Galenos han acudido después del llamamiento de las autoridades de Lombardía

    
Una delegación con más de 50 médicos y enfermeros cubanos ha llegado hoy a Italia para ayudar en la gestión de la emergencia del coronavirus, que ha dejado más de 5,400 fallecidos en el país, según el último balance oficial.

"Aquí están, en Lombardía, nuestros médicos y enfermeros. Vienen de Cuba, solidarios y comprometidos con hacer bien a los necesitados, sin distinción. Los médicos de Cuba vienen en apoyo al pueblo de Italia para combatir el coronavirus", escribió el embajador de Cuba en Italia, José Carlos Rodríguez, en las redes sociales.

Los sanitarios llegaron desde La Habana a Roma, donde hicieron escala para desembarcar después en el aeropuerto de Milán Malpensa, en la capital de Lombardía (norte), la región más afectada por coronavirus, con 27,206 contagios totales y 3,456 fallecidos.

Estos médicos y enfermeros han acudido a Italia después del llamamiento de las autoridades de Lombardía, que solicitaron apoyo internacional para hacer frente a la emergencia.

"La brigada médica cubana arribó a Milán, Italia, el 22 de marzo, integrada por 52 profesionales de la salud para ayudar en el enfrentamiento al nuevo COVID-19", escribió por su parte la Embajada de Cuba en Italia.

El Ministerio de Salud de Cuba publicó otro mensaje en el que destacó que "los médicos cubanos siempre han estado al lado del deber, donde se les ha necesitado, dando muestra del humanismo y la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo. En estos momentos tan difíciles, ayudar a otros países es una forma de combatir el coronavirus desde Cuba".

Estos médicos se sumarán a los nueve expertos chinos que lucharon contra el COVID-19 en la ciudad de Wuhan, foco del brote, y que se encuentran en Italia desde el 13 de marzo, cuando llegaron con 31 toneladas de material sanitario.

Además, el presidente de la región de Lombardía, Attilio Fontana, anunció este domingo que Rusia también va a enviar próximamente a un equipo de médicos, virólogos y enfermeros para ayudar a Italia en esta pandemia.

Fontana no dio detalles, pero según los medios italianos serán ocho brigadas móviles de médicos militares y virólogos y traerán también vehículos especiales para las labores de desinfección y otros equipos médicos.

EFE
Roma, Italia
Domingo 22 de marzo 2020.


Andrés Manuel López Obrador, presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, recibió hoy a Miguel Díaz-Canel Bermúdez en el Patio de Honor del Palacio Nacional ubicado en la Ciudad de México.

El presidente de la República de Cuba, de visita oficial en tierra azteca, llegó este mediodía a la sede del Ejecutivo y también Casa Presidencial acompañado de su esposa Lis Cuesta Peraza.

Primero la pareja anfitriona cruzó el Patio en busca de los visitantes y juntos saludaron a grupos solidarios que, situados a las puertas del Palacio, daban vivas a la amistad entre Cuba y México y gritos de “¡Cuba sí, yanquis no!”

Todo fue tan sencillo, como el estilo de Gobierno de ambos mandatarios. Bajo una lluvia pertinaz, que sólo ha cesado a ratos, aquellos gritos solidarios le pusieron color a la ceremonia.

Después todo fue solemne y breve. Un presentador dijo todas las palabras y la banda de uniforme interpretó los dos himnos.

Entonces, las dos parejas subieron a las oficinas del Despacho Presidencial, las dos delegaciones se retiraron y se desató el aguacero, que hasta ese minuto se había contenido para no deslucir la ceremonia.

Recibimiento oficial del presidente de Cuba, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez en el Palacio Nacional de México. Foto: Gobierno de México.

Los dos presidentes sostuvieron una reunión privada en el Despacho Presidencial, en tanto Beatriz Gutiérrez y Lis Cuesta compartieron impresiones en la Oficina de la Primera Dama.

En la reunión privada de López Obrador y Díaz-Canel participaron por México Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Relaciones Exteriores y el viceministro Maximiliano Reyes Zúñiga; por Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores y Pedro Núñez Mosquera, embajador de Cuba en México.

Siempre, según el programa previo, después se trasladan al Salón Hispanoamericano para la Reunión ampliada de ambos Mandatarios junto a sus comitivas.

Aquí viven, en un apartamento sencillo, Andrés Manuel López Obrador, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller y su hijo adolescente que lleva de nombres Jesús Ernesto, por Cristo y por el Che, como lo han reconocido sus padres.

Después que mandó cerrar la Residencia de Los Pinos y convertirla en museo al que se accede gratuitamente, AMLO se instaló en este vetusto Palacio del siglo XVI, una de las edificaciones emblemáticas del centro histórico de la Ciudad de México junto a la histórica Catedral, en la Plaza del Zócalo.

Lo que vemos en las fotos son los balcones sobre el Patio de Honor, donde son recibidos los huéspedes ilustres. Justo detrás de los cristales está el despacho presidencial.

A través de ellos, imágenes de los próceres de esta gran nación donde resulta imposible estar sin pensar en Martí, en Mella, en Fidel, Raúl, Almeida y la generación que aquí junto fuerzas y apoyos para liberar a Cuba.

Mientras llegan los presidentes pienso en ellos y suena en mis oídos La Lupe de Almeida. Quizás la banda que espera vestida de gala, toque más que los himnos nacionales.

Aunque todos los diálogos transcurrieron sin acceso de los medios, las declaraciones previas de Reyes Zúñiga permiten intuir que se afianzará la cooperación y se profundizarán las históricas relaciones entre ambos países en prácticamente todos los ámbitos, pero en particular en áreas como la energía, la Educación y la Salud.

México es el quinto emisor de turismo a Cuba, el tercer socio comercial de la Isla en América Latina y el quinto en el mundo. Aun así, hay muchas reservas por aprovechar que podrían abrirse en el nuevo escenario que abre esta visita.

Un solo día, unas pocas horas, en Casa del amigo, dejan esa señal de extraordinarias cercanías.

Prensa Latina
Arleen Rodríguez Derivet
Ciudad de México/ La Habana
Jueves 17 de octubre de 2019.

