René Delgado

¡Qué interesante, difícil, prometedora y compleja situación!

Los actores principales y secundarios de la contienda electoral reconocieron y aceptaron sin chistar el resultado, pero la consecuencia está costando digerirla, incluso al propio Andrés Manuel López Obrador. El cambio de reglas en el ejercicio, el reparto y el sentido del poder se están tomando con júbilo y recelo. No tanto en el campo de la economía -donde las señales son de continuidad con ajustes en el equilibrio- como sí en el campo de la seguridad, la sociedad, la política y la administración.

Una cosa es el resultado electoral, otra la consecuencia política. No es lo mismo un tiempo de cambio, que un cambio de tiempo.

***

Ante la circunstancia, marcada por el pasmo de la oposición política, la ausencia del gobierno, el entusiasmo de los simpatizantes, la suspicacia de los adversarios económicos, la aversión de algunos comentaristas y el miedo de algunos medios, el candidato triunfante no pierde un minuto.

Andrés Manuel López Obrador reconoce la coyuntura y fiel a su sentido político, actúa con velocidad y un dejo de precipitación. Gana tiempo y espacio a la resistencia que, naturalmente, encontrará el cambio radical -de raíz, dice él- que pretende realizar. Entonces, trabaja sin descanso. Atiende a sus interlocutores, al tiempo que integra equipo; gira instrucciones; fija agenda y postura ejecutiva, administrativa y legislativa; encarga planes y delega tareas relativas a la inminente actuación de su gobierno.

Quiere llegar haciendo, no viendo cómo le hace.

***

En esa tesitura, el candidato triunfante anuncia medidas menores y mayores.

Desea con vehemencia asegurar resultados menores inmediatos -pensiones presidenciales, devolución del avión oficial, conversión de Los Pinos en sitio público, etcétera-, a fin de acrecentar y acreditar fuerza, respaldo y tino para generar resultados mayores posteriores -austeridad, seguridad, anticorrupción, justicia social. El título de la alianza que lo empoderó -Juntos Haremos Historia- no fue mera puntada. Quiere hacer de la alternancia, alternativa; no simple turno.

Le gusta y conoce la Historia y sólo tiene seis años para ser protagonista de ella, encabezando la cuarta transformación. Ahora no quiere escribir un libro, pretende aparecer en él.

***

El resultado marca el triunfo electoral de un candidato, la consecuencia reclama cumplir el mandato recibido que, en este caso, no sólo recayó directamente sobre el abanderado principal sino también sobre su movimiento. Como hacía años no ocurría, el electorado -fuente del poder- decidió privilegiar a una fuerza tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, así como en la mayoría de las gubernaturas estatales y las legislaturas que estuvieron en juego. Otorgó un poder enorme.

Ante al resultado no hubo resistencia, pero frente a la consecuencia hay algunas dudas y cuestionamientos. Y, ante ello, el candidato triunfante lanza un anuncio tras otro que, en su constante novedad, impide calibrar cómo cayó y se entendió el anterior. Quizá sea parte de una estrategia para conservar ventaja, pero si no es así, se están incrementando las expectativas y las dudas.

Ese vértigo está provocando mareos. Algunos actores se doblegan, otros dudan y algunos más resisten apoyarlo a secas. A la vez, el candidato triunfante está generando la impresión de cierta falta de articulación en los planes de mayor hondura: seguridad, descentralización, delegado único en los estados, etcétera.

***

Es prematuro tomar posturas inamovibles, es momento de ubicarse ante la consecuencia del resultado y no perder la oportunidad.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Justo a un año del emblemático suceso, esta es la cuarta y última parte de la carta del secretario Gerardo Ruiz:

"Señor Delgado, estoy consciente de que la función pública se encuentra permanentemente sometida al escrutinio y a la crítica de la opinión pública, que normalmente poco considera el esfuerzo y la entrega de miles de servidores públicos para cumplir con los resultados comprometidos que normalmente revisten complejidades técnicas, sociales y financieras de gran dimensión, aun así considero que son más los logros y resultados que la problemática afrontada.

"Entendiendo que estas dificultades son parte del oficio público que uno afronta en vocación de servicio, aun así considero que lo más importante y trascendente es cumplir con las principales metas comprometidas que son básicas para el desarrollo del país.

"Por último, quisiera comentar que la SCT ha realizado una política de transparencia y rendición de cuentas a través de la publicidad de los procesos de contratación, la apertura de expedientes, inclusión de testigos sociales; testimonios de Notarios Públicos, así como la publicación de informes de resultados semestrales y anuales de cada sector, la publicación en redes sociales, además de ser pionera en asumir el compromiso del estándar de contrataciones abiertas en tres proyectos emblemáticos: Nuevo Aeropuerto Internacional de México, Red Compartida y Nuevo Puerto de Veracruz. El propósito siempre ha sido que la Secretaría sea un libro abierto para la ciudadanía.

"Le agradezco se haya tomado el tiempo para leer estos comentarios y en caso de alguna duda con gusto le será aclarada, aprovecho la oportunidad para enviarle el último Informe de Acciones Relevantes de la SCT y el 5to. Libro de Infraestructura de Comunicaciones y Transportes, en donde se refleja con detalle en buena medida el trabajo que se ha realizado en esta Secretaría durante el último año, así como un USB con los libros de los años anteriores.

“Atentamente,
Gerardo Ruiz Esparza”.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 15 de julio de 2018.

   
Jesús Silva-Herzog Márquez   


Fue apenas hace unos días y parece que han pasado años. Nos sentimos de pronto en un país distinto y, en algún sentido, es cierto. Estrenamos mapa de México; hay una nueva mayoría y un nuevo ánimo. En unas horas los votantes cambiaron la política mexicana como nunca lo habían hecho. Hace una semana se votó el cambio más profundo de la historia de México. Los cambios súbitos, los cambios profundos no habían venido de esa aritmética porque aprendimos a votar con cautela. Nuestras elecciones, desde que han sido confiables, han sido instrumentos tímidos. Cambios con freno, virajes modestos. En la suma de los votos se advertía una desconfianza: que nadie tenga todo el poder. Que haya vigías interesados, que la negociación sea indispensable para gobernar. Esa precaución explica las dos décadas de gobiernos minoritarios.

La elección del 1º de julio terminó con todo eso. Los electores apostaron por una mayoría. El primer efecto del voto es la vuelta al presidencialismo. Más allá de los estilos de liderazgo, más allá de los voluntarismos, fue decisión de los electores dar al futuro presidente los respaldos necesarios para gobernar sin obstrucciones. De treinta millones de votos obtenidos en una contienda democrática fundan una presidencia distinta porque es fuerte y a la vez democrática. Su coalición tiene mayoría en ambas cámaras y está a un paso de la mayoría constitucional. No es improbable que en los reacomodos por venir consiga los votos para rehacer el texto de la Constitución. El nuevo poder presidencial no significa solamente el poder de redactar la ley sino también el tener el campo abierto para las designaciones fundamentales. Las oposiciones serán testigos mudos de la recomposición del poder nacional. La política que se asoma parece colgar del sentido de prudencia de un hombre, de su sentido contención y no de la exigencia de los antagonistas que ocupan posiciones institucionales como contrapoder.

