Gilda Melgar      

La música no tiene fronteras. Se siente y ya. No importa el ritmo o el idioma. La edad ni ideología. Si una canción te hace vibrar, saltar, bailar o llorar, ya cumplió su cometido.

De niña, en mi casa solo se escuchaba música clásica o en español, además del piano que mi padre tocaba por las tardes.

Crecí escuchando trova, valses peruanos o boleros. Y el piano. Siempre el piano.

Sin embargo, las letras de los Los 4 hermanos Silva de Chile y las groserías de los Les Luthiers no me emocionaban en absoluto.

Ya en la pubertad, me encerraba en mi cuarto para escuchar "Radio Teatro" ( la emisora de música pop  en inglés en El Salvador) y me dejaba llevar por el ritmo de "Don’t go breaking my heart", soñando que yo era Kiki Dee, a dueto con Elton Jhon.

Aunque no entendía "ni jota" de "Part-time love", aquel éxito de 1978 formó parte del playlist de mi primera fiesta "de grande", justo cuando cumplí los 12.

Los años de la secundaria, ya en México- a Elton le perdí la pista y me aloqué con las tonadas desechables de lo más disco del disco, tipo "Savage lover". Una vergüenza. Lo sé.

Ya estaba en la prepa cuando me reencontré con mi ídolo. Y es que "Blue eyes" sonaba una y otra

vez en la radio. Aún no podía entender del todo la letra, pero sí cantaba bien esa tristísima parte de "...but more than ever I simply love you more than I love life itsel".

Mi ingreso a la universidad coincidió con el boom del pop en español y aunque también yo cantaba y bailaba a Timbiriche, Mecano o Alaska Dinarama, secretamente seguía la carrera de los

"Sir", es decir, todos los cantantes pop ingleses que han marcado mi vida, empezando por el "Rocketman".

Un día, llegó a mis manos la convocatoria del CELE. Era mi oportunidad de oro para -por fin- aprender inglés y entender de una vez por todas esas canciones de Phil, Joe, George, Robbie y, por supuesto, Elton.

El primer día de clases todo fue lágrimas de felicidad. La maestra nos hizo escuchar una rola de "su cantante favorito" mientras intentábamos -simultáneamente- escribir la traducción en nuestro cuaderno.

En cuanto escuché las notas introductorias del piano, supe que era él, el único e inigualable Elton Jhon y, mientras cantaba " What have I got to do to make you love me. What have I got to do to make you care...", empecé a llorar y reír al mismo tiempo.

Desde entonces, esa canción me ha "hecho el día" en todas las versiones habidas y por haber.

No en balde "Sorry seems to be the hardest word" ha sido grabada por figuras como Joe Cocker, Barry Manilow y Diana Krall.

Después del curso, mi lado fresa -hasta entonces algo oculto- salió de las sombras y brilló como nunca danzando al ritmo de "I don't wanna go with you like that", "Healing hands", "Teardrops" y muchas más.

Cada vez que me siento alicaída, me basta con escuchar "I´m still standing", para animarme y seguir adelante.

Ayer que vi el biopic de Elton titulado "Rocketman" -en compañía de mis hijos a quienes un día les dedique "Blessed"-, entendí al hombre sediento de amor detrás de todas sus canciones, al compositor amante  del soul y el blues reflejado en los álbumes "Duets" y "Sleeping with the past" que tanto me gustan; al niño triste que sólo se permitía sentir tocando su piano -como mi padre-; y, también a la persona que desde 1992 preside una fundación contra el sida.

Al terminar la función, mis hijos me ven llorando -otra vez- y me consuelan diciendo " ya sabemos por qué te gusta tanto" y "sí, él es muy lindo".

Feliz de haber tocado su corazón con esta biopic de Elton, sonrío y pienso "Baby you are the one".

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Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Jueves 6 de junio de 2019.

 Gilda Melgar       

La mexicana Danniela Soto Innes fue galardonada esta semana con el título “The World´s Best Female Chef 2019”, convirtiéndose así en la más joven cocinera en recibir el premio otorgado por la prestigiosa revista británica “Restaurant”.

Con sólo 28 años de edad, la chef mexicana es socia y capitana de Cosme, el también galardonado restaurante de Enrique Olvera en Nueva York, el cual ganó mayor visibilidad mundial a raíz de la visita que Michelle y Barack Obama le hicieran en octubre de 2016, en el marco de las campañas presidenciales y en clara afrenta al discurso antimigrante de Donald Trump.

Daniela comenzó su entrenamiento culinario a los 15 años, dentro de la cocina del Woodlands Waterway Marriot en Texas, donde literalmente “lavaba lechugas y cortaba fresas”.

