Jorge Volpi    

Triunfó en las urnas el país de los derechos humanos, los desfavorecidos, y los jóvenes

Este primero de julio de 2018 fue derrotado el México de las élites y el México de la desigualdad. El México neoliberal y el México de la guerra contra el narco. El México de la corrupción como modo de vida y el de las 200.000 muertes en dos sexenios. El México de Ayotzinapa y el de la Casa Blanca. El México que se obcecó con cerrar los ojos a la barbarie y el del miedo al cambio. El México de la desilusión y el del conformismo. El México de quienes defienden doce años de desastre como nuestra única normalidad posible.

Triunfó otro México. El México que despertó en la Revolución mexicana y quedó adormecido por casi 70 años de revolución institucionalizada. El México que, desde 1968, se batió por la democracia y el ensanchamiento de nuestra ciudadanía. El México de los movimientos sociales y el de los activistas por los derechos humanos. El México de los desfavorecidos, de los olvidados, de los invisibles. El México de los jóvenes que anhelan un futuro mejor.

Triunfó, también, la democracia: ese sistema que le permite a los ciudadanos elegir a sus gobernantes y castigar, con la fuerza del voto, a quienes los han traicionado. Fueron elecciones de decepción y de cólera: el voto de castigo a un sistema incapaz de mejorar las condiciones de vida de la mayoría. Y se transformaron, hoy, en elecciones de optimismo: ante el panorama que dejamos atrás, se trata del resultado más sensato. Tras las decepciones del Brexit, Estados Unidos o Colombia, un país demostró que puede imaginar una nueva narrativa de esperanza. Cualquier demócrata debería celebrarlo.

Lo anterior no implica que la victoria no sea, asimismo, de Andrés Manuel López Obrador y su movimiento. Sus defectos se convirtieron en virtudes: su obcecación, su temple, su fe (habrá que llamarla fe) hacia su propia causa y hacia sí mismo. Contra viento y marea —uso intencionalmente el título vargasllosiano—, logró, en su tercer intento, la presidencia de la República. Su campaña fue tan precisa como desastrosa la de sus rivales. Fiel a sí mismo, asentó los únicos temas que parecían importarle, la desigualdad y la corrupción, y dejó que Ricardo Anaya y José Antonio Meade se aniquilasen mutuamente. La cruel derrota de ambos cimbrará a sus partidos: el PRI, otrora hegemónico, podría volverse testimonial, mientras que en el PAN (por no hablar del PRD) ya ha comenzado el fratricidio. He aquí uno de los peligros que nos acechan: no tanto la falta de contrapesos ahora, cuando hay un mandato claro hacia Morena, como de alternativas en caso de que falle.

Tras la celebración ha de empezar la inmediata reconstrucción del país. AMLO ha dejado claras sus prioridades: de seguro no tardará en activar programas sociales y mecanismos redistributivos para paliar la desigualdad; más incierto es cómo erradicará la corrupción: su ascenso a la Silla del Águila no operará un milagro. Y más ardua aún será su tarea frente a la violencia. Se impone que siga un programa con el que no simpatiza del todo: extirpar el maniqueísmo de la guerra contra el narco, resolver las causas sociales que impulsan al crimen, reformar los cuerpos de seguridad e iniciar la legalización de las drogas.

Igual de urgente es un desafío que apenas abordó en su campaña: la construcción de un sistema de justicia confiable, eficaz e independiente. El adjetivo crucial es independiente: la medida de su convicción democrática quedará asentada en su posición sobre este punto. De ello dependerá, a la vez, el éxito de su lucha contra la violencia y la corrupción: un país como el nuestro, donde nueve de cada diez homicidios quedan impunes, no tiene alternativa.

México inicia una nueva era, tan apasionante como incierta. López Obrador está obligado a detallar un sinfín de medidas para cumplir sus metas y tranquilizar no tanto a los mercados como a quienes se han obsesionado en dibujarlo como un aprendiz de dictador. El éxito de su Gobierno, y del país, radicará en que logre preservar lo mejor que ha exhibido en esta campaña y en reprimir cualquier sesgo autoritario. México le ha concedido una oportunidad invaluable: con el concurso de todos los ciudadanos, quienes lo votaron y quienes no, lograr que ese otro México —pacífico, próspero, libre y justo— sea posible.

