René Delgado     

El presidente Enrique Peña Nieto se ha de estar tronando los dedos.

El nombramiento de Enrique Ochoa como dirigente del priismo, el ajuste con dedicatoria de los estatutos del tricolor, la convocatoria para designar candidato presidencial convertida en el retrato del elegido y la sustracción de la chistera de un simpatizante como el abanderado no han dado, hasta ahora, el resultado ansiado: José Antonio Meade lejos de salvar al PRI, se hunde con él. El uno no jala al partido y el otro no lo impulsa. Dos meses después de iniciar la carrera, ambos siguen en el punto de partida viendo azorados la polvareda levantada por los otros dos competidores.

Borrada la distancia entre el gobierno y el partido -error operado y celebrado, en su momento, por César Camacho- y reivindicada la liturgia del dedazo, la responsabilidad de postular a un simpatizante que no emociona dentro ni fuera del priismo es del presidente de la República y dirigente del Partido. Concluida la precampaña, de seguro, tanto Enrique Peña Nieto como José Antonio Meade se han de plantear -a saber, si en consonancia o disonancia- qué próximo paso dar.

Ojalá al canciller Luis Videgaray no se le ocurra pedir opinión a Donald Trump sobre el particular, ahora que acuda con su jefe a la Casa Blanca. La de allá, desde luego.

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Actos de prestidigitación, malabarismos, ardides, liturgias y, vamos, hasta el contravoz le fallaron al grupo tricolor encabezado por el mandatario: el abanderado es leal al grupo, pero no simpático a la militancia propia y prestada, como tampoco al electorado.

Los estudios de opinión pública -destacadamente el de Reforma- confirman que, al menos hasta ahora, el elegido concursa en la contienda a título de testigo, no de competidor. Sus increíbles estrategas han logrado darlo a conocer, pero no a querer y él, por momentos parsimonioso, parece dar por sentado que la maquinaria lo llevará a donde pretende sin mover un dedo, porque el dedazo ya fue dado.

Sin embargo, el engranaje de la misma maquinaria tricolor cruje y cascabelea, al tiempo que el ruletero o chofer de ella da de volantazos y claxonazos sin ton ni son y, en el colmo de la adversidad, el entorno -sobre todo, el relacionado con delincuencia criminal y política, así como con corrupción o acciones emprendidas sin medir las consecuencias- cobra nuevas y viejas facturas. Eso sin mencionar los problemas postergados o escondidos que, con su tic tac, suenan como bombas de tiempo. Maldita realidad.

Quizá, al ser ungido formalmente como candidato y sentirse firme en la posición, José Antonio Meade tome decisiones y emprenda acciones en el ánimo de recolocarse, pero de no ser así y de no crecer en el ánimo electoral, tanto él como el partido y su jefe se verán en un muy serio apuro.

La gran interrogante que, de seguro, se formulan en Los Pinos y las oficinas tricolores es cuánto tiempo podrá otorgarse a la aventura política, antes de verse urgidos por rectificar decisiones. Desde luego, es posible que al paso de los días y al incurrir en errores los contrincantes, la situación de José Antonio Meade mejore.

La duda, sin embargo, es cuál es el lapso a conceder a esa eventualidad.

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Hasta ahora, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya están en jauja, producto del trabajo político realizado.

El tabasqueño se mantiene arriba en la preferencia electoral sin crecer como quisiera y el queretano se consolida en la segunda posición sin acercarse como quisiera a la primera posición. Empero, a cuatro meses y medio de medirse ante el electorado en las urnas y no ante la opinión pública en las encuestas, nada puede darse aún por seguro.

López Obrador requiere correr con pies de plomo cuidándose de sí mismo y abriéndose sin entregarse al pragmatismo, rayano en el oportunismo, que ya debilita su fortaleza. Anaya requiere correr con tenis, delegar las tareas que no puede concentrar, taponar la sangría de cuadros y asegurar que la alianza con el perredismo y el movimiento naranja se traduzca en organización y votos.

A ambos los vincula, curiosamente, el PRI. El origen de López Obrador es ése y el destino de Anaya ha sido aliarse con él, no con el perredismo. Ambos conocen al tricolor y saben de lo que son capaces de hacer los operadores y mecánicos de su engranaje con tal de permanecer en el poder, asociarse en el poder o cubrirse la espalda. A ambos los separa, curiosamente, el mismo tricolor. Uno no comulga con el proyecto económico impulsado por aquel, el otro sí.

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El grupo tricolor comandado por el presidente de la República y jefe del partido se ha de estar tronando los dedos y pensando qué hacer si, finalmente, la condición de su abanderado no cambia y la maquinaria no camina a ritmo de marcha, aun cuando ya hayan logrado alinear a otros factores y actores -algunos medios, algunos magistrados, algunos empresarios, algunos activistas- que también influyen en el rejuego electoral.

Es cierto, ese grupo ha de estar pensando qué hacer, pero también Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya deben pensar qué hacer si, ante la imposibilidad de competir con su propio candidato, el grupo tricolor los busca y tienta ante la idea de llegar a algún arreglo para impulsar, por lo bajo, a uno de ellos dos.

Qué paradoja, la precampaña no movió mucho la situación y la situación está muy movida.

· EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ
 
"En el caso del Socavón del paso exprés de Cuernavaca, sí hay responsables, sí hay sanciones que no se han aplicado, sí hay impunidad". Eso dice la introducción del estudio de Impunidad Cero. Superada la presentación de esa investigación, ¿el secretario Gerardo Ruiz Esparza duerme el sueño de los justos?

 
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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 17 febrero 2018.


 René Delgado


"Desconocer los avances es faltar a la verdad, desinformar a la ciudadanía y degradar la política". Eso afirma el presidente Enrique Peña Nieto, pero también podría decir lo contrario: "Desconocer los retrocesos es faltar a la verdad, desinformar a la ciudadanía y degradar la política".

Aun cuando incomoda y desvanece la ilusión, la realidad sí existe y exhibe a un país que, entre avances y retrocesos, camina dando tumbos sin asegurar el paso ni la dirección y, a veces, en la posibilidad del tropiezo, amenaza con desplomarse.

