Gilda Melgar

Son tres momentos del día en los que más necesito y disfruto del café.

El primero, obviamente para arrancar mi día, lo tomo entre las 8 y 9 de la mañana. Debe estar cargado y ser muy fragante. Sólo así logró despertar de verdad. El segundo, lo necesito justo al mediodía y, a veces, lo tomo con un chorrito de crema. El tercero y último, lo gozo después de la comida y también lo prefiero muy caliente y cargado.

Pero estos días en que el sol nos ha pegado más fuerte justo entre el mediodía y el ocaso, he optado por beber café helado.

Por fortuna hay muchas opciones en todas las franquicias y en los cafés de autor.

Mi favorito es el “Americano frío” de El Beneficio café, en Coyoacán. Servido en una jarrita hípster con mucho hielo y sin azúcar.

Para algo menos ligero, Cielito Querido está promoviendo sus granizados de sabores mexicanos. Los de “galleta mexicana” y “Horchata” son los más buscados.

Del famoso “Cold brew” que Starbucks lanzó en México hace unos tres años, se ofrece ahora mismo la versión “Vanilla Sweet Cream Cold Brew”, una bebida bastante simple que probé esta semana y a la que le di un Sí definitivo desde el primer trago.

Está compuesta por una parte de café Nariño 70 (extraído por goteo lento), otra de agua fría, mucho hielo y crema espesa de vainilla. Es muy refrescante. Por fortuna, el toque de vainilla es poco dulce y tiene sólo 110 calorías. Nada que ver con los horrendos frapuccinos de colores de esa marca que tanto gustan a los más jóvenes.

Debo advertirles que este café frío no sólo atempera de inmediato, sino que también, como es muy cargado, logra quitar el atarantamiento que produce el calor.

Así que, con esta bebida, lograrán matar dos pájaros de un tiro: enfriar el cuerpo y alertar la mente.

Si no beben café por la tarde, ni se les ocurra, porque no pegarán el ojo hasta la madrugada. Es algo más que es un espresso con hielos.

Ahora mismo este “Cold brew” se ofrece en promoción vespertina, acompañado por un mini scone de chocolate por 45 pesos (entre las 12:00 y las 17:00 horas).

Mientras la temperatura climática y política continúe a más de 30 grados, todas mis tardes pediré “un café helado, por favor”.

Ya veremos qué se me antoja después del 1 de julio.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 9 de junio de 2018.


Gilda Melgar

En el 2014, cuando ya era una actriz reconocida por su papel en la serie Suits, Meghan Markle inauguró un blog personal de estilo de vida con el que logró aumentar su número de fans e inspirar a miles de sus contemporáneas.

En The Tig, la hoy “Duquesa de Sussex”, publicaba temas relacionados con la moda, los viajes, el arte, la decoración, su labor humanitaria y la comida… mucha comida.

Su escaparate personal daba cuenta de sus placeres culinarios como el del vino, empezando por el mismo nombre del blog que hacía alusión a su tinto favorito, el vino italiano Tignanello, oriundo de la Toscana y del cual un día escribió: “Probar ese chianti me hizo comprender que el vino es más que una bebida alcohólica”. De venta en Catamundi: 2,420 pesos (www.catamundi.com/producto/tignanello/)

En variadas ocasiones, Meghan se autonombró foodie o “comidista”, por lo que en su blog, además de publicar recetas, también solía recomendar restaurantes y sitios emblemáticos de la gastronomía italiana, como la costa de Amalfi.

Tras el anuncio público de su relación con el príncipe Harry, la actriz se vio obligada a cerrar el blog, del cual se despidió con un “Hasta luego” en abril de 2017.

En noviembre pasado que se formalizó el compromiso, comenzaron los rumores y apuestas sobre los detalles de la boda, especialmente acerca del vestido de novia que ella llevaría puesto y del menú que se ofrecería en el banquete. Teniendo en cuenta la afición de Meghan por la buena mesa, la expectación era aún mayor.

Semanas antes del enlace real, un anuncio oficial tomó desprevenidos a los que especulaban sobre el tema de la comida. La sorpresa más grande fue el anuncio de que los 600 invitados al festejo postceremonia religiosa ofrecido por la Reina, a celebrarse en los jardines del castillo Windsor, comerían ¡de pie!, pues sólo se servirían bocadillos, cucharones y bowls. Sin duda una elección moderna y pragmática de parte de los novios.

Aunque sí se celebró una cena formal para 200 invitados presidida por el príncipe Carlos y su esposa Camila, a la que acudieron los familiares y amigos más cercanos de la pareja.

Los alimentos de ambos eventos fueron preparados en los fogones del castillo (cuyas instalaciones datan del siglo XVI), bajo el mando del chef de la casa real.

