Perfil de Lydia Cacho, una periodista que narra desde las entrañas y que encuentra en las historias de los demás su razón de existencia.

Lydia Cacho quería escribir poesía pero resultó —en sus propias palabras—, pésima en esa disciplina. Ha logrado, no obstante, llevar una vida parecida a la de una poeta. Disfruta de la reclusión y la soledad en medio de la vegetación salvaje del Caribe mexicano, donde construyó una enorme casa, una fortaleza, gracias a décadas de trabajo. En medio de un vasto terreno de cinco mil metros cuadrados repleto de palmeras y árboles frutales y rodeado por una barda altísima, se erige la vivienda de color blanco que asemeja un caracol majestuoso enterrado en la tierra. Ella misma la diseñó, pues le fascinan las figuras con la proporción áurea, el número de Dios. Lydia Cacho no se limita al periodismo, que ejerce desde los ochenta. Ella explora la filosofía, el feminismo, la religión, las estructuras de poder, el yoga, la cocina, la hidroponia y más. Ella misma se juzga aburrida y por eso le interesan los otros. El periodismo le ha permitido hallar en los demás —niños abusados, mujeres explotadas, hombres victimarios— algo que merece ser narrado y que es útil para la sociedad. El tedio siempre está al acecho y por eso tiene que hacer, crear, escribir, viajar.

Su viaje en el periodismo —lo sabe, todos lo sabemos—, no ha sido idílico ni placentero. “No hay forma de no salir herido del periodismo”, dice con la sabiduría de una sobreviviente. Si uno mira con atención en su extenso jardín, puede descubrir las cámaras de seguridad que ordenó instalar ocultas entre las hojas de las palmas. Las amenazas y la tortura —sexual, física y psicológica— dejaron su huella, y Lydia ha dedicado horas de yoga, meditación y terapia a reconstruirse para seguir haciendo periodismo.

Este año entregará al público tres proyectos que exploran los múltiples matices de la infancia: una docuserie sobre niños —ella dirige y escribe— titulada Somos valientes; un nuevo volumen infantil que dará continuidad a En busca de Kayla y uno más sobre menores que reconstruyen sus vidas tras haber sido reclutados por el narco y el terrorismo, cuyo título pide no publicar: “Una vez dije un título en público y me lo robaron, no quiero que me vuelva a pasar”. Nunca ha parado de trabajar. Casi cada año entrega una obra a las editoriales, aunque bien sabe que podría vivir de la fama de Los demonios del Edén (2005), el texto que la catapultó al plano internacional tras revelar una red de explotación infantil en Cancún. Pero su propia fama le incomoda, le estorba, le parece vacua. Ella quiere hacer periodismo que sirva a la gente.

Y esa es la paradoja de Lydia Cacho: una mujer que se califica a sí misma de tímida pero que, al mismo tiempo, ansía entrevistar, investigar al poder y recorrer el mundo.

* * *

La figura de Lydia Cacho está tan mimetizada con el paradisiaco Cancún, que se olvida que nació en la Ciudad de México en 1963. Creció en un departamento en Mixcoac, en una familia de clase media. Su madre, la psicóloga Paulette Ribeiro, le inculcó el feminismo; su padre, el ingeniero Óscar Cacho, la hizo ordenada. Cuando Lydia tenía 17 años, la familia viajó a Cancún para que ella y sus hermanos se certificaran como buzos. Se enamoró de esa tierra salvaje que estaba en pleno desarrollo como un polo turístico mundial. Desde entonces no ha dejado de bucear: conoce todos los cenotes de Quintana Roo y ha nadado en mar abierto entre delfines, hacia la frontera con Belice. Se resiste, sin embargo, a nadar rodeada de tiburones. No es que lo necesite, pues ya lo ha hecho desde el periodismo: “Al menos en los animales entiendes que es instinto, pero la violencia en los humanos es distinta, hay otros motivos”.

Cuando tenía 19 años, se fue a vivir a París con unos familiares. Llegó sabiendo hablar y leer francés —su abuela materna le enseñó—, pero era incapaz de escribir bien y decidió tomar clases. También se inscribió a un diplomado de historia del arte en la Sorbona. Para pagar sus clases se puso a trabajar como femme de menáge. Suena lujoso pero no es otra cosa que ama de llaves. Lydia lavaba platos, baños, pisos y sacudía. “Orgullosamente fui trabajadora doméstica”, recuerda. Un día se le ocurrió lavar y planchar la ropa de la casa donde daba servicio. La dueña enloqueció para bien. “Estaba fascinada de que le plancharan la ropa y me pagó el triple”. Lydia se volvió una sensación entre las amas de casa francesas, quienes le pedían que planchara sus ropas. Estuvo año y medio en Francia y, con el dinero ganado, volvió a México. Al poco tiempo entró a trabajar como asistente de producción a los Estudios Churubusco, gracias a la invitación de una amiga. “Eran unas películas gringas malísimas la verdad”. Con el dinero ahorrado, a mediados de los ochenta, decidió ir a probar suerte a Cancún.

Como quería ser poeta y necesitaba ganar dinero, fue a pedir trabajo a un periódico. Guapa, de 22 años y atlética, la mandaron a la sección de cultura y sociales. “Ahí es donde nos mandaban a las mujeres”. A la tercera semana ya estaba dando de qué hablar: su jefe la mandó a entrevistar a mujeres mayas para ver cómo les afectaba el turismo. “Llegué y las señoras me mandaron al diablo. ‘Nosotros tenemos otros problemas’, me dijeron. Y empezaron a hablar de violencia doméstica, abuso infantil y demás. Entregué mi nota y me dijeron que no saldría”, cuenta. “Aquí no se habla mal de Cancún”, fue la respuesta de su editor. Ese fue el punto de quiebre de su carrera. “Ah, ¿sí? ¿no se habla mal de Cancún? Pues ahora van a ver…”, recuerda en broma. En los noventa, ya en otra redacción, hizo una serie sobre casos de VIH entre hombres gay en aquella tierra idílica. El entonces gobernador Mario Villanueva, ahora preso por vínculos con el narcotráfico, le llamó enojado a su casa: “¿Por qué publica esas cosas? ¡En mi Estado no hay VIH!”. “Pues en el mío sí”, le reviró la periodista.

Desde entonces se dedicó a narrar el revés de ese paraíso mexicano donde confluyen intereses comerciales y políticos. Más de uno la ha acusado de querer destruir la fuente de empleo de miles de mexicanos. “La gente no entiende que el turismo tiene sus propios vicios y problemas, y yo sólo me dedico a documentarlos”.

* * *

Para llegar hasta Lydia Cacho hay que tomar un vuelo a Cancún y conducir casi una hora a través de esa tierra que mezcla grandes desarrollos hoteleros, casas humildes y adentrarse en la selva. El viaje es muy similar al que ella ha hecho en su producción periodística: narrar desde las entrañas y no quedarse sólo en la aparente felicidad de las playas con familias estadounidenses o los paquetes todo pagado para disfrutar de la Riviera Maya. Su chofer es un joven parco. Sabe que debe ser discreto sobre las medidas de seguridad. En la radio de la camioneta suena un disco en vivo de Pablo Milanés. “Ella lo ponía mucho y me gustó. Le gusta la música así, calmada…”, dice.

