El ex policía de Arizona ha sido hallado culpable por no cumplir la orden de dejar de 'cazar' indocumentados basándose en su aspecto

La justicia ha decidido el final del camino para el ex sheriff Joe Arpaio. Una jueza de Arizona ha declarado este lunes a Arpaio culpable de desacato por negarse a cumplir la orden de un juez federal de dejar de utilizar tácticas para detener inmigrantes irregulares basadas en el racismo. La sentencia, que se conocerá en octubre, podría acarrear seis meses de cárcel para el antiguo carcelero de Phoenix.

Durante la última década, Arpaio convirtió a los agentes de la oficina del sheriff del condado de Maricopa (área de Phoenix) en agentes de inmigración, con manga ancha para detener a todo aquel que consideraran sospechoso de estar ilegalmente en Estados Unidos. Solo hay una forma de que alguien sea sospechoso de ser indocumentado, básicamente, el color de su piel. Las acusaciones de racismo contra los agentes de Arpaio derivaron en una denuncia colectiva. En 2011, un juez federal de Arizona consideró estas prácticas ilegales y ordenó a Arpaio que cesara en esta política.

La sentencia de este lunes considera que Arpaio ignoró deliberadamente esta orden y siguió aplicando las mismas tácticas, que han supuesto un calvario para los inmigrantes en Arizona, particularmente hispanos. Los abogados de Arpaio argumentaron que la orden del juez no estaba clara. La actitud desafiante de Arpaio fue considerada una estrategia electoral para su reelección en 2012.

El lunes, el ex sheriff reaccionó con un comunicado atacando a la juez. Anunció que recurrirá la decisión para tener un juicio con jurado. “La juez Susan Bolton ha violado la Constitución de los Estados Unidos al publicar su veredicto sin ni siquiera leérselo al acusado en público. El veredicto es contrario a lo que dijeron todos los testigos en el caso. Arpaio cree que un jurado habría fallado a su favor, y que lo hará”.

En el comunicado, Arpaio dice además que lo que él hacía como responsable de la policía regional del centro de Arizona no es más que lo que hacen “muchos otros” cuerpos policiales. “De hecho, el Departamento de Justicia ahora persigue a las agencias policiales que no lo hacen”.

Arpaio fue un importante apoyo de Donald Trump como candidato desde el principio y participó junto a él en mítines de campaña en el suroeste. En los años de Arpaio, los agentes del sheriff de Maricopa eran prácticamente agentes de inmigración, que mantenían detenida a gente sin ningún delito más que ser sospechoso en tener papeles, mientras la Policía de Inmigración (ICE) comprobaba los datos. Después, los entregaban para enfrentar el proceso de deportación.

Esto es exactamente lo que el Gobierno de Donald Trump, a través del fiscal general, Jeff Sessions, pretende que hagan todas las policías locales del país. Sessions ha llegado a publicar informes periódicos para señalar públicamente a las policías que no colaboran con inmigración y ha recortado fondos federales a estas ciudades, aunque su margen en este sentido es muy limitado. Por el momento, Sessions solo ha encontrado colaboración en Texas, y no por parte de la policía, sino del Legislativo estatal controlado por los republicanos, que ha aprobado una ley que sanciona a los cuerpos policiales que no colaboran con ICE.

El autoproclamado sheriff más duro de América, que tiene 85 años, perdió las elecciones a alguacil del condado de Maricopa el pasado mes de noviembre después de 23 años en el cargo. El alcalde la ciudad, el demócrata Greg Stanton, lo definió en su día como “la persona más malvada que he conocido en mi vida”.

Arpaio perdió contra Paul Penzone, un candidato que hizo su campaña apoyado en la movilización sin precedentes del voto latino (20% del electorado) en Arizona contra Arpaio. El propio Penzone reconoció que no sería sheriff sin el apoyo de los latinos, durante la reunión anual en Phoenix del lobby latino más grande de Estados Unidos, a principios de julio.

El País
Pablo Ximénez de Sandoval
Corresponsal en California
Los Ángeles, California E.U.
Lunes 31 de julio de 2017.


En un refugio aquí, al otro lado de la frontera de Arizona, los voluntarios acumulan alimentos y otros suministros en caso de una gran afluencia de deportados desde el otro lado.

“No queremos sorpresas del Sr. Trump”, dice Juan Francisco Loureiro, director del centro de migrantes Don Bosco, acerca de los planes del presidente de intensificar las deportaciones. “Necesitamos estar listos”.

