Gilda Melgar  

“Festival Gourmet” en Sanborns

El registro internacional conocido como "Denominación de origen" (D.O.) se otorga a un "producto originario de una región específica, cuya calidad y características –naturales y de producción humana– se deben únicamente al medio en el que éste se desarrolla".

Debido a su riqueza natural y cultural, México es uno de los países con mayor número de productos designados con el registro D.O. a nivel mundial. Sean originarios del norte o del sur del país, los productos, alimentos y artesanías designados con ese título nos representan en todo el mundo.

Fuera del país, quizás el más conocido de nuestros 14 productos con declaratoria de D.O. sea el Tequila de Jalisco. Aunque dentro del rubro de las bebidas también han sido designadas la Charanda de Michoacán, la Bacanora, de Sonora, así como el Mezcal y el Sotol.

En cuanto a los alimentos que cuentan con el título tenemos a la Vainilla de Papantla, Veracruz; el Arroz de Morelos; el Mango Ataulfo del Soconusco, Chiapas; el Café de Veracruz y de Chiapas y el Chile Habanero de la península de Yucatán.

Dichos productos crecen en un micro clima específico que les confiere una serie de características y calidad únicas en el mundo. Por esa razón, el nombre del alimento o producto –la mayoría de las veces– coincide con el de la región de donde proviene.

De nuestras artesanías, poseen el registro sólo tres: la Talavera de Puebla, la piedra semipreciosa del Ámbar en Chiapas y las cajitas trabajadas con madera de Olinalá, Guerrero.

De entre estos productos, hay uno que, de sernos tan familiar y cotidiano, no lo percibimos como algo especial o “único”. Me refiero al arroz de Morelos, el que se prepara en casas, fondas y restaurantes para millones de comensales en todo el país y que también es muy apreciado en Estados Unidos y Alemania. Pero, ¿qué lo hace especial y único? El tipo de grano, largo y grueso. Dos cualidades que soportan mejor la acción del calor sin que se rompa o bata. No es gratuito que el “arroz rojo” cocido en salsa de tomate, ajo y cebollas, sea un platillo único de México. ¿Quién se resiste a un plato de arroz rojo bien esponjado con sus chícharos y zanahorias?

Al igual que nos sucede con el arroz de Morelos, el sabor “amantequillado” y la textura carnosa, tan particular del mango Ataulfo, lo vuelven nuestro fruto preferido del verano.

Por muchos años, el mezcal era percibido como una bebida para las clases menos favorecidas. Hoy es de lo más preciado por los jóvenes en todo el mundo. Las Mezcalerías que hace cinco años pusieron de moda los restauranteros de la Condesa, Roma y Polanco, hoy son lo más “inn” en Nueva York.

Y justo para enaltecer los alimentos más exclusivos de nuestra geografía, el “Festival Gourmet 2017” de Sanborns –celebrándose durante todo el mes de noviembre–, tiene como tema nuestros productos “Denominación de Origen”. La marca, en alianza con reconocidos chefs del país, creó un menú especial con platos para desayuno, comida y cena, en los que se destacan uno, dos y hasta tres de nuestros alimentos con calidad D.O.

Entusiasmada con la idea de probar platos de creación exclusiva con ingredientes de calidad, un día de esta semana acudí a mi Sanborns más cercano para desayunar los “Huevos pochados con salsa tatemada de chile Habanero”, creados por la chef Margarita Lascurain, un plato en el que a pesar de que el elemento estrella es la salsa a base de uno de nuestros chiles más picantes, en su propuesta aparece de forma sutil y chispeante, sólo como un guiño para bañar de forma deliciosa a todo el conjunto.

También me atreví a probar el “Trío de chilaquiles en salsa de chile Habanero con cecina enchilada”, del Chef Juan Bueno, que sí hacen honor a su apellido y son elección idónea para comenzar el día como rey.

Sorprendida por la buena factura de los platos, decidí volver para la cena. Entonces, seleccioné el plato creado por la joven y talentosa Yerika Muñoz, la cocinera al frente del restaurante peruano Astrid y Gastón CDMX.

En el Festival Gourmet Sanborns, Yerika firma un súper fresco “Cebichito peruano de camarones con mango Ataulfo” que lleva toques asiáticos, compuesto de camarón, mango, cacahuate, zanahoria, lechuga, cebolla morada, tiras de wonton frito, ajonjolí tostado y, obviamente, su “leche de tigre”. Sin duda el platillo imperdible de este festival.

Sólo me quedan dos antojos por probar en la propuesta de comidas: el “Arroz a la Tumbada con mariscos” y la “Gelatina de café Chiapas y Veracruz”, ambos platillos creados por la icónica chef Susana Palazuelos, la misma que ha ofrecido banquetes y cenas de gala para presidentes y visitas reales.

Por fortuna, los que menciono no son los únicos platos ofertados en el festival “Denominación de origen” y para mi gozo culinario, aún quedan 15 días para seguir probando al México con calidad D.O. vía Sanborns.

No se lo pierdan.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 18 noviembre 2017.


Gilda Melgar      

Cuando ocurrió el terremoto de 1985 tenía apenas 19 años. Y aunque padecí el hecho y sus consecuencias, quedando “traumada” como cualquiera de mis contemporáneos, entonces yo era sólo una estudiante hija de familia.

El pasado 19 de septiembre, desde el momento en que la tierra brincó con fuerza y junto con otras personas traté, infructuosamente, de bajar rápidamente desde un tercer piso en la colonia Del Valle, mi cabeza daba vueltas pensando alternadamente, por un lado, que tenía que salir viva de ahí por mis hijos (que aún me necesitan), y por el otro, que seguramente esos eran los últimos momentos de mi vida, por lo que ésta se me reveló completa en cuestión de segundos.