En una entrevista concedida el 2016 tras recibir el premio de la Fundación James Beard al “Mejor Chef emergente”, dijo sentirse muy afortunada de haber trabajado en ese hotel bajo la supervisión de un chef que supo valorar su pasión y ansia de aprendizaje, sin importar que ella fuera una mujer de origen mexicano.

Entrenada también en los fogones de restaurantes de alta cocina mexicana bajo la guía del chef Gerardo Vázquez Lugo, dueño del Nico's y de su tutor Enrique Olvera, dueño del Pujol (el primer restaurante mexicano en aparecer dentro de la lista de los 50 best), Daniela ha sabido fusionar los secretos culinarios de su madre y abuela con las estrictas técnicas de su entrenamiento formal, recreando los sabores favoritos de su infancia en México.

Dos de sus platillos estrella así lo demuestran: las “Duck carnitas” (carnitas de pato) y el “Husk meringue-Corn mousse” (merengue con crema de maíz).

El primero se prepara según el método de su madre, cuya receta incluye leche condensada y evaporada, grasa y naranja.

El segundo, y “postre de la casa”, es algo muy especial para Daniela, ya que fue inspirado por un momento feliz de su niñez. Resulta que cuando su papá llegaba tarde por ella a la escuela, siempre la recompensaba con los merengues de la “La Gran Vía”, esos enormes y crujientes dulces rellenos de crema batida de la reconocida pastelería de la Condesa, aunque su mamá no le dejaba comerlos antes de la cena, que usualmente era algo sano, como una Crema de elote dulce.

De ahí que en su memoria culinaria una “crema de maíz” y un “merengue” eran la suma de un momento especial, cuando ella y sus hermanos se sentían “los niños más felices sobre la tierra”. Y eso es lo que representa su “Husk Meringue”, el postre emblemático y multi fotografiado del Cosme.

Yo ya sueño con el momento en que pueda visitar la Gran Manzana para probar las delicias de esta joven cocinera e hincarle el diente a uno de sus “Husk Meringue”.

Mientras eso sucede, de puritita consolación me compré unos deliciosos y crujientes merengues de “La Gran Vía”, los mismos que inspiraron a la hoy “Mejor chef del mundo”.

Al probarlos, me quedó claro que cuando se “Vive para comer” (y no se “come para vivir”), la infancia es destino.

¡Bravo por Daniela!

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Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 25 de abril de 2019.


Gilda Melgar              


El amor es tan importante como la comida. Pero no alimenta.
Gabriel García Márquez


El 6 de marzo pasado, Netflix dio a conocer la adquisición de los derechos de “Cien años de soledad “, con el objeto filmar una serie adaptada bajo la producción de Rodrigo y Gonzalo García, hijos de Gabriel García Márquez, el autor de esa novela considerada la obra maestra de la literatura latinoamericana del siglo XX.

La noticia fue trending topic y no sólo por la historia del Premio Nobel, también porque la plataforma ha demostrado con creces que las historias en español se venden muy bien, tanto como para ganar los premios Oscar.

Ilusionada con la posibilidad de “ver” la locación y los personajes protagonistas de la novela que en mi adolescencia sólo pude imaginar a través de la lectura, ese día recordé la forma en que mi viaje a Cartagena de Indias –hace unos 5 años– me ayudó a comprender tanto las novelas del colombiano como los cuadros y esculturas de Botero y hasta los ritmos cadenciosos de Carlos Vives o Shakira.

Aún no se sabe cuál será la locación ni quiénes serán los actores que darán vida a la estirpe de Úrsula y José Arcadio, pero Netflix adelantó que gran parte de la serie será filmada en Colombia.
El pueblo ficticio de “Macondo” está inspirado en Aracataca, municipio donde nació García Márquez, en el departamento de Magdalena, en el caribe colombiano, que si bien es visitado por esa razón, carece de infraestructura turística, hecho que me hace inferir que el lugar natural e idóneo para la filmación de la serie sea Cartagena de Indias, la ciudad colonial y amurallada en la que convergen de forma exuberante las culturas indígena, afro y europea.

Declarada como “Patrimonio Histórico de la Humanidad” en 1984, Cartagena ofrece una experiencia de “sibarismo tropical” fundamentada en sus productos de origen, empezando por el café.

La historia de “Cien años de soledad” está tan llena de colores, olores y sabores del Caribe que, seguramente, éstos serán factores importantes a tomar en cuenta en la adaptación a la serie. Basta con recordar la huerta donde Úrsula cultivaba yuca, malanga, ñame y berenjenas, el café sin azúcar “estilo italiano” que bebía el Coronel Aureliano Buendía o los bocadillos de guayaba que vendían Rebeca y Amaranta para sufragar los gastos de la nueva casa cuando la bonanza alcanzó a los Buendía.

