Uno de los mejores restaurantes europeos ahora les cocina a los médicos gratis

 

FOTO: Un chef corta carne en la cocina de los restaurantes Steirereck y Meierei en el parque Stadtpark en Viena, Austria, donde ahora se preparan hasta 1000 comidas gratis para personal de emergencia que responde a la pandemia. EFE


El Steirereck en Viena, un restaurante calificado con dos estrellas Michelin, ahora prende sus fogones para alimentar a quienes están la primera línea de batalla contra la pandemia del nuevo coronavirus: doctores, policías y bomberos, entre otros.

Cerrado por la actual pandemia, uno de los mejores restaurantes de Europa, el vienés Steirereck, con dos estrellas Michelin, ha puesto sus fogones al servicio de quienes luchan en primera línea contra el COVID-19.

Los cocineros de este local preparan cada día un millar de platos, no como hasta ahora para los sibaritas llegados de todo el mundo sino para los funcionarios más expuestos: policías, sanitarios y bomberos, entre otros.

Lo que al principio empezó como un improvisado gesto solidario para vaciar los depósitos llenos de comida que tenía el local, se ha convertido en un proyecto que seguirá adelante hasta el final de la pandemia.

Así lo cuenta Birgit Reitbauer, jefa del Steirereck y esposa del 'chef' Heinz Reitbauer, cuyo establecimiento fue en 2019 el número 17 en el ránking mundial elaborado por la revista gastronómica británica "Restaurant".

"Empezamos el día que nos enteramos de que todos los restaurantes tenían que cerrar sus puertas", recuerda la empresaria esas frenéticas jornadas a mediados de marzo, cuando el Gobierno anunció el cierre casi total de la vida pública en el país alpino.

Después de cuatro semanas de epidemia, Austria cuenta actualmente con unos 12.000 casos de coronavirus confirmados, con unos 200 fallecidos, pero con una pronunciada tendencia a la baja en las nuevas infecciones.

Las autoridades siguen permitiendo salir a pasear, o incluso a hacer deporte, a quienes vayan solos o con las personas con las que viven, pero insisten en reducir al máximo el contacto social y el movimiento, especialmente a las personas mayores y con enfermedades.

En lugar de sofisticados platos de la alta cocina, los cocineros del Steirereck preparan ahora típica comida casera austríaca e internacional, como pimientos rellenos, lasaña, verduras y diferentes carnes, siempre acompañado de arroz o pasta.

"Cuando tuvimos que cerrar, nuestros depósitos estaban llenos. Nos reunimos, pensamos qué podríamos hacer y decidimos preparar comida para los que ayudan (a combatir la pandemia)", cuenta Birgit Reitbauer en declaraciones a EFE. Le puede interesar: La positiva del coronavirus: Ciudad china prohíbe comer perros y gatos

El Steirereck tiene otros dos restaurantes más populares, por lo que no hubo problema para cambiar de la llamada "haute cuisine" a platos más populares y caseros, cuenta.

Una decena de cocineros trabaja de forma voluntaria en tres turnos separados, para asegurar que haya suficiente espacio en la cocina y no se produzcan nuevos contagios.

Las comidas son luego entregadas de forma gratuita a las fuerzas de seguridad y a los servicios de ambulancia de Viena.

Si bien al principio las comidas se nutrían de las reservas de alimentos del restaurante, ahora la materia prima proviene de proveedores habituales del restaurante, que participan así en esta acción solidaria.

Preguntada sobre las perspectivas para el sector de la gastronomía una vez superada la crisis del COVID-19, Reitbauer se muestra optimista.

"Creo que volveremos pronto al nivel habitual, porque mucha gente estará feliz de poder salir de nuevo, de visitar nuevamente restaurantes y de no tener que cocinar en casa siempre", asegura.

"Tenemos ganas de que llegue el momento (de la apertura). Somos como atletas de alta competición, estamos acostumbrados a rendir al máximo", concluye Reitbauer.

La de este conocido restaurante situado en un céntrico parque de Viena no es la única iniciativa del sector de la hostelería más exclusiva para ayudar a sanitarios y fuerzas de seguridad.

El Hotel Intercontinental de Viena, un establecimiento de cinco estrellas cercano al Steirereck, lanzó el pasado miércoles un sistema gratuito de comida a domicilio, que ha tenido una enorme acogida entre las personas mayores.

Uno de los atractivos del sistema de entrega es que participan en él las "Fiaker", las típicas carrozas turísticas de Viena, que se han sumado a la iniciativa, también de forma altruista.

"El hotel está, desgraciadamente, vacío. Queremos ayudar. Así que pensamos en repartir comida", explica a Efe al teléfono Brigitte Trattner, la directora del establecimiento, cerrado como parte de las medidas para limitar el contacto social.

Los usuarios, que suelen ser mayores de 70 años o bien personas que están al cargo de ancianos, realizan los pedidos telefónicamente para el día siguiente.

La comida se prepara en las cocinas por el personal del hotel, y en el menú destacan los platos típicos de la gastronomía austríaca. Suele consistir en un entrante, que suele ser una sopa, y un plato principal, generalmente de carne.

Si en la primera jornada se recibieron 170 solicitudes, esta semana se espera llegar a la capacidad máxima de unas 350 comidas.

Los encargados de empaquetar y acercar la comida a los ancianos son todos voluntarios que no cobran nada y que trabajan bajo estrictas condiciones higiénicas, y visten guantes y mascarillas de protección.

EFE
Jordi Kuhs
Viena, Austria
Martes 7 de abril de 2020.


Ese día, la actriz de Una Eva y dos Adanes comió carnitas, mole, chalupitas, guacamole, gusanos de maguey, acompañados de tequila y daiquirís. Un mariachi, traído ex profeso para la ocasión, alegró el banquete.


