La fecha y los términos de la acusación contra el exgobernador hacen suponer un arreglo


Se necesita talento para sacarle ventaja política a tu propia inmundicia. No sé cuántos libros de autoayuda habrán leído en el PRI, pero ciertamente hicieron un arte de la antigua consigna de transformar los propios defectos en virtudes. El caso más indignante de corrupción de un funcionario priísta de los últimos años, los desfalcos ingentes del gobernador Javier Duarte en Veracruz, fue convertido en un argumento electoral a favor del PRI en la apretada y feroz batalla por el Estado de México. Un acto de prestidigitación notable, por donde se le mire.

A seis semanas de celebrarse los comicios en la entidad más importante del país, reducto político del presidente y de la fracción en el poder, la detención de Duarte ha permitido a los priístas autopostularse como los inquisidores Torquemada en el combate en contra de la corrupción. Y como no nacimos ayer, resulta difícil no creer que la "oportuna" aprehensión del hombre más odiado por la opinión pública nacional, el exgobernador de Veracruz fugado, es el resultado de una negociación política y no de una pesquisa policíaca. Imposible comprobarlo, no en este momento, pero si habla y camina como pato...

Según denuncias periodísticas la Administración de Javier Duarte habría desviado y/o malversado recursos por 180.000 millones de pesos; algo así como 9.000 millones de dólares. La Auditoría Superior de la Federación, que depende del Congreso, no del Ejecutivo, detectó desviaciones y recursos no solventados equivalentes a 1.700 millones de dólares exclusivamente en lo correspondiente a partidas federales entre 2011 y 2015. El expresidente Felipe Calderón señaló que solo de una cuenta se movieron 170 millones de dólares en efectivo con destino desconocido.

Se presume que buena parte de estos recursos fueron destinados al apoyo de campañas electorales del PRI en otras entidades, además de las presidenciales del 2012. Además, claro, de asegurar la prosperidad de las siguientes cinco generaciones de la familia Duarte y sus allegados.

Quizá eso explique por qué a pesar de que existieron denuncias penales en contra de los abusos del gobernador desde los albores de su sexenio, la cúpula nacional del PRI lo convirtió en uno de sus miembros más mimados. El propio presidente lo señaló como ejemplo de la nueva generación de priístas. Cuando Peña Nieto hizo pública su apreciación, entre abrazos cálidos y sonoras palmadas en la espalda, ya era notoria la mala fama pública de las finanzas de Veracruz, pero también la generosa cartera del gobernador para acudir en apoyo de un candidato priísta en problemas.

Hasta aquí la inmundicia. De la alquimia que la transforma en oro solo puede especularse. Javier Duarte escapó días antes de que terminara su sexenio, pero en realidad no fue a esconderse. Cruzó la frontera con Guatemala y supongo que comenzó a negociar hasta encontrar la fórmula adecuada y el momento propicio para vender cara su entrega en términos procesales. Hospedarse durante la Semana Santa a unos kilómetros de la frontera en un hotel al que seguramente llegarían muchos mexicanos es casi una burla tan conspicua como la sonrisa despectiva que lució durante su detención. Y para asegurar que incluso la PGR encontrara a Wally, fletó un avión de una empresa de su propiedad para que lo visitaran hijos y cuñado en vuelo documentado de Toluca a Guatemala. Ciertamente no es la estrategia que seguiría un hombre en fuga, salvo que decida ser encontrado.

La fecha de la "aprehensión", tan políticamente favorable al PRI y los términos de la acusación inicial, que no incluyen a su suegro y a su esposa, pese a las evidencias publicadas del presunto involucramiento de ambos en el lavado de dinero, hacen suponer un arreglo. Y aquí una hipótesis: 12 años en jaula de oro de los cuales solo cumpliría ocho, ningún familiar directo indiciado y conservar la mitad de su fortuna. Quite y ponga años, ajuste el porcentaje del patrimonio que conservará y encuentre usted su propia fórmula. Lo que es inapelable es el hecho de que Duarte, una vez más, ha cumplido con su partido y su presidente.

@jorgezepedap

El País
Jorge Zepeda Patterson
Ciudad de México
Sábado 22 de abril de 2017.


Raymundo Riva Palacio

La captura de Javier Duarte es un enigma por cuanto a qué significa realmente para el presidente Enrique Peña Nieto. Se desconoce qué tanto deseaba en su fuero interno esta captura, pero funcionarios federales afirman que todos los días de los últimos seis meses, preguntaba al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, si ya lo habían localizado. Su presión era enorme. “Ni con El Chapo Guzmán preguntaba tanto como con Duarte”, agregó el funcionario. La ansiedad, iba acompañada por el descrédito creciente que acumulaba lo evasivo que probaba ser Duarte, no tiene una paternidad clara.
 
Después de todo, parecía que lo habían dejado escapar cuando se liberó la orden de aprehensión dos días después de pedir licencia como gobernador de Veracruz hace seis meses. Semanas antes, el CISEN lo vigilaba, revelaron funcionarios federales, pero los ojos se cerraron poco antes que, en la víspera de dejar el gobierno, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, lo forzara a tomar esa decisión durante una áspera reunión. La PGR, se quejan en Bucareli, tampoco tomó la previsión de vigilarlo para estar lista a detenerlo cuando saliera la orden de aprehensión.
 
Duarte no esperaba que saliera jamás esa orden de aprehensión. Sabedor de algunos de los secretos de la familia priista, alardeaba que a él no le sucedería lo mismo que a otros ex gobernadores priistas en desgracia. “Yo estoy bien amarrado”, parloteaba Duarte, quien decía que el propio presidente le había dicho que no se preocupara por todo lo que aparecía en la prensa sobre de él, que según Peña Nieto, comentaba el entonces gobernador, era sólo un problema de medios que pasaría. El diagnóstico estaba equivocado y se abrió una investigación federal.
 