Mi mejor experiencia como comidista en Cartagena de Indias no fue con su comida salada, sino con las frutas exóticas y las bebidas que con ellas preparan, especialmente con la “Limonada de coco” y los batidos de maracuyá y uchuva.
Más allá de la belleza arquitectónica de la muralla y el Castillo de San Felipe, las puestas de sol o la vista de las casas coloridas con sus ventanales abiertos de par en par, para mí, una de las imágenes más impactantes de la ciudad fue la de las “Palenqueras”, las mujeres descendientes de los esclavos africanos y vendedoras de frutas que, ataviadas con vestidos largos y de colores vívidos, ofrecen mangos, papayas, piñas, aguacates y plátanos –por todas sus plazas– mientras, no sin antes cobrar su tarifa, sonríen y se encargan de recordar a los turistas la historia de esclavitud y piratas sobre la cual se fundó Cartagena en el siglo XVI.

De los platillos autóctonos, seguramente debido a mi origen centroamericano, disfruté muchísimo de los “Patacones pisados” y su múltiples “toppings”, así como del “Ajiaco”, la sopa densa y llena de carbohidratos, típica de la cocina criolla que mezcló el viejo y el nuevo continente en un solo plato. Mis “Buñuelos de Yuca” salvadoreños son un claro ejemplo de esa fusión de dos mundos que llegó para quedarse.

El recuerdo de las tardes de mi adolescencia en que devoré la novelas de García Márquez, los ocasos que disfruté en Cartagena tomada de la mano con mi persona favorita, y las series producidas por Rodrigo García que me han conmovido hasta el alma, como “The Affair”, me hacen “agua la boca” por disfrutar la saga de los Buendía a todo color.

Gracias a Netflix, ya tengo mariposas amarillas en el estómago y no dejo de pensar el olor de las guayabas que comimos a mordidas para celebrar nuestro amor, allá, en el país que le regaló al mundo a Don Gabo, aunque fuera también tan mexicano como el mole.

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Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 30 de marzo de 2019.


Gilda Melgar

Cuando mis hijos eran chicos instauré una tradición familiar para celebrar el arribo de la primavera. Era una comida anual en la que participáramos todos, preparando en conjunto alimentos con ingredientes propios de la estación.

Nuestro menú básico consistía en “Rollos de sushi” –elaborados por los niños a su gusto de entre diferentes pescados y verduras–, cortes de carne para asar, ensaladas, vino, postres ligeros con frutas y café.

Una vez todo listo, disfrutábamos del festín alrededor de la mesa poniéndonos al día de todo y todos.

Preparar Mousse, pasteles o postres al plato me hacía tanta ilusión como ver a los niños devorar sus trozos de sushi. Conforme ellos crecieron, nuestra tradición anual se tornó irregular y los años en que logramos reunimos antes o el mismo 21 de marzo, nuestro “Menú de primavera” seguía siendo un día de fiesta.

Uno de los niños que en aquellos años “topeaba” su cama de arroz para sushi con más ingredientes de los necesarios, ahora es un joven adulto recién graduado en música.

Con la intención de dar a conocer sus propias composiciones a los más allegados, hace unos días nos convocó a un “Preludio primaveral” en el que participó toda la familia –como en áquellos años– haciendo gala de nuestros talentos en torno al evento y al novel compositor.

La artista gráfica de la familia diseñó una invitación-programa digna de Bellas Artes. El anfitrión preparó "Lasagna de berenjenas empanizadas" y "Pasta negra con calamares en su tinta y camarones". El bar tender ofreció tequila, ginebra, tintos y licores.

Por supuesto que a mí me tocó la “Mesa dulce”, compuesta por un "Mousse de chocolate semiamargo al ron con frutos tropicales", una "Tarta sefardí de naranja" y, como obsequio de agradecimiento para los asistentes, una bolsita con “Barquillos rellenos de chocolate”.

El repertorio del pianista incluyó melodías de Beethoven y Debussy, pero fueron sus propias composiciones las que nos erizaron la piel y remontaron –a tres de las presentes– a escenas en las novelas de nuestro autor favorito, Sándor Marái.

Recordé algunos pasajes de sus memorias "Confesiones de un burgués" en las que el autor húngaro evoca las veladas musicales y literarias de su infancia, a principios del siglo XIX, en el seno de una familia en la que parecía reinar la cultura.

Cuando nuestro músico interpretó su penúltima pieza, el silencio fue total. La joven a mi lado, con lágrimas de emoción, me susurró: “Se me puso chinita la piel”.  Una amiga y yo cruzamos miradas de sorpresa y orgullo. A todos nos pareció que era como la “música de una película de arte”. Las notas iban en crescendo como telón de fondo en una escena de amor ofuscado.   Los aplausos irrumpieron y como en los teatros de pueblo, al final hubo entrega de flores para la estrella emergente.