Quizá el juicio de la historia -afectado como tantos otros tribunales por un enorme rezago- le dé la razón al mandatario en el futuro, pero no en el presente: la República vive un peligroso proceso de degradación en sus relaciones políticas y sociales. Un proceso donde la corrupción, la mal hechura y la imposición de las reformas estructurales vulneran su propia posibilidad y, además, se ven afectadas por la práctica de la anti-política.
 
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En estos días, el garlito tan socorrido por el priismo hace crisis en dos reformas, una emprendida y una eludida: la político-electoral y la de seguridad.

La trampa, no está de más mencionarla, consiste en reformar y reformar leyes a partir de cuatro condiciones: garantizar un derecho en la Constitución; anularlo, neutralizarlo o dificultarlo en la reglamentación; dejar resquicios para tergiversar o contradecir su espíritu; e incumplir o pervertir su contenido en la práctica política que, esa sí, debe ser la de siempre.

Buenos para modificar leyes con efecto equívoco, los priistas -junto con sus aliados permanentes u ocasionales de oposición o no- son malos para modificar conductas. Cuentas deben a la nación los coordinadores parlamentarios de la anterior y la actual legislatura y una reflexión profunda, el jefe del Ejecutivo.
 
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En su vertiente electoral, la reforma político-electoral resultó un mazacote legislativo que, pese a la crítica hecha por varios de los consejeros de hoy, tiene en vilo la eficacia del Instituto Nacional Electoral. Esa reforma fue producto del canje del voto en favor de la reforma energética y se hizo al aventón y, hoy, no sin responsabilidad, los consejeros pagan los platos rotos por los legisladores.

A los consejeros se les culpa de todas las ineficiencias del régimen electoral elaborado sobre las rodillas y, en el colmo, los magistrados les pegan en los dedos cuando se salen del renglón. Los jueces actúan como guardianes del régimen, no como jueces de un concurso electoral. De origen, el nombramiento de buena parte de esos magistrados puso en duda su autonomía e independencia y, hoy, árbitros y jueces de la justa no logran acreditar su imparcialidad y vertical compostura. Tampoco su disposición a cooperar entre sí y garantizar el derecho ciudadano a elegir en libertad y seguridad. En el capítulo electoral, se tomaron decisiones con gran irresponsabilidad y, sobre todo, sin ánimo de modificar conductas.

Modifíquese la ley electoral, pero no la conducta política fue, al parecer, la divisa de esa reforma estructural. A título de ilustración, algunos ejemplos. Precampañas con candidatos únicos. Fiscalización de gastos de los partidos sin reportes. Precandidatos presidenciales independientes con sello político dependiente. Leyes electorales sin reglamentos.
 
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En su vertiente política, particularmente en lo tocante a la procuración de justicia, la creación de la Fiscalía General de la Re- pública es una pesadilla para el priismo: quiere cambiar la fachada, pero no la es- tructura del edificio destinado a procurar justicia, sobre todo, después de haber incorporado la cárcel como parte de la arena política.

Al ver la dimensión del cambio hecho en la teoría, al priismo le castañean los dientes e intenta pervertirlo en la práctica. Tanto así que quiere nombrar al fiscal sin Fiscalía, postulando un incondicional que procure justicia suavecita con los suyos y resiste engranar esa Fiscalía con el Sistema Nacional Anticorrupción, donde el fiscal es un fantasma y el auditor un recuerdo.

Quiere, diría el clásico, mover a México sin cambiarlo de sitio.
 
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Curiosamente una reforma estructural que urgía, incluso por razones humanitarias, fue eludida: la de seguridad pública.

Sangre, dolor y delincuencia que han hecho de la violencia una forma bárbara de relacionarnos no conmovieron al Ejecutivo y al Legislativo. Pese a muertos y desaparecidos, índices de delincuencia, inseguridad y miedo, en el último año de gobierno, la administración anda viendo si hay algo qué hacer al respecto, siempre y cuando no sea distinto a lo hecho. Y, en el entretanto, los partidos postulan a uno que otro presunto delincuente si atrae votos.

En ese rubro no hay reforma ni avance, sólo un retroceso que advierte un brutal fracaso y, aun así, prevalece la política de los palos de ciego.

Hágase y deshágase una Secretaría de Seguridad Pública; póngase un teléfono único; elévese el calibre de las bocas de fuego y redúzcase la política social; elabórese, dictamínese, promúlguese sin efecto una ley de Seguridad Interior mal hecha, sujeta a revisión; llévese a consulta popular el mando mixto; mídase la capacidad de fuerza de la Policía Federal y, sobre todo, hágase lo mismo.

El espíritu reformista se desvaneció en ese campo. Cientos de miles de muertos y desaparecidos lo hubieran agradecido.

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Hablar sólo de avances cuando estos llevan manchas de sangre, impunidad, corrupción, indolencia, pusilanimidad, negligencia, despilfarro y degradación... es engañar a la ciudadanía.

 
 
· EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ
 
Mal hizo el secretario en tapar el socavón. Pudo hacer el puente sin taparlo y echar ahí el estudio de Impunidad Cero que, de nuevo, condena su pusilanimidad.
 
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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 10 febrero 2018.


Jorge Zepeda Patterson


Las encuestas ubican a José Antonio Meade, candidato del PRI a las próximas elecciones presidenciales, en un tercer lugar


¿Qué se hace en medio de la luna de miel cuando te golpea la absoluta certeza de que te has casado con la persona equivocada? ¿Cómo desandar tres años de estudios de la profesión que comienzas a odiar? ¿Cómo regresar el calendario para designar a un candidato presidencial que sí funcione? Exactamente la sensación que debe estar experimentando Enrique Peña Nieto estos días: se está desplomando en caída libre José Antonio Meade, el campeón destinado a mantener al PRI en Los Pinos. Apenas un mes después de haber sido designado candidato, la mayor parte de las encuestas y sondeos lo ubican en un tercer lugar, por debajo de Andrés Manuel López Obrador, opositor de izquierda y de Ricardo Anaya el joven sorpresa del frente formado por PAN y PRD.

