•    Freddie Mercury y el secreto final que convirtió a su única novia en el amor de su vida


•    Mary Austin conoció al músico en 1969. Vivieron juntos seis años y se separaron cuando él le dijo que era homosexual. Pero la consideró su esposa hasta en su testamento y le pidió que cumpliera con su último deseo.


Era capaz de sacar del tacho de basura el tubo de pasta de dientes a medio terminar y decirle: “Lo tienes que usar hasta el final. No puedes derrochar así las cosas, Freddie”. “Pero soy el tipo más rico del mundo”, se quejaba él. “No me importa, lo tienes que usar hasta el final”.

Lo cuenta la escritora Lesley-Ann Jones, que participó de varias giras de Queen en el pico de popularidad de la banda, en los ochenta, para describir como solo una persona el mundo, Mary Austin, se atrevía a decirle la verdad y hasta a mandonear a la mega estrella que era entonces Freddie Mercury.

¿Qué define al amor de la vida de alguien? Tal vez justo esa suma de gestos cotidianos y el tipo de lealtad capaz de poner en eje a un rockstar en tour rodeado de un entorno adulador. Mercury se lo declaró a Mary Austin dedicándole una canción que se convirtió en himno a través de las generaciones: “Love of my life” (1975). No importó que su noviazgo solo durara seis años (1970-1976), la incondicionalidad de su relación trascendió la muerte del cantante, de la que hoy se cumplen 29 años.

Mary, a quien Freddie se refirió siempre como su esposa, aunque nunca se casaron, es la única guardiana del último deseo –y el último secreto– del líder de Queen: el destino final de sus cenizas.

Solo a ella podía confiarle esa misión que lo atormentaba. No es un dato inesperado. Mary había sido la primera en saber que él tenía VIH: conoció los resultados aún antes que el propio músico.

 “No quería que nadie intentara desenterrarlo, como había sucedido con otras personas famosas. Los fanáticos pueden ser profundamente obsesivos. Él quería que fuera un secreto y seguirá siéndolo”, dijo Mary en una entrevista con el Daily Mail en 2013.

Por entonces contó que mantuvo por dos años la urna con los restos de Freddie en su cuarto de la mansión Garden Lodge de Kensington, valuada en 22 millones de dólares, que le legó su gran amor junto con la mitad de sus bienes y un porcentaje de los derechos de autor de la banda.

“Fue difícil encontrar el momento. No quería que nadie sospechara que estaba haciendo algo fuera de lo normal. Una mañana simplemente me escabullí de la casa con la urna. Tenía que parecer un día normal para que nadie sospechara”. Unos días antes había llamado a sus padres, Bomi y Jer Bulsara, a una ceremonia íntima en Garden Lodge en memoria de Freddie. Pero ni siquiera ellos supieron cuál sería el destino final de las cenizas de su hijo.

Se especuló con que habrían regresado a su Zanzíbar natal, que habrían sido enterradas bajo un cerezo en el jardín japonés de la misma Garden Lodge y con que estaban en el cementerio de Kensal Green bajo otra identidad. Austin desmintió cada versión y se mantuvo fiel a su promesa: “Nadie nunca sabrá dónde están enterradas, porque ese fue su deseo”.

Una clave de esa lealtad inclaudicable se vislumbra en una entrevista que Mercury dio en 1985: “Todos mis amantes me preguntan por qué no pueden reemplazar a Mary, pero es simplemente imposible. Es la única amiga que tengo, y no quiero a nadie más. Para mí es mi esposa. Para mí fue un matrimonio. Creemos el uno en la otra, y eso es suficiente para mí”.

Se habían conocido en 1969, cuando Austin tenía 19 años y era vendedora en la mítica boutique Biba, epicentro del Swinging London, a la que Freddie, de 24, y aún en ascenso, solía ir con el guitarrista Brian May. “Al principio, la mayoría de las veces venía con alguien. Sonreía, decía ‘hola’ y pasaba. Pero sus visitas se hicieron cada vez más frecuentes. Habrán sido cinco o seis meses hasta que finalmente me preguntó si quería salir con él. Cinco meses después estábamos viviendo juntos y seguimos así durante unos seis años”, contó Mary en el documental Freddie Mercury - The untold story.

