Juan Villoro


"Para estar fuera de la ley hay que ser honesto", canta Bob Dylan. La frase invita a revisar la ley electoral diseñada por los partidos. Para ser candidato independiente a la Presidencia hay dos alternativas: perder con limpieza o ganar con trampa.

Conseguir 867 mil firmas en al menos 17 estados, teniendo en cada uno de ellos el 1% del padrón electoral, es una desmesura. Con el nombre de "candidaturas independientes" se brindó un repechaje para los profesionales que no alcanzan nominación. De modo lógico, quienes declararon haber cubierto las firmas provenían del PRD, el PRI y el PAN.

El INE creó una aplicación para recabar firmas que sólo funcionaba en celulares de gama media, recurso discriminatorio en un país con más de 50 millones de pobres. María de Jesús Patricio, candidata del Concejo Indígena de Gobierno, protestó por estas condiciones, pero las acató con total honestidad, demostrando que un movimiento social prefigura en su conducta el futuro por el que lucha.

Cerca de diez mil auxiliares se movilizaron para apoyar a la vocera indígena sin otro pago que la ilusión. Con recursos que apenas llegaron a los 600 mil pesos, y una solidaria economía de préstamos, Marichuy recorrió buena parte del país.

Conseguir firmas era importante, pero más importante era articular a comunidades que carecían de contacto. En el mapa de Marichuy no se le dio prioridad a los sitios en los que se podían conseguir apoyos, sino a los que debían ser escuchados. La vocera hizo un largo viaje a Sonora, donde resultaba imposible llegar al 1%, para visitar a indígenas que reclamaban su presencia. A unos días de que terminara la contienda, su comitiva se accidentó en el desierto del Vizcaíno. Una persona murió y varias resultaron gravemente heridas. La tragedia enfatizó las precarias condiciones de una lucha que se propuso llegar a los lugares menos favorecidos.

Marichuy recabó cerca de 300 mil apoyos, una tercera parte de los necesarios. Pero el dato decisivo es otro: más del 93% de las firmas recabadas fueron válidas.

¿Tiene sentido hacer trampa para protestar contra la injusticia? Marichuy jugó limpio. ¿Qué sucedió con los demás candidatos? Ríos Piter presentó casi dos millones de firmas, pero tuvo menos registros lícitos que Marichuy. El Bronco entregó 266 mil 357 firmas duplicadas, 158 mil 532 simuladas y 205 mil tomadas, no de credenciales electorales, sino de fotocopias. Con cinismo, dijo que su gente había cometido ciertas "travesuras" y acusó al INE de alterar los datos. Por su parte, Margarita Zavala tuvo inconsistencias en 327 mil firmas. Aun así alcanzó el registro. ¿Se puede confiar en alguien que permitió tal cantidad de abusos? El caso es equivalente al del ex alcalde de San Blas que se excusó diciendo que "robó poquito".

Quienes reunieron más de un millón de "firmas" usaron estrategias ilegales y quienes fueron honestos no pudieron cumplir con los requisitos.

Pasemos al manejo de los recursos. El Bronco dispuso de 17.3 millones de pesos que no ha podido explicar. Obviamente no los dedicó a la contabilidad ni la transparencia. En cambio, la antropóloga Alicia Castellanos dedicó días y noches a una tarea que jamás pensó tener: justificar los gastos de campaña de Marichuy. La fiscalización se hizo en el comedor de su departamento con el ocasional apoyo de una contadora.

Ciro Murayama, consejero del INE, reconoció este trabajo en forma elocuente: Marichuy "cargó el 16.5% del total registrado en el sistema por todos los aspirantes. En promedio, mientras los aspirantes registraron una operación por cada 22 mil pesos de gasto, ella en cambio cargó con una operación por cada mil 482 pesos. Esto demuestra un nivel de rendición de cuentas muy por encima del promedio y me parece que el INE no puede ser indiferente".

Alicia Castellanos rebasó el sentido de la responsabilidad para pasar al heroísmo. En la junta final con el INE, pidió la palabra y con voz suave señaló que en caso de que hubiera una omisión ella asumía todas las consecuencias. La persona que hizo la mejor rendición de cuentas -y que debería recibir un premio al mérito ciudadano-, lejos de ufanarse de su tarea, se ponía a disposición de las autoridades para no afectar a nadie más.

Una elevada lección ética y un ejemplo de la gente que apoyó a Marichuy.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Viernes 30 marzo 2018.


Jorge Volpi, Juan Villoro, Carlos Revés y Ricardo Cayuela encabezaron un homenaje que registró un lleno total

La cita para el homenaje de Fernando Savater era a las 18:30 horas, sin embargo, desde media hora antes, la fila para entrar ya se podía vislumbrar como larga, pues los lectores comenzaron a llegar al Auditorio Juan Rulfo con bastante tiempo de antelación, donde a los asistentes no les importó permanecer de pie por más de una hora.

