El autor asegura que hay "una ofensiva fascista" contra los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos

Lleva un tiempo enseñando en Estados Unidos, ahora en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), por lo que Yuri Herrera (Actopan, México, 1970) tiene una posición privilegiada para observar lo que está pasando a ambos lados de la frontera. Autor, entre otras novelas, de Trabajos del reino ((Fondo Editorial Tierra Adentro), Señales que precederán al fin del mundo o La transmigración de los cuerpos (ambas en Editorial Periférica), acaba de publicar una recopilación de cuentos Talud (Literal Publishing) y ha encontrado tiempo entre clase y clase para reflexionar en esta entrevista, realizada por correo electrónico, sobre México en la era Trump.

Pregunta. ¿Cómo está viviendo como mexicano en EE UU el primer mes de la presidencia de Donald Trump?

Respuesta. Con horror, pero sin sorpresa. La situación de los migrantes en Estados Unidos ya era mala, y hay que repetirlo a las hordas de gente que sigue celebrando a Obama por sus intenciones, en lugar de evaluarlo por sus acciones concretas, como haber legado a Trump una maquinaria de deportación masiva bien aceitada, pero ahora la comunidad hispana debe enfrentar los odios y la persecución institucional que se han legitimado con el ascenso de Trump. Redadas ilegales, acoso en las garitas, invasión de domicilios. Es una ofensiva fascista, pero que ha comenzado ya a ser respondida, los migrantes no se asustan con facilidad, y creo que veremos más acciones similares a la de Un día sin migrantes.

P. ¿Cómo valora la posición del Gobierno de Peña Nieto y de la clase política mexicana ante el reto que supone Trump?

R. En el mejor de los casos confunden la prudencia con la sumisión, en el peor, ya se decidieron por el colaboracionismo. Esta actitud nadie la encarna mejor que el canciller Videgaray, que estaba en Washington reuniéndose con el equipo de Trump, mientras este reafirmaba sus declaraciones racistas y su intención de construir un muro que pague México. Quizás es que Videgaray está aterrorizado, o quizá siente genuina admiración por Trump y por su manera de lidiar con la oposición.

P. ¿Cree que esta actitud de Estados Unidos conllevará cambios en el panorama político y social de México en los próximos años?

R. Ya hay cambios sucediendo desde hace rato, no solo como reacción a Trump, sino como alternativa a las políticas y discursos que posibilitaron su ascenso. Pero para advertirlos hay que mirar más allá de los partidos políticos. Por ejemplo: los activistas de Mexicali Resiste que han impedido la privatización del agua; la gente que no se resigna a ser víctima ni a normalizar la impunidad, como Rompiendo el Silencio, que documenta y denuncia casos de tortura, en especial tortura sexual; los municipios autónomos que han logrado expulsar al crimen organizado, como ha sucedido en Cherán; la defensa de su comunidad y del medio ambiente que han hecho los pobladores de San Francisco Xochicuautla; entre muchos otros. Son acciones que van más allá de la resistencia, muestran a grupos sociales que están imaginando otras formas de intervención en la vida pública, otras formas de relacionarse entre sí y con el Estado.

P. La relación de México y EE UU siempre ha sido de amor o admiración y odio, ¿cree que algo se ha roto ahora?

R. Creo que hay que diferenciar a la población de un país de las oligarquías que lo gobiernan. Y recordar que la mayoría de los votantes de Estados Unidos no votó por Trump. Yo creo que la mayoría de los estadounidenses no comparte las visiones racistas de sus actuales gobernantes. Ya hemos visto una muestra en las manifestaciones espontáneas en pro de los migrantes, en la marcha de las mujeres en Washington, en la negativa de autoridades a lo largo de todo el país a que sus oficinas sean utilizadas como agencias de deportaciones, en los científicos que se están organizando para resistir el culto a la ignorancia de los republicanos y sus cómplices en la devastación del medio ambiente, en las universidades que se han declarado santuario de migrantes. Es una lucha difícil, pero no son pocos los que la están dando también dentro de Estados Unidos.

P. ¿Cuál cree que debe ser la actitud de México a partir de ahora? ¿Cuáles son sus armas?

R. Para empezar, dejar de ser complaciente con alguien que no respeta acuerdos y que ha decidido sólo aceptar la versión de la realidad que le preparan sus asesores o que mejor conviene a sus negocios. Frente a la agresión y los caprichos, valdría la pena mostrar algo de congruencia entre lo que se hace y lo que se critica: darle a los migrantes que pasan por México el mismo trato que se pide para los mexicanos en Estados Unidos, garantizar los derechos de las mujeres, detener el acoso a la prensa. Poner el ejemplo serviría como contraste mejor que cualquier comunicado de la cancillería.

P. ¿Cómo ve la situación política en México? ¿Es optimista o pesimista?

R. Si la situación política se refiere solo a las élites, pesimista, por supuesto. A pesar de que el fundamentalismo neoliberal ya es un fracaso evidente, siguen aferrándose a sus dogmas y culpando a la oposición del desastre que han instrumentado. Pero el país es mucho más que las élites autoritarias.

P. ¿Hay algo que el mundo de la cultura mexicana pueda hacer ante la actitud de la Casa Blanca hacia lo hispano y el español?

