Los Ángeles – Yunuen Bonaparte tiene 27 años y no puede planear su futuro. Me lo dice con mirada resignada mientras mueve una cucharita en su taza de té. Si obtiene un empleo, si recibe financiamiento para ir a la escuela, si alquila un lugar donde vivir, no sabe cuánto le durará el gusto: el presidente de Estados Unidos puede hacer de un plumazo que todo eso sea ilegal. Y, después de eso, con un golpe en la puerta, un agente de inmigración podría detenerla e iniciar un proceso de deportación en su contra. “Cada día tengo que pensar dónde voy a estar en los próximos meses. Cuando iba a la escuela mis compañeras me decían: ‘Mi mamá dice que puedo hacer lo que yo quiera en la vida’. Para mí siempre ha sido diferente”.

El 21 de julio el senador demócrata Richard Durbin presentó ante el congreso estadounidense una nueva versión del DREAM Act, la propuesta de ley que podría regularizar la situación de más de un millón y medio de jóvenes inmigrantes como Yunuen, conocidos como dreamers. Son chicos que fueron traídos a Estados Unidos siendo menores de edad; han crecido y se han educado en la cultura estadounidense y, al llegar a la edad adulta, se han visto privados del acceso a un empleo, a la educación superior o de recibir servicios públicos porque carecen de un número de seguridad social al que solo tienen derecho los ciudadanos, residentes permanentes o residentes con ciertos tipos de visas. La etiqueta para ellos: ilegal. La consigna: “Go back to your country”. A un país que la mayoría no recuerda.

Desde 2001 se han presentado cinco versiones diferentes de la propuesta y siempre ha sido rechazada. Por esta razón, en 2012 el presidente Barack Obama anunció la acción ejecutiva conocida como DACA, que da protección temporal a jóvenes como Yunuen a través de un número de seguridad social temporal que les permite continuar con su vida, pero que no les da residencia permanente y puede echarse para atrás con otra acción ejecutiva del presidente en turno. Durante su campaña por la presidencia, Donald Trump dijo que lo haría. La amenaza mantiene en un limbo a casi 800 mil jóvenes registrados en el programa, que este 15 de agosto cumple cinco años de haber entrado en vigor.

Paradójicamente, es en la administración del propio Trump que se ha vuelto a abrir una ventana para el DREAM Act. La nueva propuesta, firmada también por el republicano Lindsey Graham, conserva el espíritu de la primera versión pero es más generosa en otros aspectos. Las personas que llegaron al país siendo menores de 18 años –antes el límite era 15– y que han vivido aquí de manera continua al menos cuatro años –antes era cinco– podrán ser beneficiarios cuando completen dos años de educación superior o de servicio en las fuerzas armadas, o cuando hayan estado empleados por al menos tres años. Esta última previsión es nueva y da una oportunidad a quienes no quieren o no pueden ir a la universidad. Otro cambio importante es que no establece un límite en la edad actual del solicitante. Cumpliendo estos requisitos, los beneficiarios pueden recibir una residencia legal en el país hasta por ocho años, con opción para acceder a la ciudadanía.

La aprobación del DREAM Act en estos términos no es una concesión hacia estos jóvenes, sino una deuda de la sociedad estadounidense con ellos. La migración de sus familias suele ser una decisión en la que ellos no han tomado parte y de la cual no son responsables. Inician una vida de cero, aprenden el idioma y la cultura, van a la escuela como cualquier otro chico estadounidense. Son estadounidenses de facto y no tienen un delito por el cual se les deba perseguir: la jurisprudencia sobre el tema reconoce que los niños que han venido al país sin documentos no lo han hecho por su voluntad, por lo cual no son responsables de su estatus migratorio; esta es la razón por la que pueden recibir educación gratuita hasta la preparatoria. El DREAM Act, además de ser un acto de justicia social, resolvería un hoyo negro legislativo que no dice qué hacer con ellos una vez que se gradúan.

Lo anterior puede servir como argumento moral, pero existen también argumentos económicos sólidos que hacen que, aunque parezca necio impulsar una nueva versión del DREAM Act cuando el Partido Republicano tiene el control del congreso, la defensa de la iniciativa tenga mayor sustento en esta ocasión.

En años anteriores, cuando la ley fue discutida, sus defensores planteaban el beneficio económico del DREAM Act en términos hipotéticos: si se aprobara, la incorporación de sus beneficiarios al aparato productivo formal representaría un ingreso significativo para el país. Sin embargo, durante los más de cuatro años que los dreamers han estado protegidos por DACA –es decir, que han accedido a apoyos financieros para ir a la universidad y que han trabajado de manera legal– los resultados son tangibles en términos académicos, de empleo y de recaudación fiscal.

En octubre de 2016, a unos días de la elección presidencial, el Center for American Progress, un centro dedicado a la investigación sobre políticas públicas, realizó un estudio sobre los cuatro primeros años de DACA. De los 750.000 jóvenes que han recibido la protección del programa –el 77 por ciento de ellos mexicanos–, un 95 por ciento trabajan o estudian en la actualidad, o hacen ambas cosas. En el caso de quienes trabajan, seis de cada diez dijo haberse movido a un mejor empleo y que el salario promedio que perciben se incrementó en 42 por ciento, lo cual significa que aumentó la cantidad de impuestos que pagan. Seis por ciento se convirtieron en pequeños empresarios y están a su vez generando empleo.

En junio, los procuradores de diez estados republicanos, liderados por el de Texas, Ken Paxton, enviaron una carta al fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, con una amenaza abierta: si para el 5 de septiembre Trump no desmantela DACA, los procuradores buscarán bloquear el programa ante una corte federal. En julio, en una misiva de respuesta, los procuradores de otros 19 estados y el Distrito de Columbia pidieron al presidente refrendar el programa debido a que su revocación afectaría no solo a los jóvenes, sino a sus empleadores, universidades, familias y a la economía del país.

Mientras continúa el jaloneo político, el apoyo público para los dreamers se mantiene. En una encuesta, el 78 por ciento de los votantes estadounidenses, incluido el 73 por ciento de quienes votaron por Trump, dijo estar de acuerdo con darles la oportunidad de quedarse en el país. Solo 14 por ciento considera que deben ser deportados.

