Juan Manuel Santos urge a garantizar la implementación de los acuerdos con las FARC como respuesta al “show” de la vuelta a las armas de un grupo de disidentes

Juan Manuel Santos está convencido de que, en su vida, solo ha sido testarudo con una cosa: su empeño en celebrar un referéndum para aprobar el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en Colombia. Una consulta, la del plebiscito, que perdió por la mínima y que, tres años después, asegura, no volvería a repetir. Al escuchar durante los últimos años a Santos, presidente de Colombia entre 2010 y 2018, queda claro también que, consciente o no, hay otra testarudez que lleva su sello. Siempre Santos trata de buscar el lado bueno a una mala noticia. Sea después del plebiscito, con el consiguiente torrente de críticas e insultos, Nobel de la Paz mediante, o ahora que el país contiene el aliento después de que una disidencia fariana haya decidido retomar las armas.

“Es parte de los escollos de poner fin a un conflicto de más de 50 años de guerra”, aseguraba este viernes Santos sobre el rumbo que han tomado Iván Márquez, exjefe negociador de las FARC en La Habana y Jesús Santrich, también participante en las conversaciones en Cuba, a quienes ahora no duda en calificar de dos de las personas más complicadas durante la negociación. Con el característico tono pausado de voz sobre el que se suele parapetar, Santos dio la vuelta al pesimismo por el miedo a un nuevo conflicto: “Ha salido algo positivo, la reacción de la gente, incluso de muchos indecisos con el proceso de paz. La mejor forma de responder a estos disidentes es cumpliendo con el 90% de los guerrilleros que sí han respetados los acuerdos”.

  El sueño de paz en Colombia desembarca en el Hay Festival

“No ayuda, pero clarifica las cosas”, aseguraba Santos al director de EL PAÍS AMÉRICA, Javier Moreno, durante la charla que ambos han mantenido en el Hay Festival de Querétaro, en el marco de las conversaciones que este diario organiza dentro de la cita. Aclara el panorama, proseguía Santos, porque ahora no hay duda de quién está subido al tren de la paz. Iván Márquez llevaba meses en paradero desconocido y Santrich, tres cuartas partes de lo mismo después de ser excarcelado. “El limbo en el que estaban estos personajes destraba las dudas, por ejemplo, sobre la eficacia de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)”. El expresidente colombiano no titubea en calificar de “show” el anuncio de que Márquez y Santrich, junto a otros disidentes como alias El Paisa o Romaña, retomaban las armas.

“No es inusual en estos procesos”, trataba de razonar al auditorio Santos, al tiempo que explicaba algo que también relata en su libro La batalla por la paz (Planeta), el motivo que le trajo a Querétaro: las críticas que le llovieron -y le llueven aún- por buscar pacificar a su país. Recordó Santos, en este sentido, cómo Nelson Mandela le confesó a Bill Clinton que no entendía por qué algunos de sus partidarios le consideraban un traidor por negociar con los blancos en Sudáfrica; o cómo a los negociadores en Irlanda del Norte, Ian Paisley y Martin McGuinnes, también sufrieron el rechazo de una parte de su electorado. “Sin concesiones a la contraparte no hay paz”, zanjó el exmandatario.

Se siente más cómodo Santos -ya le ocurría también durante su mandato y no menos durante la negociación de las FARC- al hablar de la coyuntura internacional y del apoyo que recibió prácticamente de todo el mundo -destacó especialmente el que le brindó el expresidente español Felipe González-, inversamente proporcional, casi, a las críticas internas. Respiraba hondo el expresidente colombiano cuando Javier Moreno le planteaba si en la coyuntura actual, donde el cortoplacismo impera y en el mundo hay dirigentes como Donald Trump, sería posible firmar aquel pacto con la insurgencia: “Hoy sería mucho más difícil, si no imposible”, admitió Santos.

Ya durante el final de su mandato Santos insistía -en un claro mensaje velado a su antecesor, Álvaro Uribe- en que él no se entrometería en el Gobierno de Iván Duque, actual inquilino de la Casa de Nariño, donde llegó gracias al impulso de Uribe, el mayor detractor del acuerdo con las FARC. No puede resistirse Santos, sin embargo, a hacer hincapié en que Duque tiene ante sí la oportunidad de recoger a todo el país alrededor de lo pactado por Santos: “Duque es el presidente de todos los colombianos, no solo de unos pocos”.