Lydia vive con tres perras: Luna, una rottweiler entrenada para atacar o ser el rostro de la ternura, Petra y Matilda. Las mascotas la siguen por toda la casa o cuando sale al jardín a recolectar lechugas y hortalizas de su huerto —ella misma las sembró y cuidó— o a recoger huevos orgánicos del gallinero. Tiene árboles de papaya, aguacate, guanábana y cítricos. De toda la cosecha de frutos, sólo recoge la mitad para consumirlos y el resto los deja para las aves que visitan el área. El terreno lo compró hace tres décadas por la irrisoria cantidad de 5 mil dólares. Hoy un precio así sería impensable. Buena administradora, poco a poco fue construyendo su hogar. Se hizo una pequeña piscina. También creó un área para hacer su propia composta: una barda cuadrada hecha con decenas de botellas de vidrio vacías pegadas con cemento. “En esta casa se toma vino”, dice. Sin embargo, reconoce sus debilidades: “Yo tengo muy claro que en cualquier momento podría convertirme en adicta. Todo el tiempo me estoy cuidando de ciertas cosas, de medirme, es parte del autoconocimiento”.

Durante la plática, Lydia dirá muchas veces —quizá sin notarlo— las palabras resiliencia y autocuidado. Dadas las experiencias que marcaron su vida, resulta lógico que esta mujer de casi 54 años hable de remontar, de protección. La fama, deseada por muchos, para ella puede ser un obstáculo. Alguna vez, en un evento de la ONU, se encontró con la actriz Angelina Jolie, embajadora de buena voluntad del organismo. Lydia se acercó a ella después de la ráfaga de flashes y disparos de las cámaras de los fotógrafos. “Le pregunté cómo manejaba la fama. ‘¿Cómo haces esto, qué horror, qué pesadilla?’, le dije”. Jolie, calmada, le dio una lección: “Yo sólo quería ser actriz y aprendí que la fama son unos zapatos de tacón y decides cuándo te los pones y cuándo te los quitas”. Lydia entendió que cuando se vive de la fama o el prestigio, el ego se enferma. “Eso debilita al periodismo”, dice.

El periodismo actual le parece poco útil, perdido en información que no sirve a la sociedad. “Cada vez que salgo a la calle a documentar cualquier tipo de historia, tengo que quitarme la coraza para tratar de comprender a la otra persona y no prejuzgarla. Para mí ése es el buen periodismo”. Más que juzgar, ha tratado de comprender a los otros: “No hablo de empatía hacia un pederasta o un asesino, pero sí hay que atreverse a buscar en la historia de los personajes qué los hizo convertirse en lo que son. Si no lo haces, tu pieza periodística será un cliché”. Tuvo una columna en El Universal durante nueve años y después, sin más, se fue: “Nunca he estado encantada con los grandes medios. Me parece que les estorbo”. Hoy es una freelance de primera línea. A los gurús del periodismo cercano al poder los llama viejos cínicos, los deprecia: “El cinismo vuelve crueles a las personas. Yo tuve claro que no quería ser así porque te ciega de la realidad”.

Esa manera de hablar tan sincera le ha valido momentos incómodos y divertidos. En 2007, viajó a Nueva York a recibir un premio de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés). La encargada de darle la presea fue Caroline Kennedy, hija del presidente asesinado. Cuando estaban en el coctel posterior a la ceremonia, la heredera Kennedy se acercó a ella y le ofreció refugio. “Yo era la perseguida del momento y me pareció increíble lo que me decía”. Pero en vez de deshacerse en agradecimientos, Lydia soltó una bomba: “Le dije: ‘¡Pero si mataron a tu papá, a tu tío, quién sabe si a tu hermano lo mataron! ¡Eres una Kennedy, es más fácil que te maten a ti que a mí, mejor vente conmigo a Cancún!’”. Todos los estadounidenses se quedaron boquiabiertos y ofendidísimos por la mexicana. Ella se sigue riendo de la escena.

Hace más de una década, cuando estaba en la gira de presentaciones de Los demonios del Edén, le tocó estar en Zacatecas. Su nombre ya era famoso después del infame secuestro y tortura que vivió por parte de la Procuraduría de Puebla, por órdenes del gobernador Mario Marín en colusión con el empresario Kamel Nacif. Llegó tal cantidad de gente que el espacio rentado fue insuficiente, así que debieron moverse a una explanada. Hacia el final, cuando se abrieron las preguntas al público, un hombre de unos ochenta años levantó la mano y pidió la palabra. A Lydia aún le estremece la anécdota: “Ese señor dijo que había seguido las noticias y compró el libro para apoyarme. Lo leyó y gracias a eso, por primera vez en su vida, le confesó a su esposa que cuando era niño habían abusado de él y nunca nadie le creyó. No fue el único, se pararon otro y otro. Al final cinco hombres se habían visto reflejados en el libro. La gente aplaudía. Ése es el periodismo que busco: el que es útil a la gente”. Todavía se le cristalizan los ojos, conmovida.

Todas esas experiencias las ha ido canalizando de diversas formas: baila, cocina, ríe, viaja o pinta los fines de semana. Una vez que viajó a Bali, Indonesia, se las arregló para quedarse más de un mes y, entre cada presentación de libros o foro, tomó un curso de cocina. Ahora prepara un extraordinario curry con leche de coco y berenjenas. También sabe preparar comida francesa, portuguesa y más. La mexicana, empero, le falla un poco: “El arroz no se me esponja”, bromea. Cuando estuvo en Japón, decidió tatuarse dos kanjis en la nuca: el deseo y la esperanza, como si fueran su motor de vida.

* * *

El nombre de Lydia Cacho ya está inscrito en la historia del periodismo mexicano. Los demonios del Edén, hoy se puede considerar un clásico. Ariel Rosales, editor at-large de Penguin Random House, la casa donde ha publicado la mayoría de su obra, considera que abrió nuevos temas en el panorama: “Ella llevó al gran público el tema de la trata, del abuso de menores, de la pornografía infantil. Temas duros que a muchos no les gusta ver, pero que gracias a ella ahora se hablan más y se discuten”.

Lydia recuerda que cuando la editorial le entregó las planas de corrección, estalló en llamas. “Le habían quitado todo el lenguaje de género, toda visión de feminismo. Ya no decía ‘las niñas y los niños’ y más, y eso era parte fundamental del libro, no se le podía quitar”. Tomó un vuelo a la Ciudad de México y habló, furiosa, con Rosales y la gente de la editorial. Tuvieron que ceder y regresaron al manuscrito original. Rosales y Cacho vivieron juntos la presión del poder y la censura que rodearon al libro, y que, más tarde, reconstruyeron en Historia de una infamia. Su otro libro, Las esclavas del poder, ha sido traducido al sueco, polaco, finlandés y más. Lydia es una autora internacional.

“Ya se ha dicho mucho, es casi un lugar común, pero sí, es una mujer muy valiente, de muchos huevos, de un gran carácter”, dice Rosales. A Lydia le da risa la imagen pública de ella: una mujer dura, con gestos fuertes, vestida de negro, de “cazavampiros”. “No soy así, soy alegre, bailo, me divierto, tengo sentido del humor, aunque a muchos les parece ácido”. Le cansa un poco el adjetivo de “valiente”, que la coloca en un papel extravagante: “Siempre dicen ‘Lydia Cacho, qué mujer tan valiente’ o ‘Carmen Aristegui, qué valiente’. Y yo pienso: es que no deberíamos ser la excepción, todos deberíamos atrevernos a dar más”.

