•    Tom Wolfe: Punto final al viejo nuevo periodismo

•    Tom Wolfe: Un icono lleno de contradicciones

•    Tom Wolfe, gran intérprete de la sociedad estadounidense, muere a los 88 años.

•     Cáustico y brillante, creó escuela con sus artículos y triunfó con 'La hoguera de las vanidades'.

Thomas Wolfe era un icono. Su vestimenta, a mitad de camino entre el dandi y el clown, según quien la juzgara, era reflejo adecuado de las contradicciones de su estilo.

Tom Wolfe, el dandi de traje blanco que revolucionó el oficio de cronista en los sesenta, murió el lunes en Nueva York a los 88 años. Cáustico, brillante, demoledor, narró con audacia la sociedad estadounidense tanto desde la realidad como desde la ficción, con libros de gran éxito (La hoguera de las vanidades o Elegidos para la gloria) y artículos de leyenda. Su agente literario, Lynn Nesbit, informó del fallecimiento a causa de una infección, sin aportar más detalles. Con Wolfe se va uno de los últimos precursores del nuevo periodismo, ese club de reporteros que decidió aplicar a la prensa las técnicas de la novela.

Nació en 1930 en Richmond, la capital del Estado de Virginia, y era nieto de un carabinero confederado. Se doctoró en estudios americanos por Yale y, tras comenzar trabajando de redactor de un periódico de Massachusetts llamado Springfield Union, a mediados de los 60 dio el salto a revistas como New York y Esquire. Se lanzó entonces a explorar nuevas formas de narrativa periodística.

Un reportaje de Gay Talese de 1962, sobre el boxeador Joe Louis, le abrió esa veta: vio que se podían contar las noticias, las historias de la calle, de otra forma. Así comenzó a cultivar unos textos preciosistas en las descripciones, que desarrollaban los personajes y jugaban con el punto de vista. Importó, en definitiva, las fórmulas de la literatura de ficción a la crónica de los hechos. Junto a Talese, Truman Capote o Joan Didion, cimentó un nuevo estilo que plasmó en el libro El nuevo periodismo. En 1987 dio el salto a la ficción con La hoguera de las vanidades, su obra más conocida y aún considerada como la gran novela de Nueva York, que, a partir de un joven triunfador que atropella a un chico negro en el Bronx, cuenta las cloacas de la metrópolis.

Escribía con bisturí y mala sombra. Así diseccionó sin piedad la opulencia cínica de Nueva York en La hoguera, los conflictos raciales de Atlanta (en Todo un hombre) o, ya en su última etapa, descuartizó Miami para hablar de la inmigración (en Bloody Miami). Así se pronunciaba también sobre cualquier asunto político o social de actualidad, mordaz, penetrante. “Un intelectual es alguien que sabe sobre un asunto, pero que, públicamente, solo habla de otras cosas. Y cuando [ Noam] Chomsky empezó a denunciar públicamente la guerra, ¡de repente se convirtió en un intelectual! Aquí un intelectual tiene que indignarse sobre algo”, apuntó en una extensa entrevista con EL PAÍS, en 2005.

Su actitud literaria y vital, de pura sátira, le granjeó críticas y adversarios, como recuerda su legendaria enemistad con el también periodista y escritor Norman Mailer. Wolfe pisó muchos callos. Uno memorable fue el de la crónica de 1970 en The New York Magazine titulada Estas veladas radicales chic, en la que relató cargado de ironía la fiesta que Leonard Bernstein y unos amigos de la crema estadounidense habían organizado en la elegante casa del compositor en Manhattan, un dúplex de 13 habitaciones ubicado en Park Avenue, con el fin de recaudar fondos para los Panteras Negras. El texto destrozó a sus protagonistas y la expresión radical chic se popularizó. Según Wolfe, le empezaron a llamar conservador a partir de entonces. “Muchos me preguntaron: ‘¿Cómo pudiste hacerles quedar mal?’ ¿Yo? ¿Acaso invité yo a los Panteras Negras a mi casa para que me entretuviesen? Lo hicieron ellos, porque pensaron que era muy chic”, decía en otra entrevista en 2014.