Si bien la selección del menú fue de cocina internacional, hubo un marcado acento británico al utilizar vegetales autóctonos de primavera como los espárragos, chícharos y tomates (algunos de la propia huerta de la Reina), alimentos con los que se prepararon 28 mil canapés. En el lunch ofrecido en los jardines, los invitados degustaron “Langostino escocés envuelto en salmón ahumado con crema de cítricos”, “Espárragos a la parrilla envueltos en jamón de Cumbria”, ”Panacota de chícharos con huevos de codorniz y verbena de limón”, “Tartitas de tomate y albahaca con perlas de balsámico”. En los bowls o tazones, se sirvieron los alimentos calientes con platillos tradicionales, como “Cordero de Windsor con verduras asadas y mermelada de echalote” o el “Cerdo asado 10 horas con compota de manzana”.

Hubo tres postres: “Macarrones de pistache y champán”, “Tartita de creme brulée de naranja” y “tartitas de cerezas y ruibarbo”.

En cuanto a bebidas, durante los festejos se sirvió Champán, vinos y un coctel sin alcohol llamado “Mocktail”, a base de manzana y jarabe de saúco.

El pastel de bodas es un capítulo aparte, porque la novia tuvo manga ancha y seleccionó a una repostera californiana –como ella–, quien es propietaria de Violet bakery, una pastelería hípster en Londres. El pastel, construido con un bizcocho de limón elaborado con huevos ecológicos, relleno de lemon curd a partir de 200 limones orgánicos de Amalfi, Italia, y cubierto con crema ligera de mantequilla endulzada con jarabe de flor de saúco, fue el símbolo metafórico y material para dejar bien claro que con este enlace se ventilan los nuevos tiempos de la realeza británica.

Por siglos, el pastel de la boda real había sido preparado por una pastelería oficial con la misma receta tradicional del pastel inglés de frutas con brandy cubierto de mazapán y azúcar glass.

La torta “hecha a la medida” de Meghan y Harry es un claro guiño al estilo foddie que la duquesa promocionaba en su blog. Un aire fresco que rompió con kilos de azúcar y la dura corteza de un mazapán que ya nadie quiere ni se come. Adiós a los pasteles de utilería y a las bodas arregladas. Bienvenidas las historias modernas de la Cenicienta feminista.

Justo el día de la boda, me mandaron un meme con la imagen de la pareja en la que Meghan sonríe  junto a su príncipe. El texto adjunto decía: “Esta es la sonrisa de una mujer que sabe, perfectamente, que jamás volverá a tocar jabón de trastes en su vida”.

Y me quedé pensando que también ha de estar muy consciente de que No podrá publicar ya ninguno de sus viajes, cenas, vinos favoritos o lo que sea a título personal. Como quizás tampoco tenga libertad de vestirse como quiera ni pasear a donde sea.

¿Por qué una mujer joven, empoderada, exitosa, embajadora de la ONU, que logró forjarse a sí misma con sus propios méritos querría cambiar su “libertad” y autonomía por vivir una vida de realeza con todo lo que eso implica?

Las feministas puras dirán que –en el fondo– ella es francamente una mujer conservadora.

Mi humilde opinión es que una mujer exitosa que se probó a sí misma, apasionada de la buena vida, no tiene ya nada que perder, aún más si su elección la aleja de todo sufrimiento anterior y la hará gozar de las mieles de un beso apasionado y verdadero.

¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos.

Si algo no sale bien, ella tiene un nombre propio y seguramente podrá salir adelante con una copa de Tignanello en la mano.


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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 11 mayo 2018.


Gilda Melgar

Durante los primeros años de crianza de mis hijos, nunca solicité apoyo de la organización La Liga de la Leche, pero por la forma en que llevé a cabo varios de sus principios creo que hasta pude haber sido una integrante distinguida.

Digo esto no sólo por el hecho de que a mis dos hijos les amamanté casi por dos años (los primeros 6 meses sólo con mi leche) sino también porque cuando regresé al trabajo hice uso de mi “hora de lactancia” para recolectar la leche que les dejaría el día siguiente.

Se ha comprobado que alimentar a un recién nacido con leche materna desde el primer día lo provee de los nutrientes necesarios para su desarrollo óptimo y también le protege de posibles enfermedades infecciosas.

De acuerdo con un informe presentado por la OMS y el Unicef durante la Semana Mundial sobre la Lactancia Materna (agosto de 2017), “si la mitad de los recién nacidos se nutriesen sólo de leche materna hasta los 6 meses, se podría salvar la vida de más de 800 mil niños y 20 mil mujeres cada año”.

Y es que amamantar también trae beneficios para las madres, pues mejora su salud y reduce la posibilidad de padecer cáncer de mama.

