El jefe de Estado de Brasil entre 2003 y 2010 reflexiona sobre la pandemia que acosa al mundo y dice que la crisis revela que en la región se debe trabajar más en materia social.

Acusa a Jair Bolsonaro de escuchar "las tonterías" de Donald Trump sobre el COVID-19 antes que combatirlo y cree que de la pandemia emergerá un nuevo orden mundial con China como primera potencia económica.


Para algunos, es un metalúrgico que llegó a presidente y sacó de la pobreza a 36 millones de brasileños; para otros, el izquierdista corrupto que pasó 580 días en la prisión. En una entrevista con EFE, el controvertido exmandatario de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva alertó que durante esta pandemia "la pesadilla del hambre" ha regresado a América Latina.

Recluido desde hace más de un mes en su domicilio en Sao Bernardo do Campo (afueras de Sao Paulo), Lula da Silva, de 74 años y sobreviviente de un cáncer, se mantiene muy activo, físicamente y mentalmente.

"Estoy trabajando más que cuando iba a la oficina, pero estoy un poco ansioso porque me resulta extraño hacer política por teléfono".

Durante la entrevista realizada por videoconferencia, el jefe de Estado de Brasil entre 2003 y 2010 acusó a Jair Bolsonaro de escuchar "las tonterías" de Donald Trump sobre el coronavirus antes que combatirlo y vaticinó que la pandemia resultará en un nuevo orden mundial con China como primera potencia económica por delante de EEUU.

Asimismo, pidió al presidente de la Cámara de los Diputados, Rodrigo Maia, que tramite alguna de las varias peticiones para la destitución política de Jair Bolsonaro, porque el mandatario "ya cometió varios delitos" que justifican su cese.

Lula, quien abandonó la cárcel después de 580 días beneficiado de una decisión del Tribunal Supremo brasileño, aguarda en libertad el recurso a dos condenas que suman 20 años de prisión por corrupción y lavado de dinero que le impedirían ser candidato en las elecciones de 2022.

"Si no soy candidato no hay ningún problema, ya lo fui muchas veces (...) aunque ahora no estoy pensando en 2022 y sí en sobrevivir (a la pandemia de COVID-19)", señaló.

Hasta este jueves, Brasil registró casi 50.000 infectados y 3.313 muertes por culpa del patógeno.


¿Por qué no existe una unión nacional entre ayuntamientos, regionales y Gobierno federal para luchar contra el COVID-19 en Brasil?

Lo que pasa es que el presidente de la República (Bolsonaro) carece de una orientación. No tiene una política correcta para luchar contra el coronavirus porque no creía en él; prefería creer en las tonterías que Trump decía. Prefirió decir que el coronavirus era una gripecita y que si él resultase infectado no le pasaría nada porque era un atleta. Llegó a decir que era una tontería, una cosa de terrorismo, construido por China. Pero Trump rápidamente aprendió la lección: no se bromea con lo que no se conoce (...). El Estado brasileño debería además garantizar que las personas que necesitan estar aisladas y las que no tienen dinero reciban de parte del Estado una contrapartida. El mundo entero lo está haciendo.

Pero eso cuesta caro y endeuda un país...

Estamos en una época de guerra. ¿Sabes cuánto gastó Brasil en la guerra con Paraguay? El equivalente a 11 presupuestos de Estado de la época (1864-1870) (...). La única cosa que tengo que tener en cuenta es la siguiente: no me interesa cuánto cuesta salvar una vida; yo quiero primero salvarla y después discutimos. No puedo discutir el valor monetario de un ser humano.

Bolsonaro todavía tiene un tercio del electorado brasileño fiel...

Lo que sucedió con Bolsonaro es que ganó vida. Es como si fuese un virus que apareció. Estaba quieto, no se manifestaba y se manifestó. Y, actualmente, sus seguidores salen a las calles a decir idioteces, provocar e insultar a las personas, a hacer percusión (batucada) en la puerta del hospital (...). Estas personas festejaron la muerte de mi nieto (Arthur, en marzo de 2019). El día que murió mi nieto, de 6 años, esos canallas llegaron a producir 'fake news' diciendo que la mejor noticia del día fue la muerte del nieto de Lula.

El domingo pasado, Bolsonaro participó en una protesta cuyos manifestantes pedían, entre otras cosas, la vuelta a la dictadura militar (en Brasil hubo una entre 1964 y 1985). ¿Cómo interpreta ese episodio?