Burla de todo lo establecido

Había crecido en un ambiente religioso y conservador, no tenía problemas en defender su voto a George W. Bush y la decisión de atacar Irak ni en burlarse de todo lo establecido. Llevaba casado desde 1978 con Sheila Berger, que fue directora de arte de la revista Harper, con la que tuvo dos hijos. En los últimos años vivía bastante retirado de los focos en su lujoso piso del Upper East Side, pero nunca, ni en sus últimas apariciones, se le podía ver sin esos elegantes trajes blancos y sombreros, marca de la casa.

La puntuación hiperbólica y el uso histriónico de las onomatopeyas han envejecido peor, pero su forma de narrar la vida, en textos de largo aliento, prolijos en detalles, y aun así llenos de energía, es adorada en las facultades de periodismo, donde El nuevo periodismo sigue siendo un manual de referencia. El nuevo-nuevo periodismo, el que empezaba a adaptarse a la revolución digital, sin embargo, no acababa de gustar a Wolf de los últimos años, quien lo veía sinónimo de prisas y brevedad, incompatibles con su concepción del relato. También abominaba del uso de la primera persona.

Otros cambios sorprendían al viejo Wolfe. En 2013, en una presentación en Barcelona de su libro Bloody Miami, alguien preguntó por una posible independencia de Cataluña. “Si Nueva York tiene un alcalde blanco [Bill de Blasio] casado con una intelectual afroamericana que antes decía que era lesbiana y con un hijo con peinado afro quiere decir que el mundo está cambiando y también os podría pasar a vosotros”, dijo.

Y más sorpresas sacudirían Estados Unidos años después. Tom Wolfe ha muerto con Donald Trump, un personaje tan prototípico de La hoguera de las vanidades, la encarnación pura del yuppie Sherman McCoy, sentado en la presidencia de Estados Unidos. Es un epílogo perfecto para la sátira de Wolfe.

Un icono lleno de contradicciones

Tom Wolfe deploraba la pusilanimidad de los novelistas contemporáneos

En plena resaca del éxito de su obra más conocida, La hoguera de las vanidades (1987), Tom Wolfe publicó su manifiesto sobre el arte de escribir novelas: como dejaron sentados los grandes del género, Charles Dickens, Honoré de Balzac o Émile Zola, se trataba de adentrarse en los escondrijos del sistema social y, con la ayuda de una pluma y un cuaderno, documentarse. Deplorando la pusilanimidad y el ombliguismo de los novelistas norteamericanos contemporáneos, invocó el ejemplo de Zola, quien en 1884 descendió a las minas de Anzin a fin de documentarse para escribir Germinal: “Se necesita un batallón de zolas para adentrarse en este país tan salvaje, extraño, imprevisible y barroco, y reclamar lo que nos pertenece. Si los novelistas no hacen frente a lo obvio, la segunda mitad del siglo XX pasará a la historia como la época en que los periodistas se adueñaron de la riqueza de la vida norteamericana usurpando los recursos de la literatura”. Al poner en práctica sus ideas, Wolfe revolucionó la expresión periodística de su tiempo.

Reducido al máximo, el entonces naciente Nuevo Periodismo consistía en reconocer que, como verdadero intérprete de los nuevos tiempos, el periodista tenía la obligación de imprimirle al lenguaje de la no ficción el rigor y la perfección artística hasta entonces reservados al discurso novelístico. Ha transcurrido más de medio siglo desde entonces, pero la lección de Wolfe y quienes junto a él gestaron tal cambio, sigue vigente. Doctor en literatura por Yale, el escritor sabía perfectamente lo que hacía. Se inició en el periodismo haciendo reportajes para The Washington Post. En 1962 se trasladó a Nueva York, donde sus colaboraciones para el Herald Tribune, lo convirtieron —para bien y para mal, nunca le faltaron enemigos— en el centro de atención de los círculos literarios del país. Su singularísimo estilo —lenguaje delirante, ingenio maléfico y burlón, una perspicacia inigualable para llegar al fondo de personas y cosas, un dominio magistral de la sátira y la ironía— crearon escuela. Las revistas más prestigiosas del país, Esquire, New York y Rolling Stone compitieron ferozmente por su firma. Wolfe llegó hasta el fondo en la disección de fenómenos de gran complejidad: la generación beat; la cultura de las drogas; los Panteras Negras; la contracultura de los años sesenta; la carrera espacial; el mundo del arte, la lacra inextirpable del racismo; la vida universitaria. Sus títulos, muchos de ellos trabalenguas intraducibles (The Electric Kool-Aid Test, The Pump House Gang, Radical Chic & Mau-Mauing the Flak Catchers, Mauve Gloves and Madmen, Clutter and Vine), etiquetaban a la perfección su estilo: delirante, único y, pese a sus muchos imitadores, irrepetible.