El optimismo del exmandatario colombiano se deslizó incluso cuando le plantearon desde el auditorio si sería posible llegar a lograr la pacificación de México, un país asolado por la violencia como nunca en su historia reciente. Fiel a su optimismo crónico por la paz, Santos no dudó en replicar que siempre que haya “voluntad y una estrategia” es posible.

El País
Javier Lafuente
Querétaro, México
Viernes 6 de septiembre de 2019.


Una explosión, supuestamente desde un dron, interrumpe un discurso del presidente de Venezuela. El Gobierno afirma que es un atentado y culpa a la oposición y a "la ultraderecha colombiana". Siete militares han resultado heridos

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores, y el alto mando militar de Venezuela han sido desalojados este sábado de emergencia de la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en la avenida Bolívar de Caracas después de que francotiradores derribaron drones con supuestos explosivos que sobrevolaban la zona, según ha asegurado el régimen bolivariano.

En un discurso televisado dos horas después del suceso, Nicolás Maduro ha acusado directamente al presidente saliente de Colombia, Juan Manuel Santos, de haber intentado asesinarlo a través de unos sicarios que, según él, han ejecutado el supuesto atentado. Se trata de una acusación inaudita y sin precedentes incluso dentro de la abierta hostilidad verbal de ambos Gobiernos.

"Han intentado asesinarme el día de hoy", ha dicho Maduro desde el palacio de Miraflores. "El nombre de Juan Manuel Santos está detrás de este atentado". Maduro se ha referido varias veces a "la ultraderecha" colombiana y venezolana. También ha afirmado que han sido detenidos varios sospechosos y que "todas las pruebas" ya están en poder de las fuerzas de seguridad. Para los responsables, ha prometido "justicia y máximo castigo". "¡Que se olviden del perdón!", ha clamado Maduro.

El sábado por la noche aún no había respuesta oficial de Santos a semejante acusación. Fuentes de la Presidencia de Colombia respondieron: "Eso no tiene base. El Presidente está dedicado al bautizo de su nieta Celeste y no a tumbar gobiernos extranjeros", informa Francesco Manetto.

La primera versión oficial de lo sucedido la ha dado Jorge Rodríguez, vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo, ha afirmado que se ha tratado de un atentado frustrado contra el mandatario y su Gabinete. “Exactamente a las 5:41 minutos de la tarde se escucharon unas detonaciones que las averiguaciones ya establecen con claridad que correspondían a artefactos voladores de tipo dron, varios artefactos voladores, que contenían una carga explosiva que detonó en las cercanías de la tarima presidencial y en algunas zonas del desfile”.

La agencia Associated Press asegura que "varios bomberos" presentes en el lugar de los hechos "contradicen" la versión de los hechos del Gobierno. Según AP, tres agentes dijeron de forma anónima que en realidad se trató de una explosión de una bombona de gas en un apartamento cercano.

Un militar presente en el acto, que se encontraba a pocos metros de Maduro, declaró a EL PAÍS su escepticismo con la versión oficial. No vio ningún dron. Asegura que no se oyeron disparos, por lo que la versión de que las fuerzas de seguridad dispararon contra un dron no es “creíble”. El militar, que dio su versión bajo condición de anonimato, aseguró que se escuchó una explosión “como de mortero” y a cierta altura.

Según la versión del Gobierno, siete efectivos de la GNB resultaron heridos. Maduro y sus funcionarios han salido ilesos. El acto oficial se transmitía en vivo en todas las televisiones y radios locales, pero en el momento del percance se ha cortado de modo abrupto.

En ese fragmento de la retransmisión, distribuido en redes sociales, se aprecia como Maduro, su esposa y los presentes en la tribuna miran al cielo durante el discurso. De pronto, hacen un gesto como si se protegieran de algo. El sonido de la retransmisión se corta en ese momento y se oyen voces confusas. Entonces, se ve desde otra cámara a los militares que formaban en el desfile romper filas y salir corriendo. Ahí acaba la retransmisión.

Antes de que Maduro acusara al presidente colombiano, el Gobierno ha culpado de inmediato a la oposición del atentado. “Compatriotas la derecha insiste en la violencia para tomar espacios que no pueden por los votos, nuestro hermano Presidente Nicolás Maduro y el alto mando político y militar ilesos luego del atentado terrorista durante el acto de la GNB. No podrán con nosotros”, ha escrito Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, en su cuenta de Twitter.