R. Quizá habría que comenzar por lo más obvio: defender el diálogo y la diversidad lingüística. No se puede pedir que cese el acoso a los hispanohablantes cuando en México se ponen tantas dificultades, por ejemplo, a las radios comunitarias en lenguas originarias. Si Trump y los suyos han llegado al poder promoviendo la ficción de un país monolítico, hay que insistir en el respeto a la diferencia. También, es urgente reactivar las relaciones con América Latina, que desde los años de Salinas de Gortari los sucesivos presidentes las han tratado como algo opcional. Es increíble que, justo en medio, de esta crisis Peña Nieto haya decidido cancelar su asistencia a la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Pareciera que le incomoda más hacer alianzas en América Latina que el vasallaje frente a los Estados Unidos.

Hay que hablar sin miedo. Ser ciudadano es más que ir a votar cada que se lo indican, implica participar en la esfera pública. Quien dice “yo no me meto en política” no solo está asumiendo una posición política conservadora y conformista, sino que está asumiendo sin más un privilegio, el de esperar que otros le resuelvan sus problemas, defiendan el medio ambiente, la libertad de expresión, el Estado de Derecho. No se trata de afiliarse a nada, sino de comenzar por reconocer a los que sí están luchando.

P. ¿Cree que habrá una primavera mexicana? ¿Qué le parecieron las marchas de Vibra México contra Trump?

R. Ha habido muchas marchas importantes en los últimos años, es curioso que solo me pregunte por la que fue convocada por los sectores más conservadores del calderonismo, por el PRI, y por un grupo de intelectuales que, después de años de descalificar la protesta social, súbitamente esperaban que la gente se sumara a su convocatoria para marchar por la “unidad nacional”. “Unidad nacional” definida por unos políticos y unos intelectuales que desprecian los movimientos sociales, “unidad nacional” en torno a un gobernante que, como su antecesor Felipe Calderón, ha puesto en práctica políticas migratorias inhumanas y no ha protegido el derecho a la información. Súbitamente están asustados por lo que podría hacer el fascista neoyorquino como si los gobiernos que una y otra vez han apoyado no fueran ejemplos de intolerancia hacia la prensa y desprecio por los derechos humanos de los migrantes.

El País
Nueva Orleans, EU
Lunes 28 de febrero de 2017.

El escritor Sergio Pitol se encuentra fuera de peligro, recuperándose de un cuadro de gastroenteritis en el hospital Ángeles de Xalapa, informó el DIF Estatal. A decir de Adelina Trujillo, tutora de Pitol por parte del DIF veracruzano, el escritor podría salir del hospital a inicios de la próxima semana. "Está bastante bien, está estable. Ingresó por un cuadro de gastroenteritis, pero evolucionó perfecto y su estado para nada es reportado como grave", explicó. El escritor fue ingresado al hospital la noche de este viernes 11 de noviembre. Persiste la disputa por la tutela del escritor Como ha sucedido en los últimos años, el ingreso del autor de 83 años al hospital volvió a hacer pública la polémica entre la familia del escritor y el DIF por la legítima tutoría de Pitol. "Adelina Trujillo Landa, que a la fecha usurpa una tutela ilegítima y la ejerce de manera totalmente irresponsable, no ha comunicado absolutamente nada a los familiares del escritor y ha mantenido en secrecía su estado de salud", escribe la familia en un comunicado. El texto, enviado a este diario por la sobrina del escritor, Laura Demeneghi, indica que la familia se enteró de la hospitalización por una nota periodística. "La familia del escritor Sergio Pitol públicamente condena este hecho y sobre todo responsabiliza a la tutora ilegítima y a las curadoras Nidia Vincent y Elizabeth Corral si algo le pasa a su familiar", se lee en el comunicado. Reforma Francisco Morales Ciudad de México Domingo 13 de noviembre de 2016..


El próximo 3 de diciembre, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se presentará una de las obras póstumas del escritor Luis González de Alba, fallecido este 2 de octubre.

Se trata del libro “Tlatelolco, aquella tarde”, editado por Cal y Arena, sello al que cedió los derechos de su obra hace un par de meses.

Según la editorial, la presentación de este libro que el autor dejó listo será también un pretexto para recordar la obra del periodista y líder del Movimiento Estudiantil del 1968.

Además de este volumen, la editorial publicará y reeditará el próximo año otras obras del autor fallecido.

Fiscalía de Jalisco confirma suicidio de Luis González de Alba.

Los pleitos de Luis González de Alba

El escritor Luis González de Alba tuvo desencuentros a lo largo de su vida con varias personas, algunas de ellas vinculadas con la izquierda, entre otros sectores.

Una de las situaciones más conocidas fue su disputa con la escritora Elena Poniatowska, de quien, decía, fue amigo cercano cuando regresó a México, tras salir de la cárcel de Lecumberri en 1971, y pasar un año de autoexilio en Chile. Durante 26 años de amistad, sus diferencias de opinión aumentaron para pasar de la complacencia a la ira. “Poco a poco me resultó evidente su infantilización de cuanto tocara”, llegó a escribir el activista.

La polémica más conocida surgió cuando González de Alba encontró que Elena Poniatowska tergiversó en su libro La noche de Tlatelolco varias frases que alteraban su propio libro Los días y los años. Enumeró alrededor de 60 correcciones que debía hacer a la publicación la periodista. González de Alba la acusó de modificar párrafos de Los días y los años; Poniatowska no accedió al principio, hasta que recibió una denuncia formal y se vio obligada a reimprimir y modificar la obra en 1998.

