El presidente del país centroamericano amenaza con enjuiciar a quienes organicen nuevas manifestaciones

Manifestarse en Nicaragua ya es un delito. El Gobierno que dirige, con mano dura, el sandinista Daniel Ortega ha informado este viernes a través de un comunicado emitido por la Policía Nacional de la prohibición de las protestas que exigen el fin del régimen. Y amenaza, también, con enjuiciar a quienes organicen nuevas manifestaciones.

Para las autoridades del país centroamericano, inmerso en su peor crisis política desde el fin de la guerra civil de la década de los ochenta, las protestas son “ilegales” y una amenaza a la paz y la seguridad. En los últimos meses, la violencia se ha cobrado la vida de 326 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La mayoría de ellos son civiles que murieron por la represión desatada desde el Estado.

“La Policía Nacional reitera que ante cualquier alteración y/o amenaza a la tranquilidad, el trabajo, la vida, y a los derechos de las personas, familias y comunidades, serán responsables y responderán ante la justicia, las personas y organismos que convocan a estos desplazamientos ilegales desde los cuales se han promovido y se intenta promover acciones delictivas, destructivas y criminales”, se lee en la nota emitida por la Policía y enviada a los corresponsales extranjeros por la primera dama y vicepresidenta, Rosario Murillo.

Este último movimiento es un intento desesperado del régimen por frenar el movimiento social que desde abril exige el punto final a 11 años de gobierno autoritario, en los que Ortega se ha hecho con el control de los poderes e instituciones del Estado y ha instaurado un régimen familiar con el objetivo de conformar una nueva dinastía en Nicaragua. Hay un precedente: el somocismo, que gobernó el país latinoamericano durante más de 40 años y que cayó con la revolución sandinista de la que Ortega formó parte. El régimen de Ortega parece seguir los pasos de aquella dictadura, que en 1979 ilegalizó las manifestaciones en un país en plena efervescencia. Aquel año, Somoza también declaró ilegales los paros y las huelgas.

El pasado sábado Ortega alertó a los empresarios de que enviaría a la policía para mantener abiertos a las fuerzas los negocios que decidan sumarse a un nuevo paro nacional. El mandatario acusa a la iniciativa privada de imponer un “terrorismo económico” en este país.

La advertencia de la Policía se da un día después de que se anunciaran nuevas manifestaciones para el fin de semana en Nicaragua, entre ellas una protesta denominada “Nicaragua en Rebeldía”. El Gobierno ha ordenado a sus simpatizantes y a los trabajadores del Estado mantener una movilización permanente como forma de intimidación a los opositores que desde abril protestan en Managua y en varias ciudades del interior del país. Una de las últimas manifestaciones opositoras fue violentamente reprimida el pasado sábado. En el ataque de grupos armados leales al Gobierno murió un adolescente de 16 años y otras seis personas resultaron heridas, entre ellas el periodista Winston Potosme, que recibió un disparo en el brazo derecho. Está por ver si el anuncio de la Policía de este viernes logrará desmovilizar las próximas protestas.

El viernes por la tarde, la Policía también allanó las oficinas del Instituto Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), un centro de pensamiento enfocado en temas de seguridad y transparencia pública. El Ejecutivo de Ortega ha señalado al IEEPP y a su director, Félix Maradiaga, de financiar actos de “terrorismo” para desestabilizar al Ejecutivo sandinista. La Policía decomisó documentos y ordenadores de las oficinas del IEEPP, localizadas en el céntrico Reparto San Juan de Managua.

Las autoridades ya habían girado una orden de captura contra Maradiaga, exiliado en Estados Unidos. “El de la Policía es un comunicado inconstitucional, en directo atropello a las normas más básicas del Estado de derecho. Es una posición torpe del régimen, que quiso mantener cierta normalidad, pero que con este comunicado lo que hace es oficializar un modelo dictatorial”, dijo Maradiaga a EL PAÍS, en conversación telefónica desde el país norteamericano. El experto calificó, además, el allanamiento de las oficinas del IEEPP de "un atropello más a la sociedad civil" nicaragüense.

Maradiaga participó a primeros de septiembre en la sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la que, por solicitud de Estados Unidos, se discutió por primera vez la crisis nicaragüense. En ese foro, el ex secretario del Ministerio de Defensa, bajo la Administración de Enrique Bolaños (2002-2007), denunció en esa ocasión las violaciones a los derechos humanos y la criminalización de las protestas por parte de Ortega.

A mediados de julio, el Parlamento nicaragüense –controlado por Ortega– aprobó una controvertida ley contra el lavado de activos, la financiación al terrorismo y la “proliferación de armas de destrucción masiva” que fue calificada por organizaciones de derechos humanos como un instrumento del régimen para criminalizar a sus críticos. La ONU advirtió en esa ocasión que "el texto es muy vago y permite una amplia interpretación que podría provocar que se incluyera como terroristas a personas que simplemente están ejerciendo su derecho a la protesta”.

Desde entonces han sido detenidas –según cifras oficiales– más de 200 personas acusadas de “terrorismo”. Las organizaciones de derechos humanos creen que la cifra de detenidos en las cárceles del país podría superar los 300, la mayoría por protestar contra el régimen. El miércoles, la CIDH recomendó al Gobierno "suprimir" las detenciones ilegales y "reconsiderar" las acusaciones por terrorismo contra los ciudadanos que protestan contra el régimen.