En la formación este nuevo presidencialismo hay, por supuesto, incógnitas relevantes. ¿Qué podemos esperar de esa confusa estructura que llevó a López Obrador al triunfo? Morena sigue siendo una incógnita. El viejo presidencialismo se fundaba en la disciplina del partido hegemónico y en el liderazgo incuestionable del presidente sobre su partido. ¿Se repetirá la historia en este nuevo capítulo del presidencialismo ¿Lograrán acuerdo los extremos que se unieron para la elección? Una cosa es clara. El punto de unión de esa organización no es un programa sino una persona. Ha nacido en México un partido de caudillo y es mayoritario.

El presidencialismo captura súbitamente nuestra imaginación. La política recupera el viejo sol. Giramos alrededor de los gestos y los ademanes de un hombre que ya despacha como presidente. Examinamos minuciosamente las palabras que pronuncia y las que deja de mencionar, fotografiamos a los personajes que lo visitan, registramos las peticiones que recibe como testimonio de la esperanza nacional. Tratamos de descifrar hábitos y planes para anticipar nuestra suerte. Con un respaldo tan imponente, con instituciones tan mermadas, la voluntad presidencial parece comienzo y final de la política. Esta ilusión embona, por supuesto, con la convicción profunda del ganador: en la Presidencia reside un poder mágico que, por efecto de virtud patriótica, es capaz de transformarlo todo.

La elección del 2018 permite cambiar página. Los enconos de décadas parecen ceder con esta alternancia. Se encuentra en muchas partes una alentadora disposición de entendimiento. El peligro es confundir este afán de diálogo con la antigua obsecuencia. Si el presidencialismo ha sido restaurado con votos y habrá de imponerse en la mecánica del poder, no debemos permitir su regreso como cultura. El presidencialismo entendido como religión civil. No podemos permitir la restauración del rito y la sacralización que acompañan su épica. Muchos querrán regresar a las prudentes sumisiones o a los silencios prácticos. Pero frente a un presidente popular, habilidoso y fuerte, harán falta, como nunca, voces críticas, organizaciones autónomas, perspectivas independientes.

Reforma
Jesús Silva-Herzog
Ciudad de México
Lunes 9 de julio de 2018.


Rodolfo Ruíz

Hay cifras que no cuadran sobre la elección de gobernador comenzando por el número de personas que supuestamente acudieron a votar, de acuerdo con la información disponible en el PREP federal y el PREP estatal.

Pese a ser procesos concurrentes con el mismo listado nominal, y prácticamente con las mismas boletas, hay una diferencia de más de medio millón de votos entre la elección presidencial y la elección de gobernador.

En total se contabilizaron 3 millones 76 mil sufragios en la elección presidencial, y 2 millones 516 mil 965 en la de gobernador. ¿Dónde se perdieron los 559 mil 807 votos que faltan?

Lo más contradictorio, según la información disponible de los PREP, es que en Puebla fue mayor la participación en la elección de gobernador, de 67.64%, que en la elección presidencial que fue del 63.41.

tablacorte01

¿Si la participación ciudadana en los comicios para gobernador de Puebla fue superior 4.33% en comparación con la de presidente de la República, por qué en la primera elección hay medio millón de votos menos? ¿No tendría que ser al revés?

***

Otras cifras que no cuadran o, para decirlo en términos amables, se apartan de la lógica, son las que se atribuyen en el PREP del Instituto Electoral del Estado (IEE) a Luis Miguel Barbosa en algunos distritos de la Sierra Norte y la región de Ciudad Serdán.

Por lo general en la mayoría de los 26 distritos locales las diferencias entre Martha Erika Alonso y Miguel Barbosa llegan a 10 mil sufragios, sin embargo en el distrito 1 de Xicotepec la ventaja a favor de la esposa del ex gobernador Rafael Moreno Valle se sale de rango. Aquí su ventaja es de 15 mil 804 votos, en el distrito 4 de Zacapoaxtla de 16 mil 467, en el distrito 6 de Teziutlán de 25 mil 555 y en el distrito 14 de Ciudad Serdán de 19 mil 670 votos.

¿A qué obedece esta atipicidad?

tablahoy02

***

En abono de lo anterior este jueves se publicó en e-consulta un muy interesante análisis del profesor e investigador del CIDE, Juan Manuel Mecinas Montiel bajo el título Puebla: claves y cuestionamientos.

El doctor en Derecho Constitucional observa que en 9 distritos locales de Puebla, Barbosa le ganó a Martha Erika por 41 mil 531 votos. Pero que en esas mismas demarcaciones, los candidatos de la coalición Juntos Haremos Historia obtuvieron una ventaja de 195 mil 953 sufragios. Aquí parte de su trabajo:

En Distritos ganados por Morena perdió Barbosa

Los resultados en la elección a gobernador en los Distritos Locales 9, 10, 11, 12, 15, 16, 20, 24 y 25 son claves si Barbosa y Morena quieren entender dónde pueden encontrar las claves de la elección.

En esos distritos, Barbosa le ganó a Martha Erika por 41,531 votos. Pero, en esos mismos distritos, los candidatos de Morena a Diputados Locales obtuvieron una ventaja de 195,923 votos respecto de los candidatos del Frente.

El voto diferenciado entre los candidatos de Juntos Haremos Historia y Barbosa en estos distritos (20%) es mayor al promedio estatal (15%), pero la clave está en los números absolutos. Barbosa perdió 154,392 votos (195,923 – 41,531) en estos distritos. Razones puede haber muchas, pero llama la atención dos cosas: son distritos ganados por Morena y son distritos donde el voto antimorenovallista es claro. O los votantes en verdad no querían a Barbosa o alguien operó en su contra.

***

Para rematar esta columna no quiero dejar de mencionar otro artículo que también puede encontrar en e-consulta bajo la firma de Enrique Cárdenas y el encabezado El tsunami selectivo en Puebla.

El ex rector de la UDLAP y ex director del Centro de Estudios Espinosa Yglesias destacó algo que también levanta suspicacias.

Sostiene que mientras la participación ciudadana promedio en el estado fue de 67.7%, en algunos distritos de la Sierra Norte como Xicotepec, Huauchinango, Zacatlán, Zacapoaxtla, Tlatlauquitepec y Teziutlán la participación osciló entre 70 y 76%.

Muchas inconsistencias o, para decirle en términos técnicos suaves, atipicidades en una misma dirección.

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Hay cifras que no cuadran sobre la elección de gobernador comenzando por el número de personas que supuestamente acudieron a votar, de acuerdo con la información disponible en el PREP federal y el PREP estatal.

