El escritor Mario Vargas Llosa fue hospitalizado tras sufrir una caída en su casa de Madrid, España y se reporta fuera de peligro con un leve traumatismo en la cabeza y un hematoma en el glúteo.

“El paciente don Mario Vargas Llosa ha sufrido una caída en su domicilio de madrugada, produciéndole un dolor intenso en la zona de glúteo y cadera izquierda”, señaló la clínica Ruber Juan Bravo en un comunicado.

El ganador del Premio Nobel de Literatura 2010 permanecerá en observación; hasta el momento se le han realizado diversos estudios de imagen, radiología simple y TAC, reporta la prensa.

Vargas Llosa, de 82 años, no ha reportado problemas serios de salud en los años recientes, con excepción de una afección cutánea, registrada hace dos años tras el ataque de un banco de medusas.

Proceso
Ciudad de México
Jueves 21 junio 2018.


La animadversión del escritor Mario Vargas Llosa hacia el dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, no es nueva.

Desde antes de la primera elección del tabasqueño a la Presidencia de la República, el literato español de origen peruano arremetió contra AMLO todas las veces que pudo para tratar de desprestigiarlo, dañar su imagen y la del movimiento de izquierda que representa.

Sin embargo, en cada uno de sus intentos, el periodista Jaime Avilés, director fundador de Polemón, lo puso en su lugar. Con un ingenio extraordinario, casi siempre desde su columna Desfiladero que escribió por muchos años en el diario La Jornada, Avilés refutó las declaraciones contra López Obrador dichas por este intelectual.

En 2005, al recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Vargas Llosa dijo que el populismo es el causante de la miseria, el atraso y la corrupción en América Latina y exhortó a los mexicanos a no votar por AMLO, a no votar por “el populismo”.

Ante esto, Jaime Avilés escribió un texto titulado, Vargas Llosa en el espejo de Céline, incluido dentro del Desfiladero, su columna de opinión semanal en La Jornada, el cual vale la pena rememorar:

“Mario Vargas Llosa repitió el discurso que había recitado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, un fervoroso mensaje de apoyo al salinismo en México y al colonialismo en América Latina.

Con vehemencia rayana en la esquizofrenia, el autor de La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, y tantas deleitosas creaciones literarias más, ofreció a sus escuchas una receta que sólo propaga y agudiza los males que supuestamente desea combatir.

Dijo que el populismo es el causante de la miseria, el atraso y la corrupción en nuestros países y que, a pesar de la falta de resultados económicos en beneficio de los pobres, “debemos perseverar” en la aplicación de las políticas del libre comercio (que tanto han enriquecido a los que ya eran ricos, dicho sea de paso).

Sobre esta sólida base argumental plantó su estandarte propagandístico, exhortando a los mexicanos a “no votar por el populismo” o, como apuntó en Guadalajara, a darle la espalda a “ese señor de la ciudad de México”, en clara referencia al precandidato de las mayorías nacionales. El objetivo final de esta prédica fanática y descabellada era impactar las primeras planas de los diarios y lograr titulares que resumieran el mensaje en pocas palabras: “Vargas Llosa contra López Obrador”.

El fanatismo político del gran escritor despierta inquietantes dudas. ¿Qué lo impulsa a obrar de este modo? ¿Estará enfermo de cataratas ideológicas y éstas le empañan las retinas hasta incapacitarlo para ver que el atraso, la miseria y la corrupción han sido precisamente las peores consecuencias de los gobiernos neoliberales habidos en México desde 1982? La respuesta afirmativa a esta pregunta es muy difícil de aceptar. El problema, su problema, tiene que estar en otra parte.