El gesto de la audiencia era suficiente homenaje, sin embargo, Jorge Volpi, Juan Villoro, Carlos Revés y Ricardo Cayuela, se encargaron de homenajearlo con sus armas más poderosas: las palabras. Antes, Raúl Padilla dio la bienvenida a los asistentes y calificó al libro “Ética para Amador”, como el libro de filosofía más popular en lengua castellana, y a su autor, como “el gran filósofo de la libertad que hoy más que nunca debe ser escuchado”.

Igualmente, los demás autores e intelectuales mencionados, se dieron a la tarea de contar quién era Savater, por qué era merecedor de un homenaje y cuál es su relevancia actualmente. Cayuela dijo al respecto: “Es un crítico de la modernidad que va un paso adelante. Él postula luchar contra el fanatismo, pues reconoce el mal que hace todo nacionalismo, pues como él dijo ‘el nacionalismo es peligroso cuando entraña un aire de superioridad’”.

Mientras que Revés, director general de todos los sellos de Editorial Planeta, resaltó que la obra de Savater es una búsqueda de la verdad, además, que cada escrito tiene como característica al hedonismo pues “el sentido lúdico es vértebra de su obra, es decir, como filósofo ha sido un disfrutón de la filosofía, no la pone en un altar inalcanzable”.

Por su parte, Volpi y Villoro recordaron sus primeros acercamientos como lectores de Savater. El primero contó que él veía a los filósofos como personas muertas, pues le detonaban a los griegos, a los renacentistas, y más cercanamente a la actualidad, a Nietzsche, a quien “no entendía nada hasta que leí a Savater”. Villoro, no tenía esta misma idea, ya que su padre fue también filósofo, aunque diferente a Savater, pues para él, el autor español es un “mediador entre las ideas más complejas y la vida cotidiana”.

Por último, Savater se sintió tan halagado tanto que afirmó no reconocerse en las descripciones dadas: “Ellos están hablando de quien yo hubiera querido ser, me ha gustado ver a esa figura. (…) Yo hubiera querido ser yo mismo pero logrado, que es lo que ellos han descrito”.

El Informador
Guadalajara, Jalisco


A 20 años de la fundación de Radio BUAP, Juan Villoro estuvo en la BUAP y su voz, cual tejedor de historias, llevó a su audiencia al gozo de la palabra oral.

En el Salón de Proyecciones, el escritor, Premio Herralde por su novela El testigo, discurrió sobre la voz en un discurso hilarante que tocó espacios, geografías, tiempos y pensadores disímiles, para comprender ese excedente del cuerpo que sale de nosotros, pero también es alma corporizada.

Antes de ingresar al Salón de Proyecciones, Villoro charló con el Rector de la BUAP, quien le obsequió una playera del equipo Lobos BUAP, con la cual posó para las cámaras.

El escritor y colaborador en los diarios La Jornada, El País y El Periódico, y en publicaciones como Letras Libres, Proceso, Nexos, Reforma y la italiana Internazionale, apasionado del fútbol -hincha del Barcelona- concluyó su exposición con un largo aliento a la memoria de Ángel Fernández, el célebre cronista deportivo, de quien –dijo- convertía el partido más aburrido en una odisea, pues rebautizaba la realidad como símbolos mágicos.

El uso de la voz en la radio requiere de palabras precisas para cautivar en un segundo, expuso quien fuera conductor de El lado oscuro de la Luna, en Radio Educación. Sin duda, no se equivocó. Los asistentes reunidos en el Salón de Proyecciones, del Edificio Carolino, en su mayoría jóvenes, no perdieron el hilo conductor de la charla, quienes recordaron a los primeros hombres reunidos alrededor de una fogata. Allí engarzó las hazañas de los grandes tejedores de historias en la radio, pasando por el escritor y locutor Orson Welles hasta el cronista deportivo Pedro Septién, mejor conocido como el “El Dinámico Mago Septién”.

Conquistar una voz propia es uno de los grandes desafíos artísticos -dijo. Sócrates y Jesús son ejemplos exitosos del uso de la palabra, de una voz única y definida. Al referirse a la radio, Villoro dijo que esta llegó como un medio misterioso para borrar el cuerpo y dejar sólo una voz que jamás había sido escuchada, pues las voces son espectros. Este medio de comunicación depende del hilo invisible de ondas de frecuencia emitidas y de una concentración especial por parte de su interlocutor.

El protagonista del cuento Cambio de luces, de Julio Cortázar, las crónicas deportivas de “El Dinámico Mago Septién” y Cristino Lorenzo, así como la narrativa fantástica de Orson Welles, demostraron que la radio permite espacios de magia desaforada y hasta momentos de charlatanería en la creación de mundos, afirmó Juan Villoro.

Puebl@Media
Puebla, México
Lunes 4 de septiembre de 2017.


El escritor y periodista mexicano Juan Villoro afirmó que "el gran problema de México es su impunidad rampante" y lamentó, en una entrevista con EFE, siete asesinatos de periodistas todavía sin resolver.

De padre filósofo y madre psicoanalista, Villoro (Ciudad de México, 1956) explicó a EFE que "las cotas de impunidad en el país son elevadísimas" y recordó que solo cuando se encuentren a los asesinos de periodistas como Regina Martínez, asesinada en Jalapa en 2012, o Javier Valdez, asesinado en Culiacán este 15 de mayo "podremos estar tranquilos".

