Jorge F. Hernández  

El presidente de México es un campeón del gazapo y una verdadera vergüenza para quienes depositaron en él su fe política

Al filo del destape, esa ceremonia de variada liturgia donde el Presidente de México –otrora todopoderoso—empieza a perder paulatinamente su poder al designar o aprobar al candidato oficial para su propia sucesión… en fin, que al filo del destape, es tiempo que recordemos a la presente administración como campeona del gazapo.

Dícese gazapo al hombre astuto, que a veces se hace el disimulado y también llaman así a los conejos imberbes, pero también es gazapo la mentira y el embuste; peor aún, es gazapo el yerro que se le escapa inadvertidamente al ignorante o amnésico por escrito o al hablar en voz alta. Es sabido que los toros supuestamente bravos que embisten a regañadientes, sin nobleza y más propensos a la mansedumbre –cabeceando peligrosamente y sin claridad—son llamados gazapones, por no decirles bueyes.

Cuenta un querido amigo, casi inglés, que al tiempo que estudiaba en Cambridge University se repetía con frecuencia la graciosa anécdota de un economista victoriano que en su época –preglobalizada, preinternetiana y premoderna—le dio por dictar repetidas conferencias en donde siempre ponía como mal ejemplo los enredos económicos de la República Oriental del Uruguay: que si explicaba un modelo sobre el desastre en el precio de equilibrio del litro de leche, allí donde se enredaban mal las curvas de la oferta y la demanda o bien, que si se trazaba un modelo algebraico y su respectiva gráfica para ejemplificar errores o gazapos de un modelo económico para el mercado del pescado, el viejo economista inglés siempre señalaba dichos ejemplos como “errores del Uruguay”, “desastre tradicional de la economía à la Uruguay”, etc.

Ha sido el mandatario que confunde los nombres de los estados de la República Mexicana e incluso el orden de los números para señalar minutos.

Un buen día se levantó un joven en plena conferencia, al fondo del aula e interrumpió la perorata del afortunadamente anónimo economista inglés, diciéndole valientemente: “Yo soy uruguayo y me parece totalmente falso todo lo que ha dicho sobre la economía de mi país; no hay razón para que usted se ensañe e insista repetidas veces en poner al Uruguay como mal ejemplo de sus teorías”. Silencio incómodo… vaso de agua temblorosa sobre el escritorio… y el viejo economista inglés, flema incluida, responde: “¿He dicho Uruguay?... Le ruego me perdone. Yo me refería a Paraguay”. De carcajada, toga y birrete.

Lo que no tiene ninguna gracia es que el presidente de México intentara ayer mismo darle la bienvenida al presidente de Uruguay, con las acartonadas palabras y ridícula ceremonia donde se refirió a su persona como “presidente de la República Oriental del Paraguay”. Campeón del gazapo y una verdadera vergüenza para quienes hace más de una década depositaron su fe política e invirtieron sus capitales en la fermentación de un joven político que se supone que era campeón del teleprompter, allá en los llanos de Toluca, cuando le salía de perlas leer en pantalla las sentidas palabras para cualquier evento y eventualidad. Ha sido el mandatario que confunde los nombres de los estados de la República Mexicana con ciudades aleatorias e incluso el orden de los números para señalar minutos, tartamudeando nerviosismos en aberrantes encuentros con campesinos o estudiantes (para colmo, tipo “town meeting” a la gringa), balbuceos de datos enrevesados, enredando explicaciones inexplicables, soportando silencios incómodos, simulacros constantes, calcetines invertidos, corbatas de nudo horrendo, gomina de tsunami, libros sin leer, estanterías sin libros, casas que no son hogar… largo etcétera.

Al filo del destape sería deseable que el ente que lo defina procure seleccionar a alguien, uno, cualquiera que sepa escuchar el rumor de tantos muertos, el murmullo de tantos errores y desgracias, el vaho de la pobreza y el rugido de los humildes, los millones de niños que hacen su tarea creyendo que ascender al conocimiento podría erradicar de su paisaje la perniciosa presencia de personas nocivas que hablan por hablar, salivando gazapos que no tienen ninguna gracia… ni justificación.

El País
Jorge F. Hernández  
Ciudad de México / Madrid
Sábado 18 de noviembre de 2017.


 Carlos Ferreyra Carrasco   
 
Y siempre diestro cachador de cargos y huesos políticos, se encuentra en una encrucijada que para sus simpatizantes significa su posible desaparición del mapa público nacional.

Sus malquerientes, que me temo son mayoría, ven atrás de sus conformidades anunciando que no peleará por el gobierno de la capital, una audaz maniobra. Y es de temerse que tengan razón. Veamos:

Teóricamente recibiría la Presidencia de Morena hasta hoy de dominio y reservación total para el hijo mayor de Andrés Manuel López Obrador.

Significa que al zacatecano lo usarían para la campaña y la distribución de cargos electorales sin que don Peje sufra consecuencias por sus intemperancias e imposiciones.

Definida la elección presidencial, Monreal pasaría a las filas del infelizaje, porque el júnior seguramente asumiría la propiedad de su herencia paterna.

Eso lo sabe y lo sopesa el exgobernador militante del PRI, PRD, PT, del… y de Morena. Con los ofrecimientos recibidos por parte de media docena de partidos políticos que quieren asegurar su permanencia en el generoso mundo electoral, Monreal puede estar maquiavelando la perspectiva de aparecer como aspirante a la Primera Magistratura.

Al Peje lo asusta el riesgo de perder el dineral y los votos que significan el DF. De allí que hará lo necesario, se arrastrará como ya lo hizo, con tal de sacar de esa jugada al temible Ricardito. Veremos cómo reaccionará ante la aparición de Monreal entre los suspirantes a la Presidencia. Panorama hasta hoy no contemplado en las estrategias del rayito de esperanza.

