Managua.- Con tiroteos y bloqueos de calles, la situación en Nicaragua se deteriora en medio de la ola de violencia que deja 145 muertos en casi dos meses, mientras el presidente Daniel Ortega aún no da señales que permitan retomar el diálogo nacional.

La expectativa se mantiene el martes, luego de que la noche del lunes se escucharan disparos y detonaciones en barrios de Managua y otras ciudades, donde los pobladores acumulan alimentos por temor al desabastecimiento ante el bloqueo de las principales carreteras.

Los obispos católicos presentaron el jueves pasado una propuesta de democratización a Ortega y le pidieron responder por escrito en dos días para decidir si retoman el diálogo con la oposición para salir de la crisis que vive el país, pero el plazo se venció sin respuesta del mandatario.

La embajada de Estados Unidos reveló en un comunicado que Ortega y otros participantes en el diálogo tuvieron un encuentro con Caleb McCarry, representante del senador republicano Bob Corker, enviado a Managua el sábado para "abordar la severa crisis democrática" en este país.

Pero su visita hizo poco por cambiar la situación, y la capital continúa semiparalizada por falta de transporte y el temor de los ciudadanos a quedar atrapados en el fuego cruzado en los bloqueos.

Fuerzas del orden y grupos de choque arremetieron en los últimos días contra los bloqueos, levantados para presionar al gobierno a dialogar.

"El objetivo es tener control de la vía Panamericana y dejar en esos lugares de forma indefinida a gente del gobierno para que no se vuelvan a levantar los bloqueos" opositores, dijo una dirigente de los manifestantes, que no se identificó.

Los ataques a manifestantes atrincherados en Sébaco, 90 kilómetros al norte de Managua, dejaron el domingo un muerto y daños en la unidad de policía, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y las autoridades.

Las protestas contra el gobierno estallaron el 18 de abril contra una fallida reforma al sistema de pensiones, pero se extendieron en medio de una represión que ha dejado 145 muertos y más de 1.000 heridos, según el Cenidh.

- Transporte paralizado -

El bloqueo de casi 70% de las vías busca proteger a las ciudades de ataques de grupos paramilitares y presionar al gobierno para que acepte negociar una agenda para democratizar al país, según dirigentes del movimiento opositor.

Unos 6.000 furgones de carga de países de Centroamérica que están en tránsito por Nicaragua quedaron atrapados con mercadería en las carreteras del país, lo que genera pérdidas económicas, según transportistas de la región.

La operación contra los bloqueos comenzó la madrugada del lunes en la capital, donde pobladores colocaron barricadas de adoquines para protegerse de paramilitares que se desplazan en camionetas y disparan por las noches a todo lo que se mueve.

"¡No disparen, aquí hay niños!", "quieren quitar las barricadas a punta de balas", denunciaron en un video pobladores del barrio María Auxiliadora, uno de los siete lugares de la capital con presencia de antimotines.

La aerolínea estadounidense American Airlines canceló sus vuelos a Nicaragua programados para el lunes y martes por razones de seguridad debido a "los disturbios civiles" en el país centroamericano, según la web oficial de la compañía.

En tanto la panameña Copa ofreció -por las mismas causas- a los pasajeros con boletos no utilizados facilidades para pedir un reembolso o cambiar la fecha de viaje sin penalidad, sin llegar a suspender vuelos.

La organización Pen Nicaragua reportó que al menos dos periodistas de medios internacionales fueron despojados de su equipo de trabajo mientras cubrían los incidentes, y un reportero nicaragüense fue asaltado en su casa después de recibir amenazas.

- Lejos de la realidad -

El ataque a un puesto policial en una comunidad de El Caribe por una banda de hombres armados, dejó tres muertos, entre ellos dos agentes y uno de los atacantes, además de cuatro heridos, informó la institución.

En León, 90 km al noroeste de Managua, grupos cívicos convocaron a un paro escolar y de labores por 24 horas para denunciar la escalada represiva del gobierno.

Entre jueves y domingo se reportaron seis muertos en Managua, Masaya, Sébaco, Jinotega y Mulukuku (región del Caribe norte) durante ataques de grupos irregulares y fuerzas antimotines a posiciones de pobladores atrincherados, según organismos de derechos humanos.

Las acciones represivas han continuado con igual o más intensidad luego del encuentro entre la jerarquía católica y Ortega.