Duarte se ufanaba que había ayudado en la elección presidencial –en este espacio se reveló que, según él, aportó a la campaña de Peña Nieto dos mil 500 millones de pesos-, y en estatales. La de Veracruz fue una de ellas. De acuerdo con Duarte, inyectó mil millones de pesos a la campaña del candidato del PRI, Héctor Yunes, a quien decía se los había dado en partes, la primera por 250 millones de pesos que el propio aspirante al gobierno guardó en la cajuela de un automóvil. Esta afirmación la niega el ex candidato.
 
También presumía que había suspendido pagos a la burocracia, gobierno y a proveedores para financiar elecciones, a petición de importantes funcionarios federales. Otro estado donde metió recursos fue Chiapas, donde entregó 40 millones de pesos en efectivo al gobernador Manuel Velasco, para la nómina del órgano electoral estatal. Veracruz, como ningún otro estado, incluido el estado de México, produce mucha riqueza y tuvo la capacidad durante el gobierno de Duarte de ser la caja chica de decenas de priistas en todo el país.
 
El dinero político distribuido subrepticiamente provocó un hoyo financiero en el estado, que llevó al entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, a pedir al presidente que le permitiera intervenir. El presidente nunca le autorizó tomar acción en contra de Duarte, quien fue el gobernador que, rompiendo todas las reglas establecidas dentro del PRI en 2011, destapó a Peña Nieto como candidato a la Presidencia. Pocas semanas después de que Duarte solicitara licencia y se convirtiera en un prófugo de la justicia, el presidente se mostraba asombrado de todas las revelaciones en la prensa sobre las fortunas de Duarte, que decía desconocer, admitiendo que sólo del desastre financiero en Veracruz se encontraba al tanto.
 
Extrañó que a Peña Nieto le extrañaran las extravagancias, pues según el propio Duarte en conversaciones privadas –donde solía decir las cosas más extraordinarias–, cuando el mexiquense ganó la elección presidencial, le hizo un regaló sin par: un Ferrari. Para ello, viajó a Austin, la capital de Texas, con su amigo de la universidad y principal socio en sus multimillonarios negocios, Moisés Mansur Reynoso, para comprar el icono italiano de la industria automotriz. Nunca aclaró Duarte si el Ferrari lo adquirió en la única distribuidora que hay en Austin, o si sólo ahí lo recogió. Tampoco qué modelo escogió, aunque para los más económicos los precios comienzan en los 200 mil dólares, que serían al tipo de cambio de 2012, cerca de los tres millones de pesos.
 
Duarte asegura que sí entregó el Ferrari al entonces presidente electo y que por razones obvias, lo guardó. Nunca se ha visto un Ferrari en manos de familiar alguno o cercano al presidente, ni tampoco han existido versiones de que un vehículo de esa naturaleza se encuentre estacionado en algunas de las propiedades de Peña Nieto. Fuera de su dicho, no hay manera de confirmar que lo que aseguró en la Primavera del año pasado, como forma de presumir sus estrechos vínculos con Peña Nieto, sea cierto. Pero locuaz en privado, como demostró varias veces ser, la especie, cierta o no, es como un dardo envenenado.
 
¿Qué tanto de todo esto saldrá a la luz durante el proceso? Es difícil saberlo.
 
Como hipótesis de trabajo, los detalles de todas estas operaciones secretas a favor del PRI y el gobierno, son la mejor baza que pudo haber tenido para una negociación que llevara a su captura o, en la misma línea de pensamiento, su entrega pactada en Guatemala. Que esté en la cárcel, no aclara si la angustia que sentía el presidente por la fuga de Duarte acabe. ¿Qué significa su detención para el presidente? El tiempo y el proceso en tribunales irán respondiendo la pregunta.
 
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Eje Central
Raymundo Riva Palacio
Ciudad de México
Miércoles 19 de abril de 2017.

Jesús Silva-Herzog

El escándalo, esa transgresión que, al revelarse, genera un repudio generalizado no es asunto que podamos dejar a la prensa amarillista. El escándalo no es simplemente la comidilla de los chismosos y los indignados. No deberíamos verlo como un circo que oculta lo verdaderamente importante, la distracción que nos hace perder de vista lo esencial. El escándalo abre una grieta por la que podemos asomarnos a la naturaleza profunda de un régimen. Más que entretenimiento morboso, es una rendija que exhibe las rutinas ocultas de la política: sus redes escondidas, sus prácticas ilegales, sus auténticos valores. John B. Thompson, un sociólogo inglés que se ha dedicado a entender la dinámica de este fenómeno, está convencido de que el escándalo presenta la oportunidad de apreciar las verdaderas fuentes del poder. Su argumento es que ese destape no solamente abre una posibilidad al entendimiento sino, sobre todo, a la corrección. Es el síntoma que llama a la cura. Del escándalo puede venir el castigo o la precaución. Destapar un caño puede oxigenar la vida pública. Pero. ¿si son mil?

Un escándalo necesita recorrer su ciclo. Un indicio da pie a una revelación. El atropello que permanecía oculto se divulga atizando la inconformidad, la indignación, la rabia. La prensa se concentra en la ofensa y da alimento a la crítica. En cascada caen las reacciones: nadie puede dejar de manifestar su opinión. El asunto atrae conversaciones y entrevistas, opiniones y discursos. No hay espacio donde no se comente la ofensiva develación. Así se abre un tiempo efervescente de la opinión pública que condensa, de algún modo, una preocupación común, un hartazgo compartido, una exigencia de acción. Un resorte moral se activa con la convicción de que hay comportamientos inaceptables. El escándalo tiene como primer efecto el cancelar la posibilidad de la indiferencia. Hay que tomar postura ante los agravios. Tal vez sea el oportunismo el impulso principal de la reacción pero, a fin de cuentas, el escándalo es un alfiler que levanta de la poltrona a la clase política.

