En el Congreso de la Lengua el escritor habló sobre el presente de nuestro idioma y de su fortaleza con vistas al futuro.

San Juan.- Jorge Edwards acaba de lanzar su más reciente novela, 'La última hermana' (Acantilado, 2016), es miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua y, en San Juan de Puerto Rico, fue uno de los intelectuales encargados de inaugurar el VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), poco antes de que Felipe VI, actual Rey de España, leyera el texto oficial de la apertura.

El escritor chileno de 85 años es reconocido por obras como 'El peso de la noche' (1965), 'Los convidados de piedra' (1978), 'La mujer imaginaria' (1985) y 'El origen del mundo' (1996). Además, ganó el Premio Cervantes en 1999, el Premio Planeta en 2008 (entre otros varios galardones) y ha sido columnista de diferentes diarios como Le Monde de Francia, el Corriere della Sera de Italia, La Nación de Argentina y La Segunda de Chile.

Edwards habló con El TIEMPO del presente de nuestro idioma, de su unidad en Iberoamérica y de su fortaleza de cara al futuro.

Edwards, invitado especial de CILE 2016 -que en esta ocasión escogió como tema: “la lengua española y su creatividad”-, se declaró, además, un profundo optimista del mundo cultural de nuestra lengua española.

Dijo en su discurso de apertura en el VII Congreso Internacional de la Lengua Española, aquí en San Juan de Puerto Rico, que ve con mucho optimismo la evolución de la lengua española. ¿A qué se refiere puntualmente?

La veo con optimismo porque es una lengua muy fuerte ya que, en el fondo, en su unidad, es mayor que ninguna otra. Y lo digo porque, vea usted, por ejemplo, los brasileños y los portugueses no se entienden, tienen problemas de comunicación y tienen que hacer traducciones separadas; y los ingleses y los estadounidenses, digamos que igual. Nosotros, en efecto, tenemos una lengua con matices, pero la gente tiene una buena voluntad y los entienden. Así que es una gran posibilidad para la lengua, porque América Latina, a mí me parece, en el fondo, va un poco mejor.

¿Lo dice en todos los sentidos?

Sí. A mí me parece que ya se acerca la paz en Colombia; es un país muy fuerte, intelectualmente creativo y muy interesante. Chile es un país quejumbroso al que se le está metiendo más optimismo; porque sí, hay problemas, pero en el fondo no son tan grandes. La nueva etapa de Argentina es muy interesante y muy llena de posibilidades; fue el gran centro editor, lector y cultural de este lado del mundo y creo que va a volver. Siempre tendremos problemas, somos unos países complicadísimos, pero soy un optimista sobre el mundo cultural de la lengua española.

¿Usted cree que actualmente en Latinoamérica se habla un buen español?

Es que no existe el buen español. El buen español es el español que se habla y nos permite entendernos y que conserva la estructura básica. Se dice que nosotros los chilenos pronunciamos mal y siempre dicen que el mejor español es el de los colombianos, pero, en realidad, todos los españoles son iguales, pero diferentes.

¿Cuál es el gran capital de la lengua española en la actualidad?

Hoy es la posibilidad de comunicación enorme que significa posibilidades políticas, económicas, culturales y de todo orden. Y son prácticas y son tangibles, porque parecía que España estuviera en el mundo de lo ilusorio y resulta que ahora España se está transformando en un mundo con más sentido de la realidad, más ‘sanchopancesco’, un poco menos ‘quijotesco’, pero con un sentido de la realidad que no excluye la imaginación y la fantasía. Y eso es lo bueno.

 ¿Para dónde va nuestra lengua si se tiene en cuenta que una amplia parte de las comunicaciones entre nosotros se dan por medio de las redes sociales en donde, minuto a minuto, se comenten tantos y tan increíbles atropellos al idioma?

Yo prefiero ignorar las redes sociales. Me importan mucho más las redes mentales y los tejidos comunicantes de nuestros discursos.

Hace dos días lanzó su más reciente novela, 'La última hermana' (Acantilado, 2016). ¿No hay mejor aporte a la lengua que seguir escribiendo?