Carlos Manuel Álvarez  

El totalitarismo ofrece ese tipo de vida, la produce como se producen uniformes, es un vestido ideológico


El arte totalitario es el arte efectivo del aburrimiento. Hay pocas ideas tan soporíferas como el manoseado eslogan de que Cuba es divertida. La fiesta allí es un accidente, un desvío, y no se vive como un desprendimiento lógico de la vida social, sino como una fuga o un escape. Esa idea tiene un opuesto en la opinión pública, y es el testimonio de la cárcel o el exilio, la miseria económica, la emigración constante. La pelea simbólica entre estos dos frescos contrarios no parece tener fin, pero ambos son una consecuencia, los exteriores de la verdadera naturaleza del estado totalitario, que es ante todo una máquina de tedio.

Las fiestas en Cuba son señaladas, y algunas, cada vez más, escandalosamente exclusivas. La represión y los golpes son puntualmente administrados. Cuando alguien en Cuba cae en uno de estos dos círculos, el del premio o el del castigo, la gente simplemente elige creer que ese alguien se lo merece. Y se desentiende. Hay experiencias particulares en Cuba, desde luego, pero en cuanto se accede ahí, al suceso individual, se forma parte de una excepción. Uno puede contar algo de sí —una noche de baile, una playa con sol, 10 años de prisión, un policía que te avasalla—, pero no de los cubanos en general, pues lo principal que habría que decir de los cubanos queda en algún sentido fuera de las palabras, y es que el castrismo se las arregló para que a la mayoría de la gente, a lo largo de décadas, no les sucediera nada.

Definir Cuba es, por fuerza, mentir. Todo el que haya aprendido a usar su lengua, y la utilice para decir lo que sea, o todo aquel al que se la hayan cortado, y use esa mutilación como evidencia, ha escapado o ha sido desplazado del corazón del régimen y ha ganado su condición de sujeto. Lo que en realidad define a la gente que habita dentro del totalitarismo es que tienen una lengua colgándole de la boca y no solo no saben para qué sirve, sino que actúan sin que les haga falta emplearla. Se amputa la función, no el órgano.

El totalitarismo ofrece ese tipo de vida, la produce como se producen uniformes, es un vestido ideológico. Ahí la lengua más bien parece un añadido inservible que en sociedades inferiores solía cumplir algún rol comunal superado ahora por el hombre nuevo. Que es, en esencia, un hombre mudo. Esa es la respuesta a la pregunta tantas veces hecha de por qué la revolución o la dictadura cubana (depende de quién la enuncie) ha durado tanto. La condición moral de este hecho no se encuentra en la respuesta, que es donde suele buscarse, sino que ya está dada en la pregunta, pues nada que dure tanto puede ser justo. El sujeto está eficazmente aislado, y en ese aislamiento pierde su capacidad subversiva. La fauna social, aquello que tiene nombre, está diseminada. El disidente, el librepensador, el negociante, el ladrón, el policía, el intelectual e incluso el delator son siempre criaturas que el totalitarismo ubica fuera de sus predios.

Tal parece que llevaran un reflector encima. La gente los puede identificar, los ve desde lejos. Viven en el barrio, pero sin el privilegio del anonimato y del bostezo. ¿Cuáles son si no las marcas vivenciales estándares de los cubanos? Las largas colas para comprar algún producto específico, la espera de horas en las desbordadas paradas de buses o en las desangeladas salas de hospitales, los entuertos burocráticos tramitados con infinito desgano, los contenes [bordillo] de las aceras o los portales de esquina atestados de jóvenes que desde media mañana empiezan a macerar el tiempo con el mortero del desvarío. Todas formas exclusivas del hartazgo. Lo único que le interesa al totalitarismo —en eso lleva razón— es el pueblo, aquello que uno siempre presupone que son los demás.

De ahí se alimenta. Su interlocutor, y también su capital, lo que lo sostiene, es lo que el psicoanálisis llama el Gran Otro, es decir, nadie, una ficción que se habla a sí misma. Hay en esa farsa un grado exquisito de sofisticación, por más que quienes la articulen sean unos gaznápiros, o sobre todo por eso. No se trata de individuos, sino de un mecanismo optimizado que apenas necesita funcionarios, piezas. En ocasiones la expresión tardía de la lógica totalitaria llega a aceptarte como individuo, pero te obstruye a toda costa alguna posible compañía.

No se sabe entonces qué rasgo de izquierda puede haber en una forma de gestión política cuyo sistema de relaciones dinamita y se aterra ante cualquier idea o proyecto de asociación cívica o comunidad hipotética, sea del tipo que sea. El totalitarismo no es compulsivamente sangriento, y cuando reprime o abusa, o mata, lo hace detrás de una apariencia técnica. No es psicótico, sino impersonal. Es una suerte de bestia dormida que entiende el bienestar como sopor, y que se pregunta, de verdad se pregunta, por qué alguien querría desperezarse. Ve en el movimiento una traición, y está convencido (el totalitarismo no es demagógico, es obtuso) de que hay en la anestesia del nervio una forma de la prosperidad.

Pero, ¿por qué quedan los individuos tan eficazmente aislados de sus semejantes? En primera instancia, por el desgaste simbólico, un método que el poder aplica a todas las escalas. Un ejemplo reciente es el joven artista Luis Manuel Otero, quien ahora es apresado y arrastrado a un calabozo de La Habana casi todas las semanas. Ya no tiene, Otero, que remover la calle para que lo detengan, ni proponer ningún performance provocador en alguna avenida pública. La gente se pregunta por qué lo detienen. Por nada, en realidad, pero hay ahí una razón de peso. ¿Cuál? Volverlo una costumbre, que Otero aburra. Apresarlo tanto que parezca que no lo apresan nunca, sino que lo liberan. Así, en la repetición incesante de un evento, la dictadura ha quebrado durante años a decenas de activistas, periodistas independientes y líderes opositores, fracturando hasta la astilla, volviendo caricaturas y enemistando entre sí al espectro fantasmal de la disidencia política.

Como Céline, yo he visto en Cuba el aburrimiento "cósmico [que] cubre el mar, el barco, los cielos" y que "sería capaz de volver excéntrica a gente sólida". Es difícil sostenerse con vehemencia ante una máquina fría, que no muestra emociones porque no las tiene. Esta cultura está tan extendida que hoy el exilio cubano, luego de la enésima escalada de sanciones económicas que Washington ha lanzado contra La Habana, y el regreso aparente de la retórica barata de la Guerra Fría, exige constantemente a los emigrados confesiones de fe, declaraciones encendidas de lo que ellos consideran el verdadero y único anticastrismo posible, y piden con las venas hinchadas que les retiren el permiso de residencia permanente en Estados Unidos a artistas internacionales como Gente de Zona, porque van a cantar a la isla.