Pese a ser procesos concurrentes con el mismo listado nominal, y prácticamente con las mismas boletas, hay una diferencia de más de medio millón de votos entre la elección presidencial y la elección de gobernador.

En total se contabilizaron 3 millones 76 mil sufragios en la elección presidencial, y 2 millones 516 mil 965 en la de gobernador. ¿Dónde se perdieron los 559 mil 807 votos que faltan?


Lo más contradictorio, según la información disponible de los PREP, es que en Puebla fue mayor la participación en la elección de gobernador, de 67.64%, que en la elección presidencial que fue del 63.41.

tablacorte01

 

¿Si la participación ciudadana en los comicios para gobernador de Puebla fue superior 4.33% en comparación con la de presidente de la República, por qué en la primera elección hay medio millón de votos menos? ¿No tendría que ser al revés?

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Otras cifras que no cuadran o, para decirlo en términos amables, se apartan de la lógica, son las que se atribuyen en el PREP del Instituto Electoral del Estado (IEE) a Luis Miguel Barbosa en algunos distritos de la Sierra Norte y la región de Ciudad Serdán.

Por lo general en la mayoría de los 26 distritos locales las diferencias entre Martha Erika Alonso y Miguel Barbosa llegan a 10 mil sufragios, sin embargo en el distrito 1 de Xicotepec la ventaja a favor de la esposa del ex gobernador Rafael Moreno Valle se sale de rango. Aquí su ventaja es de 15 mil 804 votos, en el distrito 4 de Zacapoaxtla de 16 mil 467, en el distrito 6 de Teziutlán de 25 mil 555 y en el distrito 14 de Ciudad Serdán de 19 mil 670 votos.

¿A qué obedece esta atipicidad?


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En abono de lo anterior este jueves se publicó en e-consulta un muy interesante análisis del profesor e investigador del CIDE, Juan Manuel Mecinas Montiel bajo el título Puebla: claves y cuestionamientos.

El doctor en Derecho Constitucional observa que en 9 distritos locales de Puebla, Barbosa le ganó a Martha Erika por 41 mil 531 votos. Pero que en esas mismas demarcaciones, los candidatos de la coalición Juntos Haremos Historia obtuvieron una ventaja de 195 mil 953 sufragios. Aquí parte de su trabajo:

En Distritos ganados por Morena perdió Barbosa
Los resultados en la elección a gobernador en los Distritos Locales 9, 10, 11, 12, 15, 16, 20, 24 y 25 son claves si Barbosa y Morena quieren entender dónde pueden encontrar las claves de la elección.

En esos distritos, Barbosa le ganó a Martha Erika por 41,531 votos. Pero, en esos mismos distritos, los candidatos de Morena a Diputados Locales obtuvieron una ventaja de 195,923 votos respecto de los candidatos del Frente.

El voto diferenciado entre los candidatos de Juntos Haremos Historia y Barbosa en estos distritos (20%) es mayor al promedio estatal (15%), pero la clave está en los números absolutos. Barbosa perdió 154,392 votos (195,923 – 41,531) en estos distritos. Razones puede haber muchas, pero llama la atención dos cosas: son distritos ganados por Morena y son distritos donde el voto antimorenovallista es claro. O los votantes en verdad no querían a Barbosa o alguien operó en su contra.


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Para rematar esta columna no quiero dejar de mencionar otro artículo que también puede encontrar en e-consulta bajo la firma de Enrique Cárdenas y el encabezado El tsunami selectivo en Puebla.

El ex rector de la UDLAP y ex director del Centro de Estudios Espinosa Yglesias destacó algo que también levanta suspicacias.

Sostiene que mientras la participación ciudadana promedio en el estado fue de 67.7%, en algunos distritos de la Sierra Norte como Xicotepec, Huauchinango, Zacatlán, Zacapoaxtla, Tlatlauquitepec y Teziutlán la participación osciló entre 70 y 76%.

Muchas inconsistencias o, para decirle en términos técnicos suaves, atipicidades en una misma dirección.


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Rodolfo Ruiz
La Corte de los Milagros
Ciudad de Puebla, México
Domingo 8 de julio de 2018.


Enrique Cárdenas Sánchez  

Las maniobras del morenovallismo para inducir el voto diferenciado: incluyeron dinero y violencia.


El tsunami AMLO en el país fue asombroso. Con una votación copiosa, Andrés Manuel López Obrador ganó en todos los estados de la República, menos en Guanajuato, bastión del PAN. En estados dominados históricamente por el PRI, como el Estado de México, desplazó a Meade y, aún en municipios tan identificados con ese partido, como Atlacomulco, también triunfó.

En Puebla, AMLO ya había ganado las últimas dos elecciones en la votación presidencial, pero había tenido poco impacto en presidencias municipales; la izquierda no pintaba. Los gobernadores y alcaldes solían ser del PRI y, en la era Moreno Valle, del PAN. El control morenovallista llegaba al Congreso estatal, junto con sus partidos satélite, y a la fracción parlamentaria del estado a nivel federal. Incluso dejó como gobernador a Antonio Gali Fayad quien mantuvo prácticamente el mismo gabinete que su antecesor.

En la elección del domingo pasado, el tsunami AMLO arrasó con el congreso estatal, con las diputaciones federales y las senadurías por Puebla. Además, venció en la capital y en los municipios de la zona conurbada, así como en los más populosos del interior del estado, como Tehuacán, las dos Cholulas, Teziutlán, Huejotzingo, San Martín Texmelucan, entre otros. Ganó 16 de los 26 distritos electorales locales, y solamente perdió uno de los distritos federales. Pareciera que la maquinaria de Moreno Valle no fue capaz de detener la avalancha, a pesar de los reportes anecdóticos de compra de votos y de operación en tierra al estilo rupestre. Es imposible saber cuánto dinero circuló el domingo y en los meses previos para ello. Aún así, la voluntad de la gente se expresó y se obtuvieron los resultados mencionados.

Sólo hubo una excepción relevante: la gubernatura cuya candidata es precisamente su esposa, Martha Erika Alonso de Moreno Valle. En este caso particular, se argumenta que el voto fue diferenciado. De acuerdo con los resultados distritales dados a conocer ayer, aventaja al candidato de Morena con casi 100 mil votos, menos de 4 puntos porcentuales. ¿Qué pasó? ¿Es Martha Erika Alonso de Moreno Valle muy popular? ¿O más bien la maquinaria electoral y de presión política funcionó?

