Eduardo Villegas


Ciudad de México.- El 13 de mayo falleció el narrador Arturo Trejo Villafuerte, quien empezó a comentar sobre los vericuetos del rock en la época en que era una materia prohibida en el país. Después, y casi al parejo, vino la poesía. Hoy no está ya más con nosotros. Su amigo, el poeta y editor Eduardo Villegas Guevara, nos entregó esta sentida despedida al autor de más de 80 libros… El escritor expresa: “A veces estoy preparado para la tristeza, pero ayer (el 13 de mayo) fue un día desafortunado: la tristeza me cayó de sopetón. Falleció Arturo Trejo Villafuerte (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1953 / Bondojito, Ciudad de México, 2020): su corazón no tuvo fuerzas para un latido más.

“Las ausencias siempre duelen y da lo mismo tanto si es un dolor en solitario como si se trata de un dolor compartido por muchos.

“Durante el día me llamaron amigos para darme un abrazo, que me reconfortó a medias, aunque el abrazo era para Tisbe y Trilce, sus hijas. Claro que a muchos nos está doliendo desde ya la ausencia del poeta.

“El buen Arthur siempre será reconocido como poeta, aunque practicó muchos oficios más. Hoy (14 de mayo), lo están velando sus seres queridos y yo solo quiero recordarlo como el hombre incansable que fue.

” Mester de hotelería “Hace muchos años, claro está, llegó a la Casa de la Cultura de Nezahualcóyotl, un páramo entonces, a presentar su plaqueta de poemas A quien pueda interesar y le solicité una dedicatoria para el Idiota, un apodo que deseaba perpetuar en mis libros, se negó con esa gentileza enorme que traía encima; le puso para el Sincero. Así que disfruté y conocí su segunda obra publicada.

“La primera sería un libro colectivo: Doce modos, donde se podían leer algunos de sus poemas, los surgidos en esa aventura del Taposin (taller de poesía sintética) en la Universidad Nacional Autónoma de México, que protagonizó al lado de José Buil, Emiliano Pérez Cruz, Víctor M Navarro y otros tantos más.

“Los jóvenes de ese entonces leíamos con ilusiones desaforados su sensacional Mester de hotelería, afincado en la tradición poética y con ambas manos en las caricias contemporáneas. Años más tarde, nuestro amigo Severino Salazar le pediría permiso para escribir un Mester de jotería, obvio.

“Arturo Trejo se sintió halagado, pero hizo la aclaración de que la tradición poética no requiere de permisos sino trabajos. Un chistecillo, medio albur y medio calambur; entre Severino y Arturo: Para los amigos, todo; para los enemigos, toda. Y Severino sonriendo, ‘¡ay, Arthur!’, ‘¿y no puedes hacer algunas excepciones?’”.

“Otro libro entrañable para Arturo lo fue Malas compañías, editado en Zacatecas, a donde le encantaba viajar y publicar de manera constante. Y siempre estuvo escribiendo poemas para cuanta antología le ofrecieran. Fue solidario con mis compilaciones y apareció en Soles de abril, en Alas de lluvia, en Sueños al viento y muchas otras publicaciones más.

“Durante mucho tiempo, tuve la primicia de leer sus poemas recién terminados y de ver cómo se acomodaban en pequeños, pero deliciosos, libros. Así fue hasta el año pasado, cuando pude editarle dos de sus últimos libros: Dieciocho inútiles poemas de amor para ti, para ella o para nadie, donde su musa perenne (la mujer amada) se transformó en una anforita etrusca de singulares formas amatorias “Luego vendrían sus Diecinueve útiles poemas de luz y sombra, donde la musa, triste y casi con certeza absoluta, se alejaba del horizonte del poeta.

“Hace unas cuantas semanas, con motivo del Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor, pudimos sacar de la imprenta Donde la piel (Poemas amorosos), que contiene un prólogo incitador y ahí nos reunimos varios de sus amigos a celebrar la vida con versos sencillos, pero llenos de vida.

“Arturo lo tuvo en sus manos y quedamos de llevarlo a sus lectores en cuanto el confinamiento lo permitiera.