Ciudad de México. - ¡Señor Guillén, señor Guillén, ahí viene Marilyn Monroe!”, exclamó emocionado uno de los empleados cuando vio bajar de un automóvil de lujo a la actriz que acompañada de un séquito de, por lo menos ocho personas, partió plaza dispuesta a probar los platillos mexicanos en el tradicional restaurante taurino El Taquito.

“Su visita no estaba planeada, llegó de improviso. Ese día, el entonces regente capitalino, Ernesto P. Uruchurtu, le llamó a mi papá Rafael Guillén para decirle que tuviera mucho cuidado porque le mandaría a una persona muy especial y le pedía que la atendiera bien”, relató Marcos Guillén, uno de los propietarios del lugar.

Su padre insistió en saber de quién se trataba, pero el político no quiso revelarlo y a los 15 minutos después de colgar, el Lincoln color negro ya estaba estacionado en el número 69 de la calle Del Carmen en el Centro Histórico. Era viernes, 23 de febrero de 1962.

La estrella de Hollywood fue conducida al salón Dorado, hoy denominado Santiago, en una mesa junto a uno de los balcones del lugar y en cuyo lugar ocupado, hoy luce una silla cubierta de rojo en el respaldo, como símbolo especial de su visita.

Entremeses compuestos por sopes, nopalitos, quesadillas, guacamoles, chalupas, carnitas, mole y chicharrón fueron colocados de inmediato en la mesa para agasajar a los presentes, así como tacos dorados de pollo y mole poblano.

De beber sirvieron tequilas, cervezas, martinis, margaritas y daiquirís. También hubo banderillas tricolores integradas de licor de crema de cacao clara, granadina y menta verde.

“Estábamos en temporada de gusanos de maguey y mi papá ofreció a Marilyn probarlos, por lo que, en la foto alusiva de su recuerdo, se le observa sonriente tomando el taco de gusanos y al lado una copa de margarita”, contó a Notimex en entrevista.

Monroe comió dos tacos, además, bebió jugo de carne, probó unas chalupas y quesadillas de flor de calabaza, papa, queso y huitlacoche.

“Aunque no sabía de qué estaba hecha cada cosa, se comió todo lo que le trajeron”, aseguró Guillén, quien orgulloso y en tamaño gigante, presume en su oficina la imagen de la rubia estadounidense que portaba un vestido negro de encaje en la parte superior y un abrigo del mismo tono.

Los grupos norteños y el mariachi son tradicionales de El Taquito, pero para ese momento, los dueños eligieron a este último. Se trataba del Mariachi de Felipe Marmolejo que interpretó en su honor temas como “El son de la negra”, “Cielito lindo”, “Guadalajara”, “La Malagueña”.

El entonces dueño del restaurante también llamó al quinteto Los Camaradas, que cantó para ella los emblemáticos boleros “Bésame mucho” y “Peregrina”, por citar algunos.

“Tengo entendido que llegó acompañada por un grupo de amigos de ella y varios periodistas. Permaneció unas dos horas y todos los meseros la querían atender. Ella se portó muy amable, abrazó a mi padre y le dio su beso. Asimismo, accedió a tomarse fotos con todos los que ahí se encontraban”.

La visita de la actriz fue de gran relevancia para el antiguo comedor que en julio próximo celebrará el primer centenario de su fundación. Ahí ya habían asistido Dolores del Río, María Félix y Elsa Aguirre, entre otras bellezas del cine nacional, pero Marilyn resaltó por su belleza y sensualidad.

Acerca de si la protagonista de “Los caballeros las prefieren rubias” (1953) pagó la cuenta o no, Marcos Guillén no está seguro, pues nunca le preguntó a su padre. Sin embargo, asegura, eso es lo de menos “porque esa tarde ella irradió con su luz todos los rincones de El Taquito”. (lunes 01 de agosto 2016)

Notimex
Ciudad de  México
Viernes 14 de febrero de 2020.


El chef y viajero cosmopolita Anthony Bourdain ha muerto tristemente. Para recordarlo rescatamos un notable texto en el que Bourdain analiza la compleja relación de México con Estados Unidos y, particularmente, su relación de afecto por los mexicanos y su rica comida. Bourdain hace énfasis en la nobleza y color de la cultura mexicana, un país que en los últimos tiempos ha empezado a ser reconocido como uno de los más importantes en el mundo gastronómico, a lo que sin duda contribuyó el chef neoyorkino.

Bourdain describió en el texto titulado Bajo el Volcán (como antes la novela de Lowry) las complejidades y las intimidades de la relación entre México y Estados Unidos. Se mostró siempre generoso con los mexicanos y entendió que había cierta hipocresía en la forma en la que Estados Unidos ve a México:

Amamos las drogas mexicanas. Tal vez no tú personalmente, pero nosotros, como nación, consumimos cantidades monumentales de ellas –y recorremos extraordinarias distancias y gastamos grandes sumas para obtenerlas. Amamos la música mexicana, las playas mexicanas, la arquitectura mexicana, el diseño de interiores, y las películas mexicanas. Entonces, ¿porqué no amamos México?

Desestimamos lo que ocurre apenas cruzando la frontera. Quizá estamos avergonzados. Después de todo México ha estado ahí siempre para nosotros, para satisfacer nuestros más oscuros deseos y necesidades. Ya sea para vestirnos como idiotas, alcoholizarnos y broncearnos con el sol de Cancún, arrojar unos pesos a strippers en Tijuana, o pasonearnos con drogas mexicanas, estamos lejos de nuestro mejor comportamiento en México. Nos han visto a muchos de nosotros en nuestro peor faceta. Conocen nuestros deseos más oscuros.

