Jesús Silva-Herzog

El cambio es notable y merece ser reconocido. El discurso reciente del presidente Peña Nieto ante embajadores y cónsules representa un giro en su posición frente al futuro gobierno de los Estados Unidos. Tal vez es un cambio modesto pero, a mi juicio, es relevante porque puede significar un replanteamiento de la estrategia. Lo que se bosqueja en ese mensaje es una determinación de escapar del callejón de la extorsión. El presidente expande la agenda e inserta la perspectiva mexicana. No contesta simplemente a los ataques sino que se expone también nuestras exigencias. Las agresiones constantes de Trump a habían encontrado silencio y sumisión por parte del gobierno mexicano. Pasmo ante la intimidación. Callar o ayudar al agresor, creyendo que la amabilidad transformaría su corazón. Ignorarlo o servirle la mesa. Insistir en gestos de buena voluntad, a pesar de escuchar solo agresión. Minimizar la amenaza, rezando porque el tiempo dome al provocador. Aún durante el relevo del canciller pudo escucharse la reiteración de esa ingenuidad. Habría que esperar a la mudanza en la Casa Blanca porque la investidura presidencial transformaría al patán.

México no es nuestro amigo, dijo el candidato Trump. Insistió la enemistad con el vecino durante toda su campaña. La victoria electoral no modificó su convicción de que en el sur reside el peor peligro para su país. Pero, si México ha sido obsesión para Trump lo ha sido por dos razones. Porque imagina una invasión de mexicanos que amenaza la tranquilidad de Estados Unidos y porque está convencido de que el vecino del sur saca la rebanada más grande del libre comercio. En su primitiva visión del mundo, México se burla de Estados Unidos arrebatándole empleos y enviándole delincuentes. Lo cierto es que su invectiva se limita a dos propuestas altamente simbólicas: muro y TLC. Levantar una barrera física que separe a los dos países y renegociar el acuerdo-o cancelarlo.

Lo que me parece afortunado en el replanteamiento reciente es que rompe (o intenta romper) el cajón en el que el populista había colocado al país. El presidente de México ha expuesto que la relación bilateral no puede reducirse a esos dos símbolos ni tiene sentido discutirlos en los términos en que ha hecho el magnate. El país tiene también sus exigencias en materia de seguridad, comercio, migración. Es importante, desde luego, que se reitere que México, por ningún motivo pagaría la muralla trumpiana. El presidente lo dijo con claridad y de manera pública minutos después en que el presidente electo insistía en su cantaleta de que pagaríamos por el muro que nos ofende. Sin embargo, el problema de la muralla no es solamente que se nos pretende imponer su pago, sino que la idea misma de la barrera es un acto abiertamente hostil. No podemos negar su derecho de construirlo, así sea un absurdo. En lo que sí deberíamos insistir es que se trata de un acto inamistoso. Nos quedamos cortos, pues, si solamente discutimos el pago y no expresamos con claridad que nos oponemos enérgicamente a su levantamiento y que emplearemos todos los canales institucionales para resistirlo.

La mejor manera de defender el Tratado de Libre Comercio es asumir su mortalidad. No hay tratado internacional por el que deba pagarse cualquier costo. El país no puede mostrarse existencialmente dependiente de la sobrevivencia de ese pacto. Hay país sin TLC. Si se pretende usar la amenaza del repudio de Trump al acuerdo como chantaje perpetuo, el país debe estar listo para despedirse de él. Al gobierno de la República corresponde aclarar cuáles son los términos en que, a su juicio, puede "modernizarse" el acuerdo, y en consecuencia, cuál es el costo que no está dispuesto a pagar por su permanencia. Es cierto lo que decía Arturo Fernández, el rector del ITAM, hace unos días: sería preferible la salida del Tratado de Libre Comercio a la perpetuación de la incertidumbre.

El mensaje presidencial me parece alentador porque, con toda su cautela, significa el reconocimiento de que la batalla contra Trump no se librará exclusivamente en los salones de las oficinas comerciales. Tampoco podría encararse el desafío con la ingenua bandera de la conciliación. El conflicto es inescapable y lo es también su dimensión pública. Esas dos notas las encuentro, en embrión, en el replanteamiento presidencial.

Http://www.reforma.com/blogs/

Silvaherzog/

Twitter: @jshm00

Reforma
Jesús Silva-Herzog
Ciudad de México
Lunes 16 de enero de 2017.

Juan Villoro

Como Tony Soprano en la serie, Donald Trump sabe que puede controlar a su vecino

“Nuestros vecinos, es decir, nuestros enemigos”, escribió Primo Levi. Las colindancias dividen en un sentido físico, pero también moral. El jardín de al lado siempre es más verde, pero los prejuicios permiten que nos sintamos mejores a quienes viven ahí. Si no somos magníficos, por lo menos no somos como ellos.

En un episodio de Los Soprano, el protagonista enfrenta la suspicacia de sus vecinos, que temen —y en cierta forma también anhelan— vivir junto a un gánster. Para satisfacer el morbo de la casa de junto, Tony Soprano llena una caja de arena, la envuelve y en tono cómplice pide a sus vecinos que se la guarden. Ellos no pueden negarse; aceptan la caja pensando que contiene algo comprometedor sin saber que se trata de arena. En un solo gesto, Tony se congracia con ellos y envenena su vida.