Para Diego Rabasa, de Sexto Piso, la editorial que publicó el libro infantil En busca de Kayla, Lydia ocupa un papel central en el periodismo mexicano: “No sólo por ocuparse de temas tan complejos y asociados a hondas y oscuras tramas del poder, sino por abrir brecha para periodistas mujeres en un país con dramáticos índices de violencia de género”. La imagen que tiene de ella es de una mujer de una fortaleza fuera de lo común. “Su compromiso es tal que lejos de causarle problemas o dolor, le inyecta fortaleza. Está consciente del tamaño y el peso de sus adversarios y sabe que tiene que estar a la altura de los mismos”.

En busca de Kayla fue un experimento, muy afortunado, de Lydia explorando la literatura infantil en compañía del ilustrador Patricio Betteo. La historia narra la desaparición de Kayla, una niña raptada por una red de explotación infantil que la enganchó vía internet y cómo sus amigos de la escuela deciden buscarla. “Yo le decía a Sexto Piso que cómo se les ocurría que yo hiciera un libro infantil… ¡Están locos!”. El libro ha sido devorado por menores y ayudó a que los padres pudieran hablar de esos temas con sus hijos. Incluso ya existe una app gratuita para que se lea y la gente se informe. La demanda fue tal que rebasó la capacidad de operación de la editorial. Rabasa cuenta: “Nuestra colección infantil es, curiosamente, también una de las más políticas. Siempre habíamos querido trabajar con Lydia y nos pareció que esta colección nos abría la puerta para hacerlo. Fue un éxito en todos los sentidos y supuso un reto tanto en la distribución como en la promoción”.

Aunque hay una recurrencia de ciertos temas en la producción de Lydia, su verdadero tema de exploración es el poder patriarcal y los momentos clave en la vida de las personas en que se convierten en víctimas o victimarios. “Quienes se suman a los códigos del poder patriarcal son quienes acaban ganando más en términos económicos o en términos de control de las vidas de los otros y, justamente, es uno de los temas que me han movido más para hablar en mi carrera periodística”. Siempre que entrevista a mujeres abusadas, niños explotados u hombres perseguidos, Cacho ha encontrado un patrón: “No importa cuál sea el tema —corrupción, abuso sexual infantil, pornografía infantil, persecución de periodistas—, haz la lista y en todos los casos los patrones de comportamiento de los abusos de poder siempre tienen que ver con la educación de la verticalidad del patriarcado”.

La bifurcación de caminos que ha hallado Lydia es simple: “Hay periodistas, activistas, que hemos comprendido que el poder también sirve para dar voz a los demás, para ser ‘los otros’. Y hay quienes han sido dominados por el ego y prefieren sumarse a estas visiones retrógradas, que controlan la vida de los demás, la sexualidad y lo hacen a través de los códigos más simples que son partidos políticos, eclesiástico y más”. Y si alguien ha vivido en su cuerpo y mente la violencia patriarcal, ha sido ella.

* * *

En la lista de nombres relacionados a la red de explotación sexual infantil que Lydia Cacho citó en Los demonios del Edén aparece el nombre de Miguel Ángel Yunes Linares, actual gobernador de Veracruz. Otro político prominente nombrado es el hoy senador del PRI, Emilio Gamboa Patrón.

Para la periodista, el ascenso de Yunes Linares a la gubernatura es una vergüenza y no teme decirlo: “Es la muestra de la decadencia y creo que es el principio del fin”. Cuando alguna vez dijo en público que estaba convencida de que Yunes Linares iba a ganar la elección, como ocurrió, mucha gente se asombró. “Yo dije ‘Va a ganar, va a ganar porque el sistema se lo va a permitir, porque el sistema lo protegió’”.

Cuando Lydia publicó su libro, Yunes Linares era subsecretario de Seguridad Pública, en los tiempos de la presidencia de Felipe Calderón. El político intentó boicotear la obra. Ariel Rosales recuerda que él y Faustino Linares, director general de la editorial, fueron a verlo. El político de pasado priísta intentó convencerlos de que leyeran una carta en la que, supuestamente, la Procuraduría de Quintana Roo decía que él no tenía nada que ver. No era menor la estrategia: quería que la editorial denostara al libro durante la presentación, dos días después. Los editores y la periodista resistieron. Cacho abunda: “Lo que pienso de Yunes ya lo he escrito y lo sostengo. Aunque cada vez que digo algo me vuelve a mandar amenazas con los abogados. Es un tipo que cometió delitos y debería pagar por ellos y no debería estar siendo gobernador de Veracruz. Me queda claro que está ahí para subsanar los acuerdos entre la delincuencia organizada y los gobernantes”.

El panorama de la política en México desencanta a la periodista: “La nueva generación (de políticos) en la que confiaríamos no quiere hacer política porque los partidos están totalmente corrompidos. Y eso es un problema monumental”.

Aunque un tiempo estuvo hundida en juicios y demandas, hoy sólo está atenta al caso de uno de los policías de Puebla que la detuvieron ilegalmente y torturaron y está preso en Quintana Roo. El ex agente busca llevar su juicio en libertad. Ella sigue el caso a través de sus abogados. Las denuncias contra periodistas en México no son nuevas. El diario The New York Times publicó un editorial el año pasado alertando del aumento de demandas, lo que atentaba contra la libertad de expresión. “Esos juicios te paralizan, te comen el alma”, dice Lydia. Su caso tuvo tanta resonancia que llegó a la Corte mexicana y hasta la ONU.

En 2015, Virginia Betanzos, una ex diputada del PRI de Quintana Roo, publicó un libro para atacarla: Lydia Cacho: la otra cara de la pederastia. La mujer presentó su obra en Casa Lamm acompañada de la conductora Fernanda Tapia y Arturo Rodríguez, académico de la UNAM. Apenas tomó el micrófono, Betanzos soltó: “¡Estamos hartos de que la señora diga que es perseguida, torturada, y que viva denostando a Quintana Roo!”. Lydia se ríe, sabe que todo es para desacreditarla. “Sí hubo un momento en que me preocupó, sobre todo cuando gente seria, que respeto, me comenzó a preguntar. Pero entiendo que forma parte de una guerra sucia”. Le han dicho de todo. En los diarios de Cancún han publicado quiénes han sido sus amantes. Se lo toma con gracia: “Primero, el número que han publicado estaba equivocado y además no ponían a quien fue mi marido”.

Conoció a su exmarido en clases de buceo. Estuvieron juntos casi una década. Ella cada vez hacía periodismo de mayor riesgo y él no estaba para sustos. Incapaz de pedirle que decidiera entre su carrera o él, prefirió retirarse. Hoy son muy buenos amigos. Otra relación significativa de Lydia fue la que tuvo con el escritor y periodista Jorge Zepeda Patterson. A su lado vivió todo el drama de Los demonios del Edén y la represión que vino después.

* * *

El estudio de Lydia Cacho está en el último piso de su casa. Un espacio circular que revienta de luz día y tarde. Desde las ventanas se ve un mar verde de palmeras. Tiene una hamaca donde se echa a leer. Los libreros están repletos: los tomos de poesía se combinan con los de narcotráfico, feminismo, corrupción y demás. Sobre una mesa tiene los libros que consulta para la obra en que trabaja. Aparte, tiene dos tomos de poesía de Emily Dickinson y T.S. Eliot que lee para entretenerse. Lydia no se siente una poeta frustrada: “En realidad mi primer libro fue de poesía, es pésimo”.

En su estudio también pinta, sólo para distraerse, nada serio. Sus cuadros los regala a sus amigos. En un rincón de la habitación tiene adosados a la pared algunos de los muchos premios que ha recibido: The Olof Palme Prize, en 2011; la Legión de Honor, del gobierno francés, en 2012; el Premio Mundial que da la UNESCO por la Libertad de Prensa, de 2008 y más. El último premio que recibió, en febrero de 2016, fue el ALBA/Puffin al Activismo en Pro de los Derechos Humanos. El dinero que recibió lo guardó y ha sido clave para uno de sus nuevos proyectos: la docuserie Somos valientes.

