Lydia Cacho

Una red de protección pretendía silenciar en 2006 la operación político-empresarial de explotación sexual comercial de niñas de entre 4 y 13 años más documentada de la historia mexicana

En las grabaciones se escucha la conversación: “Tráeme a una de trece años, pero que sea virgen ¿de Miami? Sí esa, para (palabras que describen crudamente violación infantil) ¿Cuánto? (se ríe)”. Al otro lado del teléfono el traficante de niñas responde: “Tres mil dólares mas los papeles…sí, una virgen pero que haga (descripción de violación infantil por dos adultos) como a ti te gusta papá”. Este es el fragmento de una de más de quince conversaciones que escucharon las y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de México en abril de 2006. Se cumplían unos meses de que yo había sido secuestrada y torturada física, sicológica y sexualmente durante más de veinte horas por policías; esto por haber escrito uno de mis 16 libros: la investigación Los demonios del edén: el poder detrás de la pornografía infantil, gracias a la cuál uno de los tratantes está purgando una sentencia de 113 años de prisión.

El entonces gobernador de Puebla, Mario Marín Torres (PRI) encabezó la red de protección política que pretendía silenciar la operación político-empresarial de explotación sexual comercial de niñas de entre 4 y 13 años más documentada de la historia mexicana. Para torturarme, encarcelarme ilícitamente e intentar silenciarme hace 15 años, se coludieron servidores públicos de alto nivel; miembros del senado, los gobernadores de Quintana Roo, Chiapas y Veracruz, el presidente del Poder Judicial de Puebla, una jueza, el director de la policía judicial, empresarios que blanquean capitales ilícitos, policías municipales y ministerios públicos. Todos sus nombres están en los expedientes de la Fiscalía General de la República (FGR) señalados por mí, por testigos, criminólogos y víctimas, como parte de la trama criminal Demonios del edén, sólo en nuestra región este delito deja a los tratantes 1,3 mil millones de dólares, mientras México es el mayor consumidor de pornografía infantil.

Desde hace quince años demostré jurídicamente que el caso documentado en mi libro y llevado a los tribunales de Arizona, Estados Unidos, al Supremo de México, a cortes federales de Cancún, Puebla y CDMX, para más tarde llegar a la Corte Interamericana en Washington, hasta a la ONU en Ginebra, demuestra, sin lugar a duda, que estamos hablando de delincuencia organizada trasnacional, ciber-delincuencia especializada en pornografía infantil, lavado de dinero desde México, E.U.A, Asia, Suiza, así como tortura policiaca orquestada para la protección de esos grupos de crimen organizado de cuello blanco. El ex subprocurador de investigación de delincuencia organizada (SIEDO), José Luis Santiago Vasconcelos, compiló la evidencia, junto con mis testimonios y pruebas y sus investigaciones, creó una carpeta que demuestra el poder de esta red criminal, con tentáculos protectores que llegaban hasta la presidencia de la República de Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón; vínculos que permanecieron durante años y que el hoy Fiscal General Gertz Manero se niega a admitir.

Desde hace veinte años, en que recibí las primeras amenazas de muerte por investigar crímenes de Trata de niñas, niños y mujeres, he enfrentado a las autoridades corruptas y/o ineficaces de dos gobiernos del PAN, uno del PRI y ahora el actual: MORENA. Mi perseverancia radica en la necesidad urgente de que este gobierno, y su gabinete de seguridad, cumplan con su deber junto a las instituciones relacionadas con la prevención, atención, sanción y erradicación de estos ilícitos: un millón 500 mil violaciones, los crecientes crímenes contra la niñez mexicana y la violencia de género que arrebata la vida de 10 mujeres diariamente. La negación política de estos hechos incontestables implica pena de muerte para las víctimas, así como el aumento exponencial de la desaparición de niñas y niños. Cada vez que las autoridades niegan la realidad, se empoderan miles de pederastas que saben que la “verdad ilusa” de que en México no pasa nada, les hace más libres para someter a sus víctimas impunemente.

Hoy, martes 21 de julio, se cumple un año de que dos sicarios entraron en mi hogar, mataron a mis perritas, entraron armados a por mí y robaron sólo material periodístico; por fortuna pude escapar. Ya un año de vivir en desplazamiento forzado, investigando mi propio caso, trabajando, solicitando asilo temporal en diferentes países mientras demuestro y declaro una y otra vez ante las tres fiscalías que llevan mi caso y que, en las últimas semanas, se han negado a darme audiencia virtual. Mientras tanto, en México, el presidente asegura que se acabaron las violaciones a los derechos humanos, que las mujeres y la niñez reciben protección y justicia. Un día después de esa declaración, aprobaron recortes de 151 millones de pesos al Inmujeres, la institución responsable de los programas de protección y prevención de violencia de género, y renunció, por falta de recursos operativos, la directora de la Comisión Nacional Para prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim, dependencia de la Secretaría de Gobernación). Sin duda los hechos desdibujan las declaraciones políticas.

Hace 18 meses, en enero 10 de 2019, el entonces entrante gobierno de López Obrador se vio obligado a reconocer que fui torturada por miembros del Estado Mexicano para proteger a la delincuencia organizada. No fue un favor gubernamental, dieron cumplimiento obligatorio a la resolución de las Naciones Unidas que exigen reparación integral del daño en mi caso. Ello entraña no solamente la disculpa, sino la detención de todos los implicados, el reconocimiento de que la delincuencia organizada compra y vende miles niñas y niños para esclavizarles, y que en ello están implicados servidores públicos y empresarios de los más altos niveles; con vínculos políticos con administraciones anteriores y miembros del actual gobierno. Hoy están prófugos los autores intelectuales de mi tortura y tentativa de desaparición forzada, son tres de trece líderes de esta red criminal: un empresario millonario, un exjefe policíaco y un exgobernador. Los sicarios que entraron en mi hogar siguen intocados, a pesar de que he presentado pruebas de quiénes son, para quién trabajan, dónde viven y por qué aceptaron poner precio a mi cabeza. Hemos demostrado que un mismo grupo de abogados defiende a todos los implicados en mi tortura y en el caso Demonios del edén. Las autoridades se niegan a reconocer que estamos luchando contra el crimen organizado dedicado a la esclavitud humana, el feminicidio y atentados contra la libertad de expresión. Un puñado de servidores públicos sí están dando la batalla al interior del gobierno, pero no son suficientes, mientras la cobardía y los pactos de silencio sigan vivos, la mafia en el poder quedará intocada y yo seguiré demostrándolo.

El País
Lydia Cacho
Ciudad de México
Martes 21 de julio de 2020.


Desde aquí abajo del templete nos toca documentar la realidad por todos sus ángulos, sin jugar a ser amigas o enemigos del presidente, sin someternos al poder o a la autocensura por agotamiento


Nunca en la historia de México un presidente había decidido crear un Gobierno de rendición de cuentas como el de López Obrador, jamás tuvimos la oportunidad de descubrir a diario al ser humano detrás de la banda presidencial como nos lo permite él. Siempre la presidencia fue un búnker, un cuarto de guerra, un salón secreto de manejo de crisis y latrocinio. Hoy, por el contrario, podemos ver a ese hombre común que conocí en 2006, cuando un grupo de intelectuales y cineastas me invitaron a una comida en casa de Chema Pérez Gay, para hablar con el “Señor López” a quien habían arrebatado las elecciones. Ese candidato habló sobre su pasión por el cine de oro mexicano: El santo contra las momias, María Félix y Pedro Infante como sus ídolos. Uno de los organizadores de la comida era el director de cine Luis Mandoki, quien acababa de filmar un documental sobre el candidato y estaba sentado frente a Beatriz Gutiérrez.