Durante su presentación de la iniciativa, en un llamado desesperado al Partido Republicano, el senador Lindsey Graham cuestionó a sus colegas. “¿Quiénes somos? ¿En qué creemos? El momento de dar la cara se acerca. Cuando se escriba la historia de estos tiempos, yo voy a estar del lado de estos chicos”, dijo.

La vía para regularizar a los dreamers debe pasar por el Congreso de Estados Unidos y se debe evaluar más allá de las pugnas de partido. Un “aliado” para ello podría ser el jefe de personal de Trump, John Kelly, quien, a pesar de ser partidario de impulsar medidas migratorias más restrictivas, en su cargo previo como secretario de Seguridad Nacional pidió a los congresistas buscar una solución legislativa al asunto de los dreamers. Es posible que la permanencia de DACA o la aprobación del DREAM Act en el congreso sean utilizadas como elemento de negociación por parte del gobierno, o del Partido Republicano, para apretar las tuercas en otros aspectos de las leyes de inmigración.

Una acción ejecutiva como DACA es solo un curita para una herida mayor. Estados Unidos necesita con urgencia una reforma migratoria integral que reconozca la realidad de la economía estadounidense, la necesidad de mano de obra inmigrante y la urgencia de proteger los derechos de esta población. Pero mientras eso ocurre, los dreamers merecen ser vistos con la lente de la justicia social, no como los rehenes políticos que han sido hasta ahora.

Eileen Truax es una periodista mexicana que vive en Los Ángeles. Es autora de “Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano”. Su próximo libro aborda historias de resistencia de mexicanos en Estados Unidos ante la era Trump.

The New York Times
Eileen Truax
Los Ángeles, California, EU.
Jueves 17 de agosto de 2017.


•    Acusan sumisión de Peña ante Trump

•    Senadores de PRD y Morena reprochan debilidad de Peña ante Trump

México.- El papel del Presidente Enrique Peña Nieto es vergonzoso porque no sabe defender la soberanía de México ante su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, señaló el diputado perredista Agustín Basave.

Dijo que la transcripción de la primera conversación entre los dos Mandatarios, dada a conocer por el diario The Washington Post, revela cómo el País carece de una estrategia, pero también cómo Peña mostró falta de dignidad ante el republicano.

"Es penoso el papel del Presidente Peña. Se queda callado cuando debe responder con firmeza", afirmó el integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados.

"Hay ausencia de una estrategia y lo que existe es una visión cortoplacista y torpe, hay falta de dignidad, se ve claramente que hay miedo a Trump".

El ex presidente del PRD señaló que esta situación se deriva del error histórico de hace un año, cuando el Gobierno de Peña recibió como Jefe de Estado a Donald Trump, cuando era candidato a la Presidencia de Estados Unidos.

"Ese fue un error histórico, que no quieren reconocer, y estas son las consecuencias", indicó.

"Ahora qué se puede esperar de un Secretario de Relaciones Exteriores y de un Presidente que creen que a un 'bully' se le enfrenta apapachándolo, dándole la razón y haciendo lo que él quiere. No se le ponen límites, no hay un hasta aquí, se le compra la agenda que Trump impone".

Agregó que el Mandatario mexicano no fue firme en prácticamente ningún momento de la conversación, pues aceptó sin condiciones que no se hablara más de la posición de México de rechazo a pagar el muro en la frontera.

Tampoco, dijo, hubo una defensa de las Fuerzas Armadas cuando Trump puso en duda su capacidad y ofreció enviar las tropas de su país para combatir al narcotráfico.

Basave también criticó que Peña no respondiera ante el amago de imponer aranceles a los productos mexicanos.

"Se puede ser firme sin caer en insultos, sin caer en la estridencia, como dice Videgaray", expresó el perredista.

"Cuando le dice Trump a Peña que 'tú y yo contra el mundo', en realidad lo que le está diciendo es 'tú, detrás de mí'".

Senadores de PRD y Morena reprochan debilidad de Peña ante Trump

La transcripción de la llamada entre Donald Trump y Enrique Peña Nieto, publicada por The Washington Post, generó una airada reacción en redes sociales y entre los partidos opositores en el Senado, especialmente por la presunta actitud sumisa del mandatario mexicano y las amenazas y manipulación del jefe de la Casa Blanca.

La coordinadora del PRD, Dolores Padierna, afirmó que no era sorpresa lo publicado por el rotativo estadunidense, “pero nos preocupa mucho la debilidad con la que se conduce la relación con el gobierno americano”.

“El regaño que le hizo Trump a Peña no sólo lo deja a él en vergüenza, sino a todo nuestro país”, fustigó la legisladora.

Sobre el tema del “muro”, Padierna precisó: “no es quién lo paga, sino que no aceptamos ese muro. México debe poner fin a ese debate estéril y si el presidente norteamericano se ofusca en gastar recursos en ese acto ignominioso, debemos lanzar un extrañamiento diplomático y pensar en retirar el cuerpo diplomático establecido en Estados Unidos hasta que Trump entienda que debe respetar al presidente y al pueblo de México”.

El coordinador de los senadores del bloque PT-Morena, Miguel Barbosa Huerta, indicó que “no hay ninguna salida creativa” a la construcción del muro y expresó su molestia porque el gobierno mexicano “ha sido incapaz de mantener una posición de firmeza frente a la agresividad, a la impertinencia personal de Donald Trump”.

“Ningún presidente, ningún jefe de Estado podría estar optimista ni contento después de pláticas con estos temas tan complicados. Cualquiera en esa posición de presidente de la República le respondería a Trump: ‘Señor presidente, esos temas no los vamos a dialogar ni telefónica ni personalmente en esos términos’”, sentenció Barbosa.

Acusan sumisión de Peña ante Trump

Por su parte el diputado federal y portavoz de la bancada del PAN, Jorge López Martín, cuestionó la actitud "sumisa y complaciente" que el Presidente Enrique Peña Nieto ha observado frente a Donald Trump.