Su nueva aventura consiste en pequeños capítulos, de diez minutos, sobre niños en comunidades vulnerables de México y cómo han aprendido a superar situaciones de dolor. La serie es, al mismo tiempo, dolorosa y esperanzadora. “Quiero darles voz a los niños porque tienen claras muchas cosas, más de lo que los adultos pensamos”. Los menores hablan de discriminación, corrupción, violencia, pobreza. En la producción reclutó a Marcela Zendejas, quien participa en el proyecto de Estereotipas y la música estuvo a cargo de Jacobo Lieberman y Leo Heiblum, dos de los músicos más reconocidos en México por su trabajo en el cine.

En uno de los encuentros grabados, los niños contaron que uno de sus compañeros los amenazaba con “enterrarlos en una fosa”. La situación causó tanto miedo, que una madre de familia sacó a su hija de la escuela. Los maestros no supieron cómo lidiar con ello. Los alumnos estaban seguros de que su compañero era hijo de “un sicario”. Cuando se reunieron con Lydia, para la filmación, él acabó llorando, avergonzado de que por su broma una compañera se hubiera cambiado de escuela y todos lo creyeran narcotraficante. “Yo les pregunté: ‘¿y por qué no dijeron nada?’. Les daba miedo. ‘¿Qué prefieren ser: cobardes o valientes?’”. Los niños respondieron que valientes. La sesión sirvió para sanar las relaciones entre los niños. El director agradeció la intervención de Lydia. Por ahora, ella negocia con Netflix la compra y distribución de su serie.

Antes de acabar la entrevista hice la misma pregunta a la periodista: “¿Lydia Cacho qué prefiere ser: víctima o valiente?” Ella sonrío, saboreó sus palabras como si degustara un buen vino, y con esa sensualidad que desborda y la hace segura de sí misma, dijo mirando a los ojos: “Valiente”.

Gatopardo
Rafael Cabrera
Ciudad de México
Martes 7 de marzo de 2017.

Tras denunciar una red de prostitución y pornografía infantil en el año 2005, Lydia Cacho fue detenida y trasladada del estado de Quintana Roo a Puebla, gobernada entonces por el priista Mario Marín y uno de los acusados de participar en dicha red de prostitución.

Ciudad de México. - La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ejerció su facultad de atracción para revisar un amparo promovido por la periodista Lydia Cacho en contra de una orden judicial de que se tenga que carear con policías ministeriales de Puebla que la privaron de su libertad luego de que denunciara la existencia de redes de pornografía infantil que operaban en Puebla.

A propuesta del ministro José Ramón Cossío, la Primera Sala del Alto Tribunal resolvió que el caso es de interés y trascendencia por que el fondo del juicio de amparo está vinculado con las medidas de protección que se le deben otorgar a una víctima de tortura, en este caso Lydia Cacho, para prevenir una afectación emocional o psicológica durante un careo con los inculpados de cometer el delito.

El expediente del caso establece que, tras denunciar una red de prostitución y pornografía infantil en el año 2005, fue detenida y trasladada del estado de Quintana Roo a Puebla, gobernada entonces por el priista Mario Marin y uno de los acusados de participar en dicha red de prostitución.

Durante el traslado, Lydia Cacho fue torturada por los policías judiciales, por lo que presentó una denuncia penal por estos hechos, de la cual se desprendió una orden de aprehensión y de captura en contra de los presuntos responsables.

Una vez detenido uno de los inculpados, el juez de Distrito ordenó el desahogo de los careos constitucionales ofrecidos por la defensa del acusado, los cuales pretendía efectuar a través de videoconferencia entre el procesado y Cacho Ribeiro.

Sin embargo, la autora del libro “Los Demonios del Edén” promovió amparo en su calidad de víctima, el cual le fue concedido por el juez federal, para el efecto de que se establecieran medidas de protección a su favor, pero sin que se fijarán los lineamientos mínimos a la autoridad responsable para garantizar que la víctima sufriera una afectación a su salud física y emocional, incluyendo la posibilidad de prescindir totalmente de dicha diligencia.

Con este juicio de amparo, se podrían establecer criterios para que los juzgadores en procesos penales investiguen la comisión de actos de tortura y malos tratos a fin de resguardar y garantizar los derechos de las víctimas, incluyendo la temporalidad de las medidas que se deben adoptar.

Además, la Corte se deberá pronunciar sobre si basta evitar el contacto físico y visual entre los presuntos agresores y las víctimas para cumplir con la obligación de proteger a estas últimas y si derivado de los estudios médicos y psicológicos que se realicen a las víctimas, se pueden cancelar careos para evitar la afectación de las mismas.

El Universal
Ciudad de México
Miércoles 13 de abril de 2016.


La periodista mexicana Lydia María Cacho Ribeiro, aseguró en entrevista con la cadena estadounidense Telemundo, que la estructura del Cártel de Sinaloa es liderada por Alfredo e Iván Guzmán, hijos de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias El Chapo, quien recientemente fuera reaprehendido y se encuentra preso en el Centro Federal de Readaptación Social Número 1, El Altiplano.

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera me parece uno de los criminales de este país. Sus dos hijos controlan el Cártel desde hace muchos años, dijo, “Y eso lo saben las autoridades, pues afirmó, El Chapo estaba retirado de la actividad criminal.

Él ya está más allá del bien y del mal; él ya está retirado desde hace años y las autoridades, y el FBI y la Interpol y la CIA lo saben perfectamente. Él no es el operador del Cártel, afirmó Cacho.

Él ya hace operaciones políticas de otro tipo, y él ya con el dinero que ha lavado está haciendo operaciones de negocios lícitos, y eso lo sabe la autoridad, dijo la periodista.

Cacho aseguró que el verdadero riesgo para los enemigos de El Chapo Guzmán es que toda esa información salga a la luz, pues para eso se han preparado tanto sus hijos como sus socios en Estados Unidos, con quienes habrían planeado una guerra informativa para develar pruebas contra políticos de ese país y de México.

Para ello, anticipó Cacho, los enemigos de El Chapo, entre ellos algunos políticos de México y EU, han planeado durante años una estrategia que los llevó a conformar una serie de pruebas documentales, como videos, fotografías y cheques en cuentas extranjeras, con las que enfrentarán los socios parciales del capo sinaloense en el negocio del tráfico de drogas.

La periodista dijo que en Cortes de Estados Unidos hay 82 casos en contra del capo y sus aliados, pero que la presencia de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en México, los informes del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y de la Agencia antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), sobre vínculos políticos con el cártel, además las confesiones que el narcotraficante y su familia han hecho a la prensa a últimas fechas, complican el panorama.

Los hijos de El Chapo son drogadictos, afirma escritor colombiano

Por su parte, el escritor y ex narcotraficante colombiano, Andrés López López, afirmó que de dos de los nueve hijos de El Chapo, Joaquín Jr. y Griselda (producto de su segundo matrimonio) tocaron fondo por su adicción a las drogas.

Jamás pensó que fuera a vivir en carne propia las consecuencias del producto que lo había vuelto un hombre rico y poderoso, narró Andrés en uno de los 69 capítulos del libro biográfico que escribe sobre el capo sinaloense Joaquín El Chapo Guzmán: El varón de la droga.

