Los clanes del sur de Italia aprovechan la crisis para ganar apoyos repartiendo comida y dinero, pero algunos vecinos se organizan para prevenirlo


Un asesinato en Agrigento (Sicilia). Un barco en Calabria con 600 kilos de coca o un fugitivo apresado después de una larga huida mientras iba a hacer la compra con la mascarilla y guantes. Minucias para el ritmo habitual. Pero la actividad principal de los clanes mafiosos estos días en Italia consiste en reposicionarse, ganar apoyos y buscar nuevas formas para dar lustre al dinero que volverá a raudales cuando la crisis sanitaria escampe. La policía ha sorprendido ya en Calabria y Sicilia a familiares y miembros de mafias repartiendo bolsas de la compra entre algunos vecinos. Mientras no llegan las ayudas anunciadas por el Gobierno de Giuseppe Conte, las mafias se infiltrarán en el tejido social, coinciden las fuentes judiciales y policiales consultadas. Abundan ya también los préstamos, empresarios con el agua al cuello que necesitan contante. “Ahora todo son facilidades”, señala un alto mando de los carabinieri en Trapani. Los clanes tienen líquidez. Cuando la crisis quede atrás, pasarán cuentas.

El confinamiento tiene algunos maestros que lo practicaban desde mucho antes de que el mundo supiese lo que es un coronavirus. Nicola Gratteri, fiscal jefe de Catanzaro y quizá el máximo experto del mundo en la 'Ndrangheta, la mafia más poderosa de Italia, con más de 30.000 afiliados solo en Calabria y capaz de facturar unos 43.000 millones de euros anuales, teme lo peor. “El objetivo de la élite de la ‘Ndrangheta no es solo enriquecerse, sino gestionar poder. En el sur hay miles de personas que han trabajado en negro siempre y han ganado de máximo 40 euros al día… Ese dinero se ha esfumado. El Estado está preparando una inyección que llegará en pocos días, pero mucha gente tiene necesidad y acepta encantada la compra pagada por el capo de turno. También ayudas de 300 o 400 euros. Para ellos no es nada, para el pobre es todo. De ahí surge el modelo del hombre poderoso, que podrá pedir el voto a su candidato cuando haya elecciones”. Toca sembrar.

Las recesiones son oportunidades perfectas para las mafias, advierten el jefe de la Policía de Italia, Franco Gabrielli, y el fiscal general antimafia, Federico Cafiero de Raho. La crisis evapora el dinero líquido. Y organizaciones como la ‘Ndrangheta, cuya principal fuente de ingresos es el tráfico de drogas, lo tienen a raudales, recuerda Gratteri. “Buscarán prestar dinero a usura a empresarios. A intereses bajos, para competir con los bancos. La gente irá a buscarles: hoteleros, restauradores. El objetivo del usurero mafioso es arrebatarles esa actividad comercial cuando poco a poco suba los intereses y el empresario no logre pagar. Una vez sustraída, el mafioso la usará para lavar dinero. Así funciona. Para esto servirá este periodo”.

Sucede en Calabria. Pero también en Sicilia y en los callejones del centro de Nápoles. Cuando el Estado da un paso atrás, los clanes devoran el territorio. Las tres regiones están a la cabeza en pobreza y economía sumergida con cifras de alrededor del 20% de su riqueza, según el Instituto de Estadística Italiano (Istat). Son miles de familias sin prestación alguna en estos tiempos. El Gobierno ha prometido 400 millones de euros a los ayuntamientos para bonos de compra, pero el sistema es lento y la burocracia, mortal para el tejido social. En Palermo y en Nápoles proliferan las denuncias por asaltos a supermercados.

Algunos vecinos, dirigidos por la asociación Liberi di Volare y la Fundación San Gennaro, se han organizado para repartir comida a familias con necesidades en Nápoles. Es otra manera de evitar la infiltración de clanes. Davide Marotta forma parte del escuadrón que distribuye unos 350 paquetes de comida semanales y cheques para la compra en el barrio napolitano de Sanità. “Quien recibe ayuda, muchas veces, no piensa si es de alguien que mata o vende droga. El hambre es hambre. Nápoles ya estaba llena de problemas antes del coronavirus. El Estado está ausente en estas zonas, y la Camorra a menudo lo sustituye. El único mercado que no para es el ilegal. Y utilizan el viejo método del clientelismo político. Lo que hacemos nosotros es ocupar ese espacio”, señala al teléfono el único día que descansan.

Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, que fue uno de los primeros en alertar del incendio social que llegaba a las calles de su ciudad, lo resume así. “Cuando uno está enfermo y el médico no llega, termina acudiendo al curandero. Debemos evitar que llamen a la puerta estos falsos médicos. Los mafiosos están alimentando el malestar social para transformar a los nuevos pobres en correos de droga, esclavos. Solo el dinero público es la alternativa al dinero mafioso. Y esto vale en todo Italia, también en el norte”. Y hoy todo sucede a oscuras.

La pandemia complica el trabajo de investigación, explica uno de los fiscales con más peso en la lucha antimafia en Palermo, que pide anonimato. “En este momento los puntos de escucha, los lugares que estaban intervenidos con micrófonos, sus escondites ya no están dando demasiados frutos porque no los frecuentan. Los coches están parados, en los domicilios estando en familia no siempre se consigue tener información porque hay más ruido y las conversaciones son de otro tipo. Menos se mueve, menos visibles son los encuentros y menos información tenemos nosotros”, apunta. Un alto mando policial experto en la Cosa Nostra matiza algo la situación. “Es más difícil para todos, para ellos que dan cobertura y logística a la distribución de droga, y para nosotros, que debemos seguirles y no podemos camuflarnos entre los coches y la gente”.

La covid-19, sin embargo, corroe a la parte débil de la mafia. La que necesita el ruido para vivir en silencio. Grandes fugitivos, como el capo de la Cosa Nostra, Matteo Messina Denaro, fugado desde hace 26 años, tienen hoy más complicado esconderse. “Son como ballenas. Viven sumergidos y de vez en cuando tienen que salir a la superficie a respirar. Les cazaremos cuando lo hagan... o morirán ahogados”.

El País
Daniel Verdú
Roma, Italia
Domingo 19 de abril de 2020.


Galenos han acudido después del llamamiento de las autoridades de Lombardía

    
Una delegación con más de 50 médicos y enfermeros cubanos ha llegado hoy a Italia para ayudar en la gestión de la emergencia del coronavirus, que ha dejado más de 5,400 fallecidos en el país, según el último balance oficial.

