Los festejos por el centenario de Rulfo se llevaron hasta el transporte público

Guadalajara. - Los festejos por el centenario de Juan Rulfo comenzaron desde temprano en la Zona Metropolitana de Guadalajara. La Secretaría de Cultura Jalisco (SC), con la finalidad de unir a todos los ciudadanos en la celebración, coordinó a bibliotecarios y mediadores de lecturas para compartir las tres obras del autor jalisciense: “Pedro Páramo”, “El llano en llamas” y “El gallo de oro”.

Los tres libros fueron repartidos de manera gratuita a los usuarios de la línea 2, desde la estación del tren Juárez hasta Tetlán, todo en el tren conmemorativo a Rulfo, que llegó a su primera parada alrededor de las 10:30 horas, tapizado con la imagen del autor y su nombre. Los mediadores de lectura se subieron a él para distribuirse por todos los vagones y enseguida, compartir con los usuarios con las ediciones conmemorativas de la editorial RM.

Poco antes del inicio, los hermanos Rulfo, Juan Carlos y Juan Pablo, junto con Myram Vachez Plagnol, titular de la SC, ofrecieron a los presentes unas palabras sobre la importancia del escritor en la literatura mexicana e incluso universal. Además, los hijos del autor afirmaron sentirse agradecidos con el evento y también sorprendidos al ver la imagen de su padre en un vagón del Tren Ligero.

Juan Vázquez Gama, director general de desarrollo cultural y artístico de la misma SC, explicó que la dinámica consistió no sólo en repartir libro, sino que los mediadores de lectura explicaron a cada usuario a quien se le entregaba un libro, que no era precisamente un regalo, sino un préstamo que después de leído debían compartir con alguien más. Con el hashtag #Rulfo100años se pretende seguir los pasos de cada libro. Dentro de cada uno se encuentra un sello con la explicación de la dinámica.

Muchos de los pasajeros que recibieron un ejemplar no conocían ni al autor ni los textos, por lo que los repartidores compartieron las tramas de los libros para motivarlos a conocerlo a través de la lectura de sus obras. Hubo otros usuarios que ya conocían la obra y les emocionó la idea de volver a sus letras. La mayoría de gente no dudó en comenzar a leer mientras llegaba a su destino, por lo que el tren estaba lleno de lectores de Juan Rulfo. Y así, comenzó una de las celebraciones de su centenario de la mejor manera: leyéndolo.

Además, por la tarde, esta dinámica se repitió, pero en la sala de lectura de la estación Juárez, los libros fueron repartidos alrededor de las 17:00 horas a los transeúntes.

El Informador
Guadalajara, Jalisco
Jueves 18 de mayo de 2017.

El escritor argentino aseguraba que le hubiera gustado ser músico. El más reciente documental sobre su vida, recrea ese lado de su personalidad.

Julio Cortázar estaba convencido de que su madre lo parió músico. Es posible que el autor de Rayuela estuviera acostado en su cuna, llamando al sueño, balbuceando, mordiéndose el dedo gordo de un pie o con la mirada atenta al reflejo de la luz en el techo, cuando recibió la visita de las hadas. Entre ellas estaba el hada perversa, la que lo estropeó todo. Cortázar lo contaba así: “Esas hadas que echan bendiciones y maldiciones en la cuna del niño que nace, hubo una que decidió que yo podía ser músico pero hubo otra que decidió que jamás sería capaz de manejar un instrumento musical con alguna eficacia y además carecería de la capacidad que tiene el músico para pensar melodías y crear armonías”.
 
En la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires, Karina Wroblewski y Silvia Vegierski trabajan con imágenes y audios relacionados con la literatura argentina. Cuando se plantearon la creación del documental Esto lo estoy tocando mañana. Julio Cortázar y la música, decidieron que querían hacer algo distinto. “Queríamos homenajear a Cortázar en el centenario de su nacimiento mostrando una faceta de su vida que no es desconocida, pero que tampoco ha sido tan explotada.

Queríamos mostrar algo más que cronopios y rayuelas. Indagar en su relación con la música. Que Cortázar dialogara con sus amigos y descubrirlo a través de ellos. Todas las personas que aparecen en el documental dando su testimonio tienen vínculos con él. Las intervenciones de Pablo Gianera y Carles Álvarez Garriga aportan claves de lectura que nos permiten entender lo que nosotros consideramos un ensayo audiovisual”, explica Wroblewski.

El documental empieza con palabras de Cortázar: “Quisiera sentir un poco como si estuviera en la misma habitación donde usted oye ahora este disco. Y cuando digo usted, usted no existe para mí, y sin embargo, vaya si existe, porque usted y yo somos… somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos. Una anulación de esos tiempos y esos espacios, y eso siempre se da en la palabra y la poesía”.
 