Según el obispo Silvio José Báez, en esa cita le dijo al mandatario: "Usando solo el lenguaje de la represión en Nicaragua, se aleja cada vez más de la realidad, agrava la crisis política, el dolor del pueblo y se esfuerza en destruir el diálogo nacional".

AFP
Managua, Nicaragua
Martes 12 de junio de 2018.


La gigantesca manifestación que pedía la salida del presidente fue fuertemente reprimida. Hay decenas de heridos. “Aquí nos quedamos todos”, afirma Ortega

El presidente Daniel Ortega mostró su rostro más brutal la tarde del miércoles en Nicaragua, tras ordenar el ataque a una gigantesca manifestación encabezada por las madres de las víctimas de la represión de abril en este país.

Numerosos testigos informaron que seguidores del Frente Sandinista, grupos parapoliciales y oficiales antidisturbios dispararon contra los manifestantes, que marchaban desarmados por la céntrica Carretera a Masaya de Managua.

También se produjeron hechos de violencia en otras ciudades. En total, la represión dejó 15 muertos en el país, entre ellos un adolescente de 15 años, y 79 heridos, según el recuento del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).

La Conferencia Episcopal de Nicaragua condenó lo que llamó “hechos violentos perpetrados por grupos armados afines al Gobierno” y aseguró que no se puede reanudar el Diálogo Nacional –del que la Iglesia es mediadora– “mientras al pueblo se le siga negando el derecho a manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado”.

Ortega pretendía que el diálogo, en el que se pretende hallar una salida a la crisis, se reanudara la próxima semana, después de un impasse tras la intransigencia del Gobierno de no querer discutir temas relacionados a reformas que garanticen la democratización del país, que pasan por un adelanto de elecciones. Ortega pretende otorgar algunas concesiones mientras se le permita mantenerse en el poder hasta 2021. La matanza del miércoles complica cada vez más los planes del mandatario.

Escenas de pánico se vivieron a partir de las 17.00, hora local, cuando los manifestantes caminaban hacia la Universidad Centroamericana (UCA), donde la manifestación terminaría con un evento cultural. A esa hora comenzaron a estallar disparos desde el Estadio Nacional localizado a unos metros de distancia. Los testigos informaron que varias personas comenzaron a caer heridas sobre el pavimento. Grupos de paramédicos y ambulancias se movilizaron hacia la zona, aunque algunos heridos tuvieron que ser trasladados en motocicletas a varios hospitales de la capital. Las autoridades de la UCA abrieron el campus para que la gente pudiera refugiarse en su interior. También hubo ataques al canal 100% Noticias, que en abril fue censurado por Ortega, y a la Radio Ya, afín al Gobierno.

La violencia se desató minutos después de que el presidente, Daniel Ortega, diera un discurso en una marcha que había sido convocada por el Gobierno en otro punto de la ciudad, con la que el mandatario pretendía demostrar la estabilidad del Ejecutivo. Ortega reaccionó a las críticas hechas por la cúpula empresarial, que exigió la noche del martes un cambio de Gobierno y el cese de la represión. “Nicaragua no es propiedad privada de nadie”, dijo Ortega. “Nicaragua nos pertenece a todos y aquí nos quedamos todos”, afirmó el mandatario, en clara referencia a la exigencia de que deje el poder. De esta manera, Ortega –asediado desde hace 43 días por una insurrección popular que exige el fin del régimen– se enrosca en la violencia para mantenerse en la Presidencia.

La manifestación de las madres había comenzado a las 14.00 (hora local) en la céntrica rotonda Jean Paul Genie de la capital. Allí se vivía un ambiente de fiesta, a pesar del dolor. El cantautor Carlos Mejía Godoy inauguró el evento con su célebre “Ay, Nicaragua, Nicaragüita”, que la gente coreó como si se tratara del himno de este país. Las madres de las víctimas de la represión portaban las imágenes de sus hijos asesinados en los días más cruentos de la violencia, en abril, cuando comenzaron las manifestaciones contra una reforma a la Seguridad Social impuesta por Ortega.

Portando además cruces, listones negros y ramos de flores, estas mujeres comenzaron a marchar exigiendo justicia para sus hijos y la salida de Ortega. “Nos duele estar aquí, con todas estas madres compartiendo este dolor. No es justo lo que hizo Ortega a estos muchachos, principalmente a mi hijo”, dijo a EL PAÍS Jessica Rivas, madre de uno de los jóvenes asesinados, Jesner, de apenas 16 años. “Después de todo esto que hizo exigimos que se vaya de Nicaragua, que aquí no lo queremos. Si aquí hubiera pena de muerte eso pidiéramos para él. Lo que queremos ahora es ayuda internacional para encontrar justicia, porque aquí en Nicaragua no se respetan las leyes”, dijo Rivas.