No es fácil convivir con el otro, en gran medida porque resulta muy provechoso considerarlo inferior. En una ocasión, Umberto Eco tomó un taxi en Nueva York, conducido por un paquistaní. Al enterarse de que era italiano, el taxista le preguntó: “¿Quiénes son sus enemigos?”. Eco respondió que, de momento, su país no estaba en guerra con nadie o, en todo caso, estaba en una soterrada contienda contra sí mismo. La respuesta decepcionó al conductor: un país sin adversarios carecía de identidad, ¿podían los italianos ser tan amorfos? Al bajar del auto, Eco compensó con una propina la pobre beligerancia de su país. Minutos después pensó que en realidad Italia enfrentaba una legión de adversidades, la mayoría de ellas internas, pero carecía de claridad para identificarlas. La inquietud del taxista era más profunda de lo que parecía: el otro puede servir para canalizar el odio y la desconfianza, pero también para saber, por riguroso contraste, quiénes somos. El resultado de estas reflexiones fue el ensayo Inventando al enemigo. Ahí afirma: “Tener un enemigo es importante no sólo para definir nuestra identidad sino para enfrentar un obstáculo contra el cual podemos medir nuestro sistema de valores”.

A diferencia de Italia, Estados Unidos no ha vacilado en construir sucesivos adversarios: el nazi, el comunista, el terrorista islámico, el narcotraficante. En tiempos de la perestroika, Eduard Shevardnadze fue ahí como ministro de Exteriores de la Unión Soviética y declaró: “Les voy a hacer lo peor que podía pasarles: quitarles un enemigo”.

Pero los rivales se renuevan tanto como la paranoia y el más reciente es el mexicano. De acuerdo con Donald Trump, el país que en los dibujos animados inspiró las veloces correrías de Speedy González, debe quedarse en su ratonera. El 11 de enero confirmó que construirá un muro para impedir el flujo ilegal de migrantes y añadió que la delirante edificación será pagada por los mexicanos.

Peña Nieto respondió de inmediato, aclarando que México no pagará nada. Obviamente, Trump no se refiere al pago directo de los ladrillos, sino a medidas proteccionistas en la industria, impuestos a las remesas y deportación de mexicanos (300.000 de ellos en cárceles) que le quitarán recursos a México. No hay nada que Peña Nieto pueda hacer al respecto.

Lo verdaderamente grave es lo que ya hizo para apoyar a Trump: lo invitó a México durante su campaña, por iniciativa del entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray. El magnate disfrutó de una oportunidad única para humillar a otro país en su propio territorio. La indignación nacional provocó que poco después Videgaray perdiera el puesto. En un claro gesto de subordinación a Estados Unidos, ahora regresa como responsable de Relaciones Exteriores.

Como Tony Soprano, Donald Trump sabe que puede controlar a su vecino con un paquete inquietante. Para nuestra desgracia, el encargado de custodiar esa caja es Luis Videgaray.

El País
Juan Villoro
Ciudad de México
Domingo 15 de enero de 2017.


Antonio Navalón

Ocho años después de la crisis no hay modelo, no hay solución, no hay culpables y nadie sabe dónde ir

Me dan mucha pena los gobernantes actuales. Pobres tiempos aquellos en los que ser un buen líder era sinónimo de buena gestión económica. Pobres tiempos aquellos en los que los políticos ganaban en las urnas para que después el carnicero de finanzas de turno ofreciera el sacrificio de la sociedad en el altar del FMI o del Banco Mundial, según el principio de la política moderna que dicta que lo sano es la economía y lo enfermo, los pueblos. Ahora más allá del ruido y la furia, del insulto y de las cuentas pendientes que cada uno tenemos con nuestro país, ¿dónde está la gran bolsa de la desesperanza? En todo el mundo, en el mismo sitio, en la gente castigada porque nadie quiere confesar que el modelo que nació en Bretton Woods en 1944 ya murió.

Nadie quiere confesar que el Estado de bienestar —conquista sin precedentes en la historia de la humanidad— estaba hecho para países ricos, escasamente poblados, y que su principal éxito consiste en que alguien se retire del trabajo a los 55 años y aún aspire a 30 años de golf y sexualidad plena. Pero simplemente ha resultado inviable. Además, a medida que se ha avanzado en conquistar espacios y territorios de libertad individual, el sentido colectivo de la responsabilidad —por ejemplo, dar hijos a la patria— ha ido descendiendo. Y así nos encontramos con el hecho de que los Estados tienen muchas obligaciones y poca gente para cumplirlas.

Como si eso no fuera suficiente, nos metimos en la mayor revolución de todos los tiempos en cuanto a los criterios de producción al cambiar una economía de cosas concretas como puentes, carreteras, aeropuertos y trabajo por una economía de especulación financiera, colonización tecnológica y equilibrio del terror basado en la cantidad de bombas nucleares fabricadas para despachar al resto del universo.

Y así fuimos avanzando hasta encontrarnos con una realidad: un Occidente que no trabaja y un Oriente que acapara gran parte de los puestos laborales. En medio, el papel ridículo y terrible de los gobernantes. En ese sentido, el presidente electo de EE UU, Donald Trump, tiene una gran ventaja ya que, como se dedica al cemento, su concepto de la política y de la economía es muy realista. Por eso, choca tanto.

Sin embargo, es una pena que un triunfador como él —de rey del ladrillo a conquistador de la Casa Blanca— no haya tenido más curiosidad por hacer un balance humano. Su Gobierno se va a parecer al régimen absolutista de María Antonieta, formado por millonarios que no comprenden las necesidades de los de abajo y que se contentan con reproducir aquella célebre frase, atribuida a la reina de Francia, que acabó perdiendo la cabeza: "Si tienen hambre, que coman pasteles". Aunque, al menos, Trump es realista, no como esos líderes que siguen con planes de austeridad salvajes, mientras el mundo arde y ellos queman a su sociedad en la pira de alguna ortodoxia económica desaparecida.