"Aquí están, en Lombardía, nuestros médicos y enfermeros. Vienen de Cuba, solidarios y comprometidos con hacer bien a los necesitados, sin distinción. Los médicos de Cuba vienen en apoyo al pueblo de Italia para combatir el coronavirus", escribió el embajador de Cuba en Italia, José Carlos Rodríguez, en las redes sociales.

Los sanitarios llegaron desde La Habana a Roma, donde hicieron escala para desembarcar después en el aeropuerto de Milán Malpensa, en la capital de Lombardía (norte), la región más afectada por coronavirus, con 27,206 contagios totales y 3,456 fallecidos.

Estos médicos y enfermeros han acudido a Italia después del llamamiento de las autoridades de Lombardía, que solicitaron apoyo internacional para hacer frente a la emergencia.

"La brigada médica cubana arribó a Milán, Italia, el 22 de marzo, integrada por 52 profesionales de la salud para ayudar en el enfrentamiento al nuevo COVID-19", escribió por su parte la Embajada de Cuba en Italia.

El Ministerio de Salud de Cuba publicó otro mensaje en el que destacó que "los médicos cubanos siempre han estado al lado del deber, donde se les ha necesitado, dando muestra del humanismo y la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo. En estos momentos tan difíciles, ayudar a otros países es una forma de combatir el coronavirus desde Cuba".

Estos médicos se sumarán a los nueve expertos chinos que lucharon contra el COVID-19 en la ciudad de Wuhan, foco del brote, y que se encuentran en Italia desde el 13 de marzo, cuando llegaron con 31 toneladas de material sanitario.

Además, el presidente de la región de Lombardía, Attilio Fontana, anunció este domingo que Rusia también va a enviar próximamente a un equipo de médicos, virólogos y enfermeros para ayudar a Italia en esta pandemia.

Fontana no dio detalles, pero según los medios italianos serán ocho brigadas móviles de médicos militares y virólogos y traerán también vehículos especiales para las labores de desinfección y otros equipos médicos.

EFE
Roma, Italia
Domingo 22 de marzo 2020.


Será "un servicio de asesoría técnica, una ayuda fraterna, un diálogo que ayude a la Iglesia en México a reafirmarse en el camino", explicó el portavoz vaticano, Matteo Bruni


El papa Francisco mandará a México una misión para asesorar al clero local en la lucha contra los abusos sexuales a menores que estará encabezada por el arzobispo Charles Scicluna, informó hoy la Santa Sede en su medio digital.

Será "un servicio de asesoría técnica, una ayuda fraterna, un diálogo que ayude a la Iglesia en México a reafirmarse en el camino ya emprendido en la dirección correcta para dar la debida respuesta a las víctimas de abuso sexual de menores por parte de clérigos", explicó el portavoz vaticano, Matteo Bruni, a "Vatican News".

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal español Luis Ladaria, ha encomendado la dirección de esta misión al arzobispo de Malta y su secretario adjunto, Charles Scicluna, que estará asistido por el monseñor Jordi Bartomeu.

Ambos fueron enviados por el papa Francisco a Chile para elaborar un informe con testimonios sobre los casos de abusos a menores y su encubrimiento y el papel de la jerarquía eclesiástica local.

La misión en México se desarrollará entre el próximo 20 y el 27 de marzo y buscará mejorar la respuesta a estos escándalos.

El primer día la misión mantendrá un encuentro con todos los miembros del Episcopado mexicano en Casa Lago (Cautitlán, centro) mientras que el lunes 23 se reunirá con los superiores religiosos del país.

El resto de días la misión estará disponible de todos aquellos que quieran compartir sus experiencias o recibir orientación en la Nunciatura Apostólica (sede diplomática vaticana) y se asegurará la "total reserva y confidencialidad" de lo que se trate.

Para acoger las eventuales solicitudes, la nunciatura ha dispuesto un número telefónico y un correo electrónico, informa el diario vaticano.

El pasado viernes la Santa Sede anunció la institución de un grupo de expertos que se ocuparán de ayudar a las conferencias episcopales y congregaciones que así lo requieran a preparar y actualizar las obligatorias líneas guías para la protección de menores de los abusos por parte del clero.

Y llega un año después de la cumbre convocada por Francisco en el Vaticano para tratar los casos de abusos en distintas partes del mundo, que derivó en medidas como la supresión del secreto pontificio en los casos de abusos a menores.

EFE
Roma, Italia
Lunes 2 de marzo de 2020.


Ya se registran 132 casos y dos fallecidos en Italia


Los temores por la propagación del coronavirus en Italia, donde ya se registran 132 casos y dos fallecidos, han hecho que se cancele el carnaval de Venecia y se cierren las escuelas durante la semana próxima en Lombardía, Véneto y Piamonte.

El presidente de la región de Véneto, Luca Zaia, informó que de acuerdo con el ministro de Sanidad, Roberto Speranza, "se han cancelado todos los eventos públicos y privados y se ha dispuesto el cierre de escuelas y museos hasta el 1 de marzo, incluido el carnaval de Venecia".

El carnaval de Venecia, uno de los eventos más importantes de la ciudad de los canales, había comenzado hace una semana y tenía previsto concluir el próximo martes.

La decisión de cancelar los eventos públicos y privados y todas las actividades escolares ya se había tomado en la región de Lombardía, la más afectada con 89 casos.

El número de contagiados por el coronavirus hasta el momento en cuatro regiones del norte de Italia asciende a 132, después de haber realizado cerca de 3,000 análisis a sospechosos de tener la enfermedad, informó este domingo el jefe de la Protección Civil italiana, Angelo Borrelli.

EFE
Roma, Italia
Domingo 23 de febrero 2020.


A 40 años de la muerte de Pier Paolo Pasolini (que conmemoramos el próximo 2 de noviembre), como una expresión de gratitud por la desbordante lucidez y coherencia que mantuvo a lo largo de su creación, publicamos la última entrevista que concedió el autor, unas pocas horas antes de su asesinato.

Entrevista de Furio Colombo a P. P. Pasolini, el 1 de noviembre de 1975

--Pasolini, en tus artículos y en tus escritos has dado muchas versiones de lo que detestas. Has abierto una lucha, solo, contra muchas cosas, instituciones, convicciones, personas, poderes. Para que sea menos complicado el discurso yo diré «la situación», y tú sabrás que quiero hablar de la escena en contra de la que, en general, te bates. Ahora te hago esta objeción. La «situación», con todos los males que tú dices, contiene todo lo que te permite ser Pasolini. Quiero decir: tuyo es el mérito y el talento. ¿Pero los instrumentos? Los instrumentos son de la «situación». Editorial, cine, organización, hasta los objetos. Pongamos que el tuyo sea un pensamiento mágico. Haces un gesto y todo desaparece. Todo eso que detestas. ¿Y tú? ¿Tú no te quedarías solo y sin medios? Quiero decir medios expresivos, quiero...

