A un año de los sismos que afectaron en Puebla 620 edificios históricos –en su mayoría templos de los siglos del XVI al XIX–, empresarios contratados para la reconstrucción señalan su posible retiro por falta de recursos. Ellos y especialistas consultados responsabilizan a la dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tanto por su improvisación como por cambiar los términos de su relación con la aseguradora de los inmuebles.

Puebla.- A un año del sismo del 19 de septiembre, el programa de reconstrucción del patrimonio histórico en esta entidad tiene visos de caos y hasta en riesgo de interrumpirse a costa de un mayor deterioro de los propios inmuebles.

De acuerdo a empresarios y especialistas entrevistados, esto se deriva de la forma errática e improvisada con la cual la dirección general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a cargo de Diego Prieto Hernández, ha conducido desde un inicio el programa de rescate.

Incluso sospechosa –refieren algunos–, porque durante todo el proceso el INAH ha cedido ante las constantes trabas que le ha impuesto la aseguradora Banorte para liberar los recursos provenientes de la póliza contratada por 3 mil 500 millones de pesos, aun cuando ya había conciliaciones firmadas por sus ajustadores para cubrir el costo.

Empresarios a cargo de la restauración de templos en la entidad denuncian que la mayoría de ellos han tenido que sortear retrasos en los pagos, e incluso muchos de ellos no han recibido ni un peso cuando ya tienen hasta más de cuatro meses de haber iniciado los trabajos. De hecho, hay algunos que ya terminaron obras y no han recibido ni siquiera el adelanto.

En las últimas semanas, los contratistas se encuentran en la incertidumbre de que el INAH defina si las obras, ya con avances, serán financiadas con recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden), luego de que se asegura el agotamiento de la bolsa para cubrir a la aseguradora.

Los contratistas dicen que esto no sólo implicaría un cambio en el esquema con el cual iniciaron con el seguro, sino retrasaría aún más los pagos y hasta podría dejarlos fuera, pues el contrato se resolvería por licitación pública.

Además de los aprietos económicos en que los ha metido esta situación, advierten del riesgo de la continuidad de las obras de rescate de los inmuebles, que en Puebla suman 620, en su mayoría templos de los siglos del XVI al XIX, cuya fragilidad podría aumentar si las obras permanecen a medias.

De hecho, ya algunas, como ocurre en el templo del Calvario en el municipio de Tochimilco, se encuentran interrumpidas ante la indefinición de los pagos.

A mediados de agosto, representantes de 12 empresas se reunieron con el titular del Centro INAH-Puebla, Víctor Hugo Valencia, para pedirle agilizar los pagos y respetar los acuerdos con los que iniciaron los trabajos.  

Aunque sólo algunos deciden participar en entrevista con Proceso, se asegura que este retraso e indefinición no es privativo de Puebla, sino que iguales condiciones enfrentan contratistas en Morelos, Oaxaca y Chiapas.

El caos

Apenas la semana pasada, la Secretaria Técnica del INAH, Aída Castilleja, estuvo en el Centro Regional Puebla para sostener una reunión de trabajo con el personal encargado del programa de rescate. Pero ningún mando del instituto hizo acto de presencia para dar a conocer los lineamientos en los que se basaría el programa de obras.

“Sólo tuvimos algunas videoconferencias con los directivos, en las cuales no se nos permitió ni hacer preguntas”, refiere el perito del instituto, Enrique Gámez.

El reto de reconstrucción del patrimonio poblano, el más afectado del país por el movimiento telúrico que tuvo precisamente su epicentro en un punto cercano a Chiautla de Tapia, ha sido enfrentado por el personal regular del Centro INAH de esta entidad, compuesto sólo por 10 arquitectos y tres restauradores. Ese fue el problema desde el principio, a decir de Gámez, pues la Dirección General no pidió recursos extraordinarios para la contratación de más personal, pese a la dimensión de los daños.

Esto ha expuesto al personal del instituto a una sobrecarga de trabajo que, además, se ha disparado por los cambiantes requisitos que les ha impuesto la aseguradora, y que han sido aceptados sin objeción por los directivos del INAH sin que su sindicato de trabajadores haga ningún pronunciamiento.

Gámez cuenta también que desde un principio hubo instrucciones confusas y cambiantes sobre cómo trabajarían. Al inicio se habló de que el costo de la restauración lo cubriría el Fonden, pero luego se decidió recurrir a la póliza del seguro contratada con Banorte para siniestros en bienes muebles e inmuebles de los siglos del XVI al XIX.

“Será recurso que llegue más rápido y se le dará fluidez a los proyectos”, se les aseguró.

Como primer paso, se dividió la región afectada en 10 zonas y se les pidió a los trabajadores visitar en un corto plazo cada edificio, a fin de elaborar un presupuesto de la restauración por unidad.

En los últimos meses de 2017 y los primeros de 2018, los trabajadores del INAH recorrieron de nueva cuenta las regiones afectadas para conciliar con los ajustadores del seguro un presupuesto final para cada proyecto.  

Casi al mismo tiempo, los directivos del INAH los apresuraron para que contactaran a empresas y las invitaran a participar en las obras en base a los presupuestos conciliados.

“Fueron acuerdos de confianza”, refiere el arquitecto.

