Gilda Melgar              


El amor es tan importante como la comida. Pero no alimenta.
Gabriel García Márquez


El 6 de marzo pasado, Netflix dio a conocer la adquisición de los derechos de “Cien años de soledad “, con el objeto filmar una serie adaptada bajo la producción de Rodrigo y Gonzalo García, hijos de Gabriel García Márquez, el autor de esa novela considerada la obra maestra de la literatura latinoamericana del siglo XX.

La noticia fue trending topic y no sólo por la historia del Premio Nobel, también porque la plataforma ha demostrado con creces que las historias en español se venden muy bien, tanto como para ganar los premios Oscar.

Ilusionada con la posibilidad de “ver” la locación y los personajes protagonistas de la novela que en mi adolescencia sólo pude imaginar a través de la lectura, ese día recordé la forma en que mi viaje a Cartagena de Indias –hace unos 5 años– me ayudó a comprender tanto las novelas del colombiano como los cuadros y esculturas de Botero y hasta los ritmos cadenciosos de Carlos Vives o Shakira.

Aún no se sabe cuál será la locación ni quiénes serán los actores que darán vida a la estirpe de Úrsula y José Arcadio, pero Netflix adelantó que gran parte de la serie será filmada en Colombia.
El pueblo ficticio de “Macondo” está inspirado en Aracataca, municipio donde nació García Márquez, en el departamento de Magdalena, en el caribe colombiano, que si bien es visitado por esa razón, carece de infraestructura turística, hecho que me hace inferir que el lugar natural e idóneo para la filmación de la serie sea Cartagena de Indias, la ciudad colonial y amurallada en la que convergen de forma exuberante las culturas indígena, afro y europea.

Declarada como “Patrimonio Histórico de la Humanidad” en 1984, Cartagena ofrece una experiencia de “sibarismo tropical” fundamentada en sus productos de origen, empezando por el café.

La historia de “Cien años de soledad” está tan llena de colores, olores y sabores del Caribe que, seguramente, éstos serán factores importantes a tomar en cuenta en la adaptación a la serie. Basta con recordar la huerta donde Úrsula cultivaba yuca, malanga, ñame y berenjenas, el café sin azúcar “estilo italiano” que bebía el Coronel Aureliano Buendía o los bocadillos de guayaba que vendían Rebeca y Amaranta para sufragar los gastos de la nueva casa cuando la bonanza alcanzó a los Buendía.

Mi mejor experiencia como comidista en Cartagena de Indias no fue con su comida salada, sino con las frutas exóticas y las bebidas que con ellas preparan, especialmente con la “Limonada de coco” y los batidos de maracuyá y uchuva.
Más allá de la belleza arquitectónica de la muralla y el Castillo de San Felipe, las puestas de sol o la vista de las casas coloridas con sus ventanales abiertos de par en par, para mí, una de las imágenes más impactantes de la ciudad fue la de las “Palenqueras”, las mujeres descendientes de los esclavos africanos y vendedoras de frutas que, ataviadas con vestidos largos y de colores vívidos, ofrecen mangos, papayas, piñas, aguacates y plátanos –por todas sus plazas– mientras, no sin antes cobrar su tarifa, sonríen y se encargan de recordar a los turistas la historia de esclavitud y piratas sobre la cual se fundó Cartagena en el siglo XVI.

De los platillos autóctonos, seguramente debido a mi origen centroamericano, disfruté muchísimo de los “Patacones pisados” y su múltiples “toppings”, así como del “Ajiaco”, la sopa densa y llena de carbohidratos, típica de la cocina criolla que mezcló el viejo y el nuevo continente en un solo plato. Mis “Buñuelos de Yuca” salvadoreños son un claro ejemplo de esa fusión de dos mundos que llegó para quedarse.

El recuerdo de las tardes de mi adolescencia en que devoré la novelas de García Márquez, los ocasos que disfruté en Cartagena tomada de la mano con mi persona favorita, y las series producidas por Rodrigo García que me han conmovido hasta el alma, como “The Affair”, me hacen “agua la boca” por disfrutar la saga de los Buendía a todo color.

Gracias a Netflix, ya tengo mariposas amarillas en el estómago y no dejo de pensar el olor de las guayabas que comimos a mordidas para celebrar nuestro amor, allá, en el país que le regaló al mundo a Don Gabo, aunque fuera también tan mexicano como el mole.

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Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 30 de marzo de 2019.


Gilda Melgar

Cuando mis hijos eran chicos instauré una tradición familiar para celebrar el arribo de la primavera. Era una comida anual en la que participáramos todos, preparando en conjunto alimentos con ingredientes propios de la estación.