Sobre la supuesta oferta de ocupar la Secretaría de Gobernación, Monreal no es inocente, nunca lo fue. En el caso de que AMLO ganara la elección no pondría en esa posición a quien desde allí estará más ocupado en construir su candidatura presidencial que en resolver los problemas que afronte el mandatario, su jefe.

Y en caso de no alcanzar la cama de Benito Juárez, como pretende López Obrador, simplemente regresaría a dirigir su partido desde donde intentaría colocar en ventaja a sus vástagos tanto para su pase a la vida política en grande, senadurías y diputaciones, como para continuar la tradición familiar pretendiendo la silla del águila.

Lo único seguro en todo este galimatías, es que Andrés Manuel López Obrador no se irá a su rancho, La Chingada, en Macuspana, y continuará con su vida de activista político. La grilla, su razón de ser, la trae en los genes priistas, su origen y su alma máter…

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Puebl@Media
Carlos Ferreyra Carrasco
Ciudad de México
Jueves 16 de noviembre de 2017.


Carlos Ferreyra Carrasco

…Las hemos enumerado en textos anteriores. Son algo menos de cien, cuyos crímenes fueron conocidos igual que los autores y la forma que fueron perpetrados.

A la lista anterior, debemos agregar a la maestra preparatoriana Patricia Mora Herrera, torturada, violada y asesinada cuando regresaba de dar clases en el municipio indígena de Huehuetla, en la Sierra Norte poblana.

Hasta ahora, como en los anteriores casos, la policía, en esta ocasión de Zacapoaxtla, se niega a informar sobre la investigación.

A pesar de la brutalidad y el modus operandi similar en todos los asesinatos, los empresarios del turismo poblanos se niegan a decretar alerta de género, y las autoridades estatales no admiten que hay una emergencia.

Este año se han registrado 89 asesinatos de mujeres en distintas partes del estado, sin importar clase social o sector económico. El principal blanco han sido las universitarias y las dedicadas a la enseñanza; al parecer los asesinos tienen predilección o fobia contra las mujeres intelectualizadas.

El conteo de crímenes contra mujeres – vale la pena insistir– bajo el mismo sistema: tortura, violación y asesinato; a partir de 2015 se inicia con poco más de 60 muertes violentas; el siguiente año sube a 82 y este noviembre, hay 89 crímenes catalogables como feminicidios que las autoridades se niegan a reconocer como tales.

Eso en Puebla. Recuerde, amigo lector, el caso de las costureras del 85, encerradas a piedra y candado por el explotador patrón, muertas en el desplome de talleres en San Antonio Abad; y dueño de la empresa impune, sin problemas por tenerlas en calidad de esclavas, atadas a una máquina de coser.

Hace siete años, recuerda María Teresa Priego-Broca, murieron en un incendio seis jovencitas. El desafortunado suceso fue en Culiacán, en la tienda Coppel donde estaban encerradas con candados por fuera, mientras hacían un inventario.

Fueron inútiles los llamados para que las auxiliaran las autoridades. Optaron por usar los celulares para despedirse de sus hijos pequeños, todos, encargarlos con algún familiar y para decirle adiós a sus padres, sus hermanos…

El doloroso episodio, un 10 de noviembre de 2010, dejó una marca que pronto se borró en la sociedad culichi. La tienda sigue funcionando, nunca se castigó a quien las encerró y guardó su llave retirándose del lugar y mucho menos se ejerció pena alguna contra las autoridades que hicieron oídos sordos. O los dueños de la empresa, que ni siquiera se dieron por enterados.

Puebl@Media
Carlos Ferreyra Carrasco
Ciudad de México
Martes 14 noviembre 2017.

Jesús Silva-Herzog

Una corte es una institución para la reverencia. La servidumbre vuelta ceremonia. La brújula de la corte apunta al norte del poderoso. Los cortesanos se orientan siempre hacia él. Lo miran para rendirle homenaje. Le agradecen al cielo la oportunidad de respirar el oxígeno del mismo cuarto. Qué afortunados somos de tener tan clemente soberano, dirán de mil maneras. El homenaje que los cortesanos rinden al rey, dice Elias Canetti es estar ahí frente a él, en el círculo que rodea al poderoso. Agrupados en torno a él, deslumbrados por él, esperándolo todo de él. No pueden moverse con independencia. Por eso están atentos a cualquier gesto, a cada palabra, a la mínima modulación de su voz. Los cortesanos saben que su posición depende sólo de la voluntad del jefe. No tienen vida fuera de la corte, no son nada fuera del círculo de lealtad. Esas marcas de la política mexicana se acentúan en tiempos sucesorios. La restauración priista ha sido la restitución de la cortesanía.

Con la cortesanía ha regresado el tapadismo. Se ha rehabilitado el más sagrado de los rituales priistas. El presidente aseguró el control absoluto de su partido y se dispone a usar el índice. Tiene el margen más amplio para designar al candidato de su partido. Nadie le hará oposición. No tenemos el lápiz de Abel Quezada para dibujar las capuchas de los tapados, pero hemos regresado a ese tiempo. ¿Vivimos en 1975? De pronto hemos retrocedido cuarenta años. Los ambiciosos desfilan con capucha. Buscan la presidencia, pero no lo dicen; quieren ser candidatos, pero no pueden reconocerlo. Es la política embozada de la vieja disciplina. Todos repiten lo mismo: se sienten honrados por la mera mención; dicen que no son todavía tiempos para declarar abiertamente su deseo, repiten que se debe esperar al calendario que fije el partido, aseguran que aceptarán la decisión del partido y aprovechan para felicitar el patriótico gobierno del Señorpresidente.