Luego que el diario The Washington Post revelara el contenido de la primera conversación que ambos Mandatarios sostuvieron en enero, en la que Trump le pide a Peña no decir que México no pagaría por el muro fronterizo, el diputado Jorge López Martín exigió al Presidente que ofrezca una postura clara sobre esa llamada telefónica.

"El Presidente Peña Nieto ha reducido la imagen del País en el mundo entero ante esta conducta sumisa y complaciente. Es obligación del titular del Ejecutivo hacer respetar su investidura y con ella la de todos los mexicanos", planteó el parlamentario coahuilense.

López Martín afirmó en entrevista que es "urgente que la Presidencia de la República rinda una explicación urgente de la revelación y emitir una postura clara, pública y contundente al respecto".

"Los mexicanos deben saber si nuestro Presidente seguirá las órdenes de un extranjero que nos odia o si va a salvaguardar la autonomía del Gobierno mexicano que él representa", afirmó.

Proceso
Reforma
Jenaro Villamil
Claudia Salazar
Mayolo López
Ciudad de México
Jueves 3 de agosto de 2017.


Director de Comunicaciones de Casa Blanca deja su cargo


El jefe de comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci, fue removido del cargo tras sólo 10 días de ejercerlo, reportó The New York Times.

El funcionario habría sido destituido a petición del nuevo jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, quien tomó posesión del cargo hoy.

Scaramucci fue designado como jefe de comunicaciones hace poco más de una semana, lo que provocó la renuncia del entonces Secretario de Prensa, Sean Spicer.

Pese a su corta estancia en la Casa Blanca, Scaramucci fue el centro de una polémica por sus ataques contra el ex jefe de gabinete, Reince Priebus.

Priebus fue removido de su cargo la semana pasada.

A solo 10 días de haber sido nombrado, Anthony Scaramucci es destituido de su puesto

Washington.- El controvertido empresario Anthony Scaramucci, nombrado hace apenas 10 días como director de Comunicaciones de la Casa Blanca, ya no ocupa ese cargo después de provocar un terremoto político en la presidencia, informó este lunes la prensa estadounidense.

Scaramucci fue señalado como responsable del despido del jefe de gabinete, Reince Priebus, y su sustitución por el general John Kelly.
 
El general Kelly prestó juramento como nuevo jefe de Gabinete este lunes, y según el diario New York Times poco después le pidió al presidente Donald Trump el despido inmediato de Scaramucci de la Casa Blanca.

Al ser nombrado Director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Scaramucci aseguró que el presidente Trump lo había llamado para poner fin a las filtraciones a la prensa, pero su llegada a la Casa Blanca desató una feroz lucha intestinal.

Su nombramiento provocó la renuncia inmediata del portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, pero Scaramucci puso la mira en Priebus, al que acusaba de haber bloqueado el acceso a Trump y de ser el responsable por las filtraciones a la prensa.

La semana pasada, Scaramucci mostró su musculatura cuando Trump anunció el despido de Priebus.

Sin embargo, la divulgación de una explosiva llamada de Scaramucci a un periodista, repleta de insultos del más bajo nivel dirigidos a Priebus y a otros funcionarios de la Casa Blanca, pareció sellar su suerte.

AFP
REFORMA
Ciudad de México
Washington DC, EU.
Lunes 31 de julio de 2017.


A pesar del ruido que causaron sus declaraciones, la batalla de Anthony Scaramucci contra las filtraciones podría estar perdida antes de empezar: “Voy a acabar con las filtraciones (...) que son como puñaladas por la espalda”, sentenció.


Pocas horas después de conocer su nombramiento como portavoz de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci borró de su cuenta de Twitter los trinos en los que se refería a su nuevo jefe como alguien “sin juicio”. Ese fue el último gesto de prudencia que el empresario de fondos de inversión ha tenido desde que llegó a reemplazar a Sean Spicer, quien renunció al cargo después de enterarse del nombramiento de Scaramucci en el equipo de comunicaciones del presidente.

La protesta de Spicer terminó de cobrar sentido tan pronto Scaramucci empezó a llenar los titulares de la prensa.

Todo empezó cuando Ryan Lizza publicó en el portal de noticias Politico el informe patrimonial del nuevo funcionario. Lleno de ira por lo que consideraba una filtración grave, Scaramucci contactó al periodista para pedirle que revelara su fuente y amenazó con despedir a todo el personal de comunicaciones si no lo hacía, “así no habrás protegido a nadie, todo el mundo va a estar afuera dentro de dos semanas”, dijo el portavoz según el recuento de la conversación que Lizza publicó en el New Yorker.

En esa misma llamada telefónica, Scaramucci se despachó contra Steve Bannon, uno de los asesores más influyentes de Trump, y más tarde, cuando la prensa reportó una cena a la que habrían asistido Trump y algunos miembros de la cadena de televisión Fox, arremetió en contra del jefe de gabinete de la Casa Blanca, Reince Priebus, a quien culpó de la filtración del encuentro a los medios.

“Lo que quiero hacer es matar a todos los jodidos filtradores”, fue una de las frases de menor calibre de Scaramucci, quien no tardó en disculparse por su lenguaje “colorido”. Sus peleas con Bannon, que representa al ala más radical y populista del gabinete de Trump, y Priebus, quien es un pez gordo del Partido Republicano, muestran claramente su ubicación dentro de las fuerzas que convergen en la administración Trump: al igual que Jared Kushner, el yerno del presidente, y Gary Cohn, el consejero de Trump en asuntos financieros, Scaramucci pertenece a una élite económica sin lazos sólidos con el Partido Republicano y sin ningún tipo de experiencia en el sector público.

El nuevo portavoz, de 53 años y con una larga carrera en los fondos de inversión, empezó sus aventuras políticas apoyando a Hillary Clinton y financiando la primera candidatura de Barack Obama. Cuando la crisis económica puso al presidente en contra de los intereses de Wall Street, Scaramucci cambió a los demócratas por los republicanos y se dedicó a reunir dinero para la campaña del republicano Mitt Romney. Más adelante, en mayo de 2016, dejó frío al auditorio que se reunía en una convención organizada por su compañía cuando anunció que estaría al lado de Trump en sus intenciones presidenciales.