Unas semanas después, sostuve una reunión catártica con la familia y los amigos más cercanos, en la que nos abrazamos, lloramos y compartimos no sólo las anécdotas de ese martes, sino también las reflexiones de lo que se estaba viviendo en la ciudad, especialmente sobre la actitud solidaria de los jóvenes y la capacidad de ”darse” de toda la gente.

Algunas filosofías budistas señalan que cuando sucede un temblor de gran magnitud, es porque de las entrañas de la tierra está surgiendo también un gran “ser trascendente” que viene a mover nuestras conciencias para que “despertemos” y “enmendemos” nuestras vidas para “ir por el camino correcto”.

No importa si esto es cierto o no. La verdad es que yo recordé esa analogía porque este sismo –en la medianía de mi vida– me sacudió más allá de lo físico.

Así que, reflexionando con una amiga acerca del sismo emocional que el S19 dejó en nosotras y en nuestros seres queridos, nos preguntamos cuáles serían las lecciones o decisiones más importantes para la mayoría de las personas, a partir de ese día.

Por supuesto que cada cabeza es un mundo, pero llegamos a la conclusión de que, quizás esa nueva conciencia que el terremoto nos dejó, oscila entre dos extremos. Por un lado, están lo que pensaron “sólo se vive una vez” y, por lo tanto, decidieron llevar a cabo con prontitud algunos planes postergados como viajar, casarse, tener hijos, comprar una casa, etcétera, porque “no vaya a ser que mañana tiemble otra vez y me arrepienta de no haber tenido el valor”.

Por el otro, están los precavidos. Los que se preocuparon por el mañana y “su futuro”, y decidieron ya no gastar más. Ahorrar, guardar, y apretarse porque “no vaya a ser que tiemble otra vez y me quede en la calle, sin techo, ni nada que ofrecer a mi familia”.

Nos pareció curioso y hasta divertido que, en algún punto, esos extremos se juntan en un mismo sentimiento: ofrendar-se. Darse con locura, sin medida y disfrutar los placeres de la vida, o bien, darse a la templanza, procurando lo que hay para los suyos.

Yo creo estar entre los primeros, pero no importa si uno decide despilfarrar o guardar. Lo único importante es darse a los demás, así como nos dimos todos en la emergencia, ayudando como cada quien quiso y pudo.

Por mi parte, decidí retomar mis “horneadas” y ofrendarme a los míos con lo que más me gusta hacer. Desde entonces, de mi cocina surgen pasteles, panqués, muffins, tartas y mermeladas.

Ignoro si, justo por la sensibilidad que me dejó el sismo, esta semana que vi “Coco” y su increíble recreación de la ofrenda del Día de Muertos, lloré sin parar, no sólo por los que este año se fueron en la familia y por todo el dolor post temblor, sino también porque su significado y gran lección me permitió confirmar que debo seguir ofrendándome a mis vivos, no vaya a ser que tiemble otra vez y no pueda más endulzarles la vida.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 25 octubre 2017.

Gilda Melgar    

#SeguimosDePie #Roma Condesa

El #S19 sacudió con fuerza a las colonias Roma y Condesa. Y no me refiero sólo al movimiento sísmico, sino también a las consecuencias económicas negativas en uno de los corredores gastronómicos más importantes de nuestra CDMX.

Tras el fatídico 19 de septiembre, si bien algunos cafés y restaurantes de la zona no operaron comercialmente por obvias razones, muchos permanecieron abiertos para servir a la comunidad, ya sea preparando alimentos para los damnificados, rescatistas y voluntarios, o bien como centros de acopio.

Uno de esos restaurantes fue el Cedrón, sobre la calle Mazatlán en la Condesa, a unas cuadras del Parque España. Durante la emergencia postsismo, su chef Alejandro Fuentes (quien trabajó en el Au Pied De Cochon CDMX y el Ritz de París) estuvo muy activo en redes, llamando a la comunidad “foodie” a apoyar y dando a conocer la forma en que, desde su cocina, su equipo preparó chilaquiles, tortas, sopas y café para los brigadistas y damnificados.

Un mes después del sismo, Cedrón y otros establecimientos de la Roma-Condesa, hace un nuevo llamado, esta vez a través del movimiento #SeguimosDePie, el cual busca reactivar la economía restaurantera de la zona, de la cual dependen muchos empleos y familias.

Intrigada por el activismo con el que Alex inundó las redes en los días de emergencia y entusiasmada por las buenas calificaciones con que se reseña su cocina, acudí a desayunar en el Cedrón.

De entrada, me entristeció comprobar el ánimo caído que aún se percibe en la zona. Siendo un viernes de quincena a la hora del desayuno-almuerzo, las calles solas y en la planta baja del restaurante, apenas si había tres mesas ocupadas.

No obstante, la estética del lugar me enamoró a primera vista y volvió mi entusiasmo. Sofisticada y relajada a la vez. Situado dentro de una casa de los años 20, en Cedrón ocupa un lugar definido y los comensales pueden observar los alimentos frescos y el pan recién horneado dispuestos en un precioso mostrador que divide a las mesas de su cocina.

De acuerdo con su página oficial, la propuesta de Cedrón está inspirada en la visión clásica de la cocina francesa tradicional, aunque con platillos frescos y ligeros. Por eso su menú de desayunos incluye los clásicos croque-madame, croque Monsieur y huevos Benedictine, así como panadería croissant.

Antes de traer la carta a la mesa, se sirve a los comensales una porción de muesli con fresas y yogurth, pan recién horneado, mantequilla con ceniza de queso de cabra, miel y mermeladas de guayaba e higo.

En la sugerencia del día del menú matutino se encontraba la “Cazuela Cedrón” (que fue mi elección) compuesta por cuitlacoche, granos de elote, dos huevos poché, chile poblano y salsa holandesa a la mexicana, servida sobre tortillas azules. Una delicia, cero pesada.

De los desayunos mexicanos, también probé los “Huevos con machaca” traída de Chihuahua, servidos con un sope de hoja santa y nopales asados. Lo que definitivamente pediré en otra ocasión son los “Huevos gratinados” revueltos con espárrago, hongos y jitomate con queso manchego, que sirven acompañados de un vasito con frutas tropicales.

