•    Teilhard era un sacerdote evolucionista. Demostró que se podía ser científico y creyente.

•    El corazón de la materia tendrá temporada del 19 de abril al 14 de mayo en el Teatro de las Artes del Cenart.


A Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), paleontólogo y sacerdote jesuita, José Ramón Enríquez lo leyó en copias de mimeógrafo que sus maestros jesuitas de la preparatoria sacaban para tener acceso a una obra que estuvo prohibida por la Iglesia católica hasta el Concilio Vaticano II, con Juan XXIII, en 1962.

"Todavía en esa época la idea del evolucionismo era vista como una herejía", expone Enríquez, quien, con Luis de Tavira y José María de Tavira como coautores, llevan a escena a Teilhard en El corazón de la materia, tomando el nombre de una de las obras fundamentales del filósofo francés.

Teilhard era un sacerdote evolucionista. Al aceptar la teoría de la evolución de Darwin, escandalizó a sus superiores. Demostró que se podía ser científico y creyente.

"Encuentra a Dios en la materia y encuentra cómo, en la evolución de la materia, se va cristificando y se va construyendo el Cristo cósmico para que, algún día, lo que llamamos los cristianos la parusía (segunda venida de Jesús), se construya y se totalice el Cristo cósmico", dice Enríquez, cristiano y marxista, sobre un autor vital para la concepción filosófica que subyace en su teatro.

Teilhard participó en 1929 en el descubrimiento del Hombre de Pekín; se trataba de tú a tú con Bertrand Russell, pero su Iglesia le impedía hablar, y él, por obediencia, guardó en un cajón su obra.

"No publicar es el máximo sacrificio", responde Enríquez. "Para mí, es una muestra de santidad". Tuvo que llegar Juan XXIII, ya muerto Teilhard, para "abrir las ventanas" y que su obra pudiera editarse.

El corazón de la materia es consecuencia natural de una obra anterior de Enríquez, La expulsión, dirigida por Luis de Tavira, sobre el destierro de los jesuitas de México en 1767. Una desgracia para el País, dice el poeta y dramaturgo. "¿Por qué no si a todos nos tocó tanto Teilhard, no hacemos algo sobre él?", propuso el equipo.

Presenta en 15 cuadros, ordenados de manera no lineal, la figura del filósofo francés que, de niño, con una piedra en las manos intuye que es más que un mineral, que fue capellán en la Primera Guerra Mundial y su decisión de legar su obra a su secretaría en espera de que pueda ser publicada y difundida.

Alude a la Misa sobre el mundo, cuando el paleontólogo está en China y no tiene ni pan ni cáliz para celebrar misa y decide consagrar la materia como si fuera la hostia y la ofrece a Dios.

"Es un místico", dice. "Es el momento de volverlo a leer, cristianos y no cristianos".

El corazón de la materia tendrá temporada del 19 de abril al 14 de mayo en el Teatro de las Artes del Cenart.

Y en el polo opuesto...

En el polo opuesto de Pierre Teilhard de Chardin asoma Jean Genet. José Ramón Enríquez tomó personajes de su novela Nuestra señora de las flores para el poema dramático Divina despierta.

"Es el mundo de dolor, ahí está Dios en esos seres dolidos, marginados, prostituidos", dice Enríquez. "Aparentemente son polos opuestos, pero hay una dialéctica que los une, el horror y la belleza".

Tito Vasconcelos encarna a Divina, un travesti, en esta historia de amor y crimen con la que celebra 50 años en el teatro.

"Tito lo que quería era hacer una obra mucho más en serio que el cabaret, demostrar que es un actor y es un gran actor", dice Enríquez, quien también cumple medio siglo en la escena, desde que debutó como profesional, actuando en un Macbeth dirigido por José Solé.

Divina despierta se presenta hasta el 26 de marzo en el Teatro Benito Juárez.

Reforma
Erika P. Bucio
Ciudad de México
Lunes 06 de marzo de 2017.

 

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