Hallazgo de grandes fosas comunes

El dolor es el mismo en los lugares en donde una serie de excavaciones han desnudado una macabra realidad: cientos de cuerpos, huesos y restos que confirman miles de desapariciones forzadas durante guerras, enfrentamientos o ajustes de cuentas.

Amnistía Internacional había alertado en 2015 de que el hallazgo frecuente de fosas comunes en México era muestra de la crisis que enfrentaba el país por cuenta de la guerra contra el narcotráfico. Tras la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, las autoridades encontraron una serie de cementerios clandestinos que eran usados tanto por narcotraficantes como por las autoridades. Cientos de cuerpos yacían olvidados allí. Según datos de la Procuraduría General de la República (PGR), desde octubre del 2014 se encontraron 60 fosas comunes con los restos de unas 129 personas en Guerrero.

Sin embargo, según dicen las autoridades mexicanas, lo que se encontró en Veracruz no tiene igual. Después de excavar durante más de siete meses, hallaron los restos de al menos 250 personas.

Todo comenzó cuando un desconocido repartió copias de un mapa de la ciudad en el cual había muchas cruces marcadas a mano. Siguiendo esas pistas, se llegó a uno de los descubrimientos más macabros de los últimos años en el país, en donde, según cifras oficiales, más de 25.700 personas han desaparecido por las disputas entre los carteles de la droga.

El fiscal del estado, Jorge Winckler, dijo que “Veracruz es una gran fosa, quizá una de las más grandes del mundo”. Y explicó después que hasta el momento sólo han explorado el 30 % de la zona, un área boscosa a las afueras del Puerto de Veracruz. “El número de personas enterradas allí podría ascender considerablemente”, concluyó.

Veracruz ha sido escenario de gravísimas disputas entre los Zetas y el cartel Jalisco Nueva Generación. En diciembre, la fiscalía del estado y la policía federal mexicana hallaron dos osamentas en un cementerio clandestino cerca del Puerto de Veracruz y hoy los niveles de violencia se han disparado.

Los integrantes del Solecito, un colectivo de familiares de personas desaparecidas, están detrás de los hallazgos. Fueron ellos los que pidieron la ayuda de las autoridades y empezaron la búsqueda. Hasta la fecha han ubicado 105 fosas, con 111 cráneos y más de 6.000 trozos de hueso. Y faltan todavía por rastrear 11 de las 15 hectáreas.

Irak y el Estado Islámico

A miles de kilómetros, en otra guerra que hoy se cobra más de 300.000 víctimas, las autoridades anunciaron un hallazgo parecido: una fosa común en la cárcel de Badush, cerca de Mosul, con los cuerpos de cientos de personas ejecutadas por los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

Según las fuerzas iraquíes, durante sus operaciones encaminadas a arrebatarle terreno al EI han encontrado decenas de fosas comunes. En un informe de 2015, la ONU afirmó que unos 600 hombres murieron ejecutados por el EI cuando el grupo yihadista se apoderó de la cárcel en junio de 2014. Los están buscando, al igual que a más de 500 mujeres de la minoría yazidí, de las que tampoco hay huella.

Miembros del Hashd al Shaabi encontraron “en la cárcel (de Badush) una gran fosa común que contiene los restos de unos 600 civiles presos que fueron ejecutados por el EI cuando los yihadistas se apoderaron de la prisión durante la ocupación de Mosul”, afirma un comunicado.

El ejército iraquí ya había hallado una fosa común en la zona de Hamam Al Alil, al sur de Mosul, en noviembre, según indicó un responsable, que dio cuenta de al menos 25 cuerpos visibles. Luego aparecieron las de Khafsa, al norte de Mosul. Los hallazgos apenas comienzan.

El Espectador
Bogotá, Colombia
Sábado 18 de marzo de 2017.


Instalado desde 1991 en uno de los edificios más bellos del centro histórico de Puebla, el Restaurante Vips (2 Oriente 201), permaneció 26 años sin pena ni gloria en materia gastronómica, en una soporífera inercia, gracias a su privilegiada ubicación, apenas a unos 50 metros del zócalo de la ciudad

El Edificio de la 2 Norte y 2 Oriente que hoy alberga al restaurante VIPS, en el centro de Puebla, fue inaugurado el 21 de febrero de 1910.

El edificio tiene un estilo ecléctico, combina elementos de origen clásico, y de art nouveau, con estructura de acero. Su uso fue siempre el giro comercial. Como almacén de ropa "La Ciudad de México" (1910-1927), después "Las Fábricas de Francia" (1928- años 60) y finalmente almacén de telas "Almacenes Blanco" hasta 1973.

Pero los años de la Revolución Mexicana fueron difíciles para este almacén. Así que en la década de 1920 el edificio pasó a ser propiedad del empresario norteamericano William Oscar Jenkins, quien lo arrendó a otros inversionistas franceses para que establecieran ahí las Fábricas de Francia.

A finales de la década de 1950, Oscar Jenkins lo donó a la fundación Mary Street Jenkins. Por esos años, el edificio dejó de ser las Fábricas de Francia y fue arrendado por la cadena Almacenes Blanco para establecer en el lugar una tienda de telas.

Después de 1973 permaneció prácticamente abandonado. A finales de la década de 1980 fue sometido a un proceso de restauración. El magnífico edificio de la 2 y la 2 volvería a abrir sus puertas hasta 1991, año en que el restaurante VIPS se estableció en su planta baja.

Hoy muchos habitantes de Puebla siguen identificando a este inmueble como las Fábricas de Francia. No es extraño que al paso de las décadas aún se le vincule con ese país europeo, ya que sus estructuras metálicas y mármoles fueron traídos en barco desde París. Así que su forma y belleza siempre estarán emparentadas con un estilo que desde el siglo XIX dio fama mundial a la Ciudad Luz, y que hoy embellece una de las más famosas esquinas poblanas. (Rolando Lino / Emilio Lino)

El Vips más kitsch de Puebla

El pasado jueves 9 de marzo, el local reabrió sus puertas luego de una magnífica restauración, ahora con un estilo vanguardista con una fuerte tendencia kitsch, que alude a un tipo de relación estética del ser humano con las cosas y el ambiente.

Puebl@Media estuvo en esta reapertura y tuvimos la oportunidad de charlar con Gerardo Rojas, Director de Vips México. El ejecutivo de esta firma destacó la millonaria inversión realizada por la firma restaurantera, considerando el valor histórico del edificio y los cuidados tomados para evitar alteraciones significativas en el emblemático inmueble y su característico estilo art nouveau.

Sin embargo, el Director de Vips México, hizo énfasis en la nueva particularidad del restaurante, que los clientes y comensales comenzarán a notar de inmediato. Por años, el menú y los platillos de toda la cadena de establecimientos a lo largo del país, se mantuvo imperturbable respecto de sus platos icónicos de la comida internacional.

