Raymundo Riva Palacio

Es tan increíble que parece mentira. ¿Cuánto le ha costado al Presidente Enrique Peña Nieto permitir que su familia actúe como una monarquía? ¿Cuánto el no ponerles freno para que los asuntos de la casa presidencial fueran temas de vida privada y no cotilleo de las revistas de corazón y la prensa política? Permitió que su esposa Angélica Rivera abriera las puertas de Los Pinos a la revista Hola! para tomarle fotografías propias de la realeza y no de un Gobierno republicano, y sin freno divulgara la compra y ampliación de su casa blanca en las Lomas de Chapultepec, que provocó que un curioso reportero, Rafael Cabrera, indagara el entretejido de esa obra que se convirtió en el punto de quiebre de la credibilidad presidencial, el antes y después de un sexenio que se esperaba de luces y terminó en la sombra de una pesadilla interminable con la marca indeleble, con razón o sin ella, de corrupción.

Aquella revelación hecha por Aristegui Noticias provocó la crítica nacional y el principio de la revisión en el mundo de lo que las reformas habían ocultado: un enriquecimiento que tenía cara de ilegal. No era así, pero en política la percepción se convierte velozmente en realidad. Confundidos los términos, Peña Nieto nunca entendió el conflicto de interés desvelado por Cabrera, que un empresario muy amigo de él, beneficiario de contratos en el Estado de México, Juan Armando Hinojosa, hubiera sido el facilitador inmobiliario de la compra de la casa blanca, que alimentó la leyenda de corrupción.

Varios empresarios, molestos con Peña Nieto por la Reforma Fiscal, aprovecharon el momento y contribuyeron, financiando su difusión masiva, para estamparle una etiqueta negativa al Presidente y contribuir de manera significativa, aunque muy probablemente involuntaria, a que la realidad de abusos y excesos se acomodara al viejo discurso de Andrés Manuel López Obrador, que galvanizó la ira nacional contra Peña Nieto y lo sepultó en las elecciones presidenciales.

¿Qué es lo que no entendió el señor Presidente? Parece que nada. En la edición de Hola! que ya está circulando, la portada está dedicada a Paulina Peña Pretelini, cuyo encabezado para atraer lectores dice: “Así ha sido mi vida en Los Pinos”. La revista asegura que “en un excepcional reportaje exclusivo analiza sus errores, experiencias y aprendizajes”. La entrevista no tiene nada de excepcional y en realidad no analiza nada de lo que ofrece, sino comenta sin entrar en detalles algunos de los momentos que pasó en Los Pinos. Pero en realidad eso no importa, porque no se trata de ella, que abrió sus sentimientos a Hola!, sino el hecho mismo que, en estos días donde agoniza el sexenio durante el cual su padre se volvió en escarnio nacional, vuelva a sentarse el Presidente en un barril lleno de dinamita con la mecha encendida, al permitir este encuentro cuyo fin era ganar el tema de portada.

Ocho de cada 10 mexicanos, según las encuestas de aprobación presidencial, rechazan la gestión de Peña Nieto. Y la tendencia es que seguirá cayendo. Si la entrevista se viraliza, es probable que llegue a niveles aún más bajos. No es lo que dice su hija, sino la preparación de la entrevista. La reportera y el reportero gráfico, el tándem necesario para cumplir cabalmente con ese género periodístico, fueron acompañados por una estilista, un maquillista y una peinadora. Utilizaron distinto vestuario y escenarios naturales. Paulina Peña Pretelini dijo que es “muy tranquila” y que le gusta llevar un bajo perfil, lo que es una contradicción. Esa portada es exactamente lo contrario. La falta de recato de la familia presidencial y de prudencia por parte del Presidente, lo vuelve a exhibir ante la opinión pública como un hombre frívolo, que o no tiene control sobre su familia, o está rebasado por ella. Ningún Presidente antes que él había permitido la utilización de una revista del corazón como vehículo de comunicación política, porque esto es, comunicación política. La revista de la monarquía y la aristocracia, de los millonarios y los pudientes, escogida como el escaparate de fin de sexenio de la familia presidencial.

Bien escribió Marshall McLuhan en 1964 que “el medio es el mensaje”, cuando en su influyente libro sobre la teoría de los medios de comunicación señaló que no es el contenido, sino el medio en sí mismo, lo que debía de estudiarse y analizarse, al ser un componente fundamental de cómo se influye en una sociedad en tanto cómo se proyecta al ser el medio una extensión de sí mismo. Peña Nieto no estudió comunicación sino su derecho, y su equipo de comunicación demostró a lo largo del sexenio una incompetencia antológica. La portada de Hola! es, en este sentido, la confirmación de lo dicho.

¿Qué no entendió? Que los asuntos privados de la casa presidencial se tienen que mantener privados. Que la vida privada de una persona pública pierde ese carácter cuando voluntariamente la socializa. Sólo Marta Sahagún hizo pública su relación con el entonces Presidente Vicente Fox que terminó en matrimonio, rompiendo los enormes esfuerzos que el resto de los presidentes, revisados por décadas, hicieron con sus familias. Los presidentes luchan incansablemente por mantener a sus familias fuera del reflector público como una manera de protegerlos -el caso más reciente en México es el de Felipe Calderón y Margarita Zavala-, y no son promotores de su exposición pública, donde se vuelven vulnerables. Elogios nunca van a tener. Peña Nieto lo debió haber sabido, pero nunca lo entendió, y seguirá sangrando por la misma herida hasta que termine su mandato. Bien ganado se lo tiene.

Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
21 de septiembre de 2018.


Carlos Ferreyra Carrasco

Ando por los lavaderos poblanos, platico con alguna, muy poca gente, pero en todas recojo la opinión de que ni Éricka ni Barbosa son lo que necesita Puebla para salir del hoyo en que la dejó el delicadito marido de la primera que no tiene ni idea de lo que es gobernar.

Pretende, sin duda, ejercer una administración pública intrapiernosa, pero no con este tipo de inyecciones se aprende a servir a la gente. La señora memorizó ciertas frases rimbombantes, sonoras y seguramente penetrantes en el ánimo del público, igual que recalca los manoteos, los énfasis manuales que le enseñó su marido. Pero nada más.