El rito tiene efectos perniciosos en nuestra conversación pública. Se acepta implícitamente la regla de la verticalidad y se juega a la especulación como si fuera un entretenimiento inofensivo. La reflexión política se degrada a niveles vergonzosos. Tratemos de imaginar quién le inspira confianza al Señorpresidente. ¿Quién minimiza los riesgos? ¿Quién le cuidará mejor las espaldas? Leemos las hojas del té, buscamos pistas en los astros, lanzamos dados a la mesa. Todo parece una señal. El Señorpresidente ha enviado a fulano a representarlo. El abrazo del señorpresidente al secretario A duró 4 segundos más que el que le dio al secretario B. En la reunión reciente se vio la enorme confianza que el señorpresidente tiene en su colaborador X. Confieso que el juego que propone Héctor Aguilar Camín para adivinar el nombre del tapado no me parece divertido. ("Instrucciones para adivinar quién será el candidato del PRI", Milenio, 10 de noviembre). Hágase una lista de precandidatos, multiplíquese por cinco criterios relevantes, dóblese el papelito en cuatro partes y el nombre del tercero será el elegido. O algo así. Más aún, el timbiriche tapádico me parece nocivo porque acata el dictado del patrimonialismo, porque condona su existencia o tal vez la celebra, porque da la bienvenida a su "lógica." Apostemos al vaticinio de un capricho y divirtámonos un poco. Jugar a la especulación del tapadismo es celebrar que una institución pública tenga dueño y que esté puesta al servicio de un amo. La aberración se legitima cuando encuentra razonadores que disciernen sobre el sentido de una voluntad sin restricciones. Elaborar una teoría general del tapadismo es celebrarlo como simpática curiosidad nacional. Ofrecernos claves para anticipar la indicación del presidencial dedo es aprobar el uso personal de las instituciones públicas. Cierto: el PRI no es ya toda la política ni el candidato del PRI será necesariamente el ganador de las elecciones. Sin embargo, el PRI, aunque lo abominemos, es una institución pública desde su definición constitucional hasta su financiamiento.

Cuando Enrique Peña Nieto busca trivializar lo aberrante, lo llama cultura. La corrupción es cultura porque es anécdota, porque así somos nosotros. El tapadismo es cultura porque es una costumbre de partido que nadie tiene derecho a cuestionar. Cada quien administra su casa como le da la gana. Respeten nuestra liturgia, exige. Pues no... el tapadismo no merece respeto. Es una práctica arcaica, grotesca, indefendible. El patrimonialismo en instituciones públicas-sea en MORENA, en el llamado "frente" o en el PRI-no merece ningún respeto.

Reforma
Jesús Silva-Herzog
Ciudad de México
Lunes 13 /11/2017.

René Delgado

El nombre del candidato oficial aún es desconocido, pero no su apellido.

La oportunidad es buena entonces para recordar su origen y cuna política porque, aun cuando, quizá, se pretenda, es imposible desvincular el nombre de pila del nombre de familia... y el apellido corresponde al de Partido Revolucionario Institucional.

Es bueno recordarlo ahora porque, cuando surja su nombre, más allá de sus virtudes y vicios, brotará también su ansia por imaginarse con la banda tricolor terciada al pecho y, ante la sola posibilidad, entenderá como un asunto personal la crítica a su apellido: el sello de casa que lo impulsa y frena.

No siempre se puede aislar o separar la biografía de la historia, el primer nombre del último ni el futuro anhelado del pasado ineludible.

***

Al candidato oficial le pesará explicar cómo su familia desperdició la oportunidad de reivindicarse ante la sociedad y la historia, habiendo regresado a la casa de donde fue echado casi dieciocho años atrás. No la aprovechó para rectificar la conducta que lo expulsó de ella y sí, en cambio, ratificó los términos de su deshonra: la pusilanimidad, la complicidad y la impunidad, haciendo de la corrupción práctica voraz.

Del pacto para alcanzar un acuerdo nacional pasó al impacto del desacuerdo nacional, poniendo en juego la estabilidad.

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Uno. El Revolucionario Institucional sobrevivió fuera de Palacio doce años y, a excepción de algunos de los cuadros que lo condujeron en esa larga y sinuosa travesía, el partido como tal eludió plantearse su reinserción en el ejercicio del poder al punto de caer en la práctica del no poder.

Supo, si se quiere, diseñar la estrategia para recolocarse en la escena, ganar la elección presidencial pero no conquistar el gobierno. La falta de reflexión le impidió convencer de la razón de su retorno; la sobra de recursos, acariciar de nuevo el sueño.

No hizo el balance del motivo por el cual salió de Palacio, como tampoco el corte de caja del estado en que recibió la administración al regresar a ella. No pintó su raya ante el calderonismo y, entonces, su responsabilidad adquirió tinte de complicidad.

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Dos. Reinstalado en Palacio, a ritmo de bienio, la administración del PRI pasó de la osadía al titubeo y la parálisis. De ahí, al miedo y la desesperación. No supo transformar la victoria electoral en la conquista del gobierno.

Tras el relativo logro legislativo de darle marco jurídico a la reestructura pretendida -en más de un caso, leyes mal hechas que hoy tienen en vilo a más de una estructura, institución y proceso-, el Revolucionario Institucional cometió errores que terminaron por arrastrar la posibilidad de su gobierno y entró en pánico escénico.

Vinieron entonces la indecisión y la parálisis, más tarde el desentendimiento, recubierto de un sentimiento de incomprensión. Conclusión: borró y pervirtió el principal postulado de su regreso: los priistas sanguíneos y consanguíneos no supieron gobernar.

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Tres. Al cometer aquellos errores, la administración envió un mensaje indigerible: importa más una casa en Las Lomas que una residencia en Los Pinos.