El País
Jorge Volpi
Ciudad de México
Lunes 2 de julio de 2018.


Sergio Pitol fue un gran lector, traductor y escritor. Sergio Pitol fue un mago de la palabra, integrante de la llamada Generación del Medio Siglo junto con Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, que Jorge Volpi prefiere llamar “as de oros de la literatura mexicana”; un escritor que trabajó como nadie el tema del fracaso, la memoria y el carnaval, como lo definió Juan Villoro; un inventor de un género literario que combina memoria, ensayo y literatura.

El pasado martes por la noche, Juan Villoro y Jorge Volpi celebraron la obra, la presencia y la literatura del Premio Cervantes 2005, fallecido el pasado 12 de abril. En la mesa “Sergio Pitol, mago de la palabra”, que forma parte del Homenaje Nacional al narrador, ensayista, traductor y diplomático mexicano, participó también Laura Demeneghi, quien presentó el video Iván, niño ruso, con materiales sobre Pitol; y leyó una emotiva carta escrita por su padre, Luis Demeneghi, en la que relata pasajes de la vida familiar.

La velada concluyó con tres arias interpretadas por Lourdes Ambriz y Encarnación Vázquez.

Durante el homenaje celebrado en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Volpi habló de las tres grandes etapas creativas en la obra de Sergio Pitol, de las que surgieron obras fundamentales; y dijo que El desfile del amor es su obra maestra y una de las mejores novelas mexicanas del siglo XX y XXI.

Villoro dijo que Pitol trabajó el tema del fracaso y la memoria. “Entendió la literatura como otra forma de hipnosis para investigar su propia memoria, no escribía porque ya recordaba, escribía para recordar”.

Mañana se llevará a cabo la mesa redonda “Pitol, el viajero y diplomático”, con la participación de Antonio Saborit, Philippe Ollé-Laprune y Héctor Orestes Aguilar.

El Universal
Yanet Aguilar Sosa
Ciudad de México
Miércoles 13 de junio de 2018.


En la mesa redonda "Sergio Pitol, mago de la palabra" participarán Juan Villoro, Jorge Volpi y Laura Demeneghi, sobrina del fallecido escritor

Con el fin de recordar al escritor Sergio Pitol, quien falleció el pasado 12 de abril a los 85 años, colegas, amigos y lectores llevarán a cabo un Homenaje Nacional en el Palacio de Bellas Artes con la mesa redonda "Sergio Pitol, mago de la palabra".

 En la tertulia, que tendrá lugar este 12 de junio en la Sala Manuel M. Ponce, participarán Juan Villoro, Jorge Volpi y Laura Demeneghi, sobrina de Pitol; además, será musicalizada con arias de Mozart, interpretadas por las cantantes Lourdes Ambriz y Encarnación Vázquez, acompañadas por el piano de Józef Olechowski.

 Mediante un comunicado, el narrador y periodista Vicente Alfonso habló sobre los elementos que diferenciaron la escritura de Sergio Pitol respecto a la de sus contemporáneos:

 "Lo primero que salta es que se nutre de los lugares en donde vivió, primero de modo inconsciente y después tomó el viaje como modo de aprendizaje; de ahí viene uno de sus títulos que parafrasea también la obra de Bach, 'El arte de la fuga', pero es el arte de la fuga literaria.

 "No es extraño que se acostumbre o se imponga como una especie de poética la transgresión de géneros y de convenciones literarias. En realidad, lo que estaba buscando es una literatura no clasificable", agregó.

 En Sergio Pitol son fundamentales dos colecciones de obras, la primera es "Trilogía de la memoria", compuesta por "El arte de la fuga" (1996), "El viaje" (2001) y "El mago de Viena" (2005); y su "Tríptico del carnaval", con "El desfile del amor" (1984), "Domar a la divina garza" (1989) y "La vida conyugal (1991)".

 La colección Sergio Pitol Traductor (2007), de la Universidad Veracruzana, ha alcanzado 20 títulos publicados; sobre esta labor, Vicente Alfonso señaló que, de no haber sido por Pitol, muchos autores hubieran tardado en llegar, como Henry James, Joseph Conrad y Jane Austen.

