Carlos Denegri se llenaba los bolsillos de dinero por las cosas que callaba. Era periodista, líder de opinión e instrumento de los poderosos en México. Había una leyenda negra sobre él que estaba dispersa en testimonios, en charlas de boca en boca. Enrique Serna se encargó de darles sentido. Ahora Denegri, “el mejor y el más vil de los reporteros”, según Julio Scherer, protagoniza El vendedor de silencio.

Ciudad de México, 13 de septiembre (SinEmbargo). – “Sólo quiero romper el hielo”, dijo Carlos Denegri. “Pues lo siento mucho, pero yo no”, respondió Natalia. Denegri bebió entonces. Insultó y maldijo a la mujer después. Era un enfermo de poder que no toleraba un “no” como respuesta. Era misógino. Era mercenario. Era un tramposo. Era la estrella del diario Excélsior. Era millonario. Era el vocero no oficial de los poderosos. Y como él aún hay personajes en los medios de comunicación actuales.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se derrochó en publicidad. Dependencias gastaron millones y millones para visibilizar sus supuestos logros. El oasis económico para algunos medios de comunicación se consumó. En ese contexto hubo periodistas mercenarios como Denegri, el protagonista de El vendedor de silencio, la novela más reciente de Enrique Serna Rodríguez.

El modus vivendi de Carlos Denegri sigue vigente. Sin embargo, el tiempo sí ha pasado factura a los periodistas de ese tipo. Hoy destacan los que son libres, independientes y mantienen una sana distancia con el poder, señala Serna Rodríguez, autor de El seductor de la patria, en entrevista con Puntos y Comas.

“Había una leyenda negra sobre Carlos Denegri que estaba dispersa en testimonios, en charlas de boca en boca. Yo sentí que valdría la pena hacer algo sobre este personaje que me atraía, pero narrando la novela desde el interior de su conciencia, que era una conciencia en descomposición, sobre todo en los dos últimos años de su vida. Tuve que hacer una investigación bastante ardua en hemerotecas, recabar testimonios para llenar lagunas de su vida que no se conocían”, relata el escritor.

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–¿La palabra vil cabe al momento de definir a un periodista?

–Por supuesto que puede caber, dependiendo de la conducta de cada periodista. En algunas épocas de la vida mexicana, el envilecimiento era condición para tener éxito. Una de esas épocas fue la de Denegri. A los periodistas combativos y que querían defender el derecho a la información, los aplastaba el sistema político, como le pasó a otro personaje de la novela, Jorge Piñó Sandoval, quien en los años cincuenta publicó la revista Presente, todavía en el sexenio de Miguel Alemán. Él denunció todas las corruptelas de su camarilla, pero sólo duró menos de un año la revista, a pesar de que tenía muchos lectores. Primero le enviaron unos matones a destruir la imprenta y luego le cortaron el suministro de papel, y él se tuvo que exiliar a Argentina durante muchos años. En mi novela es importante porque él tiene una larga conversación con Denegri en una cantina, y porque él fue el amigo que lo llevó a Excélsior.

–¿Denegri puede ser definido como un periodista?

–Sí, en todas las profesiones hay buenos y malos. Hay gente que puede deshonrar la profesión, pero eso no le quita que lo siga haciendo. Malo, corrompido, si tú quieres, pero periodista al final.

–Denegri era un personaje amalgamado en aquel priismo imperial. Era un personaje que se había construido cerca de ese priismo. Era un personaje que había terminado por pudrirse por ese sistema.

–Él no desempeñaba cargos públicos, pero era una pieza muy importante del sistema político. Él era el cronista de las giras de los candidatos a la Presidencia. Él era el cronista de lujo que ellos [los políticos] tenían. Uno de los libros que publicó es una crónica de la campaña de López Mateos, por ejemplo. Creo que llegó a ser una especie de ministro sin cartera. Cuando él llegó a hacer giras internacionales para entrevistar a jefes de Estado, tenía a su servicio a todo el cuerpo diplomático que lo iba a recibir como si él fuera un Secretario de Estado a todos esos países, que además le concertaba las entrevistas con los presidentes. Él era un vocero extraoficial de la Presidencia, sobre todo a partir del sexenio de Miguel Alemán, que es cuando irrumpe toda una camada de cachorros de la Revolución, que es como les llamaron a los que eran hijos de revolucionarios; que regentearon la industrialización del país y se enriquecieron a costa del erario de una manera escandalosa. Desde el segundo año del sexenio de Miguel Alemán, su primo, Fernando Casas Alemán, que era regente de la ciudad, se estaba construyendo una gigante mansión en la esquina de Copilco e Insurgentes. Un día amaneció, en una de sus bardas, una frase: ‘¿tan pronto, licenciado?’ De ahí se le quedó el mote de los tanprontistas. En esa época hacía muchos cartones Abel Quezada con el tema de los tanprontistas. Denegri se integra perfectamente a ese grupo de juniors porque él era hijastro de un prominente político sonorense, Ramón P. Denegri, que había sido Secretario de Agricultura con Obregón y Secretario de Industria y Comercio con Portes Gil, y que luego fue embajador en varios países, lo cual permitió a Denegri aprender muchas lenguas, lo cual le ayudó mucho en la profesión.

–Uno de los infiernos que enfrenta Denegri es el alcoholismo.

–No era un alcohólico que tuviera que beber todos los días o que no pudiera soltar la botella, pero cuando bebía no podía parar y se ponía muy agresivo con las mujeres. Era ese tipo de alcohólico. A mí me llamó mucho la atención desde la primera vez que leí anécdotas sobre él, que hubiera podido existir un personaje tan soberbio y al mismo tiempo tan vulnerable. Él era un hombre intoxicado de poder, tanto en el ejercicio de su profesión como en la vida íntima. Él tenía un Talón de Aquiles: la debilidad de carácter, que lo arrastraba al despeñadero incluso con más fuerza que la ambición. Parte de esa debilidad de carácter era su alcoholismo. Él no podía ser un hombre que ejerciera el poder con firmeza, como sus modelos de comportamiento, entre ellos Maximino Ávila Camacho o el magnate Jorge Pasquel, porque venía arrastrando un trauma desde la infancia que probablemente le provocaba una gran inseguridad.

–¿Identificas a algún personaje en el periodismo mexicano actual que sea parecido a Denegri?

–Obviamente el periodismo mercenario no ha desaparecido. Apenas el sexenio pasado el Gobierno de Peña Nieto se gastó 3 mil millones en publicidad y en sobornos a periodistas. El modus vivendi de Carlos Denegri sigue vigente, pero en general el periodismo sí ha cambiado mucho. Ya no se puede decir, como decía Scherer de Denegri, que ‘era el mejor y el más vil de los periodistas’. Actualmente los mejores periodistas destacan porque son libres, independientes y mantienen una sana distancia con el poder.

***
En 1995, Enrique Serna publicó la novela El miedo a los animales, la cual fue protagonizada por dos hombres: Evaristo Reyes, un hombre que vendió su alma, y Roberto Lima, “un periodista cultural que insulta al Presidente en medio de sus artículos” (Punto de Lectura, 1995). A propósito de El vendedor de silencio, protagonizada por un periodista que fue real, Puntos y Comas cuestionó al escritor sobre las similitudes y diferencias con aquellos dos personajes de ficción.

–Hace algunos años leímos El miedo a los animales. Si pusiéramos en un extremo de la mesa a Denegri, ¿podríamos poner en el otro extremo a Roberto Lima?