"El gran problema de México es esa impunidad rampante", denunció el periodista, que escribió el prólogo del libro "Narcoperiodismo" de Javier Valdez, a quién acompañó varias veces a Culiacán, una de ellas para hablar en el aniversario de la publicación "Río Doce", fundada por el reportero asesinado.

"Es alguien muy cercano, de primer nivel como periodista, y que ha sido otra víctima más de la impunidad en México", lamentó Villoro, y recordó que Periodistas Sin Fronteras ha vuelto a poner a México como el país más peligroso para ejercer el periodismo.

Ahondó que la ONG Artículo 19 identificó más de 400 agresiones a periodistas de distinto tipo el año pasado. "Ejercer el periodismo se ha vuelto muy peligroso", constató el Premio Herralde 2004 por su novela "El testigo".

Por otro lado, denunció que el Gobierno mexicano haya utilizado supuestamente el sistema "Pegasus" de espionaje electrónico.

"En vez de proteger a los periodistas amenazados se les espía. Lo dijo muy bien el periodista John Gibbler, que acaba de publicar un libro espléndido sobre Ayotzinapa: 'En México es más peligroso investigar sobre el crimen de un periodista que cometerlo', y es algo terrible", apuntó el autor de "Apocalipsis".

Villoro explicó que "el gran problema de Duarte es el tema de la impunidad", en referencia al exgobernador de Veracruz Javier Duarte (2010-2016), quien está siendo juzgado por delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Duarte dejó el cargo el 12 de octubre de 2016, 48 días antes de finalizar su mandato, supuestamente para hacer frente a las acusaciones de corrupción, pero se convirtió en prófugo de la justicia cuando un juez dictó una orden de captura en su contra.

Este mismo mes fue expulsado del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Tras seis meses en búsqueda, el exgobernador, durante cuyo mandato mataron a 17 periodistas en Veracruz, fue detenido el 15 de abril en la recepción de un lujoso hotel de Panajachel, en el departamento de Sololá (Guatemala), y extraditado a México el pasado lunes.

"Había cientos de indicios de su corrupción en el estado donde más periodistas han sido asesinados, Veracruz, y solamente ahora se está tratando de hacer justicia", dijo el escritor, quien recordó que Javier Duarte, una semana antes de dejar el cargo y huir del país, se entrevistó con el secretario de Gobernación, Osorio Chong.

Villoro, quien estrenará su nueva obra teatral "La desobediencia de Marte" el próximo 4 de agosto, insistió en tener "distinto tipo de actitudes" frente a las realidades que hay en México.

"Una actitud que me parece muy importante es la de no cerrar los ojos, escribir sobre esto (...) Pero al mismo tiempo también tenemos que seguir imaginando cosas, tenemos que cultivar la belleza, tenemos que apelar al sentido del humor, a la ironía, el amor, la fraternidad, temas que forman parte de la literatura", dijo.

Señaló que "nada sería tan grave como que esto desapareciera de nuestras mentes por el solo hecho de que la situación está mal".

"En ocasiones es muy difícil concebir ventanas de esperanza o de placer en medio de una realidad dolorosa, pero esa ha sido la función del arte siempre", precisó.

En ese sentido, concluyó que el Renacimiento Italiano, que es uno de los grandes momentos de creatividad, "se produjo en medio de injusticias, guerras, intrigas y corrupción extraordinaria".

EFE
Ciudad de México
Domingo 31 de julio de 2017.


Juan Villoro

Javier Valdez Cárdenas llegaba a todas partes con sombrero y lanzaba su canónico saludo: "¿Qué onda, bato?". En su faceta oral, contaba historias cargadas de regionalismos y mentadas de madre: el narrador ideal para compartir asombros y emociones al compás de las cervezas. Por escrito, sometía esos efectos al rigor estilístico: el narrador ideal para entender con objetividad una realidad convulsa.

El 15 de mayo, doce tiros acabaron con la vida de una de las mejores personas del país. Formado como sociólogo, fundador de la publicación independiente Ríodoce, que dirige Ismael Bojór-quez, corresponsal en Sinaloa del periódico La Jornada, autor de libros imprescindibles sobre la violencia en México (Miss Narco, Levantones, Malayerba), Valdez Cárdenas luchó contra la indiferencia en un entorno anestesiado por el miedo y describió el horror sin dejarse influir por él. Cuando presentamos su libro Huérfanos del narco en Culiacán, en 2015, destacó la principal lección que recibió de los niños que perdieron a sus padres en la absurda "guerra contra el narcotráfico": ninguno de ellos hablaba de venganza. Las ausencias, el espanto y el sinsentido no los habían llevado al rencor. Él actuaba con el mismo temple de sus informantes; sabía que la mejor forma de superar a los adversarios consiste en no ser como ellos. En medio de la tormenta, preservaba el sentido del humor, el afecto, la empatía por los demás. Su conciencia crítica no estaba animada por el odio, sino por la búsqueda de la verdad. Durante medio siglo vivió para mejorar un país que no supo protegerlo y que lo ha convertido en uno de sus mártires. Al igual que Daniela Rea, Marcela Turati y otros cronistas de excepción, entendió que las tramas más significativas del México violento no tienen que ver con los verdugos, sino con las víctimas, de las que ahora forma parte.