Algo que agradezco de Cedrón es el trato “a la antigua” de sus meseros. Señores que saben de su función y por lo mismo suguieren, explican y apoyan al comensal de forma amable y educada.  Pero Cedrón tiene muy buena fama por los platillos en su menú de comida, por los que debo regresar. Por ejemplo, “La pesca del día”, que es una selección personal del chef, quien acude al mercado desde la madrugada para elegir lo mejor y más fresco. El cerdo a la manzana, el soufflé de chocoltae y el sello de la casa, una infusión de cedrón que se sirve como digestivo. También quiero acudir a sus noches de jazz en vivo, los miércoles y jueves a las 8:00, para disfrutar de un “Mojito Cedrón”.

Y como dice en una de las imágenes de la página de Cedrón en Facebook: “No se trata de ir a comer como si nada hubiera pasado, sino de que estos restaurantes salgan de la pausa y reactivar la economía de esta zona”, corazón de nuestra CDMX.


*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 25 octubre 2017.


Gilda Melgar        

Crecí en un país cálido. Pletórico de café, algodón y frutas tropicales. Plátanos, mangos, piña, coco y papaya fueron el dulce gozo de mi infancia.

Debido a la geografía, el clima y el contexto en el que me tocó nacer, en mi casa las frutas de clima templado, importadas de Guatemala y México, eran un lujo exclusivo de diciembre. Mi madre coronaba sus canastas navideñas con peras, manzanas y uvas rojas.

Cuando me mudé a México, al empezar la secundaria, me sorprendió ver que mis compañeros de clase traían como “lunch” una enorme y rojísima manzana. En mis primeras visitas a los tianguis y mercados, me detenía en los puestos de manzanas de toda clase: Gala, Red Delicious, Golden Delicious, Pink y Granny Smith. De la más dulce a la más ácida, pero todas antojables y con infinitas posibilidades de disfrutarlas.

Recuerdo bien la primera vez que probé en una Navidad la “Ensalada de manzana”. No podía parar. Esa combinación de lo ácido de la manzana verde con la crema, los trocitos de nuez y lo dulce de la piña en almíbar fue “un descubrimiento” para mi paladar.

A nivel mundial, China y Estados Unidos aportan 45 por ciento de la producción total de manzana. En la escuela aprendí que en el norte de México se cultivan las mejores. En la actualidad, el estado de Chihuahua es el primer productor del país, seguido por Durango y Coahuila. De hecho, hay un paseo turístico llamado “Ruta de la manzana”, así como una feria anual realizada a fines de septiembre en el municipio chihuahuense de Guerrero, donde se presenta una muestra gastronómica a base de manzanas. La semana pasada, habitantes de esa localidad prepararon un “Pay gigante”.
 
En mi cocina nunca faltan los plátanos y las manzanas. Cuando llega el otoño preparo tartas, pies y pan de manzanas. Algunas clases contienen notas de flores y de otras frutas, como piña y fresa. Otras, saben a especias, mantequilla y es por eso que, al hornearlas, van bien con canela, clavo, jengibre y cardamomo. El olor que desprende un pay elaborado con “Granny Smith” mientras se hornea, me reconforta y anima.

Hoy, esta fruta universal es objeto de polémica y discordia en las negociaciones del TLC entre México, Estados Unidos y Canadá.

Resulta que en la tercera y más reciente ronda de negociaciones, celebrada en Otawa la semana pasada, la comisión estadounidense propuso limitar las exportaciones de hortalizas y frutas mexicanas de acuerdo a la estacionalidad.

Es decir, propuso que éstas puedan ser exportadas libres de aranceles únicamente cuando el mismo producto se esté cosechando en su país y, por lo tanto, no esté disponible en el mercado. Una medida “proteccionista” que, según declaró el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, “va en contra de los estatutos de la Organización Mundial de Comercio” a la que pertenecen los tres países. Hablamos de productos nacionales como el brócoli, los espárragos y el tomate, que abastecen gran parte de la demanda estadounidense.
 
México ha expresado su inconformidad por esa propuesta y, para evitar que la medida sea parte del nuevo TLC, hay un plan de contraataque. Lo primero será buscar el apoyo de los canadienses, que tampoco están a favor de la medida. Lo segundo, presionar vía nuestras manzanas.

Es decir que, en la cuarta ronda de negociaciones a celebrarse la próxima semana, de acuerdo con el secretario Guajardo, México podrá defenderse “implementando un mecanismo similar al de Estados Unidos, pero con sus manzanas rojas, pues es un producto de temporada del que, además, productores de Chihuahua, se han mostrado inconformes con su entrada al país”.

Los estadounidenses sólo podrían vendernos sus manzanas, duraznos y peras –libres de aranceles– cuando en México se esté cosechando esas frutas y no nos demos abasto con la demanda nacional, lo cual sería un mal negocio para ellos también, toda vez que Estados Unidos es nuestro principal proveedor de manzanas, antes que Chile y Canadá.

De acuerdo con la Secretaría de Economía, en 2016 se importaron 208 mil 44 toneladas de ese producto, por un valor de 229 millones de dólares.

Ya veremos en qué acaba la guerra de frutas y hortalizas. Mientras, entre que son peras o son manzanas, ya preparo un exquisito y ácido “Strudel de manzana” con unos ejemplares de provenientes de California, no vaya a ser que luego no los pueda comprar.

Feliz otoño.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Martes 10 de octubre de 2017.

Gilda Melgar       

El estrés post traumático que nos dejó el #19S se manifiesta en cada uno de nosotros a través de variados síntomas físicos y emocionales que trastocan nuestro sistema inmunológico y ánimo vital.

Por supuesto que para aquellos que perdieron a un ser querido o se vieron despojados de su patrimonio, ese estrés no será asunto pasajero o de fácil solución.