Louis Ferdinand Céline, uno de los mayores escritores de Francia en el siglo XX, colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial porque odiaba a los franceses y entre ellos, desde luego, a los judíos. Esa conducta patológica no desmerece en absoluto su grandeza literaria, pero lo rebaja a la condición de monstruo, a la que pertenecen por igual Hitler, Stalin, Mussolini y el presidente de Estados Unidos que después de tantos horrores cometió el peor de todos al arrojar bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

En la condena a la brutalidad no puede haber atenuantes. Vargas Llosa no parece actuar movido por la razón sino por el odio. Muy pálidos han sido sus reproches a los crímenes de George WC en Irak, pero en cambio no pierde oportunidad para hablar en contra del presidente constitucional de Venezuela, el gobernante latinoamericano económicamente más exitoso si atendemos a las cifras que le atribuyen a ese país un crecimiento anual de 8 por ciento, en promedio.

¿Qué persigue Vargas Llosa en el contexto de la agresión política y militar que la Casa Blanca prepara contra América Latina? Así como en México la ultraderecha se desgañita ladrando que detrás de López Obrador está Hugo Chávez, en Bolivia acusan de lo mismo a Evo Morales, el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) que ganará las elecciones presidenciales del próximo domingo 18 de diciembre.

Desde que los halcones de Washington advirtieron que la victoria electoral del dirigente indígena sería inevitable, Condolencia Arroz y Donald Rumsfeld, entre otros, han externado su “preocupación” porque “detrás del MAS está Hugo Chávez”. Esa cantaleta falsa, pero reiterativa, tiene objetivos estratégicos. De acuerdo con las leyes bolivianas, si Evo no consigue 50 por ciento del voto ciudadano, los diputados designarán al nuevo presidente de la república mediante negociaciones que permitirán la formación de una mayoría legislativa.

Todo el mundo sabe, incluido Vargas Llosa, que Evo no alcanzará ese 50 por ciento y que los partidos de la derecha, durante la segunda quincena de enero, designarán al ex presidente Jorge Quiroga, un hombre de mano dura, cerebro obtuso, acendradas creencias neoliberales y lealtad absoluta a WC.

Pero todo el mundo sabe también que ese resultado será inaceptable para las grandes mayorías indígenas que se sentirán estafadas por los poderosos y emprenderán la resistencia hasta lograr la caída de Quiroga.

Cuando esto suceda, y por desgracia sucederá, el “único responsable” de la violencia en Bolivia será Hugo Chávez, a quien WC acusará de “exportar la revolución bolivariana”, etcétera. Pero eso no es todo. La insurgencia cívica de ese amado país andino y amazónico se desarrollará a lo largo del primer semestre de 2006 y a la par de las campañas electorales en México. Y Vargas Llosa debe saber sin duda que tanto Felipe Calderón como quien quiera que sea entonces el candidato presidencial del PRI gritarán a los cuatro vientos que eso mismo es lo que nos espera a los mexicanos si López Obrador no sufre una derrota contundente e inapelable.

Al servicio del petróleo

Ante la remota probabilidad de que Evo Morales asuma el gobierno de Bolivia, Estados Unidos logró hace unos días que el ejército de la afligida nación le entregara un juego de misiles balísticos de defensa contra ataques aéreos. Al mismo tiempo, WC trató de impedir que España le vendiera un paquete de aviones militares a Venezuela. Como salta a la vista, la Casa Blanca empieza a esgrimir amenazas bélicas en el subcontinente y quienes en México han adoptado el argumento propagandístico de la presunta identidad política entre Chávez y López Obrador están metiendo a nuestro país en una peligrosa dinámica de guerra.

Excepto quizá Vargas Llosa, nadie ignora que no hay en el mundo un arma biológica más destructiva que George WC Bush. Derrotado por la resistencia patriótica de los iraquíes, carcomido por una crisis que irá paulatinamente agravándose en el intestino de su gobierno, Bush maniobra para que no escapen a su control geoestratégico las colosales reservas de gas natural que hay en la región oriental de Bolivia, cuya envergadura es semejante a las que de petróleo tiene Venezuela.