Además de las donaciones que podía atraer a la campaña, Scaramucci estaba en el radar de Trump por sus contactos políticos. Al mando de su empresa de fondos financieros, el empresario neoyorquino convocaba a las convenciones que organizaba en Las Vegas a figuras que iban desde Al Gore hasta Sarah Palin. Incluso David Cameron, el ex primer ministro británico, terminó acudiendo a la Ciudad del Pecado cuando recibió el llamado de Scaramucci.

“Trata de no reírte, pero me dejan hablar hasta en la Cámara de Comercio de las Mujeres en Irak”, le dijo en 2012 a la periodista Jessica Pressier, quien además recordaba que un comediante estadounidense describió a Scaramucci como una estrella de reality show, una descripción que tal vez lo hizo encajar en las afinidades de su nuevo jefe, el presidente de Estados Unidos.

Una de las jugadas que le valieron a Scaramucci su entrada al casting del show presidencial vino a finales de junio. En ese entonces, el neoyorquino logró que la CNN rectificara y despidiera a tres de sus periodistas después de haber publicado una noticia sobre el supuesto encuentro entre Scaramucci y una firma de inversores rusa, una reunión que habría tenido lugar en la época en que el nuevo portavoz recogía los réditos de su apoyo a la campaña presidencial como miembro del equipo de transición de Trump.

“Wow, la CNN tuvo que retractarse de una gran historia sobre ‘Rusia’ […]. ¿Qué pasa con las otras historias falsas que hacen?”, escribió Trump, encantado con el espectáculo.

Aunque ha logrado sonar mucho, la efectividad de Scaramucci está en duda. Sus muestras de lealtad no son suficientes para contrarrestar la tensión que puede provocar en el gabinete y su guerra declarada contra las filtraciones no promete llegar muy lejos.

Según el periodista Erick Erickson, el hecho de que Trump sea tan malo recibiendo críticas deja sin muchas opciones a quienes quieren decirle cosas sin adularlo: “No les queda otra que acudir a la prensa, filtrar la historia y esperar que la reacción sea lo suficientemente intensa para que le patee el trasero al presidente”.

Durante la primera reunión del gabinete presidencial, el mes pasado, cada funcionario tomó la palabra para elogiar a Trump. Cuando le tocó a Reice Priebus, el enemigo declarado de Scaramucci por sus supuestas filtraciones, el jefe de gabinete habló por todo el personal de alto nivel para “agradecer la oportunidad y la bendición de servir” a la agenda de Trump. Con esto, la llegada de Scaramucci al casting del show presidencial promete sacudir a las audiencias mientras el programa de Trump sigue, como desde el comienzo, tambaleando.

El Espectador
Washington, DC, EU.
Sábado 29 de julio de 2017.


Una valla a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México cerca de Brownsville, Texas Credit Matthew Busch para The New York Times

Washington. - El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos ha comenzado los trabajos preliminares para la construcción de un muro en varios lugares de la frontera con México, indicó recientemente el Departamento de Seguridad Nacional de ese país.

Un grupo de ingenieros están perforando y tomando muestras de suelo para determinar qué tipo de barrera será la más efectiva en las variadas condiciones geográficas a lo largo de la frontera, dijo David Lapan, un vocero del Departamento de Seguridad Nacional.

La perforación y el análisis del terreno se realiza en El Paso, Texas; Santa Teresa, Nuevo México; Calexico, California, y Rio Grande Valley al sur de Texas. Lapan dijo que el análisis del terreno ya concluyó en El Paso y Calexico. Ya se han identificado las zonas de San Diego y Rio Grande Valley como regiones prioritarias para la construcción de nuevos muros fronterizos. En agosto, los ingenieros militares comenzarán a trabajar en el área de San Diego.

Estas acciones se están realizando mientras la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, de la cual depende la Patrulla Fronteriza, continúa evaluando decenas de propuestas enviadas por contratistas para los diseños del muro fronterizo.

El presidente Donald Trump ordenó la construcción del muro a través de una orden ejecutiva en enero. En marzo, el Departamento de Seguridad Nacional hizo una convocatoria para que se presentaran prototipos de un muro fronterizo “físicamente imponente” y “estéticamente agradable”. La estructura debe ser diseñada para evitar que la trepen o se caven túneles por debajo.

El plan de Trump para construir un muro fronterizo fue parte de una controversial pelea presupuestal en el congreso. El gobierno necesitaba disponer de 3600 millones de dólares en los presupuestos de 2017 y 2018 para poder erigir 160 kilómetros de muro. Pero los congresistas —tanto demócratas como republicanos— rechazaron proveer los fondos para el proyecto y propusieron aumentar los recursos para incrementar el uso de dispositivos tecnológicos en la frontera como, por ejemplo, los sensores.

Sin embargo, el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes aprobó el martes una partida de gastos que incluye 1600 millones de dólares para el muro. Con esa suma podrían construirse 119 kilómetros de segmentos del muro a lo largo de la frontera suroeste.

El Departamento de Seguridad Nacional ha reasignado 20 millones de dólares de otros programas para pagar la construcción de diversos prototipos del muro fronterizo. Está programado que la construcción de esos proyectos comience este verano en el área de San Diego.

Unos funcionarios de Seguridad Nacional dijeron que los prototipos podrían ser agregados al muro fronterizo que ya existe en San Diego y también afirmaron que eso permitiría evaluar cuáles barreras son las más efectivas al momento de darles tiempo a los agentes de la Patrulla Fronteriza para responder al contrabando de drogas ilegales y personas. Los funcionarios dijeron que planean construir de cuatro a ocho prototipos.

Inicialmente, Trump habló sobre construir un “gran y hermoso” muro a lo largo de toda la frontera con México, la cual tiene una longitud de 3200 kilómetros. Pero la semana pasada, redujo ese plan al decir que la longitud del muro podría ser de 1127 kilómetros.