En medio de la confusión sobre lo sucedido, el grupo opositor Movimiento Nacional Soldados de Franela se han atribuido el ataque a través de su cuenta de Twitter creada en marzo de 2014. “La operación era sobrevolar 2 drones cargados con C4 el objetivo el palco presidencial, francotiradores de la guardia de honor derribaron los drones antes de llegar al objetivo. Demostramos que son vulnerables, no se logró hoy, pero es cuestión de tiempo”, han escrito en la red social.

También ha circulado un comunicado que denomina al asalto como “Operación Fénix”. En el documento se anuncian “acciones militares”, supuestamente respaldadas en artículos de la Constitución, para restablecer la democracia en el país. “Pueblo de Venezuela, para culminar con éxito esta lucha emancipadora, es necesario que salgamos todos a las calles, sin retorno, apoyando a nuestros militares constitucionales y líderes políticos civiles para la toma y consolidación del poder, hacia la conformación de una Junta de Gobierno de Transición”, agrega.

Los oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana han decomisado los equipos de grabación, los vídeos, de la televisora digital privada VivoPlay que hacía cobertura periodística del evento.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa ha denunciado que tras este incidente se desconoce el paradero de los periodistas y trabajadores de ese medio de comunicación y de TV Venezuela, Neidy Freytes, César Díaz y Alfredo Valera. “Permanecen desaparecidos, luego de que GNB los abordara en la Avenida Bolívar y les impidiera transmitir”, han asegurado.

El País
Maolis Castro
Caracas, Venezuela
Sábado 4 de agosto de 2018.


En una sentida ceremonia en Oslo (Noruega), Santos fue galardonado por sus esfuerzos a favor de la paz.

El escenario que acogió la fase pública de conversaciones de paz con las Farc hace 4 años se convirtió en el mismo lugar en donde hoy los ojos del mundo están centrados. Oslo, la capital de Noruega, nuevamente hace historia. De manos del Comité Noruego, el presidente Juan Manuel Santos recibió el premio Nobel de Paz con el que fue galardonado cinco días después de que el plebiscito fuera derrotado en las urnas. Una noticia inesperada pero que, eso sí, se constituyó en el primer respiro para el jefe de Estado que lo motivó a seguir luchando por la terminación del conflicto armado.

Ese, precisamente, fue el mensaje que entregó hoy ante la comunidad internacional al recibir el galardón, en una ceremonia que tuvo lugar en el Oslo City Hall, edificio administrativo municipal de la capital noruega cuya edificación se vio frustrada en el siglo pasado también por cuenta de la guerra, cuando el estallido de la II Guerra Mundial hizo que las obras se paralizaran. Así que este no podía ser un mejor escenario para que el presidente Santos anunciara que “la guerra que causó tanto sufrimiento y angustia a nuestra población ha terminado. Hay una guerra menos en el mundo y es la de Colombia”.

Ante los invitados especiales en la ceremonia, de los que hacen parte su familia, víctimas del conflicto, los negociadores de paz y expresidentes, el primer mandatario recordó en un su discurso la sorpresa que le generó el hecho de que el acuerdo de paz logrado con las Farc el 24 de agosto fuera derrotado por un pequeño margen. Incluso, recordó algunas palabras del Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, plasmadas en su libro Cien años de soledad.  “Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto (…) hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad”.

Tanto así, que Santos reconoció ante el Comité Noruego que el Nobel de Paz que lo sorprendió en la madrugada del viernes 7 de octubre llegó como un regalo del cielo. “En un momento en que nuestro barco parecía ir a la deriva, el Premio Nobel fue el viento de popa que nos impulsó para llegar a nuestro destino: el puerto de la paz”, afirmó el jefe de Estado, con un indudable tono en su voz que reflejó la expectativa que tiene ante el reto aún mayor que se avecina: la implementación del acuerdo de paz con las Farc.

Por eso, durante su discurso fue trascendental para el presidente recordar el paso que tomó tras el frustrado plebiscito del 2 de octubre. Afirmó Santos que el haber escuchado las voces que rechazaron el acuerdo fue trascendental para tratar de consolidar un país menos polarizado y aunar voces alrededor de una paz estable y duradera. “Y esta es la gran paradoja con la que me he encontrado: mientras muchos que no han sufrido en carne propia el conflicto se resisten a la paz, son las víctimas las más dispuestas a perdonar”.

