Con ciclo de conferencias y la presentación del musical Regina, la institución educativa se une a la conmemoración de los 50 años del movimiento estudiantil del 68.
 

Con motivo del 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968 y como preámbulo de la presentación de la obra Regina, un musical para una nación que despierta, la Universidad de las Américas Puebla llevó a cabo la conferencia: ¿Cómo se vivió el 68? Diferentes visiones; evento en el que los académicos de la UDLAP, Laurence Le Bouhellec y Basilio Rojo, platicaron sobre las memorias de aquel hecho estudiantil que marcó la historia de México y cuál es la visión internacional que se tiene del mismo.

Antes de iniciar el evento Sergio Medina Castro, director general de Difusión Cultural de la Universidad de las Américas Puebla, dio a conocer que esta actividad forma parte de un ciclo de conferencias mediante los cuales la UDLAP se suma en el mes de la conmemoración de los 50 años del movimiento estudiantil del 68. “Dentro de este contexto, la Dirección de Difusión Cultural generó la producción de Regina que tendrá como temporada del 26 de octubre al 4 de noviembre; previo a este musical, se están originando todas estas pláticas en torno al movimiento estudiantil”, expresó el Mtro. Medina Castro, quien además explicó que en las conferencias se analizan los acontecimientos que ocurrieron en el entorno. “En esta primera mesa Basilio Rojo y la Dra. Laurence Le Bouhellec darán diferentes perspectivas de quienes les tocó vivir de cerca el movimiento estudiantil del 68”, afirmó.

La primera mesa de análisis ¿Cómo se vivió el 68? Diferentes visiones, inició con la participación de Laurence Le Bouhellec, quien vivió el movimiento estudiantil de 1968 desde Francia. “Para nosotros en Francia el movimiento tiene como arranque la fuerte politización que existía en las universidades. Lo que prende la mecha a este movimiento en este país fue la aparición de unos desacuerdos que se dan entre la política educativa y los sindicatos de estudiantes”, comentó Le Bouhellec, quien destacó que la idea base que deja este movimiento es que tomemos conciencia de las problemáticas sociales y que no estén esperando recibir un título para incidir puntualmente en algunos cambios, sino que a partir de que uno es mayor de edad puede participar en movimientos políticos. Asimismo, destacó que, a diferencia del gobierno de México, la política del gobierno francés en este movimiento era evitar enfrentamientos incontrolables en las calles.

En su turno, Basilio Rojo dio un panorama de cómo fue el movimiento estudiantil de 1968 en México y Puebla, y destacó que la hegemonía del PRI, las Olimpiadas en puerta, la polarización Oriente-Occidente, Castro vencedor, Vietnam, lo recién ocurrido en Francia y la inquietud de los jóvenes de reivindicación de cierto orden de las cosas, fue lo que llevó al desarrollo de este movimiento. “Esta impronta de idealismo de los jóvenes universitarios de pensar que las cosas pueden ser mejores, que no se vale que nos opriman, que haya hambre, injusticia, mentiras, deshonestidad, corrupción y su afán de justicia social, como motor principal, fue lo que llevó a este movimiento en México”, finalizó.

Cabe comentar que, como parte de este ciclo de conferencias alusivas al movimiento estudiantil de 1968, el próximo jueves 18 de octubre a las 10:00 horas en el Aula Magna de la Biblioteca, se brindará la ponencia “Sonidos psicodélicos post-Tlatelolco: ¿Experimentalismo contracultural?, impartida por Ana R. Alonso Minutti, profesora asociada de Musicología de la Universidad de Nuevo México.

Por otro lado, la obra Regina, un musical para una nación que despierta, que tiene como tema central el despertar de la sociedad, iniciará su temporada el 26 de octubre a las 19:30 horas en el Auditorio Guillermo y Sofia Jenkins. “Regina es un musical basado en el libro “Regina, 2 de octubre no se olvida”, de Antonio Velasco Piña. Los invito a ver esta obra que toma elementos de los sucesos ocurridos en el 68 y los presenta de una forma muy espiritual y de reflexión a través de esta personalidad que fue Regina”, comentó Sergio Medina Castro, director general de Difusión Cultural de la UDLAP.

Puebl@Media
Cholula, Puebla
Miércoles 17 de octubre de 2018.

 

Piden tirar monumentos y quitar su nombre de avenidas y colonias por su responsabilidad en el 68

 

En el marco de los 50 años de la masacre estudiantil de Tlatelolco y luego de que el gobierno de la Ciudad de México retiró de las estaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro las placas alusivas al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, el rechazo a la figura de este ex mandatario va en aumento en al menos 10 estados.

En Nuevo León, con picos y mazos, académicos y activistas del movimiento estudiantil se ofrecieron para demoler una gigantesca estatua de ocho metros de Díaz Ordaz, ubicada en en el municipio de Linares desde 1969.

Entregaron la petición por escrito al alcalde Fernando Adame, junto con dos picos para que se usen en su momento para demoler la escultura, y externaron su disposición de trabajar como voluntarios en esa tarea.