Se entiende que, para lograr su efecto, el escándalo necesita singularizarse. Ser uno, si acaso, unos cuantos. Individualizarse para captar la atención de la opinión pública, para que los medios ahonden en las causas y las raíces del fenómeno, para exigir cuentas y acciones. Ser un paréntesis a la política cotidiana. Se entiende: reaccionamos a lo extraordinario, no a lo habitual. Cuando el escándalo es rutina desaparece la posibilidad de reflexión y de la acción. Eso es lo que tenemos en México desde hace ya demasiados años. No una sucesión de escándalos sino un revoltijo de escándalos. Un amontonamiento de escándalos que terminan trivializándose. Se confunde la trama de un asesinato con el descubrimiento de unos papeles falsos, la mentira de un político con el fraude del otro. Lo macabro y lo ridículo, lo aberrante y lo inconcebible son la nota diaria. ¿Cuántos escándalos podemos contar esta mañana al leer el periódico? ¿Cuántos recordamos de la semana pasada? ¿Cuándos se acumularán para el mes próximo? Y quedarán abiertos, aunque pesquen a un bandido o pierda la elección un candidato. El escándalo ha terminado por ser pura espuma. Baba que no alienta la crítica, que no permite la profundización en las raíces de nuestros males, que no provoca acción. Saliva que, de hecho, sirve de resguardo para el siguiente escándalo.

La rutina del escándalo es el barullo del cinismo. Quienes gobiernan se han convertido en expertos en la meteorología de la indignación. Las lluvias, las tormentas, los huracanes vienen y se van. Simplemente hay que resistir el vendaval. No hay tempestad que dure cien años. Quienes ejercen el poder saben bien que la opinión pública puede ser rabiosa pero es olvidadiza. El señuelo del atropello reciente la lleva a olvidar el atropello previo. Nos timan con esos espejitos. Nos menean con el cascabel del escándalo. Dejamos de ver lo indignante para ver lo que también indigna. En el amontonamiento de las ofensas se cuela un permiso: puede hacerse cualquier cosa si se está dispuesto a pagar el precio de un escándalo desagradable, ruidoso. y breve.

Http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

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Reforma
Jesús Silva Herzog-Márquez
Ciudad de México
Miércoles 19 de abril de 2017.


René Delgado


Con tanto candidato a reo, el Partido Revolucionario Institucional debería cambiar de giro, dejar de postularlos a los palacios de gobierno y aprovechar su expertise para, al tiempo de cumplir con su sentencia tras las rejas, intentar la recuperación del control de los penales, donde hace falta tanto gobierno.

Tiene el tricolor a un ex gobernador preso, a otro detenido, a dos en fuga, a otro señalado, a uno más sujeto a proceso y, en el colmo del cinismo, a otro en rebeldía, buscando fuero a través de otro partido. Aparte de esas celebridades, el tricolor cuenta con un gran elenco de cuadros en funciones y fuera de ellas que, si bien han sido beneficiarios de la decisión de no perseguirlos dentro del país mientras dure el sexenio, tarde que temprano darán de qué hablar. Sea porque, más adelante, afloren las tropelías que cometieron o porque los exhiban o los pesquen fuera.

Como quiera, es menester reconocerlo: aunque la oposición ya le ofrece competencia en la generación de cuadros de esa calaña, el PRI sigue siendo una gran cantera. La canalla política encuentra hogar en él. Tanto que, en unos días, el 4 de mayo, con la autoridad moral que lo caracteriza y con flamante título de "académico titular", Raúl Salinas de Gortari ofrecerá una conferencia: "Empoderamiento Ciudadano a través de la Tecnología". Habrase visto.

 
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Desde luego, el priismo rechaza ser una fábrica de maleantes con cargo al Estado o, bien, integrar un cártel del crimen organizado con registro como partido ante el INE. Y en el gracioso esfuerzo por sacudirse esa fama que, mes a mes, confirma y engrandece alguno de ellos, su dirigente Enrique Ochoa practica el lavado de prestigio.

Poco antes de ser requerido por la justicia el candidato tricolor a reo, sin temblarle la mano, Ochoa alienta el inicio del proceso de expulsión de las filas del partido. Cuadro distinguido o no, el dirigente ordena defenestrarlo con urgencia y, a veces, lleva el deslinde aún más lejos: pide perseguirlo a la autoridad correspondiente.

Con cierta ingenuidad, pero sin el menor rubor, Ochoa considera que basta con echar a los malos elementos del Revolucionario Institucional para que el instituto quede impoluto, rechine de limpio y la gente vea en él una opción política aceptable.

 
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Tan simplón planteamiento pasa por alto varias cuestiones.

Uno. Son ya tantos los malos elementos tricolores, sujetos o no a juicio, que resulta imposible considerarlos meras excepciones. Integran una legión y, con su conducta impune, una cultura. Quizá por ello, el presidente de la República considera que la corrupción es un fenómeno cultural.

Dos. El partido rechina, pero no de limpio. Rechina porque la corrupción que antes lubricaba su mecanismo y lo hacía funcionar tanto a él como al gobierno, hoy corroe al régimen en su conjunto. Las oposiciones, lejos de jalar al tricolor a otra cultura en el servicio público, se vieron arrastradas por éste.

Tres. El priismo ya no es una opción política porque si, antes, justificaba robar sin perder las riendas del gobierno, hoy ya no gobierna. En el mejor de los casos administra problemas, pero no los gobierna, menos aún los resuelve. Por la evidencia, mantiene la práctica del robo, aunque su voracidad le ha hecho perder estilo: antes robaba y diluía el vicio en el gobierno. Entonces, se le toleraba socialmente la corrupción. Hoy, sin gobernar, el robo resulta intolerable.