La percepción del desplome de José Antonio Meade se está convirtiendo en una bola de nieve imparable

Y más preocupante que las encuestas es la percepción reinante en redes sociales y charlas de sobremesa. Su estrategia de campaña carece de un foco; en las primeras semanas optó por atacar a sus rivales, pero siendo el candidato del partido en el poder toda crítica terminó convertida en bumerán. Una y otra vez las pullas lanzadas se convirtieron en memes contraproducentes que lo dejaron mal parado. Pero más que una estrategia, lo que le ha faltado al abanderado priista es la sustancia misma que convierte a alguien en candidato: carisma, agudeza y cierta dosis de malicia. No son tiempos que premien el candor.

Las razones por las que este técnico, ex secretario de Hacienda, podía ser un buen candidato resultaron justamente sus falencias. Presentarse como buena persona y deslindarse de los priistas o de los políticos, parecía una buena estrategia, pero al no ir acompañada de una serie de propuestas sólidas o novedosas para atacar los problemas de México, la imagen que proyecta es la de un personaje blandengue a quien la arena política le ha quedado grande. En su favor habría que decir que los tiempos previstos por las autoridades electorales prohíben en esta etapa presentar programas de gobierno o equivalentes, pero sus rivales se las han arreglado para difundir ideas que de alguna manera despiertan interés o polémica. En el caso de Meade el debate se ha centrado en la cursilería de sus anuncios o los temas de su dieta.

Se dirá que es muy pronto para descartar a un candidato; faltan cinco meses para las elecciones. Después de todo, Meade es el candidato de la poderosa maquinaria oficial. Y basta ver las portadas de los diarios y los noticieros de la televisión para percibir la manera interesada y parcial en que es arropado el abanderado del régimen.

Pero dos factores operan inexorablemente en contra del delfín de Peña Nieto. Primero, que buena parte de la conversación pública ya no pasa por los medios convencionales. Los electores jóvenes y los círculos de influencia en los distintos nichos abreva en redes sociales que están masacrando al candidato oficial al grado de que la intención de voto, según las encuestas, lo ha castigado con rudeza al margen de lo que diga la prensa oficialista.

Y segundo, y más grave: las elecciones presidenciales en México constan en realidad de una primera y de una segunda vuelta, aun cuando se realicen de manera extraoficial. Siempre hay tres candidatos competitivos, pero solo llegan dos opciones viables a la jornada electoral (julio en este caso). Es decir, de aquí a mayo y quizá antes, el segundo y tercer lugar luchan para convencer al electorado de que solo uno de ellos puede vencer al puntero. Está claro que López Obrador de Morena es ese puntero y que Anaya y Meade están enfrascados en una contienda personal para convertirse en el legítimo segundo lugar, exigir el voto útil del tercero y estar en condiciones de derrotar a la “amenaza contra México” que representa el advenimiento de la izquierda.

Pues bien, de ser cierta la tendencia de los sondeos, esa primera vuelta está por consumarse sorprendentemente temprano. La percepción del desplome de Meade se está convirtiendo en una bola de nieve imparable y extiende la percepción de que Anaya es el único candidato viable frente a Morena.

¿Qué opciones tiene Peña Nieto? Alguien afirmará que los tiempos electorales todavía permiten sustituir a Meade por Aurelio Nuño, su “cover” oficial. Pero al margen de que eso significaría para el PRI recomenzar con una derrota reconocida a cuestas, el recambio tampoco inspira confianza. Representaría simplemente otra manera de perder. Siendo así, caben otras dos opciones. Negociar con Anaya un relevo amnistiado del poder (como ya sucedió entre PRI y PAN). Y, desde luego, siempre cabe una vía inesperada: pactar con López Obrador, ahora que está en fase conciliadora y benigna. Difícil, pero no imposible. A estas alturas se conoce mejor al viejo enemigo tabasqueño que al impetuoso y enfebrecido recién llegado.

@jorgezepedap

El País
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México
Juevesw 1 de febrero 2018.


 Jesús Silva-Herzog

El caudillo lo ha anunciado ya: Cuauhtémoc Blanco será el candidato de Morena a la gubernatura de Morelos. Esa carrera que comenzó como el negocito de un futbolista en retiro, una mala broma que reflejaba la podredumbre de los partidos bananeros puede coronarse con la gubernatura de un estado complejo que, desde hace años, ha sido azotado por la violencia. No es improbable que el partido que dice encarnar la moral pública lleve a este fantoche a la máxima responsabilidad del estado. No se ve en ese partido quien se manifieste abiertamente contra la aberración. Si López Obrador le ha dado la bienvenida no hay más que abrir los brazos y desearle suerte. Tal vez haya en Morena quien critique la decisión pero lo hará en voz muy baja, repitiendo que la alianza con los esperpentos vale la pena para lograr el objetivo final. No hay quien se movilice activamente para impedir la entrega de la candidatura a un personaje tan grotesco. Si la patria es primero, vale promover pillos si traen votos.

En Morena el dueño define quién entra y qué candidatura se le entrega como coctel de bienvenida. La senadora Gabriela Cuevas, en uno de los despliegues más cínicos de oportunismo de los últimos años, ya tiene asegurada una diputación. La consiguió a bajo precio. Le ofreció lealtad al líder y ya tiene una curul en la bolsa. Está empezando a leer el libro de López Obrador y le está súper encantando. Se entrevistó con él y quedó maravillada con su alegría. ¿Qué importa que toda su carrera haya tenido una conducta pública radicalmente contraria a las propuestas de su nuevo guía? ¿Qué más da que haya respaldado las reformas que, a juicio de ese paladín de la reconciliación, son traición a la patria? No importa lo que haya hecho hace una década. Lo verdaderamente relevante es lo que ha hecho en su responsabilidad actual, como senadora, y la ostensible contradicción con la plataforma de su nuevo padrino. ¿Está de acuerdo Cuevas con la posición de Morena en relación a la reforma energética? ¿Después de haber visto esa alegrísima luz, ha llegado a la conclusión de que la reforma educativa fue un error? ¿Ha tenido un momento de claridad y se ha percatado de que todo lo que ha defendido públicamente en su carrera pública es un error? Nadie niega a otro el derecho a reconsiderar, a cambiar de ideas, a recomponer sus lealtades. Lo que resulta indispensable para la salud del debate cívico es la razonada justificación de la conducta pública. Cuando el escenario político se llena de oportunismos tan cínicos, la democracia pierde sentido como contienda de opciones distinguibles y alternativas respetables.