Bourdain escribió en este texto del 2014 que en los 30 años que pasó cocinando profesionalmente siempre fue un mexicano el que le cuidó la espalda. Y siguió a sus colaboradores en la cocina a sus pueblos en Oaxaca o Puebla, descubriendo los secretos de la cocina mexicana, pueblos gentiles dominados por mujeres. En todos sus años haciendo televisión, escribió, México era el país donde más feliz se sentía su equipo al final del día. Comiendo tacos con salsas de colores brillantes y bebiendo cervezas en calles melancólicas.

México es nuestro hermano de otra madre [brother from another mother]. Un país con el cual, nos guste o no, estamos profunda e inexorablemente involucrados, en un abrazo cercano aunque incómodo. Véanlo. Es tan hermoso. Tiene algunas de las playas más desgarradoramente bellas del mundo. Montañas, desiertos, selvas. Bella arquitectura colonial y una historia trágica, elegante, violenta, ridícula, heroica, lamentable, que rompe el corazón. La región vinícola mexicana es tan espléndida que puede competir con la Toscana. Sus sitios arqueológicos -remanentes de grandes imperios- no tienen parangón. Y, por mucho que creemos que la conocemos, apenas hemos rasgado la superficie de la comida mexicana. No es queso derretido sobre una tortilla dura. No es ni simple ni fácil. No es comida para el medio tiempo de un partido. De hecho, es vieja -más vieja que las grandes cocinas europeas y en general profundamente compleja, sutil y refinada... Podría ser, debería ser, una de las cocinas más excitantes del planeta. Si pusiéramos atención.

PijamaSurf
Ciudad de México
Domingo 9 de junio de 2019.


Gilda Melgar      

Atrás quedaron los años en que la víspera del 10 de mayo me llenaba de ilusión y angustia al mismo tiempo. El día del festival escolar por el Día de la Madre me levantaba más temprano que cualquier otro día para acicalarme un poco más y estar a la altura del festejo.

A la entrada del colegio, las “nanitas” nos daban la bienvenida con una rosa roja. Un alumno de los “grandes” nos acompañaba hasta nuestro asiento y mientras comenzaba el show, nos invitaban a tomar los jugos y el café dispuestos sobre una mesa decorada a un costado del auditorio.

La espera para ver actuar a mi hija se me hacía eterna y mientras tanto me sentía obligada a saludar incluso a los profesores con los que no simpatizaba mucho. También me ponía al día con las mamás de sus amiguitos, las que no sólo habían ido al salón de belleza desde temprano, sino que parecían ser las próximas en subir al escenario.

La mayoría de los recuerdos acerca de los detalles de esos días son muy fugaces, pero aún puedo revivir la emoción que me embargaba ver a mis hijos bailar, cantar o recitar, aunque las canciones o los poemas fueran de lo más cursi.

Los recuerdos más nítidos sobre mis hijos actuando en 10 de mayo son los relacionados con el festival en sus últimos años de preescolar.

Mi hija era parte del coro y la maestra de música los tuvo ensayando con dos meses de antelación para ofrecernos un recital titulado “Love”. Todos los niños iban vestidos con una capa roja y moño blanco. También llevaban consigo una letra enorme pintada sobre un trozo de cartulina.

La mayoría de las canciones fueron interpretadas en inglés. Al momento que interpretaron la canción de Nat King Cole, al ritmo de “L is for the way you look at me / O is for the only one I see / V is very, very extraordinary / E is even more than anyone that you adore can”, empecé a llorar sin parar. Verla cantar así me conmovió hasta el alma. Dieciséis años después, cierro los ojos y aún puedo sentir su mirada buscando la mía al tiempo que alzaba su cartón con la letra “L” y formaba la palabra “L-O-V-E” junto a sus compañeritos, cantando “Love was made for me and you”.

Mi hijo estaba en un Montessori y por supuesto que ahí no había festivales ni concursos, pero sí “actividades de integración”. El festejo mamá-hijo en su último año de kínder fue una clase de cocina. Me escogieron para que les enseñara cómo hacer un cupcake. Mi hijo y yo explicamos el paso a paso de la receta y entre todos preparamos la masa hasta que se llevaron nuestras charolas al horno.

Lo más divertido fue cuando mamás e hijos decoramos los panquecitos al gusto con mucha crema batida, chispas de colores, nueces, pasas y polvos brillantes. Mientras disfrutábamos del resultado con unas tazas de té dentro del comedor escolar, un niño me dijo “Gracias Mamá de Ivo, están deliciosos”. Y volví a llorar.

Por muchos años, el siguiente punto de mi 10 de mayo tenía lugar en una tienda departamental donde “escogía mi regalo”. Después íbamos todos a comer. Así conocí algunos de mis restaurantes favoritos. El festejo terminaba releyendo las tarjetas decoradas o buscando un lugar dónde acomodar la manualidad que a todas luces habían hecho en un dos por tres. Aún llevamos a la mesa un pez de madera –pintado con nescafé por mi hijo– donde colocamos las sartenes calientes.

Ya no extraño los festivales. Es más, creo que ahora me daría una flojera inmunda tener que aguantar tanto show. El tráfico del 10 de mayo me pone de muy mal humor y los restaurantes atestados me impiden disfrutar de la comida como a mí me gusta, lentamente y con mucha sobremesa.

El 10 de mayo de la publicidad es demandante y extenuante.

Gracias a la lucha feminista de mujeres como mi madre y la de mi propia generación, hoy, muchas mujeres en sus 30 pueden decirle No a la maternidad sin que ello represente un estigma sobre su vida.