 "Hay ejercicios que aconseja Pitol en sus libros para quienes quieren ser escritores: imitar el estilo y traducir, él lo hizo y asimiló los recursos que estaban siendo puestos en juego en otras literaturas; cómo las maneras de traducción fueron asimiladas e incorporados en la literatura", indicó Alfonso.

Notimex
Ciudad de México
Lunes 11 de junio de 2018.


El escritor mexicano Jorge Volpi ganó hoy el Premio Alfaguara de novela 2018, dotado con 175.000 dólares y una escultura del artista Martín Chirino, por la obra "Una novela criminal".

     Se trata de un libro "sin ficción" sobre la búsqueda de la verdad, presentado bajo el seudónimo de "G. Fuchs", explicó Volpi en una teleconferencia desde México transmitida en Madrid, tras darse a conocer que su novela ganó este premio.

     El presidente del jurado, el escritor español Fernando Savater, se refirió a la obra de Volpi como "un fascinante relato sin ficción" del caso "Cassez-Vallarta", que durante años conmocionó a la sociedad mexicana y generó un incidente diplomático entre Francia y México.

     Savater comentó que la novela de Volpi "rompe con todas las convenciones del género" al colocar al autor y a la realidad "frente a frente, sin intermediarios", y el narrador se convierte "tan solo en el ojo que se pasea sobre los hechos y los ordena".

     El escritor mexicano, por su parte, dijo que se trata del caso criminal de la pareja formada por el mexicano Israel Vallarta y la francesa Florence Cassez, acusados de secuestro en 2005.

     "A ella la liberaron hace años, pero él sigue en la cárcel sin sentencia", comentó Volpi.

     "En el fondo -subrayó- es una novela sobre la búsqueda de la verdad y sobre si la verdad es posible de ser encontrada detrás de tantas declaraciones, ideas, juicios polémicos y contradictorios".

     Para Volpi, "Una novela criminal" busca también "seguir la estela" de otros libros como "A sangre fría" o "La canción del Verdugo", de los escritores estadounidenses Truman Capote y Norman Mailer, respectivamente.

     "El reto es intentar saber si es posible acercarse a la verdad de lo que pasó aquel 9 de enero de 2005, cuando comienza el caso", precisó el autor, cuya novela saldrá a la venta en las librerías españolas y latinoamericanas el 15 de marzo.

     "Creo que el libro puede contribuir a que cada quien se haga un juicio", aclaró el escritor, quien, con casi tres años de investigación del caso, de leer más de 2.000 páginas de expedientes y de entrevistar a la mayor parte de protagonistas, pretende que en México se saquen "conclusiones sobre su sistema de justicia".

Xinhua
Madrid, España
Miércoles 31 enero 2018.


Jorge Volpi

Demagogo, populista, chavista. Demonio autoritario. Senil y orate. Sus adversarios lo han pintado con los rasgos más siniestros. Enrique Krauze lo llamó Mesías Tropical. Con menos ingenio, otros lo han comparado con dictadores y caudillos, en un espectro que va -si el doble parentesco admite alguna lógica- de Nicolás Maduro a Donald Trump. Algunos más no se atreven a nombrarlo y, como si fuera un ser maligno, acuden a expresiones ambiguas para no pronunciar sus siglas. Pocos personajes más retratados, calificados, vituperados e insultados como López Obrador. Y pocos tan mal dibujados.

La equivocación consiste en presentarlo como si estuviese hecho de piedra; como si las vicisitudes de todos estos años no lo hubiesen alterado; como si fuese el mismo que presidió el PRI de Tabasco, el mismo que contendió por el gobierno de su estado, el mismo que peregrinó a la capital, el mismo que luego gobernó la capital, el mismo que disputó la Presidencia en 2006, el mismo que mandó al diablo a las instituciones, el mismo que se reinventó en 2012 y estuvo cerca de ganar de nuevo, el mismo que desde entonces ha recorrido de un confín a otro la República. Como si nada hubiese aprendido, como si su terquedad -para bien o para mal, uno de sus rasgos determinantes- fuese su único rostro.