¿Quién mata a los periodistas? Valdez Cárdenas no era un buscador de riesgos innecesarios y sabía que su prestigio no le confería inmunidad alguna. Las oficinas de Ríodoce habían sido atacadas. Ahí, los viernes de cierre de edición combinaban el ambiente festivo del trabajo cumplido con una sensata valoración de las amenazas recibidas. Pocos profesionales estaban mejor calificados que él para calibrar los frágiles límites del oficio. Su asesinato representa una escalada en la violencia contra el gremio.

En algún momento, Javier pensó en mudarse a otro sitio, pero el país empeoró tanto que fue difícil encontrar santuarios libres de peligro. Por otra parte, sus historias estaban en el lugar que conocía como la palma de su mano.

Varias veces comentamos la frase de otro gran autor sinaloense, Élmer Mendoza: "No hay que cuidarse de los malos sino de los que parecen buenos". Los villanos manifiestos del narcotráfico, los capos de la droga, están menos preocupados por las noticias que quienes brindan una fachada aparentemente legal al crimen organizado. Quienes tienen más que perder con las denuncias son los empresarios, los políticos, los militares cómplices del delito. Felipe Calderón presentó a los rivales de su "guerra contra el narcotráfico" como los "bárbaros", los "malosos", los "otros", sin comprender que pertenecen a una sociedad donde la frontera entre lo lícito y lo ilícito es cada vez más difusa. Peña Nieto tampoco lo ha comprendido. Quienes operan en esa zona de trasvase no desean ser investigados. Mientras el gobierno no se investigue a sí mismo ni indague las muchas ramificaciones del dinero sucio, seguirán muriendo los periodistas que sí hacen esa tarea.

Desde que compartió casa con Martín Amaral, cronista de la cultura y la vida diaria sinaloense, Javier Valdez Cárdenas entendió la escritura como una actividad cómplice, que se beneficia de textos ajenos y las voces de los otros. Aunque tenía un estilo único, prefería escuchar. El 4 de septiembre de 2015 lo acompañé ante el vasto público que lo seguía en Culiacán y de nuevo refrendó su interés por lo que los demás tenían que decirle: "Si se callan, pues uno deja de escribir, pero si no se callan, uno pura madre deja de escribir", comentó antes de que un grupo norteño relevara sus palabras con la música.

Cada testimonio que surja en este país de sangre llevará el sello de Javier Valdez Cárdenas. No será él quien lo escriba: será su ejemplo.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Sábado 20 de mayo de 2017.

Juan Villoro

Como Tony Soprano en la serie, Donald Trump sabe que puede controlar a su vecino

“Nuestros vecinos, es decir, nuestros enemigos”, escribió Primo Levi. Las colindancias dividen en un sentido físico, pero también moral. El jardín de al lado siempre es más verde, pero los prejuicios permiten que nos sintamos mejores a quienes viven ahí. Si no somos magníficos, por lo menos no somos como ellos.

En un episodio de Los Soprano, el protagonista enfrenta la suspicacia de sus vecinos, que temen —y en cierta forma también anhelan— vivir junto a un gánster. Para satisfacer el morbo de la casa de junto, Tony Soprano llena una caja de arena, la envuelve y en tono cómplice pide a sus vecinos que se la guarden. Ellos no pueden negarse; aceptan la caja pensando que contiene algo comprometedor sin saber que se trata de arena. En un solo gesto, Tony se congracia con ellos y envenena su vida.

No es fácil convivir con el otro, en gran medida porque resulta muy provechoso considerarlo inferior. En una ocasión, Umberto Eco tomó un taxi en Nueva York, conducido por un paquistaní. Al enterarse de que era italiano, el taxista le preguntó: “¿Quiénes son sus enemigos?”. Eco respondió que, de momento, su país no estaba en guerra con nadie o, en todo caso, estaba en una soterrada contienda contra sí mismo. La respuesta decepcionó al conductor: un país sin adversarios carecía de identidad, ¿podían los italianos ser tan amorfos? Al bajar del auto, Eco compensó con una propina la pobre beligerancia de su país. Minutos después pensó que en realidad Italia enfrentaba una legión de adversidades, la mayoría de ellas internas, pero carecía de claridad para identificarlas. La inquietud del taxista era más profunda de lo que parecía: el otro puede servir para canalizar el odio y la desconfianza, pero también para saber, por riguroso contraste, quiénes somos. El resultado de estas reflexiones fue el ensayo Inventando al enemigo. Ahí afirma: “Tener un enemigo es importante no sólo para definir nuestra identidad sino para enfrentar un obstáculo contra el cual podemos medir nuestro sistema de valores”.