El filme ofrece imágenes inéditas y audios reveladores. Cortázar menciona a Mario Vargas Llosa, a quien describe como un escritor grande, admirable, pero “totalmente sordo a la música”. La existencia de esta grabación, que Vargas Llosa desconocía, sirvió de señuelo para que el escritor peruano accediera a formar parte del documental. “Dice que no me gustaba la música. A mí no me gustaba el jazz”, se justifica, ríe y se emociona al escuchar la voz de Cortázar. “Yo creo que es algo que vale para Borges, que no le gustó nunca la música y siempre lo declaró. Y sin embargo es un extraordinario prosista. Pero para él la música sí era absolutamente fundamental, y además se nota, no sólo en cómo escribe sino también en lo que escribe, porque la música es siempre una presencia muy constante en sus cuentos, sus ensayos, sus artículos”.
 
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¿Qué te llevarías a una isla desierta?, le preguntó en una ocasión Jacques Chesnel. Si lo aguardaba el exilio en una isla yerma y olvidada de este mundo, y si sólo podía llevar consigo una única cosa, Cortázar no tenía la menor duda: llevaría música. Si le permitían escoger cinco discos, “uno de Jelly Roll Morton, dos o tres del viejo Armstrong, uno del viejo Ellington de los años veinte y treinta”. La escritora Liliana Heker dice que es perceptible en su obra: “Su amor por la música se nota en cómo aparece en sus personajes más queridos”.
 
Se lo confesó a los estudiantes de Berkeley, que escucharon entre risas la historia de las hadas que debatieron su destino: “Me siento un músico frustrado”. Durante los meses de octubre y noviembre de 1980 Julio Cortázar impartió un curso de literatura en la Universidad de California. El día de la quinta clase quiso hablar de un tema que consideraba muy hermoso, y también muy difícil de abordar en términos teóricos: la musicalidad en su literatura. Incluso para él, para su propio entendimiento, hablar sobre la relación entre la música y su prosa era un asunto complicado. “Es una tentativa por explicar algo en el fondo inexplicable para mí”, advirtió como si hablara por boca de Johnny Carter, protagonista de uno de sus cuentos, El perseguidor, cuando dijo que “la verdadera explicación sencillamente no se explica”. Cortázar habló de una pulsión rítmica que sólo se sometía a la intuición, de una vibración sutil contra la que él no podía (ni quería) hacer nada, sólo obedecer y dejarse llevar. Habló de algo que no tiene nada que ver con la sintaxis, que ignora la razón, que esquiva las reglas: “No estoy hablando de la música como tema literario sino de la fusión que en algunas obras literarias se puede advertir entre la escritura y la música, cierta línea musical de la prosa”. Explicó a los estudiantes que esta prosa “encantatoria” tiene su propia cadencia, un movimiento sinuoso que el oído interno del lector percibe y que guarda en su memoria, como el estribillo de una canción o como los versos de un poema. Algo hipnótico y mágico. “Cantar está en encantar”, dijo a sus alumnos. Y habló de las pulsaciones de la sangre y de una música interior que reconocía en el lenguaje de escritores que amaba especialmente, porque tenían ese swing, porque despertaban su sentido del ritmo: “Leemos esa prosa de alguna manera como cuando escuchamos ciertas músicas y entramos totalmente en una especie de corriente que nos saca de nosotros mismos y nos mete en otra cosa”. Antes de pasar al siguiente tema (el humor), y para dejar constancia del significado que tenía la música en su vida y en su obra, leyó Lucas, sus pianistas, un texto en el que cita a su amiga Margarita Fernández, una de las protagonistas del documental, entre sus pianistas predilectas.
 
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Primero la ópera, luego la música sinfónica y después la música de cámara. Cortázar decía que este había sido el principio de su camino, el camino que debían seguir los que amaban la música con real intensidad. Luego descubrió los ritmos populares, la poesía emanada del tango, que era la música de sus nostalgias: “Cuando pongo un disco de Gardel estoy viendo el patio de mi casa, toda mi familia; ese disco hace pasar imágenes, figuras”. Y después empezaron las diferencias con su madre, que no entendía esa extraña “música de negros”. Louis Armstrong, Jelly Roll Morton y Duke Ellington empezaron a sonar en las radios argentinas, y Cortázar, entonces un larguirucho de quince años, descubrió un universo nuevo, una nueva pasión: el jazz.
 
En 1978 Evelyn Picon Garfield le hizo una larga entrevista al escritor argentino. Le preguntó si conocía personalmente a algún jazzista. “Franceses, sí. Tengo un buen amigo, muy buen amigo de jazz. Se llama Michel Portal.” Michel Portal lo cuenta en su testimonio. Cuando leyó El perseguidor pensó: “Esto lo estoy tocando mañana... Es algo que no comprendo. ¿Por qué dice esas cosas? No entiendo (…). Es un texto lleno de respiraciones, de chispazos de genio, de pausas. Creo que por eso él se sentía atraído por la música... por el jazz en particular”. El músico francés sentencia: “La escritura de Cortázar tiene ritmo de jazz”. Y en una escena del documental Cortázar lo confirma: “El jazz tuvo gran influencia en mí (...) el fluir de la invención permanente me pareció una lección para la escritura, para darle libertad”.
 