Provocativa y demoníaca, su risa daba al traste con todo. Sobre todo, Thomas Wolfe era un icono. Su vestimenta, a mitad de camino entre el dandi y el clown, según quien la juzgara, era reflejo adecuado de las contradicciones de su estilo. Como novelista, su triunfo fue desmesurado, aunque cada título despertó menos interés que el anterior. Para muchos, su primera novela, Lo que hay que tener (1979), sigue siendo la mejor. La que más proyección le daría fue sin duda La hoguera de las vanidades (1987). Lo que vino después: Todo un hombre (1998), Soy Charlotte Simmons (2004), Bloody Miami (2012), evidencian una progresiva pérdida de fuerza.

Desde las páginas del The New Yorker, John Updike lo fulminó sin contemplaciones, pero jueces tan severos y respetables como Norman Mailer o Harold Bloom supieron ver en él a un novelista de talento. Probablemente, fue Mailer quien lo diagnosticó mejor al señalar que el problema consistía en que Wolfe había optado por escribir mega-best-sellers, y estaba condenado a padecer las consecuencias.

El País
Amanda Mars
Eduardo Lago
Washington, DC. EU.
Martes 15 de mayo de 2018.


El proyecto fue concebido para festejar el 150 aniversario de la Batalla de Puebla

El Instituto Cervantes de Nueva York exhibió durante un mes una selección de casi 30 piezas de artistas mexicanos e internacionales que, con talavera del estado de Puebla, desafiaron las fronteras entre arte y artesanía.

Titulada Reiventando la tradición, la muestra fue una selección de un proyecto concebido por el taller Uriarte Talavera para festejar el 150 aniversario de la Batalla de Puebla, en el centro de México, y el 200 aniversario de la fundación de este centro artesanal, el más antiguo de este tipo de cerámica.

El proyecto original, presentado en 2012 en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México, involucró a 33 artistas que crearon más de 300 obras, en lo que se considera la más grande producción en la historia de piezas artísticas realizadas con talavera.

“Hicimos una selección de artistas, pero fue difícil porque muchos de ellos no tenían experiencia con la talavera, que es un material muy complicado. Sin embargo, pensamos que no invitaríamos solo a ceramistas, sino a artistas de todas las disciplinas”, explicó Mariana Muñoz, representante de Uriarte.

En entrevista, Muñoz indicó que las obras fueron creadas por fotógrafos, diseñadores gráficos, ceramistas, escultores y pintores, que produjeron desde murales y fuentes, hasta esculturas y piezas utilitarias.

La única restricción fue apegarse lo más posible a la denominación de origen de la talavera, una mayólica o decoración cerámica en loza que tiene sus orígenes en el siglo VII y que llegó a Puebla en el siglo XVI, donde la técnica ha sido preservada prácticamente sin alteraciones.

“Uriarte Talavera ha sido muy innovadora al invitar artistas y al tratar de borrar esa barrera que existe entre la artesanía y la obra de arte”, expresó Muñoz.

En los talleres de esta empresa, que han permanecido abiertos en el centro de Puebla desde su fundación en 1824, han trabajado artistas como José Luis Cuevas o Raúl Anguiano.

En este proyecto participaron tanto artistas consagrados, como Pedro Friedeberg o Leonardo Nierman, como creadores emergentes. Los creadores son de Polonia, Rumania, Canadá y Japón, además de México.

El Museo Franz Mayer presentará una exposición que se adentra en las películas del cineasta estadounidense, responsable de títulos como "El extraño mundo de Jack" o "Marcianos al ataque"
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“La idea era que la gente sintiera que la talavera no sólo es la tetera o la sopera de la abuelita, o la vajilla heredada de la tatarabuela, sino que es posible crear piezas contemporáneas, desde objetos utilitarios hasta obras de arte de primer nivel”, destacó Muñoz.

Copatrocinada por el Instituto Cultural de México en Nueva York, la exhibición estuvo montada del 10 de febrero al 2 de marzo. Asimismo, hay planes de llevar una muestra de las obras a Francia y Canadá.

Notimex
Néstor Ramírez
Nueva York, EU.
Jueves 2 de marzo de 2017.