La manifestación ocupó 3,9 kilómetros de la céntrica Carretera a Masaya, punto neurálgico de la economía de la capital. Centenares de miles marcharon de forma pacífica, decían consignas contra el Gobierno y en apoyo a los estudiantes, que son los principales protagonistas de esta rebelión ciudadana, que acumula ya más de 80 muertos. Entre ellos estaba el escritor y exvicepresidente Sergio Ramírez, para quien la manifestación era “una demostración de fe en el futuro”. Ramírez afirmó a este diario que “en Nicaragua, a pesar de la tragedia que hemos vivido y los crímenes masivos que se han cometido, el pueblo tiene fe en que la paz vendrá y la única manera de que venga la paz es la democracia”.

Una hora después, sin embargo, la manifestación era reventada con violencia. Ya lo había advertido el escritor mientras marchaba: “Ortega tiene que convencerse de que cualesquiera que sean los mecanismos que se acuerden, esta solución (su salida) tiene que darse a corto plazo, si no el conflicto va a seguir, el riesgo de enfrentamientos, de más muertes. Hay que hacer un llamado a su propia conciencia de que tiene que apartarse él y su esposa para que el país pueda encontrar un cauce democrático”. El mandatario, sin embargo, se aferra a la violencia. Al atacar una manifestación que lloraba a decenas de muertos, que son vistos ya como héroes en Nicaragua, Ortega mostró el miércoles su rostro más brutal.

El País
Carlos Salinas
Managua, Nicaragua
Jueves 31 mayo 2018.


Convocados por la Iglesia, cientos de miles de nicaragüenses se toman las calles del país exigiendo paz y el fin del régimen.

 Los obispos advierten a Ortega que no puede haber diálogo sin garantías

 “Las mañanitas” sonaron de boca de cientos de miles de nicaragüenses para agasajar a Silvio Báez, el obispo auxiliar de Managua que cumplía años, elevado a héroe en este país después de que este sacerdote se pusiera al frente de la respuesta a la represión y violencia desatada por el régimen de Daniel Ortega tras las masivas manifestaciones que exigen el fin de su mandato y que según el más reciente recuento del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos ha dejado ya 41 muertos. “¡Qué los cumpla feliz, ¡qué los cumpla feliz!”, gritaba la masa, convocada en Managua por la Iglesia para manifestarse por la paz, pero convertida en una gigantesca manifestación que exige el fin de 11 años de autoritarismo y corrupción en una inédita demostración de fuerza contra el Gobierno, que a algunos nicaragüenses hacía recordar los últimos días del régimen comunista en Polonia.

“¡Queremos la paz, queremos la paz!”, gritaban decenas de miles de nicaragüenses que se trasladaban por la céntrica Carretera a Masaya hacia la Catedral Metropolitana, donde la Conferencia Episcopal realizó una liturgia. Si bien la convocatoria la hicieron los obispos, en esta manifestación marcharon feministas, homosexuales, familiares de los asesinados en la represión contra los manifestantes y miles de campesinos que desde horas de la madrugada salieron de sus comunidades montados en camiones hacia la capital. Ellos se oponen a la construcción de un Canal Interoceánico en Nicaragua, concesionado al empresario chino Wang Jing por Ortega. Pobres, ricos, obreros, religiosos, ateos, todos caminaron para demostrar hartazgo, exigir el fin de la violencia oficial y justicia para los muertos en una semana sin precedentes en la historia reciente de este país, que ya Julio Cortázar definió como “violentamente dulce”.

La cúpula de la iglesia criticó con dureza el discurso oficial del Ejecutivo sandinista, que desde la pluma de la vicepresidenta y esposa de Ortega, Rosario Murillo, manipula la fe con una mezcla de catolicismo, mensajes pentecostales y budismo con la vieja verborrea de la izquierda latinoamericana. El liderazgo católico definió ese mensaje oficial que se proclama “cristiano, socialista y solidario” como “demoniaco, basado en la envidia y toda clase de maldad”.