A diferencia de Italia, Estados Unidos no ha vacilado en construir sucesivos adversarios: el nazi, el comunista, el terrorista islámico, el narcotraficante. En tiempos de la perestroika, Eduard Shevardnadze fue ahí como ministro de Exteriores de la Unión Soviética y declaró: “Les voy a hacer lo peor que podía pasarles: quitarles un enemigo”.

Pero los rivales se renuevan tanto como la paranoia y el más reciente es el mexicano. De acuerdo con Donald Trump, el país que en los dibujos animados inspiró las veloces correrías de Speedy González, debe quedarse en su ratonera. El 11 de enero confirmó que construirá un muro para impedir el flujo ilegal de migrantes y añadió que la delirante edificación será pagada por los mexicanos.

Peña Nieto respondió de inmediato, aclarando que México no pagará nada. Obviamente, Trump no se refiere al pago directo de los ladrillos, sino a medidas proteccionistas en la industria, impuestos a las remesas y deportación de mexicanos (300.000 de ellos en cárceles) que le quitarán recursos a México. No hay nada que Peña Nieto pueda hacer al respecto.

Lo verdaderamente grave es lo que ya hizo para apoyar a Trump: lo invitó a México durante su campaña, por iniciativa del entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray. El magnate disfrutó de una oportunidad única para humillar a otro país en su propio territorio. La indignación nacional provocó que poco después Videgaray perdiera el puesto. En un claro gesto de subordinación a Estados Unidos, ahora regresa como responsable de Relaciones Exteriores.

Como Tony Soprano, Donald Trump sabe que puede controlar a su vecino con un paquete inquietante. Para nuestra desgracia, el encargado de custodiar esa caja es Luis Videgaray.

El País
Juan Villoro
Ciudad de México
Domingo 15 de enero de 2017.


Juan Villoro

Luis Videgaray acaba de inscribirse en la escuela más cara de México. Según sus declaraciones, llega a la Secretaría de Relaciones Exteriores a "aprender". Dispone de una beca anual de siete mil y medio millones de pesos para lograrlo. Su aire humilde preocupa como la calma que antecede a la tempestad. Salió del gabinete por la invitación que hizo a Donald Trump durante la campaña del magnate antimexicano. El gesto fue algo más que un error de protocolo. Se le ofreció un coctel margarita a la persona equivocada y se le otorgó estatura de estadista internacional al adversario que acaba de impedir que mil seiscientos millones de dólares se inviertan en la planta de Ford de San Luis Potosí.

El gobierno de Peña Nieto contribuyó de este modo al triunfo de nuestro acérrimo rival. El descrédito instantáneo hizo que el artífice de la iniciativa, Luis Videgaray, fuera removido de la Secretaría de Hacienda, donde llevó a cabo una asfixiante e injusta reforma fiscal. Con toda razón, Claudia Ruiz Massieu, entonces titular de Relaciones Exteriores, se inconformó con una invitación de la que no estaba al tanto y que agraviaba a México. Hoy el responsable del error la sustituye.

La pregunta esencial es: ¿quién gobierna México? La respuesta de Peña Nieto no deja lugar a dudas: Donald Trump.

Vuelvo al aprendiz de canciller. Durante su gestión en Hacienda sometió a persecutorias auditorías a los empresarios que solicitaban importantes devoluciones de impuestos. Regresa con el orgullo herido a un cargo que no merece y que sólo obtiene por las infaustas carambolas de la diosa Fortuna. ¿Cuánto durará la humildad que estrenó el miércoles pasado? Su principal "activo" consiste en su cercanía al enemigo declarado de los mexicanos. El solo hecho de que haya tomado protesta es una ofensa a la soberanía.

La cartera que alguna vez ocupó Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz por los Tratados de Tlatelolco, queda en manos de un vendedor de seguros más proclive a defender los intereses de una transnacional que los de sus "clientes locales".

Este descenso en la diplomacia coincide con la subida de hasta veinticuatro por ciento en los precios de la gasolina. Peña Nieto utilizó un recurso para saber si el combustible causa un estallido político: encendió un cerillo. Las protestas no se han hecho esperar, acompañadas de condenables actos de vandalismo. Posiblemente, los saqueos a tiendas y gasolineras son respaldados por grupos deseosos de criminalizar el descontento y evitar que surja una oposición más organizada. Los bots alarmistas en Internet apuntan en esa dirección. Pero el principal responsable es el gobierno. Si la ciudadanía se siente despojada, paga con la misma moneda; en esa confusión, el delito es visto como un acto compensatorio.

El alza a la gasolina es el corolario de la desastrosa reforma energética que permite a empresas extranjeras tener control total para la explotación en aguas profundas y de una política equivocada que desmanteló las refinerías, renunció a la petroquímica y permitió la "ordeña" de los recursos. Con el mismo sentido depredador con que Peña Nieto transforma los parques nacionales en "áreas protegidas" en las que se puede invertir comercialmente, los hidrocarburos se han sometido a los caprichos del corto plazo.