Me entristece porque las personas sabían quién era. Nunca negó sus groserías, la defensa de la dictadura, de la tortura, las ofensas hacia las mujeres, los negros, los indios, la oposición, los comunistas. Él ganó el pleito (en 2018) gracias al clima político creado en Brasil y en el mundo de la antipolítica (...). Y cuando se niega la política lo que viene es peor, es así como se creó el caldo de cultivo para Hitler.

Su figura y la de su partido (el de los Trabajadores, PT) quedaron muy asociadas a la corrupción. ¿Cómo es posible persuadir a los electores progresistas y los evangélicos (estos últimos son un cerca de un tercio de los votantes)?

Hay muchos pastores evangélicos que son del PT, que son tucanos (como se conoce al centro-derecha). Votaron a Bolsonaro porque había un clima de antipolítica, un clima creado para elegir a ese sector de derecha, pero eso puede cambiar en dos o tres años.

¿Qué orden mundial va a emerger después de la crisis del COVID-19?

Creo que China saldrá de esta crisis como la economía más importante del planeta, por delante de Estados Unidos, porque China está gobernada con más seriedad. El otro día escuché a la prensa decir que el presidente estadounidense contaba 11 mentiras diarias. Un país no puede ir bien así.

Usted siempre ha defendido la democracia, pero China no es un régimen propiamente democrático...

China es lo que es. Y Estados Unidos es lo que es. Yo soy un ciudadano que cree en el ejercicio de la democracia como regla de vida. Pero es cierto que China estableció un modelo político para ellos e hicieron con que funcionase. Ellos están alternando de presidente, pero de lo que estamos hablando es de economía. El Estado-mercado no funcionó, acumuló riqueza. Miren (Mauricio) Macri la deuda que dejó en Argentina (...) ¿Por qué derrumbaron a Evo Morales en Bolivia, con sus reservas y políticas de inclusión? Espero que cuando salgamos de esta crisis discutamos el papel del Estado, de un Estado que debe ser más fuerte, inductor del crecimiento, con una política social, que cuide de la salud. No quiero un Estado sometido a los intereses del mercado.

Hay ambiente para un proceso de destitución política (impeachment). La Cámara de los Diputados ya recibió al menos 24...

Creo que el impeachment no nace listo, nace lista la petición; se va trabajando. Trump tuvo uno, la Cámara lo aceptó, pero el Senado, no. Aquí en Brasil se comienza discutiendo. Creo que Rodrigo Maia (presidente de la Cámara) debería aceptar porque Bolsonaro ya cometió muchos delitos graves. Este Congreso Nacional que tuvo la osadía de destituir a una presidente (su sucesora Dilma Rousseff en 2016) por una mentira, no debería tener miedo de colocar el impeachment de Bolsonaro encima de la mesa. Y en la discusión que él se defienda. Tenemos que tener mucha preocupación en América Latina. Nuestro continente necesita mejorar en la calidad de vida de nuestro pueblo. No es posible que después de soñar tanto, entre 2000 y 2014, regresamos a la pesadilla del hambre en América Latina, tener mucho desempleo, a gente durmiendo en la calle. Es muy triste. Y vemos la cantidad enorme de gobernantes insensibles que tratan a los seres humanos como si fuesen números.

Los gobiernos del PT tuvieron una estrecha relación con constructoras como Odebrecht salpicadas por la corrupción.

Estoy convencido que hubo un acuerdo entre Ministerio Público (de Brasil) y el equipo especial de investigación con las autoridades de EE.UU. para destruir a las constructoras y a la Petrobras. Porque si el problema fuese corrupción, arrestabas al dueño de la empresa y dejabas funcionando a la compañía, preservando empleos (...). El problema es que lo que querían era destruirlas. Las empresas de ingeniería de Brasil eran muy fuertes y estaban venciendo muchas licitaciones. El aeropuerto de Miami lo hizo Odebrecht (...). También intentaron destruir a la Petrobras. Ella estaba encargada del mayor yacimiento de petróleo del siglo XXI. Nosotros determinamos que el 75 % del dinero de las royalties del petróleo fuese destinado a la educación, ciencia, tecnología y salud. Los estadounidenses y las multinacionales nunca lo aceptaron.

¿Estima que no existió la caja B de Odebrecht, cuyos dirigentes han sido condenados por sobornar en varios países de América Latina?

Hoy están probadas muchas mentiras. Si tienes acceso a mi defensa, se va a dar cuenta de cuántas mentiras se han contado (...). Quien practicó corrupción, tiene que ir a la cárcel. Las personas lo que necesitan es un juicio digno, con derecho de respuesta, que no sean tampoco juzgadas por la prensa (...). Todo lo que el PT hizo fue para combatir la corrupción, pero no contábamos con un juez mentiroso y maquiavélico (Sergio Moro, actual ministro de Justicia).

