La mayoría de los mexicanos que nacen en un hogar en situación de pobreza tienen pocas posibilidades de escalar en su vida adulta al grupo de ingresos más altos, concluyó un estudio del Colegio de México presentado este martes.

     El informe "Desigualdades en México 2018" encontró que sólo 2,1 por ciento de personas provenientes de una familia situada en el quintil uno de la población, el de menor acceso a bienes y servicios, consigue ascender de adulto al quintil cinco, el de mayor ventaja económica.

     Por el contrario, el 76 por ciento de los hijos de los hogares pobres se mantienen en los quintiles uno y dos cuando crecen, un dato que demuestra que México tiene una de las tasas de movilidad social más bajas del mundo, según el estudio.

     "En México si una persona proviene de un hogar en situación de pobreza, tiene una alta probabilidad de permanecer en una situación similar cuando alcance la edad adulta", sostiene el documento elaborado por 11 investigadores que analizaron datos oficiales desde 2000.

     El análisis muestra el caso de dos mexicanas de 48 años de edad y nacidas el mismo día para ejemplificar el escenario de la desigualdad en México, la 15ª mayor economía del orbe y la segunda de América Latina en la clasificación del Banco Mundial.

     María, originaria de un poblado indígena del sureño estado de Oaxaca, uno de los más pobres del país, es analfabeta, gana 300 pesos (14,7 dólares) diarios como empleada doméstica en la capital del país, carece de seguro médico, su esposo es trabajador de la construcción que un tiempo migró a Estados Unidos y sus cuatro hijos no terminaron el bachillerato.

     La otra, Matilde, hija de un médico y una enfermera de la ciudad de Ensenada, estado de Baja California (noroeste), estudió derecho, se casó con un abogado, tiene un salario diario de 1.500 pesos (73,5 dólares), prestaciones laborales, seguro de gastos médicos y sus dos hijas son profesionistas.

     El informe expone que, a diferencia del caso mexicano, el 13,5 por ciento de quienes nacen en pobreza en Canadá escalan socialmente al grupo de ingresos más altos, mientras que en Estados Unidos lo hace el 7,5 por ciento.

     "Esta movilidad, sumamente baja, implica que el país no tiene un sistema efectivo para igualar las oportunidades de acceso de los ciudadanos a bienes y servicios cruciales", destaca.

     Preparado por demógrafos, sociólogos, politólogos y economistas, el estudio alerta que el panorama de la movilidad se complica en la actualidad porque los ingresos de los trabajadores mexicanos se estancaron a partir de 2007 o incluso disminuyeron.

     El ingreso medio mensual en 2007 era en términos reales de 6.000 pesos (294 dólares) y una década después, en 2017, cayó a 5.200 pesos (254 dólares), en parte porque los salarios no han tenido un crecimiento.

     Una de las dos coordinadoras del informe, Melina Altamirano, sostuvo que en la revisión de los datos de los últimos 18 años encontraron un deterioro de la situación de grupos que tradicionalmente tenían buen salario y mejor aprendizaje educativo.

     "Lo que observamos tanto en términos de aprendizaje como en términos salariales es que ha habido un cierre de brechas en los últimos años en México, pero este cierre de brechas es hacia la baja", dijo Altamirano, profesora investigadora del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México, en la presentación.

     De acuerdo con el estudio, las mujeres, las personas con menos ingresos y los habitantes de comunidades indígenas son los que enfrentan una mayor dificultad que el resto de los grupos para alcanzar sus objetivos.

     Como ejemplo, detalla que los alumnos de nivel básico en escuelas urbanas tienen cuatro veces más probabilidades de obtener resultados buenos o superiores en ciencias y lenguaje en la prueba internacional sobre educación PISA, frente a niños de planteles rurales.

     La directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Gabriela Ramos, dijo en la presentación que México tiene que considerar que la desigualdad y la pobreza son un obstáculo para el crecimiento económico.

     El país debe fortalecer su sistema de seguridad social e incorporar la equidad en todas las políticas económicas, como las fiscales y monetarias, y no sólo en las sociales, agregó la también Sherpa ante el G20 de la OCDE.

     "La desigualdad no va a terminar con políticas asistencialistas, sino con esta redefinición del modelo económico que tenemos que pensar en términos de cuáles son estos elementos que se dan en las diferentes familias que quedan atrapadas en este nivel", apuntó Ramos.