  Cosme sirve comida tan común en México como enfrijoladas pero con un toque neoyorquino

    Triunfar en el competitivo mercado alimenticio de Nueva York es algo que no cualquiera consigue, sin embargo un mexicano ha logrado lo que ningún otro: abrir un restaurante considerado de "elite" que entre otros alimentos sirve algo tan común como Enfrijoladas.

Se trata de Gustavo Olvera quien dejó México para estudiar en el Culinary Institute of America, escuela de gastronomía en la cual completó un programa de especialización similar a la licenciatura en 1999.

Pero no regresó a su país natal. Un año después de su graduación consiguió trabajo en Everest, uno de los restaurantes más exclusivos de Chicago, cuenta una biografía suya publicada por la página de la escuela mencionada.

Fue hasta el año 2000 cuando regresó a la Ciudad de México para abrir un restaurante, sin embargo el deseo de volver a la Gran Manzana parecía estar latente.

Su meta de tener un restaurante en Manhattan se concretó cuando en 2014 abrió Cosme, su primer restaurante fuera de México y que incluso fue publicitado por los principales diarios de Estados Unidos como la revista Vogue.

Un punto importante: aunque Olvera no renunció a sus raíces, la cocina que ofrece en su establecimiento no es mexicana 100%, sino que está inspirada en los ingredientes mexicanos mismos que suma a aquellos disponibles en el río Hudson, que colinda con Nueva York, explica el website del restaurante.

Actualmente Cosme es considerado uno de los restaurantes más aclamados de Nueva York, indica un artículo de Nueva York publicado hace cinco meses.

Más reconocimientos

Este año el restaurante fue reconocido como el mejor de Nueva York por la publicación especializada en gastronomía Eater, quien basándose en la opinión de 23 expertos internacionales, realizó la elección.

Sin duda el caso de Olvera es inspirador para quienes tengan deseos de estudiar en Estados Unidos y hasta aprovechar la herencia mexicana para triunfar.

El Universal
Eder Corona O.
Ciudad de México
Martes 24 de noviembre de 2015.

David Schillace y Thomas Kelly son dos emprendedores que dejaron sus trabajos para dedicarse de lleno al negocio de los food trucks con Mexicue.

Cuando, en el 2010, David Schillace les dijo a amistades y familiares que planeaba renunciar a su empleo en ventas y marketing, en el que ganaba un salario de seis dígitos, y que contemplaba cobrar su plan de retiro de 401(k) para empezar una carrera nueva vendiendo una combinación de comida mexicana y parrillada estadounidense en un camión en las calles de Manhattan, se produjo un silencio de estupefacción. Luego, hubo lágrimas.

“Mi mamá lloró – literalmente lloró – y dijo: '¿Qué estás haciendo? ¿Dejaste tu empleo corporativo de 150,000 dólares por un camión?'”, recordó Schillace. Aunque se sintió pulverizado por la reacción, siguió adelante con su sueño.

Hoy, Schillace y su socio Thomas Kelly son dueños de tres restaurantes Mexicue, emplean a cerca de 200 personas y tienen el respaldo de Sandy Beall, quien fundó los restaurantes Ruby Tuesday en 1972 y cedió el cargo de director general de la cadena en el 2012.

Los ingresos de Mexicue alcanzaron los 6 millones de dólares en el 2014, en comparación con los 500 mil dólares de su primer año, en el 2010. Se han echado a andar planes para abrir por lo menos dos nuevos restaurantes al año, esperando generar al menos 20 millones de dólares en ingresos anuales para el 2017.

Al final, a los dos fundadores les gustaría seguir los pasos de Shake Shack, quien también comenzó como un pequeño vendedor en un parque de Manhattan y terminó con una valoración de más de mil millones de dólares cuando empezó a cotizar en bolsa este año.

“Ver a Danny Meyer parado en la Bolsa de Valores de Nueva York haciendo sonar esa campana; claro que es inspirador”, dijo Schillace refiriéndose al fundador de Shake Shack y restaurantero. “Eso es lo que queremos hacer”.

La historia de cómo un camión de comida rápida se convierte en un restaurante tradicional, con ambiciones de llegar a ser una cadena, es complicada.