[Serna se ríe].

–Sí, son las antípodas. Roberto Lima es una especie de hombre del subsuelo, que está escribiendo en un periódico que nadie lee y que desesperado al notar que nadie ha leído jamás ninguna de sus colaboraciones, empieza a filtrar mentadas de madre al Presidente de la República. Denegri era todo lo contrario: él escribía en el periódico mexicano más leído. Tenía un escaparate muy visible y eso era lo que le permitía tener una gran influencia política en su época.

–¿Y si lo comparamos con Evaristo?

[Vuelve a reír].

–Tiene ciertas similitudes en cuanto a la claudicación. Evaristo tenía este ideal de entrar a la judicial para investigar a fondo las entrañas de ese monstruo y después escribir un reportaje donde narrara sus experiencias, pero finalmente sucumbe ante la corrupción que hay dentro de la judicial y acaba siendo el secretario de uno de los comandantes de la judicial más siniestros, el comandante Maytorena. Denegri sí es un personaje de la vida real y era un hombre corrupto, pero de muy alto nivel. Denegri se codeaba con presidentes de la República; recibía enormes cantidades de dinero por elogiarlos y por callarse lo que sabía de ellos.

–¿Por qué el interés en Carlos Denegri?

–Había una leyenda negra sobre Carlos Denegri que estaba dispersa en testimonios, en charlas de boca en boca. Yo sentí que valdría la pena hacer algo sobre este personaje que me atraía, pero narrando la novela desde el interior de su conciencia, que era una conciencia en descomposición, sobre todo en los dos últimos años de su vida. Tuve que hacer una investigación bastante ardua en hemerotecas, recabar testimonios para llenar lagunas de su vida que no se conocían, como por ejemplo, su actuación durante la guerra civil española, que es un episodio importante en la novela, que creo que es el momento en el que él pierde sus ideales y se empieza a pudrir por dentro. Es una novela en la que se mezclan, con bastante libertad, lo verdadero con lo verosímil.

–¿Nos hablabas sobre el tipo de lenguaje que utilizas? Es uno de los puntos para acercar al lector…

–Quise narrar esta novela desde la conciencia del protagonista, y obviamente que cuando te metes a una conciencia, te metes al lenguaje del protagonista, que es un lenguaje coloquial. Hay una técnica literaria que es la del monólogo interior, la cual consiste en apresar el lenguaje en formación, es decir, tal y como se presentan los pensamientos en la mente, que no son iguales que cuando uno se pone a hablar, en donde ya es un pensamiento más organizado. Hay que saber grabar el lenguaje coloquial para dar una impresión de vida, y para dar la impresión de que uno ha logrado sumergirse en el alma del personaje.

–¿Cuál es tu opinión sobre el tiempo que lleva Andrés Manuel López Obrador como Presidente?

–Estoy muy desconcertado con este nuevo Gobierno. Una de las cosas que me desconciertan es que haya lanzado una embestida tan terrible en contra de científicos, académicos, periodistas opositores a su régimen, etcétera. Esos nos son los enemigos que debería tener un Gobierno socialdemócrata. Me da la impresión de que se está equivocando de enemigos.

–Ya nos dijiste que sí sigue existiendo el periodismo mercenario, pero es más difícil hoy hallar personajes con tanto poder y riqueza como Denegri.

–Seguramente sí porque algo que ha hecho bien Andrés Manuel López Obrador es reducir drásticamente la publicidad gubernamental en los periódicos, televisoras y radiodifusoras. Lo digo a pesar de que nos perjudica. Yo escribo en Letras Libres, antes tenía una columna mensual, ahora la tengo bimestral porque nos cortaron la publicidad gubernamental. Pero creo que en eso tiene razón López Obrador porque era un gasto, un derroche absurdo para cooptar a los periodistas.

–¿Y hacia dónde crees que vamos en esa materia?

–Creo que hasta ahora ha sido un Gobierno que ha respetado las libertades. Me da la impresión de que los periodistas que han salido es porque las empresas en las que trabajan se quieren congraciar con el Gobierno, pero no porque haya habido actos de censura o porque el Gobierno haya pedido que los echaran. (septiembre 13, 2019)

Sin Embargo
Ciudad de México
Carlos Vargas Sepúlveda
Jueves  26 de diciembre de 2019.


El escritor Enrique Serna retrata el lado oscuro del reportero Carlos Denegri en su novela ‘El vendedor de silencio’

El periodista Carlos Denegri fue asesinado en su casa por su esposa la madrugada del 1 de enero de 1970. La pareja, bebida, había discutido fuertemente. Era el enésimo choque de un matrimonio que apenas sumaba 18 meses de unión. El cuerpo del reportero mexicano que había arrancado exclusivas en los cinco continentes entrevistando a Pío XII, Martin Luther King, Kennedy, Franco, Perón, Sinclair Lewis y varios más yacía sobre una alfombra color mostaza. “La esposa permaneció todo el tiempo en la sala, sin comprender la magnitud de la tragedia”, se leyó en la crónica del Excélsior, el diario donde el muerto firmó por 30 años. Ese fue el colofón de una vida periodística esplendorosa convertida en leyenda negra por la misoginia y la corrupción.

Enrique Serna (Ciudad de México, 1959) fue seducido por esta leyenda hace 25 años, cuando comenzó a leer las anécdotas sobre Denegri narradas por sus contemporáneos. El hombre que llegó a caballo al hospital el día que murió su padre; el corresponsal de guerra que escribió sobre los jóvenes pilotos de la Real Fuerza Aérea; el júnior que transó con corruptelas mientras su padre fue embajador de México en España durante la Guerra Civil. El resultado es El vendedor de silencio (Alfaguara), un perfil novelado que viaja a la mente de quien ha sido llamado “el reportero de México”. Julio Scherer, uno de los grandes referentes del periodismo mexicano, describió en La terca memoria la contradicción de Denegri. “Genial en la primera plana de Excélsior, toda para él. Cruel e insensible en su vida personal. Borracho cuando de beber se trataba, trabajador cuando de trabajar se trataba”.

Serna decide situar la novela en los últimos años de la vida de Denegri, cuando era veloz el camino abajo. A la locura. “Sabemos que Denegri lazó a su sirvienta y la arrastró por las calles, pero ¿cómo llegó a eso? ¿Qué pasaba por el alma de este hombre para poder cometer tal barbaridad? Allí entra la tarea de un novelista que se mete en la piel de un personaje para tratar de reproducir su conciencia”, asegura Serna, un escritor que se ha probado varias pieles en su trayectoria. Lo ha hecho con ídolos populares como el cantante Jorge Negrete (Jorge El Bueno, 1993) y con algunos de los peores villanos, como el dictador Antonio López de Santa Anna (El seductor de la patria, 1999), quien perdió la mitad del territorio tras la guerra con Estados Unidos.

El vendedor de silencios ha creado una pequeña conmoción en el mundo periodístico mexicano, que ve desfilar por la novela a figuras de la política y del periodismo que ocuparon la cúpula del poder hace poco más de medio siglo. Entre ellos los maestros de quienes hoy ocupan los puestos de dirección de las redacciones mexicanas. El libro llena una laguna en la vida de Excélsior, un centenario diario retratado por Salvador Novo en A ocho columnas, una obra de teatro de 1954 sobre un corrupto reportero que todo espectador interpretó era Carlos Denegri. 24 años después llegó Los periodistas, una crónica del golpe dado por el presidente Luis Echeverría al diario timoneado por Scherer. El libro fue escrito por Vicente Leñero, uno de los damnificados por el manotazo autoritario.