Al inicio de los años ochenta México era el cuarto productor mundial de petróleo. El presidente López Portillo anunció que se administraría esa abundancia. Lo que siguió fue la rapiña. Hoy, México cuenta con combustibles para abastecer la demanda de los siguientes cinco días. Es la medida de nuestro fracaso: un país a cinco días de la parálisis.

En enero de 1994, los zapatistas se levantaron en armas para protestar por el rezago de siglos que agobia a los pueblos originarios del país y la pérdida de soberanía que implicaba la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En enero de 2017 la situación es más grave. El dístico de Ramón López Velarde en "La suave patria" vuelve a ser una llamada de atención: "El niño Dios te escrituró un establo/ y los veneros de petróleo el diablo".

2016 fue el año con más violencia en el país desde que Peña Nieto asumió el poder. Ahora ese polvorín ha sido rociado de gasolina. En el centenario de Juan Rulfo, habitamos El llano en llamas.

Juan Villoro
Ha obtenido el Premio Herralde por su novela El testigo, el Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán por su libro sobre futbol Dios es redondo y el Iberoamericano José Donoso por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en la UNAM, Yale, Princeton y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Entre sus libros para niños destaca El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Viernes 6 de enero de 2017.


Juan Villoro

El 23 de noviembre de 1997 me lavaba las manos en el restaurante Versailles, bastión de los cubanos de Miami, cuando un estruendo llegó por la ventanilla que daba a la cocina. Una pila de platos se hizo añicos en el piso mientras una voz decía: "¡Ha muerto Mas Canosa!".

Así me enteré del fin de uno de los más conspicuos opositores a Fidel Castro. Volví a la mesa, donde me esperaba Eliseo Alberto. Habíamos ido a Miami a presentar su libro Informe contra mí mismo, que trata de la persecución a intelectuales cubanos, el exilio y la difícil resistencia en el interior de la isla. Con melancólica franqueza, Eliseo se ocupa en esas páginas del momento en que la policía le pidió que informara acerca de su padre, el poeta Eliseo Diego, y de los destinos de quienes sufrieron distintos tipos de ostracismo.

Su Informe había sido bien recibido en México; en Miami no despertó el mismo entusiasmo. Un señor de guayabera, de unos 60 años, comentó: "Tú no eres un exiliado sino un quedado" (no le bastaba que el autor se alejara de la Revolución; debía repudiarla por completo).

No es fácil obtener la absolución en asuntos cubanos. Alguien te puede procesar por no entender a Lezama Lima y alguien más por tratar de entenderlo.

En 1992 visité a Guillermo Cabrera Infante en su departamento de Londres. Hablamos de la dificultad de establecer un consenso entre los disidentes. Se dirigió a un librero, tomó Las iniciales de la tierra, de Jesús Díaz, y me mostró la dedicatoria, que decía más o menos lo siguiente: "A Guillermo Cabrera Infante que, a su pesar, ha hecho mucho por la literatura cubana".

Fiel al régimen durante largos años, Díaz se exilió en Alemania en 1994. Ahí lo conocí y mencioné su dedicatoria al autor de Tres tristes tigres. "Una vida se puede redimir", contestó al modo de un personaje de Dostoyevski. Añadió que planeaba una revista en la que tuvieran cabida las ideas de todos los cubanos. Dos años después encabezó Encuentro. Para algunos, su conversión fue tardía y ya inútil, pues previamente había perjudicado a colegas como Reinaldo Arenas; otros aquilataron que al final de su vida tuviera la valentía de modificar la conducta que lo había beneficiado.

En 2004 asistí a la presentación de un libro de Leonardo Padura sobre Carpentier en la sede de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (Uneac). El autor de El hombre que amaba los perros aprovechó la ocasión para criticar la falta de libertad de expresión en la isla, la política universitaria y el papel de la propia Uneac. Comenté esta significativa actitud con cubanos que viven fuera de la isla y la descartaron como un simulacro para aparentar que la discusión existe.

La creatividad con que los cubanos discrepan entre sí merece el impecable título de la novela de Antonio José Ponte La fiesta vigilada. Un jolgorio en el que todos sospechan de todos. Para los que no pertenecemos a ese desconcierto, oír resulta mejor que hablar.

La muerte de Fidel provocó que unos brindaran con champaña en Miami y otros lloraran en México, que acaso algún día será el "Miami rojo".

El pasado domingo entré al Rumba Café de Washington. La comunidad latina se reunía para oír al cantante y compositor Pável Urquiza. Hablé con varios cubanos que se definían como progresistas anti-Trump. Se saludaban diciendo "felicidades" en el tono de quienes consideran indecoroso alegrarse de una muerte pero saben que eso es un alivio.

Una mujer de 90 años resumió las contradicciones del momento con sabia ironía: "Después de todo, sin Fidel no estaríamos aquí".

El País
Juan Villoro
Ciudad de México
Lunes 5 de diciembre de 2016.