Como estos datos cruzados bien lo demuestran, Vargas Llosa ha dejado de ser una inteligencia al servicio de la humanidad para transformarse en un defensor de los intereses petroleros de Estados Unidos. ¿No es ésta una de las cosas más tristes que pueden sucederle a un artista? Pero ebrio de las famosas medicinas “amargas pero necesarias” que tan obstinadamente recomienda, por alguna razón que tampoco parece comprensible no advierte que las políticas neoliberales, entre tantas otras desgracias, están convirtiendo a los lectores de literatura en miembros de una especie en extinción.

En México, donde los mexicanos leemos medio libro al año per cápita, la siempre paradójica realidad nos dice al oído que cuando los periódicos resaltan en grandes encabezados la idea central de que Vargas Llosa está contra López Obrador, un altísimo porcentaje de la gente pobre que mira esa noticia no sabe -lo que no deja de ser una honda pena- quién es y qué ha hecho Vargas Llosa y, en consecuencia, no abandonará la esperanza que tiene cifrada en López Obrador. Así de sencillo, así de triste”.

Polemón
Ciudad de México
(@revistapolemon)
Jueves 1 marzo de 2018.


El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa advirtió del 'suicidio democrático' si mexicanos eligen a López Obrador como Presidente


En la víspera del inicio de las campañas electorales en México, el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa advirtió del suicidio democrático que cometerían los mexicanos de elegir como Presidente, en los comicios del 1 de julio, al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Cáustico en sus apreciaciones sobre el ex Jefe de Gobierno de Ciudad de México, el escritor de origen peruano aseveró que el tabasqueño representa una democracia populista y demagógica, con recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero, por lo que deseó que los mexicanos voten con lucidez y no con el estómago.

A pregunta expresa de REFORMA de si estaría dispuesto a debatir con el aspirante sobre su propuesta de Gobierno, toda vez que el líder de Morena se autodefine como un liberal, Vargas Llosa lanzó una carcajada y de forma sarcástica cuestionó dichos argumentos.

"¿Él se considera un liberal?", indicó mientras continuaba riendo, sin dar una respuesta al respecto.

"Mi esperanza es que haya suficiente lucidez como para ver a dónde conduce ese suicidio de votar por el populismo, de votar por la demagogia, con recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero".

Entrevistado durante la presentación de su último libro "La llamada de la tribu", una autobiografía intelectual y política en la que contrasta las discrepancia y semejanzas de siete autores liberales que han marcado su vida, el escritor también reconoció que existe un grave riesgo de que en las elecciones de México el crimen organizado pueda intervenir para tratar de influir en el resultado.

Desde su óptica, los mexicanos deben tomar en consideración la tragedia que ocurre en Venezuela, donde acusó que se ha impuesto una dictadura.

"Yo espero que no gane López Obrador. Creo que sería un retroceso tremendo para la democracia en México", enfatizó Vargas Llosa.

Reforma
Ciudad de México
Miércoles 28 febrero de 2018.


Mario Vargas Llosa

Hace tiempo que no leía algo tan triste y deprimente como la colección de chismes, intrigas, vilezas y estupideces que ha reunido Michael Wolff en su libro sobre Trump

¿Cómo se fabrica un best-seller? Así. La editorial Henry Holt lanza un comunicado explicando que pronto aparecerá el libro Fire and Fury del periodista Michael Wolff, que revela muchos secretos sobre Trump en la Casa Blanca, y da algunos ejemplos particularmente escandalosos. De inmediato el presidente Trump reacciona con su virulencia acostumbrada en sus tuits matutinos y sus abogados anuncian que acudirán a los tribunales para evitar que ese libelo calumnioso se publique. La editorial adelanta la salida del libro al día siguiente. Yo estaba en Miami y traté de comprarlo ese mismo día. Imposible: en todas las librerías de la ciudad se agotó en dos o tres horas. El dueño de Books and Books, mi amigo Mitch, tuvo la bondad de regalarme su ejemplar. La editorial anunció que la millonaria segunda edición de Fire and Fury aparecerá en pocos días. De este modo, Trump y sus abogados consiguieron que un libro sin mérito alguno —uno más entre las decenas que se publican sobre el nuevo ocupante de la Casa Blanca— circule como pan caliente por todo el mundo. Y, de paso, han hecho millonario a su autor.