A su vez, en Hidalgo, Víctor Guerrero, diputado local de Morena, propuso que en esta entidad se declare como personas non gratas, a los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, además del ex gobernador hidalguense, Alfonso Corona del Rosal, quien era regente de la CDMX, y que sus nombres sean retirados de los lugares públicos.

En Jalisco, 30 universitarios solicitarán a los ayuntamientos de Guadalajara y Tlaquepaque retirar el nombre de Marcelino García Barragán a un bulevar, pues fue secretario de la Defensa Nacional (Sedena) cuando gobernó Díaz Ordaz

Estas peticiones se repiten en Chihuahua y Baja California (bulevares), Guanajuato (avenida en Irapuato), Coahuila (anillo periférico de Saltillo), Puebla (estatua en Ciudad Serdán), San Luis Potosí (placas en la universidad estatal) y Tamaulipas (municipio Díaz Ordaz).

El Universal
Ciudad de México
Miércoles 3 de octubre de 2018.


A diferencia de otros movimientos estudiantiles en el mundo, el 68 mexicano terminó en la matanza del 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas

En los cincuentas, México contaba con un partido comunista muy modesto, resistente a morir, pequeño y muy pobre, aunque era conmovedor escuchar a Alberto Lumbreras, preso en Lecumberri por la huelga ferrocarrilera de 1959 y jefe del aún más modesto Partido Obrero y Campesino decir que su sueño era ir a Moscú a darle la mano a José Stalin.

—¿Cómo va a ir para allá, don Alberto?

—Tomaré un barco, luego un tren…

—¿Y la nieve? ¿Y el frío?

—Cuca va a tejerme una buena bufanda.

¿Sabría el monolítico Stalin lo que él representaba para algunos obreros en América Latina? ¿Quién podía haberles lavado el cerebro en esa forma?

Era estremecedora la ingenuidad y el espíritu de sacrificio de los luchadores de izquierda en México. Todos hablaban de “la Moscú querida” y estaban dispuestos a morir por sus ideales. Julio Antonio Mella, el líder cubano —amante de Tina Modotti— creyó que Rusia había alcanzado el bienestar de la clase obrera. Incluso, Rafael Carrillo, dirigente del PCM pidió que enterraran a Mella en Moscú. Muchos buscaban allá su sepultura como una consagración, el término de su heroísmo.

—Rusia es el cielo de los obreros— me aseguró Cuca Barrón de Lumbreras, esposa de Alberto Lumbreras.

El único paraíso sobre la tierra resultó ser el México al que llegó Trotsky invitado y protegido por Lázaro Cárdenas y, en 1939, los refugiados de la guerra civil de España que tanto bien le hicieron a nuestro país. En los treintas seguimos siendo un paraísito hasta que institucionalizamos nuestra Revolución Mexicana y la convertimos en un partido corrupto multimillonario que permaneció en el poder más de 70 años. Durante esos años, según el líder estudiantil de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, Gilberto Guevara Niebla, el régimen autoritario y sus presidentes impidieron “toda expresión de libertad. (…) No era un país totalitario. Era un país autoritario. El sistema totalitario es aquel que controla, incluso, la vida privada de los ciudadanos”.

De pronto, gracias al Movimiento Estudiantil de 1968, estalló en la calle la fuerza de la juventud; por primera vez los jóvenes se apropiaron de plazas y calles, tomaron autobuses, invitaron a marchar con ellos a quienes los miraban desde el Paseo de la Reforma. “Tomar la calle” fue imaginar a un país limpio y generoso, a su imagen y semejanza. “Únete pueblo, únete pueblo agachón”, una señal de cambio. Los estudiantes, —muchos no tenían ni 20 años— hicieron mítines relámpago en mercados, estadios, parques públicos y el aire barrió a esta ciudad “de asfalto y asfixie” como diría José Emilio Pacheco. Los jóvenes repartieron volantes, organizaron ferias, subieron siete en un Volkswagen. En la explanada de la Universidad, el inolvidable ingeniero Heberto Castillo convirtió la explanada universitaria en feria de pueblo y casó a muchas enamorados, les entregó su certificado matrimonial, fueron felices y tuvieron muchos hijos. ¡Cuánto júbilo, cuánta libertad, qué súbito el cambio que estremecía a todos, qué diferencia con el hermetismo de una ciudad que todavía hoy apenas se manifiesta!