La Carta VIPS, dice Gerardo Rojas, que para cualquier punto geográfico del país es un referente de calidad e higiene, con los productos de mayor calidad en el mercado, para éste restaurante en particular representaba un escollo y un reto a la vez.

El ejecutivo reconoce que la debacle de este local en años atrás, --además de los falsos vitrales y plantas de ornato, de plástico--  se debió al apego ortodoxo a los protocolos culinarios de Vips, en medio de una ciudad en donde la gastronomía está en permanente ebullición.

Ante la creciente afluencia de visitantes y turistas (gastronómicos), la oferta del nuevo restaurante Vips del Centro, se verá reforzada por las delicias de la cocina poblana que en otro momento eran impensables. La clientela ahora podrá optar por los platillos icónicos de Vips o los regios platillos de la cocina poblana, incluido el mole.

Lo mismo ocurrirá con las bebidas; una carta ampliada con novedosas y modernas combinaciones podrán halagar a los paladares más exigentes. El concepto del café se verá revolucionado. El cliente podrá optar entre el café ordinario que se incluye con los alimentos u ordenar, de manera especial, un preparado sofisticado de los que están en boga.

El funcionario restaurantero hizo hincapié en que las innovaciones o nuevas ofertas gastronómicas de Vips, están respaldadas por un grupo experimentado de Chefs y artesanos de la cocina
capacitados y forjados en los avatares de una de las mejores cocinas del mundo, como es la poblana.

Gerardo Rojas espera que este nuevo concepto de Vips constituya un paradigma en toda la cadena que permita su consolidación y crecimiento.  

En la apertura del Vips Puebla, nueva imagen, estuvieron presentes, Gerardo Rojas, Director de Vips México, Roberto Jenkins y José Manuel Janeiro, propietarios del edificio; así como muchos invitados VIP de la sociedad poblana.

Enrique Aguirre N.
Puebl@Media
Puebla, México
Domingo 12 de marzo de 2017.

Guadalajara.- La novena de México inició el Clásico Mundial de Beisbol 2017 con la derrota frente a Italia en Guadalajara, Jalisco, 10 carreras sobre 9.

Con un juego de pitcheo y bateo, México supo sobreponerse adecuadamente a la ofensiva rival, que por momentos lograba acercarse en la pizarra durante las primeras tres entradas del certamen.

Fue con un potente cuadrangular por el jardín izquierdo el que puso la tercera carrera para México contra Italia en la alta de la cuarta entrada, del cual poco a poco la novena tricolor consiguió responder en la pizarra.

Italia empezó a proponer un juego ofensivo, el pitcheo mexicano se debilitó en la baja de la cuarta entrada y con dos imparables, la esférica voló fuera del diamante poniendo la pizarra 4 a 4.

Las acciones de los europeos comenzaron a debilitarse poco a poco, y fue precisamente el pitcheo italiano el que comenzó a mostrar problemas en la alta de la quinta tras un full house por parte de México, la novena nacional azteca consiguió ponerse con un rally de tres por encima de los europeos con 7 carreras sobre 5 en un juego ya legal.

Para la séptima entrada, México ya contaba con una ventaja mayor de 9 carreras sobre 5 y así transucurrieron hasta la alta de la novena.

México permitió la entrada de dos carreras de los italianos, la baja de la novena rezaba en la pizarra 9 a 7 y sin outs para los anfitriones.

La actuación de Osuna en el montículo se vio opacada durante la baja de la novena, al no tener México outs a favor, y con casa llena, la novena nacional optó por darle entrada a Oliver Pérez quién no pudo contener la ofensiva europea y permitió la remontada italiana con 10 sobre 9 carreras

El Siglo de Torreón
Guadalajara, Jalisco
Jueves 9 de marzo de 2017.


La extradición del narcotraficante ha provocado que en los dos primeros meses del año hayan ocurrido 235 homicidios en el Estado

El cuerpo de Zenén Santiago Ojeda quedó tendido debajo de una camioneta negra donde intentó protegerse de las balas. La tarde del martes 7 de febrero se dirigía con un amigo a una tienda de refacciones y ambos quedaron en medio de una refriega. En una gasolinera ubicada en un crucero de Villa Juárez —un poblado de Sinaloa donde residen los trabajadores agrícolas de la región— dos grupos armados emprendieron un tiroteo que acabó con la vida de los dos jornaleros y de otra mujer que también pasaba por el lugar abordo de una motocicleta con su esposo.

En la casa de Zenén, una modesta vivienda construida a retazos tras varios años de trabajo en el campo, hay un altar con flores rojas y una imagen de la virgen de Guadalupe. En los últimos días de angustia, la fe ha sido el mejor refugio para Eva González, que sigue hablando de su esposo en presente porque no se acostumbra a su inesperada ausencia. “Él quería superarse, acababa de terminar la primaria abierta porque le deba pena que nuestro hijo le preguntara cosas de la escuela y él no se las pudiera contestar”, dice la mujer de cabello canoso.

Zenén, de 41 años, trabajaba en el campo desde hace más de 30 años, en un principio como jornalero y después como conductor de un autobús que transportaba a la gente que labora en esa zona, una de las regiones agrícolas más importantes de Sinaloa. “Ese día, después de llegar del campo, él llevó a un amigo a comprar unas refacciones y allá los agarró la balacera. Él estaba en el momento equivocado y le tocó”, cuenta Eva, mientras se frota el vientre abultado producto de varios meses de embarazo.

Villa Juárez —perteneciente al municipio de Navolato, contiguo a Culiacán— es una de las localidades del Estado donde ha habido un aumento de hechos delictivos desde principios de año. Los homicidios en la cuna del cártel de Sinaloa tuvieron un repunte del 30% en comparación con el 2016. En enero y febrero de este año se han registrado 235 asesinatos, mientras que en los mismos meses de 2016, ocurrieron 180, según datos proporcionados por el subsecretario de Seguridad, Cristóbal Castañeda. El funcionario explica que la extradición de Joaquín El Chapo Guzmán Loera avivó la violencia en la entidad, ya que ocasionó una reestructuración del cártel que ha provocado pugnas internas.

La entidad vive una de sus peores crisis de seguridad y el actual mandatario Quirino Ordaz Coppel --quien asumió el cargo el primero de enero-- no ha podido contenerla. Los policías locales no pudieron poner orden y se tuvo que recurrir a la última carta del Gobierno en materia de seguridad: el Ejército y la Marina, que tampoco han logrado aminorar la violencia, dice Alejandro Sicairos, especialista en temas de seguridad.