Sin embargo, el mismo informe señala que millones de mujeres en el mundo son influenciadas por la publicidad que difunden las empresas que venden leche de fórmula. En ese sentido, el informe planteó una serie de recomendaciones a los gobiernos para abogar por la prevención de la desnutrición en la infancia, apoyando y promocionando medidas sociales y legales para facilitar a las madres trabajadoras la lactancia natural.

Por supuesto que en este tema confluyen tantas variables económicas y sociales que no podemos generalizar ni juzgar, porque más allá de la condición o las posibilidades, amamantar o no es una decisión personal.

Una madre en situación de pobreza seguramente no podrá alimentar a su bebé de manera adecuada por el simple hecho de no estar bien alimentada ella misma. En el extremo opuesto, puede haber madres que decidan no amamantar a sus hijos exclusivamente por razones estéticas.

En mi caso, estoy satisfecha de haber dado un Sí a la lactancia prolongada. Realmente creo que parte del vínculo que ahora me une –en todo sentido– a mis hijos, tiene que ver con esa decisión.

Ello no significa que crea que no pueda darse un lazo fuerte entre madres e hijos si no se pasa por la lactancia. Tengo cercanía con casos de madres con hijos adoptivos cuyo vínculo es más o igual de fuerte que el de las que amamantamos.

Pero esta semana en que celebramos las maternidades, celebro mi elección de amamantar y traigo a mi memoria esa sensación y conexión indescriptibles que se viven en el acto de dar el primer y propio alimento a los hijos.

La mirada entre un bebé lactando y su madre, esa que sirve como imagen de anuncios publicitarios que refuerzan el papel tradicional de la maternidad, entendiendo a ésta como una maternidad abnegada, Sí que tiene fuerza. Ahí vale aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”.

Sin embargo, esa conexión tan poderosa de haber alimentado de primera mano, No debe ni puede invalidar la realización en otros ámbitos igual de satisfactorios que el de ser madres.

Porque si bien amamantar llena de satisfacción, también implica una friega física que empieza con el mal dormir y pasa –en ocasiones– por ganar peso, y todo en aras de la “bendición de ser madres”.

Muchas mujeres deciden dejar de trabajar justamente después del primer mes de vida de sus hijos, tras haber experimentado la CONEXIÓN, bajo la premisa de que nadie podrá alimentarlos o cuidar mejor de ellos, y también porque la vida de una mujer se trastoca de tal forma que la sola idea de conciliar exitosamente lo doméstico y lo profesional asusta a cualquiera.

En la idea general de lo que significa ser madre, no existe imagen más idílica que la de una mujer amamantando. La española Cira Crespo, coautora de “Madres en red: del lavadero a la blogosfera”, señala que las redes sociales han permitido visibilizar y normalizar la lactancia materna (así como mostrar las distintas maternidades o diversidad de familias y la paternidad activa y presente). Sin embargo, creo que persiste la idea de que amamantar es un “acto sagrado”.

No se trata de amamantar como líder de la Liga de la Leche o no amamantar para nada. No. Se trata de encontrar el justo medio para experimentar una maternidad gozosa sin detrimento de la realización profesional.

En la semana de la celebración a las madres, yo digo Sí a lactancia materna que nos recuerda nuestra condición de mamíferas y No a la abnegación que nos limita sólo a la realización maternal.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 11 mayo 2018.


Gilda Melgar

Si aman el cacao y el chocolate, no pierdan la oportunidad de disfrutar el 7 Festival Artesanal del Cacao y el Chocolate a celebrarse a partir de hoy viernes y hasta el domingo 6 de mayo en el Ex Convento de Culhuacán, Delegación Iztapalapa.

Surgido como una iniciativa independiente entre dos organizaciones que promueven respectivamente el trabajo artesanal de comunidades indígenas y la producción nacional de cacao, este festival tiene como objetivo dar a conocer la diversidad de proyectos e iniciativas que trabajan con este producto y la cultura a su alrededor.

Lo interesante del evento es no sólo que se trata una muestra gastronómica del cacao y sus derivados, sino que también ofrece talleres, conferencias y espacios recreativos en torno al producto (https://www.artefacto.com.mx/cacao/7/programa-7) de origen prehispánico cuya producción y subsistencia debemos preservar y promover como parte de nuestro patrimonio.

A pesar de que el cacao es originario de México, nuestro país aporta sólo 0.5 por ciento de la producción mundial total, con alrededor de 20 mil toneladas anuales, mientras que Costa de Marfil –el mayor productor– produce más de 448 mil toneladas al año.

En ese sentido, este festival de promoción del cacao nacional pretende incentivar la producción artesanal y aumentar su consumo. Pero, ¿qué productos interesantes y novedosos ofrece este 7º Festival del Cacao?

