El Presidente estadounidense, Donald Trump, reveló información altamente clasificada al Ministro de Exteriores ruso y al Embajador ruso en una reunión en la Casa Blanca la semana pasada, según The Washington Post.

Según funcionarios y ex funcionarios citados por el diario, las revelaciones pusieron en peligro a una fuente crítica de inteligencia sobre el autodenominado Estado Islámico (EI).

La información que Trump reveló fue proporcionada por un socio estadounidense a través de un acuerdo de inteligencia compartido considerado tan sensible que los detalles han sido restringidos inclusive a países aliados y dentro del propio Gobierno de Estados Unidos.

Dicho socio no había dado permiso a Estados Unidos para compartir el material con Rusia, y las autoridades citadas por el diario afirmaron que la decisión de Trump de hacerlo pone en riesgo colaboraciones futuras de la fuente, que tiene acceso al funcionamiento interno del EI.

Tras la reunión de Trump con los funcionarios rusos, altos funcionarios de la Casa Blanca tomaron medidas para contener el daño, con llamadas a la CIA y a la Agencia de Seguridad Nacional.

"Era información codificada", explicó un funcionario estadounidense familiarizado con el tema, en alusión a uno de los niveles de clasificación más altos usados por las agencias de espionaje estadounidenses.

"Trump reveló más información al Embajador ruso de lo que hemos compartido con nuestros propios aliados", añadió el funcionario.

La revelación sucede en momentos en que Trump enfrenta una creciente presión legal y política en múltiples frentes relacionada con Rusia.

La semana pasada, Trump despidió al director del FBI James Comey, en momentos en que la oficina llevaba a cabo una pesquisa sobre los vínculos entre la campaña Trump con Moscú.

Un posterior reconocimiento del Presidente de que el despido fue impulsado por el esa investigación fue valorada por críticos como un intento de obstruir la justicia.

Un día después de despedir a Comey, Trump dio la bienvenida en la Oficina Oval de la Casa Blanca al Canciller ruso, Segei Lavrov, y al Embajador Sergey Kislyak, una figura clave en las controversias de sus allegados con Rusia.

Fue durante esa reunión, según funcionarios citados por The Washington Post, que Trump se salió del guión y comenzó a describir detalles sobre una amenaza terrorista del EI relacionada con el uso de computadoras portátiles en aviones.

Para la mayoría de las personas en el Gobierno, discutir estos asuntos con un adversario sería ilegal.

Como Presidente, Trump tiene amplia autoridad para desclasificar los secretos del Gobierno, lo que hace improbable que sus revelaciones violen la ley.

Pero los funcionarios expresaron su preocupación por el manejo de Trump de información delicada, así como por su comprensión de las posibles consecuencias.

La exposición de una fuente de inteligencia que ha proporcionado información crítica sobre el autodenominado Estado Islámico, dijeron, podría obstaculizar la capacidad de los Estados Unidos y sus aliados de detectar amenazas futuras.

Reforma
Washington DC, Estados Unidos
Martes 16 de mayo de 2017.


El despido del director del FBI, encargado de investigar la trama rusa, abre la mayor crisis del mandato y muestra el lado más feroz del presidente

Donald Trump hizo durante años del despido una forma de vida. A lo largo de 14 temporadas, en horario de máxima audiencia, el multimillonario dio a la nación lecciones sobre cómo fulminar a los candidatos en su show The Apprentice. “¡Estás despedido!”. Esa era la humillante frase que multiplicó su fama, le catapultó a la política y que a las 17.40 del pasado martes, enviada en sobre lacrado y con suave lenguaje oficial, abrió la mayor crisis de su presidencia.

El despido del director del FBI, James Comey, ha supuesto para Trump un regreso a sí mismo. Una de sus caretas ha caído y ante el mundo ha emergido su rostro más feroz, la del presidente capaz de eliminar con sus propias manos al responsable de investigar si su equipo de campaña se coordinó con el Kremlin para atacar a la candidata demócrata Hillary Clinton. Es la trama rusa. El escándalo que día y noche le persigue y cuyo núcleo recoge el informe ICA 2017-01D de la Dirección de Inteligencia Nacional.

Este expediente, elaborado por la CIA, el FBI y la NSA, analiza meses de actividad del Kremlin y ofrece una conclusión aterradora: “Vladímir Putin ordenó una campaña en 2016 contra las elecciones presidenciales de EEUU. El objetivo era socavar la fe pública en el proceso democrático, denigrar a la secretaria Clinton y dañar su elegibilidad y potencial presidencia. Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por Trump”.

Léanlo despacio. Trump era el elegido por los rusos y Trump fue el ganador de los comicios. La conclusión es fácil. Pero no hay pruebas y el encargado buscarlas acaba de ser despedido por el propio presidente. Pocas veces la sospecha resultó tan evidente. Y el republicano no hace sino engrandecerla. En su huida ha llamado “enemigos del pueblo” a los periodistas que investigan el caso y ha creado la etiqueta de fake news para sus exclusivas. En palabras de Trump todo se reduce a un “enorme montaje de esos demócratas que no saben perder”. Pero los hechos no son tan simples.

Diecisiete de sus más cercanos colaboradores mantenían nexos con Moscú. Hubo reuniones secretas con el Kremlin en las Islas Seychelles y en el curso de un mes el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, perdió el puesto y el fiscal general, Jeff Sessions, quedó inhabilitado parcialmente por ocultar el contenido de sus conversaciones con el embajador ruso en Washington. Dos bajas significativas, aunque menos explosivas que el despido de Comey.

Los directores del FBI, elegidos por los presidentes y refrendados por el Senado, gozan de un mandato de 10 años y de una inmensa autonomía. Sólo uno en 109 años de historia había sido destituido. Fue con Bill Clinton y por motivos éticos.