“La tarea no será sencilla, pues lo haré solo. Él seducía en cada lectura con humor e insinuaciones y cada presentación literaria le servía para convocar a nuevos lectores. Yo he sido muy parco y solo me dedicaba a acompañarlo y le editaba sus libros.”

“Él seducía en cada lectura con humor e insinuaciones y cada presentación literaria le servía para convocar a nuevos lectores”

Eduardo Villegas
Poeta y editor

Notimex
Eduardo Villegas
Ciudad de México
Martes 26 de mayo de 2020.

¿Se puede escribir en pleno siglo XXI una novela de tesis sobre la pobreza?

El restaurante de sukiyaki parece decir que sí. Debut en español de la escritora coreana Bae Suah, la novela publicada por Bajo la luna está compuesta por capítulos breves que podrían haber sido cuentos si la autora no hubiera decidido unirlos a partir de filiaciones, a veces lejanas, a veces íntimas, entre los personajes.

Bae Suah nació en Seúl en 1965. Y en este libro elige una estructura abierta para narrar las miserias de la sociedad coreana luego de la crisis del 97, que sacudió a todo el sudeste asiático. Pero no es necesario conocer detalles de ese evento para leer estas historias que, lejos del localismo, funcionan casi como fábulas.

Bae Suah experimenta con sus criaturas. Las sacude. Las ridiculiza. Las pone en situaciones extremas. Así, una madre explota a su hija haciéndole creer que son pobres mientras esconde billetes por toda la casa; una nena anhela hasta la violencia la carterita de su amiga; un catedrático inválido sólo babea y pide sukiyaki; una joven trabaja de modelo de pubis y varios intelectuales desfilan agobiados por el vacío de sus propios discursos.

A pesar de que hay en el libro referencias a Tolstoi, a Steinbeck y a Dostoievski, a Bae Suah, que estuvo en Buenos Aires como una de las invitadas internacionales de la Feria del Libro, no le gusta el término “realista”. Mucho menos que le digan que su escritura es “filosófica”. Aclara: “No es una novela que se base en el naturalismo o que trate de mostrar la realidad microscópicamente sino de presentarla con cierto retoque de mi parte. Y el retoque está también en la forma: narrar fragmentariamente en lugar de buscar la novela total. El punto de contacto con esa tradición europea sería, para mí, un estilo despojado de emoción, más clínico. Pero no soy una escritora ‘filosófica’ porque la novela no parte de una abstracción ni busca la simpatía del lector a través de algún personaje”.

Sin embargo, hay uno de ellos, Noiong, que elige ser pobre como forma de libertad. “Él es lo opuesto a los estereotipos de la sociedad coreana que es muy sensible al tema de la pobreza y del hambre que genera”, explica Bae Suah. Para el lector argentino, pensar en una catástrofe económica puede traer reminiscencias de la crisis de 2001. Pero, a diferencia de lo que ocurrió aquí, la pobreza y, sobre todo, el descenso de clase, se vive en estas historias como algo puramente individual. No hay solidaridad, ni siquiera lazos familiares que mitiguen ese paisaje desolado, como si la crisis se hubiera llevado consigo la noción misma de comunidad.

“En Corea, creo, a diferencia de Argentina, la tendencia fue a la disolución de lo colectivo. Pero hubo un sector que gracias a la crisis económica volvió a concentrarse más, a aglutinarse y fue el de la clase media o media alta, que se resguardó en el grupo”. La prosa de Bae Suah es despiadada con esos personajes, que son los más obsesionados por el estatus, al punto de esclavizarse en trabajos de jornadas inhumanas con tal de no bajar en su nivel de consumo. “Aspirar a una vida mejor es también su obligación”, le dice uno de estos personajes a Noiong, perplejo por su insistencia en vivir como un indigente. “Es que desde mi percepción” cuenta Bae Suah, el ser humano está condenado a ser pobre con o sin bienes materiales”. Al rechazar los lujos, la idea misma de “una vida mejor”, Noiong no sólo ejemplifica esta postura de la autora sino que esboza una ética que involucra a la comida, un tema que retoma el título de la obra.

“El sukiyaki –explica Bae Suah– es una sopa de origen japonés que funciona como símbolo y trampa en la novela. Ningún personaje logra comer sukiyaki. Lo cual es irónico, es una especie de ostentación tonta a la que nadie llega. Es que la comida era para mí una forma de hablar del tema principal. Así, hay personajes marcados por el hambre, pero también la comida aparece como algo lúbrico y lúdico”.