Son otras 380 páginas. Una novela que estoy sacando en Santiago y ahora la voy a sacar en Madrid y Barcelona. Es una historia de una chilena que durante la Segunda Guerra Mundial salvó a niños judíos y se convirtió en una heroína extraordinaria, al punto que forma parte de la ‘lista de los justos del estado de Israel’. Esa historia, que conozco a fondo porque era una pariente mía, es la que he escrito ahora.

¿Qué tan definitivo es celebrar un Congreso de la Lengua Española?

¡Bueno, hombre…! Un congreso de la lengua española no modifica la lengua, constata cosas, consta y, por supuesto, no va a crear lenguas, pero establece unas ciertas comunicaciones que son muy importantes

¿Cuál debe ser la gran discusión que se debería da en torno a la lengua española?

Yo creo que nosotros, los hispanoparlantes, tenemos una curiosidad intelectual y tenemos una gran posibilidad, pero hay que leer más, hay que saber más, y hay que respetar más. Nosotros a veces tenemos problemas de sentimientos de inferioridad, y de seguridades, y de todo eso, y hay que superarlo de una vez, ¡ya! Pero eso se hace convirtiéndonos en países cultos. Resulta que los países desarrollados fueron países desarrollados porque, en alguna etapa del siglo XIX, fueron los más cultos del mundo. Entonces no nos queda otra que convertirnos en países cultos.

¿Coincide con Carlos Fuentes cuando dijo que la lengua española es una especie de instrumento de ‘venganza pacífica’ de los más de 50 millones de hispanos que viven en el territorio de los Estados Unidos y hablan español?

Es una revancha. Es una revancha en cierto modo… Es una revancha importante, interesante y muy fuerte.

¿Está y estuvo de acuerdo con la propuesta que hizo Gabriel García Márquez en el Congreso de la Lengua en Zacatecas de ‘jubilar la ortografía’ en el idioma español?

Esa era una idea divertida, pero no me parece que fuera una idea práctica. Era una idea complicada que incluso intentó hacer Andrés Bello y que renunció a esa idea, a la idea de los cambios ortográficos. En cambio, se propuso construir una gramática que fuera sólida y que salvara el idioma, porque ya en Chile, por ejemplo, se estaba empezando a hablar de una manera que ya no era castellano. Andrés Bello salvó eso. Pero con la ortografía, la verdad, no se saca nada.

MAURICIO SILVA GUZMÁN *
Editor jefe de Revista BOCAS

*Invitado especial al CILE 2016
San Juan de Puerto Rico.

El Tiempo
Bogotá, Colombia
Sábado 19 de marzo de 2016.

Un tonto es un zolocho, un chulo es un milhombres y un mentiroso es un tartufo. O cómo lanzar improperios con estilo

Hay muchos insultos en el idioma castellano, pero tendemos a utilizar siempre los mismos. Pues se acabó. Recurrimos a María Irazusta (madrileña nacida en el Reino Unido), autora de Eso lo será tu madre. La biblia del insulto (Espasa) para que nos ilustre sobre el tema. Hemos realizado el siguiente juego: nosotros le damos un perfil de persona perfectamente insultable, y ella nos expone una amplia gama de improperios. Léalo sin sentirse ofendido, por favor.

Los poco higiénicos
"Del cerdo se aprovecha todo, hasta los sinónimos. Para denotar la falta de aseo personal hay toda una ristra asociada a este pobre animal de sucia fama: puerco, guarro, cochino, marrano. Revindicamos la dignidad de este animal que además es signo de distinción: pata negra".

Los tontos
"Probablemente es el insulto más común y uno de los que más arsenal disponemos. Coja aire: alcornoque, zote, mendrugo, bausán, vaina, cenutrio, tontucio, tontorrón, descerebrado, simple, meliloto, estulto, alelado, gilipollas, gilipuertas, mameluco, analfabeto, beocio, lilipendón, berzas, berzotas, zafio, tarado, besugo, ceporro, panarra, idiota, pavitonto, zolocho, tocho, corto, bobalicón, gaznápiro, panoli, imbécil, soplagaitas, sandio, bodoque, piernas, bobatel, merluzo, gilí, lelo, zopenco, mentecato, tonto del haba, bobo, mamerto, botarate, soplapollas, cernícalo, percebe, zonzo, cipote, estúpido, cretino, fatuo, lerdo, mastuerzo, memo, lila, pandero, toli, simplón, necio, melón, tarugo, pánfilo, torpe, pavo o tardo.