Igual, otros trabajadores informan que se les pedía apresurar el inicio de las obras dando prioridad a las de menor daño, para que se pudieran reportar resultados pronto.

Sin embargo, una de las primeras trabas que impuso la aseguradora fue demostrar la historicidad de los edificios en base a su registro en el catálogo, lo cual implicó un trabajo extra, pues muchos de los inmuebles no estaban clasificados.

Luego, ya con avance en las obras, la aseguradora ha condicionado los primeros pagos a que el INAH demuestre que los daños cubiertos en los inmuebles no preexistían al sismo.

Según trabajadores entrevistados, este requisito resultaba absurdo luego de que, por meses, fueron los ajustadores de la propia empresa los que visitaron los templos para acordar los daños que se conciliarían para cada inmueble, y que hay acuerdos firmados en los que se revisó y constató cada una de las afectaciones.

En agosto, el delegado Víctor Hugo Valencia aseguró que el avance de reconstrucción alcanza el 40% al haberse restaurado 67 inmuebles e iniciado el trabajo en otros 241, aunque los trabajadores del instituto advierten que en estas cuentas se refieren a los templos que sólo requerían reparaciones menores y algunos realizados por las comunidades.

En retiro

El restaurador César Escudero, de la empresa Restauro, Compás y Canto, a cargo del rescate del templo y parte del convento de San Agustín de Chiautla de Tapia, en la mixteca poblana, advierte que hace apenas unos días envió al INAH un escrito para anunciar su posible retiro de la obra.

Luego de tres meses y medio de sostener con recursos propios la restauración del templo, su empresa no está en condiciones económicas para seguir financiando los trabajos presupuestados en 8 millones de pesos.

Aunque como restaurador considera un privilegio intervenir en este conjunto arquitectónico que empezó a construirse en la primera mitad del siglo XVI, señala que el costo de este tipo de obras –que requieren mano de obra calificada y uso casi artesanal de los materiales– es difícil de sostener por períodos tan prolongados, pues en su mayoría las empresas de restauración son pequeñas.

Confirma que desde un principio se les informó del presupuesto ya conciliado con la aseguradora Banorte para cubrir el monto de la obra, por lo que fue requisito entregaran por anticipado sus facturas timbradas del total del costo, con la promesa de que se cubriría un anticipo del 50% en un lapso no mayor a dos a tres meses y el resto como pago final.

“Hasta donde nosotros sabemos ya se había negociado todo y el seguro había aceptado cuánto iba a aportar por este inmueble, por eso nos piden nuestra factura, por eso se empiezan los trabajos”, aclara al indicar que resulta “bastante irregular” que el INAH no exija a la aseguradora cubrir lo acordado.

Al no recibir ni un pago, Escudero envió escritos a la delegación del INAH y a la Coordinación Nacional de Recursos Materiales y Servicios del instituto sin obtener respuesta alguna.

Indica que por dos meses pudieron sostener un ritmo fuerte de trabajo, pero al no llegar los recursos redujeron la cantidad de personal de 15 a 5 –mismos que tienen actualmente–, “con el riesgo de parar la obra en los próximos días, que es algo muy delicado y que no le conviene a nadie, ni a nosotros, ni a la comunidad, ni a las instituciones y mucho menos al inmueble”, expresa, pues al quedar sin concluir los trabajos en la restauración de la bóveda, el deterioro podría agravarse, sobre todo en estos días de lluvias.

El párroco de ese templo, Juan Muñoz Rangel, tras lamentar la situación, considera que el reclamo de las consecuencias que esto podría generar tendría que dirigirse al director del INAH, Diego Prieto, quien pese a toda la problemática relacionada con la reconstrucción acaba de ser ratificado en su cargo para el próximo sexenio.

Otro empresario, Raúl Mora, de la empresa Proyectos, Construcciones y Asesoría de Obras, S. A. de C. V. (Procase), con sede en Puebla, también atraviesa problemas similares.

Su compañía aceptó la invitación del INAH para trabajar en el rescate de dos templos en los municipios de Chiautla y de Ixcamilpa de Guerrero, igual bajo el ofrecimiento que el pago estaba garantizado con los recursos del seguro contra siniestros contratado por el gobierno federal.

A partir de mayo iniciaron ya la obra, pero fue hasta la semana pasada que recibió el primer pago por los trabajos en Ixcamilpa, y en el caso de la iglesia de San Juan Bautista, ubicada en la localidad de Pilcaya, municipio de Chiautla, Procase lleva un avance de casi el 50%, sin haber recibido nada de los 10 millones de pesos que se presupuestaron.

Mora refiere que ha tenido que recurrir a préstamos.

Otro constructor –entrevistado a condición del anonimato–, menciona que al estar ubicadas en municipios enclavados en la sierra, el costo de la restauración se dispara pues hay que pagar hospedaje y viáticos del personal calificado, aparte de la nómina y materiales que se encarecen por las distancias.

Ante las versiones provenientes del propio INAH de que habría proyectos que se pasarán al Fonden, Mora explica que eso generaría un conflicto administrativo en las obras que ya tienen avances, pues son procedimientos y presupuestos totalmente diferentes:

“En principio, los contratos del Fonden se resuelven por licitación, en ese procedimiento habría la posibilidad de que nosotros no quedáramos, no sabríamos cómo se resolvería eso y cómo se nos pagarían los trabajos que ya hicimos.”