La contradicción de su programa no es menos grave que la de sus alianzas. El proyecto alternativo de nación que presentó en noviembre pasado es un documento indigno de un partido político nacional. Mal escrito, carente de unidad, repleto de faltas de ortografía, incapaz de definir un sentido de prioridad. Nadie puede ver en este pastiche el fundamento de un gobierno serio. No hay ahí, ciertamente, un programa radical pero se trata de un documento vergonzoso, en el que se ha colado, incluso, el plagio. Dudo que el candidato López Obrador haya leído el farragoso documento no solamente porque es intragable sino porque él mismo suele apartarse de lo que ahí se propone. Tedioso como es, el plan no aclara lo elemental: si el candidato ha propuesto echar abajo las llamadas "reformas estructurales", ¿cómo lo piensa hacer y qué pretende poner en su lugar? Si es seria la propuesta de convocar una consulta sobre la vigencia de esas reformas, los redactores del plan no la consideraron digna de atención. Así, uno de los asuntos centrales para el futuro de México permanece como incógnita en el programa del candidato puntero.

Si no hay debate dentro de Morena, tampoco parece haber debate con Morena. Los adversarios de López Obrador lo promueven con su silencio. Tiene razón Roberto Gil cuando advierte la pasividad de los antagonistas. Mientras un candidato desfila por el país cantando tonterías y el otro se debate entre llamar a la conciliación o acusar a sus críticos de torturadores, el candidato de Morena, disfruta una campaña sin oponentes. Se está divirtiendo.

Reforma
Ciudad de México
Jesús Silva-Herzog
Lunes 29 enero 2018.


René Delgado

Avanzan hacia el final las precampañas y afloran varios absurdos. Sucesos sobre los cuales conviene reflexionar y, quizá, fijar postura.
En la barahúnda y el vértigo de acontecimientos, esas paradojas se diluyen o pasan sin percibirse. Empero, al final, repercutirán no sólo en las elecciones sino también en el modo de hacer política.

La democracia, entonces, se verá enriquecida o empobrecida y los canales de participación en ella, fortalecidos o debilitados.

Sí a los votos, no a las armas. La lucha de María de Jesús Patricio Martinez, la indígena nahua de Tuxpan, Jalisco, por alcanzar las firmas necesarias para aparecer como candidata presidencial, no se ha valorado en su justa dimensión. Esa campaña no responde, como ella misma dice, al afán de ocupar Los Pinos, pero sí a la necesidad de abrir espacio a los grupos indios y fortalecer su presencia. Ver y ser vistos, participar y ser tomados en cuenta.

Esa decisión implica una postura de fondo en torno al propósito de llamar la atención sobre esa comunidad marginada y abandonada, así como en el giro de participar en la política.

No se mira, sin embargo, con atención esa postura. Vamos, ni siquiera los percances y agresiones sufridos por quienes impulsan y acompañan la caravana de Marichuy han suscitado un gesto de solidaridad o un comentario de parte de "los profesionales" de la política. Ellos siguen en lo suyo, viendo y oyendo sólo aquello de su particular interés.

A diferencia de hace veinticuatro años, el Congreso Nacional Indígena y su Concejo de Gobierno resolvieron recorrer los caminos de la República, no subirse a las montañas y tomar las armas. El ¡Ya basta! dado con bocas de fuego por el movimiento zapatista, encabezado entonces por el subcomandante Marcos, hoy se da con bocas resecas de quienes una y otra vez han sido marginados o excluidos del desarrollo y, por fortuna, no se rinden.

Optar por los votos y no por las armas debería de aquilatarse en su justo valor y alentarse.

Endogamia sin medida. Cerrar el círculo de participación política a los afines, en particular a los familiares, data de hace siglos. No hay novedad. Heredar, seguir o dar los pasos de los ancestros e incursionar en la política ha dado cuadros espléndidos y lamentables. Por lo demás, sería injusto que por tener un vínculo sanguíneo, a esas mujeres u hombres se les negara el derecho a desarrollar esa actividad y desplegar su propio talento. En la política, los apellidos pesan para bien o para mal y trazar el propio sendero no es sencillo.

De eso, a la pretensión de heredar -en el periodo inmediato- el Palacio de Gobierno al pariente o el cónyuge, moviendo los resortes del poder y del gobierno para asegurar la herencia sucesoria, hay una distancia. La ley no lo impide, pero el pudor lo cuestiona.

Sin restarle méritos a quienes están hoy ante esa posibilidad, no deja de llamar la atención el hecho. Sería interesante saber qué piensan sobre el particular los gobernadores Graco Ramírez y Miguel Ángel Yunes, así como el ex gobernador Rafael Moreno Valle. Igual interesaría conocer el punto de vista de sus respectivos hijos y esposa, Rodrigo Gayosso, Miguel Ángel y Martha Érika.

¿En tiempos donde el clamor ciudadano exige abrir y rendir cuentas, los eventuales sucesores tendrían cabeza y corazón para revisar la actuación de sus antecesores? ¿A quién responderían, a la familia o a la sociedad?

Independientes dependientes. Por lo visto, los candidatos independientes con posibilidad de aparecer en la boleta electoral para la elección presidencial serán los políticos de siempre, con abrigo ciudadano.

El instrumento creado para abrir espacio a la participación ciudadana y garantizar el derecho a ser votados, terminó siendo recurso extra para quienes han hecho carrera sin destino en un partido y, luego, por ardor, diferencias, transa, revanchas u oportunismo resolvieron correr por el acotamiento abierto no para ellos.

Tarea de la autoridad electoral revisar si, en verdad, los posibles candidatos dependientes a la Presidencia de la República recabaron las firmas necesarias sin importar los vicios y transas de los partidos y, luego, de estos acreditar la verticalidad política que hoy no los distingue.

Partidos partidos. A los dirigentes, formales o informales, de las coaliciones partidistas, cuyos candidatos presidenciales resulten derrotados, se les va a atorar la lengua si algún día explican a sus militantes por qué el fiasco de la aventura emprendida.