En una carta fechada el 8 de octubre de 1981 Julio Cortázar le escribió a su amigo Fredi Guthmann que estaba sufriendo lo indecible: había vendido todos sus discos de jazz. Pensaba que tener más de doscientos discos, guardados y en silencio, era un gesto cruel. Le contó a Guthmann que sentía mucho dolor, que su sentimiento de pérdida era grande y que también había repartido discos de otros géneros musicales (los más apreciados por él) entre sus amigos: “Me gusta pensar que en algunas noches de Buenos Aires, música que fue mía crecerá en una sala, en una casa, y se hará realidad para gentes a quienes quiero”.
 
En una sala de cine de Barcelona, en una noche de un tiempo todavía presente, suena música que Cortázar hizo suya. Suena el piano de Margarita Fernández y, a ritmo de tango, la guitarra de Juan “Tata” Cedrón, que canta unos versos de Cortázar: Canción sin verano. Suena Charlie Parker con Dizzy Gillespie, el saxo alto de Michel Portal y el Quinteto Jodos, que ejecuta la banda sonora original del filme. Cortázar lee un fragmento de El perseguidor, con sus pausas justas, con la entonación sentida de su voz, con sus erres arrastradas. Su voz y la música se extienden como hiedra, por encima y por debajo de todas las cosas; por las paredes, por los costados y por las patas de las butacas. Y está todo el mundo quieto, en silencio, escuchando.

El Espectador
Sorayda Peguero Isaac
Buenos Aires, Argentina
Domingo 14 de junio de 2015.

El escritor y académico novela en 'Hombres buenos' la oportunidad perdida de España

Madrid.- Arturo Pérez-Reverte habla de frente. Incrusta los ojos en el otro y suele desplegar una artillería verbal que deja metralla flotando a lo largo de la charla. Es un tipo forjado entre libros, mar, infiernos y camaradas. Un desobediente con lealtad, un insurgente con normas, un inquebrantable con grietas de entusiasmo.

Su última novela tiene el siglo XVIII como escenario. Y en la embocadura de ese teatro que en España fue siniestro y en Francia incendiario convoca pasiones y demonios para hablar de una amistad, de una idea de progreso, de una trama de conspiraciones y de una apuesta quebrada por sacar a España de la superchería, la intransigencia, el veneno de los altares y la intolerancia.

El artefacto se titula 'Hombres buenos'. Lo publica Alfaguara. Y es la historia de una amistad sincera en el muladar de una gran derrota. Es el Siglo de las Luces, que triunfa en París con la 'Encyclopédie' de Diderot y D'Alambert como bujía, mientras aquí sólo queda un tinglado de candelillas. Una cutrez de conspiradores. De intelectuales con meninges de sebo. Y también de hombres dispuestos al progreso convocados por la Real Academia Española y dispuestos a soportar un pronóstico de traiciones, de aventuras y de chanzas que son aquí parte del mejor galope 'revertiano'.

Dos académicos con el encargo de adquirir en París los 28 volúmenes de 'L'Encyclopédie'...

Ellos son los hombres buenos. Los que lucharon por el progreso sorteando la violencia histórica y casi genética del español, la incultura atroz de este pueblo y la vileza al relacionarnos que no se da en otros países.
Es la novela de esa España que no pudo ser.

Exacto. Al final triunfa el cerrilismo. Porque siempre hay alguien que impide que prosperen los demás. El XVIII fue un gran siglo, el que pudo hacer que España saliera del agujero. Teníamos gente culta, academias, militares que leían, marinos científicos... Y Francia era el modelo, pero con la Revolución Francesa, el regicidio de Luis XVI y la invasión napoleónica, Francia se convirtió en el enemigo.

¿Qué falló?

Lo de siempre. Nosotros. Pero es que siempre hemos sido de polos opuestos. Aquí hemos tenido una derecha vil, turbia y malintencionada alimentada en sacristías y púlpitos, pero también una izquierda (aunque esos conceptos entonces no existían) demagógica e irreal que se manifiesta plenamente en la Constitución de 1812, que es excesivamente utópica. Esos dos extremos se necesitan mutuamente, pero ninguno de ellos quiere convencer sino exterminar. Y en medio, la gente buena que intenta sobrevivir a esos hijos de puta que les intentan hacer la vida imposible.

Y debajo de todo, la religión.

No quería que este fuera un libro antirreligioso. Aunque buena parte del desastre español se lo debemos a la Iglesia católica. Cuando escarbas, en el XVIII tropiezas permanentemente con la religión. Su presencia es el gran obstáculo de la modernidad. Y eso no quita que haya creyentes extraordinarios. De hecho, quien da permiso para que en la RAE entre L'Encyclopédie fue un inquisidor. Pero la Iglesia, como institución, fue la gran enemiga de la Ilustración. A los hombres buenos los encadenó la Iglesia católica.

¿Aquel momento roto fue el principio del fracaso?

Uno de ellos, sí. Quizá el más relevante. De ahí mi melancolía, porque nunca volveremos a tener como pueblo esa ingenua esperanza. Estamos ya muy contaminados de derrotas. Nos hemos llegado a odiar tanto que no será posible reconciliarnos.

No es muy estimulante.

Pues estoy seguro de que es así. Sólo se es virgen una vez. Éramos brutos, analfabetos, violentos pero vírgenes. Y había gente buena que podía sacarnos de ese cerrilismo... Ahora ya no puede ser.
¿Dónde están hoy sus hombres buenos?

