La Operación Gedeón fracasó tras un año de choques entre exmilitares, políticos y contratistas que conspiraron desde Colombia. EL PAÍS reconstruye los pasos del último plan contra Maduro

Alrededor de cincuenta hombres, dos lanchas rápidas, diez fusiles y un plan suicida. El enésimo intento de derrocar a Nicolás Maduro se quedó en un rocambolesco desembarco en dos playas próximas a Caracas, Chuao y Macuto, y fue desactivado en cuestión de horas el pasado 3 de mayo. La llamada Operación Gedeón dejó al menos siete muertos y decenas de detenidos, entre los que se encuentran ex oficiales venezolanos y dos mercenarios estadounidenses. Pero ese episodio, que se enmarca en el clima belicista alentado por el sector más radical de la oposición al régimen chavista, solo es el epílogo de una larga historia. Transcurre entre Colombia —cuyos servicios de inteligencia y Gobierno quedan cuestionados—, Estados Unidos y Venezuela, y en ella intervienen políticos, militares, empresarios, contratistas, asesores de seguridad. El resultado es una muestra de la capacidad de penetración de la inteligencia del aparato bolivariano.

La incursión en la costa caraqueña de hace dos semanas es, hasta el momento, el capítulo más disparatado para intentar desestabilizar al Gobierno de Maduro. Pero no ha sido el único. El relato de lo sucedido, reconstruido por EL PAÍS gracias a los testimonios de una decena de fuentes conocedoras de los hechos, refleja el descontrol de una estrategia consecuencia de una guerra de egos que, en definitiva, se ha convertido en un bumerán que ha asestado un golpe a Juan Guaidó. El líder de la oposición rechaza, sin matices, estar involucrado e incluso haber estado al tanto de la Operación Gedeón, mientras el malestar internacional e interno, dentro de la oposición, no ha hecho sino crecer y una pregunta se repite desde hace dos semanas: ¿cuál va a ser la siguiente sorpresa?

“La caída de Nicolás Maduro se ha vuelto un negocio, es cuestión de tiempo”. La euforia con la que una persona muy cercana a Guaidó pronunciaba esta frase en febrero del año pasado, en un restaurante de Caracas, cobra más sentido con el paso del tiempo. El dirigente opositor, reconocido como presidente interino de Venezuela por más de 50 países, acababa de regresar entonces de una gira por Sudamérica después de cruzar la frontera para asistir al intento de entrada de ayuda humanitaria por Colombia en uno de los momentos políticos más tensos vividos en Venezuela. Desde entonces, se han producido varios acercamientos, al menos cuatro, de personas o empresas que se presentan bajo el eufemismo de compañías de seguridad, ofreciendo sus servicios para de una u otra manera propiciar la caída de Maduro o fortalecer lo que surgiese de ella.

El hervidero de Cúcuta

Para entender las premisas de las últimas conspiraciones hay que viajar a la ciudad fronteriza de Cúcuta (Colombia) en los días previos al 23 de febrero del año pasado. La localidad era un hervidero de operadores políticos, uniformados, representantes de agencias de inteligencia de distintos países, inversores con intereses en una transición en el país vecino, cooperantes y miles, decenas de miles de personas vinculadas a la oposición. En vísperas de esa jornada, cuando fracasó la operación promovida por Bogotá, Washington y la oposición al chavismo para introducir en Venezuela camiones con ayuda humanitaria, se celebró un concierto organizado por el magnate británico Richard Branson. Entra en escena entonces una figura clave en el último plan contra Maduro. Se trata de Jordan Goudreau, exmiembro de las fuerzas especiales de Estados Unidos, veterano de Irak y Afganistán y hoy representante de la firma de seguridad privada Silvercorp, con sede en Florida. Durante esos días Goudreau se encargó de la protección de los artistas, pero también encontró un terreno fértil para intentar hacer negocios.

En ese momento Venezuela vivía días de turbulencias políticas después de que en enero Guaidó se proclamara presidente del país y en las filas opositoras varios cargos vislumbraron la posibilidad de formar una especie de ejército particular para intentar una incursión. Cúcuta era el epicentro de esos movimientos. “De los 1.700 hombres que Venezuela tuvo en los refugios encargados por el Gobierno colombiano y manejados por ACNUR [para recibir a venezolanos que querían salir del país], solamente 163 fueron los que en verdad pasaron de Venezuela hacia Colombia el 23 y los días siguientes”, relata una fuente al tanto de los movimientos de los militares desertores. “El resto era personal militar, policial, bomberos que estaban dispersos en América e inclusive algunos en Europa. Fueron llegando sencillamente porque pensaban que se iba a organizar una operación”.