Hace tiempo que no leía algo tan triste y deprimente como la colección de chismes, revelaciones, intrigas, enconos, vilezas y estupideces que ha reunido en su libro, luego de recibir los testimonios de unas trescientas personas vinculadas al nuevo régimen estadounidense, el periodista Michael Wolff. De creerle, la nueva administración estaría compuesta de politicastros ignaros e intrigantes, que se ayuntan o enemistan y apuñalan en una lucha frenética por ganar posiciones o defender las que ya tienen gracias al dios supremo, Donald Trump. Este es el peor de todos, por supuesto, un personaje que por lo visto no ha leído un solo libro en su vida, ni siquiera el que le escribieron para que lo publicara con su nombre relatando sus éxitos empresariales. Su cultura proviene exclusivamente de la televisión; por eso, lo primero que hizo al ocupar la Casa Blanca fue exigir que colocaran tres enormes pantallas de plasma en su dormitorio, donde duerme solo, lejos de la bella Melania. Su energía es inagotable y su dieta diaria muy sobria, hecha de varias hamburguesas con queso y doce Coca-Colas light. Su aseo y su sentido del orden dejan mucho que desear; por ejemplo, tuvo una pataleta cuando una mucama levantó una camisa suya del suelo, creyéndola sucia. El presidente le explicó que “si hay una camisa suya tirada en el suelo es porque él quiere que esté en el suelo”. Primicias tan importantes como éstas ocupan muchas de las trescientas veintidós páginas del libro.

Es probable que jamás en su historia EE UU se haya degradado tanto como en esta administración

Según Michael Wolff nadie, empezando por el mismo Donald Trump, esperaba que éste ganara la elección a Hilary Clinton. La sorpresa fue total y, en consecuencia, el equipo de campaña no se había preparado en absoluto para una victoria. De ahí el caos vertiginoso que vivió la Casa Blanca con sus nuevos ocupantes y del que todavía no acaba de salir. No sólo no había un programa para llevar a la práctica; tampoco, las personas capaces de materializarlo. Los nombramientos se hacían a la carrera, y el único criterio para elegir a las personas era el visto bueno y el olfato de Trump. Las luchas intestinas paralizaban toda acción ya que las energías de los colaboradores se volcaban más en mediatizar o destruir a reales o supuestos adversarios dentro del propio grupo que en hacer frente a los problemas sociales, económicos y políticos del país. Esto tenía efectos cataclísmicos en la política internacional, en la que los exabruptos cotidianos del presidente ofendían a los aliados, violentaban tratados, y, a veces, trataban con guante blanco y hasta elogios desmedidos a los adversarios tradicionales. Por ejemplo, la Rusia de Putin, por la que el mandatario parecía tener una debilidad casi tan grande como sus prejuicios contra los mexicanos, haitianos, salvadoreños y, en general, todos los inmigrantes procedentes de esos “agujeros de mierda”. Al extremo de que el “más famoso nazi norteamericano”, Richard Spencer, al que horrorizaba que Jeb Bush se hubiera casado con una mexicana, proclamó con entusiasmo que Trump es “un nacionalista y un racista y su movimiento un movimiento blanco”.

Leyendo El fuego y la furia parecería que la vida política de los Estados Unidos sólo atrae a mediocridades irredimibles, ciegos al idealismo y a toda intención altruista o generosa, sin ideas, ni principios, ni valores, ávidos de dinero y poder. Los billonarios juegan un papel central en esta trama y, desde las sombras, mueven los hilos que ponen en acción a parlamentarios, ministros, jueces y burócratas. El propio Trump tiene una simpatía irresistible por ellos, especialmente por Rupert Murdoch, aunque en este caso no haya la menor reciprocidad. Por el contrario, el magnate de las comunicaciones no le ha ocultado nunca su desdén.

