Juan Villoro
 

Nabokov dijo que la palabra “realidad” debe escribirse entre comillas porque toda percepción del mundo es subjetiva. La propuesta cobra mayor sentido ante la realidad virtual. Los teléfonos celulares pertenecen a una tecnología superior a la del Apolo XI, pero lo más asombroso no es eso, sino que tengan más información sobre nosotros de la que jamás le daremos a otra persona y que dicha información se use al margen de nuestra voluntad. Llevamos una existencia verificable en la normalidad donde se come yogur y se paga la renta, y una existencia espectral en las redes.

Esta es la parte “sencilla” del asunto. La situación se complica porque la intrincada cibernética puede ser usada con deliberada secrecía. La noticia de los hackers que vulneraron las redes de Pemex y piden un rescate millonario en criptomoneda tiene que ver con una de las derivaciones más complejas de la era digital: la red oscura.

Ninguna riqueza se cotiza tanto como los datos personales. Lo que haces en Google o Facebook deja un rastro que define tus hábitos y tus necesidades; así te vuelves rehén de ofertas y manipulaciones digitales.

En los años noventa, el gobierno de Estados Unidos inició un proyecto para enviar comunicación que no pudiera ser interceptada. A partir de 2002, programadores independientes continuaron la iniciativa bajo el nombre de TOR (The Onion Router). La idea consiste en proteger mensajes al modo de una cebolla, con distintas capas de encriptamiento. La información no va de un servidor a otro; da un rodeo por diversos puertos y llega a la escala final sin que se conozca al remitente.

En un sistema de comunicación nada vale tanto como el secreto. TOR surgió para preservar el anonimato. El fin es noble, pero también permite que piratas y terroristas se comuniquen sin ser localizados. Se han hecho unos cuarenta millones de descargas TOR y es lógico suponer que se utilizan de muy diversos modos.

Para entender los alcances de la red oscura conviene revisar el caso de Ross Ulbricht, quien operó bajo el seudónimo de Dread Pirate Roberts, tomado de la novela de 1973 La princesa prometida, de William Goldman, donde un abuelo lee a su nieto la historia de un pirata que sortea numerosos obstáculos para reencontrarse con su amada.

Graduado en programación y cristalografía, y seguidor de la economía libertaria de Ludwig von Mises, Ulbricht vio en las redes una oportunidad de intercambiar mercancías al margen del Estado. Adicto a la lectura, fundó una librería en línea: Good Wagon Books. Como es de suponerse, le fue mal. Después de sufrir una decepción amorosa, recordó al pirata que recuperaba a su novia en la novela de Goldman, renunció a la fuerza de luz y optó por la sombra. Su siguiente empeño fue La Ruta de la Seda, plataforma dispuesta a vender cualquier cosa, a condición de que fuera ilícita. Sirviéndose del sistema TOR y las criptomonedas, traficó con armas y heroína hasta convertirse en el Amazon de la ilegalidad.

El agente Jared Der-Yeghiayan, del Departamento de Seguridad Nacional, se apuntó como cliente y en dos años hizo compras a cuarenta dealers de diez países. Con la complicidad de quien se hacía cargo de limpiar el spam, logró establecer comunicación directa con DPR (Dread Pirate Roberts). El arresto sólo se podía justificar si el sospechoso era vinculado con la red; para ello, su computadora debía estar encendida en el momento de la detención (si lograba apagarla, la información se encriptaría).

Ulbricht fue localizado en el más improbable de los sitios. No estaba en Rusia sino en San Francisco, y entraba a la red desde la biblioteca pública Glen Park. El 2 de octubre de 2013 fue detenido junto al librero de la ciencia ficción. En 2015, a los 31 años, fue sentenciado a prisión perpetua.

Ulbricht abrió las novedosas cerraduras de la fortaleza digital, pero no pudo despojarse de ciertos atavismos. El logotipo de su empresa era un camello y el nombre aludía al antiguo tráfico entre China y Europa. En vez de ocultarse en un lugar ultrasecreto que le permitiera seguir cobrando millones en bitcoins, se conectaba a la red desde una biblioteca pública, rodeado de las novelas que hubiera querido protagonizar. Su dominio de la realidad virtual era tan grande que olvidó el limitado mundo de los hechos, donde una novia lo había abandonado y donde un agente aguardaba para arrestarlo.

Este artículo fue publicado en Reforma el 15 de noviembre de 2019, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en nuestra página.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Viernes 15 noviembre 2019.


Juan Villoro

Los espías llevan una vida de extrema discreción que sólo se interrumpe con la muerte o el escándalo. De tanto en tanto, el mesurado Sir David Omand sorprende con las contundentes declaraciones que sólo puede hacer alguien acostumbrado a callar. Entrevistado por la BBC acerca de la cooperación de Gran Bretaña y Estados Unidos en temas de seguridad, dijo con la tranquilidad de quien desenvaina una espada: “Nosotros tenemos el cerebro; ellos tienen el dinero”.