A mí todavía me tocó partirme en dos y pedir permiso en el trabajo para asistir a los festivales, ir a la firma de boletas o llevarlos a una consulta médica de emergencia, etc.  Por eso entiendo y celebro que, en un mundo donde la crianza sigue siendo un asunto principalmente de mujeres, las millennials puedan elegir una vida sin el estrés de la doble jornada y el agobio de la maternidad. Aún más en un país como el nuestro, donde niños y adolescentes están expuestos a la inseguridad, a la vuelta de la esquina, para ser víctimas de los perores abusos y crímenes.

También yo lo pensaría dos veces.

Por eso, lo único que extraño de aquella época de festival es la inocencia de mis hijos y el control que creía tener sobre su seguridad. Hoy que están grandes y deben hacerse un camino por sí mismos, me angustio pensando en la inseguridad de esta ciudad y en la falta de oportunidades.

Así que, aunque me encantan los menús de cuatro y cinco tenedores, este viernes mi mejor y único gran regalo será tener a mis hijos conmigo, disfrutar su presencia y escuchar juntos la dulce versión de Natalie Cole para decirnos: “L-o-v-e is all that I can give to you”.


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Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 10 de mayo de 2019.


Gilda Melgar   

Aunque había estado en Japón en otras ocasiones, en abril pasado visité Kioto por primera vez con la ilusión de captar el alma de la antigua capital nipona más allá de sus clichés de geishas de postal, salones de té y majestuosos santuarios.

Con un recorrido express de apenas un día, mi primera parada en la bella Kioto tuvo lugar en el súper mediático Fire ramen, el restaurante de especialidad que abrió sus puertas en 1984 donde se ofrece un “green ramen” tradicional servido sobre un caldo ligero (a base de cerdo, pollo y pescado), salsa de soya, topping de cebolla y el toque tostado especial que le brinda un poco de aceite en llamas vertido sobre el caldo, justo antes de la desgustación.

Comer en el Menbaka Fire Ramen es todo un show. En primer lugar, porque no aceptan reservaciones, ya que el local es muy pequeño y de estilo tradicional –en barra–, por lo que sólo sirven entre 8 y 15 servicios a la vez. En segundo, porque el chef propietario y sus cocineros ofrecen a los clientes un espectáculo –bajo el eslogan “No ramen, no life” –perfectamente cronometrado de alto impacto visual, gastronómico y emocional.

Llegué al Fire Ramen unos minutos antes de las 11 a.m. (hora de apertura) y, por fortuna, mis acompañantes y yo logramos ser los primeros comensales del día. Fuimos recibidos por el mismísimo chef propietario quien, junto a dos de sus guapísimos cocineros, nos explicó muy sonriente el ritual que nos iban a ofrecer.

Antes de develarles el show, debo aclarar que, aunque los fideos ramen son de origen chino, los japoneses crearon en la época moderna una versión propia que hoy se identifica en todo el mundo como suya, y cuya mayor gracia radica en el caldo base que cada puesto callejero o restaurante crea a su estilo, ya sea con carne, pollo, pescado o vegetales y un toque de soya, mirín o sake. El secreto está en una combinación acertada de los ingredientes del caldo, la calidad de la pasta y su debida preparación, así como el tipo de alimentos que se disponen en la superficie.
 
Mientras nos acomodábamos los delantales especiales que nos repartieron para evitar quemaduras con el aceite, los cocineros preparaban a toda prisa nuestros tazones. Uno de ellos, servía el caldo –más que hirviente– en cada tazón. Otro, colaba en agua fría los fideos recién cocidos y uno más troceaba los tallos de cebolla.

Una vez que todos tuvimos un tazón con ramen frente a nosotros, un chef alto y con pinta de actor se acercó a la barra con una sartén de aceite en llamas y con mano firme y enguantada pasó frente a cada comensal “flameando” el caldo. Llamas altísimas y gritos contenidos inundaron el salón. Con la adrenalina al tope y el corazón palpitante, sentí más hambre de la que ya tenía, pero también alivio al ver que todos pasamos la prueba de fuego.

Una joven y atractiva cocinera brasileña con ascendencia japonesa corrió a servirnos el arroz frito y los gyozas que acompañaban nuestro ramen (una de las opciones del menú para los “side dish”) y, acto seguido, todos dijimos en voz alta “Itadakimasu”.

Afuera hacía frío; sin embargo, la emoción pirotécnica, lo reconfortante y sustancioso del caldo, lo tostado de la cebolla y la sedosa textura del ramen, me encendieron de alma y cuerpo. Gracias a los sorbos de satisfacción de mis amigos supe que estaban sintiendo lo mismo que mi dolcealterego.

Ahora sí tenía muy claro a qué sabe un ramen como Dios manda. Mejor dicho, ¡como los budas mandan! Y con el corazón contento, nos dirigimos a nuestro siguiente destino: Kinkaku-ji o el Pabellón Dorado, construido en 1397 por el Shogun Ashikaga Yoshimitsu como villa de descanso y hoy declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Rodeado por un impresionante estanque y jardín japonés que representa la historia de la creación budista, el Pabellón Dorado es considerado como un templo zen de tres pisos. Las paredes exteriores de sus dos plantas superiores están recubiertas de oro. En su interior se conservan las reliquias de Buda.

Ansiosa por obtener la mejor vista desde la cerca de acceso, espero a que se desocupe algún espacio para hacerme la foto correspondiente. Una pareja de costarricenses me escucha hablar español y me hace espacio. Me acomodo en un buen ángulo y, sin querer, al momento que mi fotógrafa dispara la toma, pasan junto a mí dos geishas enfundadas en hermosos kimonos con tonos de sakura.

Mientras prosigo mi camino para contemplar el estanque desde la parte posterior del templo, escucho a unos niños alemanes gritar de emoción al ver dos anaranjadas y deslumbrantes carpas saltar de un lado a otro salpicando con más belleza aún todo el paisaje. Sonrío igual que ellos.