El caso de Comey es distinto. Por mucho que se le quiera ahora entronizar, el director del FBI se movía con torpeza en la arena política. En su día concitó el odio tanto de los demócratas por reabrir el caso de los correos de Clinton como el de Trump por cerrarlo poco después. Pero entre sus agentes era adorado. Se le consideraba un muro frente a las presiones. Un ejemplo de celo puritano.

Con estos antecedentes, la salida de Comey ha dañado profundamente la credibilidad de la Casa Blanca. Las encuestas-flash revelan que una mayoría desaprueba la destitución y, lo que es aún más importante, que la exigencia de una investigación independiente se ha vuelto atronadora. “La decisión de Trump le ha debilitado y tiene como efecto que la mayoría de los estadounidenses insistan ahora en una investigación plena de los vínculos con Rusia”, afirma el profesor Larry J. Sabato, director del Centro para la Política de la Universidad de Virginia.

Los republicanos, conscientes del peligro de autodestrucción, se han cerrado en banda al nombramiento de un fiscal especial. Y mucho menos están dispuestos a aceptar cargo alguno de obstrucción que pueda alimentar un remotísimo impeachment. La única válvula de escape procede del propio FBI, siempre que el nuevo director no la asfixie, y de los comités del Senado y de la Cámara de Representantes. “Pero los republicanos, por mucha que sea la controversia, mantienen un frente unido en torno a Trump y pueden ralentizar o frenar cualquier investigación”, señala Andrew Lakoff, profesor de la Universidad de California Sur.

El futuro de las indagaciones es incierto. Y Trump no parece dispuesto a quedarse quieto. Sin importarle dejar en evidencia a sus portavoces y sus alambicadas explicaciones del despido, ha roto cualquier formalismo, ha llamado "fanfarrón" a Comey y ha proclamado que quería fulminarle desde hacía tiempo. El motivo es múltiple, pero a nadie se le escapa que, aparte de la trama rusa, el director del FBI se había atrevido a desmentir su acusación de que Barack Obama le había espiado y que, después de testificar el 3 de mayo con asepsia sobre Clinton, el presidente ya no confiaba en él.

Tras su destitución, el director del FBI permaneció silencioso. Luego, ante el incremento de la presión, dio dos pasos de seguridad: dejó abierta la puerta a una declaración ante el Comité de Inteligencia del Senado y, a través de allegados, filtró a The New York Times que el 27 de enero pasado el republicano le había citado para cenar a solas en la Casa Blanca. El objetivo era presionarle para que le prometiera lealtad. “Seré honesto”, fue la respuesta de Comey.

Publicada esta reconstrucción, Trump montó en cólera y en la mañana de viernes sacó el cuchillo. Por Twitter conminó al despedido a que no hablase más: “Será mejor para Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”. La amenaza era clara, directa, letal. Un presidente de Estados Unidos blandía supuestas escuchas para callar a un ex director del FBI.

La careta había caído. No hablaba ese Trump untuoso y paternal que tanto se gusta a sí mismo. Hablaba el tigre crecido en Queens, el matón de la escuela militar de Cornwall, el admirador de Putin. El mensaje llegó a Comey. Esa misma tarde se supo que declinaba acudir al Comité de Inteligencia del Senado. Trump, otra vez, había ganado.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC, EU.
Domingo 14 de mayo de 2017.


Algunos republicanos están “genuinamente preocupados” por la amenaza que parece representar el presidente Donald Trump al orden constitucional en EU, y parecen considerar al vicepresidente Mike Pence como un posible sustituto, según señaló el demócrata Richard Brodsky en una columna en The Huffington Post.

El ex asambleísta por Nueva York, durante 14 periodos, asegura que “los republicanos están lenta, pero seguramente contemplando la política y la mecánica necesarias para librarse de Trump”.

Mientras que algunos republicanos, señala Brodsky, consideran esta posibilidad debido a sus preocupaciones por la forma de actuar de Trump, otros ven el problema como algo meramente político, considerando la fuerza de los votantes republicanos de Trump. Pese a esto, señala el columnista, todos estarán buscando la solución más fácil y todos preferirían a Pence.

“El orden republicano ya está allí. Mike Pence es todo lo que podrían esperar: está a favor de recortar impuestos, es anti-gay, anti-aborto, anti-Obamacare, apoya el poderío militar, es el paquete completo. Los republicanos ya sólo están viendo cuándo y cómo” hacer el movimiento, explica Brodsky.

El reciente y sorpresivo despido de James Comey como director del FBI —quien investigaba los nexos entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno ruso— provocó un escándalo en la política estadounidense, pues muchos han señalado la acción de Trump como un intento de encubrir o frenar la investigación, que podría llegar a afectar a figuras clave de su administración e incluso a él mismo.

Algunos señalan que este escándalo —o el posible hallazgo de pruebas sobre los nexos entre la campaña de Trump y Rusia— podría ser el detonante para que Donald Trump enfrente un juicio político que podría llevar a su destitución.

“Cuándo y cómo” sustituir a Trump con Pence, serían las grandes preguntas que, según el político demócrata, se hacen los republicanos. Las razones legales para la destitución o remoción de un presidente son algo secundarias. Las lecciones de las destituciones de Nixon y Clinton son obvias y muestran que no se llega a una acusación como esa hasta después de un tiempo en la Casa Blanca.

Primero, un presidente popular es intachable, no importa cuál sea la razón de su popularidad o de la acusación. Cuando Nixon estaba buscando su reelección la idea de un “impeachment” era absurda y siguió así hasta que desafió los tribunales; e incluso entonces su caída fue lenta. Por su parte, Clinton, atrapado entre mentiras, nunca estuvo en serios problemas, más allá de las ideologías en el Congreso. En realidad, su popularidad aumentó durante la acusación.

En segundo lugar, la lealtad partidaria es un impedimento para la destitución. Mientras los demócratas del Congreso se mantuvieron junto a Clinton, los republicanos se pusieron en contra de Nixon.

Para Trump las cosas se complican pues sólo cuenta con el apoyo genuino de un puñado de legisladores conservadores en el Congreso. La mayoría sólo lo toleran, lo que indica que su situación podría empeorar.