Sus credenciales para hablar de temas de espionaje son impecables. En 1996 fue nombrado director del Centro de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por su siglas en inglés), equivalente británico de la CIA o la KGB, y, en 2002, coordinador de Seguridad e Inteligencia del Gabinete.

Incluso en televisión, Omand argumenta en el tono sosegado de quien departe en un club de caballeros mientras bebe oporto. Ajeno a las precipitaciones, muestra un perfil de sólido conservadurismo. De manera previsible, criticó a Edward Snowden por haber robado más de 50 mil documentos secretos de la CIA, poniendo en riesgo delicadas operaciones contra el terrorismo. El hecho de que Snowden actuara de ese modo al darse cuenta de que la mayor parte de las investigaciones no estaban dirigidas a vigilar a presuntos enemigos de Estados Unidos, sino a personas comunes y corrientes, no le pareció meritorio. En la versión cinematográfica de Oliver Stone, Snowden aparece como un héroe de la libertad individual; para Omand, se trata de un traidor que puso en riesgo más vidas de las que pretendía salvar.

Los datos cambian de valor según quién se apodere de ellos. Entrenado por el Servicio Secreto de Su Majestad, Sir David es un experto en secretos; por eso mismo, sus críticas y sus ambivalencias adquieren mayor peso.

El antiguo jefe de la inteligencia británica respalda sin cortapisas la alianza con Estados Unidos del mismo modo en que respaldó a la compañía inglesa Vodafone cuando fue cuestionada en Alemania por grabar conversaciones de sus usuarios, entre ellos Angela Merkel (con hábil sentido de la estrategia, Omand aceptó una entrevista de televisión en una estación ferroviaria; cuando el asunto se volvió álgido, salió intempestivamente de cuadro para tomar un tren).

Pues bien, este ex agente de calculada discreción y probada lealtad a la política de seguridad británica acaba de declarar en forma explosiva al Times de Londres: “Facebook y Google saben más de ti que cualquier agencia de espionaje”. Curiosamente, sus argumentos no son muy distintos a los que Snowden usó contra la CIA (la diferencia es que unos espías actúan en nombre del interés público y otros con fines privados): “En una democracia tienes derecho a saber qué clase de métodos se están usando para mantenernos a salvo. La gran revelación de los últimos años no ha tenido que ver con agencias de inteligencia gubernamentales, sino con el sector privado”, afirma Omand, y recuerda que Cambridge Analytica usa datos de Facebook para influir en campañas políticas.

Las redes surgieron como un medio gratuito que se transformó en negocio. ¿Cómo conciliar el libre acceso con las ganancias? Convirtiendo los datos personales en moneda de cambio.

Esta nueva versión del pacto fáustico no concede la inmortalidad, sino un presente ilimitado. El usuario no paga con el alma; paga con algo muy parecido, los datos que serán utilizados para brindarle ofertas y alterar su conducta.

Sir David compara la situación con la leyenda del guitarrista de blues Robert Johnson, que encontró al diablo en un cruce de caminos y le ofreció su espíritu a cambio de convertirse en el mejor músico del mundo.

Defensor de la secrecía ejercida en nombre del bien público, Omand critica el uso privado del espionaje y lamenta que internet se haya vuelto más poderoso que la fuerza aérea. Posiblemente aceptaría esa vigilancia si fuera ejercida desde esferas gubernamentales. Lo decisivo es que, en su condición de profesional del ocultamiento, denuncia uno de los grandes peligros de la época: el valor comercial de la intimidad.

James Jesus Angleton, responsable de los servicios de contrainteligencia de la CIA durante la posguerra, célebre por sus accesos de paranoia, describió el espionaje como una “selva de espejos”.

Esa dinámica se ha desplazado a las redes, según afirma Sir David Omand, especialista en espejos.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Viernes 18 de octubre de 2019.

Juan Villoro. Escritor, autor de "El Testigo". Ganador del Premio Herralde de Novela 2004 y del Premio Rey de España por su texto "La Alfombra Roja, el imperio del narcotráfico".


 Juan Villoro       


El vendedor de silencio, de Enrique Serna, describe la ascensión y caída del periodista más poderoso del siglo XX mexicano, Carlos Denegri, que no conoció mejor recompensa que la impunidad ni mayor moneda de cambio que el secreto.

Experto en urdir tramas con ácido humor negro, Serna ha abordado la corrupción del país en sus más diversas vertientes: la época de Santa Anna (El seductor de la patria), la farándula (Señorita México), el ambiente intelectual (El miedo a los animales), el travestismo político y sexual (La doble vida de Jesús). Llega el turno a la relación del periodismo con el poder.

Habrá quien lea El vendedor de silencio por morbo o quien lo rechace por exponer arrebatos de machismo y sevicia difíciles de metabolizar. Se necesita estómago para revisar el albañal en que se revolcaron los sexenios de Ávila Camacho, Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz.

