René Delgado

Quizá por la costumbre de someter desde el poder, la administración acepta sin mayor reparo el sometimiento ante el poder del gobierno de Estados Unidos. Sólo así se explica la actitud obsequiosa y conciliadora -dicho con suavidad- con que la administración priista atiende y recibe los insultos y las agresiones de Donald Trump y sus sheriffs.

No acaba Trump de establecer qué quiere y, sobre todo, qué puede, y la administración de acá se desvive en darle satisfacción. No acaba el hombre de sentarse y asentarse en la Oficina Oval -gobernar también es cuestión de asentaderas-, y ya se precipita la administración a negociar sus caprichos, mostrando comprensión. No acaba de integrar su equipo y fijar líneas de acción, y ya se calcula qué ofrecerle. No acaba el espontáneo de perfilar su grado de bipolaridad, y la administración ya se mueve al ritmo de su locura.

Al paso de los días, la conducta de la administración antes, durante y después de que Donald Trump asumiera el poder revela cómo venera el poder: con adoración y miedo. Imponiéndolo donde puede y doblegándose donde la somete.

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Sí, en estos últimos días, los operadores del presidente Enrique Peña Nieto han respingado ante el sometimiento, pero no se han resuelto a resistirlo.

Aceptan el muro, pero no pagarlo. Consienten reabrir el Tratado, pero no descartarlo. Toleran la deportación de nuestros paisanos y otros nacionales, pero no masiva. Admiten la criminalización de los indocumentados, pero piden no maltratarlos. Acuden allá y reciben aquí a los interlocutores, pese a los modales. Se declaran ahora orgullosos latinoamericanos, pero no dejan de mirar y anhelar el norte, pese al problema de seguridad nacional supuesto en depender de ese sólo polo. Piden la unidad ante el exterior, pero rechazan el acuerdo al interior.

Tan dados a plantarse en su postura hacia dentro del país, el mandatario y sus operadores se descuadran hacia afuera, y la duda los hace presa de sus titubeos e indecisiones, dentro y fuera. Tan dados a dar largas a la atención y solución de los problemas internos, se desbocan en resolver las intenciones de Donald Trump, aun cuando ni él las tenga claras.

Es el espectáculo del bufón que se burla de los siervos y teme no sacarle una sonrisa al rey... sin advertir que el rey va desnudo.

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Es temerario formular estos juicios a partir de lo que se alcanza a ver desde el graderío de la política, pero la administración no muestra interés en elaborar una política de información y comunicación ante la difícil circunstancia. Entre sus fracasos, el de la comunicación vulnera acelerada y brutalmente sus posibilidades.

Un ejemplo. Fuera de grabadora pero casi pidiendo publicarlo, se anuncia la petición presidencial al gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, de permanecer en el puesto hasta noviembre. Se funda la solicitud en la idea de asegurar la estabilidad económica y financiera en la complicada coyuntura pero, sin explicación cabal y oficial del giro, la decisión abona las especulaciones. Hay quienes piensan que, como siempre, se patea el bote hacia adelante, en vez de encarar el problema desde ahora y perfilar manifiestamente al responsable de reemplazar a Carstens en el Banco. En ese contexto, hay quienes ligan la postergación de esa salida con la precipitación de tener claridad en la relación con Estados Unidos hacia finales de año y, así, tener margen de maniobra electoral ante el destape de quien, al final, abandere al tricolor en la contienda por la Presidencia de la República.

En esa lógica, estos últimos consideran que al Banco se iría José Antonio Meade que, como suspirante presidencial, se achicharró con el gasolinazo y, a sustituirlo en Hacienda, el hoy director de Pemex, José Antonio González. Se verían, entonces, las posibilidades del canciller Luis Videgaray que ha hecho del error su escalera al cielo o, en su caso, las de otros gallos propios o ajenos, por no decir empanizados.

Tal desinformación obliga a considerar que, tras el supuesto afán de fijar una política de Estado frente al imperio en decadencia, la administración juega a fijar una política (electoral) de partido. Y, ahí, cobra sentido la marginación del secretario Miguel Ángel Osorio Chong en la política estatal, a fin de anular su participación en la política electoral.

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¿La administración reconoce la frontera entre la precipitada política de Estado frente al vecino del norte y la angustiada política electoral del partido que pierde día a día la posibilidad de presentar un candidato presidencial competitivo? ¿Distingue lo estatal de lo electoral?

A finales de año se sabrá si la administración, ante el interés electoral, sacrificó o defendió el interés nacional.

· No todos los Ministros son iguales
 
A raíz de la crítica hecha en el Sobreaviso anterior a "los ministros de Justicia de un país injusto (que) declinan tener el gesto solidario de reducir su exorbitante sueldo porque irían contra la ley", una fuente respetada y respetable de la Suprema Corte proporcionó esta información:
 
Los ministros no fueron consultados sobre la petición de disminuir su salario. La respuesta fue firmada por el secretario general de la Corte, por instrucciones del presidente, sin conocimiento ni consentimiento del Pleno. Los ministros se enteraron por la prensa de esta situación. Hay malestar interno por haberse respondido sin considerar a los integrantes del Pleno. Algunos ministros estarían de acuerdo en una renuncia temporal a una parte de su salario como símbolo de solidaridad y sensibilidad social. En suma, los ministros no se han pronunciado sobre el tema de sus salarios.

¿Aclarará algo el ministro presidente de la Corte, Luis María Aguilar?

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Sábado 25 Feb. 2017.

Carlos Ferreyra Carrasco

De la patochada de visita de los jerifaltes gringos a México, donde se reunieron con el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y con el de Relaciones Exteriores –en estado de aprendizaje—Luis Videgaray, me quedo con la foto de primera plana en “La Crónica” donde se aprecia a los visitantes sonrientes, satisfechos, ante un canciller con gesto obsecuente, casi servil, y un luchador asiático con las manos a los costados, la mirada fija al frente y como suele suceder con los de esas étnias, sin gesto que revele sus emociones.

Esa foto fue tomada después de las pláticas que se prolongaron hora y media más de lo previsto y donde todos detectaron contradicciones entre los enviados imperiales, Rex Tillerson, Departamento de Estado, y John Kelly, Seguridad Nacional, con las declaraciones del día de su presidente Donald Trump.