Independientemente de lo que cada uno de estos casos particulares revele, no hay oposición real al totalitarismo en la reproducción de métodos de su misma naturaleza. Por desigual que parezca a corto plazo, solo en la implementación de cierta cultura democrática —incluso, en principio, de una cultura ampliamente imperfecta como la democracia liberal más básica— puede el exilio cubano oponerse en verdad a su enemigo, y no lucir como un apéndice histórico, apenas el resultado bastardo del castrismo. En 2019 los cubanos podemos decir que el presente es una efeméride, que todo ha sucedido antes y que ahora la experiencia se recicla no ya como tragedia ni como comedia, sino como absurdo.

Cuba parece adentrarse en una nueva crisis económica a la que se ha llamado "situación coyuntural". Como las crisis en la isla abren, pero no concluyen, solo se trata de una manera distinta de nombrar lo mismo. El lenguaje se mueve sobre un territorio estático: "período especial", "batalla de ideas", "somos continuidad", "situación coyuntural". Son definiciones muy precisas de lo que sucede. En la medida en que los eufemismos se vuelven literales, la vida se convierte en una alegoría. En el palacio de las blanquísimas mofetas, Reinaldo Arenas recrea una escena en que toda la familia, sentada a la mesa, tiene mucha hambre, pero la comida no se acaba, siempre queda un poco, porque nadie quiere comer más que los otros. Justo ese resto de comida rodeado de hambre es el totalitarismo, una noción de mínimos. En el oficial Flask, personaje de Moby Dick, yo reconocí probablemente como en ninguna otra parte el tipo de desespero específico que han vivido los cubanos, pues Flask, a bordo de una embarcación dirigida por un viejo demente, no era más que un hombre insatisfecho y angustiado que "lo poco que comía le servía tanto para aliviar el hambre como para inmortalizarla".

Foto: Jóvenes caminando en un barrio de La Habana. Héctor Guerrero)

El País
Carlos Manuel Álvarez
La Habana/ Madrid/ México
Lunes 07 de octubre de 2019.


El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó que a partir de 2020 los planes económicos "no llegarán desde arriba" y que serán los trabajadores quienes diseñarán las metas de las empresas estatales, una "medida audaz" del Gobierno para intentar reflotar la dañada economía de la isla.

El primer mandatario cubano sin apellido Castro en casi sesenta años se refirió a la nueva directiva al clausurar un congreso de economistas, necesarios "para aplicar con éxito la decisión", reseña este sábado el diario estatal Granma en una nota de portada.

Con la descentralización de su economía, Cuba pone fin a décadas de verticalidad en sus planes económicos, un método que si bien fue eficaz en los primeros años de Revolución, hoy se ha convertido en un lastre para la nación caribeña, empeñada en no recaer en una intensa crisis como la del "periodo especial" de la década de los noventa.

Para muchos especialistas el principal desafío de esta transformación radica en cambiar la cultura "verticalista" que no cuestiona las órdenes de una estructura superior.

"Para ser efectiva esta medida, reclamada durante años, es necesario un cambio de mentalidad. Saltar al nuevo momento y saber que ya el Plan no llegará desde arriba. Se trata de una medida audaz y revolucionaria que exige objetividad, realismo y conciencia", insistió Díaz-Canel.

Según el presidente cubano, la corrupción y las ilegalidades, el poco nivel de ahorro, el endeudamiento y los insuficientes ingresos por exportaciones están entre los principales lastres de la economía de la isla, que trata de alejar el fantasma de la recesión, reaparecido en 2016 (-0,9%) por primera vez en más de 20 años.

El país caribeño logró recuperarse con un 1,6 % en 2017 y un 1,2 en 2018 -según datos oficiales no auditados por organismos internacionales- y espera un "realista" 1,5 % este año, meta que peligra ante el endurecimiento del embargo económico de EE.UU. y su nueva prohibición de que atraquen cruceros en costas cubanas.

La endémica crisis de su aliado Venezuela, que ha disminuido drásticamente sus envíos de crudo subsidiado, la terminación de miles de contratos por servicios médicos en Brasil y los daños causados por fenómenos naturales también podrían influir negativamente en este resultado.

El mandatario cubano llamó a los economistas y dirigentes a adoptar "una actitud más proactiva, inteligente y concreta" para "impulsar soluciones seguras y específicas" que refuercen las "estructuras y los equipos de dirección y gestión económica".

También pidió cambiar la "mentalidad importadora que atenta contra la iniciativa y la creatividad" y "desarrollar la inversión extrajera y la creación de empresas mixtas, así como organizar el sector privado, sin trabar o frenar su desempeño".

"El fin del 'bloqueo' (embargo estadounidense) no depende de nosotros, pero sí trabajar con inteligencia, esfuerzo y creatividad colectiva. Junto a la defensa del país, la economía es la batalla fundamental de la Revolución, por tanto debemos emplear nuestros conocimientos para hacerla próspera y sostenible", subrayó.

Miguel Díaz-Canel, que asumió el cargo en abril de 2018 de manos del expresidente Raúl Castro, heredó las reformas iniciadas por su antecesor, que abrió el país a la inversión extranjera e impulsó el trabajo por cuenta propia para desinflar las abultadas plantillas estatales.

La recién proclamada Constitución cubana incluyó por primera vez a la inversión extranjera y la propiedad privada, y el Gobierno ha reconocido en varias ocasiones que la inyección de capital foráneo y el sector privado son vitales para reflotar la economía, aunque en la práctica aún mantiene trabas que ralentizan esta contribución.

EFE
LA HABANA
Sábado 15 de junio 2019.


El diseñador cubano Pablo René Azcuy, uno de los principales maestros de cartel y diseño para los alumnos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, así como otras escuelas incorporadas murió en Miami, Florida, donde residía con sus hijos desde hace unos años.

Azcuy nació en La Habana, Cuba, el 28 de abril de 1939 y falleció este lunes 25 de marzo del 2019, según dio a conocer la página oficial de la Bienal Internacional del Cartel Mexicano, evento de la cual fue jurado desde 1990.