--Sí, he entendido. Pero ese pensamiento mágico yo no sólo lo intento, sino que me lo creo. No en el sentido mediático. Sino porque sé que golpeando siempre sobre el mismo clavo puede hasta derribarse una casa. En pequeño, un buen ejemplo nos lo dan los radicales, cuatro gatos que consiguen remover la conciencia de un país (y tú sabes que no siempre estoy de acuerdo con ellos, pero precisamente ahora estoy a punto de salir para ir a su congreso). En grande, el ejemplo nos lo da la historia. El rechazo ha sido siempre un gesto esencial. Los santos, los ermitaños, pero también los intelectuales. Los pocos que han hecho la historia son aquellos que han dicho no, en absoluto los cortesanos y los ayudantes de los cardenales. El rechazo, para funcionar, debe ser grande, no pequeño, total, no sobre este o aquel punto, «absurdo», no de sentido común. Eichmann, amigo mío, tenía mucho sentido común. ¿Qué le faltó? Le faltó decir no, antes, al principio, cuando lo que hacía era sólo administración rutinaria, burocracia. A lo mejor incluso habrá dicho a los amigos: a mí ese Himmler no me gusta mucho. Habrá murmurado, como se murmura en los editoriales, en los periódicos, en el amiguismo y en la televisión. O también se habrá rebelado porque este o aquel tren se paraba una vez al día para las necesidades y el pan y el agua de los deportados, cuando hubieran sido más funcionales o más económicas dos paradas. Pero nunca ha bloqueado la maquinaria. Entonces los problemas son tres. Cuál es, como dices tú, «la situación», y por qué se debería pararla o destruirla. Y cómo.

     --Eso es, describe “la situación”. Sabes perfectamente que tus intervenciones y tu lenguaje tienen un poco el efecto del sol que atraviesa el polvo. Es una imagen bella, pero se entiende poco.

     --Gracias por la imagen del sol, pero pretendo mucho menos. Pretendo que mires a tu alrededor y te des cuenta de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? La tragedia es que ya no somos seres humanos, somos extrañas locomotoras que chocan unas contra otras. Y nosotros, los intelectuales, tomamos el horario de los trenes del año pasado, o de hace diez años, y decimos: qué extraño, esos dos trenes no pasan por ahí, ¿cómo es que se han destrozado de esa manera? O el maquinista se ha vuelto loco o es un criminal aislado o se trata de un complot. El complot, sobre todo, nos hace delirar. Nos libera de todo el peso de enfrentarnos solos a la verdad. Qué bien si mientras nosotros estamos aquí charlando alguno en una taberna está haciendo planes para deshacerse de nosotros. Es fácil, es sencillo, es la resistencia. Perderemos algunos camaradas y después nos organizaremos y quitaremos de en medio a los otros, ¿no te parece? Yo sé que cuando dan en televisión ¿Arde París?, todos están ante el televisor, con lágrimas en los ojos y unas ganas locas de que la historia se repita, bella, limpia (un efecto del tiempo es que “lava” las cosas, como las fachadas de las casas). Sencillo; yo aquí, tú allí. No hagamos bromas con la sangre, el dolor, la fatiga que la gente pagó entonces por “elegir”. Cuando estás con la cara aplastada contra aquel momento, aquel minuto de la historia, elegir es siempre una tragedia. Pero, admitámoslo, era más sencillo. El fascista de Saló, el nazi de las SS, el hombre normal, con la ayuda del valor y de la conciencia, consigue rechazarlo, incluso de su vida interior (que es donde empieza siempre la revolución). Pero ahora no. Uno se te viene encima vestido de amigo, es gentil, cortés, y “colabora” (pongamos que en la televisión), por ir tirando o porque no es un delito. El otro –o los otros, los grupos- te sale al encuentro o se te echa encima –con sus chantajes ideológicos, con sus sermones, sus prédicas, sus anatemas, y tú sientes que también son amenazas. Desfilan con banderas y consignas, pero ¿qué los separa del “poder”?

     --¿Qué es el poder, según tú, dónde está, dónde se encuentra, cómo lo sacas de su madriguera?

     El poder es un sistema de educación que nos divide en subyugados y subyugadores. Pero cuidado. Un mismo sistema educativo que nos forma  a todos, desde las llamadas clases dirigentes hasta los pobres. Por eso todos quieren las mismas cosas y se portan de la misma manera. Si tengo en las manos un consejo de administración o una operación bursátil, los utilizo. Si no, una barra de hierro. Y cuando utilizo una barra de hierro hago uso de  mi violencia para obtener lo que quiero. ¿Por qué lo quiero? Porque me han dicho que es una virtud quererlo. Yo ejerzo mi derecho-virtud. Soy asesino y soy bueno.

     --Te han acusado de no distinguir política e ideológicamente, de haber perdido el sentido de la diferencia profunda que tiene que haber entre fascistas y no fascistas, por ejemplo, entre los jóvenes.

     Por eso te hablaba del horario ferroviario del año pasado. ¿Nunca has visto esas marionetas que hacen reír tanto a los niños porque tienen el cuerpo vuelto de una parte y la cabeza de la otra? Me parece que Totó hacía un truco parecido. Así veo yo la inmensa tropa de intelectuales, sociólogos, expertos y periodistas de las intenciones más nobles, las cosas suceden aquí y la cabeza mira hacia allá. No digo que no exista el fascismo. Digo: dejad de hablarme del mar mientras estamos en la montaña. Este es un paisaje distinto. Aquí existe el deseo de matar. Y este deseo nos ata como hermanos siniestros de un fracaso siniestro de todo un sistema social. También a mí me gustaría que todo se resolviese con aislar a la oveja negra. Yo también veo las ovejas negras. Veo muchas. Las veo todas. Este es el problema, ya se lo he dicho a Moravia: por la vida que llevo pago un precio... Es como uno que baja al infierno. Pero cuando vuelvo - si vuelvo - he visto otras cosas, más cosas. No digo que tengan que creerme. Digo que tienen que cambiar continuamente de discurso para no enfrentarse a la verdad.

     --¿Y cuál es la verdad?

     --Siento haber utilizado esta palabra. Quería decir «evidencia». Deja que ponga otra vez las cosas en orden. Primera tragedia: una educación común, obligatoria y equivocada que nos empuja a todos a la competición por tenerlo todo a toda costa. A esta arena nos empuja como una extraña y oscura armada en la que unos tienen los cañones y otros tienen las barras de hierro. Entonces, una primera división, clásica, es «estar con los débiles». Pero yo digo que, en un cierto sentido, todos son los débiles, porque todos son víctimas. Y todos son los culpables, porque todos están listos para el juego de la masacre. Con tal de tener. La educación recibida ha sido: tener, poseer, destruir.