Ante la urgencia o la desesperación de acumular posibles votos, candidatos y partidos han arrumbado principios que, de ganar, tendrán por recompensa un sinnúmero de posiciones políticas. Empero, de perder, ahondarán la crisis al interior de los partidos que, quizá, deriven en fracturas: más partidos que nunca.

Hoy, poco se repara en el absurdo de ver codo con codo a simpatizantes ocasionales y conversos profesionales, instruyendo militantes ajenos; a contrarios, celebrando estar juntos sin motivo; a oportunistas, festejando acomodarse a muy buen precio.

El drama vendrá cuando las coaliciones derrotadas regresen a buscar refugio, donde ya no habrá madriguera.

La lucha por conquistar o conservar el poder o participar de él ha revelado absurdos que, al calor de la contienda, pasan desapercibidos. Prácticas, tentaciones y operaciones que urge considerar porque, al final, influirán en el porvenir de la cultura política... y, claro, en la posibilidad de retomar o no la transición a la democracia.

El socavón Gerardo Ruiz

Tan dado, ahora, a anunciar cuanto hace bien o mal, al secretario de Comunicaciones y Transportes se le ha pasado explicar por qué el monto del incremento de la autopista México-Cuernavaca. ¿Será por el costo de tapar el agujero?

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Reforma
René Delgado
Ciudad de México
Sábado 27 de enero de 2018.


Jorge Zepeda Patterson

La denuncia del gobernador de Chihuahua ha sido un torpedo en la línea de flotación de Hacienda, un ministerio que se suponía al margen de la alternancia política

¡Chihuahua! Es una exclamación que algunos mexicanos usan para expresar sorpresa, entusiasmo o molestia. Justo las reacciones que Chihuahua y su gobernador están provocando en el país en su cruzada en contra del Ministerio de Hacienda y el uso faccioso y electoral de los recursos fiscales. Durante años creímos que los gobernadores corruptos eran resultado de la caída del presidencialismo y la descentralización, de la ausencia de contrapesos. En su primer año Javier Corral, gobernador de Chihuahua, ha mostrado que en realidad los abusos de estos sátrapas regionales fueron producto de un diseño político y financiero orquestado desde la federación para apoyo del PRI nacional y sus campañas. En el fondo no fue la descentralización del poder sino la sofisticación de la centralización lo que dio lugar a estos abusos.

Veamos. Muchos gobernadores de alternancia suelen emprender investigaciones judiciales sobre la administración anterior. Los más recientes: Miguel Ángel Yunes en Veracruz sobre Javier Duarte; Carlos Joaquín en Quintana Roo sobre Roberto Borge; y Claudia Pavlovic en Sonora sobre Guillermo Padrés. Los tres casos derivaron en ordenes de aprehensión y divulgaron escándalos de corrupción indignantes. Pero al final queda la impresión de que tras la llamarada inicial y saciado el apetito de venganza o las promesas de campaña, los gobernadores dejan que el sistema decida los alcances de las investigaciones. En última instancia, las posibilidades de cárcel para esos exgobernadores y sus círculos de colaboradores y familiares corruptos están sujetas a las necesidades de imagen de la presidencia y a los amarres políticos que dicte el calendario electoral.

Lo de Javier Corral en Chihuahua ha sido distinto. El gobernador panista no sólo enfiló las baterías en contra de su antecesor priista, César Duarte, un ladrón donde los haya, sino también contra la estructura federal que provocó las corruptelas. El enfoque de Corral es correcto; hasta ahora todas las "vendettas" se han limitado a los operadores materiales, sin abordar al sistema financiero diseñado desde el centro para prohijarlos. Ahora se ha puesto en evidencia que la proliferación de abusos de los gobernadores no fue resultado de la descentralización de los poderes (algo que habíamos tomado como un subproducto de la caída del régimen presidencialista) sino el fruto de una estrategia financiera diseñada desde el centro y, en última instancia, destinada a favorecer al centro.

El ramo 23, una partida presupuestal ambigua y hasta cierto punto discrecional, existe desde los años ochenta, pero adquirió niveles astronómicos recientemente (en 2016 ejerció el equivalente a poco más de 12.000 millones de dólares). Mediante el simple recurso por parte de Hacienda de subestimar sus ingresos del año siguiente, logra canalizar a este rubro montos que superan el presupuesto de varias secretarías. Y, más importante, incluye la partida de proyectos para el desarrollo regional que si bien se asigna desde las Cámaras (de allí que se le conozca como la partida de "los moches") es la Secretaría de Hacienda la que los aplica y les da seguimiento. En la práctica una enorme "bolsa chica" que el Gobierno federal y, ahora está visto, sus operadores políticos ejercen de manera discrecional y de cara a los intereses electorales y facciosos del PRI nacional.

Corral ha puesto en evidencia el puente financiero que se estableció entre funcionarios de Hacienda, de la tesorería de Chihuahua y del comité nacional del PRI para hacer llegar a ese partido recursos originalmente destinados a aquella entidad. Por desgracia no fue una excepción. Parte de los delitos que se imputan a los ex gobernadores de Sonora, Quintana Roo o Veracruz, se presume, fueron orquestados por la misma vía.

La denuncia que ha hecho Javier Corral ha sido un torpedo en la línea de flotación de Hacienda; un ministerio que se suponía se manejaba con criterios técnicos y al margen de la alternancia política. Y la respuesta de estos financieros a la acusación ha sido por demás reveladora y torpe: detuvieron en represalia la asignación de recursos del ramo 23 a Chihuahua. Y tampoco es que hubieran detenido mucho, desde que llegó Corral la entidad ha recibido 61 millones de pesos; los otros estados un promedio de 1,023 millones.

El gobernador de Chihuahua ha emprendido una marcha política a la Ciudad de México en demanda de las partidas que la federación ha retenido a su Administración. Su lucha es importante, pero lo que verdaderamente está en juego es la corrupción política endémica que nunca debió invadir al sistema hacendario de nuestro país. Esperemos que el desenlace de esta marcha sea algo más que un cheque de muchos dígitos.

El País
Jorge Zepeda Patterson
<<Ciudad de México >>
Sábado 27 de enero 2018.