“No necesitas 3200 kilómetros de muro porque cuentas con muchas barreras naturales”, comentó el mandatario en una conversación que sostuvo con reporteros a bordo del Air Force One la semana pasada. “Tienes montañas. Tienes algunos ríos que son violentos y brutales. Tienes algunas áreas que están tan apartadas que no tienes gente cruzando por ahí. Así que no necesitas eso. Pero necesitarás entre 1100 y 1400 kilómetros”.

Trump también dijo que el muro sería parcialmente transparente y podría tener paneles solares para ayudar a reducir los costos. El líder estadounidense ha prometido que logrará que México pague por el muro, lo cual fue tajantemente rechazado por Enrique Peña Nieto, presidente de México.

En las comunidades de la frontera muchas personas han mostrado su rechazo a este proyecto. En Texas, amplios sectores del territorio necesario para erigir el muro están en propiedades privadas, y la mayoría de los dirigentes republicanos y demócratas de la delegación congresional del estado se oponen a la construcción.

The New York Times
Ron Nixon
Washington, DC, EU
Viernes 21 de julio de 2017.


Washington. - El anuncio del presidente Donald Trump de que Estados Unidos se retiraría del Acuerdo de París, fue recibido con consternación y temores de que la decisión pondrá en riesgo este pacto global. Para América Latina, que de manera unánime apoya los esfuerzos planetarios para enfrentar el cambio climático, la estrategia dificultará cumplir los objetivos climáticos y tensará las relaciones con Estados Unidos.

Los países de América Latina se encuentran entre los más comprometidos en el combate del cambio climático. Casi tres cuartas partes de los ciudadanos en la región, uno de los porcentajes más elevados en el mundo, consideran que el cambio climático es un problema muy serio.

Los países latinoamericanos y caribeños son muy vulnerables a este problema. Un aumento importante en las temperaturas mundiales conduciría a una reducción de la tierra cultivable, la pérdida de islas de baja altitud y las regiones costeras, así como a fenómenos meteorológicos más extremos en muchos de estos países. Latinoamérica cuenta con una tercera parte del agua dulce del planeta y casi el 30 por ciento de terrenos nuevos que podrían cultivarse, lo cual convierte a esta región en un centro importante para la producción mundial de alimentos.

Los centros urbanos de la zona —60 de las 77 ciudades más grandes del mundo se ubican en la costa— y las islas caribeñas son extremadamente vulnerables al aumento de los niveles del mar que podrían dañar la infraestructura y contaminar los humedales de agua dulce. Centroamérica, el Caribe y el este de México enfrentarían la amenaza de una mayor frecuencia de tormentas tropicales de alta intensidad. En Sudamérica, el cambio climático ya parece estar alterando los patrones de lluvias y aumentando el descongelamiento de glaciares, lo que pone en riesgo las cuencas que abastecen el agua potable, la producción agrícola y la energía hidráulica de decenas de millones de personas.

Veinticinco países de América Latina y el Caribe ya ratificaron el acuerdo. Costa Rica hizo la promesa más ambiciosa y fue uno de los pocos países en el mundo que se comprometió a reducir sus emisiones a fin de cumplir con la meta mundial de mantener el aumento de la temperatura promedio del planeta por debajo de los dos grados centígrados.

Cumplir estos objetivos será un desafío. El rápido aumento en la compra de automóviles, los subsidios a los combustibles y la falta de incentivos para autos eficientes y eléctricos convierte al sector del transporte en una de las fuentes de emisiones de mayor crecimiento de América Latina. Después de la disminución de las tasas de deforestación, esta zona ha visto un repunte reciente, más evidente en la región amazónica de Brasil. La creciente demanda de electricidad también está impulsando un aumento en las emisiones, en particular en los países donde la generación de energía se basa principalmente en el carbón o el petróleo, como en México, mientras que las sequías cada vez más frecuentes y la fuerte oposición a las represas hidroeléctricas han hecho menos confiable a la hidrogenaría limpia.

La cooperación y el apoyo internacional serán clave para que los países latinoamericanos y caribeños puedan cumplir con los compromisos de París y ampliar sus promesas en el futuro, que es la intención de los negociadores climáticos. Los planes de reducción de emisiones desarrollados por varios países, entre los que se encuentran México, Argentina, Colombia, Perú y Bolivia, incluyeron compromisos incondicionales, además de promesas más ambiciosas, a condición de transferencia de tecnología y financiamiento internacional.

Durante el anterior gobierno de Estados Unidos, el cambio climático y las energías limpias eran un área importante de cooperación internacional. En 2014, Obama prometió entregar tres mil millones de dólares al Green Climate Fund, que ayuda a los países pobres a luchar contra el cambio climático y a adaptarse a este. El fondo fue un compromiso clave en París para que los países en desarrollo se integren, a pesar de la mayor responsabilidad histórica que tienen las naciones industrializadas en el cambio climático. Obama transfirió 500 millones de dólares al GCF mientras fue presidente.

Sin embargo, la gestión de Trump ya está actuando para eliminar por completo el financiamiento encaminado a contrarrestar el cambio climático. El plan presupuestario de Trump elimina el apoyo a la Iniciativa Mundial contra el Cambio Climático y las contribuciones a los programas de Naciones Unidas para el mismo fin. En su anuncio del 1 de junio, el presidente reiteró que Estados Unidos ya no haría las contribuciones prometidas al Green Climate Fund.

La decisión del presidente Trump de retirarse del acuerdo climático parece ser parte de una política más amplia de desvinculación de los asuntos internacionales que acabará por dañar la relación de Estados Unidos con los países latinoamericanos. La política exterior de “Estados Unidos primero” de Trump tiene como objetivo evidente fortalecer los intereses y la seguridad nacional de Estados Unidos, y Trump ha indicado que dará más prioridad a la defensa que a la cooperación internacional. El presupuesto del presidente, que presentó ante el Congreso el 16 de mayo, propone un recorte del 30 por ciento en el financiamiento para el Departamento de Estado en comparación con el año anterior, mientras que aumenta el gasto en defensa.