     --Entonces deja que vuelva a la pregunta inicial. Tú, mágicamente anulas todo. Pero vives de los libros, y necesitas inteligencias que lean. Es decir, consumidores educados del producto intelectual. Tú haces cine y necesitas no sólo de grandes plateas disponibles (de hecho, por lo general tienes mucho éxito popular, o sea eres «consumido» ávidamente por tu público) sino también de una gran maquinaria técnica, organizativa, industrial, que está en medio. ¿Si quitas todo eso, con una especie de mágico monaquismo de tipo paleo-católico y neo-chino, qué te queda?

     --A mí me queda todo, o sea yo mismo, ser vivo, estar al mundo, ver, trabajar, comprender. Hay cientos de maneras de contar las historias, de escuchar las lenguas, de reproducir los dialectos, de hacer el teatro de los títeres. A los otros les queda mucho más. Pueden hacerme frente, cultos como yo o ignorantes como yo. El mundo se hace grande, todo pasa a ser nuestro y no tenemos que utilizar ni la Bolsa, ni el consejo de administración, ni la barra de hierro para depredarnos. Ves, en el mundo que muchos de nosotros soñábamos (repito: leer el horario de trenes del año anterior, pero en este caso podemos decir de muchos años antes) había el patrón infame con el sombrero de copa y los dólares que se le colaban de los bolsillos y la viuda demacrada que pedía justicia con sus niños. El buen mundo de Brecht, en suma.

     --Es como decir que tienes nostalgia de aquel mundo.

     ¡No! Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado. Yo tengo miedo de estos negros en revuelta, iguales al patrón, otros saqueadores que quieren todo a toda costa. Esta oscura obstinación en la violencia total no deja ver ya «de qué signo eres». A cualquiera que lleven al hospital al final de su vida sea llevado moribundo al hospital le interesa más -si tiene todavía un soplo de vida - qué le dirán los médicos sobre sus posibilidades de vivir que qué le dirán los policías sobre la mecánica del delito. Date cuenta de que yo no hago ni un proceso de intenciones ni me interesa ya la cadena causa efecto, primero ellos, o primero él, o quién es el jefe-culpable. Me parece que hemos definido lo que tú llamas la «situación». Es como cuando en una ciudad llueve y se han atorado las alcantarillas. El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia, no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un río. Mas, por la razón que sea no baja, sino que sube. Es la misma agua de lluvia de muchos poemitas infantiles y de las musiquillas del «cantando bajo la lluvia». Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a este punto yo digo: no perdamos todo el tiempo en poner una etiqueta aquí y otra allá. Veamos cómo se desatasca esta maldita bañera, antes que nos ahoguemos todos.

     --Y tú, por eso, quisieras que todos fuesen pastorcillos sin enseñanza obligatoria, ignorantes y felices.

     Dicho así sería una estupidez. Pero la llamada enseñanza obligatoria fabrica a la fuerza gladiadores desesperados. La masa se hace más grande, como la desesperación, como la rabia. Admitamos que yo haya tenido una salida de tono (aunque no lo creo). Decidme vosotros otra cosa. Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de sí misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo. Lo mejor de lo que pienso podrá hasta inspirarme uno de mis próximos poemas. Pero no lo que sé y lo que veo. Quiero decir con toda franqueza: yo bajo al infierno y sé cosas que no molestan la paz de otros. Pero presten atención. El infierno está subiendo también entre ustedes. Es verdad que sueña con su uniforme y su justificación (a veces). Pero es también verdad que sus ganas, su necesidad de golpear con la barra de hierro, de agredir, de matar, es fuerte y es general. No será por mucho tiempo la experiencia privada y peligrosa de quien, cómo decirlo, ha tocado «la vida violenta». No se hagan ilusiones. Y ustedes, con la escuela, la televisión, lo pacato de sus periódicos, ustedes son los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y  en la idea de destruir. Dichosos ustedes que se quedan tan felices cuando pueden poner sobre un crimen su buena etiqueta. A mí esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masa. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas.

     --Pero abolir tiene que decir a la fuerza crear, si no tú también eres un destructor. Los libros por ejemplo, ¿qué será de ellos? No quiero hacer el papel de quien se angustia más por la cultura que por la gente. Pero esta gente salvada, en tu visión de un mundo diferente, ya no puede ser primitiva (esta es una acusación frecuente que te hacen) y si no queremos utilizar la represión «más avanzada»...

     Que me da escalofríos.

     ---Si no queremos utilizar frases hechas, una indicación tiene sin embargo que existir. Por ejemplo, en la ciencia-ficción, como en el nazismo, se queman siempre los libros como gesto inicial de exterminio. Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animas tu belén?
     Creo haberme ya explicado con Moravia. Cerrar, en mi lenguaje, quiere decir cambiar. Cambiar, pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para ustedes una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay debajo? Aquí falta el cirujano que tiene el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo. Es decir, antes de todo será necesario hacer no sólo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de qué país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todo tipo.

     --¿Por qué piensas que para ti ciertas cosas están tan más claras?

     --No quisiera hablar más de mí, quizás he hablado, dicho incluso demasiado. Todos saben que yo mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro.

     --Pasolini, si ves la vida así - no sé si aceptarás esta pregunta-: ¿cómo piensas evitar el peligro y el riesgo?

     Se ha hecho tarde, Pasolini no ha encendido la luz y se hace difícil tomar apuntes. Miramos juntos los míos. Luego me pide que le deje las preguntas.

     --Hay puntos que me parecen demasiado absolutos. Deja que lo piense, que los relea. Y dame tiempo para encontrar una conclusión. Tengo una cosa en mente para responder a tu pregunta. Para mí es más fácil escribir que hablar. Te dejo las notas que añada mañana por la mañana».

     Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini estaba en el tanatorio de la policía de Roma.

Texto de la entrevista de Furio Colombo a Pier Paolo Pasolini publicada en el suplemento  “Tuttolibri” del periódico La Stampa del 8 de noviembre de 1975.

Traducción de Andrea Perciaccante.

Cine Sentido (Blog)
Ciudad de México
Martes 3 de diciembre de 2019.


La Mostra de Venecia consagró este jueves con el León de Oro a la Carrera al cineasta español Pedro Almodóvar, quien recibió el prestigioso premio como un "acto de justicia poética".

El cineasta, que el director del certamen, el crítico italiano Alberto Babera, considera "el más grande e influyente" cineasta español desde Luis Buñuel, no ha recibido hasta ahora ninguno de los mayores galardones de los festivales europeos como Cannes y Venecia.