Nuestro menú básico consistía en “Rollos de sushi” –elaborados por los niños a su gusto de entre diferentes pescados y verduras–, cortes de carne para asar, ensaladas, vino, postres ligeros con frutas y café.

Una vez todo listo, disfrutábamos del festín alrededor de la mesa poniéndonos al día de todo y todos.

Preparar Mousse, pasteles o postres al plato me hacía tanta ilusión como ver a los niños devorar sus trozos de sushi. Conforme ellos crecieron, nuestra tradición anual se tornó irregular y los años en que logramos reunimos antes o el mismo 21 de marzo, nuestro “Menú de primavera” seguía siendo un día de fiesta.

Uno de los niños que en aquellos años “topeaba” su cama de arroz para sushi con más ingredientes de los necesarios, ahora es un joven adulto recién graduado en música.

Con la intención de dar a conocer sus propias composiciones a los más allegados, hace unos días nos convocó a un “Preludio primaveral” en el que participó toda la familia –como en áquellos años– haciendo gala de nuestros talentos en torno al evento y al novel compositor.

La artista gráfica de la familia diseñó una invitación-programa digna de Bellas Artes. El anfitrión preparó "Lasagna de berenjenas empanizadas" y "Pasta negra con calamares en su tinta y camarones". El bar tender ofreció tequila, ginebra, tintos y licores.

Por supuesto que a mí me tocó la “Mesa dulce”, compuesta por un "Mousse de chocolate semiamargo al ron con frutos tropicales", una "Tarta sefardí de naranja" y, como obsequio de agradecimiento para los asistentes, una bolsita con “Barquillos rellenos de chocolate”.

El repertorio del pianista incluyó melodías de Beethoven y Debussy, pero fueron sus propias composiciones las que nos erizaron la piel y remontaron –a tres de las presentes– a escenas en las novelas de nuestro autor favorito, Sándor Marái.

Recordé algunos pasajes de sus memorias "Confesiones de un burgués" en las que el autor húngaro evoca las veladas musicales y literarias de su infancia, a principios del siglo XIX, en el seno de una familia en la que parecía reinar la cultura.

Cuando nuestro músico interpretó su penúltima pieza, el silencio fue total. La joven a mi lado, con lágrimas de emoción, me susurró: “Se me puso chinita la piel”.  Una amiga y yo cruzamos miradas de sorpresa y orgullo. A todos nos pareció que era como la “música de una película de arte”. Las notas iban en crescendo como telón de fondo en una escena de amor ofuscado.   Los aplausos irrumpieron y como en los teatros de pueblo, al final hubo entrega de flores para la estrella emergente.

En el brindis, dirigido por la mejor oradora de la familia, las copas brillaron con un exquisito líquido dorado, chispeante y burbujeante.

Fue una noche de especial para celebrar lo que sí importa: la cosecha familiar y los lazos de amistad con los testigos de nuestras vidas. Una gala para mostrar el florecimiento de nuestros talentos innatos y cristalizar el esfuerzo de años.

Después de nuestro ”Preludio primaveral” en el que todos los sentidos se activaron con los colores, sonidos y sabores de la estación,  plenos de emoción y satisfacción, concluí que los menús familiares de tantos años atrás, fueron el más hermoso pretexto para cosechar vínculos y realidades hoy en florecimiento total.

Feliz primavera 2019.

Carajillo

La CDMX también celebra la estación más florida a través del Festival “Noche de primavera”, a realizarse este sábado 23 de marzo con una serie de conciertos gratuitos en diferentes puntos icónicos del Centro Histórico, como la Alameda y el Centro Cultural de España con la participación de artistas internacionales de todo género, incluyendo jazz, tríos y son.

Además, se realizará el desfile de alebrijes. Más detalles aquí: http://www.festivales.cdmx.gob.mx/?id_evento=16011

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Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 22 de marzo de 2019.

Gilda Melgar         

A dos días de la entrega de los Oscar a lo mejor del cine 2018, nuestra “Roma” y las apuestas con respecto a sus 10 nominaciones siguen dando de qué hablar.

La expectación por el posible triunfo de “Roma” ha sido tal que incluso la Secretaria de Cultura de la CDMX organizó una serie de actividades relacionadas, bajo el eslogan “El Oscar se vive desde la Roma”, incluyendo un recorrido por las emblemáticas calles del barrio que fueron locación de la película, y que culminarán justo este domingo 24 de febrero con una alfombra roja de invitados especiales y la proyección al aire libre del filme en la Plaza Río de Janeiro, a las 16:00 horas, para luego dar paso al enlace en vivo con la transmisión de la ceremonia 91 de los Premios de la Academia, alrededor de las 18:00 horas.