La prosa de Serna es adictiva, en los momentos más soeces despliega un humor sarcástico y la trama depende del más sofisticado recurso de la intriga: la cizaña. En ocasiones se requiere de enorme inteligencia para hacer el mal y Serna encontró en Denegri a un villano a su medida. Al asumir el punto de vista del cronista de Miscelánea Dominical, demuestra que ciertas escenas no se escriben con tinta sino con lodo. Misógino empedernido, Denegri se volvía psicópata al tercer whisky y protagonizaba escenas de inaudita prepotencia. Se enteró de la muerte de su padre mientras practicaba la charrería y recorrió a caballo las principales avenidas de la ciudad; con la afrentosa desfachatez con que disparaba en los centros nocturnos, sólo desmontó dentro del hospital.

Denegri hablaba alemán, inglés y francés; tenía un infalible olfato noticioso, una incombustible energía y habilidad para utilizar los registros de la adulación, la crítica artera, el guiño oportunista y las insinuaciones para los entendidos. Capaz de entrevistar con solvencia a André Malraux o al secretario de ONU, escribía vibrantes partes de guerra y conseguía exclusivas gracias a sus múltiples contactos. Pero lo que publicaba era menos importante que lo que callaba para extorsionar a los poderosos. De acuerdo con Serna, en sus inicios arriesgó la vida para desenmascarar los crímenes del cacique poblano Maximino Ávila Camacho, pero entendió que la libertad de expresión depende de los anunciantes y decidió que patrocinaran su silencio.

La narración de Serna es tan convincente que resulta imposible saber hasta qué punto se aparta de la realidad. El libro reconstruye una época con insólito detalle, del menú de un restaurante a la cotización de las acciones en la Bolsa, pasando por el vestuario de las mujeres y el repertorio de los cantantes. La verosimilitud de cada escenario, ya se trate de un infecto tugurio, una caballeriza, una sala de redacción o un cabaret de lujo, impide dudar de las excesivas anécdotas que cuenta. Denegri será recordado como Serna lo concibió.

La novela trata de una singular vida echada a perder, pero también de una sociedad que convirtió el soborno en principio de supervivencia y encumbró a quienes se sirvieron de esa oscura economía. Para criticar los vicios, el novelista expone sin tapujos los retorcidos placeres que provocan. En tiempos de corrección política, muy pocos se arriesgan a sumirse en los defectos humanos. El vendedor de silencio descifra con valentía la degradación moral y revela que el ilusorio Jardín de las Delicias es la antesala del Infierno.

Contrafigura de Carlos Denegri, Julio Scherer García aparece en la trama como la otra cara del periodismo. El Excélsior conservador y vendido al gobierno que dirigió Rodrigo de Llano se transformaría de 1968 a 1976, en manos de Scherer, en uno de los diez mejores periódicos del mundo. Ya no había sitio para Denegri en ese medio. Aunque el atrevimiento de buscar la verdad sería castigado por el presidente Echeverría, ese ejemplo transformó al periodismo mexicano.

Cuando Victor Hugo hizo que el protagonista de Los Miserables recorriera las cloacas de París, señaló que los bajos fondos tienen el valor de un autor cínico: no esconden nada. Enrique Serna se ha propuesto una tarea similar en El vendedor de silencio: denuncia los desperdicios de una vida y un país. En forma asombrosa, con esas inmundicias logra una irresistible forma del arte.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Viernes 20 de septiembre de 2019.


Constituido como un viaje de crónicas con las que el lector se enfrenta a las contradicciones que dan forma a uno de los lugares más complejos del país, la Ciudad de México, y además permite ver desde una mirada aguda la idiosincrasia del “chilango”, El Vértigo Horizontal, libro del escritor Juan Villoro, fue presentado hoy en el segundo día de actividades de la Feria Nacional del Libro BUAP 2019 (Fenali).

          El escritor y periodista, ganador de múltiples reconocimientos literarios como el Premio Villaurrutia 1999, el Premio Herralde de Novela 2004 y el Premio Antonin Artaud de la Embajada de Francia, deleitó con su estilo elocuente y ameno a cientos de universitarios y público en general, que acudieron para escuchar en palabras del propio autor cómo es que sus vivencias se han entrelazado con la ficción y los relatos que muestran a una ciudad que es capaz de producir un vértigo horizontal.

          Juan Villoro reveló el origen del título de su obra, señalando que cuando el escritor francés Pierre Drieu La Rochelle llegó a Argentina quiso conocer la pampa, y ante ese paisaje plano, pero imponente, el escritor no pudo más que definirla como un “vértigo horizontal”, un término que retoma el escritor mexicano para reflejar no solo el espacio de la Ciudad de México sino también la resistencia de sus habitantes para enfrentar, aguantar, amar y permanecer en esta metrópolis.

           “Ser Chilango es casi como practicar un deporte extremo. En este libro lo que trato es de revelar lo difícil que resulta definir a quién se le puede considerar un habitante de la Ciudad de México”.