No importa si estuve ahí sólo un momento. Mis ojos están ya llenos de Kioto. Las llamas flameantes del Fire ramen y el reflejo dorado del pabellón sobre el espejo de agua serán ahora como una antorcha encendida y el recuerdo feliz que ilumine algún día triste por venir.

¡Gracias Kioto!

http://www.fireramen.com/menbaka/index.html

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Gilda Melgar

 Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 3 de mayo de 2019.


Gilda Melgar         

Las vacaciones de verano –oficialmente inauguradas este día– me hacen ilusión, aunque no tenga un plan de viaje o de distracción específica, pues el solo hecho de disfrutar de la ciudad con menos tráfico y caos me trae paz.

Platicando hace poco con un pariente que vive fuera le comenté que, si viene a la CDMX, con gusto le llevo a los lugares más emblemáticos. Por mi mente pasó una idea de recorrido, que la verdad me pareció demasiado trillado, como de agencia de viajes a la antigua.

Resolví que no debía mostrarle sólo la cara cosmopolita o de “estampa” de la ciudad. Tampoco ofrecerle únicamente experiencias “imperdibles”, como la visita al mirador de la Torre Mayor o el recorrido por los murales de Orozco, Rivera y Tamayo en Bellas Artes, sino también mostrarle otros sitios o rincones de encanto que, si bien no aparecen en las guías de viaje, dan cuenta de una ciudad con historia, diversa e incluyente.

¿Qué tal si le llevo a desayunar a la Central de Abastos, el megamercado de la ciudad, ahora intervenido con 16 murales de artistas de todo el mundo gracias a un proyecto urbano avalado por la ONU? Y no hablo del turismo hípster, sino de llevar al viajero a una experiencia cotidiana y común en la que no hay necesariamente un escenario para “selfies”.

Por supuesto que hay sitios megaturísticos que son imperdibles de la CDMX. Por ejemplo, para mostrarle el legado prehispánico le llevaría al Templo Mayor y al Museo de Antropología. Y también le haría admirar la colección de arte mesoamericano del Soumaya, con su curaduría de primer mundo y arquitectura vanguardista, quiera ahí una “selfie” o no.

Para mostrarle en una sola calle al México colonial, independiente, porfiriano y contemporáneo, vibrante e incluyente, empezaría por desayunar un chocolate caliente con su bisquet en la cafetería Trevi, a un costado la Alameda Central –el parque más antiguo de América Latina–, para luego entrar al Museo Memoria y Tolerancia. Después caminaríamos sobre la calle de Madero hacia el Zócalo –por la que atraviesan cada día alrededor de 350 mil personas–, parando por un trago en el bar del Sanborns de los Azulejos y entrar después a admirar el atrio bañado en oro del Ex Convento de San Francisco.

Por la tarde visitaríamos el Museo del Estanquillo de Monsiváis, la librería Gandhi. La comida tendría que ser en la Terraza del Gran Hotel de la Ciudad de México, con su arquitectura art noveau y sus vitrales Tiffany.

Para observar al México ecléctico, vanguardista o alternativo, le pasearía por la Roma y la Condesa con sus propuestas de tendencia en arte, diseño y gastronomía. Además del Parque España y el Jardín Pushkin, le llevaría al MODO (Museo del Objeto del Objeto), que ahora mismo presenta una exposición de propaganda electoral desde los tiempos de Madero. E incluiría a la Nueva Santa María con su Kiosko morisco y fondas como la Chilakillers. Desde el año pasado esa colonia cuenta con su “Mercado Morisco”, el mismo concepto gastronómico de la Roma, San Ángel y Coyoacán. Por la zona se encuentra el ya famoso “Microteatro México”, en el que se representan propuestas teatrales de 15 minutos a precios accesibles.

Para el México cultural y hippie chic, obviamente iríamos a San Ángel y Coyoacán con sus mercados, fondas, bazares y museos. Y no sólo le llevaría al Museo Casa Azul de Frida y sus interminables filas, también al Museo de Culturas Populares, después de desayunar en el popular Tres Coyotes o tomar un café en el sibarita Ruta de la Seda.

Faltan Ciudad Universitaria y las zonas de Polanco, Chapultepec, Zona Rosa, Paseo de la Reforma, Lomas y anexas. Claro que eso es el México “bonito” que todos queremos mostrar; sin embargo, cada uno de nosotros podría enseñar al extranjero otros recorridos alternos, de acuerdo con su zona y ambiente para dar cuenta.

La CDMX es un destino internacional de encuentro para el arte, la cultura y la educación, el deporte, la medicina, el mundo empresarial, asuntos religiosos y gastronomía que anualmente recibe a cerca de 10 millones de turistas nacionales y extranjeros.

Con la visita de mi pariente o no, ya tengo una lista de 10 sitios chic y alternativos que aún no conozco y que serán parte de mi aventura de verano CDMX.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 6 julio de 2018.


Gilda Melgar

En el 2014, cuando ya era una actriz reconocida por su papel en la serie Suits, Meghan Markle inauguró un blog personal de estilo de vida con el que logró aumentar su número de fans e inspirar a miles de sus contemporáneas.

En The Tig, la hoy “Duquesa de Sussex”, publicaba temas relacionados con la moda, los viajes, el arte, la decoración, su labor humanitaria y la comida… mucha comida.

Su escaparate personal daba cuenta de sus placeres culinarios como el del vino, empezando por el mismo nombre del blog que hacía alusión a su tinto favorito, el vino italiano Tignanello, oriundo de la Toscana y del cual un día escribió: “Probar ese chianti me hizo comprender que el vino es más que una bebida alcohólica”. De venta en Catamundi: 2,420 pesos (www.catamundi.com/producto/tignanello/)

En variadas ocasiones, Meghan se autonombró foodie o “comidista”, por lo que en su blog, además de publicar recetas, también solía recomendar restaurantes y sitios emblemáticos de la gastronomía italiana, como la costa de Amalfi.

