El presidente se ve obligado a suspender la votación de su proyecto al no contar con mayoría.

La minoría radical republicana bloquea su alternativa al Obamacare en la Cámara de Representantes


Donald Trump ha fracasado. El gran negociador, el dealmaker, el hombre que todo lo puede, ha sufrido de la mano de su propio partido la mayor humillación de su corta presidencia. La votación de la reforma sanitaria en la Cámara de Representantes, forzada por él mismo para hoy, ha sido suspendida in extremis ante el miedo de no lograr la mayoría suficiente. De nada han servido sus amenazas a los congresistas ni su bravuconada de mantener el actual sistema. Los halcones del Freedom Caucus, 36 republicanos herederos del Tea Party, se enrocaron en el no e hicieron sentir al multimillonario el verdadero precio de la política.

La derrota es de Trump. Él había asumido el liderazgo de la batalla y él, pese a contar con mayoría en la Cámara de Representantes, ha sido incapaz de torcer la mano a sus propios correligionarios. Se reunió con ellos y les ofreció cesiones de enorme calado, incluida la eliminación de prestaciones sanitarias básicas. Pero no pudo convencerles. Y cuando en un gesto de fuerza decidió lanzarles el pulso y adelantar al viernes la votación, perdió.

Ahora, con una valoración por los suelos (sólo el 37% aprueba su gestión), tendrá que digerir su fracaso y abrir una nueva y dolorosa negociación. El camino será largo. Los republicanos moderados temen perder su base electoral y los halcones traicionar su ideología. La conciliación es compleja. Si la ley vira hacia el lado más social, los ultras volverán a las andadas. Pero si se asumen las exigencias radicales, basadas en una drástica reducción de las prestaciones sanitarias mínimas, entonces la propuesta fracasará en su siguiente instancia, el Senado. Allí, un grupo de notables republicanos con capacidad de bloqueo ya ha hecho saber no aceptará ninguna reforma que reduzca la cobertura que ya se ofrece. Y si salva ese escollo, la norma aún deberá ser refrendada por un comité conjunto y finalmente por el voto de ambas Cámaras.

La tensión es paradójica. El mismo Obamacare que ahora divide a los republicanos, durante años les ha unido. Desde que en 2010 el presidente demócrata sacara adelante su proyecto, los conservadores lo han considerado un compendio de los males de la izquierda. Da igual que haya extendido la cobertura a 20 millones de personas o que haya puesto veto a la cruel práctica de las aseguradoras de rechazar o esquilmar a pacientes con dolencias previas. Para los republicanos el sistema desarrollado por Obama ataca la raíz de su ideología: amplia la burocracia federal, ahonda el déficit y acaba con la libertad de elección.

Trump, con instinto político, ha sabido monopolizar este malestar. En campaña y como presidente golpeó sin compasión la criatura de Obama y anunció que sería él y nadie más quien la sacrificaría. Y así lo escenificó. A principios de marzo, cuando el líder republicano en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, presentó el proyecto alternativo, el presidente se lo apropió. Tras el fracaso judicial de su veto migratorio y con las llamas del escándalo ruso cercándole, la reforma sanitaria se volvió su gran válvula de escape y su primer examen parlamentario.

El proyecto apadrinado por Trump se define por eliminar la obligatoriedad del seguro médico, congelar el programa para los más desfavorecidos y poner fin al aparato impositivo que nutre la red asistencial. La deconstrucción es profunda pero no completa. Sigue prohibiendo a las aseguradoras rechazar a un paciente con enfermedades previas y da plazos para desmantelar la obra de su antecesor. El resultado es un híbrido que no ha satisfecho el ansia liquidacionista de los radicales pero tampoco cumplido la promesa de Trump de garantizar la cobertura universal.

La Oficina Presupuestaria del Congreso, un organismo no partidista y cuyos estudios gozan de reconocimiento general, ha establecido que la aplicación del plan republicano supone dejar sin seguro médico a 14 millones de personas el año próximo y 24 millones en una década, lo que elevaría la población sin cobertura a 52 millones. También implicaría una subida de las pólizas del 15% al 20% para los dos próximos años. Todo ello ha sido desmentido por la Casa Blanca, que ha tomado como única referencia del estudio el ahorro que implica su proyecto: 150.000 millones de dólares en una década.

Para los radicales nada de esto vale. Su obsesión es que se abaraten los seguros médicos y se reduzca el peso estatal en la vida civil. Con este fin exigieron que se eliminase del proyecto las denominadas prestaciones sanitarias esenciales incluidas por ley en las pólizas y que comprenden la medicina preventiva, la atención de urgencias, la estancia hospitalaria, los cuidados mentales y la maternidad.

La petición era prácticamente suicida. Como recordó Paul Ryan, asumirla suponía que la reforma nunca podría superar el filtro del Senado, donde la mayoría republicana es exigua (52 contra 48) y los moderados ya han anunciado que rechazarían una ley deshuesada hasta tal punto.

El intento final de conciliar ambos intereses no dio resultado. Aunque Trump aceptó la impopular rebaja de las prestaciones, los ultraconservadores consideraron que seguía siendo excesivo el intervencionismo estatal en la sanidad. Llegados a este punto, cualquier paso más suponía incendiar el ala moderada. La capacidad de maniobra se había agotado. El negociador había fracasado y tuvo que aplazar la votación.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC, EU.
Viernes 24 de marzo de 2017.


Los legisladores presentan una proyecto de ley en contra del decreto firmado por Trump

Un grupo de 24 senadores demócratas respalda un proyecto de ley que busca suspender el decreto del presidente estadounidense, Donald Trump, de construcción de un muro en la frontera con México. La iniciativa, respaldada por la mitad de la bancada demócrata, tiene escasas opciones de avanzar en el Congreso dado que los republicanos ostentan la mayoría. Pero refleja cómo los demócratas han hecho de la política de Trump de mano dura en inmigración una de sus principales banderas de oposición.