 “El Negro” Azcuy, como se le conocía en el mundo del diseño, inició sus estudios en 1955 cuando cursó la carrera profesional en la Escuela Nacional de Bellas Artes “San Alejandro” en La Habana. Fue el responsable de un gran número de carteles para el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y comenzó su carrera como profesor desde 1971 en Cuba. En 1992 fungió como jurado de la Segunda Bienal Internacional del Cartel de México. En 1996 fue miembro del Comité Organizador de la Cuarta Bienal Internacional del Cartel de México.

Formó parte de los catedráticos más importantes en la BUAP (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla) y también en el Instituto de Estudios Superiores (IES) en la carrera de Arquitectura y Diseño. Residió en Puebla hasta hace unos años cuando decidió mudarse con sus hijos.

 “El color y el negro fueron su sello distintivo, retratando en su propia obra su alegría y sobriedad. Pero su más importante obra fue sin duda su dedicación a la didáctica del diseño y a la creación de diseñadores con acento en Puebla, ciudad que lo acogió como maestro por muchos largos años. Hoy el diseño del “Negro” Azcuy ilumina el firmamento”, publicaron en la página oficial de la Bienal Internacional del Cartel en México.

A través de redes sociales sus ex alumnos han comenzado a circular sus condolencias a la familia del profesor Azcuy así como a sus ex compañeros profesores de la carrera de Diseño y Arquitectura en la BUAP y el IES.

Periódico Central
Ciudad de Puebla
Miércoles 27 de marzo de 2019.


Se estrella un avión con 109 personas a bordo en Cuba


"Todavía no lo creo", dice Jorge Castillo, un cincuentón delgado y fibroso que fue uno de los primeros en llegar al lugar donde en el mediodía de este viernes se estrelló un avión Boeing 737, arrendado por la compañía Cubana de Aviación.

     La nave cubría una ruta doméstica entre La Habana y la oriental provincia de Holguín, un trayecto de unos 700 kilómetros, cuando por causas aún desconocidas cayó a tierra al despegar del aeropuerto internacional José Martí de La Habana.

     Castillo cuenta a Xinhua con nerviosismo que venía caminando por una carretera secundaria del Reparto La Catuca, cercano al aeropuerto internacional habanero, cuando vió venirse a tierra la aeronave, que volaba con 104 pasajeros, la mayoría cubanos, y una tripulación mexicana de cinco personas.

     "Me tiré al suelo primero y después salí corriendo hacia los restos donde me puse ayudar a las víctimas", narra con visible sobresalto y confiesa que ese "ha sido el susto más grande de mi vida".

     En las labores de rescate, Castillo coincidió con Luis Manuel Vega, quien, de visita en La Habana, ayudaba a sus familiares en un sembrado de mandioca, en una finca cercana al sitio donde ocurrió el siniestro.

     "El olor es lo que más recuerdo", dice compungido Vega mientras se pasa un pañuelo sucio por la frente.

     El hombre aún está en shock por lo vivido y asegura que cuando cierra los ojos puede revivir las imágenes dantescas del desastre que pudo ser mayor si el avión cae un kilómetro más adelante, sobre las casas cercanas al aeródromo.

     Vega regresó esta tarde por ómnibus a su casa en el municipio de Rafael Freyre, en la misma provincia del oriente de la isla que era el destino final de la aeronave.

     Varios testigos coinciden en que al despegar, el avión hizo dos movimientos erráticos y se inclinó irremisiblemente hacia la derecha hasta precipitarse a tierra en un área agrícola y descampada, con pocas viviendas en las cercanías.

     Los pobladores de los alrededores se movilizaron rápido en socorro de las víctimas. Del trágico suceso solo sobrevivieron tres mujeres, que sufrieron traumatismos cráneo-encefálicos, fracturas en miembros inferiores y laceraciones en huesos y partes blandas. Pero una de ellas falleció horas después mientras recibía asistencia en el hospital "General Calixto García", de la capital cubana.

     La cooperación desinteresada de esas personas marcó el trágico suceso, ocurrido casi un año después de que en abril de 2017 un avión militar chocara contra una elevación en la cercana provincia de Artemisa, donde fallecieron los ocho tripulantes.

     Ahora, los restos carbonizados están esparcidos y atravesados sobre una línea férrea, a apenas a un kilómetro de la Terminal Uno del principal aeropuerto cubano.

     Apagadas las llamas y disipado el humo, vestidos con batas blancas, los forenses del Laboratorio Central de Criminalística, una entidad del Ministerio del Interior, trabajan entre los restos a pesar de la lluvia inclemente.

     La Policía tiene acordonado el lugar e impide el acceso, incluso de los periodistas, que desde unos 150 metros de distancia apenas pueden apreciar un par de grandes restos triangulares, presumiblemente de la cola o de un ala.

     El Instituto Cubano de Aeronáutica Civil de Cuba (IACC), una entidad del Ministerio de Transporte, está al frente de las investigaciones para determinar las causas del siniestro, que no afectó las operaciones del aeropuerto.

     En las cercanas instalaciones de la empresa Cubana de Aviación, los familiares de los pasajeros entregan información personal a las autoridades para poder identificar a las víctimas.

     Es evidente el dolor entre los familiares que reciben atención médica y sicológica por parte de las autoridades, preocupadas por restañar los daños de uno de los más cruentos accidentes aéreos ocurridos en la isla en los últimos años.

     El presidente Miguel Díaz-Canel, y buena parte del gabinete ministerial, se personaron en el lugar del accidente, mientras que el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, dijo estar al tanto de lo ocurrido. De acuerdo con una información oficial, Castro se recupera de una planificada intervención quirúrgica de una hernia.

     Tras el accidente aéreo, el Consejo de Estado cubano decretó duelo oficial desde las 06:00 horas (10:00 GMT) del sábado las 24:00 (04:00 GMT) horas del domingo.

Xinhua
Raúl Menchaca
La Habana, Cuba.
Viernes 18 de mayo de 2018.


La Habana. - José Narro, titular de Salud, dijo que una verdadera democracia sólo prospera en sociedades sanas y preparadas, y dejó en claro que no puede haber un sistema democrático donde prevalezcan “la ignorancia, el fanatismo, el atraso, la desigualdad, la pobreza o la marginación”.

Afirmó que la democracia “es un sistema de vida que procura que todos vivamos mejor, en armonía, con los mejores medios para alcanzar el progreso material y espiritual que se desea, sin exclusiones ni discriminaciones”.