Otras empresas que ya tienen obra asignada y conciliada, han evitado iniciar hasta que no se entregue el anticipo, y algunas más están a punto de suspender los trabajos o ya lo hicieron. Lo pagos atrasados han generado problemas a la gran mayoría e incluso en ciertos casos estarían en riesgo de quiebra si la situación no se resuelve a corto plazo.

En tanto, se sabe que el INAH aún continúa en tratos con la aseguradora en el proceso de conciliación de obras, a pesar de que ya se agotó la póliza, pero supuestamente lo hace para definir en los próximos días una lista de las obras que acabarán por pasarse al Fonden.

Los trabajadores del instituto señalan que aparte del excesivo trabajo que ha implicado la supervisión de las más de 500 obras conciliadas, los retrasos los han expuesto a reacciones agresivas por parte de pobladores e incluso sacerdotes que ya reclaman la reapertura de sus templos.   

Proceso
Gabriela Hernández
Reportaje Especial
Ciudad de Puebla, Mx.
Jueves 20 de septiembre de 2018.


Mientras a nivel mundial hay una condena generalizada a la destrucción del patrimonio cultural del Medio Oriente por parte del Estado Islámico, en México, denuncia el arqueólogo Reynaldo Lemus, “las autoridades estatales y la iniciativa privada, con la complacencia de las autoridades federales (…) destruyen el patrimonio arqueológico e histórico, no con bombas sino con maquinaria de construcción”. Es el caso de las afectaciones a la Zona Arqueológica de Cholula, por lo cual el especialista ha promovido una denuncia ante la PGR, señalando responsables.

Como un verdadero “calvario” califica el arqueólogo Reynaldo Lemus Nieto la tarea de conseguir un par de arqueólogos peritos que colaboren para un dictamen de los daños ocasionados a la Zona Arqueológica de Cholula, Puebla.

Daños por las obras realizadas durante el gobierno de Rafael Moreno Valle para la construcción del Parque de las Siete Culturas y un distribuidor vial.

De ese peritaje dependerá el que la autoridad ejerza o no una acción penal contra los responsables.

Es Lemus Nieto quien cuenta la historia completa a este semanario, que arranca con la denuncia de hechos interpuesta por él en octubre de 2015 (1373/UEIDAPLE/LE/1/2015) ante la Procuraduría General de la República (PGR), por distintas afectaciones al patrimonio arqueológico del país en proyectos como los museos del chocolate en Uxmal y Chichén Itzá, Yucatán; un museo en la pirámide de Tzintzuntzan, Michoacán; una carretera por la cual se destruyó Tlaltizapán, en Morelos; y la construcción del Parque de las Siete Culturas y una vialidad en San Andrés Cholula.

En el documento, dirigido a la entonces procuradora Arely Gómez González, destaca que las acciones fueron cometidas “por personajes insertos en los ámbitos empresariales internacionales y de la administración federal y estatal”, por lo cual el agravio puede ser catalogado como de “alto perfil”.

A diferencia de otras denuncias que con el mismo motivo han presentado investigadores y trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) contra “quien o quienes resulten responsables”, el arqueólogo –que se presenta a sí mismo como autónomo por no laborar en dicha institución, aunque ha trabajado en diversos proyectos–, señala con nombres y apellidos a los probables responsables:

Menciona a los ciudadanos de origen belga Mathieu Michel Claude Brees y Eddy Van Belle, dueños de la empresa Belcolade y promotores del Choco Story Chichen Museo; a Alfonso de Maria y Campos, director del INAH en la pasada administración; a la entonces directora María Teresa Franco; a Alma Rosa Cienfuegos Domínguez, del Centro INAH Morelos; al presidente municipal de San Andrés Cholula, Leoncio Paisano Arias; y en una ampliación de su denuncia, al exgobernador Moreno Valle.

El investigador explica que incluye a los funcionarios y exfuncionarios porque mientras a nivel mundial hay una condena generalizada a la destrucción del patrimonio cultural del Medio Oriente por parte del Estado Islámico, en México “las autoridades estatales y la iniciativa privada, con la complacencia de las autoridades federales encargadas de la guarda y custodia de dicho patrimonio, destruyen el patrimonio arqueológico e histórico, no con bombas sino con maquinaria de construcción”, y se violan las leyes en la materia.

En la entrevista Lemus Nieto explica que metió los diferentes casos en una sola denuncia, pero al ver que el asunto de Cholula se agravaba decidió concentrarse en él.

Sin embargo, a mediados del año pasado otro problema saltó: El cambio de sede del Archivo Técnico de Arqueología del INAH, en el cual se resguardan los informes de trabajo de más de un siglo de investigaciones arqueológicas (incluías fotografías y dibujos) de expertos en diversas disciplinas, entre otros Gonzalo Aguirre Beltrán, Alfonso Caso, Beatriz Barba, Franz Blom, Ignacio Bernal, Miguel Covarrubias, Manuel del Castillo, Gertrude Duby, Manuel Gamio, Marte R. Gómez, Ignacio Marquina y Pablo Martínez del Río.

Egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y coautor con Julieta Ramos Mariano del ensayo “La historia tolteca chichimeca, como base para una correlación histórica e iconológica, con los elementos arqueológicos de las piedras de Tizoc y del Arzobispado”, Lemus decidió también emprender acciones sobre el tema.