La propuesta fue impulsada por el senador por Delaware Tom Carper y cuenta con el apoyo de destacados legisladores, como Bernie Sanders, que representa a Vermont y aspiró a la candidatura demócrata en las elecciones presidenciales de noviembre.

“Gastar miles de millones de los contribuyentes para amurallar el resto de la frontera es un gasto exorbitante y un sustituto ineficaz a un enfoque inteligente y gradual a la seguridad fronteriza”, señala Carper en un comunicado.

“La orden del presidente Trump es indignante, antiestadounidense, y mala para la seguridad”, opina la senadora por Nevada Catherine Cortez Masto.

El proyecto de ley pide rescindir la orden ejecutiva que Trump firmó el 25 de enero, en la que autorizaba el inicio de la construcción del muro, símbolo de su campaña electoral y que asegura que pagará México, algo que el país vecino niega. El decreto también aumentaba el número de agentes fronterizos y abría la puerta a deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados.

Los senadores argumentan que no hay pruebas de que la barrera sea necesaria y que su coste sería muy elevado.

Hay 3.100 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México. Unos 1.000 tienen tramos de valla, levantada tras la aprobación de una ley de 2006. Trump promete completar con un muro el resto de tramos fronterizos antes de 2021. Muchos tramos tienen separaciones naturales, como el río Grande.

El Departamento de Seguridad Interior estima que levantar el muro costará 21.600 millones de dólares, según un documento interno que publicó a principios de febrero la agencia Reuters. Pero el Gobierno solo ha identificado 20 millones de dólares de fondos actuales que se podrían destinar a la barrera

El Gobierno de Trump, que ha prometido bajar el coste respecto a la cifra filtrada, pidió la semana pasada al Congreso una dotación inicial de 1.550 millones de dólares para empezar a financiar el muro y otra de 2.600 millones.

El País
Joan Faus
Washington, Estados Unidos
Domingo 20 de marzo de 2017.


Con sede en la ciudad de Puebla, Ecovelocity ofrece un sistema barato de iluminación industrial LED para este controvertido proyecto.


Algunas compañías han expresado interés en ayudar a construir el muro que propone Donald Trump en la frontera sur de Estados Unidos, sin embargo Ecovelocity llama la atención. Esta pequeña firma con apenas cuatro empleados se distingue de las demás por una característica poco común: Se encuentra ubicada en México.

Con sede en la ciudad central de Puebla, ofrece un sistema barato de iluminación industrial LED para este controvertido proyecto, detalla la agencia Reuters.

El dueño de esta empresa, Theodore Atalla, un egipcio con raíces griegas, quien adoptó a México como su hogar en las dos últimas décadas, aseguró que le gustaría proveer la iluminación del muro con material que importan mayormente desde China.

“Sería nada más del lado mexicano, no creo que se permitiera que nos metamos al otro lado (…) dijeron que quieren puros productos americanos”, comentó Atalla en una entrevista telefónica, detalla la agencia.

Trump, quien ha insistido en que México pagará por el muro, ha asegurado que pronto comenzarán las obras para ampliar la actual barrera a lo largo de los 3,200 kilómetros de frontera, con los que espera frenar la migración ilegal y el narcotráfico.

Hasta el momento, unas 640 compañías de diversas parte del mundo, pero mayormente estadounidenses, han mostrado interés en participar de alguna forma en el diseño y construcción de la obra, según el sitio de oportunidades de negocio del gobierno federal.

Ecovelocity es la única que tiene su sede en México, un signo de la profunda aversión que generan Trump y su muro en país latinoamericano, donde surgió una oleada de patriotismo por los repetidos insultos del magnate republicano contra los mexicanos.

Atalla, sin embargo, dijo que la dificultad de hacer negocios con el sector público mexicano por la corrupción ha hecho que vea el muro de Trump como una oportunidad de expansión para su compañía. “Puse mi nombre allí para ver qué salía”, sostuvo.

La mexicana Cemex, una de las mayores cementeras del mundo, ha dicho que está abierta suministrar material para el muro mientras que Grupo Cementos de Chihuahua también ha asegurado estar lista para participar en el proyecto. Ambas tienen una amplia presencia en Estados Unidos.

Reuters / Forbes
Ciudad de Puebla, México
Viernes 17 de marzo de 2017.


El multimillonario declaró 100 millones en pérdidas para reducir impuestos

El oscuro mundo de las filtraciones volvió a jugar su carta en Washington. Uno de los secretos mejor guardados de la Casa Blanca, la declaración de la renta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, salió anoche a la luz en el programa televisivo MSNBC. Fue un vistazo rápido y algo lejano a sus finanzas, no una visión completa. Sólo su declaración de la renta de 2005: año en que ganó 150 millones de dólares y, tras deducirse 100 millones en pérdidas empresariales, pagó 38 millones. Un 25% en impuestos.

Ni mucho ni poco. Trump no era en aquellas fechas tan fabulosamente rico como se pensaba, ni tan truhán con el fisco como algunos creían. La declaración resultó tan esperable y fue validada con tanta rapidez por la Casa Blanca, incluso antes de que saliera antena, que el periodista que obtuvo la exclusiva, el premio Pulitzer David Cay Johnston, afirmó públicamente que pudo habérsela filtrado el mismo presidente. Una práctica que durante años llevó a cabo en los más variados asuntos, incluidos los del corazón, cuando Trump llamaba a las revistas haciéndose pasar por un portavoz suyo y filtraba sus propios lances amorosos.

De ser cierta esta especulación, que el periodista redondeó al señalar que había encontrado los papeles en el dintel de su casa, sería una maniobra en campo contrario. Johnston, autor de The making of Donal Trump (La construcción de Donald Trump), una biografía tan demoledora como detallada del millonario, es un reconocido especialista en temas económicos. Lleva persiguiendo al magnate desde 1988, cuando empezó a investigar sus negocios de casinos en Atlantic City. Ambos son aparentemente enemigos y sin atisbo de colaboración posible.

