La veracruzana ofreció una entrevista donde emitió sus opiniones sobre la vida política del país “Debe ser bien intenso eso de pedir abundancia a lo pendejo…

A México le falta educación, nos tienen idiotizados con lo que consumimos”, dijo Ana de la Reguera dio una entrevista a la revista Vanity Fair la cual fue publicada el día de hoy y en donde la veracruzana aprovechó el espacio para hablar de política, lo cual no es extraño pues la actriz desde sus redes sociales siempre se muestra al pendiente del acontecer político nacional, además expresa sus opiniones sobre la agenda del país.

Por una parte, la jarocha habló de la esposa del exgobernador de su entidad natal, Javier Duarte de Ochoa.

Cuando el medio preguntó a De la Reguera si le gustaría interpretar el papel de Karime Macias en alguna película respondió afirmativamente porque “debe ser bien intenso eso de pedir abundancia a lo pendejo”.

“Es un superpapel, ella es más turbia incluso que su mismo esposo. Bueno, es casi su ex, porque creo que ya le pidió el divorcio”, continuó.
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Cuando le preguntaron si Andrés Manuel Lopez Obrador sufría de alucinaciones, ella respondió que, por el contrario, AMLO “es la persona más cuerda del país”; sin embargo, reconoció que no es un buen político porque no sabe negociar.

“Es un mal político es un hecho, porque no sabe negociar. Entiendo que a mucha gente le da miedo porque todo es blanco o negro con él, y es que le falta aprender a entrarle al juego de la política”, aseveró
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Finalmente, la artista expresó su opinión sobre lo que, a su consideración, le falta a México: “Educación. Por eso como veracruzana me interesa que mi fundación crezca y este evento de La Subasta Glenmorangie es una gran oportunidad.

Nos tienen idiotizados con lo que consumimos. El problema de México se resolverá a largo plazo”.

Argumento Politico
Ciuidad de México
Domingo 13 febrero 2018.


El autor de 'Vecinos distantes' reflexiona desde París sobre la actualidad de México, donde trabajó como corresponsal más de una década


Alan Riding vive físicamente en París, pero no despega su cabeza de México, donde trabajó como corresponsal entre 1971 y 1984 para The Financial Times, The Economist y The New York Times. Sus análisis y reflexiones son de alguien que sigue casi al milímetro la actualidad mexicana pese a la distancia. “Tengo una fascinación, un amor, una obsesión por el país”, admite por teléfono desde Francia el autor de Vecinos distantes, una radiografía clave para entender México, un libro del que se publicaron 6.000 ejemplares en una primera tirada y llegó a vender más de 250.000.

“Hablar de México es igual de complicado que describir cómo son las nubes que hay encima de mi casa ahora mismo: un poco de azul, de gris, pero también partes negras…”, bromea Riding, nacido hace 74 años en Brasil, donde también fue corresponsal. Desde que se fue de México, ha regresado como periodista para las elecciones de 1988, el levantamiento zapatista de 1994 o los comicios de 2000, en los que el PRI salió derrotado por primera vez en 70 años. Ahora medita viajar para el 1 de julio. “He tratado de volver en momentos claves y siento que este va a ser otro”.

Pregunta. ¿Por qué piensa que será especial?

Respuesta. De alguna forma está ocurriendo como con Lula en Brasil, que fue candidato muchas veces antes de ganar. El país tenía que pasar por Lula. Él fue lo suficiente hábil, como exsindicalista acostumbrado a negociar, para lograr un equilibrio entre las políticas sociales progresistas y el cuidado de los intereses de la economía y la empresa privada. No sé si López Obrador tenga esa capacidad de negociar y llegar a acuerdos, porque ha sido un político toda la vida. Siento que el momento de un cambio drástico que sacuda al sistema ha llegado. Quién sabe las consecuencias. Pero hay una lógica: después de tantos años de promesas de cambios sociales que no han llevado a nada, en los que la pobreza y la violencia siguen, se trata de probar otro modelo. No sé si lo tiene en detalle, pero la idea ofrece una alternativa. Si ganara el PRI o el PAN uno puede anticipar más de lo mismo. Su momento ha llegado. Habrá que ver si es una opción o México está condenado a lo mismo siempre.