López López, uno de los líderes del Cartel del Norte del Valle y conocido con el alias de Florecita, narró en entrevista con el diario Excélsior cómo el capo intentó sabotear la historia donde narra los problemas con sus hijos y cómo la relación con las mujeres determinaron parte de su vida.

No escribo libros por encargo, y no iba a prestar mi escrito para que El Chapo lo autorizara o editara. No me interesaba entregarle el alma al diablo, dijo el ahora escritor radicado en Estados Unidos.
El también autor de El Cártel de los Sapos afirmó que sorteó todo tipo de sabotajes por parte de la gente del capo más famoso del mundo para que esta historia nunca saliera a luz, desde el intento de comprar completa la primera edición hasta amenazas de muerte.

Yo creo que al Chapo Guzmán que tú vas a encontrar en el libro es uno que para bien o para mal, las decisiones de su vida han sido influenciadas por las múltiples mujeres que ha tenido, afirmó Florecita sobre las debilidades de El Chapo.

Los políticos y las bandas criminales desacreditan a los periodistas.

Cacho también afirmó en la entrevista con Telemundo, ser amiga de la actriz Kate del Castillo, e insistió en que todas las filtraciones contra la protagonista de la serie La Reina del Sur, son resultado de una persecución política.

La periodista mexicana, quien fuera perseguida y torturada por órdenes del entonces gobernador de Puebla, Mario Marín Torres, sostuvo que en México quien se da cuenta de los nexos que hay entre algunos políticos y las bandas del crimen organizado, representan un peligro para el sistema y por eso buscan callarlos.

El primer paso es atacarnos para desacreditarnos, dijo en la entrevista tras la presentación de su más reciente libro En busca de Kayla, donde aborda el tema de la trata de personas.

En el caso de Kate es una persecución brutal para desacreditarla. ¿Por qué? Porque tienen pavor de que eventualmente esa película se hiciera, y tienen pavor de que se cuente la verdadera historia de que la delincuencia organizada opere como opera, y esos quienes son los que la atacan, aseguró Cacho.

La periodista señaló que en el caso de Kate del Castillo no hay ninguna prueba que pueda llevarla a prisión, pese a las filtraciones que surgen desde la autoridad para desacreditarla.

Semanario Zeta
Tijuana, BCN, México
Martes 1 de marzo de 2016.

Cacho sostuvo que si bien la justicia social o convencional no castigó a estos hombres, hubo una reacción cívica que los tocó en dos aspectos: el prestigio y el dinero.

Diez años después de haberse publicado Los demonios del Edén –una investigación periodística sobre comercio y abuso sexual infantil en Cancún, Quintana Roo–, las redes de pornografía infantil y trata de personas cambiaron su modo de operar en el ámbito cibernético, pero el sistema judicial mexicano, con más herramientas legales y de indagación, no consigue sentenciar a todas las personas investigadas por ese delito.

Así lo señaló la periodista y autora del libro, Lydia Cacho, quien este lunes presentó una nueva edición de Los demonios del Edén. El poder que protege a la pornografía infantil, con tres nuevos capítulos donde hace un balance sobre la situación actual de la trata de personas y la pornografía infantil en México.

La periodista, quien en mayo de 2005 presentó por primera vez su libro, fue detenida en diciembre de ese mismo año y luego encarcelada por los supuestos delitos de difamación y calumnia, después de que el empresario Kamel Nacif Borge –presunto involucrado en la red de trata y prostitución infantil– la denunció ante un juzgado en el estado de Puebla. Cacho pagó la fianza impuesta y salió libre.

Posteriormente, en 2014, logró que el empresario Jean Succar Kuri –uno de los principales operadores de la red de corrupción y pornografía infantil que quedó al descubierto en su investigación periodística– fuera condenado a 113 años de prisión en el penal de La Palma, en Almoloya de Juárez, Estado de México, sentencia que se convirtió en la más emblemática en América Latina por ese delito.

En compañía de Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), Cacho destacó que de los más de 23 mil registros de personas desaparecidas en México, 6 mil 707 son de personas menores de edad, y siete de cada 10 corresponden a niñas y mujeres adolescentes, casi todas “enganchadas” a través de las redes sociales.

Detalló que México actualmente es el país de América Latina donde más circula pornografía infantil, luego de que en 2014 la policía cibernética federal detectó 11 mil casos de personas responsables de este delito. Sólo 16 sujetos fueron detenidos y uno consignado.

Cacho explicó que “aún falta mucho por hacer”, aunque hace 10 años –antes de la publicación de su libro– no existían las herramientas que hay actualmente (como la policía cibernética) para investigar y enjuiciar este crimen, apuntó.

No obstante, denunció que los agentes del Ministerio Público siguen sin estar lo suficientemente capacitados sobre cómo actuar en casos de trata de personas y pornografía infantil, además de que mantienen una sobrecarga de trabajo que obstaculiza su labor.

La también activista criticó que después de 2007 el gobierno mexicano retirara los fondos para que los refugios pudieran atender de manera integral a las víctimas de trata de personas, por lo que actualmente algunos de estos centros de apoyo que operan desde la sociedad civil no pueden hacer frente a los riesgos y amenazas a los que están expuestos por su labor.

En su oportunidad, Pérez García criticó que México se haya convertido en un “paraíso” para el crimen organizado internacional, y que el Estado siga sin asumir sus responsabilidades en la ocurrencia de los delitos que Lydia Cacho reveló hace 10 años.

También recordó que Succar Kuri es un hombre de poder que, junto con otros políticos y empresarios poderosos, abusó de la vulnerabilidad de las y los menores de edad, cuyas familias siguen en la pobreza.

Condena social

Tras una década de hostigamiento y persecución por parte de la red de empresarios y funcionarios que Cacho denunció en su libro como responsables del abuso contra cientos de niñas y niños en Cancún, la comunicadora consideró que si bien no se ha ganado la batalla, sí hubo consecuencias contra sus atacantes.

En principio, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito informó que la red de pornografía infantil de Succar Kuri –de alcances internacionales– se debilitó después de la denuncia periodística y la condena ejemplar contra el empresario.

Igualmente, Kamel Nacif tuvo que cerrar al menos 15 maquiladoras que tenía en México, y la compañía Disney –con la que mantenía contratos exclusivos para elaborar ropa y juguetes para bebés– finiquitó su sociedad gracias al empuje ciudadano en Estados Unidos.

En tanto, el exgobernador de Puebla Mario Marín, quien en su momento defendió a Kamel Nacif y avaló la detención y tortura psicológica contra la periodista, intentó sin éxito convertirse en senador.

Lydia Cacho recordó que los políticos priistas decidieron no apoyar a Marín en su postulación al Congreso, por los costos políticos que implicaría. Además, dijo, al exgobernador poblano “lo han sacado de varios lugares”, se le ha impedido hacer negocios de inversión y ya no tiene fuero federal. “Ha quedado como paria social. Si no lo tocó la justicia, lo tocó la sociedad”, sentenció.

En el caso de Emilio Gamboa Patrón, senador del PRI, y Miguel Ángel Yunes, diputado federal por el Partido Acción Nacional (ambos presuntamente implicados en la red de pornografía infantil), destacó que ya hay investigaciones en su contra por delitos de otra índole.

Cacho sostuvo que si bien la justicia social o convencional no castigó a estos hombres, hubo una reacción cívica que los tocó en dos aspectos: el prestigio y el dinero.

A una década de su publicación, añadió, el libro “nos ayudó a entender que el periodismo sí tiene una misión muy importante y sí tiene un impacto en la sociedad, por pequeño que esto parezca. Gracias al buen periodismo que ha brincado los cercos mediáticos que se incrementan en este país, no olvidamos los hechos”, resaltó.