Las calles aledañas a la plaza se cerrarán desde temprano, esperando que unas 750 personas atestigüen desde ahí la entrega de premios a Cuarón y a su elenco, aunque se estima que a los alrededores llegarán cerca de 5 mil visitantes.

También las salas de Cinemanía de Plaza Loreto y Cine Tonalá, en la Roma Sur, proyectarán la premiación en vivo, con un consumo mínimo y la posibilidad de ganar descuentos y bebidas si le atinan a las quinielas previamente registradas.

Más allá de la polémica sobre la película y su protagonista, las 10 nominaciones de “Roma” bien merecen esta fiesta pública organizada por el Gobierno capitalino y todas las reuniones familiares y privadas que se nos antojen para celebrar un éxito que sentimos tan nuestro.

Estoy listísima para disfrutar el desfile del elenco –encabezado por Yalitzia Aparicio– a lo largo de la alfombra roja en el teatro Dolby de Los Ángeles, y aunque veré la premiación desde mi sala, ya tengo listas las botanas y, sobre todo, las bebidas para aminorar el estrés del “... and the Oscar goes to…”.

Mientras que Yalitzia, vestida de diseñador (espero que no sea de Chanel) estará disfrutando de una cena a base de langosta de Maine, carne wagyu Miyazaki, caviar, champán y cocteles de tequila, yo estaré tumbada en mi sofá picoteando quesos, aceitunas, cacahuates y alzando mi copa de vino por la fiesta de Roma que es mía y la de todos los que, como Cuarón, crecimos en la CDMX de los 70.

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Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 23 de febrero de 2019.

Gilda Melgar        

Una amiga (en sus 30) se fue a vivir con su novio recientemente. Meses atrás me había contado que él quería “formalizar” la relación. Si bien ella tenía la certeza de que podía ser “el adecuado”, aún no se sentía preparada para decirle adiós a su soltería. Ahora que es un hecho que se ha mudado con él, le deseo la mejor de las suertes.

Al verla tan contenta, recordé los primeros años de mi vida en pareja. Rentábamos un pequeño departamento y nuestra despensa era tan básica que hacía honor a su nombre. Constaba sólo de un litro de aceite, arroz, sal, pan de caja, leche, algunos enlatados y una bolsa de azúcar. Entonces todo era “miel sobre hojuelas” y por eso bastaba con que en el refrigerador hubiera algo para picar. Recuerdo bien que nuestro primer kilo de azúcar duró más de un año en la alacena y sólo se acabó gracias a los cafés para las visitas.

Por eso creo que no es tan descabellado eso de que los enamorados “se alimentan sólo de besos”. Así es casi siempre con el enamoramiento, nos quita el hambre. Y si somos jóvenes, nos basta “con el pan y el vino”.

Para cuando llegan los hijos, la realidad de la maquinaria doméstica se impone de tal manera que la despensa no sólo crece considerablemente, sino que requiere una disciplina de abastecimiento que se cumple en aras del bienestar familiar y la reproducción de la vida misma.

Y cuando la rutina se instala en el amor y en la cocina, hay que reinventarse. A los menús de entre semana habrá que darles un giro, tal vez un ligero toque de fusión. En ocasiones nos bastará con comer esas nuevas versiones de nuestros platillos favoritos, y en otras, quizás alguien desee probar nuevos sabores, algo exótico o jamás deseado. Y tal vez le gusten tanto que no quiera comer jamás los guisos de antes. O puede ser que esos antojos sean sólo un arrebato que a la postre le provoquen cierto empacho y hasta una seria intoxicación.

Y es que, ¿a quién no le cansa comer “pan con lo mismo”?

Por eso, en la cocina y en el amor, hay que experimentar e innovar. Un mismo alimento sabrá tan distinto como el número de posibilidades para su preparación o cocción. Por ejemplo, un tomate fresco y troceado sabe completamente diferente si se prepara con albahaca, ajo y aceite de oliva para topear una “bruscheta”, que si se mezcla con cebolla, cilantro y chile verde para salsear unos molletes. ¿Lo ven?

Pues con el amor sucede exactamente lo mismo. No es igual intentar tener una noche romántica escuchando el llanto de un bebé en la habitación conjunta, que escaparse unos días –sin hijos– a un hotel con vista al mar.

El secreto también está en el equilibrio. En casa, él hace los guisados del diario y lleva la administración. A mí me toca preparar los platillos de ocasión, los postres y producir el entretenimiento familiar. Ambos tenemos buena sazón, aunque algunas veces él se pasa de sal y yo de cocción.

A él le encanta la comida española e italiana. A mí la mexicana y la japonesa. Pero a los dos nos importa mucho qué se come en casa y tampoco dejamos al azar la elección de un sitio para comer fuera. Para darnos gusto, turnamos los platos caseros y los restaurantes favoritos de ambos.