Tras el anuncio público de su relación con el príncipe Harry, la actriz se vio obligada a cerrar el blog, del cual se despidió con un “Hasta luego” en abril de 2017.

En noviembre pasado que se formalizó el compromiso, comenzaron los rumores y apuestas sobre los detalles de la boda, especialmente acerca del vestido de novia que ella llevaría puesto y del menú que se ofrecería en el banquete. Teniendo en cuenta la afición de Meghan por la buena mesa, la expectación era aún mayor.

Semanas antes del enlace real, un anuncio oficial tomó desprevenidos a los que especulaban sobre el tema de la comida. La sorpresa más grande fue el anuncio de que los 600 invitados al festejo postceremonia religiosa ofrecido por la Reina, a celebrarse en los jardines del castillo Windsor, comerían ¡de pie!, pues sólo se servirían bocadillos, cucharones y bowls. Sin duda una elección moderna y pragmática de parte de los novios.

Aunque sí se celebró una cena formal para 200 invitados presidida por el príncipe Carlos y su esposa Camila, a la que acudieron los familiares y amigos más cercanos de la pareja.

Los alimentos de ambos eventos fueron preparados en los fogones del castillo (cuyas instalaciones datan del siglo XVI), bajo el mando del chef de la casa real.

Si bien la selección del menú fue de cocina internacional, hubo un marcado acento británico al utilizar vegetales autóctonos de primavera como los espárragos, chícharos y tomates (algunos de la propia huerta de la Reina), alimentos con los que se prepararon 28 mil canapés. En el lunch ofrecido en los jardines, los invitados degustaron “Langostino escocés envuelto en salmón ahumado con crema de cítricos”, “Espárragos a la parrilla envueltos en jamón de Cumbria”, ”Panacota de chícharos con huevos de codorniz y verbena de limón”, “Tartitas de tomate y albahaca con perlas de balsámico”. En los bowls o tazones, se sirvieron los alimentos calientes con platillos tradicionales, como “Cordero de Windsor con verduras asadas y mermelada de echalote” o el “Cerdo asado 10 horas con compota de manzana”.

Hubo tres postres: “Macarrones de pistache y champán”, “Tartita de creme brulée de naranja” y “tartitas de cerezas y ruibarbo”.

En cuanto a bebidas, durante los festejos se sirvió Champán, vinos y un coctel sin alcohol llamado “Mocktail”, a base de manzana y jarabe de saúco.

El pastel de bodas es un capítulo aparte, porque la novia tuvo manga ancha y seleccionó a una repostera californiana –como ella–, quien es propietaria de Violet bakery, una pastelería hípster en Londres. El pastel, construido con un bizcocho de limón elaborado con huevos ecológicos, relleno de lemon curd a partir de 200 limones orgánicos de Amalfi, Italia, y cubierto con crema ligera de mantequilla endulzada con jarabe de flor de saúco, fue el símbolo metafórico y material para dejar bien claro que con este enlace se ventilan los nuevos tiempos de la realeza británica.

Por siglos, el pastel de la boda real había sido preparado por una pastelería oficial con la misma receta tradicional del pastel inglés de frutas con brandy cubierto de mazapán y azúcar glass.

La torta “hecha a la medida” de Meghan y Harry es un claro guiño al estilo foddie que la duquesa promocionaba en su blog. Un aire fresco que rompió con kilos de azúcar y la dura corteza de un mazapán que ya nadie quiere ni se come. Adiós a los pasteles de utilería y a las bodas arregladas. Bienvenidas las historias modernas de la Cenicienta feminista.

Justo el día de la boda, me mandaron un meme con la imagen de la pareja en la que Meghan sonríe  junto a su príncipe. El texto adjunto decía: “Esta es la sonrisa de una mujer que sabe, perfectamente, que jamás volverá a tocar jabón de trastes en su vida”.

Y me quedé pensando que también ha de estar muy consciente de que No podrá publicar ya ninguno de sus viajes, cenas, vinos favoritos o lo que sea a título personal. Como quizás tampoco tenga libertad de vestirse como quiera ni pasear a donde sea.

¿Por qué una mujer joven, empoderada, exitosa, embajadora de la ONU, que logró forjarse a sí misma con sus propios méritos querría cambiar su “libertad” y autonomía por vivir una vida de realeza con todo lo que eso implica?

Las feministas puras dirán que –en el fondo– ella es francamente una mujer conservadora.

Mi humilde opinión es que una mujer exitosa que se probó a sí misma, apasionada de la buena vida, no tiene ya nada que perder, aún más si su elección la aleja de todo sufrimiento anterior y la hará gozar de las mieles de un beso apasionado y verdadero.

¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos.

Si algo no sale bien, ella tiene un nombre propio y seguramente podrá salir adelante con una copa de Tignanello en la mano.


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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Viernes 11 mayo 2018.

 Gilda Melgar       

Esta semana dimos el adiós definitivo a la temporada de frío y no cabe duda de que la brisa matutina anuncia la llegada de la primavera.

A medida que pasan los años confirmo –cada vez más– la sabiduría que encierra el concepto budista de la impermanencia, algo difícil de captar para los occidentales que vivimos en la ilusión del “para siempre” y el “nunca jamás”.

La impermanencia hace alusión al cambio constante en el universo, la tierra y el estado de todas las cosas. Una verdad implacable que nos recuerda cada tanto el cambio de estación. Creo que, si observo la vida bajo ese concepto, debo sentirme contenta de haber llegado a marzo. Aún más porque prefiero el calor al frío.