EFE
Sao Paulo, Brasil
Domingo 26 de abril de 2020.


Curitiba, Brasil.- El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ingresó hoy en la sede de la Policía Federal de la ciudad de Curitiba, donde será recluido para empezar a cumplir su pena de doce años de prisión por corrupción y lavado de dinero.

Lula llegó a Curitiba en avión procedente de Sao Paulo, donde se entregó a la Policía Federal en cumplimiento del auto de prisión dictado el pasado jueves por el juez Sergio Moro.

Cientos de simpatizantes y detractores, separados por un cordón policial de unos 30 metros de distancia, acompañaron el histórico momento apostados en los alrededores del recinto.

La Policía Federal tuvo que dispersar con gases lacrimógenos a partidarios de Lula que protestaban en la puerta de la institución en el momento del aterrizaje del helicóptero en el que el expresidente fue trasladado hasta la prisión.

Los detractores del dirigente, por su parte, festejaron intensamente su encarcelamiento con pitos, cacerolazos y fuegos artificiales.

Lula, de 72 años, se entregó hoy a las autoridades después de pasar las dos últimas dos noches atrincherado en el Sindicato de los Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en la región metropolitana de Sao Paulo, arropado por simpatizantes que intentaron impedir por la fuerza la salida de su líder.

El líder del Partido de los Trabajadores (PT) cumplirá su prisión en una sala "especial" de unos 15 metros cuadrados y en cuyo interior hay una cama, una mesa con sillas, un baño privado y una ventana que da al patio interior de la sede policial.

Esta sala está aislada de la veintena de reclusos que están internados en la sede policial, siete de ellos por el caso de corrupción en Petrobras, por el que fue condenado Lula.

El exjefe de Estado (2003-2010) se encontrará, entre otros, con Renato Duque, ex directivo de Petrobras, y Leo Pinheiro, expresidente de OAS, la constructora que dijo haberle cedido un lujoso apartamento en el litoral paulista a cambio de contratos con la petrolera y que motivó su condena.

También estará a pocos metros de la celda donde se encuentra el exministro Antonio Palocci, uno de sus principales correligionarios que pasó de defender a Lula a acusarle de firmar un "pacto de sangre" con la constructora Odebrecht, también implicada en la trama, que incluía "un paquete de sobornos" para el PT.

En caso de que sean rechazadas las futuras apelaciones, el tornero que se transformó en presidente estará durante al menos dos años en prisión en régimen cerrado.

EFE
Curitiba, Brasil
Sábado 7 abril 2018.


Treinta y ocho años después, otro mes de abril parece que vuelve a depararle a Lula da Silva un nuevo destino carcelario.

El expresidente de Brasil tiene hasta la tarde de este viernes para presentarse ante la Policía Federal después de que el juez Sergio Moro ordenó su ingreso en prisión. Lula fue condenado por corrupción pasiva y lavado de dinero.

Esta es la historia de cómo Lula fue encarcelado por primera vez.

Las luces y los ruidos de los motores asustan a la mujer que duerme abrazada a su marido en la penumbra del dormitorio. Despiertos, la pareja espía a través de las cortinas del salón lo que ocurre allá afuera.

Delante de la casa, vehículos de los que bajan hombres de traje oscuro y semblante serio. Hay fuertes golpes en la entrada de la vivienda.

- ¡Luis Inázio! ¡Abra la puerta!

Ya vestido, el hombre acaricia el rostro de su compañera antes de que lo empujen de cara al vehículo.

-Quédate tranquila. No hay necesidad de sufrir. Como dice mi madre, las cosas van a mejorar.

La escena es uno de los momentos culminantes de la película "Lula, el hijo de Brasil" (2010), de Fábio Barreto.

A partir de las memorias de Luis Inázio Lula da Silva y de su esposa Marisa Letícia —fallecida en 2017—, el largometraje reconstruye de forma libre la entrada en prisión del entonces sindicalista, en abril de 1980.

En aquella época, Lula lideraba una huelga en el sector de la metalurgia en la zona metropolitana de Sao Paulo (llamada ABC) que dejó al país sin respiración.

Una noche de pánico

La biógrafa Denise Paraná, autora del libro que sirvió de guión para la película, cuenta como la esposa del futuro presidente de Brasil le describió los momentos de tensión vividos en aquella noche de abril de 1980.

"Marisa, en estado de terror, temía que la policía entrase en la casa y llevase a cabo una matanza delante de los niños", escribió Paraná.