La crisis de 2008 se desencadenó porque los políticos llegaron a grados de codicia, robo y desvergüenza similares a los de Sodoma y Gomorra. Desde entonces, nadie ha sido capaz de enfrentarse a la realidad de que el modelo económico al que estábamos acostumbrados ha llegado a su fin. Ahora los gobernantes —ya sean los mexicanos con su gasolinazo, los españoles que aprietan a los más débiles con el copago de las medicinas o los que prometen más austeridad para cumplir con las metas económicas de la Unión Europea— están sirviendo al pasado, descuidando el presente y poniendo en marcha una gigantesca revolución social que no será primavera, sino otoño o incendio veraniego que lo quemará todo.

Ocho años después de la crisis no hay modelo, no hay solución, no hay culpables y nadie sabe dónde ir. Mientras tanto, acabado el Welfare State, el mensaje no es solo que el mundo será mucho peor para nuestros hijos, sino la constatación de que lo que les enseñamos no ha servido de mucho. Desde ese punto de vista, el aventurerismo político, la locura y la repetición de las escenas de El gran dictador de Chaplin tienen más sentido que nunca. La ficción cinematográfica se ha hecho realidad y los únicos que pierden son los cines de barrio que cobran entradas para mostrar a sus espectadores que todos sus sacrificios no han servido de nada.

El País
Antonio Navalón
Ciudad de México
Domingo 15 de enero de 2017.

La conferencia que el presidente electo de EU dio ayer permite despejar dudas sobre el daño que viene

Ricardo Raphael

Quienes dijeron que no cumpliría sus promesas de campaña se equivocaron. Con respecto a México hemos de estar preparados para que todas las amenazas ocurran. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca será recordada como un episodio dramático en la historia mexicana.

La conferencia que el presidente electo de Estados Unidos dio el día de ayer permite despejar dudas sobre el daño que viene. Mencionó a México y su gobierno varias veces y sólo en una de ellas ofreció adjetivos positivos. Vale la pena recuperar y reflexionar sobre los siete mensajes que nos envió a los mexicanos:

Primero, la administración Trump seguirá en su empeño para que las empresas estadounidenses con intenciones de expandir su actividad industrial a nuestro país cambien de decisión. No está dispuesto a aceptar que compañías proveedoras de bienes para la economía estadounidense —generadoras potenciales de empleo— continúen mudándose a México.

En concreto combatirá, como ya lo hizo con Ford y Fiat-Chrysler, a cualquier otra empresa automotriz que maquile partes de su producción en nuestro territorio. Ayer mismo dijo que la siguiente en su mira es GM. Advirtió que seguirá una política similar con respecto a las empresas farmacéuticas localizadas en México.

Segundo, buscará penalizar a las empresas no estadounidenses radicadas en tierras mexicanas que quieran vender sus productos en Estados Unidos. Para ellas habrá también aranceles elevados. No queda claro cómo impactaría esta medida en las decisiones de compañías como Nissan, BMW, Bombardier, Alstom, Bayer, Samsung y otras que, en efecto, invirtieron en territorio nacional porque obtenían costos bajos de producción, pero sobre todo por los aranceles preferentes.

Tercero, para poder cumplir con las amenazas uno y dos no se necesita reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sino de plano derrumbarlo. Ayer anunció que le tomará entre un año y un año y medio para cumplir con este propósito. Poco quedará vivo de este acuerdo; casi nada, pues, que vaya a servir a México tras esa demolición.

Cuarto, dará comienzo a la construcción del muro fronterizo apenas arranque su administración. No esperará a cobrarle a México antes de empezar. Ya buscará más adelante la manera de asegurar el reembolso. Con maña, primero quiere “renegociar” el TLCAN para luego hablar con el gobierno mexicano sobre este adeudo por generarse. Cabe suponer que está pensando cobrarlo imponiendo más aranceles sobre nuestras exportaciones. Sabe que otra opción, como retener las remesas o castigarlas con impuestos arbitrarios, sería una decisión jurídicamente combatible en las cortes de su país.

Quinto, varias veces colocó a México en posición de enemigo potencial, al mismo nivel de China, Japón y Rusia. No está mal para la vanidad nacional que el líder de esa nación nos coloque en sillas similares con esas otras superpotencias. Tomemos nota.

Sexto, afirmó con énfasis que respeta al gobierno de Enrique Peña Nieto. Fue incluso más lejos al decir que los líderes políticos mexicanos eran más inteligentes que los líderes políticos estadounidenses. Al parecer Trump práctica el adagio de tener a los enemigos más cerca que a los amigos. Con Vladimir Putin parece estar haciendo algo parecido.

Séptimo, ayer dejó fuera el tema de la política antimigrante. Llama la atención que no fuera destacado. Acaso este olvido tiene que ver con la oposición de los gobiernos estatales cuya economía depende en mucho de la mano de obra ilegal mexicana, como por ejemplo California, Texas, Nevada, Carolina del Sur o Nuevo México. Pero el silencio de ayer no tendría que implicar la inacción de mañana.

ZOOM: Sobre aviso no hay engaño. Va por todo. Sin medida. Más vale prepararse con inteligencia para el pleito porque negociación, al parecer, no habrá.

El Universal
Ricardo Raphael
Ciudad de México
Jueves 12 de enero de 2017.


Peña Nieto ha roto la relación con el pueblo. Enfrentarse así al reto de Trump es una tragedia

Jorge Zepeda Patterson

México tiene un serio problema de inoportunidad histórica. Justo cuando más hemos necesitado a un Lázaro Cárdenas, un Churchill o un Mandela, hemos tenido, por desgracia y políticamente hablando, a un enano a cargo del timón del barco. En el 2000 desperdiciamos la efímera “primavera democrática” cuando el régimen de alternancia de Vicente Fox se mostró más interesado en cuidar sus índices de popularidad que en utilizar su capital político para construir la red de instituciones democráticas que el país necesitaba para sustituir al presidencialismo.