En el brindis, dirigido por la mejor oradora de la familia, las copas brillaron con un exquisito líquido dorado, chispeante y burbujeante.

Fue una noche de especial para celebrar lo que sí importa: la cosecha familiar y los lazos de amistad con los testigos de nuestras vidas. Una gala para mostrar el florecimiento de nuestros talentos innatos y cristalizar el esfuerzo de años.

Después de nuestro ”Preludio primaveral” en el que todos los sentidos se activaron con los colores, sonidos y sabores de la estación,  plenos de emoción y satisfacción, concluí que los menús familiares de tantos años atrás, fueron el más hermoso pretexto para cosechar vínculos y realidades hoy en florecimiento total.

Feliz primavera 2019.

Carajillo

La CDMX también celebra la estación más florida a través del Festival “Noche de primavera”, a realizarse este sábado 23 de marzo con una serie de conciertos gratuitos en diferentes puntos icónicos del Centro Histórico, como la Alameda y el Centro Cultural de España con la participación de artistas internacionales de todo género, incluyendo jazz, tríos y son.

Además, se realizará el desfile de alebrijes. Más detalles aquí: http://www.festivales.cdmx.gob.mx/?id_evento=16011

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Gilda Melgar

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Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 22 de marzo de 2019.

Gilda Melgar         

A dos días de la entrega de los Oscar a lo mejor del cine 2018, nuestra “Roma” y las apuestas con respecto a sus 10 nominaciones siguen dando de qué hablar.

La expectación por el posible triunfo de “Roma” ha sido tal que incluso la Secretaria de Cultura de la CDMX organizó una serie de actividades relacionadas, bajo el eslogan “El Oscar se vive desde la Roma”, incluyendo un recorrido por las emblemáticas calles del barrio que fueron locación de la película, y que culminarán justo este domingo 24 de febrero con una alfombra roja de invitados especiales y la proyección al aire libre del filme en la Plaza Río de Janeiro, a las 16:00 horas, para luego dar paso al enlace en vivo con la transmisión de la ceremonia 91 de los Premios de la Academia, alrededor de las 18:00 horas.

Las calles aledañas a la plaza se cerrarán desde temprano, esperando que unas 750 personas atestigüen desde ahí la entrega de premios a Cuarón y a su elenco, aunque se estima que a los alrededores llegarán cerca de 5 mil visitantes.

También las salas de Cinemanía de Plaza Loreto y Cine Tonalá, en la Roma Sur, proyectarán la premiación en vivo, con un consumo mínimo y la posibilidad de ganar descuentos y bebidas si le atinan a las quinielas previamente registradas.

Más allá de la polémica sobre la película y su protagonista, las 10 nominaciones de “Roma” bien merecen esta fiesta pública organizada por el Gobierno capitalino y todas las reuniones familiares y privadas que se nos antojen para celebrar un éxito que sentimos tan nuestro.

Estoy listísima para disfrutar el desfile del elenco –encabezado por Yalitzia Aparicio– a lo largo de la alfombra roja en el teatro Dolby de Los Ángeles, y aunque veré la premiación desde mi sala, ya tengo listas las botanas y, sobre todo, las bebidas para aminorar el estrés del “... and the Oscar goes to…”.

Mientras que Yalitzia, vestida de diseñador (espero que no sea de Chanel) estará disfrutando de una cena a base de langosta de Maine, carne wagyu Miyazaki, caviar, champán y cocteles de tequila, yo estaré tumbada en mi sofá picoteando quesos, aceitunas, cacahuates y alzando mi copa de vino por la fiesta de Roma que es mía y la de todos los que, como Cuarón, crecimos en la CDMX de los 70.

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Gilda Melgar

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Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 23 de febrero de 2019.


•    Esta planta tradicional mexicana, además de nutritiva, inhibe la bacteria que produce la enfermedad, incluso mejor que los antibióticos comerciales, indicó Irma Romero Álvarez, de la Facultad de Medicina

•    En México hay alrededor de 500 variedades de quelites, que se consumen en diferentes regiones


Los quelites tienen un importante aporte nutrimental: son ricos en micronutrientes, fibra, minerales y vitaminas; son económicos y, además, tienen potencial en el tratamiento contra la gastritis, reveló un estudio de la UNAM.

Científicos encabezados por Irma Romero Álvarez, del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina (FM), descubrieron en laboratorio que esta planta tradicional mexicana incide sobre la bacteria Helicobacter pylori y algunas de las enfermedades relacionadas con ella, principalmente la gastritis.

En México hay alrededor de 500 variedades de quelites.

Se comen crudos o ligeramente cocinados en diferentes regiones del país, y tras estudiar tres especies: alache, del Estado de México; chepil, de la región de Oaxaca; y chaya, de la Península de Yucatán, se determinó su efecto sobre el crecimiento y colonización de H. pylori, su adherencia a las células del epitelio gástrico y su efecto sobre la ureasa, enzima que neutraliza a la bacteria.