Los billonarios de esta trama mueven los hilos de parlamentarios, ministros, jueces y burócratas

Personaje central en este libro es Steve Bannon, el último jefe de campaña de Trump y, se creía, el arquitecto de su victoria. También, algo así como “el teórico” del movimiento. Católico practicante, oficial de la marina por siete años, colaborador y periodista de publicaciones de extrema derecha como Breitbart News, se autodefine como “un nacionalista populista”. Pensaba mal, pero, al menos, en esta manada de iletrados, pensaba. De él provendrían algunos de los caballitos de batalla de Trump: el muro para atajar a los mexicanos, poner fin a la extensión de la salud pública que hizo aprobar Obama (el Obamacare), obligar a las fábricas expatriadas de Estados Unidos a regresar a suelo norteamericano, reducir drásticamente la inmigración, bajar los impuestos a las empresas y reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Para desgracia suya, la revista Time lo sacó en la carátula y dijo de él que era el presidente en la sombra. Trump tuvo una rabieta descomunal y comenzó a marginarlo, de modo que Bannon fue perdiendo posiciones dentro del cuerpo de los elegidos, a la vez que la hija y el yerno de Trump, Ivanka y Jared, las ganaban, y lo iban debilitando y, al final, lo despedazaron. Expulsado del paraíso el “ideólogo”, las ideas se eclipsaron de la Administración y el entorno de Trump, y la política quedó reducida al exclusivo pragmatismo, o, en otras palabras, a los caprichosos ucases y a los movimientos táctiles y retráctiles del presidente. ¡Pobre país!

Aunque creo que la descripción que hace Michael Wolff es exagerada y caricatural y leer su libro una pérdida de tiempo, por desgracia también hay algo de todo aquello en la presidencia de Trump. Es probable que jamás en su historia Estados Unidos se haya empobrecido política e intelectualmente tanto como durante esta Administración. Eso es grave para el país, pero lo es todavía más para el Occidente democrático y liberal, cuyo líder y guía va dejando de serlo cada día más. Con las consecuencias previsibles: China y Rusia ocupan las posiciones que Estados Unidos abandona, adquiriendo una influencia política y económica creciente, y acaso imparable, en todo el tercer mundo y en algunos países del este de Europa.

El País
Mario Vargas Llosa
Madrid, España
Domingo 21 enero 2018.


Mario Vargas Llosa

Mi venida al Perú ha coincidido con una de las peores catástrofes naturales que haya sufrido en toda su historia. Desde hace tiempo, en el verano, el fenómeno del Niño acrecienta las lluvias y hay a veces inundaciones y huaycos (aludes y riadas) que provocan daños materiales y humanos, sobre todo a lo largo del litoral norte del país. Pero este año, el calentamiento de las aguas del Pacífico y su consiguiente evaporación al chocar contra la Cordillera de los Andes han causado verdaderos diluvios que desde hace dos semanas destrozan caminos, casas, desaparecen aldeas, inundan ciudades y provocan tragedias por doquier.  

Las frías estadísticas -cerca de un centenar de muertos, más de cien mil damnificados, puentes y carreteras destruidos, daños que bajarán por lo menos un punto el producto interior bruto de este año- no dan cuenta del sufrimiento de millares de familias, que, sobre todo en Piura, Lambayeque, Ancash, Apurímac y La Libertad, pero con repercusiones en todo el territorio nacional, han visto desmoronarse sus vidas en tragedias sin cuento, perdiendo seres queridos, medios de sustento y descubriendo que su futuro era devorado de la noche a la mañana por la incertidumbre y la ruina.