Mexicue se ubica en el segmento de crecimiento más rápido en el sector restaurantero. Su centro de atención está en utilizar ingredientes frescos y solo naturales, comprar a los locales siempre que sea posible, usar carne que se haya producido sin antibióticos ni hormonas, cocinar partiendo de cero y picante. Los resultados, servidos con rapidez y al alcance, son atractivos para el llamado grupo que come sano. Chipotle Mexican Grill se destaca en este nicho.

El movimiento en los restaurantes rápidos e informales, como Chipotle, ha aumentado entre siete y nueve por ciento cada año, desde el 2009 e, incluso, en el punto máximo de la recesión, según Bonnie Riggs, una analista de restaurantes en el NPD Group, una firma de información y asesoría sobre mercados.

En comparación, el movimiento de los establecimientos convencionales de comida rápida fue plano, en tanto que el de los restaurantes familiares de nivel medio bajó en ese mismo periodo.

Schillace mostró algunas inclinaciones hacia el emprendimiento desde muy temprano. Nació en Brooklyn, creció en Holmdel, Nueva Jersey, donde vendió limonada y productos horneados a sus vecinos cuando era niño. Estudió negocios en la Universidad Estatal de Arizona, terminó la licenciatura en administración de empresas en el 2004. Después, se mudó a Nueva York, donde consiguió empleo en ventas, en varias de las 500 compañías de Fortune, incluidas T-Mobile, Forest Pharmaceuticals e Integra LifeSciences.

Su carrera dio un giro drástico en el 2009. Cuando visitaba a un amigo de la universidad en Los Angeles, descubrió la revolución de los camiones de comida, donde la gente hacía filas, que se extendían por varias manzanas, para comprar comida en camiones con la marca Kogi. "Se trató de un momento de revelación “para Schillace, quien decidió llevar el concepto a Nueva York. “Era algo que podía comenzar sin tener que recaudar un millón de dólares“, contó. ”Pensé que podría sacarlo adelante con 50,000 dólares".

Después, necesitaba un socio y chef. Así es que, de regreso en Nueva York, se acercó a un amigo, Thomas Kelly. “Siempre tuve esta comezón por el emprendimiento, como David”, comentó Kelly.

Kelly nació en Minneapolis en 1978, desarrolló una pasión por la cocina cuando era niño. Trabajaba con su madre y su abuela en la cocina y ayudaba a su padre a encender la parrilla para la barbacoa. Antes de graduarse de la Estatal de Colorado con una licenciatura en humanidades en el 2000, le encantaba experimentar en la cocina y preparar comidas para sus compañeros de dormitorio. Si bien no asistió a la escuela de gastronomía, al mudarse a Nueva York en el 2001, Kelly trabajó en un empleo de marketing durante el día y se entrenaba como pasante sin sueldo en los restaurantes Craft and Hearth por las noches, donde perfeccionó sus habilidades culinarias. (También obtuvo una maestría en administración de empresas por la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York, en el 2013.)

En el 2010, con 80,000 dólares en los bolsillos, Schillace y Kelly compraron un camión de comida en eBay, idearon un menú mexicano y de parrilladas, y emprendieron camino.

Schillace dijo que, en ese entonces, solo había otro camión de comida que tuviera marca en Manhattan. “Era como el viejo oeste”, señaló y agregó que podían estacionarse donde quisieran. Sin embargo, para el 2011, había aumentado la competencia con alrededor de 75 camiones con marca que llenaban el mercado, lo que llevó a que el ayuntamiento impusiera medidas enérgicas. Era frecuente que los minoristas se quejaran de que la presencia de los camiones de comida amenazaba a sus ganancias.

En el 2011, en parte inspirados por una tormenta de nieve que afectó al negocio de los camiones de comida, los socios abrieron su primer restaurante tradicional en un local en la Séptima Avenida, donde se ofrecía tanto comida para llevar como para ingerir en un pequeño comedor. (Relegaron el camión a festivales de música y acontecimientos especiales.)

A medida que aumentó la popularidad de Mexicue, Schillace se acercó a inversionistas para recaudar alrededor de 500,000 dólares para abrir un segundo restaurante, en un local en Broadway. Fue entonces que se les unió Sandy Beall, quien fundó Ruby Tuesday y pasó 40 años levantándolo hasta hacerlo una marca internacional.

Inauguraron un tercer restaurante – en un local de 222 metros cuadrados en la Quinta Avenida – en abril.

No se sabe con claridad cuál es la frecuencia con la que un camión de comida se convierte en restaurante, pero Julia Gallo-Torres, de Mintel, el despacho de investigación en marketing, dijo que es probable que sea una anomalía más que una norma.