Ante mi pregunta sobre qué haría con la cultura cuando llegase a presidente, respondió que impulsar la cultura popular y, recapacitando por estar en la casona de uno de los escritores más queridos, dijo que se rodearía de los más cultos para promover la lectura y la educación, que el cine y las bellas artes también serían protagonistas de su Gobierno, “pues es importante que el pueblo se distraiga y aprenda”. Dijo también que al Ejército había que respetarlo, pero investigar su corrupción.

Este hombre de formas sencillas, que come y bebe muy poco, me invitó en aquel entonces a ser parte de una Secretaría de la Mujer que habría de crear el día que llegase a la presidencia; decliné de antemano pues soy reportera y defensora de derechos humanos, no tengo el menor interés de obtener un puesto público. Con amabilidad respondió todas mis preguntas, sonriente y con frases dilatadas. Cuando sea presidente, me dijo, las organizaciones de la sociedad civil que trabajan por la infancia y contra la violencia recibirán todo mi apoyo y atención. Sin ellas, sin ustedes, dijo señalándome, las víctimas de este país en guerra estarían perdidas. Mencionó a los canallas pederastas que recién me habían torturado unos meses atrás, y dijo que se haría de un equipo de especialistas para ir tras todos los tratantes de personas sin darles tregua, hablamos de que las víctimas de esclavitud son, en su mayoría, las más pobres.

Estoy segura de que Andrés Manuel estaba convencido de todo lo que dijo esa tarde. Admitió también no ser experto en Seguridad Nacional (de hecho, tuvo un dislate mezclándola con Seguridad Pública). Alguien dijo que ningún presidente es experto en todo, lo importante sería que formase un súper gabinete con grandes especialistas en conflictos armados y delincuencia organizada. Prometió hacerlo, porque la paz en México era su más grande anhelo, sin ella los más pobres no tendrían descanso. No era demagógico, como lo fueron otros candidatos a quienes alguna vez entrevisté. La prensa fue nuestro último tema esa tarde; yo estaba sentada a su lado en la gran mesa con vinos y comida casera. Su tono de voz cambió por completo, me miró a lo ojos y aseguró que la libertad de expresión sería su prioridad ¡Qué sería de México sin los reporteros valientes que se la juegan en los Estados con esta narco-violencia!, exclamó hablando de la realidad que él mismo veía a diario puebleando. Dejarán de asesinarles, de encarcelarles, de perseguirles y expulsarles por decir la verdad; aseguró. También fue tajante en que retiraría los recursos públicos a todos los medios de comunicación para evitar la connivencia entre periodistas y Estado. En su Gobierno la oposición sería bienvenida pues sin ella no habría democracia.

Todas las mañanas escuchamos al hoy presidente, que informa y desinforma, es el hombre el que habla, no un gobierno. A veces está enterado y muchas otras no lo está. Dice lo que en verdad piensa, de allí la desafortunada cita histórica sobre los periodistas que “muerden la mano que les quitó el bozal”; incapaz de percatarse de que sus convicciones maderistas salieron a relucir llamándonos perros. Los tuiteros hicieron el trabajo sucio cotidiano: profundizar la guerra pueril de opiniones y la burla a periodistas que durante décadas hemos caminado el país entre balas, levantamientos armados, masacres, tortura, secuestros, violencia contra la niñez e injusticias atroces producto del racismo y el capitalismo rapaz.

Las conferencias mañaneras son un ejercicio sociológico inédito: habla el hombre y muestra todas las contradicciones y fallas al interior de un gabinete. Habla el hombre y, cansado, se ríe de lo que no debe reir; se niega a reconocer que su secretario de Seguridad Pública no entiende de operativos antimafia. No acepta que se ha rodeado de enemigos internos. No es capaz de ver con claridad que su errada decisión de desactivar a las organizaciones de protección a las víctimas de violencia está arrojando más femincidios, violencia contra la niñez, secuestros y homicidios. Ese hombre modesto y honesto (porque lo es, aunque a veces aborrezcamos lo que dice), es incapaz de reconocer que eligió como secretaria de Gobernación a una enemiga de su ideología, una ex jueza corrupta que opera para el PRI. No es capaz de ver que la Secretaría de la Defensa está gravemente dividida desde el calderonismo, por ello asegura mentiras sobre los operativos contra los cárteles y que su fiscal General opera para grupos con intereses oscuros.

Es, en suma, sólo el hombre el que habla cada mañana. Lleva a cuestas su religión, sus carencias, convicciones, sus anhelos que pretende sean realidad antes de tiempo y que proyecta en una sociedad que desea un milagro también. Cuando hace falta sienta en fila a los responsables de su gabinete, quienes mienten o desmienten, corrigen o inventan, alimentan la ilusión del pueblo o desdibujan la realidad con su propia ineptitud y malicia.

Jamás habíamos visto tal radiografía del Gobierno mexicano. Cómo funciona y cómo falla; el retrato del patriarca que mantiene una ilusión que es la de millones. Un hombre que honestamente cree que la felicidad se decreta (como la decretaba Nicolae Ceaușescu). AMLO no busca la riqueza, sino la realización de un sueño personal.

Desde aquí abajo del templete nos toca documentar la realidad por todos sus ángulos, sin jugar a ser amigas o enemigos del presidente, sin someternos al poder o a la autocensura por agotamiento. Ya hay suficientes zonas de silencio en el país desgarrado por la violencia y el miedo; según la UNESCO, el 93% de periodistas víctimas de asesinato han encontrado la muerte criminal en sus hogares, por ello aumentan los desplazamientos forzados de periodistas.

El periodismo es una linterna para iluminar la realidad, la política es un instrumento de poder. La tarea de reporteras y reporteros es mostrarlo todo tal como es. El presidente se ha dado a la tarea de presentar con sus palabras el país que añora, el que gobierna, el que imagina y el que aborrece, la nuestra es mostrar el que existe, sin ello no habrá paz ni justicia; no habrá país seguro para nadie.

Lydia Cacho, periodista, escritora, autora de 16 libros y directora de documental. Vive por el momento en desplazamiento forzado por un atentado mafioso en su hogar.

El País
Lydia Cacho
Ciudad de México
Lunes 4 de noviembre 2019.


Un juez federal giró orden de aprehensión contra el exgobernador de Puebla, Mario Marín Torres, y contra el empresario textilero, Kamel Nacif Borge, por su presunta responsabilidad en la tortura contra la periodista Lydia Cacho.

Junto a ellos también se giró orden de aprehensión contra el exdirector de la Policía Judicial, Hugo Adolfo Karam Beltrán, y el excomandante Juan Sánchez Moreno, por su presunta participación en la tortura contra la periodista.

La decisión de un juez adscrito al Primer Tribunal Unitario del Vigésimo Circuito, con sede en Cancún, Quintana Roo, en el expediente 09/2019-IV, surge a partir de la negativa de otro juez a ejecutar “el recurso de apelación interpuesto por el agente del Ministerio Público de la Federación”.

El pasado 26 de noviembre de 2018, el segundo Juez Segundo de Distrito en el mismo estado se negó a girar orden de aprehensión contra los cuatro sujetos según la resolución del expediente 26/2018, en un proceso judicial que se ha extendido por más de catorce años.

