Una valla a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México cerca de Brownsville, Texas Credit Matthew Busch para The New York Times

Washington. - El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos ha comenzado los trabajos preliminares para la construcción de un muro en varios lugares de la frontera con México, indicó recientemente el Departamento de Seguridad Nacional de ese país.

Un grupo de ingenieros están perforando y tomando muestras de suelo para determinar qué tipo de barrera será la más efectiva en las variadas condiciones geográficas a lo largo de la frontera, dijo David Lapan, un vocero del Departamento de Seguridad Nacional.

La perforación y el análisis del terreno se realiza en El Paso, Texas; Santa Teresa, Nuevo México; Calexico, California, y Rio Grande Valley al sur de Texas. Lapan dijo que el análisis del terreno ya concluyó en El Paso y Calexico. Ya se han identificado las zonas de San Diego y Rio Grande Valley como regiones prioritarias para la construcción de nuevos muros fronterizos. En agosto, los ingenieros militares comenzarán a trabajar en el área de San Diego.

Estas acciones se están realizando mientras la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, de la cual depende la Patrulla Fronteriza, continúa evaluando decenas de propuestas enviadas por contratistas para los diseños del muro fronterizo.

El presidente Donald Trump ordenó la construcción del muro a través de una orden ejecutiva en enero. En marzo, el Departamento de Seguridad Nacional hizo una convocatoria para que se presentaran prototipos de un muro fronterizo “físicamente imponente” y “estéticamente agradable”. La estructura debe ser diseñada para evitar que la trepen o se caven túneles por debajo.

El plan de Trump para construir un muro fronterizo fue parte de una controversial pelea presupuestal en el congreso. El gobierno necesitaba disponer de 3600 millones de dólares en los presupuestos de 2017 y 2018 para poder erigir 160 kilómetros de muro. Pero los congresistas —tanto demócratas como republicanos— rechazaron proveer los fondos para el proyecto y propusieron aumentar los recursos para incrementar el uso de dispositivos tecnológicos en la frontera como, por ejemplo, los sensores.

Sin embargo, el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes aprobó el martes una partida de gastos que incluye 1600 millones de dólares para el muro. Con esa suma podrían construirse 119 kilómetros de segmentos del muro a lo largo de la frontera suroeste.

El Departamento de Seguridad Nacional ha reasignado 20 millones de dólares de otros programas para pagar la construcción de diversos prototipos del muro fronterizo. Está programado que la construcción de esos proyectos comience este verano en el área de San Diego.

Unos funcionarios de Seguridad Nacional dijeron que los prototipos podrían ser agregados al muro fronterizo que ya existe en San Diego y también afirmaron que eso permitiría evaluar cuáles barreras son las más efectivas al momento de darles tiempo a los agentes de la Patrulla Fronteriza para responder al contrabando de drogas ilegales y personas. Los funcionarios dijeron que planean construir de cuatro a ocho prototipos.

Inicialmente, Trump habló sobre construir un “gran y hermoso” muro a lo largo de toda la frontera con México, la cual tiene una longitud de 3200 kilómetros. Pero la semana pasada, redujo ese plan al decir que la longitud del muro podría ser de 1127 kilómetros.

“No necesitas 3200 kilómetros de muro porque cuentas con muchas barreras naturales”, comentó el mandatario en una conversación que sostuvo con reporteros a bordo del Air Force One la semana pasada. “Tienes montañas. Tienes algunos ríos que son violentos y brutales. Tienes algunas áreas que están tan apartadas que no tienes gente cruzando por ahí. Así que no necesitas eso. Pero necesitarás entre 1100 y 1400 kilómetros”.

Trump también dijo que el muro sería parcialmente transparente y podría tener paneles solares para ayudar a reducir los costos. El líder estadounidense ha prometido que logrará que México pague por el muro, lo cual fue tajantemente rechazado por Enrique Peña Nieto, presidente de México.

En las comunidades de la frontera muchas personas han mostrado su rechazo a este proyecto. En Texas, amplios sectores del territorio necesario para erigir el muro están en propiedades privadas, y la mayoría de los dirigentes republicanos y demócratas de la delegación congresional del estado se oponen a la construcción.

The New York Times
Ron Nixon
Washington, DC, EU
Viernes 21 de julio de 2017.


Washington. - El anuncio del presidente Donald Trump de que Estados Unidos se retiraría del Acuerdo de París, fue recibido con consternación y temores de que la decisión pondrá en riesgo este pacto global. Para América Latina, que de manera unánime apoya los esfuerzos planetarios para enfrentar el cambio climático, la estrategia dificultará cumplir los objetivos climáticos y tensará las relaciones con Estados Unidos.

Los países de América Latina se encuentran entre los más comprometidos en el combate del cambio climático. Casi tres cuartas partes de los ciudadanos en la región, uno de los porcentajes más elevados en el mundo, consideran que el cambio climático es un problema muy serio.

Los países latinoamericanos y caribeños son muy vulnerables a este problema. Un aumento importante en las temperaturas mundiales conduciría a una reducción de la tierra cultivable, la pérdida de islas de baja altitud y las regiones costeras, así como a fenómenos meteorológicos más extremos en muchos de estos países. Latinoamérica cuenta con una tercera parte del agua dulce del planeta y casi el 30 por ciento de terrenos nuevos que podrían cultivarse, lo cual convierte a esta región en un centro importante para la producción mundial de alimentos.

Los centros urbanos de la zona —60 de las 77 ciudades más grandes del mundo se ubican en la costa— y las islas caribeñas son extremadamente vulnerables al aumento de los niveles del mar que podrían dañar la infraestructura y contaminar los humedales de agua dulce. Centroamérica, el Caribe y el este de México enfrentarían la amenaza de una mayor frecuencia de tormentas tropicales de alta intensidad. En Sudamérica, el cambio climático ya parece estar alterando los patrones de lluvias y aumentando el descongelamiento de glaciares, lo que pone en riesgo las cuencas que abastecen el agua potable, la producción agrícola y la energía hidráulica de decenas de millones de personas.