González de Alba tuvo a lo largo de su trayectoria diferencias con varios sectores de la izquierda. Un episodio clave, contó él mismo en la revista Nexos se dio cuando un grupo guerrillero secuestró en 1985 a Arnoldo Martínez Verdugo, excandidato a la presidencia y último secretario general del Partido Comunista Mexicano. González de Alba renunció, en 1985, al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), pues no creía que el comunicado emitido por este partido fuera preciso acerca de las condiciones del secuestro.

El escritor también criticó al subcomandante Marcos, líder del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, y lo llamó “farsante, patán e imbécil.

Desde sus columnas periodísticas en 2015, en repetidas ocasiones, habló de los padres de los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa. Llegó a decir que ya no daban lástima y que “deberían tener un ladrillo en la cabeza para salir a buscar a sus hijos”.

El 30 de enero de 2015 agregó que los jóvenes no eran sino muchachos pobres caídos en el sistema de las normales rurales, “donde aprenden que entre sus derechos de pobres está el pillaje menor”.

Una vez que los padres de familia llegaron a Ginebra para exponer su caso ante la ONU, escribió el 6 de febrero de 2015: “Los mexicanos que en estos años de crimen desbordado hemos perdido seres queridos, familiares cercanos, somos varias decenas de miles. Y todos merecemos boleto de avión, hotel y comidas para ir a presentar nuestra queja a Ginebra”.

Dijo además que “los padres se niegan a ver las evidencias porque eso implica volver a la milpa, al trabajo: se acabaron las caravanas de autobuses de primera clase, los hoteles, las recepciones como héroes”.

Tuvo reclamos directos a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE); a sus miembros en febrero de 2016 los describió como “caciques corruptos”.

En julio pasado se refirió a Andrés Manuel López Obrador, de quien dijo se inscribió al PRI después de la amenaza de Gustavo Díaz Ordaz del 1 de septiembre de 1968: "Hemos sido tolerantes hasta extremos criticables (...)". Dijo que ese hecho “no tiene ni tendrá jamás explicación para esa vileza. Dueño del Jordán que limpia a los priistas, se siente absuelto sin confesión previa”.

El Universal
Ciudad de México
Miércoles 5 de octubre de 2016.

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro participó en la lectura musicalizada de El Mariachi, mi madre y otras especies protegidas. Le acompañaron Guillermo Zapata, Hernán Bravo Varela y Jorge F. Hernández. Villoro es uno de los escritores más relevantes de Iberoamérica. En 2004 ganó el Premio Herralde, que entrega la editorial Anagrama, por su novela El testigo.

¿Alguna vez ha sentido miedo ejerciendo el periodismo en su país?

Varias veces. Aunque no soy de los periodistas que está en la zona de guerra haciendo denuncias significativas o encontrando datos comprometedores. Más bien soy un cronista de retaguardia. Muchos de los que sufren amenazas trabajan en periódicos de provincia y corren riesgos porque delatan a personas aparentemente legales que en realidad tienen tratos con el crimen. La mayoría de los periodistas asesinados en México lo ha sido por gente vinculada con el gobierno. Aunque por el tipo de periodismo que yo hago no he recibido amenazas tan directas como otros, sí que hay situaciones en las que siento que estoy en riesgo.

¿Por qué motivos?

La posibilidad de que el crimen organizado intervenga en el suceso que estoy cubriendo siempre está ahí. Pero también porque no hay a quien acudir. La policía y el ejército dan tanto miedo como el crimen organizado.

Ha mencionado algunos de los males de México, pero ¿cuál diría que es el que arraiga con más intensidad en su país?

En una palabra, impunidad. Andy Warhol dijo que en el futuro todo el mundo sería famoso durante 15 minutos. Ésta es una ilusión típicamente norteamericana. Ahí cristaliza la utopía de la celebridad. En México, el sueño de poder absoluto es la impunidad. 15 minutos de hacer lo máximo que se pueda sin rendir cuentas. Es lo que han estado haciendo nuestros políticos y empresarios. No todos, pero es lo que ha caracterizado a la política mexicana.

¿Y cree que esta impunidad ha facilitado la huida que hace unas semanas protagonizó El Chapo Guzman?

Desde luego. Ése es un ejemplo de laboratorio. ¿Cómo es posible que un reo de altísima peligrosidad se mantenga siempre en la misma celda? Es de manual que alguien así tiene que estar cambiando de celda para evitar su huida. Pues él estuvo siempre en la misma celda. Eso dio tiempo para que le construyeran un túnel y pudiera salir de ahí. Obviamente hay una complicidad de las autoridades, aunque no sabemos de cuántas. Pero no es el único caso de impunidad. En México el máximo millonario puede serlo por decreto presidencial. Carlos Slim, el hombre más rico de México, recibió las redes telefónicas que eran de la nación en régimen de propiedad privada y en forma de monopolio.

¿Qué le parecen las declaraciones de Donald Trump sobre su país y compatriotas?

Son aberrantes. Me ha parecido muy importante la respuesta, no sólo de medios latinos, sino de muchos sectores de la sociedad norteamericana. Creo que lo mejor que les podría pasar a los demócratas es que el candidato republicano fuese Donald Trump. Está rozando el fascismo y facilitaría que Hillary ganase las elecciones. Justo en el momento en que EEUU al fin asume una política más liberal, tolerante y dialogante aparece este energúmeno. Esperemos que ahí quede la esperanza republicana. Pero desde luego es muy preocupante que una persona tan primitiva pueda participar.