"Treinta años después me están dando el León de Oro por una película de 1988. Es un acto de justicia poética", comentó divertido durante una conferencia de prensa celebrada poco antes de la ceremonia oficial en la Sala Grande.

El realizador se refería al filme "Mujeres al borde de un ataque de nervios", que compitió ese año en la Mostra veneciana y que había entusiasmado al presidente del jurado de entonces, el cineasta italiano Sergio Leone.

En su honor el festival proyecta justamente la película que lo catapultó en la escena internacional.

Almodóvar, que el 25 de septiembre cumple 70 años, alcanzó fama mundial con el colorido y el atrevimiento de sus películas e inició su carrera internacional justamente en el festival de Venecia.

"Mi bautizo fue aquí, en este festival, en 1983 con el filme 'Entre tinieblas'", recordó.

"Venir a un festival internacional me parecía un milagro", rememora al repasar su trayectoria cinematográfica.

"Yo me sentía muy orgulloso de las actrices, eran maravillosas. Representaban a una España ultramoderna", dijo.

- España, su inspiración -

"España despertaba de una larga dictadura de 40 años (…) Lo más importante de 'la movida' (movimiento artístico durante los primeros años de la transición postfranquista) era el hecho de haber perdido el miedo y poder gozar de una enorme libertad", reconoció.

El "león herido", como lo llamó la prensa italiana, recibió emocionado el galardón que se añade a sendos Óscar por dos de sus mayores éxitos: los melodramas "Todo sobre mi madre" y "Hable con ella".

El renombrado cineasta, conocido por películas desenfadadas y corrosivas y que ha evolucionado hacia un cine más introspectivo, reconoció que su cine es el "producto de la democracia española".

"Mis películas son la demostración de que es real", comentó.

"Cuando empecé a hacer cine no se hablaba de diversidad. La vida entonces era muy diferente", señala.

"Impuse como director en mis filmes toda la variedad que había en la vida", confesó al referirse a las temáticas almodovarianas: masoquismo, homosexualidad, masturbación, droga, pornografía, ataques a la religión.

"Para mí era la vida misma", añadió en una alusión a su homosexualidad.

"Todas las orientaciones sexuales eran bienvenidas. Mis personajes han tenido autonomía moral, sean transexuales, monjas o amas de casa", explicó.

"El cambio que se operaba en esos años en España era lo que me fascinaba", contó.

"La calle y la noche madrileña eran interminables. Era una gran diversidad y me formé en esa universidad", admite.

El cineasta confesó que en sus películas reina el color por una suerte de "reacción" contra su tierra de nacimiento.

"Hay como una reacción en contra del lugar donde nací, La Mancha, entonces extremadamente conservadora, calvinista, se veía poco el color y es muy árida. Lo contrario a como yo me sentía", admite.

"No recuerdo haber visto el color rojo en mi infancia. Sólo el negro del luto….", asegura con su tradicional estilo irónico.

AFP
Venecia, Italia
Jueves 29 de agosto de 2019.


    El Tribunal Supremo confirma la absolución de Berlusconi por el 'Caso Ruby'.


La modelo marroquí Imane Fadil, una de las participantes en las famosas fiestas 'bunga-bunga' del exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi y testigo en el proceso contra él por prostitución de menores en el caso Ruby, ha muerto presuntamente envenenada.

La Fiscalía de Milán (norte de Italia) anunció este viernes que investiga el fallecimiento de la modelo, de 34 años, ocurrido el 1 de marzo en el hospital Humanitas pero que no trascendió hasta hoy, y que las pesquisas son por "homicidio voluntario".

Según medios italianos, la mujer estaba ingresada desde finales de enero y su muerto tuvo lugar "después de un largo sufrimiento".

La Fiscalía no excluye ninguna hipótesis, entre ellas la del envenenamiento, pues la propia Imane había comentado a su familia y su abogado que temía haber sido envenenada.

"Estamos trabajando sobre esa hipótesis", señaló el fiscal de Milán, Francesco Greco.

Reveló que se han encontrado algunas irregularidades en el expediente médico de la paciente, de lo que puede deducirse una sintomatología de envenenamiento,  por lo que se ha ordenado la realización de una autopsia.

Fadil se sintió mal en la casa de un amigo en enero y el 29 de ese mes fue ingresada en el hospital Humanitas de Rozzano, en las afueras de Milán, al principio en cuidados intensivos.

La modelo marroquí fue testigo en el llamado caso Ruby que se desarrolló desde 2011 en el Tribunal Penal de Milán contra Berlusconi por supuesto abuso de poder e incitación a la prostitución de menores, en relación a las "cenas elegantes" que se celebraban en su villa San Martino de Arcore, próxima a Milán.

Ruby era el apodo de la también marroquí Karima El Marough, que mantuvo relaciones sexuales con Berlusconi cuando aún no había cumplido 18 años.

El 'cavaliere' fue condenado el 24 de junio de 2013 a siete años de prisión y a la inhabilitación perpetua para el ejercicio de un cargo público por el caso Ruby, pero un año después el Tribunal de Apelaciones de Milán le absolvió de esos delitos de abuso de poder e incitación a la prostitución de menores.

En 2015, el Supremo italiano confirmó la absolución, al mostrar su acuerdo con el fallo del Tribunal de Apelación que determinó que Berlusconi no tenía por qué saber que la joven era menor de edad.

Durante sus declaraciones como testigo en el caso Ruby, Imane Fadil ofreció numerosos detalles de las orgías con jovencitas del entonces septuagenario Berlusconi y sus amigos, como por ejemplo que algunas chicas se disfrazaban de monjas y luego se iban quedando desnudas y cómo el entonces primer ministro les ofrecía sobres con dinero.

EFE
Roma, Italia
Viernes 15 de marzo de 2019.


El escritor y filósofo italiano ha fallecido a los 84 años, según informa el diario 'La Repubblica'

A los 84 años, y sin perder en ningún momento la curiosidad crítica, murió anoche en Milán el escritor, filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco. La noticia fue comunicada al diario italiano La Repubblica por la familia. Falleció a las 22.30 en su casa. El autor de obras imprescindibles como El nombre de la rosa, en 1980, o El péndulo de Foucault, en 1988, había nacido en Alessandria el 5 de enero de 1932. La última de las obras de su fecunda carrera como autor de novelas de éxito y ensayos de semiótica, estética medieval o filosofía, fue Número cero, una mirada crítica del gran experto de la comunicación sobre una crisis del periodismo que, advertía, empezó “en los cincuenta y sesenta, justo cuando llegó la televisión”.