Sería más sencillo creerlo así: que nadie cambia, que uno siempre seguirá siendo quien es. Quizás en lo íntimo sea cierto. No ocurre así, en cambio, en política, el terreno de la simulación y del engaño. Las mil aventuras y desventuras en la carrera de López Obrador quizás no hayan variado el meollo de su carácter -obcecado, imperioso, intolerante, vocinglero, astuto- pero sí su acción pública. De otro modo no hubiera sobrevivido y no estaría tan cerca -casi tan cerca como en 2006- de ganar la Presidencia.

La experiencia -ese aprendizaje modelado a golpes- le sirve ahora casi tanto como su intuición. Imposible saber si ha cambiado en verdad, pero eso importa poco: lo relevante son sus nuevos guiños, sus gestos, sus conductas e incluso sus ocurrencias. Si en 2012 su "república amorosa" fue motivo de escarnio, ahora ha pulido su discurso: una extraña mezcla de rabia y comprensión, de tolerancia e intolerancia, de prehistoria y de futuro. Podrá decirse lo que sea, pero el AMLO de 2018 no es el mismo del 2006 ni del 2012. Habrá quien afirme que la conversión es falsa o cosmética: puede ser, pero en campaña todo es falso o cosmético, del don de lenguas de Anaya a la "ejemplar trayectoria como funcionario" de Meade: historias que vender a los electores.

Sólo que la de López Obrador es, por ahora, la más exitosa. Si por un lado mantiene la misma narrativa de siempre -su batalla contra la "mafia en el poder"-, por el otro ha vuelto a pactar, como cuando fue jefe de Gobierno del DF, con sus representantes. Quienes se empeñan en verlo como outsider encuentran las salidas de tono, las ocurrencias y las barbaridades de antes; quienes por el contrario quieren cerciorarse de que gobernará sin romper con los poderes fácticos pueden dirigir la mirada hacia su gabinete o los empresarios y políticos de centro y derecha que ahora lo apoyan.

Mientras Anaya y Meade buscan desesperadamente qué novela contar de sí mismos -ante su imposibilidad de escapar de los atropellos cometidos en 18 años por sus partidos-, AMLO ha encontrado el tono para conjuntar sus rabietas y sus pactos, sus alaridos y sus concesiones, sus obsesiones y sus veleidades. Y todo ello anclado en sólo dos temas, corrupción e inequidad, pero dos temas cruciales para el país y frente a los cuales sus adversarios sólo balbucen. De seguir así, difícilmente lograrán arrebatarle el triunfo.

Un triunfo que, de ocurrir, lo colocaría más cerca de Ollanta Humala que de Hugo Chávez. Es decir: más cerca del moderado y pragmático alcalde de la Ciudad de México que del furibundo perdedor que tomó Reforma en 2006. AMLO mainstream.
 
@jvolpi

Reforma
Jorge Volpi
Ciudad de México
Sábado 20 enero de 2018.


Jorge Volpi, Juan Villoro, Carlos Revés y Ricardo Cayuela encabezaron un homenaje que registró un lleno total

La cita para el homenaje de Fernando Savater era a las 18:30 horas, sin embargo, desde media hora antes, la fila para entrar ya se podía vislumbrar como larga, pues los lectores comenzaron a llegar al Auditorio Juan Rulfo con bastante tiempo de antelación, donde a los asistentes no les importó permanecer de pie por más de una hora.

El gesto de la audiencia era suficiente homenaje, sin embargo, Jorge Volpi, Juan Villoro, Carlos Revés y Ricardo Cayuela, se encargaron de homenajearlo con sus armas más poderosas: las palabras. Antes, Raúl Padilla dio la bienvenida a los asistentes y calificó al libro “Ética para Amador”, como el libro de filosofía más popular en lengua castellana, y a su autor, como “el gran filósofo de la libertad que hoy más que nunca debe ser escuchado”.

Igualmente, los demás autores e intelectuales mencionados, se dieron a la tarea de contar quién era Savater, por qué era merecedor de un homenaje y cuál es su relevancia actualmente. Cayuela dijo al respecto: “Es un crítico de la modernidad que va un paso adelante. Él postula luchar contra el fanatismo, pues reconoce el mal que hace todo nacionalismo, pues como él dijo ‘el nacionalismo es peligroso cuando entraña un aire de superioridad’”.

Mientras que Revés, director general de todos los sellos de Editorial Planeta, resaltó que la obra de Savater es una búsqueda de la verdad, además, que cada escrito tiene como característica al hedonismo pues “el sentido lúdico es vértebra de su obra, es decir, como filósofo ha sido un disfrutón de la filosofía, no la pone en un altar inalcanzable”.