“Muchas empresas emergentes de camiones de comida solo siguen siendo camiones de comida”, y, a menudo, los dueños se agotan después de algún tiempo, comentó. “Los camiones de comida no son sustentables debido al estilo de vida. La tendencia es que son propiedad de personas que tienen que trabajar y hacer todas las labores implicadas. No es algo que quieren hacer a largo plazo”.

Y hacer la transición a un restaurante tradicional presenta otros desafíos. “Es una forma barata de entrar en el negocio restaurantero”, notó. Sin embargo, muchos no tienen los recursos empresariales para empezar y manejar un restaurante. Tener antecedentes en los negocios y el apoyo de un experimentado dueño de restaurantes mejoró enormemente las posibilidades de éxito, explicó.

Beall comparte el fervor de los jóvenes fundadores de Mexicue en cuanto a que la marca podría convertirse en un importante actor en el sector restaurantero, y algún día, cotizar en bolsa.

“A esa edad, todos piensan eso”, dijo Beall riendo. “Podría ser. Pero tomamos las cosas una sucursal a la vez. No me preocupa tener cuatro o 100. Sólo hazlo bien un día a la vez y ganarás mucho dinero”.

New York Times
Janet Morrissey
Nueva York, EU.
Sábado 24 de mayo de 2015.

Robert De Niro abrió el primer restaurante Nobu en México hace cinco años en 2009.
   
El actor de Hollywood Robert De Niro vino a México a inaugurar la segunda sucursal del restaurante de comida japonesa Nobu.

Entre tumultos de fanáticos que querían una selfie y prensa, De Niro pasó a la entrada para inaugurar junto a empresarios el complejo.

Experiencia

Nobu es una Cocina innovadora que es considerada la nueva cocina japonesa de expresión.

El talento y la sensibilidad del chef Nobu Matsuhisa ascendido a esta cocina única y moderna inspirada en una filosofía modesta: técnicas sencillas para crear excelentes platillos.

Sus restaurantes se han ampliado y han alcanzado llegar a las ciudades más importantes del mundo: Nueva York, Las Vegas, Miami, Aspen, Honolulu, Londres, Atenas, Melbourne, Tokio, Hong Kong, Ciudad del Cabo, Dubai, Moscú y Ciudad de México son algunos de los lugares que tienen uno o más restaurantes Nobu.

Su talento culinario ha conquistado América, Europa, Asia, África y Oceanía. Hoy en día, Nobu de marca ha sido distinguido por la prestigiosa Guía Michelin para dar dos estrellas: Uno pertenece a Nobu Londres Metropolitan y Nobu Las Vegas. Nobu refleja su estilo en las texturas, los sabores, aromas y presentaciones de cada una de sus creaciones y desarrolla una experiencia gastronómica excepcional.

Grandes creaciones como Hamachi jalapeño, ceviches, tiraditos, platos a base de langosta, cangrejo y la variedad de sushi son algunos de los platos que sirve en todo el mundo. Nobu llegó a la Ciudad de México el 01 de junio 2009 en el exclusivo centro comercial Arcos Bosques.

Llegó a ser el restaurante más hermoso y más equipado de América Latina debido a la mezcla impecable de materiales, colores y ambiente de exquisitez.

La arquitectura es de Rockwell Group de Nueva York, la más prestigiosa a nivel internacional que se conoce en sus diseños de restaurantes y hoteles.

Puebl@Media
Ciudad de México
Miércoles 10 de diciembre de 2014.

Borrosas fronteras entre el crimen organizado y los altos funcionarios en el gobierno mexicano, denuncian

Nueva York.-Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu se pronunciaron acerca de los hechos de Iguala. Ante celebridades reunidas en el Museo de Arte Moderno para rendir tributo a Cuarón, Del Toro leyó un escrito, con Cuarón a su lado: “Creemos que estos crímenes son sistémicos y apuntan a un mal mucho mayor: las borrosas fronteras entre el crimen organizado y los altos funcionarios en el gobierno mexicano”.

En el acto que se llevó a cabo el 10 de noviembre, estaban presentes el ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, Salman Rushdie, Cary Fukunaga, Julian Schnabel y Katie Holmes, entre otras personalidades.