“Hasta entonces”, contaba en una entrevista de Juan Cruz publicada por EL PAÍS en marzo de 2015, “el periódico te contaba lo que pasaba la tarde anterior, por eso muchos se llamaban diarios de la tarde: Corriere della Sera, Le Soir, La Tarde, Evening Standard… Desde la invención de la televisión, el periódico te dice por la mañana lo que tú ya sabías. Y ahora pasa igual. ¿Qué debe hacer un diario?”. Esa era la duda —la curiosidad vestida de pesimismo— que lo llevó a publicar su último libro y a mantener su mirada despierta hacia todo lo que ocurría a su alrededor.

La trama de Número cero está ambientada en 1992, un año clave de la historia italiana por el caso Tangentópolis, y se desarrolla en la redacción de un periódico en ciernes donde confluyen la logia masónica P2, las Brigadas Rojas, el fin de una era y la aparición de otra —con Silvio Berlusconi a punto de saltar al escenario— que desvaneció muchas esperanzas hasta convertirse en la Italia desorientada de hoy. Todo ello lo miró, lo analizó y lo escribió Eco.

Tras difundir la noticia de su fallecimiento —pocas veces la expresión Italia está de luto ha tenido tanto sentido—, el diario La Repubblica escribió en su web un titular que resume muy bien la personalidad de Eco y el respeto, casi unánime, que despertaba en Italia: “Muere Umberto Eco, el hombre que lo sabía todo”. Como destacaba Il Corriere della Sera, Eco ha sido una presencia constante e imprescindible de la vida cultural italiana del último medio siglo, pero su fama, a nivel mundial, se debe al extraordinario éxito de El nombre de la rosa, del que se vendieron millones de copias en todo el mundo. “Recorrer la vida y la carrera de Umberto Eco”, explica el diario de Milán, “significa también reconstruir un pedazo importante de nuestra historia cultural”.

La vida académica de Eco se inició en 1954 en Turín. Aquel año se doctoró en Filosofía, pero también participó en un concurso de la RAI —la televisión pública italiana— en el que venció y que lo convirtió en compañero del periodista Furio Colombo y del filósofo Gianni Vattimo en una aventura de complicidades siempre ligada al mundo de la cultura. En los sesenta trabajó como profesor agregado de Estética en las universidades de Turín y Milán y participó en el Grupo 63 publicando ensayos sobre arte contemporáneo, cultura de masas y medios de comunicación. Entre estos ensayos los más conocidos son Apocalípticos e integrados y Opera aperta. El semiólogo milanés también fue catedrático de Filosofía en la Universidad de Bolonia, donde puso en marcha la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, conocida como la Superescuela, porque su objetivo es difundir la cultura internacional entre licenciados con un alto nivel de conocimientos. También fundó la Asociación Nacional de Semiótica.

Entre sus innumerables premios está el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades del 2000. Inquieto hasta el fin, acababa de lanzar una nueva editorial, La Nave de Teseo.

En un discurso en la Universidad de Turín, Eco aplicó su mirada crítica –no todo es positivo ni negativo en su totalidad—a las redes sociales: “El fenómeno de Twitter es por una parte positivo, pensemos en China o en Erdogan. Hay quien llega a sostener que Auschwitz no habría sido posible con Internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero por otra parte da derecho de palabra a legiones de imbéciles”.

El País
Pablo Ordaz
Roma, Italia
Viernes 19 de febrero de 2016.

Un epígono de la gran comedia italiana

Merecedor del Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes de 1976 por Brutos, feos y malos, una de sus comedias más demoledoras y agridulces, un año después, esta misma muestra volvió a distinguir a Ettore Scola con un Premio Especial del Jurado por Una jornada particular, uno de sus dramas más conmovedores.

Especialmente admirado en la cita francesa, ya en 1980, La terraza, su cinta de entonces, fue merecedora del Premio al mejor guión. Fallecido ayer en Roma, Scola fue un epígono antes que un representante propiamente dicho de esa gran comedia italiana que sucedió al neorrealismo.

De hecho, su primer empleo en la industria del cine fue el de guionista de algunos de los maestros de dicha comedia. Así, para el gran Dino Risi escribió maravillas como La escapada (1962), entre otros muchos libretos. Ettore Scola nació en Trevico en 1931.

Aunque llegó a licenciarse en Derecho en Roma, apenas ejerció. En los comienzos de su carrera se empleó como periodista. Colaborador en la revista Mar' Aurelio, un hito en la prensa satírica italiana, allí, además de redactor, fue ilustrador. Llegó a publicar con regularidad algunas viñetas.

 Su recorrido, relativamente frecuente en el oficio de libretista, fue muy semejante al del español Rafael Azcona. Ya a comienzos de los años 50, cuando el neorrealismo asiste a sus últimos estertores y despunta una comedia vitalista, aunque a menudo dirija su mirada a los mismos paisajes desolados de los neorrealistas, Scola comienza a escribir para Domenico Paolella -Canzoni, canzoni, canzoni (1953)-, Mario Mattoli -Las noches de Cleopatra (1954)-, Steno -Un americano a Roma (1954)- e incluso Mauro Bolognini -Guardias de Roma (1955)-.

Su actividad como guionista se prolonga hasta bien entrados los años 60. Ya como realizador él mismo, Ettore Scola escribió todos sus guiones. A excepción de brillantes adaptaciones como La noche de Varennes (1982), sobre una novela de Catherine Rihoit, y alguna otra, sus argumentos siempre fueron originales. Emplazó su tomavistas por primera vez para Se permettete parliamo di donne (1964).

Pero su estilo no empezó a despuntar hasta El demonio de los celos (1970). Fue además su primera colaboración con Marcello Mastroianni, quien a partir de entonces se convertiría en su protagonista más asiduo. También fue entonces cuando dejó entrever por primera vez su compromiso con el Partido Comunista Italiano.

Con lo años dedicaría a esta formación varios documentales. Festival dell'Unità 1972 (1972) fue el primero de ellos. En la cartelera española, Ettore Scola se hizo notar por primera vez con Brutos, feos y malos, una sátira brutal sobre el hacinamiento y las miserias de una familia chabolista de Roma. Su consagración definitiva llegó con Una jornada particular. Protagonizada por Mastroianni y Sofía Loren, algo así como la pareja por excelencia del gran cine italiano.

En aquella ocasión, ella interpretaba a Antonietta, la mujer de un fascista que se ha quedado sola en casa porque su marido ha ido a presenciar el encuentro entre Hitler y Mussolini con toda su prole. Por su parte, Mastroianni recreaba a Gabrielle, un homosexual que espera en el mismo edificio que la policía vaya a detenerle.