A mi entender no hubo tal contradicción. Las declaraciones de los visitantes sirven lo mismo que lo que se unta al queso. Finalmente quien decide y así lo ha hecho, es el ocupante de la Oficina Oval, esto es, quien ordenó las deportaciones masivas que aquí vienen a negar y quien involucra a toda fuerza armada para incursionar inclusive contra toda ley, si se trata de apresar supuestos infractores. A condición de que sean latinos, mexicanos de preferencia o subcontinentales en general.

John Kelly en un acceso de buen humor –no se explican en otra forma estas declaraciones—aseguró que sólo “se aplicará la ley” a quienes tengan antecedentes criminales. Todo eso, mientras las agencias internacionales repletan sus teletipos con informes sobre la detención de personas con permiso laboral, con residencia de más de veinte años con bajo permisos laborales temporales y también a quienes, legales, se pasaron un alto, escupieron en la calle o cometieron cualquier violación civil.

Trump, para que queden claras sus decisiones que además las asentó en sendos decretos, advirtió que con México habrá una buena relación “pero si no, pues no”.

Para Videgaray fue una reunión positiva en la que se acordó que tanto Estados Unidos como México asuman una responsabilidad compartida pero no estrictamente en el tema migratorio, sino en el desarrollo y la estabilidad de las naciones centroamericanas, en su opinión verdadera causa de la corriente migratoria que cruza hacia el país del norte.

El canciller es más que obvio, piensa que sólo se trata de buena voluntad. Los dos enviados de la Casa Blanca debieron divertirse grandemente con las conclusiones del canciller mexicano, alias “el aprendiz” como el programa de Trump, quien finalizó proponiendo una especie de reunión cumbre con Honduras, Guatemala y El Salvador, en la que participen Canadá y Colombia para que se responsabilicen del desarrollo de América Central.

“Es a través del desarrollo y la estabilidad como realmente pueden atenderse las causas de la migración”. Olvidó en todo su discurso fijar la posición de México sobre los migrantes mexicanos, a los que podrían sumar en estos propósitos de desarrollo y estabilidad. O de plano desconfía de las autoridades nacionales para tales planes.

Osorio Chong, con los pies más asentados en la tierra, se refirió a la obligación de que las tareas de Migración y Seguridad sean conjuntas y acordadas entre los gobiernos de los dos países. Y que los deportados sean enviados a sus países de origen y no como anunció Trump, al país desde el que llegaron. México en medio de tal desmadre, desde luego.

Además expresó su desacuerdo con las redadas y exigió respeto para los derechos humanos de los llamados indocumentados y para quienes son víctimas en este momento de detenciones abusivas, arbitrarias e ilegales.

Y a pesar de tales desencuentros, finalmente admitamos que se trató de un concierto de músicos charangueros en el que cada quien tocó una melodía que no tenía que ver con el guión original ni con la pauta que les fue entregada al inicio del diálogo. Ninguno de los participantes tiene poder de decisión, así que dejemos todo en una reunión de cuates expresando sus buenas vibras para nada…

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Puebl@Media
Carlos Ferreyra Carrasco
Ciudad de México
Viernes 24 de febrero de 2017.


El secretario de Seguridad Nacional estadounidense, John Kelly, emitió un par de memorandos insólitos el 20 de febrero. Son un plan de batalla para la “fuerza de deportación” que el presidente Trump prometió crear durante su campaña.

La razón por la que memorandos son insólitos es porque dan marcha atrás y descomponen políticas migratorias sensatas, y por cómo pretenden volver a la maquinaria de deportaciones más extrema y espeluznante, sin mencionar cara, para el detrimento de valores estadounidenses.

Una recapitulación rápida: el gobierno de Obama reconoció que millones de migrantes no autorizados, especialmente aquellos con hijos ciudadanos y vínculos fuertes con sus comunidades y con el país, merecían tener la oportunidad de quedarse y de regularizar su situación. Sus políticas se concentraban en deportar a criminales peligrosos, que fueran amenazas a la seguridad nacional y a quienes recién hubieran cruzado la frontera de manera ilegal.

El secretario Kelly se deshizo por completo de esas provisiones. Convierte en prioridad para la deportación a prácticamente cualquier persona que pueda ser deportada. Quiere a todos, empezando con quienes hayan sido condenados por algún crimen, sin importar cuán pequeño haya sido o qué tan antiguo. La proporcionalidad, la discreción procesal, la idea de que algunas condenas son injustas, los principios detrás de un impulso a las reformas judiciales… todos esos conceptos ya no aplican.

Los blancos de deportación ni siquiera tienen que ser criminales. Pueden haber sido sencillamente acusados de algún crimen –es decir, mantener la presunción de inocencia– o haber hecho algo que lleve a un agente migratorio a creer que esa persona pueda posiblemente enfrentar algún cargo.

Kelly incluyó una provisión amplia para que agentes de la Patrulla Fronteriza o del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés), e incluso policías locales o ayudantes de alguaciles, puedan detener a quien crean pueda ser “un riesgo a la seguridad pública o nacional”. Esa es una receta para que se den abusos policiales y discriminación racial, una posibilidad aún mayor si el congreso autoriza la solicitud de Kelly de fondos para contratar otros 10.000 oficiales del ICE y 5000 agentes de la Patrulla Fronteriza.

Quiere, en sus palabras, una “explosión” en la contratación de jueces migratorios y funcionarios que revisen casos de asilo. Quiere más centros de procesamiento y de detención, lo que probablemente ha hecho salivar a la industria de prisiones privadas por las ganancias que se acercan.

Kelly también quiere reforzar programas que permitan a oficiales de la policía locales y estatales actuar como encargados de hacer cumplir las leyes migratorias. Los llama “un multiplicador de fuerzas altamente exitoso”, lo que es cierto si lo que quieres es una red de arrastre policial. Cuando cualquier encuentro con un policía local se puede convertir en el preludio de la deportación, los migrantes no autorizados temerán y evitarán a cualquier oficial. Y cuando los agentes locales y estatales sin entrenamiento en materia migratoria de repente pueden decidir quién se queda y quién se va, el riesgo de cometer injusticias es profundo.