Un ex general con ínfulas cercano a Chávez

Pero las expectativas de estos opositores que vieron la posibilidad de lanzar una operación contra Maduro quedaron frustradas. Sin liderazgo ni referentes, no tuvieron más alternativas que encerrarse en esos centros de acogida. El único nombre que aún resonaba entre ellos era el de Clíver Alcalá. Este ex general fiel a Hugo Chávez rompió con Maduro en 2016 y se fue a Colombia. Al menos dos fuentes que trabajaron a su lado en las fuerzas armadas venezolanas, y otras tantas que lo han seguido de cerca desde el ámbito político, lo describen como “una persona carismática, con mucha voluntad, mucho empuje: desde sus tiempos de servicio activo tenía fama de abusador, desviaba el poder, no respetaba, actuaba con mucha furia y apoyó al régimen en la mayoría de los desmanes que había cometido”.

Hace un mes y medio, a finales de marzo, Alcalá fue acusado formalmente por Washington de tráfico internacional de drogas. Fue incluido en una lista en la que aparece junto a la cúpula del chavismo. El ex general, que residía en Barranquilla, en el Caribe colombiano, decidió entonces entregarse a la DEA, pero antes habló públicamente de un complot para derrocar a Maduro que se estaba organizando en Colombia e hizo referencia a la incautación de un arsenal de armas.

Fue precisamente Alcalá el primero en hablar de un contrato estipulado el pasado mes de octubre por el equipo de Guaidó con Jordan Goudreau y su empresa, Silvercorp, que estaría detrás del desembarco en la costa caraqueña de hace 15 días. Juan José Rendón, conocido como JJ, un controvertido asesor del líder opositor que ha participado en campañas de muchos políticos latinoamericanos y al que siempre se han atribuido operaciones oscuras, admitió hace unos días haberlo firmado. “Era una exploración para ver la posibilidad de captura y entrega a la justicia de miembros del régimen”, reconoció el consultor en la CNN, que exculpó a Guaidó ante la aparición de su supuesta firma en los mismos documentos. Rendón, que llegó de la mano de Leopoldo López, dimitió de su cargo, pero la tibieza del líder opositor, que aceptó la renuncia, aunque en un principio evitó despedirlo pese a las presiones internas, ha suscitado un enorme malestar en la oposición ante lo que consideran la imposibilidad de romper con su jefe.

El hecho de que Colombia —país que comparte con Venezuela más de 2.200 kilómetros de frontera y destino de cerca de 1,5 millones de venezolanos que en los últimos años migraron en busca de oportunidades— fuera la base de operaciones hace un año para fraguar un intento de golpe pone de por sí la lupa sobre sus autoridades. Por complicidad o por omisión. Alguien de la cadena de mando militar debió de estar al tanto, al menos hasta cierto momento. Aunque todos, empezando por el presidente, Iván Duque, se desvincularon rotundamente de lo sucedido y formalmente el Gobierno instó a los dirigentes opositores en el exilio a informarles de cada paso. Las dudas sobre si un sector de la inteligencia colombiana próximo al expresidente Álvaro Uribe actuó con el beneplácito de este, pero no del de Duque, cobran fuerza con el paso de las semanas y por la versión de diferentes fuentes, tanto venezolanas como colombianas.

Esos planes, en cualquier caso, se pusieron en marcha justo después del 23 de febrero de 2019. Alcalá, con fondos procedentes de la oposición, comenzó a organizar unos campos de entrenamiento cerca del municipio colombiano de Riohacha, en el departamento caribeño de La Guajira. Se trata de un territorio poco poblado en el que se mezclan desierto, selva y montaña que linda con Venezuela y que él conoce debido a vínculos familiares y a su pasado como comandante en esa región, en la que estrechó lazos con guerrilleros de las FARC. Los ordenadores incautados en 2008 al entonces número dos de la guerrilla, Raúl Reyes, revelaban la cercanía entre Alcalá e Iván Márquez, jefe negociador de la guerrilla en La Habana, hoy un líder disidente que rompió con los acuerdos de paz.