Proceso
Angélica Jocelyn Soto
Jueves 24 de septiembre de 2015.

Lydia Cacho

Hace un par de semanas recibí la llamada de un joven colega. Rubén me preguntó cómo llevaba tantos años manejando el miedo, cómo se aprende a procesar una interminable cantidad de amenazas de muerte, unas veladas y otras claras y directas.

Para este joven foto reportero, corresponsal de la agencia noticiosa gráfica Cuartoscuro y de la revista Proceso, el insomnio, la falta de apetito, la depresión a que siempre quiso llamar tristeza para no invocar su dura presencia cotidiana, eran enemigos con los que había que acostumbrarse a vivir.

Lo recomendé con una terapeuta especializada en estrés postraumático, ese síndrome que se convierte en daño colateral de la labor de periodistas y de quienes defienden profesionalmente los derechos humanos.

El estrés postraumático es ese oscuro pasajero que se asienta en la vida de quienes viven formas intensas sistemáticas o instantáneas de violencia y que ponen en riesgo la integridad física y la salud emocional de la víctima.

Rubén había aprendido a entrenar a sus colegas en asuntos de seguridad: cómo documentar gráficamente las injusticias, las manifestaciones cívicas, haciendo estrategias de seguridad personal y de protección del material gráfico que se convierte en evidencia pura y dura de la realidad.

Rubén como otros colegas, hombres y mujeres, recibió ayuda de la organización Artículo 19 para huir de Veracruz a exilarse, y junto con valientes periodistas gráficos que se unieron en el grupo #FotoperiodistasMX, decidió no darse por vencido a pesar de las duras y reales amenazas de muerte que había recibido a lo largo de los últimos años por hacer un buen trabajo en Veracruz, todo está documentado.

Rubén, como otras colegas, se vio forzado a emigrar a Distrito Federal, allí convivía con amigas cercanas, como la activista, artista y antropóloga Nadia Vera, perteneciente al movimiento #YoSoy132 de Xalapa.

“Considérate enemigo del pueblo” le dijo alguna vez el vocero del gobierno de Veracruz al impedirle la entrada a una conferencia de prensa en que el gobernador Duarte hablaría.

Eso sucedió a partir de la publicación de una ya famosa portada de la revista Proceso en que Duarte aparece con un inquietante rostro que emana desprecio, portando una gorra policíaca. En esas fechas la gente se manifestaba en las calles de Veracruz contra las malas prácticas gubernamentales, la corrupción, la impunidad e inseguridad. Lo hacían con frases ahora famosas que según el propio Espinosa indignaban al equipo de seguridad del gobernador, muchas de estas expresiones hacen alusión al sobrepeso del mandatario, a su talante iracundo, violento, racista y sexista.

Lo cierto es que Rubén Espinosa, era un buen fotógrafo, hizo cientos de piezas importantes, logró hacer con una imagen lo que las palabras jamás hubieran logrado de manera seria en una página noticiosa: dejar que el propio personaje se mostrase sin filtros, su metalenguaje de puños cerrados, mirada rabiosa, con su nombre y puesto bordado en la camisa “Javier Duarte. Gobernador” dicen las letras rojas en su pecho, como para que nadie lo ponga en duda.

“Gobernador” anuncia su gorra con la insignia policíaca que es una estrella plateada a la vez que símbolo de poder y control social. Pero eso no fue lo que más le indignó, según el autor de la fotografía, para el gobernante la afrenta fue el close-up que muestra también una obesidad mórbida por la cual siempre se ha sentido inseguro y blanco de la mofa de propios y extraños. De allí que tenga fotógrafo oficial, responsable de tomarle siempre en ángulos favorables.

Parecería nimio o ridículo asegurar que muchos gobernantes se enconan de forma personal con ciertos periodistas (hombres o mujeres) que evidencian algo inocultable de su personalidad que pretenden esconder y que les genera inseguridad. No solamente hablamos de la estructura corporal, también de los gestos que delatan a todas las personas por más que intenten reservarlos.

Rubén me dijo que el vocero había comentado que al gobernador le enfurecía también ese otro famoso close-up de Cuartoscuro, en que a Duarte parecen brotarle los ojos como a una gárgola colérica, en que aventaba el cuerpo contra las periodistas que lo inquirían y a quienes mostraba los dientes en señal de rabioso ataque.

Una y otra vez le advirtieron a Rubén que ya no debía vivir en Veracruz, que estaba en la lista negra de los enemigos.

Rubén no tuvo tiempo de acudir a terapia para sentirse aliviado de su angustia, ni para explorar la ansiedad que le causaba escuchar a tantos y tantas colegas expresar sus miedos y las amenazas que reciben a diario por ejercer periodismo o activismo derechohumanista. Fue asesinado junto con la defensora Nadia Vera, una joven valiente de voz sólida y mirada luminosa que confrontó al poder y las injusticias en Xalapa. Otras tres mujeres fueron victimadas con ellos con un arma 9mm de uso militar, con disparos limpios, firma característica de sicarios.

Sólo quien vive bajo amenazas sabe que el reloj marca las horas de forma diferente. No simplemente se vive el miedo propio, también acosa el duende de la autocensura que hace que nos preguntemos ¿de verdad valdrá la pena el riesgo por develar una tropelía más en un país de indignos gobernantes? Sólo para responder que siempre vale la pena decir la verdad, trabajar contra la ignominia, intentar construir un país en que valga la pena vivir, crecer, amar.

También está siempre presente la culpa de la y el sobreviviente, esa que se lleva como un tatuaje cuando las amenazas son compartidas, hasta que una mala noche nos enteramos de que le llegó la muerte largamente advertida a esa persona con la que apenas hablamos, que tenía fe, que creía en la ética, con quien nos repetimos como un mantra seguro que no se atreverán a matarte, no después de haberlo denunciado tanto, no después de haber señalado abiertamente a tu potencial asesino. Seguro que no te matarán.

Puedo escuchar la voz de Rubén como escuché la de otras tantas y tantos colegas canturrear en una marcha solidaria, codo a codo: No se mata la verdad matando periodistas.

Plan B
Lydia Cacho
Ciudad de México
Jueves 6 de agosto de 2015.

Lydia Cacho    

Sorprende que a casi ninguna persona en México le asombró la fuga del capo di tutti capi Guzmán Loera. Yo he estado en el penal del Altiplano, me vi forzada a testificar frente al pederasta Succar Kuri durante ocho horas en la zona de careos. Simplemente entrar me llevó una hora debido los procedimientos de seguridad exhaustivos. Cámaras por todas partes, guardias con armas, pasillos blindados, vidrios blindados, más cámaras en los pasillos, en los baños.

Los detenidos, para circular de una zona a otra, van esposados y escoltados por guardias. El guardia casi le respiraba a Succar en el cuello. Así es esto -me dijo el juez de Toluca- en este penal hasta las moscas están inventariadas. En ese momento entró un grupo de policías de las fuerzas especiales, encapuchados y armados, escoltando a una decena de detenidos, supuestos zetas híper peligrosos. Nos tensamos, el ambiente lo ameritaba.

El responsable de seguridad del área en que estábamos nos dijo que en absolutamente cada rincón había cámaras y sensores de movimiento; de esta fortaleza sólo se sale por la puerta principal; somos una de las prisiones más seguras del continente, aseguró ufano el encargado de asegurarse que mis abogados y yo, que testificábamos contra un detenido, no nos moviésemos de nuestro lugar durante ocho horas.