El País
Carlos Salinas
Managua, Nicaragua
Sábado 29 de septiembre 2018.


México y los 12 países que firmaron la Declaración Especial sobre la situación en la República de Nicaragua, condenan los graves y reiterados hechos de violencia que se vienen produciendo en esa nación y que ha dejado más de 300 muertos, aseveró el canciller Luis Videgaray Caso.

"Los países firmantes de esta declaración especial condenamos los graves y reiterados hechos de violencia que se vienen produciendo en Nicaragua y que han provocado hasta la fecha la lamentable pérdida de más de 300 vidas humanas y centenares de heridos", indicó en su cuenta de Twitter @LVidegaray.

Ante la situación que se vive en esa nación, la declaración fue emitida la víspera por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y República Oriental del Uruguay.

En ella expresan su preocupación por la violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales, y su más firme condena a los graves y reiterados hechos de violencia que se vienen produciendo, la represión y violencia contra estudiantes y miembros de la sociedad civil, así como la tardanza en brindar asistencia médica urgente a los heridos.

Exigen el cese inmediato a los actos de violencia, intimidación y amenazas dirigidas a la sociedad nicaragüense, y el desmantelamiento de los grupos paramilitares.

Además, instan a reactivar el diálogo nacional en Nicaragua, dentro de un clima de respeto a las libertades fundamentales, que involucre a todas las partes para generar soluciones pacíficas y sostenibles a la situación que se vive en el país y el fortalecimiento de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho en ese país.

Los 13 países firmantes apoyan a la Conferencia Episcopal de Nicaragua para que continúe sus trabajos en pro de la búsqueda y promoción de soluciones del conflicto y en el respeto de los derechos humanos de los nicaragüenses.

También agradecen a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por las visitas que realiza a Nicaragua para investigar los sucesos e instan al gobierno a cumplir con las 15 recomendaciones formuladas, y a colaborar con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Finalmente, llaman al gobierno de Nicaragua y otros actores sociales para que demuestren su compromiso y participen constructivamente en negociaciones pacíficas con resultados concretos que aborden los desafíos fundamentales del país.

Esto, de forma pacífica, incluido el fortalecimiento de las instituciones democráticas, la implementación de las recomendaciones de la Misión de Observación Electoral de la OEA y la celebración de elecciones libres, justas y oportunas, en un ambiente libre de miedo, intimidación, amenazas o violencia.

La UNAM se solidariza con el pueblo de Nicaragua

La Universidad Nacional Autónoma de México expresa su profunda preocupación por las circunstancias por las que atraviesa el pueblo de Nicaragua y por la ocupación de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en Managua por fuerzas paramilitares.

La UNAM hace votos por el restablecimiento de la convivencia pacífica y el respeto a los derechos humanos en ese país centroamericano, con el que nos une una amistad histórica y se manifiesta a favor de la pronta reapertura de la Universidad y del respeto a su autonomía.

Notimex
Ciudad de México
Martes 17 de julio de 2018.


Tras pasar siete años en prisión, Ortega luchó contra el dictador Anastasio Somoza y tomó Managua en 1979 para convertirse en un héroe de la izquierda, una especie de Che Guevara centroamericano sin carisma

"Hemos logrado finalmente ir venciendo el odio". Daniel Ortega reapareció el viernes en la caravana bautizada como el 'repliegue por la paz' para disparar sus llamadas a la reconciliación. Vestía cazadora y gorra azul -pese a que los colores del sandinismo son el rojo y el negro y pese a que usa el blanco de forma reiterada- como si se tratara de un pastor evangélico intentando conducir a la fuerza un inmenso rebaño de seis millones de nicaragüenses. Un rebaño que ya no le quiere. "Retomemos el camino de la paz, el único que nos dará tranquilidad. ¡Qué viva Nicaragua bendita y siempre libre!". Las palabras del presidente centroamericano, de 72 años, contrastaban una vez más con la realidad: a esa misma hora sus tropas policiales y sus huestes paramilitares comenzaban un nuevo ataque despiadado contra los rebeldes.

El aparato oficialista de propaganda, que cuenta con la generosa ayuda de periodistas venezolanos y medios chavistas, no puede ocultar una realidad que salta a la vista entre represión, asesinatos y torturas. Por mucho que se empeñen, nada queda del guerrillero Daniel Ortega, aquel revolucionario que, tras pasar siete años en prisión, luchó contra el dictador Anastasio Somoza y tomó Managua en 1979 para convertirse en un héroe de la izquierda continental, una especie de Che Guevara centroamericano sin carisma, pero respaldado por un gesta.

Un Che Guevara sin carisma

Los papeles han cambiado hoy. La epopeya de los sandinistas del siglo XX la protagonizan ahora los jóvenes rebeldes que resisten en las calles con el apoyo de obispos valientes, que recuerdan a Monseñor Óscar Romero o a los jesuitas españoles de Ignacio Ellacuría. En cambio, Daniel Ortega, envejecido por el tiempo y el poder, cada día se parece más al dictador que derribó. El otoño del patriarca sandinista manchado por la sangre de las más de 300 víctimas mortales que arroja la rebelión de abril. El fracaso del hombre empeñado en pasar a la Historia como un Fidel Castro de los primeros tiempos y que hoy lucha con todas sus fuerzas para que no le comparen con el rey haitiano Henri Christophe, retratado por Alejo Carpentier como un tirano enloquecido.