Los muchos sentidos del alimento enriquecen estas historias. Como si frente a la miseria moral sólo quedara el consuelo básico de la nutrición. “Somos adultos y hemos perdido el derecho a ser protegidos” dice una joven hacia el final. Es en estos pasajes que El restaurante de sukiyaki abre preguntas más interesantes. La imposibilidad de ocupar el lugar de hijos, es, quizás, la gran herida que nos acompaña durante toda nuestra vida adulta. Ese desamparo esencial es lo que se cuenta, en definitiva, en esta novela.

Clarín
Betina González
Revista Ñ
Buenos Aires, Argentina.
Domingo 26 de julio de 2015.

El fondo contiene manuscritos, notas, fotos y correspondencia del fallecido Nobel

La Universidad de Texas, en Austin, ha comprado el archivo personal del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez y se convertirá en el lugar para que académicos, estudiantes y admiradores puedan consultar fotografías, manuscritos, notas y correspondencia del autor a partir del año próximo.

El fondo ya está siendo transportado a Estados Unidos, adonde está previsto que llegue esta semana. Stephen Enniss, director del centro de investigación en Humanidades de esa facultad, el Harry Ransom, asegura que la negociación para adquirir el archivo comenzó a finales de 2013, cuando el escritor todavía estaba vivo. La librería Glenn Horowitz representó a la familia del autor en la venta. “Visité México [donde García Márquez falleció y donde había pasado las últimas décadas de su vida] en julio de este año para examinar el archivo de primera mano”, cuenta Enniss. “Está en excelente estado”, explica.

En el archivo destacan los borradores de una novela inédita del autor, 'En agosto nos vemos'
El material incluye manuscritos originales de una decena de libros —Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera y Memoria de mis putas tristes, entre ellos—; más de dos mil cartas, incluidas algunas de Carlos Fuentes y Graham Greene; borradores de su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura en 1982; cuatro decenas de álbumes de fotografías, las máquinas de escribir Smith Corona, ordenadores y álbumes de recortes de periódicos de Latinoamérica y del resto del mundo. “El Centro tiene un laboratorio de conservación de primer nivel. Podemos guardar materiales de todo tipo: papel, fotos, grabaciones, archivos de computadora…”, afirma Enniss.

El director del centro Harry Ransom asegura que García Márquez “en general, no tenía copias de sus cartas, pero hay muchas que recibió de políticos y escritores”, por eso cree que “a la hora de estudiar su vida y obra, sus conexiones internacionales dicen mucho de lo que fue su trabajo”. En el archivo destacan los borradores de una novela inédita del autor, En agosto nos vemos, así como investigaciones para El general en su laberinto y una copia mecanografiada y marcada de Crónica de una muerte anunciada. “Los materiales documentan la gestación y los cambios en la obra de García Márquez y revelan sus luchas con el lenguaje y la estructura”, detalla el comunicado difundido por el propio centro académico. “Estamos planeando organizar un simposio en otoño de 2015, cuando se abra el archivo para la investigación”, adelanta Enniss sobre los planes de futuro del material, que incluyen la digitalización de partes de la colección para que el público general los pueda consultar también.

El Centro Harry Ransom alberga también el material de escritores como Jorge Luis Borges, William Faulkner y James Joyce. “Estamos encantados de que el archivo de Gabo viva en el gran y único Centro Ransom, donde generaciones de estudiosos y amantes de su trabajo podrán profundizar su aprecio y comprensión de su vida y su legado literario”, afirma el hijo de García Márquez, Rodrigo García, en el comunicado.

En Colombia, la ministra de Cultura, Mariana Garcés, lamentó que la documentación termine en Estados Unidos. “Es una lástima no tenerlo”, declaró a la agencia Efe. Otro de los hijos del escritor, Gonzalo García Barcha, dijo a la emisora colombiana Blu Radio que “el Gobierno colombiano nunca se hizo presente ni hizo ninguna oferta”.

El País
Antonieta Cádiz
 Houston, Texas, EU.
Lunes 24 de noviembre de 2014.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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