Entramos sin absolutamente ningún aparato, bolsa, cartera, vaya, ni una pluma.

Sólo puedo imaginar el operativo para crear el túnel de un kilómetro por el que salió el Chapo luego de lo que se intuye como una buena negociación política.

A mí, la multimillonaria fortuna del Chapo Guzmán no me enoja tanto como la de Romero Deschamps, el líder petrolero, dijo una amiga actriz la mañana del domingo.

Sin duda la industria criminal organizada hace un daño terrible a la sociedad, pero la industria criminal politizada es peor, porque imposibilita la existencia de un gobierno estable y creíble que le siga el paso a una sociedad civil que trabaja afanosamente por la construcción del estado de derecho y del bienestar social.

Porque mientras los políticos ponen en riesgo la estabilidad social y económica, la sociedad civil arriesga la vida, la seguridad personal y la integridad. El periodismo ético es parte de esa sociedad que documenta con cifras, nombres, evidencia, testimonios y verdades quién es quién en el país.

En los últimos años hemos creado un mapa de las realidades mexicanas, tal vez gracias a él entendemos que los túneles son cosas de todos los días en México.

Peña Nieto se salió por el túnel subterráneo de la Casa Blanca y su esposa dio la cara para justificar la existencia del dulce hogar. Ambos salieron ilesos, los únicos castigados fueron Aristegui y el equipo que reveló la noticia.

Gutiérrez de la Torre, el rey de la basura líder del PRI del Distrito Federal, cavó su propio y pequeño túnel que llegaba a las oficinas de la procuraduría capitalina, donde se desestimaron los testimonios, evidencias y denuncias penales por el delito de trata de personas interpuesto por cinco mujeres valientes que aún ahora viven bajo amenaza.

Tal vez a pocas personas les sorprendió la noticia de la fuga del Chapo porque hace tiempo que comprendimos que el territorio nacional es una especie de ratonera de rancho. En el campo las casitas pintorescas están rodeadas de un huerto que da frutos al lado de la hortaliza que da vegetales, allí la milpa, por acá el pozo de agua, más allá la pileta de riego. Todo parece funcionar, pero cada noche los ratones de campo, las tuzas, los topos, circulan alegres por sus túneles, entran en la casa, anidan en un rincón, se comen las raíces de los frutos más jugosos y vuelven a casa. A diferencia de los políticos, los animales de campo cumplen una función estabilizadora del medio ambiente, excepto cuando se convierten en plaga.

Los políticos y los más poderosos criminales, en más de una ocasión unidos en intereses y negociaciones inconfesables, planean y diseñan sus túneles desde antes de ser detenidos o evidenciados por la prensa. Contrario a lo que algunos opinan, no creo que la ausencia de sorpresa por la fuga del Chapo se deba a nuestro cinismo, más bien es porque tenemos memoria y hemos comprendido cómo opera el Sistema. Conocemos de sobra el guión, el teatro ha fracasado, las tramas son predecibles hasta la náusea.

Justamente lo que la sociedad civil ha dicho en los últimos años es que habrá que cambiar el guión, a las y los actores públicos y con ello la narrativa de la violencia y la criminalización. Si queremos resultados diferentes la aproximación debe cambiar.

Ya se gesta en México la articulación de nuevas narrativas y acciones, el túnel y la fuga son una distracción, comprenderlo nos ayudará a seguir adelante con la verdadera tarea de rescatar al país de la plaga que nos monta el circo de la violencia como panacea de la estabilidad, del Estado Policíaco como respuesta de silenciamiento ante las quejas justificadas. Aunque el reflector le pertenezca a los gobernantes, la brújula la tienen la sociedad civil y la prensa libre. Lo que parece la nota urgente no debe distraernos de la que es importante ¿no cree usted?

Plan B
Lydia Cacho
Ciudad de México
Martes 14 de julio de 2015.

El abogado Óscar Jorge Fink Serra, radicado en Cancún, quien hace años defendió a Kamel Nacif Borge, es ahora el defensor legal del policía; los “vínculos mafiosos” entre ellos siguen vigentes, dijo

Ciudad de México.- La periodista y defensora de los derechos de las mujeres, Lydia Cacho, sostuvo hoy un careo con el mando de los policías que la torturaron en diciembre de 2005, al ser detenida por presunta difamación tras la publicación de su libro Los demonios del edén, en el que reveló una red de pornografía infantil.

La periodista declaró ante un juzgado en el Reclusorio Oriente, en esta capital, a solicitud de la defensa del policía que fue detenido por la tortura que ejerció contra la periodista, según informó la organización Artículo 19 en un comunicado.

En 2005 Cacho fue detenida en Cancún, Quintana Roo y llevada a Puebla, luego de que Kamel Nacif Borge la acusó de “difamación” a propósito del libro en el que la periodista revela los presuntos vínculos del empresario textilero con una red de pederastia.

Hace 10 años, el policía hoy detenido e identificado únicamente como Montaño, encabezó el grupo de agentes poblanos que durante 20 horas torturaron a Cacho, quien al cierre de esta edición continuaba declarando y respondiendo a las preguntas de quien señala como el líder de sus torturadores.

“Una puede pensar que después de tantos años de hacer terapia psicológica y de reconstruir tu vida, todo sería más sencillo, pero no lo es; estoy inquieta, los recuerdos vuelven, la tortura y las amenazas han vuelto a mí como si hubiese sucedido apenas hace unos días.

“Recuerdo lo que el policía Montaño me lo dejó claro al dejarme en la cárcel de Puebla, advirtiéndome que adentro sería violada por las presas pagadas para ello, me advirtió que si lo detenían, él se encargaría de mi muerte, lenta y dolorosa”, comentó Cacho a Artículo 19.

Asimismo, la periodista y sus abogados denunciaron que tienen información clara de que el despacho del abogado Óscar Jorge Fink Serra, radicado en Cancún, y quien hace años defendió a Kamel Nacif Borge, es ahora el defensor legal del policía, por lo que los “vínculos mafiosos” entre ellos siguen vigentes.

“Eso significa que la protección de las mafias de tratantes de niñas y niños con mis torturadores probablemente siga viva”, alertó la también autora de Esclavas del poder y Memorias de una infamia.

Artículo 19 enfatizó en su comunicado que la detención y procesamiento de uno de los policías detenidos no garantiza el derecho a la justicia, puesto que todavía queda pendiente la captura y enjuiciamiento de los actores intelectuales de las agresiones que sufrió la periodista en 2005.

El organismo internacional defensor de los derechos de los periodistas, recordó que en octubre de 2014, junto con  Lydia Cacho, presentaron ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU una petición individual para que el caso fuera revisado ante esa instancia.

A decir de los abogados, esto permitió que se activara el proceso judicial en México, ya que en diciembre de 2014, tan sólo dos meses después de presentar la petición ante la ONU, la Procuraduría General de la República (PGR) ejerció acción penal contra dos policías judiciales de Puebla.

La PGR decidió perseguir y enjuiciar a dos de los responsables, pese a que la averiguación previa se encontraba en integración desde 2006. Uno de los presuntos responsables fue capturado y sujeto a proceso, mientras que otro está prófugo.

Sin embargo no hay avances en el proceso contra los autores intelectuales de la detención arbitraria, tortura y violaciones a las garantías procesales de Cacho, y de acuerdo con sus abogados, en este tiempo la periodista ha sufrido amenazas y hostigamientos que han puesto en riesgo su vida, integridad y seguridad personal.