Operadores políticos

Mientras tanto, en Caracas se intensificaba el pulso entre Guaidó y Maduro. El país sufría una crisis eléctrica sin precedentes y tomó vuelo otra opción, que se manejaba en paralelo. Todas las fuentes consultadas coinciden en que en todo momento ha habido múltiples planes sobre la mesa; pocos se explican cómo el más disparatado de todos fue el que terminó por desarrollarse. Fue la asonada del 30 de abril de 2019. Tenía el objetivo de provocar una ruptura de las fuerzas armadas y facilitar una etapa de transición con la participación de algunos altos cargos chavistas. Como los demás intentos, fracasó y terminó con un incremento de la tensión y la liberación de Leopoldo López después de pasar tres años encarcelado y casi dos en arresto domiciliario. El dirigente opositor y líder del partido Voluntad Popular encontró resguardo horas después en la residencia de la Embajada de España en Caracas, donde todavía permanece.

Esa operación se precipitó, según al menos dos fuentes, debido a la insistencia del mayor del Ejército venezolano Javier Nieto Quintero, que fue precisamente quien junto a Goudreau reivindicó el intento de incursión marítima de hace dos semanas. El fracaso del plan de abril de 2019 provocó una desbandada. El exjefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) Cristopher Figuera, que participó en esos hechos, huyó a Estados Unidos tras pasar unas semanas en Colombia. “El personal militar se quedó sin padre ni madre. Los que estaban en Cúcuta se quedaron definitivamente aislados en sus refugios y los que estaban con Clíver Alcalá también quedaron aislados en el campamento de Riohacha. Y los que estaban en Venezuela, por supuesto, temerosos de la acción del Gobierno debido al control público que se hacía”, resume un oficial.

¿Qué pasó entre abril de 2019 y mayo de 2020? Para empezar, entran en escena dos operadores políticos próximos a Leopoldo López. Ya a mediados de mayo del año pasado, Lester Toledo, que había sido uno de los coordinadores de la ayuda humanitaria, y Jorge Betancourt, organizan reuniones en Bogotá para explorar posibles acciones. Lo hicieron, durante esas semanas, en al menos tres ocasiones. Sobre la mesa estaba el plan que estaba diseñando Goudreau. El exmilitar norteamericano proponía en un primer momento entrar por las líneas fronterizas, ir destruyendo a los grupos de las FARC y del ELN, y posteriormente insistía en entrar con 300 hombres por la costa a través de La Guaira.

Pero otros sectores de la oposición al tanto de estos planes los consideraron disparatados desde el comienzo. “Para conquistar una cabeza de playa hay que tener un volumen de fuego y una cobertura aérea suficiente, más cuando te estás metiendo en el centro del poder militar venezolano. En La Guaira solamente está el cuerpo de infantería de la Marina, pero tienes a Caracas cerca y dos batallones de infantería muy poderosos que pueden decidir cualquier operación militar”, asegura una de las fuentes consultadas. El tenor de las apreciaciones de Goudreau, según algunos de quienes lo conocieron, daba la idea de su desapego de la realidad: “Cada uno de mis hombres equivale a 500 combatientes venezolanos”.

Este ex boina verde participó en otro encuentro en junio de 2019. Fue acompañado por un puertorriqueño llamado Lorenzo que actuó como intérprete y se reunió con Clíver Alcalá, que también fue con traductor, el teniente venezolano en el exilio Arturo Gómez Morantes. Los asistentes evaluaron el coste de la operación, que al principio rondaba los 700.000 dólares y posteriormente ascendió hasta 1,8 e incluso 3 millones.

El entorno de Leopoldo López quería tener la última palabra sobre el dinero recaudado, lo que generó tensiones entre los presentes. Tanto es así que Toledo y Betancourt informaron al día siguiente de la necesidad de apartar a Alcalá, puesto que ya entonces el ex general estaba sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos. Lanzaron una propuesta al teniente Gómez Morantes para que él dirigiera la incursión. Este, según las fuentes consultadas, grabó la conversación y se la envió a Alcalá. Y fue así como se produjo la primera fractura entre el sector militar y político. Contactado por EL PAÍS, Toledo asegura que nunca tuvo nada que ver con Alcalá y que lo denunció desde que fue elegido diputado por el Estado de Zulia. Además, se desvincula de forma rotunda del desarrollo final de la Operación Gedeón en las costas venezolanas.