Triste historia

El arqueólogo desea “ser claro” en el sentido de que la PGR ha tenido disposición y está trabajando en la denuncia por el caso Cholula, en cambio las autoridades de la Secretaría de Cultura (SC) y del INAH no han mostrado mayor atención. Y es la falta de dos peritos lo que ha retrasado el proceso jurídico.

Explica que las autoridades de la Procuraduría rechazan la idea de que sean profesionales del INAH quienes realicen el peritaje ante el riesgo de que no sean imparciales, pues ya ocurrió durante la realización de los trabajos en 2015, cuando dos arqueólogos del instituto dictaminaron que no había destrucción del contexto arqueológico porque las obras se estaban haciendo en la superficie, y eso, recalca, “es mentira”.

A decir suyo el Ministerio Público actuó de manera muy laxa, porque si hubiera conocido bien las leyes Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos y General de Bienes Nacionales, así como el decreto presidencial de 1993 que declara zona de monumentos arqueológicos a Cholula, no se habría permitido intervención alguna.

“Ahí no se permite ni salvamento ni rescate arqueológico, si uno va a entrar a trabajar en ese lugar debe ser con un proyecto arqueológico de investigación. Pero no hicieron caso y violaron todas las leyes, tanto el INAH de Puebla como aquí, no aplicaron la reglamentación.”

El 3 abril de 2015, la corresponsal de Proceso en Puebla, Gabriela Hernández, consignó en estas páginas las contradicciones del INAH, pues mientras el arquitecto Arturo Balandrano Campos, coordinador nacional de Monumentos Históricos, reconoció que no existía proyecto ejecutivo, ni solicitud de permisos para las obras por parte del gobierno poblano, el director del INAH Puebla, Francisco Ortiz Pedraza, informaba que se autorizarían las obras y calificaba a los opositores de tener posturas “puristas”, cuando “nos guste o no” cada época “deja su marca en el patrimonio edificado”.

Mediante un escrito con más de 2 mil 500 firmas, quienes se inconformaron opositores pidieron la destitución de la entonces directora del INAH, Teresa Franco, de Ortiz Pedraza, y de los coordinadores de las secciones de Monumentos, Jorge Salgado Tlahuis, y de Arqueología, Eduardo Merlo, por “incumplir su función de preservar el patrimonio cultural”.

–¿La PGR no debería conseguir los peritos para que sean neutrales?

–Hasta donde sé los debe aportar el demandante. Por ley el peritaje debería hacerlo el INAH, me imagino que el MP envía un oficio y el instituto asigna los peritos, el miedo es que mande gente ad hoc porque el arqueólogo hace lo que le ordena el jefe. No sé por qué no se niegan a llevar a cabo tonterías.

Expresa que los arqueólogos deberían estar conscientes de que en determinado momento incurren en un delito federal, y negarse simplemente por cuidarse ellos mismos, ya que ponen en riesgo su prestigio profesional, su carrera y hasta su libertad. Y añade, en un documento enviado a Sinuhé Márquez Armenta, secretario particular de la titular de la SC, que cuando los arqueólogos se niegan las autoridades responden: “por eso me gusta hablar con los jefes, no con los gatos”. Y el trabajo se hace “sin importar nuestra posición como especialistas o peritos en el tema”.

Dice que episodios así se dan no sólo en Cholula, sino en Chichén Itzá, Uxmal, Tzintzuntzan y otras zonas, “donde se nos obliga a los arqueólogos a hacer cosas antiéticas, y todo para hacer obras en las que supuestamente haya modernización y avances para la sociedad. Ellos argumentan ‘para qué queremos esas piedras viejas, no están dejando nada, es mejor promover la privatización de esos terrenos para conseguir un dinero’.

“Mi argumento en contra de ellos es que sus obras en Cholula o en cualquier otro lado no duran más de cincuenta años, en cambio puedo garantizar que en Cholula vamos a tener entradas económicas durante miles de años. Trabajando la zona arqueológica en vez de destruirla o privatizarla, tendríamos recursos garantizados por miles de años. Cholula tiene más de tres mil años y sigue generando más divisas que los hoteles que operan esas gentes.”

–¿Y por qué no lo hace el INAH?

–¡Está corrompido el INAH!

Recuerda que antes de asumir una segunda administración al frente del instituto, Teresa Franco fue colaboradora del gobierno de Moreno Valle, luego regresa al INAH y es cuando se le abre el paso a todas las obras del gobernador, “y en ese proyecto en el cual se gastaron más de mil millones de pesos, no se gastó ni uno solo en una investigación arqueológica, hace más de cincuenta años que no se hace investigación, se han hecho rescates, pero no un estudio en forma”.

Lemus considera que las cosas pueden hacerse de otra manera, pero los arqueólogos deben contar con el respaldo de las autoridades del INAH. Y menciona como prueba cuando los trabajadores e investigadores del instituto lograron detener la Línea 8 del Metro, que se construiría en el Centro Histórico:

“Si lograron parar al gobierno federal, por qué no parar a un gobierno estatal. Es porque las autoridades están corrompidas y al servicio del mejor postor.”

