromiso ciudadano.

La hostilidad gubernamental no tiene precedente en la corta historia del México pluralista. Las relaciones entre organizaciones de la sociedad civil y el gobierno pueden ser naturalmente tensas pero hasta ahora, con la restauración priista, advertimos hostigamiento. La posición presidencial no es solamente una invitación al silencio cómplice, no es simplemente un llamado a renunciar a la participación política a través de organizaciones independientes. Lo más alarmante es que se empleen las instituciones del Estado para intimidar a los críticos. Así lo ha hecho el gobierno de Enrique Peña Nieto. Hace unos meses, el vocero del Partido Verde, lo dijo abiertamente en una sesión parlamentaria: usaremos las instituciones fiscales para investigar a nuestros críticos. Así es. Cinco empresas de Claudio X González, fundador de Mexicanos contra la Corrupción, recibieron nueve auditorías... ¡el mismo día! ¿Podría ser una coincidencia que esas investigaciones se hubieran realizado en la misma fecha? Por supuesto que no. Según cálculos del propio González, la probabilidad de que sea un azar es de 0.0000000000000000000000000204%.

El retroceso democrático que hemos sufrido en este gobierno encuentra aquí dos muestras irrefutables: un discurso que alienta la abdicación de la ciudadanía y una perversión de las instituciones comunes. Corrupción por doble vía: anular el deber cívico; subordinar la ley a quien detenta el poder.

Reforma
Jesús Silva-Herzog
Ciudad de México
Lunes 4 de septiembre de 2017.


Raymundo Riva Palacio

El presidente Enrique Peña Nieto lanzó un grito al desierto. Este jueves, en la clausura de la reunión del Consejo de Seguridad Pública, abogó vehementemente por el mando único para enfrentar a la delincuencia y por el control de confianza de las policías. Pidió a los gobernadores del país a combatir a los criminales, en uno de sus últimos llamados para restaurar la seguridad en la nación. Se apoyó en un diagnóstico dramático, que subraya su gravedad porque es el mismo que el presidente Felipe Calderón tenía hace ocho años. ¿Cómo es posible que en lugar de avanzar nos hemos quedado estancados? Esto significa un retroceso. La tasa delincuencial es más alta que la que se registró en la administración anterior, y de acuerdo con un alto funcionario federal, va a empeorar. ¿Qué sucedió? Hay que regresar a 2009.

El 29 de septiembre de aquél año, en la glosa del Tercer Informe de Gobierno, el titular de la extinta Secretaría de Seguridad Pública, Genaro García Luna, explicó en el Congreso el Mando Único que impulsaba Calderón para combatir a la delincuencia, mediante el fortalecimiento institucional de las policías estatales y municipales, al tiempo de proporcionar un blindaje a los alcaldes. La situación era dramática. El 4% de los municipios no tenía policía y alrededor del 22% no tenía turnos suficientes para cubrir los horarios que se requerían. Sólo una tercera parte de los estados los tenían completos. Las deficiencias estructurales tenían que ver con baja escolaridad, paupérrimos ingresos de no más de cuatro mil pesos, y ausencia de controles de confianza.

En su discurso en el Consejo de Seguridad Pública, Peña Nieto señaló: “Las entidades, en muchos casos, no cuentan con cuerpos policiacos suficientemente sólidos y confiables. En el caso de los municipios, muchos ni siquiera han desarrollado sus propias corporaciones. Únicamente 14 de las 32 entidades tienen cuerpos policiales en todos sus municipios; y en la gran mayoría de donde sí las hay, el número no rebasa los 100 elementos. No sólo se trata de tener un mayor número de policías, sino de que sean más confiables y cercanos a la ciudadanía y que, además, estén debidamente profesionalizados. Se requiere de policías mejor preparados. En la actualidad, 70% tienen una escolaridad de secundaria o menos y, desde luego, falta avanzar en lograr una mejor remuneración.Aproximadamente 40% de los policías municipales percibe un sueldo base mensual inferior a cuatro mil 600 pesos”.

Es decir, problemas de 2017 son los mismos de 2009. En 2010, el presidente de la Comisión de Seguridad de la a CONAGO, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, asumió como propia la iniciativa de Calderón y García Luna y la presentó al Sistema Nacional de Seguridad Pública. Marcelo Ebrard, presidente en turno de la CONAGO, la presentó formalmente ante los gobernadores. El gobernador del estado de México, Peña Nieto, la apoyó. Pero en el tema del control de confianza, Peña Nieto se opuso a lo planteado por Calderón, señalando que quería utilizarlo como presión política, y como otros mandatarios estatales, lo sabotearon. Incluso, al presentar su reforma judicial en diciembre de 2014, recordó que el proceso de depuración y profesionalización de los cuerpos policiacos impulsado por Calderón, había fracasado.

En 2009, Calderón, que el año anterior había intentado sin éxito que avanzara una ley contra el crimen organizado que incluía provisiones extra constitucionales, como aprehensiones y cateos sin órdenes judiciales, buscó una nueva salida y respaldó la propuesta de varias organizaciones civiles, encabezadas por SOS de Alejandro Martí, para un nuevo sistema penal acusatorio. Lo que resultó de esa ley fue un adefesio aprobado en el Congreso. Por ejemplo, votaron el artículo 123 Apartado B fracción 13, que establece la remoción de su empleo a policías, fiscales y peritos conforme a la ley vigente al momento de la remoción. Es decir, la convirtió en la única ley en el mundo que se puede aplicar con retroactividad, una especie de ley en perjuicio. Ese artículo maltrata a quienes, en el artículo 21, se les mandata para investigar delitos. La contradicción nunca fue resuelta.

El examen de ingreso y permanencia de policías, fiscales y peritos se basa en el artículo 123, por lo que en la actualidad, en la vida real, si por ejemplo un detenido argumenta que fue torturado y en la captura sufrió algún jalón o golpe porque, digamos, se oponía a la aprehensión, el juez puede determinar que sí fue torturado y se le inicia una averiguación previa que lo inhabilita para permanecer en la dependencia donde trabaja. En suma, el sistema acusatorio pleno de garantías, que aprobaron los diputados bajo la dirección de varios de quienes hoy desde el gobierno federal ven sus fallas, permite utilizar un sistema inquisitivo contra quienes persiguen a delincuentes. Lo que se construyó en todo este tiempo, contra los buenos deseos de sus impulsores, creó incentivos inversos.

El resultado directo fue el incremento de los delitos del fuero común, subrayado por el presidente Peña Nieto. “Ante los retos que implica el combate a la delincuencia, no podemos bajar la guardia, ni retroceder un sólo paso”, expresó. Su declaración tiene una buena intención, pero no irá más allá. El reto es modificar las leyes, pero ante la proximidad del año electoral, no hay ni habrá voluntad política para hacerlo. Por tanto, si las cosas están mal, se pondrán peor. No es un silogismo. Los delitos seguirán incrementándose. Las muertes también. El final del sexenio ya tiene definido su color: rojo será.

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twitter: @rivapa

Eje Centra
Raymundo Riva Palacio
Viernes 1 de septiembre de 2017.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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