El ex general contaba en ese momento con no más de 70 hombres repartidos en algunas casas de campo de La Guajira, pese a que él presumiera en público de 300 soldados. La falta de ingresos profundizó su malestar. Esos hombres no tenían una dieta sana y algunos enfermaron por no tener acceso al agua potable, de acuerdo con al menos tres personas al tanto de la situación en los campamentos. Solo más tarde recibió unos fondos y la situación mejoró. Alcalá hasta llegó a comprar camisetas y zapatillas deportivas para los entrenamientos.

Por entonces, en el verano de 2019, Jordan Goudreau ya estaba instalado en una vivienda del acomodado norte de Bogotá con al menos cuatro personas: un estadounidense, un puertorriqueño, un hondureño y un mexicano.

El papel de la inteligencia colombiana

Una de las incógnitas es el papel de la inteligencia colombiana. Según las fuentes consultadas, el abandono de los campos y el diseño del plan contribuyeron a que los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de Colombia relajaran la vigilancia. Sin embargo, al menos Clíver Alcalá estuvo en contacto con la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) colombiana desde su llegada al país. En la recta final del último mandato de Juan Manuel Santos (2010-2018), le recibió el general Juan Carlos Buitrago, entonces subdirector de la agencia, y en mayo del año pasado fue captado en medio de la celebración de una cumbre por Carlos Narváez, subdirector de operaciones, con quien mantuvo relación durante meses.

En todo momento, según varias versiones, Toledo y Betancourt presumían de contactos en el Gobierno colombiano, con el expresidente Álvaro Uribe o el entonces embajador colombiano en Estados Unidos, Francisco Santos. El actual jefe de la DNI fue el jefe de la Casa Militar durante el mandato de Uribe. El sector más radical de la oposición recela de Iván Duque, a quien atribuye demasiada prudencia el 23 de febrero, y se considera más afín al ala más dura del Centro Democrático, el partido fundado por Uribe. Sin embargo, no se han aportado evidencias de que esos contactos se produjeran con frecuencia o fueran fluidos.

Quedan las dudas sobre si alguien en el Gobierno estaba informado y dejó que los hombres de Alcalá y Goudreau siguieran actuando. En cualquier caso, al margen de la intensidad de la vigilancia de Colombia, los agentes se encontraron con un abanico de personalidades que comprometían, de entrada, cualquier tipo de conspiración. “En Venezuela todas las conspiraciones han fracasado por cinco razones: porque hay un poco de mitómanos, gente que te dice que tiene 50 batallones dispuestos a intervenir y no es verdad; porque hay un montón de ilusos, gente que piensa que si ellos dan un paso muchos los van a seguir; porque hay estafadores, gente que ha hecho de la necesidad de restituir la democracia en Venezuela un negocio; la cuarta son los ignorantes, gente que no sabe de artes y ciencia militares; y la última son los locos, con componentes de vanidad y de ego”. Estas palabras, de un antiguo alto mando militar, son de alguna manera el punto de unión entre las premisas y lo que vino después.

La organización del operativo en Colombia se complicó. Entran en escena otros dos oficiales venezolanos, los tenientes coroneles Illich Sánchez y Rafael Pablo Soto Manzanares, que desempeñaron un papel determinante en la asonada del 30 de abril, al mismo tiempo que el mayor Nieto Quintero y Rodney Pacheco, al que se le consideraba uno de los responsables de seguridad de Juan Guaidó. Fueron ellos los que, entre finales del pasado verano y el inicio del otoño, comienzan a conversar con un grupo de militares en el exilio encabezado por los hermanos Sequea, sobre todo con Juvenal y Antonio Sequea, quien fue detenido por las autoridades venezolanas el en el intento de desembarco del pasado 3 de mayo. “Illich Sánchez y Soto Manzanares le recomiendan a Leopoldo López retomar otra vez contacto con esta gente, ya que los hermanos Sequea eran los que se iban a hacer cargo de la operación”, asegura una de las fuentes al tanto de los movimientos.

Poco después, entre finales de noviembre y principios de diciembre, Antonio Sequea es detenido en el aeropuerto El Dorado de Bogotá mientras trataba de volar a España con pasaporte falso. Los motivos de ese viaje se desconocen, aunque la sospecha de operadores al tanto del plan es que tuviera que ver con búsqueda de financiación. El ex general Hugo Carvajal, apodado El Pollo, hoy prófugo de la justicia española, había sido jefe de Sequea y en 2019 apoyó públicamente la causa de Guaidó.