Mucho se ha escrito sobre el líder sin brillo que se mantuvo al frente del sandinismo durante una década, primero como hombre fuerte y después como presidente, mientras que su vicepresidente, el escritor Sergio Ramírez, intentaba cambiar la vida diaria de uno de los países más pobres del continente.

La sorprendente derrota electoral en 1990 frente a Violeta Chamorro obligó al caudillo a iniciar una larga travesía de 17 años en el desierto político, de la que salió con la lección aprendida y en la que soltó tanto lastre que a su lado solo queda uno de los comandantes sandinistas triunfantes en la guerra civil.

Acusado de violación

Fueron años de sucesivas derrotas electorales y de acusaciones, no solo por la rapiña que dirigentes sandinistas llevaron a cabo antes de abandonar el poder. La sombra de su hijastra, Zoilamérica Narváez, persigue a Ortega desde entonces. La hija de la vicepresidenta Rosario Murillo denunció al mundo que su padrastro abusó sexualmente de ella desde los 11 años. El sumario del caso, que se mantuvo durante años en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, describe aberraciones de tal dimensión que provocarían de forma automática el fin de cualquier político. Menos el de Daniel Ortega, un superviviente que ya suma 22 años en el poder y varias operaciones a corazón abierto. El escándalo no impidió que el aliado de los Castro y de Hugo Chávez se mantuviera en primera línea, gestando acuerdos en la sombra con antiguos enemigos, ya fuera la Iglesia o los empresarios.

El bisturí legislativo acondicionó las leyes electorales a su medida, lo que facilitó su regreso al poder en 2007.Desde entonces Nicaragua vive una nueva época, bajo el control autoritario del aparato de poder sandinista. Los petrodólares del chavismo mejoraban la economía local mientras Ortega hacía suya la hoja de ruta de Chávez y Maduro: control de todos los poderes públicos y persecución de la oposición.

Las polémicas elecciones presidenciales de 2016, similares a las vividas este año en Venezuela, atornillaron a la fuerza a la pareja presidencial y a sus ocho hijos. Hasta que la inesperada rebelión de abril situó al líder máximo frente a su espejo más grotesco, el que le iguala con el dictador que tanto odió. Como ese cartel, pegado en las paredes de Managua, que grita 'Ortega y Somoza, la misma cosa', y en el que ambos, ensangrentados, parecen el mismo.

El Mundo
Daniel Lozano
Managua / Madrid
Domingo 15 julio de 2018.


Managua.- Con tiroteos y bloqueos de calles, la situación en Nicaragua se deteriora en medio de la ola de violencia que deja 145 muertos en casi dos meses, mientras el presidente Daniel Ortega aún no da señales que permitan retomar el diálogo nacional.

La expectativa se mantiene el martes, luego de que la noche del lunes se escucharan disparos y detonaciones en barrios de Managua y otras ciudades, donde los pobladores acumulan alimentos por temor al desabastecimiento ante el bloqueo de las principales carreteras.

Los obispos católicos presentaron el jueves pasado una propuesta de democratización a Ortega y le pidieron responder por escrito en dos días para decidir si retoman el diálogo con la oposición para salir de la crisis que vive el país, pero el plazo se venció sin respuesta del mandatario.

La embajada de Estados Unidos reveló en un comunicado que Ortega y otros participantes en el diálogo tuvieron un encuentro con Caleb McCarry, representante del senador republicano Bob Corker, enviado a Managua el sábado para "abordar la severa crisis democrática" en este país.

Pero su visita hizo poco por cambiar la situación, y la capital continúa semiparalizada por falta de transporte y el temor de los ciudadanos a quedar atrapados en el fuego cruzado en los bloqueos.

Fuerzas del orden y grupos de choque arremetieron en los últimos días contra los bloqueos, levantados para presionar al gobierno a dialogar.

"El objetivo es tener control de la vía Panamericana y dejar en esos lugares de forma indefinida a gente del gobierno para que no se vuelvan a levantar los bloqueos" opositores, dijo una dirigente de los manifestantes, que no se identificó.

Los ataques a manifestantes atrincherados en Sébaco, 90 kilómetros al norte de Managua, dejaron el domingo un muerto y daños en la unidad de policía, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y las autoridades.

Las protestas contra el gobierno estallaron el 18 de abril contra una fallida reforma al sistema de pensiones, pero se extendieron en medio de una represión que ha dejado 145 muertos y más de 1.000 heridos, según el Cenidh.

- Transporte paralizado -

El bloqueo de casi 70% de las vías busca proteger a las ciudades de ataques de grupos paramilitares y presionar al gobierno para que acepte negociar una agenda para democratizar al país, según dirigentes del movimiento opositor.

Unos 6.000 furgones de carga de países de Centroamérica que están en tránsito por Nicaragua quedaron atrapados con mercadería en las carreteras del país, lo que genera pérdidas económicas, según transportistas de la región.

La operación contra los bloqueos comenzó la madrugada del lunes en la capital, donde pobladores colocaron barricadas de adoquines para protegerse de paramilitares que se desplazan en camionetas y disparan por las noches a todo lo que se mueve.