“Bienaventurados los que tienen sed de justicia, porque ellos serán saciados”, dijo el cardenal Leopoldo Brenes al iniciar su liturgia. “El demonio es siempre astuto y siempre interviene cuando decimos de la verdad. El demonio quería que quedáramos en las tinieblas”, agregó el líder del catolicismo nicaragüense cuando de repente le falló la energía en el entarimado construido a las puertas de Catedral. La misa se convirtió en un homenaje a “nuestros hermanos muertos, especialmente los estudiantes”, en referencia a las decenas de jóvenes que han sido asesinados en la jornada más violenta de la historia reciente de Nicaragua.

Brenes se refirió al diálogo convocado por el presidente Ortega y del que los obispos son mediadores. El cardenal dijo que si no hay garantías, ellos anunciarán que el proceso no se podrá dar. “El diálogo va a pasar por respeto a la justicia, la verdad, la libertad y el perdón”, dijo el religioso, mientras la multitud gritaba “¡qué se vayan, qué se vayan!”, en referencia al presidente Ortega y su esposa Murillo.

Después del cardenal habló el obispo Báez. El sacerdote recordó, en el momento más conmovedor de la jornada, a los “jóvenes reprimidos y torturados” y las “lágrimas de padres y madres que lloran en estos días la muerte de sus hijos a causa de la violencia irracional”. Pero también se refirió a las “mujeres violentadas”, en un país donde Amnistía Internacional ha denunciado que los feminicidios son cada vez más brutales.

También hubo referencia a la “prepotencia e irresponsabilidad” con el manejo de las selvas de Nicaragua, en referencia a un incendio en la reserva Indio Maíz que arrasó más de 5.000 hectáreas de selva y que marcó el inicio de una jornada de protestas que han puesto contra las cuerdas al régimen.

De los jóvenes que se movilizaron por los bosques nació la protesta contra la imposición de unas reformas a la Seguridad Social, que ahora exige el fin del régimen. Para Ortega será difícil encajar este golpe que le ha quitado el monopolio de las calles y que pone en jaque un poder que hasta ahora parecía indestructible. Los próximos días serán claves para determinar el futuro de Nicaragua y la supervivencia de un debilitado Ortega.

El País
Carlos Salinas
Managua, Nicaragua
Sábado 28 de abril de 2018.

Daniel Ortega y su ‘revolución de pacotilla’

Muy lejano en el tiempo parece haber quedado el discurso revolucionario, progresista y democratizador de Daniel Ortega cuando era uno de los máximos dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que a finales de los setenta logró derrotar a la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua. Hoy, ya como líder “omnímodo” del partido del mismo nombre y en su papel de presidente de ese país, Ortega se apresta a conformar una “dinastía” antidemocrática junto con Rosario Murillo, su compañera y quien ahora es candidata a la vicepresidencia. Eso es lo que aseguran sus adversarios políticos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En julio de 1991, año y medio después de la primera derrota electoral que sacó a Daniel Ortega del poder, Rosario Murillo promovió su candidatura para ser miembro de la Asamblea Sandinista, el máximo órgano de consulta del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Sin embargo, no fue elegida por los delegados al Primer Congreso de esta organización, quienes no reconocieron en ella la trayectoria de lucha suficiente para ser parte del selecto grupo de militantes, muchos de ellos con destacada trayectoria guerrillera contra el dictador Anastasio Somoza.

Murillo, hoy candidata a vicepresidenta de Nicaragua, compañera de fórmula y esposa del presidente Daniel Ortega, conformó entonces, sin éxito, un equipo para promoverse.

“Rosario se lanzó a la candidatura de la Asamblea Sandinista en el primer congreso en 1991 y quedó excluida por unos puntos. Entonces quisieron que Lea Guido, quien había quedado un lugar antes, renunciara para darle lugar a Rosario, cosa que Lea no hizo. Eso la resintió durante mucho tiempo con las estructuras. Se sintió humillada por esa derrota”, relata la comandante guerrillera Mónica Baltodano a Proceso.

Vilma Núñez, reconocida defensora de derechos humanos en Nicaragua y entonces presidenta del Comité Electoral del FSLN, sostiene: “No puedo decir si Daniel no la apoyó o si ella quiso independizarse de él, pero la criticaban porque era muy autoritaria, desordenada en varios aspectos. Era conflictiva, había tenido muchas contradicciones con el grupo de artistas. No sé si era eso o eran otras razones, pero realmente había gente que la adversaba en el FSLN”.