A lo largo de la frontera, los recientes deportados y los recién llegados desde el sur sopesan si seguir viaje hacia los EE.UU. o si, simplemente, volver a casa y admitir la derrota.

“Ahora es demasiado difícil, con Trump”, afirma Alejandro Ramos Maceda, de 33 años, recientemente deportado tras ser detenido en una parada de tránsito, en St. Louis, donde -según dice- tiene a su esposa y dos hijas, ambas ciudadanas estadounidenses.

Desalentado, Maceda planea quedarse en México por el momento, una opción que muchos otros deportados con familia en los EE.UU. han aceptado a regañadientes. “Quizás mi esposa venga a visitarme”, dice, aunque su tono no contiene mucha esperanza.

Nada se ha movilizado aún aquí para la construcción del muro propuesto por el presidente Trump. Tampoco hay señales de aumento de las fuerzas de la Patrulla Fronteriza como parte de la prometida barrera. Pero entrevistas en suelo mexicano sugieren que, en pocas semanas, el nuevo mandatario ha tenido un profundo efecto sobre cómo actúan, planifican y, aún más importante, piensan al otro lado de la frontera. Aunque su estrategia apenas ha comenzado a ser promulgada, Trump está profundamente enraizado en la mente de las personas.

“Es mucho más difícil cruzar de lo que pensábamos”, dice Vicente Vargas (15), uno de cinco adolescentes del estado mexicano de Puebla, quienes afirman que regresarán a su casa, desalentados por lo dificultoso -y costoso- que resulta superar la frontera, especialmente teniendo en cuenta la posibilidad de ser detenidos del otro lado.

Que las dificultades actuales no tengan nada que ver con Trump no importa: Vicente y sus abatidos colegas culpan al proyecto del mandatario estadounidense. Incluso los deportados detenidos meses antes de la asunción de Trump parecen apuntar a la nueva administración.

“Hay mucha incertidumbre en este momento”, afirmó Jesús Arturo Madrid Rosas, representante del Grupo Beta, una organización de ayuda del gobierno mexicano que brinda asistencia a los migrantes. “La gente no sabe qué va a suceder. Tal vez esto esté alejando a algunas personas”.

Rosas y otros enfatizan que muchos factores -el clima tempestuoso, el reforzamiento de la frontera desde la era previa a Trump, las tarifas cada vez más altas cobradas por los contrabandistas- están probablemente ralentizando el tráfico humano hacia el norte.

Los rumores, tanto acerca de las amnistías como del endurecimiento de las medidas estadounidenses, se han filtrado hace tiempo en las comunidades “de partida” de migrantes y han influido en el comportamiento de éstos. Los meses de primavera suelen ser los más concurridos.

Pero Trump -o ‘Tromp’, como se pronuncia aquí el apellido del presidente, sin mucho cariño- a menudo es considerado culpable, o responsable, según el punto de vista de cada uno.

“No estoy de acuerdo con este Trump, pero está haciendo lo que la gente quiere”, expresa Eliseo Estrada, un corpulento comandante de la policía de Nogales, desde un punto clave donde la cerca existente de la frontera -una ondulante cortina de acero de 15 pies de altura- separa esta bulliciosa ciudad de la mucho más pequeña Nogales, en Arizona. “A México también el vendría bien un presidente fuerte”, remarca.

Debajo de la colina, en la ciudad, donde los patios traseros colmados de bicicletas, mesas y juguetes lindan con la barrera fronteriza, santuarios marcan el sitio donde, en 2012, un agente de la Patrulla Fronteriza disparó cerca de 10 veces a través de una brecha en la cerca a un adolescente mexicano, José Antonio Elena Rodríguez. El esperado juicio por asesinato que enfrentará el agente, Lonnie Swartz, comenzará este año.

Incluso los contrabandistas de personas, conocidos como ‘coyotes’ -cuyas tarifas se ajustan a medida que cruzar se vuelve una tarea más difícil- sostienen que la dura táctica al otro lado ha llenado de inseguridad a muchos.

“La gente está psicológicamente traumatizada”, afirma un veterano coyote, un delgado anecdotista con risa de tequila, quien pidió no ser identificado por temor a un arresto.

En el lado estadounidense también la táctica de Trump causa ansiedad, ya que la gente se pregunta acerca de sus familiares y vecinos que podrían ser deportados, o por aquellos en México que quedarían permanentemente separados de sus seres queridos.