Y hoy, cuando enfrenta la peor enorme amenaza de su historia reciente, un Gobierno estadounidense agresivo y hostil, el país está encabezado por la presidencia con el más bajo nivel de legitimidad de las últimas décadas. No sólo se trata de que los niveles de aprobación de Enrique Peña Nieto se encuentren en sus mínimos históricos. Es también un asunto de incapacidad para articular y aterrizar una propuesta de acción con alguna posibilidad de éxito.

Al arranque de su administración Peña Nieto se propuso Mover a México, era su lema. Los últimos días parecería haberlo por fin conseguido, pero en su contra. Las protestas por el aumento en la gasolina, saqueos incluidos, la resistencia de la Iglesia y de los gobernadores (incluso priistas) a estas medidas, la rebelión de los empresarios en contra del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar dan cuenta de una brecha entre la autoridad y la sociedad en el momento más inoportuno.

No se trata aquí de satanizar a Peña Nieto por la tormenta que se nos ha venido encima y que en más de un sentido lo desborda completamente. No podemos hacerlo responsable del triunfo de Trump ni de la amenaza que ello representa. Pero el hecho de que México deba enfrentar ese desafío los próximos dos años con un presidente que ha fracturado la relación con el pueblo que gobierna es una tragedia para todos.

Y esa fractura compromete el éxito de cualquier política pública que el Gobierno pretenda poner en marcha para responder a la crisis que enfrentamos. Mientras Los Pinos siga ignorando ese hecho, seguirán fracasando las comparecencias de Peña Nieto, el anuncio de sus programas, sus súplicas para concitar el apoyo de la opinión pública. El reclamo “qué habrían hecho ustedes” o su exhorto a la resiliencia, emitidos los últimos días, terminan siendo contraproducentes, objeto de crítica y mofa en las redes sociales.

El camino más rápido, quizá el único, para que el Gobierno construya algún margen de operación o credibilidad mínimo es, me parece, el combate a la corrupción en los más altos niveles de la burocracia. Mientras su administración siga siendo vista como epíteto de la impunidad y cómplice activo o pasivo de las prebendas y excesos de gobernadores, directores de paraestatales, líderes sindicales y de fracciones legislativas, no habrá posibilidades de construir legitimidad alguna.

No sé si Peña Nieto tenga todavía alguna posibilidad de desprenderse de la cultura de la cofradía y del amiguismo que caracteriza al grupo político al que pertenece. El reciclaje de los mismos protagonistas en distintas carteras, la tendencia endogámica a protegerse y cuidarse las espaldas, la autocomplacencia y el juego cortesano en la que están encerrados, dinamitan cualquier esfuerzo del presidente para generar empatía. Y desde luego, invalidan toda petición a los mexicanos para que se solidaricen con sus anuncios y programas, ya no digamos un exhorto al sacrificio, como ha sido el caso en el aumento de las gasolinas.

No hay tiempo para convocar una comisión anticorrupción con operadores internacionales, como lo hizo Guatemala. No cuando se tienen por delante solo 23 meses. Pero, ¿que pasaría si se nombra un verdadero zar anticorrupción, independiente y crítico, con las suficientes atribuciones? ¿Un Cuauhtémoc Cárdenas, un José Woldenberg?

Ha llegado el momento en que el presidente asuma que ante la crisis que se viene no puede exigir un sacrificio adicional a los mexicanos sin antes mostrar su propia disposición a sacrificarse. Jugar al golf mientras se anuncia el aumento a las gasolinas no es una manera de hacerlo.

@jorgezepedap

El País
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México
Jueves 12 de enero de 2017.

Raúl Torres Salmerón

En los últimos meses del año pasado y parte de enero de 2017, diversos medios de información nacionales y estatales, han publicado la situación en que deja el estado el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, a quien le quedan unos cuantos días en el poder.

De los fracasos registrados en este sexenio que afortunadamente ya está por terminar, no serán tocados en el último informe del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas. Dichas informaciones no han sido desmentidas en forma oficial.

Estos son los datos, unos cuantos, por falta de espacio y para no aburrir al lector.

-Rafael Moreno Valle Rosas es uno de los ocho gobernadores del país que han incumplido con la declaración “Tres de Tres”, por lo que se desconoce su situación patrimonial y fiscal tras un sexenio al frente del Poder Ejecutivo de Puebla, acusó Violeta Lagunes Viveros, representante del colectivo Todos para Todos. La Jornada de Oriente.

-Puebla sumó 80 mil 700 nuevos pobres entre 2012 y 2014, lo que representa un aumento del 2.1 por ciento a nivel general, reveló el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) al presentar el último informe de Medición de Pobreza en México. Las personas que viven en pobreza extrema disminuyeron de 17.6 a 16.2 por ciento de la población en ese periodo, sin embargo, los que se ubican en pobreza moderada pasaron de 46.9 a 48.4 por ciento.  e-consulta.

-Puebla se ubica en el quinto lugar a nivel nacional con mayor número de porcentaje de personas en pobreza alimentaria con más de 1 millón 800 mil en dicha condición, así lo reveló el delegado de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESO), Juan Manuel Vega Rayet, al inaugurar la primera Jornada Nacional Alimentaria en la entidad. Diario Intolerancia.

-La actividad económica de Puebla se contrajo 2.4 por ciento en el primer trimestre de 2016 y se ubicó en los últimos dos sitios a nivel nacional. Así lo refleja el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). e-consulta.

-De acuerdo con información de 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a la que se le aplicó la metodología empleada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en cinco estados se registraron niveles de pobreza superiores a 50% de cada una de su población. El cálculo realizado por este diario da cuenta que Chiapas tiene 65.5% de su población en situación de pobreza, Oaxaca 59.7% de su población, Guerrero 59.3%, Veracruz 50.7% y Puebla 50.1%. Excélsior.