Hasta ahora, muchas de las iniciativas de energía limpia de Obama en América Latina y el Caribe siguen vigentes. Los apoyos relacionados con energías limpias para Centroamérica y el Caribe, que forman parte de paquetes de ayuda de mayor envergadura ya aprobados por el Congreso, parecen seguir por buen camino. Estados Unidos continúa con los planes de participar en la Reunión Ministerial de la Alianza de Energía y Clima de las Américas —una iniciativa del gobierno de Obama—, que tendrá lugar en Chile en septiembre.

Sin embargo, los recortes presupuestarios propuestos, junto con la decisión de abandonar el Acuerdo de París, ponen en duda cuánto durará esta cooperación. La falta de nombramientos en posiciones de liderazgo clave para Latinoamérica (por ejemplo, Trump no ha nombrado al nuevo subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado) también inhibe la capacidad de la administración para adoptar una estrategia proactiva de participación en la región. La falta de liderazgo tanto en los asuntos del hemisferio occidental como del cambio climático en el actual gobierno estadounidense debilita la cooperación con los aliados de Estados Unidos en la región.

Después del anuncio de Trump, muchos líderes latinoamericanos condenaron la decisión de Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París y reiteraron su compromiso con los objetivos del cambio climático. Con la histórica caída del costo de las energías renovables y los avances en la eficiencia energética, las energías limpias son incluso más rentables. Sin embargo, cumplir los retos mundiales de luchar y adaptarse al cambio climático requiere la cooperación del mundo entero, y la decisión de Estados Unidos de retirarse de esta cooperación internacional dañará su relación con Latinoamérica y con el resto del mundo.

Lisa Viscidi es directora del programa Energía, Cambio Climático e Industrias Extractivas del Diálogo Interamericano en Washington.

The New York Times
Lisa Viscidi
Washington, DC, EU
Martes 13 de junio de 2017.


El ex Presidente de Estados Unidos Barack Obama afirmó ante una audiencia en Berlín que las naciones prósperas no pueden esconderse detrás de muros para protegerse de la agitación y la pobreza que afligen a otros países.

En su discurso durante un panel de discusión sobre la democracia, acompañado por la Canciller alemana, Angela Merkel, en un sitio donde alguna vez estuvo el muro de Berlín, Obama habló por 90 minutos sobre temas internacionales y estadounidenses sin mencionar directamente a su sucesor, Donald Trump.

Sin embargo, con sus palabras, el ex Mandatario hizo alusión a la intención de Trump de erigir un muro a lo largo de la frontera con México.

Obama explicó que el mundo se está acercando gracias a la tecnología y la globalización, por lo que no es posible permanecer aislado de los problemas en el extranjero.

"Si hay trastornos en estos países, si hay un mal Gobierno, si hay guerra o si hay pobreza, en este nuevo mundo en el que vivimos no podemos aislarnos. No podemos escondernos detrás de un muro", explicó Obama.

En el que también fue su primer discurso en Europa desde que dejó la Casa Blanca, Obama advirtió sobre los peligros de tomar la paz y la prosperidad por sentadas.

"El mundo está en una encrucijada", aseguró Obama, frente a unas 70 mil personas en la Puerta de Brandeburgo.

"La creciente brecha de desigualdad dentro de las naciones, así como entre las naciones, son un gran problema. (Al mismo tiempo) el mundo nunca ha sido más rico, o ha estado más sano y mejor educado", ilustró.

"Si podemos mantener ese progreso, entonces soy muy optimista con respecto a nuestro futuro. Mi trabajo ahora es ayudarlos a llevarlo al siguiente paso", dijo.

Obama contó que había pasado los últimos cuatro meses tratando de ponerse al día con su sueño y pasando más tiempo con su familia.

"Estoy muy orgulloso del trabajo que hice como Presidente", aseguró entre aplausos, y precisó que estaba especialmente orgulloso de la reforma del sistema de salud que hizo.

"Mi esperanza era conseguir una cobertura de salud del 100 por ciento. No logramos eso, pero sumamos 20 millones de personas que no tenían cobertura antes.

"Ahora algunos de los progresos que hicimos están en peligro porque un debate significativo está teniendo lugar en los Estados Unidos", agregó, evitando nuevamente la mención directa de Trump, quien está tratando de desmantelar el llamado Obamacare.

Apenas cuatro meses antes de la elección de Alemania, la mera aparición de Obama con Merkel, retransmitida en vivo en cuatro canales, planteó críticas sobre si estaba ayudando a la campaña de reelección de Merkel.

Pero Merkel y Obama se mantuvieron alejados de los temas de la campaña con su discusión enfocada en la fe y la política en general.

Obama dijo que espera utilizar la poca influencia que tiene como ex Presidente para ayudar a los jóvenes a estar mejor preparados para los retos que se avecinan.

Reuters
Berlín, Alemania
Jueves 25 de mayo de 2017.


El Presidente estadounidense, Donald Trump, reveló información altamente clasificada al Ministro de Exteriores ruso y al Embajador ruso en una reunión en la Casa Blanca la semana pasada, según The Washington Post.

Según funcionarios y ex funcionarios citados por el diario, las revelaciones pusieron en peligro a una fuente crítica de inteligencia sobre el autodenominado Estado Islámico (EI).

La información que Trump reveló fue proporcionada por un socio estadounidense a través de un acuerdo de inteligencia compartido considerado tan sensible que los detalles han sido restringidos inclusive a países aliados y dentro del propio Gobierno de Estados Unidos.

Dicho socio no había dado permiso a Estados Unidos para compartir el material con Rusia, y las autoridades citadas por el diario afirmaron que la decisión de Trump de hacerlo pone en riesgo colaboraciones futuras de la fuente, que tiene acceso al funcionamiento interno del EI.

Tras la reunión de Trump con los funcionarios rusos, altos funcionarios de la Casa Blanca tomaron medidas para contener el daño, con llamadas a la CIA y a la Agencia de Seguridad Nacional.

"Era información codificada", explicó un funcionario estadounidense familiarizado con el tema, en alusión a uno de los niveles de clasificación más altos usados por las agencias de espionaje estadounidenses.