Pero no tan simple como parece, explica Brodsky, “en casi todos los distritos del Congreso y todos los estados los republicanos fieles a Trump controlan las nominaciones. Parece que nada de lo que Trump haga puede hacer que dejen de apoyarlo.

En la opinión el columnista del Huffington Post, los acontecimientos cotidianos de la política tienden a resolver este tipo de contradicciones. “Nadie sabe lo que va a golpear a continuación. Pero hay cosas que hay que vigilar”, como las encuestas.

Entre los miembros de la Cámara, la disciplina y pensar en grupo son armas mucho más persuasivas. Podría no parecerlo, señala Brodsky, pero incluso ahora los republicanos están buscando resolver el problema que representa Trump e instalar a Mike Pence.

Brodsky recordó que acusar a Trump no es la única vía para destituirlo. La 25ª enmienda de la Constitución estadounidense prevé la expulsión de los presidentes incapacitados. Y según el columnista, sería Mike Pence quién desencadenaría tal proceso de eliminación. Pero esta posibilidad, señala el político demócrata, no es “motivo de regocijo”, pues asegura que sea como sea, “estamos en problemas”.

El reciente despido de James Comey del FBI provocó un escándalo en la política estadounidense
Estarían buscando la solución más fácil y todos preferirían a Pence, señala el demócrata Richard Brodsky

El Universal
Ciudad de México
Jueves 11 de mayo de 2017.


Los Ébanos, Texas — Una de las principales barreras para el muro fronterizo del presidente Donald Trump comienza en el extenso patio trasero de Aleida García.

Ella y su esposo han construido un pequeño parque junto a unos matorrales en las 30 hectáreas de su propiedad y disfrutan de una vista panorámica del Valle del Río Grande. Ellos dicen que se resistirán ferozmente a cualquier intento del gobierno federal para apropiarse de su terreno, un nuevo episodio de una pelea que comenzó hace una década.

No están solos. Desde 2008 se han introducido más de 90 demandas que involucran a terratenientes del sur de Texas que se oponen a la incautación federal de sus propiedades. Los demandantes cuentan con el apoyo de muchos políticos del estado, y esa oposición por medio de acciones judiciales podría retrasar durante años cualquier construcción de un muro fronterizo.

Trump y John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional, han dicho que pueden construir un muro en 24 meses, a pesar de que el congreso no incluyó los fondos para financiar la construcción en su más reciente presupuesto. Los nuevos desafíos legales, junto con otros ya existentes, hacen que sea improbable cumplir con ese cronograma.

La estrategia de los propietarios es muy clara: utilizar los tribunales para impedir la construcción y aguantar más que lo que dure el mandato de Trump.

Aunque resulte paradójico, quienes están más cerca de los peligros de la inmigración ilegal quizá son los que están realizando la mayor oposición a los planes del presidente. Están muy conscientes de que sus tierras se han convertido en un importante punto de tránsito para narcotraficantes y contrabandistas, y algunos han sido víctimas de delitos. Pero también creen que la frontera ya está fuertemente patrullada por drones, agentes federales y autoridades locales, y afirman que un muro tendría un valor simbólico, a costa de sus tierras.

Aunque Trump convirtió al muro en una de las principales promesas de su campaña presidencial, el concepto no es nuevo. En 2006, a instancias del congreso, el presidente George W. Bush firmó la Ley del Cerco Seguro (Secure Fence Act), que ordenó la construcción de estructuras físicas para detener el cruce ilegal de personas y vehículos. Finalmente se construyeron cerca de 1126 kilómetros de muros y cercas, sobre todo en tierras federales de California y Arizona.

Pero el gobierno ha incautado muy pocas tierras en Texas, que tiene más de 2000 kilómetros de la frontera con México y la mayor parte es propiedad privada.

“Aquí en Texas nos tomamos muy en serio el concepto de propiedad privada”, dijo el diputado Henry Cuéllar, un demócrata cuyo distrito incluye casi 482 kilómetros de la frontera con México. “Nos enorgullecemos de nuestra tierra, que a menudo ha sido heredada por generaciones. Y los texanos se defienden cuando el gobierno federal trata de tomar lo que es nuestro”.

El caso de García muestra lo difícil que puede ser tomar el control de tierras privadas. Hace casi una década, los funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional intentaron tomar secciones de su terreno para construir un muro fronterizo. García se defendió en la corte y este año el gobierno decidió que, después de todo, no necesitaba su propiedad.

Pero ahora ella cree que los planes de Trump podrían volver a poner en peligro su tierra. “Solo estamos esperando mientras empiezan a hablar de nuevo sobre la construcción de un muro”, dijo.

El muro propuesto por Trump recorrería una vasta franja del Valle del Río Grande. En marzo, el Departamento de Seguridad Nacional emitió una solicitud de propuestas para construir un muro “físicamente imponente” en la frontera con México. Más de 100 proveedores han presentado proyectos, y funcionarios del departamento dicen que en la semana del 15 de mayo podrán notificar a los contratistas ganadores. Se supone que la construcción de varios prototipos de paredes comenzará este verano en San Diego.

Además, Trump quiere contratar a 20 abogados para adquirir tierras en el suroeste, donde se puede construir un muro u otras instalaciones de seguridad.

El Valle del Río Grande es una de las rutas de contrabando más concurridas de la frontera con México. El año pasado, los agentes de la Patrulla Fronteriza incautaron 148 kilos de marihuana; solo el sector de Tucson supera esa cifra. También se incautaron cerca de 662 kilos de cocaína, la mayor cantidad en cualquier sector de la patrulla. Casi 187.000 migrantes fronterizos ilegales fueron detenidos aquí en 2016, la mayor cantidad de cualquier sector vigilado por la Patrulla Fronteriza.

Y en los documentos presentados al congreso, la patrulla ha identificado al Valle del Río Grande como una prioridad para construir nuevas barreras fronterizas.

