José Antonio Crespo

Hoy por hoy, cualquiera de los tres punteros podría alcanzar la victoria. Pero la tendencia favorece a López Obrador. En todas las encuestas está arriba. Y tanto Meade como Anaya están bastante desdibujados (más el primero que el segundo) mientras que AMLO sigue marcando agenda con propuestas, contradicciones y desdichos. No importa. Desde luego, la incertidumbre de cómo votarán los indecisos, electores apartidistas y votantes útiles continuará hasta casi el final; pueden influir en ello, como en otras ocasiones, los aciertos, los yerros, las ocurrencias y disparates que hagan y digan los candidatos. Los debates también podrían incidir significativamente en el voto de los indecisos (ocurrió en 1994, 2000 y 2006). Y el voto útil al parecer será determinante en esta elección. No lo ha sido salvo en 2006. Muchos piensan aún que el voto útil de la izquierda le dio el triunfo a Vicente Fox en 2000; no es así. El PAN obtuvo votos por arriba del PRI, de modo que aún sin voto útil Fox hubiera ganado, aunque con un margen bastante menor.

Y en 2012, Peña Nieto recibió un muy reducido voto útil (220 mil), mientras que ganó con ventaja de tres millones y medio. Pudo haber prescindido del voto útil y ganar con holgura. No así en 2006, donde Calderón recibió 30% del voto útil (emanado del PRI y el Panal), mientras que AMLO recibió 65% (el restante 5 % favoreció a Patricia Mercado). Sin ese voto útil, Calderón no hubiera triunfado (si es que lo hizo).

En ese año el voto útil sí fue determinante. Ahora probablemente lo será también. Sobre todo, que hay distintivos en esta elección que motivarán seguramente mucho voto útil; el Panal no necesariamente dará todo su voto a Meade; en el Edomex, fueron mucho menos los votos que del Panal recibió Del Mazo que lo que ese partido captó para diputados. Y la mayoría de su voto útil fue para AMLO en 2012. También muchos priístas desencantados podrían votar por alguien más, sobre todo si su partido no remonta el tercer sitio (como sucedió en 2006).

Por otro lado, numerosos panistas seguramente no coinciden con Anaya, por lo que podrán votar por otro candidato (no necesariamente del PRI). Y seguramente muchos perredistas votarán por Morena en la pista presidencial. Pero tampoco es seguro que AMLO consiga todos los votos de su alianza; ¿habrá obradoristas desencantados con la coalición con el PES, al grado de quizá mejor no votar por nadie (se ve difícil que lo hicieran por Meade o Anaya)? Pero con el PES tampoco se sabe; ¿estarán conformes con un candidato que, si bien evoca a un pastor protestante, presenta una política económica distinta a la suya? ¿Será que se sientan más cómodos esos votantes con Meade o con Anaya, ambos también sumamente conservadores pero liberales en lo económico?

La lucha por el voto útil está en marcha. Es probable que la incorporación de Javier Lozano a la campaña de Meade responda no sólo a la gran amistad entre ambos, sino para enviar un mensaje a los calderonistas y panistas desencantados de por dónde habría que votar útil. Aunque lejos de ayudar, le podría perjudicar a Meade.

Desde luego, queda claro que, ante la guerra entre el PRI y el PAN, a raíz de la elección de Coahuila, los calderonistas optaron por el primero dado que Anaya cerró las puertas a Margarita Zavala. Y la designación de Tatiana Clouthier como coordinadora de la campaña obradorista parece tener también la intención de captar el voto útil del PAN. Sin demeritar las habilidades y trayectoria de Tatiana, su apellido pesa mucho entre los panistas. Como sea, AMLO lleva ventaja, pues además de contar con feligreses sumamente devotos, podría captar mucho voto útil del PRD, PAN, Panal e incluso del PRI. Por lo cual su bloque electoral difícilmente va a disminuir, pero puede crecer a costa de las demás opciones. El desencanto en estos 18 años con el PRI y el PAN, y el hartazgo con la rampante corrupción de este gobierno, mucho le pueden ayudar.

Twitter: @JACrespo1

Animal Político
Ciudad de México
Jueves 25 enero 2018.