P. ¿Ve algo de Lula en López Obrador?

R. El discurso de Lula era bastante radical como candidato. En un momento parecido a este, en el 2002, había pánico, cayeron los mercados, los bonos, porque la opción radical iba a llegar. En México, hay un grado de pánico entre la clase política tradicional y la empresarial. La única duda es si López Obrador sabrá negociar para evitar confrontaciones. Una confrontación política fuerte va a derrumbar la economía mexicana. Su desafío será gobernar, avanzar con su programa sin una confrontación que afecte a la economía. Eso parece mágico, ¿no?

P. Más de 30 años después de la publicación de Vecinos distantes, ¿qué siente que es lo más vigente del libro?

R. Yo llegué a México en 1971, en un momento de cierto optimismo. Tal vez por inocencia pensé que en 10 años habría progreso, que en 20 habría más… Escribí el libro con pesimismo, había situaciones entre la estructura social y política que impedían cambios fundamentales. El libro se publicó en 1985, coincidiendo con la gran crisis económica mexicana. Aquella crisis marca la ruptura de una especie de contrato entre el PRI y las clases medias. Un pacto por el que las clases medias no se metían en la política y el Gobierno garantizaba un aumento regular y permanente del nivel de vida. Se podría decir que los chinos han adaptado el modelo mexicano: un partido único, autoritario, retórica revolucionaria… Entonces, ¿hasta qué punto se va a mantener un sistema que no funciona bien, que no satisface a la población? A mí me apena llegar a México casi 50 años después de mi primera vez y seguir viendo tanta pobreza. Pero, ¿hay capacidad de cambiar? Es la eterna palabra: cambiar, cambiar, cambiar…

P. ¿Cuál es el cambio más profundo que siente que ha habido en este tiempo?

R. México empezó a cambiar en 1997, cuando el PRI perdió el control del Congreso. Luego, la verticalidad del poder, que durante muchas décadas garantizó la estabilidad de México, se rompió. La falta de control central en un país habitado al centralismo ha producido un grado de caos y de falta de gobierno, e inevitablemente un desencanto con la democracia. Mucha gente pensó que pasar a elecciones libres era lograr una democracia, pero falta mucho para eso. La corrupción también ha cambiado.

P. ¿En qué sentido?

R. La corrupción no se puede separar ahora del narcotráfico, un fenómeno que no era importante cuando escribí el libro. Antes era esencialmente marihuana y una pequeña parte de amapola. El tránsito de la cocaína cambió todo el sistema. El “plata o plomo” de Colombia con los policías y jueces también ha llegado a México. Mucha gente prefiere plata, aunque haya mucho plomo. Uno se pregunta, como fue el caso de Colombia, hasta qué punto el narcotráfico está metido en las campañas, sobre todo en las locales. Hay que ver si los narcos tienen candidatos.

P. ¿Qué cree que va a marcar esta elección?

R. El desencanto con el PRI es total, parece que va a perder en todos lados. Hay que ver por qué, si porque es corrupto en los Estados, porque no ha podido atajar la violencia... El desencanto con la democracia se ve en toda América Latina. La democracia no es un tema esencial para definir el voto, como la seguridad, el trabajo o comer y poder vivir, todos esos elementos que usted y yo tenemos antes de preocuparnos por ver quién será el presidente. Uno se pregunta si una victoria de López Obrador y de Morena, un partido creado por y para una persona, logrará tener un impacto en todo el país. No es impensable que a medio plazo Morena, si consigue un Gobierno eficaz, se vuelva un nuevo PRI y absorba todas sus estructuras. Me recuerda a Lula y el Partido de los Trabajadores, que era un pequeño grupo y fue con el tiempo absorbiendo y absorbiendo… Tal vez México necesita eso para funcionar.

P. Usted cubrió México en una época en la que el PRI era el partido hegemónico. ¿Cómo ve su evolución?

R. Peña Nieto prometió un nuevo PRI, pero el PRI demostró ser como el alacrán, que solo sabe actuar de una misma forma. Es impresionante. Pese a las muchas crisis que ha habido, nunca se ha visto un presidente tan poco popular como él. También se le pone en evidencia porque hay una libertad de prensa. Claro que hay presiones y sobres, como siempre… Una de las cosas que tendrá que enfrentar López Obrador si vence es a una prensa crítica. Va a ser un elemento para medir su autoritarismo.

P. En su libro mantenía que México y Estados Unidos son los vecinos que menos se entienden de todo el mundo. ¿Cree que sigue siendo así?

R. Tienen un presidente que está obsesionado consigo mismo. Mire lo que ocurre con el TLC, que un día dice que es un desastre y al otro que se va a llegar a un acuerdo. Nunca sabes lo que va a ocurrir con Trump. Siento que hay poco espacio en la agenda para México y para América Latina. California, los Estados fronterizos, sí entienden más a México. Pero a nivel del Gobierno de Washington nunca ha habido mucho interés. Ese es el problema.