Aunque el gobierno ha logrado convencer a algunos propietarios de que cedan sus tierras para barreras y muros, muchos se resisten, por lo que el gobierno se ha visto obligado a ir a la corte para impugnar a quienes consideran que es una apropiación injusta de sus propiedades. Según los registros de los tribunales hay más de 300 casos. En total, el gobierno ha gastado por lo menos 78 millones de dólares para adquirir tierras donde ya hay cercas, según informaciones del congreso.

Un cementerio en Los Ébanos, que forma parte del Valle del Río Grande. El muro propuesto por el presidente Trump recorrería una vasta franja de esta región. Credit Matthew Busch para The New York Times
Efrén C. Olivares, abogado del Texas Civil Rights Project en El Álamo, dijo que el gobierno federal probablemente enfrentará una oposición similar si intenta construir un muro fronterizo en la zona. “El gran volumen de demandas que deberá enfrentar el gobierno conllevará retrasos significativos”, dijo Olivares, cuya organización representa a varios propietarios.

García dijo ser testigo del contrabando de drogas y haber visto a gente que cruza la frontera ilegalmente. Pero afirmó que el gobierno debería aumentar el número de agentes de la Patrulla Fronteriza y el uso de tecnología de seguridad en la zona en vez de construir un muro.

Otros miembros de la comunidad de 300 personas comparten su punto de vista.

“Ya tienen muros en algunos lugares y eso no ha detenido a nadie”, dijo Verónica Mendoza, hermana de García, quien vive cerca. “Necesitan más gente, no más muros”.

A lo largo de los 160 kilómetros de la frontera de Texas donde se construyó un muro, los propietarios se han quedado atrapados en lo que llaman una zona neutral, donde algunas casas y propiedades están en el lado sur del muro.

José Palomino, que vive en Los Indios, cerca de Brownsville, dijo que un muro de concreto divide su propiedad. Eso afectó el valor de su hogar, dijo, y el gobierno solo le ofreció 1000 dólares como compensación. “No es una buena vista”, dijo. “Y, a decir verdad, no ha detenido a nadie”.

Si bien las demandas son un obstáculo para construir un muro, la geografía local plantea otras complicaciones.

El río Bravo marca un camino sinuoso a través de la mayor parte de la zona y desemboca encima del lecho durante las lluvias pesadas, lo cual provoca las inundaciones y la erosión que complican la construcción.

Además de las demandas y la geografía, otro obstáculo para el muro es la oposición bipartidista de la delegación de Texas en el congreso.

John Cornyn, un senador republicano, ha cuestionado la efectividad del muro fronterizo al declarar: “No creo que seamos capaces de resolver la seguridad fronteriza con una barrera física porque la gente puede pasar por abajo, alrededor de ella y a través de ella”.

Otros fueron más francos.

“Es una idea muy estúpida y un desperdicio del dinero de los contribuyentes”, dijo Filemon Vela, representante demócrata de Texas, cuyo distrito incluye una amplia franja de la frontera. “No necesitamos un muro con México. Es nuestro aliado y uno de nuestros mayores socios comerciales”.

The New York Times
Ron Nixon / Especial
Los Ébanos, Texas, EU.
Miércoles 10 de mayo de 2017.


Ciudad de México.- Como candidato y después como presidente, Donald Trump era capaz de alborotar a los mexicanos, a veces aparentemente sin siquiera intentar hacerlo.

Sus amenazas sobre la construcción de un muro fronterizo y su promesa de hacer que México pagara por él desataron un patriotismo generalizado entre los mexicanos. Las promesas de deportar a millones de migrantes indocumentados llevaron a los políticos a redactar un sinfín de planes de contingencia. Los planes para desarticular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte desquiciaron a varios funcionarios.

Pero el anuncio de que la Casa Blanca se preparaba para abandonar el TLCAN vía una orden ejecutiva –que después fue desmentido por Trump– fue recibido con más calma por México. Eso dio muestra de que parece estar aprendiendo a responder a las habladurías del presidente estadounidense o, al menos, a tener una reacción pública más mesurada a estas.

“Parece que está sentado en una mesa de póquer faroleando y no tomando decisiones serias”, dijo el senador independiente Armando Ríos Piter. “Y si estás enfrente de un blofeador, tienes que mantenerte firme y digno”.

Los funcionarios mexicanos no hicieron comentarios públicos al anuncio del miércoles sino hasta que Trump emitió un comunicado ya avanzada la noche, en el que decía que, al final, no planeaba sacar a Estados Unidos del acuerdo comercial trilateral, sino “actualizar al TLCAN por medio de la renegociación”.

El presidente Enrique Peña Nieto respondió con una misiva en la que dijo que “ambos presidentes hablaron del objetivo compartido de buscar modernizar” el acuerdo.

Los cambios durante el día respecto al TLCAN dejaron desorientados a muchos mexicanos –el tipo de cambio peso-dólar se vio particularmente afectado–, pero también con un ligero sentimiento de satisfacción de que, por fin, estaban aprendiendo a interpretar las jugadas de Trump.

Eduardo Bravo, exdirector de la Asociación de Empresarios Mexicanos, dijo que quedó aliviado de que el tema se resolviera el mismo día. Sin embargo, advirtió que todavía queda un camino difícil por delante, en particular con una Casa Blanca cuyo comportamiento describió como “muy esquizofrénico”.

“Hay que mantener la esperanza y seguir trabajando para mantener la relación”, dijo. “Hay mucho trabajo por delante”.

Políticos, analistas, economistas, líderes empresariales y exdiplomáticos dijeron en diversas entrevistas que la sugerencia de que Estados Unidos se retiraría del pacto comercial no era más que un acto teatral para intentar demostrarle algo a los votantes de Trump y a los líderes mexicanos y estadounidenses.

Durante la campaña presidencial, Trump criticó repetidamente al TLCAN y parecía encaminado a empezar la renegociación tan pronto como tomara posesión. Cuando eso sucedió en enero, funcionarios de la Casa Blanca circularon una carta en la que se hablaba de las metas para esa negociación, aunque eran más modestas de lo que Trump había sugerido, dado que la mayoría del TLCAN quedaría intacto.