“Vistos para resolver, los autos del toca penal 4/2019-IV, formado por el recurso de apelación interpuesto por el agente del Ministerio Público de la Federación contra el resolutivo primero de la resolución de veintisiete de noviembre de dos mil dieciocho, dictada por el Juez Segundo de Distrito en el Estado de Quintana Roo con sede en la causa penal 2018”, advierte la resolución.

“Se resuelve:

“Se libra orden de aprehensión contra Juan Sánchez Moreno, Hugo Adolfo Karam Beltrán, Mario Plutarco Marín Torres y José Kamel Nacif Borge, por su probable responsabilidad en la comisión de tortura”.

La notificación tiene orden de vigencia desde el pasado 11 de abril.

El pasado sábado, la periodista publicó en su cuenta de Twitter:

Lydia Cacho

@lydiacachosi
 Sí, son 14 años de persecusión, de abogadas y abogados, de pelear con el Sistema http://corrupto.De  salir corriendo del país ante amenazas, de jueces y fiscales corruptos. El logro judicial es mío, de mi familia y abogad@s, de ustedes. Gracias. #AquíNadieSeRinde

2.028
22:09 - 13 abr. 2019
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En 2005, el empresario de origen libanés Kamel Nacif demandó por “daño moral” a Lydia Cacho, quien lo había señalado en su libro Los demonios del edén de proteger a una red de pederastas encabezados por el empresario Jean Succar Kuri.

Un año después, el periódico La Jornada reveló los audios donde Nacif felicitó al gobernador Mario Marín, por haber solicitado la aprehensión de Cacho en la ciudad de Cancún, Quintana Roo, donde reside la periodista.

“Quiúbole, Kamel”, contestó Marín. “Mi gober precioso”, elogió Nacif. “Mi héroe, chingao”. “No, tú eres el héroe de esta película, papá”, agradeció el empresario textilero por los “coscorrones” que le dieron “a la pinche vieja”, refiriéndose a Cacho.

Tras esto, dos años después se difundieron audios donde el también llamado “Rey de la mezclilla”, demostró su relación con el exsenador Emilio Gamboa Patrón. En tanto que perdió la demanda por “daño moral”.

En 2011, Jean Succar Kuri también fue sentenciado a 13 años de prisión por los delitos de pornografía infantil y corrupción de menores.

Proceso
José Raúl Linares
Ciudad de México
Martes 16 de abril de 2019.


Guillermo Pacheco fue presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) en los primeros tres años del sexenio de Mario Marín Torres, “El Góber Precioso”


La periodista Lydia Cacho censuró que el priista Guillermo Pacheco Pulido sea considerado con posibilidades para ser designado gobernador interino de Puebla, al ubicarlo como “uno de los cómplices” en la tortura y detención arbitraria de las que fue víctima en 2005.

En su cuenta de Twitter, la periodista reaccionó así a las versiones que señalan al Presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado como uno de los más viables prospectos para ser designado gobernador interino.

 “El mismo Pacheco Pulido que frente a mí, ya en la cárcel de Puebla, ordenaba a la jueza Rosa Celia que me diera orden de formal prisión. Quieren de interino a uno de los cómplices de mi tortura y detención arbitraria”, escribió.

El 10 de enero, en cumplimiento a una resolución del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el Estado mexicano ofreció una disculpa pública a la periodista por fallar a su responsabilidad de proteger la libertad de expresión, ante los actos de represión de los que fue objeto y en los que estuvo involucrado el gobierno de Puebla, entonces a cargo de Mario Marín Torres.

Guillermo Pacheco fue presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) en los primeros tres años de ese sexenio.

El 16 de enero, el también exalcalde de Puebla acudió al Congreso del Estado a presentar su carta de intención para ser tomado en cuenta en el proceso de selección de gobernador interino de Puebla.

En distintas columnas se ha manejado que el priista puede ser el prospecto que una a las fracciones de Morena, PRI y algunos otros diputados del PVEM, para resolver la designación del interino, misma que tiene como fecha límite el 25 de enero.

Según estas versiones, Pacheco Pulido tiene a su favor no sólo haber ocupado distintos cargos en la administración pública desde titular del poder judicial, diputado local y federal, así como alcalde de Puebla, sino que es cercano al excandidato a la gubernatura de Morena, Luis Miguel Barbosa.

Insisten ciudadanos en que Morena decida

Integrantes del Colegio de Abogados por el Estado Libre de Derecho pidieron a la fracción mayoritaria del Congreso local conformada por la coalición Juntos Haremos Historia que no se deje chantajear por PAN y PRI en el proceso de designación del gobernador interino de Puebla.

Jorge Sosa, vocero de la agrupación, pidió a los legisladores de Morena, PES y PT que no se dejen presionar tras el accidente aéreo en el que fallecieron la gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo y su esposo el Senador Rafael Moreno Valle.

“El único compromiso que tienen los diputados es con los ciudadanos poblanos que votamos por ellos, no con el PAN y tampoco con el PRI”, expresó.

“Nosotros no les deseamos la muerte (a Moreno Valle y a Alonso Hidalgo), y no porque ya murieron quiera decir que ahora ya se volvieron Santos… no por eso vamos a alabarlos, o a tener una cortesía política con los morenovallistas”, agregó Sosa.

En tanto que, en un comunicado, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), exigió al Congreso agilizar el proceso de designación del gobernador interino.

“Hoy, consideramos que el tiempo para elegir a una persona de entre los aspirantes a la gubernatura interina ha sido excedido. Las circunstancias obligan a dar celeridad a la selección de quien será responsable de que el proceso electoral extraordinario se lleve a cabo con transparencia”, dice el mensaje.

La organización empresarial exige a las distintas fuerzas políticas que antepongan el consenso a los intereses partidistas, “para así, tomar la decisión que garantice certidumbre a las familias poblanas”.

Proceso
Gabriela Hernández
Ciudad de Puebla, Mx.
Jueves 17 de enero de 2019.

   
El Gobierno de México protegerá a quienes con su pluma o con su voz denuncien cuando la dignidad humana corra peligro o el silencio sea cómplice de la injusticia, afirmó la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Estableció que el quehacer periodístico no es ajeno a las condiciones de desigualdad existentes, una de las tantas grandezas del periodismo radica en la oportunidad para dar voz a los niños de la sierra, a las niñas, niños y mujeres en condiciones de trata, a indígenas que enfrentan procesos judiciales sin traductores o a menores abusados sexualmente.

Durante la ceremonia de Reconocimiento Público de Responsabilidad del Estado Mexicano y Disculpa Pública a la periodista y defensora de los derechos humanos, Lydia María Cacho Ribeiro, señaló que además de las disculpas a la también activista, también es preciso reiterar que el gobierno federal no estará supeditado a intereses particulares.

En el acto, en el Salón Revolución de la Secretaría de Gobernación (Segob), la funcionaria federal advirtió que los poderes político y público no estarán subordinados al económico.

Por ello, garantizó protección a quienes con su pluma o con su voz denuncien cuando la dignidad humana corra peligro o cuando el silencio sea cómplice de la injusticia.

La titular de la política interior del país consideró indispensable asegurar el ejercicio periodístico. “Lo que en algún momento fue un espacio de censura, como fue la Secretaria de Gobernación, defendemos que siempre se exprese la oportunidad de disentir y contrastar y no la homogeneidad institucionalizada".

Casos como el de Lydia Cacho, subrayó, recuerda lo complicado que ha sido escribir alejados del periodismo mágico e irreal, el que pregona que las cosas van bien cuando no es así.

Expuso que México fue el país con más periodistas asesinados, por lo que el acto de este jueves representa el inicio de una política de Estado comprometida con quienes se dedican a informar.