Donde siempre, aquí al lado, pero no los vemos. Esta novela es un homenaje a ellos. Pienso en algunos de los compañeros de la Academia a los que homenajeo en esta novela: Antonio Mingote, Gregorio Salvador, Antonio Colino, Francisco Ayala... Pero es verdad que son menos, se les oye menos y están anegados por una ola de mediocridad incluso dentro de la Academia. A la RAE la respeto por ellos. Yo no quería ser académico. Cuando me llamó la Academia fueron esos hombres buenos quienes me enseñaron a respetarla... En cualquier caso, es muy difícil ser hombre bueno en este país.

¿De qué sirve este libro?

Para conocer aquello y para entendernos algo mejor. Pero también para defender la cultura como lo único que nos puede hacer mejores. España volvió la espalda a la cultura hace demasiados años. Y con este Gobierno de ahora, que directamente la desprecia, pues estamos jodidos. Están negando el futuro a la gente. Sin cultura no hay futuro.

El Mundo
Antonio Lucas
Madrid, España
Viernes 13 de marzo de 2015.

Juan Villoro

En enero de 1994 me instalé en New Haven para dar clases en la Universidad de Yale. Hacía tanto frío que las cerraduras de los coches se convertían en bloques de hielo y había que rociarlas con un spray para meter la llave. Sólo se hablaba de tormentas de nieve y el New York Times publicó en su portada una foto de Manhattan con la leyenda: "La ciudad que nunca duerme está congelada".

Mi departamento había sido ocupado antes por la escritora Margo Glantz, que olvidó unos zapatos, el único toque de calidez en ese espacio inerte.

Los vecinos habitaban el edificio con la discreción de los espectros. La única seña de vida era el olor a curry que salía del departamento de una familia india. Ese aire condimentado nos provocó una intensa nostalgia de México y decidimos combatirla con uno de esos guisos que sólo se logran en el exilio, donde falta algo decisivo y sobran ingredientes que se encontraron por azar. El principal resultado del platillo fue acústico: al cabo de unos minutos, se activó la alarma contra humos.

Descendimos por la escalera para encontrar a los demás inquilinos, temblando de frío y buscando con los ojos a los responsables del desaguisado. Fingimos inocencia y nos preguntamos cómo harían los indios para cocinar sin que sonara la sirena (semanas después sabríamos que habían tapado la alarma con el viejo sari de la abuela).

En muchas otras ocasiones tuvimos que bajar escaleras a deshoras porque los hipersensibles detectores confundían un cigarrillo con un incendio. Como es de suponerse, algunos permanecían en sus departamentos, arriesgándose a morir por exceso de confianza.

A mediados del semestre había tanta nieve en derredor que quise convertirla en algo grandioso. Sin otra preparación que el entusiasmo, traté de esquiar y logré un récord perfectamente negativo: un descenso y una fractura. Durante las siguientes seis semanas usé muletas.

De pronto, a las cuatro de la mañana sonaba la sirena y yo tenía que escapar con un pie enyesado. Para colmo, estaba escribiendo una novela que temía perder en el incendio, así es que bajaba con trescientas cuartillas.

Los fracturados de New Haven acaban por conocerse en los caminos con rampas, en el handicap bus o en la farmacia donde venden deliciosas pastillas de codeína. Mi dificultad para socializar en otros ámbitos no existía ante ellos. Bastaba saludarlos y llevar una escayola para que comenzaran hablando de su caída y terminaran quejándose de su pareja.

La más intensa relación de ese tipo ocurrió en mi propio edificio. Un hombre enyesado bajaba la escalera con un bolso lleno de papeles. Se había roto el peroné derecho y yo el izquierdo. Esto nos convertía en lisiados complementarios, pero nuestra mayor similitud es que también él trataba de salvar una novela en proceso. Era un autor de Chicago que enseñaba Literatura Creativa. La única diferencia era que él había resbalado en el porche congelado de unos amigos a los que estaba demandando por no haber despejado el hielo. Le pregunté cómo podía acusar de un accidente a gente cercana y respondió con puritano sentido del deber: "El porche es su responsabilidad".

No supe de qué trataba su novela ni él supo de qué trataba la mía. Ambos nos aferrábamos a nuestros borradores como si esa protección los corrigiera. Tanto trajinar de madrugada con los pies enyesados nos hacía suponer que merecíamos escribir obras maestras.

Pero la literatura es un deporte extremo que no depende del esfuerzo físico. La novela que escribí entonces acabaría en el limbo de las librerías de viejo, donde pocas veces hay una resurrección.

Durante años me pregunté qué habría sido del otro manuscrito. Hace poco coincidí con el autor en un encuentro literario. Los años lo han tratado tan mal que se veía mejor con el yeso. Quizá pensó lo mismo de mí porque bajó la mirada a mi pie izquierdo.