Al igual que los peligros para el debido proceso. El procedimiento actual permite que haya deportaciones inmediatas, sin audiencias judiciales, para migrantes atrapados cerca de la frontera o que ingresaron de manera reciente. Pero Kelly hace notar que la ley le permite acelerar la expulsión de migrantes detenidos en cualquier parte del país que no puedan demostrar que han estado ahí “continuamente” por al menos dos años. El secretario se queda así con la posibilidad de saltarse el debido proceso con una política de “enséñame tus papeles” vigente de costa a costa.

Planea publicar datos de crímenes cometidos por migrantes no autorizados e identificar a las jurisdicciones locales y estatales que no cooperen con las fuerzas migratorias federales. ¿Por qué? Para promover la idea falsa, como lo ha hecho Trump de manera vergonzosa, de que los migrantes son un riesgo particular para la seguridad y para castigar a las llamadas ciudades santuario que, por razones de decencia y de mantener el orden público, quieren desconectarse del ICE.

Así es como se han vuelto armas los despotriques de Trump sobre bad hombres y terroristas extranjeros violadores: con burocracia.

Kelly prometió antes de ser confirmado al cargo que sería responsable del cumplimiento de políticas que fueran defendibles. Pero los migrantes tienen razón en estar asustados por su posicionamiento repentino junto con el nativismo de Trump. También tienen razón en estar asustados los estadounidenses que creen que el país está, o debería estarlo, comprometido a la ejecución sensata y proporcional de las leyes, y que debe ser acogedor para los migrantes y respetuoso de los hechos.

El País
Madrid, España
Miércoles 22 de febrero de 2017.

Fugas

20 Feb 2017

Jesús Silva-Herzog

Nos dedicamos a la fuga. Nuestra historia reciente parece un relevo de huidas. Encontrarle a cada problema una evasión. Volteamos la cabeza para no ver lo que tenemos frente a nosotros. Inventamos palabras para no nombrar la realidad. Nos engañamos con proezas falsas para evadir la tareas ordinarias. Si hoy constatamos nuestra debilidad es porque llevamos décadas de cerrando los ojos, posponiendo lo inaplazable, escabullendo lo elemental.

Estos días se publicó un artículo en el New York Times sobre el agua en la ciudad de México. El reportaje se inscribe en una serie sobre el cambio climático y el desafío de las grandes ciudades en el mundo. No hay buenas noticias: la capital mexicana está al borde del desastre. El líquido escasea, la ciudad se hunde. Regala el agua a los más ricos y cobra fortunas por ella a los más pobres. Mientras el planeta se calienta, una catástrofe urbana se gesta bajo nuestro suelo. Torpe trabajo el del diario neoyorquino porque Michael Kimmelman, el reportero, no se percató que la ciudad de México se ha refundado. Es otra porque ya tiene constitución. Se nos dice que es ejemplar y modernísima. Que es el resumen de nuestras ilusiones, una brújula para orientar el paso y, además, un espejo en el que se contempla la república misma. Se nos dice que es el certificado de una nueva ciudad. No quisiera gastar más tinta en la crítica a la constitución capitalina. Hoy, a unos días de promulgada, ya nadie habla de ella. En lo que quisiera detenerme es en el acto legislativo como una forma de la evasión. Dictar leyes como una puesta en escena: hacer de la política, teatro. No hacer, decir que se hace. Y en ese decir, esconder que se hace poco.

Las últimas décadas han sido décadas de obsesión legislativa. Hemos llegado a identificar el éxito o el fracaso de los gobiernos con su capacidad para reformar las leyes. Hemos convertido al congreso en el certificado de eficacia gubernativa. La reforma de las reglas aparece como el único trofeo de la política. Verlo así es una confusión grave. Lo es porque desplaza la responsabilidad de gobernar al ámbito de la deliberación y del control. Porque desmerece el necesario antagonismo entre poderes. Es una trampa también porque la ley entre nosotros suele ser elusión. Legislar para escapar de los enredos de la gestión, del proyecto concreto o el remedio práctico y entretenerse en los vericuetos de la norma.

En el otro extremo de la acción política puede haber fuga también. Pienso en los actos de fuerza igualmente como actos que conducen a una huida frente a la complejidad. Arrebatos que generan un efecto político inmediato sin mejorar las capacidades del Estado. Pienso en concreto en el llamado de Felipe Calderón a la guerra, esa guerra que ha continuado el gobierno actual. La declaración de hace diez años no puede ser interpretada como una determinación afrontó el desafío con visión de Estado. Con su sangrienta secuela, aquella declaratoria fue otra forma de la evasión, una fuga de consecuencias funestas. Por supuesto, el presidente panista encaró la violencia. Pero al hacerlo evadió la tarea esencial: fortalecer las capacidades del Estado. La crisis de la violencia no condujo a la fortificación del estado de derecho sino a una expansión militar. El ejército mismo aborrece una misión que no le corresponde. El resultado es inocultable: más violencia y menos derechos, más sangre y menos ley. Tras una década no estamos siquiera en camino de acercarnos al orden con libertades. ¿Se puede negar que la verdadera tarea se pospuso? La emergencia no dio paso a una estrategia de Estado, sino una fuga de efectos dramáticos. La apuesta militar postergó, por enésima vez, la edificación de la ley.

Pensaba Ortega y Gasset que la política era el conjunto de problemas que se nos imponen y que no es posible eludir. Será que por acá no hay política, hay teatro. Teatros de saliva y de sangre.

Http://www.reforma.com/blogs/

Silvaherzog/

Twitter: @jshm00

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 20 de febrero de 2017.


Baltasar Garzón

La llave más peligrosa que tiene Trump no es la del maletín nuclear, sino la que destruye los derechos de los más vulnerables. Hay que detener cuanto antes a este autócrata que cultiva la superioridad racista y la xenofobia

Desde el día 20 de enero, millones de personas tratamos de asimilar lo que ocurre en EE UU, de la mano de un personaje de carácter zafio, de modos groseros y conceptos elementales que chocan frontalmente con la democracia. La insolidaridad, el egoísmo, la xenofobia, la islamofobia, la falta de respeto a la justicia, al medio ambiente y, especialmente, la soberbia que destila son sus señas de identidad. Su nombre, Donald Trump, y todos sufrimos la peligrosa escenificación del autoritarismo que encubre un ataque sistemático contra los derechos humanos de millones de personas. Trump no es un emperador, su poder no es omnímodo y debe detenérsele cuanto antes, so pena de males mayores.