Así se lo expresa también mediante un escrito, fechado el 21 de diciembre de 2017, al coordinador nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava.

Lamenta que en el caso de Cholula todo el mundo se haya metido a defenderla: cineastas, antropólogos, arqueólogos y la gente en general, pero cuando él pidió apoyo para entablar su denuncia, no lo respaldaron. Y hasta el momento ningún arqueólogo ha aceptado ayudarlo con el peritaje.

Despilfarro y desdén

Y mientras Lemus Nieto sigue al pendiente del curso de su denuncia por Cholula, comenzó a ocuparse también del cambio de sede del Archivo Técnico de Arqueología, que se encontraba en el Palacio del Marqués del Apartado en el Centro Histórico, a un galerón en la avenida Revolución, en San Ángel.

En una carta de fecha 23 de enero de este año, dirigida a Jorge Salvador Gutiérrez Vázquez, subsecretario de Diversidad Cultural y Fomento a la Lectura de la SC, el arqueólogo le expone que ha presentado a diversas autoridades escritos para advertir de las condiciones “deplorables, indignas y lesivas” del archivo, pero nunca han sido atendidas sus objeciones:

“Su oficio de respuesta viene a corroborar mi dicho; que son ustedes como autoridades superiores de cultura, las que con sus acciones ponen en peligro este archivo, al no proporcionar un repositorio que cumpla con los lineamientos técnicos mínimos.”

Él ha propuesto que dicho acervo sea trasladado a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en donde podría terminarse un edificio que por ahora está en obra negra y dotarlo de las medidas necesarias de climatización y seguridad para la conservación de los documentos históricos.

Se basa en que hay “por lo menos” 120 millones de pesos que el INAH se ha ahorrado de los meses de septiembre a la fecha, debido a no haber pagado renta por el edificio Aristos, que era su sede y debió dejar por los daños de los sismos, pero –dice en su carta– “ha llegado a tanto el desprecio por el Archivo Técnico” que se le habían asignado 10 mil pesos para la mudanza, cuando se gastaron 552 mil pesos en una encuesta encargada a la Fundación Este País, A. C. sobre las actividades sustantivas de difusión del instituto.

Según el arqueólogo, el Archivo Técnico se desalojó para que en el Palacio del Marqués del Apartado se habilite un “Museo de Museos de la Ciudad de los Museos”, cuya propuesta –añade– es una idea de la titular de Cultura, María Cristina García Cepeda. Y se están llevando a cabo las obras de intervención para ese propósito.

El documento describe las especificaciones técnicas que debería tener el archivo para su conservación, que además de ser uno de los más importantes en materia de arqueología –que no tienen universidades como la de Harvard o instituciones como el Peabody Museum, destaca en entrevista–, cuenta por ejemplo con los archivos personales de César Lizardi Ramos y Florencia Müller.

Expresa pesar por el estado de descomposición en el cual, considera, se encuentra el INAH. Así lo señala también en su carta al subsecretario:

“…en espera de su oportuna y rápida intervención, para detener el escalamiento de este y otros problemas que afectan al patrimonio nacional y devolver la integridad y dignidad al INAH, ya que los anteriores Directores Generales, han dejado a este instituto en la nada agradable función de ser un peón de lujo del turismo, olvidando su mandamiento de ser una institución que investigue y proteja el legado bajo su competencia.”

Proceso
Judith Amador Tello
Reportaje Especial
Ciudad de México
Domingo 1 de abril de 2018.


* Ubicado a 3,870 metros sobre el nivel del mar, en el lugar hay un estanque estacional dentro del cual se construyó en la época prehispánica un tetzacualco (adoratorio)

* El proyecto arqueológico de la SAS-INAH ha recuperado numerosos fragmentos cerámicos, materiales líticos, lapidarios y restos orgánicos


Algunos mitos mesoamericanos sobre la creación del mundo señalan que Cipactli (el monstruo de la tierra) flotaba sobre las aguas primigenias y a partir de su cuerpo se creó el cielo y la tierra. En este sentido, Nahualac, un sitio ubicado en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, podría emular dicha concepción, ya que la existencia de un tetzacualco (adoratorio) en medio de un estanque natural y el efecto óptico que se produce en el espejo de agua, del que pareciera que la estructura emana, hace sugerir que el lugar es la representación de un tiempo y espacio primigenio, un modelo miniatura del universo.

Lo anterior fue referido por la arqueóloga Iris del Rocío Hernández Bautista, de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), responsable de la investigación arqueológica de alta montaña en ese lugar, ubicado a 3,870 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Amecameca, Estado de México.

“La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacán, como lo reportaron recientemente Julie Gazzola y Sergio Gómez”.

La arqueóloga Hernández Bautista señaló que en 2015, a partir de una denuncia de destrucción del sitio, se creó el Proyecto Arqueológico Nahualac. En 2016 un equipo multidisciplinario emprendió una temporada de excavación en la que se recuperaron numerosos fragmentos cerámicos, materiales líticos, lapidarios y restos orgánicos.

Precisó que Nahualac consta de dos áreas. La primera y principal es un estanque estacional dentro del cual se construyó en la época prehispánica un templo rectangular de piedras apiladas sin ningún tipo de cementante conocido como tetzacualco (de 11.5 x 9.8 metros). Actualmente —dijo— se pueden apreciar las esquinas y los arranques de los muros, además de algunos montículos de piedras que lo rodean.