Le pregunté qué había sido de su novela. Guardó silencio, como si repasara las noches de zozobra en que creía salvar su manuscrito, bajando la escalera con el pie enyesado. Sus ojos cobraron un brillo peculiar y creí descubrir en ellos el fragor de la batalla, la angustia y el denuedo para mejorar los borradores, el deseo de que nada malo le pasara, hasta que poco a poco advertí que no era el entusiasmo ni el esfuerzo cumplido lo que animaba su mirada, sino una extraña entereza, la convicción de quien sabe que no consiguió lo que deseaba, pero tiene la valentía de admitirlo.

Con la sonrisa de quien decide su derrota para convertirla en un triunfo de la voluntad, respondió:

-La quemé.

Reforma
Ciudad de México
Viernes 13 de febrero de 2015.

El Premio Cervantes 2005, evoluciona de forma "satisfactoria": tutora legal

Jalapa.- El estado de salud del escritor mexicano Sergio Pitol, de 81 años, evoluciona de manera "satisfactoria" después de haber sido hospitalizado el lunes por un sangrado intestinal, informaron hoy las autoridades encargadas de su cuidado.

De acuerdo con el parte médico, el Premio Cervantes 2005 "continúa delicado, pero estable", dijo su tutora legal, la procuradora del sistema gubernamental para el desarrollo integral de la familia, Adelina Trujillo.

Pitol, que es atendido en un hospital de Xalapa, 300 kilómetros al este de la ciudad de México, podría incluso ser trasladado del área de terapia intensiva a una sala donde pueda recibir visitas "ante los pronósticos favorables", se indicó en un comunicado.

Además de su problema intestinal, el escritor sufre desde hace años un trastorno en la capacidad de habla denominado afasia, que lo ha dejado casi sin poder comunicarse verbalmente.

Desde noviembre, Pitol se encuentra bajo la tutela interina de Trujillo por órdenes de una juez, mientras se dirime en tribunales un juicio iniciado por su primo Luis Demeneghi para hacerse cargo de él, a lo que el propio escritor se ha negado, según sus allegados.

Autor de obras como "Nocturno de Bujara" (1980), "Domar a la divina garza" (1988) y "La vida conyugal" (1991), Pitol es uno de los escritores mexicanos más importantes.

Además del Cervantes, principal reconocimiento de las letras en español, obtuvo el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo en 1999, entre otros galardones.

La Jornada
Jalapa, Veracruz
Ciudad de México
Jueves 5 de febrero de 2015.

Dice el autor español en el Hay Festival, que acaba hoy

¿En qué sentido su último libro, ‘El impostor’, es una novela y en qué sentido podría no serlo?

El impostor es muchas cosas: es un ensayo literario, un ensayo filosófico, también es una crónica, un libro de historia, una biografía, una autobiografía. Al resultado yo le llamo novela, sólo que tenemos una idea de la novela un tanto restrictiva, que viene del siglo XIX. Mi idea de la novela quiere ser más amplia, más flexible, más plural, como lo que en España llaman “cocido” y aquí, “sancocho”. En el fondo esa es la idea anterior al XIX, la idea de Cervantes. Un gran banquete con muchos platos. Creo que la novela tiene la capacidad de incluirlo todo y eso hay que aprovecharlo. Es lo que yo intento. De todos modos, cada lector tiene derecho a leer el libro como le dé la gana.

Sí, en efecto esta novela se concibe como un texto de ficción.

Claro. ¿Y por qué tiene que ser así? Sí, esta no es como una novela del XIX, pero felizmente voy a confesar que los lectores la leen sin problema, al menos en España. A veces los profesores tienen problemas. “¿Y esto qué es?”, dicen. Me encanta que tengan problemas, cuantos más problemas mejor.

¿Por qué incluyó tanto de sí para hablar de la historia de Marco?

Por muchos motivos. Por un lado, muchas de mis novelas son novelas de aventuras sobre la aventura de escribir novelas. Yo nunca le ahorro al lector toda la aventura que conlleva escribir un libro, porque me parece que forma parte del libro. Por otra parte, por algo muy importante: yo soy el representante del lector en el libro. Yo soy eso que los ingleses llaman everymen, un hombre cualquiera. Lo que no quiero es que el lector quede al margen del libro, quiero meterlo en el libro, como si estuviera él mismo buscando las verdades. Además, el libro no habla de Enric Marco, habla de mí, de ti, de todos los que lo han leído y de los que no. Habla de todos nosotros. De te fabula narratur, dice Horacio: “La historia habla de ti”. Y la manera de decirle eso al lector y decirle “tú también eres un impostor”, es meterme a mí, y meterlo, así, a él.

¿Qué tipo de impostor es el escritor?

Es un impostor socialmente tolerado. La impostura de Marco es inaceptable. Mi impostura todos la aceptamos, y a veces la admiramos. Tú ahora me estás tratando a mí como si yo fuera un escritor, pero yo no soy un escritor. Sólo lo soy cuando escribo. En el momento del libro en que Marco me acusa y me ataca, porque llevo 300 páginas desentrañando su historia y contando cosas que tal vez él no quería que se supiesen, llega y me dice: “Pero usted sí que es un impostor de verdad, que hace creer a la gente que tiene cosas por decir. Eso es mentira, usted no tiene nada que decir, y se levanta por las mañanas a escribir desesperadamente, hasta las 8 de la noche, para que la gente no le pille, para que la gente no descubra que es usted un impostor”. En efecto, tiene algo de impostura lo nuestro. Yo fingía que era escritor antes de serlo. A mi mujer, por ejemplo, la seduje diciéndole que yo era escritor, y al final tuve que hacerme escritor para que se casase conmigo.