Las últimas imágenes que he visto de Piura en la televisión cuando me sentaba a escribir este artículo me han dejado horrorizado, las aguas del río han ocupado todo el centro de la ciudad y en la Plaza de Armas, junto a la catedral, y en la avenida Grau la gente avanzaba con el agua hasta la cintura y, en trechos, hasta los hombros, en un inmenso lago fangoso en el que flotaban animales, enseres domésticos, ropas, muebles, arrebatados por las trombas de agua del interior de las casas y edificios anegados. El colegio San Miguel, donde terminé mis estudios secundarios, antigua y noble casona republicana que era ya una ruina con ratas y que iba a ser convertida en un centro cultural -promesa que la incuria de las autoridades incumplió- pasó ya del todo, por lo visto, a mejor vida. Produce vértigo imaginar a las criaturas y a los ancianos arrastrados por los aniegos y torrenteras armadas de barro, piedras y árboles decapitados.

Cuando yo fui a vivir a Piura por primera vez, en 1946, la ciudad y sus contornos, rodeados de arenales desiertos, se morían de sed. El río Piura era de avenida y las aguas sólo llegaban en el verano, cuando se deshelaba la cordillera y, convertida en cascadas y arroyos, bajaba a traer la vida a las calcinadas tierras de la costa. La llegada de las aguas a Piura era una fiesta con fuegos artificiales, bandas de música, valses y tonderos, y hasta el obispo metía sus pies en el agua para bendecir a las aguas bienhechoras. Los chiquillos más valientes se arrojaban al flamante río Piura desde lo más alto del Puente Viejo. Sesenta y cinco años después, las mismas aguan que traían ilusiones y prosperidad, acarrean la muerte y la devastación a una de las regiones peruanas que se había modernizado y crecido más en los últimos tiempos.

Curiosamente esta tragedia parece haber tocado una fibra íntima en la sociedad en general pues el pueblo entero del Perú da la impresión de haberse volcado en un movimiento de solidaridad y compasión hacia las víctimas. Una movilización extraordinaria ha tenido lugar, de gente de toda condición, que, deponiendo prejuicios, rivalidades políticas o religiosas, presta la ayuda que puede, llevando frazadas y colchones, haciendo colectas, armando tiendas de campaña en las zonas de emergencia, o poniendo en marcha las cocinas populares. Hay que decir que, a la vanguardia de este movimiento, está el Gobierno entero, empezando por el presidente de la República y sus ministros, a quienes se ha visto repartidos por todos los lugares más afectados, dirigiendo las operaciones de salvamento junto a las brigadas de militares y de voluntarios civiles. Y yo mismo he visto a mis dos nietas más pequeñas, Isabella y Anaís, preparando dulces y golosinas con sus compañeros de clase para venderlas y recabar fondos de ayuda a los damnificados. No recuerdo un sobresalto tan generoso y tan unánime de la sociedad peruana ante una tragedia nacional (y eso que, aunque con largos intervalos, nunca dejan de ocurrir).