Veinticinco países de América Latina y el Caribe ya ratificaron el acuerdo. Costa Rica hizo la promesa más ambiciosa y fue uno de los pocos países en el mundo que se comprometió a reducir sus emisiones a fin de cumplir con la meta mundial de mantener el aumento de la temperatura promedio del planeta por debajo de los dos grados centígrados.

Cumplir estos objetivos será un desafío. El rápido aumento en la compra de automóviles, los subsidios a los combustibles y la falta de incentivos para autos eficientes y eléctricos convierte al sector del transporte en una de las fuentes de emisiones de mayor crecimiento de América Latina. Después de la disminución de las tasas de deforestación, esta zona ha visto un repunte reciente, más evidente en la región amazónica de Brasil. La creciente demanda de electricidad también está impulsando un aumento en las emisiones, en particular en los países donde la generación de energía se basa principalmente en el carbón o el petróleo, como en México, mientras que las sequías cada vez más frecuentes y la fuerte oposición a las represas hidroeléctricas han hecho menos confiable a la hidrogenaría limpia.

La cooperación y el apoyo internacional serán clave para que los países latinoamericanos y caribeños puedan cumplir con los compromisos de París y ampliar sus promesas en el futuro, que es la intención de los negociadores climáticos. Los planes de reducción de emisiones desarrollados por varios países, entre los que se encuentran México, Argentina, Colombia, Perú y Bolivia, incluyeron compromisos incondicionales, además de promesas más ambiciosas, a condición de transferencia de tecnología y financiamiento internacional.

Durante el anterior gobierno de Estados Unidos, el cambio climático y las energías limpias eran un área importante de cooperación internacional. En 2014, Obama prometió entregar tres mil millones de dólares al Green Climate Fund, que ayuda a los países pobres a luchar contra el cambio climático y a adaptarse a este. El fondo fue un compromiso clave en París para que los países en desarrollo se integren, a pesar de la mayor responsabilidad histórica que tienen las naciones industrializadas en el cambio climático. Obama transfirió 500 millones de dólares al GCF mientras fue presidente.

Sin embargo, la gestión de Trump ya está actuando para eliminar por completo el financiamiento encaminado a contrarrestar el cambio climático. El plan presupuestario de Trump elimina el apoyo a la Iniciativa Mundial contra el Cambio Climático y las contribuciones a los programas de Naciones Unidas para el mismo fin. En su anuncio del 1 de junio, el presidente reiteró que Estados Unidos ya no haría las contribuciones prometidas al Green Climate Fund.

La decisión del presidente Trump de retirarse del acuerdo climático parece ser parte de una política más amplia de desvinculación de los asuntos internacionales que acabará por dañar la relación de Estados Unidos con los países latinoamericanos. La política exterior de “Estados Unidos primero” de Trump tiene como objetivo evidente fortalecer los intereses y la seguridad nacional de Estados Unidos, y Trump ha indicado que dará más prioridad a la defensa que a la cooperación internacional. El presupuesto del presidente, que presentó ante el Congreso el 16 de mayo, propone un recorte del 30 por ciento en el financiamiento para el Departamento de Estado en comparación con el año anterior, mientras que aumenta el gasto en defensa.

Hasta ahora, muchas de las iniciativas de energía limpia de Obama en América Latina y el Caribe siguen vigentes. Los apoyos relacionados con energías limpias para Centroamérica y el Caribe, que forman parte de paquetes de ayuda de mayor envergadura ya aprobados por el Congreso, parecen seguir por buen camino. Estados Unidos continúa con los planes de participar en la Reunión Ministerial de la Alianza de Energía y Clima de las Américas —una iniciativa del gobierno de Obama—, que tendrá lugar en Chile en septiembre.

Sin embargo, los recortes presupuestarios propuestos, junto con la decisión de abandonar el Acuerdo de París, ponen en duda cuánto durará esta cooperación. La falta de nombramientos en posiciones de liderazgo clave para Latinoamérica (por ejemplo, Trump no ha nombrado al nuevo subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado) también inhibe la capacidad de la administración para adoptar una estrategia proactiva de participación en la región. La falta de liderazgo tanto en los asuntos del hemisferio occidental como del cambio climático en el actual gobierno estadounidense debilita la cooperación con los aliados de Estados Unidos en la región.

Después del anuncio de Trump, muchos líderes latinoamericanos condenaron la decisión de Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París y reiteraron su compromiso con los objetivos del cambio climático. Con la histórica caída del costo de las energías renovables y los avances en la eficiencia energética, las energías limpias son incluso más rentables. Sin embargo, cumplir los retos mundiales de luchar y adaptarse al cambio climático requiere la cooperación del mundo entero, y la decisión de Estados Unidos de retirarse de esta cooperación internacional dañará su relación con Latinoamérica y con el resto del mundo.

Lisa Viscidi es directora del programa Energía, Cambio Climático e Industrias Extractivas del Diálogo Interamericano en Washington.

The New York Times
Lisa Viscidi
Washington, DC, EU
Martes 13 de junio de 2017.


El ex Presidente de Estados Unidos Barack Obama afirmó ante una audiencia en Berlín que las naciones prósperas no pueden esconderse detrás de muros para protegerse de la agitación y la pobreza que afligen a otros países.

En su discurso durante un panel de discusión sobre la democracia, acompañado por la Canciller alemana, Angela Merkel, en un sitio donde alguna vez estuvo el muro de Berlín, Obama habló por 90 minutos sobre temas internacionales y estadounidenses sin mencionar directamente a su sucesor, Donald Trump.

Sin embargo, con sus palabras, el ex Mandatario hizo alusión a la intención de Trump de erigir un muro a lo largo de la frontera con México.

Obama explicó que el mundo se está acercando gracias a la tecnología y la globalización, por lo que no es posible permanecer aislado de los problemas en el extranjero.

"Si hay trastornos en estos países, si hay un mal Gobierno, si hay guerra o si hay pobreza, en este nuevo mundo en el que vivimos no podemos aislarnos. No podemos escondernos detrás de un muro", explicó Obama.