En cualquier caso, la filtración desafía las leyes y rompe un secreto que el presidente, por primera vez desde Richard Nixon, se había negado a revelar. Bajo el argumento de que sus cuentas estaban siendo auditadas por el servicio fiscal, rechazó ofrecerlas al país. Esta negativa ha alimentado todo tipo de especulaciones en torno a su fortuna y sus fuentes de ingresos. El golpe de ayer tiende a difuminarlas. Pero en absoluto acaba con ellas. Es una declaración aislada de hace 12 años y solo ocupa dos páginas. La propia conductora del programa, la conocida Rachel Maddow, destacó que lo importante del caso es “alguien se había decidido filtrar el documento” y que esto “era sólo el principio”. La oposición demócrata lo vio de otro modo: "Si pueden revelar una parte de la información lo pueden hacer con toda; el único motivo para no revelar toda su declaración es esconder lo que hay ahí, como sus conexiones con los oligarcas rusos y el Kremlin", dijo el consejero del Comité Nacional Demócrata, Zac Petkanas.

La Casa Blanca, por su parte, dio un paso ambivalente. En su comunicado atacó  en primer lugar a la emisora de televisión: “Deben estar ustedes desesperados por la audiencia cuando quieren infringir la ley para sacar una historia sobre dos páginas de impuestos de hace más de una década”. Pero acto seguido reconoció las cifras: “El señor Trump pagó 38 millones de dólares de un ingreso de más de 150 millones, además de pagar decenas de millones de dólares en otros impuestos por ventas y empleos. Y esta declaración ilegalmente publicada prueba exactamente eso. Pese a las importantes cifras de ingreso y pago, es totalmente ilegal robar y publicar las declaraciones fiscales. Los medios deshonestos pueden hacer de ello parte de su agenda, mientras tanto el presidente seguirá con la suya, que incluye una reforma fiscal para beneficiar a todos los estadounidenses”. Trump, extrañamente, no lanzó ningún tuit.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC, EU.
Miércoles 15 de marzo de 2017.


La minoría demócrata en el Senado estadounidense amagó este lunes con un posible cierre del Gobierno Federal, a partir del 29 de abril, si la mayoría republicana incluye fondos para construir el muro fronterizo con México en el paquete presupuestal para financiar el resto de 2017.

En una carta enviada al líder republicano del Senado, Mitch McConnell, los demócratas advirtieron que incluir tales fondos en el paquete no sería apropiado ante varios asuntos no resueltos sobre la construcción de la valla por parte de la Administración del Presidente Donald Trump.

"Sería inapropiado incluir dichos fondos en una iniciativa de gastos obligatoria que es necesaria para que la mayoría republicana que controla el Congreso evite un cierre del Gobierno tan temprano en la Administración del Presidente Trump", dice la carta firmada por el líder demócrata Chuck Schumer.

Actualmente, la Administración Trump tiene fondos para funcionar hasta el próximo 28 de abril y necesita que el Capitolio apruebe antes de esa fecha un plan presupuestal complementario para cubrir sus operaciones por el resto del año fiscal 2017 que concluye hasta el 30 de septiembre.

Para ser avalada en el Senado la propuesta presupuestal necesita 60 votos en el Senado y los republicanos sólo cuentan con 52 votos por lo que necesitan la cooperación de algunos demócratas.

Este día la minoría detalló en su carta sus preocupaciones sobre diversos puntos relativos a la valla fronteriza.

"Estamos preocupados por reportes de que pudiera haber un esfuerzo para incluir fondos para un muy costoso muro a lo largo de la frontera Sur con México y por una 'fuerza de deportación'", señalan.

"De acuerdo con expertos no partidistas, el nuevo muro fronterizo propuesto podría costar hasta 25 millones de dólares por milla y presenta considerables asuntos que no han sido resueltos por el Congreso o el Departamento de Seguridad Interna", añaden en la misiva.

Conforme a la carta de Schumer y firmada por todo el liderazgo demócrata, los asuntos no resueltos por parte de la Administración incluyen diversas cuestiones que van desde si existe un plan verdadero para el muro hasta sobre si Trump lograría que México reembolsara el gasto de la obra.

"Primero, muchos expertos creen que un muro fronterizo como tal no funcionará. Segundo, hay una preocupación real de que la Administración simplemente no tiene un plan para construir un muro fronterizo", apuntan en la misiva.

"La Administración no ha detallado cómo: 1) usará el derecho de expropiación y otros procedimientos para adquirir tierras de propietarios privados y de tribus de indígenas americanos, 2) cómo diseñará el muro, 3) dónde localizará el muro, 4) cómo construirá el muro, 5) cómo obligará a México a pagar el muro dadas las repetidas y claras promesas del Presidente que él forzaría a México a hacerlo".

La semana pasada, el líder republicano McConnell reconoció en una entrevista no pensar que la Administración pudiera lograr que México pagara por el muro y mostró dudas de la efectividad.

"Finalmente, hay objeciones a la construcción del muro por parte de miembros del Congreso demócratas y republicanos que representan a Estados fronterizos", asegura.

Hasta el momento, ni la Administración ni las mayorías republicanas en el Senado y la Cámara Baja han presentado una idea de la iniciativa presupuestal para el resto del año fiscal 2017, ni tampoco han dicho si esta incluiría un aumento en el presupuesto fronterizo para la construcción del muro.

Este miércoles, el Departamento de Seguridad Interna prevé presentar la bases de la licitación para el diseño y construcción de algunos tramos del muro fronterizo con México, pero no sería hasta mayo que culminara el proceso de selección entre los cientos de empresas que han mostrado interés.

Reforma
José Díaz Briseño / Corresponsal
Washington DC, Estados Unidos.
Lunes 13 de marzo de 2017.