¿Qué se perdió con la muerte de Bolaño?

Ante todo yo perdí a un gran amigo, un interlocutor, una persona maravillosa y muy cercana a mí. Era un hombre lleno de vida, de sentido del humor, de inteligencia y un gran conversador. Echo en falta sus llamadas telefónicas, larguísimas. Y creo que la literatura perdió uno de sus mejores escritores. Pero hay que decir que la obra de Roberto es inmensa. Dejó toda una biblioteca y pienso que debemos estar muy felices de poder leer este río de vida. Su literatura es un auténtico torrente de experiencia. No hay una sola página de sus obras que no sea insuperable. Todas ellas están activadas por pasiones, por emociones, por una sensación de vida realmente vivida.

¿Qué se necesita para ser un gran escritor?

Si lo supiera... A mis alumnos de la Pompeu Fabra siempre les he dicho que se puede aprender a escribir, pero no se puede enseñar. Lo que quiero decir es que nadie enseñó a Cervantes a ser Cervantes, eso cada uno lo tiene que descubrir. Pero creo que el escritor necesita curiosidad, riesgo, valentía, observación de los demás, resistencia y trabajo, cualidades muy básicas. La combinación de ellas hace al genio.

Luego ya viene la parte más complicada, encontrar una voz propia.

Necesitas un cierto descaro para encontrar una voz que no sea la misma que ya existe. No tiene sentido repetir lo que han dicho otros. Evidentemente, estamos hechos de influencias, pero necesitas encontrar una cuerda que sólo tú puedes tocar. Para eso hace falta cierto atrevimiento. Una de las cosas que nos da más vergüenza es revelar quiénes somos y en la escritura te desnudas. No porque sea autobiográfica, sino porque muestras tus emociones.

Al fin y al cabo siempre hace falta dejar un pedazo de tu alma, ¿cierto?

Por supuesto, te tienes que dejar a piel. Pero claro, hay gente que se deja la piel y lo que hace no es interesante. Ahí está la paradoja. ¿Cómo hacer que ese descaro tuyo y lo que llevas dentro se vuelva interesante? Es el gran misterio. Lo tienes que arropar de un cierto estilo literario y ver el mundo de otra manera. Utilizar el lenguaje como no se utiliza habitualmente. La literatura es una derrota de la literalidad. No basta con redactar, tienes que reinventar la lengua. Ahí es donde incorporas lo tuyo, ahí es donde tú vas a decir algo distinto. Usas las palabras de todos, pero las usas de otro modo. No todo el mundo empieza un libro diciendo: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme".

El País
Andreu Vidal
Ciudad de México
Domingo 14 de agosto de 2016.

El escritor mexicano publica Que sean fuego las estrellas, novela histórica que recrea la férrea lucha sindical catalana de principios del siglo XX

Ciudad de México.-Dicen que la relación entre la historia y lo inmediato no siempre es tan clara. Sin embargo, para el escritor Paco Ignacio Taibo II (Gijón, Asturias; 1949) todo depende del cristal con que se mire. Y para demostrarlo recupera una historia de principios del siglo XX, en su libro Que sean fuego las estrellas.

Se trata de una novela histórica, nutrida de testimonios y numerosos documentos donde recrea el origen de los movimientos obreros en Barcelona. La narración transcurre entre 1917 y 1923, para transmitir un eco hacia nuestros días, a partir de una historia épica que él mismo define tan sobresaliente como la que vivieron los griegos en las Termópilas.

“Pensé que debía traer la historia de la épica sindical de Barcelona a nuestros días, la gran épica, no sólo como experiencia sino como reflexión, porque la historia tiene una gran virtud: ser apasionante”, dice en entrevista el también autor de Asturias.

Octubre 1934 y El cura Hidalgo y sus amigos.

Para conseguirlo, recuperó la investigación hemerográfica que realizó a principios de 1985, apuntada en veinticinco cuadernos, dos mil tarjetas, y más de mil 500 recortes de prensa, fotocopias y fotografías, que le sirvieron al autor para contar los años de la clase obrera barcelonesa que luchó bajo el signo de dos sencillas palabras: justicia y libertad.

“Al terminar mi libro sobre Asturias estaba en España y me metí meses en ese archivo y en las bibliotecas catalanas. El resultado fue una investigación minuciosa, con cartas y sólo tres testigos que encontré en México, tres exiliados catalanes que vivieron esta historia épica de la clase trabajadora”, recuerda.

Y aunque la investigación la hizo hace tres décadas, el autor quiso pulir su técnica narrativa para luego contarla de la mejor manera, porque en todo este tiempo no ha surgido más que un libro sobre el tema, donde es abordado de una manera escueta. “Lo que me di cuenta es de que en estas tres décadas no se ha descubierto un archivo ni se mostró algún testimonios.

“Hice aquella investigación cuando hacía mis pininos como narrador de historia, aquella pesquisa se quedó guardada en tres cajas dentro de un clóset. Pero el año antepasado la retomé y para eso he utilizado la que aprendí escribiendo Ernesto Guevara, también conocido como el Che y Pancho Villa: una biografía narrativa”.