-En términos absolutos los estados con más población en pobreza general son el Estado de México con 6.9 millones; Veracruz con 4.1 millones; Chiapas con 3.4 millones; Puebla con 3.1 millones y Oaxaca, con 2.4 millones, de acuerdo con el Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015 elaborado por el INEGI. Excélsior.

-Chila de la Sal, Eloxochitlán, Tepemaxalco, Chiconcuautla, San Diego la Mesa Tochimiltzingo, Zoquitlán, Coyomeapan, San Sebastián Tlacotepec, Ixcamilpa de Guerrero y Chichiquila son los 10 municipios que concentran los porcentajes más altos en la población de 6 a 14 años que no sabe leer ni escribir. e-consulta.

-Los trabajadores estatales de Puebla se encuentran entre los que menos aportaciones hacen a su sistema de pensiones a nivel nacional, según un análisis de la firma Aregional, el cual advirtió que este esquema tiene suficiencia presupuestaria de seis y hasta 15 años, por lo que el gobierno del estado deberá impulsar una nueva reforma a este modelo. e-consulta.

-Un total de 14 mil burócratas han sido despedidos en lo que va del actual gobierno estatal, así lo reveló Marco Antonio Manzano Ramírez, representante de los trabajadores cesados de distintas dependencias. Al clausurar simbólicamente el Congreso del estado, aproximadamente 50 trabajadores se manifestaron para exigir a los diputados que escuchen sus peticiones y actúen como intermediarios con la administración estatal para ser reinstalados. Periódico Central.

-La deuda oculta por Moreno Valle es de 76 mil millones hasta 2062. Puebla es la entidad en México que lidera en deuda oculta y eso Moreno Valle no lo puede contradecir, dice el investigador Eudoxio Morales en entrevista con, Sin Embargo. “Toda deuda, sea contingente, sea Proyecto de Prestación de Servicios (PPS) o sea Asociación Público Privada (APP), al final de cuentas es deuda, aunque le haya cambiado ese artículo Sexto a la Ley de Deuda Pública y le haya puesto otros apellidos”, agrega. Sin Embargo.

-En Puebla se han registrado 197 ejecuciones del crimen organizado durante el primer semestre de 2016, cifra que sitúa al estado por arriba del promedio nacional que es de 169, según lo informó la asociación civil Semáforo Delictivo. e-consulta.

-A seis meses de que concluyera el sexenio de Rafael Moreno Valle, los 6 mil 627 homicidios registrados en el actual gobierno estatal casi igualan a los 6 mil 961 sucesos contabilizados durante la administración de Mario Marín Torres (PRI). e-consulta.

-Debido al alto índice de empleo informal, la dependencia de la economía estatal al sector automotriz, mortalidad materna, agresiones a periodistas y la falta de vinculación entre programas académicos y empresariales, Puebla obtuvo solo 51.80 puntos de 100 posibles y se ubicó en el lugar 14 del ranking de competitividad, reveló el IMCO. Intolerancia Diario.

-Puebla se ubicó como la décima entidad del país en donde más secuestros se denunciaron durante el mes de agosto de 2016, de acuerdo con un informe del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC).  e-consulta.

-Son un total de 416 los asesinatos de mujeres que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha contabilizado entre enero de 2011 y diciembre de 2015. Y la cifra seguirá abultándose con los casos de 2016, pues las organizaciones contabilizan al menos 68 casos hasta octubre de 2016. La Jornada De Oriente.

-El mega-proyecto inmobiliario My Residence, que se construye en la capital del Estado en un predio donado por el gobierno de Puebla al Consejo Coordinador Empresarial (CCE), se encuentra en la mira de la Secretaría Hacienda y de la PGR. Éste y otros enormes proyectos habitacionales y comerciales forman parte de una investigación sobre rutas y redes de complicidad por presunto lavado de dinero. Proceso.

-El combate a la impunidad en Puebla quedó sólo en el discurso pues la entidad carece de una estrategia para atacar ese problema, según revela un informe de la Fundación Impunidad Cero encabezada por Federico Reyes Heroles, quien a su vez forma parte de la agrupación civil Transparencia Mexicana. Devela que la palabra “impunidad” quedó plasmada en el Plan Estatal de Desarrollo de la administración estatal actual, pero únicamente como parte de un diagnóstico y no de un problema a combatir. En sus planes de desarrollo, Colima, Nayarit, Puebla y Quintana Roo, mencionan la palabra impunidad en sus plataformas de gobierno, sólo como parte de un diagnóstico, pero no presentan una estrategia para su combate. Excélsior y e-consulta.

Sin Límites
Raúl Torres Salmerón
Ciudad de Puebla, Mx.
Martes 10 de enero de 2017.

Jesús Silva-Herzog Márquez

Sin imaginación la política se ahoga. Toda política exige ingenio, iniciativa, cierta audacia. No hay nada peor en el mundo del poder que la incapacidad para intuir posibilidades. La ruina proviene frecuentemente de un encierro mental: estar atado a lealtades inservibles, insistir en lo insostenible. El presidente mexicano encara el peor desafío de su administración con un cartucho quemado, con un político que no puede generar respaldos dentro del país ni respeto afuera de él.

Enrique Peña Nieto ha premiado con la Cancillería al hombre que planeó y organizó la funesta visita de Donald Trump. Pensará que, después de todo, no fue tan mala idea. Habrá llegado a la conclusión de que su asesor tuvo el atrevimiento de acercarse al candidato que terminó imponiéndose. Se habrá hecho a la idea de que, a pesar de su impopularidad, fue una decisión acertada. No me cabe la menor duda de que fue un gravísimo error de juicio. Una decisión costosísima para el Presidente y para México. Los resultados de las elecciones de noviembre no le dan la razón al hombre que puso al gobierno de México al servicio del candidato republicano. Por más que se vendiera como una apuesta por el diálogo, las condiciones del viaje fueron definidas por Trump; todo se puso a su servicio. No diría, por supuesto, que esa intervención fue definitiva. Trump no le debe la Presidencia a Peña Nieto. Pero el presidente mexicano le ayudó. Parece innegable que Enrique Peña Nieto apoyó involuntaria pero objetivamente al populista que tanto nos odia. La prensa internacional así lo registró. Los medios afines a Trump festejaron ese día como el gran momento de su campaña.