El presidente resucita la figura de su mentor y compañero de juergas, Roy Cohn, inquisidor mcCarthista y abogado de mafiosos


Es una historia antigua, casi enterrada. Pero Donald Trump se ha encargado de resucitarla. Acorralado por el escándalo del espionaje ruso, sus apelaciones a que es objeto de “una caza de brujas y una víctima del mcCarthismo” han reverdecido la memoria de una de las amistades más oscuras del presidente de Estados Unidos. Un vínculo que hunde sus raíces en los años cincuenta, cuando la nación cayó víctima de la histeria anticomunista y adoró al monstruo de la sospecha. Su protagonista fue el diabólico abogado Ray Cohn. “En la vida de Trump jugó un papel fundamental, Cohn fue su gran mentor, el hombre que le enseñó a golpear”, dice Marc Fischer, editor en The Washington Post y coautor de la biografía Trump, al descubierto.

Muerto hace 30 años, la existencia de Cohn tuvo dos momentos estelares. El primero le llegó a los 23 años, cuando como asesor jefe del senador Joseph McCarthy (1908-1957) orquestó uno de los mayores aquelarres del siglo XX americano. El segundo ocurrió muchos años después, en octubre de 1973 en el exclusivo establecimiento neoyorquino Le Club. Para entonces, Cohn tenía 46 años, un Rolls Royce verde dólar y ejercía de abogado de éxito para clientes dudosos.

En aquel templo de millonarios encanecidos, el antiguo macarthista conoció a un joven con ambiciones faraónicas. Un tigre de 27 años llamado Donald Trump que había decidido dejar atrás las medianías del Queens paterno y salir a la conquista de Manhattan. Lo que ahí surgió fue algo más que una amistad.

Cohn seguía siendo alguien muy conocido. La fama le había llegado en su primera juventud cuando como fiscal empujó a la silla eléctrica al matrimonio Ethel y Julius Rosenberg bajo la acusación de haber entregado secretos atómicos a la Unión Soviética. Sus modos inquisitoriales en aquel juicio le valieron las simpatías de McCarthy, quien no dudó en tenerle como primer espada de su temida caza de comunistas. Juntos acabaron con la carrera de miles de inocentes y fabularon conspiraciones paranoicas. Ante un país electrizado por el odio, su poder inquisitorial alcanzó tal penetración que el propio presidente Dwight Eisenhover tuvo que intervenir para desactivarlo.

Tras su censura por el Senado, McCarthy acabó sus días alcoholizado. Cohn se reconvirtió en un letrado tan brillante como poco escrúpulos y amante del dry-martini. “Entre otros, defendía a los jefes de las familias mafiosas Gambino y Genovese”, explica el premio Pulitzer David Cay Johnston, autor de la biografía The making of Donald Trump.

Asiduo de Le Club, Trump llevaba observando tiempo a aquel escualo, hasta que aquella noche decidió a acercarse y pedirle asesoramiento sobre una causa que les quitaba el sueño a él y a su padre. Propietarios de 14.000 pisos en Brooklyn, el Gobierno federal les investigaba por negarse a alquilar a viviendas a negros. No era la primera vez. Veinte años antes el progenitor se había enfrentado a acusaciones similares que incluso derivaron en una famosa canción protesta de uno de sus inquilinos, el legendario músico Woody Guthrie. Pero esta vez, las pruebas acumuladas eran muchas más y la resonancia del caso amenazaba con una catástrofe.

Al conocer el asunto, Cohn no lo dudó. Lejos de recomendarle pactar, soltó: “Diles que se vayan al infierno y lucha en los tribunales”. Esa agresividad enamoró a Trump.

Poco tiempo después, guiado por el abogado, el joven promotor convocó una conferencia de prensa en la que acusó al Departamento de Justicia de haber fabricado el caso contra él y exigió una reparación de 100 millones de dólares. El golpe acertó. Los Trump lograron un acuerdo sin necesidad de declarar su culpabilidad. “Fue un momento clave. Cohn le mostró el camino: no ceder, no cooperar, llamar como sea la atención y ganar los casos en los medios”, indica Fischer.

A partir de entonces, el abogado devino en el maestro de Trump. Casi un segundo padre que moldeó su carácter y le enseñó a “golpear, golpear y golpear”. “Trump aprendió mucho de Cohn, fue quien le instruyó en cómo atacar al Gobierno y a los periodistas que no hacían lo que quería”, explica David Cay Johnston.

El letrado, bien relacionado, abrió a su nuevo amigo las puertas del Nueva York dorado. Le sentó a la mesa de los grandes políticos, le representó en los casos más espinosos, y le aconsejó en detalles tan íntimos como el acuerdo prenupcial con la modelo Ivana Zelnickova. Ambos conectaban. Estaban hechos para el lujo y la atención mediática. Y eran implacables. “Se parecían en métodos y creencias”, dice Fischer.

A Trump, además, le importaban poco las complejidades de su abogado: un homosexual que insultaba en público a los homosexuales; un extremista que hasta sus últimos días aplaudió al senador McCarthy.

La pareja dio un largo paseo por el lado salvaje. Y no sólo el de las noches locas de la discoteca Studio 54. Cohn era un nigromante del poder y en su lista de contactos figuraban desde el turbio director del FBI, J. Edgar Hoover, hasta el jefe mafioso Anthony Salerno.

“Nunca me engañé sobre Roy. No era un boy-scout. Un día me dijo que había pasado más de dos tercios de su vida adulta procesado por un cargo u otro. Eso me fascinó”, escribiría años más tarde el magnate.

La amistad terminó de forma natural. Cohn, arrasado por el VIH, murió el 2 de agosto de 1986. Tenía 59 años y acababan de expulsarle de la abogacía. Entre otros hechos se le condenaba por haber entrado en la habitación del agonizante y senil multimillonario Lewis Rosenstiel, tomarle su mano y, bajo engaño, obligarle a firmar un documento que le nombraba albacea de sus bienes.

Pero su fallecimiento no trajo el olvido. La sombra del abogado nunca ha dejado de perseguirle a Trump. Y cuando la semana pasada, acosado por el escándalo ruso, el presidente declaró que era víctima del “mcCarthismo” y acusó sin pruebas a Barack Obama de haberle grabado conversaciones telefónicas, muchos creyeron ver en la Casa Blanca al fantasma de Cohn. Muy cerca de Trump, aconsejándole al oído: golpea, golpea, golpea.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC. EU.
Sábado 11 de marzo de 2017.