No obstante, durante las últimas semanas, la administración se mostró frustrada por el ritmo al que se desenvolvían las conversaciones, en buena medida porque no ha sido confirmado el representante para negociaciones comerciales propuesto por Trump, Robert Lighthizer, y porque el gobierno necesita llevar a cabo consultas con varios comités legislativos e informar al congreso de manera formal que tiene la intención de renegociar el pacto para que ese proceso avance.

“En México esto debería verse como el berrinche de un niño mimado al que no le tocaron los regalos que quería de cumpleaños por sus cien días” en el cargo, dijo Rafael Fernández de Castro, experto en las relaciones de México y Estados Unidos del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Algunos incluso especularon que la filtración de la orden ejecutiva para presuntamente sacar a Estados Unidos del TLCAN fue hecha a propósito para medir la reacción de México y Canadá a modo de estrategia de “prenegociación”.

“Un análisis generoso sería decir que estaba jugando a una política de riesgo calculado para aumentar las apuestas”, dijo Arturo Sarukhán, exembajador de México en Estados Unidos. “Parece que está acercando la mano a la funda de una espada mientras asegura que tiene un sable para decir: ‘Si no aceptas mis demandas entonces apretaré el botón nuclear'”.

Camiones de carga que esperan en Ciudad Juárez para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, en diciembre Credit Jose Luis Gonzalez/Reuters
El gobierno de Peña Nieto ya se ha mostrado dispuesto a tomar una postura más dura respecto a la renegociación: integrantes del gabinete han dicho que están dispuestos a actualizar el tratado, pero también a dejar la mesa de negociación y, con ello, el pacto.

“No vamos a aceptar cualquier tipo de renegociación del tratado, preferimos en todo caso abandonarlo que tener una mala negociación, en eso hemos sido claros con el gobierno de Estados Unidos”, dijo el canciller Luis Videgaray el martes.

Los mexicanos también se han sentido respaldados hasta cierto sentido por la respuesta de la comunidad empresarial estadounidense y de algunos legisladores —incluidos algunos republicanos del Capitolio– en contra de abandonar el TLCAN y a favor de mantener las relaciones con México.

Sin embargo, México no ha perdido de vista la impredecibilidad de Trump y ha comenzado a explorar la posibilidad de establecer nuevos acuerdos comerciales con otros países o de modernizar los pactos que ya tiene con otras naciones.

El exembajador Sarukhán dijo que el gobierno mexicano alguna vez respondía a Trump “como un venado en mitad del bosque cegado por las luces”, pero que ha adoptado una postura más madura al saber elegir qué batallas pelear y al emitir “declaraciones quirúrgicas y precisas, convirtiéndose en el adulto en la relación”. Eso quedó claro el miércoles, aseguró Sarukhán.

The New York Times
Kirk Semple y  Elisabeth Malkin
Ciudad de México / Washington
Viernes 28 de abril de 2017.


Extraña conducir su auto, se siente como si estuviera en una burbuja y le sorprende lo difícil que es su nuevo trabajo.

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reflexionó en una entrevista sobre sus primeros 100 días de mandato con una visión nostálgica de su vida antes de la Casa Blanca.

"Me encantaba mi vida previa. Pasaban tantas cosas. Tengo más trabajo que en mi vida previa. Pensé que sería más fácil", declaró Trump a la agencia Reuters.

El acaudalado empresario de Nueva York asumió el cargo el 20 de enero tras derrotar a la ex Secretaria de Estado demócrata Hillary Clinton en una sorpresiva victoria electoral.

Aunque dijo que estaba acostumbrado a no tener privacidad en su vida anterior, manifestó su sorpresa por lo poca que tiene ahora.

Además, dejó claro que aún se está acostumbrando a tener la protección del servicio secreto las 24 horas del día, con sus inherentes limitaciones.

"Realmente estás en tu pequeña burbuja, porque tienes tanta protección que realmente no puedes ir a ningún lado", afirmó.

Cuando el Presidente sale de la Casa Blanca, suele ser en una limusina o una camioneta, por lo que extraña conducir.

"Me gusta conducir. No puedo hacerlo más", sostuvo.

Sin embargo, hay muchas cosas sobre Trump que no han cambiado respecto al ejecutivo y la celebridad televisiva que dirigía su imperio desde el vigésimo sexto piso de la Torre Trump en Nueva York y que usaba el teléfono en forma incesante.

A menudo recurre a amigos personales y ex colegas de negocios para pedir sus consejos y retroalimentación positiva.

Altos asesores dicen que están resignados a eso.

Trump llegó a la Casa Blanca diciendo que hacía falta un presidente que haya tenido éxito como líder empresarial y sin experiencia en la política, alguien como él.

Mientras que Abraham Lincoln se apoyó en la ayuda de sus rivales, Trump se rodearía de ejecutivos de primer nivel.

Se presentó como el líder agraciado, capaz de recomponer acuerdos comerciales malos, acercar a demócratas y republicanos, hacer maravillas con el código impositivo y devolverle la prosperidad a ciudades industriales venidas a menos.

En sus primeros 100 días en la Casa Blanca, no obstante, le ha costado aplicar su experiencia al abocarse a la tarea de gobernar la nación más poderosa del mundo.

Expertos en administración dicen que ha dado varios pasos en falso que van en contra de lo que se puede esperar de un ejecutivo de primer nivel, disciplinado y eficiente.

Sus fanfarronadas dieron paso a políticas confusas que debilitaron su capacidad de negociación en temas delicados como reformas integrales a las leyes impositivas y al plan de salud.

Las iniciativas de Trump en torno a la inmigración fueron bloqueadas por los tribunales.

Todavía no ha nombrado una cantidad de funcionarios de rango.