Parece que el asunto es similar a la operación del PRI en el estado de México del año pasado. Dinero, dinero y mucho dinero, especialmente en las zonas más pobres. Algunos datos: la participación promedio del estado fue del 67.7%. En los distritos de la sierra norte, algunos de los más pobres de la entidad (Xicotepec, Huauchinango, Zacatlán , Zacapoaxtla, Tlatlauquitepec y Teziutlán), la participación osciló entre 70 y casi 76%. En esos distritos la Sra. Moreno Valle tuvo una ventaja de casi 90 mil votos sobre Barbosa, más del 90% de la diferencia existente entre ambos.  Si a esa diferencia se le suman los resultados de otros dos distritos pobres en la Mixteca, Izúcar de Matamoros y Ajalpan, se completan casi otros 10 mil votos de diferencia a favor de Martha Erika sobre Miguel Barbosa. Esos 8 distritos explican la diferencia de votos entre ambos contendientes. Pero además, hay más de 100 mil votos anulados, que, curiosamente, corresponden a casi 4%. En las zonas metropolitanas más importantes, el triunfo fue para Barbosa. La maquinaria morenovallista parece haber sido muy efectiva para comprar voluntades y diferenciar el voto para la elección de gobernador.

Y para asegurar el resultado, todo parece indicar que el Morenovallismo utilizó la técnica de Maximino Ávila Camacho, o la de Mario Marín en tiempos más recientes: asustar, amedrentar, reventar la elección a punta de pistola para meter miedo y afectar los resultados. En total, delincuentes electorales armados vandalizaron o se robaron las urnas de 70 casillas, de acuerdo con la Junta Distrital del INE. Cientos de personas fueron testigos, miles perdieron su voto. Ese día, además, hubo 5 asesinatos relacionados con lo electoral. Es un retroceso de décadas en la vida democrática del Estado. Por si fuera poco, antier hubo una trifulca entre morenistas y panistas en un hotel de la ciudad de Puebla, en la que presuntamente se devela el fraude. También hubo violencia. Alrededor de la mitad de las denuncias que recibió la Fepade durante la jornada electoral fueron de Puebla.

Y en todo ello, el gobierno del estado ha estado más bien ausente. Quedan muchas cuestiones por aclarar y la autoridad no responde a satisfacción. Ante el sesgo observado de la autoridad electoral local, y ante un fuerte control de la mayoría de los medios de comunicación, parece urgente que el INE a nivel nacional atraiga el caso Puebla y concluya el resto del proceso electoral. Por su parte, la Fepade debe actuar a fondo y sin que haya impunidad.

Antier salimos a marchar a las calles unas 20 mil personas para exigir el freno a la violencia electoral y el cumplimiento de la ley. Se debe asegurar a los ciudadanos que su voluntad será respetada en el proceso y todos debemos estar indignados por la violencia electoral, y por la ausencia de autoridad legítima en estos graves momentos en la vida del estado.

e-consulta
Enrique Cárdenas
Ciudad de Puebla
Sábado 7 julio de 2018.


René Delgado  

Votar primero y mostrar madurez después será clave el día de mañana.

E esa acción y actitud dependerá el amanecer del lunes o, si se quiere, el porvenir de un país urgido por reconciliarse y resolver de común acuerdo los problemas -destacadamente, la inseguridad, la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la vecindad con Estados Unidos- que, una y otra vez, han frustrado el anhelo de crecer con desarrollo y justicia, en paz, democracia, libertad y armonía.

La prudencia, entereza y tolerancia de candidatos, dirigentes, gobernantes, consejeros y magistrados electorales, periodistas e intelectuales, así como de la ciudadanía, estarán a prueba. Apartarse de esas conductas o, peor aún, intentar frustrar, desvirtuar o revertir la decisión tomada en las urnas, no sólo ahondaría el desencuentro nacional, facilitaría también la labor a quienes desde fuera -Donald Trump a la cabeza- y desde dentro del país -el crimen en su apogeo- se empeñan en socavarlo o herirlo.

Sería absurdo pasar, a partir del ejercicio de la democracia, del deshilvanamiento del tejido social y político al desgarre. De la confrontación al enfrentamiento.

***

El encuadre de las elecciones de mañana es en extremo difícil, complicarlo aún más sería peligroso.

Desde dentro, la delincuencia criminal y la delincuencia política han puesto al Estado contra la pared y han hecho de la violencia un recurso para intervenir en los comicios. Ante ellas, la debilidad ha quedado expuesta. Hay sangre en la arena. Crimen sin castigo. A lo largo del proceso electoral, el asesinato de 133 políticos -entre ellos, 48 candidatos- advierte de la incursión criminal en la soberanía popular. Ahora se sabe a quiénes el crimen político o delincuencial no quería ver en la boleta, pero no a quiénes colocó en ella.

En cualquier democracia, esa intervención exigiría una contundente campaña en su defensa. De parte de la autoridad gubernamental, actuar con rapidez y firmeza, no dejar impunes esos crímenes. De parte de los candidatos presidenciales, protagonistas centrales del concurso, suspender un día las campañas en favor de la paz y no sólo lamentar lo ocurrido. De parte de la autoridad electoral, demandar con vehemencia libertad y seguridad para votar y ser votados.

No hubo esa campaña ni esa defensa. En esa circunstancia, se va a las urnas.

***

Desde fuera, las agresiones y la hostilidad de Donald Trump en contra de México configuran la amenaza de un fascista, ansioso por postrar hasta la humillación a su vecino.

El amago ahí está y, tras la criticable postura de la Cancillería mexicana -cuando no dócil, tardía, siempre incapaz de formular una política integral ante el problema-, profundizar la división y animar la polarización dentro, colocaría al país en una situación de enorme debilidad ante el capricho y el prejuicio de un sátrapa, esquizofrénico y ensoberbecido.

De las agresiones externas cuando el país ha estado dividido, se han extraído las experiencias más amargas de nuestra historia.

Bajo esa amenaza foránea, se va a las urnas.

***

La elección de mañana como las anteriores es relevante, no hay duda, pero no reviste la importancia capital que se le ha querido imprimir. El país no se refunda ni se disuelve mañana, no se acaba ni inicia.

Elegir es importante, siempre y cuando haya de dónde escoger. Esta vez, sólo hubo una opción. Por la práctica prolongada de políticas cupulares, excluyentes y cerradas y por los errores cometidos ahora por los candidatos, partidos y administraciones que redujeron la alternancia a una cuestión de turno para seguir la misma rutina, estos no tuvieron qué proponer al país.

Votar primero y mostrar madurez después es clave para reponer el horizonte nacional.

CUENTA FALSA

Es falsa la cuenta en Twitter que aparece bajo el nombre del autor y el título de esta columna. Conviene advertirlo.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Segunda parte de la carta enviada por el secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza.

"Desde el inicio de la Administración como Secretario de Comunicaciones y Transportes Federal, le presenté para su aprobación al señor Presidente de la República el Programa Nacional de Infraestructura, mismo que buscaba resolver graves problemas estructurales del país como lo eran la saturación de autopistas, ejes troncales, carreteras, puertos y aeropuertos; así como el rezago existente en materia de Telecomunicaciones y en la Industria Aeronáutica, principalmente.