·    Bebidas. Tejate, Pozol tabasqueño y chiapaneco, Espuma de cacao, Chocolateatole, Tascalate, Atole negro o de chaqueta, Agua de barranca, Chilate, Atalquezalli (cacao, magnolia, hoja santa, pimienta y chile), Xochiquetzal (cacao, flor de magnolia y flor rosita de cacao), Quetzalpapalotl (cacao, romero, jengibre y canela), Chocolate caliente, Frappe de chocolate.
 Las quiero todas.

·    Cosmética a base de cacao. ¡Imagina exfoliarte una vez a la semana con cacao! o ¡Incluir en tu rutina diaria de belleza un aceite regenerador con nibs de cacao!

·    Untables de cacao endulzados con miel de agave o azúcar de coco. Ahora que están de moda los desayunos con súper alimentos, se me antoja muchísimo empezar el día con licuado de leche de coco y mantequilla de cacao 100 por ciento orgánico.

·    Talleres. Hay varios pero estas opciones son mis favoritas: Molienda de chocolate con metate; Cata de granos de Tabasco; Cata chocolatosa y nuevas tendencias de consumo, y Laboratorio del gusto para aprender a catar cacao. (Ver programa adjunto).

Son este tipo de eventos los que hacen de nuestra CDMX un lugar vibrante y cosmopolita que se enorgullece de sus raíces y las presenta al mundo de forma contemporánea e incluyente.
Evento imperdible para mi dolcealterego.

7 Festival del Cacao y el Chocolate
Ex Convento de Culhuacán
Morelos 30, Col. Culhuacán
Deleg. Iztapalapa
Entrada Libre.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 4 mayo 2018.

Gilda Melgar

Pese a que mi formación fue laica, en la infancia viví la tradición salvadoreña de la Cuaresma y la Semana Santa debido a la convivencia con mis abuelos paternos, practicantes de la religión católica.

Siendo niña lo que realmente disfrutaba era la parte festiva de la temporada, sin entender nada del trasfondo espiritual, aunque sí percibía lo importante que era esa época del año para mi abuelo. Él nos llevaba a ver las procesiones, mientras que mi abuela aprovechaba para lucirse en la cocina con los dulces y postres de ocasión.

Del Viernes Santo, lo que más entusiasmaba a mi abuelo era llevarnos a ver las alfombras de aserrín teñido sobre el camino que recorrería la “Procesión del Santo Entierro”. Los fieles de la colonia competían entre sí para elaborar la alfombra más colorida y original. Aún hoy, la Secretaría de Cultura de El Salvador lleva a cabo certámenes locales para preservar la tradición.

La tarde del Sábado de Gloria disfrutaba especialmente las frutas en miel y las Torrejas (o torrijas) de Mamá Rosita. Unas gruesas rebanadas de pan de yema, rebozadas y bañadas en jarabe de piloncillo, muy parecidas al Pan Perdu o French Toast, aunque éstas de antigua tradición española, muy acendrada en Centroamérica y el Caribe.

Sea en puestos callejeros, cenadurías populares o establecimientos formales como restaurantes de cadena, las torrejas y los mangos, plátanos y jocotes en miel, son los postres estrella de la temporada. La tradición dicta que deben acompañarse de un “chilate” o atole de maíz, de sabor simple y con un ligero toque de jengibre y pimienta gorda. Entre cada bocado de dulces, la simplicidad del atole limpia el paladar, siendo así una pareja perfecta.

Pero no todo era dulce en la Semana Santa de mi infancia. Mi abuela también preparaba el “Relleno de pescado seco”, o capeado de pescado en salsa de tomate, acompañado de una fresca ensalada y arroz blanco.

Hace cuatro años que pasé esta temporada en un pueblo salvadoreño llamado Apaneca, probé nuevamente otra bebida favorita de mi niñez: el “Atole de piñuela”, que se prepara con harina de arroz y la pulpa de un fruto tropical con sabor a piña-maracuyá. Con el primer trago me remonté a la casa de mi abuela. Cerré los ojos y disfruté cada sorbo, prolongando el momento. Ahora veo que la única forma en que Mamá Rosita pudo expresar el amor hacia sus nietos fue a través de los postres que confeccionaba con tanto esmero y antelación, especialmente en la Semana Mayor.

Nunca supe que del otro lado del mundo había niños que creían en un Conejo de Pascua que escondía huevos de chocolate en su jardín, hasta que, siendo adolescente, alguien me regaló uno de los famosos “Gold Bunny” de Lindt.

De alguna manera, también en materia de gustos y costumbres culinarias, infancia es destino, y el mío iba a ser este dolce alter ego.

No cabe duda que en mi país, el cumplimiento de la abstinencia y el recogimiento propio de la Cuaresma, se compensaba a raudales disfrutando de las frutas nativas rebosantes en mieles y azúcares.