Se trata, enfatizó la funcionaria federal, de un momento adecuado para reflexionar sobre el valor que para la democracia mexicana y para la Cuarta Transformación representa la libertad de expresión, por lo que aseguró que “nunca más en esta Secretaria de Gobernación la censura ha de tener cabida”.

En su oportunidad, el subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Alejandro Encinas Rodríguez, señaló que con el evento de hoy se da cumplimiento a la resolución del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas del 31 de julio de 2018, respecto de las violaciones a los derechos humanos de Cacho Ribeiro.

Ello, añadió, derivado de los hechos ocurridos en diciembre de 2005 y a raíz de su labor como periodista y defensora de los derechos humanos, violaciones cometidas a manos de distintas autoridades del Estado mexicano.

Recordó que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señaló que se violaron los artículos 3, 7, 9 y 19 del Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos.

Con ello violentaron entre otros derechos humanos el de la libertad de expresión, el respeto a la integridad personal, el derecho a no ser sometida a tortura, así como el de salud, acceso a la justicia y el derecho a una vida libre de violencia de la periodista.

Apuntó que el Comité calificó que los tratos a los que Lydia Cacho fue sujeta por diversas autoridades del Estado mexicano, en el marco de su detención fueron arbitrarios y tuvieron un objeto discriminatorio por razón de género; señalando que el Estado incumplió con sus obligaciones de proveer de un recurso efectivo para investigar y sancionar a los culpables de tales arbitrariedades.

Por lo tanto, enfatizó, "asumimos la responsabilidad del Estado sobre hechos ocurridos hace poco más de 13 años".

De acuerdo con Encinas Rodríguez, el país ha cambiado y el Gobierno de México dejará atrás la simulación y enfrentará de manera firme la crisis humanitaria y de los derechos humanos que encara el país para alcanzar la paz y la tranquilidad entre los mexicanos, garantizando a todas y cada una de las personas que viven o transitan por el país, a los periodistas y defensores de derechos humanos de esa nación, el ejercicio libre de sus derechos.

Notimex
Ciudad de México
Jueves 10 de enero 2019.


Ciudad de México. - Elementos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la Procuraduría General de la República (PGR) detuvieron en Puebla a Alejandro "R", por la probable comisión del delito de tortura, en agravio de la periodista, escritora y activista Lydia Cacho Ribeiro.

Según investigaciones ministeriales, el sujeto participó en la detención violenta de Cacho en 2005, en Cancún, Quintana Roo.

Alejandro "R", de 53 años de edad y quien se desempeñaba como elemento activo de la Fiscalía del Estado de Puebla, fue ubicado en un domicilio en la avenida Puebla.

La comunicadora fue detenida en 2005 por la probable comisión de los delitos de difamación y calumnias, cargos presentados por Kamel Nacif Borge, conocido como "El Rey de la mezclilla", a causa de la publicación del libro "Los Demonios del Edén", en el que la escritora describe fiestas en las cuales supuestamente se abusaba a menores de edad.

El ahora detenido es requerido por el Juez Segundo de Distrito en el estado de Quintana Roo.

El Universal
Ciudad de México
Martes 4 de diciembre de 2018.



La periodista presenta “#EllosHablan”, libro en el que se reúnen las experiencias de hombres con el machismo y la violencia de género
 
El machismo no es un acto de violencia o algún suceso aislado, de acuerdo con la periodista y escritora, Lydia Cacho, el machismo es un precepto cultural que destruye las relaciones humanas entre hombres, mujeres niñas y niños. “Si se consigue visibilizar mediante el lenguaje adecuado, a través de historias reales y se une a las voces de expertos que están trabajando en el tema, en la vida real en todo el mundo, a lo mejor podemos encontrar una puerta de salida para saber por dónde llevar la discusión”, expresó.

Ésta es la esencia de “#EllosHablan”, el libro en el que Lydia reúne las voces de 13 hombres que hablaron desde sus experiencias sobre el machismo y la violencia contra la mujer que vivieron en su infancia dentro de sus hogares y su entorno, y de cómo diversos sucesos los llevaron a interiorizar y naturalizar el tema.

Para Lydia, este libro representa el esfuerzo de cuatro meses de trabajo necesarios para encontrar una respuesta por parte de los hombres sobre el machismo naturalizado en la sociedad, para que desde sí mismos, puedan comprender que la violencia es ejercida por ellos, pero que también son ellos quienes tienen la solución al problema.

“La violencia la ejercen los hombres contra los hombres, contra las mujeres y contra los niños, ahí está el verdadero problema, los hombres son el verdadero problema, son los que tendrían que salir a marchar por millones a las calles y decir estamos en contra de que nuestros congéneres sigan atacando de esa manera, ya les toca a ellos”, dijo.

Según explicó, gran parte del machismo que se vive en la actualidad se debe “a que los hombres no fueron educados para enfrentar los logros de las mujeres que cada día se ven con mayor frecuencia, mismos que se ven reflejados a través de miles de mujeres que todos los días luchan por conseguir lo que quieren y lo que sueñan, por demostrar que todos merecen tener las mismas oportunidades en cualquier ámbito de la vida”.

Es entonces cuando el machismo se encuentra con el feminismo, que, de acuerdo con la periodista, ha traído una transformación de creencias y situaciones que se contraponen a la cultura interiorizada sobre el papel de los hombres en la sociedad, pues considera que “así como el machismo es parte de una cultura introyectada, a través del feminismo las mujeres dictan a los hombres las reglas del juego, cosa que no se hacía hace cincuenta años”.

“Esa discusión la llevamos las mujeres, todas lideramos porque somos las dueñas de esta libertad, somos las creadoras de las libertades este siglo y eso no lo podemos escatimar porque es muy importante reconocerlo, nosotras vamos a abrir esas puertas, nos toca. Pero los que tienen que decidir si pasan por esa puerta y hacen un trabajo personal son los hombres, como lo hemos hecho nosotras al hacer lo que hacemos todo el tiempo para enfrentar el machismo, el hostigamiento, el acoso, todos esos micromachismos que nos han hecho a las mujeres”, finalizó.

El Informador
Ciudad de México
Viernes 30 de noviembre de 2018.


El Comité de Derechos Humanos pide a México reparar los daños a la periodista torturada hace 13 años

El caso de la periodista mexicana Lydia Cacho cobra un nuevo impulso 13 años después. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido que fueron violentados los derechos humanos con la detención de la autora de Los demonios del edén, un libro que reveló en marzo de 2005 una red de trata y explotación infantil en el Estado de Quintana Roo. El Comité de Derechos Humanos del organismo internacional ha emitido una resolución que exige al Estado mexicano reparar el daño a la periodista, procesar a los responsables de las violaciones cometidas y derogar de los códigos penales los delitos de difamación y calumnias, pues permiten al poder político y económico utilizarlos como armas contra los informadores.

Lydia Cacho fue detenida por diez personas en Quintana Roo, al sur del país, nueve meses después de que su investigación fuera publicada. El grupo la trasladó en una camioneta hasta el Estado de Puebla en un trayecto de 20 horas donde no se le permitió comer ni comunicarse con nadie. En el camino fue víctima de tortura psicológica y de tocamientos, además de amenazas de muerte.