Mary era de origen humilde y su vida cambió por completo cuando empezó su romance, casi en secreto, con el músico. Lo acompañó en los primeros años de éxito de su carrera. “Crecimos juntos”, dijo en aquella entrevista al Daily Mail. Eran días felices: ella lo acompañaba a las grabaciones y en las largas noches que pasaba componiendo. “Solo ha habido dos personas que me han devuelto tanto amor como yo les di. Mary, con quien tuve una larga aventura, y nuestro gato, Jerry”, decía Freddie.

Una Navidad le propuso casamiento con un anillo de jade. Mary aceptó. Pero pasaron los meses, y aunque ella se ilusionó con un vestido, la propuesta se diluyó. “Nunca lo cuestioné, pero él sí había empezado a cuestionarse a sí mismo. Probablemente quería casarse, pero empezó a preguntarse si eso iba a ser justo para mí”, contó Austin sobre el final del noviazgo, cuando Mercury le reveló que era bisexual. “No creo que seas bisexual. Creo que eres gay”, le dijo ella.

Fue el final de la convivencia, pero la confianza infinita y la certeza de que en ella iba a encontrar una voz capaz de hablarle con la verdad y de igual a igual si era necesario, como si no fuera un rockstar, no tenían reemplazo. Ese día la abrazó y le dijo que, sin importar lo que pasara, quería que fuera parte de su vida para siempre. “Creamos una rutina de una vida fuera de lo convencional. Si había una comida yo me sentaba de un lado de Freddie y su último novio del otro”, recordó ella en una oportunidad. Para asegurarse de que siguiera en su vida, la contrató como su asistente personal y se mudó a una casa en Stafford Terrace, desde donde podía ver el departamento de Mary por la ventana, como se ve en la biopic Bohemian Rhapsody, por la que Austin ganó más de 51 millones de dólares en regalías.

La película, que echa luz sobre esa historia que durante años fue parte de los secretos que Austin custodió celosamente en memoria de su amigo, fue sin embargo acusada de hacer straight-washing, es decir, de centrarse en esa relación heterosexual cuando, si bien Mercury nunca habló de su sexualidad, fue un ícono gay de su tiempo. De hecho, vivió hasta sus últimos días con su novio, Jim Hutton, con quien mantuvo una relación desde 1985. Ni eso ni los dos matrimonios de Mary –tuvo dos hijos, y Freddie fue el padrino del mayor– impidió que siguiera llamándola siempre su esposa. Solía decir: “Puedo tener todos los problemas del mundo, pero si tengo a Mary, sé que puedo atravesarlos”.

Después de la muerte de Mercury, Hutton, un peluquero irlandés que solo recibió 600 mil dólares (un vuelto en comparación con la fortuna que el músico le legó a Mary) denunció que había sido echado de la mansión de Garden Lodge, aun pese a que Mercury quería que siguiera viviendo ahí. Usó la herencia para volver a Irlanda, donde escribió un libro sobre su relación con Freddie. Le había tocado compartir con el ídolo sus años más dolorosos –estuvo en el círculo íntimo que lo acompañó durante toda su enfermedad– y una viudez menos reconocida que la de aquella primera novia que Freddie eligió para que fuera el amor de su vida, aún después de su muerte: “La voy a amar hasta mi último suspiro”.

Mary fue un apoyo incondicional en esos últimos días del cantante antes de aquel 24 de noviembre de 1991 que enlutó al mundo. Había planeado envejecer con ella, pero la intensidad electrizante de su voz se apagaría apenas a los 45 años. Por esos días fue cuando Mercury le reveló que tenía pensado dejarle la mansión en la que Mary vive hasta hoy, a sus 68 años: “Si las cosas hubiesen sido distintas, vos serías mi esposa y todo esto sería tuyo de todas formas”.

Tele Show
Mercedes Funes
Buenos Aires, Argentina
Martes 24 noviembre 2020.


Hace 28 años dejó de existir uno de los mejores artistas de todos los tiempos: el vocalista de Queen, Freddie Mercury, quien tras una larga batalla contra el Sida murió en su casa de Londres a la edad de 45 años, 2 días después de dar a conocer públicamente que estaba enfermo.

El músico, compositor y cantante de nacionalidad británica-hindú, nació en Zanzíbar (Tanzania), dejó una huella grande con su versátil y potente voz, su extravagancia, su excelente puesta en escena y admirables creaciones musicales, que contribuyeron al éxito de su banda.