En el panel, realizado en el marco de la Convención Internacional de Salud Pública Cuba Salud 2018, dijo que la desigualdad social no se resolverá sin políticas públicas integrales en favor de los más desprotegidos ni tampoco sin crecimiento económico sostenido.

Ante la directora de la OPS, Carissa Etienne; la representante de la OMS/OPS en México, Gerry Eijkemans, y ministros y viceministros de 60 países, Narro Robles resaltó que el bienestar y el progreso de un país no se dan en la pobreza, pero la riqueza por sí sola no garantiza niveles pertinentes de vida o bienestar y tampoco justicia social.

En su ponencia “En busca de la igualdad nunca alcanzada”, dijo que la experiencia ha mostrado que la desigualdad acentuada se convierte en un obstáculo para el crecimiento y para abatir la pobreza, además de que debilita la vida democrática, genera irritación colectiva y amenaza la cohesión social.

El Universal
La Habana, Cuba
Jueves 26 de abril de 2018.


Miguel Díaz-Canel, nacido en Villa Clara el 20 de abril de 1960 -un año después del triunfo de la Revolución que lideró Fidel Castro-, es un político forjado desde las bases del Partido Comunista (PCC) que ha ido ascendiendo progresiva y discreta al poder

Santa Clara. - Era un funcionario joven, delgado de pelo largo que andaba en bicicleta saludando a los vecinos y por su personal estilo de dirigir su provincia tenía la popularidad de una estrella de rock local.

Pasó una década desde entonces y Miguel Díaz-Canel --que ahora sucede al mandatario Raúl Castro en la Presidencia de Cuba-- parece otra persona: canoso, serio, de muy pocas palabras y con escasa visibilidad pública.

Díaz-Canel, quien hasta hoy era el primer vicepresidente, tiene una biografía oficial escueta de detalles personales y profesionales, y aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo se proyectará en su gobierno, algunos indicios dan cuenta de lo que posiblemente sea un nuevo estilo.

En un país en el que no existe la figura de la primera dama y los dirigentes --que suelen moverse en medio de importantes operativos de seguridad-- ocultan con celo su vida privada, Díaz-Canel llegó casi sin custodia en marzo pasado hasta un centro de votación en Santa Clara, a unos 300 kilómetros al este de la capital, donde varios medios extranjeros aguardaban.

El funcionario caminó a lo largo de una cuadra, de la mano de su esposa, mientras saludaba a las personas que se le acercaban.

“Aquí estamos construyendo una relación de gobierno y pueblo”, dijo durante esa inusual aparición pública ante las cámaras para votar por el Parlamento. Luego del sufragio regresó a La Habana, pero dejando un mensaje: un nuevo tipo de liderazgo podría llegar, con una continuidad al proceso revolucionario, pero con una renovación de las formas.

Díaz-Canel, de 57 años, sería la primera persona en tomar la máxima dirección que no se apellide Castro desde que triunfó la revolución en 1959 y deberá enfrentarse a una economía estancada, una infraestructura en decadencia, la hostilidad de Estados Unidos que no levantó el embargo, ni las sanciones contra la isla y las críticas a un modelo de control estatal con salarios bajos en el marco de un congelamiento de la iniciativa privada.

Muchos cubanos a lo largo y ancho de la isla apenas lo conocen. Los últimos años de su ascenso político han transcurrido lento, pero sin pausa, escalón por escalón, y asumió un perfil tan bajo que pasaban meses sin que se supiera de sus actividades.

Apenas saltó a la mirada internacional el año pasado cuando fue protagonista de un video filtrado en el cual abogaba por cerrar medios de prensa independientes y etiquetaba a embajadas europeas como una avanzada de la subversión contra la revolución.

Sin embargo, esa imagen ortodoxa contrasta con la percepción de hombre sencillo, tolerante, afable pero exigente que tienen muchos de sus conciudadanos de la provincia de Villa Clara, en la cual pasó su infancia, su juventud y de la que fue primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) durante nueve años, un cargo que en la práctica es más importante que la del jefe de gobierno local.

“En el Parque paseaba con su novia. Ellos estaban en la escuela. Tendría unos 15 años”, lo recordó Hilda Alegre, una peluquera que lo rememora como el “muchachito” flaco con el que salían en parejas a pasear como otras en aquellos años 70.

Graduado como ingeniero electrónico de la Universidad de Villa Clara en 1982 realizó su servicio militar obligatorio hasta 1985. En 1987 se incorporó a la Unión de Jóvenes Comunistas y empezó a trabajar como profesor mientras viajaba a Nicaragua como parte de una delegación de apoyo al sandinismo.

En aquellos tiempos le gustaban los Beatles -- estigmatizados por la revolución como representantes de la decadencia capitalista-- y el teatro.

En 1994 fue designado como primer secretario del PCC en Villa Clara y rápidamente se ganó una reputación de funcionario trabajador con un estilo modesto y que los vecinos recuerdan como el primero de su rango en no mudarse a una vivienda más grande.

“La casa donde vive la mamá da hasta pena, hasta se le cayó el repello. Ahí también vivía el hermano de él. Él no arregló la casa para vivir más cómodo”, comentó Fermín Roberto Tagle Suarez, de 78 años y quien solía hacer con Díaz-Canel las rondas de guardias de vigilancia, habituales entre los vecinos.

“Siempre se enteraba de los problemas reales que tenía el pueblo. Y exigente también, si fuera blandengue no llegaba a donde está”, expresó Suarez.

Para 1996 en medio de una dura crisis económica derivada de la caída de la Unión Soviética que estremeció a las familias cubanas y las agobió con carencias, Díaz-Canel ya era padre de dos hijos del matrimonio con la estomatóloga Marta Villanueva, su novia de años.

Era popular y llamativamente joven para su puesto y hasta atendía a todo aquel que tocara a su puerta en la sede partidaria o en su propia casa.

“El tiraba su maletín cuando venía de trabajar y salía corriendo a hacer su guardia. Algunos compañeros no le querían poner guardia porque él venía atormentado del trabajo, pero él decía: yo soy un ciudadano de este país y hago la guardia igual que cualquier persona”, comentó a la AP, Liliana Pérez, cuya casa se enfrenta a la que vivía Díaz-Canel con su esposa y sus hijos.

La vivienda --hoy pintada de amarillo y rojo-- perteneció a la familia de su mujer antes que ésta, divorciada, se mudara con los niños a La Habana.