Lo primero que Taibo II se preguntó al escribir las líneas iniciales de este libro, fue algo que ahora mantiene su cabeza ocupada: ¿Qué magia tendría aquella ciudad que hacía de cada uno de sus trabajadores un revolucionario en potencia?

“Es algo muy espectacular. Conforme lees el libro encuentras obreros con jornadas laborales de 12 y 13 horas, quienes se cultivaban por las noches en los ateneos. Lo hacían con periódicos de 100 mil ejemplares de circulación diaria, con escuelas, bibliotecas y organización por todos lados. A mí me ha impresionado mucho esta historia y conforme la escribí fue como revivir el arcón de los recuerdos”, asegura el también autor de novelas policiacas.

SIN ILUSTRACIÓN

Pero lo que explica esta historia épica de la clase obrera catalana, advierte Taibo II, no es una simple nostalgia por el pasado, sino comprender cómo y dónde nació el enorme poder de los obreros organizados, después del gran auge de los años 70 en México, con sus electricistas y ferrocarrileros, esa clase trabajadora que no volvió a levantar cabeza vigorosamente.

“A veces encuentro una manifestación con petroleros de Veracruz, pero no se expresan como petroleros, sino como parte de un movimiento civil… eso ha impactado mi memoria. ¿Qué pretendo con este libro? Compartir lo que sé, porque el movimiento social de México no tiene esta memoria… ni esta cultura”, reconoce.

¿Qué resultados obtuvo esa lucha catalana que cuenta en Que sean fuego las estrellas? “Bueno, el libro cuenta lo que le costó a los carpinteros conseguir la jornada de ocho horas en un momento en que en México eso se perdía”.

“Así que esta novela recupera la historia del relojero que se convirtió en periodista, del pintor de brocha gorda que se transformó en el mejor orador, capaz de convocar multitudes y conmover. Ahora me pregunto de dónde salió la sabiduría clasista de esos personajes, con un lenguaje rico y una reflexión política tan profunda, sin haber pisado un aula”.

El único que si contaba con educación básica fue Antonio Amador, La Pulga, que a la postre fue el periodista más salvaje de ese momento, añade. “Los demás son vidrieros que empezaron a trabajar a los 12 años con jornadas de 14 horas”.

Pero también están ahí las historias de las cuatro mil mujeres, esposas de obreros, que convocan a obreras del textil, a prostitutas y camareras de los cafés. “No olvidemos que Barcelona era la ciudad del vicio, que es otra parte que me interesa mucho: ver cómo crece el desmadre en las ciudades, el vicio, el dinero fácil, la cocaína, la prostitución…”, asegura.

Para terminar, Taibo II advierte que la clase media ilustrada no fue convocada al proyecto revolucionario, organizado por la fuerza proletaria obrera catalana. “Ese es un fenómeno que también hemos visto en México, durante la Revolución Mexicana en la etapa Villa-Zapata y para eso basta ver la fotografía de Villa y Zapata cuando llegan a la Ciudad México”.

TÍTULO: 
Que sean fuego
las estrellas
AUTOR: 
Paco Ignacio Taibo II
EDITORIAL: 
Planeta, México, 
2015.

El Universal
Ciudad de México
Domingo 10 de enero de 2016.

El ganador de la Medalla al Mérito Académico 2006 falleció anoche a los 90 años

El historiador, escritor, columnista Juan María Alponte falleció anoche a los 90 años, indicó la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde fue profesor de tiempo completo.

El cuerpo del académico, que guio a varias generaciones con sus conocimientos en filosofía, historia, sociología y ciencia política, es velado desde las 8 de la mañana en el Panteón Francés. Posteriormente será cremado, el sábado 5 de diciembre al medio día.

El columnista y colaborador de este diario, cuyo verdadero nombre era Enrique Ruíz García, charló con EL UNIVERSAL sobre sus 45 años de docencia en México, país a donde llegó en 1968, expulsado de España por el gobierno de Francisco Franco.

Articulista en diversos medios de comunicación, Alponte escribía en esta casa editorial la columna "México y el mundo".

El Universal
Ciudad de México
Viernes 4 de diciembre de 2015.

Finalista del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez

¿Cómo ha logrado el escritor mexicano, en vísperas de cumplir 60 años y autor de una treintena de libros, mantener a raya el ego y la presión? Monólogo basado en una conversación con el autor.

Mi hija de 15 años es muy crítica conmigo. La gente comenta que yo tengo cierta elocuencia y ella me dice: “Papá, ¿te has dado cuenta de la dificultad que tienes para terminar las frases?”. Es más: le da vergüenza. Yo la llevo en coche al bachillerato donde estudia y me pide que la deje dos cuadras antes. No importa quién sea su papá. Es el momento en que simplemente sirves para dar vergüenza. La paternidad tiene como principal lección moral sentir que lo más importante de la vida no eres tú sino otra persona. Ese desprendimiento te libera del egoísmo. Alguna vez le preguntaron a James Joyce por qué en su novela se había basado en Ulises y no en Jesús. “Porque Jesús no fue padre. Jesús no supo lo que era la conclusión del destino humano”, contestó. ¿Por qué eso le parecía definitivo a Joyce? Porque la paternidad implica un desprendimiento. Jesús estaba condenado eternamente a ser el hijo de Dios, a que nadie estuviera delante de su propia vida. La paternidad es un baño de humildad muy incómodo que te dan los hijos.