La llave más peligrosa que tiene Trump no es la del maletín nuclear, sino la que abre el manual para corromper la democracia pervirtiendo el propio sistema desde una concepción oportunista del derecho como instrumento demoledor de los derechos de los más vulnerables. Pero, no nos engañemos, en esa barbarie no está solo. Le acompañan muchos, que, por acción u omisión, contribuyen a la consolidación de esta excrecencia de la democracia.

Puede ser que la legalidad ampare la construcción de un muro que separe la libertad del sur frente al sometimiento imperialista del norte, pero, desde luego, no es legítima su construcción. Un presidente elegido democráticamente no puede hacer lo que quiera, ni los demás podemos quedarnos cobardemente en silencio frente a ese ataque a la dignidad humana. Los votos no legitiman la barbarie de alguien que desprecia las conquistas que tanto sufrimiento han causado a la humanidad.

Dentro de ese muro quedarán un país y un presidente que ni siquiera está claro que se beneficien de esa decisión, aunque sí es obvio que perjudica a quienes estamos fuera del mismo. La discriminación es tan grosera que avergüenza. Como lo hace también la actitud de determinados líderes políticos que no se rebelan frente a semejante locura.

En cierta forma, si esto continua así, vamos a tener que asumir que nos enfrentamos a la amenaza de una superioridad racista y xenófoba que nos recuerda épocas pasadas de infausto recuerdo. El fascismo, como decía Orwell, cuando se acerque de nuevo a Occidente lo hará vestido de democracia y para servir al pueblo, demostrando que las décadas pasadas han sido mero camuflaje para la incubación del huevo de la serpiente, celebrada por todos los partidos de extrema derecha y atenta a inyectar su veneno mortífero.

Los votos no legitiman la barbarie de alguien que desprecia las conquistas de la humanidad

El muro del presidente Trump, como el que se quiere “instalar” por Europa en Libia, después de haberla destruido y abandonado a su suerte, no se construirá, como antiguamente, para defender a los ciudadanos de los enemigos atacantes, sino que se elevará para satisfacer las conciencias de quienes defienden esta política abusiva frente al diferente y proteger, probablemente, intereses económicos frente a los derechos a la libre circulación de las personas. Pero ese muro no solo se materializa en la frontera del norte de México o en el norte de África, sino más al sur, generando políticas económicas intervencionistas que anulan toda esperanza de progreso para millones de migrantes.

Ciertas reacciones de las grandes empresas y de eminentes políticos estadounidenses que destacan el excepcional valor intelectual de los migrantes producen sonrojo y vergüenza porque no valoran a la persona sino a su potencial aprovechamiento para seguir produciendo la misma dinámica excluyente. No es la persona, es la economía. Resulta difícil de asimilar.

Frente a la desmesura del veto migratorio, los jueces han dicho ¡stop! Fiscales y no pocos abogados han reaccionado para detener la interpretación subvertida de la ley que hace el entorno presidencial. Esperemos que esta lucha continúe, apoyada por la sociedad civil que, sin apelar a la seguridad nacional o la fuga de cerebros, está combatiendo por la dignidad de todos.

En los demás países, especialmente los europeos, se están produciendo reacciones sensatas y valientes, al menos en los discursos, pero dudo que se mantengan si afectan —o cuando afecten— a los intereses económicos. Probablemente se amortiguarán, como aconteció con Guantánamo, y se someterán a la oportunidad política, olvidando que allí existen presos ilegales y un centro en el que la tortura estuvo legalizada y puede volver a estarlo.

En esa barbarie no está solo. Le acompañan muchos, que, por acción u omisión, contribuyen a la consolidación de esta excrecencia de la democracia

En 2003 nos alineamos con los derechos humanos frente a la guerra de Irak. ¿Lo haremos ahora frente a un autócrata ensoberbecido, guiado por el único criterio del beneficio, que anula sectariamente libertades y potencia prácticas execrables que suponíamos erradicadas?

Si entre amigos hay que decirse las cosas claras, desde luego, las autoridades españolas “son un claro ejemplo de doble rasero”. Como dicen representantes de SOS Racismo, “están indignándose con todo lo que está haciendo Trump mientras a su vez están aplicando políticas que no tienen ese impacto, pero que tienen un corte similar” en la frontera sur de la UE.

Estamos, una vez más, ante la ambigüedad y laxitud del Ejecutivo español, guiado por un líder, experto en este arte, que se ofrece como mediador pero que no es capaz de enfrentarse a aquella política de exclusión, dando la espalda y faltando al respeto a Latinoamérica. No responde con contundencia ni a las amenazas de retirada de industrias norteamericanas, ni a la negativa a admitir inmigrantes en territorio de EE UU — algo que condena a la penuria a miles de personas y sus familias—, ni a la construcción de un nuevo muro de la vergüenza, ni a la retirada del visado por motivos religiosos. Al final, Latinoamérica será una especie de argumento justificativo de vaciedades tales como el “gran idioma común” o la “histórica aportación” española, olvidando, por el contrario, el apoyo sin fisuras a la causa común de todo un continente al que se está humillando de forma prepotente.

Confío en que la razón se imponga sobre el desmedro y la simplicidad de quien comunica por Twitter con tal ligereza que asombra en las propias redes sociales. Mientras tanto, debemos unir nuestras voces para conjurar el riesgo que contiene ese manual para corromper la democracia.

Baltasar Garzón Real es jurista.

El País
Baltasar Garzón Real
Madrid, España/ México
Miércoles 15 de febrero de 2017.