De mil y un formas, se intentó explicar la injustificable conducta y, quizá, tal impostura dio rienda suelta a muchos de los hoy ex gobernadores y ex funcionarios sujetos a investigación, proceso o extradición judicial. Cuadros que, al ser descubierta su rapaz voracidad -en muchos casos, desde el exterior-, el PRI comenzó a expulsar y, luego, al crecer su número, optó por ignorar siendo que, en su credo, encarnaban la nueva generación de priistas.

Al incorporar la persecución judicial y la cárcel como parte del arsenal y de la escena política, hoy a más de un priista le provoca escalofrío el ruido de una reja al cerrarse.

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Cuatro. En el campo de los derechos humanos, el PRI hizo de las fosas clandestinas o el encubrimiento de los crímenes de Estado el entierro de su credibilidad.

Al regresar a Palacio, el priismo prometió una estrategia no distinta, sencillamente una estrategia frente al combate al crimen. Sin embargo, continuó la aventura de Felipe Calderón, añadiendo un ingrediente: la mentira. Tlatlaya primero, Iguala después y más tarde una serie de matanzas donde los caídos cambiaban de posición después de muertos. No sólo borró la promesa, generó una más cruel realidad.

El número de homicidios dolosos y la diversificación de la industria criminal ya no es récord de la administración de Calderón, sino de la actual. Si, como antes, los muertos votaran, el PRI perdió un caudal de votos.

***

Cinco. Ausente el gobierno, la política interior se convirtió en una agencia de negociaciones para postergar la solución de los conflictos y, entonces, de la política exterior ni la sombra quedó. De la escuela de Tlatelolco se hizo un taller de aprendizaje experimental con un gran desfile de alumnos.

El país flota porque ya no pesa.

***

El nombre del candidato oficial aún no se conoce, sí su apellido.

Podrá el candidato intentar desvincularse del Revolucionario Institucional. Decir que, a diferencia de su familia, él no hará de la casa de gobierno una tienda de campaña; que modificará conductas en vez de reformar leyes; que ya no consagrará derechos en la Constitución para anularlos o dificultarlos en el reglamento; que ya no hará de las arcas públicas caja personal de ahorros y de las licitaciones, pagarés a sí mismo o a un hombre de paja...

Podrá intentarlo, pero hay un hecho ineludible: si bien el nombre cuenta, pesa el apellido. A saber, si el candidato oficial podrá resolver su postulación en gloria inesperada o sacrificio absurdo.

 EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ

Sobra, hoy, explicar por qué se tiene más presente al socavón de Gerardo Ruiz Esparza que al Paso Exprés de Cuernavaca.

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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Sábado 11/11/2017.

José Antonio Crespo

Enrique Cárdenas (a quien conozco hace décadas, aprecio y respeto profesionalmente) me comunicó hace semanas que podría ir como candidato a la gubernatura de Puebla bajo las siglas de Morena. Me extrañó, pues no ha tenido una carrera partidista, pero sobre todo porque sus posiciones no son propiamente de izquierda. Pensé que López Obrador buscaba enviar un mensaje de moderación a la iniciativa privada. Le dije a Enrique que celebraba su pre-candidatura por su trayectoria personal y profesional, y le pregunté si competiría con Miguel Ángel Barbosa a través de una encuesta como la que recién se había realizado en la Ciudad de México. Me respondió que sí habría encuesta, pero que Barbosa había declinado. Muchos analistas dieron por hecho que el candidato sería Cárdenas. Algo sucedió que la encuesta decidió inclinarse por Barbosa. No me extraña el giro. La dinámica política, diría Maquiavelo, no tiende a favorecer a los mejor intencionados. Cuando Barbosa se pronunció por López Obrador todos pensaron que lo hacía justo para competir por Puebla bajo unas siglas más prometedoras que las del PRD. Pero muchos dentro del obradorismo emitieron una queja al respecto, pues Barbosa no les parecía alguien confiable. Por ejemplo, Luis Hernández Navarro escribió: “¿Puede la izquierda pasar por alto la trayectoria neoliberal de personajes como Miguel Barbosa y raza que lo acompaña? ¿Basta con que renuncien al PRD y se sumen a la candidatura de López Obrador a un supuesto movimiento anticasta para que se olvide su incondicionalidad hacia poderosas figuras del gobierno? ¿Esa es la vía para acabar con el pacto de impunidad que tanto daño le ha hecho al país?” (La Jornada, 4/04/17).

Ante el cuestionamiento de muchos sobre la falta de filtros en Morena para recibir adeptos, sin importar su trayectoria política ni personal, López Obrador señaló que pondría un filtro claro para aceptar a nuevos aspirantes: “Mucha gente ve que Morena ha crecido tanto que voltean a ver al partido como una idea de los puestos y los cargos, y lo que nosotros queremos no es eso. Lo que queremos es que… la gente quiera servir realmente a transformar el país”. (EL UNIVERSAL, 2/04/17). La pregunta era, ¿Cómo detectar cuándo los aspirantes a integrarse a Morena lo hacían por servir a México y cuándo por servirse de México a través de Morena? Si no buscaban un cargo de inmediato. John Ackerman respaldó ese criterio: “El hecho de que algunos de estos personajes han firmado el pacto de unidad hacia 2018 no implica que serán candidatos de nuevo... Se han subido muy tarde al barco de la esperanza y tendrán que esperar en la fila o, en su caso, demostrar por medio de un sólido trabajo cotidiano y un claro ejemplo de rectitud que merecen encarnar el proyecto de Morena en algún espacio de gobierno o de representación en el futuro” (La Jornada, 24/04/17).