Sessions se habría reunido con embajador ruso en plena época electoral y omitió decirlo al Congreso.

El Fiscal General de Estados Unidos, Jeff Sessions está envuelto en una controversia que amenaza con dejarle poco margen de maniobra en caso de que siga en su cargo por cuenta de las reuniones que sostuvo con el embajador ruso Sergei Kislyak, en julio y en septiembre del año pasado, justo antes de los comicios y no haber informado de ello a la comisión del Congreso que lo ratificó en el cargo. Lea: Secretario de Justicia de EE. UU. habría ocultado contactos con rusos

La situación es particularmente difícil dado que se ha denunciado que el gobierno ruso pudo haber intervenido en la elección presidencial del 8 de noviembre con el fin de influir para que Donald Trump llegara a la Casa Blanca y con el agravante de que el mandatario estadounidense siempre se ha mostrado cercano al presidente de ese país, Vladimir Putin.

La bancada demócrata en el Congreso le ha pedido a Sessions que renuncie para que desde su caro no interfiera con la investigación de su propio caso y de la presunta intervención rusa en los comicios presidenciales.

Hay que recordar que el asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn apenas duró en el cargo un mes, luego de que se revelara que le mintió al vicepresidente Mike Pence sobre otros encuentros que también sostuvo con el embajador ruso.

Implicaciones

Al encabezar el Departamento de Justicia, Sessions es precisamente el encargado de supervisar la investigación sobre la supuesta injerencia rusa durante los comicios y los presuntos nexos entre la campaña de Trump y el Kremlin. Altos cargos demócratas en el Congreso están pidiendo desde el miércoles la dimisión de Sessions, tras conocerse que mantuvo reuniones con el embajador ruso en Washington durante la campaña presidencial que después ocultó al Senado.

Según el diario ‘The Washington Post’, el entonces senador Sessions, asesor de la campaña de Trump, mantuvo encuentros con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, en julio y en septiembre del año pasado, justo antes de los comicios. Lea Arremetida de Donald Trump a medios causa indignación en EE. UU.

La portavoz de Sessions, Sarah Isgur Flores, confirmó que el ahora fiscal general se reunió con Kislyak antes de las elecciones, pero en su calidad de miembro del Comité de Servicios Armados del Senado. Sin embargo, lo que no dijo la portavoz es que para esa época Sessions asesoraba en materia de política internacional al entonces candidato Donald Trump.

Durante su proceso de confirmación en el Senado, Sessions fue cuestionado por los demócratas sobre su disposición a investigar los presuntos nexos de la campaña de Trump con el Kremlin como futuro jefe del Departamento de Justicia. "Si hay alguna prueba de que algún miembro de la campaña de Trump se comunicó con el Gobierno ruso durante esta campaña, ¿qué haría?", preguntó el senador Al Franken, a lo que Sessions respondió: "No tengo conocimiento de ninguna de esas actividades". Es más, Sessions aseguró "no haber tenido comunicaciones con los rusos".

Estas revelaciones sobre Sessions amenazan con crear una nueva crisis en el Gobierno de Trump, que ya vio hace unas semanas cómo los contactos con Kislyak antes, durante y después de las elecciones le costaban el puesto al entonces asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general Michael Flynn. El presidente Trump ha negado siempre cualquier tipo de conexión de su campaña con el Kremlin.

Sessions se defiende

Jeff Sessions, se mostró dispuesto este jueves a apartarse si es necesario de cualquier investigación sobre los supuestos nexos de la campaña del presidente Donald Trump con Rusia, tras conocerse que mantuvo reuniones con el embajador ruso en Washington. "He dicho que cuando sea apropiado me recusaré. No hay duda acerca de eso", enfatizó Sessions en declaraciones a la cadena NBC.

Además, tras haber emitido el miércoles un comunicado en el que negó haberse reunido con funcionarios rusos para hablar asuntos de la campaña, Sessions reiteró este jueves lo mismo y sostuvo que las acusaciones al respecto "son falsas". "Y no tengo nada más que decir sobre eso", concluyó Sessions, cuyo cargo equivale en otros países al de un ministro de Justicia.

Dos congresistas republicanos de alto perfil, Kevin McCarthy y Jason Chaffetz, también se pronunciaron este jueves sobre la polémica y coincidieron en que Sessions debería apartarse de las investigaciones sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones del pasado noviembre en EE.UU. con objetivo de beneficiar a Trump en detrimento de su rival demócrata, Hillary Clinton.

EFE
El Tiempo
Internacional
Washington / Bogotá
Jueves 2 de marzo de 2017.


Si el presidente Donald Trump no destruye la integración comercial en Norteamérica, México puede convertirse en cinco años en el mayor comprador de EE.UU. en el mundo y en su plataforma para conquistar el mercado chino, afirmó hoy en una entrevista con EFE el economista mexicano Luis de la Calle.

Desde que Trump planteó la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente entre EE.UU., México y Canadá desde 1994, De la Calle se ha convertido en una de las voces más autorizadas sobre el asunto en su país.

No en vano, este exsubsecretario de Economía y exministro de Asuntos Comerciales de la Embajada de México en Washington participó en el diseño e implementación del acuerdo que ahora el gobernante republicano califica una y otra vez como "el peor de la historia".

De entrada, De la Calle pronostica que el inicio del diálogo se retrasará varios meses por los escollos institucionales para el Gobierno de EE.UU.

"Para empezar, una negociación se tiene que notificar al Congreso con noventa días de anticipación", algo que "hace normalmente el representante comercial", en este caso Robert Lighthizer, que "no ha sido ratificado por el Senado", ya que requiere "una dispensa" del Congreso porque fue asesor de Gobiernos extranjeros (Brasil y China) en el pasado.

Luego, es necesario que se publique en la Gaceta Oficial de EE.UU. el acuerdo con el Congreso sobre los objetivos de la negociación y que transcurra un mes hasta que esta última inicie.