Que el presidente mexicano recurra al arquitecto del colaboracionismo para dirigir la política exterior de su gobierno es alarmante. Pinta el enclaustramiento de un gobernante que no puede ver afuera de su camarilla y que no tiene otra estrategia que la inacción. Su nombramiento no es objetable por la inexperiencia diplomática del político sino por razones de mucho mayor peso. Una razón ética, para empezar. El primer secretario de Hacienda de esta administración se benefició de su cercanía con el poder para obtener una ventaja patrimonial. No hay duda de ello y no hay razón para olvidarlo. Su regreso al primer círculo es recuerdo de los rigores éticos del presidente Peña Nieto. En segundo lugar, su retorno es la adhesión a un lastre. El nuevo canciller no refresca al gabinete, no le imprime nuevos bríos, no le aporta ideas. Por el contrario, lo atranca. El nombramiento es cuestionable, sobre todo, porque el nuevo canciller apuesta a la mansedumbre frente a Trump. Ya son muchos los signos de esa convicción. Débil en extremo fue el discurso que pronunció Peña Nieto frente a Trump. Con toda seguridad, el entonces secretario de Hacienda habrá delineado el mensaje: una tibia defensa de los intereses de México, un frío alegato a favor del libre comercio propio de una convención empresarial. No la posición firme de un jefe de Estado que aquilata a plenitud la dimensión geopolítica de la vecindad. De la mano de Videgaray, Peña Nieto expuso su tesis frente a la amenaza: pasividad y cobardía disfrazadas de diplomacia.

Esa parece ser la estrategia frente a Estados Unidos del nuevo secretario de Relaciones Exteriores. Ante la insistencia del presidente electo de que México pagará el muro fronterizo, la Cancillería se pronuncia por el silencio. No hacer nada y esperar que algún milagro domestique al patán. No decir nada, implorando que la razón ilumine al demagogo. Videgaray no llegó para aprender; llegó para callar. Donald Trump está a unos días de asumir la Presidencia de Estados Unidos y no ha llegado el día en que México defina públicamente y con claridad qué busca de la relación con el vecino, qué estaría dispuesto a negociar y cuáles son los límites de cualquier conversación.

Que la credencial de Videgaray para ocupar la Cancillería sea el puente que tiene con un pariente del futuro presidente norteamericano no habla de su capacidad, sino de los estilos mexiquenses de gobernar. Conocer al compadre del poderoso como el supremo recurso político. La pasividad que representa la Cancillería de Videgaray no es una imposición del realismo. Nuestra disyuntiva no es la indignidad o el escupitajo. Para eso sirve la diplomacia.
 
Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 9 de enero de 2017.

René Delgado

Este comentario sustituye a otro escrito previamente. Poco queda del original. Refería -más deseo que probabilidad- la importancia de correr con pies de plomo durante el mes de enero si la clase dirigente pretendía sortear algunas de las minas sembradas en el campo por donde correrá este año. Pero, error, por lo visto la clase dirigente no quiere evitar esas minas, sino detonar los pocos puentes de encuentro con la sociedad y, de ser el caso, confrontarla hasta hacerla entender cuán bien la trata sin tomarla en cuenta.

***

Los errores cometidos los últimos días del año pasado y los primeros de éste advierten cómo la administración y la claque opositora van de error en error, mostrando falta de sensibilidad social y sobra de pusilanimidad política.

Los engaños para justificar el desabasto de gasolina al finalizar el año y, luego, anunciar el gasolinazo; las mentiras para explicar el reparto de bonos y aguinaldos extraordinarios entre funcionarios, legisladores, ministros, magistrados, consejeros y comisionados y, luego, decir que se reducirán el sueldo; la ausencia de argumentos para desincorporar y, luego, reincorporar al gabinete al amigo de Enrique Peña Nieto y Donald Trump... y, claro, la falsedad de prometer no más gasolinazos y, luego, asestar uno descomunal asegurando que es en bien del país, obliga a pensar que, de error en error, la clase dirigente expone a la nación a un peligro superior al previsto.

***

Hoy, esa clase dirigente manifiesta comprender el malestar por el gasolinazo, pero censura la rapiña y el saqueo. Censura que desconocidos se roben bienes privados, pero no que conocidos se roben bienes públicos.

¿Cuál es la diferencia entre los saqueadores de tiendas departamentales y los saqueadores de arcas nacionales? ¿Cuál es la diferencia entre los primeros y los gobernadores en fuga o en busca de amparo, fuero o fianza? ¿Cuál es la diferencia entre los primeros y los que piden moche por llevar servicios u obra pública a las comunidades? ¿Entre los primeros y los que ajustan a la medida, previo diezmo, los concursos de licitaciones públicas con dedicatoria?

¿Con qué cara esa clase dirigente puede manifestar comprensión por el malhumor social y repudio a hechos delictivos, cuando de buen humor tolera que muchos de sus integrantes sin antifaz se llenen los bolsillos de dinero público?

Si alguien promovió la cultura de la rapiña y la extorsión, fue ese sector de la clase política que hizo del dinero público, fortuna propia.

***

Es probable -como se denunció en Nuevo León y el Estado de México- que los saqueadores de estos días no sean más que simples provocadores, cuyo propósito sea el de generar la atmósfera necesaria para justificar, más tarde, el uso de la fuerza pública y pretender establecer un orden fincado en el miedo.