Farrokh Bulsara -nombre real de Mercury- siempre destacó por sus talentos, en especial, su registro vocal que algunos incluso señalan alcanzaba las 4 octavas. Podía pasar de sonidos muy agudos a muy graves sin dificultad.

Además, Mercury compuso varios de los grandes éxitos de Queen, como “Bohemian Rhapsody”, “Crazy Little Thing Called Love”, “We Are the Champions”, “Somebody to Love y Bicycle Race”, entre otras muchas.

“Yo solía vivir para el sexo. Era extremadamente promiscuo, pero todo eso se ha acabado. No echo de menos esa clase de vida”, declaró Mercury dos días antes de su muerte, cuando reconoció públicamente que era otro enfermo de SIDA.

Agencias
México, DF.
Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Domingo 24 noviembre 2019.


Bohemian Rhapsody es una de las canciones más polémicas y singulares en la historia de la música y de la agrupación británica Queen, mucho se ha especulado sobre el significado de su letra. Te la contamos

 “¿Esta es la vida real? o ¿esto sólo es fantasía?” Así arranca la canción que lo tiene todo para viajar intensamente durante los 9 minutos que dura una de las piezas más originales y entrañables del Rock. Una parte a capella, otra de ópera y un poco de rock, se necesitó para inmortalizar a Queen y a su singular frontman, Freddie Mercury.

La compleja composición autoría de Freddie Mercury y que fue lanzada en 1975 como parte del cuarto álbum de La Reina “A Night at Opera”, hasta la fecha continúa dando de qué hablar. ¿Qué significa? ¿En qué se basó Mercury para crearla? ¿Por qué habla de Belzebú y también del Corán? ¿Quién mata y quién se mata?

De igual manera, es un hecho que Bohemian Rhapsody es un himno de pies a cabeza, y es la canción más importante de Queen, no por nada la película que cuenta la vida de su vocalista, lleva ese nombre.

Las dos versiones más polémicas de esta pieza son; una, que habla sobre un pacto con el diablo, que al final sale mal; y dos, aquella que se apuesta por una alegoría a la vida de y sus preferencias sexuales y el proceso por el que pasó para destaparse como una persona homosexual. Aunque hay una más, en la que se refiere al recorrido que un hombre hace al quitarse la vida.

Mercury nunca quiso revelar el significado de la canción, en una entrevista cuando fue cuestionado sobre el tema, aseguró que ningún componente de la rapsodia está al azar, y que “es una de esas canciones que tienen un aura de fantasía alrededor. Pienso que la gente debería simplemente escucharla, pensar en ella y luego formar su propia opinión acerca de lo que se dice”.

LA CONFESIÓN:

Mamá, maté un hombre. Puse la pistola en su cabeza, jalé el gatillo y ahora está muerto. Mamá, la vida recién comienza, pero ahora lo eché a perder.

Cuando se confiesa ante su “madre” que ha matado a un hombre. La versión de la venta del alma al diablo, comienza aquí, pues al haber asesinado a alguien, su alma se condena a la perdición.

Retomando la idea del suicidio, “maté a un hombre” se refiere a que nuestro protagonista se ha matado, un pecado para la religión cristiana, por lo tanto, el destino de su alma será encontrarse con el señor de las tinieblas.

Si miramos la letra con el sentido de la metáfora, es en esta parte en la que Freddie está listo para confesar su homosexualidad y salir del clóset “matando” al hombre que hasta ese momento había vivido como heterosexual.

En estas versiones, el protagonista ruega a su madre a continuar con su vida, como si nada importara, pues él ha tomado una decisión de la que no puede volver atrás.

La visión de la silueta de un pequeño hombre con la que comienza a acelerarse el ritmo de la canción, podría referirse a la presencia de Lucifer, o una mirada diferente a lo que solía ser el Freddie que no estaba seguro de ser sincero con el mundo.

Después, de las mismísimas Bodas de Fígaro, y hasta Galileo se hacen presentes para exclamar ¡Bismillah!, que no es otra cosa que una frase que significa en árabe “en el nombre de Dios”, con la que también se inicia el Corán

No te dejaremos ir (nunca)

Una batalla entre lo divino y lo prohibido se libra cuando las voces en coro le gritan que no lo dejarán ir, pues ha llegado al inframundo debido al crimen que ha cometido contra sí mismo por haber interrumpido la naturaleza de la vida. El protagonista comprende la realidad, y observa que Belcebú (nombre hebreo para referirse al Señor de las Moscas, o sea, al Diablo), en efecto, lo tiene bajo vigilancia con otro demonio.