De Barbosa recojo los más terribles comentarios. La gente recuerda a su familia como casi al borde de la indigencia. Actualmente es un poderoso, económicamente, clan familiar. Su fortuna, insisten, fue la pérdida de media pata en necesaria operación y su ascenso inmediato en el corazón de sus colegas senadores que lo elevaron hasta el altar de la Patria.

Seguramente en futuras pretensiones, buscará que su nombre quede en letras de oro en las paredes del Congreso federal o, ya de perdida, del Congreso estatal. Le dicen, popularmente, el señor barboso en evidente juego de palabras con ciertos animalitos panteoneros que en restaurantes elegantes sirven al bourguignon o con ajo y yerbas finas.

Lo peor para los poblanos, es que no tienen absolutamente ninguna confianza en el Instituto Electoral local al que acusan de hacerse lo que mejor hacen, esto es idiotas, permitiendo el fraude ni siquiera desde las urnas, sino directamente de las computadoras.

La denuncia de los alumnos y el grupo académico de la Ibero es tan firme, que estatalmente no se podrá resolver nada sin meterse en camisa de once varas. Han sido tan sucios en su comportamiento que no importa lo que dictaminen, de cualquier forma serán condenados. Y lo merecen.

Insólito, que no hayan detectado que en la mayoría de las casillas se hayan depositado más boletas que los votantes registrados, y que se evadieron toda suerte de irregularidades, al nivel de haber alcanzado hasta 92.1 por ciento de irregularidades en las 893 casillas analizaron y cuyas conclusiones dieron a conocer apenas hace un par de días.

Para quienes se asombran por las monumentales obras que cruzan la ciudad capital de lado a lado, en los pueblos del interior y ante la falta de atención de los ayuntamientos y del gobierno estatal, los vecinos se organizan y con palas y picos y botes con chapopote, arena negra y una apisonadora de mano, tapan los baches que hace casi intransitables las carreteras estatales.

Aprovechan es cierto, para pedir una colaboración que es voluntaria y a la que se niegan la mayoría de los indignados automovilistas que piensan que es un abuso “cobrarles” por lo que debería ser consecuencia de sus impuestos.

Ante el repudio demostrado por los ciudadanos a la autoridad electoral estatal, se ha pensado en enviar el asunto, sin trámite mayor, a las autoridades federales, a la señora Otálora y su tribunal electoral. Pero también con la enorme desconfianza de resoluciones dictaminadas por este organismo que no lo hacen el mejor garante de la legalidad. Afirman, como meras opiniones, que en el TEPJF están buscando colocarse con el nuevo gobierno.

Y para más Inri, el morenista lanzado por el partido de don Peje no les parece la mejor opción. En términos generales la gente espera que ni Éricka ni Barbosa aparezcan en las boletas si es que la elección es anulada y se convoca a nuevos comicios. La ley lo admite.

Poco habrá de vivir quien no alcance a conocer la resolución a este asunto: acomodos con el gobierno región cuatro, carpetazo y que se joroben los poblanos, regaño y directrices del nuevo tlatoani. Lo que resulte será un cochinero, lo fue desde el inicio del proceso electoral…

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 Puebl@Media
Carlos Ferreyra Carrasco
De memoria
Ciudad de México
Jueves 20 septiembre de 2018.


René Delgado

Bajo el jaloneado, ríspido y, a veces, encontrado debate sobre las propuestas del próximogobierno, hay un hecho saludable. Ahí, yace el silencio impuesto por las cúpulas y la negación a democratizar las decisiones.
***

Hacía mucho no se sujetaban a debate abierto tantas cuestiones y asuntos del interés público.

Secrecía, opacidad, imposición e incluso capricho o transa llegaron a constituir el método de decidir. Por eso, ahora tanto revuelo y ruido empañan los argumentos y los contraargumentos, polarizan las posturas y le dan sonoridad a la discrepancia. Se había perdido la práctica de ventilar y abrir a discusión grandes y pequeños asuntos de Estado y, con ello, el derecho a opinar y participar en las decisiones.

En la idea de la alternancia limitada a una cuestión de turno entre partidos con un mismo proyecto, la democracia se redujo a su capítulo electoral, borrando su título participativo.

***

Con y sin limpieza se endiosó sin garantizarlo del todo el capítulo electoral: se votaba, pero no se decidía.

La gente podía elegir quién debería ejecutar una decisión tomada de antemano. Qué hacer y cómo era materia resuelta y concentrada por las cúpulas políticas y técnicas que, por convicción e interés -a veces, por combinación o negocio de esos valores-, se arrogaban el privilegio de determinar por dónde debería ir el país.

Parte del fracaso de algunas de las reformas estructurales y las políticas emprendidas este sexenio ahí tuvo su origen. Las decisiones no fueron discutidas ni compartidas, fueron dictadas e impuestas... incluso, a veces, contra y no con la gente. Y, en el colmo, manchadas por la corrupción.

***

La pasada elección, una enorme porción de votantes sacudió la democracia tutelada y reducida.

Escapó al esquema que tan bien le venía al modelo neoliberal y al régimen bipartidista con adherencias. Esa ciudadanía no sólo eligió quién, sino también qué. Optó no sólo por una alternancia, sino también por una alternativa: un cambio de paradigma.

El grueso del electorado resolvió reivindicar a la democracia en sus capítulos electoral y participativo. Votar y decidir, participar. De ahí la importancia que, después de tanto tiempo, cobra el debate.

***

Retomar una práctica descuidada o abandonada exige, como todo, reacondicionarse.

Con el debate ocurre lo mismo y, por lo pronto, los participantes y las partes involucradas en él se ven fuera de forma. No acaban de entender su rol, de encancharse ni de ubicar el límite y el horizonte de su intervención.

De momento, reina el desconcierto. Al debatir se confunde postura con argumento; texto con pretexto; proposición con oposición; realidad con deseo; resignación con razón...; posibilidad con probabilidad.

En esa feria -donde, a veces, el diálogo se tambalea- se escuchan absurdos. Por eso, la relevancia de rescatar el debate con condición y reglas, apertura. De otra forma, la recuperación puede derivar en una lesión superior a la original.

***

En la reapertura del debate y la falta de condición, hay absurdos increíbles.