Y es que el amor se expresa de diferentes maneras y una de ellas es a través de la comida. Si los viernes por la tarde, cuando vuelves del trabajo, él te recibe con una copa de tu vino favorito o, si cuando hacen el súper te pregunta qué nuevo producto se te antoja llevar para la semana y, por si fuera poco, muy seguido te prepara deliciosos guisos como el “pollo con nopales en chile guajillo”, definitivamente sabe halagarte. O si tú le llevas el desayuno a la cama los domingos y cada tanto le compras las gomitas importadas que tanto le gustan, ciertamente, tu relación de pareja aún tiene sazón.

No sé cuánto va a durar la nueva vida en pareja de mi joven y bella amiga. Lo que sí sé es que las parejas de hoy se rigen por reglas y formas menos rígidas que las de mi época, y eso me parece bien y muy liberador para ambas partes. Lo que mi amiga aún no sabe y yo sí, es que si logran vivir muchos años juntos un día podrán alimentarse no sólo de besos, también de proyectos, batallas superadas, recuerdos inolvidables, mucha paciencia, tolerancia, sueños y retos, así como de saborear una profunda y mutua gratitud.

Feliz Día del Amor.

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Gilda Melgar

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Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 13 de febrero de 2019.


Gilda Melgar

La cocina es el espacio de la casa en el que la labor doméstica es cosa de nunca acabar. Mañana, tarde y noche, todos sus integrantes abren y cierran cajones o puertas de la estufa, del horno, del lavabo, del refri y demás compartimentos.

Si una casa está realmente habitada, mantener la cocina ordenada y brillante es misión imposible, sin importar si es chica o amplia.

Curiosa por descifrar los tips más “pro” de la gurú japonesa del orden, Marie Kondo, esta semana me aventé el maratón de su serie  titulada “A ordenar”, disponible en Netflix desde el pasado 1 de enero.

Aunque sentía cierta resistencia a verla, la sentencia pronunciada por Kondo desde el primer capítulo acerca de que “es imposible mantener la cocina ordenada”, me relajó lo suficiente como para continuar con toda la serie.

En honor a la verdad, son muy pocos los consejos que podría emular entre todos los que ella ofrece en los siete capítulos de esta primera temporada. Además, de los relativos a la cocina, ninguno me pareció “guau”, tal vez porque tengo la fortuna de vivir con alguien que podría ser la versión masculina de la Kondo.

Muchos de los “principios acerca del orden” que la han vuelto famosa, son aplicados en mi hogar gracias a mi esposo, excepto uno de ellos: “Quédate sólo con lo que te haga brillar”, y es que todas las veces que hacemos “limpieza y eliminación” en la cocina, él vuelve a votar por conservar los frascos de vidrio de café soluble “por si un día se ofrecen” y nunca quiere deshacerse de unos tazones amarillo huevo porque “son muy buenos para calentar el arroz”. Y qué puedo hacer, si como bien dice la gurú: “A la hora de ordenar, es muy importante respetar al otro”.

En el capítulo 4, una pareja californiana que ordena el “pantry” muestra a Marie su “colección de tazas”. Son 26 horrendas tazas con diferentes colores y motivos como las que venden en ferias y regalan en eventos. Aunque los japoneses son poco expresivos, imagino perfecto los ojos “muy abiertos” de la diminuta Marie tratando de disimular su espanto al contemplar esos trastos. Definitivamente ninguna persona o mesa puede “brillar” con objetos así. De hecho, uno de mis principios estéticos-hedónicos es beber café o té en tazas lo más “fashion” posible.

Por otra parte, estoy muy de acuerdo con esta frase del método KonMarie: “Ordenar no se trata sólo de limpiar. También de crear espacios que despierten felicidad”, y yo soy muy feliz en mi cocina cuando horneo, a pesar de que mi compartimento exclusivo para repostería no está “kondeado”, por la sencilla razón de que soy la única que lo ocupa. No necesito tener todos los polvos por un lado ni los líquidos por el otro. Tampoco poner los moldes por tamaños.

Aun así, de verdad “aprecio mis herramientas de cocina por los servicios que me proveen”.

Querida Marie Kondo, después de ver tu serie, tengo algunas cosas que decirte:

1. Sumimasen, pero no puedo ni quiero seguir tu método en mi cocina. Necesito mi mágico desorden para crear nuevos y más deliciosos postres.

2. En tu serie, las mujeres son las únicas que limpian y ordenan la cocina, pero déjame decirte que los hombres también pueden y deben entrarle al trabajo de nunca acabar. Así que, Onegaishimasu, para la segunda temporada, asegúrate de incluir a un varón lidiando con el fregadero.