¿Usted cree en la verdad de los testigos?

Sí, pero debe ser contrastada con la de otros testigos, y la de otros documentos. Yo hablo en el libro del “chantaje del testigo”, la idea de que el testigo, por ser testigo, ya tiene la verdad, y eso no es así. Al testigo hay que escucharlo, y hay que tenerlo en cuenta. Sin él no se puede llegar a la verdad. Él es un instrumento muy útil para ello, pero el testigo no tiene la verdad, no necesariamente, porque puede intentar engañar, porque puede recordar mal.

La novela también es un juego entre la mentira y la verdad. ¿Qué noción de verdad está en juego?

Dos. Una es la verdad histórica, la verdad de los hechos. Qué ocurrió tal día, en tal momento, a tal hora. Yo intento desentrañar esa verdad, contrastarla con la ficción de Marco. Y luego está la verdad literaria, que es una verdad distinta, moral, no concreta como la verdad histórica, sino universal; una verdad ambigua, irónica, equívoca.

Pero sabiendo al final los detalles de la verdad histórica, ¿por qué decidió enfatizar en la duda?

La duda es la única certeza que tenemos. Las cosas nunca se saben. Es decir, en mis libros siempre hay una encarnizada búsqueda de la verdad histórica. Pero al final la verdad siempre se escapa, como el agua en las manos. Sin embargo, la verdad no es sino la búsqueda de la verdad.

¿Usted cree que más de un español se ha inventado su propio pasado después del franquismo?

Muchos. Efectivamente, durante el cambio de la dictadura a la democracia en España, mucha gente se inventó un pasado para preparar un futuro. La gran mayoría de los españoles habían sido dóciles ante el franquismo, complacientes o simplemente habían callado por temor. Otros eran franquistas silenciosos, otros eran franquistas entusiastas. Pero cuando llegó la democracia, mucha gente de primer nivel, intelectuales, políticos y gente común y corriente, se inventó un pasado para preparar el futuro. El país entero en cierto sentido se reinventó, porque no quería mirar la realidad, que era demasiado dura. Es lo mismo que le ocurre a Marco. Su realidad es demasiado dura y entonces se inventa una realidad heroica, ficticia, brillante. De algún modo todos lo hacemos, en una medida u otra, y la literatura es su hipérbole: Macbeth es una hipérbole de la ambición, Hamlet es una hipérbole de la autoconciencia, Romeo y Julieta son una hipérbole del amor romántico. Pues Marco es una hipérbole de la impostura, una hipérbole monstruosa de lo que somos.

Esta historia lo acechó como un fantasma. ¿Se sintió aliviado cuando terminó de escribir?

Cuando la terminé de escribir me ocurrió lo que me ocurre con la mayoría de los libros. Por un lado me siento feliz, y por el otro, me siento angustiado, me pregunto qué va a pasar ahora. En este caso tuve la impresión de que lo había dejado todo ahí, porque es un libro que ha ido creciendo dentro de mí a lo largo de nueve años. Desde que estalló el caso en 2005 sentí que tenía que escribirlo. Tardé muchos años en ponerme a escribir, pero cuando lo hice, salió con una rapidez y una felicidad asombrosas, que nunca había experimentado. Sentía algo que había sentido alguna vez, pero muy fugazmente: yo no estaba escribiendo el libro, sino que el libro me estaba escribiendo a mí, era como si alguien me lo estuviese dictando. Fue como un parto, salió todo de una vez. Tuve la impresión, entonces, de que no me quedaba nada por decir, pero al parecer sí, porque ya estoy dándole vueltas a otro libro.

¿Pero por qué sentía que tenía que escribirlo?

En este hombre cristalizan muchas de las cosas que me han preocupado: nuestra relación con el pasado, la mentira, la verdad, la ficción, la realidad, el egoísmo… O sea, es como si los temas que yo había tratado de abordar antes cristalizasen en este hombre. No es que me sintiera obligado, ni elegido, pero sí sentía que era algo que me pertenecía muy íntimamente. Yo siempre dije que los temas no los eliges tú, te eligen a ti. Parece ciencia ficción, o una estupidez, pero es sencillo: tú tienes determinadas experiencias y hay ciertas cosas en las que tú ves o sientes que, si hurgas ahí y empiezas a excavar, allí encontrarás esas obsesiones. Cuando algo te interesa realmente, quiere decir que allí hay algo que te pertenece profundamente. Y eso yo lo sé, íntimamente.

¿Esas razones se hacen conscientes en la escritura?

En la escritura se manifiestan las obsesiones, se formalizan las cosas que te angustian, que son vitales para ti. Eso te procura cierto alivio. El cliché de que la literatura es terapéutica es obvio. Todos los clichés son clichés porque tienen una parte de verdad. Si quitas todos los clichés, te quedas con la mentira. ¡Mucho cuidado!