"¡No disparen, aquí hay niños!", "quieren quitar las barricadas a punta de balas", denunciaron en un video pobladores del barrio María Auxiliadora, uno de los siete lugares de la capital con presencia de antimotines.

La aerolínea estadounidense American Airlines canceló sus vuelos a Nicaragua programados para el lunes y martes por razones de seguridad debido a "los disturbios civiles" en el país centroamericano, según la web oficial de la compañía.

En tanto la panameña Copa ofreció -por las mismas causas- a los pasajeros con boletos no utilizados facilidades para pedir un reembolso o cambiar la fecha de viaje sin penalidad, sin llegar a suspender vuelos.

La organización Pen Nicaragua reportó que al menos dos periodistas de medios internacionales fueron despojados de su equipo de trabajo mientras cubrían los incidentes, y un reportero nicaragüense fue asaltado en su casa después de recibir amenazas.

- Lejos de la realidad -

El ataque a un puesto policial en una comunidad de El Caribe por una banda de hombres armados, dejó tres muertos, entre ellos dos agentes y uno de los atacantes, además de cuatro heridos, informó la institución.

En León, 90 km al noroeste de Managua, grupos cívicos convocaron a un paro escolar y de labores por 24 horas para denunciar la escalada represiva del gobierno.

Entre jueves y domingo se reportaron seis muertos en Managua, Masaya, Sébaco, Jinotega y Mulukuku (región del Caribe norte) durante ataques de grupos irregulares y fuerzas antimotines a posiciones de pobladores atrincherados, según organismos de derechos humanos.

Las acciones represivas han continuado con igual o más intensidad luego del encuentro entre la jerarquía católica y Ortega.

Según el obispo Silvio José Báez, en esa cita le dijo al mandatario: "Usando solo el lenguaje de la represión en Nicaragua, se aleja cada vez más de la realidad, agrava la crisis política, el dolor del pueblo y se esfuerza en destruir el diálogo nacional".

AFP
Managua, Nicaragua
Martes 12 de junio de 2018.


La gigantesca manifestación que pedía la salida del presidente fue fuertemente reprimida. Hay decenas de heridos. “Aquí nos quedamos todos”, afirma Ortega

El presidente Daniel Ortega mostró su rostro más brutal la tarde del miércoles en Nicaragua, tras ordenar el ataque a una gigantesca manifestación encabezada por las madres de las víctimas de la represión de abril en este país.

Numerosos testigos informaron que seguidores del Frente Sandinista, grupos parapoliciales y oficiales antidisturbios dispararon contra los manifestantes, que marchaban desarmados por la céntrica Carretera a Masaya de Managua.

También se produjeron hechos de violencia en otras ciudades. En total, la represión dejó 15 muertos en el país, entre ellos un adolescente de 15 años, y 79 heridos, según el recuento del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).

La Conferencia Episcopal de Nicaragua condenó lo que llamó “hechos violentos perpetrados por grupos armados afines al Gobierno” y aseguró que no se puede reanudar el Diálogo Nacional –del que la Iglesia es mediadora– “mientras al pueblo se le siga negando el derecho a manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado”.

Ortega pretendía que el diálogo, en el que se pretende hallar una salida a la crisis, se reanudara la próxima semana, después de un impasse tras la intransigencia del Gobierno de no querer discutir temas relacionados a reformas que garanticen la democratización del país, que pasan por un adelanto de elecciones. Ortega pretende otorgar algunas concesiones mientras se le permita mantenerse en el poder hasta 2021. La matanza del miércoles complica cada vez más los planes del mandatario.

Escenas de pánico se vivieron a partir de las 17.00, hora local, cuando los manifestantes caminaban hacia la Universidad Centroamericana (UCA), donde la manifestación terminaría con un evento cultural. A esa hora comenzaron a estallar disparos desde el Estadio Nacional localizado a unos metros de distancia. Los testigos informaron que varias personas comenzaron a caer heridas sobre el pavimento. Grupos de paramédicos y ambulancias se movilizaron hacia la zona, aunque algunos heridos tuvieron que ser trasladados en motocicletas a varios hospitales de la capital. Las autoridades de la UCA abrieron el campus para que la gente pudiera refugiarse en su interior. También hubo ataques al canal 100% Noticias, que en abril fue censurado por Ortega, y a la Radio Ya, afín al Gobierno.

La violencia se desató minutos después de que el presidente, Daniel Ortega, diera un discurso en una marcha que había sido convocada por el Gobierno en otro punto de la ciudad, con la que el mandatario pretendía demostrar la estabilidad del Ejecutivo. Ortega reaccionó a las críticas hechas por la cúpula empresarial, que exigió la noche del martes un cambio de Gobierno y el cese de la represión. “Nicaragua no es propiedad privada de nadie”, dijo Ortega. “Nicaragua nos pertenece a todos y aquí nos quedamos todos”, afirmó el mandatario, en clara referencia a la exigencia de que deje el poder. De esta manera, Ortega –asediado desde hace 43 días por una insurrección popular que exige el fin del régimen– se enrosca en la violencia para mantenerse en la Presidencia.