Un delegado único en los estados rompe el pacto federal pero muchos delegados no, según los caciques contra los prefectos. Los gobernadores no ven en el fortalecimiento de su hacienda, la soberanía e independencia que reclaman. Cobrar impuestos y derechos no les interesa, lo suyo es gastarlos. Vengan los recursos como siempre.

La divisa de algunos defensores del nuevo aeropuerto es "a lo hecho pecho" y nada de consulta porque la gente, dicen, no sabe ni tiene qué opinar. Desde su atalaya, sólo es cuestión de obedecer a los especialistas que están a favor de Texcoco y ya. El asunto del mantenimiento ni tratarlo porque, en México, la costumbre es construir, no mantener las obras.

En la reforma educativa el debate es sobre las comas. Ni una debe quedar, ni una se debe mover. Contrario a lo dicho durante la campaña electoral, la consigna ahora es invertida: si el actual gobierno soltó al tigre magisterial por torpeza, el entrante debe amarrarlo por acariciarlo.

A las refinerías hay que rematarlas como fierro viejo, no son un negocio rentable, así haya un problema de seguridad nacional en el hecho de depender de un solo proveedor, encabezado por un esquizofrénico. No, mejor hay que reconfigurarlas y construir una o dos más, es la postura contraria. No hay punto medio.

Perdón sin olvido o castigo sin perdón son los polos del debate en torno a la propuesta de pacificar el país por vías distintas a las seguidas durante años. Tanto tiempo se dejó de escuchar a las víctimas que éstas no quieren oír, sólo decir... mientras el país se desangra.

Desconcentrar toda la administración o nada de ella, es el eje de la otra discusión. No hay matiz. Reubicar algunas dependencias y, así, sembrar algunos detonantes de desarrollo en distintos puntos del país no es opción.

Los absurdos se explican por la falta de ejercicio del debate.

***

El debate no debe ser freno ni acelerador de la toma de decisiones, si acaso, embrague para acoplar acuerdos y desacoplar diferencias... reconociendo que la gente tiene derecho y decidió elegir y participar.

Pervertir el debate puede reanimar la polarización que tanto daño ha hecho y alentar las políticas de campanazo que hacen ir y venir al país sin llevarlo a ninguna parte.

El socavón Gerardo Ruiz
El ramo del autotransporte federal de carga ofrece una oportunidad para que, así sea parcial y tardíamente, el secretario Gerardo Ruiz se reivindique un poco: presionar para que las carreteras operen con seguridad. Dicen que el tramo Amozoc-La Esperanza, en Puebla, clave para el transporte de mercancías y la economía, es el paso del miedo frente a la delincuencia. Son ochenta kilómetros, hombre, no es mucho.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Lunes 17 de septiembre 2018.


Jorge Zepeda Patterson

El próximo presidente de México va a necesitar echar mano de toda la lucidez de la que sea capaz, pero también de sus zonas oscuras. Tendrá que ser un conciliador para encontrar consensos y un impertinente tozudo si quiere sacar adelante algunas de sus promesas; perdonador de pecados en aras de la estabilidad y, al mismo tiempo, justiciero para impedir que su generosidad se traduzca en impunidad. Sabe que algunos de los empresarios con los que ahora intercambia abrazos son unos pillos, o que la mayor parte de los líderes sindicales que le apoyan han llegado allí gracias a la manipulación y la corrupción; pero también sabe que es imposible mover a este país en confrontación abierta con los poderes reales.

Para decirlo con crudeza, los grupos de interés intentarán usar en su beneficio al próximo presidente (ya lo están haciendo) y este a su vez buscará utilizarlos para impulsar su ambiciosa agenda de cambio del país. Uno y otros pretenden usarse mutuamente en un duro juego de amagos, sonrisas y abrazos, golpes bajo la mesa, tirones y jaloneos. En este mar de tiburones la ingenuidad goza de una muy corta esperanza de vida.

El poder presidencial hace mucho que dejó de ser omnímodo. La globalización, los contrapesos que provocó la alternancia, el peso del crimen organizado, la fragmentación del territorio, la complejidad de la sociedad mexicana provocan que Palacio Nacional carezca de muchos botones y palancas necesarios para tripular los destinos de la Nación. Peor aún, tales botones y palancas están dispersos en una miríada de protagonistas desde las redes sociales, Facebook y compañía, hasta el peso decisivo de un cártel de la droga en las sierras de Michoacán o en las calles de Acapulco; pasando, desde luego, por empresarios, trasnacionales, sociedad civil, iglesia, medios de comunicación, partidos y gobiernos de oposición, órganos autónomos o semi autónomos y un largo etcétera.

López Obrador tiene a su favor que arranca con un poder que ningún presidente tenía desde hace treinta años (el último, Carlos Salinas). Tendrá mayoría en las cámaras y un control sobre su partido que nadie ha gozado en décadas (y la expresión "su partido" en este caso es literal). Arrancará el sexenio con un apoyo popular inusitado gracias al 53 por ciento con el que triunfó, pero sobre todo por la exasperación de los ciudadanos, hartos de la corrupción y la inseguridad, y su deseo de un cambio.

Pero nada de este apoyo será útil si no va acompañada de una extraordinaria habilidad para navegar en aguas tormentosas plagadas de escollos. El caso de Obama y sus ocho años en la Casa Blanca son ilustrativos; no puede decirse que haya naufragado, ciertamente, pero buena parte de sus propuestas ni siquiera pudieron salir a mar abierto; la red de poderes adversos las neutralizó y las condenó a quedar varadas en el muelle de salida.

Ya hemos visto la manera en que López Obrador ha comenzado a matizar algunas de las promesas de campaña; en algún tema parecería, incluso, que está dispuesto a dar marcha atrás. En parte es un fenómeno natural; los lemas de campaña no admiten matices, mientras que el ejercicio de gobierno consiste en gestionar matices y obliga a tener en cuenta factores jurídicos, intereses contradictorios y efectos colaterales no contemplados antes. Sucede aquí y en Suecia.

Pero también se explica por otro motivo. El cálculo político que lleva a priorizar unos objetivos sobre otros y entender que es imposible imponer la agenda completa y de una vez por todas. Negociar implica ceder aquello que puede esperar o, de plano, sacrificar, en aras de conseguir lo que se juzga impostergable e irrenunciable. Parecería que López Obrador ha decidido no hacer olas entre las élites por el momento a cambio de pavimentar el camino de alguno de sus proyectos más queridos: la generación de oportunidades para los jóvenes, por ejemplo.