Y tiene argumentos sólidos para llevar esa paradoja a Oslo. Mientras que allá conmemoran los 120 años desde la muerte de Alfred Nobel, creador de los premios que llevan su nombre, en Colombia la división política aún persiste. El Centro Democrático sigue deslegitimando la facultad del Congreso de haber refrendado el nuevo acuerdo de paz y el contenido del mismo, fuerzas oscuras continúan atentando contra líderes sociales y defensores de Derechos Humanos y jóvenes sin filiación política recorren las carreteras del país para exigir un acuerdo de paz.

Tal vez por eso, y por la misma experiencia que como Ministro de Defensa y, luego, como presidente de la República que combatió a la guerrilla con contundentes golpes contra sus máximos líderes, el primer mandatario reflexionó sobre la insensatez, según sus palabras, de pensar que el fin del conflicto deba darse exterminando a la contraparte. “Vencer por las armas, aniquilar al enemigo, llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias, es renunciar a ver en el contrario a otro ser humano, a alguien con quien se puede hablar”, y recordó algunas palabras del cantante norteamericano Bob Dylan, también galardonado con el Nobel pero de Literatura: “¡Cuántas muertes más serán necesarias hasta que comprendamos que han muerto demasiados! La respuesta, mi amigo, va volando con el viento”.

Bajo todos esos supuestos, el presidente Santos recibió el premio Nobel de Paz a nombre de los 50 millones de colombianos y, en especial, de las más de 8 millones de víctimas del conflicto armado que cada vez más añoran ver resarcidos sus derechos. Reconoció, además, la labor de sus negociadores en La Habana, Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo y a su equipo que “con enorme paciencia y fortaleza, negociaron en La Habana durante todos estos años. Me refiero tanto a los negociadores del Gobierno como a los de las Farc que demostraron una gran voluntad de paz. Yo quiero exaltar esa voluntad de abrazar la paz, porque sin ella el proceso hubiera fracasado”.

Hoy, más que nunca y como lo afirmó en Oslo el presidente Santos, lo imposible puede ser posible y América, más allá de los inocultables problemas de inequidad que, entre varios otros, aún persisten, puede definirse como una zona de paz. Más vale que al Eln no se le haga tarde para subirse al famoso tren de la paz. De momento, la de Ecuador sigue siendo una mesa congelada pero, sin duda, los ojos del mundo se volcarán desde hoy hacia Colombia en donde cada paso que se dé será crucial para que los 4 años de diálogos en Cuba no se echen al traste.

Las recomendaciones de Santos en Oslo

Al dirigirse a los asistentes a la entrega del Premio Nobel de Paz, el presidente Juan Manuel Santos aprovechó para hacer algunas recomendaciones que recogió del proceso de paz y que, según dijo, seguramente servirán como ejemplo para otros procesos con actores armados presentes en diferentes territorios del mundo.

Sin duda, dejó claro que combatir y negociar al mismo tiempo debe ser una de las condiciones claras bajo las cuales las partes deben sentarse a negociar. “Algunas veces, para llegar a la paz, es necesario combatir y dialogar al mismo tiempo”, señaló. A partir de allí, comenzar a forjar una agenda realista y concreta que resuelva asuntos directamente relacionados con el conflicto y, ante todo, adelantar las conversaciones con absoluta discreción.

Señaló, finalmente, que se debe estar dispuesto a tomar decisiones difíciles y hasta impopulares en aras de la paz. “Esto significó, en mi caso, acercarme a gobiernos de países vecinos con quienes tenía, y aún tengo, profundas diferencias ideológicas”, refiriéndose claramente a Venezuela y al gobierno de Nicolás Maduro con quien ha expresado en incontables ocasiones su desacuerdo con el modelo político social y económico de ese país. En últimas, el sueño del presidente Santos sigue siendo el de imaginar un mundo sin guerra.

El Espectador
Oslo, Noruega
Bogotá, Colombia
Domingo 11 de diciembre de 2016.


El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, fue reconocido con el Nobel de la Paz por sus esfuerzos para acabar con una guerra civil de más de medio siglo que se cobró la vida de más de 200,000 colombianos.


El presidente de Colombia Juan Manuel Santos fue galardonado este viernes 7 de octubre con el Nobel de la Paz por encaminar un acuerdo de paz histórico firmado por la guerrilla marxista de las FARC, y rechazado por la población en un plebiscito.

El reconocimiento fue hecho apenas cinco días después de que el pueblo colombiano rechazó en referéndum el acuerdo de paz forjado entre Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La resolución del premio no cita a la contraparte de Santos en las negociaciones, el líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño.