"Trump reveló más información al Embajador ruso de lo que hemos compartido con nuestros propios aliados", añadió el funcionario.

La revelación sucede en momentos en que Trump enfrenta una creciente presión legal y política en múltiples frentes relacionada con Rusia.

La semana pasada, Trump despidió al director del FBI James Comey, en momentos en que la oficina llevaba a cabo una pesquisa sobre los vínculos entre la campaña Trump con Moscú.

Un posterior reconocimiento del Presidente de que el despido fue impulsado por el esa investigación fue valorada por críticos como un intento de obstruir la justicia.

Un día después de despedir a Comey, Trump dio la bienvenida en la Oficina Oval de la Casa Blanca al Canciller ruso, Segei Lavrov, y al Embajador Sergey Kislyak, una figura clave en las controversias de sus allegados con Rusia.

Fue durante esa reunión, según funcionarios citados por The Washington Post, que Trump se salió del guión y comenzó a describir detalles sobre una amenaza terrorista del EI relacionada con el uso de computadoras portátiles en aviones.

Para la mayoría de las personas en el Gobierno, discutir estos asuntos con un adversario sería ilegal.

Como Presidente, Trump tiene amplia autoridad para desclasificar los secretos del Gobierno, lo que hace improbable que sus revelaciones violen la ley.

Pero los funcionarios expresaron su preocupación por el manejo de Trump de información delicada, así como por su comprensión de las posibles consecuencias.

La exposición de una fuente de inteligencia que ha proporcionado información crítica sobre el autodenominado Estado Islámico, dijeron, podría obstaculizar la capacidad de los Estados Unidos y sus aliados de detectar amenazas futuras.

Reforma
Washington DC, Estados Unidos
Martes 16 de mayo de 2017.


El despido del director del FBI, encargado de investigar la trama rusa, abre la mayor crisis del mandato y muestra el lado más feroz del presidente

Donald Trump hizo durante años del despido una forma de vida. A lo largo de 14 temporadas, en horario de máxima audiencia, el multimillonario dio a la nación lecciones sobre cómo fulminar a los candidatos en su show The Apprentice. “¡Estás despedido!”. Esa era la humillante frase que multiplicó su fama, le catapultó a la política y que a las 17.40 del pasado martes, enviada en sobre lacrado y con suave lenguaje oficial, abrió la mayor crisis de su presidencia.

El despido del director del FBI, James Comey, ha supuesto para Trump un regreso a sí mismo. Una de sus caretas ha caído y ante el mundo ha emergido su rostro más feroz, la del presidente capaz de eliminar con sus propias manos al responsable de investigar si su equipo de campaña se coordinó con el Kremlin para atacar a la candidata demócrata Hillary Clinton. Es la trama rusa. El escándalo que día y noche le persigue y cuyo núcleo recoge el informe ICA 2017-01D de la Dirección de Inteligencia Nacional.

Este expediente, elaborado por la CIA, el FBI y la NSA, analiza meses de actividad del Kremlin y ofrece una conclusión aterradora: “Vladímir Putin ordenó una campaña en 2016 contra las elecciones presidenciales de EEUU. El objetivo era socavar la fe pública en el proceso democrático, denigrar a la secretaria Clinton y dañar su elegibilidad y potencial presidencia. Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por Trump”.

Léanlo despacio. Trump era el elegido por los rusos y Trump fue el ganador de los comicios. La conclusión es fácil. Pero no hay pruebas y el encargado buscarlas acaba de ser despedido por el propio presidente. Pocas veces la sospecha resultó tan evidente. Y el republicano no hace sino engrandecerla. En su huida ha llamado “enemigos del pueblo” a los periodistas que investigan el caso y ha creado la etiqueta de fake news para sus exclusivas. En palabras de Trump todo se reduce a un “enorme montaje de esos demócratas que no saben perder”. Pero los hechos no son tan simples.

Diecisiete de sus más cercanos colaboradores mantenían nexos con Moscú. Hubo reuniones secretas con el Kremlin en las Islas Seychelles y en el curso de un mes el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, perdió el puesto y el fiscal general, Jeff Sessions, quedó inhabilitado parcialmente por ocultar el contenido de sus conversaciones con el embajador ruso en Washington. Dos bajas significativas, aunque menos explosivas que el despido de Comey.

Los directores del FBI, elegidos por los presidentes y refrendados por el Senado, gozan de un mandato de 10 años y de una inmensa autonomía. Sólo uno en 109 años de historia había sido destituido. Fue con Bill Clinton y por motivos éticos.

El caso de Comey es distinto. Por mucho que se le quiera ahora entronizar, el director del FBI se movía con torpeza en la arena política. En su día concitó el odio tanto de los demócratas por reabrir el caso de los correos de Clinton como el de Trump por cerrarlo poco después. Pero entre sus agentes era adorado. Se le consideraba un muro frente a las presiones. Un ejemplo de celo puritano.

Con estos antecedentes, la salida de Comey ha dañado profundamente la credibilidad de la Casa Blanca. Las encuestas-flash revelan que una mayoría desaprueba la destitución y, lo que es aún más importante, que la exigencia de una investigación independiente se ha vuelto atronadora. “La decisión de Trump le ha debilitado y tiene como efecto que la mayoría de los estadounidenses insistan ahora en una investigación plena de los vínculos con Rusia”, afirma el profesor Larry J. Sabato, director del Centro para la Política de la Universidad de Virginia.

Los republicanos, conscientes del peligro de autodestrucción, se han cerrado en banda al nombramiento de un fiscal especial. Y mucho menos están dispuestos a aceptar cargo alguno de obstrucción que pueda alimentar un remotísimo impeachment. La única válvula de escape procede del propio FBI, siempre que el nuevo director no la asfixie, y de los comités del Senado y de la Cámara de Representantes. “Pero los republicanos, por mucha que sea la controversia, mantienen un frente unido en torno a Trump y pueden ralentizar o frenar cualquier investigación”, señala Andrew Lakoff, profesor de la Universidad de California Sur.