En este juego de astucias el tiempo es oro. En más de un sentido es una carrera contrarreloj. La inercia de la toma de posesión y el cambio de régimen genera una luna de miel y un apoyo popular que esta a la vista. Pero irá menguando, a menos que algunas de las expectativas que abriga la población comiencen a satisfacerse. La opinión pública no entiende de matices, pero AMLO tendrá que echar mano de todos ellos para sacar adelante algún logro significativo, visible e impactante. El problema es que los otros tiburones también lo saben y muchos de ellos no estarán dispuestos a concederlo en su afán de ganar tiempo y esperar a que la desilusión de los ciudadanos lo debilite.

Lo dicho, una danza de tiburones.

@jorgezepedap

www.jorgezepeda.net

Reforma
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México
Lunes 17 de septiembre de 2018.


Jesús Silva-Herzog

El presidente Peña Nieto se despide. Por el radio lo escuchamos a toda hora defendiendo sus reformas, explicando sus decisiones, ofreciendo disculpas por sus errores. Es el último intento por redefinir su legado, por hacerse escuchar. A decir verdad, no es mucho lo que puede hacer para limpiar su imagen. El juicio del presente se expresó en las elecciones como la condena más severa que haya recibido jamás un presidente de la república.
Más que la campaña publicitaria de estos días, lo que sintetiza su gobierno es la aparente conclusión de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. En el anuncio de la semana pasada están sus seis años: la materia de sus logros y, al mismo tiempo, la gravedad de sus ofensas.

En el ocaso de su gobierno, Peña Nieto regresa a su orgullo inicial. Soy un negociador. Sé entenderme con otros. Así se presentó en un principio: un gobierno que sabe negociar y que es capaz de pactar lo que se consideraba imposible. Las reformas iniciales fueron una sorpresa. Lo fueron aquí y afuera del país. En poco tiempo, cambiaron las reglas básicas de la educación, las telecomunicaciones, la energía, la educación. El gobierno pudo conformar una coalición extravagante que no solamente le daba los votos necesarios en el Congreso, sino que también le daba un respaldo a las reformas que, en principio, permitiría confrontar a los poderes que resultaban afectados. Después de lustros de bloqueo, el gobierno de Peña Nieto lograba reformas ambiciosas y profundas. Hay que reconocerlo: no fueron cambios superficiales. Tampoco se confinaron a una zona específica del interés nacional. Si las reformas recibieron grandes elogios de la prensa internacional era porque se veía en ellas un cambio en la dirección correcta y el fin de la parálisis democrática. Una lección para el mundo. En tiempo de atasco político, pocos países lograban lo que México conseguía en unos cuantos meses. Un pacto entre los partidos más disímbolos daba una gran zancada reformista. Hoy, desde luego, el pacto y sus frutos han quedado en el peor desprestigio, pero no podemos negar, a mi juicio, el mérito de negociar. Ahí estuvo el valor inicial del gobierno de Peña Nieto: supo trabajar con el Congreso. Fue capaz de dialogar exitosamente con las oposiciones. Lo que no lograron sus antecesores frente a una legislatura adversa, lo consiguió él.

Lo mismo nos dice el gobierno de Peña Nieto en su última hora. Hemos logrado el acuerdo imposible con Trump. Fuimos capaces de resistir todas las tentaciones, fuimos perseverantes y logramos mantener con vida el acuerdo que nos da certidumbre. Colocamos el interés nacional por encima de cualquier arrebato. Hay que insistir, en primer lugar, que no hay firma sobre ningún papel, que aún quedan muchos peligros por delante, que la ratificación en el congreso norteamericano parece improbable. Pero quizá lo más revelador sea el modo en que el acuerdo inexistente fue celebrado públicamente. Un evento en la Casa Blanca que no guarda el menor respeto por las formas. México volvió a prestarse a un evento de promoción de su peor enemigo. La densa impopularidad de Peña Nieto nace ahí, en su deshonroso liderazgo.

Enrique Peña Nieto fue un presidente indigno. No representó decorosamente a México. No personificó valores públicos elementales. No lo hizo ni en la conducta, ni en la palabra. Ni en la estrategia ni en el reflejo. Más allá del acuerdo o desacuerdo con sus políticas, Peña Nieto deja una penosa estela de indecencia. Indecencia que es, por supuesto, falta de probidad, pero que va más allá de la ella. Es haber recurrido a los contratistas de su gobierno para obtener beneficios personales y seguir sin entender por qué eso es inaceptable. Es haber fomentado la impunidad, y trivializado la corrupción. Es haber protegido a sus pillos. Es haber sido cómplice de las peores ofensas al país, prestando la casa presidencia para un acto de campaña de nuestro peor enemigo. Callar ante lo que era debido alzar la voz.

Un eficaz negociador, si se quiere, pero un hombre que no estuvo a la altura, siquiera, de sus propias iniciativas. Peña Nieto se convirtió en la maldición de sus reformas. No necesitamos una constitución moral para saber que los dirigentes políticos tienen un deber más allá de sus obligaciones constitucionales: ejercer un liderazgo honorable. Lograr confianza pública, pero algo más: respeto.

Http://www.reforma.com/

Reforma
Jesús Silva-Herzog
Ciudad de México
Lunes 3 de septiembre de 2018.


*El candidato a edil, Bernal Reyes, instruyó el proceso penal contra Elba Esther Gordillo

 Raúl Torres Salmerón      

Todo estaba listo para que la elección municipal en Chignahuapan, al inicio de la Sierra Norte de Puebla, la ganara MORENA. Además en caso de perder, tenían elementos de impugnación.

Algo extraño sucedió en el camino, dirían los clásicos. Todo estaba listo para que ganara  Jorge Alberto Bernal Reyes, el candidato moreno. En el fondo es un coctel de política, delitos, asesinatos, compra de votos y misterioso abandono de la plaza.

A continuación, las cosas raras y misteriosas:

1. El candidato de MORENA, tenía con encuestas que le daban el triunfo, pero fue el secretario instructor de las acusaciones de lavado de dinero y delincuencia organizada donde se juzgó a la maestra Elba Esther Gordillo.