En la Facultad de Química (FQ), la universitaria expuso que “todas las especies de quelites (palabra que deriva del náhuatl y significa “hierba tierna comestible”) inhiben a la bacteria, incluso mejor que el metronidazol (antibiótico y antiparasitario)”.

En el proyecto multidisciplinario e interinstitucional, que se emprendió hace algunos años para estudiar a las plantas medicinales de México, y que hoy continúa en el laboratorio de Romero, se decidió analizar las tres especies.

“Queríamos determinar si además de su valor nutricional, los quelites podían tener alguna propiedad en el control de enfermedades, para darle un valor agregado y favorecer su consumo”.

H. Pylori, recordó, es una bacteria que coloniza la mucosa gástrica de los humanos; está asociada a diferentes patologías, la principal es la gastritis, y si permanece se pueden presentar otros padecimientos, como úlcera péptica y, en menor porcentaje, cáncer gástrico.

Es considerada una de las bacterias más exitosas del planeta, pues se estima que la mitad de la población mundial está infectada, aunque el porcentaje varía de acuerdo a la región, edad y estado socioeconómico. En los países desarrollados la prevalencia es menor.

En México la gastritis es una de las primeras 10 causas de primera consulta en medicina familiar o servicios de urgencia, y el cáncer gástrico y úlceras pépticas están dentro de las primeras 20 causas de mortalidad. H. pylori y las afecciones asociadas representan un problema de salud pública nacional que no debe pasar desapercibido, subrayó la experta.

Subvaloradas y subutilizadas

Preparado de la manera tradicional, los quelites contienen compuestos con actividad anti H. pylori, y aunque no destruye la bacteria ni curan la gastritis, si pueden mantenerla “a raya”, por lo que su consumo sería más bien preventivo, aclaró la experta.

No obstante, reconoció, la ingesta y cultivo de ésta y otras especies tradicionales se han reducido considerablemente, pues son subvaloradas y subutilizadas. “Ni los productores ni los consumidores las aprecian”.

Se utilizan sólo de manera local, en asociación con una tradición cultural. Esas plantas crecen en sistemas agrícolas, como las milpas, pero han sido excluidas de las agendas de investigación y desarrollo.

Bacteria exitosa

H. pylori coloniza mediante tres mecanismos: la movilidad, la enzima ureasa y la adherencia.  Una vez establecida en el epitelio gástrico, secreta una serie de moléculas, como toxinas y proteínas, que generan una reacción importante: la inflamación de la mucosa es conocida como gastritis, que puede ser asintomática.

Si la inflamación persiste conduce a las úlcera péptica gástrica (en el estómago) o duodenal (en el intestino), y si no son tratadas pueden producir perforaciones, sangrados e incluso la muerte.

Para erradicar esta bacteria se emplea la triple terapia, consistente en el uso de dos antibióticos (claritromicina y amoxicilina), además de un inhibidor de la secreción ácida (lansoprazol). El tratamiento se prolonga por dos semanas. “Es muy agresivo y el paciente en muchas ocasiones no logra terminarlo; además, es exitoso en sólo 20 por ciento de los casos. Si falla, se avanza a la cuádruple terapia, que contempla otros antibióticos, más sales de bismuto, y que es de costo elevado”.

De ahí la necesidad de encontrar alternativas en las plantas medicinales, más efectivas, menos toxicas y de fácil acceso. “En nuestro proyecto, el siguiente paso es hacer pruebas in vivo”, finalizó.

Puebl@Media
Ciudad de México
Domingo 7 de febrero 2019.

Gilda Melgar        

Una amiga (en sus 30) se fue a vivir con su novio recientemente. Meses atrás me había contado que él quería “formalizar” la relación. Si bien ella tenía la certeza de que podía ser “el adecuado”, aún no se sentía preparada para decirle adiós a su soltería. Ahora que es un hecho que se ha mudado con él, le deseo la mejor de las suertes.

Al verla tan contenta, recordé los primeros años de mi vida en pareja. Rentábamos un pequeño departamento y nuestra despensa era tan básica que hacía honor a su nombre. Constaba sólo de un litro de aceite, arroz, sal, pan de caja, leche, algunos enlatados y una bolsa de azúcar. Entonces todo era “miel sobre hojuelas” y por eso bastaba con que en el refrigerador hubiera algo para picar. Recuerdo bien que nuestro primer kilo de azúcar duró más de un año en la alacena y sólo se acabó gracias a los cafés para las visitas.

Por eso creo que no es tan descabellado eso de que los enamorados “se alimentan sólo de besos”. Así es casi siempre con el enamoramiento, nos quita el hambre. Y si somos jóvenes, nos basta “con el pan y el vino”.