Serna echaba de menos una historia del choque entre las fuerzas periodísticas del mal, representado por Denegri, y el bien, encarnado por Scherer. “Hacía falta narrar el desencuentro de dos personajes arquetípicos (el ángel exterminador y el Anticristo de la prensa nacional)”, escribe el autor. “Me tomé muchas licencias, no solo con la intimidad de Denegri, sino en cosas que pudieron suceder así”, explica Serna en entrevista. “No sé el motivo, a ciencia cierta, por el que Julio Scherer apartó a Denegri de las páginas de Excélsior. Pero sé que hay un testimonio de la mujer que lo mató de que por esa época la perseguía a balazos por la azotea y quería matarla a ella y a sus hijos. Supongo que eso tuvo algo que ver con el despido”, relata.

Machismo tóxico

La mirada atrás también permite a Serna revisar la misoginia predominante de la época. “Hay una correspondencia muy clara entre el machismo patológico de Denegri y el carácter autoritario del régimen del PRI al que sirvió. Hubo varios capos del hampa institucional que se comportaban de igual o peor manera con las mujeres”, cuenta el autor. Entre ellos, también incluidos en la novela, están Maximino Ávila Camacho, el influyente hermano mayor del presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946), y el empresario Jorge Pasquel, presidente de la Liga mexicana de béisbol.

La pluma de Serna convierte el viaje al fuero interno de Denegri en un estudio del carácter del macho mexicano. El periodista fue educado en la época de oro de los charros cantores del cine nacional. “Es el arquetipo del macho exhibicionista, que pretende tener más coquetería que las mujeres. En ese terreno también quieren avasallar. Es un profundo narcisismo que busca la aprobación de los hombres”, describe el autor. El propio Scherer escribió alguna vez del embrujo galante del reportero. “Mirarlo con su sombrero de lado, solo eso podía ser la noticia del día”, escribió, a quien decían con sorna El mirlo blanco porque su plumaje no era manchado con los embutes que recibían periodistas como Denegri en Excélsior.

“Hay un renacimiento del peor machismo mexicano por la criminalidad impune”, dice Serna, que comenzó a redactar El vendedor de silencio en 2015, antes de que el movimiento #Metoo cobrara fuerza. Serna está seguro de que su relato de la leyenda negra de Denegri, compuesto por testimonios como el de un testigo que vio cómo le quemó las nalgas a una mulata, sacarán a la luz otros episodios criminales de una leyenda del diarismo. La novela lanza preguntas urgentes, muy formuladas en el cine actual. ¿Puede separarse una obra magnífica de la vida de un monstruo?
(13 SEP 2019)

El País
Luis Pablo Beauregard
Ciudad de México / Madrid
Domingo 27 de octubre de 2019.


Ciudad de México.- Con 44 firmas de senadores, la oposición en la Cámara Alta presentó este viernes ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) la cuarta acción de inconstitucionalidad contra la Ley de Seguridad Interior, después de las interpuestas por la Cámara de Diputados, el INAI y el gobierno de Cholula, Puebla,   

Los senadores del PRD, PAN y PT calificaron dicha ley como la “Ley Trump de Seguridad Interior”, por considerar que favorece más a Estados Unidos, y exigieron que sea desechada porque, a su criterio, viola once artículos constitucionales y ocho de carácter internacional sobre derechos humanos.

"Pareciera que esta es la Ley que le están pidiendo (al gobierno) desde Estados Unidos, que en la mesa de negociaciones del TLCAN está la política de seguridad de México, está la política de seguridad de México y lo que pide Trump se lo están dando. Esta Ley, al único que le conviene es a los Estados Unidos y en ese sentido estamos seguros que, cuando dice Trump que si no hay muro no hay Tratado, en realidad lo que está diciendo es que si esta Ley se cae no habrá tampoco tratado. Están intentando cambiar la construcción del muro y poniéndole una ley a modo, es la Ley Trump de seguridad”, dijo Zoé Robledo, senador del PT.

El documento de los senadores, entregado a los ministros, resalta que la Ley de Seguridad interior viola once artículos de la Constitución y ocho de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

"Estamos argumentando aquí, primeramente, que no se tiene facultades en el Congreso para legislar en materia de Seguridad Interior, pero también estamos señalando la violación en materia de derechos humanos, la violación a las facultades que tienen los municipios y los estados en materia de seguridad pública, las facultades metaconstitucionales que se les dan a las fuerzas armadas y al presidente de la República”, dijo el senador Luis Sánchez, coordinador de la bancada perredista.

Manuel Barlett, coordinador del PT, comentó que la SCJN debe proceder “con puntualidad y rapidez” en emitir un fallo al respecto; mientras, el senador panista Ernesto Ruffo Appel consideró que la Corte debe abrogar toda la ley.

Excélsior
Ciudad de México
Viernes 19 de enero 2018.

El periodista y escritor chiapaneco, Marco Aurelio Carballo López, falleció este sábado en su casa de Coyoacán, como consecuencia de cáncer, enfermedad que se vino agravar en los últimos días.

Ciudad de México.- El periodista y escritor chiapaneco, Marco Aurelio Carballo López, falleció este sábado en su casa de Coyoacán, como consecuencia de cáncer, enfermedad que se vino agravar en los últimos días.

Nacido en 1942 y oriundo de Tapachula, Chiapas, Carballo López estudió en la Facultad de Economía de la UNAM, además de que concluyó sus estudios en periodismo.

No pudo estar presente en un homenaje que le rindieron hace unos cuantos días un grupo de amigos, encabezados por Fernando Macías Cue y Juan José García de Haro, así como su esposa Patricia Zama y sus hijos Mario y Bruno.

El homenaje obedeció fundamentalmente por sus 50 años de actividad y al que le reconocieron su obra literaria compuesta por poco más de una docena de libros publicados, entre cuentos, crónicas, novelas, ensayos y una autobiografía mínima.

Los escritores David Martín del Campo y René Avilés Fabila y David Siller, así como el periodista Rafael Cardona Sandoval, hablaron de la obra literaria del chiapaneco, comenzando por su primer libro de relatos "La tarde Anaranjada".

Luego hablaron de otros de sus libros de relatos y ocho novelas: Polvos ardientes de la Segunda Calle (1990), Crónica de novela (1992), Mujeriego (1996), Vida real del artista inútil (1999), Muñequita de barrio (1999), Diario de un amor intenso (2000), Morir de periodismo (2008) y Ultimas Noticias (2010). Con la publicación de Novios en la barra y otras miniturbocrónicas (2003), así como de Mamá estaba loca y otras turbocrónicas (2004) y de Soconusquenses. Crónicas y semblanza (2008).

En su reciente libro es "Morir de Periodismo", bajo el sello Axial-Tinta Nueva, relata, desde su óptica personal, el génesis del periódico unomásuno.

En el aspecto periodístico, actualmente Marco Aurelio Carballo es colaborador de los semanarios Siempre! y Punto y aparte de Xalapa; de las revistas mensuales El Búho y Gente Sur, y de los diarios La Prensa, del Distrito Federal; Diario del Sur, de Tapachula, Chiapas, y de El Heraldo de Chiapas, de Tuxtla Gutiérrez, así como de la revista electrónica Este Sur.