Por su parte, Volpi y Villoro recordaron sus primeros acercamientos como lectores de Savater. El primero contó que él veía a los filósofos como personas muertas, pues le detonaban a los griegos, a los renacentistas, y más cercanamente a la actualidad, a Nietzsche, a quien “no entendía nada hasta que leí a Savater”. Villoro, no tenía esta misma idea, ya que su padre fue también filósofo, aunque diferente a Savater, pues para él, el autor español es un “mediador entre las ideas más complejas y la vida cotidiana”.

Por último, Savater se sintió tan halagado tanto que afirmó no reconocerse en las descripciones dadas: “Ellos están hablando de quien yo hubiera querido ser, me ha gustado ver a esa figura. (…) Yo hubiera querido ser yo mismo pero logrado, que es lo que ellos han descrito”.

El Informador
Guadalajara, Jalisco

Tiranías

12 Ago 2017


Jorge Volpi

"La historia no se repite, pero instruye", afirma Timothy Snyder en el prólogo a su muy necesario Sobre la tiranía (2017). Publicado para contrarrestar el advenimiento a la Presidencia de Donald Trump, el pequeño libro -o panfleto- del experto en nacionalismos ofrece una serie de recomendaciones, inspiradas en las experiencias totalitarias del siglo XX, para tratar de detener el avance del autoritarismo en Estados Unidos, aunque resulta aplicable a cualquier otra parte del mundo.

Hoy, no sólo la demagogia de Trump, sino también la vena dictatorial de Nicolás Maduro, representan claras amenazas a los valores centrales de nuestro tiempo. Que el primero intente presentarse como feroz enemigo del segundo no lo ubica, en cualquier caso, entre los demócratas: baste recordar la enemistad entre Hitler y Stalin para saber que los tiranos suelen ser rivales implacables. Si en estos días se impone confrontar a Maduro, no hay que hacerlo con los argumentos de Trump, a quien no debemos concederle tregua alguna. Por otro lado, en países como México, tampoco nos vendría mal seguir el recetario de Snyder: la tentación autoritaria ha sido parte integral de nuestra tradición política.

La primera recomendación de Snyder, "No obedecer por adelantado", es un recordatorio del talante crítico que ha de mantener el ciudadano frente a sus gobernantes, previniéndonos a no colaborar con ellos por temor o inercia. La segunda, "Defender las instituciones", resuena claramente entre nosotros. Siempre que alguien denuncia que hay que destruir las instituciones porque son corruptas o disfuncionales, vale la pena escudriñar con atención su verdadero objetivo; y aún si esto es cierto, mejor tratar de reformarlas que simplemente "mandarlas al diablo".

"Cuidado con el partido único" es algo que en México conocemos bien y que en la Venezuela de Maduro ha conducido, si no a la extinción de los demás partidos, sí a su empeño por volverlos irrelevantes: no es otra la vocación de la Asamblea Constituyente. "Toma responsabilidad frente al mundo", recomienda Snyder: no te acostumbres a los símbolos de la discriminación y no los dejes pasar. Y no sólo los símbolos: las palabras, como las que Trump emplea a diario contra individuos y grupos. "Recuerda la ética profesional": una admonición a abogados y jueces para no dejarse intimidar, tan válida en México como en Venezuela.

Clave es "Ten cuidado de los paramilitares": siempre son estos quienes empiezan por subvertir la legalidad, sea en nuestro país o en Venezuela, degradando el orden político. "Reflexiona si tienes armas": aplica por igual a la policía y al Ejército: a los militares venezolanos que enfrentan a la oposición y a los militares mexicanos que combaten el narcotráfico. "Resiste" es quizás una de las recomendaciones más arduas, pero, como dice Snyder, "alguien tiene que hacerlo". "Sé prudente con el lenguaje" implica, sobre todo, no repetir las consignas de los otros: de nuevo, distinguirse frente a las expresiones de discriminación u odio.