Veinticinco años después la situación ha cambiado drásticamente. Los críticos que Murillo tenía en el Frente Sandinista o ya no están o ahora la aceptan y se subordinan a sus preceptos. Su imagen es omnipresente en el gobierno que preside Daniel Ortega. Cada mediodía informa desde al menos tres televisoras y dos radios con cobertura nacional sobre todas las actividades gubernamentales y municipales que se desarrollan en el país. Ningún ministro ni alcalde puede hablar sin su aprobación.

Murillo ha sido una estrecha colaboradora de Ortega, sobre todo desde que regresó al poder en 2007, y es partícipe de los cambios institucionales que se registran en Nicaragua, país que entre el 8 de junio y el 2 de agosto ha vivido un retroceso institucional y una concentración de poder sin precedente.

En el periodo descrito la Corte Suprema de Justicia emitió una sentencia mediante la cual imposibilitó de participar en las elecciones generales de noviembre próximo a la coalición opositora con mayor fuerza; luego el Consejo Supremo Electoral les quitó la diputación a 28 legisladores opositores de la Asamblea Nacional, y finalmente Ortega proclamó como su compañera de fórmula a Murillo.

“Estamos frente a la culminación de un proceso de concentración de poder. Yo diría que estamos ya en la última etapa que comenzó en su parte más importante en 2007, cuando Ortega regresó el Poder Ejecutivo”, sostiene la política Dora María Téllez, exguerrillera y disidente del FSLN.

Primer paso: controlar el partido

Para entender cómo Daniel Ortega acumuló tanto poder en Nicaragua, al punto de controlar todos los poderes del Estado, es preciso remontarse a los años posteriores a la derrota electoral de 1990, que obligó al FSLN a reconfigurarse.

“El Congreso del FSLN de 1994 fue muy difícil para Daniel Ortega. Los resultados de las votaciones para el cargo de secretario general, que le disputó entonces el comandante de la revolución Henry Ruiz, respaldado por la disidencia, que al año siguiente se convirtió en Partido Movimiento Renovador Sandinista, fueron muy estrechos.

“En ese periodo yo fui una de las organizadoras de la corriente Izquierda Democrática, quienes entonces respaldamos a Ortega y tuvimos que trabajar arduamente. Yo creo que en ese momento Ortega se dio cuenta de lo que significaba el aparato partidario, al que nunca le había dado importancia, y se propuso seriamente controlarlo de forma personal”, relata Baltodano.

El 7 de mayo de 1994 el diario Barricada, que en la década de los ochenta fungió como aparato de propaganda del FSLN, abrió con una cita de Ortega a seis columnas: “No aspiro al 96”. Se refería a las elecciones generales de 1996. Pero sí aspiraba.

Baltodano recuerda que antes de esos comicios hubo varios precandidatos presidenciales. “Un año después, en 1995 la Dirección Nacional del FSLN, de la que yo formaba parte, habíamos llegado al consenso de que Daniel no debía ser de nuevo candidato a la Presidencia, y le planteamos el desafío a Mariano Fiallos, pero Mariano percibió que el propio Daniel no estaba de acuerdo y no aceptó. Daniel comenzó entonces a organizar su propia fuerza, pues nosotros ya no le resultábamos de confianza. Con este grupo controló el congreso de 1998, y a partir de entonces la Asamblea Sandinista y la dirección colectiva desaparecieron”, añade Baltodano.

Vilma Núñez fue una de las militantes que compitió con Ortega para ser candidata presidencial del FSLN en 1996. “Para entonces había aprendido a conocer la dinámica del partido y todo estaba controlado. Participé más que todo para aportar a la democratización y en un esfuerzo inútil de hacer ver que no sólo Daniel podía ser candidato. Obtuve 28% de los votos y eso lo tomó como un desafío, un irrespeto a su autoridad. En ese momento ya estaba completamente clara su hegemonía”, sostiene Núñez.

Según Mónica Baltodano, “en la medida en que iba controlando el aparato partidario, fue suprimiendo los mecanismos estatutarios de consulta democrática para elección de autoridades y para elección de candidatos a puestos públicos”.

La exguerrillera resalta que también comenzó a practicar el fraude interno, “como ocurrió en la consulta del año 2001, en que concurrieron disputándole el cargo de candidato a la Presidencia Víctor Hugo Tinoco y Alejandro Martínez Cuenca.