Rafael Cardona dijo que con pretexto de sus primeros 50 años de actividad profesional como reportero y narrador, "los amigos de Marco Aurelio Carballo (MAC) nos reunimos para recordar los buenos tiempos (quizá solo tiempos pasados) y revisar los textos de su futuro compendio de crónicas recopiladas por Patricia Zama y de pronta edición posiblemente por la Universidad Nacional Autónoma de México.

René Avilés Fabila comentó que Marco Aurelio Carballo, "a quien conocí cuando él se formaba como reportero en el Excélsior del polémico Julio Scherer, donde yo ocasionalmente publicaba algún material cultural, solía preguntarme sobre mi formación literaria. Deseaba ser literato y en esos años pocos o nadie hablaba del nuevo periodismo, la sana y natural mezcla del periodismo y la literatura. Nos fuimos haciendo grandes amigos. La salida de Scherer alteró el rumbo de muchos diaristas. Unos cuantos lo siguieron para formar Proceso, la mayoría buscó en otros espacios. El grueso de los grandes reporteros caminaron con Manuel Becerra Acosta para fundar un periódico brillante e inteligente: el Unomásuno. Entre los 33 que lo constituyeron quedé yo, sostenido sobre todo por la amistad de Marco Aurelio Carballo.

En este evento estuvieron Abelardo Martín Miranda, coordinador de Comunicación Social de la Secretaría de Agricultura; Víctor Avilés, de la Secretaría de Energía; René Hernández Cueto, de la PGR; Ignacio Durán, de Pemex; así como los columnistas Francisco Cárdenas Cruz, Raymundo Riva Palacio, Humberto Musacchio, Elías Chávez, y los cronistas Miguel Reyes Razo y Roberto Vizcaíno y las publirrelacionistas Wendy Coss y León, Perla Xóchitl Orozco y Dolores Colín.

Otros periodistas que acudieron al evento, todos ellos amigos de Marco Aurelio Carballo, fueron Beatriz Pagés, Federico Gómez Pombo, Salvador Estrada, José Martínez, Fernando Belmont Acero, Roberto Fuentes Vivar, Ella Grajeda, Joaquín Álvarez, Federico Enríquez y Gilberto Meza, entre otros, además de los destacados fotógrafos Pedro Valtierra y Aarón Sánchez.

El funeral del periodista se realizará a partir de las 23 horas en la agencia García López, ubicada en Miguel Ángel de Quevedo.

Agencia Quadratín
Fernando Ramírez de Aguilar
Ciudad de México
Sábado 1 de agosto de 2015.

Ológrafo

07 Ene 2015

Víctor Manuel Juárez

Sirvan estas primeras líneas del año que comienza para honrar al último de los tres gigantes del periodismo nacional del pasado y del presente siglo. La madrugada de éste lunes 7 de enero partió a su última misión especial el enorme Julio Scherer García, director general de aquel gran Excélsior que dirigió con valentía frente al poder absoluto del presidencialismo; creador y fundador de la revista Proceso, pero sobre todo mentor de las mejores generaciones de reporteros-reporteros que ha dado éste país. Murió a poco más de un mes de la partida de su gran amigo y cómplice Vicente Leñero.

Aún lo recuerdo en el tercer piso de Reforma 18 con sus enormes manazas palmeando y arengando a los jóvenes que queríamos ser reporteros de su prodigioso diario: “Vaya don Víctor –me dijo con su alentadora voz de mando absoluto—averigüe, investigue, indague, pregunte y coteje datos. Y si su nota es buena, se la publico”. Así fue y me dio la oportunidad de iniciar mis primeros pasos como reportero de policía en la primera de noticias de Excélsior. De ahí para adelante --pensé soñador—todo depende de mí y mi aplicación. Empero, vendría el golpe contra Excélsior perpetrado por el gobierno de Luis Echeverría y los sueños se pulverizaron.

Encabezados por Julio Scherer García y Manuel Becerra Acosta y frente a la violencia desplegada por los sombrerudos de Regino Díaz Redondo, quienes nos obligaron a punta de pistola y metralleta a replegarnos en la redacción de Excélsior, donde reunidos todos los reporteros con nuestros líderes votamos por dejar las instalaciones de Excélsior, antes de que hubiese heridos, y enfilarnos al desempleo. Habíamos perdido Excélsior y el patrimonio forjado por nuestros padres.

Pero paradojas de la vida y reveses al poder absolutista. De ese lamentable hecho contra la libre expresión nacerían dos publicaciones emblemáticas y más dolores de cabeza para los señores del poder: El semanario Proceso y el diario unomásuno. Julio y Manuel no estarían juntos y cada uno de los gigantes emprendería su propia aventura.

Julio gracias por todo. Tus enseñanzas tu bonhomía. Te extrañaremos y quedamos ciertos que con tu partida, la de Vicente y la de Manuel, los tres gigantes irrepetibles, quedamos en la orfandad periodística. Han dejado un gran vacío, imposible de ocupar. Simplemente no hay quien. Hasta siempre.

Inicia un año más e ilusamente pensamos que la pesadilla del 2014 quedará atrás con tan sólo brincar de un año a otro, que una vuelta más al sol cambiará mágicamente las cosas. Pero no, pese a nuestros buenos deseos y grandes propósitos, la realidad se empeña en decirnos que tenemos muchos pendientes y otros problemas que empiezan a sumarse para hacer del presente 2015 un año muy complicado.

Tenemos aún abiertos los expedientes de Ayotzinapa, más de 100 días y los jóvenes de la normal rural no aparecen ni vivos ni muertos y la procuración de justicia se muestra lenta, errática y poco convincente; Tlatlaya y el accionar del Ejercito es otro tema más de violación de derechos humanos, pues hay evidencias de que por lo menos ocho personas fueron ejecutadas luego de los enfrentamientos; San Fernando y el asesinato de más de 70 migrantes por grupos criminales. Tamaulipas, Michoacán y Guerrero son entidades sumamente calientes y las acciones estatales y federales por recuperarlas del crimen organizado y devolverles la paz y la tranquilidad que demandan sus habitantes han sido poco efectivas. Un grave problema de inseguridad, tema de la agenda en las pláticas entre Peña Nieto y Obama, nada más.

Por si fuera poco es un año de elecciones donde se renovarán gubernaturas, congresos y municipios. En riesgo están las elecciones en Guerrero pues tanto normalistas como integrantes de la Ceteg han amenazado con impedirlas. Los partidos en contienda deberán hacer un gran esfuerzo por llevar a los ciudadanos a las urnas ya que el desprestigio de la clase política –cuestionada por actos de corrupción—pronostica un gran abstencionismo.

El año inicia también con una impensable caída de los precios del petróleo por debajo de la barrera de los 40 dólares y una aguda depreciación del peso frente al dólar. Síntomas económicos que junto con el gasolinazo no auguran buenos meses. A la crisis política y social se suma la económica.

Así, a groso modo el panorama general y que para los chilangos las cosas tienen más aderezos de crisis. La vida en rosa que nos quiere hacer creer se vive en la capital el Gobierno del Distrito Federal no es tal. A los problemas de movilidad, seguridad y servicios ya señalados en éste espacio se suma en el 2015 el asunto del remplacamiento que tendrá un costo; la obtención de la nueva tarjeta de circulación con chip, trámite en el que los automovilistas pierden hasta una semana ante la burocracia del GDF.