La manifestación de las madres había comenzado a las 14.00 (hora local) en la céntrica rotonda Jean Paul Genie de la capital. Allí se vivía un ambiente de fiesta, a pesar del dolor. El cantautor Carlos Mejía Godoy inauguró el evento con su célebre “Ay, Nicaragua, Nicaragüita”, que la gente coreó como si se tratara del himno de este país. Las madres de las víctimas de la represión portaban las imágenes de sus hijos asesinados en los días más cruentos de la violencia, en abril, cuando comenzaron las manifestaciones contra una reforma a la Seguridad Social impuesta por Ortega.

Portando además cruces, listones negros y ramos de flores, estas mujeres comenzaron a marchar exigiendo justicia para sus hijos y la salida de Ortega. “Nos duele estar aquí, con todas estas madres compartiendo este dolor. No es justo lo que hizo Ortega a estos muchachos, principalmente a mi hijo”, dijo a EL PAÍS Jessica Rivas, madre de uno de los jóvenes asesinados, Jesner, de apenas 16 años. “Después de todo esto que hizo exigimos que se vaya de Nicaragua, que aquí no lo queremos. Si aquí hubiera pena de muerte eso pidiéramos para él. Lo que queremos ahora es ayuda internacional para encontrar justicia, porque aquí en Nicaragua no se respetan las leyes”, dijo Rivas.

La manifestación ocupó 3,9 kilómetros de la céntrica Carretera a Masaya, punto neurálgico de la economía de la capital. Centenares de miles marcharon de forma pacífica, decían consignas contra el Gobierno y en apoyo a los estudiantes, que son los principales protagonistas de esta rebelión ciudadana, que acumula ya más de 80 muertos. Entre ellos estaba el escritor y exvicepresidente Sergio Ramírez, para quien la manifestación era “una demostración de fe en el futuro”. Ramírez afirmó a este diario que “en Nicaragua, a pesar de la tragedia que hemos vivido y los crímenes masivos que se han cometido, el pueblo tiene fe en que la paz vendrá y la única manera de que venga la paz es la democracia”.

Una hora después, sin embargo, la manifestación era reventada con violencia. Ya lo había advertido el escritor mientras marchaba: “Ortega tiene que convencerse de que cualesquiera que sean los mecanismos que se acuerden, esta solución (su salida) tiene que darse a corto plazo, si no el conflicto va a seguir, el riesgo de enfrentamientos, de más muertes. Hay que hacer un llamado a su propia conciencia de que tiene que apartarse él y su esposa para que el país pueda encontrar un cauce democrático”. El mandatario, sin embargo, se aferra a la violencia. Al atacar una manifestación que lloraba a decenas de muertos, que son vistos ya como héroes en Nicaragua, Ortega mostró el miércoles su rostro más brutal.

El País
Carlos Salinas
Managua, Nicaragua
Jueves 31 mayo 2018.


La cifra oficial aún es de 10 víctimas. Un periodista falleció mientras transmitía las protestas.

Managua. - Al menos 27 personas han muerto, entre ellos un policía y un periodista, en las protestas contra la reforma a la seguridad social que comenzaron el miércoles pasado, informaron este domingo organismos de derechos humanos de Nicaragua.

Los últimos datos del Gobierno, correspondientes al viernes, fijaron en al menos 10 los muertos. Sin embargo, las protestas se han recrudecido desde entonces y continúan los enfrentamientos y actos vandálicos, incluidos saqueos.

El periodista nicaragüense Ángel Ganoa falleció anoche de un disparo en la ciudad de Bluefields, Región Autónoma Caribe Sur (RACS) mientras transmitía en vivo las protestas contra el Gobierno de Daniel Ortega, confirmó el noticiero El Meridiano, para el que trabajaba la víctima.

Por su lado, la Policía Nacional informó que una de sus agentes se encuentra entre la vida y la muerte en un centro asistencial tras recibir casi a final de medianoche un disparo en la cabeza cerca de la rotonda Cristo Rey, en Managua.

Soldados del Ejército de Nicaragua se mantienen desplegados en varias ciudades por segundo día tras una noche de enfrentamientos, que se recrudece cada día.

Este domingo, en el quinto día de protestas, también amaneció con saqueos de tiendas y supermercados en Managua y otras ciudades del interior del país.

En imágenes divulgadas este domingo por medios y redes sociales se ve a personas cargando objetos producto de saqueos en tiendas y supermercados de Managua.

"Grupos de vándalos de la derecha están saqueando esta madrugada las sucursales de los supermercados Palí en Linda Vista y en el sector de Santa Ana y el Arbolito", reportó el portal gubernamental El 19 Digital, que divulga fotografías y en la que no hay presencia policial.

En tanto, organizaciones que están contra las reformas a la seguridad social denunciaron que se trata de grupos afines al Gobierno quienes están saqueando los centros de compras y buscan confundir a la población en un intento de deslegitimar su lucha. Estudiantes convocaron este domingo a una nueva concentración en la Universidad Politécnica (Upoli), en Managua, que ha sido uno de los centros de referencia de las protestas contra el Gobierno.

El presidente Ortega culpó el sábado a "pequeños grupos de la oposición", cuyo nombre no especificó, de ser los causantes de las revueltas. Durante una comparecencia en cadena obligada de radio y televisión, Ortega, que estuvo acompañado por los responsables de la jefatura militar y policial, en ningún momento se refirió al número de muertos y heridos durante los enfrentamientos.

El papa Francisco dijo este domingo estar "preocupado" por la situación en Nicaragua y, tras el rezo del Regina Coeli ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro, pidió el "fin de la violencia" en el país centroamericano.