Hay un vacío en el tiempo que no ha terminado por aclararse y que está cubierto por un manto de especulaciones más que de certezas. Tras saltar por los aires la Operación Gedeón hace dos semanas, se supo que esta había sido planeada en un principio por asesores de Guaidó, siendo el líder visible J. J. Rendón. El estratega venezolano ha insistido en que, entre octubre y noviembre, ante las exigencias de Goudreau, rompió con él. Sin embargo, el ex boina verde siguió adelante con sus propósitos. Quién le dio el beneplácito es un interrogante, mientras muchos dudan que los servicios de inteligencia de Colombia no supieran de sus movimientos en la capital colombiana y por todo el país. Al menos tres fuentes al tanto aseguran que están tratando de seguir el hilo del dinero que pudo haber recibido, pues no dudan que, a través de testaferros, le siguió llegando financiación para la operación fallida. Ver si ese dinero llegaba desde dentro de la oposición, como piensan muchos pues hay un sector convencido de que una intervención militar es la única solución, o desde el Gobierno de Maduro, que se entera de los planes, es algo que de momento no está esclarecido.

Operación de contrainteligencia

De lo que hoy, en cambio, pocos dudan es de que la operación estaba infiltrada o penetrada por informadores del régimen de Maduro. Ya a finales del año pasado cundían las sospechas en sectores de la oposición. El mandatario venezolano se refirió en algunas apariciones públicas a supuestos “rambos” que conspiraban desde Colombia, una descripción que encaja con la figura de Goudreau. En segundo lugar, según la información filtrada desde la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), en enero el chavismo realizó una operación, cerca de las playas donde se intentó la incursión marítima. Las fuerzas de seguridad allanaron hoteles, albergues y posadas en busca de Clíver Alcalá, cuyo hermano es embajador de Venezuela en Irán, y ciudadanos puertorriqueños, hondureños y estadounidenses. Un rastreo que coincide con las nacionalidades de los hombres que compartían vivienda con Goudreau en Bogotá. Además, los uniformados realizaron un ejercicio de defensa del puerto, bautizado como Punto de Resistencia Bravo.

También hubo un simulacro de cierre de la ciudad de Caracas, ubicada a unos 30 kilómetros de la costa. En la grabación del interrogatorio de Luke Denman, uno de los mercenarios estadounidenses detenidos, este afirma que su misión era hacerse con el control del aeropuerto para permitir el aterrizaje de aviones estadounidenses y sacar a Maduro del país. Aunque en sus primeras declaraciones no lo menciona abiertamente, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía se encuentra junto al puerto de La Guaira.

El 11 de marzo, además, el Ejército venezolano capturó en una zona fronteriza de La Guajira conocida como Trocha número 30 a un teniente llamado Figueroa Fernández. La detención se produjo en uno de esos cientos de caminos informales que conectan Colombia y Venezuela y fue fortuita, según el relato de una fuente militar, porque el oficial conducía a alta velocidad en una trocha. Este, según información de la FANB, bajó del vehículo y se dijo dispuesto a colaborar. Apenas dos semanas después, las autoridades colombianas incautan un arsenal de armas, pero no hacen público el operativo durante unos días. Sin embargo, Nicolás Maduro tarda siete horas en mencionar el decomiso, mientras el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, al día siguiente, da los detalles del plan de Goudreau y Clíver Alcalá. Cuando este se entrega a Estados Unidos, muchos en las filas opositoras pensaron que era inviable continuar con el plan. Sin embargo, la operación siguió adelante.

Malestar generado

Las consecuencias que ha tenido la Operación Gedeón aún son imprevisibles, pero no cabe duda de que ha supuesto una sacudida a las aspiraciones de Guaidó y al mayor tesoro que este tiene: el apoyo internacional. Las fuentes consultadas, dentro y fuera de Venezuela, en diversos países, admiten que el malestar generado en Estados Unidos por la chapuza de hace dos semanas ha sido mayúsculo. Lo mismo ocurre en Colombia y en algunos países de Europa. Si no ha saltado por los aires el apoyo a Guaidó ha sido porque todos los actores son conscientes de que es la única figura que aún articula una unidad frente a Maduro, al menos a nivel nacional.