En el que también fue su primer discurso en Europa desde que dejó la Casa Blanca, Obama advirtió sobre los peligros de tomar la paz y la prosperidad por sentadas.

"El mundo está en una encrucijada", aseguró Obama, frente a unas 70 mil personas en la Puerta de Brandeburgo.

"La creciente brecha de desigualdad dentro de las naciones, así como entre las naciones, son un gran problema. (Al mismo tiempo) el mundo nunca ha sido más rico, o ha estado más sano y mejor educado", ilustró.

"Si podemos mantener ese progreso, entonces soy muy optimista con respecto a nuestro futuro. Mi trabajo ahora es ayudarlos a llevarlo al siguiente paso", dijo.

Obama contó que había pasado los últimos cuatro meses tratando de ponerse al día con su sueño y pasando más tiempo con su familia.

"Estoy muy orgulloso del trabajo que hice como Presidente", aseguró entre aplausos, y precisó que estaba especialmente orgulloso de la reforma del sistema de salud que hizo.

"Mi esperanza era conseguir una cobertura de salud del 100 por ciento. No logramos eso, pero sumamos 20 millones de personas que no tenían cobertura antes.

"Ahora algunos de los progresos que hicimos están en peligro porque un debate significativo está teniendo lugar en los Estados Unidos", agregó, evitando nuevamente la mención directa de Trump, quien está tratando de desmantelar el llamado Obamacare.

Apenas cuatro meses antes de la elección de Alemania, la mera aparición de Obama con Merkel, retransmitida en vivo en cuatro canales, planteó críticas sobre si estaba ayudando a la campaña de reelección de Merkel.

Pero Merkel y Obama se mantuvieron alejados de los temas de la campaña con su discusión enfocada en la fe y la política en general.

Obama dijo que espera utilizar la poca influencia que tiene como ex Presidente para ayudar a los jóvenes a estar mejor preparados para los retos que se avecinan.

Reuters
Berlín, Alemania
Jueves 25 de mayo de 2017.


El Presidente estadounidense, Donald Trump, reveló información altamente clasificada al Ministro de Exteriores ruso y al Embajador ruso en una reunión en la Casa Blanca la semana pasada, según The Washington Post.

Según funcionarios y ex funcionarios citados por el diario, las revelaciones pusieron en peligro a una fuente crítica de inteligencia sobre el autodenominado Estado Islámico (EI).

La información que Trump reveló fue proporcionada por un socio estadounidense a través de un acuerdo de inteligencia compartido considerado tan sensible que los detalles han sido restringidos inclusive a países aliados y dentro del propio Gobierno de Estados Unidos.

Dicho socio no había dado permiso a Estados Unidos para compartir el material con Rusia, y las autoridades citadas por el diario afirmaron que la decisión de Trump de hacerlo pone en riesgo colaboraciones futuras de la fuente, que tiene acceso al funcionamiento interno del EI.

Tras la reunión de Trump con los funcionarios rusos, altos funcionarios de la Casa Blanca tomaron medidas para contener el daño, con llamadas a la CIA y a la Agencia de Seguridad Nacional.

"Era información codificada", explicó un funcionario estadounidense familiarizado con el tema, en alusión a uno de los niveles de clasificación más altos usados por las agencias de espionaje estadounidenses.

"Trump reveló más información al Embajador ruso de lo que hemos compartido con nuestros propios aliados", añadió el funcionario.

La revelación sucede en momentos en que Trump enfrenta una creciente presión legal y política en múltiples frentes relacionada con Rusia.

La semana pasada, Trump despidió al director del FBI James Comey, en momentos en que la oficina llevaba a cabo una pesquisa sobre los vínculos entre la campaña Trump con Moscú.

Un posterior reconocimiento del Presidente de que el despido fue impulsado por el esa investigación fue valorada por críticos como un intento de obstruir la justicia.

Un día después de despedir a Comey, Trump dio la bienvenida en la Oficina Oval de la Casa Blanca al Canciller ruso, Segei Lavrov, y al Embajador Sergey Kislyak, una figura clave en las controversias de sus allegados con Rusia.

Fue durante esa reunión, según funcionarios citados por The Washington Post, que Trump se salió del guión y comenzó a describir detalles sobre una amenaza terrorista del EI relacionada con el uso de computadoras portátiles en aviones.

Para la mayoría de las personas en el Gobierno, discutir estos asuntos con un adversario sería ilegal.

Como Presidente, Trump tiene amplia autoridad para desclasificar los secretos del Gobierno, lo que hace improbable que sus revelaciones violen la ley.

Pero los funcionarios expresaron su preocupación por el manejo de Trump de información delicada, así como por su comprensión de las posibles consecuencias.

La exposición de una fuente de inteligencia que ha proporcionado información crítica sobre el autodenominado Estado Islámico, dijeron, podría obstaculizar la capacidad de los Estados Unidos y sus aliados de detectar amenazas futuras.

Reforma
Washington DC, Estados Unidos
Martes 16 de mayo de 2017.


El despido del director del FBI, encargado de investigar la trama rusa, abre la mayor crisis del mandato y muestra el lado más feroz del presidente

Donald Trump hizo durante años del despido una forma de vida. A lo largo de 14 temporadas, en horario de máxima audiencia, el multimillonario dio a la nación lecciones sobre cómo fulminar a los candidatos en su show The Apprentice. “¡Estás despedido!”. Esa era la humillante frase que multiplicó su fama, le catapultó a la política y que a las 17.40 del pasado martes, enviada en sobre lacrado y con suave lenguaje oficial, abrió la mayor crisis de su presidencia.

El despido del director del FBI, James Comey, ha supuesto para Trump un regreso a sí mismo. Una de sus caretas ha caído y ante el mundo ha emergido su rostro más feroz, la del presidente capaz de eliminar con sus propias manos al responsable de investigar si su equipo de campaña se coordinó con el Kremlin para atacar a la candidata demócrata Hillary Clinton. Es la trama rusa. El escándalo que día y noche le persigue y cuyo núcleo recoge el informe ICA 2017-01D de la Dirección de Inteligencia Nacional.