El economista tilda de "completamente vacías" las amenazas que hizo Trump de imponer un impuesto de 35 por ciento a los automóviles importados desde México, aunque admite que el mensaje "ha hecho mella" en la devaluación del peso y corridas en las bolsas.

Por suerte -matiza-, ya los mercados "están aprendiendo que los tuits de Donald Trump no son política pública".

La eventual salida de EE.UU. del TLCAN, otra de las advertencias lanzadas por el republicano en sus peroratas, llevaría a las partes a aplicar los aranceles pactados por cada uno de ellos en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En ese escenario, "como Estados Unidos ha sido miembro del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y de la OMC durante más de setenta años y ha venido reduciendo en rondas sucesivas de negociación sus aranceles", estos "son muy bajos", aclara.

Mientras que México, como "entró muy tarde", los tiene "relativamente altos", remarcó el analista, sin dar detalles sobre si las restricciones comerciales serían más perjudiciales o beneficiosas para su país.

"Nosotros sí podríamos ponerle aranceles del 35 por ciento", en tanto que "el promedio que podría poner Estados Unidos a México en el ámbito industrial es 1,09 por ciento y el ámbito agropecuario del 6", expone.

Para el economista, de entre todas las hipótesis, la única con "probabilidad cero" es que EE.UU. abandone la OMC porque sería "una catástrofe para el mundo completo".

Que la primera potencia mundial, histórica defensora del libre mercado, apueste por el proteccionismo, sorprende más que a nadie a México.

"Cuando hicimos el tratado hace 25 años México era una economía cerrada y Estados Unidos una economía abierta; los que nos hemos abierto hemos sido nosotros", se queja el experto.

Es más, "China es el primer exportador a Estados Unidos y no tiene un TLC con ellos", en tanto que "México es un gran comprador de Estados Unidos", añade a favor de su país.

"Hoy en día somos el segundo mercado del mundo para EE.UU. y en cinco años, si Trump no echa a perder la relación, seremos el primero", ahonda.

"México le comprará en cinco años a Estados Unidos más que toda la Unión Europea completa, con el Reino Unido dentro", remata De la Calle.

La clave para México es "encontrar proveedores alternativos", lo que ofrece "una gran oportunidad para Europa", con la que ya negocia la modernización de su acuerdo de asociación, "de posicionarse en el mercado mexicano para vender más carne de cerdo, jamones, granos, cereales", agrega.

También para "Oceanía, Australia y sobre todo Canadá", que "es un gran productor" de mercancías que, en la actualidad, México consume "mayoritariamente del medio oeste de Estados Unidos", donde paradójicamente están los votantes que le dieron el triunfo a Trump.

Según De la Calle, para contrarrestar el poderío de China, con la que EE.UU. tiene un déficit casi seis veces superior al que tiene con México, América del Norte debe venderle como bloque productos agroindustriales y manufacturas, con un esquema en el que México actúe como "plataforma de exportación de Estados Unidos".

Trump "debería ver esto al revés: aliarse con México, coproducir con México, es la gran oportunidad de conquistar el mercado chino", concluye.

EFE
Los Angeles
Martes 28 de febrero de 2017.


En un refugio aquí, al otro lado de la frontera de Arizona, los voluntarios acumulan alimentos y otros suministros en caso de una gran afluencia de deportados desde el otro lado.

“No queremos sorpresas del Sr. Trump”, dice Juan Francisco Loureiro, director del centro de migrantes Don Bosco, acerca de los planes del presidente de intensificar las deportaciones. “Necesitamos estar listos”.

A lo largo de la frontera, los recientes deportados y los recién llegados desde el sur sopesan si seguir viaje hacia los EE.UU. o si, simplemente, volver a casa y admitir la derrota.

“Ahora es demasiado difícil, con Trump”, afirma Alejandro Ramos Maceda, de 33 años, recientemente deportado tras ser detenido en una parada de tránsito, en St. Louis, donde -según dice- tiene a su esposa y dos hijas, ambas ciudadanas estadounidenses.

Desalentado, Maceda planea quedarse en México por el momento, una opción que muchos otros deportados con familia en los EE.UU. han aceptado a regañadientes. “Quizás mi esposa venga a visitarme”, dice, aunque su tono no contiene mucha esperanza.

Nada se ha movilizado aún aquí para la construcción del muro propuesto por el presidente Trump. Tampoco hay señales de aumento de las fuerzas de la Patrulla Fronteriza como parte de la prometida barrera. Pero entrevistas en suelo mexicano sugieren que, en pocas semanas, el nuevo mandatario ha tenido un profundo efecto sobre cómo actúan, planifican y, aún más importante, piensan al otro lado de la frontera. Aunque su estrategia apenas ha comenzado a ser promulgada, Trump está profundamente enraizado en la mente de las personas.

“Es mucho más difícil cruzar de lo que pensábamos”, dice Vicente Vargas (15), uno de cinco adolescentes del estado mexicano de Puebla, quienes afirman que regresarán a su casa, desalentados por lo dificultoso -y costoso- que resulta superar la frontera, especialmente teniendo en cuenta la posibilidad de ser detenidos del otro lado.

Que las dificultades actuales no tengan nada que ver con Trump no importa: Vicente y sus abatidos colegas culpan al proyecto del mandatario estadounidense. Incluso los deportados detenidos meses antes de la asunción de Trump parecen apuntar a la nueva administración.

“Hay mucha incertidumbre en este momento”, afirmó Jesús Arturo Madrid Rosas, representante del Grupo Beta, una organización de ayuda del gobierno mexicano que brinda asistencia a los migrantes. “La gente no sabe qué va a suceder. Tal vez esto esté alejando a algunas personas”.

Rosas y otros enfatizan que muchos factores -el clima tempestuoso, el reforzamiento de la frontera desde la era previa a Trump, las tarifas cada vez más altas cobradas por los contrabandistas- están probablemente ralentizando el tráfico humano hacia el norte.

Los rumores, tanto acerca de las amnistías como del endurecimiento de las medidas estadounidenses, se han filtrado hace tiempo en las comunidades “de partida” de migrantes y han influido en el comportamiento de éstos. Los meses de primavera suelen ser los más concurridos.