Dulce Pascua para todos.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Domingo 01 abril 2018.


Gilda Melgar       

No recuerdo cuál fue la primera vez que sentí su sabor “amargo dulce” en mi paladar, pero recuerdo bien el impacto que entonces me causó su intenso e indescifrable sabor. La mezcla de hierbas fuertes, especies, naranjas, toronjas y jengibre en el Campari Bitter me atrapó para siempre.

Como sucede con todas las cosas que nos gustan, hay periodos en que nos alejamos de ellas y otras en los que nos obsesionamos. Y este año he vuelto a ser fan absoluta del Campari, el aperitivo creado por un tal Gaspare en un café de Milán, allá por 1860.

De acuerdo con la página oficial de la marca, Campari es “una bebida espirituosa que se obtiene de la infusión de hierbas amargas, plantas aromáticas y frutas en alcohol y agua”.

Hasta hoy nadie sabe con exactitud el número total de ingredientes que contiene la bebida, pues su receta sigue siendo un secreto bien guardado por la familia Campari.

Varios de los cocteles más famosos creados en distintos momentos del siglo XX se preparan con una base de Campari. El inolvidable “Garibaldi” (Campari, jugo de naranja y hielos), fue bautizado así por los “camisas rojas” y la vestimenta del militar Giussepe Garibaldi, el unificador de Italia. O el clásico “Negroni” (ginebra, Campari y Vermut rojo), mi favorito, que fue creado en 1919 por el Conde Camillo Negroni, quien de regreso de un viaje a Londres pidió a su barman sustituir la soda de un “Americano” con Ginebra.
 
Me parece refrescante y sensual.

A un año del 100 aniversario de su creación, celebro desde ya al bendito Conde y cada viernes le hago los honores correspondientes con mi Old fashioned glass en mano.

Varios de los personajes en la serie “Mad Men” que recrea el Nueva York cosmopolita de los 60, incluyendo el protagonista encarnado en el exitoso publicista Don Drapper, disfrutan de cocteles a base de Campari en comidas de negocios y horas de oficina. Son varias las escenas en las que el atormentado Don sonríe mientras disfruta de un “Negroni” en compañía de alguna de sus conquistas.
 
La marca echó mano del séptimo arte, en la década de los 70, al contratar al emblemático Federico Fellini para dirigir uno de sus comerciales. Aún en los 80, los cocteles Campari fueron sinónimo de estatus. Era la bebida que la gente “cosmo” pedía en la happy hour para “dejarse ver” y hacer contactos de negocios.

Pero también algunos de sus anuncios publicitarios han estado a la vanguardia, como el que filmó el famoso director indio Tarsem en los 90 y en el que se mostraba –por primera vez en la televisión italiana– a una pareja homosexual.

A partir de la década de 2000, infinidad de actrices han sido imagen de la marca tanto en anuncios como en su calendario anual –fotografiadas por el mismísimo Mario Testino–, entre ellas Salma Hayek, Eva Mendes, Jessica Alba, Kate Hudson y Penélope Cruz.

Para la campaña de 2016 la marca apostó por la palabra clave “Bittersweet”, preguntando a la gente con qué lado del aperitivo se identifica más. Amargo o dulce.

Yo me quedo con los dos. Su amargura actúa como detonante del apetito. Su dulzura genera adicción. Los opuestos se atraen y complementan. Si tuviera que definirme o identificarme con un trago, definitivamente sería un “Negroni”.

Ahogaré mis penas y el calor de esta primavera acompañada por el italiano más internacional, il mío Campari.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 24 marzo 2018.

 Gilda Melgar       

Esta semana dimos el adiós definitivo a la temporada de frío y no cabe duda de que la brisa matutina anuncia la llegada de la primavera.

A medida que pasan los años confirmo –cada vez más– la sabiduría que encierra el concepto budista de la impermanencia, algo difícil de captar para los occidentales que vivimos en la ilusión del “para siempre” y el “nunca jamás”.

La impermanencia hace alusión al cambio constante en el universo, la tierra y el estado de todas las cosas. Una verdad implacable que nos recuerda cada tanto el cambio de estación. Creo que, si observo la vida bajo ese concepto, debo sentirme contenta de haber llegado a marzo. Aún más porque prefiero el calor al frío.

Por esa razón, cuando el paisaje citadino se torna azul violáceo, mi ánimo mejora considerablemente y los primeros brotes de las jacarandas en flor siempre me recuerdan que hay que disfrutar y agradecer las maravillas que la primavera trae consigo.

No somos realmente conscientes de que el hermoso paisaje violeta de callejones y avenidas en barrios como la Roma, San Ángel, Coyoacán y Ciudad Universitaria es un regalo natural de “edición limitada”, una belleza efímera que dura sólo dos meses.