El futuro de las indagaciones es incierto. Y Trump no parece dispuesto a quedarse quieto. Sin importarle dejar en evidencia a sus portavoces y sus alambicadas explicaciones del despido, ha roto cualquier formalismo, ha llamado "fanfarrón" a Comey y ha proclamado que quería fulminarle desde hacía tiempo. El motivo es múltiple, pero a nadie se le escapa que, aparte de la trama rusa, el director del FBI se había atrevido a desmentir su acusación de que Barack Obama le había espiado y que, después de testificar el 3 de mayo con asepsia sobre Clinton, el presidente ya no confiaba en él.

Tras su destitución, el director del FBI permaneció silencioso. Luego, ante el incremento de la presión, dio dos pasos de seguridad: dejó abierta la puerta a una declaración ante el Comité de Inteligencia del Senado y, a través de allegados, filtró a The New York Times que el 27 de enero pasado el republicano le había citado para cenar a solas en la Casa Blanca. El objetivo era presionarle para que le prometiera lealtad. “Seré honesto”, fue la respuesta de Comey.

Publicada esta reconstrucción, Trump montó en cólera y en la mañana de viernes sacó el cuchillo. Por Twitter conminó al despedido a que no hablase más: “Será mejor para Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”. La amenaza era clara, directa, letal. Un presidente de Estados Unidos blandía supuestas escuchas para callar a un ex director del FBI.

La careta había caído. No hablaba ese Trump untuoso y paternal que tanto se gusta a sí mismo. Hablaba el tigre crecido en Queens, el matón de la escuela militar de Cornwall, el admirador de Putin. El mensaje llegó a Comey. Esa misma tarde se supo que declinaba acudir al Comité de Inteligencia del Senado. Trump, otra vez, había ganado.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC, EU.
Domingo 14 de mayo de 2017.


Algunos republicanos están “genuinamente preocupados” por la amenaza que parece representar el presidente Donald Trump al orden constitucional en EU, y parecen considerar al vicepresidente Mike Pence como un posible sustituto, según señaló el demócrata Richard Brodsky en una columna en The Huffington Post.

El ex asambleísta por Nueva York, durante 14 periodos, asegura que “los republicanos están lenta, pero seguramente contemplando la política y la mecánica necesarias para librarse de Trump”.

Mientras que algunos republicanos, señala Brodsky, consideran esta posibilidad debido a sus preocupaciones por la forma de actuar de Trump, otros ven el problema como algo meramente político, considerando la fuerza de los votantes republicanos de Trump. Pese a esto, señala el columnista, todos estarán buscando la solución más fácil y todos preferirían a Pence.

“El orden republicano ya está allí. Mike Pence es todo lo que podrían esperar: está a favor de recortar impuestos, es anti-gay, anti-aborto, anti-Obamacare, apoya el poderío militar, es el paquete completo. Los republicanos ya sólo están viendo cuándo y cómo” hacer el movimiento, explica Brodsky.

El reciente y sorpresivo despido de James Comey como director del FBI —quien investigaba los nexos entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno ruso— provocó un escándalo en la política estadounidense, pues muchos han señalado la acción de Trump como un intento de encubrir o frenar la investigación, que podría llegar a afectar a figuras clave de su administración e incluso a él mismo.

Algunos señalan que este escándalo —o el posible hallazgo de pruebas sobre los nexos entre la campaña de Trump y Rusia— podría ser el detonante para que Donald Trump enfrente un juicio político que podría llevar a su destitución.

“Cuándo y cómo” sustituir a Trump con Pence, serían las grandes preguntas que, según el político demócrata, se hacen los republicanos. Las razones legales para la destitución o remoción de un presidente son algo secundarias. Las lecciones de las destituciones de Nixon y Clinton son obvias y muestran que no se llega a una acusación como esa hasta después de un tiempo en la Casa Blanca.

Primero, un presidente popular es intachable, no importa cuál sea la razón de su popularidad o de la acusación. Cuando Nixon estaba buscando su reelección la idea de un “impeachment” era absurda y siguió así hasta que desafió los tribunales; e incluso entonces su caída fue lenta. Por su parte, Clinton, atrapado entre mentiras, nunca estuvo en serios problemas, más allá de las ideologías en el Congreso. En realidad, su popularidad aumentó durante la acusación.

En segundo lugar, la lealtad partidaria es un impedimento para la destitución. Mientras los demócratas del Congreso se mantuvieron junto a Clinton, los republicanos se pusieron en contra de Nixon.

Para Trump las cosas se complican pues sólo cuenta con el apoyo genuino de un puñado de legisladores conservadores en el Congreso. La mayoría sólo lo toleran, lo que indica que su situación podría empeorar.

Pero no tan simple como parece, explica Brodsky, “en casi todos los distritos del Congreso y todos los estados los republicanos fieles a Trump controlan las nominaciones. Parece que nada de lo que Trump haga puede hacer que dejen de apoyarlo.

En la opinión el columnista del Huffington Post, los acontecimientos cotidianos de la política tienden a resolver este tipo de contradicciones. “Nadie sabe lo que va a golpear a continuación. Pero hay cosas que hay que vigilar”, como las encuestas.

Entre los miembros de la Cámara, la disciplina y pensar en grupo son armas mucho más persuasivas. Podría no parecerlo, señala Brodsky, pero incluso ahora los republicanos están buscando resolver el problema que representa Trump e instalar a Mike Pence.

Brodsky recordó que acusar a Trump no es la única vía para destituirlo. La 25ª enmienda de la Constitución estadounidense prevé la expulsión de los presidentes incapacitados. Y según el columnista, sería Mike Pence quién desencadenaría tal proceso de eliminación. Pero esta posibilidad, señala el político demócrata, no es “motivo de regocijo”, pues asegura que sea como sea, “estamos en problemas”.

El reciente despido de James Comey del FBI provocó un escándalo en la política estadounidense
Estarían buscando la solución más fácil y todos preferirían a Pence, señala el demócrata Richard Brodsky

El Universal
Ciudad de México
Jueves 11 de mayo de 2017.

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