México fue testigo, el 14 de febrero de 2006, de una repugnante llamada telefónica difundida por el periódico La Jornada en la que el empresario textil Kamel Nacif Borge, señalado como una de las piezas clave en la red de explotación sexual infantil, congratulaba a Mario Marín, el gobernador priista de Puebla, por la detención de la periodista por el delito de calumnia. "Eres el héroe de esta película, papá", aseguró Nacif en el pinchazo telefónico del 23 de diciembre de 2005. El mandatario le respondió orgulloso: "Ya ayer le acabé de dar un pinche coscorrón a esta vieja cabrona. Le dije que aquí en Puebla se respeta la ley y no hay impunidad".

El caso se convirtió en un ejemplo de cómo las relaciones entre el poder económico y político podían conspirar, en este caso en contra la de la libertad de expresión. Eso es lo que reconoció la ONU este martes en un histórico primer dictamen contra México. "Es sumamente importante y de gran relevancia porque es un caso emblemático y porque las violaciones siguen repitiéndose 13 años después", ha dicho este jueves Jan Jarab, representante en México del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. "Es un mensaje claro contra el Estado mexicano de que la violencia contra los periodistas es inaceptable", agregó Leopoldo Maldonado, uno de los abogados que llevaron el caso a la ONU.

"Después de 13 años tengo la seguridad de que este es un mérito de la sociedad civil. Logramos que las fiscalías fueran analizadas por la sociedad", ha dicho Lydia Cacho al festejar la noticia. El dictamen reconoce que la periodista fue torturada, víctima de violencia de género y de una detención arbitraria. Además, su derecho a la libertad de expresión fue vulnerado. El delito ha quedado impune a pesar de ser de los primeros en llegar a la Fiscalía para delitos contra periodistas creada en febrero de 2006, durante el Gobierno de Vicente Fox. "Este es un éxito y un triunfo de la capacidad de la sociedad para llegar a instancias internacionales y una muestra de la incapacidad de las instancias nacionales para hacer su trabajo", ha agregado Jarab.

México tiene 180 días para responder el dictamen emitido por la ONU. Jarab asegura que la secretaría de Relaciones Exteriores ya ha expresado su disposición para atender a las exigencias, que incluyen una investigación imparcial, pronta y exhaustiva de los hechos denunciados por Lydia Cacho; juzgar y castigar a con penas adecuadas a las personas halladas responsables, compensar a la periodista por los daños causados y derogar los delitos de difamación y calumnia, que aún son vigentes en ocho de los 32 Estados del país. Cacho afirma que solo uno de sus torturadores está en prisión. Otro más está prófugo y es protegido por la policía de Puebla. Además de eso nadie ha sido llevado a la justicia.

"Tenemos que aprender de los errores del pasado", dijo Cacho. "A los periodistas no nos toca ser héroes o heroínas. Solo somos sobrevivientes de la tragedia nacional", agregó. Sin embargo, las agresiones contra la prensa en México no han hecho otra cosa más que aumentar. Once informadores fueron asesinados en 2017 y otros siete reporteros han muerto en el primer semestre de 2018. La ONU ha enviado un mensaje más de que este clima es inaceptable.

El País
Luis Pablo Beauregard
Ciudad de México / Madrid
Jueves  2 de agosto de 2018.


Meses después de la detención de Lydia Cacho, en diciembre de 2004, se difundió un audio de una conversación entre el entonces gobernador del PRI en Puebla, Mario Marín y el empresario Kamel Nacif que mostró su complicidad en la detención de la periodista.


La resolución establece que se debe reparar el daño a la periodista ante la persecución y tortura de la cual fue objeto tras la publicación de 'Los demonios del edén'

El Comité de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas falló a favor de la periodista Lydia Cacho con lo que pide al Estado mexicano reparar integralmente a la autora del libro 'Los demonios del Edén'.

El informe establece la arbitrariedad de la detención de la periodista en diciembre de 2004, así como el uso del aparato de la justicia para perseguir a defensores de derechos humanos, periodistas y cualquier persona que defienda la libertad de expresión.

Además, dice que la detención y tortura a las que fue sometida son consecuencia de lo publicado en su libro.

'Los demonios del edén, publicado en 2003, retrata una red de prostitución infantil que involucra a empresarios y políticos y que derivó en una denuncia, por calumnias y difamación, en contra de la periodista del empresario poblano Kamel Nacif.

Por ello, Cacho Ribeiro fue detenida en Cancún para ser llevada a Puebla y que, durante el trayecto de más de 15 horas, fue sometida a tortura, según la resolución.

Dicha resolución, explicó Leopoldo Maldonado de Artículo 19, reconoce el trabajo de la periodista sobre redes de pederastia y que lo investigado para publicar 'Los demonios del Edén' es verdad y que por ello fue perseguida y torturada.

Durante el traslado a Puebla, dijo, quedó demostrada la discriminación de género, razón de la tortura y el trato sexualizado. Meses después de la detención se difundió un audio entre el entonces gobernador de Puebla, Mario Marín y Kamel Nacif que mostró su complicidad en la detención de la periodista.

Este caso, señaló el comité de la ONU, muestra un patrón sistemático de violación hacia las mujeres en el sistema de justicia.

La resolución, dijo Maldonado, también llama al Estado mexicano a derogar el delito de difamación y calumnias, vigente en ocho entidades.

El representante en México de la ONU-DH, Jan Jarab, dijo que la resolución tiene carácter casi jurisdiccional, es decir, con implicaciones mayores a las de una recomendación.

El Financiero
Ciudad de México
Jueves 2 de agosto de 2018.


Perfil de Lydia Cacho, una periodista que narra desde las entrañas y que encuentra en las historias de los demás su razón de existencia.

Lydia Cacho quería escribir poesía pero resultó —en sus propias palabras—, pésima en esa disciplina. Ha logrado, no obstante, llevar una vida parecida a la de una poeta. Disfruta de la reclusión y la soledad en medio de la vegetación salvaje del Caribe mexicano, donde construyó una enorme casa, una fortaleza, gracias a décadas de trabajo. En medio de un vasto terreno de cinco mil metros cuadrados repleto de palmeras y árboles frutales y rodeado por una barda altísima, se erige la vivienda de color blanco que asemeja un caracol majestuoso enterrado en la tierra. Ella misma la diseñó, pues le fascinan las figuras con la proporción áurea, el número de Dios. Lydia Cacho no se limita al periodismo, que ejerce desde los ochenta. Ella explora la filosofía, el feminismo, la religión, las estructuras de poder, el yoga, la cocina, la hidroponia y más. Ella misma se juzga aburrida y por eso le interesan los otros. El periodismo le ha permitido hallar en los demás —niños abusados, mujeres explotadas, hombres victimarios— algo que merece ser narrado y que es útil para la sociedad. El tedio siempre está al acecho y por eso tiene que hacer, crear, escribir, viajar.

Su viaje en el periodismo —lo sabe, todos lo sabemos—, no ha sido idílico ni placentero. “No hay forma de no salir herido del periodismo”, dice con la sabiduría de una sobreviviente. Si uno mira con atención en su extenso jardín, puede descubrir las cámaras de seguridad que ordenó instalar ocultas entre las hojas de las palmas. Las amenazas y la tortura —sexual, física y psicológica— dejaron su huella, y Lydia ha dedicado horas de yoga, meditación y terapia a reconstruirse para seguir haciendo periodismo.