Entre los que no tuvimos pérdida física o material alguna, si bien no tendremos que enfrentar un duelo, sí habremos de sobreponernos al impacto de lo vivido, a la certeza de sabernos efímeros.

Para dimensionar el terror al que fuimos expuestos, basta con recordar que ese martes a las 13:14 horas --al creer que había llegado nuestra hora final-- muchos nos despedimos mentalmente de nuestros seres queridos.

Sentirse vulnerable ante un fenómeno o desastre natural sobre el cual no se tiene ningún control, produce una cantidad inusual de cortisol y adrenalina en nuestro organismo, provocando una serie de desórdenes como falta de aire, mareos, dolor de cabeza, ataques de pánico y, posterior al evento traumático, ansiedad, insomnio o depresión.

Pero estos desórdenes también se reflejan en la ausencia o el aumento del apetito. Una prueba más de cómo la forma en que nos relacionamos con la comida está ligada a nuestras emociones.

El resto de la tarde de ese martes 19, apenas si probé bocado. Inmersa en las noticias, tratando de procesar el miedo y tanto dolor, me olvidé de comer en forma. Pero al día siguiente, no sólo desperté con hambre sino que tuve antojo de alimentos ricos es grasa y azúcares. Mi cuerpo pedía compensar la descarga brutal de adrenalina.

Quería comer papas fritas o donas de chocolate, alimentos que en circunstancias normales nunca consumo y que, si bien calman la ansiedad de manera momentánea, son dañinos a largo plazo. Por eso me di a la tarea de buscar sustitutos saludables a mis antojos chatarrosos, alimentos que me brindaran la misma sensación, con el beneficio extra de restaurarme física y anímicamente.

Estos son algunos de los alimentos antiestrés que los nutriólogos recomiendan para mitigar la ansiedad o proteger la salud en situaciones de presión extrema como la que hemos vivido todos estos últimos días.

Proteínas: Huevos, leche y sus derivados, pescados, carne magra y aves. Además de otorgar nutrientes, ayudan a restaurar la masa muscular que se pierde cuando aumentan los niveles de cortisol.

Cítricos: Especialmente son recomendables las naranjas y el límón, debido a que la Vitamina C regula los niveles de cortisol que se disparan en situaciones límite.

Grasas buenas: Aceite de oliva, aguacate, mantequilla de almendras, semillas y frutos secos. Las almendras y las nueces de la India contienen triptófano (un precursor de la serotonina, sustancia que mejora el estado de ánimo) y magnesio (el mineral que relaja el sistema nervioso).

Vegetales y hojas verdes: Qué mejor forma de sustituir las papas fritas que un plato de crudités con brócoli, apio, coliflor, zanahoria, pepinos y pimientos con un poco de hummus natural o tahini. Además de consumir vitaminas y minerales a montón, el hecho de masticar verduras crujientes hace “descansar” al cerebro.

Plátanos: Ricos en potasio, magnesio y Vitamina B6, también aumentan la serotonina.

Chocolate oscuro: Un chocolate de calidad, al 70 por ciento de cacao, liberará endorfinas en el cerebro, haciéndonos sentir un poco mejor.

Té verde y herbal: Contiene teanina, una sustancia “calmante”. Además, controla los niveles de azúcar y colesterol en la sangre. Si sienten los nervios destrozados y están hipersensibles, es mejor olvidarse por un rato del café.

Agua: El estrés también deshidrata. Así que beber agua de más es sumamente importante para regular el funcionamiento óptimo de nuestros órganos y sistemas.

Qué tal un desayuno a base de “Huevos con jamón de pavo y yogurth natural” o, una “Tostada de pan integral con aguacate y huevo poché” por encima. Empezar así el día no sólo nos dará energía para remontar el cansancio emocional que nos dejó el sismo, sino que también brindará una sensación de saciedad.

A media mañana, un plátano con mantequilla de almendras.

En la comida, un consomé de pollo con muchas verduras.

En la cena, una ensalada de hojas verdes con atún y un té verde.

Los alimentos saludables no sólo restauran el cuerpo, también pueden ser una cura para el alma. Los que tuvimos la fortuna de salir ilesos de la tragedia tenemos la obligación de cuidarnos para seguir apoyando a los que hoy tanto nos necesitan.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Lunes 02 de octubre de 2017.

Gilda Melgar    

Hace años el canal Food Network transmitía la serie “Sólo 5 ingredientes” y yo era muy feliz de verla, porque aligeraba mis tardes de mamá --siempre atareada-- con hijos pequeños.

Conducida por una guapa cocinera californiana que mostraba cómo cocinar platos salados o dulces, casi en “un dos por tres”, la serie fue muy exitosa debido --en gran parte-- al carisma de su anfitriona. Todo lo que Claire preparaba constaba de sólo 5 ingredientes. Sus explicaciones claras y la precavida elección de algunos alimentos preelaborados, hacían ver muy fáciles sus recetas, especialmente las de los postres.

Aunque fueron pocas las veces que repliqué sus platillos, gracias a Claire aprendí que un plato no es más bueno o más sabroso por el número de ingredientes o por su método de elaboración. Entendí que lo más importante es: la calidad de los ingredientes, la cocción justa y saber destacar un sabor en particular.

El “pero” de sus propuestas era que, la mayoría de las veces, incluía ingredientes costosos o comprados ex profeso para su elaboración. Por ejemplo, aunque su “Ensalada ácida y crujiente” compuesta de filete de atún fresco, uvas rojas, nueces, limón y yogurt griego bajo en grasa, parecía algo fenomenal, el solo hecho de comprar el ingrediente principal, representaba un gasto oneroso.

Y a falta de presupuesto o tiempo para emular sus creaciones, gracias a ella al menos adopté el hábito de preparar algo delicioso con sólo 5 o menos ingredientes ya existentes en mi despensa.