 
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Quizá justamente por la conciencia de lo robado a lo largo del sexenio, se explica por qué el grupo tricolor empoderado, con su coro de legisladores y otros cómplices, manifiesta preocupación por tres asuntos, pero sin ocuparse debida y decididamente de ellos: la corrupción, la criminalidad y la compra y coacción del voto.

En el juego de la simulación, el tricolor acepta legislar un complejo sistema anticorrupción, pero posterga o evade nombrar a los funcionarios que serían la bujía del mismo: el fiscal y los magistrados especializados. Al Revolucionario Institucional le fascina reformar leyes, no conductas. No es improbable que pretendan alargar la entrada en función de ese sistema hasta estar seguros de no estar tejiendo la cuerda de su horca. Dado el temor a perder la sucesión presidencial o a que, aun perdiéndola, ésta no recaiga en algún socio-cómplice-opositor, es comprensible su resistencia a echar a andar ese sistema. Un efecto no deseado de la alternancia es que, sin desterrar la corrupción ni asegurar la permanencia en el poder, la voracidad ha aumentado y la complicidad también.

Si bien no escapa a la vista del priismo que la lucha emprendida por el panismo contra el crimen ha fracasado y ensangrentado al país, insiste en la estrategia fallida porque, borrada la frontera entre crimen y política, si en verdad se planteara en otros términos ese combate, se podrían morder la cola. En la cultura de la simulación, los partidos niegan pactar con el crimen, pero ocultan formar parte de la asociación con él.

La compra y coacción del voto, cuando la estancia en el poder es ya un asunto de sobrevivencia, es recurso imprescindible. No se trata de convencer para vencer, sino de vencer tanto para prevalecer como para no verse en la circunstancia de rendir cuentas de lo hecho y pagar por ello. Poco importa cuánto cuestan las elecciones, sea dinero limpio, sucio o lavado, el punto es entender esa práctica como una inversión: se requiere de dinero para hacer política y, luego, política para hacer dinero.

Quizá ahí se explica por qué al priismo le preocupa la corrupción y por qué no se ocupa de ella.

 
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Puede el Revolucionario Institucional postular candidatos a los palacios de gobierno, lo cierto es que muchos de ellos guardan en el clóset un traje a rayas.
 
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Reforma
Sobreaviso
René Delgado
Sábado 15 de abril de 2017.


El debilitamiento gradual del presidencialismo en los últimos 20 años, aplaudido por todos, tuvo un efecto secundario deplorable: hizo de cada Ejecutivo estatal un reyezuelo.

El debilitamiento gradual del presidencialismo en México tuvo un efecto secundario deplorable: hizo de cada Ejecutivo estatal un reyezuelo. Con la detención de Tomás Yarrington en Italia la lista es ya aterradora: seis exgobernadores en la cárcel, dos que ya han estado entre las rejas, tres prófugos y 10 con escándalos de corrupción (la recopilación es de Georgina Morett). En total 21 gobernadores y sus riquezas inexplicables han sido exhibidos en los últimos años.

Un récord si consideramos que sólo hay 32 entidades federativas en México. Prácticamente desde siempre convertirse en gobernador garantizaba hacerse millonario, gracias a las prerrogativas discrecionales que gozan estos monarcas locales.

En los últimos años también equivale a convertirse en delincuente. El debilitamiento gradual del presidencialismo en los últimos 20 años, aplaudido por todos, tuvo un efecto secundario deplorable: hizo de cada Ejecutivo estatal un reyezuelo. Consultoras especializadas (entre ellas las del exministro Pedro Aspe) desarrollaron estrategias financieras que permitieron a las tesorerías locales superar sus topes históricos de endeudamiento.

En muy poco tiempo los mandatarios locales nadaban entre fortunas ingentes y escasos contrapesos. Desde entonces los excesos y abusos en una escala sin precedente han sido la norma. Todos estos escándalos y aprehensiones no obedecen, por desgracia, a una mejora del desempeño de tribunales y autoridades en materia de combate a la corrupción.

No es que el sistema se esté corrigiendo a sí mismo; el sistema sigue estando tan corrupto como siempre, o más. La élite política mantiene la complicidad de antes en lo tocante a proteger a uno de los suyos sin importar las infamias que haya cometido. La persecución contra los excesos de los gobernadores procede de tres fuentes: la primera y más importante, la alternancia política.

Un nuevo partido político toma el poder y presenta cargos contra el gobernador saliente: es el caso de Andrés Granier de Tabasco, Guillermo Padrés de Sonora, César Duarte de Chihuahua o Javier Duarte de Veracruz, entre otros.

La nueva Administración prefiere exhibir al responsable del boquete en las finanzas públicas que encuentra, para no ser ella la que pague los platos rotos. En otras ocasiones la denuncia está alimentada por el encono personal. Es tal el empeño de los gobernadores en conservar el poder, heredándolo a un hombre de su confianza, que las elecciones estatales se han convertido en sinónimo de guerra sucia. Consecuentemente, todo candidato de la oposición que logra el triunfo termina siendo un gobernador vengativo y justiciero.

Otra fuente de denuncia procede de la acción combinada de las redes sociales y la prensa. Son tan obvios los excesos de algunos políticos que sus pecados terminan siendo documentados y denunciados ante la opinión pública. La mayor parte de las veces, por desgracia, eso no significa que sean llevados ante la ley, a menos que eso convenga a un grupo político en el poder. El caso de Roberto Borge, en Quintana Roo, exhibido una y otra vez, forma parte de los 10 gobernadores que, pese a la evidencia en contra, no han sido procesados por tribunal alguno.

Finalmente, hay un protagonista que adquiere relevancia de vez en vez en materia de fiscalización de gobernadores: Estados Unidos. Cuando el poderoso vecino tiene evidencia de que un mandatario es pieza importante del engranaje del narcotráfico suele intervenir sin ningún miramiento respecto de las facciones políticas en México.