“En 2005, cuando Herty Lewites se quiso lanzar a disputarle la candidatura lo expulsó del FSLN junto a Tinoco, quien era su jefe de campaña, sin mediar proceso alguno. De un tajo suprimió la consulta y a partir de entonces todo quedó concentrado en sus manos.

“Al llegar al gobierno Rosario armó su propia estructura, con la que al final ha excluido a los que no son sus incondicionales. Ya ahora no existe congreso ni Asamblea Sandinista ni Dirección Nacional. Hacen teatro convocando a eventos con esos nombres, pero los integrantes son escogidos uno a uno por Rosario, y llegan sólo a levantar la mano y a fingir que hay órganos de conducción.”

La última Asamblea Sandinista de la que se tiene conocimiento ocurrió el 20 de mayo de este año. La presidieron Murillo, Ortega y otros cuadros del FSLN. En esta convocaron al Congreso Sandinista, que se efectuó el 4 de junio, en el que proclamaron a Daniel Ortega como candidato presidencial. A mano alzada votaron unánimemente a favor de que él eligiera a los candidatos a diputados ante la Asamblea Nacional y a su compañero de fórmula.

Segundo paso: regresar al poder

Daniel Ortega ha sido el único candidato presidencial del Frente Sandinista desde 1984. Entre ese año y 2016 ha participado en siete comicios. Para regresar al poder pactó con su adversario político, Arnoldo Alemán, y juntos reformaron la Constitución Política.

A criterio de Vilma Núñez, este hecho fue el principal punto de quiebre en la historia reciente y es lo que provocó la situación actual. “Es ahí cuando se reforma la Constitución y se establece que con 35% de los votos puede salir electo, se reparten la composición de los poderes del Estado. Producto de este pacto logra tener acceso al poder. Cuando gana debido a todas esas maniobras legales, empieza el control del Ejército, de la Policía, y a ejercer más influencia sobre la Corte y todas las instituciones. Él toma el poder para no volverlo a soltar. Desde que asume y logra que el Consejo Supremo Electoral (CSE) declare que ganó las elecciones en 2006, su meta es no volver a entregar el poder jamás”, considera Núñez.

En sus discursos Ortega suele recordar los orígenes sandinistas de la Policía Nacional y del Ejército, y desde que regresó al poder ha alterado el escalafón militar y policial.

Pese a todo esto, “había dejado algunos espacios de ventilación de opiniones a la oposición”, considera Dora María Téllez, y uno de ellos era en la Asamblea Nacional. Eso cambió el 29 de julio de este año.

La mañana de ese día el diputado opositor Pedro Joaquín Chamorro intentó entrar a la Asamblea Nacional pero no le permitieron su ingreso. Dos días antes 16 diputados propietarios y 12 suplentes del Partido Liberal Independiente (PLI), al que pertenece Chamorro, se habían declarado independientes debido a que el 8 de junio el CSE le había quitado la representación legal del PLI al opositor Eduardo Montealegre. Decidieron declararse independientes para no plegarse a las órdenes del nuevo representante legal del PLI, Pedro Reyes.

Chamorro no lo sabía, pero el CSE aceptó la solicitud de Reyes de quitarle la diputación a los legisladores que no le obedecieran. El CSE había aceptado e informado a la Asamblea Nacional. Por eso no lo dejaron entrar.

De acuerdo con el político liberal José Pallais, la decisión del Consejo Supremo Electoral contraviene la Carta Magna: “Intentó fundamentar su decisión en un párrafo del artículo 131 de la Constitución que establece que los funcionarios electos por sufragio que se cambien de opción electoral perderán su condición, debiendo asumir sus suplentes.

“Este párrafo fue agregado mediante una reforma constitucional de 2014, posterior a la fecha en que los destituidos habían sido electos, por lo que tal disposición, de ser aplicable al caso concreto, no podía hacerse por violentar el principio constitucional de la irretroactividad de la ley.”

Adicionalmente, añade Pallais, los diputados destituidos no se cambiaron de opción electoral, no habían dejado de ser militantes del Partido Liberal Independiente, nunca fueron parte de otra franquicia electoral; “su único delito fue exigir elecciones libres, justas y transparentes, y disentir de la dirección de su partido, aunque la disposición constitucional que se les aplicó no castiga la disidencia, sino el transfuguismo, que nunca ocurrió”.