3. ¡Arigato gozaimasu! por hacerme confirmar, una vez más, que NO voy a malgastar el tiempo que me queda en doblar y doblar, porque definitivamente tengo muchos libros por leer, amigas a las cuales visitar y más series para disfrutar.

Me despido, no sin antes invitarte a grabar uno de tus episodios en México, dentro de una típica cocina con ollas viejas de peltre y comales quemados, sin ningún brillo, como los que utilizamos la mayoría para preparar algunos de los más deliciosos guisos y antojos del mundo.


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Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 30 de enero de 2019.


Tengamos o no la costumbre de comenzar el Año Nuevo con algunos propósitos, lo cierto es que el comienzo de un ciclo siempre se presta a las buenas intenciones de mejorar nuestra vida y, lo digamos o no, todos de alguna manera anhelamos contar con la voluntad necesaria para –ahora sí– romper con los malos hábitos, especialmente los relacionados con la salud.

Resulta que, al volver esta semana a la rutina normal, apenas me entero de cuál fue la “palabra del año” 2018, de acuerdo con el nombramiento que desde hace seis años emite la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), en España.

Se trata de "microplástico", palabra que designa “los pequeños fragmentos de plástico (menores de 5 milímetros) que, o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo…) durante su proceso de descomposición”.

“Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de los animales y en la sal marina que consumimos o en el agua que bebemos…” obliga a imponer medidas para reducir el consumo de los plásticos.

Un estudio avalado por Greenpeace y la Universidad Nacional de Incheon (Corea), publicado en octubre pasado, concluyó que 90 por ciento de la sal comercial que consumimos –a nivel mundial– contiene “microplasticos” que pueden afectar la salud.

El autor, Kim Seung-Kyu, señala en su informe que “la ingestión humana de microplásticos a través de productos marinos está fuertemente relacionada con el consumo de plástico en una región determinada”.

Ya sabemos que tomar sal en exceso es dañino, pero que la mayoría de las marcas comerciales que consumimos contienen las sustancias tóxicas de los “microplásticos”, es algo de lo que apenas nos estamos enterando.

¿Cómo es posible que la sal –que pone sabor a nuestras vidas– resulte ahora aún más dañina?

En el mar la vida es más sabrosa y eso es, en gran parte, gracias al sabor de la sal en la arena, en las olas y en los pescados y mariscos.

Volviendo a mis anhelos de año nuevo, me pregunto si, además de diversificar mi dieta en cuanto a ingredientes y sabores, debería disminuir mi consumo de sal, y no sólo por los microplásticos.

Aunque no me considero una persona de gusto muy salado, creo que me sería muy difícil llevar una dieta cero sal.

La OMS recomienda un consumo diario de sal de no más de 5 gramos. De acuerdo con el informe de Greenpeace, si un adulto toma 10 gramos de sal al día, en un año estaría ingiriendo 2 mil microplásticos. Tan sólo a través de la sal.

Lo que aún no queda claro es cómo la presencia de esas sustancias tóxicas afecta la salud e impacta en otros seres vivos.

Lo cierto es que, además de la carne, los lácteos, las harinas y el azúcar, catalogados como alimentos dañinos para la salud, ahora resulta que, aunque no consumamos sal en exceso, hacerlo podría conllevar otros riesgos.

Entonces, ¿cómo le hacemos para ponerle “sal” a nuestra vida sin salar los alimentos?

Sustituyéndola con condimentos naturales como el ajonjolí o la pimienta, el jengibre o la cúrcuma, así como con plantas como la albahaca, el perejil, el orégano, el romero y el laurel. O incluyendo, especialmente en las ensaladas, unos trozos de cebolla, ajo, apio o ajís, los que también añaden un toque picante. En cuanto a los aliños, será mejor olvidarse del limón, ya que siempre lo asociamos con la sal, y en su lugar utilizar vinagre, incluso vinagre de arroz del que se usa para aliñar el arroz del sushi.

Justo el año pasado yo redescubrí la salvia. Los italianos nunca han dejado de usarla y otorga un gran sabor a las carnes y pastas. Pero también es perfecta para condimentar tomates, berenjenas o calabacitas.

Creo que hay varias opciones para evitarnos más riesgos de salud, ahora por la ingesta de sal comercial.

Algo bueno veo en esta nueva alarma: descubrir el verdadero sabor de las verduras y los vegetales, crear nuevas y únicas combinaciones de alimentos y, finalmente, la posibilidad de encontrar “la sal de la vida” en algo que no sea comestible, pero sí besable, quizás.