          Juan Villoro compartió además con los asistentes cómo es que se involucró para escribir el guión de la película “Vivir Mata” y la canción de Café Tacuba conocida como Laberinto, donde también empleó el término de vértigo horizontal para referir una experiencia muy urbana, algo que también resulta similar en las crónicas que conforman su obra.

          Juan Villoro habló de la peculiar organización de este libro, el empezó a escribir desde 1994 cuando aún no se modificaba la Constitución y la Ciudad de México era conocida como Distrito Federal. Desde entonces las letras han dado voz a sus experiencias personales, pero también a su habilidad para crear historias que remiten el día a día.

           “Hace como 8 años pensé que tenía un material suficiente para hacer un libro, el cual era desordenado como la misma ciudad, es por eso que no requería de un editor sino de un urbanista. El libro entonces se ordenó en seis líneas de metro, porque esa es la forma más fácil de ubicarse en una ciudad. Una de las estaciones es muy personal porque refleja las experiencias autobiográficas; en otra retrato a personajes de la ciudad como el vendedor de los merengues, el limpiador de alcantarillas, Paquita la del Barrio o Antonio Gaytán, el “rey de Coyoacán”, entre otros”, mencionó.

          El libro, aseguró Villoro, habla de los asaltos y sobresaltos del mexicano, de su ironía ante la catástrofe y su temperamento post apocalíptico, definido por Carlos Monsiváis como la relación que tenemos con la catástrofe, la cual no vemos como un anuncio de que las cosas se pondrán peor, sino al contrario, se piensa que el desastre es algo que ya culminó y del cual logramos librarnos: “es como un engaño colectivo que permite a los chilangos seguir en un ambiente como la Ciudad de México”.

          Retrata así una ciudad que el autor conoce bien, es donde nació y donde ha vivido, donde la fragmentación, las ceremonias, los sobresaltos y la peculiaridad de sus personajes se constituyen como una aglomeración que incluso parece normal. El Vértigo Horizontal es así, una obra que devela una vez más, porque Juan Villoro está considerado uno de los escritores contemporáneos más prolijos, ahora presente y reconocido en la Fenali 2019 por el rector de la BUAP, Alfonso Esparza Ortiz.

Puebl@Media
ciudad de Puebla
Sábado 31 de agosto de 2019.


Colima.-El escritor y periodista Juan Villoro consideró preocupante y grave la aplicación de recortes presupuestales para ciencia, educación, cultura y salud, pues a su juicio “un país sano en todos los sentidos requiere de estos apoyos” y “es un gasto social que no se debería recortar”.

Ese gasto “de por sí es muy exiguo”, pues el presupuesto total de México para cultura representa “menos de una cuarta parte del 1% de los egresos federales, es decir, no llega al .25% el presupuesto de la Secretaría de Cultura, incluyendo el INBAL y el INAH, entonces es realmente raquítico y recortar eso me parece que es muy grave”, subrayó.

En tal sentido, Villoro llamó a reconsiderar la decisión, aunque también reconoció que “es muy importante que se cuestionen gastos, que se discutan y que se haga un auténtico diagnóstico y se diga ‘aquí hay aviadores’, ‘aquí hay gastos inútiles’, ‘aquí hay privilegios innecesarios’, y reducir y eliminar eso, pero una vez que se haga el diagnóstico saber dónde se invierte de manera productiva y positiva, porque no podemos prescindir de la cultura, el conocimiento, la educación y sobre todo la salud, que ha habido recortes también preocupantes”.

En el marco del Cuarto Encuentro de Niñas y Niños Lectores, el escritor estuvo en esta ciudad para sostener un conversatorio con estudiantes de nivel primaria, en el auditorio del Archivo Histórico del Municipio de Colima, promovido por el Colectivo Charangay.

Sobre ese evento, Villoro calificó como extraordinario que se promueva la lectura de una forma “tan juguetona, tan divertida, con tanta participación de los niños, involucrando el teatro, la música, y para mí ha sido un privilegio estar platicando con ellos”.

En el plano nacional, consideró importante que en Badiguarato, Sinaloa, se lanzara una iniciativa de plan lector; además, destacó las acciones del Fondo de Cultura Económica para abaratar el costo de los libros e impulsar más la literatura infantil.

“Me parece importante la iniciativa de Paco Ignacio Taibo II de llevar la feria de libros para niños a distintos lugares de la República, porque hasta ahora se concentraba en la Ciudad de México, como tantas cosas, y la idea que tiene Paco, que me parece muy importante, es hacer tres ferias: una en el sur, la de la Ciudad de México y otra hacia el norte del país, que ya es un principio de distribución mayor de la lectura. Me parece que son iniciativas a las que hay que dar un voto de confianza”.

De acuerdo con el también ensayista y guionista cinematográfico, en materia de promoción de la lectura hay mucho por hacer, pues “nos quejamos en todas las épocas con buenos argumentos, con razón, pero también vemos que hay iniciativas como ésta que nos llenan de entusiasmo y de esperanza en el futuro de la lectura”.