Tal vez este hecho excepcional sea una respuesta inconsciente a la tremenda injusticia que significa la catástrofe del Niño Costero (así se le ha bautizado). Aunque todavía hay muchas cosas que andan mal en el país, la verdad es que, haciendo las sumas y las restas, desde que en el año 2000 cayó la última dictadura que padecimos, el Perú andaba bastante bien. La democracia funcionaba y, me parece, había un enorme consenso nacional a favor de mantener este sistema, perfeccionándolo y depurándolo, como el más adecuado -el único, en verdad- para progresar de veras, tanto en el campo económico, como en el social y cultural, creando cada vez mayores oportunidades para todos, desarrollando las clases medias, estimulando la inversión y respetando los derechos humanos, la libertad de expresión y la legalidad. Desde aquel año fronterizo hemos tenido cuatro gobiernos nacidos de elecciones libres, y, aunque la corrupción haya envilecido la gestión de por lo menos dos de ellos, lo cierto es que el país ha progresado en estos 17 años más que en el medio siglo anterior. Nadie duda que la corrupción es un tóxico que amenaza la vida democrática. Pero la libertad es el instrumento primordial para combatirla de manera eficaz y erradicarla. Una prensa libre que la denuncie, una justicia independiente y gallarda que no tema enjuiciar y sancionar a los poderosos que delinquen. Una opinión pública que no tolere las picardías y las coimas. Todo eso ha estado ocurriendo en este Perú sobre el cual, de pronto, se desencadenaron los elementos para golpearlo con ferocidad. Tal vez los peruanos que han reaccionado de manera tan rápida, apoyando con tanto empeño a las víctimas, estén diciéndole de este modo a la naturaleza ciega y cruel que no se dejarán abatir por lo ocurrido, que lucharán para reconstruir aquello que ha sido derribado y, aprovechando la lección, tomar precauciones para que los huaycos del futuro sean menos depredadores.

Escribo este artículo en Arequipa, mi ciudad natal, donde he venido a hacer una nueva entrega de libros a la biblioteca que lleva mi nombre. Mientras lo escribía he tenido todo el tiempo en la memoria, junto con las imágenes de los piuranos con el agua hasta el cuello, entre los tamarindos de la Plaza de Armas, a un personaje literario que siempre he admirado: Jean Valjean, el héroe de Los miserables. Las injusticias más monstruosas le cayeron encima; fue a la cárcel muchos años por haber robado un pan; Javert, un policía tenaz y despiadado, lo persiguió toda su vida, sin permitirle un solo día de paz. Pero él nunca se dejó abatir, ni vencer por la rabia, o por la desmoralización. Cada vez se levantó, enfrentándose a la adversidad con su limpia conciencia y su voluntad de supervivencia intacta, hasta aquel instante supremo de la muerte, con los candelabros en las manos de Monseñor Bienvenue, que se los había entregado diciéndole: “Te he ganado para el bien”. Hay momentos privilegiados en que los países pueden ser tan admirables como los grandes personajes literarios.

El País
Piedra de toque
Mario Vargas Llosa
Madrid / Lima
Domingo 2 de abril de 2017.


El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa llamó hoy a todas las comunidades hispanohablantes a que se movilicen en solidaridad con los hablantes de español en Estados Unidos y también con países como México, que han sido "claramente agraviados" por el nuevo Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En declaraciones a los periodistas tras el acto de presentación del proyecto "El valor económico del español", Vargas Llosa argumentó que conviene defender a las lenguas "cuando enfrentan algún peligro", como "es el caso del español en EU", donde "ha echado raíces muy profundas" y "hay por lo menos 50 millones de hispanohablantes que no quieren renunciar a su idioma".

Sobre si cree que Trump constituye una amenaza en este sentido, el escritor hispano-peruano señaló que "hay unos síntomas muy preocupantes, que derivan de alguna manera de la situación difícil en que se encuentra la comunidad hispanohablante en Estados Unidos".

"Yo creo que todas las comunidades hispanohablantes deberíamos movilizarnos en solidaridad no solamente con ellos, sino con países que han sido claramente agraviados por el nuevo Mandatario norteamericano, como México", recalcó.

El español "es hoy día una lengua invulnerable", precisó el premio Nobel, "pero las instituciones, los Estados que representan esa enorme comunidad de sociedades que hablan español deberían movilizarse cuando un peligro, como clarísimamente está ocurriendo en nuestros días, se cierne sobre nuestra lengua".

En cuanto a si desde España se ha hecho lo suficiente por defender este idioma, Vargas Llosa cree que no, que "ningún país hispanohablante ha hecho lo que debería haber hecho", aunque "afortunadamente los idiomas se defienden solos".

"Ahora, es muy bueno que reciban en un determinado momento un apoyo, porque ello les da mayor fortaleza, solidez y garantizan su expansión", añadió.