2. Hubo compra de votos disfrazada por parte del candidato panista “triunfador”, misma que negó pese a las evidencias.

3. Durante la elección, fueron asesinados dos operadores priístas en una junta auxiliar de Chignahuapan. Como es costumbre la Fiscalía General del Estado no ha informado lo conducente.

4. Con todos los elementos para impugnar la elección el candidato moreno “desapareció” del municipio, después de los comicios.

LA ELECCIÓN Y COMPRA DE VOTOS

El Sol de Puebla y los medios digitales Municipios de Puebla y Regeneración, documentaron después de la elección, la presunta compra de votos pues los sufragios fueron intercambiados por dinero en efectivo o vales de despensa en la tienda Comercial Vammer, propiedad del candidato suplente a la alcaldía por el PAN.

-La denuncia la hizo el abanderado de Morena a la presidencia municipal de Chignahuapan, Jorge Alberto Bernal Reyes, quien documentó los hechos del candidato panista Francisco Javier Tirado Saavedra. Los vales de 200 pesos, los electores podrían cambiarlos durante el mes de julio por abarrotes u otros productos. Los vales tenían la leyenda: “Lo importante no es lo que se promete sino lo que se cumple”.

La tienda Comercial Vammer, es propiedad de Manuel Estrada Gómez, candidato suplente a la  alcaldía de Chignahuapan. Existen videos demostraron el intercambio de vales en la tienda al igual que fotografías, así como audios de WhatsApp.

Según publicó el portal digital Diario La Noticia Tlaxcala y Norte de Puebla el 13 de julio “el Presidente electo de Chignahuapan Javier tirado Saavedra, se deslindó de la distribución de vales de despensa que realizó recientemente la tienda de conveniencia Vammer en Chignahuapan”.

BERNAL DEJA EL CASO GORDILLO

El pasado 10 de agosto, el diario Reforma publicó: “Funcionario de juzgado deja caso Gordillo por candidatura en Puebla; pierde ambos”.

La nota fechada en CDMX, dice lo siguiente en sus partes medulares:

“Jorge Alberto Bernal, quien se encargó de instruir por cinco años el proceso por delincuencia organizada y lavado de dinero contra Elba Esther Gordillo como secretario de Acuerdos del Juzgado Sexto del Distrito Penal, dejó el caso para obtener una alcaldía, misma que no ganó casi al mismo tiempo que la exdirigente sindical quedó libre.

“La defensa de Gordillo pidió que retiraran a Alberto Bernal del caso. En enero pasado, su deseo se hizo realidad cuando el entonces secretario de Acuerdos solicitó una licencia para hacerse candidato de Morena a la Alcaldía de Chignahuapan, Puebla.

“Meses más tarde, el pasado 31 de julio, Bernal regresó al juzgado para presentar su renuncia irrevocable a su cargo judicial, pero de nada sirvió, ya que perdió la elección y semanas más tarde la maestra quedó libre de todo cargo que se le imputaba.

“Según los resultados difundidos por el Instituto Estatal Electoral de Puebla, el ahora exfuncionario fue vencido en las urnas por Francisco Javier Tirado Saavedra, de la alianza PAN, PRD, Movimiento Ciudadano y Compromiso Por Puebla, quien ganó la alcaldía con 14 mil 3 votos contra siete mil 176 que obtuvo Bernal.

“Cabe destacar que el exsecretario de acuerdos era un incondicional de Alejandro Caballero Vértiz, el titular del juzgado que falleció el 16 de mayo en su domicilio, víctima de un paro cardiaco. Este último le delegaba los casos más relevantes.

“Antes de lanzarse como candidato, Gordillo y sus coacusados, Isaías Gallardo Chávez y José Manuel Díaz Flores, presentaron un recurso de recusación en contra de Bernal para que dejara de instruir el juicio por lavado y delincuencia organizada.

“La petición se hizo bajo el argumento de que, un año antes, el entonces secretario ante la PGR supuestamente ofreció a Gallardo y Díaz su libertad, a cambio de que aceptaran ser defendidos por el despacho de abogados que él les indicara”. Hasta aquí lo publicado por Reforma.

Otro hecho relevante, fue que el día de la elección del 1 de julio, según informaron medios nacionales y estatales, el dirigente estatal del PRI, Javier Casique, informó que asesinaron a Fernando Herrera Silva y Lázaro González, operadores del PRI, quienes fueron atacados con armas de fuego en la junta auxiliar de Acolihuia, perteneciente a Chignahuapan. Otras dos personas resultaron lesionadas gravemente.

EL HISTORIAL DE BERNAL REYES

El licenciado Bernal ha participado en otros procesos electorales. Durante dos ocasiones pretendió llegar a la alcaldía por el PRI y esta vez lo hizo por MORENA. Según encuestas y la percepción de políticos de la zona, tenía todo para ganar. Quedó en segundo lugar, pero el proceso electoral se desbordó y fue tramposo.

Directivos y militantes del PRI también recopilaron información, videos y fotografías, que junto con la impugnación de MORENA, podrían haber revertido el proceso de elección del presidente municipal.

Extrañamente Bernal dejó todo abandonado. No quiso firmar la documentación para la impugnación y se fue para la CDMX. Fuentes confiables señalan que dejó en manos de su cuñado, el actual Síndico Municipal de Chignahuapan como su representante. Los lugareños no han visto estos meses de julio y agosto a Bernal.

El cuñado José Luis González Rodríguez, llegó a la sindicatura, según presumía Bernal a través de una negociación personal. Por cierto, el síndico no es bien visto en la región.

Hasta aquí los hechos de la rara y misteriosa elección. Las dudas surgen de inmediato.

¿No resulta extraño que el PAN haya ganado solamente en la Sierra Norte donde por lo alejado de las comunidades es posible una “operación política? ¿Fue un ajuste de cuentas políticas del morenovallismo, siempre aliado de la Gordillo, en contra de su acusador principal? ¿Por qué desapareció Bernal Reyes? ¿Por qué no se han aclarado los asesinatos de los priístas?

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Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Lunes 3 de septiembre de 2018.