De manera que, si un domingo por la tarde ya no había casi nada en el refri y sí mucha flojera para ir al súper, de inmediato se activaba en mi cocina el mantra de Food Network, y la imaginación también.

Un sábado de invierno que en mi refri sólo había una lechuga y en mi canasta muchas mandarinas, naranjas y toronjas, recordé una bolsita de arándanos olvidada en la alacena y ¡voilá! Surgió mi “Ensalada de la casa”. Hoy favorita de mis hijos y los amigos de mis hijos.

También mi “Pasta Alfredo con Pollo” pero sin pasta, surgió un domingo en que, al darme cuenta de que no tenía fettuccine, se me ocurrió sustituirlo con tres enormes y frescas calabazas disponibles en el refri. Cuando la preparo (pollo, calabazas ralladas, crema, queso parmesano y ajo) desaparece en un dos por tres.

Las cenas son las comidas más susceptibles para echar mano de la alacena y el mantra de Claire. Las mamás mexicanas y latinas de mi generación no veían a Claire, pero sabían muy bien cómo estirar el gasto familiar preparando meriendas con sólo cinco ingredientes... y amor.

¿Quién no recuerda las cenas familiares a base de quesadillas, sincronizadas, molletes (bolillo, frijoles, jitomate, cebolla y chile), tacos dorados, arroz con leche (arroz, leche, azúcar, canela y pasas), pan tostado con mermelada, sopa de fideo con pollo o enchiladas con queso?

Una amiga me compartió la merienda preferida de su infancia: gordas dulces de harina con manteca (estilo Tampico) cubiertas de mantequilla y mermelada de fresa. Su mamá preparaba la masa por la tarde y, justo antes de la cena, les daba forma a las gorditas y las cocinaba al comal para que llegaran recién hechas a la mesa. Puedo imaginar cuánta dulzura.

También yo tengo recuerdos de los 5 ingredientes en mis cenas salvadoreñas: plátanos fritos con frijoles, crema y queso fresco. “Chancletas” (chayotes con queso, crema y pan molido al horno), torta de huevo con ejotes y crema. Carne molida con jitomate y col.

Imaginen por un momento que participan en un reality show gourmet en el que les dan una charola con 5 ingredientes para preparar “algo” en determinado tiempo. Quizá los que no cocinan entrarían en pánico; sin embargo, les aseguro que, por pura sobrevivencia, tal y como hacían nuestras madres con lo único que había en la alacena, de inmediato su memoria culinaria vendría a salvarlos, activando en su mente todo el bagaje gastronómico de su cultura, brindándoles varias posibilidades ante el fogón.

Mi cena más reciente con sólo 5 ingredientes y bajo costo fue inspirada por las “chancletas” de mi infancia. En mi refri había dos chayotes, media barra de mantequilla, algo de queso panela y crema. En la alacena, una chapata del día anterior.

Entonces, cocí la verdura al dente (parando la cocción con agua fría). Ralle el queso. Freí trocitos de pan en mantequilla y, cuando todo estaba listo, tomé un lindo platón blanco sobre el que dispuse el chayote, la crema, el queso rallado y por encima, el pan con mantequilla.

¡Sólo 5 ingredientes y mucho amor!

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 9 de septiembre de 2017.

Gilda Melgar     

A fines de los 90 emergieron en la Ciudad de México pequeños negocios que ofrecían --por primera vez-- café de grano recién molido y extraído de una máquina semi o profesional, ya no como un complemento de otro servicio de alimentos, sino como un arte en sí mismo.

Las estrellas de su oferta eran una taza de café humeante y aromático, un capuccino espumoso o un expresso robusto.

Antes de eso, pasar por un café o un latte antes de llegar a una junta de trabajo o después de dejar a los niños en la escuela, era algo impensable. Una acción matutina que hoy nos parece de lo más normal y que para muchos es imprenscindible para arrancar el día.

Hace 20 años no había otra más que servirse de la cafetera con filtro de papel al llegar a la oficina y en el peor de los casos, abrir el frasco de Nescafé para beber algo parecido a un café en la sobremesa familiar.

Por fortuna, hoy gozamos de una vasta cultura alrededor del café, misma que desde aquella época creció de la mano de la globalización y nuevas tecnologías y que, en años recientes, se ha difundido gracias a las plataformas digitales de comunicación. Justo por esa gran cantidad de información disponible y promovida en las redes sociales, hoy nuestros hábitos de consumo son más razonados, conscientes y exigentes.

Esa cultura del café de la que hablamos y el boom del grano producido en México –que ocupa el número 11 a nivel mundial-- puede apreciarse este fin de semana a través de la Expo Café - 20 años que se realiza del 31 de agosto al 2 de septiembre.

Con un diseño inspirado en el reloj “blando” de Salvador Dalí, la imagen del cartel alusivo a este evento expresa el tiempo que nos toma poder disfrutar de una taza de café: desde que el grano está en manos de quien lo cultiva, lava, tuesta, empaca y comercializa, hasta los segundos (de 26 a 30) que le lleva a un barista prepararlo, justo antes de que podamos dar el primer sorbo.

Desde esa perspectiva --en la que se toma en cuenta toda la cadena productiva del café--, la exposición es una oportunidad única de negocios para los expositores (productores y proveedores de maquinaria y servicios) que ofrecen variedad de granos de calidad, maquinaria y capacitación; pero también es un foro imperdible para los amantes del café, quienes podrán degustarlo en todos los stands, incluso de regiones diferentes a las más reconocidas en el país, con granos de Puebla o Nayarit; conocer y adquirir artefactos para los diferentes métodos de extracción; admirar el arte de baristas calificados en la elaboración de lattes y capuccinos, y hasta “catar” siete cafés del más alto nivel, finalistas del premio “Sabor Expo-Café”, seleccionados previamente --de entre un total de 71 muestras de todo el mundo-- por expertos sommeliers de té y vino, chocolateros y cerveceros.