¿O tal vez la cultura que la sociedad nos ha inculcado, le grita a nuestro angustiado protagonista que sus preferencias sexuales no son aceptadas y que no lo dejará ser libre?

Solo tengo que salir, solo tengo que salir de aquí

La penúltima parte de la rapsodia, nuestro atormentado suicida/asesino/homosexual nos hace saber que la desesperación ha poseído su razón. Ya no soporta más. Para después terminar con la tranquilidad con la que empieza la canción. ¿Es una ilusión, una fantasía?

En más de una ocasión, el guitarrista y astrofísico Brian May, ha declarado que, para él, la canción efectivamente habla sobre la vida personal del cantante. Y es que de pronto todo toma sentido, ¿o queremos encontrarle un sentido?

Y ciertamente, como lo dice la canción, no hay escape de la realidad, excepto el de la música. ¿Es eso lo que Mercury quería legarnos? Tal vez sí, que a pesar de los problemas de la vida, y la constante lucha con uno mismo, la música siempre estará ahí para hacernos compañía.

Como sea, de todas maneras, el viento sopla… ¿Tú de qué crees que hable la canción de Mercury?

Queen - Bohemian Rhapsody (Official Video)

https://youtu.be/fJ9rUzIMcZQ

Reporte Índigo
Ciudad de México
Lunes 5 noviembre de 2018.

"Se podrá ver a Freddie; no mucho, pero es importante que él esté presente", comentó Brian May

Treinta años después de su histórica actuación en la primera edición de Rock in Río, en 1985, Queen anunció hoy que su concierto en el festival de la próxima semana será "muy nostálgico" y que contará con alusiones al fallecido Freddie Mercury.

"Se podrá ver a Freddie; no mucho, pero es importante que él esté presente ya que él empezó esto con nosotros", dijo este jueves en una rueda de prensa en Río de Janeiro el guitarrista Brian May, en referencia al mítico cantante que lideró a la banda hasta su muerte, el 24 de noviembre de 1991.

Este grupo que brindó al mundo algunas de las melodías de rock más conocidas en las últimas décadas y el vocalista norteamericano Adam Lambert presentaron en la rueda de prensa el concierto que el próximo 18 de septiembre ofrecerán en la nueva edición del festival.

Tanto May como el batería Roger Taylor, que tras la retirada de los escenarios del bajista John Deacon, son los dos únicos componentes que quedan de la formación original, rememoraron con cariño su paso por el festival hace treinta años.

"Nos sorprendió cómo todo el mundo conocía las letras de las canciones", afirmó May, quien recordó como en esos tiempos no era habitual que grupos europeos viajaran a Latinoamérica por la dificultad de transportar los equipos de luces y sonido.

De hecho, en aquella edición, la banda británica prestó sus equipos a la organización del festival para que otros grupos pudieran utilizarlos en sus actuaciones, apuntó May.

Por su parte, Lambert, que bromeó sobre el hecho de tener apenas tres años de edad cuando se realizó ese legendario concierto, mostró su entusiasmo por presentarse ante "una de las mejores audiencias del mundo".

May describió cómo Lambert, que tras darse a conocer en el programa televisivo American Idol, donde además conoció a sus dos actuales compañeros, fue integrándose a la banda "de forma gradual".

El guitarrista alabó al nuevo vocalista, de quien destacó su "confianza" para afrontar el "reto" de tomar el testigo de uno de los artistas más carismáticos de la historia del rock.

"Ya no estoy intimidado como hace tres años", afirmó Lambert en referencia a sus primeros conciertos con Queen, antes de decir sentirse "bien" ante la idea de actuar ante la audiencia de decenas de miles de personas que asistirá a la llamada Ciudad del Rock de Río de Janeiro para disfrutar del festival.

Respecto a la inevitable comparación con Freddie Mercury, Lambert reconoció no poder tocar el piano ni escribir canciones como su predecesor. "Ojalá pudiera hacer eso", confesó el vocalista.

Sin embargo, May sí ve dos puntos en común entre los dos cantantes que considera clave: "ambos comparten una magnífica voz y esa conexión con el público".

Cuestionados por cómo el paso del tiempo puede afectar su actuación ante una audiencia eminentemente joven, Taylor bromeó al decir que tanto May como él tienen "suerte de poder seguir tocando".