Juan Villoro

Una lección del triunfo de Donald Trump: la nula importancia de los medios. El candidato republicano superó a la opinión pública generada por la prensa, la radio, internet y la televisión. Su racismo, su misoginia y sus delirios de grandeza escapan al sentido común y son tan cuestionables como su corte de pelo. Los sectores ilustrados lo descartaron como un payaso, un fenómeno del show business, un populista de derecha. Nunca se le atribuyeron méritos para convertirse en lo que ahora es: un jefe de Estado.

Después de cada debate, los analistas y los focus groups daban la victoria a Hillary Clinton, candidata mucho más informada, que transmitía un innegable profesionalismo. Los comentaristas juzgaban el contenido del debate sin tomar en cuenta que millones de votantes no buscan principios ni planes de gobierno, sino repudiar lo existente. Una frase de Trump apelaba a esa masa inescrutable y silenciosa: "Ella tiene más experiencia, pero es mala experiencia".

Hillary representaba a un sistema inoperante y era rehén de intereses tan poderosos como Wall Street y el Pentágono. El oportunismo con que ha cambiado de posturas, su dificultad para decir la verdad y su dinástica relación con Bill Clinton, recordaban a la astuta y sibilina protagonista de la serie House of Cards. Ocho años antes ya había perdido. Su candidatura se explicaba, ante todo, por la dificultad de renovación de los demócratas.

Su rival se definía como un outsider dispuesto a sacudir la mafia en Washington. Y a hacerlo de mala manera. Trump nunca ha firmado un contrato con la simpatía. A esto hay que agregar su sentido casi delictivo de la discrepancia: "Puedo disparar en la Quinta Avenida y no perdería votos".

En nombre de la cordura, infinidad de columnistas juzgamos que su discurso carecía de atractivo. Pasamos por alto que sus votantes no necesitaban identificarse con él sino con su furia: no querían a uno de los suyos, sino a un superhéroe casi irreal, el billonario que viaja en su propio avión y soluciona problemas a patadas. Las filtraciones sobre sus desfiguros sólo contribuyeron a exaltar su diferencia. Los malos modales no afectan a Batman.

Los encuestadores (grandes bufones de la gesta) dijeron que los dos candidatos eran considerados igualmente desagradables por el 54 por ciento de la población. No se votaba por adhesión, sino por repudio.

Al comenzar su larguísima cobertura del martes fatal, CNN hizo enlaces en ambos campamentos electorales. El enviado al frente de Clinton dijo que reinaba una absoluta confianza en la victoria; en cambio, la enviada a la Trump Tower advirtió que sólo un milagro daría el triunfo al magnate. En forma equivalente, el New York Times pronosticó que Hillary arrasaría. Los medios construyeron un relato basado en sus expectativas, no en los hechos, pero sus opiniones no importaron: la comentocracia mundial sufrió un revés abrumador. Hablé al respecto con Rubén Aguilar, especialista en el tema y ex vocero de Vicente Fox: "Lo que se dice en la pantalla se ha vuelto mucho menos importante que el hecho de aparecer ahí". ¡Bienvenidos a la era de la superficialidad escénica, donde lo único relevante es mostrarse! Trump sólo necesitaba a los medios para estar presente. Su discutible cabello se volvió icónico, como el sombrero de Napoleón, y su mensaje fue pura gestualidad: la mirada arrogante, la trompa de indignación, la mano que sube y baja de manera impositiva, el grito de quien amenaza a la realidad con jubilarla. ¿Qué había detrás de esa actuación? Dinero, éxito, sexo, los ejes de la sociedad del espectáculo. En el crepúsculo de la comunicación discursiva, triunfó el primitivo ademán de la afrenta.

¿Queda alguna esperanza? Sí, la de la desesperación, como ha señalado el filósofo Zizek. Hillary era la opción "correcta" del sistema. Trump es un agente desestabilizador de elevada irresponsabilidad. En forma aterradora, dispone de acceso a la bomba atómica y puede emular al vaquero que en El Doctor Insólito se lanza de un avión montado en un arma nuclear. Pero si el fin del mundo no ocurre, también el improbable habitante de la Casa Blanca puede sacudir las raíces de un modelo agotado y, sobre todo, provocar que sus opositores busquen una mejor alternativa para combatirlo que apoyar a una cómplice del poder imperial.

Reforma
Juan Villoro
Ciudad de México
Sábado 12 de noviembre de 2016.

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro participó en la lectura musicalizada de El Mariachi, mi madre y otras especies protegidas. Le acompañaron Guillermo Zapata, Hernán Bravo Varela y Jorge F. Hernández. Villoro es uno de los escritores más relevantes de Iberoamérica. En 2004 ganó el Premio Herralde, que entrega la editorial Anagrama, por su novela El testigo.

¿Alguna vez ha sentido miedo ejerciendo el periodismo en su país?

Varias veces. Aunque no soy de los periodistas que está en la zona de guerra haciendo denuncias significativas o encontrando datos comprometedores. Más bien soy un cronista de retaguardia. Muchos de los que sufren amenazas trabajan en periódicos de provincia y corren riesgos porque delatan a personas aparentemente legales que en realidad tienen tratos con el crimen. La mayoría de los periodistas asesinados en México lo ha sido por gente vinculada con el gobierno. Aunque por el tipo de periodismo que yo hago no he recibido amenazas tan directas como otros, sí que hay situaciones en las que siento que estoy en riesgo.