Para los emprendedores, habrá una serie de conferencias con el paso a paso para montar ya sea una barra, una estación o cafetería en forma.

Sobre las novedades globales, los visitantes podrán probar y adquirir artefactos para preparar el súper de moda Cold Brew Coffee, que no es lo mismo que un café caliente servido con hielos. No.

La bebida más famosa del verano en Instagram se prepara en frío, extrayendo el sabor del café de manera lenta y prolongada, por goteo o inmersión, lo cual resulta en un café dulce, espeso y menos ácido de lo normal. Los expertos de café Etrusca (estarán ahí para mostrar los distintos métodos de extracción en frío.

Dado que el café es una experiencia para foddies y “cazadores de experiencias”, de manera simultánea a la Expo Café, este fin de semana se presentan en el WTC los eventos del Wine Room, Agave Fest, Salón del Chocolate y Cacao, Jardín de las Delicias y, por primera vez, un Pabellón de Cocina Vegana.

De tal manera que, por recomendación de Alfredo Cordero, director de Arte y Concepto de Tradex Exposiciones, el fin de semana hedonista y sibarita que propone la Expo Café - 20 años, puede iniciar con el café de la mañana, pasar por el vino y el mezcal al mediodía, disfrutar de las propuestas veganas en la comida y cerrar con broche de oro en el salón del chocolate.

Bien dice Alfredo que el reloj “daliano” en el promo de la Expo, también indica que nos ha llegado el tiempo de “valorar y abrazar el café mexicano”. No se la pierdan.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 2 de septiembre de 2017.

Gilda Melgar    

Después de leer su novela más famosa --Seda--, me hice fan de Alessandro Baricco, el escritor italiano cuyos relatos “envuelven” y transportan. Con historias, épocas y personajes diferentes en cada una de sus entregas, su narrativa me hace vibrar, sentir, soñar y hasta “revivir” algún episodio de mi vida. Pero también me ha permitido “conectar” con mi humanidad.

Hace unos días terminé la lectura de La esposa joven, publicada en español por Anagrama en 2016 y, tal como sucedió con otras de sus historias, ésta me atrapó desde el principio. Sólo que esta vez, Baricco también logró que me conectara con mi “animalidad”. Esa que los hedonistas no podemos negar, pues gran parte de nuestra felicidad proviene del placer físico, aunque para gozarlo sin culpa y darle un aire intelectual (de seres pensantes además de sintientes), tengamos que contextualizarlo histórica y socialmente.

En La esposa joven, Baricco cuenta la historia de una mujer de 18 años que viaja de Argentina a Europa a principios del siglo XX con el objeto de casarse con el hijo mayor de una familia aristócrata. Al llegar a la villa italiana donde vive su futura familia política, la joven se entera de que su prometido está de viaje de negocios, sin que se sepa con certeza la fecha de su regreso. Así, ella inicia una larga espera en compañía del padre, la madre, la hermana, el mayordomo y el tío de su prometido. Personajes excéntricos de cuya compañía aprenderá el arte de vivir, despertando a la vida adulta, absorbiendo la sabiduría de cada uno de ellos para convertirse en mujer.

Esta familia aristócrata vive instalada en il dolce far niente (lo dulce de no hacer nada) y los placeres mundanos --aunque también goza de la cultura y la vida social ilustre--, los cuales disfrutan a través de ritos y rituales. El más importante del día es el desayuno, que tiene lugar en un gran salón donde el mayordomo sirve --sin falta y en un día cualquiera-- tostadas de pan, rizos de mantequilla, mermelada de nueve frutas, miel y puré de castañas, un “croissant incomparable”, crema batida, fruta de temporada cortada en “geometría simétrica”, lonchas de jamón, quesos frescos y un Stiltton, fruta confitada en vino tinto, leche, café, helados, pralinés suizos y chocolate caliente. Odian el té, más el de manzanilla, que reservan sólo para los enfermos.

Todos bajan al salón aún en pijama e incluso sin lavarse la cara. El tío, por ejemplo, lee el periódico mientras mastica y, a ratos, duerme otra vez. Tal como la mañana avanza, la familia recibe toda clase de visitas, amistosas o de negocios, para las cuales siempre está lista una botella fría de champán. “La frescura de la mantequilla y el mítico punto de cocción de las tartas” son la amabilidad con la que --a pesar de su arrogancia de recibir en ropa inapropiada-- aquéllas se sienten bienvenidas. El ritual del desayuno se prolonga hasta las tres de la tarde, hora en que el padre atiende sus negocios. Y es que la noción del tiempo para esta familia “es sólo una sucesión de días”, porque su objetivo siempre es vivir uno solo, perfecto, hasta el infinito. Y con ese afán, lo único importante es llevar una vida relajada, rendida al cuerpo.

Aunque la época en que transcurre la historia sólo las clases privilegiadas podían tirarse a il dolce far niente o gozar de la cultura y la ilustración, también los placeres animales del sexo, el dormir y el comer (como bien lo ilustra el festín del desayuno) son ampliamente valorados en la familia política de la joven esposa. Durante la espera de su prometido, ella experimenta su despertar erótico “de la mano” de su cuñada y suegra. Los pasajes en que ambas la instruyen en el poder de la belleza y el cuerpo femenino ante los hombres --indicándole cómo usarlo a su favor-- se leen sin aliento, al filo de la silla, aunque de un modo distinto al erotismo sutil presente en la “carta”, casi al final de Seda. Aquí, si bien la descripción de las escenas eróticas es descarnada, no deja de ser bella, al igual que en su best seller.

Cien años después de la época en que se sitúa la historia, los seres comunes y mortales del siglo XXI gozamos de un derecho laboral llamado vacaciones, en el que, por fortuna y en teoría, podemos dedicarnos a la ociosidad, a la dolce far niente. Conforme avanza la socialización de los bienes y derechos, especialmente las clases medias tenemos mayor acceso a los placeres hedonistas, y por eso tengo en la mira replicar en mi mesa el festín matutino de Baricco.