No ha podido hacer aprobar en el Congreso ninguna ley importante, resignándose en cambio a firmar decretos, algo más acorde con un gerente que da órdenes a un subordinado que con un Presidente que intenta forjar alianzas.

John Challenger, CEO de la firma reclutadora Challenger, Gray & Christman, dice que los directores ejecutivos deben presentar éxitos generalmente en sus primeros 90 días.

La Casa Blanca destaca que Trump firmó 32 órdenes ejecutivas, o decretos presidenciales, más que ningún otro Presidente en sus primeros 100 días desde la Segunda Guerra Mundial. Pero esos decretos distan mucho de ser iniciativas osadas como las que prometió durante su campaña electoral.

En una entrevista con la Associated Press la semana pasada, Trump pareció admitir que no se puede manejar la Presidencia con una mentalidad empresarial.

"Todo lo que hace en el Gobierno involucra el corazón, mientras que en el mundo de los negocios, la mayor parte de las cosas no involucran el corazón", afirmó.

"De hecho, en los negocios, mejor que no lo uses".

Trump necesita el apoyo de un Congreso elegido independientemente para sacar adelante leyes y de líderes extranjeros para forjar alianzas globales, responsabilidades estas que son mucho más complejas que lidiar con socios comerciales que sólo quieren hacer un buen negocio.

Trump ya tomó distancia de algunas de sus promesas más audaces. Ahora habla bellezas de la OTAN, después de decir que era un organismo obsoleto.

Y ya no dice que China es un manipulador de divisas sino que trata de que ayude a disuadir a Corea del Norte de que siga con su programa nuclear.

Estos cambios, no obstante, revelan una cierta predisposición a modificar posturas para ajustarse a las circunstancias, opinó Kathleen O'Connor, profesora de la facultad de negocios de la Cornell University especializada en estrategias de negociación.

Reuters
Washington DC, Estados Unidos
Viernes 28 de abril de 2017.


 Entre gritos, porras y abucheos se llevó a cabo la quema del judas en algunos estados del País, donde destacó la figura del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Desde hace más de 40 años, cada Sábado Santo, en el Barrio del Artista, Puebla, se realiza la quema de personajes.

Este 2017 resaltó la imagen de Trump, el ex Gobernador Rafael Moreno Valle, y Antonio Gali Fayad, actual titular del Ejecutivo estatal.

Diez judas fueron los que se prendieron por la mañana con nombres de políticos, partidos políticos, medios de comunicación, así como algunos delitos que más se cometen en Puebla.

"Cada año ponemos gente que llama la atención de todo el mundo, Donald Trump, gente del Gobierno del mismo barrio, partidos, prensa, aquí es parejo", dijo Bruno Ponce, secretario general del Barrio del Artista.

Mencionó que las figuras las costean con recursos propios y las elaboran artesanos de Tlaxcala.

En tanto, pobladores del Municipio de Unión Juárez, Chiapas, también quemaron a judas personificado en Donald Trump y un muro, en protesta por la política migratoria del Mandatario estadounidense.

Los habitantes del municipio fronterizo con Guatemala, por donde cruzan centroamericanos en busca del sueño americano, prendieron fuego al mediodía a la botarga con la imagen del magnate.

La familia Dardo García mencionó que decidieron hacer este judas en protesta porque el republicano está traicionando a los migrantes y expulsándolos de ese país.

Con la elaboración del muñeco, la familia ganó el concurso que se realiza en la comuna.

La quema del judas forma parte de las festividades de Semana Santa que se realizan en esta localidad desde hace más de 50 años.

En el Estado de México, con la intención de acabar con el discurso de xenofobia y racismo hacia los migrantes de Trump, artesanos celebraron el Sábado de Gloria quemando también la figura del Mandatario.

Luis Solano, originario de Tultepec, Municipio mexiquense conocido por la elaboración de pirotecnia, participó en la edición 23 del concurso de Judas que se celebra en Toluca.

Su pieza titulada "Nos cargó el payaso" estuvo inspirada en el Presidente Trump, a quien decoró con un traje con la bandera de Estados Unidos y unos zapatos de payaso para ejemplificar su sátira.

"Nos cargó el payaso, pero el payaso diabólico que es Trump, por la forma en que se está comportando con los mexicanos, y ese fue el tema de la injusticia", dijo el artesano de Tultepec.

Reforma
Norma Herrera, Édgar Hernández y
Montserrat Peñaloza/corresponsales
Ciudad de Puebla, México
Sábado 15 de abril de 2017.


Señalan que algunas áreas están identificadas como ‘hábitat crítico’ para 25 especies


Un grupo conservacionista de Estados Unidos y el congresista Raúl Grijalva, presentaron una demanda este miércoles en un esfuerzo por bloquear la propuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, de construir un muro en la frontera con México.

La iniciativa busca presionar al Departamento de Seguridad Nacional y al servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de EU para que preparen un informe "programático sobre el impacto ambiental" del programa de seguridad fronterizo de Estados Unidos que busca construir un muro en la frontera con México, de acuerdo con KTAR noticias.

"Algunas áreas ubicadas dentro de las 50 millas de la línea limítrofe de la frontera entre EU y México han sido identificadas como un 'hábitat crítico' para al menos 25 especies de acuerdo con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los EU", agregó ese medio de comunicación.

"Nosotros presentamos esa demanda tomando en consideración todas las perspectivas del medio ambiente", dijo Randy Serraglio, del Centro de Diversidad Biológica con sede en Arizona, y agregó que la demanda busca que se haga una investigación profunda sobre el potencial impacto al medio ambiente de la construcción del muro.

"Las perspectivas que nosotros consideramos en la demanda incluyen la vida salvaje, las especies en peligro de extinción, como jaguares y ocelotes, seguridad fronteriza y patrulla de frontera. La propuesta de un muro fronterizo puede afectar los hábitats de especies amenazadas o en vías de extinción", dijo Serraglio.

"Esto no se debe a la inmigración u otras causas, solamente por factores medio ambientales", agregó.