“Es de lo único que se habla: Trump, la frontera, las redadas, las deportaciones”, asegura el sheriff Tony Estrada, del condado de Santa Cruz, en Arizona. “Lo oyes en los cafés, en los restaurantes, en todas partes”, dice Estrada, quien nació en el lado mexicano y emigró cuando era niño con su familia a Arizona. “La gente tiene miedo”.

Una imagen en una instalación artística sobre la cerca representa el rostro bigotudo de Jesús Malverde, una suerte de Robin Hood de comienzos del siglo XX, quien hoy es reverenciado como patrón de narcotraficantes y bandidos en México. Pese al control de años recientes, las drogas ilícitas siguen pasando a través de los túneles narco excavados por debajo de la cerca, en cargas tiradas o levantadas, y en los semirremolques y autos que pasan por los concurridos puertos de entrada, a veces rociadas con un poderoso extracto de pimiento chile para disuadir a los perros de las autoridades.

Mucho antes de la era Trump, las sucesivas administraciones estadounidenses invirtieron miles de millones de dólares para contratar más guardias, mejorar la barrera y desplegar equipamiento militar -como sensores de tierra hasta aviones no tripulados y torres de observación con cámaras-. No hay duda de que la inversión ha hecho que los cruces sin permiso sean más caros y difíciles, además de peligrosos, como lo demuestran las decenas de migrantes que han perecido en los últimos años al intentar cruzar el desierto de Arizona.

En la actualidad, nadie se aventura aquí sin un contrabandista. La época de los grandes grupos que luchaban por su propia cuenta ha desaparecido hace tiempo. Los sindicatos delictivos que manejan las drogas también controlan el comercio de personas. “La mafia demanda su parte”, afirma el coyote locuaz, quien se dedica a esas labores hace dos décadas.

Los miradores ocultos, conocidos como ‘puntos’, observan de cerca la franja fronteriza e informan a los superiores sobre cualquier actividad. Al este de la ciudad, donde la imponente valla de acero da paso a una barrera creada con vías de ferrocarril viejas cubiertas con alambre de púas, la evidencia de cruces del pasado es clara: botella de aguas vacías, paquetes de comida desechados, fogatas ya extinguidas.

Huellas y desechos se alinean formando un misterioso y abandonado campo santo, conocido como el cementerio chino, el lugar de descanso eterno de muchos fallecidos de la antigua y próspera comunidad china que vivía en la región, y que fue obligada a retirarse a comienzos del siglo XX, en medio de una ola de xenofobia. Sin embargo, encontrar a alguien cruzando por esta zona, alguna vez llena de potenciales migrantes, es ahora una tarea imposible.

Dos agentes de la Patrulla Fronteriza, con su vehículo verde y blanco estacionado en un camino de tierra en el lado estadounidense, son escépticos de que el muro planeado por Trump resulte efectivo, dado el terreno irregular y montañoso, y las peligrosas tormentas de verano. “Una pared podría probablemente desaparecer cuando llegaran los monzones”, concluye uno de los agentes, que se negó a ser identificado por no contar con autorización para hablar del tema.

Los coyotes cobran ahora cerca de $4,000 por persona para contrabandear a gente indocumentada hacia Tucson, a sólo 60 millas al norte, y $6,000 para llegar a Phoenix. Las tarifas son cinco veces más altas de lo que eran hace una década, cuando este tramo de la frontera internacional era por lejos el más concurrido del suroeste. Entre los años fiscales 2006 y 2016, sin embargo, las detenciones anuales de la Patrulla Fronteriza en el sector de Tucson -que incluye la franja de Nogales- se desplomaron de casi 400,000 a cerca de 65,000.

De hecho, el desarrollo de la frontera de Trump llega en tiempos donde el tráfico de inmigrantes sin permiso es bajo. En toda la región fronteriza sudoeste, los agentes en el año fiscal 2016 registraron 408,870 arrestos -comparado con 1.1 millones en 2006 y 1.6 millones en 2000-. Los ciudadanos centroamericanos ahora superan a los mexicanos detenidos.

A pesar de los desafíos considerables, no todo el mundo está disuadido. Se sabe que nadie puede detener a aquellos decididos a cruzar. El contrabandista afirmó que esa misma noche cruzaría a tres clientes; muchos deportados sostienen que no tienen más remedio que volver.

“Mi vida está al otro lado”, señala Oscar Félix, de 48 años, desde un refugio católico para deportados, que provee desayuno a los migrantes. “Desde luego que volveré”.