Ya más en serio, May quiso dejar claro que no son "fósiles" y que tiene la certeza de que son mejores músicos que hace treinta años y que "hasta Freddie diría eso".

"La audiencia más joven puede que no nos reconozca como individuos, pero conoce nuestras canciones", señaló Taylor.

May concluyó diciendo que, aunque "es difícil satisfacer todas las expectativas", el concierto que ofrecerán en la 'Ciudad Maravillosa' será "muy nostálgico" y que esperan ofrecer un gran espectáculo ya que se toman las cosas "muy en serio".

EFE
Río de Janeiro, Brasil
Jueves 10 de septiembre de 2015.

Hace 30 años se celebró Live Aid. Para muchos, el incendiario concierto de c es la mejor actuación de todos los tiempos

Todavía no había caído la noche en Londres. Emergieron desde un lado del escenario, con urgencia, conscientes de que tenían poco más de 15 minutos. Brian May y Freddie Mercury, los jefes, al frente, los dos con sus Adidas blancas con las tres rayas negras. Freddie con unos tejanos decolorados Wrangler subidos casi hasta el ombligo y su estrechísima camiseta de tirantes blanca, lo que estilizaba su todavía fibrosa figura, esa que el sida consumiría años después. Tenía 38 años aquella tarde-noche de hace tres décadas.

Cuando alcanza el borde del escenario, mueve el brazo para agitar a los 74.000 espectadores que abarrotan Wembley. Se sienta al piano, toca unas notas breves de calentamiento y ataca la melodía de Bohemian rhapsody. El público estalla. Cuando comienza a cantar y se hincha su vena del cuello parece que lleva una hora en el escenario y está interpretando los bises. Pero no, el concierto acaba de comenzar. Se empezaban a cimentar unos de los minutos más decisivos de la historia de rock sobre un escenario.

Posiblemente ningún otro concierto, ni disco, película o serie de televisión resumió mejor lo que fueron los ochenta que Live Aid, el evento musical que se celebró el 13 de julio de 1985, hace ahora 30 años, para combatir el hambre en Etiopía. En la década del glamour de las estrellas del pop, allí estaban todas. En los años del culto a lo excesivo, nada hubo más grande: dos macroconciertos simultáneos en Londres y Filadelfia, en enormes recintos deportivos, transmitido en 72 países y con una audiencia de 1.500 millones de espectadores (según The New York Times; 1.900 millones según la CNN) en directo por televisión. De aquel derroche de medios no es extraño que saliera la que muchos consideran la mejor actuación de la historia; y la protagonizó Queen.

Veteranos de los setenta

A mediados de los ochenta, Queen eran unos supervivientes de la década anterior. Estaban en forma: en 1984 habían publicado The works, un disco que contenía dos temas que se han convertido en clásicos ochenteros, Radio ga ga y I want to break free, cuyo hilarante vídeo hizo estragos en MTV, y el bombazo rockero Hammer to fall. Aun así, la imagen de grupo teatral con elementos operísticos que les había hecho famosos en los setenta estaba un tanto desdibujada (su primer disco es de 1973). Lo último que podían esperar los 74.000 espectadores que acudieron al estadio londinense de Wembley (entre los que estaban Lady Di y el Príncipe Carlos), ansiosos ante la anunciada reunión de los Who o la aparición de Paul McCartney, era que la actuación más destacada corriese a cargo de Freddie Mercury y los suyos.

La noche de Freddie

Freddie Mercury se lució. Lejos de comparecer con aires de divo, Mercury (Zanzíbar, 1946) adopta un aire relajado y simpático, dando afectadas zancadas por el escenario, interactuando con las ubicuas cámaras (llega a abrazar a un ayudante) sin por ello dejar de transmitir una actitud potente, rockera, armado con su característico micrófono-bastón. Parece que está por todas partes: sentado al piano, adoptando poses aquí y allá, cogiendo una guitarra o bajando un peldaño para alentar al público. Y todo con pasmosa naturalidad, como si lo de cantar delante de esa multimillonaria audiencia televisiva fuera algo que hiciese todos los días.

Cuando comienza a cantar y se hincha su vena del cuello parece que lleva una hora en el escenario y está interpretando los bises. Pero no, el concierto acaba de comenzar. Se empezaban a cimentar los 20 minutos más decisivos de la historia de rock.