El congresista del estado de Arizona Raúl Grijalva tomó partido con el grupo ambientalista en la demanda, señalando en la declaración entregada este miércoles que las "leyes ambientales de EU son de las más antiguas y fuertes del mundo, y deben aplicarse en las fronteras".

"Estas leyes existen para proteger la salud y el bienestar de nuestro pueblo, nuestra vida silvestre y los lugares donde ellos viven", subrayó.

El pasado 25 de enero Trump firmó una orden ejecutiva para que se construya una "barrera física" a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, de unos tres mil 200 kilómetros de longitud.

AP
ALST
Los Ángeles, Estados Unidos
Jueves 13 de abril de 2017.


Disputas legales con terratenientes y hasta problemas de ingeniería hacen inviable el plan

“Construiré un gran muro, un bello muro en nuestra frontera sur… nadie sabe edificar muros mejor que yo… y haré a México pagar por este muro”, fue la primera promesa de campaña de Donald Trump, el 16 de junio de 2015. Ya en la Casa Blanca, firmó la orden ejecutiva el 25 de enero de 2017.

Trump no está solo en su propósito. A partir de la caída del muro de Berlín, en 1989, se ha multiplicado por cuatro la construcción de barreras fronterizas, hasta llegar a 70 en todos los continentes. Se alegan como objetivos detener a migrantes no autorizados, prevenir el terrorismo o evitar la extensión de conflictos territoriales.

Élisabeth Vallet, catedrática en Estudios Estratégicos y Diplomáticos en la Universidad de Québec en Montreal (UQAM) es la autora del estudio: Fronteras amuralladas, fronteras violentas, que analiza muros limítrofes alrededor del mundo.

Haciendo referencia a la investigación de la profesora Vallet, The New York Times nos recuerda que tres democracias —la más antigua, Estados Unidos; la más poblada, India, y la más estable en el Medio Oriente, Israel— han edificado muros que los separan de sus vecinos.

Citando la misma obra, el Daily Mail llama “el muro del apartheid” al construido entre Israel y Palestina (Cisjordania y Gaza). Tras la orden ejecutiva de Trump, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu alabó su decisión, pero la comunidad judía mexicana rechazó contundentemente su mensaje.

India ha edificado muros en sus fronteras con Paquistán y con Bangladesh. El mar Mediterráneo es un inmenso muro de agua entre África del norte y los países del sur de Europa.

El proyecto de Trump desató la polémica desde el primer minuto en que fue anunciado.

¿A quién y para qué sirven los muros?

Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés) en el primer gobierno del presidente Barack Obama, afirma conspicuamente: “Localiza un muro de 15 metros de altura, y yo te encontraré una escalera de 16 metros”.

Entre Estados Unidos y México ya existen barreras de distinto tipo en 930 de los 3 mil 200 kilómetros de la línea fronteriza. Ninguna de las personas que realizaron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 entró por México; todos ellos tenían visas de ingreso a Estados Unidos. A casi 16 años de esa fatídica fecha, absolutamente ningún incidente terrorista ha ocurrido en la frontera ni se ha originado en territorio mexicano.

De los 11 millones de personas que se encuentran en Estados Unidos sin autorización, más de 40% entraron legalmente y extendieron su estancia más allá del periodo para el cual les fue otorgada una visa.

En un poema frecuentemente citado, Robert Frost dice: “Antes de construir un muro, me gustaría saber qué estoy dejando adentro y qué estoy dejando afuera, y a quién estoy ofendiendo”. Al construir un muro para impedir la entrada de personas no autorizadas, se incentiva a aquellos que ya se encuentran indocumentados a quedarse en el país y se les disuade de salir.

México no lo pagará, pero necesita abatir muros propios

La línea fronteriza entre Tijuana y San Diego es la de mayor afluencia en el mundo: 21 millones de cruces al año. El desarrollo regional ha ocurrido a pesar del reforzamiento del control fronterizo, no gracias a éste. Lo que hace único y sin precedente al proyecto de muro de Trump es que se realizaría entre dos países que son socios comerciales.

El muro de Trump significa que México no es parte de América del Norte, a la que Trump ve como mayoritariamente blanca y anglosajona. Los legisladores demócratas están en contra del muro y temen que reviva un fuerte sentimiento antiestadounidense.

Las autoridades mexicanas han señalado que México no pagará un peso del muro. Mitch McConnell, presidente del Senado de EU, cuando le preguntaron: “¿Cree usted que México pagará el muro?, respondió: “No”.

Es una gran incongruencia que México se oponga a un muro en su frontera norte, pero en los hechos propicie un muro virtual para sellar nuestra frontera sur. A las reiteradas violaciones a los derechos humanos de los transmigrantes centroamericanos se suma el lenguaje de funcionarios mexicanos señalando que el verdadero problema de seguridad son los migrantes centroamericanos, a quienes están dispuestos a ofrecer como moneda de cambio para eventuales acuerdos con el gobierno de Trump.

¿Habrá dinero para el muro de Trump?

El proyecto de Trump ha sufrido ya varios traspiés: 1) No hay acuerdo en torno a la “barrera física” a edificar: ¿Un muro, una valla, o una barda?; 2) El presupuesto del año fiscal 2018 trae un monto de dinero que no alcanza ni siquiera para iniciar los trabajos, cuyo costo mínimo será de 21 mil 600 millones de dólares; 3) En California, Arizona, Nuevo México y Texas muchos dueños de terrenos fronterizos se irán a los tribunales para oponerse al proyecto.

Muchos expertos están llegando a la conclusión de que el proyecto de Trump no es realista, que representa un monumental desperdicio de dinero y que su plazo de construcción rebasaría los cuatro años, por lo cual ni siquiera está garantizado que se concluya bajo su administración.

Vallet, la académica quebequense, es tajante: “Los muros son una respuesta cortoplacista a los desafíos generados por la globalización. No funcionan”. El grueso del trasiego de drogas y hacia el norte y de armas y “dinero caliente” hacia el sur tiene lugar en los cruces fronterizos establecidos; los muros producen una percepción de seguridad, pero no dan seguridad real.