Mis libros más vendidos son para niños. El libro salvaje, una historia en la que se divorcian los padres de un adolescente de 13 años —esa es probablemente mi edad intelectual— se ha vendido más que el resto de mis libros juntos. Es muy refrescante escribir para ellos porque no tienen ninguna noción de la autoría. No consideran que existe la celebridad literaria; para ellos el libro es un dispositivo que se creó a sí mismo. Ni siquiera atienden al título: dicen “mi libro verde” o “el que tiene la araña en la portada”. El otro día fui a una zona rural en México y encontré un libro mío con imágenes de Cristo: los convierten en un álbum, los tachan, les ponen calcomanías. Es increíble ver que los chicos se conectan con algo que es, en cierto modo, independiente de mí. Vieron a un señor alto, medio calvo: nada más. Yo podría ser el amaestrador del perro y no importa: lo que importa es lo que hace el perro. Eso vulnera cualquier sensación de que te creas más importante que el libro. Los niños son grandes pedagogos del ego.

Lo primero que publiqué no era siquiera un libro: era un cuadernillo con tres cuentos. Para hacerlo pagué la mitad de la edición. El restante lo pagó Federico Campbell, un escritor que decidió apoyar a jóvenes autores como obra social. A partir de esa plaqueta y de otros textos publicados en revistas y periódicos integré La noche navegable, mi primer libro de cuentos. Todos los cuentos —todos— fueron rechazados en alguna publicación. Finalmente el libro salió en una editorial donde había que hacer una larga cola de espera: Joaquín Mortiz. Ahí había leído a mis autores favoritos: Carlos Fuentes, Juan José Arreola. Yo tenía 22 años; para mí era como debutar en el Real Madrid. Los plazos de espera eran enormes, al grado de que la novela Los días de la paciencia, del colombiano Óscar Collazos, llevó la penitencia de su título: tardaron siete u ocho años en publicarla. En mi caso sólo se tardaron cuatro, tiempo en que visitaba el manuscrito como quien tiene un caballo en un establo esperando que compita en una carrera: le quitaba un cuento, ponía otro, corregía. La tortura de la esperanza. Se hizo un lanzamiento muy modesto: ni siquiera en la sala de lectura sino en el vestíbulo de un centro cultural. Ese día hubo un terrible embotellamiento de tráfico y no alcancé a llegar. Era casi una conspiración para que el libro no pudiera tener vida propia. Desde el principio sentí que de esto no iba a obtener una recompensa inmediata. El libro se publicó en 1980 y yo recibí mi primer premio literario en forma en el 2000: 20 años después.

Con Tito Monterroso viví mi primera crisis total del ego. Él dio su taller durante mucho tiempo en la UNAM, pero se cansó de lo que él llamaba “los turistas del cuento”: gente que iba dos o tres sesiones y lo abandonaba. Monterroso quería un taller más severo: propuso uno con sólo tres alumnos, quienes tenían que concursar para entrar y durante un año se quedaban con él. Yo venía con mucho entusiasmo. A los 15 años estaba recorriendo México con Miguel Donoso en sus talleres, pero había recibido un apoyo más de coach: palmadas en la espalda. Monterroso nos hizo un favor disfrazado de castigo: nos demostró que éramos pésimos escritores. Una vez una chica leyó un cuento que trataba de un aborto. “Después de leer este aborto…”, dijo Monterroso luego de oírla. Nos quedamos helados. Esa era una forma de la generosidad que no siempre entiendes; él nos estaba tomando muy en serio. “Detrás de cada colaboración hay una humillación”, dice Fabrizio Mejía Madrid. Nos dolió mucho porque entramos con las ínfulas de haber ganado una beca para estar con él. Texto a texto nos demostró que no sabíamos escribir, pero también nos hizo sentir que, a través del sufrimiento que implica descubrir tantos errores tuyos, se puede llegar a una recompensa mayor. Los obstáculos sólo hay que agradecerlos. “El hombre acorralado se vuelve elocuente”, sentencia George Steiner.

Yo tengo un padre… sigo hablando en presente, pero él murió hace un año. Ayer estuve en un homenaje que se le hizo y por eso llegué tarde a Colombia. Fue un filósofo bastante significativo y reconocido en México. Esa fue otra forma de amortiguar el ego: siempre fui un siguiente Villoro. Incluso mucha gente me dice Luis por mi papá. Ser hijo de una figura intelectual dominante cuando tú también quieres crecer es complicado. El peso del padre hizo suicidar a Klaus Mann: no es fácil ser hijo de nadie. Mi padre fue una cura de ego porque es muy difícil que yo esté a su altura. “Tendré que probarme por mi cuenta. En principio voy a decepcionar. No tengo la maduración que él tiene”, me decía.

En cualquier rubro, el artista siempre es un principiante. Cuando alguien escribe su primer libro tiene una cantidad de dudas que piensa que se le van a acabar con el siguiente, y no es cierto. Es decir: si verdaderamente eres un escritor digno de tu nombre, siempre estás empezando algo nuevo. Yo empecé a escribir teatro en la primerísima juventud, lo he traducido, pero formalmente sólo lo escribí a los 50 años. Retomarlo era ser ostensiblemente un principiante. Escribir un artículo periodístico —aunque haya escrito miles— es como tratar de conquistar a Nicole Kidman: te pones nerviosísimo. Las dudas se reinventan tanto como los temas literarios. No puedes estar seguro. La repetición es un infierno innecesario.