Félix vivió 30 años en la zona de Phoenix después de ingresar ilegalmente a los EE.UU. cuatro décadas antes, donde comenzó a trabajar como mecánico. Tiene cuatro hijos nacidos en ese país, de edades entre 14 y 1 año de edad. El hombre fue arrestado en diciembre pasado por una orden de captura pendiente, emitida por conducir sin licencia. Estuvo detenido por tres días y luego fue entregado a agentes de inmigración, quienes lo retuvieron por dos meses y medio antes de su deportación, en febrero. Ahora, planea visitar a su familia en Ciudad Obregón, su pueblo natal, y de allí volver a cruzar. No tiene dudas de que lo logrará.

“No tengo vida en México; mi vida, mi familia, están al otro lado”, dice el afligido Félix, de pie bajo una fría lluvia que cae en el exterior del refugio con desayuno gratuito. “No se trata de Trump. Se trata de mi familia. Tengo que regresar a Phoenix”.

Los Angeles Times
Patrick J. McDonnell
Los Ángeles, Cal. EU.
Martes 28 de febrero de 2017.


Ante la llegada masiva de migrantes haitianos y africanos a la frontera norte del país conviene, como se ha visto a nivel internacional, atender la situación desde el principio para que no se agrave y tenga complicaciones de carácter internacional, señalaron especialistas de la UNAM. Es importante, dijeron, cambiar la atención asistencial (albergue, comida y atención médica) por apoyo para buscarles vivienda y trabajo.

Cecilia Imaz Bayona, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), refirió que en los últimos años México se ha abierto a la idea de ver a la migración no como amenaza, sino como oportunidad. “Lo hemos visto en otras oleadas; los migrantes dan, aportan”.

Además, en nuestro país estamos obligados a tener una actitud inclusiva, sobre todo por la posición de nuestro gobierno ante la Asamblea de las Naciones Unidas, de atención a los migrantes, en obvia referencia a la población mexicana en Estados Unidos, pero también a la de tránsito.

En conferencia de medios, la universitaria mencionó que las personas que llegan al territorio nacional desde Haití o África “ya quemaron sus cartuchos”, pues se estima que han gastado en su viaje entre ocho mil y 12 mil dólares.

A escala mundial, opinó, se deben atender las crisis sin precedentes de asilo, refugio y migración, porque no sólo se trata de personas en una situación desesperada, sino que también alteran el ambiente al que llegan, “aunque lo que pasa en México no tiene comparación con lo que ocurre en Europa”.

Asimismo, Imaz recalcó que la migración extranjera ha opacado a la interna. “Hay una enorme cantidad de michoacanos y guerrerenses que han abandonado sus comunidades y están en busca de asilo por la situación de inseguridad, y hay que poner atención en ellos. Buscan refugio porque su vida está en riesgo”.

Roberto Herrera Carassou, también de la FCPyS, expuso que la situación que se vive en Tijuana bordea los términos de una crisis humanitaria, a pesar de que se puede inscribir como un episodio más de la tragedia migratoria internacional que nos ha tocado vivir en los últimos años en varias partes del mundo.

“Ha llegado un gran contingente proveniente de países centroamericanos y de Brasil (en donde se emplearon con motivo del Mundial de Futbol y de los Juegos Olímpicos), y otros que planearon un viaje para llegar a EU a través de nuestro territorio”.

El factor de atracción que ejerce la Unión Americana sobre la población en América Latina sigue siendo uno de los incentivos mayores para que esas crisis se produzcan. Es un problema de supervivencia, de búsqueda de trabajo donde exista.

Pero, enfatizó, no hay que esperar a que esto se convierta en una crisis humanitaria, y encontrar respuestas que den solución no sólo a este problema coyuntural, sino a los que pudieran venir en el futuro.

Se estima que 120 mil migrantes cruzan la frontera con EU cada año; sin embargo, el sueño americano es una utopía que no se cumple con facilidad para la mayoría. Hoy, el hecho de que México ocupe el segundo lugar por ingresos más altos de remesas, es un “acto heroico”, calificó.

Por último, Jorge Alberto Tenorio Terrones, también de la FCPyS, explicó que los migrantes continúan su camino con la meta de llegar a Estados Unidos, “pero no les disgustaría quedarse en México”. Por ello, habría que preguntarnos si somos sólo un país de tránsito.

En el auditorio Pablo González Casanova de la FCPyS, recalcó que se presenta descontento en Tijuana no sólo por las cuestiones sanitarias u otros problemas que provoca el hacinamiento, como el acceso a alimentos; a ello hay que sumar el problema de racismo que hay en México.