La segunda área se localiza a 150 metros al sureste de la estructura, sobre un amplio valle donde brotan manantiales. Ahí se han hallado piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, deidad de la lluvia.

“En esa área se identificaron materiales cerámicos en superficie, algunos de ellos identificados del tipo Coyotlatelco (750-900 d.C.), Mazapa (850 a 900 d.C.) y Complejo Tollan (900-1150 d.C.). En conjunto, las evidencias arqueológicas abarcan un área aproximada de 300 por 100 metros”.

Actualmente, los materiales líticos y lapidarios recuperados se encuentran en proceso de análisis con la colaboración del doctor Emiliano Melgar, del Museo del Templo Mayor, a través del Proyecto Estilo y Tecnología de los Objetos Lapidarios en el México Antiguo. Las piezas corresponden principalmente a navajillas prismáticas de obsidiana, fragmentos de artefactos de pizarra y algunos objetos de esquisto gris y rosa, en los cuales se examinan las huellas de uso y procedencia de materias primas.

Sobre los restos orgánicos, indicó que serán estudiados por la doctora Aurora Montúfar, del Laboratorio de Paleobotánica de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH. Se trata de sedimentos en asociación con carbón y fragmentos de un material esquistoso pulido color rosa, recuperados del interior de varios cajetes trípodes dispuestos como ofrenda. Su estudio podrá dar pistas sobre cuál era el contenido de los recipientes al momento de ser enterrados en la zona de ofrendas.

Respecto a referencias del sitio de Nahualac —acotó— se cuenta con los estudios del explorador francés Desiré Charnay, quien en el siglo XIX efectuó un recorrido por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y visitó el lugar.

Posteriormente, en 1957, el arqueólogo José Luis Lorenzo lo describió a detalle y situó su temporalidad en el periodo Tolteca (siglos IX-XIII de nuestra era); realizó un croquis de la estructura (tetzacualco) y registró diversos fragmentos de piezas arqueológicas recolectadas en superficie.

 Finalmente, en 1986, Stanislaw Iwanizewski y sus colaboradores recuperaron una importante colección de objetos cerámicos, los cuales en su mayoría pertenecen a la tradición Mazapa (850 a 900 d.C.).

La arqueóloga de la SAS-INAH expresó que de acuerdo con los reportes de aquellas primeras exploraciones y las investigaciones en proceso, se puede inferir que Nahualac es la representación de un espacio ritual donde el culto a Tláloc es evidente, aunque no exclusivo, ya que también guarda relación con las entidades femeninas del agua y la tierra.


Iris Hernández propone que existió un control ritual del agua proveniente de manantiales cercanos para irrigar el estanque con el objetivo de provocar un efecto visual en el que pareciera que la estructura y los montículos de piedra flotaran sobre el espejo de agua, que a su vez refleja el pasaje circundante.

“Esos efectos visuales, además de las características de los elementos que conforman el sitio y la relación que guardan entre ellos, hacen suponer que Nahualac pudo representar un microcosmos que evoca a las aguas primigenias y el inicio del tiempo-espacio mítico”.

Concluyó que el entorno natural que rodea el estanque también guarda un estrecho vínculo con los significados rituales del espejo y el quincunce mesoamericano, es decir, la representación de los cuatro rumbos del universo, cuyo centro manifiesta el punto de encuentro entre los planos cósmicos.

INAH
Ciudad de México
Jueves 4 enero 2018.


•    Cholula anteponen los intereses económicos a la conservación de la riqueza cultural

•    Activistas alertan sobre daños a pirámide y templo de Cholula por concierto de rock


Integrantes de Cholula Viva y Digna cuestionaron que el ayuntamiento de San Andrés y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hayan otorgado permisos para un concierto de rock en las faldas de la Gran Pirámide de Cholula, luego de que la zona ya se encuentra afectada por el sismo del 19 de septiembre y por las obras realizadas por el gobierno estatal.

La especialista en Arte, Elvia de la Barquera, dijo que es inconcebible que se hayan otorgado los permisos  para que este fin de semana se llevara a cabo en la zona arqueológica de Cholula un concierto patrocinado por la cerveza Indio, el cual se llama Festival Indio Catrina.

Grupos como Caifanes, Panteón Rococó, Zoé y otros tocarán teniendo como escenario la zona arqueológica desde el mediodía hasta la medianoche de este sábado 9.

De la Barquera recordó que previo al sismo de septiembre se detectaron daños en la escalinata que conduce al templo de la Virgen de los Remedios, además de que igual se ubicaron afectaciones en el basamento de la pirámide.

La especialista dijo que estos daños pudieron ser ocasionados por la incursión de maquinaria pesada en la zona, luego de que el ahora exgobernador Rafael Moreno Valle, del PAN, intervino la zona con la intención de construir un parque temático.

También recordó que, con el sismo del 19 de septiembre, las torres del templo de la Virgen de los Remedios, patrona de la región de Cholula, se fracturaron y colapsaron en su parte más alta.

De la Barquera consideró que el concierto de decenas de grupos de rock, tan sólo por el volumen de la música que tocaron el sábado, superará los 110 decibeles, es violatorio a la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas e Históricas.