Las protestas en Nicaragua se mantienen pese a que el presidente Ortega anunció este mismo sábado su disposición al diálogo con la empresa privada para buscar una alternativa a la reforma a la seguridad social, que desencadenó las protestas más fuertes vistas en los últimos 11 años de Gobierno sandinista.

El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) condicionó el diálogo con el Gobierno a que cese la "represión" contra los manifestantes, una posición que también asumió la Junta Directiva de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (Amcham)

EFE
Managua, Nicaragua
Domingo 22 de abril de 2018.

Daniel Ortega y su ‘revolución de pacotilla’

Muy lejano en el tiempo parece haber quedado el discurso revolucionario, progresista y democratizador de Daniel Ortega cuando era uno de los máximos dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que a finales de los setenta logró derrotar a la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua. Hoy, ya como líder “omnímodo” del partido del mismo nombre y en su papel de presidente de ese país, Ortega se apresta a conformar una “dinastía” antidemocrática junto con Rosario Murillo, su compañera y quien ahora es candidata a la vicepresidencia. Eso es lo que aseguran sus adversarios políticos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En julio de 1991, año y medio después de la primera derrota electoral que sacó a Daniel Ortega del poder, Rosario Murillo promovió su candidatura para ser miembro de la Asamblea Sandinista, el máximo órgano de consulta del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Sin embargo, no fue elegida por los delegados al Primer Congreso de esta organización, quienes no reconocieron en ella la trayectoria de lucha suficiente para ser parte del selecto grupo de militantes, muchos de ellos con destacada trayectoria guerrillera contra el dictador Anastasio Somoza.

Murillo, hoy candidata a vicepresidenta de Nicaragua, compañera de fórmula y esposa del presidente Daniel Ortega, conformó entonces, sin éxito, un equipo para promoverse.

“Rosario se lanzó a la candidatura de la Asamblea Sandinista en el primer congreso en 1991 y quedó excluida por unos puntos. Entonces quisieron que Lea Guido, quien había quedado un lugar antes, renunciara para darle lugar a Rosario, cosa que Lea no hizo. Eso la resintió durante mucho tiempo con las estructuras. Se sintió humillada por esa derrota”, relata la comandante guerrillera Mónica Baltodano a Proceso.

Vilma Núñez, reconocida defensora de derechos humanos en Nicaragua y entonces presidenta del Comité Electoral del FSLN, sostiene: “No puedo decir si Daniel no la apoyó o si ella quiso independizarse de él, pero la criticaban porque era muy autoritaria, desordenada en varios aspectos. Era conflictiva, había tenido muchas contradicciones con el grupo de artistas. No sé si era eso o eran otras razones, pero realmente había gente que la adversaba en el FSLN”.

Veinticinco años después la situación ha cambiado drásticamente. Los críticos que Murillo tenía en el Frente Sandinista o ya no están o ahora la aceptan y se subordinan a sus preceptos. Su imagen es omnipresente en el gobierno que preside Daniel Ortega. Cada mediodía informa desde al menos tres televisoras y dos radios con cobertura nacional sobre todas las actividades gubernamentales y municipales que se desarrollan en el país. Ningún ministro ni alcalde puede hablar sin su aprobación.

Murillo ha sido una estrecha colaboradora de Ortega, sobre todo desde que regresó al poder en 2007, y es partícipe de los cambios institucionales que se registran en Nicaragua, país que entre el 8 de junio y el 2 de agosto ha vivido un retroceso institucional y una concentración de poder sin precedente.

En el periodo descrito la Corte Suprema de Justicia emitió una sentencia mediante la cual imposibilitó de participar en las elecciones generales de noviembre próximo a la coalición opositora con mayor fuerza; luego el Consejo Supremo Electoral les quitó la diputación a 28 legisladores opositores de la Asamblea Nacional, y finalmente Ortega proclamó como su compañera de fórmula a Murillo.

“Estamos frente a la culminación de un proceso de concentración de poder. Yo diría que estamos ya en la última etapa que comenzó en su parte más importante en 2007, cuando Ortega regresó el Poder Ejecutivo”, sostiene la política Dora María Téllez, exguerrillera y disidente del FSLN.

Primer paso: controlar el partido

Para entender cómo Daniel Ortega acumuló tanto poder en Nicaragua, al punto de controlar todos los poderes del Estado, es preciso remontarse a los años posteriores a la derrota electoral de 1990, que obligó al FSLN a reconfigurarse.

“El Congreso del FSLN de 1994 fue muy difícil para Daniel Ortega. Los resultados de las votaciones para el cargo de secretario general, que le disputó entonces el comandante de la revolución Henry Ruiz, respaldado por la disidencia, que al año siguiente se convirtió en Partido Movimiento Renovador Sandinista, fueron muy estrechos.

“En ese periodo yo fui una de las organizadoras de la corriente Izquierda Democrática, quienes entonces respaldamos a Ortega y tuvimos que trabajar arduamente. Yo creo que en ese momento Ortega se dio cuenta de lo que significaba el aparato partidario, al que nunca le había dado importancia, y se propuso seriamente controlarlo de forma personal”, relata Baltodano.

El 7 de mayo de 1994 el diario Barricada, que en la década de los ochenta fungió como aparato de propaganda del FSLN, abrió con una cita de Ortega a seis columnas: “No aspiro al 96”. Se refería a las elecciones generales de 1996. Pero sí aspiraba.