Ante esta situación, Artículo 19 destacó que es importante que se garantice plenamente la seguridad e integridad de Lydia Cacho durante el proceso penal, y además declaró que este proceso judicial es “paliativo” y no una verdadera garantía de acceso a la justicia porque se hace casi 10 años después de las agresiones.

Proceso
Anayeli García Martínez
Ciudad de México
Martes 21 de abril de 2015.

Luego de 9 años de recorrer todas las instancias legales de México, un tribunal internacional ordenó el confinamiento de José Montaño Quiroz

Exactamente nueve años después de que encabezó al grupo de policías judiciales que secuestró y torturó a la periodista Lydia Cacho, el comandante José Montaño Quiroz ingresó a la cárcel municipal de Cancún.

Hoy 16 de diciembre, fecha en que se cumplen exactamente nueve años de mi secuestro legal orquestado por el gobernador del Puebla, por la Procuradora y por Kamel Nacif, fue arrestado el comandante del grupo que me llevó por carretera y torturó durante veinte horas’, escribió Lydia Cacho en un texto elaborado con motivo de la aprehensión de Montaño Quiroz.

"El juzgado segundo de distrito recibió a Montaño Quiroz en la cárcel municipal de Cancún ayer 15 de diciembre bajo la causa penal 50/2014. Montaño fue arrestado en la ciudad de Puebla este 11 de diciembre, ya que la Fiscalía de Delitos contra la Libertad de Expresión cumplimentó la orden de su arresto luego de nueve años de dilación procesal. “Sabemos que la Fiscalía reaccionó solamente luego que de llevamos el caso a Ginebra ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU”, expresó la autora de ‘Los demonios del Edén’.

 “Existen órdenes de aprehensión en contra de los otros policías cómplices pero hasta el momento están prófugos. Sin embargo, a pesar de la evidencia, la fiscalía que pertenece a la PGR se ha negado a detener a la procuradora de justicia y a los otros cómplices que orquestaron el secuestro legal, la tortura y el encarcelamiento a fin de proteger a una red de pornografía  infantil y también con el fin de anular mi libertad de expresión como periodista.

En su texto Lydia Cacho recuerda que aunque el delito de tortura se persigue de oficio en México, veremos si los juzgados de Quintana Roo llevan a cabo su trabajo de forma transparente y efectiva. Debo dejar claro que los abogados del policía Montaño Quiróz son José Aparicio Nieto y Jorge Fink Serra, éste último fue abogado defensor de Kamel Nacif en el juicio que el Rey de la Mezclilla interpuso en mi contra y que gané 12 meses después de mi arresto, demostrando que el contenido de mi libro  ‘Los demonios del edén’ contenía documentos y hechos verídicos. Fink Serra es uno de los despacho legales más caros de la ciudad de Cancún y se ignora quién paga la defensa del policía y por qué eligió a los abogados de Kamel Nacif y de Jean Succar Kuri (hoy sentenciado a 113 años de prisión por los delitos de pornografía infantil y trata de menores).

“Más allá de mi persona mi caso se ha convertido en una radiografía perfecta de cómo se planean los crímenes de Estado. No siempre se sobrevive para contarlo, no siempre se tiene a ustedes, las buenas periodistas y valiosos colegas para seguir evidenciando el caso y armar el rompecabezas de las acciones concertadas entre elementos el Estado y miembros de grupos criminales”.

Lydia Cacho advierte que aún no es posible cantar victoria, pues este caso de tortura ya se había abierto en Puebla, pero luego fue llevado a Cancún, donde un juez penal determinó en 2007 que a pesar de existir elementos de prueba sobre la tortura el Código de Procedimiento Penales de Quintana Roo no permite que en el estado se juzguen a servidores públicos asignados a otras jurisdicciones que han cometido actos de tortura fuera de ellas. Por lo anterior, el juez se declaró incompetente para juzgar el caso y lo reenvió a Puebla. Mis abogados y yo exigimos en 2007 que fuera atraído por la Fiscalía Especial de PGR. Ahora que lo vuelven a traer a Cancún ignoramos si el juez segundo de distrito aceptará la competencia estatal.

Montaño Quiroz fue muy claro conmigo una vez que me entregó hace nueve años en manos de los custodios en la prisión de Puebla: ‘Si usted testifica contra nosotros se va a morir, sabemos muy bien dónde vive'.

A pesar de ellos, Lydia Cacho confiesa que no celebra la detención, a pesar de que Montaño fue el más violento y cruel de mis torturadores es apenas, dice, el más débil eslabón de una cadena de operadores del Estado capaces de lo indecible para proteger a criminales que pretenden aniquilar la vida de niños y niñas. “Les he preguntado a mi abogados si puedo otorgarle el perdón a Montaño a cambio de que testifique contra los que instrumentaron estos delitos. Es imposible, la ley persigue de

Emeequis
Ciudad de México
Viernes 19 de diciembre de 2014.

En su libro, la autora revela las problemáticas de la sexualidad alrededor de los 40 años

La escritora Lydia Cacho, quien trabajó como asesora para el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), en Nueva York, durante 1996 y 1997, orienta al lector sobre lo que debe hacer antes de cumplir 40 años en su libro “Sexo y amor en tiempos de crisis”.

No es un texto inscrito en el terreno de la ficción, advierte Lydia Cacho sobre el volumen de 544 páginas que también está editado en formato electrónico.

“Lo que debes saber antes de cumplir 40…”, reiteró con la autoridad y la experiencia que le han otorgado más de 200 entrevistas hechas, tanto a hombres como a mujeres, sobre ese tema tan humano.

La autora, quien tuvo entrenamiento en periodismo de salud y perspectiva de género, para lo cual viajó a África representando a Unifem, revela las problemáticas más representativas de la sexualidad a la que se enfrentan ambos géneros a partir de los 40.

Tras un profundo análisis de los datos y comentarios de especialistas, Lydia Cacho abre en este ensayo un espacio al diálogo sobre estas etapas en la vida de hombres y mujeres que, sorprendentemente, siguen siendo desconocidas: la Andropausia y la menopausia, acotó la también conferencista del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex).

“Hablo de las crisis de la edad madura, sus implicaciones emocionales en el amor y la pasión, las fisiológicas, sociales y sexuales. También de mitos, mentiras y tonterías que repetimos respecto a lo que nos sucede cuando llegan los cambios fisiológicos que la industria médica y farmacéutica aprovecha para exprimirnos como naranjas dulces”.

Ganadora de 28 premios internacionales de periodismo y sobre derechos humanos, así como experta en asuntos de género, masculinidad y feminismo, Lydia Cacho es autora de siete libros, uno de ellos traducido a más de 12 idiomas y publicado en 30 países alrededor del mundo; se le considera una “best seller”.

“Espero que este libro haga pensar a los lectores cualquiera que sea su sexo. Deseo que se sorprenda, ría y comprenda muchas cosas. Sobre todo, que le ayude a entender que lo que había sentido y pensado, no sólo tiene razón de ser, sino que además le puede enseñar a convivir y a escuchar a su cuerpo para llevar una vida más plena, sana y feliz”, aseguró.

A raíz de su especialización, Cacho publicó la novela “Amor por ti daría yo la vida”, en la cual se explora la problemática del VIH-Sida y las relaciones de pareja en México; el volumen fue reeditado con el título “Muérdele el corazón”, de acuerdo con la hoja de vida de esta graduada del National Center on Domestic and Sexual Violence de Texas.

Notimex
Ciudad de México
Sábado 29 de noviembre de 2014.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Información reciente

Síguenos en Twitter