Que todos sus buenos anhelos de año nuevo se cumplan y les den muchas alegrías.

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Gilda Melgar

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Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Domingo 13 de enero de 2019.

Gilda Melgar

La austeridad tan prometida durante 12 años de campaña por el nuevo Presidente de México, se hizo patente en el menú servido en el Palacio Nacional durante la recepción ofrecida a los jefes de Estado, representantes de gobiernos e invitados especiales a su toma de posesión.

Compuesto por cuatro tiempos, el menú presentado con la leyenda: “Comida que ofrecen el licenciado Andrés Manuel López Obrador, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y su esposa, la señora Beatriz Gutiérrez Müller, en ocasión de la transmisión del Poder Ejecutivo Federal”, constó de “Ensalada de calabazas criollas en cama de pipián”, “Crema de Huitlacoche”,  “Costilla en salsa de axiote con esquites y molote de plátano”, “Dulce de zapote negro con nieve de mandarina” o “Dulce de Calabaza de Castilla con crema montada de vainilla y garapiñados”.

La nota sobre el menú no sólo está en la austeridad de los ingredientes en los platillos, sino también en el hecho de que no se sirvieron bebidas alcohólicas. Si hubo brindis, habrá sido con las aguas frescas de chía y jamaica.

Dicen que forma es fondo, y el nuevo mandatario no dejó lugar a dudas –en este primer acto de Estado– en el cumplimiento de su promesa de no más despilfarro por parte del gobierno, amén de que ésta era también una oportunidad de oro para limpiar la mala imagen que dejara la “boda fifí” de César Yáñez, su brazo derecho.

Ahora no hubo langosta ni champán y no sé si algunos invitados pensaban que iban a deleitarse con la cocina mexicana estilo Pujol de Enrique Olvera, pero lo seguro es que, después de la comida, les tuvo que haber quedado claro de qué va el nuevo gobierno mexicano.

Tengo mis reservas con respecto a la actuación de la nueva administración federal, sin embargo, ello no impide a mi dolcealterego felicitar la congruencia mostrada por López Obrador en este acto, aunque sea en las formas, así como expresar mi deseo –con todo el corazón y por el bien de México– de que los alimentos que tanto abundan en nuestra geografía natural, lleguen a todas las familias del país y no sólo como un sustento básico y derecho fundamental, sino también como un gozo de vida.

Que así sea. 

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*Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Domingo 2 diciembre 2018.


Gilda Melgar      

La segunda acepción descrita en la RAE para la palabra ofrenda dice: “Pan, vino u otras cosas que llevan los fieles a la iglesia como sufragio a los difuntos, al tiempo de la misa y en otras ocasiones”.

Aunque esta definición está relacionada con los rituales de la religión católica, la idea de la ofrenda es un concepto universal y milenario.

Nuestra ofrenda para Día de Muertos es un claro ejemplo del sincretismo entre las culturas prehispánica y cristiana, pues contiene elementos que fueron utilizados por los pueblos mesoamericanos en sus rituales funerarios, como la comida y el copal.

En algunas tumbas mayas –dedicadas a los nobles– se han encontrado platos con inscripciones de los vocablos tamal y pozole, por lo cual se infiere que estos alimentos eran dispuestos junto a su cuerpo para “alimentarlos” en su camino al otro mundo.

Las culturas asiáticas –coreana, china y japonesa– comparten con nosotros esta tradición milenaria de “ofrendar” alimentos a los muertos, no sólo en los rituales funerarios sino también como parte del recuerdo de los antepasados.

La idea básica detrás de estos rituales parte de la creencia de que su alma o espíritu permanece después de la muerte y puede volver al mundo de los vivos en forma de “fantasma” o “espíritu maligno”. Para que esto no suceda, hay que venerarlos y presentarles ofrendas.

Algunas filosofías budistas contemporáneas han adoptado y adaptado la idea milenaria de la ofrenda a los antepasados como una parte fundamental de su práctica laica en el mismo entendido de que el espíritu de los ancestros permanece y afecta de alguna manera la vida de sus descendientes. Sólo que, en algunos casos específicos, los budistas laicos cuentan con una ofrenda permanente para sus familiares fallecidos, la cual es revestida de alimentos, flores e incienso durante todo el año, no sólo el Día de Muertos.

En este estilo de ofrenda budista y laica, también se colocan los alimentos preferidos por los antepasados, incluyendo bebidas alcohólicas. Para el aniversario de muerte, es decir, en la fecha exacta de fallecimiento de los seres más cercanos, suele ofrendarse alimentos de lujo o especiales, como dulces o destilados finos.