Algunos críticos literarios dicen que sus novelas son simples y fáciles. Por mi parte carezco de toda autoridad para catalogar su obra en ese ámbito. Sólo sé que la principal razón por la cual disfruto a Baricco, fue dicha por él mismo en una entrevista que sostuvo con la BBC durante la presentación de La esposa joven, en Arequipa, Perú.

El entrevistador le preguntó: ¿Qué buscas cuando escribes? ¿Es la belleza lo que estás buscando como fin, como destino?

Y, Baricco, respondió: “Para mí, existe la realidad que nos rodea, que está aquí, llena de cosas palpables, como tú y yo sentados, conversando, y que intentamos comprender lo mejor posible…, porque cuando cruzas una calle, por ejemplo, es importante entender que se está acercando un auto.

“Pero también hay otra parte de la vida en la que no interesa tanto entender qué es real y que aparece cuando la realidad se gira y le ves la espalda.

“Mis libros son un poco así. Hablan de cierta realidad, después de que la he observado, la he volteado y he mirado lo que hay detrás.

Más que belleza, (lo que busco) es una fuerza, una intensidad. Yo creo que todos necesitamos intensidad. Sin ella, nos morimos”.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Martes 22 de agosto de 2017.

Gilda Melgar   

Si un japonés de origen te recomienda un restaurante de cocina asiática “por su gran sazón” cuyo propietario es un mexicano, en definitiva hay que probarlo.
Y eso hice esta semana, tras su “recomendación”: ir al MOG Bistro, el restaurante de ambiente casual y minimalista sobre la calle de Frontera, en la Roma Norte, validado por los japoneses “muy japoneses”.

Con una oferta amplia y dividida en las distintas especialidades de la cocina oriental, el MOG logró que “se me hiciera agua la boca” tan sólo con leer su menú, por cierto impreso en una carpeta muy visual y divertida.

Al observar que la mayoría de los comensales jóvenes ordenaban rollos de sushi (aquí con barra propia) y cerveza, hice lo propio pidiendo como entrada el “Futomaki vegetariano” (relleno de nabo frito, pepino, setas y espárragos), una orden de “Edamame preparado” (con soya y hojuelas de bonito) y por supuesto, una Sapporo bien fría.

Además de sushi, sashimis y nigiris, el MOG ofrece especialidades de dim sum (al vapor), sumibi (brochetas al carbón), encurtidos, ramen, udon, sobas y hasta “guisados”, sin faltar los postres y coctelería de autor.

Para mi plato fuerte, no pude resistirme al Mapo tofu, consistente en carne de cerdo molida y sofrita en aceite de ajonjolí con cuadros de tofu en caldo de pasta picante de frijol, aromatizado con jengibre, cebolla, pimienta de Sichuan y licor (imaginen algo parecido a un picadillo con sabor oriental). En lugar de acompañar mi guisado chino con un tazón de arroz al vapor—como dicta la tradición--, ordené un par de nigiris tostados (al carbón). El conjunto me llevó a un gozo indescriptible.

Aunque el Mapo tofu es un plato permanente en su menú, recomiendo tomarlo en tardes lluviosas u otoñales, ya que calienta el cuerpo de inmediato. Lo sirven de manera abundante, así que puede compartirse entre dos.

De lo que ordenaron mis acompañantes, me quedo con la suavidad y sabor especial del “Bacalao en salsa de yuzu” y con el tazón de “Sashimi de atún con nattó” (frijol de soya fermentando), un alimento japonés difícil de encontrar en un restaurante no auténtico o de imitación. Aunque el sabor del frijol fermentado es fuerte y de textura “babosa”, combinado con lo dulzón del atún se vuelve algo exótico y aventurado.

No me avergüenza confesar que culminé mi experiencia MOG con un “Mil hojas de matcha” rebozado con crema batida y frijol dulce.

Con un chef japonés al frente de su cocina, el MOG ofrece platillos auténticos (que respetan la técnica y la tradición) con sabores nuevos y presentación contemporánea.

Es muy buen lugar para comer delicioso y quedar satisfecho, con precios justos. Lo único malo es el servicio. Los jóvenes que hacen de meseros carecen de toda mística respecto de su trabajo, por lo tanto, hay que tener paciencia y contar hasta mil.No lo recomiendo para ligar o sostener una plática seria de trabajo, pues la música a alto volumen no lo permitiría.
Pero tengo cinco magníficas razones para volver: el “Tuna bowl”, la “Anguila de la casa bañada en salsa Teriyaki”, el “Chessecake japonés”, el “Mojito Yamamba” (su coctel insignia, con sake, limón, hierbabuena y cardamomo) y los Obentos, servidos de 11:00 a 13:00 horas, desde 250 pesos (perfectos para un delicioso y rápido almuerzo).

MOGBistro
Frontera 168, entre Zacatecas y Querétaro, Col Roma Norte.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Martes 22 de agosto de 2017.

Gilda Melgar    

Con la llegada de la temporada de los Chiles en Nogada --de julio a septiembre-- el centro del país vive una de sus fiestas gastronómicas más importantes.

El platillo más barroco y gourmet de nuestra cocina, ese con el que coronamos las fiestas patrias, representa, sin duda, la suma exquisita de nuestra historia, el sincretismo perfecto de nuestras raíces indígenas y la herencia española.

La leyenda más recurrente cuenta que este platillo fue creado por las monjas del convento de Santa Mónica, en Puebla, en ocasión del onomástico de Agustín de Iturbide. Las hermanas agustinas crearon un platillo exquisito y delicado con productos de temporada, decorándolo con los colores del ejército trigarante.

Más allá de las leyendas sobre su origen, lo único ciertísimo es que cada verano los Chiles en Nogada siguen engalanando las mesas de nuestras casas, fondas y restaurantes de medio y altos vuelos.