Pero Trump -o ‘Tromp’, como se pronuncia aquí el apellido del presidente, sin mucho cariño- a menudo es considerado culpable, o responsable, según el punto de vista de cada uno.

“No estoy de acuerdo con este Trump, pero está haciendo lo que la gente quiere”, expresa Eliseo Estrada, un corpulento comandante de la policía de Nogales, desde un punto clave donde la cerca existente de la frontera -una ondulante cortina de acero de 15 pies de altura- separa esta bulliciosa ciudad de la mucho más pequeña Nogales, en Arizona. “A México también el vendría bien un presidente fuerte”, remarca.

Debajo de la colina, en la ciudad, donde los patios traseros colmados de bicicletas, mesas y juguetes lindan con la barrera fronteriza, santuarios marcan el sitio donde, en 2012, un agente de la Patrulla Fronteriza disparó cerca de 10 veces a través de una brecha en la cerca a un adolescente mexicano, José Antonio Elena Rodríguez. El esperado juicio por asesinato que enfrentará el agente, Lonnie Swartz, comenzará este año.

Incluso los contrabandistas de personas, conocidos como ‘coyotes’ -cuyas tarifas se ajustan a medida que cruzar se vuelve una tarea más difícil- sostienen que la dura táctica al otro lado ha llenado de inseguridad a muchos.

“La gente está psicológicamente traumatizada”, afirma un veterano coyote, un delgado anecdotista con risa de tequila, quien pidió no ser identificado por temor a un arresto.

En el lado estadounidense también la táctica de Trump causa ansiedad, ya que la gente se pregunta acerca de sus familiares y vecinos que podrían ser deportados, o por aquellos en México que quedarían permanentemente separados de sus seres queridos.

“Es de lo único que se habla: Trump, la frontera, las redadas, las deportaciones”, asegura el sheriff Tony Estrada, del condado de Santa Cruz, en Arizona. “Lo oyes en los cafés, en los restaurantes, en todas partes”, dice Estrada, quien nació en el lado mexicano y emigró cuando era niño con su familia a Arizona. “La gente tiene miedo”.

Una imagen en una instalación artística sobre la cerca representa el rostro bigotudo de Jesús Malverde, una suerte de Robin Hood de comienzos del siglo XX, quien hoy es reverenciado como patrón de narcotraficantes y bandidos en México. Pese al control de años recientes, las drogas ilícitas siguen pasando a través de los túneles narco excavados por debajo de la cerca, en cargas tiradas o levantadas, y en los semirremolques y autos que pasan por los concurridos puertos de entrada, a veces rociadas con un poderoso extracto de pimiento chile para disuadir a los perros de las autoridades.

Mucho antes de la era Trump, las sucesivas administraciones estadounidenses invirtieron miles de millones de dólares para contratar más guardias, mejorar la barrera y desplegar equipamiento militar -como sensores de tierra hasta aviones no tripulados y torres de observación con cámaras-. No hay duda de que la inversión ha hecho que los cruces sin permiso sean más caros y difíciles, además de peligrosos, como lo demuestran las decenas de migrantes que han perecido en los últimos años al intentar cruzar el desierto de Arizona.

En la actualidad, nadie se aventura aquí sin un contrabandista. La época de los grandes grupos que luchaban por su propia cuenta ha desaparecido hace tiempo. Los sindicatos delictivos que manejan las drogas también controlan el comercio de personas. “La mafia demanda su parte”, afirma el coyote locuaz, quien se dedica a esas labores hace dos décadas.

Los miradores ocultos, conocidos como ‘puntos’, observan de cerca la franja fronteriza e informan a los superiores sobre cualquier actividad. Al este de la ciudad, donde la imponente valla de acero da paso a una barrera creada con vías de ferrocarril viejas cubiertas con alambre de púas, la evidencia de cruces del pasado es clara: botella de aguas vacías, paquetes de comida desechados, fogatas ya extinguidas.

Huellas y desechos se alinean formando un misterioso y abandonado campo santo, conocido como el cementerio chino, el lugar de descanso eterno de muchos fallecidos de la antigua y próspera comunidad china que vivía en la región, y que fue obligada a retirarse a comienzos del siglo XX, en medio de una ola de xenofobia. Sin embargo, encontrar a alguien cruzando por esta zona, alguna vez llena de potenciales migrantes, es ahora una tarea imposible.

Dos agentes de la Patrulla Fronteriza, con su vehículo verde y blanco estacionado en un camino de tierra en el lado estadounidense, son escépticos de que el muro planeado por Trump resulte efectivo, dado el terreno irregular y montañoso, y las peligrosas tormentas de verano. “Una pared podría probablemente desaparecer cuando llegaran los monzones”, concluye uno de los agentes, que se negó a ser identificado por no contar con autorización para hablar del tema.

Los coyotes cobran ahora cerca de $4,000 por persona para contrabandear a gente indocumentada hacia Tucson, a sólo 60 millas al norte, y $6,000 para llegar a Phoenix. Las tarifas son cinco veces más altas de lo que eran hace una década, cuando este tramo de la frontera internacional era por lejos el más concurrido del suroeste. Entre los años fiscales 2006 y 2016, sin embargo, las detenciones anuales de la Patrulla Fronteriza en el sector de Tucson -que incluye la franja de Nogales- se desplomaron de casi 400,000 a cerca de 65,000.

De hecho, el desarrollo de la frontera de Trump llega en tiempos donde el tráfico de inmigrantes sin permiso es bajo. En toda la región fronteriza sudoeste, los agentes en el año fiscal 2016 registraron 408,870 arrestos -comparado con 1.1 millones en 2006 y 1.6 millones en 2000-. Los ciudadanos centroamericanos ahora superan a los mexicanos detenidos.

A pesar de los desafíos considerables, no todo el mundo está disuadido. Se sabe que nadie puede detener a aquellos decididos a cruzar. El contrabandista afirmó que esa misma noche cruzaría a tres clientes; muchos deportados sostienen que no tienen más remedio que volver.