De acuerdo con el pensamiento budista, hay cuatro sufrimientos inherentes a todos los seres vivos: nacer, envejecer, enfermar y morir. Ninguna persona, rica o pobre, podrá escapar de ellos. Nuestra vida está llena de sufrimiento porque nos apegamos a deseos, objetos y personas. Y la única forma de escapar de ese sufrimiento es a través del desapego y la renuncia a nuestros deseos. Por supuesto que es muy fácil decirlo. Vivirlo, no.

No obstante, en mi propia vida, la conciencia de la muerte como algo natural e insoslayable, junto con la apropiación del “principio de impermanencia” (otro concepto básico del budismo), me han ayudado a no dar nada por sentado y valorar más a mis vivos.

Consciente de que un día cualquiera puedo no estar más en este mundo, hago ofrendas a muertos y vivos. A mis ancestros, nombres póstumos, agua, incienso y flores. A mis vivos, mis mejores platillos, los más dulces postres y las más suaves palabras.

Un día llegué a la conclusión de que, si bien montar ofrendas anuales a los muertos puede ser un acto amoroso, loable y hasta “chic”, también es un ritual muy fácil de cumplir.
Pero ofrendarse, volverse uno un ser generoso y correcto dando su talento en el ámbito laboral, o entregando su amor y tiempo a los suyos sin reparo, eso sí que es un acto harto difícil de realizar, que implica mucha labor personal.

Obviamente sí quiero montar una linda ofrenda para los ancestros a los que debo mi vida, pero al mismo tiempo, deseo ser una ofrenda viva para los míos, y no estoy pensando en las princesas mayas (que yo sí podría ser) que ofrecían su corazón a los dioses.

No. Pienso en mis ofrendas cotidianas, como el basto desayuno que preparo a mi familia los fines de semana. En el chocolate que le compro a mi esposo los domingos por la tarde. En el postre y vino que llevo a las fiestas a las que me invitan. En los regalos que traigo a mis amigos tras un viaje. En el cumplido que hago a mis amigas cuando las veo.

México es reconocido en todo el mundo por su ofrenda y fiesta para los muertos, pero también es valorado por ofrendarse a los vivos.

El desfile de muertos del pasado fin de semana sobre el Paseo de la Reforma fue dedicado a los migrantes, en particular los centroamericanos que se dirigen en caravana a la ciudad.

México también le abrió sus puertas a mi familia a finales de los 70, cuando la guerra civil de El Salvador nos obligó a salir. Los mexicanos nos arroparon del mismo modo que fueron generosos con los españoles, chilenos, argentinos, colombianos y haitianos.

Sigamos siendo una mega ofrenda, viva y permanente, tanto para los que ya no están como para los que aún nos necesitan y podemos ayudar.

Feliz Día de Muertos.

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*Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Jueves 1 de noviembre 2018.

Gilda Melgar

Bohemia de París alegre, loca y gris de un tiempo ya pasado

en donde en un desván con traje de can-can posabas para mí

y yo con devoción pintaba con pasión tu cuerpo fatigado

hasta el amanecer a veces sin comer y siempre sin dormir.

 

La bohemia, la bohemia

era el amor felicidad.

La bohemia, la bohemia

era una flor de nuestra edad.

 

Después de cursar una asignatura sobre arte del siglo XIX el último año de la universidad, me obsesioné con el Impresionismo y el postimpresionismo. Los carteles de Henri de Toulouse-Lautrec ejercían sobre mí una gran fascinación y curiosidad por la “belle époque”. La fiesta parisina representada en su obra a través de imágenes de cabaret, música, sensualidad y placeres de la mesa me hacía soñar con otros mundos, no sólo en el ámbito geográfico, sino también respecto del hedonismo que en aquella época afloraba en mí.

Ahora sé que los impresionistas y postimpresionistas fueron una verdadera revelación en mi juventud debido a que la “bohemia” que conocía entonces, se limitaba al placer de la literatura y la música.

Por eso, las ilustraciones de Lautrec sobre la vida nocturna en Montmartre y sus cafés concierto, teatros y bailarinas del can-can, llamaban poderosamente mi atención sobre un estilo de vida desconocido y secretamente anhelado.

Más tarde, y gracias a películas memorables que transcurren en los alrededores de Montmartre, como Moulin Rouge (1952), French Kiss (1995), Amélie (2001) y Midnigth in Paris (2011), el barrio de Toulouse Lautrec me fue pareciendo cada vez más familiar hasta que, el verano pasado, por fin pude pisar sus calles y rendirme ante su encanto, aunque fuera en compañía de cientos de turistas de todo el mundo.

Pasear por el barrio de ensueño al que el recién fallecido Charles Aznavour le dedicó su éxito de los años 60, titulado “La Boheme”, donde alguna vez residieron Picasso, Edith Piaf, Jean Marais o Boris Vian, me entusiasmó tanto que logré subir las escaleras al mirador de la Basílica del Sagrado Corazón casi de un tirón.