Xinhua
Ciudad de México
Miércoles 6 de junio de 2018.

Un estudio de la Universidad de Duke concluye que las películas de Disney sobrerrepresentan la riqueza, banalizan la pobreza y hacen ver que el ascenso económico depende solo del esfuerzo personal

En 'Aladdin' se pone a la misma altura los problemas del protagonista, que roba comida para sobrevivir, con los de la princesa, aburrida por no tomar sus propias decisiones en su vida palaciega

Una de las autoras del estudio alerta sobre la perpetuación de los mitos desde la niñez gracias a estas populares películas

En las películas de Disney, de los 67 personajes considerados como principales 38 encajarían en la clase alta, 11 en la clase trabajadora y tan solo tres serían considerados 'pobres', con Aladdin como principal representante de este colectivo en el universo animado. Un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Duke hace este análisis sobre representación de la pobreza y desigualdad en estos filmes infantiles. Si nos ciñéramos a lo que vemos en estas películas y lo trasladáramos a la realidad, entenderíamos que: ser pobre no es un gran problema, trabajar es algo que siempre te hace feliz y, si eres una buena persona (o guapa) además de ambiciosa, llegarás a ser rico, porque la clase alta siempre te hará un hueco.

Analizar cómo muestra Disney a la sociedad no es algo nuevo en el mundo académico. Ariel Dorfman, en su libro 'Para leer al Pato Donald' desgrana los argumentos con los que concluye que el universo Disney ayuda -y mucho- al sustento del sistema capitalista, transmitiendo sus mensajes y valores en todos los niveles sin plantear perspectivas alternativas. También se ha relacionado a las películas del gigante de animación con la sociedad heteropatriarcal y la perpetuación de roles de género machistas.

Pero volviendo al enfoque socioeconómico, la sobrerrepresentación de la riqueza en estos cuentos es especialmente llamativa, con personajes de dinero infinito como el Tío Gilito o princesas en castillos bañados de lujo como la Elsa de 'Frozen'. La coordinadora del proyecto de investigación, Jessi Streib, tiene claro el mensaje que lanzan, y es la idealización de estas situaciones: "la desigualdad es benigna". Streib lamenta que se perpetúen los mitos alrededor de la desigualdad social a través de los ojos de los niños. En España, un 30% de los niños (alrededor de 2,5 millones) viven en "riesgo de pobreza".

Un vistazo a algunas de las películas más emblemáticas de la factoría Disney, de las más antiguas a otras de nuestros días, muestran como en casi ochenta años de historia la percepción de estos amables dibujos prácticamente no ha variado.

Blanca Nieves y los siete enanitos

En la película de 1938, los pequeños amigos con los que convive la princesa acuden puntualmente a su cita laboral en una mina de diamantes como si fuera una de las tareas más divertidas del mundo. Ver a Gruñón, Feliz, Tímido y Mocoso cavar bajo las órdenes de Sabio mientras canturrean contrasta con la realidad traumática de lo que supone un trabajo así, especialmente en los yacimientos donde realmente hay diamantes: en África.

Por ejemplo, en este reportaje interactivo de la NBC se puede comprobar que la realidad dista mucho de lo mostrado en las historias de Disney. Ahí, los enanitos cada mañana salen cantando y silbando felices para volver de la misma forma sin un ápice de cansancio en sus cuerpos porque, según ellos mismos cantan, "es lo que nos gusta hacer".

El estudio critica esta visión idílica del trabajo, más cuando se trata de uno de los más criticados e inseguros del mundo. Además, es llamativo el contraste entre estos dos mundos, con los enanitos mineros atendiendo a la aristocrática Blancanieves que, encima, es la que tiene un problema por ser buena y bella.

Aladdin

Equiparar los problemas de las personas ricas y personas pobres es otro de los aspectos que señala el estudio como perjudiciales, un mensaje equivocado directo a las mentes de los más pequeños. En Aladdin la comparación es muy clara. El joven protagonista, pobre hasta el punto de tener que robar comida para sobrevivir, se enamora de la princesa Jasmine, aburrida de su vida palaciega.

Cuando se conocen y comparten sus historias y los sentimientos que les generan, ambos concluyen que se sienten "atrapados", uno por la pobreza y la otra por el poco espacio para tomar sus propias decisiones como "donde ir y cómo vestir". El estudio critica que se esté poniendo a la misma altura un problema de supervivencia con otro de gestión de la riqueza, minimizando así las dificultades derivadas de las cuestiones económicas.