Antes las huelgas habían sido cruelmente oprimidas, la de los Ferrocarrileros en 1959, la de los telegrafistas, la de los médicos, la de mineros hasta la gran huelga ferrocarrilera en marzo de 1959 en la que el ejército encarceló a 6.000 trabajadores del riel. Demetrio Vallejo, su líder oaxaqueño y Valentín Campa permanecieron más de 11 años en el penal de Santa Marta Acatitla. En 1962, el líder campesino Rubén Jaramillo fue asesinado frente a su choza con sus hijos y su mujer Epigmenia embarazada. En 1963, el ejército intervino en la Universidad de Michoacán y en 1965 en Chihuahua. En 1966, durante el mando de Gustavo Díaz Ordaz, el ejército cortó de tajo la huelga minera de Cerro del Cobre, luego atemorizó a la Universidad de Sonora. “El ejército hace funciones de policía hace décadas” —aclara Gilberto— como habría de preguntarlo en 1959, Demetrio Vallejo. “¿Qué hace el ejército en la calle?” y todavía es posible preguntarlo el día de hoy.

“Fue tan desmesurado hacer intervenir al ejército para apagar un conflicto callejero que los estudiantes se quedaron despavoridos. El ejército entró a la Universidad el 18 de septiembre de 1968 y atropelló su autonomía, la ciudad se conmocionó porque un conflicto menor, se convirtió en uno enorme. Los citadinos se dieron cuenta que algo muy serio estaba en juego; el gobierno habló de una conjura comunista, el sabotaje a las próximas Olimpiadas que evidenciaría a México ante los ojos del mundo entero el 12 de octubre. ¿Quién dirigía este complot? Evidentemente la Unión Soviética y el Partido Comunista Mexicano que se ha de haber asustado muchísimo. Por fortuna, la UNAM contó con un rector, el ingeniero Javier Barros Sierra que tuvo el valor civil, político, moral de alzarse contra la intervención militar”. Encabezó una manifestación de 80.000 maestros y estudiantes, un apoyo extraordinario. Hubo paros en el Politécnico; huelgas en la facultad de Ciencias y en otras. La UNAM era un hervidero de marxistas, trotskistas, socialistas, derechistas, caldo de cultivo de agitadores, activistas que nutrieron al Movimiento estudiantil que emocionó a Carlos Monsiváis que habría de escribir: “En México, donde no hay poder obrero (sindicalismo blanco) ni poder campesino (fracaso de la reforma agraria) ni poder periodístico (prensa mediatizada y ramplona) ni poder indio (cuatro millones de indígenas en manos de Dios y de la filantropía) donde no hay siquiera poder legislativo (unipartidismo y dedocracia) el poder estudiantil (…) es todavía una meta distante y lejana y necesaria como la existencia misma de esa nuestra vida política y esa nuestra dignidad social”.

Monsiváis asistió a reuniones del Consejo Nacional de Huelga en Filosofía y Letras y escuchó sin quejarse hablar del “proletariado destinado a tomar el poder”, “las estructuras del estado democrático, causa de la opresión de los mexicanos”, rollos y más rollos en vez de medidas prácticas. La creación del CNH (Consejo Nacional de Huelga) se debió al líder Raúl Álvarez Garín y la escuela de Físico Matemáticas del Politécnico quienes convocaron a 70 escuelas incluyendo a las preparatorias. Con una enorme habilidad y con la ayuda del astrofísico Manuel Peimbert Sierra, Raúl introdujo el orden y la cohesión. Finalmente, “la Tita”, Roberta Avendaño y Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca se convirtieron en líderes naturales por simpáticos; hacían reír lo cual es una buena forma de hacer política.

A diferencia de otros movimientos estudiantiles en el mundo, el 68 mexicano terminó en la matanza del 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas en la unidad habitacional de Santiago Tlatelolco y el 3 de octubre, Abel Quezada rellenó de negro el espacio de su caricatura en el diario Excélsior e hizo la pregunta: “¿Por qué?” Han pasado 50 años, los padres de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa preguntan ante todas las ventanillas gubernamentales: “¿Dónde están?” y el Estado de Veracruz, agujereado por más de 250 fosas llenas de restos humanos, sigue siendo un moridero. Si aún no sabemos el número de muertos en 1968, el número de desaparecidos en México es hoy, en 2018, de más de 36.265 según la Secretaría de Gobernación. ¿Qué nombre podemos darle a esta nueva noche de Tlatelolco?

El País
Elena Poniatowska
Ciudad de México
Martes 2 de octubre de 2018.


En la Cámara de Diputados se develó la inscripción Al Movimiento Estudiantil de 1968 en el Muro de Honor del salón de sesiones, frente a una asamblea a reventar y con gritos como el "¡Goya!" y "¡2 de octubre no se olvida!".

La mañana de hoy martes, los coordinadores parlamentarios de San Lázaro, encabezados por el presidente de la Junta de Coordinación Política, Mario Delgado Carrillo, retiraron la cortina de terciopelo que tapaba a las letras entre el aplauso de los asistentes.

Luego del acto, los diputados del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) realizaron un conteo por los 43 normalistas desaparecidos de Iguala, Guerrero, en 2014; y reclamaron justicia.

Inició los discursos de Félix Hernández Gamudi, representante del Comité 68; y posteriormente el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers, y el director del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Mario Alberto Rodríguez Casas.

El Universal
Ciudad de México
Martes 2 de octubre de 2018.

 

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