Esta búsqueda me hizo pensar en que uno podría reconstruir cualquier vida. ¿Es imposible llevar a buen término una mentira completa de vida?
Sería una mala mentira porque, como se dice en el libro (y es un elemento fundamental de la novela), las buenas mentiras se fabrican con pequeñas verdades. Una verdad pura no se la cree nadie. Eso los periodistas lo sabéis muy bien (risas). Esto ocurre también en las novelas: todas parten de una gran verdad, pero con ella se construye la ficción.

* Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / @saramala17

El Espectador
Sara Malagón Llano / Enviada
Cartagena de Indias, Colombia
Domingo 31 de enero de 2015.

Las inscripciones están abiertas en la Librería Universitaria del CCU BUAP

La Librería del Complejo Cultural Universitario y la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP abren el diplomado “Perspectivas de la literatura norteamericana” dirigido a personas interesadas en la lectura profunda de obras literarias y su relación con lo social, cultural y político. El diplomado se llevará a cabo del 3 de febrero al 6 de octubre de 2015, los días martes de las 17:30 a las 20:00 horas, en la Sala Lúdica de la Librería del CCU.

El diplomado está orientado a presentar un panorama de la literatura norteamericana de diferentes épocas, a partir de la obra de autores reconocidos y de esta forma conocer las características formales y temáticas de la literatura norteamericana y su relación con el campo literario actual.

Estructurado en seis módulos, cada uno de cinco sesiones de dos horas y media, el diplomado iniciará con el Dr. Alejandro Palma y el módulo “El malditismo como negocio de la poesía”. Posteriormente el Dr. Frank Loveland abordará la Literatura Norteamericana del siglo XIX. Continúa la Dra. Alicia Ramírez Olivares que les presentará un panorama de la literatura latina en Estados Unidos. Más adelante se revisará la narrativa norteamericana contemporánea en el módulo a cargo del Dr. José Sánchez Carbó. El quinto módulo, a cargo de Dr. Alejandro Ramírez Lámbarry se titula “Mujeres fatales” en la narrativa contemporánea norteamericana. Por último, el módulo del Dr. Felipe Ríos Baeza abordará la literatura estadounidense de los años 20 y 30, la llamada “Generación perdida”.

Algunos de los autores que analizarán en los módulos son: Allen Ginsberg, Charles Bukowski, Raymond Carver, Edgar Allan Poe, Mark Twain, Herman Melville, J. D. Salinger, Chuck Palahniuk, Truman Capote, Vladimir Nabokov, Ernest Hemingway, William Faulkner y Scott Fitzgerald, entre otros.

El diplomado cuenta con diferentes modalidades. La asistencia a todos los módulos estará avalada con un diploma. De igual manera, se otorga un reconocimiento con validez curricular de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP a quienes además de asistir al diplomado completo, entreguen un trabajo sobre alguno de los autores estudiados. Quienes estén interesados en módulos específicos, obtendrán un diploma.

El pago anticipado y total del diplomado es de $6,000.00, el costo por módulo es de $1,200.00. Se puede pagar en efectivo en la caja de la Librería o hacer un depósito a la cuenta de HSBC 4040850224, a nombre del Dr. Alejandro Palma Castro-Facultad de Filosofía y Letras.

Para mayores informes comunicarse al teléfono 2-29-55-00 extensión 2661, 2663 y 2664 o al teléfono directo 2 25 23 48.

Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Martes 06 de enero de 2014.

El escritor señaló que hace años el rock tenía un impacto diferente porque era una forma de vida

Para el escritor Juan Villoro, el rock en México vive un momento en el que necesita de la aparición de nuevos grupos, bandas que lo renueven.

El autor de libros como “El disparo de Argón”, “El ojo en la nuca” o “La calavera de cristal”, y quien recientemente llevó sus cuentos a dicho género musical en el proyecto “Mientras nos dure el veinte”, junto con destacados músicos, dijo que todavía hay grupos de gran presencia como La Maldita Vecindad, Café Tacvba o Molotov.

Sin embargo, insistió en entrevista con Notimex, “estamos esperando a que surjan bandas tan potentes como esas, pues hay mucha gente joven que tiene talento, pero como que en estos momentos hay un hueco”.

Aseguró que en el país existen estimulantes sociales, culturales, para que surjan esas nuevas propuestas musicales, y recordó que hace años el rock tenía un impacto diferente porque era una forma de vida.

Se trataba de una contracultura en la que los jóvenes se dejaban el pelo largo porque querían dar un mensaje, o se iban a la India, como lo hicieron The Beatles, añadió al aclarar que el rock no ha muerto.

Reconoció que antes también los músicos y jóvenes seguidores de este género se drogaban, y se refirió al grupo The Doors, el cual adoptó ese nombre a partir de un texto del escritor Aldous Huxley: “Las puertas de la percepción”.

Subrayó que entonces era una música generadora de nuevos comportamientos, si bien no hace mucho surgieron movimientos con ese sino como el Dark o el Grunge.

Juan Villoro participó con los cuentos de su libro “Tiempo transcurrido” en el proyecto “Mientras nos dure el veinte”, realizado a inicios de diciembre junto con músicos del grupo Caifanes como Diego Herrera, Federico Fong y Alfonso André, así como Javier Calderón.