Roberto Fuentes Vivar

Por cuidar coches, quita el agua al campo


Lo que está haciendo la Volkswagen en Puebla es el ejemplo más claro de cómo las empresas automotrices (transnacionales, por supuesto) generan conflictos sociales al actuar como si México fuera su territorio particular y realizar actividades prohibidas en sus países de origen.

Concretamente, desde principios de este año comenzó a bombardear las nubes para impedir que el granizo caiga sobre sus depósitos de autos, lo que ha ocasionado que la lluvia deje de caer sobre las siembras de al menos tres municipios cercanos.

Concretamente la empresa se queja de que en 2017 el granizo les ocasionó pérdidas por 20 millones de dólares, mientras los campesinos de Cuautlancingo, Coronango y algunas comunidades rurales de la capital poblana demanden una indemnización de 70 millones de pesos, porque han sido afectadas dos mil hectáreas de cultivos.

El asunto comenzó a ventilarse desde febrero cuando los campesinos hicieron plantones en la carretera. Algunos medios locales retomaron el caso, pero esta semana la información se volvió casi viral, por lo que revistas como Proceso y Expansión lo retomaron después de que el portal MTP, de Elvia Cruz e Iván Tirzo, y HuffingtonPost difundieron un video de las detonaciones (cada 10 segundos) de la automotriz a las nubes.

La empresa ha reconocido que utiliza los cañones antigranizo (cuenta con tres “dispositivos sónicos antigranizo” y cada uno, en su versión más económica tiene un millón de pesos) para evitar que se dañen los autos, pero niega que se afecte el ciclo de lluvias.

Al respecto varios académicos poblanos han criticado los bombardeos a las nubes si modifican las lluvias, mientras que académicos de la UNAM (en declaraciones poco afortunadas) señalan que se trata de un “mito”.

(Personalmente recuerdo que, en Tlaxcala, en una zona no tan lejana de la del conflicto poblano, hace casi 60 años se usaban cohetones enfilados a las nubes para tratar de incidir en las lluvias. Incluso, hace unos meses se registró una colaboración entre los gobiernos de Bolivia y Venezuela para bombardear nubes con fines pluviales.)

Desde ese entonces, la tecnología ha avanzado y en muchos lugares del mundo se ha prohibido la utilización de los cañones antigranizo porque deterioran los ciclos de la naturaleza, pero eso no le ha importado poco o nada a la Volkswagen.

En términos generales, la empresa dice contar con el permiso del gobierno estatal para utilizar los cañones antigranizo. Sin embargo, las autoridades federales no se han manifestado al respecto porque al parecer su uso no está regulado.

No es el primer caso en el que las automotrices ocasionan conflictos sociales. Nada más basta ver el propio caso de Puebla, en donde la automotriz (también alemana como la Volkswagen) Audi en sus pocos años de estancia ya ha creado algunos problemas como los siguientes:

-Su instalación costó a los mexicanos casi 10 mil millones de pesos de las arcas públicas, lo que significó más de cuatro millones de pesos por cada empleo generado.

-Ya se registró un conflicto intergremial entre dos sindicatos por la titularidad del contrato de trabajo, la CTM y la FROC.

-Los trabajadores mexicanos (obreros) han sido discriminados por los técnicos alemanes que se quejaron de tener que viajar en el mismo transporte público, según lo denunció un trabajador de Audi.

-La especulación las tierras cercanas, en el municipio de San José Chiapa (donde está instalada la planta) ha afectado a los campesinos, pero ha beneficiado, por ejemplo, a la ya gobernadora electa de Puebla, Martha Erika Alonso, quien es propietaria de casi 123 hectáreas cercanas.

-Audi eligió esa zona por ser rica en agua. Ahora podrá ser Zona Económica Especial y probablemente se privatice el agua, lo que dejará a los campesinos (uno de los principales puntos de cultivo de maíz en México) sin el líquido.

Hay muchos otros conflictos que han generado las automotrices para que México pueda presumir que casi es el sexto productor de autos en el mundo.

Pero quizá el de la Volkswagen por la novedad del tema es el que más debería ponerse a debate. ¿Se vale que para proteger autos se modifiquen los ciclos naturales de lluvia y se afecte a miles de campesinos?

Dice el filósofo del metro: México pasó de ser el patio trasero de Estados Unidos a ser el hazmerreír de las automotrices.

Diario Ejecutivo
Roberto Fuentes Vivar
Ciudad de México
Lunes 20 de agosto de 2018.


Jesús Silva-Herzog    


El terremoto de julio zarandeó todas las relaciones políticas que imaginábamos firmes. Tan enfático fue el deseo de cambio de los electores que muy poco de lo anterior queda en pie. Emerge una nueva presidencia, un nuevo sistema de partidos, una nueva dinámica legislativa. Novedades en las que, sin duda, aparecen sombras del pasado y atisbos de lo inédito. La política regional no podría mantenerse al margen de esa orden de cambio.

Se prepara una ocupación federal como no habíamos visto en décadas. Se ha resuelto la creación de jefaturas políticas en cada uno de los estados que pondrá en jaque el poder de los gobernadores. Más que embajadores serán procónsules: delegados del poder central que ejercerán tanto o más poder que quienes formalmente gobiernan. Por decisión del presidente electo se habrá formado en cada una de las entidades federativas una diarquía: dos poderes en un solo territorio. Uno tendrá el respaldo económico y político de un presidente de fuerza inusitada. Será el embudo por el que pasarán todos los apoyos del gobierno federal, dispensará todas las ayudas, será el único trasmisor de las peticiones locales. La atención pública del estado se desplazará naturalmente del palacio del ejecutivo local a la oficina del Jefe Político. El gobernador quedará, de inmediato, eclipsado por la aparición de este superdelegado presidencial. Conservará, naturalmente sus facultades y permanecerá en la misma oficina pero muy pronto será ridiculizado por la prensa. Los eventos del gobernador no despertarán interés. Los actores políticos harán fila para ser recibidos por el Jefe Político. Muy pronto aparecerá la burla. Será gobernador entre comillas. El personaje del poder verdadero mandará en frente.