Es probable, pero aun ese tipo de orden exige contar con el dominio de las artes y destrezas que exige cualquier gobierno y, hasta hoy, la administración no ha mostrado capacidad de constituirse en gobierno, cualquiera que fuera el perfil que pretendiera.

Echar a andar un gobierno basado en el miedo puede provocar no una reacción de sometimiento, sino de rebeldía. El miedo a veces paraliza y a veces no. Ojalá no se le vaya a ocurrir a la clase dirigente correr esa aventura.

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¿Con qué cara habrán de justificar, ahora, los senadores el supuesto período extraordinario para echar adelante la Ley de Seguridad Interior? Quizá, dirán que como viene otro gasolinazo en febrero, más vale contar con ella.

En su lógica, no estará de más que las Fuerzas Armadas cuenten ya con el marco jurídico para proteger plazas comerciales, tiendas departamentales o de conveniencia y gasolineras de esa turba de delincuentes que, al parecer, son los inconformes con el mal gobierno. Con el crimen organizado, el mando único y mixto de las policías y la prevención del delito, ya se verá después qué hacer. No es algo que urja, después de diez años de violencia.

Como quiera, asombra que después de tenderse como tapete el Ejecutivo y el Legislativo ante la exigencia o condición del Ejército de contar con la Ley de Seguridad Interior para participar en tareas de seguridad pública, el dictamen de los senadores aún ni siquiera exista.

De gran interés será, ahora, con la situación prevaleciente justificar esa legislación. ¿O es que ya descartaron el período extraordinario comprometido?

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Por fortuna, no todo es descontento. De júbilo ha de estar Donald Trump, su mejor amigo en México regresó ya al gabinete, en una posición de privilegio. No cabe duda, los errores dejan. Siempre dispuesto a aprender a costa del país, Luis Videgaray le aceptó al presidente Enrique Peña Nieto fungir o fingir como canciller de la República. Si ensayó con las finanzas públicas, por qué no intentarlo ahora con la diplomacia.

Problema para el gabinete. Respetuoso de los ámbitos del quehacer ajeno, dispuesto a trabajar en coordinación y en equipo en medio de la carrera sucesoria, sin duda, la presencia de Videgaray posibilitará dar un solo frente en materia de comercio, migración, economía y diplomacia al provocador electo como presidente de Estados Unidos.

Trump ha de estar de plácemes. Tener en la frontera sur por interlocutor a un hombre débil con un equipo dividido y con una oposición entretenida en sus propios pleitos es una dicha.

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Si el año pintaba incertidumbre política, inestabilidad económica y explosividad social, en cuestión de días, la administración lo complicó aún más: escondió decisiones, contó mentiras, reintegró a Luis Videgaray y echó un cerillo a la gasolina. Pero, en fin, ya nomás faltan menos de doce meses para que concluya el año.

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 7 de enero de 2017.

Carmen Aristegui F.

No ha pasado ni la primera semana del año y México se encuentra ya en medio de una encrucijada. Una moneda en el aire; un tiempo de dudas; un país que se debate entre tomar las riendas que le corresponden o seguir rumiando sus frustraciones.

La ola de indignación por el artero "gasolinazo" podría convertirse en detonador de una energía social, largamente contenida, y cuyo encauzamiento colectivo permitiría a la sociedad mexicana organizarse para sacudir -algunos dirían para derrocar- las estructuras políticas que la gobiernan de una forma que no va más.

El plato se colmó; el agua ha llegado a los aparejos. Hay espacio para pensar que llegó el tiempo de una sociedad organizada que logre conducir al país hacia un nuevo derrotero. Cuando observamos la reacción generalizada que ha provocado este agravio, que se suma a tantos otros, no es descartable imaginar una "primavera a la mexicana".

Si la sociedad mexicana logra sacudirse el miedo, la apatía y la indiferencia y construye nuevos espacios de actuación con las reglas de la democracia y la participación, la historia se escribirá de otra manera. México requiere de nuevos liderazgos y dotar de contenidos a su indignación. México debe plantearse, sin más, qué sí y qué no es lo que quiere como nación. Así de sencillo. Así de poderoso.

Muchos dicen que no habrá tal "primavera mexicana". Que el gobierno de Peña sorteará -una vez más- el vendaval que lo arremete y que el coro de voces que lo incriminan hoy, se volverá pronto en paisaje. Que los gritos de protesta se convertirán solo en zumbido. Piensan que desde el poder, con los recursos que cuenta, Peña Nieto sorteará la crisis y que, aunque raspado, volverá a salir del paso y para que las cosas sigan igual esencialmente.

Ante la pasividad de los mexicanos, se piensa, vendrá simplemente un control de daños para regresar, más temprano que tarde, a un estado de "normalidad". Confían en que la gente se acostumbre. Que la gente deje de pensar en manifestarse, participar u organizarse y que caiga de nuevo en la apatía y el desencanto. La gente en México, al final de cuentas, aguanta todo. Se tragará de nuevo el "gasolinazo". La mayoría, piensan, correrá a protegerse, debajo de la cama, presa de un miedo inducido y de la desinformación, esa que han hecho circular masivamente con reportes falsos sobre violencia, muertos, heridos, golpe de Estado. Solo en la Ciudad de México, la Policía Cibernética había identificado cerca de 1,500 cuentas falsas en redes sociales y se habían registrado -hasta el miércoles- cerca de 100 llamadas falsas a los números de emergencia. Sin embargo, en esta ocasión, al parecer no será tan fácil. Las acciones porriles y de quienes patrocinan trolls, bots y halcones, se están topando con la defensa que hace la gente de sus propios espacios. Ayer en Monterrey ante la acción de vándalos por encargo e infiltrados -que rompieron vitrales y saquearon comercios- la gente los enfrentó en un coro: "Esos no son el pueblo", repetían. No sería de extrañar que en el resto del país ese grito se multiplicara.