Baltodano recuerda que antes de esos comicios hubo varios precandidatos presidenciales. “Un año después, en 1995 la Dirección Nacional del FSLN, de la que yo formaba parte, habíamos llegado al consenso de que Daniel no debía ser de nuevo candidato a la Presidencia, y le planteamos el desafío a Mariano Fiallos, pero Mariano percibió que el propio Daniel no estaba de acuerdo y no aceptó. Daniel comenzó entonces a organizar su propia fuerza, pues nosotros ya no le resultábamos de confianza. Con este grupo controló el congreso de 1998, y a partir de entonces la Asamblea Sandinista y la dirección colectiva desaparecieron”, añade Baltodano.

Vilma Núñez fue una de las militantes que compitió con Ortega para ser candidata presidencial del FSLN en 1996. “Para entonces había aprendido a conocer la dinámica del partido y todo estaba controlado. Participé más que todo para aportar a la democratización y en un esfuerzo inútil de hacer ver que no sólo Daniel podía ser candidato. Obtuve 28% de los votos y eso lo tomó como un desafío, un irrespeto a su autoridad. En ese momento ya estaba completamente clara su hegemonía”, sostiene Núñez.

Según Mónica Baltodano, “en la medida en que iba controlando el aparato partidario, fue suprimiendo los mecanismos estatutarios de consulta democrática para elección de autoridades y para elección de candidatos a puestos públicos”.

La exguerrillera resalta que también comenzó a practicar el fraude interno, “como ocurrió en la consulta del año 2001, en que concurrieron disputándole el cargo de candidato a la Presidencia Víctor Hugo Tinoco y Alejandro Martínez Cuenca.

“En 2005, cuando Herty Lewites se quiso lanzar a disputarle la candidatura lo expulsó del FSLN junto a Tinoco, quien era su jefe de campaña, sin mediar proceso alguno. De un tajo suprimió la consulta y a partir de entonces todo quedó concentrado en sus manos.

“Al llegar al gobierno Rosario armó su propia estructura, con la que al final ha excluido a los que no son sus incondicionales. Ya ahora no existe congreso ni Asamblea Sandinista ni Dirección Nacional. Hacen teatro convocando a eventos con esos nombres, pero los integrantes son escogidos uno a uno por Rosario, y llegan sólo a levantar la mano y a fingir que hay órganos de conducción.”

La última Asamblea Sandinista de la que se tiene conocimiento ocurrió el 20 de mayo de este año. La presidieron Murillo, Ortega y otros cuadros del FSLN. En esta convocaron al Congreso Sandinista, que se efectuó el 4 de junio, en el que proclamaron a Daniel Ortega como candidato presidencial. A mano alzada votaron unánimemente a favor de que él eligiera a los candidatos a diputados ante la Asamblea Nacional y a su compañero de fórmula.

Segundo paso: regresar al poder

Daniel Ortega ha sido el único candidato presidencial del Frente Sandinista desde 1984. Entre ese año y 2016 ha participado en siete comicios. Para regresar al poder pactó con su adversario político, Arnoldo Alemán, y juntos reformaron la Constitución Política.

A criterio de Vilma Núñez, este hecho fue el principal punto de quiebre en la historia reciente y es lo que provocó la situación actual. “Es ahí cuando se reforma la Constitución y se establece que con 35% de los votos puede salir electo, se reparten la composición de los poderes del Estado. Producto de este pacto logra tener acceso al poder. Cuando gana debido a todas esas maniobras legales, empieza el control del Ejército, de la Policía, y a ejercer más influencia sobre la Corte y todas las instituciones. Él toma el poder para no volverlo a soltar. Desde que asume y logra que el Consejo Supremo Electoral (CSE) declare que ganó las elecciones en 2006, su meta es no volver a entregar el poder jamás”, considera Núñez.

En sus discursos Ortega suele recordar los orígenes sandinistas de la Policía Nacional y del Ejército, y desde que regresó al poder ha alterado el escalafón militar y policial.

Pese a todo esto, “había dejado algunos espacios de ventilación de opiniones a la oposición”, considera Dora María Téllez, y uno de ellos era en la Asamblea Nacional. Eso cambió el 29 de julio de este año.

La mañana de ese día el diputado opositor Pedro Joaquín Chamorro intentó entrar a la Asamblea Nacional pero no le permitieron su ingreso. Dos días antes 16 diputados propietarios y 12 suplentes del Partido Liberal Independiente (PLI), al que pertenece Chamorro, se habían declarado independientes debido a que el 8 de junio el CSE le había quitado la representación legal del PLI al opositor Eduardo Montealegre. Decidieron declararse independientes para no plegarse a las órdenes del nuevo representante legal del PLI, Pedro Reyes.

Chamorro no lo sabía, pero el CSE aceptó la solicitud de Reyes de quitarle la diputación a los legisladores que no le obedecieran. El CSE había aceptado e informado a la Asamblea Nacional. Por eso no lo dejaron entrar.

De acuerdo con el político liberal José Pallais, la decisión del Consejo Supremo Electoral contraviene la Carta Magna: “Intentó fundamentar su decisión en un párrafo del artículo 131 de la Constitución que establece que los funcionarios electos por sufragio que se cambien de opción electoral perderán su condición, debiendo asumir sus suplentes.