Culiacán, la capital de Sinaloa, es uno de los tres municipios que concentró la mayor cantidad de homicidios el primer bimestre del año. La racha continuó los primeros cinco días de marzo: unos promedios de tres personas fueron asesinadas en la ciudad. En las balaceras —ocurridas también en zonas residenciales— han muerto menores de edad, civiles, presuntos delincuentes y militares. El 24 de febrero un hombre disparó indiscriminadamente su fusil de asalto AK-47 en contra de los asistentes a un bar: tres personas murieron y cinco resultaron heridas. “En Culiacán y en el valle agrícola la gente está muy temerosa, no mandan a los niños a la escuela o no van a sus actividades productivas porque hay una guerra intestina que no sabemos cuándo va a acabar”, expone Sicairos.

El municipio de Navolato (154.300 habitantes) ha sido otra de las zonas más afectadas por la disputa que se ha desatado entre dos facciones del cártel de Sinaloa: un grupo liderado por Dámaso López, antiguo socio de Joaquín Guzmán, y el otro grupo comandado por Aureliano Guzmán, hermano del capo, y los hijos de este, conocidos como Los Chapitos. El 21 de febrero un grupo armado amagó al conductor de un autobús que transportaba jornaleros y le quitó la unidad. Tras realizar varios disparos al aire y quemar el camión, los empistolados huyeron por las brechas de la localidad.

En unos de los enfrentamientos entre bandas antagónicas ocurrido en Villa Juárez, Norberto Salazar —otro jornalero— perdió la vida, pero las autoridades lo identificaron ante su familia como un sicario. Su madre Blandina Ponce asegura que su hijo trabajaba en los campos agrícolas y tenía vida de campesino: “No traía ropa de marca, teléfonos de lujo, carros del año”. Según testimonios que la familia ha recogido, el joven fue baleado por los policías al no querer detener su auto cuando intentaba resguardarse de una balacera. “A su papá le enseñaron una foto donde aparece él muerto con un arma, pero es mentira, esa pistola se la pusieron los mismos policías”, afirma la señora que también trabaja en el campo. “Por qué mancharlo de esa forma, si toda la gente lo conoce y sabe que él trabajaba de forma honrada”, cuestiona anegada por el dolor.

Una cacería de policías

Reyes Yosimar García se casaría en mayo y pensaba abandonar la policía municipal después de cinco años de servicio. El 26 de enero hombres armados llegaron a su domicilio y se lo llevaron a punta de pistola frente a su novia y su hermano. Su familia cuenta que cerca de las 7.00 de la tarde había llegado del trabajo cuando tocaron a la puerta de la vivienda y comenzaron a preguntar por él. Yosimar se asomó por la ventana y uno de los hombres apuntó hacia su rostro y gritó: “Ese es, el de los lentes”.

Al abrir la puerta le pegaron en las costillas y lo subieron a una camioneta. Desde entonces nadie lo ha vuelto a ver. “Nos hemos reunido con el procurador, subprocurador, pero hasta ahora nada. Ellos lo buscan muerto y nosotros queremos que lo busquen vivo, que me lo devuelvan sano”, exclama María Isabel, la madre del joven de 28 años.

Él es uno de los cinco agentes locales que desde el 21 de enero han sido presa de la delincuencia organizada. A la fecha tres policías continúan desaparecidos y dos han sido asesinados. Tres de ellos prestaron ayuda a un convoy de militares que en octubre pasado fue brutalmente atacado a balazos por miembros del cartel de Sinaloa. Esa teoría del rescate es una hipótesis que las autoridades han contado a los familiares para explicar las desapariciones. Según fuentes de seguridad del Estado, citadas por medios locales, hombres armados intentaron secuestrar a dos agentes más, pero estos lograron escapar.

Para Alejandro Sicairos este ataque a policías por parte del crimen organizado busca amedrentar a las corporaciones y mandar un mensaje al Gobierno estatal para que cedan el control de los mandos policiacos al crimen, como ocurría en el sexenio anterior. La actual administración colocó a militares al frente de los mandos policiales, lo que ha ocasionado la molestia de la delincuencia organizada. “Intentan recuperar el control de las policías que ya no tienen y tratan de decir al Gobierno que, si no ceden, ellos van a continuar atacando a los agentes”, afirma Sicairos.

El País
Zorayda Gallegos
Culiacán, Sinaloa, México
Miércoles 8 de marzo de 2017.


Pasamos un mes con los voluntarios de No More Deaths, una ONG que lucha contra un enemigo muy particular: el riesgo de deshidratación de los inmigrantes indocumentados en zonas desérticas de EEUU

Encontramos la calavera en el Growler Valley, cerca de Ajo (Arizona), mientras esquivamos los cactus por las profundas lenguas de arena que atraviesan el terreno. Las ramas de un ocotillo, un arbusto que da flores rojas en primavera, se cierran a su alrededor como barrotes de una jaula. Es un cálido, luminoso y tranquilo día de diciembre.

Estoy en el desierto de Sonora con varios integrantes de No More Deaths (No Más Muertes), una ONG que recluta a cientos de voluntarios para que recorran la frontera de Estados Unidos y México con miles y miles de litros de agua, en un intento por impedir más muertes. Genevieve Schroeder, activista de la organización, me acompaña durante el cuidadoso proceso de fotografiar y sacar las coordenadas del cráneo y de los objetos que encontramos en las cercanías: una manta rota, unas zapatillas llenas de arena, una camiseta y unos vaqueros rasgados que están entre la retama.

Schroeder me habla sobre las dificultades de recuperar restos mortales en situaciones como esta, y añade que tienen que llamar a la oficina del sheriff local y darles las coordenadas de GPS, para que puedan localizar el sitio. Si hay suerte, los agentes se presentan en sus camionetas, se hacen cargo de los restos y los llevan al departamento forense, donde los estudian por si los pueden relacionar con alguna denuncia de personas desaparecidas. Si hay suerte.

Esta misma semana, un grupo de voluntarios de No More Deaths encontró más restos mortales al norte de nuestra posición: una mandíbula, un par de costillas y unas vértebras. Si se descubrieran restos humanos en otro lugar de EEUU, se organizaría un escándalo público, se escribirían artículos de prensa, se harían batidas y se abriría quizá una investigación para descubrir la identidad de la víctima.

Sin embargo, estamos en el desierto del sur de Arizona, a 65 kilómetros de la frontera: un lugar donde alguien puede morir de forma tan dolorosa como prematura, lejos de sus seres queridos, sin que a nadie le sorprenda que su calavera aparezca entre las ramas de un ocotillo.

No más muertes

Cuando me decidí a pasar un mes con los voluntarios de No More Deaths (que se financia enteramente con donativos), no sabía que me acabaría tropezando con huesos humanos; pero, tras unos pocos días en el desierto, me he dado cuenta de que, al igual que muchos ciudadanos estadounidenses, desconocía la gravedad de la situación.

La muerte es un factor constante en este lugar.  La patrulla fronteriza afirma haber encontrado 6.029 restos humanos en la zona fronteriza de Arizona desde finales de 1990, aunque supone que la cifra real de fallecidos es mayor. Hay muchos más que han desaparecido sin dejar rastro.