José Antonio Crespo

Hoy por hoy, cualquiera de los tres punteros podría alcanzar la victoria. Pero la tendencia favorece a López Obrador. En todas las encuestas está arriba. Y tanto Meade como Anaya están bastante desdibujados (más el primero que el segundo) mientras que AMLO sigue marcando agenda con propuestas, contradicciones y desdichos. No importa. Desde luego, la incertidumbre de cómo votarán los indecisos, electores apartidistas y votantes útiles continuará hasta casi el final; pueden influir en ello, como en otras ocasiones, los aciertos, los yerros, las ocurrencias y disparates que hagan y digan los candidatos. Los debates también podrían incidir significativamente en el voto de los indecisos (ocurrió en 1994, 2000 y 2006). Y el voto útil al parecer será determinante en esta elección. No lo ha sido salvo en 2006. Muchos piensan aún que el voto útil de la izquierda le dio el triunfo a Vicente Fox en 2000; no es así. El PAN obtuvo votos por arriba del PRI, de modo que aún sin voto útil Fox hubiera ganado, aunque con un margen bastante menor.

Y en 2012, Peña Nieto recibió un muy reducido voto útil (220 mil), mientras que ganó con ventaja de tres millones y medio. Pudo haber prescindido del voto útil y ganar con holgura. No así en 2006, donde Calderón recibió 30% del voto útil (emanado del PRI y el Panal), mientras que AMLO recibió 65% (el restante 5 % favoreció a Patricia Mercado). Sin ese voto útil, Calderón no hubiera triunfado (si es que lo hizo).

En ese año el voto útil sí fue determinante. Ahora probablemente lo será también. Sobre todo, que hay distintivos en esta elección que motivarán seguramente mucho voto útil; el Panal no necesariamente dará todo su voto a Meade; en el Edomex, fueron mucho menos los votos que del Panal recibió Del Mazo que lo que ese partido captó para diputados. Y la mayoría de su voto útil fue para AMLO en 2012. También muchos priístas desencantados podrían votar por alguien más, sobre todo si su partido no remonta el tercer sitio (como sucedió en 2006).

Por otro lado, numerosos panistas seguramente no coinciden con Anaya, por lo que podrán votar por otro candidato (no necesariamente del PRI). Y seguramente muchos perredistas votarán por Morena en la pista presidencial. Pero tampoco es seguro que AMLO consiga todos los votos de su alianza; ¿habrá obradoristas desencantados con la coalición con el PES, al grado de quizá mejor no votar por nadie (se ve difícil que lo hicieran por Meade o Anaya)? Pero con el PES tampoco se sabe; ¿estarán conformes con un candidato que, si bien evoca a un pastor protestante, presenta una política económica distinta a la suya? ¿Será que se sientan más cómodos esos votantes con Meade o con Anaya, ambos también sumamente conservadores pero liberales en lo económico?

La lucha por el voto útil está en marcha. Es probable que la incorporación de Javier Lozano a la campaña de Meade responda no sólo a la gran amistad entre ambos, sino para enviar un mensaje a los calderonistas y panistas desencantados de por dónde habría que votar útil. Aunque lejos de ayudar, le podría perjudicar a Meade.

Desde luego, queda claro que, ante la guerra entre el PRI y el PAN, a raíz de la elección de Coahuila, los calderonistas optaron por el primero dado que Anaya cerró las puertas a Margarita Zavala. Y la designación de Tatiana Clouthier como coordinadora de la campaña obradorista parece tener también la intención de captar el voto útil del PAN. Sin demeritar las habilidades y trayectoria de Tatiana, su apellido pesa mucho entre los panistas. Como sea, AMLO lleva ventaja, pues además de contar con feligreses sumamente devotos, podría captar mucho voto útil del PRD, PAN, Panal e incluso del PRI. Por lo cual su bloque electoral difícilmente va a disminuir, pero puede crecer a costa de las demás opciones. El desencanto en estos 18 años con el PRI y el PAN, y el hartazgo con la rampante corrupción de este gobierno, mucho le pueden ayudar.

Twitter: @JACrespo1

Animal Político
Ciudad de México
Jueves 25 enero 2018.


Jesús Silva-Herzog Márquez

El pleito del gobierno de Chihuahua y el gobierno federal importa hoy, sobre todo, porque es el golpe más certero que se le ha dado a la autoridad tecnocrática. Es cierto que la controversia se describe explícitamente como una batalla contra la corrupción. Lo es y ese es un mérito innegable de la denuncia del gobernador Corral. También es valiosa su denuncia del estropicio federal. Los gobiernos locales siguen dependiendo de los caprichos del centro. El gobierno federal puede abrir o cerrar la llave de los recursos sin rendirle cuentas a nadie. Pero tengo la impresión de que la importancia de este conflicto va más allá de esas dos órbitas. Se trata de una estocada a la pretendida superioridad de los técnicos. La configuración de la contienda electoral hace explosiva esta exhibición. El traje de sabiduría y de imparcialidad de los técnicos es invisible. Los tecnócratas caminan en cueros.

La autoridad de los técnicos se fundamenta en una supuesta superioridad racional. Siguen las órdenes de la ciencia sin imprimir en sus decisiones el sello de la voluntad. Se presentan ante nosotros como siervos de una técnica. No lo quiero yo, lo ordena la ciencia. Los expertos que saben reclaman para sí el poder de decisión porque entienden todo lo que nosotros ignoramos. Con diplomas visten su autoridad. Se disfrazan con palabras esmeradamente incomprensibles. Su fantasía es vivir en una cápsula que los mantenga a salvo de las malignas presiones políticas. De ahí la hostilidad que todo tecnócrata siente por la democracia. El conflicto es infundado: no hay más que aceptar el dictado frío de la razón económica. Los votos han de servir, si acaso, para poner y quitar gobiernos pero nunca para definir políticas. Las movilizaciones, los gritos de protestas, las exigencias colectivas son para el técnico expresiones de una furia que ha de ser contenida por una estricta racionalidad.

Quienes carecen de esas luces son incapaces de aquilatar las consecuencias de sus deseos. Hemos vivido durante décadas ese paternalismo de los expertos que se basa, no solamente en un supuesto monopolio de la inteligencia sino también en una pretendida imparcialidad. Si los tecnócratas exigen el acatamiento de su dictado no es solamente porque se presentan como expertos, sino sobre todo, porque se ostentan como agentes de neutralidad. Se han convencido de que la ideología es ajena a su oficio. Que no hay prejuicios que nublen su comprensión del mundo. No hay ciencia de derecha ni de izquierda, dicen. Hay ciencia y hay farsa. Y la ciencia es, naturalmente, la suya. Por ello nos quieren convencer que sus decisiones son asépticas, que no hay en ella mancha alguna de politiquería.