Lo cierto es que situaciones de desigualdad social extrema como la que se representa en la película Aladdín, acarrean cualquier cosa menos felicidad. Dos investigadores de Oxford y de la London School of Economics han estudiado la relación entre desigualdad y felicidad para concluir que cuando una sociedad tiene brechas tan importantes, es en su conjunto mucho más infeliz.

Frozen

El caso del último gran boom de la factoría Disney sigue el patrón de otras películas que tienen como protagonista común a una mujer de clase alta, en este caso Elsa. Una vez más, desde el personaje principal -siempre con sus joyas- al resto de personajes de Frozen viven rodeados de riqueza, en grandes castillos y con vidas idílicas trufadas por grandes bailes, coronaciones y fastuosos paisajes.

Los problemas que les rodean tienen encaje en su clase socioeconómica, al estilo 'pobres niñas ricas'. Con un estereotipo claramente nórdico, la idealización de estas vidas en las películas suele ser criticada por la falsa imagen que transmiten en países con realidades muy distintas donde se visualizan estos filmes. Al menos, Frozen ha sido declarada como uno de los pocos personajes femeninos no estereotipados en términos de género.

Ratatouille

A todos nos divirtió y emocionó la historia contada en Ratatouille, como la rata Remy cumplía su sueño de ser chef, aunque fuera de una manera algo disparatada manejando a una persona que no se caracterizaba por su habilidad y destreza. No obstante, los orígenes de Remy muestran una familia pobre, que vive en el alcantarillado, pero cuyas referencias a la pobreza están basadas solo en la mala calidad y sabor de la comida. De nuevo, la felicidad en el mundo de la pobreza se vuelve a representar como algo habitual, alejado del sufrimiento, de una forma banal.

Sin embargo, como explicaba en este medio el sociólogo Pablo Gracia, "en las sociedades postindustriales el origen social tiene un peso determinante sobre indicadores básicos de bienestar, como son el nivel educativo, la ocupación, el salario o la salud" y es casi imposible salir del estrato social asignado por la familia en la que se nade. "La reproducción de la desigualdad social tiene costes importantes [...] Un país donde los grupos desfavorecidos no tienen las mismas oportunidades que los grupos privilegiados presenta claros déficits democráticos y de justicia social".

Así, la movilidad social se mide por el origen de "cuna" y no por la meritocracia, explican en Piedras de Papel. La exitosa historia de éxito de Ratatouille es casi imposible en la escalera social actual.

Cars

Esta película, en la que los coches toman vida, gira en torno al conocido Rayo McQueen. La desigualdad económica se muestra en el personaje Sally que [ojo spoiler] termina enamorada del protagonista. Sally abandona una próspera vida de abogada por el estrés laboral que le produce y se traslada al pequeño pueblo de clase trabajadora, donde se concluye que la vida es mucho más fácil que en la ciudad cobrando una nómina importante. Para las autoras del estudio, surge aquí la equiparación de los problemas de los ricos y los pobres, llegando incluso a insinuar que la vida de pobre es la mejor. La realidad de la mujer en medio rural es mucho menos idílica que la que representa la película.

El Tío Gilito

Un clásico del mundo Disney es el Tío Gilito, familiar del Pato Donald. Nunca ha destacado por su simpatía y, aunque en la factoría de animación nos hayan dicho que para llegar a rico hay que ser buena persona, nada en montañas de dinero que tiene almacenado. El signo del dólar se repite allá por donde va, independientemente del contexto en el que se encuentre y aunque aparezca junto a personajes como su propio sobrino, al que no se puede considerar rico precisamente.

El Tío Gilito, cuya existencia se basa en acaparar más y más riqueza, guarda paralelismos con las grandes fortunas españolas que aumentan año tras año, llegando a cifras mareantes. Aunque en cierta forma en Disney -que no se caracteriza por un humor especialmente irónico- parodian esta acumulación de riqueza, es una de las cuestiones que más problemas está causando en la sociedad actual. ONG como Intermón Oxfam llevan años advirtiendo de las graves consecuencias de la acumulación de riqueza en unos pocos, y organismos como el FMI avisan de que este desigual reparto lastra el crecimiento.

El Diario
Moha Gerehou
Madrid, España
Miércoles 23 de marzo de 2016.

 

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