Tomás Yarrington, exgobernador de Tamaulipas, fue aprehendido gracias a la documentación recabada por la DEA y otras agencias estadounidenses, y fueron ellos los que presionaron a las autoridades italianas para su detención. Con pocas variantes es el mismo caso de Mario Villanueva de Quintana Roo y de Édgar Veytia, fiscal de Nayarit.

La aprehensión de Yarrington ha puesto a temblar a una parte de la élite política. La PGR poseía un expediente formal en contra del tamaulipeco, pero estaba claro que el Gobierno mexicano no tenía interés en ponerlo tras las rejas. Por lo mismo, hoy carece de argumentos jurídicos para pedir su extradición al Gobierno de Italia, en comparación con el documentado alegato que presentan los estadounidenses.

Así que, todo indica, Yarrington terminará siendo procesado en un tribunal del país vecino. Algo que quita el sueño a muchos. ¿Qué estará dispuesto a confesar el exgobernador a cambio de un atenuante en su condena? Y por lo demás, el asunto tiene que ver con narcotráfico, no con corrupción. Me temo que la única moraleja que los gobernadores obtendrán de esto es que robar no es un pecado, meterse con la DEA sí.

El País
Jorge Zepeda Patterson
@jorgezepedap
Ciudad de México
Viernes 14 de abril de 2017.


Hank González le regaló millones al abuelo del ex gobernador panista. Hoy, grandes negocios

Existe una profunda relación entre el Grupo Atlacomulco del Estado de México con el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, quien siempre dijo que su abuelo, el general Rafael Moreno Valle, era objeto de su cariño, admiración y guía. Esa relación explicaría la cercanía del Presidente Enrique Peña Nieto y Moreno Valle Rosas.

Carlos Hank González, el destacado empresario y político priista, dirigente del poderoso Grupo Atlacomulco murió a los 73 años de edad el 11 de agosto del 2001, víctima de cáncer de próstata. Con tal motivo, el periodista Miguel Reyes Razo publicó en el diario El Universal el domingo 12 de agosto de 2001, una crónica del sepelio.

El cronista publicó lo siguiente en referencia los tratos del ya fallecido líder del Grupo Atlacomulco, Carlos Hank González y el regalo de millonarias sumas al ya fallecido ex gobernador de Puebla, el general Rafael Moreno Valle, de triste memoria en Puebla, quien no acabó su sexenio de 1969 a 1975.

El general era el abuelo del ex gobernador panista Rafael Moreno Valle Rosas.

El texto del cronista Reyes Razo no tiene desperdicio. Lea usted:

El título o cabeza fue: “Fue amigo hasta de sus enemigos: Moreno Valle.

 “¡Ah, Carlos Hank González es amigo hasta de sus enemigos! dijo vehemente el médico Rafael Moreno Valle.

“Figúrese que don Gustavo Díaz Ordaz lo descubrió como ‘el mejor amigo que tuve en mi vida’. Y dedicó sus últimos años a disfrutar su trato. ¡Cuán generoso es! Hace tiempo no lo veo. Está muy enfermo y no quiere que se vea su deterioro. De vez en cuando hablamos por teléfono.

“Le confiaré que dejé el gobierno de Puebla a causa de dolores de cabeza. A puros analgésicos me la pasaba. Enloquecía de sufrimiento. Decidí renunciar. Desoí los consejos de Mario Moya que me pedía permanecer en el cargo y únicamente solicitar licencia y busqué mi cura en el extranjero.

“Gasté buena parte de mis ahorros. Casi me arruiné. Compañeros de charrería, amigos al grado que me llamaba cariñosamente ‘San Rafael`, el profesor Hank me invitó a comer y a los postres me preguntó: ‘¿Cómo andas de dinero?’.

“Pues así, así. En la abundancia no, Carlos. Te ruego entonces dijo y me entregó un portafolios que aceptes este dinero. No es justo que un hombre tan valioso como tú pase por estrecheces. Y menos si tienes un amigo como yo.

“Quise protestar. Me rindió. Así me entregó un millón de pesos. Con gallardía y caballerosidad y discreción.

“Y no había pasado mucho tiempo cuando me citó en un restaurante. Comimos, platicamos. Nos despedimos. Y llegaba yo a mi automóvil cuando, apresuradamente me detuvo su chofer: ‘Es que olvidó usted este portafolios en el restaurante. Y me ordenó el profesor que se lo entregara’.

“Enmudecí. Desde lejos, mi amigo Hank me sonreía y me agitaba la mano. Aliviaba mis necesidades con otro millón de pesos. Y hubo una tercera ocasión. Esta fue en su casa. Me hizo probar elegantes chamarras. ‘A ver qué tal te sienta alguna. Y te la obsequio, ‘San Rafael’. Y lo hice. Hasta que me quedó una que ni pintada. ‘Esta, Carlos’, le dije. Con mirada maliciosa me replicó: `Creo que esta te quedaría mejor`.

“Y me la entregó. En uno de los bolsillos había otro millón de pesos. ¡Tal era su grandeza! Caritativo. "No fui el único, ¡qué va!, que supo de su buen corazón y sensibilidad”.

Hasta aquí la parte que se refiere al general Moreno Valle, quien en medio de problemas políticos y sociales y “enfermedad” en 1972 pidió licencia al gobierno de Puebla.

Más sobre la relación de los Hank con Moreno Valle

Además, el periodista Alejandro Mondragón de Status Puebla, con el título “Los Hank con Moreno Valle” publicado el 6 de julio de 2014, en la columna Al Portador menciona que: “El Grupo Atlacomulco en su vertiente financiera tiene proyecto en Puebla.

“Interacciones que pertenece a Grupo Hermes de Hank González opera una línea de crédito del gobierno de Puebla por 3 mil 252 millones de pesos con vencimiento al 2033. Hermes maneja el fideicomiso bancario por 3 mil 800 millones de pesos a cambio del cobro del servicio de agua potable en Puebla por los próximos 30 años.