En la supuesta era de la posverdad, Snyder aún afirma: "cree en la verdad". Y, por ende, denuncia las mentiras de Trump, de Maduro, de Peña, de cualquier gobierno. De ella se desprende la siguiente: "Investiga" por tu cuenta y paga los medios que lo hacen profesionalmente. En el reino de las redes sociales, léelo todo y sé responsable de cuanto compartes. "Mira a los demás de frente y habla con ellos": la empatía se multiplica y evita la discriminación. "Practica la política corporal": para quienes se hartan de las marchas y manifestaciones, éstas son las únicas que en verdad sacuden a los gobiernos, sea para denunciar a Trump o Maduro o para protestar por Ayotzinapa. "Ten una vida privada": es decir, auténticamente privada: cuídate de Internet y lo que compartes en redes.

Las siguientes son fáciles de entender: "Contribuye a las buenas causas": sí, con dinero o trabajo o ambas. "Aprende de tus pares en otros países". "Escucha las palabras peligrosas" y no te dejes manipular por ellas: "terrorismo" y "extremismo", pero también "imperialismo", "narco" o "delincuentes". "Ten calma cuando ocurre lo terrible": no te dejes manipular por las reacciones al terror. Y, en fin, "sé patriota", pero no nacionalista. Y "sé tan valiente como puedas".
 
@jvolpi

Reforma
Jorge Volpi
Ciudad de México
Sábado 12 de agosto de 2017.


Jorge Volpi

A su regreso al poder en 2012, tras doce años de purgatorio, los priistas se imaginaron, de pronto, invencibles: imposible imaginar una gestión más desastrosa que la de Felipe Calderón y sus miles de muertos. Contaban, además, con un candidato joven, guapo, rodeado de una maquinaria electoral otra vez aceitada -en su destierro, el partido ni siquiera intentó una reforma interna, sino recuperar su añejo talante corporativo- y con una situación económica más o menos estable.

Ni en sus peores sueños los priistas pudieron sospechar que, cinco años más tarde, iban a verse sumidos en la ignominia, con menos posibilidades de ganar los comicios de 2018 que los del 2000. ¿Cómo pudieron hacerlo tan mal? Supongo que muchos de ellos se lo preguntan a diario al constatar su popularidad en las encuestas, las más bajas de cualquier Presidente latinoamericano en activo (que ya es decir). Luego de un inicio esperanzador, que duró apenas unos meses -marcado por el sacrificio ritual de Elba Esther Gordillo y las promesas del Pacto por México y sus hoy olvidadas reformas-, vino la debacle. Una espectacular caída en picada debida a la pésima gestión de distintas crisis.

Primera fase, Ayotzinapa. Hubo un instante, al inicio, en el cual Peña Nieto pudo haberse colocado del lado de las víctimas -de las familias de los jóvenes desaparecidos por las fuerzas de seguridad- pero, en vez de ello, optó por proteger a cal y canto al Ejército con la opacidad propia del antiguo régimen. A los pocos días, el escándalo de la Casa Blanca terminó por hundir cualquier atisbo de prestigio que le quedase a su Presidencia.

En un caso raro, la elección de Trump volvió a concederle a Peña Nieto la oportunidad de reivindicarse un poco, asumiendo una enérgica defensa de los migrantes mexicanos y oponiéndose frontalmente al Muro. De nuevo la ocasión se perdió y, empequeñecido, el Presidente prefirió defender a Trump en suelo mexicano. La retahíla de acusaciones de corrupción contra grandes figuras del régimen no hizo ya sino dejar claro que el priismo se comporta como una cleptocracia sólo dispuesta a proteger sus propios intereses.

Ayotzinapa, la Casa Blanca, la visita de Trump a México y una panda de gobernadores investigados, prófugos o en la cárcel. ¿Qué podría hacer un partido ante esta cadena de crímenes o errores para volver a ganar las elecciones? La misión, de entrada, suena imposible. Y, sin embargo, el espejismo del Estado de México, donde la combinación de la compra y la inducción al voto, el fraude y la división de la oposición bastó para llevar al poder, in extremis, ni más ni menos que a un primo del Presidente, hace creer a algunos que un triunfo del PRI no es descartable.

Aun así, los priistas, al menos los más astutos, saben o intuyen que la posibilidad de ganar en 2018 es mínima. Por lo que se les plantea un dilema de ardua decisión (sin que sepamos, a estas alturas, quién tendrá el poder para dirimirlo). Se trata, para ellos, de elegir el mal menor. Con un objetivo central: impedir, a toda costa, la victoria de López Obrador.