"El Programa se cumplirá en buena medida como uno de los más importantes en la historia de la SCT, el cual se sintetiza en la construcción de 52 nuevas autopistas y 80 carreteras con un total de 6,400 km; 56 libramientos, 50 nuevos distribuidores; la ampliación de los 10 accesos más importantes de la Ciudad de México, más de 36 mil km de caminos alimentadores y la ejecución de 10 proyectos bajo el esquema de Asociaciones Público-Privadas para la conservación y mantenimiento de infraestructura carretera de alta afluencia vehicular; la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; la modernización de 28 aeropuertos; duplicar la capacidad operativa de nuestros puertos de 260 a 530 toneladas por año; la construcción de los trenes México-Toluca, Ligero de Guadalajara y la Línea 3 del metro de Monterrey; la modernización de nuestro sector ferroviario de carga y el impulso al sector aeronáutico.

"Además de realizar una profunda transformación en materia de telecomunicaciones con proyectos como la Red Compartida, el programa México Conectado, Infraestructura Pasiva y la publicación de la Política Satelital Mexicana para atender la creciente demanda de conectividad del país". (Continuará).

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 30 junio de 2018.

 
Porfirio Muñoz Ledo


El Instituto tiene carácter nacional con atribuciones jurídicas en los distintos órdenes de gobierno, pero no las ejerce por subordinación mental y política.

El mayor riesgo para nuestra transición democrática es el sesgo oficialista de la mayoría de los magistrados del TEPJF.

 

El pasado 22 de junio un grupo plural y especialistas electorales nos reunimos por tercera ocasión con el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova. Expusimos los grandes peligros que amenazan los comicios que definirán el rumbo y el futuro del país. Sostuvimos con toda energía que se sancionen los abusos cometidos flagrantemente por los gobiernos federal y los estatales para inducir ilegalmente el sufragio. El colmo ha sido la compra de credenciales dentro de las instalaciones del CEN priísta a un precio exorbitante y sus ramificaciones han sido la desaparición de boletas electorales en algunos estados, la intervención de los gobernadores en la compra y coerción del voto y las presiones de muchos empresarios a sus trabajadores para que voten a favor de candidatos que benefician sus intereses. Desde luego las campañas negras orquestadas desde el partido oficial y el amedrentamiento y asesinato de candidatos a diversos cargos, violencia política tolerada por el gobierno.

Según las encuestas, 53% de los ciudadanos cree “poco o nada” en las autoridades electorales. Grave señalamiento de la conciencia política nacional que ha detectado la degeneración de las instituciones en la materia construidas con enormes esfuerzos y sacrificios en las negociaciones que la oposición sostuvo con el gobierno en 1989, 1994 y 1997. Vivimos hoy un escenario paradójico, ya que el prestigio mundial que acompañó a dichas reformas se ha convertido en un boomerang en virtud de que se ignora que éstas se han corrompido. Diversas organizaciones han producido magníficos documentos que prueban tanto los delitos electorales cometidos por las autoridades, como los planes que están instrumentando para distorsionar el sentido del voto popular.

Hemos instado al INE para que prevenga, investigue y sancione todas las violaciones a la ley que son manifiestas y documentadas, pero no hemos recibido respuesta alguna. Frente a denuncias precisas han contestado con respuestas generales. El Instituto tiene carácter nacional con atribuciones jurídicas en los distintos órdenes de gobierno, pero no las ejerce por subordinación mental y política. Finge ignorar que en materia electoral tiene facultades superiores al Presidente de la República. El mayor riesgo para nuestra transición democrática es el sesgo oficialista de la mayoría de los magistrados del TEPJF. La disfuncionalidad de los órganos electorales respecto de su obligación garantista a favor de un régimen democrático puede generar un grave conflicto político y en el extremo la fabricación de un escenario jurisdiccional destinado a posponer durante semanas o meses —gracias a una avalancha de demandas— la declaratoria formal del titular del Poder Ejecutivo de la Unión.

Todos los análisis coinciden en la irreversibilidad de la victoria del candidato puntero. Sin embargo, eluden la consideración de la estrategia gubernamental, aliada a los poderes fácticos, concentrada en el propósito de evitar una mayoría clara, de las fuerzas emergentes, en el Congreso que harían viable la transformación del país. De ahí la importancia democrática de “votar parejo”; esto es hacer coincidir el sufragio, según su opción política, en todos los candidatos propuestos a la decisión de la ciudadanía. A ello debemos añadir los equilibrios del sistema federal, ya que los gobernadores de los estados tratan de evitar, mediante la transferencia y triangulación de recursos federales, la pérdida de sus bastiones políticos.

Es muy preocupante la declaración del candidato José Antonio Meade, en el sentido de que su partido mantendrá el poder: “haiga sido, como haiga sido”. Frase copiada a su antiguo jefe Felipe Calderón para avalar cínicamente el fraude electoral de 2006. La actitud de un tecnócrata moderado reivindicando el derecho de su partido a gobernar eternamente. Es una declaración de guerra. Hace suponer que el régimen está dispuesto a todo para evitar la transferencia del poder. Recuerda a aquella consigna priísta que prevaleció durante decenios y cuyo ideólogo era Fidel Velázquez: “llegamos al poder por una Revolución y no saldremos sino por otra”. Tiene razón, ya que serán barridos hasta la cancelación del registro de su partido por sus delitos electorales y la pulverización democrática de sus militantes. La refundación de la República demanda consensos nacionales por encima de las burocracias políticas.

El Universal
Porfirio Muñoz Ledo
Ciudad de México
Sábado 30 de junio de 2018.


René Delgado

Los asusta imaginar en la Presidencia de la República a una fuerza distinta a las conocidas y, entonces, aun cuando se dicen liberales y abiertos al cambio, instan a reducir la alternancia a una cuestión de turno entre los jugadores bien vistos en la liga. No les gusta la idea de entender la alternancia como una alternativa. Pensar en un nuevo reparto, ejercicio y sentido del poder, los aterra al punto de apartarlos del análisis y llevarlos a la adivinación, especializada en los presagios negros.
Los tutores de la democracia temen una calamidad, sin lamentar la ruina desde donde predican. Aferrados al presente continuo advierten: todavía nos puede ir peor. Mejor no moverle, mucho menos ensayar algo distinto.

Aborrecen la política popular y abierta como adoran la política cupular y cerrada.

***

Son curiosos los profetas que abominan al mesías. Desde el púlpito del elitismo o los salones donde conversan, fustigan el populismo a partir de la lectura de los pliegues de su miedo. Brotan arrugas en su frente.

Nada quedará en pie. No podrá con la corrupción. Acabará con la libertad de expresión. Arrasará con las reformas. Ejercerá el poder absoluto. Desmantelará el mercado. Resucitará al Estado. Sacará a los presos de las cárceles y encerrará a la sociedad en su fatiga. Secará los ríos y los lagos para saciar su sed de poder. Y, sin duda, regalará las reservas internacionales a los pobres, fomentando la holgazanería y acrecentando la inexistente deuda nacional.