Esa es la neutralidad que ha reventado en Chihuahua. Se trata, ni más ni menos, que de la carta de legitimidad del grupo político que pretende reelección. Ese título de autoridad ha estallado con las denuncias del gobernador Corral. Más allá de las complejidades del caso, más allá de las estridencias, histrionismos y torpezas de la polémica, hay cosas que parecen innegables: la inaceptable discrecionalidad en el uso de los recursos federales, el empleo arbitrario de los fondos públicos, su utilización para premiar aliados y castigar adversarios. Leonardo Núñez González se ha dedicado a mostrar cómo el gobierno hace lo que le da la gana con nuestro dinero. ¿Y dónde quedó la bolita? (Aguilar, 2017) es el libro que contiene la radiografía de la simulación presupuestaria. La lectura del libro es francamente inquietante y se ha vuelto hoy más urgente que nunca. El pluralismo político, lejos de alentar una estricta vigilancia de los recursos públicos e imprimir racionalidad a su distribución, ha estimulado una simulación grotesca. Tras el disfraz de la imparcialidad de los técnicos apenas se esconde el uso político de los recursos públicos. Ofrezco solamente un par de números. En el último año del gobernador Duarte, Chihuahua recibió 1,562 millones de pesos del llamado Ramo 23, cuya distribución no sigue regla alguna. Era, no es casual, año de elecciones. Un periodo después, ya sin gobernador priista el mismo estado recibió 62 millones de pesos. Absurdo pensar que hay una razón técnica detrás del castigo.

Los tecnócratas que pretendieron elevarse por encima de las parcialidades de la política son hoy otra cara de la politiquería.

 
http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 22 de enero de 2018.


Denise Dresser

Chihuahua, el horno de la política nacional. Chihuahua la estufa donde estaba colocado el comal de la corrupción. Chihuahua, hirviendo a fuego lento y achicharrando a tantos. Secretarios de Hacienda y dirigentes priistas y periodistas y morenistas, con quemaduras de tercer grado por las posiciones que han asumido, las mentiras que han dicho, las triangulaciones que han ocultado, el esfuerzo de combate a la corrupción que buscan sabotear. Pero no lo logran, todos los días la cruzada chihuahuense gana más adeptos y con razón. Ahí se está cocinando el desafío más importante al régimen priista que hemos visto en décadas. Ahí en las cajas fuertes que César Duarte dejó tras de sí, en los documentos que han salido a la luz en el juicio contra el operador priista Alejandro Gutiérrez, en los contratos elaborados y los recibos firmados, está ADN del PRI. Recaudar y triangular y robar y desviar. Lo intuíamos, lo percibíamos, lo sugeríamos, ahora lo sabemos. Y cuando la Caravana por la Dignidad arribe a la Ciudad de México exhibirá a los carbonizados por Chihuahua:
 
1) Chamuscado el candidato presidencial José Antonio Meade por difamar a Javier Corral acusándolo de "torturar" testigos, cuando el juicio contra los operadores priistas acusados de triangular fondos es oral, abierto al escrutinio de los medios. Achicharrado por afirmar que Corral miente cuando ahí están los testimonios y los documentos que exhiben al PRI que Meade defiende y del cual contradictoriamente intenta deslindarse, siendo su candidato presidencial. Vendas y vitacilina por favor, para el hombre que ofrece meter en la cárcel a los corruptos y se le olvida que operaron libremente cuando él fue secretario de Hacienda.

2) Chamuscados los funcionarios de Hacienda que se han enroscado verbalmente en los últimos días, intentando justificar lo injustificable, defender los indefendible. José Antonio González Anaya, argumentando que el gobierno de Chihuahua dio mal los números de cuenta para el depósito de los 700 millones de pesos que se le deben. O Vanessa Rubio, subsecretaria que ataca de manera vociferante a Corral, sólo para incorporarse días después a la campaña de Meade. O el subsecretario Messmacher, quien anuncia que los recursos faltantes serán entregados cuando se resuelva la controversia constitucional sobre el método que se usó para enviarlos en el pasado. Cada día un chantaje distinto; cada día un tueste diferente.

3) Chamuscados los miembros de Morena -entre ellos Yeidckol Polevnsky y Olga Sánchez Cordero -que han atacado a Corral y su causa en vez de sumarse a ella. Que han defendido a Manlio Fabio Beltrones en vez de reconocer su involucramiento como autor intelectual de los desvíos. Que han descalificado la lucha contra la corrupción impulsada desde Chihuahua por ser un "distractor" del Frente, sin comprender que es una causa de México. La cloaca destapada ahí debería unir a la oposición en vez de fragmentarla; debería colocar a frentistas y lopezobradoristas y perredistas en el mismo bando, peleando por la misma causa, y no entre sí.

4) Chamuscados muchos medios y algunos comentaristas que han promulgado la línea oficial sobre Chihuahua sin investigar, sin hurgar, sin contrastar, sin hacer su trabajo. La mayor parte de los periódicos del país le han hecho el trabajo sucio a la Secretaría de Hacienda, reproduciendo sus dichos y boletines, sin mirar -por ejemplo- el trabajo de la ONG México Evalúa, que ha medido la discrecionalidad con la cual las autoridades hacendarias envían recursos a los estados vía el Ramo 23, premiando a algunos, estrangulando a otros. La prensa, creyendo que quema a Corral, se calcina a sí misma.

5) Chamuscada la PGR que lenta y tardíamente -como resultado de la presión pública y no por oficio- anuncia tres órdenes de extradición contra el ex gobernador César Duarte, pero sólo por 3 delitos y no por los 11 denunciados por la Fiscalía de Chihuahua. El anuncio alerta a Duarte, que probablemente ya emigró a un país sin tratado de extradición con México o contrató a un cirujano plástico. Y acusado de sólo 3 delitos podrá ampararse ad infinitum y evadir la justicia como tantos más.