José Antonio Crespo

Enrique Cárdenas (a quien conozco hace décadas, aprecio y respeto profesionalmente) me comunicó hace semanas que podría ir como candidato a la gubernatura de Puebla bajo las siglas de Morena. Me extrañó, pues no ha tenido una carrera partidista, pero sobre todo porque sus posiciones no son propiamente de izquierda. Pensé que López Obrador buscaba enviar un mensaje de moderación a la iniciativa privada. Le dije a Enrique que celebraba su pre-candidatura por su trayectoria personal y profesional, y le pregunté si competiría con Miguel Ángel Barbosa a través de una encuesta como la que recién se había realizado en la Ciudad de México. Me respondió que sí habría encuesta, pero que Barbosa había declinado. Muchos analistas dieron por hecho que el candidato sería Cárdenas. Algo sucedió que la encuesta decidió inclinarse por Barbosa. No me extraña el giro. La dinámica política, diría Maquiavelo, no tiende a favorecer a los mejor intencionados. Cuando Barbosa se pronunció por López Obrador todos pensaron que lo hacía justo para competir por Puebla bajo unas siglas más prometedoras que las del PRD. Pero muchos dentro del obradorismo emitieron una queja al respecto, pues Barbosa no les parecía alguien confiable. Por ejemplo, Luis Hernández Navarro escribió: “¿Puede la izquierda pasar por alto la trayectoria neoliberal de personajes como Miguel Barbosa y raza que lo acompaña? ¿Basta con que renuncien al PRD y se sumen a la candidatura de López Obrador a un supuesto movimiento anticasta para que se olvide su incondicionalidad hacia poderosas figuras del gobierno? ¿Esa es la vía para acabar con el pacto de impunidad que tanto daño le ha hecho al país?” (La Jornada, 4/04/17).

Ante el cuestionamiento de muchos sobre la falta de filtros en Morena para recibir adeptos, sin importar su trayectoria política ni personal, López Obrador señaló que pondría un filtro claro para aceptar a nuevos aspirantes: “Mucha gente ve que Morena ha crecido tanto que voltean a ver al partido como una idea de los puestos y los cargos, y lo que nosotros queremos no es eso. Lo que queremos es que… la gente quiera servir realmente a transformar el país”. (EL UNIVERSAL, 2/04/17). La pregunta era, ¿Cómo detectar cuándo los aspirantes a integrarse a Morena lo hacían por servir a México y cuándo por servirse de México a través de Morena? Si no buscaban un cargo de inmediato. John Ackerman respaldó ese criterio: “El hecho de que algunos de estos personajes han firmado el pacto de unidad hacia 2018 no implica que serán candidatos de nuevo... Se han subido muy tarde al barco de la esperanza y tendrán que esperar en la fila o, en su caso, demostrar por medio de un sólido trabajo cotidiano y un claro ejemplo de rectitud que merecen encarnar el proyecto de Morena en algún espacio de gobierno o de representación en el futuro” (La Jornada, 24/04/17).

Se suponía entonces que los recién llegados no tendrían candidatura de inmediato. El único criterio para saber quiénes se unían al obradorismo para “servir al país” y no en busca de cargos sería entonces que en mucho tiempo no serían candidatos. Con Barbosa parecía que ese criterio se cumpliría. Ahora cae por su propio peso. Los políticos que se acercan a Morena tienen probablemente en mente ser candidatos en el corto (cortísimo) plazo. Por lo cual el criterio que debía prevalecer para aceptar nuevos adeptos al movimiento obradorista no puede ser si buscan cargos o no, pues simplemente ya no se cumplió. El criterio debiera ser entonces la trayectoria ideológica, política y personal de los nuevos militantes, de modo que pudiera encumbrarse a gente con valía ética y profesional, y quizá congruente con la ideología morenista (el viejo nacionalismo-revolucionario del PRI previo a 1982). Viene después la defensa a ultranza que hace AMLO de un partido tan cuestionable como el PT, por ser su aliado, pese a los indicios de sus pillerías. Pese a todo eso, Morena insiste en ser puesto en un costal distinto al de los demás partidos, por su presunta congruencia y honestidad a toda prueba.

El Universal
José Antonio Crespo
Ciudad de México
Lunes 6 noviembre 2017.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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