Este expediente, elaborado por la CIA, el FBI y la NSA, analiza meses de actividad del Kremlin y ofrece una conclusión aterradora: “Vladímir Putin ordenó una campaña en 2016 contra las elecciones presidenciales de EEUU. El objetivo era socavar la fe pública en el proceso democrático, denigrar a la secretaria Clinton y dañar su elegibilidad y potencial presidencia. Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por Trump”.

Léanlo despacio. Trump era el elegido por los rusos y Trump fue el ganador de los comicios. La conclusión es fácil. Pero no hay pruebas y el encargado buscarlas acaba de ser despedido por el propio presidente. Pocas veces la sospecha resultó tan evidente. Y el republicano no hace sino engrandecerla. En su huida ha llamado “enemigos del pueblo” a los periodistas que investigan el caso y ha creado la etiqueta de fake news para sus exclusivas. En palabras de Trump todo se reduce a un “enorme montaje de esos demócratas que no saben perder”. Pero los hechos no son tan simples.

Diecisiete de sus más cercanos colaboradores mantenían nexos con Moscú. Hubo reuniones secretas con el Kremlin en las Islas Seychelles y en el curso de un mes el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, perdió el puesto y el fiscal general, Jeff Sessions, quedó inhabilitado parcialmente por ocultar el contenido de sus conversaciones con el embajador ruso en Washington. Dos bajas significativas, aunque menos explosivas que el despido de Comey.

Los directores del FBI, elegidos por los presidentes y refrendados por el Senado, gozan de un mandato de 10 años y de una inmensa autonomía. Sólo uno en 109 años de historia había sido destituido. Fue con Bill Clinton y por motivos éticos.

El caso de Comey es distinto. Por mucho que se le quiera ahora entronizar, el director del FBI se movía con torpeza en la arena política. En su día concitó el odio tanto de los demócratas por reabrir el caso de los correos de Clinton como el de Trump por cerrarlo poco después. Pero entre sus agentes era adorado. Se le consideraba un muro frente a las presiones. Un ejemplo de celo puritano.

Con estos antecedentes, la salida de Comey ha dañado profundamente la credibilidad de la Casa Blanca. Las encuestas-flash revelan que una mayoría desaprueba la destitución y, lo que es aún más importante, que la exigencia de una investigación independiente se ha vuelto atronadora. “La decisión de Trump le ha debilitado y tiene como efecto que la mayoría de los estadounidenses insistan ahora en una investigación plena de los vínculos con Rusia”, afirma el profesor Larry J. Sabato, director del Centro para la Política de la Universidad de Virginia.

Los republicanos, conscientes del peligro de autodestrucción, se han cerrado en banda al nombramiento de un fiscal especial. Y mucho menos están dispuestos a aceptar cargo alguno de obstrucción que pueda alimentar un remotísimo impeachment. La única válvula de escape procede del propio FBI, siempre que el nuevo director no la asfixie, y de los comités del Senado y de la Cámara de Representantes. “Pero los republicanos, por mucha que sea la controversia, mantienen un frente unido en torno a Trump y pueden ralentizar o frenar cualquier investigación”, señala Andrew Lakoff, profesor de la Universidad de California Sur.

El futuro de las indagaciones es incierto. Y Trump no parece dispuesto a quedarse quieto. Sin importarle dejar en evidencia a sus portavoces y sus alambicadas explicaciones del despido, ha roto cualquier formalismo, ha llamado "fanfarrón" a Comey y ha proclamado que quería fulminarle desde hacía tiempo. El motivo es múltiple, pero a nadie se le escapa que, aparte de la trama rusa, el director del FBI se había atrevido a desmentir su acusación de que Barack Obama le había espiado y que, después de testificar el 3 de mayo con asepsia sobre Clinton, el presidente ya no confiaba en él.

Tras su destitución, el director del FBI permaneció silencioso. Luego, ante el incremento de la presión, dio dos pasos de seguridad: dejó abierta la puerta a una declaración ante el Comité de Inteligencia del Senado y, a través de allegados, filtró a The New York Times que el 27 de enero pasado el republicano le había citado para cenar a solas en la Casa Blanca. El objetivo era presionarle para que le prometiera lealtad. “Seré honesto”, fue la respuesta de Comey.

Publicada esta reconstrucción, Trump montó en cólera y en la mañana de viernes sacó el cuchillo. Por Twitter conminó al despedido a que no hablase más: “Será mejor para Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”. La amenaza era clara, directa, letal. Un presidente de Estados Unidos blandía supuestas escuchas para callar a un ex director del FBI.

La careta había caído. No hablaba ese Trump untuoso y paternal que tanto se gusta a sí mismo. Hablaba el tigre crecido en Queens, el matón de la escuela militar de Cornwall, el admirador de Putin. El mensaje llegó a Comey. Esa misma tarde se supo que declinaba acudir al Comité de Inteligencia del Senado. Trump, otra vez, había ganado.

El País
Jan Martínez Ahrens
Washington, DC, EU.
Domingo 14 de mayo de 2017.


Algunos republicanos están “genuinamente preocupados” por la amenaza que parece representar el presidente Donald Trump al orden constitucional en EU, y parecen considerar al vicepresidente Mike Pence como un posible sustituto, según señaló el demócrata Richard Brodsky en una columna en The Huffington Post.

El ex asambleísta por Nueva York, durante 14 periodos, asegura que “los republicanos están lenta, pero seguramente contemplando la política y la mecánica necesarias para librarse de Trump”.

Mientras que algunos republicanos, señala Brodsky, consideran esta posibilidad debido a sus preocupaciones por la forma de actuar de Trump, otros ven el problema como algo meramente político, considerando la fuerza de los votantes republicanos de Trump. Pese a esto, señala el columnista, todos estarán buscando la solución más fácil y todos preferirían a Pence.