“Hank respalda financieramente a la familia Gutiérrez Cortina, quienes crearon Aguas de México (Concesiones Integrales) para manejar la concesión del Soapap”.

Pero no solamente el asunto del agua. El periodista Mondragón agrega el famoso Segundo Piso:

“Y es que ya cuenta con el visto bueno del presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador Rafael Moreno Valle para que OHL se encargue de la obra que costará más de 10 mil millones de pesos en una extensión de 13.5 kilómetros.

“OHL ya informó a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que la filial en el país que se encargará directamente de los trabajos será Constructora de Proyectos Viales de México, la cual llevaría en consorcio a La Peninsular, empresa del Grupo Hermes, de Hank. Así le ha hecho OHL en otros proyectos carreteros y de transporte en el Estado de México. Su filial respaldada por Hank y el Grupo Atlacomulco”.

Las conclusiones son del lector.                        

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Sin Límites
Raúl Torres Salmerón
Ciudad de Puebla, Mx.
Viernes 7 de abril de 2017.

Ricardo Raphael

Tan pésimo estuvo que borró el tuit. Le llovió al ex presidente Felipe Calderón por su misoginia y decidió retirar la piedra arrojada contra el aparador. Piedra que no fue piedra sino bumerán. Se hizo daño en este round de su ya antiguo pleito de barrio con Andrés Manuel López Obrador, y también le hizo mal a las aspiraciones políticas de su esposa.

Al mejor estilo impuesto por Donald Trump —que con su ejemplo recomienda a los políticos militantes de la pos-verdad publicar lo primero que les viene en mente— el martes pasado Calderón subió a la ciudad virtual un tuit que decía: “Delfina es nombre propio? O así le dicen por como la trata quién la nombró y es su jefe?”

Debió parecerle simpático y ocurrente el desliz. El cristal opaco de sus lentes no dio para mirar más allá de un sentido del humor cargado de desprecio.

La mujer a la que hizo referencia se llama, en efecto, Delfina Gómez Álvarez. Nació en el municipio de Texcoco hace cincuenta y cinco años. Su trayectoria profesional es obra principalmente suya. Proviene de una cuna modesta, estudió para maestra, tiene estudios en el Tecnológico de Monterrey y fue directora de escuela. Por mérito propio llegó a ser presidenta municipal de Texcoco y luego diputada federal.

Con esta biografía es injusto adjudicar sus éxitos a un solo hombre. Hacerlo es un acto ingrato porque produce desprecio sobre un ascenso honorable, sin pasadizos ni subterfugios.

Si esta candidata al gobierno del Estado de México hubiera salido de la nada cabría especular sobre el argumento del nombramiento y la jefatura, pero la evidencia curricular permite, al menos, poner en tela de juicio la mala leche del ex presidente.

Se añaden al equívoco los recuerdos del maltrato que Josefina Vázquez Mota sufrió por parte de Calderón durante las elecciones de 2012. Para nadie es secreto que el ex presidente quería a Ernesto Cordero como abanderado del PAN a la Presidencia. Tampoco lo es que hizo todo lo posible para descarrilar las ambiciones de su antigua secretaria de Educación.

¿Cómo olvidar la humillada que le puso cuando pidió su renuncia al gabinete o la menospreciada que le dio porque, ante sus ojos, México no estaba listo para lidiar con una presidenta como Josefina?

Si el PAN llegó en tercer lugar durante la última contienda presidencial fue porque Calderón nunca confió en Vázquez Mota. Ella tendría un día que contar en público cuánta majadería tuvo que soportar desde los Pinos.

Sin duda Calderón vivió con enojo no haber nombrado a Vázquez Mota y, sobre todo, haber sido un jefe desafiado.

El referido tuit remite también de manera inevitable a Margarita Zavala. Ella que rema con grandes esfuerzos para desmarcarse de su marido, para demostrar que vale por sí misma, que tiene una carrera política propia, que no es apéndice, ni delfín, ni empleada de nadie y este señor que, con la frivolidad de un solo dedo, destruye tanto de lo ganado.

¿Por qué Delifna sería delfín de López Obrador y Margarita no lo sería de Calderón? Si lo primero fuera cierto, lo segundo también podría serlo.

A nadie se le habría ocurrido esta injusta pregunta de no ser por la bravuconada. El golpe de la neurona atarantada del ex presidente fue contra su esposa Ella debió mandarlo el martes pasado a dormir junto al tinaco.

ZOOM: Calderón y AMLO tienen una larga trayectoria de machos emperrados con ladrarse a todo volumen, cada cuál desde una azotea distinta del barrio. A los vecinos ya nos jodieron antes con su pleito de machos. ¿No habría manera de que esta vez nos ahorraran el petulante juego de testosteronas?

El Universal
Ricardo Raphael
Jueves 6 de abril de 2017.


Carlos Ferreyra Carrasco

Bastante agua ha pasado bajo el río; nos reuníamos Felipe Calderón Hinojosa, otro amigo también dirigente panista al que no menciono porque no estoy seguro que la relación de entonces, estrecha entre ellos, haya terminado bien. Y no por culpa del segundo.

Felipe se portaba muy medido en el consumo de alcohol. Cuando veía que estábamos un poco ruidosos, optaba por retirarse.

No aceptaba alegatos de ebrios, ni mucho menos sobre temas políticos. Diría que era un hombre respetuoso, ponderado y agradable.

Estaba emparentado con mi segundo de a bordo en Prensa del Senado, Julio Fernando Reyes Hinojosa, quien le tenía más fe a la hermana. La Cocoa, decía, es la política de la familia.

Poco antes de las elecciones que lo llevaron a la Silla del Águila, visitó Calderón a Carlos Marín y me buscó. Lo saludé, le pedí resignación porque estaba convencido de que no votarían por él ni los azulinos.