Los directores mexicanos dijeron que el crimen y el terror en este país exige la atención de los ricos y poderosos que se encontraban ahí reunidos, informó Variety. “Nos gustaría tomar esta oportunidad para pedirles a todos ustedes que se unan en el dolor y la indignación que sienten las familias de los estudiantes desaparecidos y todos los civiles en México que viven a diario en esta atroz realidad, y que al menos estén conscientes de esta sistemática violación de los derechos humanos, que se lleva a cabo tan seguido y tan cerca de ustedes”, dijo Del Toro.

Por su parte, Alfonso Cuarón, realizador de Gravity, dijo a The Hollywood Reporter: “Esta maravillosa noche está ensombrecida por los eventos en México… Es difícil incluso hablar de cine cuando aquello pende sobre, no sólo todo mexicano, sino sobre cualquier persona que está consciente de lo que está pasando: muchísima indignación”.

Del Toro, director de El laberinto del fauno, dijo a esa misma publicación: “Sentimos que es un momento muy trágico para nuestro país. Tienes a 43 personas desaparecidas, no sólo no confías en las autoridades para que lo solucionen, sino que te das cuenta de que muchas de las autoridades estuvieron detrás del acto”.

A continuación el escrito completo de “los tres amigos”:

“En sep­tiembre pasado­, 43 estudiantes fueron secuestrados por la policía local en el estado de Guerrero, México. Luego de un tiempo de apatía, las autoridades se vieron forzadas a buscarlos, debido a las protestas de ciudadanos de todo el país y el mundo, y encontraron la primera de muchas, muchas fosas. Ninguna de estas fosas contenía los restos de los estudiantes desaparecidos. Los cuerpos en ellas son de otras víctimas anónimas. La semana pasada, el procurador general anunció que los 43 estudiantes fueron entregados por la policía a integrantes de un cártel de narcotráfico, para que fueran ejecutados e incinerados en un basurero público. Pero ni siquiera de esos restos quemados se tiene todavía el ADN apropiado.

“El gobierno federal argumenta que estos actos son todos sólo violencia local. No es así. Como dice Human Rights Watch, estos asesinatos y desapariciones forzadas reflejan un patrón de abuso mucho más generalizado y son en gran medida una consecuencia del fracaso, que viene de mucho tiempo atrás, de las autoridades mexicanas. … Creemos que estos crímenes son sistémicos y apuntan a un mal mucho mayor: las borrosas fronteras entre el crimen organizado y los altos funcionarios en el gobierno mexicano. Debemos exigir las respuestas a esto y debemos hacerlo ahora.”

La Jornada
Traducción: Tania Molina Ramírez
Ciudad de México / Nueva York, EU.
Sábado 15 de noviembre de 2014.


La directora mexicana dará un concierto en Nueva York en el Festival Celebrate Mexico Now

Alondra de la Parra volverá a sus orígenes el próximo 1 de noviembre al dirigir nuevamente a la Orquesta Filarmónica de las Américas (POA, por sus siglas en inglés) durante su participación en el Festival Celebrate Mexico Now, con sede en Nueva York, Estados Unidos.
De acuerdo con sus promotores, para la directora mexicana esta presentación es un evento muy especial, ya que se reunirá con la POA a 10 años de fundarla, con el objetivo de difundir las obras de jóvenes compositores y solistas del continente americano.

“Este concierto tiene un valor muy profundo para mí, no sólo por regresar a Nueva York en el marco del festival donde tuvimos nuestro primer concierto hace 10 años, sino porque significa volver a trabajar con mis queridos colegas y amigos”, señaló la artista.

En el espectáculo que tendrá lugar en el Town Hall de Nueva York, también se contará con la participación de la cantante de origen mexicano Natalia Lafourcade, quien interpretará temas de sus discos “Mi alma mexicana” y “Travieso carmesí”, ambos producidos por Alondra de la Parra.

La presentación de destacada directora mexicana pertenece a las actividades de la serie “Leyendas: concierto de Día de Muertos”, producido por el Town Hall y Festival Celebrate Mexico Now, realizado con el objetivo de celebrar a las figuras más importantes a nivel mundial de la música latina.

Cabe señalar que desde su nacimiento la POA se ha presentado ante destacadas personalidades y organismos, tales como el Presidente de México, la Casa Blanca, la Embajada Mexicana y el Consulado Canadiense.

Notimex
Ciudad de México
Domingo 26 de octubre de 2014

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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