Me explico. Los priistas tienen, hoy, solo dos opciones. La primera es intentar repetir el Estado de México y que esa repartición a mansalva de recursos, fraudes en sitios inhóspitos o poco vigilados y, sobre todo, la dispersión del voto opositor, les conceda una mínima ventaja. Para lograr esta estrategia no solo requieren un candidato al menos pasable, sino dinamitar, por todos los medios, el Frente Amplio PAN-PRD.

La segunda opción es más desesperada, pero no menos viable para su meta principal. Asumir de antemano la derrota y volcar soterradamente todos sus recursos y medios a favor del candidato del Frente Amplio para asegurarse, al menos, la derrota de López Obrador.

¿Quiénes vencerán en la contienda interna? ¿Quienes están dispuestos a arriesgarse a ganar la elección, destruyendo al Frente, y dejando a un López Obrador más firme que nunca, o quienes prefieren jugar a la segura, elegir a un candidato sacrificable y apostar por el plan B de un candidato emanado del PAN-PRD, con el cual pactar, como ya hizo el PAN con ellos, su posterior inmunidad?

La respuesta, en pocas semanas.

@jvolpi

Reforma
Jorge Volpi
Ciudad de México
Sábado 5 de agosto de 2017.


Jorge Volpi

Deberíamos recordar que, en este país de fábula, lo ocurrido con este gobernador no es una anomalía, sino un síntoma

Un gobernador es acusado, una y otra vez, de corrupción. Y no de la corrupción que en este país de fábula se asume como normal -un lugar en el que a nadie le sorprende que un funcionario público utilice el puesto en su provecho-, sino de una corrupción monstruosa. Valdría la pena preguntarse cuándo se pasa de una a otra y cuándo un político rebasa la paciencia de los ciudadanos y el límite de lo que éstos toleran. En fin. Ante las denuncias, el susodicho alega lo que todos los de su calaña: una campaña de linchamiento, motivos tenebrosos en las acusaciones y una vil conspiración de la prensa. Declara esto, muy orondo, en uno de los estados en donde más periodistas son asesinados. Y luego añade: "nada tengo que ocultar" y "mi conciencia está tranquila".

El listillo espera que, como les ocurre a casi todos sus colegas, esta cortina de humo disipe la atención, en espera de que otro escándalo -por doquier abundan- le arrebate los reflectores. Esta vez no ocurre así. La corrupción es tan monstruosa, que incluso el gobierno federal -de su mismo partido, el cual lo ha presumido como modelo de probidad- comienza a preocuparse. Porque, al parecer, nuestro amigo no se ha conformado con vaciar las arcas locales como la mayor parte de sus compinches, sino también los fondos que le llegan desde la capital.

Frente al acoso, el espabilado tampoco cede. Sabe que en este país ningún político de alto nivel va a la cárcel a menos que haya caído de la gracia presidencial. Y él, con una soberbia apenas inferior a su venalidad, confía en que el Presidente lo adora. De modo que, lleno de confianza, se echa para adelante. Valiéndose del enredadísimo y costosísimo y a fin de cuentas inútil sistema de transparencia de este país de fábula -diseñado para impedir pequeños desfalcos y castigar minucias administrativas, no para controlar a los peces gordos-, el gobernador hace pública su declaración patrimonial. Los ciudadanos descubren, azorados, que el miserable apenas tiene un departamentito y un par de coches viejos. Un político pobre es un pobre político.

¿Cinismo extremo? Ni siquiera. Apenas el habitual entre los políticos de su clase. Sólo que, en este caso, no repara en que ha empezado a convertirse en un lastre para el mismo gobierno que lo encumbró. Su vanidad, en este punto, supera a su desfachatez. Contra las cuerdas, contraataca. Se pasea de un noticiero a otro -y desembolsa millones para acallar a la prensa vendida- clamando su inocencia. Por primera vez rebasa a sus émulos: anuncia que pedirá licencia para enfrentar las calumnias. Y, en efecto, envía la solicitud al Congreso local. Pero no enfrenta calumnia alguna, sino que se escurre del país valiéndose de la red de complicidades que tejió durante años.