A juicio de Juan Villoro, se requiere concientizar a todas las familias sobre la necesidad y utilidad de motivar a los niños a leer, y se mostró convencido de que la manera más eficaz de transmitir el placer por la lectura es convertirla en una forma del afecto.

“Cuando una madre, un padre o un hermano mayor le lee a un niño, está transmitiendo no solamente la historia, sino también emociones, y le está diciendo al niño: ‘yo te aprecio’, ‘yo te quiero’, entonces ese niño va a recordar siempre que detrás de cada libro está este afecto familiar; si nosotros podemos compartir de esa manera la lectura, estamos creando lectores; para ello es importante que desde las escuelas, las editoriales y las ferias involucremos a las familias para que puedan compartir de esta manera los libros”.

Refirió que cualquier persona que tuvo la oportunidad de que le leyeran un cuento, siempre va a sentir que ahí hay algo positivo, que ahí hay una semilla de afecto.

“Nosotros muchas veces en los cuentos infantiles leemos esta frase: ‘había una vez…’, que se remonta a ese tiempo pretérito del mundo de las hadas que concedían deseos, pero también podemos decir en nuestra historia personal como lectores: ‘había una voz’. Esa voz es la de quien primero nos leyó cuentos con afecto, nos marcó como lectores y efectivamente plantó esa semilla que después crecería en nosotros”.

La noche de ayer participó en la conferencia concierto “En el jardín azul de tu extravío. Amado Nervo y la canción romántica”, con motivo del centenario de la muerte del poeta nayarita. Junto con el escritor participaron Guillermo Zapata, El caudillo del son, y Hernán Bravo Varela, en un evento organizado por la Fundación Cultural Puertabierta A.C. y el gobierno del estado.

Proceso
Pedro Zamora Briseño
Colima, Colima, México
Viernes 28 de junio de 2019.


Fue el gran personaje de nuestra comedia del arte, capaz de derrotar las miserias de lo real con los disidentes recursos de la risa, la inventiva y la sensualidad
Otros2ConéctateEnviar por correoImprimir


Los poetas tienen un íntimo acuerdo con el cielo. César Vallejo anunció que moriría bajo un aguacero y Fernando del Paso falleció un miércoles llovido desde el martes, a cincuenta años del movimiento estudiantil del 68, episodio esencial de su novela Palinuro de México.

En 1996, en su discurso de ingreso al Colegio Nacional, Del Paso definió su concepción totalizadora de la escritura: “Llamo poeta, que quede dicho de una vez por todas, a todo escritor, ya sea su oficio no sólo la hechura de poemas, sino también de dramas, comedias, cuentos o novelas, a la manera en que lo hizo Walter Muschg en su Historia de la literatura, ese maravilloso estudio que, como pocos, nos presenta los múltiples avatares en los que ha encarnado el poeta a través de los siglos, para su felicidad o su miseria: vidente, mago, profeta, semidiós, paria, acusado, víctima, héroe, ángel caído”.

Para Dante, la imaginación es el sitio donde el poeta rompe los límites de la realidad y modifica el clima; en consecuencia, es un lugar en el que llueve. No es casual que Vallejo anhelara un sepelio bajo un cielo roto ni que Del Paso muriera bajo la tormenta. Ningún novelista merecía tanto como él los atributos mágicos del poeta, destino que cumplió ocasionalmente en verso y casi siempre en una prosa torrencial y eléctrica, cargada de sentido del humor.

Nacido en 1935, se convirtió en el primer novelista en ser publicado por la naciente editorial Siglo XXI. Con olfato infalible, el editor Arnaldo Orfila decidió que José Trigo fuera el buque insignia de un catálogo aún por definirse. Y no se equivocó. Del Paso recibió en 1966 el Premio Xavier Villaurrutia por su recreación del mundo ferrocarrilero que había sido cantado en los corridos y aun aguardaba una historia tan larga como las vías que decidieron la Revolución, la Guerra Cristera y el movimiento ferrocarrilero de 1959.

Con pulso joyceano, Del Paso reinventó el habla, buceó en la consciencia de sus personajes y ejerció una “dinámica de los exhaustivo”. Sólo se ocupaba de un tema si podía agotarlo. En 1977, Palinuro lo llevó a los avatares de un estudiante de medicina y repasó con minucia los misterios del cuerpo humano. Tratado de erotismo y patología, recuperación de la plaza de Santo Domingo —sede de la Inquisición y la Facultad de Medicina—, la novela fue comparada por Severo Sarduy con la Venus de Dalí, que tiene cajones en el cuerpo y se puede abrir por muchas partes.

Diez años después, Del Paso construyó otra catedral, Noticias del imperio, sobre las desventuras históricas de Maximiliano de Habsburgo y las desventuras mentales de su esposa Carlota.

Además estas piezas de largo aliento, Del Paso practicó el dibujo y la escultura, escribió luminosos ensayos sobre el Quijote, un recetario razonado de cocina mexicana, poemas para niños, un drama sobre la muerte de García Lorca, una novela policiaca y cientos de páginas periodísticas. Cubrió el Mundial de España en 1982 y condenó con pulso certero la dictadura de Pinochet y los abusos del PRI.