Jesús Silva-Herzog Márquez

Se equivocan quienes piensan que la unidad fortalece. Hablar como si fuéramos uno nos debilitaría. Sería, por supuesto, una falsificación. Imposible hacer desaparecer las discrepancias, borrar las desigualdades y los agravios, negar la contraposición de nuestros propios intereses. Pero esa fingida cohesión no solamente sería una farsa, sería, sobre todo, una mala estrategia. El pluralismo no amenaza el interés nacional como nos quieren convencer quienes ven con sospecha el disenso ante la amenaza. Hay mil maneras de defender al país. Creer que la única forma de hacerlo es respaldar al gobierno o deponerlo es abdicar de las muchas formas en que podemos hacer valer los intereses nacionales. ¿En verdad creen los promotores de la unidad que tener una sola voz frente al patán nos permitiría defendernos mejor de su amenaza? La diversidad no nos hace vulnerables. Lo que nos debilita frente al agresor son nuestros fracasos no nuestras diferencias.

Nos tienta el pensamiento bélico, ese que tacha de antipatriótico al pluralismo. Se evoca la disciplina y el sacrificio del Ejército como si fueran el gran ejemplo cívico. El soldado como el ciudadano auténtico. Tal vez podría entenderse el recurso retórico por la gravedad de las ofensas, por la seriedad de la amenaza. Pero el reflejo es torpe. No enfrentamos una invasión militar. Los retos que tenemos son muy distintos y no podrán encararse si pretendemos postergar el desacuerdo. Pensemos en los retos más graves: el de los migrantes y el del comercio. Las comunidades de mexicanos que viven allá enfrentan el odio que Trump ha cultivado y viven con miedo de la deportación. La economía mexicana se tambalea ante la incertidumbre del nuevo proteccionismo. No hay embudo que pudiera concentrar las energías mexicanas de manera eficiente para defender a los migrantes y para cuidar la economía del país. No habría representante, por lúcido y patriótico que fuera, con la capacidad de encarnar la defensa del país. En ambas tareas se requiere lo contrario de la unión: el vivo conflicto por los derechos y los intereses.

Pienso en el Tratado de Libre Comercio. El acuerdo, como es natural, ha tenido en México ganadores y perdedores. Si bien hay regiones y sectores que han obtenido enormes provechos del arreglo comercial, también es cierto que hay zonas y sectores que están lejos de ser beneficiarios de la integración. Si el acuerdo se abre a la renegociación, sería inaceptable el silencio de los damnificados. En defensa del interés nacional, la desunión es necesaria. Quiero decir que la pretensión misma de la unidad niega las complejísimas contrariedades de nuestra relación con el vecino. Apostar a la armonía es silenciar (otra vez) a los perdedores. Si el gobierno mexicano habrá de sentarse a negociar reformas al Tratado, necesitaremos mucha desunión. Visible y ruidosa desunión. No hay motivo racional para confiar en los emisarios. Es irracional creer que este gobierno pueda descubrir, en la última hora, dignidad frente al agresor.

El anhelo mismo de la unidad es un agravio. Es la aceptación de que muchos han de callar sus exigencias para rendir honores a la abstracción nacional. No hay por qué lamentar nuestra desunión. Lo criticable es el colaboracionismo del gobierno federal, su apuesta por endulzar las ofensas, su disposición a pagar cualquier precio por mantener la apariencia del libre comercio. Lo criticable es la irrelevancia e, incluso, la indignidad de nuestras instituciones representativas. Lo criticable es el aldeanismo de los partidos de oposición. Lo criticable es la ausencia de un sindicalismo autónomo y potente. Que en la sociedad civil, que en la clase política, que en los foros de la opinión haya desacuerdos sobre el modo de encarar la amenaza no es mala cosa. Que haya distintas maneras de hacer visible la indignación por el xenófobo no me parece preocupante. El problema no es la desunión. El problema es la politiquería.
 
http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 13 de febrero de 2017.


René Delgado        

Siempre es difícil pedir a otro lo que uno niega a los demás.

Desde hace tiempo y de modos muy distintos se instó al presidente de la República a unirse a la nación y encarar, con ella, los problemas internos, causa del malestar social, el descreimiento en las instituciones, el abatimiento de la esperanza democrática y, desde luego, el descrédito de la propia figura presidencial. Se desoyó ese llamado y se desecharon las oportunidades que la propia adversidad ofrecía para girar y fortalecer los puntos de apoyo de la administración, acortando la distancia con la ciudadanía.

No por ello es momento de regatear la unidad nacional en torno al mandatario frente a la amenaza externa, pero tampoco de otorgarla sin impulsar un acuerdo al interior que, dentro y fuera, le dé perspectiva al país. Sí a la unidad nacional al exterior, pero a partir de un acuerdo al interior. Pedir lo uno sin lo otro es una ilusión.

No puede la administración convocar a la unidad nacional, sin acercarse a la nación.

***

En medio de la circunstancia donde, hoy, se conjugan los problemas internos y externos en presagio de un tiempo mexicano atroz, lo único claro es que la política de siempre no va a arrojar el resultado pretendido.

Y el resultado pretendido no puede ser otro, sino el de asegurar la vigencia de las instituciones frente al desbocamiento del malestar, atemperar las medidas económicas que lastiman a la gente, fortalecer la seguridad pública y la estabilidad en los destinos turísticos que, hoy, son la única entrada regular de divisas, y cuidar con celo y honradez el proceso electoral del año entrante a fin de garantizar, lo mejor posible, la transmisión del poder.

Dicho en breve, la acción gubernamental en este último tramo del sexenio sólo puede tener por objeto fortalecer el Estado de derecho, dar congruencia y consonancia a la política interior y exterior, conducir la política económica y social sin tinte electoral, retomar el camino de la transición a la democracia y defender la soberanía.

***

La política de siempre no sirve ante la realidad prevaleciente.

Es un sinsentido practicar una diplomacia reactiva y servil frente a un gobierno, como el de Donald Trump, que aún no se establece ni acaba de fijar sus posibilidades. Un sinsentido insistir en la comunicación oficial que confunde información con propaganda, lanza cada tercer día un mensaje sin contenido, y cierra el oído al reclamo de rendir cuentas. Un sinsentido continuar la política cupular que margina a la ciudadanía interesada en participar con propuestas. Un sinsentido cuidar al preferido a costa de la división y descoordinación del gabinete, creyendo que en cuanto pase lo que está ocurriendo habrá forma de reposicionar al favorito en las preferencias electorales.
Lo que está sucediendo demanda un gobierno y una estrategia de emergencia nacional y, para eso, no sirve la política de siempre. Esa política no atempera el problema, lo agrava... hacia adentro y hacia afuera.