El País
Javier Lafuente
Ciudad de México
Sábado 5 de mayo de 2018.


Por Kirk Semple y Marina Franco

Ciudad de México — El mensaje comenzó a circular a principios de año y encendió alarmas en Facebook, Twitter, WhatsApp y otras plataformas: millones de mexicanos tenían apenas unos días para volver a registrarse o retramitar su credencial de electores si querían votar para presidente.

Excepto que no era verdad.

No queda claro cuál fue el origen del rumor. Pero, más allá de si se trataba de un intento de socavar al sistema electoral o tan solo un esfuerzo erróneo de compartir información de interés, el enojo y la incertidumbre que generó el mensaje fueron apenas una primera muestra de una batalla de desinformación que ha afectado la disputa electoral en México.

“Sí va a ser decisivo lo que van a hacer en redes las campañas, en todos los niveles”, dijo Carlos Merlo, socio directivo de Victory Lab, empresa de publicidad y mercadotecnia que ha creado plataformas para esparcir noticias falsas o viralizar temas. Según Merlo, la estrategia digital influirá enormemente en el resultado electoral, tanto al dar a conocer y promover a candidatos como a modo de herramienta ante la desinformación.

Hay mucho en juego en la votación del 1 de julio: más de 3400 cargos electivos a niveles local, estatal y federal, que la convierte en la elección más grande en la historia del país. La joya de la corona es la presidencia, disputada por cinco candidatos que buscan remplazar al presidente Enrique Peña Nieto para el próximo mandato de seis años.

Y las noticias falsas se han esparcido con rapidez. Los aspirantes al cargo han hecho acusaciones cruzadas en las que señalaron a los demás de contratar a provocadores en línea o de usar herramientas de promoción automatizada, como bots, para inundar las redes sociales con mensajes que buscan influenciar a los votantes o engañarlos.

Además, en momentos en que el tema sigue siendo investigado en Estados Unidos por la campaña presidencial de 2016, han surgido acusaciones de interferencia rusa en la contienda mexicana.

El entonces asesor de seguridad nacional estadounidense, H. R. McMaster, declaró en diciembre que había “primeros indicios” de que el gobierno en Moscú quería influenciar en el voto mexicano, pero no dio detalles.

Los funcionarios mexicanos dicen que no han encontrado señales de esta intervención ni han recibido pruebas de sus contrapartes estadounidenses, mientras que las autoridades rusas han negado actividades de este tipo.

Enrique Andrade, consejero del Instituto Nacional Electoral, dijo que el organismo estaba atento al hecho de una posible interferencia. “Sí pensamos que está latente la posibilidad y estamos preparándonos para que no afecte el desarrollo del proceso”, dijo.

Algunos analistas opinan que, si existiera una injerencia rusa, estaría orientada a tratar de polarizar más al electorado. Afirman que el Kremlin ve en la figura de Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas con la coalición Juntos Haremos Historia y quien tiene un tono más antagónico hacia Estados Unidos, una figura clave para esas pretensiones.

Manuel Cossío Ramos, quien se dedica a hacer estrategia e inteligencia política digital, asegura haber encontrado huellas rusas en intentos de dirigir el tráfico en redes con respecto a temas electorales, con López Obrador como el tema principal. Cossío Ramos no está afiliado a ninguna campaña, pero reconoce que no tiene particular simpatía por López Obrador.

Cossío Ramos afirma que, con una herramienta de análisis digital llamada NetBase, encontró en abril 4,8 millones de entradas sobre López Obrador que fueron publicadas en redes o en sitios de noticias por usuarios ubicados fuera de México. Según su análisis, cerca de un 63 por ciento de los artículos revisados serían provenientes de Rusia y el 20 por ciento de Ucrania.

Al hacer búsquedas similares para los otros candidatos, Ricardo Anaya (de la coalición Por México al Frente) y José Antonio Meade (de la coalición Todos por México), Cossío Ramos sostiene que encontró que la gran mayoría de las discusiones sobre ellos provenientes del extranjero tenía su origen en Estados Unidos y solo el 4 por ciento en Rusia.

Sin embargo, otros consultores digitales con distintas herramientas afirman que no encontraron evidencia de actividad similar en redes sociales por parte de Rusia y no fue posible verificar de manera independiente las afirmaciones de Cossío Ramos.