Nacido en 1935, dejó México después de la matanza de Tlatelolco. Participó en el programa de escritores de Iowa, donde inició un exilio voluntario que duraría hasta 1992. En Londres y París encontró el tiempo para escribir obras cuya extensión competía con la eternidad. Al volver a México se instaló en Guadalajara, donde logró un extraño milagro. Juan José Arreola se había jubilado de la literatura escrita para ejercer los evanescentes prodigios de la oralidad. Durante años prometió un libro sobre su vida, Memoria y olvido. Del Paso lo puso ante una grabadora y se convirtió en amanuense del autor de Confabulario. Este acto de generosidad produjo un clásico instantáneo.

Cada vez que recibía un premio, Del Paso aludía a los quebrantos de la “suave patria” mexicana. Así lo hizo en Mérida, al recibir el Premio José Emilio Pacheco, y en Alcalá de Henares, al recibir el Cervantes. En momentos de aceptación, refrendaba su inconformidad.

Para sobreponerse a las dificultades de la página en blanco, usaba una prenda gastada por el uso, la camisa que heredó del poeta José Carlos Becerra, muerto a los treinta y tres años. Superados los borradores, aparecía en público con corbata roja y camisa amarilla. Ningún escritor mexicano se ha vestido con más colores.

Fernando del Paso fue el gran personaje de nuestra comedia del arte, capaz de derrotar las miserias de lo real con los disidentes recursos de la risa, la inventiva y la sensualidad.

El País
Juan Villoro
Ciudad de México
Domingo 18 de noviembre 2018.


Juan Villoro

Las frutas son relojes suaves; miden las horas mientras maduran. En ocasiones, los pájaros se adelantan a probar los higos que el jardinero quería dejar más tiempo en el árbol. En otras, la fruta envejece sin ser tocada como un verso de Pellicer, donde “hay azules que se caen de morados”. No es fácil calcular si el calendario ya hizo su trabajo en las sandías y los expertos se las llevan al oído para escuchar el latido que sólo producen las cucurbitáceas.

Ciertas frutas son francamente veleidosas. El mamey es un modelo de temperamento confuso. Dos ejemplares de idéntica perfección ovoide pueden encerrar carnosidades del todo diferentes. Los vendedores suelen quitar una parte de la cáscara para mostrar la cárdena maravilla de la pulpa, pero esto acarrea un indudable inconveniente: al contacto con la intemperie, el mamey calado se contagia de realidad.

Pensé en esto el martes cuando encontré en el mercado un puesto donde los plátanos verdes se vendían con éxito descomunal. Mi infancia está asociada al olor del plátano maduro. En la lonchera que llevaba al kindergarten (decorada con una imagen del vaquero Roy Rogers), mi madre colocaba un plátano donde el negro ya le ganaba terreno al amarillo. Hasta la fecha, al oler esa fruta próxima a la podredumbre recuerdo los inciertos días de la infancia.

Los compradores que vi el martes mostraban un ánimo opuesto al de mi madre; desdeñaban la fruta en su punto y elegían plátanos del porvenir. “Para el lunes ya están amarillos”, prometía el vendedor. “Es que como no va a haber agua…”, comentó una compradora en forma enigmática.

Me pareció curioso que comprara plátanos con una semana de antelación. Le pregunté al respecto y dijo algo aún más misterioso: “Los compro verdes para verlos”.

Hay personas que sólo pueden contar algo dando rodeos. La mujer pertenecía a una sección de élite de esta categoría. Explicó que cada dos de noviembre pone un altar de muertos para sus padres y prepara tamal de cazuela para recordarlos, guardando una porción para cada uno de ellos. “Con lo del agua, eso se arruinó”, añadió en tono de obviedad.

¿Qué relación tenían los plátanos con sus difuntos? En vez de preguntar esto, dije: “¿Ya suspendieron el agua en su colonia?”. Respondió que el corte estaba programado para el miércoles: “Quería comprar cubetas, pero ya se acabaron”, movió la cabeza en un gesto de decepción. Temí que se desviara hacia otro tema, pero volvió al Día de Muertos: “Sin agua no puedo cocinar”. “¿Y los plátanos?”, me atreví a decir. “¡Ahí está la cosa! ¿Le gusta cómo canta Javier Solís?”. Me declaré fan del charro cantor. Entonces ella dijo algo que desde que empezamos a hablar era lógico en su mente y poco a poco comenzó a serlo en la mía: “A mi papá le encantaba Fruta verde. Conoció a mi mamá cuando era muy chamaca y siempre le decía: ‘Sabor de fruta verde/ de fruta que se muerde/ y deja un agridulce de perversidad./ Boquita de chavala, boquita que reza/ pero que si besa, se vuelve mala mala’. La letra es bien coscolina, ya lo sé, pero mi mamá la oía risa y risa. Mi papá se robó a mi mamá cuando ella no llegaba a los dieciséis y viera lo felices que fueron. A ella le encantaba que le dijera así: ‘mala mala’. Sin agua, nomás no puedo cocinar para mis muertos. Voy a poner esta penca en el altar”.