Mercury se ganó al público sin necesidad de soltar speech alguno (el tiempo estaba medido); todo lo más, entabla con los espectadores un juego de cánticos a capella (con giros un tanto surrealistas) y les ofrece uno de los temas: “Esta canción está solo dedicada a la gente maravillosa que está aquí esta noche. O sea, a todos vosotros. Gracias por venir y darnos esta gran ocasión“, dice a modo de introducción de Crazy little thing called love.

Hasta su indumentaria ha quedado como icono de la moda rock star. “Lo que más me gustó fue ver al público sintiéndose parte del show. Cuando cantaba, era increíble”, dijo Freddie Mercury en un documental poco después. “Era el escenario perfecto para Freddie: el mundo entero”, declaró el impulsor del concierto, Bob Geldof, en el libro Freddie Mercury: the definitive biography.

Veinte minutos de delirio

Pero no solo fue la avasalladora presencia de Mercury lo que hizo que su actuación pasara a la posteridad. Los 20 minutos que Queen tomaron el escenario (estaba estipulado un máximo de 18 por banda) fueron la sinopsis perfecta de un concierto de rock: baladas, ráfagas cañeras, cánticos para corear. En ese espacio de tiempo Queen interpretaron seis temas: comenzaron con un fragmento de Bohemian rhapsody que enlazaron con sus dos éxitos más recientes, Radio ga ga y Hammer to fall. Entonces Mercury se colgó una guitarra y recuperó ese tema que suena a viejo rock and roll, Crazy little thing called love. Como remate, sus dos himnos: We will rock you y We are the champions. Efectivamente, habían sido los campeones. Mientras algunas viejas glorias se habían juntado sin ensayar, Queen dedicaron una semana entera a preparar la actuación en el teatro Shaw, de Londres, según cuenta el asistente personal de Mercury, Peter Phoebe Freestone, en la biografía del cantante. “Nadie se lo había preparado, excepto Queen”, comenta Pete Smith, coordinador del concierto, en el mismo libro.

Cónclave de estrellas

Evidentemente nada de esto habría trascendido si no se hubiera tratado de un concierto de ese calibre. Festivales benéficos se habían organizado en el pasado (la referencia a Woodstock fue constante en aquellos días), pero ninguno parecido a este. Live Aid era una enciclopedia viviente del rock, desde las leyendas que habían empezado en los sesenta (Paul McCartney, Mick Jagger, Led Zeppelin, Bob Dylan, Joan Baez, los Beach Boys, los Who, Neil Young) a las rutilantes figuras de los ochenta, de Madonna a U2. Y como es natural, con semejante cantidad de ídolos por metro cuadrado, Live Aid deparó anécdotas impagables.

Se dice que el propio Mercury, que había acudido con su novio, el peluquero Jim Hutton, acorraló a Bono en un pasillo del backstage y le tiró los tejos preguntándole picarón: “¿Se dice Bóno o Bonó?”. Algunos músicos accedieron a Wembley en helicóptero, que aterrizaba en un campo de críquet aledaño donde dio la casualidad de que se estaba celebrando una boda. El cabreo del padre de la novia solo pudo aplacarlo un diplomático David Bowie, accediendo a fotografiarse con la comitiva nupcial. A un lado del escenario, visible solo para los músicos, había un semáforo de tráfico que controlaba la duración de su performance. Cuando pasaban de los 18 minutos acordados se ponía en ámbar.

El legado

Live Aid, que según la BBC recaudó 30 millones de libras (42 millones de euros), cambió la cara del rock. Los conciertos solidarios se sucedieron desde entonces, entre ellos el que celebró la caída del muro de Berlín en 1990, o el homenaje a Freddie Mercury en 1992, con un notable elenco de artistas que recaudaron fondos contra el sida. De los creadores de Live Aid, llegó en 2005 Live 8, con el objetivo de llamar la atención a los líderes del G8 sobre el hambre en los países en vías de desarrollo. Queen, de nuevo en la cima, grabaron otros tres grandes discos (A kind of magic, de 1986, The miracle, de 1989, e Innuendo, de 1991), a pesar de que en 1987 a Freddie Mercury le fue diagnosticado sida. Aunque lo negaba, poco a poco se fue apartando del ojo público. El 22 de noviembre de 1991 lanzó un comunicado admitiendo que padecía la enfermedad. Dos días después falleció.

El País
Miguel Ángel Bargueño
Madrid, España / México
Miércoles 12 de agosto de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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