No volví a saber sino por los boletines oficiales y por una columna que controlaba Federico Arreola, pergeñada por una dama filopejista a la que su jefe le ordenó que cada vez que mencionara a Felipe Calderón hiciera un paréntesis para recomendar al lector que “tomara su  drink”…

Tiempo después Federico admitió que no le constaba la ebriedad consuetudinaria de Felipe, que él había inventado tal cuestión y bueno, que así es el periodismo… su periodismo desde luego.

Con sus decisiones en torno al combate al narco, su insensibilidad en los resultados: decenas de miles de muertos, decenas de miles de desaparecidos, decenas de miles de desplazados, si esto no lograba conmoverlo decidí que presenciábamos la transformación de un ser humano en un elemental energúmeno. Una bestia con traje cortado a la medida.

La involución de Calderón no terminó ahí. Miro su estúpido comentario sobre Delfina, de la que no tengo ninguna opinión formada todavía, y encuentro en sus palabras la tradición moreliana en la que quien fue su nana seguirá siéndolo por el resto de su existencia.

Un desprecio total a la persona, pero también a los símbolos. Si la candidata de Morena se llamara Jennifer, Lizbeth o algo similar, el expresidente no se habría atrevido a intentar una gracejada con tan respetables y extranjeros nombres.

Evidente complejo enano.

Hoy anda por la vida como perrito sin dueño y tal cual su antecesor busca llamar la atención como sea. Apoyémoslo, así sacará de la jugada presidencial a la A-Margarita.

Puebl@Media
Ciudad de México
Carlos Ferreyra Carrasco
Jueves 6 de abril de 2017.


Jesús Silva-Herzog Márquez

En el gobierno de las leyes se sintetiza la aspiración liberal. El poder sometido a reglas claras; la arbitrariedad arrinconada. Domar la política para volverla confiable. Si a ese ideal se agrega la exigencia democrática, las instituciones han de ganar legitimidad por el voto, activarse en la competencia, fundar su racionalidad en el interés público. Si hablamos de los fracasos de nuestro proyecto democrático habría que registrar el incumplimiento de estas promesas. Imperan los caprichos y el abuso; los contrapesos abdican de su responsabilidad, se argumenta lo aberrante.

Unas cuantas estampas de nuestra vida institucional muestran ese empeño por pervertir la mecánica de la legitimidad. Pienso en primer lugar en la esfera judicial, dominio crucial de la ciudadanía democrática. Es ciudadano quien es reconocido como miembro de la república, quien ejerce en todo ámbito sus derechos y es reconocido por el Estado un agente del interés común. Sus derechos no se muestran solamente cuando se cuenta el voto. Han de vivirse cotidianamente y se ponen a prueba cuando acude ante un juez. Si el sufragio le entrega el poder a la mayoría, es en el proceso judicial que se da poder a cada quien. No hay sentencia incuestionable. Por su propia naturaleza, toda acción judicial deja a alguien descontento. Hay ganadores y perdedores pero en el argumento se afinca la razonabilidad del Estado. En la regla y la razón se escuda el dictado del poder judicial. No es la toga lo que hace al juez: solo el argumento legal justifica su orden.

Una sentencia judicial no afecta solo a quien forma parte de un juicio. Todo proceso judicial es una lección pública: una advertencia o una recomendación, una ofensa o un alivio. No recuerdo sentencia más abominable que la que se dictó recientemente en relación al abuso sexual de una menor en Veracruz. Un juez reconoce que una muchacha es violentada, que es manoseada y penetrada sin su consentimiento pero considera que el acto no conforma el delito de pederastia porque el agresor no tenía intenciones sexuales. Frotamiento incidental, lo llama, como si el desvestir a una mujer en contra de su voluntad y burlarse de ella mientras se le invade con los dedos fuera tropezar con alguien a la entrada del Metro. El argumento sugiere que, sin "intención lasciva", no hay abuso sexual, que la experiencia de quien ha sufrido el atropello es irrelevante porque lo que cuenta es el deseo del criminal.

La aberración judicial toca una falla democrática: el principio cardinal de la igualdad es violado sistemáticamente; las instituciones de la imparcialidad son fácilmente capturadas y puestas al servicio de quien puede comprarlas.

Los órganos de la imparcialidad son tan importantes en democracia como los mecanismos de la representación. Estos últimos dan cauce al conflicto, aquellos cuidan la plataforma común: el imperio de la ley, el apartamiento que deben guardar las instituciones técnicas de las ambiciones políticas, la confiabilidad de los poderes neutros. Hay motivos de preocupación en esta órbita. La coalición que ejerce el poder desde hace más de dos décadas grita con pánico que el populismo destrozará las instituciones pero las maltrata impunemente. Para ocupar un asiento en el órgano que presenta las radiografías de nuestra condición, la Presidencia postula a un candidato que no cumple los requisitos de ley y exagera (por no decir que miente) al describir su trayectoria profesional. ¿Maquillaría un censo quien maquilla su hoja de vida? La pregunta es, sin duda, pertinente pero quien la hace recibe amenazas del gobierno y sus aliados. Así lo dice abiertamente el vocero del Partido Verde: investiguemos a quien cuestiona, usemos el poder del Estado para intimidar a los críticos.

Se pierde el recato institucional cuando los nuevos integrantes del órgano electoral se presentan públicamente como cartas de partido. Uno para cada quien. Uno representante del PRI, otro del PAN y otro, para los fantasmas del PRD. Y no es que uno imagine al consejero inmaculado pero es necesario defender un consejo que escape de las transacciones de la representación política. Quienes denuncian el coco del populismo deberían tomarse la vida institucional un poquito más en serio.
 
http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Reforma
Jesús Silva-Herzog Márquez
Ciudad de México
Lunes 3 de abril de 2017.