Todos los males por venir pueden, según ellos, conjurarse en un tris dominical. Basta votar en contra, beneficiando al segundo lugar de la incompetencia sin importar quién sea. Reivindican la razón de la sinrazón, condenando la emoción derivada del malestar y el descontento social acumulado.

***

Desde la lógica del pavor, cuanto auguran los custodios de la democracia tutelada jamás ha ocurrido. Si la impresión es la contraria, en todo caso es un espejismo. Algo temporal y pasajero. Nos va mal porque vamos bien, más de uno ha explicado sin enredos. Cuando todo esté a punto, bastará la credencial de elector para acceder al paraíso sin escala en el infierno.

En ese momento aún sin fecha, la bonanza quedará fija en el calendario. Gobiernos más eficaces y honestos que los conocidos. Fiscales generales y especializados, autónomos e independientes, aunque ahora estén en la congeladora. Magistrados sin toga ni bolsillos, pero de gran talla, parecidos a los actuales, a quienes podrá llamarse por su apodo. El libre mercado corregirá la desigualdad social y emparejará las regiones, todos con educación y empleo en un país de una sola y altísima velocidad. Los maestros importados de Harvard darán clases en inglés, desde preescolar. Los inversores nacionales y extranjeros formarán fila, aún más nutrida, en la ventanilla única de nuestro anhelo. Las cárceles estarán al cien como las escuelas. Los muertos y los desaparecidos lamentarán haberse ido. La tasa de crecimiento exigirá usar cinturón de seguridad, dado su vértigo, aunque ahora avance a paso de tortuga. En Woodlands, el Infonavit construirá las viviendas de interés social y en Saint Tropez las casas de interés político. Qué Acapulco, ni qué Acapulco. Vamos, bastará decir qué se necesita para tenerlo.

Un paraíso sin par, a condición de no verse tentados por la idea de buscar otro derrotero ni cambiar el curso.

***

Los profetas son singulares, pero parejos. Así como no reconocen aciertos en la campaña del mesías, tampoco reconocen errores en la campaña de los suyos.

En la lógica de que las cosas suceden porque ocurren, explican que el puntero corra mucho y los segundos se queden atrás. Así, porque sí.

Nada les dice la privatización de los partidos, las prerrogativas, las candidaturas y las campañas de sus favoritos. Tampoco que el Pacto por México le haya dejado en exclusiva el monopolio y el territorio de la oposición a Morena, mientras el panismo, el perredismo y el priismo disfrutaban las mieles del ejercicio de la partidocracia, la política del canje y el reparto de posiciones y prebendas a partir del principio de cuotas y de cuates.

Aquel se aprovechó por no tener qué hacer, mientras aquellos se empeñaban en legislar mal las reformas y la administración, después, las implementaba peor. Un abuso.

Ante ese paisaje, los profetas miran con recelo el futuro próximo y promueven permanecer en el presente continuo.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

El secretario Gerardo Ruiz Esparza envió antier una carta a este espacio que, por su extensión, se publicará en partes. Esta es la primera:

 "SR. RENÉ DELGADO

 "PRESENTE:

"Desde hace varios meses en su columna 'Sobreaviso' que publica en el Periódico Reforma, realiza usted un comentario negativo sobre mi persona vinculado al lamentable accidente de Cuernavaca.
"Mi Coordinador General de Comunicación Social, Mtro. Rodolfo González, envió un escrito al Ing. Lázaro Ríos Cavazos, Director General Editorial de Grupo Reforma, mismo que usted ya conoce, razón por la cual ya no haré referencia detallada a los argumentos expuestos. En esencia lo que el escrito perseguía era acreditar con evidencias las causas del accidente, que desde mi punto de vista no dejan lugar a duda, resumiéndose en lo que invariablemente sucede cuando un tubo de agua se tapa con basura, termina por romperse y el agua se infiltra en el terraplén, basura que en este caso provenía de las barrancas de Cuernavaca.

"Le comento que a lo largo de mi carrera en el Servicio Público he luchado siempre por lograr las metas y los resultados que se me han encomendado y casi siempre he alcanzado los objetivos". (Continuará).

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 23 junio 2018.


Pablo Gómez       

México tuvo una especie de absolutismo político en tanto que el Estado era un partido y todo el sistema electoral estaba en manos del Ejecutivo. Ninguna libertad podía ejercerse a cabalidad. Así también, el poder judicial carecía casi por completo de certeza y legalidad. El presidencialismo era despótico al grado usar la violencia como método de gobierno. Y, por si todo eso fuera poco, la prensa estaba amenazada y comprada.

¿México puede volver a tal situación? Si se trata de tomar parte en la contienda electoral, se puede decir que sí, siempre que le convenga a un candidato. Pero si se quisiera analizar con honradez intelectual la realidad de México, sería imposible sustentar la tesis del inminente peligro de volver a ese absolutismo político.

Enrique Krauze se ha lanzado a la lucha electoral con la novedosa tesis de que con una mayoría legislativa de Morena o de la coalición electoral que encabeza Andrés Manuel López Obrador se podría regresar a México a aquel absolutismo. Por tanto, el conocido biógrafo de personajes históricos convoca a los probables votantes de AMLO a sufragar a favor de otro partido en las boletas de diputados y senadores. Equilibrio, implora.

Esa preocupación es nueva para Krauze, quien ni siquiera criticó el burdo fraude del año 2015, consumado en la mesa del Consejo General del INE y confirmado en el TEPJF, para dotar a Peña Nieto de la actual mayoría de la que ha gozado en la Cámara de Diputados.

Enrique Krauze publicó en 1984 su ensayo sobre la democracia (Vuelta, num. 86), en el cual recomendaba un sistema bipartidista, como el establecido en Inglaterra a partir de las reformas políticas de fines del siglo XVIII y las de 1832, cuando no había sufragio universal.

Aquellos eran dos partidos que representaban a las clases propietarias, pues los trabajadores aún carecían del derecho a votar. Esa era la “democracia” en la que se inspiraba Krauze para sugerir el bipartidismo en México, con el fin de superar la corrupción, como se intentó en Inglaterra, mediante un sistema de vigilancia entre dos partidos competitivos pero que en el fondo eran lo mismo.

A Krauze no le importaba en absoluto que un partido tuviera el Ejecutivo y el Legislativo al mismo tiempo porque su plan para México, el bipartidismo, funciona con la mayor frecuencia dentro de un control de ambos poderes por la misma formación política.

El esquema bipartidista no tuvo éxito en el país porque se presentó la crisis de 1988 que llevó a la izquierda, con Cuahutémoc Cárdenas, al surgimiento de un amplio partido que planteaba remover al Estado unipartidista. El absolutismo político mexicano fue declinando paulatinamente a pesar de la presidencia de Carlos Salinas, quien intensificó la represión y la corrupción respecto del sexenio anterior. Los fraudes ya no se hacían contra el PAN sino sólo contra el entonces nuevo partido, el PRD.