No era un miedo infundado. La dictadura militar instaurada en 1964 y que acababa de cumplir 16 años en el poder agonizaba, pero todavía no estaba muerta.

Los encarcelamientos arbitrarios, las torturas y las muertes se habían vuelto algo habitual.

Uno de los que en 1975 esperaba la muerte en uno de los DOI-Codi — los centros de inteligencia y defensa de la dictadura militar que había repartidos por todo el país — era José Ferreira da Silva, más conocido como Frei Chico, también sindicalista y hermano de Lula.

En 1980, la entrada de Lula en prisión se produjo sin un mandato judicial. A la vez que él, otros 12 sindicalistas fueron detenidos, incluyendo a los abogados Dalmo Dallari y José Carlos Dias.

No se sabía con certeza cuándo podrían ser puestos en libertad o de qué crímenes se les acusaba.

Ahora, en 2018, las condiciones son bien diferentes.

En esta ocasión, el posible encarcelamiento del expresidente brasileño es el resultado de un proceso judicial que se extiende desde hace casi dos años y en el que se le culpa de recibir un apartamento de tres plantas en Guarujá, en el estado de Sao Paulo, de parte de la constructora OAS en señal de agradecimiento.

Revueltas en el régimen

El nerviosismo de Marisa contrastaba con la calma de su marido. Lula sabía que, una vez iniciada la huelga, corría el riesgo de acabar en prisión.

El año anterior él y toda la directiva del Sindicato de los Metalúrgicos de San Bernardo do Campo y Diadema habían sido apartados de sus cargos por el gobierno del general-presidente Joao Figueiredo.

Divididos sobre el futuro del régimen, a los militares les unía el aire de descontento que se palpaba en el aire.

Querían aprovechar la huelga para dar una estocada a la espina dorsal del movimiento sindical metalúrgico de la zona metropolitana de Sao Paulo que había surgido dos años antes.

Lula, como líder emergente, era uno de los más vigilados. Sus amigos, que temían lo peor, le habían aconsejado dejar el país, pero él se negaba.

Marisa, en el centro de la imagen y esposa de Lula, temía que se organizase un baño de sangre delante de los niños el día que los militares viniera a apresar a Lula.

La campaña salarial de 1980 fue cuidadosamente preparada y también la huelga que se acordó después de que los trabajadores no vieran atendidas sus demandas.

El paro comenzó el 1 de abril. En secreto, la directiva había creado un "grupo especial" destinado a mantener el movimiento en caso de que todos acabaran en la cárcel.

La posibilidad de que el gobierno interviniese de nuevo en los sindicatos, tal como había ocurrido en 1979, era bastante factible y reconocida abiertamente.

El encarcelamiento de los líderes y la intervención del sindicato llegó cuando el paro cumplía 17 días.

"Un líder muerto"

Antes de que la policía abatiera la puerta de la residencia de Lula, se habían producido altercados entre un grupo de trabajadores y las autoridades frente a la sede del sindicato.

Paulo Maluf, ícono del régimen y gobernador de Sao Paulo, ya había dicho en una ocasión que el líder del sindicato de los metalúrgicos era un "líder muerto".

Era una exageración, pero la imagen de Lula, barbudo y desarreglado, recorrió el mundo.

El líder sindical pasó 31 días en una celda del Departamento de Orden Política y Social (DOPS) por liderar el movimiento de los trabajadores del metal. Durante seis días llegó a hacer huelga de hambre.

El jefe del DOPS, el delegado Romeu Tuma, dejó salir de prisión a Lula para que asistiese al funeral de su madre, Eurídice Ferreira de Melo. Lula acudió al funeral escoltado por policías. El día anterior, la huelga había terminado y su líder sería puesto en libertad ocho días después.

Al año siguiente, Lula pudo escuchar por la radio, desde casa, el juicio sobre su proceso en la 2ª Auditoría Militar, en Sao Paulo. Al igual que los otros detenidos y sus abogados, había decidido no comparecer a la audiencia en protesta contra la arbitrariedad del proceso.

Lula y los otros diez dirigentes fueron condenados a penas de entre dos años y seis meses de cárcel por "incitación a la desobediencia colectiva de la ley".

Pero como la defensa no se había presentado al juicio, el Tribunal Superior Militar anuló el juicio. Sin embargo, una nueva vista celebrada en noviembre confirmó las sentencias.

Tras un recurso ante el Tribunal de uno de los condenados, todo el proceso quedó anulado.

BBC Mundo
Luiz Antônio Araujo
Especial para BBC Brasil
Sao Paulo, Brasil
Viernes 6 de abril de 2018.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Ventana al mundo

Información reciente

Síguenos en Twitter