A pesar de que es mi platillo favorito, el que disfruto en cada cumpleaños, el que sin dudar pediría en una “última cena”, nunca lo había comido en su ciudad de origen. Por eso, este agosto decidí celebrar comiéndome el mejor y más auténtico Chile en Nogada de mi vida. Y me lancé a explorar su origen, elaboración y tradición en el estado que lo vio nacer.

Puebla me recibió con los brazos abiertos, pletórico de historia, arte y tradición. En el centro de la ciudad y casi en cualquier fonda o restaurante había un display a la entrada, con la leyenda: “Temporada de Chiles en Nogada” o “Paquete tradicional de temporada”. No hay escapatoria a este manjar y hay que comerlo donde el bolsillo, el antojo o la recomendación nos lleven.

Pero antes de disfrutar de su gloria, me di a la tarea de entender el sincretismo presente en sus ingredientes y elaboración. Para ello visité los sitios más emblemáticos del barroco novohispano en la capital de Puebla, como su Catedral o la Capilla del Rosario, así como el Santuario de la Virgen de los Remedios, San Francisco Acatepec y la Iglesia de Tonantzintla, en Cholula.

Todas son conocidas como las “joyas del barroco mexicano”. Una de ellas fue construida sobre las ruinas de una pirámide en la ciudad sagrada de Cholula. La más bella de todas, fue decorada en su interior por manos indígenas, con ángeles a semejanza del color de su piel y con figuras de frutos tropicales y autóctonos, como el coco, el cacao y el chile. Una más tiene fachada de mezquita árabe, pero es tan mexicana como la talavera poblana, ya que está decorada con mosaicos de color amarillo, verde, negro, naranja, azul cobalto y ladrillo rojo, cual granada iraní.

Y ya que hablamos de talavera, la cerámica poblana sobre la cual debe servirse un auténtico Chile en Nogada, no podía perderme la exposición temporal “Cerámica entre dos mares: de Bagdad a la Talavera de Puebla” (hasta el 20 de agosto) en el bellísimo Museo Internacional del Barroco  (http://mib.puebla.gob.mx/es/exposiciones), a través de la cual se aprecian de manera elocuente y exquisita sus orígenes en la Mesopotamia del siglo IX, la influencia islámica en la alfarería española y su llegada al país, durante el siglo XVI. Curada por la investigadora iraní Farzaneh Pirouz, en esta exposición se reúnen piezas únicas e invaluables, prestadas por coleccionistas y museos de renombre.

Y entonces entendí de qué se trata el manjar de mi última cena. Todo lo que implica. Y lo valoro más que nunca. Comprendí que mi platillo favorito es autóctono como el chile poblano de picor medio y aroma agradable que lo contiene; español o europeo como las carnes de res, cerdo y frutas con que se rellena; árabe como la nuez de Castilla y la granada con que se salsea y adorna. Sentí que es tan mexicano como el cabello moro y rizado de mi hija, la nariz maya de mi hijo o las pestañas largas de santo de mi amado.

Siendo éste un platillo pesado que debe disfrutarse solo, sin otro alimento previo y también maridarse cuidadosamente con vino, cerveza o mezcal, no pude probar tantos o en cualquier lugar. Mi antojo tenía marca y destino.

La Feria del Chile en Nogada. Desde hace tres años, las cocineras de San Pedro Cholula celebran su saber hacer en la explanada de la Plaza de la Concordia, los primeros días de agosto. Dentro de una carpa blanca, el ayuntamiento monta un gran comedor a la espera de 2 mil comensales, los que pueden elegir entre una veintena de puestos, el que más les agrade. Las amas de casa de Cholula preparan la receta tradicional y ofrecen el platillo a sólo 130 pesos, o bien, un “paquete” con arroz blanco y agua de Jamaica o cerveza, por un total de 150-160 pesos. También ofrecen vino, cerveza artesanal y pulque. Al final de la carpa, los productores locales de manzana panochera, pera de leche, durazno criollo, nuez de Castilla y granada, venden la fruta de temporada cultivada en la región.  Mi corazón se llenó de gozo, no sólo de disfrutar el plato sino también al observar la felicidad con que muchas familias convivían alrededor de él.

Hotel Casa Reyna http://www.casareyna.com/restaurante.php).  Dentro del afamado hotel boutique Casa Reyna, el restaurante del mismo nombre ofrece una experiencia gastronómica inigualable para disfrutar, tal como reza en su portal, “de la gran cocina poblana con sabores reales, sazón casero, porciones abundantes, excelente servicio y un gran ambiente”. Junto a mi exquisito chile, servido sobre un plato de talavera contemporáneo y minimalista, el mesero trajo un certificado de autenticidad con el número 4674 de la temporada 2017, que decía: “Elaborado únicamente con ingredientes de la región, de la más alta calidad y frescura. La nogada está elaborada con 100% nuez de Castilla”. Para gozarlo en serio, pedí una botella de Shiraz Casa Madero y me tomé el tiempo necesario para percibir todos sus sabores y aromas, mientras contemplaba el arte y diseño del restaurante. Concluí que era verdadero y que casi casi estaba en el cielo. 

Pero la verdadera gloria llegó con el chile que comí en el restaurante de moda, el Mural de los Poblanos (http://elmuraldelospoblanos.com/comidas2017.pdf), habilitado en el patio de un edificio histórico del centro de Puebla y decorado con un mural del artista Antonio Álvarez Morán, pues la nogada que allí preparan es simplemente excelsa. Contundentemente blanca como el interior de una nuez de castilla y crocante, algo espesa también. El relleno, con trocitos de carne de res y de cerdo tal cual dicta la receta original (no molidas), resulta cero apelmazado. La armonía de lo dulce de sus frutas con lo picante del chile y su capeado fino, casi me hicieron llorar de felicidad.

Por un instante olvidé que celebraba mi cumpleaños y celebré simplemente la vida y sus placeres, los placeres de Puebla para el mundo.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 30 de junio de 2017.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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