No ha sido siempre así. Durante muchas décadas, la ruta para entrar en los Estados Unidos fue menos peligrosa para los seres humanos y las cifras anuales de fallecimientos no tenían nunca más de un dígito. Luego, a mediados de los noventa, la patrulla fronteriza adoptó una estrategia de “disuasión preventiva”: levantaron muros en las zonas urbanas e instalaron controles de tal manera que la gente que intentaba cruzar terminó empujada a las partes más áridas, remotas y brutales del desierto, lejos de las carreteras, los recursos y cualquier posible rescate.

En otras palabras, la patrulla fronteriza de los Estados Unidos usó el desierto como arma. El número de muertos aumentó con rapidez hasta llegar a varios cientos al año.

El botón trampa

La calavera del ocotillo no ha perdido los dientes; eso es bueno, porque servirán para que el forense pueda determinar la identidad del fallecido. Todos los años, las líneas directas de las ONG reciben cientos de denuncias de personas desaparecidas. Margo, una de las abogadas de No More Deaths, dice que “encontrar restos mortales es una oportunidad increíble de ofrecer un desenlace a familias que llevan mucho tiempo esperando noticias”.

Nos agachamos para examinar el cráneo, y me asalta un olor impactante y familiar: el del cadáver hinchado del animal que vi una vez en el campo; el de la rata que se escabulló en cierta ocasión tras la bañera del servicio de mi casa. Todos retrocedemos, alarmados. La calavera no es tan vieja como habíamos creído.

En 2014, un grupo de antropólogos vistió dos cerdos muertos con ropas parecidas a las que llevan los inmigrantes y los dejaron en el desierto junto a unos arbustos en los que habían instalado cámaras con sensores de movimiento. Querían saber cuánto tiempo tardan los carroñeros en eliminar los restos, con la esperanza de que la información obtenida fuera de utilidad para las personas que recuperan restos mortales en la frontera. Y descubrieron que, 24 horas después de que los carroñeros (buitres, coyotes y perros en ese caso) se empezaran a alimentar de los cadáveres, la carne había desaparecido en su totalidad y los huesos habían quedado diseminados por una zona bastante grande.

El viaje de vuelta al campamento, que hacemos por un camino lleno de baches, es surrealista. Se ha hecho de noche y, en la distancia, se ve la solitaria luz azul de una baliza muy particular: un poste alto con un botón y una imagen de una persona que sostiene una jarra de agua. Un cartel, escrito en inglés y castellano, insta a pulsar el botón para pedir ayuda. Si la patrulla sólo pretendiera ofrecer agua, podría haber instalado un tanque y le habría salido más barato; pero la baliza —que la patrulla vigila de cerca— no ofrece agua y salvación, sino deportación y, tal vez, cárcel. A fin de cuentas, los inmigrantes ilegales que reinciden en el intento de entrar en el país cometen un delito que les puede costar hasta 20 años de prisión.

Cuando llegamos al campamento, descubrimos que han organizado una cena campestre: gente sentada en sillas plegables, que come, habla y ríe alrededor de una enorme hoguera. Dos amigas de Portland que han venido a verme me hacen señas para que me siente a su lado, hable con ellas y me interese sobre su viaje, pero empiezo a temblar. Estoy tan helada que caliento agua en la tetera y, entonces, caigo en la cuenta de que ni siquiera puedo sostener la taza. Mis manos tiemblan demasiado. Me acuerdo de la sonriente y hueca cara de la calavera manchada de barro que nos miraba desde el ocotillo. Una de mis amigas me habla, pero no me puedo concentrar en sus palabras. Pienso en el hombre herido que se rezagó, se perdió, deambuló durante días y cayó muerto junto a un arbusto. Me siento como si estuviera a punto de romperme. Siento lo que se siente cuando algo que teóricamente entendías en teoría se vuelve súbitamente real.

Sentencia de muerte sin juicio previo

“Todos son narcotraficantes. Ninguno viene a los Estados Unidos a trabajar. Sólo son narcos. Todos los que vienen por esta zona son narcos”.

Estamos en un sendero que se interna en el Growler Valley, hablando con un agente del Departamento de Caza y Pesca que se dirige al paso. Hemos salido con intención de volver al lugar donde está la calavera y buscar más restos mortales. El sheriff irá por la tarde a recuperar los huesos, pero no está obligado a batir la zona, lo cual significa que la tarea recae en un grupo de voluntarios que trabajan gratis para una ONG con pocos recursos.

El agente parece incómodo con nuestra presencia, incluso después de recibir explicaciones sobre el trabajo que estamos haciendo. “Aquí no hay más que narcos —repite, como hablando solo—. ¡Nada más que narcos!”. Es una afirmación que he oído una y otra vez en boca de policías desde que llegué al desierto de Sonora; pero su división de los inmigrantes en "buenos" y "malos" pasa por alto el hecho de que no hay ninguna puerta delantera por donde los inmigrantes mexicanos o centroamericanos sin documentación puedan pasar legalmente a los Estados Unidos.

Muchos de los que cruzan la frontera sin tener papeles son personas que huyen de la pobreza, la desestabilización y la violencia extrema de sus países. Tienen pocos recursos, si es que los tienen. A menudo, se presentan en ella tras haber recorrido miles de kilómetros por múltiples canales y de haber sufrido abusos y extorsiones durante su largo trayecto. Llegan con la esperanza de salvar sus vidas y las vidas de sus familias y, a veces, cuando no tienen dinero para pagar a alguien que los guíe por el enorme y peligroso desierto, se encuentran con alguien que les hace una oferta: llevar un fardo de marihuana a cambio de que los guíen. Suelen ser los inmigrantes que más riesgos corren; los que han llegado más lejos con menos recursos y los que huyen de las situaciones más desesperadas.

El movimiento de drogas por la frontera es un asunto complejo que está relacionado, entre otras cosas, con la falta de oportunidades económicas en el Norte de México y los propios acuerdos comerciales de Estados Unidos; pero, se mire como se mire, la estrategia estadounidense de empujar a los inmigrantes ilegales a las zonas más hostiles del desierto equivale con frecuencia a una sentencia de muerte sin juicio previo, con independencia de quiénes sean las víctimas, de qué estén haciendo y de por qué.

“Hay gente en las montañas que nos quiere matar”

"Tienen miedo de estar aquí, comenta Genevieve mientras bajamos al Growler Valley, tras hablar con el agente del Departamento de Caza y Pesca. Procuran no alejarse mucho de sus vehículos. Piensan que los quieren matar". Genevieve me cuenta que una vez se encontró con dos sheriffs que habían aparcado sus todoterrenos en un camino rocoso; ella y otros voluntarios de No More Deaths habían salido a recorrer la zona fronteriza en busca de sitios nuevos donde pudieran dejar agua a los inmigrantes y, cuando los sheriffs la vieron, le preguntaron:

–¿Qué está haciendo aquí? ¿Es que no sabe que es el lugar más peligroso de Estados Unidos?