¿Por qué motivos?

La posibilidad de que el crimen organizado intervenga en el suceso que estoy cubriendo siempre está ahí. Pero también porque no hay a quien acudir. La policía y el ejército dan tanto miedo como el crimen organizado.

Ha mencionado algunos de los males de México, pero ¿cuál diría que es el que arraiga con más intensidad en su país?

En una palabra, impunidad. Andy Warhol dijo que en el futuro todo el mundo sería famoso durante 15 minutos. Ésta es una ilusión típicamente norteamericana. Ahí cristaliza la utopía de la celebridad. En México, el sueño de poder absoluto es la impunidad. 15 minutos de hacer lo máximo que se pueda sin rendir cuentas. Es lo que han estado haciendo nuestros políticos y empresarios. No todos, pero es lo que ha caracterizado a la política mexicana.

¿Y cree que esta impunidad ha facilitado la huida que hace unas semanas protagonizó El Chapo Guzman?

Desde luego. Ése es un ejemplo de laboratorio. ¿Cómo es posible que un reo de altísima peligrosidad se mantenga siempre en la misma celda? Es de manual que alguien así tiene que estar cambiando de celda para evitar su huida. Pues él estuvo siempre en la misma celda. Eso dio tiempo para que le construyeran un túnel y pudiera salir de ahí. Obviamente hay una complicidad de las autoridades, aunque no sabemos de cuántas. Pero no es el único caso de impunidad. En México el máximo millonario puede serlo por decreto presidencial. Carlos Slim, el hombre más rico de México, recibió las redes telefónicas que eran de la nación en régimen de propiedad privada y en forma de monopolio.

¿Qué le parecen las declaraciones de Donald Trump sobre su país y compatriotas?

Son aberrantes. Me ha parecido muy importante la respuesta, no sólo de medios latinos, sino de muchos sectores de la sociedad norteamericana. Creo que lo mejor que les podría pasar a los demócratas es que el candidato republicano fuese Donald Trump. Está rozando el fascismo y facilitaría que Hillary ganase las elecciones. Justo en el momento en que EEUU al fin asume una política más liberal, tolerante y dialogante aparece este energúmeno. Esperemos que ahí quede la esperanza republicana. Pero desde luego es muy preocupante que una persona tan primitiva pueda participar.

¿Qué se perdió con la muerte de Bolaño?

Ante todo yo perdí a un gran amigo, un interlocutor, una persona maravillosa y muy cercana a mí. Era un hombre lleno de vida, de sentido del humor, de inteligencia y un gran conversador. Echo en falta sus llamadas telefónicas, larguísimas. Y creo que la literatura perdió uno de sus mejores escritores. Pero hay que decir que la obra de Roberto es inmensa. Dejó toda una biblioteca y pienso que debemos estar muy felices de poder leer este río de vida. Su literatura es un auténtico torrente de experiencia. No hay una sola página de sus obras que no sea insuperable. Todas ellas están activadas por pasiones, por emociones, por una sensación de vida realmente vivida.

¿Qué se necesita para ser un gran escritor?

Si lo supiera... A mis alumnos de la Pompeu Fabra siempre les he dicho que se puede aprender a escribir, pero no se puede enseñar. Lo que quiero decir es que nadie enseñó a Cervantes a ser Cervantes, eso cada uno lo tiene que descubrir. Pero creo que el escritor necesita curiosidad, riesgo, valentía, observación de los demás, resistencia y trabajo, cualidades muy básicas. La combinación de ellas hace al genio.

Luego ya viene la parte más complicada, encontrar una voz propia.

Necesitas un cierto descaro para encontrar una voz que no sea la misma que ya existe. No tiene sentido repetir lo que han dicho otros. Evidentemente, estamos hechos de influencias, pero necesitas encontrar una cuerda que sólo tú puedes tocar. Para eso hace falta cierto atrevimiento. Una de las cosas que nos da más vergüenza es revelar quiénes somos y en la escritura te desnudas. No porque sea autobiográfica, sino porque muestras tus emociones.

Al fin y al cabo siempre hace falta dejar un pedazo de tu alma, ¿cierto?

Por supuesto, te tienes que dejar a piel. Pero claro, hay gente que se deja la piel y lo que hace no es interesante. Ahí está la paradoja. ¿Cómo hacer que ese descaro tuyo y lo que llevas dentro se vuelva interesante? Es el gran misterio. Lo tienes que arropar de un cierto estilo literario y ver el mundo de otra manera. Utilizar el lenguaje como no se utiliza habitualmente. La literatura es una derrota de la literalidad. No basta con redactar, tienes que reinventar la lengua. Ahí es donde incorporas lo tuyo, ahí es donde tú vas a decir algo distinto. Usas las palabras de todos, pero las usas de otro modo. No todo el mundo empieza un libro diciendo: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme".

El País
Andreu Vidal
Ciudad de México
Domingo 14 de agosto de 2016.

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