Se suponía entonces que los recién llegados no tendrían candidatura de inmediato. El único criterio para saber quiénes se unían al obradorismo para “servir al país” y no en busca de cargos sería entonces que en mucho tiempo no serían candidatos. Con Barbosa parecía que ese criterio se cumpliría. Ahora cae por su propio peso. Los políticos que se acercan a Morena tienen probablemente en mente ser candidatos en el corto (cortísimo) plazo. Por lo cual el criterio que debía prevalecer para aceptar nuevos adeptos al movimiento obradorista no puede ser si buscan cargos o no, pues simplemente ya no se cumplió. El criterio debiera ser entonces la trayectoria ideológica, política y personal de los nuevos militantes, de modo que pudiera encumbrarse a gente con valía ética y profesional, y quizá congruente con la ideología morenista (el viejo nacionalismo-revolucionario del PRI previo a 1982). Viene después la defensa a ultranza que hace AMLO de un partido tan cuestionable como el PT, por ser su aliado, pese a los indicios de sus pillerías. Pese a todo eso, Morena insiste en ser puesto en un costal distinto al de los demás partidos, por su presunta congruencia y honestidad a toda prueba.

El Universal
José Antonio Crespo
Ciudad de México
Lunes 6 noviembre 2017.


Fabiola Guarneros Saavedra

Coco puede gustar o no, pero lo que es indiscutible es que se ha vuelto, con mérito propio, un tema dominante de conversación al que no es ajeno el análisis político.

Si usted, amigo lector, no ha visto la nueva película de Disney-Pixar, pero ya la odia después de leer las miles de reacciones en Twitter o Facebook de quienes la vieron una o más veces y lloran al final de la proyección, puede asomarse tranquilamente a esta columna, que promete no adelantar aspectos sustanciales de la trama.

Opino no sólo como oaxaqueña (por derecho de sangre) amante de mis tradiciones, sino como periodista y, como todos los de mi clan, suelo tener mis dosis de escepticismo. Soy crítica, en particular, de cierta predisposición de mis compatriotas a recibir con entusiasmo desenfrenado los guiños que nos lanza la industria hollywoodense, al grado de adoptar su mirada cuando cotidianamente solemos despreciar la nuestra. ¿O acaso tendríamos un desfile de Día de Muertos si no hubiera existido James Bond?

Pero el caso de Coco obliga a una lectura que vaya más allá (valga la metáfora). La reacción mayoritaria en las salas y en las redes sociales documenta que Disney-Pixar hizo muy bien su trabajo previo de investigación sociológica y conoció profundamente el grado de vinculación que tenemos los mexicanos con nuestras tradiciones más arraigadas. Y no me refiero a la obvia.

En la parte emocional, Coco es un melodrama perfectamente conectado con una de nuestras auténticas y reales telenovelas nacionales: la de clanes familiares marcados por historias de abandono, de madres que dijeron adiós al príncipe azul para criar hijos solas en los que se corta de tajo todo aquello que recordara a aquel que huyó —o que se fue por los cigarros—. Un trauma que se prolonga por generaciones y que, me atrevo a decir, es uno de los factores que explica el llanto que muchos espectadores son incapaces de contener en la sala.

Por eso importa menos qué tan fiel es la recreación animada del Día de Muertos —que desde mi punto de vista es buenísima—, cuando lo que está perfectamente retratada es la chancla como instrumento del poder ejercido por las abuelas y madres jefas de familia para mantener cohesionada a la tribu (mascotas incluidas), y la obediencia que implica regresarle la chancla. Misma autoridad que, desde una óptica más amable, se refleja en la obsesión de creer que la salud de los niños es directamente proporcional al número de tamales que coman.

Quien quiera encontrar clichés los hallará. Por ahí se verá alguna máscara de luchador sin venir mucho a cuento. También se retrata nuestro fervor por la música de banda, el charro mexicano y el ídolo aquél que hizo miles de películas en los años 50, sí, Pedro Infante. Y verán las pinceladas de Frida Kahlo y Diego Rivera… Pero a la par de eso, los realizadores de Disney-Pixar encontraron cómo está anclada la economía de su vecino a formas de subsistencia artesanal como la fabricación de zapatos, un destino de vida que no entusiasma al niño protagonista de la historia. Este último en realidad está atraído por la música, esa otra vocación que se abraza en los pueblos y pequeñas ciudades mexicanas como una esperanza para no caer en las garras del crimen organizado y para no optar por la migración, otro factor que cercena núcleos familiares.

Y este tema, el de la migración, es abordado de manera inevitable y jocosa, pues la visita temporal de los muertos cada 2 de noviembre al terreno de los vivos es una metáfora de quienes en la vida real se fueron al otro barrio, léase Estados Unidos. Llama la atención el grado de sofisticación de la “mejor vida” a la que ya pasaron nuestros ancestros que precisan ser recordados, incluidos los outsiders que tratan de burlar el filtro aduanal para recorrer el puente de cempasúchil que por unas horas los llevará a reencontrarse con los alimentos físicos y emocionales de los suyos (algo así como cuando nuestros paisanos del otro lado de la frontera nos visitan para las fiestas de Navidad).

Y más allá de las anécdotas propias de la cinta, no hay que dejar fuera el involuntario, pero oportuno, timing de su estreno. Es valorable el gesto de que una industria liberal como la cinematográfica dé un reclamo artístico al presidente Donald Trump por haber alimentado un odio irracional contra los mexicanos con fines electorales. Máxime si tomamos en cuenta que Estados Unidos tradicionalmente busca exportar su cultura para que el resto del mundo la adopte, no reivindicar la de otros países a las que, en el mejor de los casos, ha visto bajo la óptica del turista asombrado. Aquí hay puentes de cempasúchil, no muros.

Pero también creo que Coco es una lección para nuestros propios talibanes ideológicos, que en redes han buscado desacreditarla recordando la desafortunada decisión inicial de Disney de registrarla como propiedad privada, sin mencionar que fue revertida en su momento y por la cual los realizadores de la película han reiterado varias veces sus disculpas.