Pero, además, indicó que al lugar llegaron decenas de vehículos con equipos y estructuras pesadas que no debieron tener autorización para ingresar a la zona donde se sabe que existen vestigios arqueológicos en el subsuelo.

“Esto ha puesto en riesgo la zona por la integridad de las estructuras arqueológicas, además de las vibraciones que provocaron los camiones pesados”, alertó.

Luego dijo que mientras que a los encargados de los templos de Cholula se les ha prohibido el uso de cohetones para evitar mayores daños en los templos que resultaron afectados por el sismo, resulta que los ayuntamientos de San Andrés y San Pedro Cholula otorgaron el permiso para este festival.

“¿Por qué entonces dieron el permiso para la actividad del concierto que se realizará poniendo el riesgo de daño la zona?”, reclamó.

Acompañada por otros integrantes de Cholula Viva y Digna, la académica pidió que dejen de autorizarse este tipo de eventos que afectan el patrimonio arqueológico de México.

De la Barquera consideró que las autoridades anteponen los intereses económicos a la conservación de la riqueza cultural e incluso ambiental, pues permitieron a los organizadores llevar a cabo la tala de árboles para instalar su escenario.

Proceso
Gabriela Hernández
Cholula, Puebla
Domingo 10 diciembre 2017.


Axocomanitla.- Por supuesta negligencia del INAH, se colapsaron dos querubines cubiertos de oro que eran parte de la decoración del techo de la iglesia de esta comunidad de Tlaxcala, monumento histórico del siglo 17.

Además de los ángeles, otras piezas de la decoración hechas a base de yeso con una capa de hoja de oro, se desprenden poco a poco, incluso una de ellas lesionó a una mujer al caer sobre su cabeza.

Fiscales y el párroco, Elpidio Pérez Portilla, responsabilizaron del daño al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), porque desde 2016 avaló y se hizo cargo de un proyecto para restaurar el techo que ya estaba dañado y que a la fecha no ha entregado.

En entrevista, el presbítero explicó que la humedad en la azotea del templo se detectó en diciembre de 2015 y en 2016, con una inversión tripartita entre el Gobierno federal, municipal y los católicos, comenzó la restauración avalada por el INAH con una empresa designada por el mismo instituto. El proyecto costó 630 mil pesos.

"Sucede que cuando terminaron la obra seguía la humedad, vinieron las autoridades el INAH y dijeron que todo estaba bien que esperáramos las lluvias para ver que sucedía, pues llegaron las lluvias y todo empeoró, las molduras, el yeso, el oro, todo se empezó a desprender", expresó.

"La empresa que realizó los trabajos y el INAH, ellos son los responsables porque fueron los que dirigieron la obra", asentó.

Por el momento, el instituto solucionó el problema con la colocación de una maya sujetada a las paredes del templo, mismas que no evita el desprendimiento de los decorados sino algún accidente con los fieles que acuden a misa.

Este domingo, el municipio celebra la fiesta patronal en honor a San Lorenzo Mártir, y en asamblea los feligreses acordaron no utilizar el interior de la iglesia para las misas, motivo por el que colocaron una lona en el atrio.

Asimismo, determinaron no permitir que el INAH dé por concluida la restauración del techo del templo hasta que éste quede sin humedad y regrese las piezas caídas a su lugar, además de que garantice que el decorado no se va a caer.

"Queremos nuestra iglesia como estaba, el oro se está acabando y el INAH es el responsable porque se hizo cargo de la obra", apuntó el primer fiscal, Filadolfo Flores.

Recordó que cuando inició el proyecto de restauración, la delegación del INAH intentó dejarlo bajo su responsabilidad, decisión que no avalaron los católicos porque el cuidado y protección de los monumentos históricos es facultad del instituto.

Por tanto, el fiscal refirió que obligaron a los restauradores a responsabilizarse del proyecto en el templo y a la fecha no han podido solucionarlo.

"No vamos a dejar que el INAH deje la reparación del techo hasta que arregle todo, tienen que dejar la iglesia como estaba porque los daños son consecuencia de su trabajo", acotó.

La iglesia de San Lorenzo, construida durante el siglo 17, con muros de 80 centímetros de grosor, cuenta con dos torres y una cubierta abovedada con lunetos.

Reforma
Ana Laura Vásquez
Ciudad de México
Viernes 18 de agosto de 2017.


El 17 Encuentro Nacional de Fototecas se celebra en Pachuca, "La Meca de la fotografía en México"


El valor histórico de una fotografía, la catalogación, y la preservación de los archivos son parte de los temas que se discuten en el decimoséptimo Encuentro Nacional de Fototecas que se desarrolla en Pachuca, un encuentro que busca intercambiar ideas y proyectos entre investigadores, especialistas y fotógrafos.

Una fotografía es valiosa en el momento que hacen un aporte histórico. Si no hay éste, no hay nada, sentenció, el ponente Carlos Silva.

Pachuca es considerada como "La Meca de la fotografía en México", y en septiembre se viste de gala, al cumplir 40 años la Fototeca Nacional que se encuentra instalada en esta ciudad. Es en este marco que se lleva a cabo el decimoséptimo Encuentro Nacional de Fototecas, donde están presentes 26 de las 32 entidades del país.