Mientras hablábamos, más personas llegaron a comprar plátanos verdes. Detrás de cada compra debía haber una historia.

En forma peculiar, la demanda de frutas “aplazadas” tenía que ver con el corte de agua en el Sistema Cutzamala que afectaría a 3 millones 840 mil 148 personas en trece alcaldías de la ciudad. La exactitud de la cifra la volvía casi irreal y parecía invalidar la posibilidad de que alguien se mudara con un pariente que sí tenía agua.

La inminente sequía me llevó a recordar los cinco días aciagos del calendario azteca en que la vida habitual suspendía su curso. Íbamos a padecer las jornadas “sobrantes” que los fundadores de la ciudad incluyeron en su conteo del tiempo.

“Los plátanos son contagiosos; hay que tener cuidado con ellos”, dijo la mujer al despedirse: “Cuando maduran, también maduran las frutas que tienen junto”.

Comprar fruta verde equivalía a comprar una esperanza, un modo de sobreponerse a la ciudad donde el presente sólo era un pretexto para que llegara el porvenir.

Reforma
Juan Villoro
Viernes 2 noviembre 2018.


• Este deporte nos da una noción de pertenencia, porque no sólo lo vemos como tal, sino como algo que nos representa. Es un sistema de representación de la realidad, dijo en la UNAM el escritor y periodista

• El VAR solucionará algunos conflictos, aunque su principal intención es recuperar la credibilidad de la FIFA, acotó

Nadie sabrá nunca si la erudición y oratoria de Juan Villoro en temas como el futbol hubieran podido trasladarse a la cancha. El escritor y periodista también hizo sus ensayos sobre el césped: “jugué en Pumas, me probé en la reserva, pero no duré… y sólo me quedó la literatura”.

En estos tiempos virtuales, de redes sociales, de distractores y de nuevas formas de conducta, el futbol no es el principal modo de escapismo, sino un regreso a la realidad, dijo en la UNAM el autor de por lo menos 33 libros de ensayo, crónica, novela, cuento y literatura infantil.

“Lo es por el simple hecho de que enfrenta a personas reales; ir al estadio será siempre una lección de la realidad, que contrasta, por ejemplo, con un Ronaldinho que juega su propio personaje en videojuego, o con la televisión que ahora sólo cuenta en dónde está la pelota, pero sin desmarques o piques”.

En la conferencia “Futbol e identidad social”, en el auditorio Ricardo Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), el autor de “Los once de la tribu” expuso que este deporte nos da una noción de pertenencia, como ningún otro, porque no lo vemos únicamente como tal, sino como algo que nos representa, “es un sistema de representación de la realidad”.

Literatura

Ante Sergio Varela, profesor del Centro de Estudios Sociológicos de la FCPyS, Villoro dijo que el futbol es ya una narrativa con un final sorpresa. “Llega a nosotros narrado, tiene sus propias mitologías, por lo que agregarle otras no es tan necesario; no obstante, existe para ser contado, se presta más a la crónica y a las tertulias de los aficionados”.

El ganador del Premio Iberoamericano de Letras “José Donoso” 2012 consideró que en el caso del futbol femenil en México no se habla de paridad; ahí se manifiesta un espejo acrecentado de una sociedad patrimonial. En todos los medios no hay una sola dueña o propietaria; la hegemonía es masculina. Además, “hay una disociación entre los que gestionan, ven y practican este deporte”, lamentó.

VAR (Videoarbitraje)

Sobre la implementación del denominado VAR (árbitro asistente de video) en la liga mexicana, subrayó que ante 22 personas que tratan durante 90 minutos de ser valoradas como semidioses, sólo hay uno que procura ser hombre y hace lo que puede: el árbitro.

“Pocas cosas son tan interesantes como que un árbitro se equivoque. El error humano nos constituye, y el VAR interrumpe la emoción, pues tienes que esperar minuto y medio para poder gritar. Sin embargo, solucionará algunos conflictos, si se usa de manera moderada para corregir abusos, quizá tres veces por juego, aunque su principal intención es recuperar la credibilidad de la FIFA”.

El también autor de “Dios es redondo” apuntó que, al no existir un sindicato de futbolistas en México, se vuelven inseguros y esclavos del lujo y de la especulación, porque son traspasados a otros equipos contra su voluntad.

“El verdadero negocio es el traspaso de jugadores, que es fomentado porque en nuestro futbol siguen los torneos cortos y no hay continuidad, incluso con los actuales uniformes, que vuelven a los futbolistas ‘hombres sándwich’, es decir, anuncios ambulantes”.

Estados Unidos 1994 y 2026

En este “corrupto campo del deporte organizado”, el colaborador de la Revista de la Universidad de México expuso que nuestro país ha sido comparsa de Estados Unidos: es una complicidad para dejarle 25 sedes del mundial de 2026, con sólo cuatro para Canadá y tres para sí mismo.