Del cerdo se aprovecha todo, hasta los sinónimos. Para denotar la falta de aseo personal hay toda una ristra asociada a este pobre animal: puerco, guarro, cochino, marrano"

Buen repertorio, que conviene ampliar si viajas por América Latina, no sea que no te des por aludido y entonces quedes como un lentejo, gafo, pendejo, abismado, guachinango, abombado, zanguango, paparulo, cocoliso, soroco, agilado, asnúpido, tolongo, bachilín, huevón, boludo, cabeceburro, zonzoneco, pelotudo, menso, talegón, cabeceduro, guacarnaco, cachirulo, majiriulo, pajuilado, samuro o turuleco. Incluso podrían llamarnos pensadores, y no deberíamos alegrarnos".

Los pedantes
"El pedante era el nombre que recibían en Italia los profesores que enseñaban gramática a domicilio. Ha acabado por aplicarse despectivamente a las personas que hacen un inoportuno alarde de erudición. Para ellos hay toda una gama de adjetivos, desde el cariñoso sabelotodo, pasando por el menos simpático sabiondo o resabido a los matices más graves del cargante, redicho o repelente".

Los chulos
"Nuestro idioma es rico en vocablos para lo que comúnmente llamamos chulo, un adjetivo con sentido peyorativo que dedicamos a quien actúa con orgullo, presunción o altanería. Para el chulo tenemos: presuntuoso, jactancioso, farruco, fantasma, fantoche, fanfarrón, perdonavidas, milhombres o seispesetas, porque 'se pasa de duro (esto antes de la llegada del euro, claro)".

Los vagos
"Dícese de aquellos que hacen de no tener oficio su beneficio, que gustan de perder el tiempo y nunca tienen la menor intención de dar un palo al agua.

Ahí van algunos: perezoso, cacahazas, indolente, candongo, holgazán, manta, gandul, dejado, jeta, remolón, haragán, zángano, molondro, badana, agalbanado, mollejón, mandria o vilondro".

Los gordos
"Además de ser una de las mejores parejas cómicas de la historia del cine, el gordo y el flaco son, en lo que nos atañe, dos blancos fáciles para los lanzadores de injurias. El gordo, por gordo; y el flaco, por todo lo contrario.

Pertenecen al primer grupo desde el cariñoso regordete a la insoportable vacaburra, que además de estar de buen año es bastante molesta por su comportamiento. Entre ambos, están los gordos auxiliares, como la mesa camilla y el armario empotrado; los caracterizados por el buen saque, entre los que destacan el zampabollos, el tripero, la lima, el tragaldabas, el canapero o el que come más que la orilla de un río; el gordo como un tonel o como un trullo; la vaca, la foca, la morsa, el cachalote; algún que otro porky, que lleva el nombre del cerdito tartamudo de la Warner, y más de un gordo Pilon, basado en el personaje glotón comehamburguesas de Popeye; o los que concentran la grasa en una parte concreta de su cuerpo, como el culo gordo y el barrigón o barrilete".

Los flacos
"Incluye tanto a la patas de alambre como al palillo o al fideo. En cuanto a los escuálidos, son sus huesos —o la falta de carnes— lo que los define; de esa escasez corporal surgen el saco de huesos, el esquelético, el seco (incluido el más seco que una mojama), el raquítico, el chupado, el esmirriado, el alfeñique, el cadavérico, el huesudo o el tirillas".

Los mentirosos
"Hay muchas variantes para el que falta a la verdad: el trolero, bolero, calumniador, cuentista, fulero, tramposo, patrañero, falso, farsante, impostor, embaucador, tartufo, trapisondista o hipócrita. Aunque, como sostenía el Nobel de Literatura André Gide, el verdadero hipócrita es el que cesa de percibir su engaño, el que miente con sinceridad. El apelativo diabólico proviene del griego y significa, entre otras cosas, calumniar o mentir. Así que la calumnia vendría a ser el principal rasgo de los seres diabólicos".

El País
Madrid, España
Domingo 14 de junio de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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