Pararme en el mismo sitio donde la protagonista de Amélie imagina el número de orgasmos simultáneos de sus vecinos y comprar fruta en un puesto callejero o tomar café al estilo del Deux Moulins cerca de la plaza del Tertre en la que –quizás– Henri pintó sus famosos carteles del Chat Noir y el champán Ruinart, fue un sueño hecho realidad.

Y si bien la boheme de Montmartre no existe más –tal como reza la canción de Aznavour–, sus tiendas, boutiques, restaurantes, puestos y estaciones del metro aledañas nos ofrecen un lado del París contemporáneo vibrante y diverso que hay que experimentar.

Después de subir al Sagrado Corazón y recorrer las tiendas de souvenirs, panaderías y bombonerías “de cajón” como Maxim’s donde compramos una caja de macarons y un delantal súper cliché con bombones en tonos pastel, mis amigos y yo nos premiamos con una cena de cocina tradicional francesa en el café L’artiste, sobre la Rue Gabrielle, un pequeño restaurante con mucho encanto y servicio cálido.

Pedimos un menú completo con entrada, plato principal y postre a un precio muy accesible, tratándose de París.

Lo mejor de la noche fueron la sopa de cebolla, el salmón a la parrilla con ejotes salteados, el clásico Boeuf Bourguignon con sus papas cocidas y nuestras copas de Bordeaux chocando por la felicidad de un sueño cumplido gracias a Toulouse-Lautrec y mi dolcealterego.

 

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*Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Martes 16 octubre 2018.


Gilda Melgar     

Llegó octubre, el mes rosa para la lucha internacional contra el cáncer de mama, considerado como la primera causa de muerte en las mujeres mexicanas.

En la cruzada nacional del “listón rosa” no sólo participan grandes empresas con campañas para la recolección de fondos ‒como la compañía Avon, pionera en lanzar anualmente un cosmético alusivo‒, sino que también se incluyen varias asociaciones dedicadas a la divulgación, prevención, detección y atención de la enfermedad.

Es el caso de la Fundación Cima, que durante 16 años ha marcado la pauta en materia de recaudación de fondos al aliarse con grandes marcas nacionales e internacionales para la edición y venta especial de productos “rosas”, como las bolsas Cloe, Nutrisa, Aguafiel,

Dove, etcétera. Desde el año pasado, Cima inició también una alianza con la industria restaurantera.

Este 2018 no es la excepción, y se alió con 12 restaurantes a través de una “Ruta gastronómica” en la que esos establecimientos ofrecerán un menú especial con alimentos y bebidas color rosa, en pro de su labor.

Los restaurantes que durante el mes de octubre donarán a la Fundación Cima entre 20 y 25 por ciento de las ventas de su #Menú Rosa, son Butcher & Sons, Chiefs, Jaso, el Mayor, Vapiano, Drupa café, Rubaiyat, Casa Q, Carbonvino, Rustic Kitchen, Izadi y Rouge Bohème.

Por ejemplo, en el Rubaiyat, el chef Martín Vázquez ofrecerá su emblemática “Tostada de Atún” con una base de aderezo de chipotle y aguacate, poro frito, camote frito y atún fresco sellado en ponzu, acompañada por una “Caipiriña Rosa”, hecha con limón macerado en azúcar con cachaza y soda de limón pintada con granadina.

Rouge Bohème se une a la causa con tres creaciones del chef Sebastian Lelouch, con ingredientes cuidadosamente pensados para prevenir el cáncer: la “Pirámide que Quinoa”, con una base de puré de aguacate, suprema de naranja y salmón; unos “Ravioles rellenos de hongo silvestre” y una “Tarta de crema pastelera al betabel con frutos rojos”, postre que va perfecto con el color del mes y que el chef ha incluido debido a que “el betabel contiene betacaroteno y flavonoides y poderosos antioxidantes”, mientras que “los frutos rojos, aportan antioxidantes y flavonoides que se encargan de limpiar todos los radicales del cuerpo, responsables de dañar las células”.

El Dupra café de Coyoacán ofrecerá un “Frapé de frutos rojos” y una “Malteada de moras de la selva”.

El restaurante de cocina italiana Vapiano participará ¡pintando todas las pastas de su menú de color rosa! Y la verdad es que se ven muy bonitas y, sobre todo, antojables.

Tener un pretexto con causa social para comer platillos de edición limitada ¡no tiene precio!

No pierdan esta oportunidad y apoyen con el #MenúRosa que más les guste.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 29 de septiembre de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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