“El orden republicano ya está allí. Mike Pence es todo lo que podrían esperar: está a favor de recortar impuestos, es anti-gay, anti-aborto, anti-Obamacare, apoya el poderío militar, es el paquete completo. Los republicanos ya sólo están viendo cuándo y cómo” hacer el movimiento, explica Brodsky.

El reciente y sorpresivo despido de James Comey como director del FBI —quien investigaba los nexos entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno ruso— provocó un escándalo en la política estadounidense, pues muchos han señalado la acción de Trump como un intento de encubrir o frenar la investigación, que podría llegar a afectar a figuras clave de su administración e incluso a él mismo.

Algunos señalan que este escándalo —o el posible hallazgo de pruebas sobre los nexos entre la campaña de Trump y Rusia— podría ser el detonante para que Donald Trump enfrente un juicio político que podría llevar a su destitución.

“Cuándo y cómo” sustituir a Trump con Pence, serían las grandes preguntas que, según el político demócrata, se hacen los republicanos. Las razones legales para la destitución o remoción de un presidente son algo secundarias. Las lecciones de las destituciones de Nixon y Clinton son obvias y muestran que no se llega a una acusación como esa hasta después de un tiempo en la Casa Blanca.

Primero, un presidente popular es intachable, no importa cuál sea la razón de su popularidad o de la acusación. Cuando Nixon estaba buscando su reelección la idea de un “impeachment” era absurda y siguió así hasta que desafió los tribunales; e incluso entonces su caída fue lenta. Por su parte, Clinton, atrapado entre mentiras, nunca estuvo en serios problemas, más allá de las ideologías en el Congreso. En realidad, su popularidad aumentó durante la acusación.

En segundo lugar, la lealtad partidaria es un impedimento para la destitución. Mientras los demócratas del Congreso se mantuvieron junto a Clinton, los republicanos se pusieron en contra de Nixon.

Para Trump las cosas se complican pues sólo cuenta con el apoyo genuino de un puñado de legisladores conservadores en el Congreso. La mayoría sólo lo toleran, lo que indica que su situación podría empeorar.

Pero no tan simple como parece, explica Brodsky, “en casi todos los distritos del Congreso y todos los estados los republicanos fieles a Trump controlan las nominaciones. Parece que nada de lo que Trump haga puede hacer que dejen de apoyarlo.

En la opinión el columnista del Huffington Post, los acontecimientos cotidianos de la política tienden a resolver este tipo de contradicciones. “Nadie sabe lo que va a golpear a continuación. Pero hay cosas que hay que vigilar”, como las encuestas.

Entre los miembros de la Cámara, la disciplina y pensar en grupo son armas mucho más persuasivas. Podría no parecerlo, señala Brodsky, pero incluso ahora los republicanos están buscando resolver el problema que representa Trump e instalar a Mike Pence.

Brodsky recordó que acusar a Trump no es la única vía para destituirlo. La 25ª enmienda de la Constitución estadounidense prevé la expulsión de los presidentes incapacitados. Y según el columnista, sería Mike Pence quién desencadenaría tal proceso de eliminación. Pero esta posibilidad, señala el político demócrata, no es “motivo de regocijo”, pues asegura que sea como sea, “estamos en problemas”.

El reciente despido de James Comey del FBI provocó un escándalo en la política estadounidense
Estarían buscando la solución más fácil y todos preferirían a Pence, señala el demócrata Richard Brodsky

El Universal
Ciudad de México
Jueves 11 de mayo de 2017.


Los Ébanos, Texas — Una de las principales barreras para el muro fronterizo del presidente Donald Trump comienza en el extenso patio trasero de Aleida García.

Ella y su esposo han construido un pequeño parque junto a unos matorrales en las 30 hectáreas de su propiedad y disfrutan de una vista panorámica del Valle del Río Grande. Ellos dicen que se resistirán ferozmente a cualquier intento del gobierno federal para apropiarse de su terreno, un nuevo episodio de una pelea que comenzó hace una década.

No están solos. Desde 2008 se han introducido más de 90 demandas que involucran a terratenientes del sur de Texas que se oponen a la incautación federal de sus propiedades. Los demandantes cuentan con el apoyo de muchos políticos del estado, y esa oposición por medio de acciones judiciales podría retrasar durante años cualquier construcción de un muro fronterizo.

Trump y John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional, han dicho que pueden construir un muro en 24 meses, a pesar de que el congreso no incluyó los fondos para financiar la construcción en su más reciente presupuesto. Los nuevos desafíos legales, junto con otros ya existentes, hacen que sea improbable cumplir con ese cronograma.

La estrategia de los propietarios es muy clara: utilizar los tribunales para impedir la construcción y aguantar más que lo que dure el mandato de Trump.

Aunque resulte paradójico, quienes están más cerca de los peligros de la inmigración ilegal quizá son los que están realizando la mayor oposición a los planes del presidente. Están muy conscientes de que sus tierras se han convertido en un importante punto de tránsito para narcotraficantes y contrabandistas, y algunos han sido víctimas de delitos. Pero también creen que la frontera ya está fuertemente patrullada por drones, agentes federales y autoridades locales, y afirman que un muro tendría un valor simbólico, a costa de sus tierras.

Aunque Trump convirtió al muro en una de las principales promesas de su campaña presidencial, el concepto no es nuevo. En 2006, a instancias del congreso, el presidente George W. Bush firmó la Ley del Cerco Seguro (Secure Fence Act), que ordenó la construcción de estructuras físicas para detener el cruce ilegal de personas y vehículos. Finalmente se construyeron cerca de 1126 kilómetros de muros y cercas, sobre todo en tierras federales de California y Arizona.

Pero el gobierno ha incautado muy pocas tierras en Texas, que tiene más de 2000 kilómetros de la frontera con México y la mayor parte es propiedad privada.

“Aquí en Texas nos tomamos muy en serio el concepto de propiedad privada”, dijo el diputado Henry Cuéllar, un demócrata cuyo distrito incluye casi 482 kilómetros de la frontera con México. “Nos enorgullecemos de nuestra tierra, que a menudo ha sido heredada por generaciones. Y los texanos se defienden cuando el gobierno federal trata de tomar lo que es nuestro”.