Sobre el tema de la corrupción, que en 1984 le preocupaba a Krauze, no se produjeron cambios cuando el PAN se hizo cargo del gobierno federal y de varios otros de carácter local a partir del año 2000 y hasta el 2012.

El sistema bipartidista no ha sido admitido por la ciudadanía mexicana ni era solución al Estado corrupto. El problema consiste en que en México la corrupción es parte de la forma de gobernar. El aparato público opera bajo normas no escritas (a veces también escritas) de la corrupción, la cual no es sólo la disposición de fondos públicos de parte de funcionarios, sino principalmente el uso de las instituciones para llevar a cabo toda clase de actos ilícitos e, incluso, lícitos, que benefician a los operadores de las funciones estatales y a integrantes o amigos de la oligarquía que López Obrador denomina “la mafia del poder”.

Es imposible combatir la corrupción cuando el presidente de la República gobierna bajo los usos de un Estado corrupto. Vicente Fox, por ejemplo, llegó a la Presidencia siendo denunciado por ilícitos electorales, los cuales fueron sancionados con multa administrativa por el IFE, pero la PGR declaró que no hubo delito alguno, luego, claro, de rehusar que se nombrara un fiscal independiente, como suele ocurrir en muchos países cuando el presidente puede ser inculpado.

Si Morena no llegara a tener una mayoría legislativa sería difícil y complicado tomar las decisiones que condujeran al establecimiento en México del Estado de derecho. Los partidos que han demostrado ser funcionales al Estado corrupto pondrían toda clase de obstáculos a los decretos que se trataran de expedir.

Quisiera poner un solo ejemplo. El “departamento de regalos” (como yo le llamo) es un mecanismo que consiste en crear cada año una bolsa de dinero no contemplado en el proyecto del Ejecutivo, con el fin de hacer asignaciones en la Cámara. Sin programas ni políticas públicas, se reparten fondos por parte de los diputados, a pedido de otros políticos e, incluso, asociaciones civiles. Así se obtienen los “moches”, cuando el creador de la partida pasa a cobrarle al beneficiario un diezmo sobre lo otorgado. Suelen repartirse así muchos miles de millones.

La corrupción es parte del sistema de gobierno, de los métodos de gobernar, de la forma de ser del aparato público, de la creación de fortunas personales, de la manera en que cualquier persona supera un obstáculo en la órbita del Estado. La mayoría legislativa es necesaria para acometer contra la corrupción, ciertamente existente en todos los Estados del mundo, pero que México es diferente: aquí, el Estado es corrupto.

Se entiende que Enrique Krauze conozca el tráfico de influencias y el dispendio presupuestal, pero no parece que le preocupe demasiado, como en 1984, el tema de la corrupción. El PRIAN, del cual él mismo es uno de sus ideólogos más conspicuos, es un genuino producto de esa corrupción estatal.

La existencia de una mayoría legislativa no podría conformar, por sí misma, un absolutismo político. El sistema parlamentario funciona generalmente con mayoría, ya sea con uno o varios partidos, pero nadie habla de un regreso al “absolutismo”, término, por cierto, que viene del Estado monárquico en el que no había libertades ni elecciones.

Si ante la falta de una mayoría en el Congreso, el PRIAN, aderezado como ya está con los tránsfugas de la izquierda, se propusiera bloquear sistemáticamente las iniciativas del partido emergente, el Congreso se paralizaría en un alto grado. En un esquema así, se podría orillar al uso recurrente de las facultades presidenciales que confieren las leyes, en lugar de ubicar las reformas en el plano de la discusión pública y el debate parlamentario. ¿Es eso lo que se busca como contexto para atacar por sistema al nuevo presidente de la República?

Toda la campaña sucia contra Andrés Manuel se ha basado en infundios tendientes a generar desconfianza y miedo. Ante la expectativa de una gran votación en su favor, se recurre ahora a tratar de meter otro miedo, el cual ya no es sólo el del nuevo presidente, sino el de que éste cuente con mayoría en el Congreso.

Lo lógico, en todas partes, es que cuando existe una mayoría ciudadana, ésta asume el poder Ejecutivo y el Legislativo, que son justamente los de elección popular. No hay motivo válido alguno para pedir la disgregación de la mayoría política que se ha venido conformando en el país. Pero, ¿quiénes buscan hoy que esa mayoría se divida por miedo de sí misma? Son los integrantes del PRIAN que se resisten al desmoronamiento de su sistema político.

Enrique Krauze no es sólo un ideólogo de esa amalgama de poder sino es también uno de sus matraqueros.

Proceso
Pablo Gómez
Ciudad de México
Viernes 22 de junio 2018.


Su ambigüedad ideológica o su habilidad para negociar con las estructuras sindicales vigentes hacen recordar a la figura del líder argentino

Imposible saber si Andrés Manuel López Obrador será un presidente bueno o uno malo. Pero todo indica que su inminente triunfo representa el fin de un régimen y el surgimiento de uno nuevo. Más aún, pinta para convertirse en una ruptura histórica. No solo porque, todo indica, ganará con más del 50% de los votos y tendrá una amplia mayoría en el Congreso, algo que no ha disfrutado cabalmente ningún mandatario mexicano en 25 años. También, y sobre todo, porque habrá cambiado radicalmente la estructura de partidos que ahora prevalece. No se trata solamente de una derrota del PRI, del PAN y del PRD, partidos protagónicos de la vida política de las últimas décadas, sino de un verdadero desfonde de estas fuerzas políticas de cara al futuro inmediato.

El fin del régimen tiene menos que ver con la fuerza o las virtudes de López Obrador que con el agotamiento de la partidocracia que intentó sustituir al régimen presidencialista. Con errores y aciertos los presidentes mexicanos de antaño y sus equipos poseían una visión de Estado de largo y mediano plazo. Las dirigencias de los partidos políticos, en cambio, convirtieron al Congreso en rehén de las marrullerías y mezquindades destinadas a mantener posiciones y canonjías a cualquier costo. Una y otra vez la politiquería de la sobrevivencia inmediata sacrificó cualquier posibilidad de construir estrategias de fondo para atacar los grandes problemas nacionales.

Sin mayor formulación que una narrativa en contra de la corrupción y una prédica en abstracto a favor de los pobres, López Obrador aparece justo en el momento en que ese híbrido parlamentarismo-presidencialismo se ha agotado. No hay respuestas ante la desigualdad galopante, la inseguridad pública y la corrupción. La clase política en su conjunto y el sistema que prohijó han tocado fondo.

Lo que veremos tras el 1 de julio es la devastación del PRI y la extinción del PRD. En las próximas elecciones ambos serán barridos. Cuadros y militantes de ambos partidos emigrarán masivamente a Morena en busca de las posiciones que ya no obtendrán en sus viejas organizaciones. Por su parte el PAN, el partido de derecha, se convertirá en la única oposición real, pero antes tendrá que pasar prácticamente por una refundación, luego del fallido y cruento asalto al poder por parte del joven Ricardo Anaya y los muchos cadáveres dejados en el camino.