De frente el año electoral, Miguel Ángel Mancera quiere recuperar los puntos perdidos por las medidas impuestas y de un carácter totalmente impopulares, aplicadas en el 2014. Así ha incrementado el presupuesto para programas sociales en siete mil 210 millones de pesos, para ganar la simpatía de adultos mayores, madres de familia y jóvenes. Difícilmente, él y el PRD podrán retener posiciones en el Distrito Federal. La ciudadanía está desencantada de su administración y le pasará la factura.

Ni con la mega rosca de reyes de mil 440 metros de largo y las dos horas invertidas para repartirla, se revertirán los daños provocados por el impopular Hoy doble no Circula y el daño para 600 mil automovilistas; los perjuicios económicos para los miles de taxistas que deben pintar sus autos de rosa; el efecto en los bolsillos al incrementar la tarifa del metro en un 70 por ciento. Y si no veremos la recomposición de fuerzas al interior de la Asamblea.

Así pues, todos los problemas del 2014 siguen ahí, más los que se acumulen en el presente año.

Las elecciones de julio pasarán miles de facturas.

Agencia Quadratín
Víctor Manuel Juárez
Ciudad de México
Jueves 08 de enero de 2015.

Al inicio de la década de los 40s, antes de cumplir los 18 años, Scherer García ingresó al diario Excelsior.

Ciudad de México.- Esta madrugada, alrededor de las 4:30 horas falleció el periodista Julio Scherer García.

El fundador de Proceso, murió de un choque séptico. Llevaba poco más de dos años enfermo, principalmente de problemas gastrointestinales. En abril, cumpliría 89 años.

El 17 de octubre pasado hizo lo que sería su última visita a la redacción que tanto amó.

Al despedirse, a las puertas de las oficinas del semanario que fue su vida durante sus últimos 38 años, dijo a este reportero, los ojos húmedos, que Proceso había costado muchos sacrificios y trabajo y se despidió intentando una sonrisa.

Prometió, un hilo su voz, que regresaría para el aniversario 38 del semanario. Ya no pudo.

Siempre lejos de los reflectores, renuente a las entrevistas, fiel a su estilo de vida, sus funerales serán privados.

Al inicio de la década de los cuarentas del siglo pasado, antes de cumplir los 18 años, Scherer García ingresó al diario Excélsior. Tuvo una carrera fulgurante. Inició como mandadero de la redacción y unos días antes de cumplir los 22 años ya publicaba en el vespertino Últimas Noticias y un año después en Excelsior, en cuyas páginas se pueden encontrar notas, entrevistas y reportajes bajo su firma, de septiembre de 1949 a abril de 1976.

Julio Scherer asumió la dirección del entonces el diario más importante del país, a los 42 años, el primero de septiembre de 1968. Desde esa posición, acabó confrontado con los presidentes Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y Luis Echeverría (1970-1976).

A su salida de Excelsior, el 6 de junio de 1976, luego de una maniobra orquestada desde la presidencia de Echeverría, junto con decenas de compañeros de aquel diario fundó el semanario Proceso, cuyo primer número apareció el 6 de noviembre de 1976.

Scherer García, quien asumió la dirección de Proceso a los 50 años, nunca dejó la actividad reporteril. El 7 de diciembre de 2014, un mes antes de su muerte, de 88 años, publicó su último texto a propósito del fallecimiento del también periodista y escritor, su amigo, Vicente Leñero.

Considerado el mejor periodista mexicano de la segunda mitad del siglo pasado y de lo que va del actual, Scherer García estudió la carrera de derecho y de filosofía en la UNAM, pero pronto acabó por dirigir todos sus esfuerzos a lo que sería su máxima pasión: el periodismo.

No hubo tema que no tocara: pobreza, menores de edad, desastres, tragedias, conflictos estudiantiles, protestas laborales, religión, grilla política, asuntos internacionales, pintura, literatura y las artes en general, aunque el de la corrupción gubernamental aparece como una constante.

Bajo su dirección, Proceso publicó portadas memorables como aquella titulada El hermano incómodo, del 19 de noviembre de 1994, acompañada de una foto del recientemente exonerado Raúl Salinas de Gortari.

O esa de La casa de Durazo en el Ajusco en julio de 1983, sobre las corruptelas del que fuera jefe de la policía capitalina en el sexenio de José López Portillo, junto a otro reportaje sobre El Partenón, una narco mansión construida para ese siniestro personaje en Zihuatanejo, Guerrero.

Recordada también es la portada de enero de 1983 con el título El refugio de López Portillo en Acapulco, cuyo reportaje en interiores se destacó curiosamente con la cabeza: Una casita blanca de 2 millones de dólares en Puerto Marqués.

El 8 de enero de 1994, el país en un hilo por la declaración de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en la redacción de Proceso se recibió una invitación del EZLN dirigida a Scherer García para que este, junto con la Premio Nobel, Rigoberta Menchú y el obispo Samuel Ruíz, fungieran como intermediarios ante la eventualidad de un diálogo con el gobierno.

La respuesta del entonces director de Proceso lo pintó de cuerpo entero:

“Agradezco la inclusión de mi nombre al lado del obispo Samuel Ruiz y de la señora Rigoberta Menchú. Sin embargo, mi condición de periodista me obliga a la imparcialidad, difícil de sostener en la doble condición de mediador y cronista de los acontecimientos que vivimos. Debo, pues, cumplir exclusivamente con las reglas de mi profesión”.

Julio Scherer García escribió un total de 22 libros entre 1965 y 2013. Después del primero, titulado Siqueiros: La Piel y la entraña (1965) (FCE 2003), debieron pasar 19 años para publicar el segundo, el inolvidable Los Presidentes (Grijalbo 1986).

El director fundador de Proceso y hasta su muerte, presidente del Consejo de Administración de CISA, la empresa que edita el semanario, se ocupó en sus libros de expresidentes, de la matanza de Tlatelolco, de las cárceles, de sus más renombrados presos, de los presidentes de Chile, Salvador Allende y Augusto Pinochet, y de temas como el de los secuestros y la delincuencia de menores de edad, así como en un par de ellos, a su vida, su única, de periodista.

Después de Los presidentes escribió:

El poder: historias de familia (Grijalbo 1990); Estos años (Océano 1995); Salinas y su imperio (Océano (1997); Cárceles (Alfaguara 1998); Parte de Guerra, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 1999); Máxima seguridad (Random House Mondadori 2001); Pinochet, vivir matando (Alfaguara 2000 y Nuevo Siglo-Aguilar 2003); Tiempo de saber: Prensa y poder en México, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 2003); Los patriotas. De Tlatelolco a la guerra sucia (Nuevo Siglo Aguilar 2004); El perdón imposible (FCE) (Versión ampliada de Pinochet, vivir matando); El indio que mató al padre Pro (FCE 2005); La pareja (Plaza & Janes (2005); La terca memoria (Grijalbo 2007); La reina del Pacífico (Grijalbo 2008); Allende en llamas (Almadía 2008); Secuestrados (Grijalbo (2009); Historias de muerte y corrupción (Grijalbo (2011); Calderón de cuerpo entero (Grijalbo 2012); Vivir (Grijalbo 2012) y Niños en el crimen (Grijalbo 2013).

Scherer García recibió en 1971 el premio María Moors Cabat y en 1977 fue reconocido como el periodista del año por Atlas Word Press Review de Estados Unidos.

En 1986 se le entregó el premio Manuel Buendía 1986 y dos años después rechazó el Premio Nacional de Periodismo, que en ese entonces entregaba el presidente de la república en turno.