El caso de García muestra lo difícil que puede ser tomar el control de tierras privadas. Hace casi una década, los funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional intentaron tomar secciones de su terreno para construir un muro fronterizo. García se defendió en la corte y este año el gobierno decidió que, después de todo, no necesitaba su propiedad.

Pero ahora ella cree que los planes de Trump podrían volver a poner en peligro su tierra. “Solo estamos esperando mientras empiezan a hablar de nuevo sobre la construcción de un muro”, dijo.

El muro propuesto por Trump recorrería una vasta franja del Valle del Río Grande. En marzo, el Departamento de Seguridad Nacional emitió una solicitud de propuestas para construir un muro “físicamente imponente” en la frontera con México. Más de 100 proveedores han presentado proyectos, y funcionarios del departamento dicen que en la semana del 15 de mayo podrán notificar a los contratistas ganadores. Se supone que la construcción de varios prototipos de paredes comenzará este verano en San Diego.

Además, Trump quiere contratar a 20 abogados para adquirir tierras en el suroeste, donde se puede construir un muro u otras instalaciones de seguridad.

El Valle del Río Grande es una de las rutas de contrabando más concurridas de la frontera con México. El año pasado, los agentes de la Patrulla Fronteriza incautaron 148 kilos de marihuana; solo el sector de Tucson supera esa cifra. También se incautaron cerca de 662 kilos de cocaína, la mayor cantidad en cualquier sector de la patrulla. Casi 187.000 migrantes fronterizos ilegales fueron detenidos aquí en 2016, la mayor cantidad de cualquier sector vigilado por la Patrulla Fronteriza.

Y en los documentos presentados al congreso, la patrulla ha identificado al Valle del Río Grande como una prioridad para construir nuevas barreras fronterizas.

Aunque el gobierno ha logrado convencer a algunos propietarios de que cedan sus tierras para barreras y muros, muchos se resisten, por lo que el gobierno se ha visto obligado a ir a la corte para impugnar a quienes consideran que es una apropiación injusta de sus propiedades. Según los registros de los tribunales hay más de 300 casos. En total, el gobierno ha gastado por lo menos 78 millones de dólares para adquirir tierras donde ya hay cercas, según informaciones del congreso.

Un cementerio en Los Ébanos, que forma parte del Valle del Río Grande. El muro propuesto por el presidente Trump recorrería una vasta franja de esta región. Credit Matthew Busch para The New York Times
Efrén C. Olivares, abogado del Texas Civil Rights Project en El Álamo, dijo que el gobierno federal probablemente enfrentará una oposición similar si intenta construir un muro fronterizo en la zona. “El gran volumen de demandas que deberá enfrentar el gobierno conllevará retrasos significativos”, dijo Olivares, cuya organización representa a varios propietarios.

García dijo ser testigo del contrabando de drogas y haber visto a gente que cruza la frontera ilegalmente. Pero afirmó que el gobierno debería aumentar el número de agentes de la Patrulla Fronteriza y el uso de tecnología de seguridad en la zona en vez de construir un muro.

Otros miembros de la comunidad de 300 personas comparten su punto de vista.

“Ya tienen muros en algunos lugares y eso no ha detenido a nadie”, dijo Verónica Mendoza, hermana de García, quien vive cerca. “Necesitan más gente, no más muros”.

A lo largo de los 160 kilómetros de la frontera de Texas donde se construyó un muro, los propietarios se han quedado atrapados en lo que llaman una zona neutral, donde algunas casas y propiedades están en el lado sur del muro.

José Palomino, que vive en Los Indios, cerca de Brownsville, dijo que un muro de concreto divide su propiedad. Eso afectó el valor de su hogar, dijo, y el gobierno solo le ofreció 1000 dólares como compensación. “No es una buena vista”, dijo. “Y, a decir verdad, no ha detenido a nadie”.

Si bien las demandas son un obstáculo para construir un muro, la geografía local plantea otras complicaciones.

El río Bravo marca un camino sinuoso a través de la mayor parte de la zona y desemboca encima del lecho durante las lluvias pesadas, lo cual provoca las inundaciones y la erosión que complican la construcción.

Además de las demandas y la geografía, otro obstáculo para el muro es la oposición bipartidista de la delegación de Texas en el congreso.

John Cornyn, un senador republicano, ha cuestionado la efectividad del muro fronterizo al declarar: “No creo que seamos capaces de resolver la seguridad fronteriza con una barrera física porque la gente puede pasar por abajo, alrededor de ella y a través de ella”.

Otros fueron más francos.

“Es una idea muy estúpida y un desperdicio del dinero de los contribuyentes”, dijo Filemon Vela, representante demócrata de Texas, cuyo distrito incluye una amplia franja de la frontera. “No necesitamos un muro con México. Es nuestro aliado y uno de nuestros mayores socios comerciales”.

The New York Times
Ron Nixon / Especial
Los Ébanos, Texas, EU.
Miércoles 10 de mayo de 2017.


Ciudad de México.- Como candidato y después como presidente, Donald Trump era capaz de alborotar a los mexicanos, a veces aparentemente sin siquiera intentar hacerlo.

Sus amenazas sobre la construcción de un muro fronterizo y su promesa de hacer que México pagara por él desataron un patriotismo generalizado entre los mexicanos. Las promesas de deportar a millones de migrantes indocumentados llevaron a los políticos a redactar un sinfín de planes de contingencia. Los planes para desarticular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte desquiciaron a varios funcionarios.

Pero el anuncio de que la Casa Blanca se preparaba para abandonar el TLCAN vía una orden ejecutiva –que después fue desmentido por Trump– fue recibido con más calma por México. Eso dio muestra de que parece estar aprendiendo a responder a las habladurías del presidente estadounidense o, al menos, a tener una reacción pública más mesurada a estas.

“Parece que está sentado en una mesa de póquer faroleando y no tomando decisiones serias”, dijo el senador independiente Armando Ríos Piter. “Y si estás enfrente de un blofeador, tienes que mantenerte firme y digno”.