Lo más probable es que acabemos con una versión diluida del proyecto original. La construcción del muro obedece a objetivos políticos de Trump. Quizá lo veamos usando una pala o montado en una excavadora, afirmando que ha cumplido ya con su promesa, esperando que sus electores compren su teatro. En cualquier caso, el daño para la relación bilateral México-Estados Unidos ya está hecho y su costo será demoledor.

El Universal
Carlos Heredia Zubieta
Ciudad de México
Domingo 2 de abril de 2017.

El presidente se ve obligado a suspender la votación de su proyecto al no contar con mayoría.

La minoría radical republicana bloquea su alternativa al Obamacare en la Cámara de Representantes


Donald Trump ha fracasado. El gran negociador, el dealmaker, el hombre que todo lo puede, ha sufrido de la mano de su propio partido la mayor humillación de su corta presidencia. La votación de la reforma sanitaria en la Cámara de Representantes, forzada por él mismo para hoy, ha sido suspendida in extremis ante el miedo de no lograr la mayoría suficiente. De nada han servido sus amenazas a los congresistas ni su bravuconada de mantener el actual sistema. Los halcones del Freedom Caucus, 36 republicanos herederos del Tea Party, se enrocaron en el no e hicieron sentir al multimillonario el verdadero precio de la política.

La derrota es de Trump. Él había asumido el liderazgo de la batalla y él, pese a contar con mayoría en la Cámara de Representantes, ha sido incapaz de torcer la mano a sus propios correligionarios. Se reunió con ellos y les ofreció cesiones de enorme calado, incluida la eliminación de prestaciones sanitarias básicas. Pero no pudo convencerles. Y cuando en un gesto de fuerza decidió lanzarles el pulso y adelantar al viernes la votación, perdió.

Ahora, con una valoración por los suelos (sólo el 37% aprueba su gestión), tendrá que digerir su fracaso y abrir una nueva y dolorosa negociación. El camino será largo. Los republicanos moderados temen perder su base electoral y los halcones traicionar su ideología. La conciliación es compleja. Si la ley vira hacia el lado más social, los ultras volverán a las andadas. Pero si se asumen las exigencias radicales, basadas en una drástica reducción de las prestaciones sanitarias mínimas, entonces la propuesta fracasará en su siguiente instancia, el Senado. Allí, un grupo de notables republicanos con capacidad de bloqueo ya ha hecho saber no aceptará ninguna reforma que reduzca la cobertura que ya se ofrece. Y si salva ese escollo, la norma aún deberá ser refrendada por un comité conjunto y finalmente por el voto de ambas Cámaras.

La tensión es paradójica. El mismo Obamacare que ahora divide a los republicanos, durante años les ha unido. Desde que en 2010 el presidente demócrata sacara adelante su proyecto, los conservadores lo han considerado un compendio de los males de la izquierda. Da igual que haya extendido la cobertura a 20 millones de personas o que haya puesto veto a la cruel práctica de las aseguradoras de rechazar o esquilmar a pacientes con dolencias previas. Para los republicanos el sistema desarrollado por Obama ataca la raíz de su ideología: amplia la burocracia federal, ahonda el déficit y acaba con la libertad de elección.

Trump, con instinto político, ha sabido monopolizar este malestar. En campaña y como presidente golpeó sin compasión la criatura de Obama y anunció que sería él y nadie más quien la sacrificaría. Y así lo escenificó. A principios de marzo, cuando el líder republicano en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, presentó el proyecto alternativo, el presidente se lo apropió. Tras el fracaso judicial de su veto migratorio y con las llamas del escándalo ruso cercándole, la reforma sanitaria se volvió su gran válvula de escape y su primer examen parlamentario.

El proyecto apadrinado por Trump se define por eliminar la obligatoriedad del seguro médico, congelar el programa para los más desfavorecidos y poner fin al aparato impositivo que nutre la red asistencial. La deconstrucción es profunda pero no completa. Sigue prohibiendo a las aseguradoras rechazar a un paciente con enfermedades previas y da plazos para desmantelar la obra de su antecesor. El resultado es un híbrido que no ha satisfecho el ansia liquidacionista de los radicales pero tampoco cumplido la promesa de Trump de garantizar la cobertura universal.

La Oficina Presupuestaria del Congreso, un organismo no partidista y cuyos estudios gozan de reconocimiento general, ha establecido que la aplicación del plan republicano supone dejar sin seguro médico a 14 millones de personas el año próximo y 24 millones en una década, lo que elevaría la población sin cobertura a 52 millones. También implicaría una subida de las pólizas del 15% al 20% para los dos próximos años. Todo ello ha sido desmentido por la Casa Blanca, que ha tomado como única referencia del estudio el ahorro que implica su proyecto: 150.000 millones de dólares en una década.

Para los radicales nada de esto vale. Su obsesión es que se abaraten los seguros médicos y se reduzca el peso estatal en la vida civil. Con este fin exigieron que se eliminase del proyecto las denominadas prestaciones sanitarias esenciales incluidas por ley en las pólizas y que comprenden la medicina preventiva, la atención de urgencias, la estancia hospitalaria, los cuidados mentales y la maternidad.

La petición era prácticamente suicida. Como recordó Paul Ryan, asumirla suponía que la reforma nunca podría superar el filtro del Senado, donde la mayoría republicana es exigua (52 contra 48) y los moderados ya han anunciado que rechazarían una ley deshuesada hasta tal punto.

El intento final de conciliar ambos intereses no dio resultado. Aunque Trump aceptó la impopular rebaja de las prestaciones, los ultraconservadores consideraron que seguía siendo excesivo el intervencionismo estatal en la sanidad. Llegados a este punto, cualquier paso más suponía incendiar el ala moderada. La capacidad de maniobra se había agotado. El negociador había fracasado y tuvo que aplazar la votación.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC, EU.
Viernes 24 de marzo de 2017.

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