Este año entregará al público tres proyectos que exploran los múltiples matices de la infancia: una docuserie sobre niños —ella dirige y escribe— titulada Somos valientes; un nuevo volumen infantil que dará continuidad a En busca de Kayla y uno más sobre menores que reconstruyen sus vidas tras haber sido reclutados por el narco y el terrorismo, cuyo título pide no publicar: “Una vez dije un título en público y me lo robaron, no quiero que me vuelva a pasar”. Nunca ha parado de trabajar. Casi cada año entrega una obra a las editoriales, aunque bien sabe que podría vivir de la fama de Los demonios del Edén (2005), el texto que la catapultó al plano internacional tras revelar una red de explotación infantil en Cancún. Pero su propia fama le incomoda, le estorba, le parece vacua. Ella quiere hacer periodismo que sirva a la gente.

Y esa es la paradoja de Lydia Cacho: una mujer que se califica a sí misma de tímida pero que, al mismo tiempo, ansía entrevistar, investigar al poder y recorrer el mundo.

* * *

La figura de Lydia Cacho está tan mimetizada con el paradisiaco Cancún, que se olvida que nació en la Ciudad de México en 1963. Creció en un departamento en Mixcoac, en una familia de clase media. Su madre, la psicóloga Paulette Ribeiro, le inculcó el feminismo; su padre, el ingeniero Óscar Cacho, la hizo ordenada. Cuando Lydia tenía 17 años, la familia viajó a Cancún para que ella y sus hermanos se certificaran como buzos. Se enamoró de esa tierra salvaje que estaba en pleno desarrollo como un polo turístico mundial. Desde entonces no ha dejado de bucear: conoce todos los cenotes de Quintana Roo y ha nadado en mar abierto entre delfines, hacia la frontera con Belice. Se resiste, sin embargo, a nadar rodeada de tiburones. No es que lo necesite, pues ya lo ha hecho desde el periodismo: “Al menos en los animales entiendes que es instinto, pero la violencia en los humanos es distinta, hay otros motivos”.

Cuando tenía 19 años, se fue a vivir a París con unos familiares. Llegó sabiendo hablar y leer francés —su abuela materna le enseñó—, pero era incapaz de escribir bien y decidió tomar clases. También se inscribió a un diplomado de historia del arte en la Sorbona. Para pagar sus clases se puso a trabajar como femme de menáge. Suena lujoso pero no es otra cosa que ama de llaves. Lydia lavaba platos, baños, pisos y sacudía. “Orgullosamente fui trabajadora doméstica”, recuerda. Un día se le ocurrió lavar y planchar la ropa de la casa donde daba servicio. La dueña enloqueció para bien. “Estaba fascinada de que le plancharan la ropa y me pagó el triple”. Lydia se volvió una sensación entre las amas de casa francesas, quienes le pedían que planchara sus ropas. Estuvo año y medio en Francia y, con el dinero ganado, volvió a México. Al poco tiempo entró a trabajar como asistente de producción a los Estudios Churubusco, gracias a la invitación de una amiga. “Eran unas películas gringas malísimas la verdad”. Con el dinero ahorrado, a mediados de los ochenta, decidió ir a probar suerte a Cancún.

Como quería ser poeta y necesitaba ganar dinero, fue a pedir trabajo a un periódico. Guapa, de 22 años y atlética, la mandaron a la sección de cultura y sociales. “Ahí es donde nos mandaban a las mujeres”. A la tercera semana ya estaba dando de qué hablar: su jefe la mandó a entrevistar a mujeres mayas para ver cómo les afectaba el turismo. “Llegué y las señoras me mandaron al diablo. ‘Nosotros tenemos otros problemas’, me dijeron. Y empezaron a hablar de violencia doméstica, abuso infantil y demás. Entregué mi nota y me dijeron que no saldría”, cuenta. “Aquí no se habla mal de Cancún”, fue la respuesta de su editor. Ese fue el punto de quiebre de su carrera. “Ah, ¿sí? ¿no se habla mal de Cancún? Pues ahora van a ver…”, recuerda en broma. En los noventa, ya en otra redacción, hizo una serie sobre casos de VIH entre hombres gay en aquella tierra idílica. El entonces gobernador Mario Villanueva, ahora preso por vínculos con el narcotráfico, le llamó enojado a su casa: “¿Por qué publica esas cosas? ¡En mi Estado no hay VIH!”. “Pues en el mío sí”, le reviró la periodista.

Desde entonces se dedicó a narrar el revés de ese paraíso mexicano donde confluyen intereses comerciales y políticos. Más de uno la ha acusado de querer destruir la fuente de empleo de miles de mexicanos. “La gente no entiende que el turismo tiene sus propios vicios y problemas, y yo sólo me dedico a documentarlos”.

* * *

Para llegar hasta Lydia Cacho hay que tomar un vuelo a Cancún y conducir casi una hora a través de esa tierra que mezcla grandes desarrollos hoteleros, casas humildes y adentrarse en la selva. El viaje es muy similar al que ella ha hecho en su producción periodística: narrar desde las entrañas y no quedarse sólo en la aparente felicidad de las playas con familias estadounidenses o los paquetes todo pagado para disfrutar de la Riviera Maya. Su chofer es un joven parco. Sabe que debe ser discreto sobre las medidas de seguridad. En la radio de la camioneta suena un disco en vivo de Pablo Milanés. “Ella lo ponía mucho y me gustó. Le gusta la música así, calmada…”, dice.

Lydia vive con tres perras: Luna, una rottweiler entrenada para atacar o ser el rostro de la ternura, Petra y Matilda. Las mascotas la siguen por toda la casa o cuando sale al jardín a recolectar lechugas y hortalizas de su huerto —ella misma las sembró y cuidó— o a recoger huevos orgánicos del gallinero. Tiene árboles de papaya, aguacate, guanábana y cítricos. De toda la cosecha de frutos, sólo recoge la mitad para consumirlos y el resto los deja para las aves que visitan el área. El terreno lo compró hace tres décadas por la irrisoria cantidad de 5 mil dólares. Hoy un precio así sería impensable. Buena administradora, poco a poco fue construyendo su hogar. Se hizo una pequeña piscina. También creó un área para hacer su propia composta: una barda cuadrada hecha con decenas de botellas de vidrio vacías pegadas con cemento. “En esta casa se toma vino”, dice. Sin embargo, reconoce sus debilidades: “Yo tengo muy claro que en cualquier momento podría convertirme en adicta. Todo el tiempo me estoy cuidando de ciertas cosas, de medirme, es parte del autoconocimiento”.

Durante la plática, Lydia dirá muchas veces —quizá sin notarlo— las palabras resiliencia y autocuidado. Dadas las experiencias que marcaron su vida, resulta lógico que esta mujer de casi 54 años hable de remontar, de protección. La fama, deseada por muchos, para ella puede ser un obstáculo. Alguna vez, en un evento de la ONU, se encontró con la actriz Angelina Jolie, embajadora de buena voluntad del organismo. Lydia se acercó a ella después de la ráfaga de flashes y disparos de las cámaras de los fotógrafos. “Le pregunté cómo manejaba la fama. ‘¿Cómo haces esto, qué horror, qué pesadilla?’, le dije”. Jolie, calmada, le dio una lección: “Yo sólo quería ser actriz y aprendí que la fama son unos zapatos de tacón y decides cuándo te los pones y cuándo te los quitas”. Lydia entendió que cuando se vive de la fama o el prestigio, el ego se enferma. “Eso debilita al periodismo”, dice.