–Estamos de senderismo y acampadas –respondió–, y nos lo estamos pasando bastante bien.

–Pues hay que estar loco para venir a este sitio –dijeron–. Hay gente en las montañas que nos quiere matar.

En otra ocasión, estando en parecidas circunstancias, se topó con cuatro inmigrantes a los que la patrulla fronteriza acababa de arrestar. Los voluntarios de No More Deaths detuvieron sus vehículos y ofrecieron comida y agua a los inmigrantes, pero uno de los agentes empezó a gritar: "¡Nada de comida y agua! ¡Estos tipos son narcotraficantes! ¡Son mala gente! ¡Mala gente! ¡Son narcos!".

La deshidratación es una forma terrible de morir. Primero, la boca se seca y se cubre de una sustancia densa; luego, la lengua se agrieta, los ojos se hunden en el cráneo y, en general, se sufren náuseas y vómitos secos acompañados de fiebre y convulsiones. Al cabo de unos días, los órganos internos dejan de funcionar y se produce la muerte. Pero el desierto de Sonora es de noches heladas (en invierno), y la ropa empapada de sudor se puede enfriar hasta el punto de causar hipotermia, así que también se puede morir de frío. Y la víctima puede estar herida o tener hambre. O puede haber una combinación de todos esos factores. Pero el agua es el factor principal.

Pienso en ello mientras un helicóptero se cierne sobre nuestras cabezas, atravesando el claro cielo de la mañana. El helicóptero gira a nuestro alrededor, desciende un poco, desaparece en la distancia y regresa una hora después. Por la tarde, cuando volvemos a las camionetas tras haber dejado agua a los que puedan pasar por aquí, nos encontramos con dos agentes de la patrulla fronteriza:

–¡Maldita sea!, dice uno cuando nos ve. ¡Hemos estado siguiendo a unos activistas!

–Vi gente y me entusiasmé, se justifica el otro, señalando nuestros vehículos. Pensé que serían diez personas como mínimo.

Activistas de la organización dejan mensajes de ánimo en las botellas
El año pasado, No More Deaths dejó 73.603 litros de agua en el desierto, con ayuda de más de 200 voluntarios. Yo fui parte activa durante mi estancia y llegué a cargar más de veinte litros por viaje a través de arenales y pendientes escarpadas para acceder a caminos de inmigrantes a los que sólo se puede llegar a pie. A veces, descubríamos que alguien había tirado el agua que habíamos dejado la vez anterior y arrojado los vacíos y rotos recipientes a los arbustos.

Preocupada por el Gobierno de Trump y su promesa de aplicar una política de mano dura en zonas que ya están fuertemente militarizadas y cargadas de violencia, me intereso por la opinión de varios voluntarios que llevan mucho tiempo en No More Deaths: "Trump cree en los cuerpos policiales y paramilitares. Pero las cosas ya están bastante mal por aquí. Hace años que lo están".

Cráneos humanos

Dos días después de encontrar la calavera del ocotillo, un grupo de voluntarios de No More Deaths descubre otro cráneo humano cerca de las montañas de Bates, al sur. Está a poco más de cien metros de una carretera. Y al día siguiente, cuando vuelven al lugar para ampliar la búsqueda, descubren otro.

Unas semanas más tarde, salimos de reconocimiento por el Parque Nacional Organ Pipe Cactus, uno de cuyos lados coincide con la frontera de México y Estados Unidos. Al subir por un camino por el que sólo pueden pasar la policía y la patrulla fronteriza, vemos que el coche de un sheriff avanza lentamente hacia nuestra posición. "¿Están batiendo la zona?", preguntamos al agente de la patrulla fronteriza que sigue al sheriff en una camioneta. Tras detener el vehículo a nuestro lado, nos dice que han estado recuperando restos humanos, aunque él no ha participado en la tarea.

El agente accede a indicarnos el lugar, para que nosotros podamos seguir buscando. Resulta ser una cueva con una charca de agua de lluvia y, tras sacar las coordenadas, ponemos pequeños montoncitos de piedras junto al radio, la clavícula y la costilla que están allí. Después, nos sentamos cerca de la verde charca y decimos unas palabras. Intento imaginar lo que se siente al pasar así tus últimos días, junto a unas aguas turbias y sin más testigos que los coyotes y los cactus.

Es la quinta vez en un mes que encontramos restos mortales. Y yo lo siento por la víctima; siento que estuviera sola.

Dentro de unos días, el sheriff volverá con otro grupo de voluntarios que lo llevarán de hueso en hueso y se asegurarán de que los recoge todos. El sheriff los guardará en una bolsa de plástico transparente, la cerrará y la meterá en el maletero de un vehículo que los voluntarios verán alejarse por un camino de tierra, levantando polvo bajo el despejado cielo de Sonora.

The Guardian
Carrot Quinn
Londres/ Madrid
Domingo 5 de marzo de 2017.


En las últimas tres décadas las estrategias del Gobierno mexicano no han logrado romper el ciclo intergeneracional que caracteriza esta problemática social

A finales de los setenta Juana dejó el trabajo arduo en los campos de Puebla para buscar mejores oportunidades en el vecino Estado de México, la entidad más poblada del país y donde uno de cada dos habitantes es pobre. A los 11 años de edad llegó a vivir a Ecatepec, una localidad conocida por los altos índices de feminicidio y de inseguridad. En sus primeros años trabajó limpiando casas y de obrera en una maquiladora. Tras no poder pagar la renta de una vivienda en una colonia reglamentada, se mudó a La Cuesta, un asentamiento irregular con altos niveles de marginación y apostado en las faldas de un cerro, donde no hay servicios públicos básicos: agua, drenaje y electricidad.

Sus padres se dedicaban a sembrar maíz, una actividad que heredaron de sus antepasados. “Éramos muy pobres y no alcanzaba para darnos de comer a mí y a mis nueve hermanos. Nos teníamos que levantar temprano para ir por leña y trabajar en la milpa, así que mejor me fui de ahí”, cuenta la mujer de 50 años. Juana tiene cinco hijos: dos de las mujeres apenas terminaron la primaria y se casaron. Otro de sus hijos vive en la calle sumido en las adicciones y los dos más pequeños, unos gemelos de 12 años, son los únicos que viven con ella en una choza de madera y cartón de unos 16 metros cuadrados.

Juana es una madre soltera que cada dos meses recibe un apoyo de 900 pesos (unos 45 dólares) de Prospera, el principal programa que atiende la pobreza en el país. El dinero no le alcanza para adquirir una canasta básica de alimentos. Apenas le sirve para pagar por bidones de agua potable que le surte un camión cisterna una vez a la semana y para los gastos derivados de la escuela de sus hijos. “Tuve que pedirle a una señora un préstamo de 3.000 pesos (150 dólares) para comprar los uniformes de los niños”, cuenta con un gesto de decepción. El alimento para su familia lo consigue trabajando como cocinera y vendiendo productos por catálogo. Otra parte viene de donaciones que le hace la gente.