Los funcionarios mexicanos no hicieron comentarios públicos al anuncio del miércoles sino hasta que Trump emitió un comunicado ya avanzada la noche, en el que decía que, al final, no planeaba sacar a Estados Unidos del acuerdo comercial trilateral, sino “actualizar al TLCAN por medio de la renegociación”.

El presidente Enrique Peña Nieto respondió con una misiva en la que dijo que “ambos presidentes hablaron del objetivo compartido de buscar modernizar” el acuerdo.

Los cambios durante el día respecto al TLCAN dejaron desorientados a muchos mexicanos –el tipo de cambio peso-dólar se vio particularmente afectado–, pero también con un ligero sentimiento de satisfacción de que, por fin, estaban aprendiendo a interpretar las jugadas de Trump.

Eduardo Bravo, exdirector de la Asociación de Empresarios Mexicanos, dijo que quedó aliviado de que el tema se resolviera el mismo día. Sin embargo, advirtió que todavía queda un camino difícil por delante, en particular con una Casa Blanca cuyo comportamiento describió como “muy esquizofrénico”.

“Hay que mantener la esperanza y seguir trabajando para mantener la relación”, dijo. “Hay mucho trabajo por delante”.

Políticos, analistas, economistas, líderes empresariales y exdiplomáticos dijeron en diversas entrevistas que la sugerencia de que Estados Unidos se retiraría del pacto comercial no era más que un acto teatral para intentar demostrarle algo a los votantes de Trump y a los líderes mexicanos y estadounidenses.

Durante la campaña presidencial, Trump criticó repetidamente al TLCAN y parecía encaminado a empezar la renegociación tan pronto como tomara posesión. Cuando eso sucedió en enero, funcionarios de la Casa Blanca circularon una carta en la que se hablaba de las metas para esa negociación, aunque eran más modestas de lo que Trump había sugerido, dado que la mayoría del TLCAN quedaría intacto.

No obstante, durante las últimas semanas, la administración se mostró frustrada por el ritmo al que se desenvolvían las conversaciones, en buena medida porque no ha sido confirmado el representante para negociaciones comerciales propuesto por Trump, Robert Lighthizer, y porque el gobierno necesita llevar a cabo consultas con varios comités legislativos e informar al congreso de manera formal que tiene la intención de renegociar el pacto para que ese proceso avance.

“En México esto debería verse como el berrinche de un niño mimado al que no le tocaron los regalos que quería de cumpleaños por sus cien días” en el cargo, dijo Rafael Fernández de Castro, experto en las relaciones de México y Estados Unidos del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Algunos incluso especularon que la filtración de la orden ejecutiva para presuntamente sacar a Estados Unidos del TLCAN fue hecha a propósito para medir la reacción de México y Canadá a modo de estrategia de “prenegociación”.

“Un análisis generoso sería decir que estaba jugando a una política de riesgo calculado para aumentar las apuestas”, dijo Arturo Sarukhán, exembajador de México en Estados Unidos. “Parece que está acercando la mano a la funda de una espada mientras asegura que tiene un sable para decir: ‘Si no aceptas mis demandas entonces apretaré el botón nuclear'”.

Camiones de carga que esperan en Ciudad Juárez para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, en diciembre Credit Jose Luis Gonzalez/Reuters
El gobierno de Peña Nieto ya se ha mostrado dispuesto a tomar una postura más dura respecto a la renegociación: integrantes del gabinete han dicho que están dispuestos a actualizar el tratado, pero también a dejar la mesa de negociación y, con ello, el pacto.

“No vamos a aceptar cualquier tipo de renegociación del tratado, preferimos en todo caso abandonarlo que tener una mala negociación, en eso hemos sido claros con el gobierno de Estados Unidos”, dijo el canciller Luis Videgaray el martes.

Los mexicanos también se han sentido respaldados hasta cierto sentido por la respuesta de la comunidad empresarial estadounidense y de algunos legisladores —incluidos algunos republicanos del Capitolio– en contra de abandonar el TLCAN y a favor de mantener las relaciones con México.

Sin embargo, México no ha perdido de vista la impredecibilidad de Trump y ha comenzado a explorar la posibilidad de establecer nuevos acuerdos comerciales con otros países o de modernizar los pactos que ya tiene con otras naciones.

El exembajador Sarukhán dijo que el gobierno mexicano alguna vez respondía a Trump “como un venado en mitad del bosque cegado por las luces”, pero que ha adoptado una postura más madura al saber elegir qué batallas pelear y al emitir “declaraciones quirúrgicas y precisas, convirtiéndose en el adulto en la relación”. Eso quedó claro el miércoles, aseguró Sarukhán.

The New York Times
Kirk Semple y  Elisabeth Malkin
Ciudad de México / Washington
Viernes 28 de abril de 2017.


Extraña conducir su auto, se siente como si estuviera en una burbuja y le sorprende lo difícil que es su nuevo trabajo.

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reflexionó en una entrevista sobre sus primeros 100 días de mandato con una visión nostálgica de su vida antes de la Casa Blanca.

"Me encantaba mi vida previa. Pasaban tantas cosas. Tengo más trabajo que en mi vida previa. Pensé que sería más fácil", declaró Trump a la agencia Reuters.

El acaudalado empresario de Nueva York asumió el cargo el 20 de enero tras derrotar a la ex Secretaria de Estado demócrata Hillary Clinton en una sorpresiva victoria electoral.

Aunque dijo que estaba acostumbrado a no tener privacidad en su vida anterior, manifestó su sorpresa por lo poca que tiene ahora.

Además, dejó claro que aún se está acostumbrando a tener la protección del servicio secreto las 24 horas del día, con sus inherentes limitaciones.

"Realmente estás en tu pequeña burbuja, porque tienes tanta protección que realmente no puedes ir a ningún lado", afirmó.

Cuando el Presidente sale de la Casa Blanca, suele ser en una limusina o una camioneta, por lo que extraña conducir.

"Me gusta conducir. No puedo hacerlo más", sostuvo.