Para cuando llegan los hijos, la realidad de la maquinaria doméstica se impone de tal manera que la despensa no sólo crece considerablemente, sino que requiere una disciplina de abastecimiento que se cumple en aras del bienestar familiar y la reproducción de la vida misma.

Y cuando la rutina se instala en el amor y en la cocina, hay que reinventarse. A los menús de entre semana habrá que darles un giro, tal vez un ligero toque de fusión. En ocasiones nos bastará con comer esas nuevas versiones de nuestros platillos favoritos, y en otras, quizás alguien desee probar nuevos sabores, algo exótico o jamás deseado. Y tal vez le gusten tanto que no quiera comer jamás los guisos de antes. O puede ser que esos antojos sean sólo un arrebato que a la postre le provoquen cierto empacho y hasta una seria intoxicación.

Y es que, ¿a quién no le cansa comer “pan con lo mismo”?

Por eso, en la cocina y en el amor, hay que experimentar e innovar. Un mismo alimento sabrá tan distinto como el número de posibilidades para su preparación o cocción. Por ejemplo, un tomate fresco y troceado sabe completamente diferente si se prepara con albahaca, ajo y aceite de oliva para topear una “bruscheta”, que si se mezcla con cebolla, cilantro y chile verde para salsear unos molletes. ¿Lo ven?

Pues con el amor sucede exactamente lo mismo. No es igual intentar tener una noche romántica escuchando el llanto de un bebé en la habitación conjunta, que escaparse unos días –sin hijos– a un hotel con vista al mar.

El secreto también está en el equilibrio. En casa, él hace los guisados del diario y lleva la administración. A mí me toca preparar los platillos de ocasión, los postres y producir el entretenimiento familiar. Ambos tenemos buena sazón, aunque algunas veces él se pasa de sal y yo de cocción.

A él le encanta la comida española e italiana. A mí la mexicana y la japonesa. Pero a los dos nos importa mucho qué se come en casa y tampoco dejamos al azar la elección de un sitio para comer fuera. Para darnos gusto, turnamos los platos caseros y los restaurantes favoritos de ambos.

Y es que el amor se expresa de diferentes maneras y una de ellas es a través de la comida. Si los viernes por la tarde, cuando vuelves del trabajo, él te recibe con una copa de tu vino favorito o, si cuando hacen el súper te pregunta qué nuevo producto se te antoja llevar para la semana y, por si fuera poco, muy seguido te prepara deliciosos guisos como el “pollo con nopales en chile guajillo”, definitivamente sabe halagarte. O si tú le llevas el desayuno a la cama los domingos y cada tanto le compras las gomitas importadas que tanto le gustan, ciertamente, tu relación de pareja aún tiene sazón.

No sé cuánto va a durar la nueva vida en pareja de mi joven y bella amiga. Lo que sí sé es que las parejas de hoy se rigen por reglas y formas menos rígidas que las de mi época, y eso me parece bien y muy liberador para ambas partes. Lo que mi amiga aún no sabe y yo sí, es que si logran vivir muchos años juntos un día podrán alimentarse no sólo de besos, también de proyectos, batallas superadas, recuerdos inolvidables, mucha paciencia, tolerancia, sueños y retos, así como de saborear una profunda y mutua gratitud.

Feliz Día del Amor.

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Gilda Melgar

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Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 13 de febrero de 2019.


Gilda Melgar

La cocina es el espacio de la casa en el que la labor doméstica es cosa de nunca acabar. Mañana, tarde y noche, todos sus integrantes abren y cierran cajones o puertas de la estufa, del horno, del lavabo, del refri y demás compartimentos.

Si una casa está realmente habitada, mantener la cocina ordenada y brillante es misión imposible, sin importar si es chica o amplia.

Curiosa por descifrar los tips más “pro” de la gurú japonesa del orden, Marie Kondo, esta semana me aventé el maratón de su serie  titulada “A ordenar”, disponible en Netflix desde el pasado 1 de enero.

Aunque sentía cierta resistencia a verla, la sentencia pronunciada por Kondo desde el primer capítulo acerca de que “es imposible mantener la cocina ordenada”, me relajó lo suficiente como para continuar con toda la serie.

En honor a la verdad, son muy pocos los consejos que podría emular entre todos los que ella ofrece en los siete capítulos de esta primera temporada. Además, de los relativos a la cocina, ninguno me pareció “guau”, tal vez porque tengo la fortuna de vivir con alguien que podría ser la versión masculina de la Kondo.