***

Hoy, hay quienes piden guardar la demanda ciudadana de atender el problema interno en favor de la unidad nacional que exige la amenaza externa.

Es imposible. Invocar a tener fe ciega en un gobierno ciego supone hacer de la ceguera generalizada el credo nacional. Supone renunciar a ver de lejos y de cerca, hacia adentro y hacia afuera, a darle la dimensión justa al problema y a tener perspectiva. La ceguera compartida es aceptar la oscuridad como hogar de las necesidades y los anhelos. Por lo demás, a nadie escapa el socorrido recurso político de crear o crecer artificialmente a un enemigo nacional interno o externo para, bajo la justificación de confrontarlo unidos, evadir la responsabilidad de atender los problemas que dividen al país y, en verdad, vulneran sus posibilidades.

Sí, Donald Trump es un peligro para México, pero también la pusilanimidad política, la corrupción voraz y la impunidad criminal, la negligencia. Y, mientras el gobierno estadounidense no se asiente y establezca el límite y el horizonte de su locura, es imposible determinar qué hacer y qué no.
Lo que sí es posible y realizable, justo para fortalecer la unidad ante el gobierno del troglodita, es actuar frente a los males nacionales cuyas variables se pueden controlar. Esa posibilidad depende en mucho de, vaya paradoja, la disposición presidencial para practicar la unidad con la nación y recibir, en reciprocidad, la unidad de la nación con él.

***

El armado del acuerdo en favor de la unidad sí es posible.

Tal posibilidad exige, desde luego, abrir el gobierno a quienes revisten capacidad, credibilidad y dan confianza a la ciudadanía. Y, a la vez, cerrarlo en definitiva a quienes son emblema de pusilanimidad. ¿Cómo explicar la reincorporación de Luis Videgaray que hace de cada error su mejor acierto y de Virgilio Andrade que entiende la función pública como ejercicio de encubrimiento y complicidad? Se puede integrar un gabinete de emergencia, hay cuadros capaces y confiables. Hacer lo de siempre con los mismos, lejos está de ser fórmula de solución.

Si, al arranque de la administración, el presidente de la República tuvo la audacia de convocar a los partidos establecidos para pactar las reformas que consideraba fundamentales para su proyecto, hoy podría convocar no sólo a los partidos sino también a los grupos activos de la sociedad -ciudadanos, académicos, gremiales, patronales e intelectuales- para acordar un pacto integral de corto y mediano alcance no para la administración, sino para la nación en su conjunto.

Convocar a la unidad exige determinar en qué estamos de acuerdo. Sí a la unidad, sí al acuerdo. No hay tiempo, urge acordar para conjurar el desencuentro teniendo enfrente una amenaza que demanda unir esfuerzos.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 11 de febrero de 2017.


Ricardo Raphael

La propuesta de unidad convocada por el presidente Enrique Peña Nieto divide las opiniones. Lo mismo sucede con el llamado a marchar que varias organizaciones sociales han hecho para este domingo bajo la consigna “Mexicanos Unidos”.

No son pocos los liderazgos, grupos y ciudadanos que se han negado a participar. En principio parece mezquino negarle al país la urgente solidaridad que se requiere para enfrentar un desafío exterior tan grave como el encabezado por el gobierno de Donald Trump.

¿Quién con un mínimo de decencia puede decir que no al llamado del Presidente?

Ayuda como clave para responder a esta interrogante una frase que Isabel Miranda de Wallace, ex candidata panista al gobierno de la capital, pronunció con gran convicción el día de ayer: “¡Qué se llene todo el Paseo de la Reforma, no es momento de cuestionarnos dentro de nuestro país!”.

¿Para salir adelante necesitamos los mexicanos someternos a un esfuerzo de unidad incondicional, sumisa, acrítica, ciega —sin cuestionamientos— sin conciencia ni argumento?

En estos días me parece equivocado renunciar a la inteligencia propia para sumarse a un movimiento convocado sólo por el miedo o por el odio que despiertan las políticas del país extranjero.

Así como no debemos permitirnos responder con xenofobia a su xenofobia, con mentiras a sus mentiras o con nacionalismo infantil al suyo, tampoco habríamos de renunciar al cuestionamiento cuando el habitante de la Casa Blanca utiliza la estupidez masiva como su principal parlamento de poder.

Los mexicanos no merecemos convertirnos en el espejo de nadie: contra la negación de la conciencia que la fe trumpista promueve en el país vecino, México debe afirmar conciencia crítica a la hora de mirarse y mirar al resto del globo.

La historia humana es abundante en llamados intolerantes a la unidad y todos han resultado un desastre. En unos años Estados Unidos habrá de recordar este penoso pasaje de su biografía como un trance absurdo de histeria colectiva.

Mientras esto ocurre, en México no podemos permitirnos jugar como imitadores de su locura. Al revés, lo deseable sería tomar distancia sincera de la epidemia social que aqueja a los vecinos.

Temo que la unidad nacional convocada por mis compatriotas pueda ser un espejismo peligroso, sobre todo si con ella se pretende ocultar la naturaleza diversa de las identidades mexicanas.

Lo que nuestro país requiere hoy es solidaridad, mucha solidaridad, y no la impostura de una visión homogénea —unificadora— dispuesta sin reflexión para darle la espalda a lo múltiple, en vez de reconocer que es en el acomodo generoso y fraterno de nuestras diferencias dónde se halla el mejor emplazamiento para sobrevivir la temida amenaza geopolítica.

En su discurso del domingo pasado, a propósito del aniversario de la Constitución, el presidente Peña Nieto hizo referencia a los valores de la soberanía, la libertad, la justicia, la democracia y la igualdad. Sin embargo, olvidó mencionar el valor de la diversidad —el único que Donald Trump no podría pronunciar sin que la lengua se le atorase en la tráquea.