Sin embargo, hay muchas cosas sobre Trump que no han cambiado respecto al ejecutivo y la celebridad televisiva que dirigía su imperio desde el vigésimo sexto piso de la Torre Trump en Nueva York y que usaba el teléfono en forma incesante.

A menudo recurre a amigos personales y ex colegas de negocios para pedir sus consejos y retroalimentación positiva.

Altos asesores dicen que están resignados a eso.

Trump llegó a la Casa Blanca diciendo que hacía falta un presidente que haya tenido éxito como líder empresarial y sin experiencia en la política, alguien como él.

Mientras que Abraham Lincoln se apoyó en la ayuda de sus rivales, Trump se rodearía de ejecutivos de primer nivel.

Se presentó como el líder agraciado, capaz de recomponer acuerdos comerciales malos, acercar a demócratas y republicanos, hacer maravillas con el código impositivo y devolverle la prosperidad a ciudades industriales venidas a menos.

En sus primeros 100 días en la Casa Blanca, no obstante, le ha costado aplicar su experiencia al abocarse a la tarea de gobernar la nación más poderosa del mundo.

Expertos en administración dicen que ha dado varios pasos en falso que van en contra de lo que se puede esperar de un ejecutivo de primer nivel, disciplinado y eficiente.

Sus fanfarronadas dieron paso a políticas confusas que debilitaron su capacidad de negociación en temas delicados como reformas integrales a las leyes impositivas y al plan de salud.

Las iniciativas de Trump en torno a la inmigración fueron bloqueadas por los tribunales.

Todavía no ha nombrado una cantidad de funcionarios de rango.

No ha podido hacer aprobar en el Congreso ninguna ley importante, resignándose en cambio a firmar decretos, algo más acorde con un gerente que da órdenes a un subordinado que con un Presidente que intenta forjar alianzas.

John Challenger, CEO de la firma reclutadora Challenger, Gray & Christman, dice que los directores ejecutivos deben presentar éxitos generalmente en sus primeros 90 días.

La Casa Blanca destaca que Trump firmó 32 órdenes ejecutivas, o decretos presidenciales, más que ningún otro Presidente en sus primeros 100 días desde la Segunda Guerra Mundial. Pero esos decretos distan mucho de ser iniciativas osadas como las que prometió durante su campaña electoral.

En una entrevista con la Associated Press la semana pasada, Trump pareció admitir que no se puede manejar la Presidencia con una mentalidad empresarial.

"Todo lo que hace en el Gobierno involucra el corazón, mientras que en el mundo de los negocios, la mayor parte de las cosas no involucran el corazón", afirmó.

"De hecho, en los negocios, mejor que no lo uses".

Trump necesita el apoyo de un Congreso elegido independientemente para sacar adelante leyes y de líderes extranjeros para forjar alianzas globales, responsabilidades estas que son mucho más complejas que lidiar con socios comerciales que sólo quieren hacer un buen negocio.

Trump ya tomó distancia de algunas de sus promesas más audaces. Ahora habla bellezas de la OTAN, después de decir que era un organismo obsoleto.

Y ya no dice que China es un manipulador de divisas sino que trata de que ayude a disuadir a Corea del Norte de que siga con su programa nuclear.

Estos cambios, no obstante, revelan una cierta predisposición a modificar posturas para ajustarse a las circunstancias, opinó Kathleen O'Connor, profesora de la facultad de negocios de la Cornell University especializada en estrategias de negociación.

Reuters
Washington DC, Estados Unidos
Viernes 28 de abril de 2017.


 Entre gritos, porras y abucheos se llevó a cabo la quema del judas en algunos estados del País, donde destacó la figura del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Desde hace más de 40 años, cada Sábado Santo, en el Barrio del Artista, Puebla, se realiza la quema de personajes.

Este 2017 resaltó la imagen de Trump, el ex Gobernador Rafael Moreno Valle, y Antonio Gali Fayad, actual titular del Ejecutivo estatal.

Diez judas fueron los que se prendieron por la mañana con nombres de políticos, partidos políticos, medios de comunicación, así como algunos delitos que más se cometen en Puebla.

"Cada año ponemos gente que llama la atención de todo el mundo, Donald Trump, gente del Gobierno del mismo barrio, partidos, prensa, aquí es parejo", dijo Bruno Ponce, secretario general del Barrio del Artista.

Mencionó que las figuras las costean con recursos propios y las elaboran artesanos de Tlaxcala.

En tanto, pobladores del Municipio de Unión Juárez, Chiapas, también quemaron a judas personificado en Donald Trump y un muro, en protesta por la política migratoria del Mandatario estadounidense.

Los habitantes del municipio fronterizo con Guatemala, por donde cruzan centroamericanos en busca del sueño americano, prendieron fuego al mediodía a la botarga con la imagen del magnate.

La familia Dardo García mencionó que decidieron hacer este judas en protesta porque el republicano está traicionando a los migrantes y expulsándolos de ese país.

Con la elaboración del muñeco, la familia ganó el concurso que se realiza en la comuna.

La quema del judas forma parte de las festividades de Semana Santa que se realizan en esta localidad desde hace más de 50 años.

En el Estado de México, con la intención de acabar con el discurso de xenofobia y racismo hacia los migrantes de Trump, artesanos celebraron el Sábado de Gloria quemando también la figura del Mandatario.

Luis Solano, originario de Tultepec, Municipio mexiquense conocido por la elaboración de pirotecnia, participó en la edición 23 del concurso de Judas que se celebra en Toluca.

Su pieza titulada "Nos cargó el payaso" estuvo inspirada en el Presidente Trump, a quien decoró con un traje con la bandera de Estados Unidos y unos zapatos de payaso para ejemplificar su sátira.

"Nos cargó el payaso, pero el payaso diabólico que es Trump, por la forma en que se está comportando con los mexicanos, y ese fue el tema de la injusticia", dijo el artesano de Tultepec.

Reforma
Norma Herrera, Édgar Hernández y
Montserrat Peñaloza/corresponsales
Ciudad de Puebla, México
Sábado 15 de abril de 2017.

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