Al momento de escribir este artículo, se anuncia que el presidente Peña Nieto dará un nuevo mensaje a la nación, este jueves por la noche. Cuando el lector lea estas líneas, sabremos ya lo que habrá dicho. No hay otro tema posible que no sea el "gasolinazo", el enojo de la sociedad; la violencia, saqueos y robos a establecimientos y lo que vayamos viendo las próximas horas.

¿Qué habrá dicho Peña Nieto? ¿Acaso habrá revertido el "gasolinazo" reconociendo, humildemente, que se equivocó y que este río se le está saliendo de madre? O por el contrario, ¿nos habrá anunciado medidas extraordinarias para frenar el "caos que se ha desatado en las calles?". ¿Se habrá puesto firme y nos habrá anunciado un "toque de queda?". ¿Acaso que, para mantener a salvo la "seguridad interior de México", toma como necesarias ciertas medidas que nunca hubiera querido tomar, como sucedió con el "gasolinazo"?

Es este un pulso de la historia, ¿podrá la sociedad mexicana salir fuerte y victoriosa? ¿Podrá impulsarse, positivamente, desde el actual enojo y la indignación? ¿O cargará en la espalda, simplemente, un nuevo motivo de frustración? Solo ella tiene la palabra.

Reforma
Carmen Aristegui
Ciudad de México
Viernes 6 de enero de 2017.


Juan Villoro

Luis Videgaray acaba de inscribirse en la escuela más cara de México. Según sus declaraciones, llega a la Secretaría de Relaciones Exteriores a "aprender". Dispone de una beca anual de siete mil y medio millones de pesos para lograrlo. Su aire humilde preocupa como la calma que antecede a la tempestad. Salió del gabinete por la invitación que hizo a Donald Trump durante la campaña del magnate antimexicano. El gesto fue algo más que un error de protocolo. Se le ofreció un coctel margarita a la persona equivocada y se le otorgó estatura de estadista internacional al adversario que acaba de impedir que mil seiscientos millones de dólares se inviertan en la planta de Ford de San Luis Potosí.

El gobierno de Peña Nieto contribuyó de este modo al triunfo de nuestro acérrimo rival. El descrédito instantáneo hizo que el artífice de la iniciativa, Luis Videgaray, fuera removido de la Secretaría de Hacienda, donde llevó a cabo una asfixiante e injusta reforma fiscal. Con toda razón, Claudia Ruiz Massieu, entonces titular de Relaciones Exteriores, se inconformó con una invitación de la que no estaba al tanto y que agraviaba a México. Hoy el responsable del error la sustituye.

La pregunta esencial es: ¿quién gobierna México? La respuesta de Peña Nieto no deja lugar a dudas: Donald Trump.

Vuelvo al aprendiz de canciller. Durante su gestión en Hacienda sometió a persecutorias auditorías a los empresarios que solicitaban importantes devoluciones de impuestos. Regresa con el orgullo herido a un cargo que no merece y que sólo obtiene por las infaustas carambolas de la diosa Fortuna. ¿Cuánto durará la humildad que estrenó el miércoles pasado? Su principal "activo" consiste en su cercanía al enemigo declarado de los mexicanos. El solo hecho de que haya tomado protesta es una ofensa a la soberanía.

La cartera que alguna vez ocupó Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz por los Tratados de Tlatelolco, queda en manos de un vendedor de seguros más proclive a defender los intereses de una transnacional que los de sus "clientes locales".

Este descenso en la diplomacia coincide con la subida de hasta veinticuatro por ciento en los precios de la gasolina. Peña Nieto utilizó un recurso para saber si el combustible causa un estallido político: encendió un cerillo. Las protestas no se han hecho esperar, acompañadas de condenables actos de vandalismo. Posiblemente, los saqueos a tiendas y gasolineras son respaldados por grupos deseosos de criminalizar el descontento y evitar que surja una oposición más organizada. Los bots alarmistas en Internet apuntan en esa dirección. Pero el principal responsable es el gobierno. Si la ciudadanía se siente despojada, paga con la misma moneda; en esa confusión, el delito es visto como un acto compensatorio.

El alza a la gasolina es el corolario de la desastrosa reforma energética que permite a empresas extranjeras tener control total para la explotación en aguas profundas y de una política equivocada que desmanteló las refinerías, renunció a la petroquímica y permitió la "ordeña" de los recursos. Con el mismo sentido depredador con que Peña Nieto transforma los parques nacionales en "áreas protegidas" en las que se puede invertir comercialmente, los hidrocarburos se han sometido a los caprichos del corto plazo.

Al inicio de los años ochenta México era el cuarto productor mundial de petróleo. El presidente López Portillo anunció que se administraría esa abundancia. Lo que siguió fue la rapiña. Hoy, México cuenta con combustibles para abastecer la demanda de los siguientes cinco días. Es la medida de nuestro fracaso: un país a cinco días de la parálisis.

En enero de 1994, los zapatistas se levantaron en armas para protestar por el rezago de siglos que agobia a los pueblos originarios del país y la pérdida de soberanía que implicaba la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En enero de 2017 la situación es más grave. El dístico de Ramón López Velarde en "La suave patria" vuelve a ser una llamada de atención: "El niño Dios te escrituró un establo/ y los veneros de petróleo el diablo".

2016 fue el año con más violencia en el país desde que Peña Nieto asumió el poder. Ahora ese polvorín ha sido rociado de gasolina. En el centenario de Juan Rulfo, habitamos El llano en llamas.

Juan Villoro
Ha obtenido el Premio Herralde por su novela El testigo, el Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán por su libro sobre futbol Dios es redondo y el Iberoamericano José Donoso por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en la UNAM, Yale, Princeton y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Entre sus libros para niños destaca El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Viernes 6 de enero de 2017.

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