Muchos de los “principios acerca del orden” que la han vuelto famosa, son aplicados en mi hogar gracias a mi esposo, excepto uno de ellos: “Quédate sólo con lo que te haga brillar”, y es que todas las veces que hacemos “limpieza y eliminación” en la cocina, él vuelve a votar por conservar los frascos de vidrio de café soluble “por si un día se ofrecen” y nunca quiere deshacerse de unos tazones amarillo huevo porque “son muy buenos para calentar el arroz”. Y qué puedo hacer, si como bien dice la gurú: “A la hora de ordenar, es muy importante respetar al otro”.

En el capítulo 4, una pareja californiana que ordena el “pantry” muestra a Marie su “colección de tazas”. Son 26 horrendas tazas con diferentes colores y motivos como las que venden en ferias y regalan en eventos. Aunque los japoneses son poco expresivos, imagino perfecto los ojos “muy abiertos” de la diminuta Marie tratando de disimular su espanto al contemplar esos trastos. Definitivamente ninguna persona o mesa puede “brillar” con objetos así. De hecho, uno de mis principios estéticos-hedónicos es beber café o té en tazas lo más “fashion” posible.

Por otra parte, estoy muy de acuerdo con esta frase del método KonMarie: “Ordenar no se trata sólo de limpiar. También de crear espacios que despierten felicidad”, y yo soy muy feliz en mi cocina cuando horneo, a pesar de que mi compartimento exclusivo para repostería no está “kondeado”, por la sencilla razón de que soy la única que lo ocupa. No necesito tener todos los polvos por un lado ni los líquidos por el otro. Tampoco poner los moldes por tamaños.

Aun así, de verdad “aprecio mis herramientas de cocina por los servicios que me proveen”.

Querida Marie Kondo, después de ver tu serie, tengo algunas cosas que decirte:

1. Sumimasen, pero no puedo ni quiero seguir tu método en mi cocina. Necesito mi mágico desorden para crear nuevos y más deliciosos postres.

2. En tu serie, las mujeres son las únicas que limpian y ordenan la cocina, pero déjame decirte que los hombres también pueden y deben entrarle al trabajo de nunca acabar. Así que, Onegaishimasu, para la segunda temporada, asegúrate de incluir a un varón lidiando con el fregadero.

3. ¡Arigato gozaimasu! por hacerme confirmar, una vez más, que NO voy a malgastar el tiempo que me queda en doblar y doblar, porque definitivamente tengo muchos libros por leer, amigas a las cuales visitar y más series para disfrutar.

Me despido, no sin antes invitarte a grabar uno de tus episodios en México, dentro de una típica cocina con ollas viejas de peltre y comales quemados, sin ningún brillo, como los que utilizamos la mayoría para preparar algunos de los más deliciosos guisos y antojos del mundo.


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Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Miércoles 30 de enero de 2019.


Bilbao, España.- La riqueza y variedad de la gastronomía china la convierten en un factor a tener en cuenta a la hora de continuar abriendo el país al exterior y dar a conocer su cultura, consideró el prestigioso chef español Josean Alija, ganador de varios premios de alta cocina.

     "La gastronomía china transmite la cultura y la historia del país a través de sus ingredientes. Es tremendamente variada por el tamaño del país y contiene una enorme variedad de matices", subrayó Alija en una entrevista con Xinhua durante el ciclo de alta cocina Ongietorri celebrado en la ciudad septentrional de Bilbao.

     Alija (Bilbao, 1978) regenta el restaurante Nerua, situado en el mismo complejo de edificios que el Museo Guggenheim, ganador de una Estrella Michelin en dos ocasiones y ubicado en el puesto 57 en la lista de mejores restaurantes del mundo por la prestigiosa lista World's 50 best.

     Subrayó que admira la cocina de China, aunque el volumen del país le impide conocerla tanto como le gustaría.

     "Los chinos utilizan la comida como excusa para juntarse con sus seres queridos y sus amigos. Es, casi, un elemento más de la vida social. Eso también ocurre en España y esa coincidencia cultural puede funcionar como nexo de unión entre ambas sociedades", afirmó.

     Además, resaltó, son dos cocinas sanas: mientras España es el máximo exponente de la dieta mediterránea, basada en el aceite de oliva y la presencia de legumbres y cereales, China goza de una enorme cantidad de plato bajos en grasas y en los que las verduras están muy presentes.

     Precisamente esa "calidad" del producto español protagoniza la cocina que imagina Alija, con platos muy elaborados que mezclan texturas y sabores propios de Euskadi, la región en la que se crió y montó su restaurante.

     "Tenemos una tradición de carne con una larga historia, un huerto rico en verduras, legumbres y hortalizas y, sobre todo, una costa maravillosa que nos proporciona pescado del mar Cantábrico, siempre tan sabroso, con esa frescura. El nivel de las materias primas que tenemos aquí es de élite", puntualizó Alija.