En Venezuela ocurre algo parecido. Las desavenencias crónicas de la oposición no tardaron en manifestarse, sobre todo en privado. En público, el partido Primero Justicia, de Henrique Capriles, que permanece en Venezuela y de Julio Borges, exiliado en Colombia, ha sido el único que ha criticado lo ocurrido y exigió a Guaidó romper con J. J. Rendón. “Parece que nos hemos subido a la máquina de Marty Mcfly y hemos retrocedido a 2018”, resume una de las fuentes, ante el reto que tiene por delante la oposición.

En el chavismo tampoco hay una postura clara sobre qué hacer ante un nuevo intento de derrocar a Maduro. Celebran que la oposición les haya brindado, sin costo alguno, una unidad en el seno de las fuerzas armadas que tapa, al menos por el momento, las grietas internas. Un sector, que encabezaría el propio Maduro y cuya figura más visible es Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, se muestra partidarios de no actuar contra Guaidó, esto es, descarta la posibilidad de detenerlo, pese a que se han intensificado los ataques contra él y el asedio a su círculo más próximo. Rodríguez siempre ha sido partidario de la idea de que el líder opositor termina por errar, y eso les beneficia. Hay otro bando, no obstante, encabezado por Diosdado Cabello, número dos del chavismo, que siente que la autoridad del Gobierno sufre un golpe, por leve que sea, cada vez que se evidencia un intento de fractura de las fuerzas armadas.

La Operación Gedeón, un nuevo plan disparatado, ha sacudido a Venezuela en medio de la pandemia de la covid-19. Antes de la llegada del coronavirus, la oposición y el chavismo ultimaban un acuerdo para la recomposición del CNE, con vistas a las elecciones parlamentarias previstas para finales de este año. La pandemia lo trastocó todo. No solo en el ámbito político. La crisis para los venezolanos se ha agudizado; la hiperinflación se ha vuelto a disparar, la escasez de combustible es total. Hasta hace unas semanas, miembros de la oposición mantenían canales abiertos con el Gobierno para tratar de que el ingreso de ayuda humanitaria fuese mayor. Una parte de los críticos con Maduro, dentro y fuera de Venezuela y en buena parte de la comunidad internacional, cunde la necesidad de que lograr un acuerdo humanitario abriría la posibilidad de iniciar una negociación política. “Que haya voluntad política, no es necesariamente lo mismo a que haya un acuerdo político”, señala una fuente. No obstante, aún hay líderes con peso que creen que la caída de Maduro es solo cuestión de tiempo y siguen azuzando el fuego de una intervención. De ahí que no pocos se pregunten: ¿Cuál será el siguiente plan disparatado?

El País
Javier Lafuente
Francesco Manetto
Ciudad de México / Madrid
Lunes 18 de mayo de 2020.


Como “el más gigantesco caso de corrupción que haya conocido la historia de Venezuela”, catalogó el ministro de Comunicación e Información venezolano, Jorge Rodríguez,  las maniobras del diputado opositor Juan Guaidó, durante una rueda de prensa ofrecida a medios de comunicación desde la sala de prensa Simón Bolívar del Palacio de Miraflores, Caracas.

De acuerdo con Rodríguez, Guaidó encabeza una red que controla parte de los activos venezolanos sancionados por EE.UU., que ascienden a un total de 116 000 millones de dólares, “dinero con el que se construirían 11 millones de viviendas”.

“Estamos demandando a la administración de Trump por la contabilización del robo de nuestros activos y depósitos en banco extranjeros de empresas que se encuentran en nuestras fronteras, cifra que asciende a 116 000 millones de dólares, lo que se considera como una acción brutal de los gobiernos satélites y sus lacayos hacia Venezuela”, afirmó el ministro.

    Juan Guaidó no está luchando por el poder, “sino por el dinero, para robarse el dinero de la República o para que algunas migajas le sean entregadas”, denunció Rodríguez.

“Con todo lo que se han robado y siguen robando, a manera de ejemplo, con 116.000 millones de dólares, el Gobierno podría adquirir cajas CLAP para todas las familias de Venezuela, una vez al mes, durante 152 años”, ha añadido el ministro este 15 de febrero, en declaraciones que se transmitieron en directo por  Venezolana de Televisión.