“Este párrafo fue agregado mediante una reforma constitucional de 2014, posterior a la fecha en que los destituidos habían sido electos, por lo que tal disposición, de ser aplicable al caso concreto, no podía hacerse por violentar el principio constitucional de la irretroactividad de la ley.”

Adicionalmente, añade Pallais, los diputados destituidos no se cambiaron de opción electoral, no habían dejado de ser militantes del Partido Liberal Independiente, nunca fueron parte de otra franquicia electoral; “su único delito fue exigir elecciones libres, justas y transparentes, y disentir de la dirección de su partido, aunque la disposición constitucional que se les aplicó no castiga la disidencia, sino el transfuguismo, que nunca ocurrió”.

Al quitarle la representación legal del PLI a Eduardo Montealegre, quien disputó con Ortega la Presidencia en los comicios de 2006, los opositores se quedaron sin oportunidad de participar en la contienda electoral de noviembre próximo. No tienen partido para competir y tampoco confían en los demás opositores, a quienes califican de actuar en correspondencia con los intereses de Ortega.

Tercer paso: sucesión

Lo más grave ya ha sucedido, considera Dora María Téllez.

Dice: “Ortega tiene el poder, el control total. Lo que vemos con la candidatura de Rosario Murillo es el descaro de un régimen de dinastía familiar. Lo que nos dice es que hay un anuncio de una dinastía familiar. ¿Qué otra cosa dice? Que hay un Ortega profundamente debilitado en su salud, puesto que necesita una sucesión institucional definida en su familia; ya no la busca ni desde el propio círculo del FSLN. Tienes a un Ortega cuya misteriosa enfermedad lo ha minado bastante más de lo que se cree. La familia Ortega Murillo se ha impuesto sobre el FSLN, sobre la estructura que había del FSLN y sobre los viejos líderes”.

Rosario Murillo y Daniel Ortega tienen nueve hijos. De acuerdo con un perfil de Murillo escrito por el periodista Octavio Enríquez y publicado en la revista Magazine de Nicaragua, ambos iniciaron su relación en Costa Rica durante la lucha insurreccional que se vivía en Nicaragua en los años setenta. Murillo es poeta y estudió en su adolescencia en Inglaterra y Suiza.

“El nombramiento de Rosario es como un desafío: ‘yo hago lo que quiero y pongo a quien quiero’”, analiza Vilma Núñez, y agrega: “Pero para el FSLN el nombramiento significa una muestra de desconfianza”.

El pasado 2 de agosto Ortega y Murillo se presentaron en el CSE para registrar su candidatura. Al terminar de inscribirse, frente a un grupo de jóvenes vestidos de blanco, Ortega habló abundantemente sobre la necesidad de que las mujeres ejerzan papeles protagónicos y remató preguntando: “¿Quién va a asumir la vicepresidencia para continuar el buen gobierno en este país, para continuar trabajando por la paz, por la estabilidad? ¿Quién?”.

Acto seguido respondió: “No podíamos dudar que tenía que ser una mujer, ¡y quién mejor que la compañera que ha realizado ya una labor puesta a prueba, con mucha eficiencia, con mucha efectividad, con mucha disciplina, con mucho sacrificio! ¡sin horario!”.

A Murillo la llaman La Compañera. Frente a las cámaras todos los funcionarios mencionan que gracias a La Compañera y al presidente se logran grandes avances de la gestión pública.

En junio pasado 88.8% de los encuestados a nivel nacional por la firma M&R expresaban agrado por Murillo, un porcentaje mayor que el manifestado hacia Ortega.

Desde que se formalizó la candidatura de ambos, los medios de comunicación afines al gobierno realizan notas informativas en las que se exalta a una Rosario Murillo abnegada, cercana y trabajadora. Consultan a mujeres de los mercados, en los hospitales y en la calle, y todas coinciden en que Murillo las representa.

“Para mí él no confía en nadie más que en su mismo círculo familiar. Todas las señales apuntan a que se garantiza la sucesión porque según la Constitución el vicepresidente asume si a él le pasa algo, ¿pero estará pensando que los hijos asumirán después de Rosario?”, se pregunta Vilma Núñez.

En 1998 la hija mayor de Murillo, Zoilamérica Ortega Murillo, adoptada por Ortega cuando era una niña, lo acusó públicamente por violación. La acusación fue desestimada en los tribunales porque había prescrito la acción penal y Rosario Murillo se puso del lado de Ortega, calificando a su hija de mitómana.

Mónica Baltodano recuerda que por mucho tiempo, luego de que no resultó electa en la Asamblea Sandinista de 1991, Murillo estuvo desaparecida del ámbito público. “Volvió a aparecer en la tarima un 19 de julio en 1998, después de la denuncia de Zoilamérica. Como dice su hija: el respaldo que brindó a Ortega entonces explica su ascenso meteórico y los espacios que Ortega la abrió dentro de las estructuras. Al final Rosario ha ido apartando a todo cuadro con historia, humillándolos en posiciones secundarias, y construyéndose su propio aparato principalmente con jóvenes, recién nacidos a la vida política, más susceptibles de obedecerle”.

Proceso
Matilde Córdoba
REPORTAJE ESPECIAL
Managua, Nicaragua
Domingo 21 de agosto de 2016.

 

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