Los japoneses también cuentan con una flor emblemática y temporal que es la flor del cerezo o Sakura, la cual pinta de rosa todo el archipiélago, desde Okinawa hasta Hokkaido.

A diferencia de nosotros, los orientales valoran y aprecian de veras a su flor primaveral. Si visitan Japón a finales de marzo o durante abril, podrán darse cuenta de ello desde su llegada. Las estaciones de tren, los cafés, las tiendas departamentales o pequeñas boutiques, adornan sus entradas e instalaciones con motivos alusivos a la pequeña y elegante flor, la que también es utilizada profusamente en la repostería y confitería tradicional con creaciones y delicias que obviamente se ofrecen como edición limitada.

Los reposteros confeccionan pasteles, mousses y toda clase de delicias con sabor y color de Sakura. Los confiteros, delicados dulces tradicionales a base de harina de arroz coloreados en rosa pálido.

La cadena Starbucks lanza cada año una edición especial de bebidas sabor Sakura. Este 2018 ofrece la línea Sakura Strawberry con las bebidas Pink Milk Latte, Pink Mochi Frapuccino y, por primera vez, un té infusión de la flor –vía Teavana– llamado Pink Tea.

El sabor de la flor de cerezo es muy peculiar. Muy al contrario de lo que uno podría imaginarse debido a su tono “rosita”, resulta un tanto agridulce, salado y ligeramente picante. Digamos que es un sabor umami: imaginen un tomate maduro y jugoso que tiene toques de dulce y ácido a la vez.

Además, durante la temporada del Sakura, en Japón se producen toda clase de artículos con estampados de cerezo, desde pañuelos de mano y Kimonos, hasta inciensos con el aroma de la flor.

Desafortunadamente, a diferencia del Sakura, nuestra jacaranda no sólo no es comestible, sino que hasta puede resultar tóxica. Tampoco tiene propiedades medicinales. Pero el hecho de que sea sólo un árbol de ornato, no degrada en lo más mínimo su hermosura.

Hay varias teorías acerca de su llegada al país desde Brasil, vía los japoneses. Lo que sí está registrado es el hecho de que las jacarandas adornan las calles de nuestra ciudad desde las primeras décadas del siglo XX. Para nuestra dicha, hoy son parte indisoluble del paisaje primaveral.

Aunque no pueda comerme sus pétalos, en honor a las jacarandas para este viernes preparé una suave y cremosa Panna cotta de limón y zarzamoras, un postre que no tiene ni un grado de dificultad.

El clásico italiano, parecido a una mousse, es originario del Piamonte y muy adecuado para la época de calor. Como se trata de una “crema cuajada” puede emparejarse con las frutas y los sabores que uno prefiera.

Es común servirlo con frutos rojos, pero en esta ocasión yo decidí pintar ligeramente de azul violeta parte de la crema, en honor a las flores. Es mi “Panna cotta Jacarandas”. (&&& enlace&&&)

Caminar por una calle alfombrada con pétalos de jacaranda debería ser un acto digno de sorpresa y gratitud, tanto como el hecho de seguir aquí, vivos y con la posibilidad de admirar la efímera belleza de sus flores.

Feliz marzo.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.


Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Puebla/Ciudad de México
Viernes 2 de marzo de 2018.


Gilda Melgar      

Después de casi 30 años juntos, esa noche salimos no porque quisiéramos brindar por el próximo día del amor y la amistad: sólo queríamos unas horas a solas para platicar y tomar algo, tal como hacemos desde hace tiempo, en viernes.

Pero esa noche, en lugar de ir a un restaurante de la condesa o anexas, decidimos buscar un bar cercano a nuestro barrio. Y emprendimos la búsqueda de un lugar “adecuado” a las orillas de Coyoacán.

Él se acordó de un bar al que iba hace años con sus compañeros del trabajo, hoy restaurado para un Target joven.

Íbamos a pie, tomados de la mano. El frío se colaba a pesar de los abrigos. Al llegar al sitio, vimos que estaba a reventar. La hostess nos dijo que para tener una mesa esperaríamos al menos una hora.

Además de que la espera sería en la banqueta, alcanzamos a ver que adentro no había ninguna otra pareja de nuestra “rodada”.

Ambos nos vimos con la mirada cómplice de “¿qué hacemos aquí!?”. Y emprendimos la caminata, en busca de otro lugar.

Casi al llegar al zócalo de Coyoacán dimos vuelta sobre la calle de Cuauhtémoc, llena de luces y ruido. En un “barcito” sí había lugar, pero la música estaba tan alta que lo pasmos de largo. Queríamos conversar a gusto, así que seguimos nuestro periplo.