Y entiendo que no se trata de rendirse acríticamente a los productos de un emporio mediático global del tamaño de Disney. Pero, ciertamente, no está muy arraigada en México la tradición de debatir con argumentos, como sí lo está la de atacar con prejuicios.

DM

Por cierto, leo que también, gracias a la “presión” de las redes sociales, empresas exhibidoras de cine decidieron retirar un cortometraje de Frozen que se presentaba antes de la película Coco, alegando que se les hizo muy largo y les aburrió. ¡Ah, la intolerancia, esa también tan venerada tradición mexicana! Quizá en otros países sí aprecien la promoción de ver dos películas por una, y no quiero imaginar qué pensarán cuando se den cuenta de la piel tan sensible que tenemos para unos temas y lo fácil que se espantan ciertas marcas frente a las turbas cibernéticas de inconformes. De pena ajena, porque ni siquiera entendieron la lógica del corto de Frozen, cuyos personajes se dedican a buscar e identificar sus propias tradiciones, como la nuestra. Se trata del preámbulo para que el público de otros países entendiera que en México siguen muy vivas nuestras tradiciones. Morirse de la vergüenza debería ser otro atributo mexicano.

Excélsior
Mensaje directo
Ciudad de México
Fabiola Guarneros Saavedra
Domingo 5 de noviembre de 2017.

Porfirio Muñoz Ledo

La proliferación de la mentira se ha convertido en estrategia machacona del partido en el gobierno, tanto para ocultar la gravísima condición económica y social del país, como para exorcizar la crisis de la deuda que podría estallar en pleno proceso electoral. No dudan en manchar el prestigio de sus propios funcionarios, como en el mito de Saturno que devoraba a sus hijos para sobrevivir. Pareciera el tributo exigido al “tapado” para ganar el concurso de falsedades e incoherencias.

La proliferación de la mentira se ha convertido en estrategia machacona del partido en el gobierno, tanto para ocultar la gravísima condición económica y social del país, como para exorcizar la crisis de la deuda que podría estallar en pleno proceso electoral. No dudan en manchar el prestigio de sus propios funcionarios, como en el mito de Saturno que devoraba a sus hijos para sobrevivir. Pareciera el tributo exigido al “tapado” para ganar el concurso de falsedades e incoherencias. Es el caso del secretario de Hacienda, José Antonio Meade, neoliberal clásico y estandarte del PRIAN, a quien se consideraba un hombre público consistente y eficaz. Dan pena ajena los extremos a que ha llegado.

Durante su participación en la Cumbre de Negocios dijo estar “convencido de que damos un paso atrás si hubiera la elección de un populista”. No especifica desde luego lo que sería un paso adelante, ni menos define el precipicio hacia donde nos quisiera llevar. Admite que México ha caído durante tres decenios a una tasa de crecimiento de 2.3%, mientras que el organizador del evento reconoce que en ese tiempo llegamos a crecer hasta el 6.7%. Como dijera el ideólogo del partido con el que “simpatiza”, Jesús Reyes Heroles: “no todo lo viejo es malo, ni todo lo nuevo es bueno”.

Ignora que hay diversas expresiones del populismo, reconocido como un sistema de poder con amplia participación de las masas, en ausencia de sólidas y confiables instituciones políticas. El peor populismo es de derecha, que nació en la Rusia de los zares y creímos haber derrotado en el Segunda Guerra Mundial. Hoy parece renacer en los movimientos ultranacionalistas de Europa y Estados Unidos. Soslaya Meade el populismo revolucionario del general Lázaro Cárdenas y de otros líderes que pacificaron a sus países, modificaron el régimen de propiedad y reivindicaron los recursos naturales. Paul Krugman y Joseph Stiglitz hablan del “populist backlash” de izquierda que significaría “el regreso de las políticas de igualdad”.

Dice el aspirante: “Si oímos a alguien que nos dice que conviene que fijemos salarios por decreto y que quiere regresar a que sea el Estado el que maneje el desarrollo económico del país; si vemos a alguien que suene con políticas norcoreanas o venezolanas. ¡Hay que verlas con atención!”, la alocución no podría ser más pedestre en la forma y en el fondo. Oculta que lo ocurrido hace tiempo en México es la pobreza por decreto, ya que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos —léase el Banco de México— ha decidido inconstitucionalmente derrumbar los salarios. Si escuchó a Justin Trudeau sobre el aumento sustantivo de los salarios en México como condición para la renegociación del TLCAN o si está informado en torno las iniciativas y logros del doctor Mancera para elevar la remuneración al trabajo, debería incluirlos en su lista de peligrosos populistas.

Su condena a diversos regímenes políticos es anti-histórica y mentirosa. Alemania del Este hace mucho que no existe y fue fruto de la partición del mundo en la Guerra Fría; los regímenes de Venezuela y Corea del Norte provienen de revoluciones militares que no se han producido en México desde hace 100 años. Cabría preguntarse ¿si detesta a esos gobiernos, por qué no lo dijo cuando era canciller y propuso la ruptura de relaciones diplomáticas? Es la trampa del “petate del muerto”, indigna de un hombre de Estado, que pretende emular el grotesco discurso de Ochoa Reza. Otro tributo que quizá no le valga ni un reintegro.

Respecto de su condena a la intervención del Estado en los procesos productivos olvida que la economía política es, desde Adam Smith, un principio básico de la modernidad. Lo definitorio es cómo y para qué interviene el Estado. Ellos lo han hecho para desnacionalizar y desangrar al país. A falta de programas, insultos al aire que el viento se lleva. En ausencia de ideas, degradación intelectual. Epítome de la decadencia del régimen: la conversión de funcionaros en merolicos.

El Universal
Porfirio Muñoz Ledo
Ciudad de México
Domingo 5 noviembre 2017.