En 2001 recibió el reconocimiento Roque Dalton y en el 2002, quizá el reconocimiento que más lo conmovió: el Premio Nuevo Periodismo CEMEX-FNP, promovido por el escritor Gabriel García Márquez, en la modalidad de homenaje.

Un año después, aceptó el Premio Nacional de Periodismo, cuando su organización y entrega se había ciudadanizado.

Ya el 20 de marzo de 2014 recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Y el 3 de octubre pasado, otorgada por el Proyecto Cultural Revueltas, recibió la medalla John Reed por su trayectoria periodística y sus contribuciones a la libertad de expresión.

Inhuman los restos de Julio Scherer en el Panteón Francés

Los restos de Julio Scherer García, fallecido la madrugada de este miércoles, a los 88 años de edad, fueron inhumados la tarde de este miércoles (16:00 horas, tiempo local) en el Panteón Francés de San Joaquín, al noroeste de la capital del país.

Quien es considerado uno de los baluartes del periodismo mexicano, merced su trabajo al frente del diario Excélsior y, posteriormente de la revista Proceso, fue acompañado en esta última travesía por su familia, entre ella sus hijos Julio, María Esther y Gabriela; amigos, colaboradores y periodistas.

La ceremonia de velación fue íntima y duró no más de tres horas. Los restos de don Julio resposan en la tumba 27-241, junto a los de su esposa, Susana Ibarra.

Previamente, los restos del periodista fueron velados también en el Panteón Francés. Aunque se anunció que sería un acto familiar, a las exequias acudieron amigos y colaboradores del fundador del semanario Proceso, así como periodistas y trabajadores de esta revista y periodistas de otros medios.

Entre los personajes de la política que asistieron figuran Francisco Labastida, ex gobernador de Sinaloa y candidato a la Presidencia de la República en 2000, Porfirio Muñoz Ledo, Genaro Borrego y José Narro, rector de la UNAM, quien anunció que, previo acuerdo con la familia, la máxima casa de estudios le ofrecerá un homenaje al periodista.

Proceso / La Jornada
Alejandro Caballero
Ciudad de México
Miércoles 07 de enero de 2015.

Gonzalo Álvarez del Villar              

Querido y entrañable Vicente:
         
En 1976 llegó el golpe a Excélsior y, poco tiempo después, en Los Periodistas, consignas que fui yo quien te habló en aquella infame amanecida del 8 de julio para informarte que había sido quitada, a la mala, la página signada por los editorialistas y que Regino Díaz Redondo nos daría el golpe. Minutos después llegaste y lo demás es historia.

Hay personas y momentos fundamentales en la vida de cada individuo que, con una actitud, con un consejo, determinan tu camino.

Así me sucedió contigo, Vicente.

En el ya lejano 1972, cuando empezaste a dirigir Revista de Revistas, de Excélsior, te pedí, a mis inexpertos 18 años, trabajo. Bien podías haberme bateado –utilizando una expresión del deporte que te encantaba– o decirme que estaba haciendo teatro –por utilizar un término de otra de tus pasiones– o de plano darme largas. Pero no, en cambio me pediste un tema.

–Cuánto le costó cada gol al América, te respondí.

Te me quedaste viendo con esa larga, profunda mirada. Y la respuesta:

–Hecho, en una semana lo quiero aquí.

Trabajo me costó, pero finalmente entregué el texto, el cual se publicó con cierta notoriedad en nuestra Revista de Revistas.

Ahí cambió mi destino.

Después llegaron más órdenes y el sufrir, el mío y el tuyo, después de cada entrega:

Te recuerdo inclinado sobre la mesa, atacando un escrito. El codo recargado en la mesa y con la mano izquierda mesándote el cabello, suspirando, mientras que la derecha enarbolaba un plumón negro con el que reescribías sobre el texto escrito en máquina de escribir. A un lado el cenicero, rebosante de colillas. Hacías pedazos mis textos.

A tu lado, en silencio, veía como rehacías el documento. Y al final sólo me lo extendías, con la instrucción:

–Rehazlo.

Y ahí me ponía yo, teclazo a teclazo, a volver a escribir lo que dictaba el plumón, con tu letra clara, totalmente legible. Al acabar regresaba contigo. Le dabas una rápida leída. Y lo aprobabas.

No sabes, Vicente, maestro, que ahora, a la distancia, con qué gusto recuerdo esos momentos y más aún cuando te entregué un texto con el campeón mundial de squash, un hindú. Lo leíste de jalón, ya sin el plumón en ristre. Eran cinco cuartillas. Lo acabaste y lo tiraste al cesto de la basura. Me dejaste helado. Carcajada de por medio lo rescataste del cesto y me lo diste.

–Está muy bien, muuuy bien y el final excelente, me dijiste, haciendo referencia al remate: y el nombre del juego responde al sonido onomatopéyico que produce el golpe de la raqueta con la pelota: squash, squash, squash…

No sabes, querido Vicente, como me diste seguridad después de ese texto.

Y luego vinieron más. Las correcciones se redujeron. Las órdenes, variaron. Rememoro una con un mago: Blackaman, que llegué contentísimo después de hacerla. La escribí con gusto, describiendo sus actos, a su ayudante, al público. Entré a tu despecho. Te la entregué. La leíste, hiciste unos apuntes y la instrucción.

–Vas a volver con Blackaman y le vas a preguntar esto, esto y esto. La nota es buena, sólo buena, que te responda éstas otras preguntas y quedará mejor.

Ahí, otra clase de periodismo.

Eras muy poco afecto a felicitar de viva voz a tus reporteros. Pero había señales. Cuando alguno te entregaba un buen artículo lo premiabas con un presente. El primero que me diste, lo recuerdo como si fuera ayer. Al regresar de una comida con el inolvidable Hero Rodríguez Neumnann, te acercaste a mi escritorio y me extendiste un libro.

–Éste es otro clásico de novela negra, me dijiste sabiendo mi gusto por un género que compartíamos: La Llave de Cristal, de Dashiel Hammett. Luego hubo otro presente: La Mirada del Adiós, de Ross MacDonald, pseudónimo de Kenneth Millar.

Y luego llegaron más libros. Pláticas respecto a la novela negra. Y yo, libro que te quería regalar, o bien ya lo habías leído o lo tenías en tu biblioteca para leerlo en fecha próxima. Hasta que hallé uno: El Secuestro de la Señorita Blandish, de un prolífico escritor inglés de novela negra, que en su vida estuvo en Estados Unidos, James Hadley Chase, y que todas sus novelas las ubicaba en EU.

La novela te encantó, me pediste más de ese autor, pero no te satisficieron. “Muy simplonas, con una gran velocidad, sí. Y algunas tramas son buenas, pero no muy trabajadas”, me dijiste cuando te entregué otro libro. Otra enseñanza: trabajar más a fondo un asunto.

Maestro al fin, me pediste que diagramara una primera plana de Revista de Revistas y otra del diario. Como pude te entregué unos bosquejos mal hechos. Y tu pregunta:

– ¿De dónde te los fusilaste?

–De ningún lado. Me los inventé. ¿Crees que si me los hubiera fusilado estarían así de malos?

–No hay nada de malo en copiar. Así se aprende y luego agarras tu propio estilo.

Una lección más.

Llegó 1974 y el Mundial de Futbol, en Alemania. Te pedí autorización para pedirle a Julio Scherer la oportunidad de estar en la redacción de deportes, ante la ausencia de los reporteros que ya estaban en Europa. Me lo concediste.