Este es el momento justo para combatir la supremacía unitaria del magnate neoyorkino con una visión que sepa abrazar genuinamente lo plural y lo diverso. Presumamos la naturaleza múltiple de México; hoy valen más que nunca nuestros contrastes regionales, sociales, económicos, identitarios, ideológicos, éticos o religiosos. No enmascaremos la diferencia con la pretendida unidad.

Al revés, habríamos de sostener una robusta inteligencia crítica sobre lo que somos y lo que queremos ser. No hay diversidad que pueda vivirse pacíficamente sin conciencia, argumento y razón; sin crítica en todo momento y a toda hora: en los medios, en la academia, en la calle, en el espacio público y también en el privado.

Un México crítico será gigante. En cambio, un México diseñado a la imagen y semejanza de Donald Trump sería miserable.

ZOOM: No asistiré a la marcha convocada por Mexicanos Unidos para este fin de semana porque prefiero la solidaridad del México diverso a la sumisión de la impostura unificante.

El Universal
Ricardo Raphael
Ciudad de México
Jueves 9 de febrero de 2017.

Carlos Ferreyra Carrasco

En las recientes sucesiones en los gobiernos de los estados, hemos visto las descaradas maniobras imaginadas por los mandatarios para garantizar la impunidad personal, familiar y de sus allegados, mediante nombramientos y cambios en las leyes anticorrupción que, por fortuna y en mayoría, no ha dado resultado e inclusive han sido rechazadas legalmente.

Así tenemos desde gobernadores que pretenden pensiones eternas al estilo presidentes, que además exigen la dotación de equipos de seguridad, hombres, vehículos y armas, tanto para ellos como para sus esposas e hijos.

Un bonito ejemplo de lo que está pasando, es la sucesión en Puebla, donde a un allegadísimo del gobernador Rafael Moreno Valle, un conocido empresario inmobiliario a quien se atribuyen toda suerte de maniobras para constituir su imperio en fincas erigidas en la zona más elegante de la Angelópolis, Antonio Gali, se le asigna el papel de mandatario durante dos años.

En su biografía y para avalar su experiencia política, se destaca que fue director de Red Nacional de Canal 13 de televisión, subdirector General de Estudios de Cine América, vicepresidente del Comité de Planeación Municipal del Ayuntamiento de Puebla Director Administrativo del Colegio de Bachilleres del Estado de Puebla, director General del Instituto para la Asistencia Pública del Estado de Puebla, subsecretario de Comunicaciones de la SCT, delegado de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), delegado de Evaluación Pacífico Centro y Administración Estatal del Servicio de Administración Tributaria (SAT), a cargo de Puebla, Guerrero, Morelos y Tlaxcala.

Gali recibió la bendición, pero condicionado a la conservación de ciertos funcionarios en cargos convenientes. El más destacado el secretario general de Gobierno, ex titular de Gobernación, ex gobernador de Oaxaca, ex senador y hombre educado en las huestes del poder político, Diódoro Carrasco. Un sabio, diría si todavía fuera priista.

Adosado, Javier Lozano de tenebrosa memoria (“copelas o cuello”) autor de los desacuerdos y las violaciones a los derechos laborales y humanos de los electricistas, pianista fracasado, dicen y hombre de arranques biliosos e improntos contra todo ser viviente que esté a su alrededor. Será, de hecho, el poder tras el trono.

Por lo anterior, los analistas políticos poblanos comentaron el Sistema Estatal Anticorrupción, supuesto instrumento para adecuar las leyes locales a las reformas que se hicieron e nivel federal.

Dicen que la reforma tiene sentido gatopardista: cambiar un poco para que todo siga igual ya que evade la rendición de cuentas, la malversación de recursos públicos, el tráfico de influencias y el uso de información privilegiada para lo que es indispensable un organismo adecuado, integrado por personas de intachables antecedentes, al que se dote de dientes para castigar los delitos.

En este ordenamiento hacen salvedades: para iniciar un proceso contra gobernador, legislador o magistrado el Congreso debe erigirse en Gran Jurado previo juicio político y aprobar por mayoría calificada si hay responsabilidades.

Enrique Cárdenas Sánchez, de “El Universal”, al comentar el documento aprobado por los diputados poblanos que protegieron en todas formas posibles su fuero, manifestó que el gobernador Rafael Moreno Valle se blindó nombrando Fiscal General por un periodo de siete años a partir de 2016, a su procurador general de Justicia, Raúl Carrancá Bourget.

El director del Centro de Estudios Espinosa Yglesias hace extensivo el blindaje con los tres magistrados del nuevo Tribunal de Justicia Administrativa designados para un periodo de quince años, ratificados por voto de mayoría en la Cámara legislativa local. Por cierto, los magistrados fueron nombrados únicamente por el gobernador saliente.

Establece que “La Fiscalía General del Estado contará con las Fiscalías Generales o Especializadas que establezca la Ley, entre ellas la de Combate a la Corrupción, cuyos titulares serán nombrados y removidos por el Fiscal General del Estado”, como sabemos, nombrado por Moreno Valle para los siguientes siete años.

De acuerdo con “Expansión”, esta es Puebla en números: Moreno Valle afirma que durante su gobierno la deuda pública bajó de 9,105 millones de pesos a 8,363 millones de pesos y que logró grandes obras “sin pedir un solo peso prestado”.

Una investigación de la organización civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) señala que los pasivos llegan a los 70,000 millones de pesos; recurrió a fideicomisos privados para financiar sus obras. La indagatoria cita a Evercore —propiedad del exsecretario de Hacienda Pedro Aspe—, en el cual se comprometió que el estado deposite los ingresos por Impuesto Sobre Nómina (ISN) durante los próximos 50 años.

En estos últimos años, Puebla logró pasar del tercer al cuarto lugar nacional en población en condiciones de pobreza, el número de pobres aumentó, de 3 millones 878,000 personas en 2012 a 3 millones 958,000 en 2014. En Puebla —el quinto estado más poblado del país, con 5.7 millones de habitantes— 64.5% de la ciudadanía carece de cuando menos un servicio básico, de acuerdo con el Coneval.