“Mi vida está al otro lado”, señala Oscar Félix, de 48 años, desde un refugio católico para deportados, que provee desayuno a los migrantes. “Desde luego que volveré”.

Félix vivió 30 años en la zona de Phoenix después de ingresar ilegalmente a los EE.UU. cuatro décadas antes, donde comenzó a trabajar como mecánico. Tiene cuatro hijos nacidos en ese país, de edades entre 14 y 1 año de edad. El hombre fue arrestado en diciembre pasado por una orden de captura pendiente, emitida por conducir sin licencia. Estuvo detenido por tres días y luego fue entregado a agentes de inmigración, quienes lo retuvieron por dos meses y medio antes de su deportación, en febrero. Ahora, planea visitar a su familia en Ciudad Obregón, su pueblo natal, y de allí volver a cruzar. No tiene dudas de que lo logrará.

“No tengo vida en México; mi vida, mi familia, están al otro lado”, dice el afligido Félix, de pie bajo una fría lluvia que cae en el exterior del refugio con desayuno gratuito. “No se trata de Trump. Se trata de mi familia. Tengo que regresar a Phoenix”.

Los Angeles Times
Patrick J. McDonnell
Los Ángeles, Cal. EU.
Martes 28 de febrero de 2017.


El secretario de Seguridad Nacional estadounidense, John Kelly, emitió un par de memorandos insólitos el 20 de febrero. Son un plan de batalla para la “fuerza de deportación” que el presidente Trump prometió crear durante su campaña.

La razón por la que memorandos son insólitos es porque dan marcha atrás y descomponen políticas migratorias sensatas, y por cómo pretenden volver a la maquinaria de deportaciones más extrema y espeluznante, sin mencionar cara, para el detrimento de valores estadounidenses.

Una recapitulación rápida: el gobierno de Obama reconoció que millones de migrantes no autorizados, especialmente aquellos con hijos ciudadanos y vínculos fuertes con sus comunidades y con el país, merecían tener la oportunidad de quedarse y de regularizar su situación. Sus políticas se concentraban en deportar a criminales peligrosos, que fueran amenazas a la seguridad nacional y a quienes recién hubieran cruzado la frontera de manera ilegal.

El secretario Kelly se deshizo por completo de esas provisiones. Convierte en prioridad para la deportación a prácticamente cualquier persona que pueda ser deportada. Quiere a todos, empezando con quienes hayan sido condenados por algún crimen, sin importar cuán pequeño haya sido o qué tan antiguo. La proporcionalidad, la discreción procesal, la idea de que algunas condenas son injustas, los principios detrás de un impulso a las reformas judiciales… todos esos conceptos ya no aplican.

Los blancos de deportación ni siquiera tienen que ser criminales. Pueden haber sido sencillamente acusados de algún crimen –es decir, mantener la presunción de inocencia– o haber hecho algo que lleve a un agente migratorio a creer que esa persona pueda posiblemente enfrentar algún cargo.

Kelly incluyó una provisión amplia para que agentes de la Patrulla Fronteriza o del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés), e incluso policías locales o ayudantes de alguaciles, puedan detener a quien crean pueda ser “un riesgo a la seguridad pública o nacional”. Esa es una receta para que se den abusos policiales y discriminación racial, una posibilidad aún mayor si el congreso autoriza la solicitud de Kelly de fondos para contratar otros 10.000 oficiales del ICE y 5000 agentes de la Patrulla Fronteriza.

Quiere, en sus palabras, una “explosión” en la contratación de jueces migratorios y funcionarios que revisen casos de asilo. Quiere más centros de procesamiento y de detención, lo que probablemente ha hecho salivar a la industria de prisiones privadas por las ganancias que se acercan.

Kelly también quiere reforzar programas que permitan a oficiales de la policía locales y estatales actuar como encargados de hacer cumplir las leyes migratorias. Los llama “un multiplicador de fuerzas altamente exitoso”, lo que es cierto si lo que quieres es una red de arrastre policial. Cuando cualquier encuentro con un policía local se puede convertir en el preludio de la deportación, los migrantes no autorizados temerán y evitarán a cualquier oficial. Y cuando los agentes locales y estatales sin entrenamiento en materia migratoria de repente pueden decidir quién se queda y quién se va, el riesgo de cometer injusticias es profundo.

Al igual que los peligros para el debido proceso. El procedimiento actual permite que haya deportaciones inmediatas, sin audiencias judiciales, para migrantes atrapados cerca de la frontera o que ingresaron de manera reciente. Pero Kelly hace notar que la ley le permite acelerar la expulsión de migrantes detenidos en cualquier parte del país que no puedan demostrar que han estado ahí “continuamente” por al menos dos años. El secretario se queda así con la posibilidad de saltarse el debido proceso con una política de “enséñame tus papeles” vigente de costa a costa.

Planea publicar datos de crímenes cometidos por migrantes no autorizados e identificar a las jurisdicciones locales y estatales que no cooperen con las fuerzas migratorias federales. ¿Por qué? Para promover la idea falsa, como lo ha hecho Trump de manera vergonzosa, de que los migrantes son un riesgo particular para la seguridad y para castigar a las llamadas ciudades santuario que, por razones de decencia y de mantener el orden público, quieren desconectarse del ICE.

Así es como se han vuelto armas los despotriques de Trump sobre bad hombres y terroristas extranjeros violadores: con burocracia.

Kelly prometió antes de ser confirmado al cargo que sería responsable del cumplimiento de políticas que fueran defendibles. Pero los migrantes tienen razón en estar asustados por su posicionamiento repentino junto con el nativismo de Trump. También tienen razón en estar asustados los estadounidenses que creen que el país está, o debería estarlo, comprometido a la ejecución sensata y proporcional de las leyes, y que debe ser acogedor para los migrantes y respetuoso de los hechos.

El País
Madrid, España
Miércoles 22 de febrero de 2017.

Página 1 de 6

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Síguenos en Twitter