"Esperamos que esto aliente todas las buenas iniciativas y a todos los actores que podrían tener un papel decisivo en el proceso de paz y aportará finalmente la paz a Colombia después de décadas de guerra", declaró la presidenta del Comité Nobel noruego, Kaci Kullmann Five, al anunciar el ganador.

Antiguos halcones convertidos en palomas, Santos y el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, alias Timochenko, firmaron el 26 de septiembre un acuerdo histórico para poner fin a un conflicto que duraba desde más de medio siglo.

Contra todo pronóstico, el pueblo colombiano rechazó el acuerdo en un plebiscito el domingo 2 de octubre, reclamando entre otras medidas que los guerrilleros desmovilizados no puedan participar en la vida política y que vayan a la cárcel, en lugar de beneficiarse de penas alternativas.

Los votantes colombianos rechazaron el acuerdo el domingo por el más estrecho de los márgenes —menos de un punto porcentual— por la preocupación de que los rebeldes, que estuvieron detrás de muchas atrocidades, recibieron un acuerdo a su favor. Bajo los términos del acuerdo, los rebeldes que entreguen sus armas y confiesen sus crímenes evitarán pasar tiempo en la cárcel y en su lugar las FARC les darán 10 escaños en el Congreso hasta 2026.

"Existe un peligro real de que el proceso de paz se interrumpa y de que la guerra civil se reanude", lo que hace "todavía más urgente el respeto del alto el fuego por las partes, encabezadas por el presidente Santos y el jefe de la guerrilla de las FARC Rodrigo Londoño", advirtió el comité Nobel.

El fracaso del referéndum obligó a Bogotá y a la guerrilla a reanudar sus negociaciones, a las que el comité Nobel da un espaldarazo este viernes con el peso simbólico del premio.

"El hecho de que una mayoría de votantes dijera no al acuerdo de paz no significa necesariamente que el proceso de paz esté muerto", argumentó. "El referéndum no era una votación a favor o en contra de la paz", agregó el comité.

El acuerdo de paz se cerró tras casi cuatro años de negociaciones públicas en Cuba. El proceso se alargó en total seis años, incluyendo una primera fase de diálogo secreta, según explicó Santos en su día.

Santos, de 65 años, es un mediador inesperado en este conflicto. Criado en una de las familias más ricas de Colombia y educado en la Universidad de Harvard, durante su etapa como ministro de Defensa hace una década fue responsable de algunos de los mayores golpes militares a las FARC. Entre las operaciones más destacadas están una incursión transfronteriza a Ecuador en 2008 que derivó en la captura de un alto comandante y en el rescate de tres estadounidenses secuestrados por la guerrilla cinco años antes.

En base al acuerdo de paz que negoció, los rebeldes que entreguen sus armas y confiesen sus delitos evitarán cumplir penas de cárcel y las FARC obtendrán 10 escaños en el congreso hasta 2026 para suavizar su conversión en un movimiento político.

Santos y Londoño se reunieron solo en dos ocasiones durante todo el proceso de paz: el año pasado, cuando dieron los últimos retoques a la parte más controvertida del acuerdo — la que aborda las sanciones a la guerrilla por sus crímenes de guerra — y el mes pasado en la firma del acuerdo ante líderes mundiales y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

Esta es la primera vez que el Premio Nobel de la Paz va a parar a Latinoamérica desde 1992, cuando el comité reconoció a la activista por los derechos humanos guatemalteca Rigoberta Menchú.

Al reconocimiento aspiraban este año 376 candidatos, una cifra récord. El año pasado se premió al Cuarteto para el Diálogo Nacional de Túnez por sus esfuerzos para construir una democracia plural.

No hay premio para las FARC

Conforme a la tradición, el Comité no quiso explicar por qué este premio no estaba compartido con las FARC.

El miércoles 5 de octubre, después de reunirse con los opositores al acuerdo, entre los cuales su predecesor y ex mentor Álvaro Uribe, el presidente Santos estimó que "la paz está cerca y la vamos a alcanzar".

Cuando fue ministro de Defensa durante la presidencia de Uribe lanzó la mayor ofensiva contra la guerrilla marxista. Pero decidió no obstante seguir la vía de las negociaciones tras ser elegido presidente, hace seis años.

"Seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato porque ese es el camino para dejarles un mejor país a nuestros hijos", prometió recientemente.

Aunque hace apenas unos días aseguraba no buscar el Nobel, la recompensa fortalece al presidente en su búsqueda de una reconciliación de Colombia, azotada por décadas de violencia de guerrillas, paramilitares y fuerzas estatales que han causado 260,000 muertos, 45,000 desaparecidos y 6.9 millones de desplazados.