En un principio Julio no quiso, pues –me dijo– “tu padre va a dirigir la sección… y es complicado una relación familiar y profesional…”

–Entonces mándame a la Primera de Noticias, le reviré.

–Déjame pensarlo, me dijo Julio.

Con el tiempo supe, Vicente, que Julio te pidió consejo. Y tú diste el aval para que trabajara con Pedro, mi padre, y realmente, fue una delicia. Conocí a Manuel Seyde, a Paco Ponce, a su padre, Fausto, el 'Brujo',  Miguel Aguirre… Y la experiencia siguió. Después del Mundial me quedé en deportes, pero siempre colaborando con RR y con tus consejos:

–Investiga, Gonzalo, profundiza. No te quedes en la superficie. Investiga, pregunta, lee, escribe…

Una lección más.

La dispersión de la vida nos separó. De vez en cuando te hablaba para pedirte consejo, yo ya trabajando en ‘unomasuno’ y luego en dependencias públicas.

Cuando el campeón mundial de ajedrez, el ruso Veselin Topolov, vino a México en 2006 anunció una exhibición de simultáneas en la Casa del Lago. Supe que estarías ahí como uno de sus múltiples rivales, no me lo podía perder. Te derrotó en 15, 16 jugadas. Pensativo, iniciaste el camino a casa. “Pensé que duraría más”, confesaste. Y para levantarte el ánimo te dije:

–Vicente, la verdad, la verdad…, lo tuyo es la literatura, el periodismo, no el ajedrez.

Sólo sonreíste. Y me retaste a un duelo. “Te voy a ganar, como siempre”, te dije para picarte. No caíste y la partida quedó en promesa, sólo en eso.

Generoso como siempre lo fuiste, cuando te pedí, primero, que le dieras una leída a mi novela (Susana te Llama) accediste de buena gana, pero pasaron meses sin respuesta. “A lo mejor ni le gustó”, me dije.

Por esa época publicaste La Vida que se va, una novela que dice más o menos qué sucedería si a una persona se le ocurre atravesar la calle en una esquina y no en otra. Y de repente choca con quien será el amor de su vida. Y, si siguió de frente en la calle, se encontró a un vendedor de lotería que le dio el premio gordo…

–Excelente tu novela, Vicente, te dije por teléfono.

–Qué, ¿ya la leíste?, me preguntaste.

–Claro, de jalón en dos, tres días.

–Cabrón…

–…

–Sí, ya no jodes. A mí me costó casi dos años en escribirla y te la lees en tres días… No tiene madre. Je je je.

Días después recibí tu llamada.

–Tenemos que vernos.

Establecimos lugar, día y hora.

Bajo el brazo traías el original de mi novela. Nos sentamos, pedimos café. Tuvimos una larga charla. Me diste unos consejos más. La novela te gustó y meses después me hiciste el honor de presentarla en la Sala Adamo Boari, en Bellas Artes, inmueble donde el jueves 4 de diciembre se te hizo un homenaje póstumo.

Fuiste espléndido en tus comentarios. Y al final de la presentación otro consejo: “ya deja a un lado todo el asunto ése de la dizque comunicación social, ponte a escribir, o regresa al periodismo”.

El tiempo, nuevamente, estuvo de acuerdo contigo. Regresé a mi origen: al periodismo.
Lamento que al pasar la vida no haya tenido más tiempo que dedicarte. Lamento tu partida, como amigo, como un ser que siempre me tendió la mano cuando te necesité. Pero también me duele tu partida porque contigo se va una voz lúcida, critica, de ésas que ya escasean. Juicioso, claro, conciso.

Y hoy, Vicente, no te digo adiós, porque decir adiós es morir un poco. Hoy te digo hasta pronto, hasta siempre...

Gonzalo Álvarez del Villar
Agencia Quadratín
Ciudad de México
Viernes 5 de diciembre de 2014.

El periodista, dramaturgo y guionista mexicano Vicente Leñero falleció este miércoles, a los 81 años de edad, informó el Conaculta.

Familiares expresaron a REFORMA que, aunque hoy no habrá ningún acto público, el escritor será homenajeado mañana al mediodía en el Palacio de Bellas Artes.

"Lamentamos el sensible fallecimiento de Vicente Leñero, uno de nuestros grandes intelectuales: dramaturgo, narrador y periodista congruente", publicó en Twitter el presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa.

Perfil de Vicente Leñero

Vicente Leñero y Otero, nació en Guadalajara, Jalisco el 9 de junio de 1933

Novelista, guionista, periodista, dramaturgo e ingeniero civil mexicano.

En 1959, se graduó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) como ingeniero civil, pero su interés, facilidad e ingenio para la escritura fue lo que con el tiempo lo convirtió en uno de los periodistas más destacados en México, incluso como un ejemplo con su obra, para quienes se inclinaron por la profesión del periodismo.

En 1961, publicó la novela La voz adolorida, con la que retrata el realismo psicológico de sus primeros escritos.

Con Los albañiles (1963), ganó el Premio Biblioteca Breve, la cual destaca por su estructura compleja y simbolismo. En ella narra la historia de un velador en una construcción.

Su incursión al teatro

Leñero inició el teatro en 1970 con la adaptación de su novela Los albañiles; siguió con guiones como La carpa (1971) y Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis (1972).

Dos de sus trabajos notables fueron “Pueblo rechazado” y “El juicio”, considerados como precursores del género documental del teatro en México.

Literatura documental

La gota de agua y Asesinato: el doble crimen de los Flores Muñoz, entre otros libros, fueron obras que Leñero encumbró en la década de los 80.

El cine también fue tocado por Leñero

Para el séptimo arte, Vicente Leñero fue guionista de la cinta El crimen del padre Amaro (2002), que por su contenido, es considerada una de las películas mexicanas más polémicas y exitosas. Leñero adaptó la novela homónima de Eça de Queirós al México contemporáneo.

Participó en el guion de la película El garabato (2008), basada en una obra suya de nombre homónimo.

Periodista de tiempo completo

Vicente Leñero publicó crónicas, notas, artículos y colaboraciones en el periódico Excélsior y en las revistas Claudia y Proceso.

Dirigía el taller literario “Sólo los Jueves” en la Sociedad General de Escritores de México.

Premios y galardones

El 11 de marzo de 2010 fue nombrado miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Tomó posesión de la silla XXVIII el 12 de mayo de 2011 con el discurso "En defensa de la dramaturgia”.

El 21 de septiembre de 2011 fue galardonado, junto a José Agustín, con la Medalla Bellas Artes de México que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)

Reforma / Excélsior
Ciudad de México
Miércoles 3 diciembre de 2014.

Reconocido por ser un crítico mordaz de la realidad social y política de México

Ciudad de México.- El escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia, hoy cumplen 31 años de  haber fallecido; destacó como dramaturgo, narrador, crítico de teatro, periodista, ensayista y profesor.

Reconocido por ser un crítico mordaz de la realidad social y política de México, Ibargüengoitia dejo un legado de numerosas obras, algunas de ellas llevadas al cine, tal es el caso de “La ley de Herodes y otros cuentos” (1967), la cual fue adaptada y estrenada en la pantalla grande en 1999.

Jorge Ibargüengoitia, quien nació en Guanajuato el 22 de enero de 1928, a los ocho meses de edad quedó huérfano de padre, por lo que en compañía de su madre regresó al hogar de sus abuelos y tres años más tarde se trasladó a la capital del país, de acuerdo con el portal en Internet “literatura.us”.