 Gerardo Pérez García

Quién lo iba a pensar o imaginar.
Esbozar o dibujar en el imaginario jurídico-político.
Mucho menos plantear que la “fortaleza estructural” del andamiaje legal… podría colapsarse.
Y derrumbarse.
Y tal parece que así será.
-Pues- le esperan al ex gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas verdaderas tormentas jurídico-legales, a través de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –SCJN-
Mismas que podrían convertirse en “El Calvario” y su “cruz” que lleve a desfondar la ambición política Presidencial de Moreno Valle al 2108, como la de imponer a su esposa en la gubernatura.
Pese a tener “amarrado” hasta 2018 al Poder Legislativo con Jorge Aguilar Chedraui en el Congreso del Estado.
El contar con el Poder Judicial hasta 2021 –y extenderlo al 2025- con Roberto Flores Toledano en la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia.
Y la Fiscalía General del Estado con Víctor Carrancá Bourget en la titularidad hasta el año 2022.
Sin olvidar al órgano de la Auditoría Superior del Estado, también hasta 2022, con David Villanueva Lomelí, yerno del Melquiades Morales, quien a su vez es “tutor político” de Moreno Valle.
-¿Por qué ese escenario catastrófico?
-¿En qué se sustenta?
La base está soportada en el juicio que emprendió en diciembre de 2010 el abogado Enrique Romero Razo al ser destituido injusta e ilegalmente del cargo de Juez por haber fallado a favor del empresario Ricardo Henaine en el litigio que sostenía por la propiedad del equipo de futbol.
Querella que durante más de seis años ha caminado en tres vertientes.
Primera.- La reinstalación de Romero Razo en el cargo de Juez.
La cual cumplió el Pleno del TSJ al acordar su reinstalación en el juzgado de Teziutlán, el pasado 14 de marzo.
Segunda.- Pago de salarios y prestaciones caídos.
No le han reintegrado un solo peso, bajo la excusa que “no hay dinero en el TSJ”.
Tercera.- Ante el desacato de UN AÑO Y OCHO MESES del Pleno del Tribunal Superior de Justicia de no haber reinstalado al juez Enrique Romero Razo, la Suprema Corte tomó conocimiento del asunto y tramitó el INCIDENTE DE INEJECUCIÓN.
En virtud que la justicia federal ordenaba cumplimiento de reinstalación, los responsables de la justicia en Puebla… no la cumplía.
Vuelve a requerir cumplimiento… y no la acatan.
Hasta que el Tribunal Colegiado del Sexto Circuito remite los actos a la Suprema Corte de la desobediencia del TSJ.
Y la Suprema Corte de Justicia emplaza al Tribunal de Justicia de Puebla: o cumples dictamen de reinstalación o serán cesados y consignados los 25 integrantes del Pleno.
Punto que finalmente acataron, después de UN AÑO Y 8 MESES.

Destino del tribunal morenovallista en manos de un ministro calderonista

Sólo que hay un pequeño pero.
El desacato del Pleno del TSJ… SE CONSUMÓ.
Consumación del acto sólo ante el inminente cese por la SCJN.
Por ello se inició el procedimiento para DESTITUIR AL PLENO del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Puebla.
Que conlleva también LA CONSIGNACIÓN.
Y el Procedimiento cayó con en el Ministro Eduardo Tomás Medina Mora Icaza, Presidente de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El cual está radicado en el expediente 253/2017.
Lo que lleva a voltear la mirada.
Veamos.
Eduardo Medina Mora fue nombrado –marzo de 2015- Ministro de la SCJN a petición expresa del ex mandatario nacional Felipe Calderón Hinojosa al Presidente Enrique Peña Nieto.
Y –casualmente- en 2015 se da el rompimiento de Felipe Calderón-Margarita Zavala con el entonces gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, quien traiciona a su amigo y hacedor para obtener las candidaturas a Senador -2006- y Gobernador -2010- de Puebla en una alianza perversa con Gustavo Madero, quien presidía el PAN.
Moreno Valle asesta cuchillada por la espalda a Margarita Zavala -2015- para quitarle la diputación federal plurinominal y dársela a su fiel escudero Eukid Castañón Herrera.
Dado que Moreno Valle ya tenía más que puesta la mirada en Los Pinos en 2018.
Y era el momento de descarrillar a una virtual oponente.
Y así fue.
Lo que no contó Moreno Valle es que a la dirigencia nacional del PAN iba a llegar Ricardo Anaya Cortés, que junto a Margarita Zavala, al corte de hoy son los dos panistas mejor posicionados rumbo al 2018.
Y ambos tienen pactado cerrarle el paso a Moreno Valle.
Sirva el resumido texto político-político para encuadrar nuevamente el tema de la SCJN, el Ministro Medina Mora y la demanda del juez Romero Razo.
Porque si alguien es leal a Los Calderón es Medina Mora.
Y si alguien no perdona una deslealtad, ni traición, es Felipe Calderón.
Con el agregado.
Nunca se ha dado el caso que uno de los Poderes del Estado de Puebla esté en juicio ante la SCJN.
Y hoy está el Pleno del Tribunal Superior de Justicia.
Y lo grave…
Que dicho Pleno podría ser DESTITUIDO.
Y CONSIGNADO.
Sería inédito a nivel nacional.
Acotándose:
Existen tres precedentes en el País donde por reticencia de una autoridad estatal para cumplir ordenamiento de la justicia federal… la SCJN procedió a su destitución y consignación.
Ello fue en tres Presidencias de Juntas Locales de Conciliación y Arbitraje en Michoacán, Guerrero y Nuevo León.
Pero cuyo fondo es el mismo que tiene hoy en sus manos el Ministro Eduardo Medina Mora, sólo que es en el ámbito judicial.
¡Vaya paradojas de la vida!…
Destino de tribunal Morenovallista en manos de un Magistrado Calderonista
Al tiempo.

Foro 21.mx
Gerardo Pérez García
Ciudad de Puebla, Mx.
Lunes 4 de abril de 2017.

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