*Aseguró en Puebla que lo que se dice de Moreno Valle no sirve y son los hechos los que deben importar

Por Raúl Torres Salmerón

Dante Delgado Rannauro, actual dirigente del partido Movimiento Ciudadano estuvo en Puebla hace unos días. El viernes 27 de octubre, declaró: “Lo que se dice de Rafael Moreno Valle no sirve y son los hechos los que deben importar al hablar del panista y aspirante presidencial”.

Según el portal e consulta de esa fecha “al responder sobre los señalamientos contra el exmandatario poblano de ser omiso ante el crecimiento del robo de hidrocarburos y propiciar el endeudamiento del estado, Delgado Rannauro sostuvo que las percepciones que se tiene son subjetivas y no sirven”.

Agregó: “Lo que se dice no sirve, lo que son los hechos es lo que vale… el día que todo el país tenga un avance como el que ha tenido Puebla en los últimos años, vamos a lograr un avance sustantivo”.

Por su parte, la Jornada de Oriente, informó el mismo día que el dirigente nacional del MC, Dante Delgado, aseguró que Rafael Moreno Valle Rosas fue un gobernante “altamente eficaz” y es “uno de los candidatos sólidos que tiene el Frente Ciudadano por México”, que MC formó con el PAN y el PRD para las elecciones de 2018.

Por lo anterior, se ve que don Dante Delgado no conoce Puebla y menos lee las noticias. Lo invitamos a que viva en Puebla unas semanas para que perciba el índice de violencia e inseguridad que se vive en el estado, herencia de Moreno Valle Rosas.

Sin duda, don Dante es una finísima persona. Hay que leer su tormentoso pasado. Aquí una pequeña clase de lo que es objetivo y de lo que sí sirve.

LA HISTORIA DE DANTE DELGADO

El periódico La Jornada, de fecha 18 de diciembre de 1996, con el título “Durante años se desdeñaron acusaciones que le hacía la oposición. La historia de Dante Delgado Rannauro es una típica historia del sistema”.

Y agrega el diario: “Hijo de una modesta familia de clase media, Dante Delgado Rannauro llegó a ser en pocos años uno de los hombres más adinerados de Veracruz, gobernador sustituto de esa entidad, ahijado político de Fernando Gutiérrez Barrios e, incluso, uno de los primeros priístas que fue llamado a trabajar en la campaña de Ernesto Zedillo Ponce de León, a la muerte de Luis Donaldo Colosio, como secretario de Organización en el PRI.

“Sin embargo, apenas renunció al PRI y a la militancia política que le dio posición y fuero, Dante Delgado fue detenido por las mismas acusaciones que lo persiguieron durante los años de su encumbramiento económico y político: enriquecimiento inexplicable, tráfico de influencias, peculado y corrupción.

“Acusaciones todas ellas desdeñadas durante años, por provenir de políticos y partidos de oposición, pero que resurgen con algo que les faltaba para que se hicieran efectivas: el sello oficial”.

Más adelante reafirma: “…  su estrella política comenzó a declinar --según el propio Delgado lo cuenta--, a raíz de un diferendo que tuvo con el Presidente de la República Ernesto Zedillo, con quien --afirma-- tuvo discrepancias sobre la estrategia para encarar el problema social del conflicto en Chiapas, entidad en la que desempeñó su último cargo en la administración pública federal.

“Diferendo político que --sostiene Dante--, lo llevó a renunciar al PRI y a iniciar la formación de un nuevo partido político con la intención de competir en los comicios federales de 1997”.

“En sus proyectos de renovación, Dante Delgado pareció olvidar su historia como priísta. La que lo llevó de dirigente juvenil durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez a subsecretario de Gobierno con el mandatario estatal Agustín Acosta Lagunes, cuando en la Secretaría de Gobierno estaba al frente Ignacio Morales Lechuga.

“En 1985, Dante fue candidato a diputado federal y ya en la Cámara, el fallecido Alberto Mañueco lo acercó al grupo de Adolfo Lugo Verduzco, quien a su llegada a la dirección nacional del PRI colocó a Dante como presidente del PRI en Veracruz.

“En esta posición recibió a Fernando Gutiérrez Barrios y le coordinó su campaña a la gubernatura en 1986. Dos años después, cuando Gutiérrez Barrios fue llamado por Carlos Salinas a la Secretaría de Gobernación, Dante se convirtió en gobernador sustituto de Veracruz.

“A partir de entonces, el poder político y económico de Dante Delgado Rannauro crecieron como la espuma, pero también la fama de ser un político que utilizó el cargo para enriquecerse.

“Famosos fueron los casos de corrupción denunciados por los partidos de oposición cuando Dante Delgado gobernó Veracruz: Entre los más destacados está el haber hecho proveedoras casi exclusivas del gobierno a las empresas cementeras de su propiedad y de sus familiares, las cuales, se indica, se beneficiaron prácticamente de toda la obra pública.

“Pero cuando se habla de obra pública en Veracruz con Dante, no puede dejar de señalarse cómo se fueron abajo cuatro puentes por vicios en su construcción. Uno de ellos, el de La Antigua, se cayó al río el mismo día de su inauguración con todo y funcionarios presentes.

“Famosos fueron también los debates que cada año se dieron en el Congreso de Veracruz sobre los estados de la Cuenta Pública y los desvíos, anomalías e irregularidades denunciadas por la oposición sin que pasara nada”.

SALIÓ DE LA CÁRCEL POR PRESCRIPCIÓN

Don Dante pasó 15 meses en el penal de Pacho Viejo, Veracruz, por delitos de corrupción, habiendo causado un daño al erario público por un monto de 450 millones de pesos. Fue puesto en libertad mediante el recurso de prescripción del delito.

Fundó el partido Convergencia en 1998, del cual fue presidente nacional hasta 2006, cuando pasó a ser el presidente de su consejo nacional. El 2 de julio de 2006 fue electo como senador por mayoría de la República Mexicana por el partido Convergencia.