     A su juicio, "la cocina debe servir como experiencia. Tiene que revelar algo: en mi caso habla de mí, y sobre todo de mi entorno. Explica las tradiciones de mi tierra, su cultura, sus secretos".

     Alija, que en sus inicios como chef fue discípulo de cocineros de enorme prestigio a nivel mundial como Martín Berasategui y Ferrán Adriá, apostó por continuar incorporando nuevos elementos, olores y texturas a su cocina para seguir recabando reconocimientos a nivel nacional e internacional.

     "Quiero seguir aportando a la gastronomía española sin renunciar a lo que siempre hemos sido. Mi cocina es un proceso en evolución constante", concluyó.

Xinhua
Bilbao, España
Domingo 13 de enero de 2019.


Tengamos o no la costumbre de comenzar el Año Nuevo con algunos propósitos, lo cierto es que el comienzo de un ciclo siempre se presta a las buenas intenciones de mejorar nuestra vida y, lo digamos o no, todos de alguna manera anhelamos contar con la voluntad necesaria para –ahora sí– romper con los malos hábitos, especialmente los relacionados con la salud.

Resulta que, al volver esta semana a la rutina normal, apenas me entero de cuál fue la “palabra del año” 2018, de acuerdo con el nombramiento que desde hace seis años emite la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), en España.

Se trata de "microplástico", palabra que designa “los pequeños fragmentos de plástico (menores de 5 milímetros) que, o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo…) durante su proceso de descomposición”.

“Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de los animales y en la sal marina que consumimos o en el agua que bebemos…” obliga a imponer medidas para reducir el consumo de los plásticos.

Un estudio avalado por Greenpeace y la Universidad Nacional de Incheon (Corea), publicado en octubre pasado, concluyó que 90 por ciento de la sal comercial que consumimos –a nivel mundial– contiene “microplasticos” que pueden afectar la salud.

El autor, Kim Seung-Kyu, señala en su informe que “la ingestión humana de microplásticos a través de productos marinos está fuertemente relacionada con el consumo de plástico en una región determinada”.

Ya sabemos que tomar sal en exceso es dañino, pero que la mayoría de las marcas comerciales que consumimos contienen las sustancias tóxicas de los “microplásticos”, es algo de lo que apenas nos estamos enterando.

¿Cómo es posible que la sal –que pone sabor a nuestras vidas– resulte ahora aún más dañina?

En el mar la vida es más sabrosa y eso es, en gran parte, gracias al sabor de la sal en la arena, en las olas y en los pescados y mariscos.

Volviendo a mis anhelos de año nuevo, me pregunto si, además de diversificar mi dieta en cuanto a ingredientes y sabores, debería disminuir mi consumo de sal, y no sólo por los microplásticos.

Aunque no me considero una persona de gusto muy salado, creo que me sería muy difícil llevar una dieta cero sal.

La OMS recomienda un consumo diario de sal de no más de 5 gramos. De acuerdo con el informe de Greenpeace, si un adulto toma 10 gramos de sal al día, en un año estaría ingiriendo 2 mil microplásticos. Tan sólo a través de la sal.

Lo que aún no queda claro es cómo la presencia de esas sustancias tóxicas afecta la salud e impacta en otros seres vivos.

Lo cierto es que, además de la carne, los lácteos, las harinas y el azúcar, catalogados como alimentos dañinos para la salud, ahora resulta que, aunque no consumamos sal en exceso, hacerlo podría conllevar otros riesgos.

Entonces, ¿cómo le hacemos para ponerle “sal” a nuestra vida sin salar los alimentos?

Sustituyéndola con condimentos naturales como el ajonjolí o la pimienta, el jengibre o la cúrcuma, así como con plantas como la albahaca, el perejil, el orégano, el romero y el laurel. O incluyendo, especialmente en las ensaladas, unos trozos de cebolla, ajo, apio o ajís, los que también añaden un toque picante. En cuanto a los aliños, será mejor olvidarse del limón, ya que siempre lo asociamos con la sal, y en su lugar utilizar vinagre, incluso vinagre de arroz del que se usa para aliñar el arroz del sushi.

Justo el año pasado yo redescubrí la salvia. Los italianos nunca han dejado de usarla y otorga un gran sabor a las carnes y pastas. Pero también es perfecta para condimentar tomates, berenjenas o calabacitas.

Creo que hay varias opciones para evitarnos más riesgos de salud, ahora por la ingesta de sal comercial.

Algo bueno veo en esta nueva alarma: descubrir el verdadero sabor de las verduras y los vegetales, crear nuevas y únicas combinaciones de alimentos y, finalmente, la posibilidad de encontrar “la sal de la vida” en algo que no sea comestible, pero sí besable, quizás.

Que todos sus buenos anhelos de año nuevo se cumplan y les den muchas alegrías.

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Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

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Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Domingo 13 de enero de 2019.

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