Un amor solidario, fugaz, imposible, surgirá entre ambos. Localizada en un único decorado, el procedimiento, que el realizador utilizaría con singular maestría, sería frecuente en su cine a partir de entonces. A él hay que adscribir La terraza y La sala de baile (1983).

Su paroxismo vino dado en La familia (1986). Bien en el circuito de la versión original, bien en la cartelera comercial, mediados los años 80, el gran Ettore Scola era una de los pocos cineastas italianos que estrenaba con regularidad en las pantallas españolas. Macarroni (1985), una de sus últimas colaboraciones con Mastroianni, fue otra de sus cintas más celebradas. Pero, a decir de la crítica, el realizador ya había dado lo mejor de sí.

 Después llegaron obras menores como Mario, María, Mario (1993), una reflexión sobre el hundimiento del PCI a través de un triángulo amoroso, o La cena (1998), una comedia coral de decorado único. Su filmografía se prolongó hasta 2013, cuando fue a ponerla fin un documental sobre Fellini: Qué extraño llamarse Federico.

El Mundo
Javier Memba
Madrid, España
Miércoles 20 de enero de 2016.

Crítica al último libro del escritor y filósofo italiano, muy bien lograda parodia de periodismo y política.

Umberto Eco, el escritor que tiene una biblioteca de 35.000 volúmenes, utilizó el género novelístico con perfiles policíacos para exponer con una prosa sencilla y agradable una honda reflexión sobre el periodismo contemporáneo. Y, aunque él la tildó como de “temas rápidos”, parece que todo le salió bien. Eco nos ha dado un libro irónico, satírico, denunciador, aleccionador y cínico. La novela se llama Número cero, el cero que, según nos enseñaron, es ausencia de cantidad o conjunto vacío; aquí, por el contrario, es información dura y en cantidades. Como número secreto y quizá amenazador.

La novela Número cero, que empieza en 1992, es narrada por Colonna, un antiguo traductor de alemán y segundo de a bordo, y puede ser parodia, lección periodística, sátira o humor sutil. Funciona con cualquiera de estas opciones. Las sesiones de la sala de redacción, de un periódico que nunca llega a publicarse, es un muestreo de astucias y de recursos periodísticos discutibles, pues la dirección del órgano, a cargo de Simei, participa de la idea de que la noticia no hace al periódico, sino al contrario: es el periódico el que hace la noticia. Es decir, puede crearla, distorsionarla, manipularla.

En medio del análisis de la condición humana, ráfagas de sátiras y datos históricos, inserto todo en una estructura elaborada con una especie de notas cronológicas no continuas y atizadas por buenos diálogos y recursos documentales, inclusive televisivos, Número cero se entrega generosa a cualquier lector rectilíneo. Desconcierta un poco que la traducción sea al español de España, que, como se sabe, es ínfimo si se compara con la inmensa masa hispanoparlante. Construcciones como “… con tal que no me tumbe a hostias”, “un tío que me tire los tejos”, “se me cargaron siempre en las oposiciones”, o “no tengo blanca” no son de fácil comprensión para por lo menos quinientos millones de hablantes de la lengua española.

El dueño de ese experimento es un multimillonario conocido como el Comendattore Vimercate, plutócrata que aspira entrar al mundo de las comunicaciones y las finanzas para aumentar su poder de amedrentamiento, y que algunos comentaristas han asimilado al nombre de Silvio Berlusconi. Eco en forma audaz utiliza esta novela para plantear, sin favoritismos, una crítica a la prensa contemporánea, con un lenguaje ágil y convincente, y hay que abonarle que sale bien librado. Un panfleto de denuncia o una conferencia no hubieran tenido la misma eficacia que esta novela, que se deja leer con interés, tensión, gracia y un señuelo de misterio.

En esas reuniones internas de Domani, que es el nombre del periódico que no es periódico, se refresca la idea de cómo se inventa un reportaje, cómo se fraguan los temas y cómo se desmienten los desmentidos, entre otras artimañas. Y los seis periodistas que tiene este órgano en penumbra, encabezado por el veterano Colonna, hacen su práctica y traen los ejemplos como si fuera una lección estudiantil frente a un maestro riguroso. Cada periodista somete a juicio de Simei y de los otros las ideas que le han surgido, las investigaciones que ha hecho y los reportajes que podría escribir. Casi todas las propuestas son negadas o desmanteladas y algunos de los redactores quedan golpeados por la capacidad destructiva del flamante director. El mismo que afirmaba de manera rotunda: “Los acontecimientos culturales hay que referirlos en forma de entrevista”.

Entre los muchos temas a investigar surge, por ejemplo, el de un espacio que sospechosamente está instalado, no para venderle al público, sino para limpiar dinero de la mafia. Casi siempre pasa solo, pero no cierra sus puertas y resiste el fiasco económico. Y allí Eco nos da una lección de cómo se puede vender una sola taza de café en el día, pero se pueden elaborar cien facturas como venta ficticia y hacer que ese dinero supuestamente recibido llegue a los bancos como entradas legales del negocio.

Número cero es un libro que arranca la sonrisa y se mete a la crítica histórica utilizando el periodismo, e indaga no sólo en el hecho social sino que profundiza en la profesión de periodista, en los mecanismos que maneja y en la ética que practica. Para corroborarlo, en su texto están las denuncias judiciales, las tergiversaciones históricas, los acomodamientos noticiosos, la liviandad de los horóscopos, los intereses creados, la idea persistente de que lo que hipotéticamente se publique no perjudique al Comendattore, gran dueño y señor de todo el juego, ubicado en la distancia y en la sombra. Entendiendo en forma clara que el Domani no es para intelectuales sino para lectores de periódicos, “como mucho, dice Simei, de la Gazzetta Della Sport”.

En la novela, digámoslo así, se desparraman todos los laberintos del oficio. Todo el visceraje queda expuesto a la vista. Investigación crítica, muestra de las ambiciones y debilidades humanas, encarnadas especialmente en Simei, Braggadocio, Maia, el soplón Lucidi y Colonna, hombre maduro que a la entrada del libro se declara distante de las mujeres y jefe de redacción de un periódico que nunca llega a publicarse. Los diálogos entre estos personajes, cada quien signado por su desgracia, son refrescantes, tienen fondo, sarcasmo y poseen un acentuado sentido humano. Valga recordar la disertación sobre los lugares comunes en la redacción periodística. Eco incluye con burla a medio camino una deliciosa lista, aplicable en cualquier parte: “no bajemos la guardia”, “yerba mala nunca muere”, “hay que encarrilar al país”, “desenterrar el hacha de la guerra”, “el índice de audiencia se ha desplomado”, “tranquilizar a los mercados”, “ha empezado la operación retorno”, “lanzar una señal clara”, “bajo la lupa de los investigadores”, “echar un jarro de agua fría”, “no satanizar al adversario”, y siga usted imaginando.