Lo digo de nuevo: el gobernador más vigilado simplemente se esfuma. El bochorno del gobierno federal parece sólo superar a su miedo. La persecución dura largas semanas, hasta que el prófugo es capturado al sur de la frontera. Y entonces, en vez de que sus perseguidores aprovechen la buena voluntad de los vecinos para expulsarlo fast track, le permiten quedarse y emprender un largo camino legal para detener la extradición.

Para explicarnos esta historia deberíamos recordar que, en este país de fábula, lo ocurrido con este gobernador no es una anomalía, sino un síntoma. Al menos desde la Revolución -ignoro los datos del siglo XIX-, este país ha sido administrado del mismo modo por unos gobernadores (de partidos opuestos pero intercambiables) que siempre, sí, siempre, han hecho fortuna adueñándose del dinero público. Que han usado su posición para emprender negocios, obtener concesiones, enriquecer a sus familias y a sus amigos. Y que jamás han temido represalias judiciales por su conducta.

Cuando a este país de fábula mejor le ha ido, ha sido cuando unos pocos de sus políticos han privilegiado el interés general frente al personal -los casos se cuentan con los dedos de una mano-, pero ésta sí es la excepción y no la regla. Ni democracia ni oligarquía. Los griegos la llamaban cleptocracia. El gobierno de los ladrones.

@jvolpi

Reforma
Jorge Volpi
Ciudad de México
Sábado 22 de abril de 2017.


El también escritor se desempeñó hasta ayer como director general del Festival Internacional Cervantin


El rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, designó hoy y dio posesión a Jorge Volpi Escalante como nuevo coordinador de Difusión Cultural de esta casa de estudios, en sustitución de María Teresa Uriarte.

En un acto efectuado en la Torre de Rectoría, Graue Wiechers reconoció el trabajo de Teresa Uriarte, cuya prioridad fue acercar la cultura a los jóvenes. “Lo hizo extraordinariamente bien. Difusión Cultural estuvo presente en todos los planteles”, destacó.

Por su parte, ante la presencia de los titulares de las áreas que conforman la Coordinación, Uriarte agradeció al rector permitirle ser parte de su equipo en el primer año de gestión, lo que garantizó la continuidad de los diferentes programas culturales.

Volpi, quien hasta ayer se desempeñaba como director general del Festival Internacional Cervantino, expresó que “frente a los tiempos aciagos que se viven, buscará junto con su equipo imaginar futuros mejores desde la cultura y el arte”.

En la UNAM, a partir del conocimiento, la cultura y los jóvenes que forma, se pueda dar luz al país, agregó.

Entre los pendientes que hereda la administración de Uriarte, se encuentra el inminente cierre del Seminario del Taller Coreográfico de la UNAM y el Centro de Extensión Académica que crearán en su lugar y la polémica sobre el edificio H que altera el paisaje del Espacio Escultórico.

Mientras que la dirección del Cervantino quedará vacante, aunque formará parte de una de las nuevas doce direcciones de la Secretaría de Cultura, llamada Dirección General de Promoción y Festivales Culturales.

Jorge Volpi es licenciado en Derecho, maestro en Letras Mexicanas por la UNAM y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Las Américas de Puebla, Cornell, Católica de Chile y Princeton; desde 2008 imparte una de las Cátedras Extraordinarias Maestros del Exilio Español en la Facultad de Filosofía y Letras de esta casa de estudios.

Es autor de numerosas novelas, entre las que destaca la Tetralogía del Poder, formada por En busca de Klingsor, El fin de la locura, Tiempo de cenizas y Memorial del engaño, y los ensayos Mentiras contagiosas, El insomnio de Bolívar, Leer la mente y Examen de mi padre.

Sus libros han sido traducidos a 30 idiomas. Ha obtenido los premios Biblioteca Breve, Deux Océans-Grinzane Cavour, Nacional de Cuento San Luis Potosí, Debate de Ensayo y Planeta-Casamérica de Novela. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y del Sistema Nacional de Creadores.

En 2009 recibió el Premio José Donoso de Chile al conjunto de su obra. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director del Instituto de México en París, del Canal 22 y, desde 2012, del Festival Internacional Cervantino.

El Universal
Nestor Ramirez
Ciudad de México
Viernes 9 de diciembre de 2016.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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