Entonces nació una especie de leyenda en torno a Díaz-Canel: el político empezó a realizar recorridos sorpresa para verificar el servicio que recibían las personas y se dice --aunque nadie pudo confirmarlo de manera pertinente-- aparecía disfrazado en lugares donde se daba atención al público.

La periodista de la emisora local CMHW, Xiomara Rodríguez, fue testigo de ello.

“Realizó una intensa labor de comunicación con el pueblo”, expresó. “Por ejemplo, en 96 recién comenzando como primer secretario asistió a ese espacio (radial “Alta Tensión” de la emisora local) que es un programa de opinión de los temas más candentes. Dos horas a micrófono abierto en vivo, recibiendo llamadas de la población”.

Presentarse en vivo y hablar espontáneamente con la gente era algo inusual por parte de los funcionarios cubanos. Incluso en la actualidad éstos no tienen una agenda de actividades públicas.

Rodríguez recuerda una de esas giras de sorpresa que Díaz-Canel inició en la morgue, continuó por una funeraria y siguió hasta un cementerio para constatar cómo trabajaban los servicios estatales en un tema tan sensible para las familias como un deceso.

Además, le interesaba la cultura y era respetuoso con la diversidad.

Bajo su tutela en Santa Clara floreció “El Menjunje”, el primer centro cultural que presentó espectáculos de transexuales y trabajó abiertamente con la comunidad gay y alternativa como los rockeros e incluso llevó a sus hijos a las actividades infantiles del lugar. Hoy dos de ellos forman parte de una banda musical llamada Polaroid.

De Villa Clara en 2003, Díaz-Canel fue trasladado por el PCC como primer secretario a la vecina provincia de Holguín a unos 700 kilómetros al oriente de la capital. Su gestión se prolongó hasta 2009 y no fue tan estelar.

Un recorrido de la AP por esta ciudad mostró que aunque los vecinos agradecen algunas obras como un paseo peatonal en pleno centro o cafeterías y lugares de esparcimiento, lo critican y consideran que no estuvo a la altura de su fama.

“En mi opinión no se puede gastar tanto en bulevares y parques cuando hay gente en barrios marginales que están viviendo muy mal”, aseguró Anahí Tamayo. “No es solo arreglar el centro, lo que la gente (extranjeros) ve cuando viene, sino los alrededores”.

Algunos cubanos del lugar indicaron que los años de Díaz-Canel en Holguín además estuvieron marcados por una fuerte sequía que afectó al agro y al abasto doméstico, había poco presupuesto, los regionalismos y prejuicios hicieron que se le viera como un extraño y su carisma no logró calar.

En lo personal, su paso por Holguín le dejó una nueva esposa: Liz Cuesta Peraza, la mujer que lo acompañó en marzo a votar.

En mayo de 2009, Díaz-Canel llegó por primera vez a un puesto en el ámbito nacional cuando Raúl Castro lo convocó como ministro de Educación Superior.

Bajo su gestión se ajustaron los planes de estudio, se modernizaron sus contenidos, se modificaron los reglamentos de posgrado y se impulsó el uso de la tecnología de las casas de altos estudios con laboratorios de computación y digitalización de contenidos. También fue de los primeros funcionarios en aparecer con una laptop en reuniones en un país donde el internet en los hogares está restringido y los precios son elevados.

Para 2012 se convirtió en vicepresidente y meses después con las elecciones en primer vicepresidente, pero en paralelo se volvió renuente a la prensa, su agenda se hizo protocolar y no se lo vio más en las calles o en los medios de comunicación.

Según diplomáticos y analistas, la transformación de su estilo obedeció a la lógica de la historia reciente en el liderazgo del país, en la que la generación revolucionaria sacó de carrera a los más jóvenes acusándolos de no ser lo suficientemente leales al proceso.

Precisamente por el 2012, Harold Cárdenas era un profesor de marxismo de la Universidad de Matanzas y junto con otros dos amigos inició un blog llamado “La Joven Cuba”, que tenía un claro perfil de izquierda, aunque criticaba varios aspectos en la isla. Por ello, sectores ortodoxos del PCC y el gobierno local los acusaron de “hacerle el juego” a los enemigos de Cuba y los bloquearon, pero sin que ellos lo solicitaran Díaz-Canel tomó partido.

“Díaz-Canel se sentó con los tres en una mesa y nos dijo ‘¿qué necesitan para seguir haciendo La Joven Cuba?’”, rememoró Cárdenas en una entrevista reciente con la AP. Poco después su página volvió a la normalidad y hasta la fecha son un foro de debate que no siempre se aviene a las políticas gubernamentales.

Para Cárdenas, la intervención de Díaz-Canel demostró que la nueva generación --posterior a la revolución y anterior a la suya propia-- le dará una continuidad al proceso, pero cambiará según sus experiencias vitales: la caída del campo socialista y los subsidios, las fallas de los dogmas del comunismo setentista o la necesidad de respeto a una mayor diversidad religiosa o social.

“Díaz-Canel lleva años en una posición muy incómoda, nadie de su generación ha sobrevivido hasta llegar el lugar a dónde está él”, expresó Cárdenas. “Yo hablo con Díaz-Canel como con un tío. Es mucho más comunicativo de lo que se muestra... Existe una imagen gris de Díaz-Canel que es una construcción gubernamental de desproveer a la dirigencia de colores para mostrar una solemnidad innecesaria”, consideró.

AP
El Comercio
La Habana / Quito
Viernes 20 abril 2018.


La remota aldea donde el revolucionario argentino fue ejecutado se ha convertido en una atracción turística.


El 3 de noviembre de 1966, un empresario uruguayo de mediana edad llamado Adolfo Mena González aterrizó en la ciudad boliviana de La Paz. En un hotel, el hombre se alojó en una suite con vista a los picos nevados de la montaña Illimani y se sacó una foto frente al espejo en la que se le veía con sobrepeso, calvo y un cigarrillo encendido en la boca.

Ese hombre era nada menos que Ernesto "Che" Guevara, el revolucionario argentino que ayudó a derrocar al dictador cubano que apoyaba EEUU, sermoneó desde un atril de la ONU a EEUU, escribió tratados sobre marxismo y tácticas guerrilleras y pensó en exportar el socialismo a todo el mundo.