No es la primera vez que sucede algo así. En 1990, en el escándalo de los “cachirules”, rumbo al Mundial de Italia, nuestra selección debió haber sido sancionada a nivel juvenil, y el castigo fue consensuado a todos los niveles con las autoridades mexicanas para que Estados Unidos pudiera asistir a Italia y preparar el mundial en donde sería anfitrión cuatro años después. “Nos perdimos del mejor Hugo Sánchez de la historia”, concluyó.

Puebl@Media
Ciudad de México
Jueves 25 de octubre de 2018.


El escritor mexicano Juan Villoro fue galardonado hoy con el Premio Iberoamericano de Narrativa "Manuel Rojas" 2018, que entrega el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.

"¡No me diga!, ¡qué maravilla!", señaló el escritor por teléfono tras conversar con la ministra chilena de las Culturas, Alejandra Pérez, luego de ser informado de su galardón.

La ministra detalló que Villoro pertenece a la tradición de los grandes escritores latinoamericanos, cuyos temas y enfoques "interpelan profundamente a todo el continente".

"Su obra incluye novelas, cuentos, crónicas, relatos infantiles, obras de teatro, opiniones y ensayos, y despliega una prosa tan inteligente como malabarista", detalló Alejandra Pérez, al agregar que "una de las marcas de Villoro es su capacidad para tratar los temas más tremendos, sin perder nunca la lejana sonrisa".

Juan Villoro es un escritor y periodista mexicano conocido en toda la región por sus novelas como "El disparo de Argón" (1991), "Materia dispuesta" (1997) y "El testigo" (2004) y también por sus loadas crónicas de fútbol.

Este premio, que se entrega cada año, fue creado en 2012 por el Ministerio de las Culturas de Chile junto a la Fundación "Manuel Rojas", como homenaje al escritor chileno.

Durante la ceremonia, el presidente de la Fundación "Manuel Rojas", Jorge Guerra, dijo que para la institución es "un placer enorme y es un doble significado porque Manuel quiso mucho México, vivió ahí, y estaría feliz de que este premio que lleva su nombre esté en manos de un mexicano tan talentoso".

El premio consiste en una medalla, un diploma firmado por el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y por la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, además de 60.000 dólares.

El jurado, para la versión 2018, estuvo compuesto por los escritores argentinos Martín Caparrós y Mauro Libertella, la novelista mexicana Guadalupe Nettel y los chilenos Antonio Skármeta y Carlos Franz.

El Premio "Manuel Rojas" ha reconocido a Rubem Fonseca (Brasil, 2012); Ricardo Piglia (Argentina, 2013); Horacio Castellanos Moya (El Salvador, 2014); Margo Glantz (México, 2015); César Aira (Argentina, 2016); y Hebe Uhart (Argentina, 2017).

Xinhua
Santiago de Chile
Miércoles 8 de agosto de 2018.


Sergio Pitol fue un gran lector, traductor y escritor. Sergio Pitol fue un mago de la palabra, integrante de la llamada Generación del Medio Siglo junto con Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, que Jorge Volpi prefiere llamar “as de oros de la literatura mexicana”; un escritor que trabajó como nadie el tema del fracaso, la memoria y el carnaval, como lo definió Juan Villoro; un inventor de un género literario que combina memoria, ensayo y literatura.

El pasado martes por la noche, Juan Villoro y Jorge Volpi celebraron la obra, la presencia y la literatura del Premio Cervantes 2005, fallecido el pasado 12 de abril. En la mesa “Sergio Pitol, mago de la palabra”, que forma parte del Homenaje Nacional al narrador, ensayista, traductor y diplomático mexicano, participó también Laura Demeneghi, quien presentó el video Iván, niño ruso, con materiales sobre Pitol; y leyó una emotiva carta escrita por su padre, Luis Demeneghi, en la que relata pasajes de la vida familiar.

La velada concluyó con tres arias interpretadas por Lourdes Ambriz y Encarnación Vázquez.

Durante el homenaje celebrado en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Volpi habló de las tres grandes etapas creativas en la obra de Sergio Pitol, de las que surgieron obras fundamentales; y dijo que El desfile del amor es su obra maestra y una de las mejores novelas mexicanas del siglo XX y XXI.

Villoro dijo que Pitol trabajó el tema del fracaso y la memoria. “Entendió la literatura como otra forma de hipnosis para investigar su propia memoria, no escribía porque ya recordaba, escribía para recordar”.

Mañana se llevará a cabo la mesa redonda “Pitol, el viajero y diplomático”, con la participación de Antonio Saborit, Philippe Ollé-Laprune y Héctor Orestes Aguilar.

El Universal
Yanet Aguilar Sosa
Ciudad de México
Miércoles 13 de junio de 2018.

Página 1 de 5

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Ventana al mundo

Información reciente

Síguenos en Twitter