En suma, López Obrador llegará a la presidencia en el contexto de un vacío de poder y un profundo descrédito de las fuerzas políticas rivales. Durante el primer año de gobierno su peso será aún mayor en la medida en que los tránsfugas del PRI y el PRD en el Congreso le ofrezcan una cómoda mayoría.

¿Qué hará Andrés Manuel con ese poder? Esa es la pregunta que comienzan a hacerse todos los mexicanos. El candidato ha dicho poco y en ocasiones a contrapelo de lo que dijo una semana antes. Su corpus ideológico es ambiguo, por decir lo menos. Una desconfianza arraigada con respecto a los tecnócratas y sus tesis neoliberales; una compulsa obsesiva en contra de la corrupción; su determinación a cambiar la historia a favor de los pobres. Pero en la práctica no es enemigo del gran capital ni profesa una militancia radical. En el arca de Noé que ha construido alberga a exdirigentes del PAN de corte conservador, a un partido evangélico de derecha, a empresarios de diversa índole, a una multitud de exfuncionarios priístas y a algunos luchadores y activistas de la izquierda tradicional. Una mezcla variopinta que dice muy poco sobre el régimen que nos espera.

Con todo, hay una constante en su movimiento político. Todos los caminos parten de y conducen a él. La propia indefinición política de Morena, su partido, favorece a su liderazgo; a falta de lineamientos o posicionamiento doctrinario todo depende de la voluntad del dirigente. Una y otra vez se ha descrito el ascenso de López Obrador como un fenómeno típicamente populista y se le compara a Hugo Chávez e incluso a Fidel Castro. Difiero. López Obrador carece del radicalismo del venezolano o el cubano. A mí en cambio me hace pensar en Perón, toda proporción guardada. Su ambigüedad ideológica, su capacidad para flotar por encima de las definiciones o para convocar a las fracciones políticas más divergentes y su habilidad para negociar con las estructuras sindicales vigentes, hacen recordar a la figura del líder argentino. En Morena como en el movimiento peronista cabe todo, siempre y cuando se jure respeto y lealtad al líder.

Pero desde luego todo esto es hipotético. Solo sabemos que a partir del 1 de diciembre El Peje tomará el control de un régimen moribundo. Lo que suceda después lo sabremos muy pronto.

@jorgezepedap

El País
Pensándolo bien…
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México / España
Jueves 21 de junio de 2018.


Jesús Silva-Herzog M    

Andrés Manuel López Obrador está convencido de que México padece un solo problema. Un problema del que surgen todos. Los más antiguos y los más complejos comparten raíz. La corrupción es causa de la desigualdad, de la falta de crecimiento, de la delincuencia, de la contaminación, de la baja calidad educativa, de lo que sea... Resolver la corrupción es solucionarlo todo. El primer lopezobradorista de la nación no tenía que escuchar las preguntas que se le formulaban en el último debate porque tenía la misma respuesta para hablar de cualquier reto del país. Terminar con la corrupción es la medicina que lo cura todo. Lo curioso es que la medicina de Andrés Manuel López Obrador para combatir la corrupción es Andrés Manuel López Obrador. Si soy presidente acabará la corrupción. La frase no ha sido un desliz de vanidad. La ha repetido muchas veces y seguramente se la cree. Si el presidente es honesto todos serán honestos: los secretarios, subsecretarios y directores; los gobernadores, los alcaldes, los policías y los inspectores. La omnipotencia del aura.

La voluntad política, el ejemplo público son, desde luego, valiosos en la lucha contra la corrupción. Pero creer que el hálito de santidad basta para terminar con la corrupción es un engaño. El gobierno de López Obrador en la capital no fue ajeno a los escándalos de corrupción. Tampoco dan mucha confianza muchos de los conversos a su causa. Que se engañen quienes quieran dejarse engañar. Que se tapen los ojos quienes quieran ignorar las evidencias de la corrupción que también rodea a quien será seguramente presidente de México.

En buen momento se ha hecho público el uso que la senadora Layda Sansores daba a la partida destinada a apoyar su labor legislativa. El reportaje de Denise Maerker de hace unos días, exhibió que la candidata de MORENA a la alcaldía de Álvaro Obregón empleó esos recursos para comprar, entre otras cosas, maquillaje y tintes de pelo; bacalao noruego y jamón serrano, joyas y juguetes de precio exorbitante. Nada que tenga, ni remotamente, relación con sus gestiones legislativas. Lo advertía bien Maerker en el reportaje: el problema no es solamente el abuso de la campechana que emplea esos recursos como le da la gana sino de la institución que avala esas prácticas. ¿Hay algún oficio que pidiera a la senadora justificar el vínculo entre la muñeca de $4,940.00 y sus actividades parlamentarias?

Decía que llega en buen momento el reportaje de Televisa porque anticipa una tentación en el futuro gobierno: creer que la lucha contra la corrupción es una lucha contra sus adversarios de siempre; negar que tendría que ser, también, una lucha contra muchos de sus aliados. Lo exhibido no deja lugar a dudas. Nadie puede negar que se trata de un abuso grotesco. Así tenga la complicidad de la administración, así sea práctica habitual en el Senado se trata de un acto elemental de corrupción: emplear recursos que tienen un propósito público para beneficio privado. Ridícula ha sido la defensa que intentó la candidata en un comunicado en el que disfrazaba su abuso como un acto de beneficencia y en el que se retrata como víctima de los malos. Si de algo soy culpable es de ser una mujer generosa, escribía, con otras palabras.

Nadie puede ser elocuente cuando lo pillan con las manos en la masa. Era imposible que la candidata Sansores expusiera un alegato atendible. Sus aliados, en cambio, tenían la oportunidad de mostrar su compromiso con la probidad y con la ley. Todos, o casi todos, fallaron. Andrés Manuel López Obrador reaccionó como lo hace habitualmente: descalificando la crítica. Es parte de la guerra sucia, dijo el candidato presidencial. La candidata al gobierno de la Ciudad de México siguió la misma pauta. Para Sheinbaum los documentos (cuya autenticidad no ha sido cuestionada por nadie) eran calumnias. Lo más preocupante es lo dicho por Irma Eréndira Sandoval porque ha sido propuesta por López Obrador para ocupar la Secretaría de la Función Pública. Las revelaciones exigían a su juicio cerrar filas contra los enemigos: "Mi solidaridad y apoyo con (sic) nuestra senadora y próxima alcaldesa en Álvaro Obregón, Layda Sansores." ¿Puede una mujer que reacciona de esa manera ocupar una posición clave en la lucha contra la corrupción?

Lo que retratan los reflejos de López Obrador, Sheinbaum y Sandoval es que en su lucha contra la corrupción importa más la lealtad que la probidad. Serán pillos pero son nuestros pillos.

Reforma
Ciudad de México
Lunes 18 junio 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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