Once meses después, otra imagen de Guevara recorrería el mundo: la de su cuerpo delgado y sin vida sobre una camilla, la frondosa cabellera y la barba desaliñadas, y sus ojos completamente abiertos.

" Decían que se veía como Cristo", dice Susana Osinaga, de 87 años, una enfermera jubilada que ayudó a lavar la suciedad y los restos de sangre del cuerpo de Guevara. "La gente todavía le reza a San Ernesto. Dicen que hace milagros".

Se cumplen 50 años de la muerte de Guevara, ocurrida el 9 de octubre de 1967. En Bolivia, el actual presidente de izquierda, Evo Morales, ha programado varias actividades para celebrar el acontecimiento, entre ellas, un "relanzamiento de la lucha antiimperialista".

No todo son celebraciones

Pero la fecha también provoca reflexiones menos triunfalistas sobre el legado de Guevara en una época en que la izquierda latinoamericana (guerrilleros y demócratas por igual) se encuentra en franca retirada.

Tras una fallida expedición al Congo en 1965, Guevara aterrizó en Bolivia, el país que iba a servir como plataforma de lanzamiento de la revolución, primero regional y luego global. "En retrospectiva, uno puede percibir cierta dosis de ingenuidad, un idealismo casi burdo", asegura a The Guardian Jon Lee Anderson, autor de la biografía definitiva Che Guevara: una vida revolucionaria (1997).

Pero en la febril atmósfera de los años 60, todo parecía posible. "Si hubo una época en la era moderna en que se podía hacer algo así, fue esa", afirma Anderson.

Al Che y a su columna de 47 hombres las cosas se les complicaron desde que llegaron a la árida y dificultosa región de Ñancahuazú. Perdieron la comunicación por radio con Cuba y los suministros escaseaban. Las enfermedades y los voraces insectos los asediaban.

A los soldados bolivianos les molestaba recibir órdenes de los aguerridos cubanos. Entre los campesinos, la propaganda gubernamental diseminaba el miedo a los intrusos extranjeros. EEUU recibió noticias de la presencia de Guevara rápidamente y envió agentes de la CIA y asesores militares para ayudar al régimen de René Barrientos.

El 31 de agosto, una emboscada del ejército boliviano acabó con la mitad de las fuerzas del Che. En un intento desesperado por salir de la trampa, los que quedaban marcharon penosamente hacia las montañas.

Agotado por el asma, el Che llegó a lomos de una mula hasta la remota aldea de La Higuera. Un granjero local los delató. En medio de un tiroteo frenético, una bala destruyó el cañón de la carabina de Guevara. Herido, se rindió ante un batallón de comandos (entrenados por los boinas verdes de EEUU) bajo las órdenes del capitán Gary Prado, de 28 años.

" No disparen, soy el Che. Para ustedes, valgo más vivo", dicen que dijo Guevara.

En una entrevista con the Guardian, Prado recordó ese momento. "Sentí lástima por él, porque se veía tan pobre, tan cansado y tan sucio... No podías darte cuenta de que era un héroe, de ninguna manera".

Guevara y su camarada, Simeón "Willy" Cuba Sarabia, fueron escoltados a La Higuera y retenidos en habitaciones separadas dentro de la escuela. Prado tuvo varias conversaciones con Guevara y dice que le llevó comida, café y cigarrillos. "Siempre lo tratamos con respeto. No teníamos nada en su contra, aunque habían muerto varios de nuestros soldados".

Cuando Guevara preguntó qué pasaría con él, Prado le dijo que le había dicho a los guerrilleros que tendría que enfrentar una corte marcial en la ciudad de Santa Cruz. Según Prado, "le pareció interesante la idea de tener una oportunidad ante la corte".

Ese juicio nunca ocurrió. Prado recuerda que al día siguiente llegaron las órdenes de "deshacerse de él".

Encontrar sus restos llevó 30 años

Un sargento de 27 años, Mario Terán, se ofreció como voluntario para ejecutar la orden. Con dos ráfagas de ametralladora terminó con la vida de Guevara. Después de ser llevado en helicóptero a la cercana ciudad de Vallegrande para su exhibición ante la prensa mundial, el cuerpo del Che (salvo sus manos) y el de sus compañeros fueron enterrados en tumbas sin identificar. Tardarían 30 años en encontrar los restos.

Aunque Prado insiste en no haber participado de ninguna manera en la muerte de Guevara, sostiene que esa forma de actuar era común en la época. Y cita como ejemplo las ejecuciones supervisadas por Guevara tras la revolución cubana. "Guevara fue ejecutado, eso es reprochable. Pero hay que pensar sobre lo que pasó en el contexto en el que ocurrió… En ese momento, estaba justificado", defiende.

En la actualidad, las balas marcan las rocas donde la mayoría de los camaradas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Guevara fueron asesinados. La piedra tras la que se parapetó el Che está cubierta de grafitis.

Los aperos de los campesinos se oxidan en medio del descuidado follaje. La cabaña de una anciana que el Che menciona en su diario (hoy guardado en una bóveda del Banco Central de Bolivia) está en ruinas. Alguna vez, en esta aldea vivieron 75 familias. Hoy solo quedan 15.

Cleto Zárate, que en 1967 era un muchacho de 14 años, recuerda que tapaba la puerta de su casa con colchones cuando las columnas del Che acechaban el camino cercano. Las balas de los guerrilleros estaban envenenadas, insiste.

" Nos dijeron que ellos iban a violar a las mujeres, robar a los niños y matar a todos los ancianos", recuerda Cresencia Zárate, que en aquel entonces tenía 15 años y estaba recién casada. Alcides Osinaga (73) vio como un Guevara ya capturado pasaba delante suyo cubierto de harapos y suciedad, con la cabeza gacha y sangrando por las heridas.

A pesar del hostil recibimiento que le dieron en aquella época, esa fugaz presencia del Che en la aldea hace 50 años ha generado una forma de sustento en La Higuera, donde se han abierto media docena de hostales. "Si el Che no hubiera venido, ninguno de nosotros tendría trabajo", explica un cuidador de la restaurada escuela donde ejecutaron al Che. Dentro, cada una de las superficies está cubierta de ofrendas y recuerdos de peregrinos de todas partes del mundo.

En Vallegrande también se ha desarrollado una pequeña industria en torno al Che. Los guías llevan a los turistas al lavadero del hospital donde se exhibió el cuerpo y a la tumba sin identificación donde fue enterrado junto a sus camaradas.