En 2004 y 2010 fue candidato a la gubernatura del Estado de Veracruz por la coalición de los partidos PRD, PT y Convergencia, elecciones que perdió.

La revista Proceso, del 21 de diciembre de 1996 señala lo siguiente en una investigación periodística firmada por Gerardo Albarrán:

“Con Dante Delgado están detenidos Gerardo Poo Ulibarri y Porfirio Serrano, sus secretarios de Finanzas y Planeación y de Desarrollo Urbano, respectivamente Ninguno alcanza fianza por el delito de peculado, aunque también están acusados de abuso de autoridad e incumplimiento o abandono del deber legal Los dos exfuncionarios comparten, además, la acusación de tráfico de influencias.

“Dante Delgado está acusado de peculado por 450 millones de pesos El gobierno de Patricio Chirinos levantó cargos por la creación de asociaciones civiles, sociedades anónimas y patronatos para canalizar irregularmente recursos públicos que fueron ejercidos en forma desmedida y desordenada y en obras suntuarias, entre las que destacan la Plaza Acuario, el Museo Tecnológico y el Centro Cultural y Social Casino Veracruzano, este último en la ciudad de México También se presumen maniobras ilegales en la adquisición de cemento y luminarias, a lo largo de su cuatrienio, por volúmenes y montos exagerados”.

Hasta parte de lo publicado en Proceso.

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Sin Límites
Raúl Torres Salmerón
Ciudad de Puebla, Mx.
Domingo 5 noviembre 2017.

Jesús Silva-Herzog Márquez

La Procuraduría se ha convertido en un bulto de la administración federal. A poco más de un año del relevo en la Presidencia, el Gobierno deja esta institución crucial para la vigencia de la ley en el abandono.

Han renunciado a su cargo tres Procuradores y no hay ningún interés en llenar la vacante. Se nos anuncia que habremos de esperar hasta que llegue un peor momento.

Tomarse el tiempo para que los electores decidan y conozcamos el nombre del nuevo Presidente equivale a someter el nombramiento a una nueva conformación política. Si la autonomía se tomara en serio, la incertidumbre sería el mejor estímulo para llenar la silla vacía.

Estamos hoy bajo un propicio velo de ignorancia. Los partidos no saben si ganarán o perderán. No saben si tendrán la Presidencia o estarán en minoría. No saben si su peor enemigo ocupará la Presidencia o si será uno de los suyos.

Esa oscuridad debería ser considerada precisamente como la condición más propicia para convocar al funcionario competente y confiable que dé seguridad a todas las fuerzas políticas. Necesitamos un Fiscal que imprima a la primera Fiscalía la dignidad de la distancia. Esperar a la elección es apostar a sellarla, otra vez, con la política del día.

La Procuraduría es una institución en ruinas. No tiene titular y el que ocupa sus funciones lo hace de manera precaria, sin el respaldo político indispensable para cumplir su función.

Oficinas fundamentales como la Fiscalía Anticorrupción están vacantes y no se advierte intención de ocuparlas. Arrastra un estatuto constitucional obsoleto, mientras el Congreso ignora las propuestas de reforma que se han planteado desde distintos órganos de la sociedad civil.

Una institución clave de la vida de la República está a la deriva. Lo han reconocido, con esas u otras palabras, sus titulares. Han dirigido una institución que no puede avanzar, pero tampoco puede apearse para emprender su reforma. Pocas instituciones con tantos desafíos, ninguna con tan poca capacidad para afrontarlos.

De la Procuraduría depende la persecución de los delincuentes, la recuperación del orden, la vigencia de la ley. Nada menos. Al cumplir ya más de una década nuestra barbarie, la existencia de una Fiscalía competente, con poderes sólidos y autonomía firme es urgente. En la medida en que subsistan las bases institucionales de su subordinación y precariedad; en la medida en que se prolongue su fragilidad política, seguiremos librando una batalla perdida contra la impunidad.

La agonizante ha encontrado fuerza, sin embargo, para hacer valer sus códigos de conducta y remover al Fiscal electoral. La decisión es en extremo grave porque carece de una motivación sólida, porque aniquila la autonomía de un órgano indispensable de legalidad en el proceso electoral y porque constituye una amenaza al resto de los agentes de la imparcialidad.

Remover a un Fiscal es un acto de extrema gravedad. Lo es más, cuando se trata de un Fiscal electoral. Lo digo por la hechura jurídica del cargo.

El funcionario necesita contar con el respaldo del Senado de la República. ¿Por qué se exige la ratificación senatorial de este funcionario? Porque debe inspirar confianza en las fuerzas políticas representadas en esa asamblea y porque su tarea necesita autonomía.

El Fiscal que persigue delincuentes electorales no puede estar sometido a las lealtades de partido o a las jerarquías ordinarias de la administración pública. Lo ha descrito con claridad José Roldán Xopa en una útil reflexión constitucional (disponible en elnorte.com/nieto).

Remover a un Fiscal electoral es atropellar a la mayoría calificada del Senado de la República. Si el Procurador tiene, efectivamente, facultad para remover al titular de la Fepade, no debemos entender que tiene un permiso para el capricho o para la arbitrariedad.

Debe entenderse que el Fiscal no es un subordinado del Procurador. No puede serlo. Tratarlo como tal es volver a dar muestras de que no se entiende el sentido de la autonomía de las instituciones de procuración de la justicia.

El funcionario removido investigaba casos especialmente graves de corrupción en el ámbito electoral. Su destitución ha activado alarmas y ha producido un extraño acuerdo de todas las fuerzas políticas exceptuando las oficialistas: la destitución pone en riesgo el proceso electoral del 2018. Toca al Senado de la República enderezar las cosas.
 
http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Domingo 29 de octubre de 2017.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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