Rodríguez también ha acusado al líder de la oposición venezolana de cobrar dinero de empresarios corruptos de manera directa, así como “a personas que tienen cuentas con la justicia en EE.UU., Europa o Venezuela, para hacerse la vista gorda, o para protegerlos de manera flagrante”.

“De esos 116 000 millones de dólares Trump le lanza a su lacayo, Juan Guaidó y su círculo cercano migajas y no hay ningún tipo de control”, dijo.

“Los activos de Citgo (la mayor filial de la estatal venezolana PDVSA fuera del territorio venezolano) se los robaron ¿Quién controla eso? ¡Nadie!”, concluyó el ministro.

CubaDebate
Carácas, Venezuela
Domingo 16 de febrero de 2020.


Activistas del movimiento “Hands off Venezuela” protestaron contra la presencia este martes en Londres del autoproclamado presidente de ese país suramericano, Juan Guaidó, quien tenía previsto reunirse con autoridades del Gobierno británico.

Los manifestantes se congregaron frente a la residencia oficial del primer ministro Boris Johnson, en el número 10 de Downing Street, para repudiar la visita del político venezolano.

“Guaidó golpista, you are not welcome here” (no eres bienvenido aquí), gritaron los activistas, quienes también denunciaron el apoyo que brindan las autoridades del Reino Unido al autoproclamado mandatario interino.

Jorge Martín, miembro de la campaña “Hands off Venezuela”, aseguró que Guaidó no tiene ningún derecho a atribuirse la presidencia de ese país, y lo calificó de títere del gobierno de Estados Unidos.

Se proclamó presidente en una plaza pública, sin ningún respaldo legal, además de que ha llamado a la intervención militar extranjera contra su propio país, recordó.

En opinión de Martín, español residente en el Reino Unido, “en lugar de andar por el mundo, Guaidó debía estar preso en su país por instigar a un golpe de Estado contra el gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro”.

Según confirmó un vocero del Gobierno británico, el autoproclamado mandatario venezolano, quien es reconocido como tal por alrededor de 50 países, incluido el Reino Unido, será recibido este martes por el canciller Dominic Raab.

En el encuentro participaría también Johnson, agregó el portavoz, aunque no se prevé que haya declaraciones posteriores a la prensa.

Guaidó, quien se reunió este lunes en Bogotá con el presidente de Colombia, Iván Duque, y el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, tiene previsto viajar también a Bélgica, e intervenir en el Foro Económico de Davos, Suiza.

Prensa Latina
Londres, Reino Unido
Miércoles 22 de enero de 2020.


Unas fotos con narcos en la frontera disparan las acusaciones contra Guaidó y Duque


El portavoz del jefe del legislativo venezolano asegura que estas personas, identificadas como miembros del clan de los Rastrojos, "le pidieron un selfi, no sabía quiénes eran"

El pasado 22 de febrero, Juan Guaidó cruzó la frontera entre Venezuela y Colombia y apareció por sorpresa en el megaconcierto organizado en Cúcuta en vísperas de la operación para introducir contenedores con medicinas y alimentos en el país vecino con el apoyo logístico de Estados Unidos y del Gobierno de Iván Duque. El intento fracasó y supuso el primer gran revés para el jefe de la Asamblea Nacional, que un mes antes había lanzado su desafío a Nicolás Maduro tratando de forzar su renuncia y abrir un proceso de transición. Guaidó viajó de Caracas al fronterizo Estado de Táchira en medio de la incertidumbre y de la máxima reserva. Durante el camino sorteó controles policiales y recabó el apoyo de miembros de las fuerzas armadas. Una vez llegado al municipio de San Antonio, se dispuso a pasar al otro lado. ¿Cómo? Los vídeos y las imágenes de ese día muestran que cruzó a través de trochas, caminos secundarios e informales sin vigilancia.

Pero unas fotografías difundidas este jueves en las redes sociales desataron duras acusaciones tanto a Guaidó como a Duque y amenazan con alimentar una nueva tormenta política en los dos países. En ellas, el político venezolano posa junto a dos hombres identificados como miembros de los Rastrojos, una banda de narcoparamilitares que opera en ese limbo legal que a menudo es la frontera. En las imágenes salen dos cabecillas de esa organización criminal: John Jairo Durán Contreras, apodado Menor, y Albeiro Lobo Quintero, alias Brother. Ambos fueron detenidos en Cúcuta el pasado mes de junio. Alberto Ravell, portavoz de Guaidó, aseguró en la W Radio que "a todas las personas públicas le piden fotos". "Esas personas le pidieron un selfi, no sabía quiénes eran. El presidente Guaidó no le pide la cédula a la gente para tomarse una foto con ellos. ¿Crees que si el presidente Guaidó sabe que son unos paracos se hace una foto con ellos para que las difundan después?”, se preguntó.