EFE
Reforma
Madrid, España
Lunes 13 de febrero de 2017.


Madrid.- Uno de los documentos filtrados de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca revela que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y su ex esposa aparecieron como accionistas en una compañía de las Islas Vírgenes Británicas durante un breve periodo en 2010.

El agente literario de Vargas Llosa dijo que le sorprendió saber que ambos fueron nombrados como accionistas de Talome Services Corp. en los llamados ‘Papeles de Panamá’, según el diario español El Confidencial.

El Nobel y su entonces esposa Patricia Llosa, han mostrado su extrañeza ante esta información y negaron que hayan tenido cuentas en esos países, relación con los abogados de  “Papeles de Panamá”, y fondos o bienes a través de una sociedad llamada Talome Services, dijeron fuentes de la agencia literaria que representa al escritor.

“Solamente puede atribuirse a que algún asesor de inversiones o intermediario, sin el consentimiento de los señores Vargas Llosa, reservó esta sociedad para la realización de alguna inversión que se estaba estudiando, sin que, finalmente, se materializase en ninguna acción concreta”, apuntan.

“Los señores Vargas Llosa han cumplido siempre con todas sus obligaciones fiscales para con España, así como para con los demás países con los que han generado relaciones económicas y tributarias, incluyendo no solamente el pago de los impuestos sino también el cumplimiento de cualquier otra obligación de carácter tributario, especialmente las de información”, añaden.

El Nobel, que acaba de cumplir 80 años, recibió anoche en París un homenaje en La Sorbona por la aparición de sus obras en la colección de la Pleiade y está previsto que mañana participe también en un acto público en el Instituto Cervantes de la capital francesa.

El Confidencial presenta algunos de los 11.5 millones de documentos de la investigación conjunta que hacen el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), el diario alemán Süddeutsche Zeitung y La Sexta y que engloban en los ‘Papeles de Panamá’.

En ellos, se sugiere que el literato peruano estuvo muy cerca de controlar la compañía Talome Services Corp. junto a su ex mujer Patricia Llosa durante un breve periodo de tiempo en 2010.

Talome Services, explica el diario online, está radicada en Islas Vírgenes Británicas, un territorio considerado como paraíso fiscal tanto por España, donde reside y está nacionalizado el escritor, como por la Unión Europea (UE).

La empresa la compró el matrimonio Llosa al bufete especializado de Mossack Fonseca a través de un intermediario, Dave Marriner, directivo de la firma holandesa Pan-Invest Management, con sedes en Chipre y Luxemburgo.

De las mil acciones de la compañía, 500 correspondían a Patricia Llosa y otras tantas a Vargas Llosa a partir del 1 de septiembre de 2010 y la dirección postal asociada en su condición de accionistas de Talome era la de la vivienda familiar de Madrid.

“Confirmada la inscripción, la correspondencia entre Marriner y Mossack se interrumpe hasta los días previos al fallo del premio Nobel de Literatura 2010”, el 7 de octubre de 2010, que el peruano recibió el 10 de diciembre.

Marriner reaparece el 6 de octubre, pidiendo cambios radicales en el accionariado de Talome: ‘cuando adquirimos la compañía, lo hicimos con el requisito de que mis clientes fuesen accionistas directos. Sin embargo, los requisitos de mis clientes han cambiado y, al no haber sido aún entregada la sociedad, queremos cambiar a los accionistas’, indica.

“El intermediario envía tres correos más apremiando al bufete; cuando manda el último, reclamando un número de seguimiento para su caso, Vargas Llosa ya es Nobel de Literatura. Finalmente, el 12 de octubre las acciones en poder del matrimonio Llosa pasan a dos ciudadanos rusos sin más vinculaciones societarias”, se lee en el rotativo.

Reforma
Madrid, España.
Miércoles, 6 de abril de 2016.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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