Conocí a Roberto Bolaño en una premiación para jóvenes escritores en los jardines de la UNAM. Yo tendría 16 años y él 19, desde entonces nos hicimos amigos. Nos preguntábamos cómo podemos saber si un texto nuestro tiene auténtica calidad literaria. Ambos llegamos a la misma conclusión: lo único que nos parecía verdaderamente una prueba de calidad era cuando sentíamos que lo había escrito otro. El cuento con una autonomía propia. Ahora bien: si la prueba de calidad es que el texto parece que lo escribió alguien que no eres tú, entonces no te puedes sentir orgulloso. Eso te rebaja el ego. Roberto era muy orgulloso, estaba muy consciente de su talento, pero sabía que lo importante era el texto y no él. Esa es la prueba: no importa quiénes somos nosotros, importa lo que queda.

Mi válvula de seguridad contra la vanidad es esa.

El Espectador
William Martínez
Bogotá, Colombia
Sábado 28 de noviembre de 2015.

El escritor, traductor y ensayista recibirá el galardón el próximo 12 de marzo en la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán

Ocurrió en la Feria del Libro de Guadalajara en 2009. Cuando José Emilio Pacheco ganó el Premio Cervantes de Literatura, Juan Villoro contó a EL PAÍS una anécdota sobre una ruta perdida y un poema. “Un día iba yo a casa de José Emilio Pacheco y me di cuenta de que me había olvidado la dirección. Entonces, recordé un poema en el que Pacheco habla del escritor Juan García Ponce, que había padecido una larga y grave enfermedad, y lo compara con un árbol que hay afuera de su casa”. El autor mexicano buscaba la casa del poeta y la halló, todo gracias a esos versos. “Eso explica el grado de cercanía que tiene su poesía, es un mapa para llegar a su propia casa”. Pacheco murió casi cinco años después. Y, anteayer, Villoro (Ciudad de México, 1956) ha ganado un premio que lleva el nombre de aquel, que le será entregado el próximo 12 de marzo de 2016, en Yucatán.

Decía el propio Pacheco que el ensayista y periodista Carlos Monsiváis, fallecido en 2010, era “el único escritor al que la gente reconoce por la calle”. Quizá el equivalente actual sería, sin duda, Juan Villoro. Sus aforismos sobre la vida y la literatura, sus aventuras en el teatro (como el monólogo Conferencia sobre la lluvia) o su pasión por el fútbol reflejada en Dios es redondo, le han convertido en uno de los intelectuales de referencia en el México de 2015 y en uno de los herederos naturales de la brillante generación de escritores mexicanos del siglo XX.

El Premio Excelencia en las Letras fue creado en 2013 y su primer ganador fue José Emilio Pacheco, Tras su muerte, el 26 de enero de 2014, se decidió que el galardón, dotado con 100.000 pesos (unos 6.000 dólares) pasara a llevar su nombre. Los anteriores ganadores han sido Elena Poniatowska y Fernando Del Paso.

Decía Pacheco que el también fallecido Carlos Monsiváis es “el único escritor al que la gente reconoce por la calle”. Quizá el equivalente actual sería Juan Villoro

Hace menos de un año, en una charla electrónica con los lectores de este periódico, Villoro a diferencia de otros escritores, llegó y solo pidió acercarse a un teclado. Con la mirada clavada en la pantalla, respondió con paciencia una veintena de preguntas de curiosos. Algunas con ironía (-“¿Qué le preguntaría a Juan Villoro?” -“¿Por qué insistes en seguirme?”- ); otras con reflexión. Una de ellas, sobre el futuro de la industria editorial, tocada por la revolución digital. “El futuro editorial no será de los tiburones, sino de las sardinas y los salmones”.

El premio que le ha sido otorgado recuerda que se ha convertido en un escritor al que sí, siguen muchos de sus lectores, y le persiguen ya sea en editoriales “tiburones” o en las pequeñas, que son “salmones”. Y la naturaleza la entiende bien. En una entrevista con la revista Gatopardo, reconoció: “Como no soy filósofo, sino escritor, soy fácilmente chismoso. Contar historias singulares, meterte donde no debes”.

El País
Verónica Calderón
Ciudad de México
Miércoles 11 de noviembre de 2015.

El también diplomático, catedrático y dramaturgo dejó de existir a los 81 años.

Ciudad de México.- Poeta, diplomático, abogado, catedrático universitario, traductor, periodista y actor, Hugo Gutiérrez Vega falleció la noche de este viernes. El director de La Jornada Semanal tenía 81 años, y deja un legado de más de 35 libros de poesía traducidos a 10 idiomas, otros 13 en prosa, además de múltiples ensayos.

De acuerdo a una publicación de La Jornada, entre sus obras publicadas se encuentran Información y sociedad (1974), Cuando el placer termine (1977), Las peregrinaciones del deseo. Poesía reunida 1966-1985 (1987), Georgetown blues y otros poemas (1987), Los soles griegos (1989), Nuevas peregrinaciones (1994), Los pasos revividos (1997), Lecturas, navegaciones y naufragios (1999), Esbozos y miradas del bazar de asombros (2006) y Antología con dudas (2007).