Más adelante hallamos un antrito rockero y unos cafés deli que tenían buena pinta, pero ¡no queríamos cenar!, sólo platicar y tomar unos tragos.

Al ver que NO había opciones decentes para personas maduras -de ese lado del barrio- nos reímos de nosotros y de nuestra cita fallida. Llegando al zócalo, vimos que los bares de siempre, como el hijo del cuervo, también estaban atestados.

Más allá, La Cervecería, pero, ¿quién toma cerveza a los 50 si no es en la playa y para acompañar ceviches?

Llegando a la fuente de los coyotes, giramos 180 grados para ver qué otra opción teníamos, y entonces le dije: “¡Ya sé! el bar de Sanborns”.

Él me vio incrédulo. ¿Cómo yo, la Dolcealterego iba a terminar ahí? Pero sí.

En la recepción había una mesita circular con tragos “muestra”. Una horrible bebida rosa llamada “conejo” robaba la atención.

Adentro, un cantante en sus 60 tocaba la guitarra eléctrica para acompañar sus melosas canciones setenteras y ochenteras, del tipo de Roberto Carlos y José José.

Al ver la selección de vinos -sólo dos- decidí que mejor pediría un coctel. Nos trajeron unas tristísimas botanas de cacahuate y salchichas con cebolla.

Él pidió un mojito. Y como ya estábamos en el modo completamente old fashion, me decidí por un Manhattan con Fernet, que en realidad es un coctel Fanciulli.

Después de probar mi trago, preparado por un barman robusto y calvo en sus 40, googleamos “Fernet”: licor amargo elaborado con hierbas como el ruibarbo, azafrán y cardamomo. Me encantó.

Tras un breve descanso, el cantante retornó a la pista y después de presentarse dijo que aceptaba sugerencias. Una pareja dispareja en edad con pinta de burócratas, le pidió “Y nos dieron las diez”, de Sabina. Él los complació, mientras nosotros ya inmersos en nuestra platica, pedimos una segunda ronda.

Yo empecé a resentir el efecto de los 39 grados alcohólicos del Fernet.

Observé a grupo de mujeres maduras que en la mesa de al lado brindaban con la bebida pink.

Cerca de las 11, una mujer comenzó a barrer y trapear frente a los clientes sin reparo alguno.

Volvimos a vernos, algo sonrojados por la escena lúgubre y totalmente clasemediera.

Y sí, yo no era Carrie Bradshaw tomando su copa de coctel con manicura perfecta en un rascacielos neoyorkino. Y tampoco calzaba tacones. Sólo mocasines para calles empedradas.

Él no era “Mr. Big” tratando de conquistarme.

Sólo éramos una pareja que todavía puede reírse de sí misma y de sus aventuras.

Al llegar a casa, él me preparó un Campari negroni y se sirvió su Ginebra.

Sin querer nos dieron las 10 en un triste bar de Sanborns. Por fortuna, tenemos muchos viernes por delante para desquitarnos, mientras celebramos el 14 de febrero como todos los días que, al levantarnos, nos sabemos afortunados de tenernos todavía.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 14 febrero 2018.

Gilda Melgar      

  Se trata de un documental dirigido por el cineasta mexicano Alberto Cortés, filmado en 2015, que presenta el ciclo de producción del maíz a través de los testimonios de tres familias indígenas de Jalisco (huichol), Oaxaca (mixe) y Chiapas (tzeltal).

Los narradores y “actores” protagonistas del documental son campesinos organizados que viven y siembran en "territorios recuperados" por los movimientos zapatistas a mediados de los 90, quienes dan cuenta del ciclo del maíz ̶ desde el cuidado de la tierra para la siembra hasta su cosecha ̶  bajo un discurso en defensa del grano originario y nativo de México, y por ende, en contra del maíz transgénico “impuesto” por el capitalismo.

Además de mostrar la forma comunitaria como los indígenas siembran y cosechan maíz, frijol, calabaza, jitomate y chile, el trabajo de Cortés también deja ver el tipo de alimentos que ellos preparan con esos ingredientes y que representan el sustento de su dieta básica. En las escenas que exponen el arduo trabajo de preparar la tierra para la siembra de las semillas, los campesinos llevan siempre consigo un envase desechable lleno de pozol “para aguantar la jornada”.

Las comunidades donde se filmó este documental son aisladas y asentadas en zonas montañosas de difícil acceso que, por supuesto, no cuentan con servicios de luz, agua potable o carreteras. Las milpas que sus habitantes han logrado establecer y producir allí son para el autoconsumo, y en el ciclo de producción participan no sólo los hombres, sino que también las mujeres y los niños y niñas adolescentes.