El periodismo actual le parece poco útil, perdido en información que no sirve a la sociedad. “Cada vez que salgo a la calle a documentar cualquier tipo de historia, tengo que quitarme la coraza para tratar de comprender a la otra persona y no prejuzgarla. Para mí ése es el buen periodismo”. Más que juzgar, ha tratado de comprender a los otros: “No hablo de empatía hacia un pederasta o un asesino, pero sí hay que atreverse a buscar en la historia de los personajes qué los hizo convertirse en lo que son. Si no lo haces, tu pieza periodística será un cliché”. Tuvo una columna en El Universal durante nueve años y después, sin más, se fue: “Nunca he estado encantada con los grandes medios. Me parece que les estorbo”. Hoy es una freelance de primera línea. A los gurús del periodismo cercano al poder los llama viejos cínicos, los deprecia: “El cinismo vuelve crueles a las personas. Yo tuve claro que no quería ser así porque te ciega de la realidad”.

Esa manera de hablar tan sincera le ha valido momentos incómodos y divertidos. En 2007, viajó a Nueva York a recibir un premio de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés). La encargada de darle la presea fue Caroline Kennedy, hija del presidente asesinado. Cuando estaban en el coctel posterior a la ceremonia, la heredera Kennedy se acercó a ella y le ofreció refugio. “Yo era la perseguida del momento y me pareció increíble lo que me decía”. Pero en vez de deshacerse en agradecimientos, Lydia soltó una bomba: “Le dije: ‘¡Pero si mataron a tu papá, a tu tío, quién sabe si a tu hermano lo mataron! ¡Eres una Kennedy, es más fácil que te maten a ti que a mí, mejor vente conmigo a Cancún!’”. Todos los estadounidenses se quedaron boquiabiertos y ofendidísimos por la mexicana. Ella se sigue riendo de la escena.

Hace más de una década, cuando estaba en la gira de presentaciones de Los demonios del Edén, le tocó estar en Zacatecas. Su nombre ya era famoso después del infame secuestro y tortura que vivió por parte de la Procuraduría de Puebla, por órdenes del gobernador Mario Marín en colusión con el empresario Kamel Nacif. Llegó tal cantidad de gente que el espacio rentado fue insuficiente, así que debieron moverse a una explanada. Hacia el final, cuando se abrieron las preguntas al público, un hombre de unos ochenta años levantó la mano y pidió la palabra. A Lydia aún le estremece la anécdota: “Ese señor dijo que había seguido las noticias y compró el libro para apoyarme. Lo leyó y gracias a eso, por primera vez en su vida, le confesó a su esposa que cuando era niño habían abusado de él y nunca nadie le creyó. No fue el único, se pararon otro y otro. Al final cinco hombres se habían visto reflejados en el libro. La gente aplaudía. Ése es el periodismo que busco: el que es útil a la gente”. Todavía se le cristalizan los ojos, conmovida.

Todas esas experiencias las ha ido canalizando de diversas formas: baila, cocina, ríe, viaja o pinta los fines de semana. Una vez que viajó a Bali, Indonesia, se las arregló para quedarse más de un mes y, entre cada presentación de libros o foro, tomó un curso de cocina. Ahora prepara un extraordinario curry con leche de coco y berenjenas. También sabe preparar comida francesa, portuguesa y más. La mexicana, empero, le falla un poco: “El arroz no se me esponja”, bromea. Cuando estuvo en Japón, decidió tatuarse dos kanjis en la nuca: el deseo y la esperanza, como si fueran su motor de vida.

* * *

El nombre de Lydia Cacho ya está inscrito en la historia del periodismo mexicano. Los demonios del Edén, hoy se puede considerar un clásico. Ariel Rosales, editor at-large de Penguin Random House, la casa donde ha publicado la mayoría de su obra, considera que abrió nuevos temas en el panorama: “Ella llevó al gran público el tema de la trata, del abuso de menores, de la pornografía infantil. Temas duros que a muchos no les gusta ver, pero que gracias a ella ahora se hablan más y se discuten”.

Lydia recuerda que cuando la editorial le entregó las planas de corrección, estalló en llamas. “Le habían quitado todo el lenguaje de género, toda visión de feminismo. Ya no decía ‘las niñas y los niños’ y más, y eso era parte fundamental del libro, no se le podía quitar”. Tomó un vuelo a la Ciudad de México y habló, furiosa, con Rosales y la gente de la editorial. Tuvieron que ceder y regresaron al manuscrito original. Rosales y Cacho vivieron juntos la presión del poder y la censura que rodearon al libro, y que, más tarde, reconstruyeron en Historia de una infamia. Su otro libro, Las esclavas del poder, ha sido traducido al sueco, polaco, finlandés y más. Lydia es una autora internacional.

“Ya se ha dicho mucho, es casi un lugar común, pero sí, es una mujer muy valiente, de muchos huevos, de un gran carácter”, dice Rosales. A Lydia le da risa la imagen pública de ella: una mujer dura, con gestos fuertes, vestida de negro, de “cazavampiros”. “No soy así, soy alegre, bailo, me divierto, tengo sentido del humor, aunque a muchos les parece ácido”. Le cansa un poco el adjetivo de “valiente”, que la coloca en un papel extravagante: “Siempre dicen ‘Lydia Cacho, qué mujer tan valiente’ o ‘Carmen Aristegui, qué valiente’. Y yo pienso: es que no deberíamos ser la excepción, todos deberíamos atrevernos a dar más”.

Para Diego Rabasa, de Sexto Piso, la editorial que publicó el libro infantil En busca de Kayla, Lydia ocupa un papel central en el periodismo mexicano: “No sólo por ocuparse de temas tan complejos y asociados a hondas y oscuras tramas del poder, sino por abrir brecha para periodistas mujeres en un país con dramáticos índices de violencia de género”. La imagen que tiene de ella es de una mujer de una fortaleza fuera de lo común. “Su compromiso es tal que lejos de causarle problemas o dolor, le inyecta fortaleza. Está consciente del tamaño y el peso de sus adversarios y sabe que tiene que estar a la altura de los mismos”.

En busca de Kayla fue un experimento, muy afortunado, de Lydia explorando la literatura infantil en compañía del ilustrador Patricio Betteo. La historia narra la desaparición de Kayla, una niña raptada por una red de explotación infantil que la enganchó vía internet y cómo sus amigos de la escuela deciden buscarla. “Yo le decía a Sexto Piso que cómo se les ocurría que yo hiciera un libro infantil… ¡Están locos!”. El libro ha sido devorado por menores y ayudó a que los padres pudieran hablar de esos temas con sus hijos. Incluso ya existe una app gratuita para que se lea y la gente se informe. La demanda fue tal que rebasó la capacidad de operación de la editorial. Rabasa cuenta: “Nuestra colección infantil es, curiosamente, también una de las más políticas. Siempre habíamos querido trabajar con Lydia y nos pareció que esta colección nos abría la puerta para hacerlo. Fue un éxito en todos los sentidos y supuso un reto tanto en la distribución como en la promoción”.

Aunque hay una recurrencia de ciertos temas en la producción de Lydia, su verdadero tema de exploración es el poder patriarcal y los momentos clave en la vida de las personas en que se convierten en víctimas o victimarios. “Quienes se suman a los códigos del poder patriarcal son quienes acaban ganando más en términos económicos o en términos de control de las vidas de los otros y, justamente, es uno de los temas que me han movido más para hablar en mi carrera periodística”. Siempre que entrevista a mujeres abusadas, niños explotados u hombres perseguidos, Cacho ha encontrado un patrón: “No importa cuál sea el tema —corrupción, abuso sexual infantil, pornografía infantil, persecución de periodistas—, haz la lista y en todos los casos los patrones de comportamiento de los abusos de poder siempre tienen que ver con la educación de la verticalidad del patriarcado”.