El premio, que consiste en una medalla de oro, un diploma y un cheque de ocho millones de coronas suecas (unos 950,000 dólares), le será entregado en Oslo el 10 de diciembre, fecha de aniversario de la muerte de su fundador, el científico e industrial sueco Alfred Nobel (1833-1896).

El año pasado, el Nobel de la Paz fue para el Cuarteto para el Diálogo Nacional Tunecino, actores de la sociedad civil que permitieron salvar la transición democrática en Túnez.

En esta edición, el Comité Nobel noruego había recibido no menos de 376 candidaturas para el premio, un centenar más que el récord anterior (278).

AFP / AP
Estocolmo, Noruega
Viernes 7 de octubre de 2016.


Además del No, ganó la abstención: fue la más alta en los últimos 22 años


Los colombianos rechazaron este domingo en un plebiscito los acuerdos de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC, lo que dejó al país sumido en la incertidumbre sobre qué pasará con el cese definitivo del fuego y el proceso de desarme pactados con esa guerrilla.

En forma sorpresiva, porque todos los sondeos preelectorales anticipaban la aprobación de los acuerdos, el “No” obtenía el 50.23% de los votos, mientras que el “Sí” el 49.76%.

Estos resultados, divulgados por la Registraduría Nacional, la institución encargada de organizar el plebiscito, incluían el escrutinio del 99.64% de las mesas electorales y se consideran irreversibles.

Con el triunfo del “No”, los acuerdos de paz con las FARC, que fueron negociados a lo largo de tres años y nueve meses por el gobierno de Santos, quedan inválidos y no podrán ser aplicados ya que el plebiscito tiene carácter vinculante para el presidente.

La gran pregunta que queda en el aire es si las FARC y las Fuerzas Militares, que desde junio pasado mantenían un cese del fuego bilateral y definitivo del fuego, volverán o no a la guerra.

El “No” tenía seis millones 363 mil 989 votos, mientras que el “Sí” acumulaba seis millones 424 mil 385.

Luego de conocerse los resultados, el presidente Santos mantenía una reunión urgente con su gabinete para estudiar las acciones a seguir. El mandatario había dicho que si ganaba el “No” a los acuerdos no había ninguna posibilidad de renegociar los acuerdos con las FARC ni tenía un plan “B”.

Los promotores del “No”, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe y su partido, el Centro Democrático, había dicho que de ganar esa opción renegociarían los acuerdos de paz con las FARC, en especial los puntos de justicia y de participación política.

Uribe rechaza que los jefes de las FARC que hayan cometido delitos de lesa humanidad paguen esos crímenes con penas alternativas y pide que lo hagan con cárcel efectiva. Tampoco está de acuerdo con que participen en política.

El exvicepresidente y dirigente del Centro Democrático pidió a las FARC mantener el cese al fuego y sentarse a renegociar los acuerdos de paz.

“Se trata de reconducir este proceso de paz, no de terminarlo”, dijo.

Las FARC señalaron en su cuenta de Twitter: “El amor que llevamos en el corazón es gigante y con nuestras palabras y acciones haremos posible alcanzar la paz”. El jefe de negociadores de esa guerrilla, Iván Márquez, dijo que más tarde emitirán un pronunciamiento.

La jornada del plebiscito para decir “Sí” o “No” a los acuerdos de paz se desarrolló con normalidad y en medio de fuertes lluvias, lo que desalentó la masiva afluencia de votantes a las urnas.

Esto, finalmente, acabó favoreciendo a los opositores a los acuerdos de paz, ya que según todos los estudios de opinión entre menos abstención se registrara en la jornada, más alta sería la posibilidad de que ganara el “Sí”.

La abstención se ubicó en 62.63% del electorado.

El mal tiempo se dejó sentir sobre todo en los departamentos de la costa caribe colombiana, que fue golpeada por el huracán Matthew.

Preocupado porque el temporal inhibiera a los electores, el presidente Santos hizo un llamado a los colombianos el domingo temprano, tras presentarse a sufragar en una mesa en la céntrica Plaza de Bolívar.

“Yo espero que todos, todos los colombianos salgan a votar -dijo-, a pesar de la lluvia, a pesar del mal tiempo en algunos lugares, todos tenemos que ejercer ese derecho, todos los colombianos tenemos que salir a votar en este día histórico”.