Andrés Manuel López Obrador ha diseñado 32 maximatos. Lo ha hecho introduciendo una lógica particularmente perversa. Todos los procónsules que ha convocado son miembros de su partido. Todos son militantes destacados de Morena. Esa es la credencial que ha contado para convertirse en Delegado del Gran Poder. No ha importado la vocación económica del estado para escoger al representante idóneo, no se ha buscado empatar la experiencia profesional con los desafíos peculiares de la entidad. Lo que importa es la militancia. La ambición electoral en cada uno de ellos es obvia, inocultable. Se dedicarán a cultivar lealtades y a formar partido. ¿Es aceptable ese criterio como lógica de reclutamiento administrativo? ¿No conocemos bien cuáles son los capítulos siguientes de ese cuento?

Con el sometimiento de los poderes locales, el presidente López Obrador no solamente fortalecerá su poder, sino que habrá instaurado un principio de confusión y de irresponsabilidad muy peligroso para la marcha de la gestión pública. ¿Quién rendirá cuentas cuando las cosas vayan mal? Habrá dado también un golpe severísimo al sistema federal al someter a las autoridades electas al imperio de un delegado que solamente responde al presidente de la república. Ya hicimos el experimento. Durante este sexenio se ocuparon las instituciones de Michoacán a través de un comisionado federal con amplios poderes y abundantes recursos. Fue un desastre. Hoy se busca repetir ese experimento en todos y cada uno de los estados. Si el anuncio de López Obrador no ha causado un escándalo es porque no hay defensores del federalismo. No puede haberlos. ¿Quién asomaría la cara para defender la satrapía de nuestros gobernadores? Solamente el gobernador electo de Jalisco ha alzado la voz para denunciar la amenaza. Los grandes escándalos de los últimos años han incubado ahí, en la licencia de las autonomías. No hay duda: urge modificar el arreglo federal pero no parece que la opción lopezobradorista vaya en el camino correcto.

Es importante denunciar también la reacción de quienes en los gobiernos locales se resisten a aceptar la derrota. Imponen nombramientos transexenales que pretenden mantenerlos a salvo de cualquier rendición de cuentas. Debilitan, como en Sonora, a la legislatura y congelan el texto de la constitución para que la nueva mayoría no ejerce a plenitud sus responsabilidades constitucionales. Los perdedores tienen también una responsabilidad. Aceptar que los votantes decidieron el castigo, gobernar desde la minoría.

Http://www.reforma.com/blogs/Silvaherzog/

Reforma
Jesús Silva-Herzog
Ciudad de México
Lunes 13 de agosto 2018.


En un país en el que la figura presidencial es percibida con ánimos monárquicos, resulta inusitado ver a un presidente electo cargar su propio equipaje

La imagen de Andrés Manuel López Obrador arrastrando con una mano una maleta de viaje con un portafolio encaramado en precaria columna mientras sostiene con cierta dificultad un teléfono celular en el oído, arrasó en redes sociales. En un país en el que la figura presidencial es aun percibida con ánimos monárquicos, resulta inusitado ver a un presidente electo cargar su propio equipaje y sin el impensable séquito de ayudantes y cortesanos.

Más aún cuando en las mismas horas la opinión pública se escandalizó con los problemas por los que pasó Francisco Cobos en París cuando al tomar fotos de Angélica Rivera, la primera dama, mientras esta comía con sus hijas en un famoso y caro restaurante. Guardias al servicio de la esposa de Enrique Peña Nieto intimidaron al improvisado fotógrafo hasta obligarle a borrar las imágenes (una hija de Cobos logró captar a cierta distancia a La Gaviota y el acoso que sufrió su padre).

El contraste entre los hábitos de viaje en ambos casos no hace sino ampliar las buenas sensaciones que ha provocado López Obrador en la opinión pública desde que venció en los comicios presidenciales hace cinco semanas. Obtuvo alrededor del 53 por ciento de la votación, pero a partir de ese momento se ha dedicado a sumar voluntades y entusiasmos, hasta conseguir una aprobación claramente masiva. El mejor indicador sigue siendo el peso mexicano que, lejos de desplomarse como se había presagiado, ha ganado alrededor de un 12 por ciento a partir del triunfo del candidato de la izquierda. Algo que ni siquiera sus más apasionados seguidores habían anticipado.

El entusiasmo que ha generado López Obrador tiene que ver desde luego, con la “cargada” natural a favor de los ganadores que suele darse en los primeros meses de una nueva administración. Tomará posesión a partir del 1 de diciembre, pero el continuo anuncio de las nuevas políticas y designaciones, y el vacío de poder de un Peña Nieto ausente para efectos prácticos, provocan la sensación de que el nuevo régimen ha comenzado ya en más de un sentido. Andrés Manuel se ha beneficiado de la fascinación que despiertan los recién llegados al poder.

Pero su creciente popularidad también es resultado de una cuidadosa estrategia de alianzas tranquilizadoras. El presidente electo se ha reunido con empresarios de toda índole (incluyendo a Carlos Slim con quien polemizó públicamente en la campaña a propósito de la construcción del nuevo aeropuerto), con obispos y líderes sociales, con rivales políticos, incluido José Antonio Meade ex candidato priista. Ha hecho las paces con enemigos del pasado y prometido que la suya será una administración incluyente y sin ánimos revanchistas.

En suma, en pocas semanas López Obrador ha conseguido que las amenazas de inestabilidad tras su triunfo se conviertan en aceptación resignada pero también aliviada entre los sectores conservadores. El tan temido lobo que habían profetizado los radicales de derecha no apareció por ningún lado. Y el entusiasmos entre los seguidores de Andrés Manuel tampoco ha menguado pese los gestos conciliadores para con las élites de parte del presidente electo. Y esto en buena medida gracias a las imágenes de su líder arrastrando una maleta por el aeropuerto. “No, no se ha vendido al poder, sigue siendo el mismo hombre austero y honesto, su discurso conciliador es una estrategia política para facilitar el cambio sin boicots o resistencias”, dirían sus asesores.

Y en efecto, una maleta roja barata, probablemente proporcionada por su esposa en el último momento ante el estado calamitoso del equipaje de su marido, confirma que hay un abismos de separación entre la visión del mundo de Angélica Rivera y Peña Nieto, y la de López Obrador. Y esa es la mejor tarjeta de presentación del presidente entrante.