Respecto a este suceso ocurrido en el Museo Universitario del Chopo, el escritor expuso que fue grabado como parte de un disco y que próximamente el Fondo de Cultura Económica lo lanzará al mercado.

Notimex
Ciudad de México
Martes 30 de diciembre de 2014.

El Fonca ha impulsado a 149 editoriales extranjeras en la traducción y publicación a su idioma el trabajo de más de 70 autores mexicanos, cuya obra abarca el arte, la literatura y las humanidades.

Ciudad de México.- Títulos como “Confabulario”, de Juan José Arreola (1918-2001), y “Los culpables”, de Juan Villoro, serán traducidos y publicados en distintos idiomas por un total de 20 editoriales extranjeras para 2015.
Como resultado del apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), a través del Programa de Apoyo a la Traducción (Protrad), más de 35 obras de autores mexicanos serán proyectadas en alrededor de 12 países.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) informó en un comunicado que entre las casas editoriales que darán proyección a los autores nacionales se encuentra Tonipres, que traducirá al búlgaro la novela “El cuerpo en que nací” (2009), de Guadalupe Nettel.

“La mano de fuego” (2007), de Alberto Ruy Sánchez, será llevada al serbio por parte de Ágora, añadió al recordar que en esta novela el escritor aborda temas como el cuerpo, el deseo, el erotismo y el amor.

La editorial estadounidense George Braziller Inc. difundirá la colección de cuentos “Los culpables” (2008), de Juan Villoro, detalló el organismo cultural.

Un clásico de las letras mexicanas como lo es “Los balcones” (1922), de Amado Nervo (1870-1919), será traducido al macedonio gracias a Begemot Dooel Skopje.

Además, abundó, “Confabulario” (1952), de Juan José Arreola, y una antología de 14 artículos de Alfonso Reyes (1889-1959) serán llevados al portugués y al francés, respectivamente, por las editoriales Arte & Letra y Ediciones Sequitur S.L., también en el mismo orden.

El Fonca recordó que el Protrad, un programa creado en 2000, ha impulsado a 149 editoriales extranjeras en la traducción y publicación a su idioma del trabajo de más de 70 autores mexicanos, cuya obra abarca el arte, la literatura y las humanidades.

Entre los resultados de este apoyo se encuentra la publicación de 33 libros, entre ellos “Piedra de Sol” (1957), de Octavio Paz (1914-1998) en japonés; “El viento distante” (1981), de José Emilio Pacheco (1939-2014) en italiano; y “Señales que precederán al fin del mundo” (2009), de Yuri Herrera, en francés.

De esta manera, el Fonca continúa con la labor emprendida hace 14 años, de llevar el trabajo de creadores e investigadores mexicanos a un mayor número de lectores en diferentes partes del mundo, concluyó.

Notimex
Ciudad de México
Sábado 20 de diciembre de 2014.

En la vieja casona de Xicoténcalt  el líder del Senado, Luis Miguel Barbosa entregó dicha presea y diploma en reconocimiento a su trayectoria.

El poeta Eraclio Zepeda, ganador de la Medalla Belisario Domínguez 2014, expuso que la protesta social se ha llenado de violencia, luego de los hechos ocurridos en septiembre pasado en Guerrero, mismos que la sociedad rechaza y padece.

Destacó que la falta de solidez en la actuación del Poder Ejecutivo de algunos estados ha desembocado en la corrupción de las policías locales y su infiltración por la delincuencia organizada.

Eso ha provocado una estela de crímenes, los delincuentes se han repartido el país y cuando entran en contradicción la guerra y la crueldad se acrecientan y laceran a las comunidades”, destacó.

Las manifestaciones de protesta van creciendo en violencia, “es dolorosa e inaceptable la desaparición de los jóvenes normalistas, sin embargo –dijo- que por grande que sea el dolor, “el crimen no se combate con más crimen”, y que son inaceptables la arbitrariedad, la violencia, la destrucción de instituciones y de propiedades de particulares, el acoso de los trabajadores y de la ley.

En este momento se debe fortalecer en México la lucha contra la corrupción, contra el crimen, contra la violencia.

El ambiente político está preñado de acusaciones entre los partidos, entre los gremios, entre los ciudadanos; como ciudadanos podemos tener diferencias con el gobierno, debe haber diferencias entre partidos, pero éstas no deben impedir que sumemos las fuerzas capaces de avanzar hacia la democracia”, aseveró.

A todo el Poder Ejecutivo, con el presidente a la cabeza, exigimos transparencia en sus decisiones, oídos atentos a la opinión popular, protección a la convivencia nacional, combate a la ilegalidad y a la corrupción en todos los niveles, y respeto a los derechos humanos”, enfatizó Eraclio Zepeda.

Añadió que estas mismas actitudes se esperan de todas las agrupaciones partidarias, y si los ciudadanos que buscan el orden, la paz y la justicia coinciden con acciones del gobierno, también hay que manifestarlo.

Excélsior
Ciudad de México
Lunes 15 de diciembre de 2014.

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