A pesar de las precipitaciones, que amainaron en la medida en que avanzó el día, la jornada, que se extendió entre las 8:00 y las 16:00 horas locales, se realizó en calma en todo el territorio aunque en algunos puntos se registraron incidentes aislados.

El más grave de ellos ocurrió en una vereda del suroriental departamento del Guaviare, donde una mesa de votación fue hostigada desde la distancia por un grupo de desconocidos que hicieron detonar artefactos explosivos.

Aunque no hubo víctimas ni daños materiales, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, señaló que en esa zona opera el Frente Primero de las FARC, donde existe una disidencia que no respalda los acuerdos de paz con el gobierno.

Villegas señaló que, además de ese hecho, no se registraron situaciones de violencia durante la jornada.

“Desde el punto de vista de la seguridad, este es el acto más seguro, tal vez, en toda nuestra historia”, aseguró el ministro de Defensa.

Al asistir por la mañana a votar a una mesa del norte de Bogotá, el jefe del equipo de negociadores del gobierno con las FARC, Humberto de la Calle, dijo que Colombia ya ensayó el “No” y el conflicto armado se ha prolongado por 50 años.

Señaló que, además, “están pasando cosas: la guerrilla comenzó la destrucción de armamento artesanal ayer (sábado), ha ofrecido un inventario de bienes para reparar (a las víctimas del conflicto), ha pedido perdón y sería lastimoso que eso se frustrara”.

Esto, finalmente, ocurrió.

Además del No, ganó la abstención: fue la más alta en los últimos 22 años

A las urnas dejó de ir el 62,6% de los colombianos habilitados para votar. Las 10 tasas más altas se presentaron en departamentos donde ganó el SÍ.

Las encuestas sobre el plebiscito para refrendar el acuerdo el entre Gobierno y las Farc pronosticaron una baja participación. Fue, quizás, en lo poco que acertaron los estudios de opinión. Este domingo, la participación fue de un escaso 37,4%. O, lo que es lo mismo: la abstención fue del 62,6%.

Es una cifra alta en la historia reciente de Colombia. Si se tienen en cuenta las elecciones de corte nacional que precedieron al plebiscito, como las presidenciales de los años anteriores, una abstención superior no se veía desde la primera vuelta de los comicios de 1994, cuando los candidatos más fuertes en contienda eran el liberal Ernesto Samper (que a la postre ganó en el balotaje) y el conservador Andrés Pastrana. La abstención en ese momento fue de 66,2%.

Desde entonces, la abstención fue inferior, hasta ahora, como se muestra a continuación:

Plebiscito 2016: 62,60%

Segunda vuelta presidenciales 2014: 52,03%

Primera vuelta presidenciales 2014: 59,90%

Segunda vuelta presidenciales 2010: 55,67%

Primera vuelta presidenciales 2010: 50,73%

Presidenciales 2006: 54,95%

Presidenciales 2002: 53,53%

Segunda vuelta presidenciales 1998: 41,15%

Primera vuelta presidenciales 1998: 48,88%

Segunda vuelta presidenciales 1994: 56,66%

Primera vuelta presidenciales 1994: 66,23%

De manera paradójica, las 10 tasas más altas de abstención en el plebiscito por la paz se presentaron en departamentos donde ganó el Sí. Estos son:

Colombianos en el exterior: 87,0

La Guajira: 80,6%

San Andrés: 79,8%

Bolívar: 76,7%

Vaupés: 76,3%

Guainía: 76,0%

Atlántico: 75,9%

Magdalena: 75,6%

Amazonas: 73,8%

Vichada: 73,8%

Proceso
El Espectador
Rafael Croda
Bogotá, Colombia
Domingo 2 de octubre de 2016.

Los equipos del gobierno de Colombia y de la guerrilla de las FARC anunciaron oficialmente esta tarde en La Habana, Cuba el fin de las negociaciones y el cierre del acuerdo final de paz, que daría fin a más de 50 años de conflicto armado.

Tras cuatro años de negociaciones, ambos equipos llegaron a un "acuerdo final, integral y definitivo", informaron en un mensaje a los medios desde la isla.

Las partes dijeron que el acuerdo busca "el fin del conflicto y una paz duradera".

El arribo a un acuerdo se vislumbró a comienzos de agosto cuando las partes presentaron una suerte de hoja de ruta que guiará el cese del fuego bilateral, el cual entrará en vigencia desde el mismo momento en que se firme el acuerdo definitivo.

El cese al fuego significa el fin de los enfrentamientos entre el Estado y las FARC.