Esta situación no debe verse como una tragedia; los migrantes crearán redes y saldrán adelante como lo hacen los mexicanos en EU. El reto y la responsabilidad que ese fenómeno implica deben ser compartidos por el gobierno y la sociedad, concluyó.

Puebl@Media
Ciudad de México
Martes 15 de noviembre de 2016.

En el editorial del semanario Desde la fe, la Arquidiócesis Primada de México afirma que "México es el lugar donde los migrantes sufren, padecen y mueren".

La Arquidiócesis Primada de México señaló que en cuestión migratoria, "el territorio nacional se convierte en campo de sangre abonado por intereses mezquinos e inhumanos al explotar estas situaciones de vulnerabilidad de hombres, mujeres y niños, provocando la indignación y señalando las políticas oficiales de hipócritas, falaces e ineficaces".

En su editorial del semanario Desde la fe, la Arquidiócesis que encabeza el cardenal Norberto Rivera Carrera, afirma que "México es el lugar donde los migrantes sufren, padecen y mueren", por lo que consideró que ante la magnitud de la crisis que se vive en ese ámbito, este "ya no debería ser un asunto dejado a la incompetencia de entidades políticas y policiales".

Considera que "contra la supuesta modernización de los programas migratorios levantados sobre discursos adornados y aderezados en el populismo y palabras vacuas, los migrantes son objetivo de los negocios del crimen organizado en colusión con las autoridades como mercenarios de muerte".

Se cita información de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), respecto a que en 2014 los delitos cometidos contra migrantes fueron a la alza, toda vez que la tasa de secuestros repuntó cerca del 800% y en 2013, según el ombudsman nacional, cerca de 11 mil personas fueron privadas de la libertad, sufriendo vejaciones contra su integridad y seguridad.

La Arquidiócesis resalta que en su visita, el papa Francisco tocará diversas realidades que laceran la vida de México, entre ellas, la crisis migratoria.

"El papa Francisco apela a la conciencia de todos para no ver a los migrantes como extraños y pone en entredicho estas buenas intenciones que sólo en el papel son alabadas y en la realidad representan el fracaso de los objetivos oficiales para mejorar las condiciones de miles en tránsito por el país.

México debería sostener una política fuerte, decisiva y valiente contra los dictados de otras potencias que han maltratado a los migrantes. Y esa será una de las denuncias del papa Francisco en su próxima visita a lugares que se han convertido en tumbas de personas que buscan bienestar y prosperidad.

"Es notable este llamado de la Iglesia para acabar con esta vergüenza de políticas destructoras e ineficaces y apelar a la solidaridad en defensa de los migrantes señalados como los no iguales a nosotros".

El Universal
Ciudad de México
Domingo 8 de noviembre de 2015.

México, el policía fronterizo de EU. El Instituto de Política Migratoria atribuye esta situación a las presiones de EU.

Ciudad de México.- La migración de mexicanos a Estados Unidos ha disminuido desde 2007, mientras que la proveniente del “triángulo norte” de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) ha aumentado, de acuerdo con el Instituto de Política Migratoria (MPI por sus siglas en inglés). Sin embargo, para muchos migrantes el “sueño americano” termina desde México.

De 2010 a 2015 México y Estados Unidos han deportado, en conjunto, a casi un millón de personas provenientes de esos tres países. En 2010 el total fue de 143 mil migrantes, mientras que en 2014 la cifra ascendió a 209 mil. Seis de cada diez fueron expulsados por el país norteamericano y los 87 mil restantes por México.

Este año México ha deportado 106 mil 222 migrantes provenientes de estos tres países, de acuerdo con el Boletín de Estadísticas Migratorias de septiembre de 2015, elaborado por la Secretaría de Gobernación (Segob).

Entre 2010 y 2014, El Salvador ha recibido el menor número de deportaciones: 171 mil; mientras que el total para Guatemala en el mismo lapso asciende a 368 mil y para Honduras, en 301 mil.

El aumento de deportaciones realizadas por autoridades mexicanas se debe, probablemente, a la implementación del Programa Frontera Sur, implementado el año pasado como resultado de la presión de Estados Unidos en este país, de acuerdo con el reporte “Migrantes deportados de Estados Unidos y México al Triángulo Norte. Un perfil estadístico y socioeconómico”, publicado por el MPI en septiembre pasado.