Los trabajos de este encuentro comenzaron con la mesa dedicada a las imágenes de la Fototeca Nacional en la producción editorial, con la participación de Alberto Sánchez, Carlos Silva, Lilian Stein y Manuel Zavala y Alonso como moderador.

Durante su exposición, Carlos Silva presentó una serie de gráficas en las que se muestra el paso de la vida en México. En las playas de Topolobambo el general Lázaro Cárdenas se baña desnudó, "mi general en pelotas y sus acompañantes".

También compartió la fotografía que dijo le costó la carrera a Eduardo Pesqueira Olea, poniendo cuernos a Carlos Salinas. "El roñas", con cuernos a Fox, son retazos de la historia que se cuentan y se viven en una fotografía.

Sin duda manifestó que hay algunas que prevalecen por encima de otras, por el contexto y por lo que cuentan. Una fotografía es valiosa en el momento que hacen un aporte histórico. Si no hay éste, no hay nada, sentenció.

Las que se quedan en la memoria y en el imaginario colectivos, precisó son muchas pero tal vez por la historia misma o a fuerza de verlas son dos. La entrada de Madero a la Ciudad de México y la lectura del discurso de Lázaro Cárdenas por la expropiación petrolera.

Pero la fotografía no ha escapado a la masificación de las imágenes, a la tecnología con programas de edición o bien al internet, precisó Lilian Stein, quien lamentó el uso inadecuado de las imágenes y la falta de rigor para catalogarlas y acreditarlas.

Los ponentes coincidieron en que hay un problema serio ya que la ciudadanía se confunde y no puede identificar entre uno y otro personaje de la historia. Esta es la tarea y el reto de los divulgadores.

Para el director del Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo), Juan Carlos Valdez Marín, esta decimoséptima edición es la oportunidad de intercambiar información y proyectos entre los participantes, de conocer dónde se debe trabajar.

Las fototecas son espacios donde se encuentra una muestra clara de las diferentes fases por las que ha pasado México y es obligación de todos poder preservarlas.

En el caso Pachuca señaló, se encuentra el acervo fotográfico más importante del país, ya que resguarda alrededor de 900 mil piezas que, agrupadas en 46 fondos, representan el trabajo de más de 2 mil autores y cubren casi 170 años de historia.

"Hay quien llama fototeca únicamente a un reservorio de fotografías, que es la definición, pero nosotros estamos al servicio del usuario y eso nos compromete a que la gente vea y comprenda que la fotografía es un patrimonio colectivo de memoria de una sociedad ".

El Encuentro Nacional de Fototecas termina este día con una conferencia sobre los 40 años de memoria fotográfica por el aniversario de la Fototeca Nacional.

El Universal
Dinorath Mota
López / Corresponsal
Pachuca, Hidalgo, México
Viernes 2 de septiembre de 2016.

Es perceptible el golpeteo de marros y cinceles que impactan contra las estructuras de ladrillo de los edificios internos.

Sin el aval del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuadrillas de trabajadores iniciaron desde hace dos semanas obras de remodelación en el interior del ex Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora de Guadalupe de San Andrés Cholula, donde el Comité Administrador Poblano para la Construcción de Espacios Educativos (CAPCEE) pretende erigir un Museo de Sitio.

El arqueólogo del organismo, Arnulfo Allende Carrera, negó que se le haya notificado por parte de las oficinas generales la autorización para llevar a cabo los trabajos.

Desde las inmediaciones de la construcción que data de 1910 es perceptible el golpeteo de marros y cinceles que impactan contra las estructuras de ladrillo de los edificios internos.

En la parte trasera de la propiedad donde operó por más de 100 años el Sanatorio de Nuestra Señora de Guadalupe, una enorme barda que sirvió como cancha de frontón ha sido derribada por la mitad.

Sobre la propiedad aún pesa un litigio sin resolver por parte de los representantes de la asociación religiosa que administró el inmueble, quienes interpusieron un amparo desde 2014 ante el Juzgado Sexto de Distrito para revertir el proceso de expropiación del que fue objeto.

Tras el recurso judicial ganado por la propietaria de una parte del predio que operaba como corralón y que declaró inconstitucional la forma en cómo se llevó a cabo el proceso expropiatorio por lo que se determinó su restitución, el resto de los dueños expropiados en la zona fundaron su esperanza en que de lo mismo ocurriría con ellos, pero aún no se ha presentado una resolución definitiva.

Desde la parte externa del inmueble, por medio de los vidrios rotos, se puede apreciar que bardas internas, marcos de puertas y otras estructuras que dividen las habitaciones han sido removidos.

Algunos trabajadores confirmaron que desde hace una par de semanas iniciaron los trabajos, y comentaron que solo se modificaban algunos repellados y estructuras menores.

En su momento, el director del CAPCEE, Diego Corona Cremean, explicó que las obras de imagen urbana en las inmediaciones de la gran pirámide de Cholula eran parte de un proyecto integral que incluye el ex nosocomio, pero que estaba en revisión. Sin embargo en aquella ocasión el propio Allende Carrera dijo que el proyecto había sido detenido a causa de las faltas administrativas en las que incurrió la dependencia estatal con la entrega tardía de los planos del proyecto.

e-consulta
Arturo Manzano
Ciudad de Puebla
San Andrés Cholula, Pue.
Domingo 16 de agosto de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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