En inseguridad pública, el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) señala que en su sexenio se registraron 440,489 casos, entre homicidios, robos, violaciones y secuestros. Durante la administración de Mario Marín fueron 354,566, es decir, 24% menos que con el gobernador panista.

En 2016, en Puebla se registraron 1,215 homicidios, 590 dolosos, de acuerdo con las estadísticas del SNSP, fueron asesinadas 76 mujeres; de esos casos, 45 fueron catalogados como feminicidios, crímenes en los que la víctima fue asesinada sólo por el hecho de ser mujer.

En el último año Puebla se ha convertido en el centro de una lucha entre bandas de ladrones de combustible a ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex). La fiscalía estatal supone que el grupo delictivo de Los Zetas está detrás de estas disputas.

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Puebl@Media
Carlos Ferreyra Carrasco
Ciudad de México
Martes 7 de febrero de 2017.


Raymundo Riva Palacio

Los hechos: la Secretaría de Hacienda anunció que el gasolinazo de principios de febrero se aplazaría 17 días, porque hay forma de absorber con los ahorros del Gobierno la no recaudación de poco más de mil millones de pesos. Los dichos: el subsecretario de Hacienda, Miguel Messmacher, reconoció que la decisión fue política. El interlineado: enfrentados tecnócratas y políticos, en la reunión de gabinete el jueves en Los Pinos para ver el rumbo a tomar, la decisión fue temporal porque el Presidente Enrique Peña Nieto no pudo resolver en forma determinante. Por tanto, el pleito entre secretarios continúa.

El choque dentro del gabinete se viene arrastrando desde hace dos meses, cuando ante la explicación técnica del porqué de la liberalización de los precios del combustible para subsanar un hoyo fiscal estimado por Hacienda en 200 mil millones de pesos, el Presidente dijo que el no hacerlo repercutiría en programas sociales que tendrían que ser cancelados. En año de elección en el Estado de México, que está en su cabeza más que el conflicto que tiene con el presidente Donald Trump, según personas que han hablado con él en las dos últimas semanas, suspender programas sociales afectaba sus estrategias electorales.

Un gasolinazo adelantado para 2017, argumentado técnicamente por el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray a los diputados priistas en septiembre del año pasado, empataba con el diseño electoral para el Estado de México al estilo mexiquense: abrir las arcas para ganar votos. El candidato, para cerrar el círculo, fue Alfredo del Mazo Maza, que presidía la Comisión de Presupuesto —la que distribuyó el dinero a los estados—, y primo de Peña Nieto. Lo circunstancial, como todos estos datos, se alinearon no obstante en beneficio de la casa presidencial en su lucha porque el PRI mantenga el poder en el Estado de México y fortalezca ese granero de votos para 2018.

Lo que ni Peña Nieto ni Videgaray tomaron en cuenta el año pasado fue el deterioro social, con un incremento de casi 10% en el empeoramiento del humor social el año pasado, y la pérdida de legitimidad del Presidente que crea las condiciones para la ingobernabilidad, al ser menos de ocho de cada 10 mexicanos los que aprueban su gestión. Este distanciamiento con la realidad social y política llevó al Presidente, aunque consciente que sería una medida antipopular, a no tomar provisiones a finales del año pasado. Incluso, la oficina de su vocero instruyó a los comunicadores gubernamentales en diciembre a no salir a los medios porque, explicaron, nadie estaba viendo al Gobierno en esas fechas.

Las discusiones en el gabinete tenían otro tono. La voz más fuerte del bloque opositor al gasolinazo fue de Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Urbano y Territorial, quien expuso los problemas políticos que esto podría representar para el Gobierno de Peña Nieto. El secretario de Salud, José Narro, añadió que el humor social era tan negativo, que esa medida repercutiría principalmente en el Presidente. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, planteó varias veces las complicaciones de gobernabilidad iba a provocar esa medida. Pero en las reuniones de gabinete antes de fin de año los derrotaron los tecnócratas. Peña Nieto se fue de vacaciones convencido de que había que liberalizar los precios. La reacción social y la violencia callejera lo sacudieron, y según cercanos, su ánimo se desplomó como nunca antes en el sexenio.

El gasolinazo arrancó con movilizaciones sociales y vandalismo. Si bien hubo expresiones espontáneas o por imitación que se sumaron a los saqueos, se registraron acciones coordinadas para atacar tiendas y robarlas. La Entidad que más sufrió fue el Estado de México, donde hubo más de 600 incidentes, decenas de ellos a la misma hora y día en el inicio de las protestas, de acuerdo con datos de los organismos empresariales mexiquenses. La movilización social, muchas de ella organizada, no se ha frenado. Todos los días hay actos de protesta en todo el país, aunque la prensa ya no registra con detalle la bitácora de la rebelión.

Las reuniones en el gabinete reiniciaron en enero, donde el Presidente estaba dubitativo sobre los reiterados llamados de los secretarios más políticos, que tenían que buscarse alternativas. Hace poco más de 15 días se puso sobre la mesa suspender el gasolinazo y compensar fiscalmente con un ajuste del gasto público. Varios secretarios expresaron lo que eso significaría. Robles, la voz más frontal contra Hacienda, expuso hace menos de dos semanas que un ajuste más en Sedatu, de sí muy devastada presupuestalmente hablando, era como liquidarla.

Peña Nieto arrancó la semana pasada sin haber tomado ninguna decisión. Una nueva propuesta se había colocado sobre la mesa: se matizaría el presupuesto con un tope de pérdida de recursos fiscales de 40 mil millones de pesos que se compensaría con reducciones en el presupuesto. El jueves en la reunión de gabinete donde se tomaría la decisión, los tecnócratas volvieron a frenar a los políticos, aunque ya no fue en forma tan contundente como a finales de 2016, pero con un espacio de dos semanas para seguir negociando el gasolinazo.

El dilema del Presidente está en que se necesita reducir el hoyo fiscal para evitar recortes en programas y una baja en la calificación que repercutiría en el acceso a recursos por un lado, y la gobernabilidad por el otro. No da señales de saber qué hacer. Mientras sigue en medio de sus dudas, la batalla táctica y política entre sus secretarios de Estado.

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Eje Central
Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Lunes 6 de febrero de 2017.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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