La bifurcación de caminos que ha hallado Lydia es simple: “Hay periodistas, activistas, que hemos comprendido que el poder también sirve para dar voz a los demás, para ser ‘los otros’. Y hay quienes han sido dominados por el ego y prefieren sumarse a estas visiones retrógradas, que controlan la vida de los demás, la sexualidad y lo hacen a través de los códigos más simples que son partidos políticos, eclesiástico y más”. Y si alguien ha vivido en su cuerpo y mente la violencia patriarcal, ha sido ella.

* * *

En la lista de nombres relacionados a la red de explotación sexual infantil que Lydia Cacho citó en Los demonios del Edén aparece el nombre de Miguel Ángel Yunes Linares, actual gobernador de Veracruz. Otro político prominente nombrado es el hoy senador del PRI, Emilio Gamboa Patrón.

Para la periodista, el ascenso de Yunes Linares a la gubernatura es una vergüenza y no teme decirlo: “Es la muestra de la decadencia y creo que es el principio del fin”. Cuando alguna vez dijo en público que estaba convencida de que Yunes Linares iba a ganar la elección, como ocurrió, mucha gente se asombró. “Yo dije ‘Va a ganar, va a ganar porque el sistema se lo va a permitir, porque el sistema lo protegió’”.

Cuando Lydia publicó su libro, Yunes Linares era subsecretario de Seguridad Pública, en los tiempos de la presidencia de Felipe Calderón. El político intentó boicotear la obra. Ariel Rosales recuerda que él y Faustino Linares, director general de la editorial, fueron a verlo. El político de pasado priísta intentó convencerlos de que leyeran una carta en la que, supuestamente, la Procuraduría de Quintana Roo decía que él no tenía nada que ver. No era menor la estrategia: quería que la editorial denostara al libro durante la presentación, dos días después. Los editores y la periodista resistieron. Cacho abunda: “Lo que pienso de Yunes ya lo he escrito y lo sostengo. Aunque cada vez que digo algo me vuelve a mandar amenazas con los abogados. Es un tipo que cometió delitos y debería pagar por ellos y no debería estar siendo gobernador de Veracruz. Me queda claro que está ahí para subsanar los acuerdos entre la delincuencia organizada y los gobernantes”.

El panorama de la política en México desencanta a la periodista: “La nueva generación (de políticos) en la que confiaríamos no quiere hacer política porque los partidos están totalmente corrompidos. Y eso es un problema monumental”.

Aunque un tiempo estuvo hundida en juicios y demandas, hoy sólo está atenta al caso de uno de los policías de Puebla que la detuvieron ilegalmente y torturaron y está preso en Quintana Roo. El ex agente busca llevar su juicio en libertad. Ella sigue el caso a través de sus abogados. Las denuncias contra periodistas en México no son nuevas. El diario The New York Times publicó un editorial el año pasado alertando del aumento de demandas, lo que atentaba contra la libertad de expresión. “Esos juicios te paralizan, te comen el alma”, dice Lydia. Su caso tuvo tanta resonancia que llegó a la Corte mexicana y hasta la ONU.

En 2015, Virginia Betanzos, una ex diputada del PRI de Quintana Roo, publicó un libro para atacarla: Lydia Cacho: la otra cara de la pederastia. La mujer presentó su obra en Casa Lamm acompañada de la conductora Fernanda Tapia y Arturo Rodríguez, académico de la UNAM. Apenas tomó el micrófono, Betanzos soltó: “¡Estamos hartos de que la señora diga que es perseguida, torturada, y que viva denostando a Quintana Roo!”. Lydia se ríe, sabe que todo es para desacreditarla. “Sí hubo un momento en que me preocupó, sobre todo cuando gente seria, que respeto, me comenzó a preguntar. Pero entiendo que forma parte de una guerra sucia”. Le han dicho de todo. En los diarios de Cancún han publicado quiénes han sido sus amantes. Se lo toma con gracia: “Primero, el número que han publicado estaba equivocado y además no ponían a quien fue mi marido”.

Conoció a su exmarido en clases de buceo. Estuvieron juntos casi una década. Ella cada vez hacía periodismo de mayor riesgo y él no estaba para sustos. Incapaz de pedirle que decidiera entre su carrera o él, prefirió retirarse. Hoy son muy buenos amigos. Otra relación significativa de Lydia fue la que tuvo con el escritor y periodista Jorge Zepeda Patterson. A su lado vivió todo el drama de Los demonios del Edén y la represión que vino después.

* * *

El estudio de Lydia Cacho está en el último piso de su casa. Un espacio circular que revienta de luz día y tarde. Desde las ventanas se ve un mar verde de palmeras. Tiene una hamaca donde se echa a leer. Los libreros están repletos: los tomos de poesía se combinan con los de narcotráfico, feminismo, corrupción y demás. Sobre una mesa tiene los libros que consulta para la obra en que trabaja. Aparte, tiene dos tomos de poesía de Emily Dickinson y T.S. Eliot que lee para entretenerse. Lydia no se siente una poeta frustrada: “En realidad mi primer libro fue de poesía, es pésimo”.

En su estudio también pinta, sólo para distraerse, nada serio. Sus cuadros los regala a sus amigos. En un rincón de la habitación tiene adosados a la pared algunos de los muchos premios que ha recibido: The Olof Palme Prize, en 2011; la Legión de Honor, del gobierno francés, en 2012; el Premio Mundial que da la UNESCO por la Libertad de Prensa, de 2008 y más. El último premio que recibió, en febrero de 2016, fue el ALBA/Puffin al Activismo en Pro de los Derechos Humanos. El dinero que recibió lo guardó y ha sido clave para uno de sus nuevos proyectos: la docuserie Somos valientes.

Su nueva aventura consiste en pequeños capítulos, de diez minutos, sobre niños en comunidades vulnerables de México y cómo han aprendido a superar situaciones de dolor. La serie es, al mismo tiempo, dolorosa y esperanzadora. “Quiero darles voz a los niños porque tienen claras muchas cosas, más de lo que los adultos pensamos”. Los menores hablan de discriminación, corrupción, violencia, pobreza. En la producción reclutó a Marcela Zendejas, quien participa en el proyecto de Estereotipas y la música estuvo a cargo de Jacobo Lieberman y Leo Heiblum, dos de los músicos más reconocidos en México por su trabajo en el cine.

En uno de los encuentros grabados, los niños contaron que uno de sus compañeros los amenazaba con “enterrarlos en una fosa”. La situación causó tanto miedo, que una madre de familia sacó a su hija de la escuela. Los maestros no supieron cómo lidiar con ello. Los alumnos estaban seguros de que su compañero era hijo de “un sicario”. Cuando se reunieron con Lydia, para la filmación, él acabó llorando, avergonzado de que por su broma una compañera se hubiera cambiado de escuela y todos lo creyeran narcotraficante. “Yo les pregunté: ‘¿y por qué no dijeron nada?’. Les daba miedo. ‘¿Qué prefieren ser: cobardes o valientes?’”. Los niños respondieron que valientes. La sesión sirvió para sanar las relaciones entre los niños. El director agradeció la intervención de Lydia. Por ahora, ella negocia con Netflix la compra y distribución de su serie.

Antes de acabar la entrevista hice la misma pregunta a la periodista: “¿Lydia Cacho qué prefiere ser: víctima o valiente?” Ella sonrío, saboreó sus palabras como si degustara un buen vino, y con esa sensualidad que desborda y la hace segura de sí misma, dijo mirando a los ojos: “Valiente”.

Gatopardo
Rafael Cabrera
Ciudad de México
Martes 7 de marzo de 2017.

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