Ella es un ejemplo del fracaso de los programas contra la pobreza México, que funcionan como un paliativo sin lograr erradicar el problema. En los últimos 30 años las estrategias instrumentadas por el Gobierno mexicano no han logrado romper el ciclo intergeneracional que caracteriza esta problemática social. Actualmente hay 55,3 millones de pobres (el 46,2% de la población) y en el futuro las cifras aumentarán, aseguran especialistas e informes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Los Estados tampoco han logrado poner en práctica una política de desarrollo social participativa que logre disminuir el número de personas con carencias.

La ASF, el órgano fiscalizador de los recursos públicos en el país, expone que para el Gobierno federal la pobreza no es un asunto a erradicar, sino una situación que se debe administrar y contener. Bajo esta lógica se creó en 1998 Solidaridad. El programa, con un enfoque meramente asistencialista, comenzó a contener la proporción de pobres, pero pronto se enfrentó a la debilidad económica nacional y el problema volvió a recrudecerse.

Gerardo Esquivel, académico del Colegio de México y especialista en temas de desigualdad, explica que hoy en día las cifras de pobreza son similares a las de 1992, pese a que se destinan mayores recursos para su atención. Esto se debe a dos factores: programas sociales que no resuelven los problemas de fondo de los beneficiarios y una ausencia de crecimiento económico. “El problema es que el programa presupone que una vez que la gente tenga mejores niveles educativos y de salud se va a insertar al mundo laboral y eso es lo que no está pasando”. No hay, expone, suficientes fuentes de empleo ni trabajos bien remunerados.

En 1997 surgió Progresa que buscaba terminar con la herencia de pobreza familiar. Su amplia cobertura y la consolidación de sus apoyos en alimentación, salud y educación resultaron eficientes, pero no logró proveer de herramientas para que las personas lograran romper el círculo vicioso de la pobreza, considera Ileana Yaschine, académica de la UNAM y quien escribió un libro sobre la política social de México. “A largo plazo se buscaba que estas personas que eran niños cuando inició el programa pudieron tener en el futuro mejores condiciones que las tenían sus padres y evitar la reproducción de la pobreza de una generación a otra, pero esto ha tenido limitaciones”, advierte. Para resolver de fondo el problema de la pobreza se necesita que haya una propuesta de política pública integral que incorpore acciones en el ámbito económico para generar crecimiento y mejores empleos.

Con la alternancia política en el país, Progresa se transformó en Oportunidades. La estrategia del entonces presidente Vicente Fox, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), se extendió hacia localidades semiurbanas y urbanas. Oportunidades, que continuó en el Gobierno del también panista Felipe Calderón (2006-2012), cambió de nombre en 2014. Con la llegada de Enrique Peña Nieto (PRI) lo rebautizaron como Prospera.

La política social de Peña adhirió una nueva estrategia: en 2013 se instrumentó la Cruzada nacional contra el hambre para atender a siete millones de personas en pobreza extrema alimentaria. Es decir, individuos que no pueden adquirir una canasta básica al mes. A casi tres años de haberse puesto en marcha, la cruzada ha sido un fracaso rotundo, afirma Esquivel, debido a que no hubo un diagnóstico inicial ni contó con estrategias bien definidas.

Las fallas del programa

Los programas del Gobierno federal para abatir la pobreza han operado con diversas fallas en su instrumentación a lo largo de los años, advierte la Auditoría Superior en un amplio estudio que evalúa la política pública. No focalizan correctamente a la población objetivo, hay una incorrecta coordinación de acciones y no hay evidencias de que garanticen el acceso a la alimentación y demás derechos sociales. En las auditorías hechas al presupuesto que han ejercido se han encontrado pagos indebidos para costear diversos servicios y en algunos proyectos no definen metas y no acreditan resultados.

El monto de los apoyos otorgados no ha sido suficiente para cubrir el costo de una casta básica. En 2015, el 43,6% de las familias beneficiarias no disponía del dinero necesario para acceder a los alimentos indispensables, aun con el apoyo del programa. “Su contribución fue paliativa”, se sostiene. En el aspecto de salud tampoco ha tenido los resultados esperados, ya que no se puede asegurar que hayan sido de calidad. Además, durante el periodo 1999-2015, los servicios itinerantes que podían acercarse a las comunidades más lejanas disminuyó en 22,5%.

Las repercusiones en el ámbito educativo han sido positivas al lograr disminuir el rezago escolar, pero no ha habido información para medir su contribución en el fomento de la terminación de la primaria, secundaria y preparatoria. “Además en los centros escolares existieron privaciones de recursos y servicios”, se expone. La inclusión de las personas en las vertientes productiva, laboral y social no resultó significativa y no se dio seguimiento a las familias vinculadas.

El País
Zorayda Gallegos
Ciudad de México
Lunes 27 de febrero de 2017.


Amnistía Internacional alertó que el gobierno de México aumentó las deportaciones de migrantes centroamericanos hasta en 200 por ciento


Ciudad de México.- El gobierno de México incrementó las deportaciones de migrantes centroamericanos hasta en 200 por ciento, pese a que en 2016 recibió la cifra más alta de solicitudes de asilo, denunció Amnistía Internacional en su reporte anual de 2016-17.

La organización dijo que la mayoría de los solicitantes de asilo son de El Salvador, Honduras y Guatemala, quienes vienen a México para huir de la violencia de sus países.

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Agregó que los operativos de seguridad del Programa Integral Frontera Sur aumentaron, además se registraron informes de extorsión, expulsiones masivas, secuestros y otros abusos contra los derechos de los migrantes.

El informe indica que hasta noviembre fueron detenidos 174 mil 526 migrantes, y se deportaron a 126 mil 420. Erika Guevara-Rosas, directora para América de Amnistía Internacional, dijo que eso representa  "un aumento de hasta 200 por ciento en las deportaciones de personas de El Salvador", así como de 150  por ciento en el caso de guatemaltecos y hondureños.

Dijo que México se ha convertido "en el país que hace el trabajo sucio" a Estados Unidos para contener el flujo de indocumentados al aumentar las deportaciones de centroamericanos.

Eso es muy sintomático de que México se ha convertido en el patio trasero de Estados Unidos, haciéndole el trabajo rudo", afirmó.

El informe de la organización también denuncia que en México persisten las violaciones de derechos humanos como la tortura, la desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales y detenciones arbitrarias, cuyas investigaciones, indicó, quedan en la impunidad.

Sobre el  plan de seguridad de 10 puntos anunciado por el presidente Peña Nieto en noviembre de 2014, destacó que aún no se ha aplicado plenamente, y tampoco se había cumplido la promesa de promulgar leyes contra la tortura y las desapariciones forzadas, así como contra las desapariciones a manos de agentes no estatales.