Por esa razón, cuando el paisaje citadino se torna azul violáceo, mi ánimo mejora considerablemente y los primeros brotes de las jacarandas en flor siempre me recuerdan que hay que disfrutar y agradecer las maravillas que la primavera trae consigo.

No somos realmente conscientes de que el hermoso paisaje violeta de callejones y avenidas en barrios como la Roma, San Ángel, Coyoacán y Ciudad Universitaria es un regalo natural de “edición limitada”, una belleza efímera que dura sólo dos meses.

Los japoneses también cuentan con una flor emblemática y temporal que es la flor del cerezo o Sakura, la cual pinta de rosa todo el archipiélago, desde Okinawa hasta Hokkaido.

A diferencia de nosotros, los orientales valoran y aprecian de veras a su flor primaveral. Si visitan Japón a finales de marzo o durante abril, podrán darse cuenta de ello desde su llegada. Las estaciones de tren, los cafés, las tiendas departamentales o pequeñas boutiques, adornan sus entradas e instalaciones con motivos alusivos a la pequeña y elegante flor, la que también es utilizada profusamente en la repostería y confitería tradicional con creaciones y delicias que obviamente se ofrecen como edición limitada.

Los reposteros confeccionan pasteles, mousses y toda clase de delicias con sabor y color de Sakura. Los confiteros, delicados dulces tradicionales a base de harina de arroz coloreados en rosa pálido.

La cadena Starbucks lanza cada año una edición especial de bebidas sabor Sakura. Este 2018 ofrece la línea Sakura Strawberry con las bebidas Pink Milk Latte, Pink Mochi Frapuccino y, por primera vez, un té infusión de la flor –vía Teavana– llamado Pink Tea.

El sabor de la flor de cerezo es muy peculiar. Muy al contrario de lo que uno podría imaginarse debido a su tono “rosita”, resulta un tanto agridulce, salado y ligeramente picante. Digamos que es un sabor umami: imaginen un tomate maduro y jugoso que tiene toques de dulce y ácido a la vez.

Además, durante la temporada del Sakura, en Japón se producen toda clase de artículos con estampados de cerezo, desde pañuelos de mano y Kimonos, hasta inciensos con el aroma de la flor.

Desafortunadamente, a diferencia del Sakura, nuestra jacaranda no sólo no es comestible, sino que hasta puede resultar tóxica. Tampoco tiene propiedades medicinales. Pero el hecho de que sea sólo un árbol de ornato, no degrada en lo más mínimo su hermosura.

Hay varias teorías acerca de su llegada al país desde Brasil, vía los japoneses. Lo que sí está registrado es el hecho de que las jacarandas adornan las calles de nuestra ciudad desde las primeras décadas del siglo XX. Para nuestra dicha, hoy son parte indisoluble del paisaje primaveral.

Aunque no pueda comerme sus pétalos, en honor a las jacarandas para este viernes preparé una suave y cremosa Panna cotta de limón y zarzamoras, un postre que no tiene ni un grado de dificultad.

El clásico italiano, parecido a una mousse, es originario del Piamonte y muy adecuado para la época de calor. Como se trata de una “crema cuajada” puede emparejarse con las frutas y los sabores que uno prefiera.

Es común servirlo con frutos rojos, pero en esta ocasión yo decidí pintar ligeramente de azul violeta parte de la crema, en honor a las flores. Es mi “Panna cotta Jacarandas”. (&&& enlace&&&)

Caminar por una calle alfombrada con pétalos de jacaranda debería ser un acto digno de sorpresa y gratitud, tanto como el hecho de seguir aquí, vivos y con la posibilidad de admirar la efímera belleza de sus flores.

Feliz marzo.

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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panadería. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.


Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Puebla/Ciudad de México
Viernes 2 de marzo de 2018.

Gilda Melgar      

  Se trata de un documental dirigido por el cineasta mexicano Alberto Cortés, filmado en 2015, que presenta el ciclo de producción del maíz a través de los testimonios de tres familias indígenas de Jalisco (huichol), Oaxaca (mixe) y Chiapas (tzeltal).

Los narradores y “actores” protagonistas del documental son campesinos organizados que viven y siembran en "territorios recuperados" por los movimientos zapatistas a mediados de los 90, quienes dan cuenta del ciclo del maíz ̶ desde el cuidado de la tierra para la siembra hasta su cosecha ̶  bajo un discurso en defensa del grano originario y nativo de México, y por ende, en contra del maíz transgénico “impuesto” por el capitalismo.

Además de mostrar la forma comunitaria como los indígenas siembran y cosechan maíz, frijol, calabaza, jitomate y chile, el trabajo de Cortés también deja ver el tipo de alimentos que ellos preparan con esos ingredientes y que representan el sustento de su dieta básica. En las escenas que exponen el arduo trabajo de preparar la tierra para la siembra de las semillas, los campesinos llevan siempre consigo un envase desechable lleno de pozol “para aguantar la jornada”.

Las comunidades donde se filmó este documental son aisladas y asentadas en zonas montañosas de difícil acceso que, por supuesto, no cuentan con servicios de luz, agua potable o carreteras. Las milpas que sus habitantes han logrado establecer y producir allí son para el autoconsumo, y en el ciclo de producción participan no sólo los hombres, sino que también las mujeres y los niños y niñas adolescentes.

Llama la atención el testimonio de una madre adolescente mixe de Oaxaca, quien ha incorporado el discurso de género a su narrativa de defensa de los pueblos indígenas y sus territorios. Con ojos brillantes, mirada inteligente y facilidad de palabra dice ser feliz en el campo, mientras prepara unas enormes tortillas de maíz negro para sus hijos, hermanos y padres.