Hacer un periódico que nunca se publica, tomando inclusive prestada la publicidad, es un ejercicio que no todo el mundo soporta. Claro, te pagan, pero más allá del sueldo está el resultado del trabajo, el producto, que en nuestro caso nunca se ve. Hay una especie de alienación invisible. Esto, por ejemplo, destroza a Maia, que pensaba iba a ingresar a un órgano respetable y resulta destrozada por esa experiencia. Esa atmósfera se ensancha cuando sabemos que cada uno de los seis periodistas, que procedían de medios livianos, tenía esperanzas en Domani, pues todos venían de la frustración o del fracaso. Y por eso soportan y asimilan las exigencias de Simei. Ya saben o recuerdan que hay que tener fuentes en todos los ámbitos, incluidos los no legales, para que la información fluya abundante y a tiempo. Así, por un lado, se impacta al público; y por el otro, se adelantan a la competencia.

El gran caso es el de la muerte de Mussolini y sus connotaciones políticas, investigado o imaginado por el periodista Braggadocio, y se centra en el asunto del doble. No es demasiado original, pero parece que sí se ha dado en la historia. Como muchos dictadores o sátrapas, Benito Mussolini también tenía un doble, y a ese es el que detienen los partisanos, lo ocultan, lo suben y lo bajan y lo llevan a distintos pueblos. Al final el coronel Valerio recibe la orden de fusilarlo de inmediato, pues el Frente de Liberación, entre ellos Luigi Longo, que después sería secretario general del partido comunista italiano, teme que los aliados, específicamente los EE.UU., que ya habían entrado al país, lo tomen bajo su custodia, le hagan un juicio legal que lo deje vivo y en prisión, le saquen toda la información posible, y que luego, al pasar de los años y ya libre, Mussolini se convierta en un estorbo permanente para la democracia italiana. El Duce, o su doble, es fusilado, junto con la amorosa Claretta Petacci, el 28 de abril de 1945; luego es pateado, ultrajado e inclusive orinado por una mujer en venganza por los cinco hijos que le habían asesinado por orden del dictador.

La novela, que tiene una clara posibilidad cinematográfica, también narra en el tercio final la relación amorosa que desarrollan el veterano periodista Colonna y su joven colega Maia, y esto que puede parecer en él un gesto de debilidad le otorga fortaleza y le concede la renovación de la esperanza, pese a que había transitado las trochas más espinosas. Como las que se dan en las sugerencias de ética espuria que se presentan, especialmente por parte de Simei, cuando se reúne la sala de redacción. Para satisfacer la curiosidad basta con un ejemplo que es muy conocido en estos lares: “Tengan en cuenta que hoy en día para rebatir una acusación, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador”.

El que la historia ha llamado el golpe Borghese se planificó desde 1969 y estaba encaminado a restablecer a Mussolini en el poder, porque, según Braggadocio, el que había muerto era el doble, y el verdadero Duce, por la protección que le brindó el papado, vivía oculto en Argentina. Pero quién era el tal Borghese. La novela lo dice: el nombre del jefe complotado era Junio Valerio Borghese, conocido como el “príncipe negro”, fascista de tiempo completo, admirador rendido del dictador de la cabeza rapada.

La investigación de la muerte de Mussolini, adelantada con empeño e imaginación por Braggadocio, el hombre que olfateaba conspiraciones en todas partes, se ramificó y estableció vínculos con los que organizaron el golpe de Estado de Borghese, la protección que el Vaticano le dio al dictador, el lavado de dinero en los bancos de la Iglesia, la logia P2, la muerte de Aldo Moro, el sospechoso fallecimiento de Juan Pablo I y los atentados terroristas que la derecha (Red Gladio) hacía en las diversas ciudades, plazas y trenes de Italia para que le fueran adjudicados a la izquierda. Todo este entramado tenía relación con la CIA estadounidense, el SIM italiano, el stay-behind, la dictadura argentina y la masonería, entre otras entidades, y con personajes siniestros como Licio Gelli, monseñor Marcinkus, el general Miceli, Roberto Calvi, Vicenzo Vinciguerra, Michele Sindona y Leccisi, el fanático que robó en una noche de abril de 1946 el cuerpo del Duce y se lo llevó derramando en el camino todas las sustancias pútridas que el cadáver destilaba.

El humor, a veces con dureza grotesca, aparece en muchas de las páginas de Número cero. Los ejemplos pueden encontrarse con frecuencia, desde las cartas de mujeres y hombres en busca de pretendientes que con lenguaje sardónico inventa Maia para presentarlas en sala de redacción, hasta el juego de ping pong que realizan con pedazos de hígado y de pulmones algunos enfermeros del hospital donde, según la versión de Braggadocio, le hacían la autopsia al supuesto Duce.

Braggadocio sabía demasiado, había investigado y mezclado varios temas, todos peligrosos para el poder, y cuando estaba próximo a concluir o a publicar sus pesquisas fue acuchillado por la espalda. Sus investigaciones: la falsa muerte de Mussolini, el complot Borghese, los dineros sucios del Banco Vaticano, los atentados que organizaba la derecha, habían tocado callos sensibles, y la única opción que usa el terror es el silencio del investigador o denunciante. Con toda la controversia que acarreaba su comportamiento, debe aceptarse que Braggadocio estaba solo con todos los conocimientos que había encontrado, como si fuera un enorme fardo el que llevara a cuestas. Era ese periodista íngrimo que está condenado a perecer o a fracasar con estruendo cuando se enfrenta a poderes criminales y sombríos que se creen intocables. Esa es, quizá, la terrible lección que se desprende de esta valiosísima novela.

Pero aceptemos que hay cierta luz al final del laberinto cuando, frente a tanta corrupción y tanta mentira que se pasean por los cánones y veredas oficiales, al final Colonna, revisando su negativa relación con las mujeres, se va a esconder y a vivir con Maia, ambos enamorados, por temor de que los poderes secretos procedan a su asesinato creyendo que él sabe algo de lo que había investigado Braggadocio. Esa relación que se construye es la realidad que se enfrenta a lo que sólo parece ser un acumulado de desgracias. Esa era una prueba más para Colonna y para Maia, no en un apócrifo periódico, sino en la vida misma.

* Catedrático de la universidad de Córdoba y coordinador de El Túnel, de Montería, Colombia. Cuentos suyos han sido traducidos al alemán, el francés, el eslovaco y el inglés.

José Luis Garcés González*
Especial para El Espectador
Bogotá, Colombia
Sábado 27 de junio de 2015.

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