Ahora, el gobierno colombiano debe informar al Congreso para que convoque a un plebiscito, en el cual los colombianos dirán si respaldan o no el acuerdo.

El anuncio se hizo desde La Habana.

En la mañana, el presidente colombiano Juan Manuel Santos había dicho que esperaba dar al país una noticia histórica porque "todos debemos estar muy contentos porque hoy es un día muy especial".

En tanto, el máximo jefe de las FARC, Rodrigo Londoño o "Timochenko", comentó al espacio informativo Nueva Colombia Noticias que "esta mañana iniciamos la cuenta regresiva en función de cerrar los acuerdos de paz".

Añadió que quería compartir con el pueblo colombiano la buena nueva. "Los invito a todas y a todos a que nos acompañen a seguir haciendo esfuerzos por conquistar la paz con justicia social".

La víspera en las redes sociales circularon fotografías de las delegaciones en Cuba poniendo a punto el acuerdo final. La imagen fue difundida por el equipo de paz del gobierno, que la acompañó con la frase "se acerca el día... Vamos camino a la paz".

Se espera que apenas haga el anuncio oficial al país, el jefe de Estado informará oficialmente al Congreso para que convoque a un plebiscito en el que los colombianos dirán si apoyan o no los acuerdos alcanzados en la isla.

"Este es un gran momento histórico para el país. Acabar una guerra tan dura es toda una hazaña", indicó a The Associated Press monseñor Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.

El prelado agregó que es clave que en adelante se desarrollen en el país campañas pedagógicas para que los colombianos tengan claro qué fue lo que se acordó en la capital cubana.

También de histórica calificó la noticia el ex alto comisionado para la paz Víctor Ricardo, quien hizo hincapié en que durante 60 años el Estado trató de derrotar sin éxito a las guerrillas por la vía militar y que como no lo pudo hacer acudió la negociación.

Los diálogos han tenido una férrea oposición entre los seguidores del ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010).

La proximidad de la clausura exitosa de la mesa de diálogo en La Habana se avizoró a comienzos de agosto cuando las partes dieron a conocer una suerte de hoja de ruta que guiará el cese del fuego bilateral que entrará en vigencia desde el mismo momento en que se firme el acuerdo definitivo y que en la práctica significará el fin de los enfrentamientos entre el Estado y las FARC.

También se establecieron a inicios de mes los mecanismos de monitoreo para el fin de las hostilidades que correrán a cargo de Naciones Unidas y grupos de observadores internacionales y el funcionamiento de 23 zonas y ocho puntos a los cuales arribarán de manera transitoria los guerrilleros mientras se realiza el proceso de abandono de las armas.

Asimismo se estableció que la recolección y almacenamiento del armamento en poder de las FARC se desarrollará en tres fases a los 90, 120 y 150 días de la firma de la paz.

Desde fines de 2012 la administración de Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) llevan adelante en Cuba el proceso para tratar de poner fin a más de medio siglo de conflicto armado interno.

Hasta ahora las delegaciones han llegado a acuerdos en temas clave como una reforma agraria, la participación de los rebeldes en política, la lucha conjunta contra el narcotráfico, el resarcimiento de las víctimas, el blindaje jurídico y político a los puntos que se acuerden en la negociación, la forma en que los actores del conflicto armado pagarán por sus crímenes, el cese bilateral y definitivo del fuego y el abandono de las armas por parte de los rebeldes.

Según cifras oficiales las FARC tienen en sus filas a unos 7 mil combatientes.

En los últimos 15 años el ejército colombiano, apoyado por el gobierno de Estados Unidos, desató una ofensiva que diezmó las tropas del movimiento insurgente y replegó a sus combatientes pero sin lograr derrotarlos, lo que puso a las partes en la necesidad de sentarse en una mesa de diálogo como la desarrollada en La Habana.

Si se formaliza el acuerdo final se extinguiría el último gran movimiento armado de América Latina.

En el país quedaría operando el Ejército de Liberación Nacional (ELN), aunque el gobierno de Santos también busca negociar la paz con ese grupo rebelde.

Pese a los esfuerzos de las FARC y la administración de Santos la reconciliación entre los colombianos parece compleja tras un enfrentamiento que dejó más de 220.000 muertos, miles de desaparecidos y millones de campesinos desplazados a las ciudades desde que se iniciaron las hostilidades en 1964.

AP
Ana Espinosa
La Habana, Cuba
Miércoles 24 de agosto de 2016.

 

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