Entre 1928 y 1945, señala el sitio electrónico “escritores.cinemexicano.unam.mx”, Ibargüengoitia estudió Ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en 1951, ingresó a la carrera de Arte Dramático en la Facultad de Filosofía y Letras de esa misma casa de estudios.

Tiempo después, en 1954, fue alumno del poeta, dramaturgo y escritor Rodolfo Usigli (1905-1979) en un curso de Teoría y composición dramática, donde presentó su obra “Susana y los jóvenes”.

Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, en teatro, en 1954 y 1956, y en esos años obtuvo una beca de la Fundación Rockefeller para estudiar teatro en Nueva York, Estados Unidos.

También fue becario de la Fundación Fairfield, en 1965, y de la Fundación Guggenheim, en 1969.

Jorge Ibargüengoitia escribió 16 piezas de teatro, entre las que destacan: “Susana y los jóvenes” (1954), “Cleotilde en su casa” (1955) y en 1962, creó su última propuesta escénica; “El atentado”, farsa histórica que recibió el Premio Casa de las Américas (1963).

En 1961, inició su trabajo como crítico teatral en la Revista de la Universidad de México, el cual abandonó en 1964 debido a una crítica violenta que realizó contra “Landrú”, de Alfonso Reyes (1889-1959), detalla la página “escritores.cinemexicano.unam.mx”.

En ese periodo, Ibargüengoitia escribió “Los relámpagos de agosto”, novela con la que ganó por segunda ocasión el Premio Casa de las Américas, y a la que le siguieron, en 1967, “La Ley de Herodes y otros cuentos” y “Maten al león”, esta última llevada al cine en 1975 por José Estrada (1938-1986).

Luego de un fallido matrimonio, Jorge Ibargüengoitia se casó por segunda vez con la pintora inglesa Joy Laville (1923) con quien se trasladó a Paris, Francia, alternando su residencia con la que tenían en México.

Fue miembro fundador de “Vuelta” (1976) y publicó “Instrucciones para vivir en México”, selección de artículos publicados en “Excélsior” de 1969 a 1976.

Sus últimas novelas publicadas fueron “Las muertas” (1977), “Dos crímenes” (1979) y “Los pasos de López” (1982).

Jorge Ibargüengoitia murió en Madrid, España, el 27 de noviembre de 1983, en un accidente aéreo, en el que también murieron el crítico uruguayo Ángel Rama (1926-1983) y el narrador y poeta peruano Manuel Scorza (1928-1983)

Notimex / Puebl@Media
Ciudad de México / Puebla
Jueves 27 de noviembre de 2014.

El filósofo español consideró que la red no debe ser un fin, sino una herramienta política que pueda ser usada en favor de la democracia

El uso de internet no debe limitarse a la búsqueda de conocimiento o al entretenimiento. En México, la red puede convertirse en un instrumento político que sea utilizado a favor de la democracia y la creación de una consciencia entre los ciudadanos para evitar más casos como lo ocurrido en Ayotzinapa o poner freno a la corrupción, advirtió el escritor español Fernando Savater.

Durante su visita a México, donde dará hoy una conferencia a invitación de Telefónica, el también filósofo comentó que gracias a la red muchas cosas que antes pasaban desapercibidas actualmente no pueden ser ignoradas y, por eso, se ha vuelto difícil censurar la opinión de la ciudadanía, lo que genera algunos espacios de libertad y de conexión entre las personas.

“Utilizamos las cosas que nos brinda la tecnología. Si recordamos a la ciudad de Atenas, ahí se tenía que reunir a 15 mil personas en un espacio al aire libre y el problema era hacerse oír. Nosotros en cambio somos millones y tenemos instrumentos, mejor o peor utilizados, pero que están ahí”, afirmó en entrevista con Excélsior.

En particular indicó que las redes sociales hacen muy difícil que ciertas cosas queden ignoradas, siendo el ejemplo más reciente en México la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Guerrero, un evento que calificó como “crudo y brutal” que parece de tiempos pasados.

Comentó que visitó el país varias veces durante las pasadas tres décadas, por lo que sabe que Guerrero siempre ha sido un estado muy violento y parecía que la situación se normalizó en los últimos años con la entrada de nuevos gobiernos, sin embargo se trataba de una ilusión que fue rota por el caso de los normalistas.  

Tragedias cotidianas

El ganador del Premio Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz 2012, recomendó utilizar esta situación como un aldabonazo para llamar la atención y advertir a las autoridades que esto no puede volver a ocurrir.

“A veces una desgracia de este tipo, por lo menos que sirva para despertar la consciencia y despertar la necesidad de modificar instituciones y mecanismos legales”, añadió.

Pero las redes también pueden combatir la corrupción, un estado que Savater considera se debe a la impunidad más que a un tema cultural, como ha comentado el presidente Enrique Peña Nieto.

Esto porque los ciudadanos dejan de prestarle atención a ese flagelo al observar que a los personajes que caen en estas prácticas no les pasa nada, reciben castigos pequeños o son trasladados incluso a mejores puestos.

Savater, que abordará hoy el tema Ciudadanos en la red y en la nube en los foros de innovación tecnológica de Fundación Telefónica, pidió establecer instrumentos legales eficaces que castiguen de raíz la corrupción en México y, en particular, que las personas no apoyen nunca a candidatos políticos cuyo dinero para las campañas no se sabe de dónde viene.

“Hoy sabemos que el narco introduce grandes cantidades de dinero para poner en puestos políticos a gente que le conviene, entonces en manos de la ciudadanía está no apoyarlo, no votar a
aquellos políticos cuyos fondos son misteriosos o dudosos o algo más. No es una cuestión de un día para otro, pero hay que empezar ya”, declaró el autor de más de 50 ensayos políticos, literarios y filosóficos.

La herramienta, no el fin             

Savater, quien ha estado involucrado en analizar cómo las nuevas tecnologías y el internet impactan en la educación, destacó que el error de muchos gobiernos es pensar que darle una tablet o computadora a un niño hará que se eduque solo.

“Oyes que los ministros dicen vamos a educar con internet, al contrario se trata de educar para aprender a utilizar y sacar el mayor provecho de la red que es un instrumento, no convirtamos el instrumento en un fin”, fue la encomienda porque gobiernos como el mexicano se han enfocado en otorgar tablets y computadoras en primarias y secundarias.

Tenemos que preparar a los alumnos para el mundo que viene, detalló el filósofo nacido en 1947, y para ello es necesario cambiar los planes de estudio para que no queden atados a un esquema obsoleto y lo mismo ocurre con la preparación de los profesores.

Rezago educativo

Respecto a la educación en México, consideró que ha estado estancada por mucho tiempo al contar con una visión “retrógrada” y es hasta la aprobación de la reforma educativa que observa un avance.

“Me parece que es importante que se lanzara desde el principio el tema educativo y creo que se va avanzando en ese sentido. Me parece que se debe reformar la figura del maestro dándole una nueva importancia, una nueva protección y también una nueva exigencia, no cualquiera puede ser maestro”, precisó el también filósofo.

Si bien tener educación de buena calidad sale caro, advirtió que tener una educación de mala calidad es todavía más costoso para el país en el largo plazo.

Considerado como uno de los 65 pensadores más influyentes del mundo, de acuerdo con la publicación británica Prospect, Savater espera que México sea uno de los países donde más se note el desarrollo de la ciudadanía digital, aunque falta para ello.

Excélsior
Aura Hernández
Ciudad de México
Martes 28 de octubre de 2014.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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