Al quitarle la representación legal del PLI a Eduardo Montealegre, quien disputó con Ortega la Presidencia en los comicios de 2006, los opositores se quedaron sin oportunidad de participar en la contienda electoral de noviembre próximo. No tienen partido para competir y tampoco confían en los demás opositores, a quienes califican de actuar en correspondencia con los intereses de Ortega.

Tercer paso: sucesión

Lo más grave ya ha sucedido, considera Dora María Téllez.

Dice: “Ortega tiene el poder, el control total. Lo que vemos con la candidatura de Rosario Murillo es el descaro de un régimen de dinastía familiar. Lo que nos dice es que hay un anuncio de una dinastía familiar. ¿Qué otra cosa dice? Que hay un Ortega profundamente debilitado en su salud, puesto que necesita una sucesión institucional definida en su familia; ya no la busca ni desde el propio círculo del FSLN. Tienes a un Ortega cuya misteriosa enfermedad lo ha minado bastante más de lo que se cree. La familia Ortega Murillo se ha impuesto sobre el FSLN, sobre la estructura que había del FSLN y sobre los viejos líderes”.

Rosario Murillo y Daniel Ortega tienen nueve hijos. De acuerdo con un perfil de Murillo escrito por el periodista Octavio Enríquez y publicado en la revista Magazine de Nicaragua, ambos iniciaron su relación en Costa Rica durante la lucha insurreccional que se vivía en Nicaragua en los años setenta. Murillo es poeta y estudió en su adolescencia en Inglaterra y Suiza.

“El nombramiento de Rosario es como un desafío: ‘yo hago lo que quiero y pongo a quien quiero’”, analiza Vilma Núñez, y agrega: “Pero para el FSLN el nombramiento significa una muestra de desconfianza”.

El pasado 2 de agosto Ortega y Murillo se presentaron en el CSE para registrar su candidatura. Al terminar de inscribirse, frente a un grupo de jóvenes vestidos de blanco, Ortega habló abundantemente sobre la necesidad de que las mujeres ejerzan papeles protagónicos y remató preguntando: “¿Quién va a asumir la vicepresidencia para continuar el buen gobierno en este país, para continuar trabajando por la paz, por la estabilidad? ¿Quién?”.

Acto seguido respondió: “No podíamos dudar que tenía que ser una mujer, ¡y quién mejor que la compañera que ha realizado ya una labor puesta a prueba, con mucha eficiencia, con mucha efectividad, con mucha disciplina, con mucho sacrificio! ¡sin horario!”.

A Murillo la llaman La Compañera. Frente a las cámaras todos los funcionarios mencionan que gracias a La Compañera y al presidente se logran grandes avances de la gestión pública.

En junio pasado 88.8% de los encuestados a nivel nacional por la firma M&R expresaban agrado por Murillo, un porcentaje mayor que el manifestado hacia Ortega.

Desde que se formalizó la candidatura de ambos, los medios de comunicación afines al gobierno realizan notas informativas en las que se exalta a una Rosario Murillo abnegada, cercana y trabajadora. Consultan a mujeres de los mercados, en los hospitales y en la calle, y todas coinciden en que Murillo las representa.

“Para mí él no confía en nadie más que en su mismo círculo familiar. Todas las señales apuntan a que se garantiza la sucesión porque según la Constitución el vicepresidente asume si a él le pasa algo, ¿pero estará pensando que los hijos asumirán después de Rosario?”, se pregunta Vilma Núñez.

En 1998 la hija mayor de Murillo, Zoilamérica Ortega Murillo, adoptada por Ortega cuando era una niña, lo acusó públicamente por violación. La acusación fue desestimada en los tribunales porque había prescrito la acción penal y Rosario Murillo se puso del lado de Ortega, calificando a su hija de mitómana.

Mónica Baltodano recuerda que por mucho tiempo, luego de que no resultó electa en la Asamblea Sandinista de 1991, Murillo estuvo desaparecida del ámbito público. “Volvió a aparecer en la tarima un 19 de julio en 1998, después de la denuncia de Zoilamérica. Como dice su hija: el respaldo que brindó a Ortega entonces explica su ascenso meteórico y los espacios que Ortega la abrió dentro de las estructuras. Al final Rosario ha ido apartando a todo cuadro con historia, humillándolos en posiciones secundarias, y construyéndose su propio aparato principalmente con jóvenes, recién nacidos a la vida política, más susceptibles de obedecerle”.

Proceso
Matilde Córdoba
REPORTAJE ESPECIAL
Managua, Nicaragua
Domingo 21 de agosto de 2016.

 

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