Don Hugo Gutiérrez Vega estudió la licenciatura en Derecho y Letras Inglesas en la Universidad de Roma y Sociología de la Comunicación en Londres. Fue miembro del Servicio Exterior Mexicano durante 35 años, de 1963 a 1998. Fue agregado cultural en Roma; consejero cultural en Londres y España; ministro de asuntos culturales en Washington; cónsul de la Embajada de México en Río de Janeiro y embajador en Grecia.

Fue fundador y director del grupo Cómicos de la Lengua; director del Teatro Latinoamericano de Roma, del grupo de Teatro Español de la Universidad de Londres y actor de la compañía de repertorio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

También fue rector de 1966 a 1967 de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), y profesor visitante de las universidades de Roma, Londres, Bristol, Lancaster y Samarcanda. Trabajó en la UNAM como profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y como director de la Casa del Lago y de Difusión Cultural.

Su primer premio, el Nacional de Poesía Aguascalientes, lo recibió en 1975. Siguieron el de Letras de Jalisco (1994), el Nacional de Periodismo en Difusión Cultural (1999), el Iberoamericano de Poesía “Ramón López Velarde” (2001), el Xavier Villaurrutia en poesía (2002), el Nacional de Periodismo “Carlos Septién García” (2012), y el Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura, otorgado por la Secretaría de Educación Pública (2013). El Instituto Nacional de Bellas Artes le concedió la medalla de oro. En 2011 fue elegido como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Cuando la Universidad Autónoma Metropolitana le distinguió con el doctorado honoris causa el 5 de diciembre de 2011, el rector general de la institución Enrique Fernández Fassnacht expresó: “Si pudiéramos definir en un solo concepto a este fecundo e infatigable creador, de inquebrantable vocación cultural, lo nombraríamos como uno de los mexicanos de nuestro tiempo que ha llevado nuestra historia, tradiciones, letras, ideas, emociones y saberes a distintos confines del mundo. Siempre con gracia y elegancia, siempre con el afán, como él afirma, de ‘rendir culto a la verdad’.”

Gutiérrez Vega, por su parte, señaló que actualmente “vivimos tiempos trágicos, en un país asfixiado por la mentira, la manipulación, la violencia patológicamente cruel, la pobreza de las mayorías y el crecimiento propiciado por el modelo neoliberal de la extrema miseria, ésa que tiene como panorama terrible, la propia miseria.

“Vivimos tiempos de zozobra y desasosiego. La falta de credibilidad en el gobierno y sus propagandistas tiene un fundamento indiscutible, en el hecho de que la mentira ha sido entronizada en la vida pública como una forma natural y cotidiana de comunicación.”

Durante su intervención en la ceremonia, el 17 de enero de 2014, por los 25 años del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, encabezada por el presidente Enrique Peña Nieto, don Hugo consideró que es imprescindible que los intelectuales establezcan un diálogo con el poder político ante la urgente necesidad de analizar las modificaciones al modelo socioeconómico, “ya que el neoliberalismo sólo ha favorecido a los barones dueños del país”.

Agregó que “conviene que hablemos de las reformas constitucionales y de su impacto en la vida económica, en la sociedad civil y en la soberanía de la nación; de la situación de los indígenas que viven como extranjeros en su propia tierra, y de la violencia desatada en el sexenio sangriento que sigue destrozando el tejido social del país”.

ADN / Puebl@Media
Ciudad de México, Mx
Viernes 25 de septiembre de 2015.

Amigos y colegas recordarán al destacado escritor y periodista mexicano Carlos Monsiváis (1938-2010) el 19 de agosto en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, donde la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le rendirá homenaje.

El tributo, que evoca al autor a cinco años de su fallecimiento, contará con la participación de algunos de sus amigos más cercanos: Rafael Barajas “El Fisgón”, Carlos Bonfil, Alejandro Brito, Rolando Cordera, Jean Franco, Marta Lamas, Fabrizio Mejía Madrid, Elena Poniatowska y Jenaro Villamil.

En declaraciones a la Coordinación de Difusión Cultural de la UNMA, Rosa Beltrán, directora de Literatura de dicha casa de estudios, señaló que homenaje al también reconocido cronista será “desenfadado y emotivo”.

Se espera que en este tributo Poniatowska comparta el proceso creativo de “Sansimonsi”, texto que público en 2013 y en que presenta una semblanza de su amigo, a quien transforma en gato en esta narración.

Por su parte, Rafael Barajas “El Fisgón” se cree hablará de las ilustraciones que contiene el mismo libro de Poniatowska.

Otros de los que participarán en el homenaje son: la investigadora británica Jean Franco, quien escribió “Decadencia y caída de la ciudad letrada, la literatura latinoamericana durante la Guerra Fría”, texto en el que sostiene que Carlos Monsiváis hizo más que nadie por revivir el género de la crónica.

Así como Fabrizio Mejía Madrid, autor de la crónica “¿Está el señor Monsiváis?” incluida en “Antología de crónica latinoamericana actual”; Marta Lamas, antropóloga y fundadora de Debate feminista, también amiga cercana de Carlos Monsiváis, quien recuerda en una entrevista publicada en el semanario “Proceso” su compromiso constante con la defensa de los animales y afirma que “mucha gente lo leía, lo escuchaba, lo admiraba y quería”.

La mesa de participación además contará con Jenaro Villamil, quien evoca a su entrañable amigo en un texto escrito a tres años de su fallecimiento.

Notimex
Ciudad de México
Martes 11 de agosto de 2015.

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