"Las fuerzas armadas seguían participando en las investigaciones que implicaban a personal militar, en contra de lo dispuesto en la reforma de 2014 del Código de Justicia Militar. Por tercer año consecutivo, las autoridades no publicaron la cifra de personas muertas o heridas en enfrentamientos con la policía y las fuerzas militares".

Alertó que se realizaron intensas campañas de difamación contra defensores y defensoras de los derechos humanos y contra observadores independientes, además continuaron las denuncias de homicidios y amenazas contra periodistas.

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Agregó que la violencia contra las mujeres es preocupante, pese a haberse declarado alertas de violencia de género en los estados de Jalisco y Michoacán.

Para Amnistía, la violencia aumentó notablemente en México, al registrar las autoridades 36 mil 56 homicidios hasta el final de noviembre, la cifra más elevada en este sexenio.

EFE
Milenio
Eugenia Jiménez
Ciudad de México
Miércoles 22 de febrero de 2017.


Los miembros de 'El gusto es nuestro' regresan a México 20 años después con cuatro conciertos en la capital además de Guadalajara, Puebla y Monterrey


Llegaron a las tablas del Auditorio Nacional de México, ataviados con chamarras de cuero y playeras negras, dispuestos a hablar de sus conciertos. Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Miguel Ríos y Víctor Manuel regresan a la capital mexicana con la gira que fue capaz de llenar la Monumental hace 20 años. Los de El Gusto es nuestro han vuelto, pero en su presentación se les cruzó Trump y la indignación mexicana. Frente a ello, Ana Belén hizo un llamamiento a la resistencia y Serrat apuntó que "desgraciadamente hay gente que prefiere los muros a los caminos".

Después de su gira de aniversario por España y Colombia, llegarán a México con una amplia agenda de eventos que arranca en la capital (el 23, 24, 25 y 26 de febrero) y se va a Guadalajara (el 3 de marzo), Puebla (8 de marzo) y Monterrey (11 de marzo). " Sentimos que las canciones que cantamos son el hilo emocional de muchas vidas, de mucha gente y eso es una recompensa extraordinaria", reconoció Miguel Ríos. Y añadió jocoso: "Dejé la residencia de la tercera edad, me acogieron ellos muy amablemente y es como estar en el recreo otra vez, como salir a jugar con los amigos a los que tanto quiero y respeto".

"México ha significado siempre nuestra casa. El agradecimiento que siempre hemos tenido a este país, a su generosidad desde que acogió a tantos exiliados españoles, al ser absolutamente firme en la defensa de esas ideas y lo que significaban esas personas. Desde que puse los pies acá siento un agradecimiento absoluto", insistió Ana Belén, recientemente reconocida con un Goya de Honor por su trayectoria también como actriz. La intérprete española fue la que comenzó hablando de Trump, evitando pronunciar su nombre: "De repente, nos encontramos con una situación en el mundo. Ustedes la viven porque están aquí al lado, pero son demasiados toques los que se están dando en diferentes partes del mundo, también en Europa. Esto nos sirve para que estemos alerta y con muchas ganas de resistencia, que también lo estamos".  

"Resumiendo, lo que han decidido 60 millones de estadounidenses es regalarle una navaja de afeitar a un chimpancé", intervino, sin los miramientos de su esposa, Víctor Manuel. Miguel Ríos añadió enfático: "Esto de que voy a hacer un muro y lo van a pagar ustedes es como si yo digo que voy a hacer un disco, para destrozarlo, con canciones de Alex Lora y encima lo va a pagar él. Si no fuera tan dramático, sería una gran chorrada ["estupidez", tradujo al momento Serrat]".

Los cuatro artistas coincidieron en que la resistencia tiene que comenzar "en la calle". Como demostraron los mexicanos, según recordó Ana Belén, el pasado día 12 de febrero.  "Lo interesante es que de pronto sea la gente la que le dicte qué hacer a sus gobernantes. No es votar una vez cada seis años, es votar todos los días", anotó Ríos. Y remató: "Si no decimos lo que no queremos por nuestra propia dignidad, vamos muy mal. Nuestra respuesta tiene que ser todavía mucho más dura y más valiente. Y decirles: Oiga, en mi hambre mando yo".

Durante su presentación de la gira en la Ciudad de México casi no se habló de su espectáculo, que nació por la reedición del disco de aquella gira de 1997 que recogía los éxitos de todos ellos, parte de la banda sonora vital de miles de españoles y latinoamericanos. Desde el famoso Bienvenidos (de Ríos), pasando por Solo pienso en ti (de Víctor Manuel), Contamíname, Penélope, La puerta de Alcalá o Mediterráneo (que Serrat ha convertido en un símbolo contra la crisis de refugiados en Europa).

—¿Y qué van a hacer en su espectáculo?

—Le mentaremos la madre a Trump. Y ya está. — exclamó burlón Miguel Ríos.

Serrat quiso precisar: "La sorpresa del show es que sigamos vivos, a nuestra edad, Y en perfecto estado de revista".

Proceso
Elena Reina
Ciudad de México
Martes 21 de febrero de 2017.


•    "Muro Humano, Puente entre Naciones" fue una iniciativa convocada por senadores de todos los partidos políticos de México

•    Senadores mexicanos llevaron este viernes a la misma línea fronteriza con Estados Unidos su rechazo al muro del presidente estadounidense Donald Trump, con una valla humana descrita como "emotiva" por el legislador izquierdista Armando Ríos Piter.


Ciudad Juárez.- "México es mucho más que un muro" y ante el discurso de Trump, demostrará "que los valores humanos se llevan en el espíritu y el corazón", dijo Ríos Piter a Efe al llamar a la unidad de México durante la formación del "Muro Humano, Puente entre Naciones".

La valla formada hoy por ciudadanos, legisladores de todos los partidos políticos y autoridades de Ciudad Juárez y El Paso (Texas, EE.UU.) "demuestra que tenemos futuro y lo vamos a encontrar", sentenció.

El legislador dijo que el muro humano fue un "acto emotivo" que cumplió el objetivo de dejar claro que la unidad nacional debe entenderse ya de forma distinta porque "no puede ser más a partir de la figura de un solo personaje por más que se trate del presidente de la República".

Destacó que la participación de ciudadanos con personajes de distinto origen político "nos da la claridad de que el muro de piedra y cemento es un absurdo solamente digno de alguien del tamaño o de la visión de Estado que tiene Trump".

La iniciativa "Muro Humano, Puente entre Naciones" fue convocada por senadores de todos los partidos políticos de México en protesta contra las políticas hostiles de Trump, quien ha ordenado la construcción de un muro en la frontera entre ambos países, prometido hacer que México pague su costo, y recrudecido la política contra los migrantes.