Gonzalo Guzmán, un guía local, formó parte del equipo que descubrió los restos del Che durante una búsqueda que comenzó con la biografía de Anderson. "En ese momento, no sabía quién era el Che. Los investigadores cubanos nos dijeron: ‘Ahora, ustedes son parte de la historia’", recuerda Guzmán en el nuevo mausoleo construido sobre las tumbas.

Llegarán miles de personas a La Higuera

Este pequeño río de turistas internacionales se convertirá estos días en una inundación. Se calcula que llegarán cerca de 10.000 personas a La Higuera y a Vallegrande, entre los que se espera a activistas de causas sociales, líderes regionales, funcionarios cubanos y los hijos del Che.

En la pista de aterrizaje abandonada se está instalando una infraestructura digna de un festival. Los trabajadores preparan el recientemente construido Centro Cultural Che Guevara y, en plena carrera contra el tiempo, mejoran el tendido eléctrico de La Higuera, donde un médico y una enfermera cubanos vuelven a pintar los monumentos al Che.

El aniversario encuentra a los herederos políticos del Che en un mal momento. Vienen de cinco años de gobiernos progresistas siendo derrotados por gobiernos de centroderecha, uno detrás del otro, incluidos los de Argentina, Brasil, Perú y Paraguay.

Venezuela, cuyo difunto presidente Hugo Chávez revivió el sueño guevariano de un continente unido y socialista, está sitiada por el hambre, con escasez de productos básicos y una altísima tasa de homicidios.

El camino de violencia de Guevara para conseguir la justicia social también está pasando de moda. Tras 53 años de conflicto armado (y otras actividades menos nobles), el mayor ejército rebelde de la región, las FARC, depuso sus armas a principios de este año.

El movimiento Zapatista mexicano dejó atrás la violencia en agosto mientras los líderes maoístas de la agrupación peruana Sendero Luminoso siguen en la cárcel. En las últimas décadas de Brasil, Uruguay y América Central, los antiguos líderes guerrilleros cambiaron las balas por votos.

Y los antiguos camaradas de armas de Guevara sucumben irrevocablemente ante un enemigo más implacable que Washington: la vejez. Fidel Castro, el duro operador político detrás del impulsivo visionario que era Guevara, murió a finales de 2016. Su sucesor y hermano, Raúl Castro (89), prometió dejar el cargo a principios del año que viene.

El papel de EEUU

La actitud cambia con los tiempos. Aunque la imagen de Estados Unidos en la región ha empeorado desde la asunción de Donald Trump al poder, según el Pew Research Center, sigue siendo más fácil encontrar a latinoamericanos de entre 18 y 29 años con opiniones favorables sobre la superpotencia norteamericana: el 72% de los jóvenes brasileños tuvo una visión favorable de EEUU durante el 2017.

El aniversario sucede en un punto de inflexión para Bolivia. Tras una década de crecimiento y rápida reducción de la pobreza, la caída en el precio del crudo y una serie de equivocaciones políticas le han quitado algo de apoyo a Morales.

Según el guía turístico Guzmán, los políticos locales en Vallegrande, opositores de Morales, han hecho poco por promover el turismo relacionado con el Che. En un evento social, dos semanas antes del aniversario, una edil de la región enumeró una lista de figuras prominentes locales. "No tenemos que mirar hacia afuera", dijo en una clara referencia al Che. Miembros del ejército boliviano también han protestado por verse forzados a homenajear guerrilleros que alguna vez fueron sus acérrimos enemigos.

Pero para algunos, ni el Che ha perdido nada de su encanto ni su lucha en el este de Bolivia fue en vano. "Todo depende de cómo se mida el éxito", dice Héctor Urdaeta, coautor de un libro sobre el ELN de Bolivia y líder del  movimiento guevarista del país. "No descartamos la lucha armada en un futuro", dice.

Guzmán también defiende el legado del hombre cuyos restos ayudó a encontrar. "No se puede menospreciar al Che", dice mientras camina entre los naranjos, aguacateros y chirimoyas que ahora cubren el desfiladero donde el revolucionario argentino luchó su última batalla. "Para nosotros, es un héroe".
Traducido por Francisco de Zárate

The Guardian
Laurence Blair / La Higuera
Dan Collyns / Santa Cruz
Domingo 15 de octubre de 2017.


Cuba niega ingreso de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa a la isla

Ciudad de México.- El gobierno de Cuba negó el ingreso a ese país al panista Felipe Calderón, con lo que se convierte en el primer exjefe del Ejecutivo de México en ser rechazado desde el inicio de la Revolución.

Fue el propio Calderón quien informó de esta decisión del gobierno de Cuba a través de su cuenta de Twitter, en la que dio a conocer a Rosa María Payá que no podrá asistir al homenaje a su padre, el fallecido opositor Oswaldo Payá.

Enseguida retuiteó un mensaje de la aerolínea Aeromexico: “Nos informa Inmigración de Cuba que pasajero FCH no está autorizado para entrar a Cuba y solicita que no sea documentado en vuelo AM451”.

En otro mensaje, una vez que se confirmó que no podrá ingresar a Cuba, Calderón escribió, también en Twitter: “Anhelo y me comprometo a luchar para que un día todos los latinoamericanos podamos vivir en Libertad, Justicia y Democracia (sic)”.

Cuba niega a Felipe Calderón ingresar a la Isla

El ex presidente Felipe Calderón denunció que Cuba no le permitió el ingreso a la isla, donde asistiría al homenaje por el aniversario luctuoso de Oswaldo Payá.

Calderón Hinojosa escribió en su cuenta de Twitter que inmigración de Cuba no le acreditó el ingreso a la isla, por lo que no pudo completar su documentación.

Agradeció al personal de Aeroméxico por sus atenciones. “Sé que no es culpa de Ustedes”, agregó.

Felipe Calderón pidió al gobierno cubano rectifique “este absurdo” y le permitan el ingreso para recordar al activista.

“@RosaMariaPaya lamentablemente no podré estar con Uds en el homenaje a tu admirado padre. Inmigración de Cuba solicitó que no me documenten”, escribió.

El ex presidente de Chile, Sebastián Piñera, escribió en la misma red social que Cuba también impidió que Mariana Aylwin viajara a la isla.

Proceso
El Universal
Álvaro Delgado
Ana Herrera
Ciudad de México
Martes 21 de febrero de 2017.

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