Por ello, desde Chihuahua, cientos de mexicanos vienen marchando. Vienen cargando cajas de cerillos. Vienen iluminando. Vienen con la frente en alto y las antorchas encendidas porque la democracia muere en la oscuridad.

Reforma
Denise Dresser
Ciudad de México
Lunes 22 enero 2018.


René Delgado


Aun cuando, en el discurso, los políticos empoderados o encandilados del tricolor invocan y convocan a debatir los problemas o el porvenir de la nación, bajo la dermis, ruegan no hacerlo.

Los aterra debatir ante los contrincantes y el electorado. Deliberar los obligaría a reconocer la realidad, argumentar, revisar aciertos y errores, contrastar posturas y, desde luego, convencer. Y lo suyo no es eso. Lo de ellos es imponer, no proponer; autorizar, no pedir permiso; mandar, no obedecer; ganar posiciones, no fijar posturas; acordar en corto, no en largo; meter miedo, no valor al cambio; vencer sin convencer; y, ni modo, practicar el populismo que condenan.

Pese a postular el debate, lo rehúyen, eluden o revientan y, de ser posible, descalifican o vituperan al adversario con propuestas. Y, en eso, mérito extraño, son buenos. Ahora bien, cuando no pueden por sí mismos vulnerar o anular el debate, nunca les falta el testaferro, portavoz o corneta presto a hacerlo. Les sobran.

Estos días, destinados a discutir el rumbo del país, subrayar diferencias y cotejar ideas, los empeños del grupo tricolor hegemónico se concentran en otra cosa: endulzar o coaccionar al electorado, vociferar contra el adversario, prometer sin fundamento y afinar la maquinaria -fuerza sin inteligencia- que, acelerada y absurdamente, nada mueva.

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Ni perdón, ni olvido... ni nada. Se puede o no estar de acuerdo con las diez propuestas que, en materia de seguridad pública, ha lanzado Andrés Manuel López Obrador y debe detallar Alfonso Durazo. Lo inconcebible es dejar de debatir si la estrategia de la guerra contra el crimen, emprendida y sostenida por las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, es la indicada.

La sangría y el dolor, el incremento de la delincuencia y la violencia, el abusivo empleo de las Fuerzas Armadas ante el fracaso en la construcción de un nuevo modelo policial y la conversión del país en una fosa instan a debatir qué hacer.

Si conviene reponer o no la Secretaría de Seguridad, integrar la Guardia Nacional, establecer el mando único e impulsar una amnistía para lograr la paz -sólo por mencionar los temas más polémicos de la propuesta- debe debatirse, no descalificarse.

La simplificación de la propuesta hecha por el precandidato del PRI y el presidente de la República es lamentable. La falta de argumentación evidencia la idea de hacer lo mismo y defender el fracaso.

No basta decir estamos con las víctimas, no con los victimarios; no basta decir la calle es para los ciudadanos y la cárcel para los delincuentes; no basta decir no puede haber perdón ni olvido para los delincuentes.

Los índices de impunidad derrumban la postura oficial ante el problema. En sentido contrario al postulado, revelan que se está con los victimarios; que las calles son de los delincuentes; que se perdona y olvida a los criminales.

No debaten, conjugan impunidad criminal con pusilanimidad política.

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Una respetuosa y urgente mentada de... La propuesta del precandidato tricolor José Antonio Meade de deponer las diferencias y hacer una pausa para concluir el Sistema Nacional Anticorrupción y abatir la impunidad pierde seriedad al descalificar a los precandidatos convocados: "unos proponen perdonar a los delincuentes, otros no hablan del tema porque carecen de ideas".

¿Quiere Meade convocar o condenar a sus adversarios? Refuerza la contradicción esa misma noche con un tweet videograbado: "Exhorto a los demás precandidatos para que, sin adjetivos, explícitamente, sin ambigüedades, respalden este llamado a que se aprueben los nombramientos del SNA".

Aclara si la propuesta es o no un simple ardid el flamante portavoz de Meade, Javier Lozano. No deja duda. A Ricardo Anaya lo llama hipócrita, mentiroso y pequeño dictador. A Andrés Manuel López Obrador lo apoda "Andrés Manuelovich" porque, en la cabeza del portavoz de Meade, los rusos patrocinan su aspiración. ¡Qué respetuosa convocatoria!

Respaldar en un granadero el llamado de Meade anula, no convoca al diálogo.

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Si quiere dialogar, cállese. El gobernador panista Javier Corral es linchado por las voces priistas. Nada que se le niegan recursos federales a Chihuahua por denunciar el saqueo del ex gobernador César Duarte e investigar el desvío triangulado de fondos al PRI en ese estado.

En coro, funcionarios, dirigentes, portavoces y legisladores se lanzan contra el gobernador Corral y, luego, resulta que el singular encargado de la Procuraduría, Alberto Elías Beltrán, descubre de súbito -en tres de once causas penales- elementos para solicitar la extradición del ex gobernador Duarte. No está claro si informa a la nación del hallazgo o le da el pitazo al interesado, como tampoco si esas causas son las buenas. Desde el año pasado contaba con ellas la Procuraduría, pero justo en la antevíspera del arranque de la Caravana por la Dignidad de Chihuahua, Alberto Elías Beltrán -a quien, al parecer, se le traspapeló el caso de los sobornos de la constructora Odebrecht- anuncia a Duarte y al país que solicitará la extradición.

Dicho de otro modo, si quiere dialogar... cállese.

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Cuando se elude o sabotea el debate; cuando se regaña al electorado por enojarse; cuando no hay ideas y se da voz a los garroteros; cuando se dice que vamos bien sin mirar la realidad y se promete el paraíso, poco importan el candidato y la campaña. Cuenta la fuerza, el dinero, la maquinaria y los mecánicos cómplices, así sean magistrados. ¿Allá van?

· EL SOCAVÓN GERARDO RUIZ
 
Sin conocer la consecuencia de las observaciones hechas a la construcción del Paso Exprés de Cuernavaca, hay quien pide echarle un ojo a la línea 3 del Tren Ligero que la SCT construye en Guadalajara. ¿Pues qué pasa ahí?

 
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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Sábado 20 enero 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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