En Ciudad Juárez, en el norteño estado de Chihuahua, la iniciativa convocó a más de mil asistentes en una valla hombro con hombro, mano con mano a lo largo de varios kilómetros justo en el punto de la valla fronteriza con Estados Unidos.

"Queremos decirle a Trump que somos hermanos, que para nosotros no existen los muros", dijo a Efe Rosa Martínez, una residente de Ciudad Juárez que se sumó a la iniciativa.

Participaron además el gobernador de Chihuahua, Javier Corral; el alcalde de Ciudad Juárez, Armando Cabada; el alcalde de El Paso, Oscar Leeser, y el excandidato presidencial mexicano Cuauhtémoc Cárdenas.

Corral pidió a los habitantes de ambos lados de la frontera poner por delante el valor de la amistad y la unidad y "con las manos entrelazadas ratificar su deseo de seguir siendo una comunidad binacional".

Ramón Galindo, subsecretario del Gobierno de Chihuahua, dijo que los que formaron este muro humano "estamos aquí en una expresión de amistad, de buena vecindad y compañerismo; una relación de siglos que no se va a enturbiar por posturas extremas de nadie".

A su vez Leeser, el alcalde de El Paso, destacó que su urbe y Juárez son una misma ciudad y llamó a trabajar por mejorar la vida de las personas en ambos lados de la frontera.

Cárdenas, candidato presidencial mexicano en 1988, 1994 y 2000 y actual coordinador de Asuntos Internacionales del Gobierno de la Ciudad de México, aseguró que un muro "nunca va a separar a dos pueblos amigos".

Aunque México y Estados Unidos tienen diferencias en torno a las políticas migratorias y comerciales, han comenzado un diálogo que México quiere que sea integral e incluya todos los temas, entre ellos comercio, migración, seguridad y tráfico de drogas, armas y efectivo.

En materia migratoria, México ha pedido respeto a los derechos de los mexicanos residentes en ese país y deportaciones ordenadas y coordinadas de los inmigrantes ilegales mexicanos en Estados Unidos.

EFE
Ciudad de México
Sábado 18 de febrero de 2017.


Naturalista italiano, se hizo pasar por inmigrante sin papeles para viajar de Guatemala a EE UU y contarlo en 'El camino de la bestia'


Quien recuerde Cabeza de turco —la experiencia de Günter Wallraff, que se hizo pasar por inmigrante turco para padecer y retratar sus duras condiciones de vida en la Alemania de los ochenta— entenderá bien El camino de la bestia, un libro de simulación y pesadilla como el que hizo vibrar a Europa en 1985. Flaviano Bianchini, italiano nacido en 1982, decidió despojarse de su identidad, sus documentos y su ropa y se inventó a Aymar Blanco, un falso peruano que emprende desde Guatemala el camino ilegal para llegar a Estados Unidos. Tardó 21 días en atravesar México escondido en trenes, encarcelado a veces, refugiado otras, dormido en contra de su voluntad cuando le vencía el sueño, saqueado en el camino y mareado en el desierto, pero más de tres años en escribirlo ante el bloqueo que sufrió por una experiencia que “escribía, borraba, reescribía y borraba otra vez porque no lograba ponerle sentido”.

- Usted siempre podía abandonar, proclamar que era italiano y evitar la cárcel, las torturas que sufrió. ¿Fue difícil mantener ese engaño a sus compañeros de viaje?

- No, porque empecé el viaje disfrazado de Aymar Blanco, pero lo acabé como Aymar Blanco. Cuando me encarcelaron, por ejemplo, podía haber abandonado mi papel, decir que era italiano y salir. Cuando crucé Ciudad de México también. En una hora podía haberme sentado a tomar una cerveza. Pero no lo hice y después ya no había vuelta atrás. Entré tanto en el personaje que ya era uno de ellos. La idea de engañarles ni siquiera se me ocurrió porque yo era Aymar Blanco y lo que podía quitarles en comida que les correspondiera se lo he devuelto con un documento que creo que puede ayudar.

Bianchini habla perfectamente español con retazos de varios acentos americanos. Su trabajo como especialista en daños a la salud en la ONG Source International le ha llevado a defender comunidades indígenas de Honduras, Guatemala y Perú afectadas por la llegada de empresas mineras. Pero este libro le ha situado en otro sitio. “La experiencia te cancela, te anula toda forma de humanidad”, explica en conversación por Skype.

La primera regla del migrante es no fiarse de nadie porque detrás de cualquier otro puede haber un ladrón, alguien que te va a vender a las mafias o, en el mejor de los casos, que va a correr más que tú si la policía asalta el tren. “Es la regla número uno y todo inmigrante la viola porque es innatural”. Surgen entonces pequeñas alianzas, inconstantes y momentáneas para buscar un refugio u otras vías, pero entonces llega el otro riesgo del que también hay que huir: y es tomarle cariño a los demás. “Perdimos a dos personas en el trayecto final en el desierto, de noche, creo que eran dos mujeres embarazadas, pero era mejor no saberlo porque no puedes hacer nada, no puedes volverte a buscarlas”. Los migrantes pierden hermanos, amigos, novias por el camino “y siguen adelante cuando lo humano sería pararse a irles a buscar”.

“Aunque construyan más muro no van a evitar el paso, simplemente requerirá mayor organización”

Pero volver atrás significa perder al grupo, perder a un guía que no frena y quedarse vagando sin norte en el desierto. “Te vuelves animal: hay que comer, beber, esconderse, escapar y ya”.

En la zona fronteriza no solo la oscuridad y la inmensidad amenazan a los inmigrantes, sino los pozos envenenados por los “minutemen”, los estadounidenses blancos que esperan armados a los extranjeros y que han cimentado la victoria de Donald Trump. “Aunque construyan más muro no van a evitar el paso, simplemente requerirá mayor organización”. Bianchini recuerda que siempre hubo frontera, los mexicanos pasaban a hacer la cosecha y volvían a casa en invierno pero “desde que está el muro ya no vuelven”. “Lo único que va a parar la inmigración es un mejoramiento de la situación”.

“Perdimos a dos personas en el desierto, creo que eran dos mujeres embarazadas pero era mejor no saberlo porque no puedes hacer nada"

El camino de la bestia (Pepitas de Calabaza) nos deja las reglas de un migrante para sobrevivir, pero sobre todo nos arroja las verdaderas reglas que rigen un mundo sin aliados ni defensas. “Aunque Jesús era en el fondo un hijo de migrantes, hasta Dios se ha olvidado de ellos”, dice en el libro.

Bianchini concluye con la contradicción más angustiosa que vivió en su inmersión: “Ese tren es la metáfora de este mundo de extremos: los bananos viajan legalmente, las personas no. El banano tiene más valor que el ser humano que viaja encima de él y para mí eso representa el mundo de hoy, los bienes materiales tienen más valor que los seres humanos”.

El País
Berna González Harbour
Madrid, España/Cd. de México
Jueves 12 de enero de 2017.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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