Al margen del sesgo ideológico presente en la narrativa del documental, desde mi mirada de “comidista” lo que me parece más rescatable del trabajo de Cortés es, justamente, la documentación del trabajo comunitario de autoconsumo, así como la cosmovisión de los pueblos originarios alrededor del maíz. Tal como lo pronuncia en el documental una mujer chiapaneca: "La milpa es hija, madre y guardiana de nuestros pueblos".

Por otra parte, entender el proceso natural del ciclo del maíz (sin uso de maquinarias o fertilizantes químicos) y conocer, de primera mano, cómo viven y se alimentan de él los habitantes más vulnerables del país, nos obliga a reflexionar acerca de la importancia nutricional y social del grano.

Bajo la producción de Bataclán Cine y TV UNAM, entre otros, “El maíz en tiempos de guerra” tiene una duración de 88 minutos y se exhibe ahora mismo en salas de arte como la Cineteca Nacional, el Centro Cultural Universitario, el Cinematógrafo del Chopo, la Casa del Cine, Cine Tonalá y otros.
Consulte la cartelera en http://www.cultura.cdmx.gob.mx
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*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Ena Gilda Melgar
Ciudad de México
Sábado 10 febrero 2018.


El inspirador de la 'nouvelle cuisine' fallece a los 91 años

En Francia solo había un Monsieur Paul. Era Paul Bocuse, el chef de chefs, inspirador del movimiento bautizado como nouvelle cuisine que le devolvió la gloria a la cocina francesa y la situó como una de las referencias culinarias del mundo. El “papa de la gastronomía” murió este sábado 20 de enero a los 91 años en Collognes-au-Mont-d’Or, la misma localidad vecina de Lyon que lo vio nacer y desde donde revolucionó la cocina francesa hasta convertirse en un icono de la gastronomía global.

“Paul Bocuse ha muerto, la gastronomía está de luto”, adelantó la noticia el ministro del Interior francés, Gérard Collomb, antiguo alcalde de Lyon. “Monsieur Paul era Francia. Sencillez y generosidad. Excelencia y arte de vida. El papa de los gourmets nos deja”, lamentó de una figura que conocía muy bien y que llevó relumbre a la ciudad que él gobernó durante años.

El célebre chef, nombrado “cocinero del siglo” y considerado uno de los artífices de que chefs de todo el mundo adquirieran condición de estrellas mediáticas, sufría desde hace años de la enfermedad de Parkinson. Según la agencia France Presse, falleció en su famoso restaurante Auberge du Pont en Collognes-au-Mont-d’Or, en compañía de su esposa, Raymonde, y su hija Françoise.

Fue en ese mismo lugar, a una decena de kilómetros de Lyon, donde Bocuse nació el 11 de febrero de 1926, en el seno de una familia de varias generaciones de cocineros, tanto por parte de padre como de madre. Su formación como chef comenzó de niño junto con su padre y continuaría después de la mano de la célebre cocinera de Lyon Eugénie Brazier y del que siempre consideraría su gran maestro, Fernand Point, ambos entre los primeros chefs en lograr las tres estrellas Michelin que también acabaría conquistando Bocuse. El joven interrumpió su formación brevemente a los 18 años, cuando en 1944 se alistó como voluntario en el ejército de liberación del general Charles de Gaulle.

De la guerra conservaría dos cosas. Un gallo toscamente tatuado en el hombro izquierdo que le encantaba mostrar y que explicaba le habían hecho los mismos soldados estadounidenses que le salvaron de una muerte que creía segura cuando recibió una bala muy cerca del corazón. Además, tras ver morir a la mayor parte de su regimiento en el mismo ataque en Alsacia que casi le cuesta la vida, se fijó una máxima por la que se guiaría el resto de su vida: “Trabajar como si fuera a vivir cien años, y vivir como si fuera a morir mañana”.

Bajo esa filosofía Bocuse, un trabajador empedernido que hasta el último momento estuvo pendiente de sus cocinas, creó un imperio culinario con más de una veintena de restaurantes en Francia y el extranjero valorado en más de 50 millones de euros en volumen de negocios anuales.

Paradójicamente, el impulso definitivo a su fama se la debe a un plato que a priori suena tan poco tentador como es una ensalada de judías verdes al dente. Pero al degustarla, los periodistas y fundadores de una de las guías culinarias de referencia, Henri Gault y Christian Millau, proclamaron: “La nueva cocina existe y la acabamos de encontrar”.

Bocuse se había convertido en el inspirador de la “nouvelle cuisine”, una reinterpretación más ligera —menos salsas, menos mantequilla, sabores más naturales y alimentos absolutamente frescos— de la cocina tradicional francesa que le devolvió a la gastronomía gala su fama mundial. El camino a la gloria estaba abierto y Bocuse nunca lo abandonaría, aunque sin cerrar la puerta a otros jóvenes chefs ansiosos de seguir sus pasos. Formó a muchos de los nombres que hoy siguen en la cumbre de la gastronomía mundial a través de la Fundación Paul Bocuse por la que transmitía sus conocimientos. También creó el concurso Bocuse d’Or en 1987 en Lyon, que rápidamente se convirtió en uno de los más prestigiosos de la gastronomía mundial.

Bocuse era “la encarnación de la cocina francesa”, resumió el presidente galo, Emmanuel Macron, al conocer su muerte. “La gastronomía francesa pierde hoy una figura mítica que la transformó profundamente”, lamentó. “Los chefs lloran en sus cocinas, en el Elíseo y en toda Francia. Pero ellos continuarán su trabajo”, aseveró Macron, en cuyas cocinas del Elíseo se sigue preparando uno de los platos creados por Bocuse para un presidente, la sopa de trufas negras VGE que creó en honor de Valéry Giscard d’Estaing cuando este le otorgó la Legión de Honor.

El País
Silvia Ayuso
Paris, Francia
Domingo 21 enero 2018.

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