Desde luego la popularidad inicial de la que goza AMLO no es una patente de corso. Aunque nunca alcanzó este rating, Enrique Peña Nieto también disfrutó del beneficio de la duda tras presentar su célebre Pacto por México al arranque de su sexenio. Alcanzó su cúspide cuando la revista Time lo declaró el modernizador del país gracias a sus reformas; era el Peña Nieto Momentum. Ya sabemos lo que duró.

Por lo pronto, López Obrador vive su luna de miel con el pueblo mexicano. Y nunca mejor expresado que el tuit espontáneo y anónimo que acompañaba a la imagen del hombre arrastrando una maleta: “cómo no te voy a querer”.

@jorgezepedap

El País
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México / Madrid
Jueves 9 de agosto de 2018.


René Delgado

Vaya paradoja. Ahora se cuenta con un virtual presidente electo y un virtual presidente constitucional y, por lo mismo, con ninguno real.

El presidente saliente se fue de vacaciones, bajó la cortina y no ve por qué rendir cuentas detalladas de lo hecho y lo deshecho. Y el presidente entrante llegó con ansias, levantó la cortina y no ve por qué explicar con detalle cuanto plantea hacer y deshacer.

Ante el vacío, algún especialista en incertidumbre podría escribir el manual: "Cómo sobrevivir sin arritmia, desesperación ni angustia el periodo de transición".

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Es curioso, hay un nulo flujo informativo por parte de Enrique Peña Nieto y un sobreflujo informativo por parte de Andrés Manuel López Obrador. Y entre ambas corrientes flota una cierta confusión.

El desasosiego deriva de un absurdo. El gobierno saliente pareciera haber renunciado anticipadamente al mandato recibido -a excepción de la negociación del Tratado de Libre Comercio- y no hay quien responda por cuanto acontece o por acciones emprendidas que hasta ahora se conocen. El detalle está en que la responsabilidad de la administración culmina hasta dentro de cuatro meses.

El gobierno entrante, a su vez, anuncia planes, proyectos o políticas, o bien, anticipa nombramientos sin exponer los fundamentos de las pretendidas decisiones. Un anuncio sigue a otro causando la impresión de una cierta actitud atrabancada que no deja claro si responde a un estilo personal o a una estrategia instrumentada a fin de plantar una intención y negociarla con ventajas.

***

El desconcierto sobre cuanto ocurre y ocurrirá deriva de una circunstancia de la cual no son responsables Enrique Peña Nieto ni Andrés Manuel López Obrador: el prolongadísimo periodo de transición. En total cinco meses -ha corrido sólo uno- que, esta vez, parecieran alargarse por la inactividad del primero y la hiperactividad del segundo.

Producto o no de la contundencia del triunfo electoral, Peña Nieto pareciera quererse retirar lo antes posible y López Obrador, acceder y ejercer el poder antes de la fecha indicada.

A ambos políticos, sin embargo, los condena o frena el calendario legal establecido. Al país lo angustia una idea: la administración saliente no puede irse, ni la entrante llegar y, entonces, anida un principio de incertidumbre.

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Un ingrediente extra es la ruptura de los paradigmas fijados por la costumbre política o, si se quiere, por la subcultura política tricolor.

El gabinete se daba a conocer apenas a unos cuantos días de tomar posesión; ahora, se exhibió desde antes del inicio de la campaña electoral, en diciembre del año pasado. (Incluso, integrantes de gabinetes especializados se designaron desde entonces). Los planes de desarrollo se elaboraban meses después de haber tomado posesión; ahora, el trazo grueso del plan se publicó a principios del 2017 (en el libro "2018: La Salida"); más afinado, el proyecto de nación se presentó en noviembre de ese mismo año; y las acciones de gobierno, sin detallar, comenzaron a anunciarse apenas concluyó la jornada electoral.

Si el molde se rompió, parte de la incertidumbre es consecuencia de un desajuste. Analistas y especialistas quieren entender las decisiones del próximo mandatario a la luz de la vieja costumbre y no del nuevo paradigma. Se observan y comentan con el "chip" de antes. Comoquiera, por la forma de plantearlas, Andrés Manuel López Obrador está generando resistencias o temores donde no había.

Anticipar información sensible sin precisar detalles y, de inmediato, divulgar en los mismos términos información de otra esfera o campo, no viene en abono de la certidumbre.

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En el colmo de la circunstancia, los partidos poco ayudan.

Encuentro Social impugna su propia victoria. Pese al resultado, esa organización no pudo preservar su registro y, entonces, quiere ganar en el tribunal lo que perdió en la urna. Poco le importa retrasar la entrega de la constancia de mayoría al (su) candidato triunfador y reducir, así, su margen de maniobra. Con la constancia, López Obrador se vería obligado a cuidar aún más la investidura, afinar posturas y podría, como pretende, solicitar oficialmente acciones del gobierno saliente en favor de su deseo de acceder al poder, ejerciéndolo. Encuentro Social piensa distinto: la República debe esperar, en la vida de un partido nada importa más que el registro... y las prerrogativas.

El resto de los partidos tampoco contribuye a centrar y equilibrar el debate. El PRI jura estar reflexionando por qué perdió, pero actúa igual que antes: sin entender la necesidad de cambiar para sobrevivir. El PAN quiere concluir primero su guerra interna y luego asomarse a la realidad. El PRD contempla su desmoronamiento, viendo qué tribu acapara más migajas. Y, curiosamente, sólo Movimiento Ciudadano entendió de inmediato y aprovechó el jugoso rendimiento de la inversión hecha en el frente.

No hay contrapesos porque se hundieron.

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Quizá, dentro de un mes, el inicio del periodo de sesiones de la nueva Legislatura sirva al propósito de pedir cuentas al gobierno saliente y detalles al entrante, certezas sobre el legado y el proyecto.

Más allá de ello, es menester cuidar la consecuencia política derivada del resultado electoral y evitar que la aterciopelada transición adquiera la tersura de una lija.

En el entretanto, lo virtual es una realidad acongojante: no hay gobierno.

EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

De las reacciones provocadas por la carta enviada por el secretario de Comunicaciones y Transportes a este espacio, esta es frase de un lector: "Sr. Esparza, con razón lo critican tanto, parece que no medita sus comunicaciones o confía tanto en alguien que no requiere de revisar lo que firma".

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 4 de agosto de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Ventana al mundo

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