En 2007 el número de inmigrantes ilegales provenientes de México comenzó a mostrar una tendencia a la baja. De 6.95 millones que llegaron en ese año al país norteamericano, en 2012 solo se reportaron 5.85 mexicanos en búsqueda del “sueño americano,” de acuerdo con el Pew Research Center. En ese mismo lapso de tiempo, el número de inmigrantes provenientes del “triángulo norte” de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) comenzó a subir.

La población de estos tres países es de 29 millones de personas, aproximadamente un cuarto del total de mexicanos (120 millones), por lo que la aprehensión y deportación de aproximadamente 239 mil migrantes centroamericanos en 2014 por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos representa un particular punto de alerta para el MPI.

Niños, niñas y adolescentes

En el caso de los menores de edad sin compañía de un adulto, las cifras van en aumento drásticamente. En 2010 tres mil niños y adolescentes intentaron llegar a Estados Unidos pero fueron regresados a su país. Durante este año los registros tienen a 13 mil menores deportados. Nueve de cada diez solo llegaron hasta México.

En 2014 el número de niños y niñas menores de 12 años que fueron deportados aumentó más de cinco veces en comparación con 2013: de mil 100 a 5 mil 700; al mismo tiempo, el número de niñas deportadas se triplicó: de mil 800 en 2013 a 5 mil 500 el año pasado, aunque los niños siguen siendo mayoría (casi 11 mil el año pasado).

México deportó a casi seis veces el número de menores que Estados Unidos en 2014 y de acuerdo con las proyecciones del MPI, este número se duplicará a finales de 2015.

Perfil de los deportados

“Contrario al estereotipo del joven miembro de pandilla centroamericano, 61% de los adultos y 95% de los menores deportados de Estados Unidos no tienen antecedentes criminales”, afirma el reporte del MPI. De quienes sí los tienen, 63% han sido condenados por crímenes no violentos, 29% por crímenes violentos y 3% por delitos relacionados con drogas.

Cuatro de cada 10 centroamericanos deportados estaban empleados antes de ser expulsados a su país, la mayoría (50 mil) en agricultura, seguidos por empleos en la industria de la construcción (26 mil), trabajos que no requieren instrucción como ayudantes o conserjes (13 mil), servicios (11 mil), profesionistas (7 mil) y por último, trabajos industriales o en el sector transportista (6 mil).

Más de 60% de los deportados son menores de 29 años y poco más de 80% son hombres. Sólo 2% estudiaron una licenciatura.

El Universal
Ciudad de México
Martes 13 de octubre de 2015.

Los mandatarios de México y EU se reunieron esta mañana en la Casa Blanca

Washington– Estados Unidos ha seguido con preocupación los hechos trágicos de los normalistas, por lo que ofrece a México su apoyo para combatir el flagelo del crimen organizado, afirmó el presidente Barack Obama.

El primer mandatario estadounidense dijo esto al presidente Enrique Peña Nieto durante su encuentro privado en la Oficina Oval de la Casa Blanca, sin embargo, dijo que en última instancia será el pueblo mexicano el que tome la decisión sobre este apoyo y resuelva a través de la justicia este tema.

En un mensaje a medios el mandatario estadounidense aseguró que el encuentro que sostuvo con su homólogo es para profundizar los vínculos que mantienen a ambas naciones.

"En materia de seguridad hemos seguido con preocupación los hechos trágicos de los estudiantes. El presidente (Peña Nieto) habló de su estrategia y nosotros queremos apoyar esas medidas para apoyar el flagelo", señaló.

Por otra parte, el presidente Enrique Peña Nieto también reconoció que durante el encuentro Obama le hizo un ofrecimiento claro para que México pueda seguir siendo contundente y eficiente en el combate al crimen organizado. Sin embargo, no precisó si aceptó este tipo de ayuda.

Advierte Obama fallas de sistema migratorio

Barack Obama afirmó que el sistema migratorio en Estados Unidos está roto por lo que debe ser reparado.

Por ello, insistió que su plan anunciado el 20 de noviembre pasado busca apoyar a migrantes que han acreditado su estancia en el país, sin embargo, aclaró, las fronteras deberán seguir siendo controladas.

Sobre este tema Peña Nieto afirmó que el Gobierno mexicano dejó clara su demanda para que la población migrante reciba los beneficios de este plan. Además, el presidente mexicano felicitó a Obama por su decisión audaz.

Ambos mandatarios coincidieron en que han avanzado en diferentes temas, principalmente en el comercial y en el educativo.

Associated Press/ Reforma
Washington, Estados Unidos
Martes 06 de enero de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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