Integrantes de la campaña de López Obrador han desestimado las aseveraciones hechas por Cossío Ramos debido a sus tendencias políticas y también han descartado las denuncias de interferencia rusa.

El mismo López Obrador ha recurrido a la sátira y la burla ante tales acusaciones. Publicó un video en el que aparece en un puerto del estado de Veracruz en espera de, según dice, “el submarino ruso” con “el oro de Moscú” y en el que anuncia que su nombre ahora es “Andrés Manuelovich”.

Entre otras noticias falsas que han ganado cierta relevancia desde el inicio de la campaña está la afirmación de que el papa Francisco se pronunció en contra de López Obrador y criticó su ideología. Se trata de una invención: fue desmentido por Verificado 2018, proyecto dedicado a denunciar e investigar noticias falsas y el uso engañoso de información durante las campañas.

Otra afirmación, también desmentida por Verificado, decía que Anaya —segundo en las encuestas— tenía vínculos familiares estrechos con el gabinete de Peña Nieto y con un expresidente del partido gobernante y, por lo tanto, estaba confabulado con el gobierno actual.

Una reforma electoral aprobada en 2007 estableció mayores regulaciones para la compra de espacios publicitarios de campaña y, según analistas, con ello propició que gran parte de la pulseada política más agresiva se trasladara a las redes. Esa batalla se vio con fuerza en la elección de 2012.

Un desarrollador web, Iván Santiesteban, halló que se usaron 20.000 bots en el mes y medio previo a la jornada electoral, con el fin de crear conversaciones en línea favorables al eventual ganador, Peña Nieto. (Algunos incluso los apodaron Peñabots).

El coordinador de mercadotecnia de esa campaña, Aurelio Nuño —después secretario de Educación y actualmente coordinador de campaña de Meade— llegó a admitir en ese entonces que sí hubo “voluntarios organizados para apoyar la campaña” y que su estrategia estaba abocada a “combatir comentarios negativos en las redes y con ello posicionar los positivos”.

Desde 2012 el público mexicano en línea no ha hecho más que crecer. El último censo señala que hay unos 71,3 millones de usuarios de internet, en comparación a los 40,9 millones en 2012. Al mismo tiempo, las campañas se han volcado mucho más al mundo digital.

“De aquí en fuera la batalla va a ser en redes sociales”, indicó Javier Murillo, cofundador y director de la consultora digital Metrics.

Con el uso de herramientas algorítmicas propias, Murillo dijo que encontró que un 27 por ciento de las publicaciones sobre la elección en Facebook y Twitter en el plazo de un mes fueron generadas por troles y bots.

Los consultores digitales que dirigen o trabajan con las campañas de los tres principales candidatos —López Obrador, Anaya y Meade— negaron estar utilizando estos métodos o compartiendo noticias falsas.

“La estrategia digital y las redes sociales ya son una parte central de los cuartos de guerra”, dijo Juan Pablo Adame Alemán, exdiputado y coordinador de redes para Anaya. “Pero no vemos beneficios de inflar temas o de querer siempre posicionar etiquetas” con bots o troles.

Juan Pablo Espinosa de los Monteros, quien trabajó en la estrategia digital de la coordinadora de campaña de López Obrador, Tatiana Clouthier, dijo que quien dedique “dinero, recursos y esfuerzos” para bots o troles no hace más que malgastar. Y Alejandra Lagunes, encargada de la estrategia digital de la campaña de Meade, sugirió que no cumplen con propósito alguno, pues en vez de ayudar “hacen más difícil conocer las verdaderas opiniones de las personas”.

Como parte de un intento de adelantarse a los efectos que puedan tener estas cuestiones durante la jornada electoral del 1 de julio, las autoridades electorales mexicanas hicieron un arreglo con Facebook, Twitter y Google para contrarrestar las noticias falsas y, en cambio, volver virales los datos verídicos. Facebook, como parte de este acuerdo, ha publicado desplegados en los principales periódicos con diez consejos para detectar noticias falsas.

Una preocupación particular para los funcionarios es que los rumores podrían generar dudas sobre el sistema, como sucedió con la noticia falsa acerca del registro de votantes.

“Es la que más nos ha preocupado”, dijo Andrade, del Instituto Nacional Electoral, “pero apenas nos estamos acercando a la parte más delicada de la campaña, hacia la jornada”.

The New York Times
Kirk Semple y Marina Franco
Ciudad de México / CNY, EU.
Jueves 03 de mayo de 2018.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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