La divugación de las instantáneas, que fueron dadas a conocer primero por el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, en su programa de televisión, tiene un evidente propósito político. Por sí solas, no son suficientes para demostrar una vinculación definitiva con este grupo irregular. Aun así, bastan para levantar suspicacias y sembrar graves sospechas. Esto ocurre, además, en dos países en los que es frecuente recurrir a documentos gráficos, a menudo descontextualizados, por intereses políticos. Una costumbre, de la que no se salva casi nadie, que va de la ultraderecha colombiana al régimen chavista. Ravell negó, en cualquier caso, que Guaidó recibiera ayuda de grupos irregulares para cruzar. “Esas personas estaban en una alcabala, de las muchas que hay en las trochas con guardias venezolanos o gente armada, y le pidieron una foto y él no se negó. Ahí nadie le pregunta a nadie quién es, la gente que usa las trochas que quiere es pasar lo más rápido posible”. Sin embargo, uno de los criminales iba armado, al menos aparentemente.

Wilfredo Cañizares, responsable de la Fundación Progresar en el departamento de Norte de Santander, aseguró que había alertado de esa circunstancia desde el primer día. "La entrada a Colombia el 23 de febrero del señor Juan Guaidó fue coordinada con los Rastrojos. Aquí están alias el Brother armado, y el segundo al mando de este grupo paramilitar, alias el Menor", afirmó al publicar las fotos en Twitter. A partir de esa denuncia, el senador Gustavo Petro, uno de los líderes de la oposición al Gobierno de Duque, fue quien más criticó ese supuesto vínculo con la banda narcoparamilitar, dándolo por hecho a raíz de que Guaidó lleva la misma ropa en esas imágenes y en los vídeos que documentan su llegada al Colombia.

"Para quienes dudan: Duque y Guaidó se aliaron con el narcotrafico para su acto en [la] frontera. Señor Guaidó, ¿es usted consciente de quienes eran sus aliados en la frontera colombo/venezolana? Señor Duque, ¿usted va a ligar su política exterior con el narcotráfico?", cargó en las redes sociales. Petro -que en el pasado respaldó a Hugo Chávez pero recientemente calificó de "dictadura insostenible" al régimen de Maduro- llega a afirmar, sin aportar evidencias, que "Duque visitó puestos de botellas incendiarias y explosivos que manejaban los grupos pagados por los narcos".

El mandatario colombiano está duramente enfrentado al régimen de Maduro y desde el principio apoyó, al igual que la Administración de Donald Trump y otro medio centenar de países, a Guaidó como presidente interino. Pese a eso, el pasado 23 de enero se negó a prolongar el intento de introducir ayudas a través de los puentes de Cúcuta debido a la resistencia de las fuerzas de choque del chavismo y a los episodios de violencia.

La tensión entre los dos países escaló en los últimos días por las acusaciones, dirigidas a Caracas, de dar amparo en territorio venezolano a células disidentes de las FARC, como la encabezada por Iván Márquez y Jesús Santrich, y a la cúpula del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que tienen en el narcotráfico su sustento como los Rastrojos y otras mafias locales. El Gobierno respondió con unos ejercicios militares en la frontera, por donde cruzan a diario miles de venezolanos que huyen en busca de oportunidades e incluso parlamentarios opositores.

Desde que alcanzaron la mayoría en la Asamblea Nacional, diputados críticos con el chavismo no tienen la posibilidad de comprar vuelos comerciales internos para trasladarse al interior del país para realizar su labor parlamentaria y a un número importante les han anulado sus pasaportes. Como parte de la política de persecución del régimen de Nicolás Maduro, el Gobierno ha coaccionado a las aerolíneas con sanciones si les venden billetes. Ravell señaló que Guaidó tenía previsto responder y explicar él mismo las polémicas fotografías, pero para el momento del contacto con la radio colombiana se encontraba incomunicado por el apagón que este jueves vuelve a afectar varias zonas de Caracas y el país.

El País
Bogotá, Carácas
Jueves 12 de septiembre 2019.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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