Llama la atención el testimonio de una madre adolescente mixe de Oaxaca, quien ha incorporado el discurso de género a su narrativa de defensa de los pueblos indígenas y sus territorios. Con ojos brillantes, mirada inteligente y facilidad de palabra dice ser feliz en el campo, mientras prepara unas enormes tortillas de maíz negro para sus hijos, hermanos y padres.

Al margen del sesgo ideológico presente en la narrativa del documental, desde mi mirada de “comidista” lo que me parece más rescatable del trabajo de Cortés es, justamente, la documentación del trabajo comunitario de autoconsumo, así como la cosmovisión de los pueblos originarios alrededor del maíz. Tal como lo pronuncia en el documental una mujer chiapaneca: "La milpa es hija, madre y guardiana de nuestros pueblos".

Por otra parte, entender el proceso natural del ciclo del maíz (sin uso de maquinarias o fertilizantes químicos) y conocer, de primera mano, cómo viven y se alimentan de él los habitantes más vulnerables del país, nos obliga a reflexionar acerca de la importancia nutricional y social del grano.

Bajo la producción de Bataclán Cine y TV UNAM, entre otros, “El maíz en tiempos de guerra” tiene una duración de 88 minutos y se exhibe ahora mismo en salas de arte como la Cineteca Nacional, el Centro Cultural Universitario, el Cinematógrafo del Chopo, la Casa del Cine, Cine Tonalá y otros.
Consulte la cartelera en http://www.cultura.cdmx.gob.mx
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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 10 febrero 2018.

Gilda Melgar      

Lo que más nos cuesta al empezar un nuevo año es el retorno a la cotidianidad. "Volver al redil" no es nada fácil tras los excesos de las fiestas, porque si bien llega un momento en que nos hartamos del "recalentado", lo cierto es que de algún modo quedamos enganchados en la “comedera” y compulsión por los alimentos grasos, ricos en calorías o muy dulces.

Admiro a esas personas que el 2 de enero ya están comiendo verduras y ensaladas como si nada, más aún a las que se someten a un régimen.

Y es que enero es el agosto de los comerciantes "détox” y anexas. Es el mes de los vendedores de ilusiones para bajar de peso, llevar una dieta saludable o contar con una piel de porcelana. Por supuesto que ninguna de esas cosas se logran de un día para otro, mucho menos si se es una "comidista", como yo.

Sin embargo, son muchas las personas ‒en especial mujeres‒ que compran ese tipo de ilusiones cada inicio de año. La oferta es vasta y el bombardeo mediático al respecto, también. Este fin de semana, por ejemplo, en la CDMX se celebra un bazar titulado “Especial détox”, donde se ponen a la venta toda clase de pócimas e implementos para limpiar el cuerpo, así como artículos orgánicos y ecológicos de perfumería y cosmética.

En el mismo sentido, me acabo de enterar de un exitoso movimiento inglés llamado “Dry January” (Enero seco) cuyo reto es transitar el primer mes del año sin gota de alcohol. Se trata de un programa de salud pública que data de 2013 y que ha ganado adeptos en todo el mundo.

Ya hay una app que explica la mecánica del reto y da cuenta de los beneficios físicos, económicos y hasta espirituales que resultan de mantenerse abstemio por un mes. Algunos practicantes cuentan que, al salir de su trabajo, en lugar de dirigirse a la “hora feliz” de algún bar se van al cine o le dedican más horas al gym. La página de Facebook tiene cerca de 50 mil seguidores. Su eslogan reza: “Dry January: for future you”.

Después de todos los tintos y espumosos con que brindé en las fiestas, tal vez no estaría nada mal sumarme al “Enero seco”. Pero no me gustan las promesas. Aunque tampoco quiero ser irresponsable y desalmada.

Tan sólo por salud, sé bien que debo “hacer algo” que me aleje del modo fiesta. Aunque, por supuesto, sabemos que nuestro cuerpo, por sí solo, se “toma su tiempo” para eliminar las toxinas. Sólo que algunos agilizan el proceso vía el ejercicio. De lo contrario, tras la tragadera, estaríamos todos en el hospital.

Así que ‒sin imponerme un régimen concreto‒ desde la semana pasada le estoy dando tiempo al tiempo de mi cuerpo mientras le brindo una ayudadita extra haciendo dos cosas: beber más agua y consumir muchos vegetales frescos.

Debo confesar que, para mi mala fortuna, a media mañana oigo una vocecita que me susurra: "Harina, harina por favor". Y sí, es un suplicio no salir corriendo por algo parecido a un panettone o una rosca. En su lugar, muerdo almendras y dátiles.

No iré al bazar détox. Quizá tampoco le entre al reto dry. Sólo quiero pasar a la siguiente página de mi vida, pero siempre a la sombra de mi #dolcealterego.

Feliz 2018.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ciudad de México
Viernes 12 enero 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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